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Tema: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

  1. #21
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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    Entrevista a monseñor Schneider dos días antes de Traditiones custodes: «Derogar Summorum pontificum sería un abuso de autoridad»



    14 de julio de 2021 (LifeSiteNews) – En una nueva entrevista radiofónica, monseñor Athanasius Schneider ha comentado los rumores de que el motu proprio Summorum pontificum de Benedcito XVI, que dio luz verde a la Misa Tradicional, podría ser objeto de alteraciones que restringieran el uso de dicho rito. Para el prelado, semejante medida sería «un abuso de autoridad» e infligiría «un grave daño a la vida de la Iglesia». En ese caso, los sacerdotes «podrán continuar celebrando porque la Misa constituye el centro mismo de la Iglesia y los fieles tienen derecho a lo sagrado». Schneider cree igualmente que la Fraternidad San Pío X (FSSPX) «no está fuera de la Iglesia», se puede acudir a ella en busca de los Sacramentos y, en caso de que Roma insistiera en que los sacerdotes tradicionalistas celebrasen también el Novus Ordo, algunos de ellos podrían integrarse a la FSSPX.

    En una entrevista por radio concedida a Joe McClane de Catholic Drive Time, monseñor Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), habló en primer lugar de Summorum pontificum. Tal como hemos informado en LifesSiteNews, pululan rumores en el sentido de que el Papa estaría pensando en fijar límites al Rito Tradicional. El escritor católico Dr. Taylor Marshall opina que el Sumo Pontífice podría hacerlo insistiendo en que todos las sacerdotes tradicionalistas concelebrasen de vez en cuando con su obispo diocesano una Misa Novus Ordo. El blog tradicionalista católico Rorate Caeli ha informado que este próximo viernes podría promulgarse un documento que introdujera modificaciones en Summorum pontíficum. El diario francés Le Figaro ha informado a su vez que el documento ya habría sido firmado y estaría listo para publicarse.

    A pregunta sobre esta posibilidad, monseñor Schneider declaró que «acarrearía un grave perjuicio a la Iglesia». Insistió en que «la liturgia tradicional es un tesoro de toda la Iglesia; no sólo de hoy, sino los siglos que nos precedieron»”.

    «Es un tesoro de los santos; casi todos ellos se criaron con esa forma litúrgica» –añadió. Restringir el uso del Rito Tradicional sería »un abuso de autoridad»«.

    Hablando de una hipotética situación en ese sentido, explicó que los sacerdotes “podrían seguir celebrando esa Misa, porque es la Misa de toda la Iglesia y los fieles tienen derecho a lo sagrado» A su juicio, los sacerdotes, y «sobre todo los jóvenes», no se verían «privados de un tesoro tan valioso de fe y de espiritualidad».
    A la pregunta de si Roma puede obligar a los sacerdotes tradicionalistas a celebrar la Misa nueva, monseñor Schneider respondió que la Santa Sede tendría competencia para hacerlo, pero le parece que «contravendría la espiritualidad». Obligar a esos sacerdotes a celebrar la Misa nueva (Novus Ordo) –prosiguió– sería «una especie de vulneración espiritual de los derechos que les había conferido la Iglesia».

    Muchos sacerdotes tradicionalistas fueron ordenados según el rito antiguo y se criaron en él, señaló. Schneider recordó a los oyentes que cuando un sacerdote es ordenado según un rito determinado –por ejemplo, un rito católico oriental– no se lo puede obligar a decir Misa en otro rito:

    «La Iglesia no puede obligar a ningún ministro de un rito cualquiera a celebrar en otro (…) La Misa Novus Ordo y la Tradicional son, a decir verdad, muy diferentes. Son dos ritos, no dos formas diversas; es diferente, hay mucha diferencia. Por eso, creo que no se los debe obligar».

    Respecto a la posibilidad de que se obligase a los sacerdotes tradicionalistas a celebrar la Misa Novus Ordo –en nombre de la unidad, dirían algunos–, y de que algunos de ellos –por ejemplo, de la Fraternidad San Pedro– se negaran a hacerlo, monseñor Schneider afirmó que no sabía a ciencia cierta qué haría la Santa Sede, pero reiteró que la concelebración con un rito no se ha exigido nunca como señal de unidad:

    «La concelebración jamás se ha entendido en la Iglesia como una señal de unidad con el obispo o con el Papa», dijo.

    Con estas palabras se refería a las Iglesias de rito oriental, cuyos sacerdotes, «cuando en siglos anteriores han entrado en comunión con Roma nunca se les pidió que concelebraran con el Santo Padre».

    Monseñor Schneider explicó igualmente que la concelebración ha estado muy limitada en los últimos 1500 años y «la prohibía el Código de Derecho Canónico de antes». Los sacerdotes sólo podrían concelebrar en el momento de ordenarse, y lo hacían en ese momento con sus obispos. Imponerles la obligación de concelebrar, agregó, «chocará con toda la historia de la Iglesia. Sería un abuso de autoridad obligar a un sacerdote a concelebrar».

    Desgraciadamente, si esos sacerdotes se negaran a concelebrar y fueran sancionados, no tendían posibilidad de recurrir, porque «no es posible apelar contra una decisión de la Santa Sede».

    El entrevistador McClane preguntó a continuación por la Fraternidad San Pío X, reconociendo que «hay muchos mitos e ideas falsas entre el vulgo acerca de la FSSPX. Le pidió que hablara de la situación canónica de la Fraternidad, ya que Schneider participó en la visita ordenada por el Vaticano a la Fraternidad en 2015, reinando el papa Francisco, y gracias a eso tuvo oportunidad de conocer la situación con un detalle increíble. El propio locutor reconoció que durante muchísimo tiempo todo lo que había oído decir sobre la FSSPX era falso.

    «La Fraternidad San Pío X –repuso Schneider– la fundó un santo varón: Marcel Lefebvre. Para mí, un verdadero hombre de Dios que hizo muchas cosas meritorias en un época tan difícil para la Iglesia como el Concilio y el postconcilio.»

    Fundada hace cincuenta años con aprobación del obispo ordinario y de la Santa Sede, la FSSPX se acarreó problemas con la Santa Sede por criticar ciertas declaraciones del Concilio Vaticano II. Aparte eso, explicó Schneider, querían celebrar exclusivamente la Misa Tradicional. Cuando el Papa se negó a dar su aprobación para la consagración de los cuatro obispos propuestos, se abrió una brecha de desconfianza entre la Fraternidad y el Vaticano. Entonces, prosiguió Schneider, Lefebvre tuvo claro que la Santa Sede no aprobaría una futura FSSPX que hacía crítica constructiva de algunas declaraciones del Concilio».

    La consagración en 1988 de cuatro obispos por la propia Fraternidad acarreó la excomunión de Lefebvre y de los cuatro prelados (y de Castro-Mayer, que había asistido a la consagración).

    Con Benedicto XVI «se dieron dos pasos muy importantes para normalizar la situación», prosiguió Schneider. En 2007 «S.S. Benedicto promulgó Summorum pontificum, dando con ello libertad a los sacerdotes para celebrar la Misa Tradicional. En cierto modo restableció este rito en la Iglesia, lo cual había sido una de las principales exigencias de monseñor Lefebvre y la FSSPX.

    Dos años más tarde, prosiguió monseñor Schneider, Benedicto levantó las excomuniones de los cuatro obispos, aunque todavía quedaron algunos problemas canónicos pendientes. Con el papa Francisco «se dieron otros dos pasos importantes», según el prelado de Kazajistán, al conceder el actual pontífice facultades a los sacerdotes de la FSSPX para confesar «en todo el mundo».

    »Fue un gesto de gran generosidad –comentó Schneider–. No se puede afirmar que digamos que esos sacerdotes están fuera de la Iglesia o son cismáticos cuando el propio Papa les ha dado facultades ordinarias para confesar. Y luego autorizó a los obispos diocesanos para conceder facultades a los sacerdotes de la FSSPX para oficiar matrimonios.»

    El prelado alemán explicó seguidamente que aparte estas dos últimas medidas, varios obispos de algunos países ya han otorgado facultades generales a los sacerdotes de la FSSPX para las bodas sus respectivas diócesis, y han dicho además a los fieles que asistan a dichos enlaces matrimoniales que es lícito asistir a dichas misas.

    Monseñor Schneider también comentó: «Vemos, pues, que la situación está cada vez más cerca de una normalización canónica, y ello es bueno. Debemos alegrarnos de que esta situación se pueda resolver y la FSSPX pueda estar presente en la Iglesia y funcionar en beneficio de ella y con vistas a su renovación», para «mantener la tradición de la Fe en la liturgia y la vida espiritual, porque en esencia, en realidad, la FSSPX no hace otra cosa que creer, dar culto a Dios y vivir como lo ha hecho la Iglesia durante siglos, hasta el Concilio».
    Concluyó Schneider: «Esperamos que obtenga pleno reconocimiento [la FSSPX], y que sea pronto. Sería bueno. Entonces la FSSPX sería otra realidad normal en la Iglesia. Ello es necesario para estos tiempos de crisis, tinieblas y confusión.» Para el prelado, es necesario que la Iglesia se enriquezca con comunidades como la Fraternidad, «sacerdotes y seglares que simplemente mantienen la Fe de siempre, la Misa de siempre. Eso hacen los sacerdotes y fieles de la FSSPX.»

    El entrevistador le preguntó si es lícito asistir a capillas de la Fraternidad, y monseñor Schneider respondió que si no hay otra opción, «desde luego, porque están autorizados para confesar legítimamente (…) Hay autorización pontificia para acercarse al sacramento de la Confesión. Y sería absurdo no poder asistir a una Misa dicha por el sacerdote que les dio la absolución».

    Agregó que «los Sacramentos y la Santa Misa tienen por objeto la salvación de las almas, el bien de ellas. Yo creo que cuando los católicos normales no lo tienen fácil para asistir a la Misa Tradicional y tienen una opción más próxima con la Fraternidad San Pío X, pueden asistir, y también conseguir buenos catecismos para sus hijos. Así pues, yo diría que como no están fuera de la Iglesia, a pesar de que haya algunos problemas canónicos pendientes de resolver, es lícito asistir a la Misas de la FSSPX.»

    En cuanto a la posible derogación o restricción de Summorum pontificum, y a que se pidiese a los sacerdotes tradicionalistas que celebraran la Misa Novus Ordo, el locutor preguntó: «Si, Dios no lo quiera, llegara a suceder tal cosa, cómo afectaría a la FSSPX? ¿Se exigiría a sus sacerdotes que celebraran también el Novus Ordo? ¿Lo harían?»

