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Tema: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolicismo

  1. #61
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    "Un poco de discreción a “Ya” (diario episcopal)"


    59
    Revista FUERZA NUEVA, nº 522, 8-Ene-1977

    Un poco de discreción al diario “Ya”

    Incurriendo una vez más en torpeza mayúscula, que desmiente el epíteto confesional de que abusa el diario madrileño de la Editorial Católica, publicaba “Ya” el domingo día 26 de diciembre -domingo, que es el día de su mayor tirada, para darle mayor difusión, y 26, en plenas fiestas religiosas de paz navideña-, un venenoso editorial titulado “Un poco de respeto”.

    Decimos “torpeza mayúscula” y venenosa o malintencionada, porque comenzaba pontificando inapelablemente: “Tomamos un ejemplo de actitud irrespetuosa, fácilmente verificable y ante la que no parece correcto que guardemos silencio. Insinuar que el presidente de la Conferencia Episcopal Española (Tarancón) podría ser el “cáncer” de nuestra Iglesia, plantear irónicamente la duda de si “creerá en el Espíritu Santo”, señalar una contradicción entre “esa parte de la Iglesia española (que parece llevar hacia una Europa laica, marxista, sin Dios, y hacía una España liberal, marxista” (…) en la que se dé rienda suelta a todas las pasiones, como la ambición desmedida, la envidia, el rencor, el odio y el deseo de venganza”) y “la” Iglesia española (de la que parecen estar ausentes el cardenal de Madrid y los obispos que con él colaboran) no es postura justificable desde ningún punto de vista, ni siquiera del de un lenguaje que dijere bien en labios católicos y religiosos”.

    Ligereza del diario “Ya”, cazador de herejes

    Si los oficiosos y diligentes pensadores e inquisidores inapelables del diario “Ya” -órgano de la Iglesia liberal- hubieran puesto toda su diligencia, discreción y prudencia en preguntar al autor de aquellas proposiciones condenados por “Ya”, primero, si eran auténticos y, segundo, si estaban destinadas a la publicidad, nosotros podríamos creer en la buena fe de “Ya” y no podríamos alegar en él torpeza y voluntad de condenar enseguida al maniqueo. Porque lo cierto es que el religioso que estima que el “cardenal Tarancón podrá ser, a mi humildísimo juicio, el cáncer, no el alma de la Iglesia española”, escribió esta carta no al director de un diario madrileño para su publicación, sino a un redactor del mismo diario y a título privado. La responsabilidad, pues, de que se hayan dicho en público hipotéticamente -no apodícticamente, como sentencia “Ya”- esas apreciaciones, compete, pues, no a este religioso, sino a quien haya ordenado la inserción en letras de molde. Si existe actitud irrespetuosa y “Ya” la toma como ejemplo, sépase que a quien “Ya” incrimina indirectamente es a un diario matutino madrileño, a un colega suyo, a unos periodistas, mucho más que al religioso, el cual, en su fuero interno, tiene derecho a pensar en conciencia lo que quiera (pues “de lo interno no juzga, no puede juzgar ni siquiera la Iglesia”, mucho menos el diario “Ya”), sin que sea gravísima falta el escribir, en una misiva privada, que el cardenal “podrá ser” (no que es) “el cáncer”, puesto que todos sabemos que el alma de la Iglesia española no es él, sino el Espíritu Santo.

    El “Ya” no se rasgó las vestiduras por la carta del padre Llanos

    Es tanto más extraño que “Ya” se haya rasgado las vestiduras por esa carta dada indebidamente a la publicidad, cuanto que no se las rasgó cuando corrió de mano en mano, haciéndose igualmente pública, la carta que contra el cardenal escribiera el asiduo colaborador y mercenario del diario “Ya” José María de Llanos, religioso jesuita a quién le permite el cardenal Tarancón el ministerio pastoral, a despecho de su militancia en las Comisiones Obreras, públicamente dirigidas por el Partido Comunista de España. La carta del padre Llanos al cardenal Tarancón contenía lindezas afirmadas categórica e injuriosamente contra la misma jerarquía eclesiástica.

    En esto de tener dos pesos y dos medidas (una para el religioso que ahora pone en la picota y otra para el jesuita), tampoco puede presentarse “Ya” tan puro como para “arrojar la primera piedra” contra el pecador aparentemente público.

    Las cartas al cardenal Tarancón

    De los juicios que merece a una parte de la Iglesia española el cardenal, él debe ser bien consciente. Yo sé de personas que le han escrito cartas verdaderamente tremendas y tengo la fundada convicción de que hay muchos españoles que se sienten en comunión con la Iglesia de siempre, con la que dio en España, en nuestros días, obispos, sacerdotes, religiosos y seglares para el martirio, y, por lo mismo, no se sienten en comunión con el cardenal Tarancón, aunque se sientan en comunión con las enseñanzas de Pablo VI y del magisterio oficial de la Iglesia en lo que tienen de infalible, conforme al adagio aceptado en la Iglesia, inspirado en San Agustín, que reza así: “en lo dudoso, libertad”. Después de todo, como decía Chesterton, al católico se le exige que cuando entra en la Iglesia se quita el sombrero, pero no la cabeza” no la conciencia.

    Las cartas del cardenal Tarancón no comulgan con Pablo VI

    La Iglesia no empieza ni acaba en el cardenal Tarancón: hay obispos, hay sacerdotes y hay seglares en la España de hoy que no están en plena comunión con el cardenal Tarancón. Y lo que enseña y a hace el cardenal Tarancón tampoco es seguro que esté siempre en comunión con Pablo VI.

    Las “Cartas cristianas” del cardenal Tarancón no son católicas, es decir, nada tienen de común con los temas, preocupaciones y enseñanzas del Nuevo Testamento. El cardenal Tarancón no cita jamás un pasaje evangélico ni se apoya literal y rigurosamente en ningún texto del Vaticano II ni habla de los asuntos de que habla a diario Pablo VI ni enriquece, como Pablo VI, su magisterio con apelaciones a la Sagrada Escritura, a los Padres, a los doctores de la Iglesia, etc. El cardenal Tarancón no tiene palabras de vida eterna, de valor eterno, sus palabras son de valor contingente, de vida temporal, son acomodaticias, secularistas o abstractas. Y ello, de tal manera que si los fieles de Madrid no tuviéramos otro magisterio que el del cardenal Tarancón, podríamos aseverar que la Iglesia es superflua en cuanto meramente humana y descristianizadora. El cardenal, que antes de ser arzobispo de Madrid escribía valiosas cartas pastorales, ahora nos dirige “Cartas cristianas”, como quien tiene y esgrime razones y como quien no tiene fe, como quien careciera de fe y considerase que las luces de la fe son menos valiosas que las lumbres de la razón.

    La Iglesia del cardenal Tarancón, en ruptura

    No es eso solo. Alentado por las exhortaciones del episcopado español y por el cardenal Tarancón, su vicario episcopal Jaime García Escudero ha organizado en un local eclesiástico una reunión para que el subdirector de “Ya”, Luis Apostua, nos aleccionara de cara al referéndum. Como cualquier sujeto, Apostua fue subjetivo, partidista, y ni él ni el vicario episcopal quisieron que allí se expusiera la doctrina oficial de la Iglesia sobre el Estado, que debían conocer los católicos que iban a votar en dicho referéndum. Y como el vicario dispusiera que la doctrina del magisterio oficial de la Iglesia fuese allí reprimida u ocultada y censurada, para que sólo quedase dominando la doctrina de Apostua, yo pregunté al vicario episcopal:

    -¿Acaso usted no está en comunión con la Iglesia de San Pío X, la cual, al canonizarlo, ha canonizado la tesis de que el Estado no debe basarse en el sufragio universal, en la soberanía del pueblo?

