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Tema: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

  1. #281
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Palacio de Huitzimengari

    En la plaza mayor de Pátzcuaro, hoy Vasco de Quiroga, se encuentra una casa que la tradición señala como el Palacio de Don Antonio Huitziméngari de Mendoza. El apellido Huitziméngari, en lengua purépecha siginifica "el de semblante de perro", su importancia se debe a que Don Antonio fue Gobernador de Pátzcuaro e hijo de Don Francisco Caltzontzin, último emperador del Imperio purépecha.





    https://www.youtube.com/watch?v=ukcfUwznDNY

  2. #282
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    TÚPAC AMARU ALUMNO DILECTO DE LOS JESUITAS DEL PERÚ

    Entre 1780 y 1781 José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II (1738-1781), “Inca de la sangre real y tronco principal de los Reyes del Perú”, dirigió la sublevación indígena más grande en la historia de América del Sur. Y también, pero algunos años antes, fue alumno de los jesuitas en el colegio para caciques “San Francisco de Borja”, fundado en 1621 por el virrey Príncipe de Esquilache –Francisco de Borja-, quien honró al colegio con el nombre del tercer General de la Compañía (su propio abuelo), y de paso, con el suyo también. Túpac Amaru estudiaba todas las asignaturas que se enseñaban en un colegio para españoles: gramática y retórica, latín y autores clásicos, matemáticas, nociones básicas de la ley natural, música, dibujo y, por supuesto, la doctrina cristiana y las Sagradas Escrituras. Según los informes contemporáneos, el cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca aprendió a escribir en un castellano muy elegante, un hecho que es evidente hoy al leer sus decretos y cartas. También fue animado a perfeccionar su dominio del quechua, su lengua materna. Aunque no se sabe con certeza, es posible que hubiera leído los “Comentarios reales” del Inca Garcilaso de la Vega.

    Fue enrolado en el colegio en 1748 por su padre a la edad de diez años. No se sabe con exactitud el número de años que pasó en el colegio: probablemente entre ocho a diez.

    (La imagan: “Patrocinio de la Virgen del Carmen sobre Tupac Amaru y su familia. Óleo de autor desconocido del siglo XVIII. Iglesia de Yanaoca.)








    _______________________________________

    Fuente

    https://www.facebook.com/47242814285...0914477005888/
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  3. #283
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Doña Manuela Túpac Amaru Arce

    Doña Manuela Túpac Amaru fue una mestiza nacida en el Cuzco en el siglo XVII. Según los documentos que presentó a las autoridades virreinales del Cuzco y de Lima, afirmaba descender del último soberano del Reino de Vilcabamba, de Don Felipe Túpac Amaru por la rama de Juan Tito Túpac Amaru (supuesto hijo del soberano).

    Aunque afirmaba pertenecer a la nobleza indígena, Manuela era de baja economía, por lo que se casó con Bernardo de Betancur Hurtado de Arbieto esperando mejorar su posición económica. En 1683, Doña Manuela presentó una probanza de nobleza al Magistrado del Cusco, al Protector de los Naturales y hasta el propio Conde de Monclova. Entre 1691 y 1780, Manuela y sus descendientes recibieron algunos privilegios propios de los Principales (indios nobles) y gozaron de ellos. Pero Manuela aspiraba a más, delegándole sus pretensiones nobiliarias a su hijo Felipe Betancur Túpac Amaru. Manuela falleció en el año de 1703 en el Cuzco.

    Dentro de los elementos probatorios que empleó durante su solicitud para ser reconocida como noble indígena estaba una serie de lienzos, estos retratos cargados de símbolos nobiliarios también serían presentados por su hijo durante su litigio por ser reconocido como Inca. En algún momento después de 1781, el retrato fue sobrepintado con una imagen del Señor de los Terremotos, debido a las medidas represivas que adoptó el gobierno virreinal contra todos los símbolos de poder de los indígenas. El Retrato de Doña Manuela Túpac Amaru se encuentra expuesto actualmente en el MALI.


    Referencias:

    .- Mito y simbolismo en los Andes: la figura y la palabra, Henrique Urbano (1993).