    A lo que monseñor Schneider contestó lo siguiente para concluir:

    «No creo que se lo pidan [rezar la Misa Novus Ordo], y aunque se lo pidieran no lo harán, porque todavía no se han sometido plenamente a la Santa Sede. Así que no creo que los obliguen. Y en caso de que obliguen a sacerdotes de la Fraternidad San Pedro y otras órdenes a celebrar también la nueva Misa, habrá algunos que se pasen a la Fraternidad San Pío X, porque así tendrán más libertad para continuar la Tradición de la Iglesia. De todos modos, espero que no llegue a pasar. Recemos primero para que el Espíritu Santo ilumine al Papa a fin de que no fije límites al motu proprio de Benedicto y para que la Fraternidad San Pío X obtenga un reconocimiento más pleno por parte de la Iglesia.


    Con respecto a las posibles restricciones a Summorum pontificum, una fuente vaticana de alto rango comunicó a LifeSiteNews que esa derogación o restricción de la Misa Tradicional se está haciendo sin consultar con los fieles afectados. Afirmó:

    «Los rumores relativos a Summorum pontificum no sólo tienen que ver con el rito mismo, sino con el modo dictatorial de tomar las decisiones (no muy sinodal que digamos) sin tener en cuenta a los afectados, a los que trata como a niños chicos desobedientes obligados a hacer caso de sus padres, que supuestamente saben más, o como a soldados de un cuartel de corte prusiano adiestrados por un sargento testarudo que no atiende a razones.

    »Es importante señalar que aun antes de la publicación del ucase, la manera tan imposible en que tienden a comportarse los ideólogos de Fratelli tutti. A otros se los difama tildándolos de rígidos con miras a hacer posibles medidas más rigurosas contra ellos que contravengan todos los principios de la fraternidad cristiana y la tan mentada misericordia.

    »No dejan de reabrirse heridas y focos de tensión que contradicen el servicio del sucesor de San Pedro a la unidad de toda la Iglesia y su fidelidad a la verdad revelada.»




    https://adelantelafe.com/entrevista-...-de-autoridad/



  2. #22
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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    Si estos callan, hablarán las piedras... Y las piedras están hablando. Calla la mayoría de los obispos, pero en Francia, el filósofo Michael Onfray, conocido por su ateísmo radical, ha arremetido contra Traditiones custodes porque, aunque no crea, reconoce el valor cultural de la Tradición en la historia de la sociedad. En España ha hecho lo propio el también ateo y liberal Gabriel Albiac, en el ABC del pasado lunes. Aunque ni uno otro aducen, como es natural, razones religiosas sino culturales, no por ello dejan de tener más razón que un santo, si bien se quedan cortísimos en sus apreciaciones al no mencionar el aspecto espiritual.




    Última edición por Hyeronimus; 28/07/2021 a las 01:50

  3. #23
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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    Traición a la Tradición: Diane Montagna entrevista a Mons. Schneider sobre Traditionis custodes



    Diane Montagna: Excelencia, la recién publicada carta apostólica en forma de motu proprio del pasado día 16 se llama Traditionis
    custodes (guardianes de la Tradición). ¿Cuál fue su primera impresión ante la elección de semejante título?

    Monseñor Schneider: Mi primera impresión fue que me pareció la voz de un pastor que en vez de oler a oveja apaleaba enojado al rebaño.

    ¿Qué le parece en general el motu proprio y la carta a los obispos del mundo que lo acompaña explicando los motivos que lo han llevado a imponer restricciones a la Misa Tradicional?

    En su exhortación apostólica programática Evangelii gaudium, el papa Francisco defiende «ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena» (nº165). Pero al leer el motu proprio y la carta adjunta da la sensación contraria: que en general el documento manifiesta intolerancia espiritual y hasta rigidez espiritual. El motu proprio y la carta transmiten un espíritu que condena y no da acogida. En el documento sobre la fraternidad humana suscrito en Abu Dabi el 4 de febrero de 2019, Francisco abraza la «diversidad de religiones», mientras que en el motu proprio rechaza de plano la diversidad de formas litúrgicas del Rito Romano.

    Contrasta enormemente este motu proprio con el principio rector del pontificado francisquista, o sea, la inclusión y el amor preferencial por las minorías y las periferias en la vida de la Iglesia. En el motu proprio se descubre una postura increíblemente cerrada que contrasta con lo que dice el propio Francisco: «Sabemos que desde varios lados somos tentados para vivir en esta lógica del privilegio que nos aparta apartando, que nos excluye-excluyendo, que nos encierra encerrando los sueños y la vida de tantos hermanos nuestros» (homilía de vísperas, 31 de diciembre de 2016). Las normas que impone este nuevo motu proprio denigran el rito milenario de la lex orandi de la Iglesia de Roma encerrando al mismo tiempo los sueños y la vida de muchas familias católicas, sobre todo de los jóvenes y los sacerdotes, cuya vida espiritual y amor a Cristo y a la Iglesia han madurado y se han beneficiado en gran medida de la forma tradicional del Rito Romano.

    El motu proprio establece un principio de extraña exclusividad litúrgica al afirmar que los libros litúrgicos de reciente promulgación son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano (art.1). Qué diferencia con estas palabras del mismo Francisco: «Es verdad, el Espíritu Santo suscita los diferentes carismas en la Iglesia; en apariencia, esto parece crear desorden, pero en realidad, bajo su guía, es una inmensa riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad» (homilía en la catedral católica del Espíritu Santo de Estambul el 29 de noviembre de 2014).

    ¿Qué es lo que más le preocupa del nuevo documento?

    Como obispo, una de mis mayores preocupaciones es que, en vez de promover la unidad mediante la coexistencia de varias formas litúrgicas auténticas, el motu proprio crea dos clases en la sociedad de la Iglesia: católicos de primera y de segunda clase. La clase privilegiada de los que participan de la liturgia reformada, el Novus Ordo, y los católicos de segunda, que a partir de ahora estarán meramente tolerados, entre los que hay numerosas familias, niños, jóvenes y sacerdotes que en las últimas décadas se han criado en la liturgia tradicional y con gran provecho espiritual han vivido la realidad y el misterio de la Iglesia gracias a esta forma litúrgica que para las generaciones anteriores fue sagrada y formó a tantos santos y excelentes católicos a lo largo de la historia.

    El motu proprio y la carta cometen una injusticia contra todos los católicos que participan de la liturgia tradicional, porque los acusa de crear división y rechazar el Concilio. Lo cierto es que una porción considerable de esos católicos no se mete en discusiones doctrinales sobre el Concilio, el Novus Ordo y otros problemas de política eclesial. Todo lo que quieren es dar culto a Dios con la liturgia con la que Él les ha llegado al corazón y ha transformado su vida. El argumento aducido por el motu proprio y la carta, que la liturgia tradicional crea división y es un peligro para la unidad de la Iglesia, queda refutado por la realidad. Es más, cualquier observador imparcial llegará a la conclusión de que el tono de desprecio a la liturgia tradicional que manifiestan dichos textos no es más que un pretexto y una estratagema, y que aquí hay gato encerrado.

    ¿Hasta qué punto le parece convincente la comparación que hace Francisco en su carta a los obispos entre las medidas que acaba de adoptar y las que dispuso San Pío V en 1570?

    La época del Concilio Vaticano II y la llamada Iglesia conciliar se ha caracterizado por una apertura a la diversidad y la inclusión de espiritualidades y expresiones litúrgicas locales a la vez que se rechaza el principio de uniformidad de la práctica litúrgica de la Iglesia. A lo largo de la historia, la verdadera actitud pastoral ha sido de tolerancia y respeto a los diversos ritos siempre y cuando expresen la integridad de la Fe católica, y la dignidad y sacralidad de los ritos y lleven auténticos frutos espirituales en la vida de los fieles. En otros tiempos, la Iglesia de Roma reconocía la diversidad de expresiones en su lex orandi. En la constitución que promulgó la liturgia tridentina, Quo primum (1570), al aprobar todas las expresiones litúrgicas de la Iglesia de Roma que tenían más de dos siglos de antigüedad, las reconoció como igualmente dignas y legítimas expresiones de la lex orandi de la Iglesia Católica. En su bula, San Pío V declaró que en modo alguno rescindía otras expresiones litúrgicas de la Iglesia. La forma litúrgica de la Iglesia que tuvo vigencia hasta la reforma de Pablo VI no procede de Pío V; se había mantenido sustancialmente inalterada desde siglos antes de Trento. La primera edición impresa del Misal Romano data de 1470, es decir, un siglo antes del que publicó San Pío V. El rito de la Misa en ambos misales es prácticamente idéntico; las diferencias están más bien en elementos secundarios como el calendario, la cantidad de prefacios y más precisamente en las rúbricas.

    El motu proprio que acaba de promulgar Francisco es también motivo de gran preocupación porque manifiesta una actitud discriminatoria contra un rito de la Iglesia Católica que tiene casi un millar de años de antigüedad. La Iglesia jamás ha rechazado lo que a lo largo de muchos siglos ha sido expresión de sacralidad, precisión doctrinal y riqueza espiritual, y ha sido elogiado por muchos papas y grandes teólogos (por ejemplo Santo Tomás de Aquino) y numerosos santos. Los pueblos de Europa Occidental y parte de la Oriental, del norte y el sur de Europa, América, África y Asia fueron evangelizados y se formaron doctrinal y espiritualmente con el rito romano tradicional; esos pueblos se sienten espiritual y litúrgicamente en su casa con ese rito. El papa Juan Pablo II dio muestras de sincero aprecio al rito tradicional de la Misa cuando dijo: «Tanto el Misal Romano, llamado de San Pío V, como varias liturgias orientales contienen hermosas oraciones en las que el sacerdote expresa el más profundo sentido dtes e humildad y reverencia a los sagrados misterios; revelan la sustancia misma de la liturgia» (Mensaje a los participantes en la asamblea plenaria de Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 21 de septiembre de 2001).

    Sería contrario al espíritu de la Iglesia de siempre menospreciar este rito, tildarlo de divisivo y considerarlo peligroso para la unidad de la Iglesia y promulgar normas tendientes a hacerlo desaparecer con el tiempo. Las medidas contenidas en el motu proprio de Francisco tienen como fin arrancar sin piedad del alma y la vida de muchos católicos la liturgia tradicional, que de por sí es santa y constituye la patria espiritual de esos católicos. Gracias a este motu proprio, los católicos que actualmente se han formado y nutrido espiritualmente con la liturgia tradicional de la Santa Madre Iglesia dejarán de ver a la Iglesia como madre y verán en ella a una madrastra que se ajusta a la descripción que ha hecho Francisco: «Una mamá que critica, que habla mal de sus hijos no es madre. Creo que se dice matrigna [madrastra] en italiano… No es madre» (Encuentro del Santo Padre con los religiosos de Roma, 16 de mayo de 2015).