    Como el vicario episcopal me respondiera que él no estaba en comunión con esa Iglesia, yo tengo derecho a pensar que, una de dos, o bien el cardenal Tarancón tiene a su lado un vicario que no está en comunión con el magisterio oficial de la Iglesia y con el cardenal Tarancón, o bien el cardenal Tarancón y su vicario no están en comunión efectiva con la Iglesia católica de siempre.

    El cardenal de la Iglesia progresista

    No es sólo que el cardenal no enseña lo que enseña. Pablo VI ni se basa en las fuentes en que se nutre Pablo VI, ni trae a colación todo cuanto se contiene en la divina Revelación tocante a la vida social, económica y política. Es que cuando sabe que la mayoría de sus fieles no comulgan ni quieren comulgar en la mano, él demanda a Roma autorización para introducir esa corruptela, porque la solicita la minoría. Y, sin embargo, no es igualmente respetuoso para con los deseos de las minorías o mayorías madrileñas apegadas a la tradición y usos de la Iglesia española.

    Cuando de Roma viene el recordatorio de que los clérigos no deben usar del traje seglar, el cardenal Tarancón hace la vista gorda ante los abusos manifiestos de sus sacerdotes, fuera y dentro del templo, en materia de indumentaria.

    Hace más de un año, el canónigo lectoral de Madrid don Salvador Muñoz Iglesias leyó un informe en la parroquia de San Jerónimo el Real, de Madrid. (ver: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolicismo), en presencia del cardenal Tarancón y de unos trescientos sacerdotes madrileños que subrayaron con su aplauso la veracidad de este informe, denunciando los abusos, las corruptelas, las desviaciones doctrinales, la indisciplina canónica, litúrgica y moral que afectaba a muchos clérigos de Madrid. Hasta tal punto el informe era impresionante, que el cardenal admitió que “debería dimitir”, como reconocimiento de su ineficacia, de su falta de celo, de su incompetencia o de su complicidad.

    El cardenal Tarancón no cumple con su deber y función episcopal

    Pues bien, ¿qué remedios se han adoptado? ¿Qué sanciones se han impuesto? ¿Qué vigilancia se ha establecido? Nada se sabe.

    Lo único que se sabe es que hace caso omiso a las demandas justas, a las peticiones respetuosas, a las llamadas a su celo pastoral, para que, sobre la infinidad de homilías y de artículos y libros o manifestaciones más o menos heterodoxas hechas por clérigos y laicos en su diócesis, opere oficial y magisterialmente el debido discernimiento, cumpliendo así con sus deberes canónicos y ateniéndose a las obligaciones que le incumben según el “Directorio pastoral para los obispos”, editado por la Sede Apostólica para actualizar y definir en concreto el ministerio episcopal tras el Vaticano II.

    El cardenal Tarancón no quiere cumplir con su deber de custodiar la fe, de hacernos conocer si está conforme con la doctrina católica lo que escriben o predican sacerdotes como los padres Llanos, Diez-Alegría, Gamo, Jiménez de Parga, Lois, Álvarez Bolado, Caffarena, González Ruiz, Hernando, Ortega, Unciti, Iribarren, Pelayo, Pérez de Urbina, Cardedal, Sebastián, Calvo, Aradillas, Lorente, Martín Descalzo, etcétera, y laicos como Miret, Maté, Fierro, Aguirre, Ruiz-Giménez, Jiménez Lozano, Aranguren, Gomis, etcétera.

    No sabemos a qué Iglesia pertenecemos

    Entonces, como él ha reconocido públicamente que existen hondas divisiones en la Iglesia española, y sabemos que consiente en Vallecas una Iglesia proletaria, que casi nada tiene en común con la Iglesia burguesa del centro de Madrid, ni con la Iglesia paralela, subterránea y del pueblo, que se reúne no se sabe cómo ni cuándo, no podemos ya saber a ciencia cierta qué españoles pertenecemos a la Iglesia del cardenal Tarancón, ni cuántos a las otras iglesias, ni si la Iglesia que sigue ciegamente al cardenal Tarancón tiene más de común con la Iglesia reformada por Lutero y demás heresiarcas o con la Iglesia liberal que quiso Lamennais o con la Iglesia modernista que quisieron Loisy, Laberthonniere o Tyrrell, o con la Iglesia marxista, querida por Diez-Alegría, por Gamo, por Llanos, por los “cristianos para el socialismo” que no osa condenar la Conferencia Episcopal Española ni la Iglesia que, de alguna manera, preside el cardenal Tarancón, desde la Asamblea Conjunta (1971), eclosión del “cáncer” que no pudo homologar oficial y abiertamente Pablo VI, ni sanar drásticamente.

    Después de todo, como Pablo VI no quiere efectuar inequívocamente el discernimiento de espíritus ni ejercitar su carisma de infalibilidad en los términos en que debe ejercerse, no podemos saber, no sabemos qué es lo que “en la línea de acción de los obispos españoles” hay del Espíritu Santo y qué otra cosa hay de aberraciones del espíritu no santo, humano, de nuestros obispos.

    Eulogio RAMIREZ


    Última edición por ALACRAN; 14/02/2022 a las 13:03
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  2. #62
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Para hacer un guiño a la oposición izquierdista abstencionista en el referéndum para la Reforma política de A. Suárez, la Iglesia taranconiana decreta ser legal y moralmente lícita la abstención que dicha oposición postulaba.

    60



    Revista FUERZA NUEVA, nº 524, 22
    -Ene-1977


    “REFLEXIONES SOBRE EL REFERENDUM Y PARA DESPUÉS DEL REFERENDUM”

    Extracto del discurso pronunciado por Blas Piñar, el 13 de enero de 1977, en el aula de conferencias de FUERZA NUEVA, en Madrid.

    (…) En estas condiciones se hacen los preparativos para cumplir un nuevo trámite de la reforma: el referéndum. Luego de ciertas vacilaciones, se fija la fecha del 15 de diciembre de 1976 para su celebración.

    Ante la pregunta formulada al cuerpo electoral, ¿aprueba o no aprueba usted el proyecto de ley de reforma política?, cabían, teóricamente, muchas posturas: la afirmativa, la negativa, la neutra y la abstencionista. (…)

    Parecía evidente que el Gobierno rechazase, partiendo de sus propósitos democratizadores, la postura abstencionista, sobre todo cuando con ella se pretendía capitalizar un supuesto estado de opinión refractario a la reforma, por ser partidario claramente de la ruptura.

    Planteado así, dialécticamente, el tema de la abstención, la misma, a la hora del referéndum, no podía interpretarse como fruto de la desgana o de la indiferencia, sino -en frase de los que lo defendieron- como una abstención activa, como una votación computable de signo contrario a lo que el Gobierno pretendía.