    _______________________________________

    Fuente

    https://www.facebook.com/Federalperu...1703044732168/
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  4. #284
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Memorias del presente: Delfina López Sarrelangue y la nobleza indígena de Pátzcuaro

    Posted by Felipe Castro Gutiérrez





    Acabo de recibir la noticia de que la historiadora Delfina López Sarrelangue falleció a sus 92 años. Es un aviso que me retrotrae a mis primeras lecturas de tema michoacano, cuando comenzaba a interesarme por la historia indígena de la región e inicié la lectura de su indispensable La nobleza indígena de Pátzcuaro en la época virreinal (UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1965). Como muchos habían hecho antes y otros harían después, tomé prolijas notas, apunté referencias documentales, y observé varios asuntos que parecían ofrecer perspectivas interesantes de reflexión. Posteriormente publiqué un par de libros y varios artículos sobre etnohistoria de Michoacán, y en casi todos ellos aparecen citas de esta obra. No era cuestión de cortesía ni un prurito de erudición historiográfica: ocurría, simplemente, que lo escrito por la autora seguía siendo una referencia importante, y un buen punto de partida para discutir diferentes problemas de interpretación.

    No la conocía personalmente. Sabía que después de haber trabajado en el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la UNAM, se había jubilado. Años después, su principal libro (agotado de tiempo atrás), fue reeditado por la editorial moreliana Morevallado (1999), y el grupo Kw’anískuyarhani de Estudiosos del Pueblo Purepecha me pidió que hiciera algunos comentarios en una de sus reuniones, que como siempre tuvo lugar en el ex Colegio Jesuita de Pátzcuaro. Doña Delfina estuvo presente, y recuerdo bien la atención con que seguía y acompañaba las discusiones, y la vivacidad con que, acabada la parte formal de la reunión, nos narraba cómo había sido el ambiente de la vida académica en los años sesenta, con anécdotas sobre las variadas manías y aficiones de sus antiguos colegas, para ilustración (y también, ciertamente, algo de diversión) de los asistentes.

    Los editores de Tzintzun, la excelente revista del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, me propusieron que convirtiera mis comentarios en una reseña, que apareció publicada en su número 30 (2000). Espero no tomen a mal que, como modesto homenaje a la maestra, reproduzca aquí ese texto. He vuelto a revisarlo, y realmente no tendría mucho que corregir (excepto, en todo caso, alguna referencia cronológica) ni gran cosa que agregar, excepto que desde entonces han seguido apareciendo obras que discuten sus hipótesis. Para un historiador, no cabe mejor remembranza.


    ………


    Delfina Esmeralda López Sarrelangue, La nobleza indígena de Pátzcuaro en la época virreinal, 2ª. ed., Morelia, Morevallado, 1999.

    Este libro ha pasado la más dura de las pruebas: la del tiempo. Hay obras que tienen su cuarto de hora de fama por razones incidentales, ya sea porque se ocupan de temas que inquietan momentáneamente a la sociedad (como la amplia producción presente referida a Chiapas) o hasta cuestiones más incidentales, que tienen que ver con el prestigio de la editorial o la habilidad del autor para promoverse a sí mismo. Estas situaciones coyunturales tienden a desvanecerse y perder su importancia con el paso de las décadas; lo que queda al final, lo que se decanta, es la calidad, el peso específico de la investigación, que lleva a sucesivas generaciones de historiadores a consultarla y leerla con provecho y placer. Desde la primera edición de esta investigación han pasado 35 años. No resulta ocioso preguntarse cuál de las obras de reciente aparición en librerías seguirá siendo leída en el año 2034.

    En su momento, La nobleza indígena… fue un libro casi aislado en el panorama historiográfico. Predominaban entonces los estudios sobre encomenderos, evangelizadores y hacendados; los indígenas aparecían en todo caso en el trasfondo, como el objeto sobre el cual recaían los proyectos y conductas de otros actores sociales. En contraste, esta obra colocó a los indígenas en primer plano, como protagonistas por derecho propio de la construcción de la sociedad colonial. Mostró, asimismo, que las reacciones frente a la conquista fueron tan variadas como los indígenas mismos. No ha sido su falta si un terco esencialismo al estilo lascasiano ha continuado refiriéndose a ellos como un todo homogéneo, siempre idéntico a su arcádica esencia.