    Esta carta apostólica del papa Francisco se ha publicado en la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de la Orden Carmelita (a la que perteneció Santa Teresita del Niño Jesús), que se dedica a rezar por los sacerdotes. ¿Qué les diría a los seminaristas diocesanos y a los sacerdotes jóvenes que estaban ilusionados con celebrar la Misa Tradicional, en vista de las nuevas medidas?

    El cardenal Joseph Ratzinger habló de la limitación de los poderes del Papa en cuanto a la liturgia con esta iluminadora explicación: «El Papa no es un monarca absoluto cuya voluntad tenga valor de ley. Es, por el contrario, guardián de la auténtica Tradición, y por tanto el primer garante de la obediencia. No puede hacer lo que le plazca, y puede por consiguiente enfrentarse a quienes quieran hacer lo primero que se les ocurra. Su gobierno no es arbitrario; es un gobierno de obediencia y fe. Por eso, en materia de teología, su misión es la de un jardinero, no la de un técnico que construye máquinas nuevas y tira las viejas. El rito, ese modo de celebrar y rezar que ha ido madurando en la fe y la vida de la Iglesia, es una síntesis de Tradición viva en que quien celebra con ese rito expresa la totalidad de su fe y oración, a la vez que la confraternización de distintas generaciones se convierte en una experiencia al rezar hermanados con quienes nos precedieron y quienes nos sucederán. Por eso, el rito es un aporte provechoso a la Iglesia, una forma viva de paradosis , la transmisión de la Tradición» (cf. Prólogo a The Organic Development of the Liturgy. The Principles of Liturgical Reform and Their Relation to the Twentieth-century Liturgical Movement Prior to the Second Vatican Council, de Dom Alcuin Reid, San Francisco 2004).

    La Misa Tradicional es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia, pues se celebra y es objeto de gran estima y amor para los sacerdotes y los santos desde hace al menos un millar de años. De hecho, el rito tradicional de la Misa fue prácticamente el mismo durante siglos antes de la publicación del Misal de S. Pío V en 1570. Un tesoro litúrgico casi milenario, válido y tenido en alta estima no es propiedad privada de un pontífice para que haga con él lo que le venga en gana. Por tanto, los seminaristas y sacerdotes jóvenes deben pedir que se les conceda el derecho a beneficiarse de este tesoro común de la Iglesia. Y en caso de se les niegue, pueden celebrar de todos modos clandestinamente. No sería un acto de desobediencia, sino de obediencia a la Santa Madre Iglesia, que nos ha dado ese tesoro litúrgico. Que el papa Francisco rechace tajantemente un rito casi milenario es algo efímero en comparación con el espíritu y la práctica constante de la Iglesia.

    Excelencia, ¿qué impresión tiene de cómo se está poniendo en vigor Traditionis custodes?

    En el espacio de unos pocos días, obispos diocesanos y hasta toda una conferencia episcopal han emprendido una eliminación sistemática de toda celebración de la Misa según el rito tradicional. Estos inquisidores de la liturgia han hecho gala de un clericalismo increíblemente rígido por el estilo del que describió Francisco cuando dijo: «Hay ese espíritu de clericalismo en la Iglesia, que se siente: los clérigos se sienten superiores, los clérigos se alejan de la gente, los clérigos dicen siempre: “Esto se hace así, así, así, y ¡vosotros iros!”» (Meditación diaria en la Santa Misa del 13 de diciembre de 2016).

    El motu proprio antitradicionalista de Francisco tiene paralelos con las lamentables y en extremo rígidas decisiones litúrgicas de la Iglesia Ortodoxa Rusa con el patriarca Nikon de Moscú entre 1652 y 1666. Esto tuvo como consecuencia un largo cisma que se conoció como el los Viejos Creyentes, que conservaban la liturgia y costumbres de la Iglesia rusa anteriores a Nikon. Los Viejos Creyentes resistieron la adaptación de la espiritualidad rusa a formas contemporáneas tomadas de la ortodoxia griega, y fueron excomulgados junto con sus ritos en el sínodo de 1666-1667, creándose un cisma entre los Viejos Creyentes y quienes se adhirieron a la iglesia estatal en la condena del rito antiguo. Hoy en día la Iglesia Ortodoxa Rusa lamenta las drásticas medidas del patriarca Nikon, porque si esas medidas hubieran tenido una finalidad realmente pastoral y hubieran permitido el rito anterior, no habrían dado lugar a un cisma que se arrastra desde hace siglos y ha sido innecesariamente causa de crueles sufrimientos.

    En nuestros tiempos presenciamos cada vez más celebraciones de la Santa Misa que se han convertido en púlpitos para promover la pecaminosa vida homosexual, las misas LGTB, nombre que ya de por sí es blasfemo. Son misas toleradas por la Santa Sede y por muchos obispos. Hace falta con urgencia un motu proprio con normas estrictas que ponga fin a esas misas LGBT, porque son un ultraje a la Divina Majestad, un escándalo para los fieles y una injusticia para los homosexuales activos, pues esas misas los reafirma en sus pecados, y corren por tanto peligro de eterna condenación.

    Y sin embargo hay bastantes obispos, sobre todo en EE.UU. pero también en otros países, como Francia, que apoyan a los fieles de su diócesis que quieren la Misa Tradicional. ¿Qué diría a sus hermanos en el episcopado para animarlos? ¿Y cuál debe ser la actitud de los fieles hacia sus prelados, muchos de los cuales se han quedado atónitos al ver el documento?

    Esos obispos han demostrado que su actitud es la de verdaderos apóstoles y pastores, ésos sí que huelen a oveja. A ésos y a muchos otros los animaría a no perder esa noble actitud pastoral. Que no se dejen influir por los elogios de los hombres ni por el respeto humano, sino que su motivación sea la gloria de Dios y el mayor provecho espiritual de las almas y su eterna salvación. Y a los fieles, que manifiesten gratitud, respeto filial y amor a esos pastores.

    ¿Qué efecto tendrá a su juicio el motu proprio?

    En el fondo, el motu proprio que acaba de promulgar Francisco es una victoria pírrica y le saldrá el tiro por la culata. Un acto administrativo tan draconiano no podrá violentar la conciencia de las muchas familias católicas y el creciente número de jóvenes y sacerdotes –sobre todo sacerdotes jóvenes– que asisten a la Misa Tradicional. No servirá de nada decirles a esos fieles y sacerdotes que tienen que atenerse a las normas, porque tienen claro que la obligación de obedecer queda sin efecto cuando de lo que se trata es de poner fin a la liturgia tradicional, el gran tesoro litúrgico de la Iglesia de Roma.

    Es indudable que con el tiempo irá formándose una red mundial de Misas catacumbales, como suele suceder en tiempos de catástrofe y de persecución. Es posible que lleguemos a conocer una época de misas tradicionales clandestinas como las que pintó con tanto efecto Aloysius O’Kelly en su cuadro Misa en Connemara (Irlanda) durante la época de prohibición del catolicismo . O quizás conozcamos una época parecida a la que describió San Basilio el Grande cuando los católicos tradicionales fueron perseguidos por un episcopado arriano y liberal en el siglo IV: «Los verdaderos creyentes callan mientras las lenguas blasfemas se menean con toda soltura; se pisotea lo sagrado; los mejores laicos huyen de las iglesias por ser escuelas de impiedad, y alzan las manos al cielo en el desierto suspirando y llorando implorando al Señor. Vosotros también tenéis noticia de lo que ha sucedido en nuestras ciudades, de cómo nuestros hijos y hasta nuestros ancianos salen afuera y hacen sus plegarias a la intemperie soportando con gran paciencia las inclemencias del tiempo mientras aguardan el auxilio del Señor» (Carta 92).

    La admirable, armoniosa y bastante espontánea difusión e incesante aumento de la Misa Tradicional por todo el mundo, hasta en los países más remotos, es sin duda obra del Espíritu Santo, y un verdadero signo de nuestros tiempos. Esta forma de celebración litúrgica produce auténticos frutos espirituales, sobre todo en la vida de los jóvenes y los conversos al catolicismo, ya que lo que precisamente atrajo a éstos fue la fuerza que irradia de este tesoro de la Iglesia. Al papa Francisco y a los demás obispos que lleven a efecto su motu proprio les convendría imitar ardientemente el ejemplo de Gamaliel y preguntarse si no estarán rebelándose contra la obra de Dios: «Ahora os digo: Dejad a estos hombres, dejadlos; porque si esto es consejo u obra de hombres, se disolverá; pero, si viene de Dios, no podréis disolverlo, y quizá algún día os halléis con que habéis hecho la guerra a Dios» (Hch. 5, 38-39). Ojalá el papa Francisco lo piense mejor, con los ojos puestos en la eternidad, y tenga el valor y la humildad para revocar su nuevo motu proprio, recordando lo que él mismo dijo una vez: «n realidad, la Iglesia se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no pretende regularlo ni domesticarlo»” (Homilía en la catedral católica del Espíritu Santo, Estambul, el sábado 29 de noviembre de 2014).

    De momento, muchas familias católicas, jóvenes y sacerdotes de todos los continentes lloran porque el Papa, su jefe espiritual, los ha privado del pasto espiritual de la Misa Tradicional, que tanto ha fortalecido su fe y su amor a Dios, la Santa Madre Iglesia y la Sede Apostólica. Es posible que por un tiempo vayan «llorando los que llevan y esparcen la semilla, pero vendrán alegres trayendo sus gavillas» (Sal.126,6).

    Esas familias, jóvenes y sacerdotes podrían dirigir al Sumo Pontífice las siguientes palabras u otras por el estilo: «Os rogamos, Santidad, que nos restituyáis el valioso tesoro litúrgico de la Iglesia. No nos tratéis como a hijos de secunda clase. No violentéis nuestra conciencia obligándonos a aceptar un único y exclusivo rito. Recordad que siempre habéis proclamado ante todo el mundo la importancia de que haya variedad, acompañamiento pastoral y respeto a las conciencias. No hagáis caso a los representes del clericalismo rígido que os aconsejaron tomar una medida tan despiadada. Sed un verdadero padre de familia que “saca de su tesoro lo nuevo y lo añejo” (Mt.13,52). Si nos escucháis, seremos vuestros mejores intercesores ante Dios el Día del Juicio.»