    Postura de la Iglesia

    Quizá por eso, quienes asumen en este período difícil la dirección de la Iglesia, concordes con su postura de adaptación al medio, aunque ello no esté en comunión con la doctrina, manifestaron públicamente, y con el peso de su autoridad espiritual, que el propósito del Gobierno de combatir la abstención era antidemocrático y contradictorio. La abstención, diría en síntesis quien habló en nombre de la Iglesia, no es lícita cuando supone el incumplimiento de un deber ciudadano, pero es lícita, y nada cabe argüir contra ella ni contra la propaganda que la estimula, cuando es precisamente el deber ciudadano el que se cumple por medio de la abstención beligerante y activa.

    De este modo, la campaña inicial del Gobierno contra la propaganda de la abstención, fue paralizada en seco. Los abstencionistas coligados en la oposición al franquismo, marxistas ateos en su inmensa mayoría, encontraron así en la Iglesia sus más ardientes paladines. Y el Gobierno, dando una prueba de debilidad, entre tantas, contempló sin ruborizarse cómo ciudades y pueblos se plagaron de pintadas y carteles, con la hoz y el martillo, pidiendo la abstención ante el referéndum.

    A partir de esta concesión a la Iglesia y a la política abstencionista de la oposición ilegal, aunque mimada con creces, la propaganda oficial, que en su programación de partida urgía el voto pero no su signo, varió de muestra. A la neutralidad democrática siguió una actitud rabiosamente encaminada a la consecución del “Sí”. Un “Sí” a toda costa y a cualquier precio. El marxismo y sus cómplices se sonrieron abiertamente: la abstención era lícita y podía argumentarse públicamente a su favor; y el Gobierno, con todo lo que suponen los medios que maneja, sacaría -porque el asunto y el compromiso eran suyos- un “Sí” en el que el propio Gobierno podría apoyarse para pactar con los enemigos del sistema franquista y acceder, en todo o en gran parte, a sus pretensiones.

    Me parece que a Fernando VII no se le podían poner mejor las bolas sobre el paño verde de la mesa de billar. (…)


    .

    Discurso completo aquí:
    Discursos de Blas Piñar (durante y contra la "transición")




    Última edición por ALACRAN; 14/02/2022 a las 13:20
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    "Conjura contra la trascendencia"

    61


    Revista FUERZA NUEVA, nº 526, 5-Feb-1977

    NOTAS DE ACTUALIDAD

    (…) El presidente de la Conferencia Episcopal (Tarancón) ha aparecido fotografiado, e incluso fotogénicamente en la TVE, vistiendo el “clergyman”, lo cual le daba una apariencia de pastor protestante que acaso no le habrá desagradado (…)

    CONJURA CONTRA LA TRASCENDENCIA

    La parroquia y “comunidad parroquial” de la Ciudad Universitaria (Madrid) han organizado un ciclo de conferencias sobre “Fe e ideología”, dirigido por el profesor Aranguren, quien en otros tiempos nos edificaba describiendo los arrobos místicos con que su fe salía enriquecida de unos ejercicios espirituales, y por los dos párrocos de aquella comunidad. Entre los conferenciantes figuran, además de Aranguren -los párrocos, por lo visto, no disponen de la capacidad tecnológica suficiente para pastorear el ciclo, y por eso se limitan a “dirigirlo”-, Garaudy, Giulio Girardi, Marcuse, Helder Cámara y Hans Küng.

    Como se ve, la selección está concienzudamente preparada, pues en ella está la plana mayor de las figuras desviacionistas y disidentes del catolicismo, que aspiran a destruir en su sentido trascendente y convertirlo en una ideología más, producto de laboratorio intelectual. En la selección figuran los dos apóstoles de la rebelión de los instintos. Marcuse, el viejo caduco, dinamitero de la ética y el derecho natural, que es el principal inspirador de la actual subversión juvenil y universitaria y del esfuerzo para sepultar al hombre y a la sociedad en el limo zoológico del instinto erótico y la patología sexual. Fromm, colaborador en el pansexualismo desde la vertiente del psicoanálisis -las desviaciones extra científicas del cual ha puesto en la picota López Ibor-; Garaudy, el converso; Küng, el escéptico disidente de básicos principios católicos, y Helder Cámara, el corifeo rojo.

    Pero los organizadores del ciclo se han olvidado de tres “grandes teólogos” españoles: del ex padre Díez Alegría, el “enfant terrible” de la nueva teología acatólica-marxista; a Miret Magdalena, buen émulo suyo en esta tristísima tarea, y del señor Garrigues, el ex ministro, “teólogo” de la Democracia Cristiana, que primeramente puso en libertad facilitándoles que pudieran -teóricamente- cumplir su condena en un lugar eclesiástico, a los clérigos de la cárcel de Zamora, algunos de ellos con cincuenta años de condena, que es un caso único de liberación sin previo indulto ni amnistía, y ahora aparece como justificador del divorcio a través del matrimonio civil, en el número que la revista “Ecclesia”, órgano de la Acción Católica personal de Tarancón, ha publicado con el fin de ambientar favorablemente el movimiento en favor del divorcio “iluminando proféticamente” a este fin a los católicos por medio del oportuno lavado de cerebro.

    Son millonarias las cifras que supone costear el ciclo. Los párrocos advierten y se envanecen de ello, que “todos los gastos han sido cubiertos por la parroquia”. Es sorprendente la abundancia extraordinaria de recursos de que disponen las comunidades de base, los movimientos “apostólicos”, la actuación, campañas, propaganda, jornadas, revistas eclesiales boyantes, “experiencias”, editoriales, etc., de esa especie de internacional de la demolición católica que es el progresismo.

    Carmelo VIÑAS Y MEY
    Última edición por ALACRAN; 08/03/2022 a las 12:48
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Ante las inminentes primeras elecciones democráticas, los obispos se lavaban las manos para permitir a los católicos votar partidos "según su conciencia" (o sea, también a comunistas)

    62

    Revista FUERZA NUEVA, nº 528, 19-Feb-1977

    ¿A quién votamos?

    Ya no necesitamos indicios, más o menos ciertos, para saber la línea política que hoy, en su mayor parte, sigue la Conferencia Episcopal Española.

    Lo hemos leído en el informe completo titulado “Nota sobre la participación política”, difundido a toda España por la totalidad de obispos en común acuerdo. ¿Qué dicen en ella? ¿Que nos abstengamos de votar al COMUNISMO, así, con mayúsculas, para llamar a las cosas por su nombre? ¿Que no votemos al LIBERALISMO DEMOCRÁTICO condenado por los Papas, sobre todo por San Pío X, que es puerta, antesala y camino para el comunismo sin cuya puerta no le es posible a éste entrar, y que encierra en sí todos los males? ¿Nos han dicho, acaso, que busquemos aquel partido que defiende la fe católica, los derechos de Dios y, con ellos, los derechos del hombre, puesto que estos dos conceptos van juntos y no pueden darse los unos sin los otros?

    No; lo dejan a “nuestra conciencia”.

    ¡Vaya por Dios! Entonces, ¿todas las conciencias son buenas? La estrecha, ancha, laxa, recta, etc. ¿todas valen para discernir materia tan delicada? En este caso sobran, pues, los guías, de los que dijo el Señor: “Id por todo el mundo y predicad a todas las gentes...”. Esto es: instruid a todos. “El que creyere y se bautizare, se salvará”.