    Hay buenas razones para el continuado interés en esta obra. No es, ciertamente, de tema exclusivamente michoacano; por el contrario, contiene frecuentes alusiones a situaciones paralelas existentes en Oaxaca o el Valle de México, sustentadas tanto en una exhaustiva revisión de la documentación entonces disponible como en la revisión crítica de la bibliografía de aquellos tiempos. Por ello, ha continuado atrayendo la atención de los historiadores de muchas regiones.

    Por otro lado, la autora realizó una meticulosa y pacientísima reconstrucción de las enredadas genealogías de los nobles indios de Michoacán. Solamente quien se ha adentrado en la maraña de documentos ambiguos, grafías variables, lagunas de información y deliberadas falsificaciones conoce el valor de este esfuerzo; el “catálogo diccionario” que aparece al final del texto es en verdad una guía de viajeros por el pasado. Esta analogía es particularmente pertinente, porque, aunque su argumento mantiene una línea expositiva, siguiendo a la nobleza indígena cronológicamente, generación tras generación, no se limita a un simple listado de apellidos. Por el contrario, la discusión de los motivos de la evolución y decadencia de la nobleza toca, así sea brevemente, temas que siguen siendo objeto de la discusión contemporánea. Así, el caminante por el pretérito indígena michoacano recorre senderos una veces amplios y bien transitados, otros apenas reconocibles, pero que casi invariablemente fueron abiertos hace décadas por López Sarrelangue.

    Varias hipótesis planteadas por la autora son actualmente de aceptación tan general que en ocasiones se olvida que fueron una novedad. En cierto modo, dejaron de ser conclusiones particulares para pasar a integrarse al saber común, a lo que ya por probado no se discute. Esto se refiere especialmente a las causas de la precipitada decadencia de la nobleza indígena: las quejas de los misioneros y funcionarios sobre la “tiranía” de los caciques, la desconfianza de la Corona hacia la existencia de un grupo con privilegios hereditarios, la adopción nobiliaria de un modo de vida “hidalgo”, más orientado al consumo que a la producción, la misma caída demográfica indígena, que debilitó su papel y su influencia como indispensables intermediarios, y en fin, la tendencia al mestizaje y la hispanización, que alejó a este grupo del entorno social que daba sentido a su existencia. La discusión posterior ha girado en torno a estos argumentos, corrigiendo aquí y agregando allá; pero el núcleo básico sigue siendo válido.

    Hay, como es inevitable, aspectos donde el libro muestra el tiempo transcurrido. Uno de las cuestiones más notables tiene que ver con las fuentes: hace 25 años no existían las diversas instituciones e instancias que si por un lado nos acosan con sus obsesiones burocráticas, por el otro nos proporcionan apoyos para visitar archivos y bibliotecas en el extranjero, como ocurre con el siempre inagotable Archivo General de Indias. Asimismo, del valioso Archivo Histórico del Ayuntamiento de Pátzcuaro la autora solamente pudo utilizar la selección microfilmada realizada por José Miranda y Jiménez Moreno, depositada posteriormente en el Museo Nacional de Antropología e Historia. En unos y otros acervos hay material extremadamente variado y útil sobre la composición, sucesión y conflictos de la nobleza indígena, que espera al investigador que se atreva a complementar y corregir el enorme esfuerzo realizado tiempo atrás con recursos más limitados.

    En cuestiones más conceptuales, López Sarrelangue sigue siendo una autora contemporánea y se la sigue citando y discutiendo como si sus conclusiones hubieran aparecido recientemente. Gracias a este libro, sabemos quiénes eran “caciques”, esto es, un grupo privilegiado dentro del conjunto más amplio de los principales indígenas, incluyendo a los descendientes directos del cazonci, pero también los linajes nobles que en tiempos prehispánicos habían sido los “ayos” o consejeros del cazonci, los miembros de su corte, y los señores de comunidades sujetas. Conocemos también que privilegios y obligaciones tenían, cuáles eran las formas de herencia e incluso los procesos por los cuales fueron perdiendo poco a poco su inicial importancia. Sin embargo, hay aspectos que aun nos resultan obscuros y discutibles. Estos aspectos tienen principalmente que ver con el cacicazgo como forma de organización política, esto es, como un medio de agrupar, ordenar y controlar a la población; y con sus tierras “patrimoniales”, así como el carácter de la relación con sus “terrazgueros” o arrendatarios.

