En octubre Pablo VI será canonizado
En Octubre Pablo VI será canonizado
Se congelan las canonizaciones de Pío IX y Pío XII que hoy serían tenidos por políticamente incorrectos en muchos aspectos de doctrina, para darle lugar a los hombres del Concilio Vaticano II y su espíritu modernista.
Información en Vatican Insider, 24-Abr-2014.
http://1.bp.blogspot.com/-pv41L7JTDB...0/Paulo+VI.jpg
24/04/2014
“Credere”: Pablo VI será beato en 2014
Según la revista de los Paulinos, la proclamación se llevará a cabo el 19 de octubre, al final del Sínodo de los obispos
REDACCIÓN
VATICAN INSIDER
Pablo VI será proclamado beato en 2014, probablemente el 19 de octubre, al final del Sínodo de los Obispos. Lo reveló la revista de los Periódicos San Pablo “Credere” en el número que estará a la venta el próximo 30 de abril. En sus páginas, “Credere” explica que el 5 de mayo los cardenales y obispos miembros de la Congregación para las Causas de los Santos se reunirán para confirmar el milagro atribuido a su intercesión. E, inmediatamente después, el prefecto Angelo Amato irá a ver a Francisco para recibir su visto bueno para la promulgación del decreto relativo.
Después de la doble canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, será elevado al honor de los altares también Giovanni Battista Montini, el Pontífice que sucedió a Roncalli y que, entre no pocas dificultades, condujo a buen puerto el Vaticano II, promoviendo su espíritu de diálogo y poniendo en práctica la reforma litúrgica.
En el artículo de “Credere”, firamdo por el vicedirector Saverio Gaeta, se narran los detalles del milagro atribuido a la intercesión de Pablo VI: la prodigiosa curación de un niño que no había nacido y que estaba todavía dentro del vientre materno en 2001 en los Estados Unidos. Se llevó a cabo con la ayuda de Montini. Todos los testimonios fueron unánimes al reconocer que no se puede explicar científicamente esta curación, misma que fue confirmada oficialmente el 12 de diciembre de 2013 por la Consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos.
STAT VERITAS
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Cada día lo tengo más claro, con el CVII nació una nueva iglesia. No fué una reforma, tal y como se llegó a afirmar, ni un aggiornamento, sino una demolición. Se produjo un cisma promovido desde las mismas entrañas de la curia vaticana, de tal calibre que sus jerarcas no quieren ni oír hablar de nada, ni nadie, que sea anterior al concilio (la fecha de su fundación). Jamás el demonio había acertado antes a dar un golpe más certero.
Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II... ¡qué tres patas para un banco!. ¿Y para qué más puntos de apoyo en los altares papales modernistas...?. La física dice que con tres ya es más que suficiente para encontrar el equilibrio perfecto. Más patas... quizás, hasta les desequilibraría el invento.
http://us.cdn200.fansshare.com/photo...1060619606.jpg
Pío IX y Pío XII habrán de esperar por el momento...
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Creo que lo correcto sería declarar la santidad universal por defecto, y que sólo hubiera procesos para des-santificar a los 3 o 4 que no se lo merezcan porque no queda bien, y ya está.
Ahorraríamos muchísimo en incesantes ceremonias de santificación, cosa que en estos tiempos de austeridad sería apreciable.
Si lo de Pablo VI se hace real, habría más papas postconciliares santos que en toda la Edad Media junta.
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
pues si,habremos de tomárnoslo con sorna porque lo cierto es que,aquí,lo que se santifica no son tres papas si no un concilio.
1 Archivos adjunto(s)
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Tres nuevos santos de la revolución...
Archivo adjunto 6931
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Kérenski en Isengard
http://1.bp.blogspot.com/-NKd_cUGDCu...8/s1600/k3.jpg
Poco tiempo después de su creación en el siglo XIII, las universidades de todos los países occidentales comenzaron a entregar un grado académico honorario que no se alcanzaba, como es habitual, luego de superar una serie de requisitos establecidos, como escribir y defender públicamente una tesis, sino por los méritos académicos que una persona poseía y que no siempre implicaban un recorrido “escolar” por esa casa de estudios. Es lo que se conoció como doctorado honoris causa.
