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Tema: Mexico no es bicentenario

  1. #281
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Las accidentadas finanzas de la nueva república

    La consumación de la Independencia implicó un quiebre para la economía nacional, que venía de una organizada y poderosa estructura virreinal y que fue interrumpida por 11 años de lucha armada. El México independiente llegó con una hacienda pública mermada.




    Hidalgo.
    El mural de José Clemente Orozco.



    Economía

    Por Juan Carlos Cruz Vargas

    domingo, 19 de septiembre de 2021



    La consumación de la Independencia implicó un quiebre para la economía nacional, que venía de una organizada y poderosa estructura virreinal y que fue interrumpida por 11 años de lucha armada. El México independiente llegó con una hacienda pública mermada, donde la primera estructura fiscal federalista fue fuente de conflicto y debilitó a la vieja burocracia colonial, lo que dio pie a una recesión casi permanente.

    CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx) .– Tres factores causaron el debilitamiento de las finanzas y la economía coloniales para 1821, según el ensayo Una difícil transición fiscal: Del régimen colonial al México independiente, 1750-1850, del historiador Carlos Marichal: el aumento de los gastos militares internos; la dificultad de acceder a nuevos préstamos, lo cual fue agravado por la acumulación de viejas deudas en el último tramo de la colonia; y una nueva tendencia a una mayor autonomía fiscal por parte de las tesorerías locales, lo cual representó la génesis del federalismo, plasmado en la Constitución de 1824.

    “La estructura fiscal federalista probó ser fuente de conflicto y controversia durante medio siglo. Un primer aspecto contradictorio del marco institucional mexicano en la década de 1820 fue la sobreimposición de un modelo federalista estadunidense sobre el viejo sistema de gobierno español colonial, que se había caracterizado por un alto grado de centralismo, aunque matizado por cierta flexibilidad con respecto a la distribución de fondos entre las tesorerías regionales”, señala el artículo escrito por el también fundador de la Asociación Mexicana de Historia Económica.

    En la colonia estaban establecidas 24 tesorerías regionales que se encargaban de recaudar los ingresos y representaban una parte importante de la estructura de la real hacienda en la Nueva España.

    Los impuestos que se cobraban se relacionaban directamente con las principales actividades económicas de la Nueva España.

    Es el caso del tributo indígena, cobrado a los jefes de familia de las familias de indios que cultivaban su propia tierra, era un tributo de dos pesos de plata y eventualmente también a los campesinos que laboraban en haciendas o plantaciones, según El sistema fiscal del México colonial, también elaborado por Marichal.

    De acuerdo con Ernest Sánchez Santiró, Miguel Hidalgo abolió dicho tributo mediante un decreto emitido en Guadalajara el 6 de diciembre de 1810, atendiendo a las demandas de igualdad y libertad preconizadas como máximas del movimiento independentista. Sin embargo, tal medida no se pudo aplicar y en el siglo XIX los indios pagaron sus tributos en la forma en que se hacía desde tiempos virreinales, señala en el artículo “El sistema tributario en la Nueva España”, publicado en la revista especializada Relatos e Historia en México.

    La segunda fuente de ingresos para la Real Hacienda fue la de los impuestos mineros, derivados de la producción de plata y oro. La figura principal era el quinto real, que representaba 20% del valor de las barras de plata “que cobraba los reales funcionarios cuando se enteraba en la Casa de Moneda para su amonedación”, señala Marichal.

    Para el siglo XVIII el valor del impuesto era solo de 10% de los metales preciosos extraídos. Según el profesor emérito del Colegio de México, las ganancias netas obtenidas de los impuestos mineros representaban hasta 36% del ingreso neto total del gobierno virreinal hacia 1790.

    El 24% del total de los ingresos netos del virreinato recayeron en las alcabalas o impuestos a los productos importados, que era de 6% en la época colonial, pero en la guerra de independencia se elevó a 15%; mientras que los pulques eran los gravámenes impuestos a las bebidas alcohólicas locales.

    Finalmente estaban los estancos, que eran los monopolios fiscales controlados por la colonia, como el tabaco, la pólvora, el azogue, la sal, los naipes. Hacia 1800 la fábrica estatal de tabaco empleaba hasta ocho mil trabajadores. Hacia finales de 1820 los ingresos por el tabaco promediaban un millón de pesos, de acuerdo con el ensayo Una difícil transición fiscal; del régimen colonial al México independiente, 1750-1850.

    Para Sánchez Santiró, el tabaco representó la principal renta de la monarquía en América a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En los estancos y estanquillos, los consumidores adquirían las diversas variedades de tabacos como ramas, polvo, puros y cigarros a un precio oficial que compactaba el costo de producción, de expendio y las ganancias.

    La estructura fiscal lograda en el México borbónico, que según el investigador de la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, era una de las más poderosas y eficientes del mundo, se colapsó con la Guerra de Independencia.

    “El periodo de la transición, comprendido entre 1810 y 1821, era complicado porque de alguna manera la vieja estructura centralista y vertical que se había establecido mediante alcabalas, diezmos, los impuestos al tabaco, había una dirección general y a partir de allí, había direcciones en diferentes territorios hasta que bajaba tan a lo más cotidiano y común que son los ciudadanos”, explica en entrevista con Proceso.

    El también autor de la obra La reforma fiscal a los ayuntamientos novohispanos, 1765-1812, en el periodo de guerra, la recaudación se sigue manteniendo, pero se la apropian las huestes insurgentes o realistas, para comprar armas y municiones.

    Eso no es todo, el movimiento encabezado por Hidalgo “no solamente lo tenemos que ver como un movimiento armado tomando posiciones, sino que las que tienen que comer tienen que, claro, también tomar agua”, apunta en entrevista Jorge Silva Riquer, integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

    La economía entró en un proceso de guerra, en donde los productores eran obligados a ceder sus productos para que no los quemen, “esto posibilita que las huestes se mantengan mucho tiempo, no solamente las cabeza de los insurgentes, sino que varios pueden movilizarse por todo el territorio y mantener la lucha y aún a pesar de las condiciones”, abunda, el doctor en historia por el Colegio de México.

    “La actividad agrícola y la minera se siguen manteniendo en términos de la elevación de la productividad, en términos de unidad agrícola y de semilla sembrada. No se produce en grandes extensiones, pero las pocas extensiones mantienen el abasto de las ciudades como la zona del Bajío, que todavía hoy en día sigue siendo una de las zonas agrícolas más importantes que tenemos”.

    En el caso de la minería, si bien algunas minas entran ya en franca decadencia, se produce en pequeñas cantidades pero constantes, utilizada para la acuñación de moneda, pero también la plata en lingotes sin haber sido acuñada.

    “Este dato es muy interesante porque si bien no sale la misma cantidad de plata que salía entre 1750 y 1800. Entre 1810 y 1820 se ha calculado que se están exportando alrededor de ocho millones de pesos-plata del momento”, ilustra Silva Riquer.

    Para principios de 1810 el endeudamiento del gobierno colonial en México, había alcanzado los 30 millones de pesos. La mitad de esa cantidad se debían a la iglesia, 12 millones a individuos particulares mientras que los restantes tres millones a individuos particulares. De acuerdo con Carlos Marichal, el dinero de la deuda sirvió a la corona para pagar gastos navales y militares de España a nivel internacional, además de los vales reales.

    “Los vales reales eran títulos de la deuda pública que se colocaron entre los sectores de la población interesados en comprarlos. La Corona ofrecía a los compradores una comisión de 10%, así como intereses de 4% anual sobre el valor nominal de cada vale. Pero el Estado no sólo utilizó los vales reales para obtener en préstamo grandes cantidades de dinero, sino también como medio de pago, paralelamente a la moneda, para cubrir la escasez de circulante que había en España”, según Gisela Von Wobeser, en su libro Dominación colonial, consolidación de vales reales en Nueva España, 1804-1812.

    Tras emisiones continuas de dichos vales, fueron perdiendo su valor a lo largo de los años, por lo que el gobierno colonial implantó una medida que se conoció como Consolidación de Vales Reales.

    Esta consistió, principalmente, en la enajenación de bienes de instituciones educativas, de salud y de beneficencia, así como de fundaciones que tenían propósitos religiosos, como obras pías y capellanías de misas.

    La medida, plasmada en el Real Decreto del 19 de septiembre 1798 sólo se refirió inicialmente a España y desde finales de 1804 se hizo extensiva a todo el imperio, señala Von Wobeser. Asimismo, se amplió posteriormente a los bienes eclesiásticos, lo que constituyó una de las principales causas del movimiento de Independencia.

    Ya para 1821, después de 11 años de guerra, la hacienda pública nacional nace con un déficit muy grande.

    “La guerra había dejado muy deteriorada las arcas y muchos grupos de control locales se habían quedado con los impuestos como parte de enfrentar la realidad. A partir del informe que se le encarga, se dan cuenta que hay la necesidad de ordenar todo”, explica a este semanario, Silva Riquer, quien también coordinó la investigación Las haciendas públicas estatales en México, siglo XIX y XX. Un acercamiento.

    Recuerda que se abrió una discusión en términos de una división federal de impuestos.

    Llegan a la conclusión los liberales que los impuestos se van a dividir en dos: los indirectos, que son todos los que se cobran al comercio, aduanas van a pasar a pertenecer al gobierno nacional. Y todos los impuestos directos sí pasarían a ser parte de los gobiernos locales como la alcabala, el diezmo, equivalentes a los gravámenes a la producción agropecuaria, a la minería y los estancos al tabaco.

    Esa primera estructura fiscal federalista fue fuente de conflicto, además por su ineficiencia y la rivalidad entre burócratas fiscales y federales por la apropiación de la renta pública; al tiempo que se llevó un debilitamiento de la vieja burocracia colonial y una recesión económica permanente, según Marichal.

    “La forma en cómo se organizó la Hacienda Pública e incluso la economía no cambió mucho estructuralmente entre la colonia y la guerra de Independencia, sino hasta 1857 con la promulgación de la segunda Constitución, arrastrando también un rezago social”, cavila Silva Riquer.

    “La desigualdad ha sido un problema constante en México desde hace mucho tiempo atrás. Es una desigualdad que no es la misma, pero que es una constante en la economía y en el país. Máxime porque las condiciones laborales y salarios en ese momento eran bastante precarias para todo el mundo. Hay un proceso de recuperación interesante entre1830 a 1850 donde algunas actividades empiezan a recuperar esa pujanza, pero la venimos arrastrando desde hace 500 años”, concluye el sociólogo por la UNAM.




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  2. #282
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    Re: Mexico no es bicentenario

    LA NUEVA REVOLUCIÓN DE ITURBIDE

    En este 27 de Septiembre, día en el que aquel tumulto traidor de las tres garantías entraba a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Méjico: ¿cómo entender la actuación de Iturbide?

    La clave está en la advertencia dada unos meses antes por Don Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, I Conde de Venadito y último Virrey de la Nueva España.

    Este sabio marino y gobernador señalaba la verdadera cara de Iturbide al denominarlo como el abanderado de una Nueva Revolución que: «ha reunido las tropas de su mando con engaño y ha hecho causa común con los mismos insurgentes».

    Con mucha clarividencia sobre los porvenires de la Nueva Revolución de Iturbide, Don Juan José apunta que estos: «pueden seducir a muchos incautos y lisonjear las miras interesadas y ambiciosas de no pocos que aspiran a la emancipación de estas provincias [de la Nueva España]».

    (Don Juan José Ruiz de Apodaca al Ministro de Ultramar, Ciudad de Méjico, 7 de Marzo de 1821)

    Dos siglos después siguen vigentes estas advertencias, ya que no muy pocos católicos, tanto conservadores como liberales, buscan rescatar la Nueva Revolución de Iturbide como el mal menor ante la crisis que cruzaba la legítima Monarquía Hispánica de Su Majestad Católica: Fernando VII.

    ¡NO NOS ENGAÑEMOS! Iturbide con el Plan de Iguala y su movimiento Trigarante: son la REVOLUCIÓN.