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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    Andante con Motu


    Los amantes de la música saben de qué se trata. Y los inexpertos, se lo figuran. Es un movimiento musical, con más agilidad que el andante (a secas); y algo menos que el allegro. Hace ya tanto tiempo que no estudiamos música, que las definiciones se me oscurecen.

    El caso es que a los amantes de la misa tradicional (en su multitud de variantes), se le ha prohibido el allegro, el allegretto y cualquier explosión de velocidad que hayan podido tomar, especialmente en los últimos 13 años, justamente desde el Motu Proprio de Benedicto XVI. Frenazo en seco, parada cardíaca, electroencefalograma plano. A la vista de este nuevo Motu de Francisco I el de las Mercedes, se aconseja vivamente -o sea, se prohíbe-, cualquier celebración de “éstas” (pronunciado despectivamente, claro).

    Muchos comentaristas de estos días, incluidos los que le trae al fresco la Misa Tradicional de Siempre, se han percatado de la injusticia malévola que lleva adosado el documento. Es como un papiro que se hubiera pasado antes por el veneno de un escorpión, o como esos mensajes de algunas películas de ficción, que llevan una tinta que se descompone en ácido mortal, en el momento que se comienza a leer. Y es que eso es precisamente el documento: un destilado de acidez. El Redactor no ha pasado por la Escuela diplomática vaticana, o se ha dejado llevar por un “santo rencor”, cuando se ha expresado de esta forma tan poco diplomática. Podría haber disimulado. Claro que el Redactor ha expresado bien lo que quería decir el Mentor, del que sí sabemos con seguridad que no ha pisado los pasillos diplomáticos, aunque sí haya pasado por la habitación del moribundo Fidel Castro.

    Afortunadamente, como les decía yo a mis novicios recién llegados y con ansias de entrar en el “ámbito” de Fray Gerundio (nos seguimos reuniendo en su antigua celda), nosotros no tenemos que ser diplomáticos; aunque, al menos por ser monjes, sí debemos guardar algo de compostura y no ser tan amargos. De ahí que como siempre decía Fray Gerundio, debemos abordar incluso las cuestiones más delicadas y espinosas, con un sano humor que no permita que la desesperanza se instale en nuestros corazones. Por eso justamente, yo aconsejaría a todos los “afectados” por el Motu: que levanten sus cabezas y que tengan ánimo. Claro que aquí no nos van a tratar como a todos esos afectados por alguna cuestión, siempre apoyada por los medios gubernamentales. No podemos crear la Plataforma de Afectados por el Motu Custodes, porque nos sentimos sin Custodio. Nadie en la Iglesia va a dar un dólar por nosotros. Si fuéramos la Plataforma de Cristianos Gay Afectados por la Homofobia, un buen número de Congregaciones Vaticanas ya se habría puesto en contacto con nosotros.

    Los afectados están custodiados realmente por Nuestro Señor y por la Virgen del Carmen, porque elegir este día para publicar el Motu “con efecto inmediato”, no va quedarse sin consecuencias. Para todas estas cosas, la Virgen María siempre ha sido muy especial. Y cargarse el latín de siempre, con la misa de siempre y el sentido de siempre de un plumazo, en un viernes estival, recién salidos del quirófano y con esa premura que no se ve en ningún otro documento, creo que no se quedará sin alguna consecuencia. Pero bueno, eso no es cosa nuestra. Dejémoslo a la Misericordia Divina (y a su Justicia).

    El primer resultado ha sido, que muchos de los Obispos a los que se les “insta” a poner en práctica el dichoso documento ese-mismo fin de semana, se lo han tomado con calma y han dicho que hace mucho calor y que iremos despacito. Claro que siempre hay pelotilleros entre los cortesanos que han ido incluso más allá que el Jefe (si es que se puede ir mas allá), y han prohibido los manteles de lino, la cera de abeja virgen, las casullas de guitarra, las puntillas en punto de cruz, las gafas de sol polarizadas, la ropa comprada en Zara…y un montón de cosas más. Pero esos son más que despreciables. La Conferencia Episcopal de Costa Rica en pleno ha querido destacarse. Pobrecillos. La que les espera va a ser de espanto.

    Pero insisto en que una gran parte de obispos, han dejado las cosas como están. Al fin y al cabo, los pobres católicos que preferían esta misa, no se merecen este odio a muerte, este calificativo brutal de que producen división en la Iglesia. Y se merecen una actitud paternal. No es tanto lo que quieren. Ni siquiera tienen que modificar los Mandamientos de la Ley de Dios, o la Moral católica, o la comunión a los divorciados, o la aceptación del nuevo marxismo hispanoamericano. No hace falta que las Autoridades toquen nada. Ni siquiera hay que poner una nota a pie de página en alguna encíclica. Sencillamente: se trata de que dejen en paz lo que ya se viene haciendo desde hace veinte siglos. Pero justamente ahí está la cuestión: Molesta lo de siempre, y con eso no se puede dialogar. Hay que acabar con ellos.

    Creo que lo ha expresado muy bien el Secretario de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Argüello, aunque haya sido a propósito de una ley inicua que acaban de aprobar en España (o quizá se refiere también al Motu):

    Por mucho que se reivindique el diálogo es imposible cuando se sustituye la razón por la emoción y el rostro por la tribu. Se fomenta el odio cuando se declara “delito de odio” cualquier discrepancia. No hay mejor manera de controlar el pensamiento que negando su existencia.

    Es verdad. Por mucho que se reivindique el diálogo, el odio lo hace imposible. Y este Motu lleva mucha carga de odio. Quiere acabar con los que van a Misa Tradicional con un golpe de Ley. Pobres Legisladores. Creo que Su Santidad debería rectificar. Pero él sabrá. Mientras tanto, como nos prohíben el Allegro, porque ya se sabe que somos pepinillos en vinagre, nosotros seguiremos adelante en un jubiloso Andante con Motu. Y en gregoriano.

    Fray Luco




    https://adelantelafe.com/andante-con-motu/



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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    LAPIDES CLAMABUNT (monseñor Viganò habla sobre Traditionis custodes)




    Dico vobis quia si hii tacuerint, lapides clamabunt.
    Lc. 19, 40


    Traditionis custodes: con estas palabras principia el documento por el que Francisco deroga como un monarca absoluto el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI. No pasa inadvertido el tono casi burlón de la pomposa cita de Lumen gentium: precisamente en el momento en que Bergoglio reconoce a los obispos como custodios de la Tradición, les pide que supriman la más elevada y sagrada expresión orante. Quien quiera buscar algún resquicio entre líneas, sepa que el borrador que se hizo llegar a la Congregación para la Doctrina de la Fe para revisión era muchísimo más riguroso que el texto final. Lo cual confirma, aunque no es necesario, que no han hecho falta presiones particulares por parte de los enemigos históricos de la liturgia tridentina –empezando por los eruditos de San Anselmo– para convencer a Su Santidad a fin de que intentara hacer lo que mejor se le da: demoler. Ubi solitudinem faciunt, pacem appellant [lo dejaron todo yermo, y lo llaman paz. –Tácito]

    El modus operandi de Francisco.

    Francisco ha desmentido una vez más la piadosa ilusión de la hermenéutica de la continuidad al afirmar que la coexistencia entre el Vetus y el Novus Ordo es imposible porque son expresiones respectivas de dos posturas doctrinales y eclesiológicas irreconciliables. Por un lado está la Misa de los Apóstoles, voz de la Iglesia de Cristo; por otro, la celebración eucarística montiniana, expresión de la Iglesia conciliar. Y eso que digo no es una acusación, por legítima que sea, de alguien que tiene reservas hacia el rito reformado y hacia el Concilio; es un reconocimiento, es más, una afirmación jactanciosa de una postura ideológica de parte del propio Francisco, cabecilla de la facción más extremista del progresismo. Su doble papel de papa y de liquidador de la Iglesia Católica le permite por una parte derruirla a golpe de decretos y actos de gobierno, y por otra servirse del prestigio que le confiere el cargo para instaurar y difundir la nueva religión sobre las ruinas de la vieja. Poco importa que la manera en que actúa contra Dios, contra la Iglesia y contra la grey del Señor choquen de modo estridente con sus llamadas a la parresía, al diálogo, a tender puentes en vez de levantar muros; la Iglesia de la misericordia y el hospital de campaña resultan ser huecos artificios retóricos cuando quienes tendrían que beneficiarse serían los católicos, y no los herejes y fornicarios. En realidad, todos sabemos bien que la indulgencia de Amoris laetitia para con los concubinarios y adúlteros notorios sería poco menos que inimaginable para con los rígidos, contra los que arremete Begoglio cada vez que se le presenta la oportunidad.

    Después de años de pontificado, todos habíamos comprendido que las razones aducidas por Bergoglio para declinar el encuentro con un prelado, un político o un intelectual conservador no son válidas para el cardenal abusador de menores, el obispo hereje, el político abortista o el intelectual mundialista. Hay, en resumen, una diferencia como de la noche al día, a partir de la cual se puede captar la parcialidad y sectarismo de Francisco en beneficio de cualquier ideología, pensamiento, proyecto o expresión científica, artística o literaria que no sea católica. Todo lo que sea vagamente católico suscita al parecer en el inquilino de Santa Marta una aversión como poco desconcertante aunque sólo sea por el Solio en que se sienta. Muchos han señalado esta disociación, esta especie de bipolaridad de un pontífice que no se comporta como tal ni habla como tal. El problema es que no nos encontramos ante una inactividad del pontificado, como podría suceder en el caso de un papa enfermo o muy anciano; sino que es una acción constante, organizada y planificada en un sentido diametralmente opuesto a la esencia misma del Papado. Bergoglio es que no sólo se abstiene de condenar los errores actuales –¡nunca lo ha hecho!– recalcando enérgicamente la verdad católica; se ocupa activamente en divulgar esos errores, en promoverlos y darles cabida en todos los actos que se celebran en el Vaticano mientras manda callar a cuantos denuncian esos errores. No sólo no castiga a los prelados fornicarios, sino que los promociona y defiende con mentiras, al paso que destituye a los cardenales que no se apuntan al nuevo rumbo. No sólo se abstiene de condenar a los políticos abortistas que se autoproclaman católicos, sino que interviene para impedir que las conferencias episcopales se pronuncien a favor de condenarlos, contradiciendo con ello el camino sinodal que por otro lado le permite valerse de una minoría de progres extremistas para imponer su voluntad a la mayoría de los padres sinodales.