Era una distinción que se entregaba excepcionalmente a una figura de gran prestigio e importancia en el mundo de las ciencias, de las artes o de algún otro dominio de la cultura. Se constituía para la universidad que lo concedía en una ocasión de gran importancia y formalidad: todos los profesores, ataviados con sus togas y birretes, ingresan al Aula Magna donde, solemnemente, el Rector investía con el título de Doctor Honoris Causa al personaje en cuestión, quien recibía las vestiduras académicas correspondientes, junto con el anillo y el diploma, y luego pronunciaba su clase magistral que, habitualmente, se constituían en un brillante discurso en el que descollaba la ciencia y el brillo del nuevo doctor.
Esto sucedía también, aunque sin togas ni birretes, en las universidades argentinas. Pero llegó la democracia y, peor aún, llegó el kirchnerismo y, con él, toda una recua de rectores y rectoras que tenían poco y nada de académicos y mucho de políticos, y para quienes el alto cargo universitario que ocupaban no era más que un medio de saltar a algún puesto de mayor importancia e influencia. Y es por eso que no dudaron un solo momento en utilizar todos los recursos que la universidad les ofrecía -poco importaba para ellos la importancia, historia y prosapia que los mismos pudieran tener-, a fin de congraciarse con el poder K y ser bendecidos con recursos económicos y cargos. Y pudimos ver, en la última década, como nuestras más prestigiosas universidades nacionales como Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Cuyo, Rosario y Tucumán, comenzaron a repartir doctorados honoris causa a troche y moche. Tenemos hoy entonces pavoneándose por el mundo a prestigiosísimos doctores honoris causa: Evo Morales y Hugo Chávez; Estela de Carlotto y Mercedes Sosa; Oscar Santaolalla y Leonardo Favio; Cristina Kirchner y Ricardo Foster. Total, que estos señores rectores manosearon hasta tal punto una tradición secular que, en la actualidad, poseer un doctorado honoris causa de una universidad argentina no significa nada. Ellos habrán agradado al soberano de turno y obtenidos vaya a saber qué favores; la universidad se desprestigió, se puso en duda su seriedad y perdió credibilidad.
No cuesta mucho trabajo hacer la analogía con lo que está ocurriendo en Roma por estos días. Reemplacemos a los rectores peronistas y kirchneristas por el papa Francisco, y a los doctorados honoris causa por las canonizaciones, y tendremos el resultado. En concreto, el Sumo Pontífice está utilizando las canonizaciones para conseguir los favores y las simpatías del pueblo, pero no ya solamente del “pueblo fiel católico”, que no sé hasta dónde le importa al Santo Padre, sino del pueblo en general. En términos tolkinianos, Bergoglio está metiendo mano hasta en los recursos más antiguos y venerables que posee nuestra Madre la Iglesia para congraciarse con los millones de orcos que lo siguen y alaban a través de los medios de comunicación para, de esa manera, aumentar y consolidar su poder e influencia.
http://2.bp.blogspot.com/-0n1Xe74LoI...g/s1600/k1.jpg
Escribo esta reflexión movido por la enorme sorpresa, indignación y tristeza que me ha producido la noticia, aparecida hace pocas horas, de que en octubre se beatificaría a Pablo VI. Llamo la atención de que se trata de un disparate mayúsculo pero, sobre todo, gravísimo. Insisto, es una situación de extrema gravedad porque con la banalización e instrumentalización de las canonizaciones a la que estamos asistiendo, no solamente la Iglesia se debilita a los ojos de sus fieles –aunque se fortalece a los del mundo-, sino que pueden llegarse a extremos que aún hoy nos cuesta avizorar. Muchos están sospechando ya una “turbo-beatificación” del padre Carlos Mugica, a partir de los homenajes que la Conferencia Episcopal Argentina le está rindiendo por estos días y, detrás, podría venirse la de Mons. Angelelli.