    Así como Napoleón buscó moderar la Revolución Francesa, así también Iturbide buscaba moderar la Revolución separatista de los Insurgentes en la Nueva España, pero ambos mantenían en pie esa misma Revolución desatada contra el orden social y político de la Cristiandad y de la Monarquía Hispánica.

    Así como Napoleón usurpaba el trono de los Reyes Católicos en la vieja España; así también Iturbide usurpaba el Trono de Sus Majestades Católicas en la Nueva España.

    No nos dejemos engañar por las apariencias piadosas y majestuosas de las coronaciones de estos usurpadores, aunque se hayan realizado por un obispo como en el caso de Iturbide o incluso por el mismo Papa, como en el caso de Napoleón. Ambos usando ceremoniales inventados y por ende, antecesores del Novus Ordo, que se fundamentaban en el establecimiento de un nuevo orden constitucional, es decir: la liturgia de la Revolución.

    Si la Revolución se corona, este hecho no la legitimisa, ya que esta tiene como su fundamento el NON SERVIAM del PRIMER USURPADOR: Lucifer.

    La Revolución no puede ser coronada como Monarquía legítima y la Monarquía Católica no puede estar al servicio de la Revolución. Estas ilusiones pronto fracasan y sentencian sus secuaces a destinos amargos como el destierro (en el caso de Napoleón) o al fusilamiento -merecedor de un traidor- (como en el caso de Iturbide).

    Iturbide buscaba servir a la Revolución y a la Religión, pero olvidaba la advertencia de Nuestro Señor: «NEMO POTEST DUOBUS DOMINIS SERVIRE» (Ninguno puede servir a dos señores) Mt. VI, 24.

    Pongamos nuestros esfuerzos y nuestra vida al servicio del único Señor que puede restaurar la Patria: Cristo Rey de las Naciones, y en cuanto a nuestra Nación, esto deberá ser a través del legítimo Rey de las Españas: Su Majestad Católica, Enrique V. Cualquier otro Señor que no sea Cristo Rey o cualquier otro Monarca que no sea el Rey legítimo, estará destinado al fracaso y a la continuidad de la Revolución.


    Don Reynaldo Avilés Jaimes

    #500añosdehispanidad #DPFR








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    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  3. #283
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Compartimos las impresiones del siempre polémico sacerdote Servando Teresa de Mier, resonante adalid de la independencia mexicana, que evidencian lo que él pensó y dijo, tanto en pleno hervor de vida como en pleno olor de muerte, acerca de las sectas secretas y su influjo en la política mexicana.

    Escribe el diputado fray Servando, desde la capital, a su paisano don Bernardino Cantú, canónigo de Monterrey. Es el 31 de agosto de 1826:

    «Nos hallamos en una crisis tremenda: las tropas se acuartelan todas las noches, el Palacio se llena de caballería y las guardias se doblan. Es largo de referir el origen, pero es preciso para entender las consecuencias.»

    ¿Cuál es el origen de aquella crisis pavorosa? Refiérelo fray Servando:

    «Algunos oficiales del virrey O'Donojú introdujeron aquí, y se propagó por todo el país, la masonería del rito de Escocia, y sus logias nos ayudaron infinito para derribar a Iturbide y establecer la República; pero no se hacían sentir nada.

    En esto vino de ministro de los Estados Unidos del Norte el genio del mal Mr. Poinsett, que con sus intrigas había causado mil trastornos y males en las Repúblicas del Sur. Este mal hombre, para dividirnos y entretenernos mientras sus paisanos se fortifican en sus usurpaciones de nuestras fronteras, sugirió que era necesario crear logias de francmasones del rito de York, su patria —a cuya gran logia estuviesen sujetas las nuestras—, para dirigir al presidente de nuestra República (don Guadalupe Victoria), que, aunque ciertamente hombre bueno, no nació para gobernar.

    El que lo gobierna, su Godoy, que es el inmoral, ambicioso e inepto ministro de Hacienda, Esteva, fué nombrado gran maestre; vicepresidente, Zavala (hoy lo es Herrera, el que fué ministro de Iturbide); primer orador, nuestro intrigante «Chato» (Ramos Arizpe); segundo gran orador, el necio, revoltoso y vicioso senador Alpuche. Entró también Poinsett, en cuya casa se instaló la gran logia, y metieron al ignorante y vicioso general Guerrero»

    Se deja, naturalmente, a cargo de fray Servando todos los epítetos que salpica sobre conocidos personajes de la Historia mexicana.

    También en la misma misiva el fray señala el edificante espectáculo de las elecciones que manejaron las logias fundadas por Poinsett para estimular la pretendida democracia:

    «Horroriza lo que el domingo de las elecciones pasó en México, para sólo dos diputados que toca elegir al Distrito Federal. Desde las cinco de la mañana se apoderaron los yorkinos de las casillas de las diferentes parroquias donde debía votarse, y se nombraron a sí mismos secretarios y escrutadores. Una nube de yorkinos, de léperos cosechados y de soldados armados cubrían las avenidas. Nadie podía llegar a votar sin enseñarles la lista que traía: si no era la yorkina, se la compraban y le daban la suya; si se resistía, le llenaban de injurias, de palos y aun de heridas»

    Y ahora vamos a su lecho de muerte, en la estancia que ocupa en el Palacio Nacional.

    Previamente, con singularidad muy suya, ha salido en persona el doctor Mier a invitar para su Viático; se lo trae, con gran cortejo y aparato cívicorreligioso, nada menos que su perpetuo amigo ν enemigo Ramos Arizpe, ministro de Dios y ministro del Estado. Antes de recibir a Nuestro Señor, fray Servando pronuncia un discurso, en que quiere vindicarse de que se le haya tenido por hereje, por masón, por antiguadalupano. Es el 16 de noviembre de 1827. Un testigo presencial narra así lo que nos incumbe:

    «Concluyó protestando que no decía misa porque su diestra mano, que mostraba al público, la tenía despedazada por servir a su cara Patria. Que no estaba en el claustro porque se secularizó estando en Roma... Que él no predicó contra la aparición de Guadalupe...

    «Que no es escocés ni yorkino, porque, al fin, son partidos, y según enseñan la historia de las naciones y una dilatada experiencia, son la vanguardia de la ruina de las sociedades. Que éste era acaso el principal, si no el único motivo, de la persecución que les han declarado la Iglesia y los Gobiernos civiles; pero que él se abstenía de calificarlos impíos.» (Comunicado a El Sol, publicado en su número 1.640, y suscrito el 24 de noviembre de 1827 por «Un payo de Nuevo León», que se muestra fervoroso

    admirador de fray Servando, a quien llama «el divino Mier».)

    Por su parte, el esclarecido contemporáneo don José María Tornel y Mendívil nos informa que fray Servando, al recibir los últimos Sacramentos con grande solemnidad, «la aprovechó para exhortar a los mejicanos a que abandonaran las sectas masónicas, que conocía perfectamente por haber pertenecido en España a ellas. Invectivó especialmente a los yorkinos, que solían convertirlo en objeto de sus burlas». (Reseña histórica, pág. 191.)

    En suma. Tenemos el dato caliente y vivo de lo que en Méjico fueron en política las sociedades secretas, origen del turbio proceso que desemboca en la crisis que, en 1826, describe fray Servando. Y tenemos, en su lecho de muerte, la exhortación definitiva para que los mejicanos abandonen las logias, porque «según enseñan la historia de las naciones y una dilatada experiencia, son la vanguardia de la ruina de las sociedades».

    Redacción y fuentes extraídas de la obra del escritor mexicano Alfonso Junco, titulada “El increíble fray Servando: psicología y epistolario” de 1959,









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    Re: Mexico no es bicentenario

    José Domingo Rus (a la derecha de la imagen) fue un político y abogado nativo de la Capitanía General de Venezuela, representante de la provincia de Maracaibo ante las Cortes Generales y Extraordinarias de la monarquía española y, como tal, firmante de la Constitución de Cádiz en 1812. Desciende de una de las más influyentes y encumbradas familias de la sociedad colonial marabina, Rus fue designado oidor de la Real Audiencia de Guadalajara en México, investidura que no asumirá hasta 1817.

    En 1821, todavía oidor de la Audiencia de Guadalajara, se le elige para integrar la Junta de Gobierno prevista en el Plan de Iguala, documento fundador de la Independencia de México, participó en las negociaciones que resultaron en los Tratados de Córdoba, llegando a eventualmente formar parte de la Junta Provisional Gubernativa que rigió en México hasta el establecimiento del Primer Imperio Mexicano. Esta fue la misma Junta que en la tarde del 28 de septiembre de 1821, se reunió en el Palacio Nacional para redactar el Acta de Independencia del Imperio Mexicano; acta que fue subsecuentemente firmada por 33 de los 38 miembros, una de las firmas ausentes siendo la de José Domingo Rus que se cree se había retirado a su hacienda en Toluca por razones de salud. Las otras cuatro firmas ausentes fueron las de los miembros Juan O'Donoju, Francisco Severo Maldonado, José Mariano de Almanza y Miguel Sánchez Enciso. A partir de la proclamación de la República Federal en 1823, Don José concentró sus esfuerzos alrededor de la creación del Tribunal Supremo de Justicia o Suprema Corte de Justicia de la Nación, máximo tribunal constitucional de México y cabeza del poder judicial de la joven Federación, que entró en función en marzo de 1825. En esta capacidad sirvió hasta el año en que se retiró, 1830, habiendo alcanzado el cargo de presidente de ese tribunal supremo al final de una vida de más de treinta años de abnegado servicio público.

    El eminente historiador Lucas Alamán señalaba el aprecio de Agustin de Iturbide por el oriundo de Maracaibo:

    “D. José Domingo Rus, que después fue nombrado oidor de Guadalajara en Nueva España, de quien Iturbide hizo mucho aprecio, y que murió siendo ministro del tribunal supremo del estado de Méjico” (1)

    (1)Lucas Alamán, “Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808” Parte Primera, tomo III (1850); nota 61, pág. 100 Ver menos








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    Re: Mexico no es bicentenario

    Durante la Guerra de Independencia, las bajas fueron terribles para ambos bandos. Por ejemplo, en la emboscada en que se capturó a los principales líderes insurgentes en Acatita de Baján, en marzo de 1811, sucumbió uno de los hijos de Allende, Indalecio.





    OBRA DE PRIMITIVO MIRANDA, CAPTURA DE ALLENDE, 1870, LITOGRAFÍA





    OBRA ANÓNIMA, BATALLA DEL MONTE DE LAS CRUCES, SIGLO XIX, LITOGRAFÍA. MUSEO CASA DE HIDALGO, INAH.MX



    ¿Hay buenos y malos en una guerra?

    La violencia y el terror que se vivieron en la Independencia de México

    Marco Antonio Landavazo




    En la toma de la Alhóndiga de Granaditas, en septiembre de 1810, se conjuntaron casi todas las expresiones de la violencia insurgente: asedio y toma de la ciudad de Guanajuato, masacre de gachupines y criollos, robo y pillaje.


    Violencia rebelde

    Los insurgentes, en circunstancias y por razones concretas que merecen mayor detenimiento, ejecutaron prisioneros, sobre todo españoles europeos, con base en fundamentos jurídicos, políticos y éticos dudosos, o sin fundamento alguno; utilizaron en ocasiones la tortura corporal o psicológica como arma de guerra; saquearon y robaron; atacaron y destruyeron muchos pueblos y villas poco afectos a la rebelión.

    En muchas ocasiones, los distintos actos de violencia rebelde se producían de manera aislada, pero a menudo formaban parte de un conjunto de acciones articuladas: si un pueblo o villa o ciudad era atacado con éxito, los europeos eran hechos prisioneros, a veces pasados por las armas, y sus bienes eran saqueados o destruidos, aparte de que, en ocasiones, más bien las menos, la localidad era destruida. La toma de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, primer y emblemático episodio de la rebelión acaecido el 28 de septiembre de 1810, ilustra muy bien la saga de la violencia rebelde, pues en ella estuvieron contenidas casi todas sus expresiones: asedio y toma de la ciudad, masacre de gachupines y criollos, robo y pillaje.