    Una constante de dicha actitud, que se puede observar en su forma más descarada y arrogante en Traditionis custodes, es la doblez y la mentira. Una doblez de fachada, claro, que es contradicha a diario por tomas de posición nada prudentes a favor de un sector mucho más concreto, que en aras de la brevedad podríamos identificar con la izquierda ideológica, en realidad con su evolución más reciente en clave mundialista, ecologista, transhumana y LGBT. Hemos llegado a un punto en que hasta las personas sencillas y poco avezadas en cuestiones doctrinales han entendido que tenemos un papa que no es católico, al menos en el sentido estricto de la palabra. Esto plantea problemas serios de índole canónica que no nos toca resolver a nosotros pero que tarde o temprano tendremos que afrontar.

    El extremismo ideológico

    Otro elemento significativo de este pontificado , llevado a sus últimas consecuencias con Traditionis custodes, el el extremismo ideológico de Bergoglio. Un extremismo que es deplorado de palabra en lo que se refiere a otros pero que encuentra su expresión más violenta despiadada cuando es él mismo quien lo pone en práctica contra los sacerdotes y laicos vinculados al rito antiguo y fieles a la Santa Tradición. Y en tanto que con la Hermandad San Pío X se muestra dispuesto a hacer concesiones y tener relaciones de buena vecindad, no tiene la menor comprensión ni trato humano con los pobres sacerdotes y fieles que para mendigar que les dejen celebrar la Misa en latín se ven obligados a soportar mil humillaciones y chantajes. Este comportamiento no es casual; el movimiento fundado por monseñor Lefebvre goza de autonomía e independencia económica, y por eso no hay motivo para temer extorsiones ni supervisiones por parte de la Santa Sede. En cambio, los obispos y sacerdotes incardinados en las diócesis y órdenes religiosas saben que pende sobre ellos la espada de Damocles de la destitución, de la suspensión a divinis y la de la privación de los medios mismos de subsistencia.

    La experiencia de la Misa Tridentina en la vida sacerdotal

    Quien haya tenido oportunidad de seguir mis intervenciones y declaraciones conoce de sobra mi postura con relación al Concilio y al Novus Ordo; pero conoce también mi formación, mi currículum al servicio de la Santa Sede y mi relativamente reciente toma de conciencia de la apostasía y la crisis que atravesamos. Por ese motivo, reitero que comprendo la situación espiritual de quienes, precisamente por esta situación, no pueden adoptar una postura radical, como por ejemplo celebrar la Misa de San Pío V o asistir exclusivamente a ella, o no están todavía en condiciones de hacerlo. Muchos sacerdotes no descubren los tesoros de la venerable liturgia tridentina hasta el momento en que la celebran y se dejan empapar de ella, y no es raro que la curiosidad inicial por el rito extraordinario –fascinante desde luego por su fastuosidad– no tarde en sustituirse por la conciencia de la profundidad de las palabras, la claridad de doctrina y la insuperable espiritualidad que hace nacer y que nutre en las almas. Hay una armonía perfecta que no se puede expresar con palabras y que el fiel no alcanza a entender sino en parte pero que conmueven el corazón del sacerdote de un modo que sólo Dios puede hacerlo. Lo pueden confirmar mis hermanos en el sacerdocio que se han acercado al usus antiquor tras décadas de obediente celebración del Novus Ordo: se abre ante ellos un mundo, un universo que abarca el rezo del Breviario con las lecciones de Maitines y los comentarios de los Padres, las referencias a los textos de la Misa, el Martirologio a la hora de Prima… Son palabras sagradas no porque estén en latín; todo lo contrario: están expresadas en latín porque la lengua vulgar las envilecería, las profanaría, como señalaba sabiamente Dom Guéranguer. Son las palabras de la Esposa al divino Esposo, las palabras del alma que vive en íntima unión con Dios, el alma que se deja inhabitar de la Santísima Trinidad. Palabras esencialmente sacerdotales, en la más profunda acepción del término, que en el sacerdocio no sólo supone el poder para ofrecer el Sacrificio, sino de unirse en la oblación de sí mismo a la Víctima pura, santa e inmaculada. Nada que ver con la verborrea del rito reformado, que se empeña excesivamente en complacer la mentalidad secularizada para dirigirse a la Majestad de Dios y la corte celestial; que se preocupa tanto por hacerse comprensible que se ve obligado a no comunicar nada que no sea alguna obviedad trivial; que pone tanto cuidado en no ofender la susceptibilidad de los herejes que se permite callar la Verdad en el preciso instante en que el Señor Dios se hace presente sobre el altar; que tiene tanto temor de pedir a los fieles el más mínimo compromiso que banaliza el canto sagrado y toda expresión artística ligada al culto. El mero hecho de que en la redacción de ese rito hayan participado luteranos, modernistas y masones notorios bastaría para hacernos entender, si no la mala fe y el dolo, al menos la mentalidad horizontal privada sobrenaturalidad que impulsó a los autores de la llamada reforma litúrgica. Los cuales, por lo que hemos podido saber, no se distinguían por la santidad con que refulgían los autores sagrados de los textos del antiguo Misal Romano y de todo el corpus litúrgico.

    ¿Cuántos de vosotros, sacerdotes –y desde luego muchos laicos–, no os sentís conmovidos hasta las lágrimas al recitar los admirables versículos de la Secuencia de Pentecostés, al comprender que vuestra predilección por la liturgia tradicional no tenía nada que ver con una estéril complacencia estética, sino que se había transformado en una verdadera necesidad espiritual, tan irrenunciable como la respiración? ¿Cómo podéis, cómo podemos, explicar a quienes hoy nos quieren privar de este inestimable bien que aquel rito bendito os ha llevado a descubrir la verdadera naturaleza de vuestro sacerdocio, y que de él y nada más que de él podéis obtener las fuerzas y la nutrición para afrontar las exigencias de vuestro ministerio? ¿Cómo se puede hacer entender que la obligada vuelta al rito montiniano os supone un sacrificio imposible, porque en la batalla cotidiana contra el mundo, la carne y el Diablo ese rito os deja desarmados, postrados y sin fuerzas?

    Es evidente que sólo quien no ha celebrado la Misa de San Pío V puede considerarla un molesto oropel de otros tiempos del cual se puede prescindir. También muchos sacerdotes jóvenes, habituados desde la adolescencia al Novus Ordo, han entendido que las dos formas del rito no tienen nada en común, y que una es tan superior a la otra que pone en evidencia los límites y aspectos criticablesº de la otra, hasta el punto que se les hace poco menos que penoso celebrarla. No es cuestión de nostalgia, de culto al pasado; hablamos de la vida del alma, de su crecimiento espiritual, de ascesis y de mística. Conceptos que nadie de los que entienden el sacerdocio como una profesión es capaz de comprender el dolor que experimenta un alma sacerdotal al ver las especies eucarísticas profanadas durante los grotescos ritos de la Comunión en tiempos de la farsa pandémica.

    Una visión reductiva de la autorización de la Misa

    Por eso, me resulta desagradable en extremo leer en Traditionis custodes que el motivo por el cual Francisco considera que el motu proprio Summorum Pontificum se promulgó hace catorce años fue el deseo de remediar el supuesto cisma de monseñor Lefebvre. Cierto es que algunos cálculos políticos pudieron haber tenido su peso, sobre todo en tiempos de Juan Pablo II, aunque entonces los fieles de la Hermandad San Pío X eran escasos en número; pero la petición de dar carta de ciudadanía a la Misa que durante dos milenios nutrió la santidad de los fieles e infundió la savia vital a la civilización cristiana no puede reducirse a un acto contingente.

    Con su motu proprio, Benedicto devolvió a la Iglesia la Misa apostólica romana, declarando que en ningún momento había sido revocada. Indirectamente, admitió que cuando Pablo VI impuso de forma autoritaria su rito cometió un abuso al prohibir despiadamente la celebración de la liturgia tradicional. Y si bien en el mencionado documento pueden encontrarse elementos incongruentes, como por ejemplo la presencia simultánea de ambas formas del mismo rito, podemos considerar que sirvieron para permitir la difusión del extraordinario sin afectar al ordinario. En otros tiempos habría sido inconcebible permitir la celebración de una Misa entreverada de equívocos y omisiones, cuando la autoridad pontificia habría sido suficiente para restablecer el rito de antes. Pero hoy, con la pesada carga del Concilio y la mentalidad secularizada ampliamente difundida, la mera licitud de celebrar la Misa Tridentina se puede considerar un bien innegable; un bien que todos tienen a la vista por los abundantes frutos que produce en las parroquias donde se celebra. Y cuántos más frutos no produciría si Summorum Pontificum se hubiera aplicado en todos sus puntos con espíritu de verdadera comunión eclesial.

    El presunto uso instrumental del Misal Romano

    Francisco sabe muy bien que la encuesta a los obispos de todo el mundo no obtuvo resultados negativos, aunque las preguntas estaban formuladas de tal forma que estaba claro qué clase de respuestas esperaba. La consulta fue un pretexto para hacer creer a la gente que su decisión sería inevitable y fruto de una respuesta conjunta del episcopado. Todos sabemos que si Bergoglio quiere obtener un resultado determinado no vacila en recurrir a la fuerza, a mentiras y a efectuar golpes de mano: los últimos sínodos lo han demostrado más allá de toda duda razonable, con la exhortación postsinodal ya redactada antes de la primera votación del instrumentum laboris. Por eso, también en este caso el objetivo previsto de antemano era la abolición de la Misa Tridentina, y la profasis, o sea la excusa aparente, tenía que ser «el uso instrumental del Missale Romanum de 1962, que se caracteriza cada vez más por un rechazo creciente no sólo de la reforma litúrgica, sino del Concilio Vaticano II» (ver aquí). Con toda franqueza, de ese uso instrumental se puede en todo caso acusar a la Hermandad San Pío X, que tiene todo el derecho de afirmar lo que cada uno de nosotros sabemos de sobra: que la Misa de San Pío V es incompatible con la doctrina y la eclesiología postconciliar. Pero el motu proprio no afecta a la Hermandad, que siempre celebra con el Misal de 1962 precisamente en virtud de ese derecho inalienable que Benedicto XVI reconoció y no creó de la nada en 2007.