No se trata aquí de volver a la discusión de eruditos acerca de la probable infalibilidad de las canonizaciones. Mucho menos se trata de cuestionar si Juan XXIII o Pablo VI están o no en el cielo. No me corresponde a mí meterme en esas cuestiones. Lo que sí cuestiono es lo siguiente:
1. El líder de una institución no puede por una cuestión elemental de respeto institucional, de prudencia política, de conciencia histórica y de pudor personal, canonizar a sus antecesores inmediatos. Es un disparate; una imprudencia mayúscula que jamás sucedió en la Iglesia. Un dato estadístico lo demuestra: en mil cien años (entre 885 y 2013) la Iglesia canonizó solamente a cinco papas: León IX (1049-1054); Gregorio VI (1073-1085); Celestino V (1294); Pío V (1566-1572) y Pío X (1903-1914). Con Francisco, en un solo año, canonizó a dos y beatificará a uno.
2. Una canonización no implica solamente declarar que tal o cual persona se encuentra gozando de la visión beatífica sino proponer a ese tal como modelo de vida a todos los fieles cristianos, y modelo de vida implica heroicidad comprobada y evidente de sus virtudes. Francamente, yo no puedo encontrar que Juan XXIII o Pablo VI hayan ejercido de modo heroico, por ejemplo, la virtud de la prudencia. Y este no es un juicio particular; es un juicio estrictamente objetivo basado en la evidencia histórica reciente: el estado en el que quedó la Iglesia luego del Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Gordo y continuado y propagado por el Papa Afrancesado (recordemos que el papa Montini tenía particular predilección por la literatura francesa). E insisto, son datos objetivos que cualquiera puede comprobar: entre 1964 y 2004, los años más floridos de la primavera conciliar, dejaron los hábitos casi 70.000 sacerdotes y religiosos. Este es un dato estadístico. ¿Y cuántos fieles dejaron la Iglesia? Es cuestión de pasearse un domingo por los templos europeos para ver que sus misas están vacías, tan vacías como los seminarios y noviciados convertidos hoy en albergues para turistas o en centro de convenciones.
http://2.bp.blogspot.com/-dKoauxJb5W...I/s1600/k2.jpg
La evidencia no puede ser negada ni manipulada porque salta a la vista: a partir de datos puramente objetivos y cuantitativos resulta claro que el Concilio Vaticano II fue un rotundo fracaso y una medida de una pavorosa imprudencia. Si añadimos a estos datos las reflexiones teológicas y litúrgicas que ya todos conocemos, podemos calibrar la magnitud del daño que provocó a la iglesia la “inspiración” de don Ángelo Roncalli y la pertinacia en profundizarla de Gianni Montini.
Por estas razones y por algunas más que pueden aportar los lectores del blog, creo que la beatificación de Pablo VI constituiría en hecho gravísimo para la Iglesia.
Corolario 1: Desde hace unos días estoy experimentando la sensación de que la Iglesia ha sido tomada por personajes ajenos a ella. Como ya algunos han señalado, el papa Francisco no piensa y no actúa como católico. No tiene reflejos católicos. Es un hombre del mundo, con criterios oportunistas mundanos, que funge de católico. Huelo que es mucho menos nuestro de lo que yo pensaba.
Corolario 2: En los últimos tiempos me vuelve una y otra vez el primer centellazo que recibí el 13 de marzo de 2013 cuando lo vi asomarse a la loggia: “Éste nos va entregar”, me dije. Después me pareció un juicio exagerado. Ahora me estoy preguntando seriamente si Bergoglio no será un nuevo Kérenski y si no tendremos que comenzar a llamar al Vaticano dentro de poco con el nombre de Isengard.