    López Sarrelangue ubica caciques en poblaciones que eran “cabeceras” , como Acámbaro, Chilchota y Maravatío; pero asimismo los encuentra en lugares tan secundarios que su misma ubicación resulta hoy día dudosa, como Acareno (un sujeto de Tarímbaro), Chupinguapareo (una estancia de Turicato) o Guaracha (un sujeto de Jacona, que con el tiempo daría nombre a una gran hacienda). La lista es curiosa; los cacicazgos tienden a coincidir con las cabeceras, pero no siempre. Tal parecería que la distribución de cacicazgos parece tener una lógica histórica, más que funcional. Puede, también, que los españoles no comprendieran plenamente el sentido de la institución, e introdujeran una confusión que nos crea dificultades de interpretación.

    Asimismo, en el siglo XVI la atribución de los cacicazgos tuvo una supervisión virreinal que se manifestaba en documentos formales y un elaborado ritual de posesión. En épocas posteriores, hay caciques de Pátzcuaro, pero también de cada uno de sus barrios; en otras cabeceras, como Cherán, a fines de la colonia había tres linajes que declaraban ser de caciques; el reconocimiento gubernamental se hizo más laxo, esporádico y en ocasiones inexistente. Esta multiplicación de caciques y esta informalidad tienen que ver sin duda con la pérdida de sus privilegios gubernativos y con su deterioro económico; pero la transición, el deslizamiento semántico que se oculta detrás de la permanencia de la misma voz, todavía queda por elucidar.

    Los nobles, y en particular los descendientes del cazonci, argumentaron que la mayor y mejor parte de las tierras de Michoacán pertenecían a la nobleza y al cazonci, y que el tributo pagado había sido el equivalente de una renta de la tierra. Los pueblos solamente habrían poseído por derecho propio tierras en cerros y malpaíses. En otros términos, la nobleza había sido gran propietaria, y sobre esta propiedad se construían relaciones sociales de subordinación y dependencia con los pueblos y con los llamados “terrazgueros”. Es muy clara la insistencia en esta interpretación en las reiteradas historias fundacionales acerca de que la nobleza bajó a los macehuales de los cerros donde se habían refugiado dando así origen al orden colonial. Esta manera de ver las cosas fue parcialmente aceptada por la Corona, de manera tal que los descendientes del cazonci se convirtieron en los mayores latifundistas del siglo XVI michoacano. Es también, en términos generales, la interpretación que acepta López Sarrelangue.

    Sin embargo, es también posible que la vinculación entre comuneros y nobles indígenas fuese en la época prehispánica de naturaleza personal, basada en el parentesco y los vínculos recíprocos de lealtad y protección. Hay ciertos elementos que señalan el carácter inmediato y familiar de lo que podríamos llamar, con cierta laxitud conceptual, el Estado michoacano prehispánico. En la relación geográfica de Pátzcuaro, por ejemplo, hay una lista de pueblos sujetos que incluye varios que no están identificados como un lugar, un asentamiento, sino por un oficio o el nombre de un noble. También es notable la ausencia en Michoacán de un término equivalente al de altepetl en nahuatl, tan omnipresente en los documentos y en el imaginario colectivo del altiplano central. En fin, vale la pena señalar que cuando los nobles entablaban litigios contra los macehuales, no demandaban la tierra en sí, sino el tributo y los servicios personales (aunque éste se limitara, como llega a ocurrir, a una “kanakua” o entrega de un presente de flores).

    Si esto era así, entonces el tributo dado a los señores no constituía propiamente una renta de la tierra, sino el reconocimiento de una sujeción entre personas. Tanto Margarita Menegus como Bernardo García, en otros contextos, han insistido en esta distinción y en sus consecuencias. En efecto, a mediados del siglo XVI la Corona decidió “macehualizar” a los terrazgueros, incorporándolos a los pueblos y dándoles derecho a recibir tierras de comunidad. En este contexto, la abolición del tributo dado a los nobles indígenas puede haberse interpretado como una desaparición de las relaciones de dependencia. En otras palabras, los antiguos terrazgueros se consideraron como poseedores con plenos derechos, sujetos sólo a la autoridad del rey; y la “rebelión de los macehuales” que López Sarrelangue observa desde el siglo XVI, podría ser resultado indirecto e imprevisto de una política fiscal de la Corona. Pero es un tema en el cual hay que navegar con mucho cuidado.