    Los grupos y partidas insurgentes, sobre todo después de adoptar la estrategia de guerra de guerrillas a partir de 1812, se dieron a la tarea de atacar y hostilizar pueblos y villas para hacerse de recursos o como represalia cuando no encontraban disposición para apoyar la causa rebelde.

    El saqueo y el pillaje, por otro lado, fueron fenómenos cargados de valores y significados diversos: detrás de ellos se ocultaban actitudes criminales, al mismo tiempo que actos de reivindicación social, pero también la necesidad de allegarse recursos para financiar la guerra y prácticas que bien podríamos asociar al clientelismo. Por lo demás, los líderes rebeldes diseñaron una directriz clara para el autofinanciamiento basado en el despojo. Así parece colegirse, sea por poner un caso, del documento atribuido a José María Morelos titulado “Medidas políticas que deben tomar los jefes de los ejércitos americanos para lograr su fin por medios llanos y seguros, evitando la efusión de sangre de una y otra parte”, que en su artículo inicial postulaba que la primera diligencia que debían practicar los jefes rebeldes, luego de ocupar cualquier población, era la de levantar un censo de los ricos “para despojarlos en el momento de todo el dinero y bienes raíces o muebles que tengan”; luego, la mitad de lo despojado debía ser repartido a los vecinos pobres con el propósito de “captarse la voluntad del mayor número”, y la otra mitad debía destinarse a “los fondos de la caja militar”.

    Tenemos, en efecto, testimonios de saqueos en los cuales se repartían, entre individuos del pueblo, algo de lo robado, lo cual ha dado lugar a que algunos historiadores hablen de una suerte de variante primitiva de la justicia social. Pero hubo también actos que no respondían a móviles como esos, sino simplemente al de apropiarse de lo ajeno con fines de beneficio personal, amparados en la vorágine de la insurrección. Un caso ejemplar es el de Albino García, que asoló la región del Bajío hasta su muerte, en junio de 1812, y a quien los propios líderes insurgentes acusaron de ladrón. La Suprema Junta Nacional Gubernativa de América –el órgano de gobierno creado en Zitácuaro en agosto de 1811–, en un bando firmado en Sultepec (en el actual Estado de México) en marzo de 1812, se quejaba de García por su “crueldad, embriaguez, lascivia, latrocinios, escándalos y despotismo”.

    Otras formas de terrorismo que la insurgencia llevó a cabo incluyeron la destrucción de localidades consideradas realistas. Elocuente es al respecto una orden del gobierno rebelde instalado en Uruapan, en noviembre de 1814, que mandaba –después de pasar por las armas “a todo militar” que se hiciese prisionero y “entrando a degüello en los expresados pueblos”– “arrasarse, destruirse e incendiarse” las plazas enemigas, “de modo tal que ni aun para habitaciones” quedasen útiles. Durante los primeros cinco años de guerra, varias decenas de localidades de gran parte del centro del país fueron atacadas, saqueadas y destruidas por tropas insurgentes, lo que muestra que aquella orden era un ejemplo de una práctica extendida.

    Los asesinatos y ejecuciones fueron una de las expresiones más terribles de la violencia insurgente, sobre todo los que se cometieron en contra de españoles europeos. Los casos más sonados fueron sin duda los ocurridos en algunas de las principales ciudades del virreinato, como Valladolid (actual Morelia), San Luis Potosí y Guadalajara, o la que ocurrió en Zacatula (Guerrero). Ejecuciones estas que tuvieron otra característica común: fueron ordenadas por sacerdotes, todos ellos del obispado de Michoacán –Miguel Hidalgo, José María Morelos y Luis Herrera–, lo cual confiere al asunto, en estos casos por lo menos, una evidente dimensión religiosa.

    El asesinato y la ejecución de peninsulares fueron una expresión de la violencia rebelde tan compleja que admite a su vez una caracterización, en función de sus fines, objetos, medios, participantes, formas e intensidad. Por ello podría postularse una distinción entre la vía tumultuaria del gachupinicidio y la ejecución organizada de peninsulares. Mientras que la primera tendía a poseer un carácter más o menos espontáneo y su protagonista era la multitud, la segunda resultaba de una orden expresa de los líderes rebeldes.

    Son diferentes entre sí, en efecto, la matanza de Granaditas (hecha a plena luz del día y llevada a cabo por una muchedumbre enardecida) de las ejecuciones ordenadas por Hidalgo en Valladolid y Guadalajara (efectuadas en la madrugada, en parajes alejados, sin mediar juicio alguno y a partir de la decisión exclusiva del cura); como diferentes son estas de las más de doscientas ejecuciones ordenadas por Morelos en Tecpan y Zacatula, en febrero de 1814, tras la conocida derrota rebelde en Puruarán (Michoacán), la posterior captura de Mariano Matamoros, la propuesta de canje que hizo Morelos, la negativa del virrey y finalmente el fusilamiento de Matamoros, pues en esa decisión el líder rebelde pidió autorización al Congreso de Chilpancingo, buscando de esa forma legitimar una decisión difícil y terrible de suyo.


    Violencia realista

    Desde luego que el ejército realista aportó también su cuota sangrienta a este catálogo de los horrores: la destrucción de pueblos y villas considerados rebeldes o por lo menos simpatizantes de la insurgencia, la ejecución de prisioneros sin juicio previo o tras dudosos juicios sumarios, castigos diversos de extrema crueldad, y hasta el robo y pillaje que pensaríamos exclusivos de los guerrilleros.

    El sentido y las razones de la violencia represiva eran diferentes, pues ahí entraban en juego, por lo general, otras nociones y valores: el orden, la estabilidad, el castigo, la corrección. El castigo y la represión realistas no eran entonces simples actos de justicia, sino que portaban un mensaje a los rebeldes, sus simpatizantes y al resto de la población: participar o apoyar siquiera a la insurgencia podría acarrear consecuencias gravísimas. Por poner un ejemplo, en la lista de las sentencias pronunciadas por el Consejo de Guerra establecido en Guadalajara en 1811 por el general José de la Cruz, se consigna en el apartado de los sentenciados a la horca que los cuerpos de los reos ejecutados habían sido colgados a la entrada de los pueblos “para escarmiento general”.

    El gobierno virreinal y las tropas del rey de España pusieron la administración de la justicia al servicio de la represión militar. Ello se advierte en la intensa labor de los Consejos de Guerra y en la sala del crimen de las Audiencias de México y Guadalajara, así como en la febril actividad de la Junta de Seguridad y Buen Orden, creada en 1809 por el arzobispo-virrey Francisco Javier de Lizana y Beaumont, que juzgó miles de insurgentes; pero sobre todo en la superposición de la jurisdicción militar ante la eclesiástica en los juicios seguidos a algunos de los líderes principales de la rebelión que eran también sacerdotes, o en la decisión del virrey Francisco Xavier Venegas de publicar el famoso bando del 25 de junio de 1812 que lastimó la inmunidad de los eclesiásticos alzados. Se advierte finalmente en el hecho de que varios jefes militares, soslayando preceptos básicos del derecho de gentes, ajusticiaron a cientos de rebeldes en juicios, más que sumarios, sumarísimos, y a veces sin juicio previo, así fuese sumario.

    La manera en que el ejército condujo las tareas contrainsurgentes muestra la voluntad de exterminio que se desplegó en los cuerpos y en los pueblos rebeldes. En numerosas ocasiones, los jefes militares dejaron los cuerpos inertes en la horca instalada en las plazas públicas, o colgados de alguna manera en la entrada del pueblo, o en los árboles de los caminos. Pero a veces el “espectáculo” podía ser más dramático; por ejemplo, cuando se decidía descuartizar los cadáveres y exhibir sus partes, como se hizo, en el caso más conocido, con Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Ximénez, cuyas cabezas fueron enviadas a Guanajuato y expuestas en jaulas en las esquinas de la Alhóndiga. Muchos otros insurgentes presos fueron ejecutados, sus cuerpos descuartizados o arrastrados por caballos, o decapitados: José Antonio Torres, Benedicto López, Domingo Pastrana, Hermenegildo Galeana, Pedro Moreno, Juan Olvera, Sebastián García, Dionisio Ramírez, José María Cristalinas.

    Con los pueblos se actuó de la misma manera. El citado comandante José de la Cruz, en una proclama de enero de 1811, amenazaba con incendiar y exterminar aquellos pueblos que, una vez indultados, volviesen a rebelarse. De hecho, el ejército realista, entre 1811 y 1813, atacó por lo menos 160 villas, pueblos, ranchos y haciendas de las intendencias de Guanajuato, San Luis Potosí, México, Guadalajara, Zacatecas y Valladolid. En algunas localidades se realizaron ejecuciones selectivas, como en La Barca y Colima, La Piedad, Pénjamo, Acatlán, Atlixco y Sultepec; otras fueron tan solo ocupadas, como Zapotlán, Juchipila, Zamora, Jiquilpan, Salamanca o Ixmiquilpan. Pero en algunos casos se arrasó con la localidad entera, como ocurrió en Zitácuaro, Santa María, San Andrés, San Mateo, San Bernabé, San Francisco, San Juan, Timbineo y San Miguel, en la intendencia de Valladolid; o Tenango, Nopala, Los Remedios y Orizaba, en la de México.




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    https://relatosehistorias.mx/nuestra...-en-una-guerra

  6. #286
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    Re: Mexico no es bicentenario

    El dragón de hierro.

    LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO / Catón

    en EL NORTE

    (22 Mar. 2021).-



    Lo sucedido en la batalla de Monte de las Cruces sirvió a Iturbide para darse cuenta del abismo que separaba a criollos y peninsulares. Conoció de seguro la burlona copla que alguien escribió en la pared frontal del palacio virreinal. El comandante realista Bringas, español, muerto en la batalla, había sido sepultado con honores de héroe en una impresionante ceremonia. En cambio, los infelices soldados mexicanos que perecieron en la lucha contra los insurgentes fueron prácticamente echados en la fosa común. El anónimo epigramista comentó:

    "¿Bringas era gachupín? Su entierro fue un San Quintín. ¿N. era americano? Su entierro fue liso y llano".

    Por el valor que demostró en combate Iturbide fue premiado por el virrey con el grado de capitán, y quedó bajo las órdenes de un buen jefe realista, el coronel Diego García Conde. Hombre muy digno era éste, con algo de artista, pues componía canciones. Otras cosas se le deben a más de canciones: levantó, lo dije antes, uno de los mejores planos que se conocen de la Ciudad de México, y cuando se consumó la independencia, y él se nacionalizó mexicano, fundó la Academia de Cadetes, antecedente del Heroico Colegio Militar. En Monte de las Cruces don Diego cayó prisionero de las fuerzas de Hidalgo. "... Durante la acción -relató después- nos tenían a los prisioneros en medio de los cajones de pólvora, para volarnos en caso necesario. Venía con frecuencia el general (insurgente) Balleza, dando voces: '¡Viva la Virgen de Guadalupe!'. Yo las repetía, quitándome el sombrero. Luego añadía él: '¡Mueran los gachupines!'. Y yo le respondía: 'Eso no digo yo'...".

    Un difícil encargo dio García Conde a Iturbide: poner coto a las desmesuras de Albino García, llamado "El Manco", temible guerrillero que suplía la falta de un brazo con sobra de audacia y de valor. No reconocía "El Manco" más ley que la que imponía con su única mano. Cuando recibió órdenes de la jefatura insurgente de someterse a "Su Alteza, la Junta de Zitácuaro", él respondió:

    -Yo no conozco más juntas que la de dos ríos, ni más altezas que las de los cerros.

    Por el Bajío andaba muy levantado "El Manco" García, y contra él fue Iturbide llevando apenas 150 hombres. La orden de combatir al guerrillero la recibió a las 6 de la tarde del 3 de junio de 1812. A las 2 de la mañana del día 4 ya había llegado a Valle de Santiago, donde "El Manco" había ido a entrevistarse con su hermano Pancho.