The Wanderer
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Cita:
Es oficial: Paulo VI será beatificado en Octubre
Lo informa el boletín diario de la Oficina de Prensa de la SantaSede, May -10-2014. Refiriéndose a la audiencia privada que en la
tarde del Viernes, May -09-2014, concedió Francisco al Prefecto
de la Congregación para las Causas de los Santos, Card. Angelo
Amato, respecto del anuncio de la promulgación de algunos
decretos, en referencia a Paulo VI dice:
- el milagro, atribuido a la intercesión del Venerable Siervo
de Dios Paulo VI (Giovanni Battista Montini), Sumo
Pontífice; nacido el 26 de septiembre de 1897 en oncesio
(Italia) y muerto el 6 de agosto de 197 8 en Castelgandolfo
(Italia)
Para más adelante anunciar:
En la misma Audiencia el Santo Padre ha autorizado al
Dicasterio comunicar que el rito de la beatificación del
Venerable Siervo de Dios Paulo VI tendrá lugar, en el
Vaticano, el 19 de Octubre de 2014
SECRETUM MEUM MIHI
Promulgazione di Decreti della Congregazione delle Cause dei Santi
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Btº Pablo VI
Mi padre le llamaba 'Pabloví', jugando con el numeral VI como si fuera la terminación del nombre con cierto soniquete de apellido ruso: 'Pablovich'. Mi padre no era beato papista; mi padre era católico y franquista, falangista nieto y sobrino de carlistas. Por eso se atrevía a meterse con el Papa, por ser católico sin complejos y detectar (sin profundidad ni distingos eruditos) las anomalías de Pablo VI, todo aquello que se hizo por obra y gracia del Papa Montini.
A mi madre no le hacia gracia que mi padre llamara Pabloví a Pablo VI, y cambiaba de conversación cuando la conversación derivaba en críticas al Papa. Mi madre no criticaba a Pablo VI, pero le tenía devoción a un sólo Papa, a Pio XII, cuyo busto de escayola tenía siempre a la vista, en mitad de la estantería de su salón; estaba especialmente encariñada con aquella figurita del Papa Pacelli.
Pablo VI fue el Papa de mi niñez y mi primera juventud. Le guardo ese afecto y respeto reverente porque fue el Papa que conocí, y con él aprendí a querer al Papa. De Pablo VI tengo muchos recuerdos, estampas, fotos, revistas, televisión, cosas del colegio de las MM Teatinas, del año de mi Primera Comunión y de cuando la Confirmación. Me acuerdo muy bien del secuestro de Aldo Moro y la súplica dramática de Pablo VI. En Agosto del '78, cuando murió, viví intensamente aquellas semanas históricas, los dos meses ocupados por la rápida enfermedad y desaparición del Papa Montini, el Cónclave, la elección y muerte de Juan Pablo I, el nuevo Cónclave y la llegada de Juan Pablo II.
Entonces (universitario, con diecisiete-dieciocho años) ya tenía un concepto muy crítico sobre Pablo VI, mucho más que el que tenía mi padre. Ahora, si me preguntan, digo que el de Pablo VI fue uno de los pontificados más ruinosos de la historia, el comienzo de la decadencia imparable que Juan Pablo II aceleró con el relumbrón excesivo y voluntarioso de su largo pontificado, en uno y otro caso, con el Vaticano II como referencia obsesiva, rellenando con decretos e iniciativas inspiradas en el concilio el vacío eclesial que iba evidenciando la crisis del catolicismo. La pantalla poderosa de la hipertrofia juanpablista ocultaba la decrepitud galopante de la Iglesia.
Los des-católicos que señalaban a Juan Pablo II como el involucionista polaco, no entendieron (o disimularon) que Wojtyla fue el gran activista del Vaticano II, en todos los sentidos. Todo lo que - a pesar de todo - había sobrevivido con cierta dignidad durante los años de Pablo VI (y me refiero muy especialmente a la dignidad del Papado, formal y esencialmente) periclitó durante los casi 30 años de Juan Pablo II, luces y sombras.
Concuerdo con quienes entienden estas urgidas y aceleradas beatificaciones y canonizaciones como una huida hacia adelante de quienes están empeñados en dejar atado y bien atado el Vaticano 2º, no sólo mediante la continua re-proclamación del concilio y la re-evocación de su 'espíritu', sino también con la exaltación de los Papas del Vaticano II, cuyos calamitosos pontificados se obvian y quedan en la cuneta a-crítica de la historia que no quiere enjuiciar, ni revisar, ni releer, ni hacer balance general, realista y sin 'mitoramas' del V2º y sus consecuencias.