    Señores obispos, de una vez por todas: ¿A quién hemos de votar, ya que ustedes nos obligan? ¿Al comunismo? ¿Al socialismo? ¿Al socialismo de centro? ¿Al centro izquierda? ¿Al centro derecha? ¿A la derecha, derecha de Dios?

    ¿A quién hemos que votar para que Dios sea glorificado y se salven las almas?

    Dicen ustedes: “Nadie debe pretender que su opción política es la única válida según el Evangelio”. De este modo, nadie tendrá la verdad, porque la verdad sólo es una, y si nadie debe creer que él la posee, ¿dónde está la verdad?

    De lo cual se deduce que nuestros (¿?) obispos ni la conocen, ni saben dónde está; pues, de lo contrario, como su misión es enseñar y guiarnos al buen camino, nos lo mostrarían a las ovejas a ellos encomendadas.

    ¡Ya no son luz del mundo, sino tinieblas!

    F. P.
    Última edición por ALACRAN; 08/03/2022 a las 13:13
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    … Sobre un sorprendente lapsus de Pablo VI que acabó su discurso a Juan Carlos con un “¡Arriba España!”, durante su recepción en el Vaticano. Escrito con finísima ironía.

    63

    Revista FUERZA NUEVA, nº 528, 19-Feb-1977

    LA INFLUENCIA DEL ESPÍRITU SANTO

    Nuestros castos oídos se han visto gratamente impresionados por el hispánico grito de ¡Arriba España! en labios del Vicario de Cristo, Pablo VI. Eso se llama rectificar a tiempo, influido por el Espíritu Santo, que le ha inspirado rectamente. Estamos seguros de que Sus Majestades los Reyes habrán vibrado de emoción, identificados con el que fue gentilhombre de cámara de su augusto abuelo don Alfonso XIII, don José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Orbaneja y Suárez de Argudín, Sobremonte, Pérez de Grandallana, Ramírez de Arellano, etc., marqués de Estella, grande de España, caballero de la Orden Militar de Santiago y creador del ¡Arriba España!

    Nos imaginamos que su eminencia reverendísima el cardenal don Vicente Enrique y Tarancón habrá sentido afluir las lágrimas a sus ojos y a las de sus más íntimos colaboradores, él, que tan falangista era siendo obispo de Sigüenza antes del Concilio. La Iglesia española ya decía yo que estaba más calmada últimamente; tan calmada, que a este paso instaura el nacionalcatolicismo, siguiendo las doctas órdenes de nuestro venerado Santo Padre.

    España es un país eminentemente católico, y si el Papa dice ¡Arriba España!, habrá que volver a levantar el brazo en los Consejos de Ministros, cosa que el último ministro secretario general del Movimiento, don Adolfo Suárez González, le parecerá estupendamente.

    Si el Papa se ha hecho de Falange, en España empieza a amanecer.

    ¡Viva el Papa! ¡Loor eterno y reverencia a la tercera persona de la Santísima Trinidad!

    Lástima que los infiltrados de TVE, en la segunda “pasada” del discurso papal, suprimieron el ¡Arriba España! ¡Mira que si hay algún rojillo en la “tele”! ¡Uno es tan ingenuo que creía que no; no puede ser!

    Alfonso DE FIGUEROA Y MELGAR
    Última edición por ALACRAN; 22/03/2022 a las 14:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Colegios de monjas al servicio de la subversión

    64

    Revista FUERZA NUEVA, nº 528, 19-Feb-1977

    ¡Caray con las monjitas!

    (…) Estas consideraciones sobre monjas y monjitas me han venido a la máquina, aunque en otras ocasiones ya había pensado en ellas, ante dos semanas de “estudios” cuyos programas me han entregado manos amigas.

    La primera, sobre “Realidades (con mayúscula) sociopolíticas y fe (con minúscula) cristiana”, está organizada por la Escuela de Padres del Colegio del Sagrado Corazón de Chamartín. ¿Se acuerdan ustedes de aquellas monjitas que antes se llamaban del Sacre Coeur, las de los colegios más aristocráticos y las de la graciosa genuflexión ante la “reverenda madre”, las que hacían ponerse una especie de camisón a las niñas cuando utilizaban la bañera, etc.? Pues ésas.

    Los conferenciantes de la “Semana” son el jesuita Gómez Caffarena, profesor de Filosofía de Comillas y “firmante” de profesión. Que recuerde, y no soy ningún especialista en el señor Gómez Caffarena, firmó en el año 69 un escrito contra los “guerrilleros de Cristo Rey” (¡qué precocidad profética!) y otro contra el proyecto de ley sindical; en el 71, uno contra el Concordato y otro a favor de la Asamblea Conjunta; en el 72, otro pidiendo la supresión del privilegio del fuero eclesiástico; en el 75, nuevo escrito solidarizándose con Díez- Alegría, al que el P. Arrupe (fíjense que digo el p. Arrupe y no Pío XII, Ottaviani o monseñor Lefebvre) exclaustraba de la Compañía de Jesús. Y alguno más que, sin duda, se me habrá pasado. Como para que las monjitas del Sagrado Corazón no se hayan enterado de que pie cojea el señor Gómez Caffarena. En 1969, Julián Gil de Sagredo había escrito un artículo con el siguiente título. “El P. Gómez Caffarena, jesuita, enseña una doctrina herética”. Y en 1973, una persona que no es sospechosa de integrismo, Pedro Rocamora, se escandalizaba desde el “ABC” por el libro que Caffarena y Martín Velasco habían publicado al alimón.

    Del también sacerdote Julio Lois Fernández, otro conferenciante, tengo menos datos. Le llaman la atención por su enseñanza en el Instituto de Pastoral de Madrid, uno de los centros más progresistas de España, en el año 1974, y no recuerdo si hasta lo cesaron en el mismo. En 1975 se solidariza con Arbeloa y demás sacerdotes multados, y en agosto de ese mismo año pasa unos días en la cárcel de Carabanchel. Y en 1976, señala la no incompatibilidad del marxismo con el catolicismo. Otra joya para las monjitas.

    José María Díez-Alegría es otro de los conferenciantes. Expulsado de su cátedra de la Gregoriana, exclaustrado de la Compañía de Jesús del P. Arrupe, favorable al divorcio, promarxista.

    Cierra el ciclo los seglares Apostua y Ruiz-Giménez. Como se ve, las monjitas entusiastas del pluralismo y el diálogo, cuando montan una escuela de padres la convierten en el más cerrado monólogo. No estaría de más que, a la vista de la “semana”, los padres de Sagrado Corazón pensaran en montar una escuela de monjas.