    Dormidos estaban los insurgentes cuando Iturbide entró al poblado a todo galope. Sabedor de la casa donde estaban los dos hermanos García, Iturbide se plantó frente a ella y comenzó a gritar órdenes a fuerzas imaginarias:

    -¡Los cañones en las bocacalles! ¡Los granaderos de la Corona, aquí en la plaza! ¡El Batallón Mixto y el de Puebla, a rodear las casas!

    Albino García se rindió casi sin combatir. Muchos hombres pasaron del frágil sueño de la vida al de la muerte sin final. Los que despertaron se volvieron a dormir una hora después, fusilados por el implacable Iturbide. Sólo en eso se entretuvo Agustín. Volvió a montar, y después de cabalgar 21 horas seguidas sin ningún descanso llegó a Celaya al atardecer del 5 de junio y entregó al boquiabierto García Conde a su prisionero, el famoso y hasta entonces invicto "Manco". Un día después, tras ordenar que "el bandolero" Albino García fuera fusilado, que se le cortara la cabeza y la mano para exhibirlas como escarmiento a revoltosos, don Diego ascendió a Iturbide. Inauguró muy bien su nuevo grado el ahora flamante teniente coronel. Cuando iba con su jefe de regreso a México, se toparon con una partida de 500 insurgentes. No necesitó Agustín más que 90 hombres para derrotarlos. Ochenta rebeldes mató, y puso en fuga a los demás no sin antes quitarles los cañones y las banderas. Al hacerlo ni siquiera se despeinó: fue a esa escaramuza como ir a un día de campo. Dicen quienes aquel día lo vieron combatir que no dejaba de reír al tirar tajos y mandobles, y que parecía estar jugando mientras mandaba a sus rivales al otro mundo. Semejaba un mosquetero de película. Ya para entonces sus soldados, que comenzaban a admirarlo con pasión rayana en el fanatismo, lo apodaban "El Dragón de Hierro".



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  7. #287
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    Re: Mexico no es bicentenario

    "¡No importa que sea Viernes Santo!"

    LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO / Catón

    en MURAL

    (23 Mar. 2021).-



    Su victoria sobre Albino "El Manco" García puso a Iturbide en los cuernos de la luna. En los cafés, tertulias y cotilleos no se hablaba de otra cosa más que de aquel joven oficial prodigio de destreza y de valor que estaba "en la flor de la edad, de aventajada presencia, modales cultos y agradables, hablar grato e insinuante". Todos esos piropos dijo de Iturbide don Lucas Alamán, que lo conoció muy bien, pues en ese tiempo el futuro emperador visitaba mucho la casa que en México tenía don Lucas, y su intimidad con la familia de éste era tanta que a la madre de Alamán solía Iturbide llamarla "mamita".

    Se comentaba en todas partes la ingeniosísima manera que tuvo Iturbide de capturar al "Manco": llegó a Valle de Santiago fingiendo ser Pedro, hermano del bandolero, con lo que obtuvo el santo y seña para entrar a la ciudad sin ser estorbado por los centinelas; puso hombres en la azotea de la casa donde dormía Albino, que despertó espantado a los gritos que Iturbide daba a inexistentes cuerpos del ejército. Se comentaba con admiración la forma cómo hizo fusilar de inmediato a los hombres del guerrillero, y muy especialmente a los miembros de su guardia personal, de todos los cuales era compadre Albino. Finalmente la gente se hacía lenguas de la admirable piedad cristiana y religioso celo católico de don Agustín de Iturbide, pues se conoció el texto del parte que dirigió a García Conde:

    "... El dolor de la muerte del granadero Avilés, a pesar de que fue la única desgracia, no obstante la poca luz que prestaba la luna y la atención de tantos puntos, y la precisión de hacer morir sin auxilios cristianos a tantos miserables, lo que sólo puede mandarse en casos igualmente estrechos, han contristado terriblemente mi espíritu, sin embargo de la satisfacción de un golpe tan afortunado por la utilidad pública, y particularmente por la del bajío...". Muy católico cristiano era Iturbide, pero si los ordenamientos de la santa religión se oponían a sus propósitos los hacía a un lado con muy gentil desprecio. En cierta ocasión el capellán que iba con su ejército le pidió no combatir aquel día, porque era Viernes Santo. Iturbide se le rió en las barbas y le dijo que precisamente quería santificar el día enviando al otro mundo a algunos herejes insurgentes.

    El mayor orgullo que halagaba a Iturbide es que todos los hombres con que había vencido a Albino García eran mexicanos. Escribió a ese respecto: "Para quitar la impresión que en algunos estúpidos y sin educación existe, de que nuestra guerra es de europeos contra americanos y de éstos contra los otros, digo que en esta ocasión ha dado la casualidad de que todos cuantos concurrieron a ella han sido americanos... Nuestra guerra es de buenos contra malos; de fieles contra insurgentes; de cristianos contra libertinos...".

    Se elogiaba también la conducta de García Conde en relación con el famoso manco. En esta ocasión el militar realista hizo a un lado su pundonor de soldado español y zahirió a su prisionero con crueles burlas. Le formó una valla de mojiganga para recibirlo en Celaya junto a su hermano, "él brigadier Panchito", y luego lo denostó con tremendas injurias y lo escarneció en un discurso que dirigió al populacho desde el mismo balcón desde el cual Hidalgo había hablado al pueblo al llegar victorioso a esa ciudad. Después puso al cautivo en una celda, y ahí le rindió ridículos homenajes de general. "Siento no haber podido hacer esta burla con más solemnidad", dijo García Conde al virrey en el informe que le rindió. Todo ese ludibrio lo soportó tranquilo Albino García, que por la noche escribió una hermosa carta a sus padres pidiéndoles perdón por no haber seguido nunca sus consejos. Murió fusilado a los tres días. Al cadáver se le cortaron las manos: la que tenía impedida se envió a Guanajuato, la otra a Celaya. La cabeza quedó en Celaya públicamente expuesta como escarmiento. Al triunfo de la independencia el famosísimo arquitecto celayense don Francisco Eduardo Tresguerras colocó el pelado cráneo sobre un pedestal en cuya base inscribió un soneto. Si como arquitecto era genial Tresguerras, como poeta era pésimo, para emplear un adjetivo módico. El tal soneto era más horrible que la calavera a la que servía de epígrafe. Por fortuna al paso del tiempo el pedestal cayó, y del soneto no quedó ni huella, para bien de las letras universales.




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  8. #288
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    Re: Mexico no es bicentenario

    10 de octubre de 2021

    200 AÑOS DE UN FRACASO





    Hace apenas dos días, el 27 de septiembre de 2021, se conmemoraron los doscientos años de la llamada Consumación de la Independencia de México; de igual manera, otros países de Hispanoamérica han cumplido ese bicentenario entre las dos últimas dos décadas, aunque todavía faltan tres años para que se festeje la Batalla de Ayacucho, misma que se considera la que puso fin a la lucha independentista en Sudamérica, y en México aún tuvo una coda en 1825 con la toma del fuerte de San Juan de Ulúa, que continuaba siendo una base militar ibérica y la derrota en 1829, en Tampico, Tamaulipas, de la expedición del Brigadier Isidro Barradas que pretendía recuperar la Nueva España para Fernando VII, más por los mosquitos y la malaria que por las armas de Santa Anna.

    Con esos acontecimientos terminó un larguísimo proceso que inició en 1808 con la Invasión Napoleónica a España y la renuncia sucesiva de Carlos IV y el mencionado Fernando al trono, que terminó en manos del hermano mayor de Bonaparte: José, quien nunca pudo consolidar su trono, ante el alzamiento popular español en su contra y la posterior entrada de tropas británicas bajo el mando del Duque de Wellington, que abrieron un frente occidental para el Corso, quien ya había comenzado a ver declinar su estrella a partir de la derrota de sus fuerzas en Bailén.

    Ya en 2010, cuando se festejó con bombo y platillo, de manera un tanto fallida, por el gobierno del entonces Presidente Felipe Calderón, el llamado Bicentenario de la Independencia, en este espacio hablé acerca de la Independencia; a diferencia de lo ocurrido en Sudamérica, o incluso en EUA, en la Nueva España no hubo un movimiento organizado y que contara con el apoyo, en buena medida, unificado de parte de las élites del Virreinato. Cuando, en 1808 se intentó hacer algo similar, por parte del Ayuntamiento de la Ciudad de México y el Virrey Itirrugaray, éste fue derribado del poder y los principales instigadores, como el Síndico Francisco Primo de Verdad, eliminados. Lo que vino, a partir de 1810 fueron una serie de movimientos sucesivos, y aquí, tras once años, he de reconocer que algunos de esos posts fueron un tanto equivocados, pues he podido leer en línea algunas investigaciones históricas y documentos de la época sobre los movimientos de Hidalgo y Morelos, ninguno de los cuales, en realidad, significó un verdadero peligro para la Corona Española.

    Hidalgo se lanzó a la rebelión por un malentendido; realmente, él y sus compañeros como los militares y terratenientes Ignacio Allende o Juan Aldama, representaban a una parte de la aristocracia criolla, descendiente de los primeros conquistadores y colonizadores que habían visto afectados sus privilegios y la gran autonomía económica y política con la que habían contado durante los siglos XVI y XVII, bajo el gobierno de los Habsburgo españoles, como las encomiendas, repartimientos y bajos impuestos, así como la oportunidad de ejercer y comprar cargos públicos y títulos nobiliarios, o incluso, como algunos señalan, el beneficiarse con el contrabando y la piratería provocadas por el monopolio y las restricciones del comercio con las otras potencias europeas; lo cual, al llegar la Casa de Borbón al trono de San Fernando, se terminó, ante una mayor centralización y control del poder por el monarca y la designación de Intendentes que respondían directamente ante Madrid y no ante el Virrey, y sobre todo, el incremento de la presión fiscal sobre las clases más altas de los territorios americanos, a fin de financiar el resurgimiento español impulsado por Felipe V, Fernando VI y Carlos III, no por amor a España, mismo que los Borbón nunca han tenido, sino por sus ambiciones dinásticas y apuntalar el poderío de sus primos parisinos.

    Sin embargo, estos criollos aristocráticos se levantaron en contra de la invasión francesa y el temor de que los Liberales Afrancesados que conformaban las Juntas de Regencia que, a nombre de Fernando VII, ejercieron el gobierno en España, terminasen por rendirse ante Napoleón, con el que, ideológicamente, presuntamente tendrían afinidades --por ahí tengo pendiente escribir algo sobre Napoleón, de quien se cumplieron igualmente 200 años de su fallecimiento-- A diferencia de lo ocurrido en Sudamérica, los movimientos insurgentes, es decir, rebeldes, de Hidalgo y luego de Morelos, si bien éste tomaría algunas ideas derivadas de ello, como lo de formar un Congreso y una Constitución, eran anti-liberales y profundamente conservadores; incluso es de observarse que de los últimos virreyes, sólo Felix María Calleja se podría haber calificado de conservador y favorable al absolutismo borbónico (y aún así aceptó someterse al régimen constitucional cuando la Carta de Cádiz entró en vigor, sin pretender rebelión alguna en contra); porque tanto Francisco Xavier Venegas, como Juan Ruiz de Apodaca y el ya no Virrey, sino Jefe Superior Político de la Provincia de México: Juan O'Donojú, eran liberales, y debieron sus cargos a esas Juntas y a las Cortes constituyentes de Cádiz.
    Sin embargo, y como dije, ni el movimiento de Hidalgo, ni el de Morelos pudo vencer al régimen imperial español: el de Hidalgo fue un movimiento desordenado, carente de objetivos claros y que impulsó a una horda de saqueadores fuera de control a cometer una orgía de crímenes; la falta de disciplina, de organización, de armamento y de pericia militar de parte de sus líderes terminó por llevarlo a ser aplastado, de manera rápida y hasta cierto punto, fácil, por el ejército virreinal encabezado por Calleja.