Todo eso no empece para que mantenga un respeto cariñoso a Pablo VI, aunque nunca me lo haya imaginado en los altares. Cuando las causas de los Santos se tramitaban con rigor, antes de la lamentable reforma de Juan Pablo II, la causa de Pablo VI (y la de Juan Pablo II) ni siquiera se habría incoado, por no resistir ni el primer examen de rigor. Pablo VI no gozó de fama de santidad en vida, ni murió en olor de santidad.
Ahora, después de haber sabido que ya tienen fijada la fecha para la beatificación del muy patético (y hamletiano, según ciertos excéntricos mitómanos admiradores) Pablo VI Montini, me pregunto quién le seguirá, a quién más tendrán en la lista de los canonizables vaticanosecundistas. ¿A Lercaro? ¿A Bea? ¿A Suenens? ¿A Frings? ¿A Doepffner? ¿A Köenig, quizá?
Suponemos, con toda lógica y congruencia, que si han comulgado con la piedra de molino de la beatificación de Montini, es de temer que tendrán tragaderas para atreverse a canonizar hasta a Benelli, a Bugnini y (¡¡por qué no!!) a Monseñor Marcinkus.
Y todos antes que a Pio XII.
+T.
EX ORBE
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Comunicado de la Casa General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X respecto a la beatificación del Papa Pablo VI
17-10-2014
Tras la clausura del Sínodo extraordinario sobre la familia, el Papa Francisco llevará a cabo el domingo el 19 de octubre de 2014 la beatificación del Papa Pablo VI. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X quiere expresar sus más serias reservas sobre las beatificaciones y canonizaciones de los últimos Papas, cuyos abreviados procesos infringen la sabiduría de las reglas seculares de la Iglesia
Pablo VI es, por cierto, el Papa de la Encíclica Humanae Vitae [1], que aportó luz y reconfortó a las familias católicas cuando los principios fundamentales del matrimonio eran fuertemente atacados, igual que lo han sido — de manera escandalosa — por algunos miembros del Sínodo que está por acabar.
Pablo VI, empero, es también el Papa que condujo a término el Concilio Vaticano II, introduciendo en la Iglesia un liberalismo doctrinal expresado a través de errores como la libertad religiosa, la colegialidad y el ecumenismo. De aquí se siguió una gran trastorno, que él mismo reconoció el 7 de diciembre de 1968: “La Iglesia se encuentra en un momento de inquietud, de autocrítica, incluso se diría que de autodestrucción. Es como si la Iglesia se dañara a sí misma”.Al año siguiente reconocía: “En muchos aspectos, el Concilio no nos ha dado hasta ahora tranquilidad, más bien ha suscitado trastornos y problemas nada útiles para reafirmar el Reino de Dios en la Iglesia y en las almas”. Llegó a esta expresión de alarma el 29 de junio de 1972: “El humo de Satanás ha entrado por alguna grieta en el templo de Dios: la duda, la incertidumbre, la problemática, la inquietud, la insatisfacción, el enfrentamiento están a la orden del día…”. No hizo más que una comprobación, sin tomar las medidas necesarias para detener esta autodestrución.
Pablo VI es el Papa que, con una finalidad ecumenista, impuso la reforma litúrgica de la Misa y de todos los ritos de los sacramentos. Los cardenales Ottaviani y Bacci denunciaron esta nueva misa por alejarse “de forma impresionante, en el conjunto como en el detalle, de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada en la XXIIª sesión del Concilio de Trento” [2]. Sobre estos pasos, Monseñor Lefebvre declaró que la nueva misa está “impregnada de espíritu protestante”, vehiculizando en sí misma “un veneno perjudicial para la fe” [3].
Durante su pontificado numerosos sacerdotes fueron perseguidos, e incluso condenados, por su fidelidad a la misa tridentina. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X recuerda con dolor la condena infligida en 1976 a Monseñor Lefebvre, declarándolo suspendido a divinis por su apego a esta misa y por su categórico rechazo de las reformas. Solamente en 2007, por un Motu Proprio de Benedicto XVI, se reconoció el hecho de que la Misa tridentina nunca había sido abrogada.