    En fin, cabe congratularse por la reedición de este clásico, y es de esperarse que reciba el mejor de los homenajes que pueda recibir: que los historiadores actuales continúen la paciente labor de compilación de la autora, y que retomen y discutan con nuevos elementos sus hipótesis y conclusiones.


    …………


    Publicado en revista Tzintzun, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, 2000




    _______________________________________

    Fuente

    https://felipecastro.wordpress.com/2...z-sarrelangue/

  5. #285
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Luis de Castilleja, un noble indígena “de mano poderosa”

    Posted by Felipe Castro Gutiérrez


    * Este trabajo recibió el “premio al mejor artículo“, categoría “época colonial”, del Comité Mexicano de Ciencias Históricas.


    ………………………………………………………………





    Ha aparecido en Estudios de Historia Novohispana, vol. 37, y está disponible en línea mi artículo sobre “Luis de Castilleja, un noble indígena “de mano poderosa” entre dos épocas del gobierno indígena”.

    Los nobles indios de la época temprana de Nueva España han atraído la reiterada atención de los historiadores. No obstante, el interés disminuye cuando aparecen los descendientes de estos personajes, que perdieron poco a poco sus bienes, prerrogativas y privilegios. Pese a todo, siguieron siendo relevantes en la sociedad y el gobierno y merecen ser estudiados con detenimiento.

    En este trabajo se aborda la vida pública de Luis de Castilleja y Puruata, un bisnieto del cazonci o último “señor natural” de Michoacán que dominó la vida política de Pátzcuaro durante las primeras décadas del siglo XVII. Su autoridad nunca fue sin embargo del todo estable, dado que ya no podía apoyarse en las antiguas lealtades de linaje. Dependía más bien de su capacidad de obtener el apoyo y lealtad de los distintos pueblos, barrios y corporaciones que integraban la “república” de indios. No tuvo el título de “cacique”, lo cual es en sí interesante, porque con frecuencia se asume que cacicazgo y autoridad iban juntamente. En este sentido, se ubica, como menciona el título, en la transición hacia otras maneras de obtener y ejercer la autoridad en la sociedad nativa.

    Si le interesa este tema, puede también consultar otro artículo aparecido en Relaciones, vol. 23, no. 89, titulado Alborotos y siniestras relaciones: la república de indios de Pátzcuaro colonial.




    _______________________________________

    Fuente

    https://felipecastro.wordpress.com/2...mano-poderosa/

  6. #286
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Firmas de ancianos indios mixtecos principales de varios pueblos de la Mixteca Alta, #Oaxaca.

    Fueron "testigos de identidad" en una diligencia para mostrar un paraje en disputa en 1719. Destaca (centro derecha) la de don Juan de la Serna, cacique de Santo Domingo Tlachitongo.







    Me llama mucho la atención cómo se distinguen los trazos temblorosos, ya sea por la edad o por la falta de práctica en la escritura.

    Una de las partes del litigio era el cacique de #Teposcolula, Agustín Carlos Pimentel y Guzmán; envió esta carta al Alcalde Mayor de la región para decirle que no podía ir a verlo por estar "con accidente de no poder andar a caballo". Su firma abajo a la derecha.







    Dos décadas después el cacique perdió el caso pues no demostró la propiedad de las #tierras, y los pueblos divididos decidieron usar esas tierras como propiedad mancomunada; un caso sumamente extraño.

    Sí, en este caso eran pueblos sujetos de Yanhuitlán: San Andrés Sinaxtla y San Juan Sayultepec



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  7. #287
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal





    Rotonda del rey Nezahualcóyotl
    (Cáceres)

    Nezahualcóyotl (1402-1472) fue el gobernante supremo de la ciudad-estado de Tetzcuco, aliada de los aztecas en el antiguo México. Su largo reinado, de algo más de cuarenta años, fue un periodo de esplendor: bajo su dirección se emprendieron grandes obras hidráulicas en los lagos del valle de México, se construyeron palacios, templos y escuelas, y se promulgaron leyes justas.