    ***
    La segunda “Semana”, que tuvo lugar en el salón de actos de las Siervas de San José, fue de “estudio y reflexión teológico-pastoral con perspectivas de futuro (como para echarse a temblar), sobre matrimonio civil y canónico”. El programa, editado por el Arzobispado de Madrid-Alcalá, incluye a los siguientes “profesores”: José Luis Larrabe, vicario episcopal de Madrid; Antonio Hortelano, redentorista, autor del libro “Celibato, interrogante abierto”, de unas increíbles declaraciones a Pedro Pascual (“Arriba”, 15-I-1969) y a Antonio Aradillas (“Pueblo”, 18 y 20-IX-69): Antonio Arza, jesuita, partidario de la enajenación de los bienes de la Iglesia (“Pueblo”, 7-I-1970); Luis Vela, jesuita, que aprobó los experimentos de la concepción in vitro (“Pueblo”, 19-II-69 y 26-II-70) y hoy en difícil situación dentro de la orden por defender el divorcio (“El País, 11-II-77); Marciano Vidal, redentorista, refutado en diversas ocasiones por eminentes teólogos (como, por ejemplo, los dominicos Fraile, Alonso Lobo, García Cordero y Victorino Rodríguez (“ABC”, 21- VI- 69) (…)

    Esta “semana” destinada a “todos los sacerdotes, religiosas (léase monjitas), seglares, novios (es curiosa la distinción entre seglares y novios, tal vez porque también vaya destinada a novios no seglares, es decir, sacerdotes y “monjitas” en víspera de matrimonio), matrimonios... sobre todo los que están comprometidos en la pastoral matrimonial y en los cursillos de preparación de los novios al matrimonio”, será clausurada, según el programa, por el “Emmo. Sr Cardenal Don Vicente Enrique y Tarancón”, el mismo que no quiso saber nada del acto que unos jóvenes organizaron en defensa de la familia cristiana. Ahora cubre con su púrpura a todos esos más que discutibles teólogos y moralistas que no hacen más que confundir al pueblo de Dios. ¿Comprenden ahora el título de este artículo? Que también podría ser “Caray con el cardenal”. Tanto monta.

    Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA



    Última edición por ALACRAN; 28/03/2022 a las 13:11
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La Iglesia taranconiana presumía de ser independiente del Estado para todo... bueno, para casi todo, pues mira por dónde, no lo era para recaudar dinero (con esas cosas no se juega...) , dado que no confiaba en el altruismo monetario-religioso de sus feligreses, presuponiendo certeramente que sería muy poco o nada generosos. Convenía más que el Estado (ese Estado tan malo, malísimo) cobrara una cuota anual dentro del impuesto sobre la renta camuflada como "sostenimiento de la Iglesia" dentro de un apartado que se creó ex profeso para disimular: "otros fines". En esas seguimos, va ya casi para cincuenta años.
    El Estado se garantiza, por su parte, así, frente a sus excesos, tener atenazada y muda a la jerarquía.

    65


    Revista FUERZA NUEVA, nº 528, 19-Feb-1977

    Los dineros del clero

    El cardenal Tarancón escribe lo mejor que puede, o que su vicario sabe, sobre el espinoso tema de la remuneración del clero. En una Iglesia posconciliar, el camino es fácil: la providencia de Dios y el sostén de los fieles. Pero con el dinero no se juega y el cardenal Tarancón, después de exponer diversas fórmulas, se inclina por que sea el Estado, ese Estado del que en otras materias tanto celo se ha puesto en guardar distancias, el que se encargue de recaudar el dinero de los fieles y no los sacerdotes directamente, que es algo así como convertir en sacristán con cepillo al ministro de Hacienda. Explica el cardenal: “Si una sociedad es mayoritariamente católica, no se ve la incompatibilidad de que sea el Estado el que recoja y administre las aportaciones de la comunidad en orden al bien común de los ciudadanos”.

    Pues el que esto firma sí que ve incompatibilidad en que el Estado, quieras o no, recaude dinero de los ciudadanos católicos para dárselo a unos eclesiásticos, con cuya conducta, ideas o propósitos esos mismos católicos pueden no estar conformes. ¿No se acuerda el cardenal Tarancón de que un cura de los condenados por el asesinato del inspector Manzanas (1968) siguió cobrando el sueldo del Estado y la consignación de la parroquia después de haberse convertido en pistolero de ETA? ¿Podría decirnos cuánto tiempo el llamado “cura Paco” (P. García Salve) ha compatibilizando sus actividades en organizaciones comunistas con la protección de su bondadoso obispo (mons. Palenzuela)?

    Con tales antecedentes, creemos que la mejor solución es que los católicos seamos los que sostengamos a nuestros propios sacerdotes, sin que el Estado intervenga para nada. Cada clérigo cosechará lo que sembrare, fórmula plenamente evangélica.

    Juan Nuevo



    Última edición por ALACRAN; 28/03/2022 a las 13:58
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La Iglesia y España

    66

    Revista FUERZA NUEVA, nº 529, 26-Feb-1977

    La Iglesia y España

    La reciente visita de los Reyes de España al Santo Padre ha suscitado muchos ecos. Todo hoy está sometido, tras el prisma político y ante el espectro ideológico, a muchas, variadas y aun contradictorias interpretaciones y a todos los colores que cada cual quiera aplicarle.

    No debe sorprender, en época de tanto sectarismo, que algún editorialista haya llegado a aprovechar la visita del rey Juan Carlos I a Su Santidad Pablo VI para demostrar, o poco menos, que desde 1930 no había relaciones con el Vaticano y que incluso la tensión en los últimos años con la Iglesia -algunos se arrogan la calidad de usufructuarios del nombre y la propiedad eclesial- estaba en trance de ruptura. Ignoraban solapadamente que desde la Cruzada que concluyeron los Reyes Católicos hasta 1939, no se había producido otra Cruzada, aunque también Carlos I y Felipe II combatieron y desangraron sus reinos por Dios y por su Iglesia.

    La falacia ha llegado a ser tal, que se escribe con esta ocasión, tan llena de satisfacción como de esperanza: “…Y hubo un momento de máxima distancia espiritual con Roma cuando alguien quería arrogarse una interpretación nacional y arbitraria de lo que la Iglesia debía ser. La Historia tendrá mucho que admirarse de que cuando compare cuarenta años de fervientes párrafos oratorios con los mismos cuarenta años de fría y creciente distancia con mensajes pero sin visitas…”

    ¿Para qué seguir? La simpleza y el sectarismo no pueden ir a más. A esas palabras que pretenden denostar el período más católico de un Estado, con excepción de los históricos a que he aludido, sólo podría aducirse la distinción de Pío XII al Caudillo y las palabras de Juan XXIII, la legislación cristiana que impregna toda la acción social del Régimen del 18 de Julio y la reconstrucción de templos, seminarios y creación de obras religiosas, como ningún momento otro se había producido.

    Por eso pudo escribir en 1942, Pedro Cantero, actual arzobispo de Zaragoza:

    Al mandato misionero de Jesús a sus Apóstoles de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio, el nuevo Estado español responde: Venid a predicarlo con misión exclusivamente evangélica, religiosa y moral; venid a incorporar el sentido católico a mis juventudes, a mis Sindicatos, a mis Universidades, a todas las manifestaciones de la vida española. Tal es la posición del Estado español en relación con el apostolado social del catolicismo en España”.