    El movimiento de Morelos, fue completamente distinto al de Hidalgo pese a su discurso de continuidad, si bien más organizado, ya que intentó continuar con la línea marcada por Ignacio López Rayón, éste sí un criollo empapado de las ideas de la Ilustración, de darle un sustento jurídico al alzamiento, y organizar ya una especie de gobierno independiente, no fue, sin embargo, más que un experimento que en realidad no logró impulsar a mucha parte de la población en su favor; en su momento culminante, Morelos no pudo extender su lucha más allá del sur del Virreinato y sólo encabezó a un ejército no mayor a tres mil efectivos, que además, se encontraban repartidos bajo su mando directo y el de sus lugartenientes como Nicolás Bravo, Hermenegildo y Pablo Galeana o Mariano Matamoros, Guadalupe Victoria, Juan Álvarez y Vicente Guerrero, de donde cada uno de estos dirigía una partida conformada por unas cuantas decenas, o a veces centenas, de hombres. Su Congreso de Anáhuac, lo mismo que la anterior Junta de Zitácuaro formada por Rayón, no representaba a nadie más que al propio caudillo, con diputados electos por él y a quienes les había impuesto los puntos sobre los que tenían que jugar a legislar, con los Sentimientos de la Nación, de donde emergió el Decreto Constitucional para la América Mexicana, que nunca tuvo vigencia real, además de ser muy deficiente e impracticable, y que tácitamente ya contemplaba la interesada cesión de los codiciados territorios del norte a EUA a cambio de su apoyo.

    Además, lejos de la imagen de genio militar que la Historia Oficial ha construido sobre el sacerdote michoacano, la realidad es que Morelos sólo realizaba ataques guerrilleros que perjudicaban al comercio, las haciendas agrícolas y la industria antes que lograr objetivos políticos, y nunca pudo controlar con firmeza un territorio definido y por tiempo prolongado; tomaba pueblos y ciudades debido más al pequeño tamaño del ejército realista y la imposibilidad de que éste pudiese igualmente ocupar permanentemente un gran territorio, siendo más bien una fuerza móvil, que a verdaderos triunfos contra las armas hispanas, y quizá salvo el sitio de Cuautla, las acciones militares que sostuvieron ambas fuerzas se parecieron más a operativos policiacos dirigidos por las tropas del rey contra gavillas de guerrilleros o asaltantes sediciosos, casi como actualmente contra los carteles criminales, que a verdaderas batallas. De esta manera, Calleja, ya convertido en Virrey, sólo tuvo que esperar a que las fuerzas de Morelos se agotaran, perdieran el apoyo que podían tener de la población local y aún de algunos miembros de las élites (como el Obispo de Oaxaca Antonio Bergosa, que simpatizó con Morelos y por ello fue castigado por Calleja, obligándolo a practicarle la degradación sacerdotal, lo que hizo bañado en lágrimas) , dada la nefasta actuación de sus tropas, que arruinaban numerosas fuentes de riqueza y ejercían el bandidaje, la extorsión y el cobro de "impuestos revolucionarios" con lo que ya después pudo ir cazando a sus subalternos para finalmente lanzarse contra él en lo particular.

    Tan débil era la Insurgencia que a la captura y ejecución de Morelos el movimiento prácticamente se extinguió, ninguno de los caudillos que surgieron en el periodo, o se mantuvieron en la lucha, tuvo la capacidad de hacerlo renacer y derribar el régimen virreinal o constitucional español; ni siquiera Francisco Xavier Mina, agente de la Masonería Británica, misma que impulsó en el sur los alzamientos de Bolívar o San Martín, y su expedición de mercenarios pudo lograr gran cosa; rápidamente fue capturado y eliminado tras unas pequeñas victorias sin importancia motivadas por la sorpresa de su aparición. Los demás, o se acogieron al indulto, como Rayón, o permanecieron fugitivos, como Victoria, o se encerraron en rincones inaccesibles donde era difícil que fuesen reducidos, y su acción patriótica reducida a atacar el comercio, como en el caso de Guerrero.

    Por ello, la independencia sólo pudo venir de los únicos que podía asegurar un rompimiento con España: el propio ejército realista y las élites que decidieron que la Constitución Española de Cádiz representaba un peligro para sus intereses, y designando como encargado de tal empresa al Coronel Agustín de Iturbide, quien se había distinguido en la campaña contra Morelos y era el militar realista más popular, así como uno de los más capaces, y también... había sido acusado en repetidas ocasiones de corrupción.

    Se ha dicho que por tanto, el definitivo y verdadero movimiento por la Independencia, que encabezó el conocido como Dragón de Hierro, tenía un carácter netamente conservador, sin embargo, resulta un tanto contradictorio con esta visión que el Plan de Iguala, documento en el que se plasmaron las bases para lograr la separación de España plantease el establecimiento de un régimen monárquico-constitucional, mismo que era rechazado por Fernando VII, a quien sin embargo, se planteaba el invitar a reinar como Emperador de México --país al que se oficializaba llamar así, pese a ser éste sólo el nombre de una ciudad, la hasta entonces capital de la Provincia de México según el régimen constitucional y anterior asiento del Virreinato, -- siendo evidente que el Borbón rechazaría la oferta.

    Lo interesante del Plan ideado por Iturbide, y probablemente por el grupo que conspiró en la Iglesia de la Profesa, es que apelaba a unir a toda la sociedad novohispana, sin importar su lugar de nacimiento o su origen étnico; en ese sentido, el proyecto planteado apelaba a contentar a todos: ofrecía una continuidad con el sistema monárquico de España con un Imperio, manteniendo además el carácter Católico como una de las tres garantías para lograr la independencia, pero a la vez, se abría al régimen constitucional y parlamentario para contentar a los liberales y a los antiguos Insurgentes, quienes, como hemos dicho, tampoco eran tan "liberales" en sentido estricto, en realidad eran parte de la misma elite, sólo que los que hasta el momento habían defendido la monarquía hispánica no habían tenido una amenaza tan real al orden de cosas como hasta 1820 en que se da el golpe de Estado por el General Rafael del Riego, actuando bajo los influjos de la masonería, controlada a su vez, desde Londres, recordemos que Inglaterra estaba consolidándose como la nueva potencia hegemónica tras haber derrotado a Napoleón en Waterloo, y ahora trataba de evitar un resurgimiento de España, para lo cual buscó y logró desmembrar el Imperio Español y así, evitó que el país ibérico, que hasta 1808 había estado en la liza por el predominio mundial, volviese a convertirse un rival a temer.

    En cierta forma, que Inglaterra pudiese consolidar su Imperio transoceánico durante la Era Victoriana se debió al quiebre del Imperio Español. único que podía competir con él en el dominio de los océanos.

    Pero algo que fue enormemente nocivo para las Independencias Hispanoamericanas, en contraste a la de EUA, en su momento, fue la figura de Napoleón, que fue el germen del caudillismo; las 13 colonias iniciaron su lucha mientras el corso era un infante, Washington actuó bajo el control político del Congreso, que se formó antes del inicio del movimiento, y contó con el apoyo de Francia y España, a través de LaFayette y Galvez para lograr la victoria, pero los movimientos independentistas de Hispanoamérica inician a partir de 1808, justo en el auge de la aventura de Bonaparte, razón por la cual estos movimientos pronto serían copados por personajes que se convirtieron en líderes militares y políticos de ellos, hacedores de constituciones y primeros gobernantes, eso lo podemos ver el caso de Bolívar, San Martín, O'Higgins, Hidalgo, Morelos, y por supuesto, Iturbide, y dejó escuela para muchos posteriores que buscarían todo, ser nuevos Napoleones tropicalizados. Finalmente, el Corso se convirtió en jefe de la Revolución a la que terminó traicionando, convirtiéndose en monarca con más ínfulas de aquel que había sido derrocado al iniciarse el movimiento, y éste sería un ejemplo a seguir no sólo en América, sino en otras partes: Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, Idi Amin, Bokassa, serían verdaderos discípulos de Bonaparte.

    Quizá nada pudo reflejar más esto y ser más premonitorio de lo que se veía venir en la vida del México independiente que la litografía hecha por el austriaco Ferdinand Bastin sobre la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México por la Garita de Belén, y que representa a Iturbide y el alto mando de la fuerza militar que, salvo algunas pequeños enfrentamientos militares en Durango y en Azcapotzalco, logró la Independencia prácticamente sin combate; la realidad es que, ante la deserción --porque eso fue-- de Iturbide y los principales comandantes del ejército real en la Nueva España, las autoridades españolas se dieron cuenta que ya estaba todo perdido, y habían abandonado la ciudad desde días antes al 27 de septiembre de 1821, O'Donojú ni siquiera llegó a la capital a tomar posesión de su gobierno, y firmó con Iturbide los Tratados de Córdoba, pactando la transición del poder en agosto, por lo que, en realidad, el desfile del día celebrado como la Consumación de la Independencia fue un mero acto protocolario.

    Pero volviendo a esa litografía de Bastin, veámoslo:





    Rodeando a Iturbide, se encuentran otros generales que luego tendrían una destacada participación en los acontecimientos y sobre todo, enfrentamientos por el poder hasta la llamada Reforma Liberal de 1857, se encuentran Santa Anna, Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, Anastasio Bustamante, Melchor Múzquiz, Miguel Barragán, Valentín Canalizo, Pedro Celestino Negrete, José Antonio Echávarri, Vicente Guerrero, incluso Mariano Aldama, único de los hermanos que secundaron a Hidalgo en 1810 que seguía vivo y en activo, (aunque según otros se trata de Juan, ejecutado en 1811) y a los que el dibujante agregó a otro líderes militares de la insurgencia como homenaje póstumo: Ignacio Allende, Luis de Herrera, Vicente Valencia y Leonardo Bravo; resultando curioso que no se incluyera en ese mismo sentido a Morelos o a Hidalgo, Matamoros o Galeana.

    La cuestión es, que esa pintura ilustra claramente la falsa expectativa de unidad que se dio ese 27 de septiembre de 1821, el grupo ahí representado estaba conformado por miembros de dos bandos rivales que habían luchado entre sí, a veces de manera encarnizada y que ahora se aliaban en torno a la causa de la Independencia; la realidad es que esa alianza era frágil y tan pronto como se firmó la Declaración por la Junta Superior Gubernativa, formada por los notables que habían conspirado en la Iglesia de la Profesa y por ningún Insurgente. La exclusión de estos del poder, por supuesto, los dejaría a la espera de cómo hacerse con él, lo mismo con otros comandantes realistas súbitamente encumbrados; un error de Iturbide fue, que, buscando contentar a todos, reconoció, otorgó o ascendió rangos a Insurgentes y Realistas por igual, él mismo, de Coronel se convirtió en Generalísimo-Almirante, oficiales como Santa Anna que pasaron de capitanes a generales de división, y ni qué decir de guerrilleros que actuaban más bien como salteadores como Bravo, Victoria o Guerrero, convertidos igualmente en generales. Todo esto no logró apaciguarlos, sino, por el contrario, despertó en ellos más la ambición, además de que en mucho, ello significó que el ejército mexicano durante la primera mitad del siglo XIX fuera pésimo al enfrentar guerras reales, como la separación de Texas, la Guerra de los Pasteles y la derrota definitiva ante EUA en 1848, dirigido por comandantes improvisados y que obtuvieron sus rangos y mandos, junto a jugosos salarios y prestaciones, por un compromiso político antes que por méritos reales.