    En 1991, en vísperas del V Centenario del Descubrimiento de América, las autoridades cacereñas acordaron, como testimonio de amistad hacia los pueblos indígenas del Nuevo Mundo, rendir homenaje a una de sus figuras más dignas de recuerdo, eligiendo acertadamente eligieron por unanimidad a Nezahualcóyotl. E1 9 de octubre de 1992 se inauguró su estatua, obra del escultor mexicano Humberto Peraza, en la rotonda de la Avenida de la Hispanidad con la calle Caupolicán, cerca del Colegio Público Moctezuma, contando con la presencia de las autoridades de Cáceres y de Tezcoco, hoy una ciudad cercana a México D. F.



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    Fuente


    España Bizarra — Rotonda del rey Nezahualcóyotl (Cáceres) ... (tumblr.com)

  8. #288
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Tecuichpo Doña Isabel Moctezuma Transición de una noble indígena al mundo novohispano





    Fig.3- Matrimonios de Isabel Moctezuma con españoles y sus hijos. Elaborado por Octavio Márquez.





    Fig. 1- Moctezuma y doña Isabel Moctezuma. Códice Cozcatzin f. 1v.





    Fig. 2- Bautizo de mujeres tlaxcaltecas para poder contraer matrimonio. Detalle de las Escenas de la Conquista de México de Miguel y Juan González, (1678), Tabla 7.




    Para hablar de la participación de las mujeres durante y después de las conquistas en Mesoamérica debemos nombrar a Ichcaxochitl Tecuichpo como una de las pocas mujeres que tienen reconocimiento. Sin la participación femenina de esposas, guerreras, traductoras e intérpretes, cocineras y curanderas no es posible entender las conquistas de Mesoamérica y el surgimiento de la Nueva España.

    Isabel Moctezuma aunque no participó en el campo de batalla sí fue muy influyente en los albores de la Nueva España a través de su incorporación a la nobleza novohispana. El bautizo fue el medio para incorporarla, pero rápidamente buscó los medios para proteger y acrecentar los beneficios obtenidos por su antigua posición en la nobleza indígena. ¿De qué manera participó en este mundo de conquistas?

    Ichcaxochitl Tecuichpo (fig. 1) es el nombre mesoamericano que tuvo doña Isabel Moctezuma antes de ser bautizada. Nació entre 1509 o 1510, su padre fue el gobernante mexica de Tenochtitlan, Moctezuma II, y su madre Tezalco, una noble tenochca. Aproximadamente a los ocho años, entre 1517 y 1518, debió entrar al calmecac, la escuela por excelencia de la nobleza náhuatl.

    La educación que habría recibido en estos años será un pilar para hacer frente a su incorporación al mundo novohispano, pues esta se caracterizaba por una férrea disciplina. La vida religiosa y la forma de comportarse y de hablar con la nobleza indígena le habrían permitido socializar, primero con los propios indígenas, y posteriormente, adaptarse al mundo español.

    Durante los meses de 1520 en que Tenochtitlan estuvo habitada de extranjeros debió presentarse algún tipo de interacción entre Ichcaxochitl Tecuichpo y los españoles, sin embargo ninguno de ellos tomó como relevantes estos hechos, ni siquiera Cortés quien afirma que Moctezuma II lo habría querido emparentar con una de sus hijas. La presencia de españoles en la ciudad le permitió a Ichcaxochitl Tecuichpo escuchar una lengua que no comprendía, pero que posteriormente dominaría; experimentar la violencia excesiva que eran capaces de ejercer los españoles por su anhelo de riquezas y por su intolerancia religiosa. Vivió los peligros de no negociar con los españoles y no incorporarse a su cultura.