    Y por la misma razón, ha dicho recientemente el primado de España, monseñor Marcelo González:

    Yo no entro a juzgar la obra de Franco desde el punto de vista político. No es mi misión. Para mí, hay otros valores más altos, sin los cuales la política, a la larga, tiene siempre algo de obligada frustración. Valores que se llaman paz, progreso ordenado, uso ponderado de la libertad, anhelo de justicia, trabajo creador y, por encima de todo, sentido religioso de la vida, que da a las empresas humanas, individuales o colectivas, la categoría suprema que ennoblece a los hombres.
    Creo que durante los años que hemos vivido bajo la dirección de Francisco Franco, este conjunto de valores ha brillado con fulgor suficiente en la vida nacional como aspiración nobilísima, como logro alcanzado en grandes proporciones y como estímulo permanente para un perfeccionamiento progresivo y constante al cual ningún pueblo tiene derecho a renunciar”.

    Pero hay ojos que no quieren ver. Peor para ellos.

    El director


    Última edición por ALACRAN; 08/04/2022 a las 12:59
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    "Cuando los obispos se meten a obispos"

    67


    Revista FUERZA NUEVA, nº 529, 26-Feb-1977

    Cuando los obispos se meten a obispos

    Se veía venir. No tiene ningún mérito que hace tiempo lo hayamos anunciado: la utilización de la libertad de conciencia como arma para apoyar, por parte de sectores eclesiásticos, campañas de marcado carácter político, era un arma de doble filo, que algún día podía volverse contra la propia Iglesia. Ya ha ocurrido.

    Leemos en “El País”, a propósito del divorcio: “Las declaraciones episcopales no deben, a nuestro juicio, calificar de corruptos o corruptores a quienes, de acuerdo con su conciencia, creen que ni el Estado ni las leyes deben ser confesionales y que su misión es únicamente la de ordenar la convivencia”.

    Tras señalar que, si los católicos quieren creer y aceptar la indisolubilidad del matrimonio, es cosa suya, añade: “La libertad de las conciencias está reñida con la imposición de las doctrinas”.

    Ya tiene la Iglesia lo que se ha ganado a pulso. Empezará por el divorcio, seguirá por el aborto, incidirá en el punto, para ella tan sensible, de la enseñanza. ¿Pero podía esperar otro trato quien, en nombre de la libertad de conciencia, había apoyado la negativa a realizar el servicio militar? Lo anunciamos entonces y estamos comenzando a verlo: si la conciencia individual se convierte en norma de la conducta pública, no será solo el servicio militar el afectado, sino que alcanzará al divorcio, al matrimonio, al aborto, a la eutanasia, al sueldo del clero…

    Desde los sectores que jalearon a la Iglesia cuando apoyaba sus posturas frente al Estado, hoy empieza a recomendarse a los obispos que se metan en sus cosas y dejen en paz a los españoles que no quieren aceptar sus enseñanzas. Una vez más se repite la historia del aprendiz de brujo. En esta ocasión, con obispos de protagonistas.

    Juan Nuevo


    Última edición por ALACRAN; 08/04/2022 a las 13:08
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    "Concordato"

    68


    Revista FUERZA NUEVA, nº 530, 5-Mar-1977

    Concordato

    De ser verdadera la noticia que publicó “ABC” de Sevilla el 12 de febrero, en la que se le atribuye al cardenal de Madrid (Tarancón) un desgraciado símil sobre las relaciones entre España y el Vaticano durante el régimen de Franco, ¡qué lamentable declaración! Comparar aquellas relaciones con “las de un matrimonio que se quiere mucho, pero no puede vivir unido”, denota olvido e ingratitud, si es que no hay motivaciones más graves. Triste sentimiento en un hombre de su condición eclesiástica y de su dignidad de príncipe de la Iglesia católica. Contagiado de esa manifestación, se me ocurre modificar la desafortunada comparación en el sentido de que aquellas relaciones Iglesia-Estado español, eran como las de un matrimonio que vive unido sin quererse, o mejor, sin que exista el debido cariño en una de las partes.

    La unión en que vivieron ambas instituciones tiene pruebas irrefutables. Una, la fidelidad con la que respetaron su contrato: el Concordato de 1953. Y bueno será recordar sólo algunas de las obligaciones de la parte más obligada, el Estado español: su confesionalidad; la enseñanza de la religión católica en todos los niveles docentes, sin olvidar la asistencia religiosa en los tres ejércitos; la ayuda económica al clero y los cientos de millones invertidos en construcciones y restauraciones de edificios religiosos. Por otra parte, la presencia de eclesiásticos en organismos del Estado, como en el Consejo de Regencia -de sus tres miembros, uno es obispo-, y en las Cortes; la asistencia de prelados y sacerdotes en actos oficiales y la del Jefe del Estado en celebraciones religiosas. La unión no podía ser más íntima, señor Tarancón.

    En cuanto a la falta de amor en una de las partes (¿de qué parte se trataba?), ya nos vienen dando pruebas inequívocas tras la muerte del Caudillo no pocos clérigos, e incluso el mismo cardenal, a partir de su controvertido discurso en el Tedeum con motivo de la proclamación de Su Majestad el rey.

    Pero es que, además, esas turbias relaciones en las que se dan “amor” y violencia no son propias de un matrimonio; más parecen de hombres y mujeres no unidos por ese sacramento, sino ayuntados por los instintos más primarios. Pensando en ello, el símil resulta más improcedente.

    C. P. F.



    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 12:50
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La llegada del divorcio para romper los matrimonios católicos (entonces prácticamente todos los existentes) se preveía imparable; buena prueba de ello eran tanto los paños calientes y disimulos, mirando para otro lado, de la mayoría de obispos. El divorcio sería finalmente implantado en 1981 por los demócrata-cristianos y sedicentes "católicos" de la UCD, que había creado Adolfo Suárez.

    69


    Revista FUERZA NUEVA, nº 530, 5-Mar-1977

    AULA DE FUERZA NUEVA

    EL DIVORCIO EN SU PROYECCIÓN RELIGIOSA Y POLÍTICA

    Julián Gil de Sagredo

    (…) Julián Gil de Sagredo agradeció las palabras de elogio de su presentador y se dirigió directamente al tema. Dijo que estábamos en una fase de europeización en la que en menos de un año habíamos logrado la democracia, las elecciones, los partidos, las huelgas, las libertades… y el récord de terrorismo de todo el continente. “Ya sólo faltan el Parlamento el divorcio… y la república”, concluyó. “Ya sólo falta el unisex y el matrimonio entre homosexuales”, afirmó. Afirmó también que todo ello venía de la mano del liberalismo y del marxismo, siguiendo dos directrices: la del propio Gobierno, por el diálogo que mantiene con sus enemigos, y la de la jerarquía apóstata que anida y medra en ciertas parcelas de la Iglesia católica”.

    Ante la oleada de indignación motivada por este último aserto, dijo Gil de Sagredo: “No os escandalicéis”. Y demostró que no era nuevo el coquetear con el enemigo y que ya Paulo IV lo había hecho con los turcos, por mantener una política contra España, añadiendo cómo era un hecho comprobado que en Televisión Española se habían hecho apologías del divorcio por voces muy autorizadas en tal sentido.

    “Lo sustancial del matrimonio es el contrato, y como tal contrato, es rescindible”. Estas palabras se deben, según el orador, al auditor de la Rota, en manifiesta contradicción con el carácter sacramental del matrimonio, definido por el Concilio de Trento, y olvidando que no puede establecerse una dicotomía contrato-sacramento.