Siguiendo los pasos de su fundador, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X renueva su adhesión a la Tradición bimilenaria de la Iglesia, persuadida de que esta fidelidad, lejos de ser una crispación pasajera, aporta el remedio saludable a la autodestrucción de la Iglesia.
Menzingen, 17 de octubre de 2014
[1] 25 de julio de 1968.
[2] En Breve examen crítico de la nueva misa, carta-prólogo de los cardenales Ottaviani et Bacci, 3 setiembre de 1969, § 1.
[3] Carta abierta a los católicos perplejos, Albin Michel, 1985, pág. 43
Fuente: DICI
Re: En octubre Pablo VI será canonizado
Pablo VI, ¿beato?
http://3.bp.blogspot.com/-YPpXGjxE5Y...Pablo%2BVI.jpg
El 19 de octubre de 2014 quedará en la historia como el día en que el Papa Francisco beatificó a Juan Bautista Montini.
Ante la beatificación de quien gobernó la Iglesia en la tormenta de los años 1960-1970, algunos se extrañan, otros se indignan, pero la mayoría guardará silencio. ¿Qué se puede hacer contra una beatificación? ¿No es el término de un proceso en forma canónica, durante el cual se han examinado las virtudes del «servidor de Dios», y se las ha considerado heroicas?
Sin embargo, hay procesos cuya sentencia es injusta. Ninguna beatificación puede falsear la realidad, y la memoria de los «años de Pablo VI» no se borrará tan prontamente. Recordemos, pues, para justificar nuestro rechazo de esta beatificación, los hechos que forman la trama del pontificado de Juan Bautista Montini.
Empecemos, sin embargo, diciendo que no pretendemos juzgar el alma de Pablo VI: sólo Dios es juez de los actos internos y de las intenciones; nos contentamos con citar algunos ejemplos externos que bastan para asentar la siguiente proposición: las acciones de Pablo VI no han sido las de un papa que se pueda proponer como modelo de vida cristiana.
Tampoco negamos que este papa haya tenido ciertas dotes muy por encima de lo común; pues ¿cómo comprender, si no, que haya llegado al sumo pontificado? Los biógrafos de Pablo VI, tanto los favorables como los críticos, no han dejado de subrayar las cualidades de Juan Bautista Montini. Trabajador, organizado, inteligente, orador de talento; más bien discreto y digno de porte, respetuoso, fiel a la amistad, realizó señalados gestos de generosidad en alguna que otra ocasión. Pero no se beatifica a nadie por sus cualidades naturales.
Finalmente, hemos de reconocer que Pablo VI manifestó varias veces su deseo de estar al servicio de la verdad y de la fe católica. En ese sentido, reafirmó la satisfacción vicaria de Cristo en su Pasión, negada por la nueva teología, y encomió en algunas ocasiones los méritos del tomismo, aunque por desgracia él mismo no estuviese impregnado de las enseñanzas del Doctor angélico. Cabe recordar también su profesión de fe de 1968, y la encíclica Humanæ vitæ, en defensa de la moral matrimonial.
1º Pablo VI introdujo en el Concilio las ideas liberales.
El problema con Pablo VI se plantea al nivel de la fe y, más generalmente, de la doctrina. Las tendencias innovadoras en teología, sostenidas por hombres como Rahner, Schillebeeckx o Chenu, no datan del Concilio; pero también eran muy anteriores al mismo la simpatía y el interés que Juan Baustista Montini mostraba por estas audacias doctrinales.
Ya mientras estaba al servicio de Pío XII, en la Curia romana, fue el principal sostén de los teólogos «conflictivos» con el Vaticano y el Santo Oficio. Consideraba la filosofía de Blondel como «válida»; defendió varias veces a Congar, de Lubac, Guitton y Mazzolari contra las amenazas de sanción del Santo Oficio. Cuando los libros de Karl Adam iban a ser denunciados al Índice, fue Monseñor Montini, uno de los hombres de confianza del papa, quien los escondió en sus apartamentos, para difundirlos luego discretamente. ¿Es eso virtud heroica?