    Hernán Cortés afirmó que antes de morir Moctezuma II, este habría expresado su última voluntad la cual era que Cortés fuera el tutor de algunas de sus hijas, entre ellas a Ichcaxochitl Tecuichpo, no sabemos si eso ocurrió. Durante la Noche Triste o ahora llamada Noche Victoriosa Ichcaxochitl Tecuichpo al ser hija de madre tenochca se quedó en Tenochtitlan, aunque Hernán Cortés intentó llevársela durante este episodio no fue posible y regresó a la ciudad mexica. Momentos muy difíciles para los descendientes de Moctezuma II, pues Cuauhtémoc encabezaba la facción bélica de tenochcas que buscaron asesinarlos.

    Sobre sus matrimonios con Cuitláhuac y Cuaúhtemoc gobernantes tenochcas no hay evidencia concreta. De hecho el que es considerado como su segundo nombre “Tecuichpo” es en realidad un título que indicaba que su portadora era una mujer virgen o en edad de casarse. Por lo que si se hubiera casado, creemos, no tendría razón el título y otro se le habría otorgado y estaría registrado en las fuentes. Lo más probable es que estos matrimonios hayan sido inventados por doña Isabel Moctezuma y Juan Cano Saavedra, su tercer esposo, para ampliar sus riquezas, según María Castañeda de la Paz.

    Después de la conquista de la capital mexica, Hernán Cortés con el argumento de ser el tutor de algunas de las hijas de Moctezuma II bautizó en 1526 a Ichcaxóchitl Tecuichpo como Isabel en honor a la emperatriz española Isabel, y como apellido tomaría el nombre de su padre, Moctezuma. El bautizo (Fig. 2) era importante porque permitiría a las indígenas contraer matrimonio con los españoles, en el caso de las mujeres llegando con la dote, a través de este medio doña Isabel Moctezuma recibió la encomienda de Tula, en 1526, al contraer matrimonio con Alonso de Grado.

    La nobleza indígena que se bautizada podía exigir recompensas, como títulos nobiliarios, escudos de armas, usar diversas prendas de vestir entre otros muchos elementos de prestigio que incorporaron los indígenas sin dejar de usar los suyos, pues como se ha visto en El Lienzo de Tlaxcala la nobleza indígena conjugó los elementos de prestigio de ambas culturas para diferenciarse y asimilarse al mundo novohispano.

    Los matrimonios de doña Isabel Moctezuma con españoles –Alonso de Grado, Pedro Gallego de Andrade y Juan Cano- (fig. 3) fueron importantes para los españoles porque crearon lazos con los herederos de Moctezuma II y así pudieron calmar cualquier aspiración de reclamo del desintegrado imperio que encabezaba su padre Moctezuma II.

    Doña Isabel Moctezuma supo integrarse al mundo novohispano por su asimilación a la cultura española, lo que conlleva a adquirir una forma de vida y de pensar. De hecho, en 1544, Juan Cano le declara al historiador Oviedo que doña Isabel Moctezuma era una mujer con gran arte para la conversación y muy devota de la religión católica. Eso no quiere decir que haya dejado de interactuar con el mundo mesoamericano, debió seguir vistiendo las prendas de su rango social, su alimentación siguió siendo altamente de origen mesoamericana, el espacio y las personas con las que convivía día a día pertenecían al mismo mundo donde había nacido. Aunque las fuentes lo callen, algunos autores como Federico Navarrete y Antonio Rubial afirman que las mujeres indígenas debieron influir en la mente, los sentimientos y en el cuerpo de los españoles, a través de gestos, acciones y de los intercambios lingüísticos de tal manera que ellos asimilaron ciertos elementos de la cultura mesoamericana que les permitieron, entre muchas cosas, las conquistas.

    Doña Isabel Moctezuma fue una mujer altamente religiosa, rica por la encomienda de Tacuba, influyente entre los indígenas, considerada por los españoles, educada y bilingüe. Aprender español dio origen a canales de comunicación que permitieron interactuar con sus esposos, en particular es interesante lo que informará a Juan Cano, su tercer esposo español, sobre el funcionamiento de los matrimonios indígenas y de lo complicado de los vínculos de la nobleza tencohca, lo que era fundamental saber para que él encabezara los procesos legales que buscaban acrecentar las riquezas de ambos.