    Como resultado, y contrario a lo que dice el Presidente López Obrador, ha sido la Independencia la que ha fracasado, no la Conquista ni la Colonización Española; el 27 de septiembre de 1821 se puso fin a lo que había sido una Historia de éxito: el Virreinato de la Nueva España era una de las zonas de más alto desarrollo del mundo, cuya moneda era la utilizada para el comercio internacional incluso en el Lejano Oriente. En cuestión de 30 años, bajo el gobierno de Antonio de Mendoza, Mesoamérica pasó de estar en la extraña mezcla de Antigüedad y Neolítico en la que se encontraba, para convertirse en parte integrante de la Monarquía Hispánica, inmersa en el Renacimiento, dotada de Universidades, hospitales, imprenta, puertos, caminos, ciudades desarrolladas según las plantas ideadas por genios como Da Vinci, Miguel Ángel y otros que idearon la construcción de ciudades ideales (el diseño de una plaza central, rodeada por los edificios públicos más importantes: la Catedral, sede del poder religioso y el palacio real o sede del Gobierno civil, así lo indica, y es algo que contrasta con la dispersión y el desorden de las ciudades europeas) y con una sociedad en la que se integraban razas y etnias, es algo que jamás se ha logrado; EUA sufre actualmente una severa crisis debido a la falta de integración de los Anglosajones originales con todas las demás etnias que llegaron después como esclavos o inmigrantes, en contraste; porque igual, su independencia ha venido, a largo plazo, a significar un fracaso, en otro post diré porqué lo considero así.

    Por el contrario, la Independencia significó divisiones, la marginación de los indígenas por la mezquina élite criollo-mestiza que luego a su vez se dividió entre ella en luchas por el poder entre Conservadores y Liberales, lo que nos llevó a perder el tiempo en una serie de guerras civiles, rebeliones y golpes de Estado, en decenas de planes políticos y proyectos de constitución, en constituciones a cual más imprácticables, ajenas a la realidad hispanoamericana, copiadas de EUA o Francia y mal, con todos sus vicios y sus puntos positivos pero extraños a México, persecuciones religiosas, destrucción de la propiedad comunal indígena y posteriormente su reintroducción equivocada hasta para los no-indígenas, y todo siempre, para beneficiar a las élites, cuyos representantes incluso cayeron en traiciones a la patria en beneficio de los intereses de Estados Unidos a cambio de apoyo para ejercer el poder. Incluso, llegamos al ridículo de reunir un Congreso Constituyente mientras el ejército norteamericano se aproximaba a Ciudad de México, en vez de planear y dirigir la defensa. Todo esto es lo que ha sido causa de nuestro subdesarrollo, no la colonización española.

    Y esto ha sido similar para toda Hispanoamérica, algo de lo que ya se está tomando conciencia, incluso por parte de alguna parte de la Izquierda, de lo que no está enterado nuestro gobierno actual que se encuentra en esa tendencia política, como es el nicaragüense Augusto Zamora, en su obra Malditos Libertadores, un antiguo sandinista, hoy denuncia la Leyenda Negra Antiespañola y los errores de la Independencia.

    Así, y para concluir, creo que más que celebrar el bicentenario de la Independencia, hay que reflexionar sobre lo que ha significado la misma para nuestro país y cuestionar la Historia Oficial hecha para sostener y legitimar a una clase política que la ha empleado para aferrarse al poder desde hace 200 años, porque efectivamente, los políticos de ahora son herederos de los mismos que entraron ese 27 de septiembre de 1821 a la capital. A través de numerosos acontecimientos, su posición actual les vino de aquellos, y han continuado, igual que ellos, comportándose como dueños del país al que han esquilmado desde entonces.

    En descargo de Iturbide, es de reconocerle su compromiso por la unidad y sus buenas intenciones de convertir al recién creado Estado en un Imperio; pero nadie quiso arriesgarse a gobernarlo salvo él, que quizá no contó con las dotes suficientes para ser un verdadero gobernante. Pero quizá porque sí contaba con el carisma, y el ideal de unidad y paz, es que era un obstáculo tanto para EUA, que tenía ya el plan de ser la primer potencia del continente y deseaba los territorios del norte, como para la bola de hipócritas ex-Insurgentes y ex-Realistas que le habían apoyado originalmente y ahora deseaba cada quien, su pedazo de pastel. Por ello, Iturbide merece ser reivindicado y honrado.

    Por otro lado, creo sin embargo que México y posiblemente todo el continente se acerca al colapso del orden que comenzó a gestarse en 1776 y que llevó al establecimiento de la América que conocemos; las élites tanto en Washington como Ciudad de México o Buenos Aires parecen agotadas y decrépitas, y cada vez más queda a la vista que han sido las únicas usufructuarias del estado de cosas, ¿qué vendrá después? ¿La verdadera independencia de los pueblos respecto de ellas?




    _______________________________________

    Fuente

    EL MUNDO SEGUN YORCH: 200 AÑOS DE UN FRACASO

  9. #289
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    Re: Mexico no es bicentenario

    La fuente original de este texto ya no está pero vale la pena leerlo.



    El caudillo que repudió la independencia

    Redacción

    Dos días antes de ser fusilado en Monclova, el héroe renegó el haber apoyado el movimiento iniciado por el cura Miguel Hidalgo.




    El antiguo Hospital Real, ahora la escuela Club de Leones, en la calle Aldama aún conserva el arco original.


    Monclova, Coah.- De todos los héroes de la Guerra de Independencia, existió uno que tras ser capturado por los contrarrevolucionarios renegó de la insurgencia y pidió perdón a la corona española por apoyar el movimiento iniciado con el Grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810.

    Reconocido como uno de los grandes caudillos que nos dieron patria al lado de Hidalgo, Allende, Jiménez, Matamoros y Morelos entre otros, Ignacio Aldama, redactó un manifiesto en que el que se repudia así mismo por combatir para la separación definitiva de México del yugo Ibero.


    ERA UNO DE LOS MÁS AGUERRIDOS

    Aldama, quien era abogado de profesión, nació el 7 de mayo de 1769 en San Miguel El Grande (Hoy de Allende), Guanajuato y era hermano del otro legendario insurgente, Juan Aldama. Desde temprana edad ayudó a su familia con las labores del campo para luego emigrar a la Ciudad de México donde estudió la carrera de Leyes.

    Ejerció pacíficamente su licenciatura y cuando el cura Miguel Hidalgo encendió la mecha para detonar la Guerra de Independencia se unió de inmediato a las filas en su ciudad natal.

    Su participación en las primeras batallas fue tal que se le nombró Alcalde de su tierra, firmando el acuerdo el 24 de septiembre de 1810 donde reconocía la autoridad de Miguel Hidalgo y llegó a ostentar el grado de Mariscal de Campo.

    En San Miguel permaneció hasta Octubre de 1810 defendiendo la plaza. Cuando el jefe político superior de la Nueva España, Félix María Calleja del Rey, se acercaba a la población con las tropas realistas, Aldama decidió retirarse con su familia. Estuvo al lado de Ignacio Allende, con la mayoría de las tropas rebeldes e incluso financió el periódico "El despertar Americano"

    Debido a su renombre en la revuelta, los españoles le dieron mucha importancia y se le exceptuó del indulto concedido a los que desertaban de las filas renegadas.

    Además el colegio de abogados de la Ciudad de México lo eliminó de las filas de la institución debido a su militancia en la insurgencia.



    CAUTIVO EN TEXAS

    En Saltillo, Allende lo designó como embajador ante los Estados Unidos de Norteamérica el 6 de febrero de 1811, donde pretendían comprar armamento y lo envió por delante para abrir relaciones además de darle gran cantidad de barras de plata y dinero para abastecerse.

    Con él viajaba fray Juan de Salazar, fungiendo como secretario llegando sin problemas a San Antonio de Béjar (Hoy San Antonio, Texas, en ese entonces era parte de Coahuila). Por esos días arribó a la ciudad el subdiácono José Manuel Zambrano, quien, aprovechando que en esas tierras se infundió que Hidalgo quería abrir camino para entregar el reino a los Franceses, hizo sospechoso a Aldama a quien injurió como heraldo de Napoleón Bonaparte.

    El historiador Francisco Sosa, en su libro "Biografías de Mexicanos Distinguidos", indica que tal difamación la basó en que portaba un cordón sobre el hombro izquierdo a la usanza de los soldados Galos; Algunos autores aseguran que el motivo fue por no tener su pasaporte en regla. Por ello el 1º de marzo de 1811, el cura Zambrano arrestó al licenciado Aldama y a fray Salazar con su avanzada y a la brevedad los remitió a Monclova, capital de Coahuila y Texas.


    LOS ENCERRARON EN EL HOSPITAL REAL

    En el mismo terreno donde ahora es la Escuela Primaria Club de Leones, precisamente en lo que hoy en día es la calle Aldama (nombrada así por el caudillo) de la Zona Centro de Monclova, estaba el Hospital Real o Militar, que también fungía como cementerio.

    En uno de los cuartos fue encerrado Aldama y Salazar donde se le hizo un juicio sumario y fue condenado a muerte. El historiador Alejandro Garza de León, explicó que en cambio a fray Juan de Salazar debido a que era religioso se le formularon cargos eclesiásticos donde se le despojó de su investidura.

    Las fechas fueron pactadas, Aldama sería fusilado oficialmente el 20 de Junio (Aunque en las actas de defunción existentes en el archivo municipal registradas por Juan Francisco Montemayor, se lee que la muerte acaeció el 10 de Junio) y Fray Juan Salazar hasta el 10 de Octubre de 1811.


    ALDAMA PIDE REDACTAR SU ARREPENTIMIENTO

    En su celda, el Licenciado pidió permiso al Juez de que se le concediera la gracia de escribir un manifiesto donde buscaba el perdón y que se enviara a la brevedad posible al gobernador, don Antonio Cordero. Áste acudió a dialogar con Aldama a la celda y al escuchar las palabras del insurgente cautivo, Cordero se comprometió a remitir al Excelentísimo Virrey un oficio para acompañar el manifiesto que Ignacio estaba dispuesto a girar sin embargo no garantizaba salvar la vida. Quedando redactado el 18 de Junio.

    Cordero giró el oficio al Virrey que decía lo siguiente: "Excelentísimo Sr. El licenciado don Ignacio Aldama, hallándose en capilla para sufrir el último suplicio, me pidió ayer permiso para formar el adjunto manifiesto papel que con el más debido respeto dirijo a V. E.(Vuestra Excelencia) muchos testimonios para los fines que V. E. tuviese por conveniente.- Dios Guarde a V.E. muchos años. Monclova, junio 19 de 1811".


    MANIFIESTO DE IGNACIO ALDAMA

    Esta es una parte del escrito: "Excelentísimo señor Antonio Cordero. Excelentísimo señor virrey V.E. Don Francisco Xavier Venegas. Nuestro Gran Dios y Señor de los Cielos y de la Tierra, que dio a su mismo hijo por salvarnos y no omite medio alguno para nuestra salvación y felicidad eterna, por los caminos más incógnitos a la penetración humana, se ha dignado abrir los ojos del mayor de los pecadores que soy yo.

    Por medio del sabio y prudente confesor que le destinó su providencia y por los auxilios y reflexiones que les ha permitido en sus calabozos y prisiones para confesar a la faz del mundo, que por ocupado mi entendimiento del error, obscurecido hasta el grado de no conocerlo, llegó a creer justa la insurrección que ha ocasionado en el reino tan grandes desgracias, desordenes y perjuicios al estado, a nuestros hermanos los europeos, a los mismos criollos y a sus inocentes familias; pero verdaderamente arrepentido de todos sus errores y delitos y deseoso de dar una pública satisfacción en desagravio de nuestro amable redentor Jesucristo, de mi madre María Santísima de Guadalupe, y de todos mis próximos y hermanos.

    No puedo menos en el trance de la muerte en que me hallo que confesarlos, liberarlos, detestarlos y aborrecerlos, suplicando a todos cuantos por mi causa directa e indirectamente hubieren recibido algún perjuicio espiritual o temporal, a cuantos hallan escandalizado y reducido con mi mal ejemplo, con mis persuasiones de palabra, a cuanto e injuriado y calumniado, tanto europeos como Criollos, especialmente a los señores sacerdotes, a los santos y venerables religiosos de la santa cruz y nuestra señora del Carmen, a los señores obispos y arzobispos del señor, a los señores inquisidores, a los rectos y justos tribunales y magistrados y a todas las clases del Estado me perdonen por amor de dios y que quemen y despedacen cuantos papeles se encuentren míos y crean que la verdadera felicidad consiste en la paz y en la obediencia, sumisión y respeto a las legitimas autoridades y a las justicias establecidas por dios y por el Rey nuestro señor para mantener el buen orden...