Cuando Juan XXIII convocó el concilio Vaticano II, Juan Bautista Montini era arzobispo de Milán. Al fallecer Juan XXIII entre la primera y la segunda sesión, fue elegido papa el cardenal Montini, que asumió el nombre de Pablo VI. Y como había depositado muchísimas esperanzas en ese Concilio, decidió continuarlo y mantener el rumbo que ya llevaba.
Pablo VI apoyó indiscutiblemente con su autoridad la toma del poder, durante el Concilio, por parte del ala liberal representada por los cardenales Döfner, Lercaro, Koenig, Liénart, Suenens, Alfrink, Frings y Léger, en detrimento de la línea tradicional representada por los cardenales Ottaviani, Siri, Agagianian y Monseñor Carli, fieles a la herencia multisecular de la que Pío XII se había mostrado verdadero de-positario. Sesión tras sesión, declaración tras declaración, Pablo VI apoyó, aunque con aires de moderación, «la revolución en tiara y capa pluvial» que se desarrollaba ante los ojos espantados de los obispos aún clarividentes. Para la historia, es el gran responsable de la firma de documentos funestos tales como Lumen Gentium, Gaudium et Spes, Nostra Ætate, Unitatis Redintegratio.
Sobre todo, Pablo VI, ganado ya antes del Concilio para el principio de la libertad religiosa, promulgó la declaración Dignitatis humanæ, que afirmaba sin ambigüedad lo que sus predecesores habían condenado como opuesto a la doctrina católica. ¿Cómo suponer que la proclamación del derecho civil a los cultos erróneos, y las presiones ejercidas sobre los gobiernos católicos del mundo entero para que aceptaran la laicidad, sean indicios de virtud y santidad de vida? Piénsese tan sólo en el gran número de almas que, arrastradas por la corriente de la nueva laicidad y de la apostasía de las leyes, acabaron por perder la fe de sus padres.
Si Pablo VI amó tanto ese Concilio, fue porque la orientación general de esa gran asamblea correspondía a las aspiraciones íntimas de su espíritu. El Concilio fue una apertura de los hombres de Iglesia hacia el mundo. Ahora bien, Pablo VI amaba el mundo moderno, y deseaba sumirse en él y sentir con él. Interesado por todas las realidades humanas, mantuvo siempre un juicio benévolo sobre el pensamiento moderno, su filosofía, su cultura, su arte, sus ideales.
Lo que él amaba en el mundo era el hombre. La humanidad estuvo en el centro de su reflexión, aunque de vez en cuando denunciara un antropocentrismo exagerado. Al hombre volcó todo el trabajo del Concilio, que él mismo resumió, en la clausura de la cuarta sesión y de todo el Concilio, con las siguientes palabras: «El humanismo laico y profano ha aparecido en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión –porque tal es– del hombre que se hace Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio… El descubrimiento de las necesidades humanas ha absorbido la atención de nuestro sínodo. Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito, y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie– tenemos el culto del hombre».
2º Pablo VI reformó la Iglesia según el mundo moderno.
• Pues bien, para acercarse a este hombre, laico y profano, había que empezar por arrepentirse de tantos comportamientos característicos del pasado de la Iglesia, propios para alejar las almas, como las condenaciones o las afirmaciones dogmáticas demasiado tajantes. De ahí que suprimiera el Indice de los libros prohibidos. Prefería la sugestión al gobierno, la exhortación a la sanción. Su reino fue un reino de diálogo con todos, salvo, claro está, con los que querían mantener la verdad, como Monseñor Lefebvre. Con él sí fue claramente intolerante y se valió de las más severas sanciones.
• Acercarse al hombre quería decir, ante todo, acercarse a los protestantes. Pablo VI fue el iniciador pontificio del ecumenismo. Aunque teóricamente pudiese concebirlo como una vuelta al catolicismo, no dejó de exaltar los valores de los protestantes, multiplicando las relaciones con Taizé. El escándalo llegó a su colmo cuando invitó al «arzobispo» anglicano de Cantorbery a bendecir a la gente en su lugar, con motivo de una jornada ecuménica en San Pablo Extramuros, y poniéndole en el dedo su propio anillo pastoral. Podemos preguntarnos: ¿Es así como se comportan los santos? Sin embargo, según Pablo VI, teníamos que transformar nuestras actitudes católicas: «La Iglesia ha entrado en el movimiento de la historia que evoluciona y cambia», explicaba. Ese era el programa: evolución, cambio, aggiornamento.