    El sacerdote diocesano que celebra la Misa en la iglesia a la que lo ha destinado su obispo, y que cada semana tiene que someterse a un riguroso interrogatorio por las acusaciones de fervientes católicos progresistas sólo porque ha tenido la osadía de rezar el Confíteor antes de dar de comulgar a los feligreses, sabe muy bien que no puede hablar mal del Novus Ordo ni del Concilio, porque desde la primera sílaba se vería obligado a comparecer ante la Curia y lo destinarían a una parroquia perdida de un pueblo allá por donde el diablo perdió el poncho. Ese silencio, con frecuencia doloroso y casi siempre entendido como más elocuente que muchas palabras, es el precio que debe pagar para poder celebrar la Santa Misa de siempre, para no privar a los fieles de las gracias que esa Misa derrama sobre la Iglesia y sobre el mundo. Y lo que es aún más absurdo: que mientras oímos como nos dicen impunemente que hay que abrogar la Misa Tridentina porque es incompatible con la eclesiología del Concilio, en cuanto nosotros decimos lo mismo –que la Misa montiniana es incompatible con la teología católica– somos de inmediato objeto de condena y utilizan nuestra afirmación como prueba ante el tribunal revolucionario de Santa Marta.

    Me pregunto de qué enfermedad espiritual estarán aquejados los pastores en estas últimas décadas para que hayan dejado de ser unos padres amorosos y se hayan vuelto despiadados censores de sus sacerdotes, funcionarios que siempre están atentos y listos para abrogar todos los derechos en virtud de un chantaje que ni se molestan en disimular. Este clima de suspicacia no contribuye en modo alguno a la tranquilidad de muchos buenos sacerdotes, porque el bien que hacen está en todo momento bajo la lupa de funcionarios que consideran un peligro a los fieles ligados a la Tradición, como una presencia molesta que hay que tolerar en tanto que no se deje ver mucho. ¿Se puede concebir una Iglesia en la que se ponen sistemáticamente trabas al bien, y quien lo hace es visto con sospecha y sujeto con riendas? Comprendo muy bien el escándalo de tantos católicos, de fieles y de no pocos sacerdotes ante este pastor que «en vez de oler a oveja apalea enojado al rebaño» (ver aquí).

    El equívoco de poder gozar de un derecho como si fuese una graciosa concesión lo encontramos también en la política, cuando el Estado autoriza los desplazamientos, las actividades escolares, la actividad económica y el trabajo con tal de que uno se someta a la inoculación de suero génico experimental. Así, del mismo modo que el rito extraordinario se permite a condición de aceptar el Concilio y la Misa reformada, también en el ámbito civil se permite ejercer sus derechos a los ciudadanos a condición de que acepten el discurso de la pandemia, la vacuna y los sistemas de rastreo. No tiene nada de extraño que en muchos casos sean los propios sacerdotes y obispos –y hasta el mismo Bergoglio– los que exijan que hay que estar vacunado para recibir la Comunión; la perfecta sincronización entre lo uno y lo otro es cuando menos inquietante.

    Pero vamos a ver, ¿dónde está ese uso instrumental del Misal Romano? Más bien habría que hablar del uso instrumental del Misal de Pablo VI, que ese sí –parafraseando a Bergoglio– se caracteriza cada vez más por un rechazo creciente, no sólo a la tradición litúrgica preconciliar sino a todos los concilios ecuménicos que precedieron al Vaticano II. Por otra parte, ¿acaso no es Francisco el que considera un peligro para el Concilio el mero hecho de que pueda celebrarse una Misa que repudia y condena todas las desviaciones doctrinales conciliares?

    Otras incongruencias

    ¡Jamás se vio en la historia de la Iglesia que un concilio o una reforma litúrgica supusieran un punto de quiebre entre un antes y después! ¡Jamás en estos dos milenios trazaron los romanos pontífices deliberadamente una frontera ideológica entre la Iglesia que los había precedido y la que ellos gobernaban, borrando contradiciendo el magisterio de sus predecesores! Ese antes y ese después se han convertido en una obsesión, tanto para los que insinuaban con prudencia errores doctrinales mediante expresiones equívocas como para los que con la desfachatez de quien cree haber vencido promocionaban el Concilio como «el 1789 de la Iglesia», como un hecho profético y revolucionario. Antes del 7 de julio de 2007, un destacado ceremoniero pontificio respondió jactancioso: «¡No hay vuelta atrás!» Y sin embargo, ¡por lo visto con Francisco se puede volver atrás, ¡y de qué manera!, si hace falta para mantener el poder e impedir que se propague el bien! Siniestramente, se hace eco del ¡Nada será como antes! de la farsa pandémica.

    La admisión por parte de Francisco de una supuesta división entre los fieles vinculados a la liturgia tridentina y los que, en buena parte por costumbre o por resignación, se han adaptado a la nueva liturgia reformada es muy reveladora: no se propone remediar esa división reconociendo plenos derechos a un rito objetivamente mejor en comparación con el montiniano, sino precisamente para impedir que se haga patente la superioridad ontológica de la Misa de San Pío V y ello suscite críticas al rito reformado y a la doctrina que expresa, lo prohíbe, lo tilda de divisorio, lo confina en una reserva india procurando limitar al máximo su difusión para que desaparezca definitivamente, en nombre de la cultura de cancelación de la que fue desgraciado anticipo la revolución conciliar. Al no poder tolerar que el Novus Ordo y el Concilio sean inexorablemente derrotados con el Vetus Ordo y el magisterio católico perenne, la única solución que se puede adoptar es borrar todo rastro de la Tradición, relegarla a la condición de refugio nostálgico de algún octogenario inflexible o un conventículo de excéntricos, o presentarlo a modo de pretexto como el manifiesto ideológico de una minoría fundamentalista. Por otra parte, construir una versión mediática coherente con el sistema, repetir hasta la saciedad para adoctrinar a las masas, son una constante no sólo en el ámbito eclesiástico sino en el político y civil, por lo que parece con desconcertante evidencia que la iglesia profunda y el estado profundo no son otra cosa que dos rieles paralelos que van en una misma dirección y tienen por destino final el Nuevo Orden Mundial, con su religión y su profeta.

    Está claro que hay división, pero no por parte de los buenos católicos y los sacerdotes que siguen fieles a la doctrina de siempre, sino de los que han sustutido la ortodoxia por la herejía y el Santo Sacrificio por un banquete fraterno. Esta división no tiene nada de nuevo; se remonta a los años sesenta, cuando el espíritu del Concilio, la apertura al mundo y el diálogo interreligioso hicieron añicos dos mil años de catolicidad y revolucionaron todo el cuerpo de la Iglesia persiguiendo a los refractarios o poniéndoles obstáculos. Y sin embargo aquella división, que efectuaron llevando al interior de la Iglesia la confusión doctrinal y litúrgica, no parecía entonces tan lamentable. En cambio hoy, en plena apostasía, se considera paradójicamente causante de división a quien no pide la condena explícita del Concilio y el Novus Ordo, sino simplemente tolerancia para la Misa según el rito extraordinario en nombre del tan ensalzado pluralismo poliédrico.

    Es significativo que también en el mundo civil la tutela de las minorías sólo es válida cuando es útil para demoler la sociedad tradicional y se hace caso omiso de ella a la hora de garantizar los legítimos derechos de los ciudadanos honrados. Se ha hecho patente que so pretexto de la protección de las minorías lo que se quería era debilitar la mayoría de buenos, mientras que ahora que la mayoría está integrada por corruptos, se puede aplastar sin piedad a la minoría de buenos. La historia reciente está llena de instructivos ejemplos de ello.

    Naturaleza tiránica de los custodios de la Tradición

    A mi juicio resulta desconcertante, no tanto este o aquel punto del motu proprio sino la índole tiránica general, acompañada de una sustancial falsedad de los argumentos aducidos para justificar las decisiones impuestas. Del mismo modo que escandaliza el abuso de poder por parte de una autoridad cuya razón de ser no es impedir o limitar las gracias que la Iglesia distribuye a sus miembros, sino promoverlas; no quitar gloria a la majestad divina con un rito que hace guiños a los protestantes, sino celebrarlo de un modo perfecto; no sembrar errores doctrinales y morales, sino condenarlos y erradicarlos, también en esto, el paralelo con lo que sucede en la esfera civil es evidente: los que nos gobiernan abusan de su autoridad lo mismo que nuestros obispos, imponiendo normas y límites que vulneran los principios más elementales del derecho. Es más, suele suceder en ambos frentes que quien está constituido en autoridad se valga de un simple reconocimiento de facto por parte de la base (ciudadanos y fieles) aun cuando la forma en que ha conquistado el poder infringe, si no la letra, al menos el espíritu de la ley. El caso de Italia, donde un gobierno no elegido legisla sobre la obligación de vacunarse y el pasaporte sanitario, vulnerando con ello la Constitución y los derechos naturales de los italianos, no me parece muy diferente de la situación en que se encuentra la Iglesia, con un pontífice que dimite y es sustituido por Jorge Mario Bergoglio, elegido –o al menos sostenido y apoyado– por la mafia de San Galo y un episcopado ultraprogresista. Salta a la vista que hay una profunda crisis de autoridad, civil y religiosa, en la que quien ejerce el poder lo utiliza contra aquellos a quienes debía proteger, y sobre todo en contra del fin por el que se constituye toda autoridad.

    Analogía entre iglesia profunda y estado profundo

    Creo que ha quedado claro que la sociedad civil y la Iglesia padecen el mismo cáncer que la primera sufrió con la Revolución Francesa y la segunda con el Concilio. En ambos casos, el pensamiento masónico es la base de la demolición sistemática de la institución y sustitución por un sucedáneo que mantiene la apariencia externa, la estructura jerárquica y la fuerza coercitiva, pero con fines diametralmente opuestos a los que deberían tener.

    En este punto, los ciudadanos de un bando y los fieles del otro se encuentran en una situación en que tienen que desobedecer a la autoridad terrenal a fin de obedecer a la divina, que gobierna los estados y la Iglesia. Está claro que los reaccionarios (o sea, los que no aceptan la perversión de la autoridad y quieren ser fieles a la Iglesia de Cristo y a la Patria) constituyen un elemento disidente que no se puede tolerar en modo alguno y es preciso por tanto desacreditar, deslegitimizar, amenazar y privar de sus derechos en nombre de un bien público que ya no es el bien común, sino todo lo contrario. Hay que tildar de conspiracionistas, tradicionalistas, conspiranoicos o integristas a esos pocos supervivientes de un mundo que se quiere hacer desaparecer; son un peligro para el cumplimiento de nuestro plan mundial, precisamente en el momento más crucial de su implementación. Por eso reaccionan las autoridades de un modo casi indisimulado, descarado y violento: hay peligro de que cada vez sean más los que descubran las pruebas del fraude, formen una resistencia organizada y rompan el muro de silencio y de implacable censura impuesto por la corriente mayoritaria.