    RATIFICÁ SU REPUDIO A LA INDEPENDENCIA

    El documento histórico adjunto, afirma que don Miguel de Arcos, capitán de las Milicias Provinciales de Caballería en la colonia del Nuevo Santander, en su calidad de juez fiscal, en compañía del escribano Juan Antonio del Moral, quien asentó el acta, por órdenes expresas del coronel, don Antonio Cordero, entraron a la capilla del Hospital Militar.

    En ese recinto el caudillo fue interrogado acerca de la veracidad del manifiesto y le pusieron en su cara el papel y que dijera si en realidad lo redactó, si era su firma la que estaba al calce, misma que utilizaba en todos sus negocios, civiles como criminales. Lo anterior ya que había sido notariada debidamente en todos los pueblos para qué se hiciera público testimonio de la detestación que hizo y los errores en que cayó por un efecto de la humana fragilidad.

    El Licenciado sintiendo la muerte que le acariciaba la espalda y ante la mirada fría de sus interrogadores afirmó sin inmutarse que todo era cierto.

    Por ello se asentó la nueva acta certificada con fecha 19 de Junio de 1811 donde se estipula que: " Efectivamente es cierto todo lo relacionado por el citado papel, lo ha trabajado, lo firmó y dirigió al referido señor Gobernador, con el justo objeto de que publicándose esta sencilla, humilde, ingenua confesión se vengan a desimpresionar de los errores en que han caído.
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Documento 1. Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre Colombia y México de 1823.

    México, 3 de octubre de 1823.


    Artículo 1. La República de Colombia y la Nación Mexicana se unen, ligan y confederan desde ahora para siempre en paz y guerra para sostener con su influjo y fuerzas marítimas y terrestres en cuanto lo permitan las circunstancias, su independencia de la nación española y de cualquiera otra dominación extranjera y asegurar después de reconocida aquella, su mutua prosperidad, la mejor armonía y buena correspondencia, así entre los pueblos, súbditos y ciudadanos de ambos estados, como con las demás Potencias con quienes deben entrar en relaciones.

    Artículo 2. La República de Colombia y la Nación Mexicana se prometen, por tanto, y contraen espontáneamente un pacto perpetuo de alianza intima y amistad firme y constante para su defensa común obligándose a socorrerse mutuamente y a rechazar en común todo ataque o invasión que pueda de alguna manera amenazar la seguridad de su independencia y libertad, su bien recíproco y general y su tranquilidad interior, siempre que para este último caso preceda requerimiento por uno u otro de ambos gobiernos legítimamente establecidos.

    Artículo 3. A fin de concurrir a los objetos indicados en el artículo anterior, las Partes Contratantes se comprometen a auxiliarse recíprocamente con el número de fuerzas terrestres que se acuerde por convenios particulares según lo exijan las circunstancias, y mientras dure la necesidad o conveniencia de ellas.

    Artículo 4. La marina nacional de ambas Partes a cualquiera que sea, estará asimismo dispuesta al cumplimiento de las precedentes estipulaciones.

    Artículo 5. En los casos repentinos de mutuo auxilio ambas partes podrán obrar hostilmente con todas sus fuerzas disponibles en los territorios de la dependencia de una u otra, siempre que las circunstancias del momento no den lugar a ponerse de acuerdo ambos gobiernos. Pero la Parte que así obrase, deberá cumplir y hacer cumplir los estatutos, ordenanzas y leyes del Estado respectivo, en cuanto lo permitan las mismas circunstancias y hacer respetar y obedecer su gobierno. Los gastos que se hubiesen impedido en estas operaciones, se liquidarán por convenios separados y de abonarán un año después de la conclusión de la presente guerra.

    Artículo 6. Ambas Partes Contratantes se obligan a prestar cuantos auxilios estén a su alcance a los bajeles de guerra y mercantes que llegasen a los puertos de su pertenencia por causa de avería o cualquier otro motivo y como tal podrán carenarse, repararse, hacer víveres, armarse, aumentar su armamento y sus tripulaciones hasta el estado de poder continuar sus viajes o cruceros a expensas del Estado o particulares a quienes correspondan.

    Artículo 7. A fin de cortar los abusos escandalosos que puedan causar en alta mar los corsarios armados por cuenta de los particulares en perjuicio del comercio nacional y el de los neutrales, convienen ambas Partes en hacer extensiva la jurisdicción de sus juzgados o cortes marítimas a los corsarios que navegan bajo el pabellón de una y otra, y sus presas indistintamente, siempre que no puedan navegar fácilmente hasta los puertos de su procedencia o que haya indicios de haber cometido excesos contra el comercio de las naciones neutrales con quienes ambos Estados desean cultivar la mejor armonía y buena inteligencia.

    Artículo 8. Ambas Partes se garantizan mutuamente la integridad de sus territorios en el mismo pie en que se hallaban antes de la presente guerra, reconociendo igualmente por partes integrantes de una y otra nación, todas las provincias que aunque gobernadas anteriormente por autoridad del todo independiente de la de los antiguos virreinatos de México y Nueva Granada se hayan convenido o se convinieran de un modo legítimo en formar un solo cuerpo de nación con ellos.

    Artículo 9. La demarcación especificada de todas y cada una de las partes que componen la integridad expresada en el artículo precedente se hará por expresa declaración y mutuo reconocimiento de ambas Partes, luego que el próximo Congreso Constituyente mexicano haya decretado la Constitución de la Nación.

    Artículo 10. Si por desgracia se interrumpe la tranquilidad interior en alguna parte de los Estados mencionados por hombres turbulentos, sediciosos y enemigos de los gobiernos legítimamente constituidos, por el voto de los pueblos, libre, quieta y pacíficamente expresado en virtud de sus leyes, ambas partes se comprometen solemne y formalmente a hacer causa común contra ellos auxiliándose mutuamente con cuantos medios estén en su poder hasta lograr el restablecimiento del orden y el imperio de sus leyes, en los términos y bajo las condiciones expresadas en los artículos 2o y 5o. (1)

    Artículo 11. Toda persona que sublevándose hiciere armas contra uno u otro gobierno establecidos por los modos legítimos expresados en el artículo anterior y fugándose de la justicia fuese encontrada en el territorio de alguna de las Partes Contratantes será entregada y remitida a disposiciones del gobierno que tiene conocimiento del delito y en cuya jurisdicción deba ser juzgada luego que la Parte ofendida haya hecho su reclamación en forma. Los desertores de los ejércitos y fuerzas navales de una y otra Parte serán comprendidos en este artículo.

    Artículo 12. Para estrechar más los vínculos que deben unir en lo venidero a ambos Estados y allanar cualquiera dificultad que pueda presentarse e interrumpir de algún modo su buena correspondencia y armonía, se formará una asamblea compuesta de dos plenipotenciarios por cada Parte en los mismos términos y con las mismas formalidades que en conformidad de los usos establecidos deben observarse para el nombramiento de los ministros de igual clase cerca de los gobiernos de las naciones extranjeras.

    Artículo 13. Ambas Partes se obligan a interponer sus buenos oficios con los gobiernos de los demás Estados de la América, antes española, para entrar en este pacto de unión, liga y confederación perpetua.

    Artículo 14. Luego que se haya conseguido este grande e importante objeto, se reunirá una asamblea general de los Estados americanos, compuesta de sus plenipotenciarios con el encargo de cimentar de un modo más sólido y estable las relaciones íntimas que deben existir entre todos y cada uno de ellos y que les sirva de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel interprete de sus tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de juez arbitro y conciliador en sus disputas y diferencias. (2)

    Artículo 15. Siendo el Istmo de Panamá una parte integrante de Colombia, y el punto más adecuado para aquella augusta reunión, esta República se compromete gustosamente a prestar a los plenipotenciarios que compongan la asamblea de los Estados americanos, todos los auxilios que demanda la hospitalidad entre pueblos hermanos y el carácter sagrado e inviolable de sus personas.

    Artículo 16. La Nación Mexicana contrae desde ahora igual obligación siempre que por los acontecimientos de la guerra o por el consentimiento de la mayoría de los Estados americanos, se reúna la expresada asamblea en el territorio de su dependencia en los mismos términos que se ha comprometido la República de Colombia en el artículo anterior, así con respecto al Istmo de Panamá como de cualquiera otro punto de su jurisdicción que se crea a propósito para este interesantísimo fin por su posición central entre los Estados del norte y del medio día de esta América, antes española.

    Artículo 17. Este Pacto de unión, liga y confederación perpetua, no interrumpirá en manera alguna el ejercicio de la soberanía nacional de cada una de las Partes Contratantes, así por lo que mira a sus leyes, y el establecimiento y forma de sus gobiernos respectivos, como con respecto a sus relaciones con las demás naciones extranjeras. Pero se obligan expresa e irrevocablemente a no acceder a las demandas de indemnización, tributos o exacciones que el gobierno español pueda entablar por la pérdida de su antigua supremacía sobre estos países o cualesquiera otra nación en nombre y representación suya, ni entrar en tratado alguno con España, ni otra nación en perjuicio y menoscabo de nuestra independencia, sosteniendo en todas ocasiones y lugares sus intereses recíprocos con la dignidad y energía propias de naciones libres e independientes, amigas, hermanas y confederadas.

    Artículo 18. Este Tratado de amistad, liga y confederación perpetua, será ratificado por el gobierno de la Nación Mexicana en el término de dos meses contados desde la fecha y por el de la República de Colombia tan pronto como pueda obtener el consentimiento y aprobación del Congreso, en observancia de lo dispuesto en el Artículo 18, sección 2 de la Constitución de la República.

    Las ratificaciones serán canjeadas sin demora y en el término que permite la distancia que separa a ambos gobiernos.

    En fe de lo cual, los mencionados plenipotenciarios han firmado esta Convención y sellado con los sellos respectivos.

    Hecho en la Ciudad de México el 3 de octubre de 1823, 13 de la Independencia de Colombia y 3 de la de México.

    Miguel Santa María

    Lucas Alamán

    Y habiendo dado cuenta al Soberano Congreso Constituyente conforme a los que proviene el artículo 15 del Reglamento de la Regencia, se sirvió aprobarlo en todos sus artículos y cláusulas, suprimiendo en el artículo segundo todo lo que comprende desde las palabras "y tranquilidad", todo el artículo décimo, la primera parte del artículo once subsistiendo la segunda sobre desertores y por último la palabra "y de Juez árbitro" del artículo catorce de dicho convenio.

    En tal virtud este Tratado, con las mencionadas modificaciones será exacta y fielmente cumplido por esta Nación.

    En fe de lo cual hemos hecho expedir la presente firmada de nuestra mano, sellada con el sello de la Nación y refrendada por el Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores, en la Capital de México a dos de diciembre del año de gracia de mil ochocientos veintitrés, tercero de la Independencia y segundo de la libertad.

    Vicente Guerrero.

    José Mariano Michelena.

    Miguel Domínguez.


    Fuente:

    Germán A. de la Reza. El Congreso de Panamá de 1826 y otros ensayos de integración latinoamericana del Siglo XIX. Estudio y fuentes documentales anotadas. Ediciones y Gráficos Eón. Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. México, Primera edición: 2006, 287 pp. Documento tomado de: Acervo Histórico Genaro Estrada, Legajo 869.


    Notas:

    (1) Véanse las modificaciones estipuladas en los párrafos finales del Tratado.

    (2) Véanse las modificaciones estipuladas en los párrafos finales del Tratado, de mayor gravedad que las anteriores por restarle a la Confederación una principal facultad.