    El consentimiento, imprescindible para el matrimonio es a la vez contrato y sacramento y no puede separarse lo uno de lo otro. Sin embargo, se intenta ahora conceder validez al matrimonio civil entre católicos, completamente ajeno al sacramento. Contra esto, Pío IX definió taxativamente que la unión marital entre cristianos, al amparo de la ley civil, es un claro concubinato.

    “Sin embargo, la Rota se pronuncia en contra -dice Julián Gil de Sagredo-, y ninguna jerarquía condena esta flagrante herejía”. Es más, dos obispos se pronuncian a favor: ¿Hay o no razones para pensar que existen guaridas de apostasía?” En éste como en otros varios puntos de la disertación, el público prorrumpió en fervientes aplausos de apoyo.

    (…) “¿Quién es el testaferro episcopal de Centroeuropa, cuyo fracaso al frente de la Asamblea Conjunta (1971) se hizo patente?” “¿Quién es el portavoz sin personalidad que quita a la Biblia su exacto sentido?” Ni más ni menos que el que ha venido a Madrid a dar un cursillo sobre el matrimonio, con el padre Hortelano, pretendiendo triturar la doctrina”.

    A esta denuncia, Gil de Sagredo unió la del cardenal Tarancón, que le prestó apoyo al tiempo que se negaba a asistir a un acto en el que no se trataba de otra cosa sino de defender la institución matrimonial. La invocación del arzobispo fue acogida con grandes gritos de protesta.

    ***

    A este tenor prosiguió la brillante conferencia en la que se puso de manifiesto la campaña que se viene manteniendo contra la familia, campaña que ahora tiene su colofón con la indudable preparación de una ley que autorice el divorcio. “Ante esto, tenemos que parapetarnos en un búnquer doctrinal”, dijo. Divorcio -explicó- es voz cuyo origen latino establece el claro significado de “separación”. En sentido estricto es la rotura del vínculo. Desde el punto de vista político destruye la familia en su faceta conyugal y en su faceta paterno-filial. Con ello destruye la sociedad al corromper sus células y en este sentido, lo que Dios ha atado no puede desatarlo el Estado, que pierde con ello su fuerza moral y despedaza la entraña misma de la Patria. (...)

    ***

    Después de un erudito paseo por la historia y por la actitud de los Papas, estableció tres conclusiones:

    En primer lugar, que un Estado que promulga el divorcio comete un delito de lesa patria, traiciona veinte siglos de historia de España y perpetra un acto sacrílego y blasfemo.

    En segundo, que, contra el principio liberal, es el Rey quien responde de sus actos, y un rey que permitiera el divorcio sería responsable de traición al cambiar una monarquía tradicional por otro masónica, liberal y trasnochada.

    Finalmente, si contra el derecho y la cohesión familiar, se promulgará una ley del divorcio, la sociedad de en pleno deberá levantarse contra ella por sacrílega, blasfema y antiespañola.

    (…)


    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 12:49
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Supresión, por entonces, de dos festividades religiosas de toda la vida: la Ascensión del Señor y de San Pedro

    70

    Revista FUERZA NUEVA, nº 530, 5-Mar-1977

    A la supresión de fiestas

    Hace ya cerca de cinco años, cinco, nos permitimos el lujo de escribir unas líneas sobre la supresión de fiestas intersemanales. Por fin, y por decreto, como es costumbre (dictatorial costumbre del gobierno Suárez), ya se han suprimido fiestas. De momento, la Ascensión del Señor y San Pedro. Naturalmente, el señor Tarancón, que no calla más que cuando debiera hablar, habrá dado su visto bueno, y también el Vaticano, que ha largado de cuando en cuando notitas sobre el caso.

    Me permito preguntar a quién se quiere satisfacer con tan extraña medida, suprimiendo unas fiestas que los trabajadores veníamos disfrutando desde siempre. ¡Así se avanza! ¿Debemos celebrarlo como un gran acontecimiento democrático los trabajadores y todos los comercios e industrias que viven de las fiestas? ¿A quién se ha querido dar el gusto, señores? (…)

    Ramón Castells Soler

    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 12:47
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    "Profetas de bienandanzas" (P. Venancio Marcos) vs. "Profetas de calamidades" (Tarancón)

    71

    Revista FUERZA NUEVA, nº 530, 5-Mar-1977

    LOS PROFETAS DE CALAMIDADES

    Cardenal Enrique y Tarancón

    En la serie de “Cartas Cristianas” que el cardenal Tarancón dirige semanalmente sus diocesanos en la hoja “Iglesia en Madrid” y que lee él mismo por Radio Madrid, dirigió y leyó la siguiente, el domingo 20 de febrero, en la que, según el diario “ABC”, “critica la postura de cuanto sistemáticamente se dedican a difundir visiones de amargura y derrotismo, tanto sobre la vida de la Iglesia como de la Patria”.

    “Han existido siempre personas pesimistas que todo lo ven negro y pasan su vida anunciando calamidades. En momentos de evolución, particularmente cuando las estructuras y las formas de vida inician cambios importantes, proliferan de manera prodigiosa esos “profetas de calamidades” que llaman la atención sobre los peligros inminentes y graves de los cambios.

    Cuando Juan XXIII anunció la celebración del Concilio Vaticano II, ante el asombro del mundo, empezaron muchos a anunciar infaustos sucesos para la Iglesia. Los conflictos que se han producido después, en el seno de la Iglesia, como consecuencia ineludible de la renovación, les están sirviendo ahora a esos mismos profetas para pronosticar mayores males, que no podrían evitarse más que manteniendo a rajatabla las estructuras y las formas de vida anteriores al Concilio.

    El Papa se vio obligado a aludir a ellos en el discurso de apertura del Concilio. Son “quienes en los tiempos modernos no ven otra cosa que prevaricación y ruina. Y añadía Juan XXIII a continuación: “Nos parece necesario. decir que disentimos de esos profetas de calamidades”.

    El tiempo dando la razón a aquel Pontífice. La Iglesia no sólo no se ha hundido, como ellos pronosticaban, sino que va purificándose, por lo misma fuerza de las tensiones. Es ésta una prueba permitida por Dios y va presentando cada día una voz más pura y evangélica ante el mundo moderno.


    También en España, y en cuanto al desarrollo y destino de nuestro pueblo, nunca han faltado las voces agoreras. Y algunos hechos antiguos o recientes, en los que sin duda se ha desbordado la pasión radicalizando actitudes y posturas, les hace sentar tesis catastróficas. “España es un país ingobernable”, dicen con énfasis. “El reconocimiento de la libertad en el campo político y social nos llevará a la ruina”, afirman particularmente los que gozan de cierto poder.



    En estos momentos de transición que estamos viviendo, es lógico que vuelvan a aparecer esos profetas, conminándonos con todos los males si se abre un proceso democrático o se cambian de alguna manera las estructuras económicas, políticas o sociales.



    Creo sinceramente que esa postura pesimista, quizá mantenida de buena fe por algunos, manifiesta una falta de fe y de confianza en las virtudes de nuestro pueblo, que si no se han podido manifestar abiertamente en todas las ocasiones, ha sido por falta de cauces adecuados o por falta de una maduración humana, que la poca cultura de las masas o el radicalismo de los dirigentes han propiciado.