    Podemos, pues, entender la violenta reacción de las autoridades y prepararnos para hacer una oposición firme y determinada, mientras seguimos haciendo uso de los derechos que se nos niegan de forma abusiva e ilícita. Cierto es que podremos encontrarnos con que tengamos que ejercitar esos derechos de forma incompleta si se nos niega la posibilidad de viajar por no tener pasaporte sanitario o si el obispo prohíbe celebrar la Misa de siempre en una iglesia de su diócesis; pero nuestra resistencia a los abusos de la autoridad podrá contar no obstante con las gracias que el Señor no dejará de concedernos, en particular la virtud de la fortaleza, indispensable en tiempos de tiranía.

    La normalidad que asusta

    Si en un frente podemos ver que la persecución de los disidentes está bien planeada y organizada, en el otro no podemos menos que reconocer la fragmentación del adversario. Bergoglio sabe muy bien que es preciso callar al movimiento de disidencia fomentando ante todo divisiones internas y separando a los sacerdotes de los fieles. Una fructífera colaboración fraternal entre el clero diocesano, religiosos e institutos de Ecclesia Dei es una posilidad que conviene atajar, porque daría a conocer el rito antiguo, además de ser una ayuda valiosísima en el ministerio. Pero significaría que la Misa Tridentina se volvería algo normal en la vida diaria de los fieles, lo cual sería intolerable para Francisco. Por ese motivo, los sacerdotes diocesanos son dejados a la merced de los ordinarios, mientras que los institutos Ecclesia Dei son puestos bajo la autoridad de la Congregación para los Religiosos, como triste preludio de un destino ya dispuesto. No olvidemos lo que les ha pasado a florecientes órdenes religiosas, culpables de contar con la bendición de numerosas vocaciones y que se han propagado gracias a la odiada liturgia tradicional y la fiel observancia de la regla. Por eso ciertas formas de insistencia en el aspecto ceremonial de la celebración corren el riesgo de legitimar la disposición de medidas de supervisión y restricción y le hace el juego a Bergoglio.

    También en el mundo civil, precisamente al fomentar ciertos excesos por parte de los disidentes, quienes ostentan el poder los marginan y dan legitimidad a medidas represivas: por ejemplo, con los movimientos antivacunas, así como la facilidad con desacreditan las legítimas protestas de los ciudadanos, para lo cual resaltan la excentricidad y las incongruencias de unos pocos. Es facilísimo condenar a unos pocos exaltados que, exasperados, prenden fuego a un pabellón de vacunación mientras quitan visibilidad a millones de personas honradas que se manifiestan ordenadamente para que no las marquen con el pasaporte sanitario o las despidan del trabajo si no se vacunan.

    No podemos estar aislados y desorganizados

    Es igualmente importante para todos nosotros dar visibilidad a una propuesta coherente y coordinar sin falta la acción pública. La derogación de Summorum Pontificum nos lleva de vuelta a veinte años atrás. La infausta decisión bergogliana de abrogar el motu proprio del papa Benedicto está destinada a fracasar irremediablemente, porque afecta al alma misma de la Iglesia, de la que el Señor es Pontífice y Sumo Sacerdote. Y no es cierto que la totalidad del Episcopado –como estamos viendo con alivio– esté dispuesto a sufrir pasivamente formas de autoritarismo que no contribuyen nada a apaciguar los ánimos. En determinadas circunstancias, el Código de Derecho Canónico garantiza a los obispos la posibilidad de dispensar a sus fieles de leyes particulares y universales. En segundo lugar, el pueblo de Dios ha entendido bien el carácter subversivo de Traditionis custodes e instintivamente quiere saber qué es lo que causa semejante desaprobación por parte de los progresistas. No nos sorprendamos, pues, si en las iglesias en las que se celebra la Misa Tradicional nos encontramos con fieles procedentes de la vida parroquial ordinaria y hasta a personas que estaban alejadas de la Iglesia. Como ministros de Dios o como simple fieles, tendremos el deber de manifestar firmeza y serena resistencia ante semejantes abusos, padeciendo con actitud sobrenatural nuestro pequeño calvario de cada día mientras los nuevos sumos sacerdotes y los escribas del pueblo nos abofetean y nos acusan de fanáticos. La humildad, el ofrecimiento silencioso de las injusticias y el ejemplo de una vida coherente con el Credo que profesamos ameritarán el triunfo de la Misa católica y la conversión de numerosas almas. No olvidemos que por habérsenos dado mucho, mucho se nos pedirá.

    Restitutio ad integrum

    «¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Si pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si pide un huevo, le dará un escorpión?» (Lc.11,11-12) Ahora podemos entender el sentido de estas palabras, observando con dolor y con el corazón desgarrado el cinismo de un padre que nos da las piedras de una liturgia sin alma, las serpientes de una doctrina corrompida y los escorpiones de una moral adulterada. Y llega al punto de dividir la grey del Señor entre los que aceptan el Novus Ordo y los quieren seguir fieles a la Misa de nuestros padres, exactamente como los gobernantes oponen entre sí a vacunados y no vacunados.

    Cuando Nuestro Señor, sentado en un pollino entró en Jerusalén mientras la multitud extendía mantos a su paso, los fariseos le preguntaron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Pero el Señor les respondió: «Os digo, si estas gentes se callan, las piedras se pondrán a gritar» (Lc.19,39-40). Desde hace sesenta años gritan las piedras de nuestras iglesias, en las cuales se ha proscrito dos veces el Santo Sacrificio. Gritan los mármoles de los altares, las columnas de las basílicas y las bóvedas de las catedrales. Porque esas piedras, consagradas al culto del Dios verdadero, hoy están abandonadas y desiertas, o son profanadas en ritos nefandos, o transformadas en estacionamientos y supermercados, como consecuencia de ese Concilio que nos empeñamos en defender. Gritemos también nosotros, que somos piedras vivas del templo de Dios. Gritemos con confianza en el Señor para que devuelva la voz a sus discípulos, que hoy están mudos. Y para que se restituya el intolerable robo del que son culpables los propios administradores de la viña del Señor.

    Más para restituir lo robado, es preciso que nos mostremos dignos de los tesoros que se nos han robado. Procuremos hacerlo con santidad de vida, dando ejemplo de virtud, con oración y haciendo vida de sacramentos. No olvidemos tampoco que hay centenares de buenos sacerdotes que todavía saben en qué consiste la sagrada unción con que han sido ordenados ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. El Señor se digna descender sobre nuestros altares incluso cuando éstos se encuentran en sótanos y desvanes. Contrariis quibuslibet minime ostantibus [A pesar de los pesares].


    + Carlo Maria Viganò, arzobispo


    28 de julio de 2021
    Ss. Nazarii et Celsi Martyrum,
    Victoris I Papae et Martyris ac
    Innocentii I Papae et Confessoris

    https://adelantelafe.com/lapides-cla...ones-custodes/
    Última edición por Hyeronimus; 03/08/2021 a las 00:42

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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    «La liturgia no es un juguete de los papas; es patrimonio heredado de la Iglesia» Contundentes declaraciones sobre Traditionis custodes de monseñor Rob Mutsaerts


    Por RORATE CÆLI


    28/07/2021





    Rob Mutsaerts, obispo auxiliar de Bolduque (Países Bajos) ha publicado esta contundente declaración en su blog. El Papa ha pedido parresía, y está recibiendo una buena dosis de todo el mundo.


    Un malvado edicto del papa Francisco

    Monseñor Rob Mutsaerts
    Obispo auxiliar de Bolduque


    El papa promueve la sinodalidad: todos tienen que poder hablar, y hay que escucharlos a todos. No se puede decir que sea así con el motu proprioTraditionis custodes que acaba de publicar, tiránico decreto que ordena el cese inmediato de la Misa Tradicional. Con ello, Francisco tacha con gruesas líneas el texto de Summorum Pontificum, el motu proprio por el que Benedicto concedió amplias libertades a la Misa de siempre.

    Si Francisco se expresa de forma autoritaria sin consultar con nadie es señal de que está perdiendo autoridad. Ya había quedado claro cuando la Conferencia Episcopal Alemana hizo caso omiso de los consejos del Sumo Pontífice sobre la sinodalidad. Igualmente pasó en Estados Unidos cuando Francisco pidió a la conferencia de allí que no redactase un documento sobre la recepción digna de la Comunión. Pero ahora que hablamos de la Misa Tradicional, ¡el Papa debe de haber pensado que en este caso sería mejor dejarse de consejos y decretar una orden de ejecución!

    El lenguaje que emplea recuerda mucho a una declaración de guerra. Desde Pablo VI, todos los papas han dejado resquicios para la Misa de siempre. Cuando se efectuaban cambios en ese sentido, se trataba siempre de revisiones mínimas, como los indultos de 1984 y 1989. Juan Pablo II creía firmemente que los obispos debían ser generosos con las autorizaciones para celebrar la Misa Tridentina. Y Benedicto abrió la puerta de par en par conSummorum Pontificum: «Lo que antes era sagrado sigue siendo sagrado». Francisco, en cambio, da un portazo con Traditionis custodes. La sensación es de traición, y es una bofetada en la cara a sus predecesores.

    Por cierto, la Iglesia nunca ha abrogado ritos. Ni siquiera lo hizo en Trento. Francisco rompe de un plumazo con la Tradición. Su motu proprio contiene de forma concisa y tajante algunas propuestas y órdenes. Lo explica con más detalle en una declaración más extensa adjunta al documento. Declaración que contiene bastantes inexactitudes. Entre otras, afirma que después del Concilio Pablo VI hizo lo mismo que San Pío V después de Trento. Nada podía estar más lejos de la verdad. Recordemos que antes de Trento circulaban bastantes manuscritos y las liturgias locales proliferaban como hongos. Era un caos.

    En Trento se quiso recuperar ritos, eliminar inexactitudes y verificar la ortodoxia de los ritos existentes. Aquel concilio no se ocupó de reescribir las rúbricas ni añadió nada: ni oraciones eucarísticas, ni leccionarios ni calendarios nuevos. De lo que se trató fue de garantizar una continuidad orgánica ininterrumpida. El Misal de 1570 remite al de 1474, y éste a su vez a otros hasta el siglo IV. A partir del siglo IV hubo continuidad. Después del siglo XV, hay cuatro siglos más de continuidad. De vez en cuando se introducían como mucho unas leves alteraciones; se añadía una festividad, una conmemoración o una rúbrica.

    En el documento conciliar Sacrosanctum Concilium el Concilio pidió reformas litúrgicas. En su conjunto, es un documento conservador. Se conservaba el latín, y el canto gregoriano mantenía el lugar que legítimamente le corresponde en la liturgia. Pero lo que pasó después del Concilio no tiene nada que ver con los textos conciliares. El infame espíritu del Concilio no aparece en los documentos del Concilio. Apenas el 17% de las oraciones del Misal de Trento siguen intactas en el de Pablo VI. Difícilmente se puede hablar de continuidad o de desarrollo orgánico. Benedicto lo reconoció, y por eso hizo tantas concesiones a la Misa de siempre. Y hasta llegó a decir que no hacía falta que nadie le pidiera autorización («lo que antes era sagrado sigue siendo sagrado»).