• Por esta misma razón procedió a una reforma litúrgica que, con el tiempo, se extendió a todos los ámbitos de la oración y de los sacramentos. La misa dejó de ser un sacrificio, para pasar a ser una «sinaxis», todo ello con el fin de acercar ecuménicamente la liturgia católica a la protestante.
«La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para celebrar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: “Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18 20)» (Constitución Missale Romanum, nº 7). Tanto esta nueva definición de la Misa, como su rito, «se aleja, en su con-junto como en sus detalles, de la teología católica de la santa Misa, tal como fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento», como lo denunciaron los cardenales Ottaviani y Bacci.
• Por lo que al comunismo se refiere, Pablo VI no sólo se negó a condenar durante el Concilio ese gran error de los tiempos modernos, a pesar de las súplicas dirigidas a él por numerosos Padres conciliares, sino que luego sostuvo una política de benevolencia hacia los países comunistas (la famosa Ostpolitik), cuyos frutos fueron tan amargos para los católicos.
En efecto, en defensa de su Ostpolitik, Pablo VI abandonó al gulag soviético, por su obstinado silencio, a millones y millones de católicos, deportados a campos de concentración o simplemente asesinados, y dejó que los comunistas ocuparan naciones hasta entonces católicas. El cardenal Mindszenty, a quien Pablo VI –por pedido expreso del gobierno comunista– le exigió su renuncia como Primado de Hungría, confesaba consternado: «Pablo VI ha entregado los países católicos en manos del comunismo».
Conclusión.
Ya durante el Concilio, Pablo VI encontró la oposición de ciertos obispos, que presentían la crisis que iba a atravesar la Iglesia. Y no se equivocaban. Esta crisis fue terrible, y lo sigue siendo.
Pablo VI tuvo que confesarlo en reiteradas ocasiones: «La apertura al mundo ha sido una verdadera invasión de la Iglesia por el espíritu del mundo». «La Iglesia se encuentra en un momento de inquietud, de autocrítica, incluso de autodestrucción. Es como si la Iglesia se golpeara a sí misma». «En numerosos ámbitos, el Concilio no nos ha dado hasta el presente la tranquilidad que esperábamos; más bien ha susci-tado perturbaciones y problemas que estorban la consolidación del Reino de Dios en la Iglesia y en las almas». «El humo de Satanás se ha filtrado por alguna grieta en el templo de Dios; la duda, la incertidumbre, la problemática, la inquietud, la insatisfacción y el enfrentamiento están a la orden del día». Todo eso lo llevó al desaliento, tiñendo de marcada tristeza los últimos años de su pontificado.
En resumen, el pontificado de Pablo VI ha provocado el mayor cataclismo en la historia de la Iglesia. Uno no puede dejar de hacerse la pregunta de nuestro Fundador: «¿Cómo un sucesor de Pedro ha podido en tan poco tiempo causar más males a la Iglesia que la Revolución francesa?»
Por eso, sin dejarnos llevar por ninguna animosidad contra la persona de Pablo VI, nos atenemos a la recta noción de lo que significa ser beato. Y en ese orden de cosas no tememos afirmar que, si Pablo VI es beato, entonces es virtuoso que un papa contradiga a sus predecesores en puntos fundamentales de la doctrina; entonces es digno de alabanza que un papa abandone a tantos millones de católicos a la triste suerte que les reservaba la persecución de los comunistas; entonces no es reprensible cubrir con el manto del silencio los espantosos abusos cometidos en la liturgia del sacrificio. Si Pablo VI es beato, la injusticia es una virtud, la imprudencia es un camino de santidad, y la revolución es fruto del Evangelio.
Tomado del boletín, Hojitas de Fe, n° 61, octubre de 2014.
STAT VERITAS