    Creo, además, que esta postura no es cristiana. La esperanza -virtud básica del cristiano peregrinante- no se refiere exclusivamente al más allá. El Reino de Dios se inicia en este mundo y Cristo, con su Resurrección, no sólo nos ofrece la resurrección gloriosa en el otro mundo, sino la resurrección del pecado, la ruptura de las ataduras que nos esclavizan, aún durante nuestra permanencia en este mundo.

    El pesimismo es enervante. La falta de confianza engendra la depresión que, aunque parezca paradoja, induce a los radicalismos. Lo que se afirmó del Cid: “¡Qué buen vasallo si tuviese buen señor!”, se puede aplicar -se debe aplicar a nuestro pueblo. Durante el último año, se han dado unas pruebas de serenidad y de madurez realmente extraordinarias.




    La responsabilidad mayor en estos momentos pesa sobre los dirigentes, no sobre el pueblo. Tanto los dirigentes políticos como los económicos -y también los dirigentes religiosos- tenemos el deber de encauzar esta potencialidad de nuestro pueblo, capaz de construir un futuro mucho mejor -más humano, más fraterno y más cristiano para nuestra Patria.


    No prestemos oídos a los profetas de calamidades. Podemos evolucionar para adaptarnos a las necesidades y exigencias del momento actual -el momento de España y de Europa- sin traumas excesivos, si los que tenemos responsabilidad social sabemos confiaren el pueblo, orientando sus deseos de paz, de bienestar de convivencia fraterna.

    Los “profetas de calamidades” no merecen que se les tenga en cuenta. Por patriotismo y por fe”.


    LOS PROFETAS DE BIENANDANZAS

    P. Venancio Marcos

    Siguiendo el hilo de la carta del cardenal Tarancón, y casi con sus mismas palabras, solo que en sentido opuesto, el padre Venancio Marcos envía a los lectores de FUERZA NUEVA la siguiente carta, en la que critica la postura de cuantos sistemáticamente se dedican a difundir cantos de sirena sobre el próximo futuro de la democracia, tanto en la vida de la Iglesia como de la Patria.



    “Han existido siempre personas optimistas que todo lo ven de color de rosa y pasan su vida anunciando tiempos mejores (como en “La Bejarana...”). En momentos de revolución, particularmente cuando las estructuras y formas de vida inician cambios trascendentales, proliferan de manera prodigiosa esos “profetas de bienandanzas” que afirman que cualquier tiempo pasado fue peor.


    Cuando Juan XXIII anunció la celebración del Concilio Vaticano, empezaron muchos hablar de “una nueva primavera de la Iglesia”. Los conflictos que se produjeron después, como consecuencia ineludible del secuestro que algunos teólogos hicieron del Concilio, les sirvieron para hablar de una “crisis de crecimiento”, que no podría malograrse más que por culpa de los que quisieran mantener, aunque fuera parcialmente, las estructuras y las formas de vida anteriores al Concilio.


    A poco de terminar éste, el Papa Pablo VI se alarmó ante los abusos que de él se estaban haciendo. Llamó la atención muy seriamente sobre el rumbo desviado que se estaba dando a los propósitos conciliares y dijo que “por alguna rendija había entrado en la Iglesia el humo de Satanás” y que se iniciaba un proceso de auto-demolición de la Iglesia”, es decir, que la estaban demoliendo no sus enemigos, sino sus propios hijos, incluidos los consagrados al Señor (entiéndase obispos y sacerdotes).

    El tiempo va dando la razón a Pablo VI. La Iglesia no sólo no ha conocido “la primavera y la crisis de crecimiento” anunciados por “los profetas de bienandanzas”, sino que se halla sumido en un triste otoño, que anuncia un gélido invierno, y una enfermedad cancerosa, que no terminará en muerte por la promesa del Fundador de que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. En vez del Evangelio de Jesucristo, va predicándose dentro de la Iglesia el Evangelio según Carlos Marx.

    También en España, y en cuanto al desarrollo y destino de nuestro pueblo, nunca han faltado las voces que pregonan las bienandanzas. A pesar de las lecciones que ha dado la historia antigua y reciente de España y del actual desbarajuste nacional que están viendo hasta los más ciegos, esos profetas sientan las tesis más triunfalistas: “la democracia inorgánica nos traerá la libertad, el bienestar...”, y dicen con énfasis: “La libertad democrática acabará con la violencia y nos proporcionará la felicidad”. Esto lo afirman particularmente algunos que han mandado, mandan y quieren seguir mandando.


    Estos momentos de transición de un Régimen esplendoroso de autoridad, que ha durado cuarenta años, a otro de democracia desbordada, con negros nubarrones en el horizonte, es lógico que vuelvan a aparecer esos profetas que todo lo ven de color de rosa, anunciándonos una espléndida primavera si se cierra el periodo autoritario y se cambian totalmente las estructuras económicas, políticas y sociales.

    Creo sinceramente que esa postura optimista, quizá mantenida de buena fe por algunos, manifiesta una infantil e ingenua fe y confianza en las virtudes de la democracia, unida a una ignorancia de los demonios familiares de nuestro pueblo. Las virtudes, en cambio, de nuestro pueblo sólo han florecido cuando se le han dado cauces adecuados a su idiosincrasia, en vez de los artificiales de los partidos políticos, que está demostrado que no le van a nuestro pueblo.


    Creo, además, que esa postura no es católica. La esperanza -virtud teologal, y, por tanto, básica, del católico peregrinante- se refiere al más allá. El Reino de Dios, que se inicia en este mundo, valle de lágrimas, se consuma en el cielo, que es el auténtico paraíso, frente al paraíso falso que el marxismo promete en este mundo.





    El optimismo de color de rosa es radicalizante
    . La confianza irracional engendra fácilmente la temeridad, que, aunque parezca paradoja, induce al mayor autoritarismo. Lo que se afirmó del Cid: “Dios ¡que buen vasallo si oviera buen señor!”, se puede aplicar, se debe aplicar, a nuestro pueblo. Durante los últimos cuarenta años, en los cuales tuvo un buen señor. En los últimos 40 años, en los cuales tuvo un buen señor, ha dado buena prueba de una madurez extraordinaria. Tememos que el próximo señor -la democracia inorgánica- no sea el buen señor que nuestro pueblo necesita, aun siendo un buen vasallo. Este recuerdo del Cid no es nuevo; lo expuso hace más de cuarenta años un tal José Antonio.

    La responsabilidad mayor en estos momentos pesa sobre los dirigentes, no sobre el pueblo. Tanto los dirigentes políticos como los económicos, y también los religiosos, tienen el deber de encauzar la potencialidad de nuestro pueblo, capaz de construir un futuro, si no mucho mejor, por lo menos algo mejor, más humano, más fraterno y más cristiano para nuestra Patria. Si los dirigentes lo consiguen, que Dios se lo premie, y si no, se lo demande. Y se lo demande también el pueblo.

    No prestemos oídos a los profetas de bienandanzas, a la vista de lo que está sucediendo. No podemos evolucionar para adaptarnos a las necesidades y exigencias del momento actual de España y de Europa si los que tienen la responsabilidad social traicionan, por desconocimiento o incapacidad, el alma de nuestro pueblo, que, si dejara de ser católico, dejaría de ser español.


    Los profetas de bienandanzas, a la vista del presente no merecen que se les tenga en cuenta para el futuro. Por fe y por patriotismo”.
    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 13:03
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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