    _______________________________________

    Fuente

    https://t.co/kj17hhOgJ8?amp=1

  11. #291
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Guadalupe Jiménez Codinach: “El maltrato a los indígenas no es de hace 500 años, es de ahora”

    La académica, coautora del libro ‘La disputa del pasado. España, México y la leyenda negra’, defiende que las reformas liberales del siglo XIX inician el “peor momento para las comunidades indígenas”

    Constanza Lambertucci

    México - 10 ago 2021 - 11:14 CDT







    La historiadora Guadalupe Jiménez Codinach, en una imagen de archivo.Archivo Fomento Cultural Banamex

    Una clase de Geografía, un mapa de América y 44 alumnas contra Guadalupe Jiménez Codinach, que en esa época no era doctora en Historia sino una joven estudiante mexicana en un Colegio de las Damas del Sagrado Corazón en Estados Unidos. Un debate: ¿es México parte de América del Norte o de América del Sur? Ganó Jiménez Codinach, que defendía lo primero. Y siguió dando batalla. Cuando empezó a trabajar en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, se indignó por la ausencia de letras ñ y tildes para el español –para otros idiomas sí que su usaban caracteres y signos ortográficos que no existían en inglés–. Creó, entonces, una serie de conferencias para difundir la cultura hispánica; su presupuesto era de cinco dólares al mes.

    Como parte de esa tarea que ha sido central en sus casi 50 años de trayectoria, también ha trabajado en erradicar las “leyendas negras” contra lo hispánico. “Estamos llenos de mitos”, dice a EL PAÍS en videollamada desde San Luis Potosí. A 500 años de la caída del imperio mexica y a 200 años de la promulgación de la independencia de México, Jiménez Codinach y otros cinco intelectuales coordinados por el sociólogo español Emilio Lamo de Espinosa publican La disputa del pasado. España, México y la leyenda negra (Editorial Turner, 2021), un libro en el que buscan responder preguntas como si Latinoamérica es parte de Occidente o en qué momento empezó la “decadencia” a este lado del Atlántico.


    Pregunta. ¿Qué son las “leyendas negras” que revisa el libro?

    Respuesta. [El historiador] Julián Juderías usa la frase en 1914, muy mortificado al ver cuántos adjetivos negativos se habían escrito sobre la hispanidad. Como si fuera una suma de defectos: un pueblo fanático, antimodernista, violento… Por eso, los pueblos de América no habíamos progresado, porque éramos hijos de esos problemas que España nunca había resuelto. Se había forjado esa idea tan negativa de los españoles como crueles –”la conquista más cruel de la humanidad”–. Todas exageraciones y adjetivos calificativos. Pero la historia no está hecha de adjetivos, tampoco de opiniones, ni de modelos teóricos, ni de rumores. La historia tiene que ser hechos probados.


    P. ¿Por qué existió esa actitud antihispánica?

    R. Después de 1492, la Monarquía española va creciendo y en el siglo XVI llega a ser la potencia más fuerte. Cuando llegas a esas alturas, prepárate porque va a haber ataques. Eso no lo digo yo, lo dice sor Juana Inés de la Cruz: “Quien sobresale no puede estar sin púas que la puncen (…) ¡Infeliz altura… la altura del entendimiento es la que más atacan!”. Las otras potencias van a atacar destruyendo la imagen de esa potencia, calificando de crueldad, de opresión, de falta de humanidad todo lo que haga. Lo más triste es que esa leyenda negra también la estamos arrastrando nosotros. Por ser parte de ese legado, somos iguales: no progresamos, somos fanáticos, somos violentos, estamos tarados.


    P. ¿Por qué se hizo el libro?

    R. Hay un fenómeno que como historiadora me preocupa muchísimo, la desinformación, que ya existía desde el siglo XVI. Tienes que desinformar: “la conquista más cruel”, “solo les interesaba el oro y la plata”, “mataron a todos”. Y hay otro problema: el presentismo, es decir, inyectar de problemas del presente al pasado. Decir, por ejemplo, que Colón fue un criminal ecológico y cortarle la cabeza a la estatua. Pero un señor del siglo XV, ¿qué información quieres que tenga sobre ecología?





    P. El libro arranca criticando el concepto de memoria histórica. En la presentación dice que el término es “confuso y turbio”

    R. Yo no lo critico. No podemos hacer historia si no tenemos memoria. Pero no es solo la memoria, porque la memoria puede estar equivocada. ¿Sabes qué es degollar a una estatua de Colón o de Cervantes? Es ignorancia y soberbia. Esas son realidades que tienen luces y sombras, y si usted no tiene suficientes conocimientos no se atreva. ¿Sabes que hacen los gobiernos? Se atreven. Con todo respeto a los gobernantes, no saben. Acaban de cambiarle el nombre a la plaza de la Noche Triste y ahora es la Noche Victoriosa. ¡Por favor! Sí es una noche triste porque hubo un enfrentamiento de raíces que son nuestras como mexicanos: europeos e indígenas murieron.


    P. ¿Por qué cree que los gobiernos “se atreven”?

    R.- Usan la historia como un instrumento ideológico. Estamos llenos de mitos. Cuando vi las 15 efemérides elegidas por la comisión presidencial me pregunté: ¿es que no tienen asesores? ¿Creen que pueden decir que México-Tenochtitlan se fundó en 1321? No hay ninguna prueba. ¿El 15 de septiembre? Ay, señores, ¡no pasó nada! Tengo 45 años investigando la guerra de independencia y les puedo asegurar que el 15 de septiembre estaban dormidos. ¿Por qué seguimos con la campanita de Dolores? Es una mera metáfora, no existe en la realidad. Pero hay gobiernos que inventan: como el de [Enrique] Peña Nieto, que se le ocurrió decir que el Ejército mexicano se fundó en 1913, ¿quién luchó entonces en la Guerra de Texas [1835] o en la Guerra de los Pasteles [1838]? La política crea eso, pero no tiene nada que ver con la historia, tampoco con la memoria.


    P. ¿Qué pasó el 13 de agosto de 1521?

    R. La ciudad de México-Tenochtitlan-Tlatelolco estaba en un lago. Hernán Cortés y sus compañeros se dan cuenta de que no va a ser un sitio normal, sino que va a ser por el agua también. Por eso, con los tlaxcatecas diseñan bergantines para atacar. La tristeza que ha de haber sido que en esa ciudad muriera tanta gente. Pero la muerte no es porque los europeos solos la hayan dado. Entre los documentos que hay se ve que estos grupos –1% europeos y 99% indígenas– se unen y atacan con mucho coraje, sobre todo los indígenas que habían sido sometidos por los mexicas. No se nos olvide que esos grupos conquistaban.


    P. Después de eso, se instaura un virreinato, “un reino anexo de España”, precisa en el libro. ¿Cuál fue el lugar de los indígenas en esa sociedad?

    R. Son la gran mayoría. Nos dicen que “los españoles” llegaron, los destruyeron y los acabaron. En 1810, en una población de seis millones, más de la mitad eran indígenas. No se murieron. Se mezclaron, sí, somos un pueblo muy mestizado. Pero aún mestizados había más de tres millones de indígenas. Otra cosa es que una epidemia como la viruela haya matado a mucha gente, pero eso no es culpa de los que llegaron. Como no es culpa de los venecianos que en el siglo XIII el 30% de la población de Europa se muriera de una epidemia de tifus por las ratas que llegaban en los barcos.


    P. El libro sostiene que “la decadencia de América Latina no precedió a su independencia”. ¿Cuándo y cómo se crearon las sociedades desiguales en las que vivimos hoy en América Latina?

    R. El peor momento para las comunidades indígenas es a partir de las reformas liberales. No culpo a los liberales de pensar así, pero estaban equivocados muchos de ellos. Más de la mitad [de la población en esa época] vivía una vida comunal. Y llega una ley, como la de desamortización [de bienes eclesiásticos] de 1856, que dice “señores, se acabó, nada de bienes comunales”. Si vas al Archivo General de la Nación, verás que en los tres siglos [de virreinato] los indígenas siempre ganaban los pleitos de tierra. Después los van a despojar. ¿Que les quisieron hacer un bien? Sí, pero fue equivocado. Es el daño que pueden causar los Gobiernos sin conocimiento de la realidad. Pero es el XIX, no le echemos la culpa al virreinato.


    P. Usted dice que es necesaria una reconciliación. ¿Cómo sería esa reconciliación?

    R. Hay un modo de reconciliación si dejas de lado tu ira, tu orgullo y tu resentimiento. Vamos a hablarnos: ¿qué piensas?, ¿qué quieres?, ¿por qué sientes que odias a lo hispánico?, ¿y tú por qué odias o desprecias lo indígena? En México, cuando se llegó al consenso se logró avanzar. Es lo que pasa con la independencia: 11 años de guerra civil y cuando se ponen de acuerdo logran la independencia.


    P. ¿Es diferente del perdón que reclamó López Obrador al Rey de España?

    R. El maltrato a los indígenas y el racismo no es de hace 500 años, es de ahora. ¿Por qué no se fija en los indígenas de hoy, de Chiapas, de Oaxaca, de Guerrero? No tienen agua, no tienen servicios médicos adecuados. En San Quintín, Baja California, los dueños de las agroindustrias que abusaban de indígenas eran políticos del PAN y del PRI. No pidas al Rey y al Papa que pidan perdón porque no había España y no había México. El primero que tiene que hacer mea culpa es el Gobierno.




    Una mujer trabaja en su telar de cintura en el municipio de Tenejapa, en Chiapas, en junio. Gladys Serrano




    _______________________________________

    Fuente

    https://elpais.com/mexico/2021-08-10...-de-ahora.html

  12. #292
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    Re: Mexico no es bicentenario

    La 4T falsificando el Bicentenario (1821-2021)

    Por Enrique Sada

    25 septiembre, 2021



    Uno de los últimos escándalos—por si fueran pocos en lo que va de este remedo de Gobierno—lo vino a presentar, del mismo modo que el AGN con varias falsas notas en los últimos tres años, una de las pocas instituciones a las que se les tenía respeto antes de la construcción disfuncional del Aeropuerto Felipe Ángeles.

    En un triste espectáculo promocional la Secretaría de la Defensa Nacional se prestó para presentar una versión falsificada del Acta de Independencia, a la que sustituyeron el encabezado original—”Acta de Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por su Junta Soberana congregada en la Capital de él en 28 de Septiembre de 1821″—por “ de la República Mexicana”.

    Si el descrédito no era suficiente, el fraude y el dolo no se detuvieron ahí pues llegaron a falsificar también en ella la firma de Vicente Guerrero—caudillo insurgente, analfabeta—quien nunca la firmó para empezar.

    ¿A qué se debe este afán del Gobierno federal por intentar publicar un Acta de Independencia apócrifa, apostándole al engaño y la desmemoria de los mexicanos?

    Nacimos siendo un gran Imperio que abarcaba desde Oregon y las márgenes del Missisipi hasta Panamá; esto es, una Monarquía Constitucional tal como lo establecía el Plan de Iguala y hasta la bandera ideadas por el Libertador Agustín de Iturbide, razón por la que la adhesión a la Independencia fue masiva y celebrada por la gran mayoría de los mexicanos desde su proclamación el 24 de febrero de 1821: así lo dice nuestra Acta original que todavía resguarda el Archivo General de la Nación.

    En este caso se evidencia no solo un engaño sino también ignorancia al pretender usar un Acta burdamente falsificada como se realizó en 1910 en el Centenario del grito de Dolores. En aquella época el régimen intentó, igual que hoy, cambiar los hechos históricos para fortalecer un discurso político, y fallaron como fallarán ahora

    Sin duda una muestra más de la manipulación oficial que desde hace varias décadas hemos padecido sistemáticamente, abusando de que la gran mayoría de los mexicanos ni siquiera se detiene en cuestionar si el catecismo “oficial” de la SEP es verdad.

    Algo deplorable en este Bicentenario de nuestra Independencia, tan vapuleada con la firma del T-MEC, donde la apuesta de la 4T es seguir manipulando la historia, igual como lo han hecho todos los gobiernos anteriores


    Twitter: @sada_enrique








    _______________________________________

    Fuente

    https://codigolibre.mx/2021/09/25/la...rio-1821-2021/
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  13. #293
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Así vivían los Mexicanos después de la Independencia - Sinueton

    ¿Sabes cómo vivía la "gente común" en México después de la Guerra de Independencia? Bueno, no fue lo que esperaban.





    https://www.youtube.com/watch?v=FpUGPuUJF0w

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