    Ahora el papa Francisco quiere hacer creer que su motu proprio es parte del desarrollo orgánico de la Iglesia, pero la realidad lo contradice totalmente. Al hacer poco menos que imposible la celebración de la Misa en latín, rompe de una vez con la tradición litúrgica milenaria de la Iglesia Católica Romana. La liturgia no es un juguete de los papas; es patrimonio heredado de la Iglesia. La Misa de siempre no es cuestión de nostalgia o de gusto. El Papa tiene que ser custodio de la Tradición; es un jardinero, no un inventor. El derecho canónico es algo más que la ley positiva; existen también el derecho natural y el derecho divino. Más aún, existe igualmente la Tradición, y no se la puede dejar de lado así como así.

    Lo que ha hecho el papa Francisco no tiene nada que ver con la evangelización, y menos aún con la misericordia. Se trata más bien de ideología.

    Vaya usted a cualquier parroquia donde se celebre la Misa de siempre y, ¿con qué se encuentra? Con personas que simplemente quieren ser católicas. No suelen meterse en disputas teológicas ni se oponen al Concilio (aunque sí a la manera en que se puso en práctica). Les encanta la Misa en latín por su sacralidad, su trascendencia, el carácter central que ocupa la salvación de las almas, y la dignidad de la liturgia. Se ven familias numerosas. El que llega se siente acogido. Y apenas se celebra en unos pocos lugares. ¿Qué interés tiene el Papa en quitarle eso a la gente? Repito lo que dije más arriba: es ideología: o se acepta el Concilio –incluida su puesta en práctica, con tantas aberraciones–, ¡o nada! Son un grupo relativamente pequeño de fieles (por cierto, un número que va en aumento, mientras el Novus Ordo está en decadencia) que se sienten a gusto con la liturgia tradicional, y hay que acabar con ellos. Eso es ideología y es maldad.

    Si realmente se quiere evangelizar, si de verdad se quiere tener misericordia, apoyar a las familias, católicas, se honra la Misa Tradicional. A partir de la fecha de promulgación del motu proprio no se podrá celebrar la Misa de siempre en parroquias (¿dónde si no?); hay que pedir permiso al obispo, el cual es posible que sólo lo conceda para ciertos días; y en el caso de los sacerdotes que se ordenen más adelante y quieran celebrar la Misa de siempre, el obispo habrá de pedir orientación a Roma. ¿Se puede ser más dictador, menos pastor, más inmisericorde?

    En el artículo 1 de su motu proprio, Francisco dice que el Novus Ordo (la Misa actual) es »la única expresión de la lex orandi del Rito Romano». O sea, que ya no distingue entre el rito ordinario (el de Pablo VI) y el extraordinario (la Misa Tridentina). Siempre se había dicho que ambos son expresión de la Lex orandi, no sólo el Novus Ordo. Una vez más, ¡la Misa de siempre nunca fue abolida! No veo que Bergoglio hable nunca de los numerosos abusos litúrgicos que se dan en infinidad de parroquias por todo el mundo. Todos es posible en las parroquias… menos la Misa Tridentina. Todas las armas entran en acción para erradicar la Misa de siempre.

    ¿Por qué? Por Dios, pero ¿por qué? ¿A qué viene esta obsesión de Francisco por borrar del mapa a ese pequeño grupo de tradicionalistas? El Papa debería ser el guardián de la Tradición, no su carcelero. Amoris laetitia se distinguía por su vaguedad, pero Traditionis custodes es una innegable declaración de guerra.

    Sospecho que a Francisco le va a salir el tiro por la culata con este motu proprio. Será muy positivo para la Fraternidad San Pío X. Nunca habrían podido imaginar el favor tan grande que les iba a hacer el papa Francisco…



    https://adelantelafe.com/la-liturgia...rob-mutsaerts/


    Última edición por Hyeronimus; 03/08/2021 a las 00:50

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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

    Monseñor Viganò a los sacerdotes: Celebrar en el rito antiguo nunca es una desobediencia.




    Maike Hickson

    5 de agosto de 2021

    (LifeSiteNews) — En respuesta a una pregunta de LifeSiteNews (ver texto completo más abajo), monseñor Carlo Maria Viganò insiste en que los sacerdotes tienen perfecto derecho a celebrar la Misa Tridentina, y añade que en ocasiones podrán seguir haciéndolo clandestinamente. Eso sí, lo propio de los santos sería –dice– expresar públicamente su desacuerdo y hasta desobedecer si su obispo les prohíbe seguir celebrando la Misa Tradicional. Al dar esta respuesta, el arzobispo Viganò se comporta como un pastor que trata de ayudar a sus sacerdotes y fieles en una situación muy difícil.

    El pasado 2 de agosto monseñor Carlo Maria Viganò publicó un video y una declaración en respuesta al motu proprioTraditionis custodes promulgado por el papa Francisco el pasado 16 de julio con vistas a prohibir la Misa Tridentina o Misa en latín, tal como se ha celebrado durante siglos. En su respuesta, el prelado italiano señaló que este papa se muestra más como un pontífice anticatólico que se propone socavar la Fe en vez de fomentarla.

    «Precisamente en el momento en que Bergoglio reconoce a los obispos como custodios de la Tradición, les pide que supriman la más elevada y sagrada expresión orante», escribe Viganò.

    Deja claro que la Misa Tridentina es superior como rito al Novus Ordo, y afirma que dichos ritos representan dos iglesias diferentes entre sí, negando con ello la continuidad entre la Iglesia de antes y la de después del Concilio. «Francisco ha desmentido una vez más la piadosa ilusión de la hermenéutica de la continuidad al afirmar que la coexistencia entre el Vetus y el Novus Ordo es imposible porque son expresiones respectivas de dos posturas doctrinales y eclesiológicas irreconciliables», afirma el arzobispo italiano.

    Esta respuesta podría ser de mucha utilidad para algunos sacerdotes de muchos países, sobre todo teniendo en cuenta la información recibida recientemente por LifeSiteNews de varias fuentes vaticanas. Como se verá en un informe que publicaremos próximamente, varios observadores y especialistas dan por sentado que dentro de poco el papa Francisco se servirá de una red de espionaje, y en particular del cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, a fin de presionar a los obispos de todo el mundo para que acaten el nuevo motu proprio. En vista de esta posibilidad, los sacerdotes y los fieles harían bien en pensarse bien qué hacer en esta situación.




    Respuesta completa de monseñor Viganò:



    5 de agosto de 2021
    Festividad de N.S. de las Nieves


    Estimada Maike:

    En respuesta a su solicitud de aclaración le envío algunas consideraciones que espero le dejen más claro lo que pienso al respecto. Esta es la frase de referencia: «Como ministros de Dios o como simple fieles, tendremos el deber de manifestar firmeza y serena resistencia ante semejantes abusos, padeciendo con actitud sobrenatural nuestro pequeño calvario de cada día mientras los nuevos sumos sacerdotes y los escribas del pueblo nos abofetean y nos acusan de fanáticos. La humildad, el ofrecimiento silencioso de las injusticias y el ejemplo de una vida coherente con el Credo que profesamos ameritarán el triunfo de la Misa católica y la conversión de numerosas almas».

    Me pregunta: «¿Qué harán los sacerdotes y los fieles cuando los obispos les impongan prohibiciones? ¿Dirán misas clandestinas, o romperán públicamente con sus prelados, desobedeciendo públicamente?» Para empezar, permítame que le diga que ningún sacerdote que siga celebrando la Misa de San Pío V comete el menor acto de desobediencia. Todo lo contrario: ejerce un derecho sancionado por Dios que ni el mismo Papa puede abrogar. Cualquiera que tenga potestad para celebrar el Santo Sacrificio tiene derecho a celebrar según el rito de siempre, como proclamó San Pío V en la constitución apostólica Quo primum al promulgar la liturgia tridentina. Lo reiteró el motu proprio Summorum Pontificum como algo indiscutible. Quien contravenga dicha disposición debe saber «que ha incurrido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo» (Quo primum).

    Evidentemente, la reacción a toda limitación o prohibición de la Misa Tradicional debe tener en cuenta tanto los elementos objetivos como las diversas situaciones: si el ordinario de un sacerdote es enemigo acérrimo del rito de siempre y no vacila en suspenderlo a divinis por celebrar la Misa Tridentina, la desobediencia pública puede ser una manera de dar a conocer claramente que el Obispo ha cometido un abuso, y más si la noticia se divulga en los medios de difusión: los prelados tienen mucho miedo de lo que diga la prensa de ellos, y en algunos casos prefieren abstenerse de tomar medidas canónicas para no salir en el periódico. Por eso, los sacerdotes deberán estudiar qué será más eficaz, una confrontación franca y directa o una actuación discreta y clandestina. En mi opinión, la primera opción es la más directa y transparente, así como la que más se ajusta a la conducta de santos que debemos observar.

    Está claro que también habrá ordinarios comprensivos que permitan a sus sacerdotes celebrar según el rito tridentino. Desde luego es importante sincerarse con el Obispo cuando se sabe que éste es un padre y no un funcionario. Desgraciadamente, sabemos que la mayoría de las veces es una cuestión de tolerancia y que casi nunca tratan de fomentar la vía de la Tradición. Ahora bien, en algunos casos, invitar al propio obispo a que él mismo celebre la Misa de San Pío V puede ser un modo de hacerle entender, tocando las fibras sensibles de su corazón y su alma sacerdotal, cuáles son los tesoros reservados a los ministros de Dios que tienen oportunidad de celebrar el Santo Sacrificio según el rito de los Apóstoles. Cuando sucede ese milagro, el Obispo se convierte en aliado de sus sacerdotes, porque además de los aspectos intelectual y racional que hacen preferible la Misa Tradicional, experimentará por él mismo su dimensión espiritual y sobrenatural y verá cómo influye en la vida de Gracia de quienes la celebran.

    Espero haberle aclarado los detalles que no llegué a tratar en mi conferencia.

    https://www.lifesitenews.com/blogs/a...onis-custodes/


    https://www.marcotosatti.com/2021/08...-nunca-es-una-


  8. #28
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    Re: URGENTE: publicado el Motu Proprio Anti-Summorum

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    Última edición por Hyeronimus; 15/08/2021 a las 21:54
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

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