    En su testamento, elaborado en 1550 un año antes de morir, doña Isabel Moctezuma divide sus riquezas entre sus hijos. Salta a la vista que dejó la encomienda de Tacuba a su hijo Juan de Andrade Moctezuma, producto de su segundo matrimonio, y no a Juan Cano o los hijos que tuvo con él. ¿Qué tanta libertad y poder tuvo doña Isabel Moctezuma para tomar decisiones en otros ámbitos de su vida? No lo sabemos, pero seguramente fue bastante y con ello pudo ir moldeando su presente y futuro. Además estipuló que era su voluntad dejar en libertad a los esclavos naturales de esta tierra que estuviesen a su servicio.

    Doña Isabel Moctezuma representa una forma en cómo las mujeres vivieron el proceso de conquista, no exenta de violencia. Al igual que su padre buscó la diplomacia y no la violencia para beneficiarse del nuevo mundo que se iba construyendo, logrando posicionarse fuertemente en esta sociedad y sentando las bases para que sus descendientes no se perdieran en las sombras de la historia como sí ocurrió con muchos otros nobles indígenas. La vida de doña Isabel Moctezuma nos abre las puertas al panorama de historias de vida que sucedieron tras la llegada de los españoles. Nos muestra que en los primeros latidos de la Nueva España fueron fundamentales las alianzas con indígenas y hay una fuerte presencia de mujeres indígenas que supieron hacer uso de su legado para abrirse paso en el mundo novohispano. Esta es una forma, entre muchas, de cómo se vivió este periodo histórico.


    Para saber más...

    Castañeda de la Paz, María, Conflictos y alianzas en tiempos de cambio: Azcapotzalco, Tlacopan, Tenochtitlan y Tlatelolco (siglos XII al XVI), Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, 2013.

    Cossich Vielman, Margarita, Mujeres nahuas y fuentes de la conquista, México, Noticonquista, https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2294/2293.

    Navarrete Linares, Federico, ¿Quién Conquistó México?, México, DEBATE, 2019.



    Para citar: Alitzel Nájera Ramírez, Octavio Márquez Rodríguez, Tecuichpo Doña Isabel Moctezuma Transición de una noble indígena al mundo novohispano, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2840/2831. Visto el 30/09/2021




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  9. #289
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Don Diego Cristóbal Túpac Amaru

    Don Diego Cristóbal Túpac Amaru nació en Tinta en la década de 1750, era primo de José G. Túpac Amaru. Cuando estalló la Gran Rebelión de 1780 sirvió como uno de los principales comandantes, y tras la muerte de José Gabriel en 1781 tomó el mando del ejército tupacamarista.

    Diego Cristóbal ordenó el asedio de Puno en abril de 1781 aplicando una estrategia de desgaste. Las tácticas brutales de guerrilla contra los partidarios del poder virreinal hicieron que el mariscal José del Valle decidiera abandonar Puno lo más pronto posible, desistiendo de sus planes, esto fue considerado como una victoria para los rebeldes. Las tropas rebeldes rodearon Sorata e iniciaron un sitio el 4 de mayo de 1781, cortando las principales rutas de abastecimiento de comida y agua, así mismo intentaron obligar a las fuerzas virreinales a firmar la paz mediante amenazas de desbordar los ríos, lo que eventualmente hicieron. El pueblo de Sorata fue tomado el 5 de agosto de 1781.

    En septiembre de 1781 las fuerzas de Diego Cristóbal se aliaron con los kataristas, iniciando el segundo sitio de La Paz por parte de un ejército conjunto de rebeldes, quienes conformaban un aproximado de 30 000 hombres. Las tropas rebeldes rodearon La Paz en octubre e intentaron aplicar una estrategia similar a la de Sorata, pero no lograron su objetivo.

    El virrey Agustín de Jáuregui firmó un indulto y amnistía general el 12 de septiembre de 1781 para los insurgentes, temiendo la victoria de los rebeldes en el sur y por sugerencia de los generales que habían combatido. Aquel documento fue entregado por el corregidor Francisco Salcedo a Diego Cristóbal en Azángaro.

    A fines de 1781 Diego Cristóbal ejercía dominio militar y político desde la actual Moquegua y Tacna hasta algunas regiones del norte de lo que hoy es Argentina y Chile. Aunque inicialmente la amnistía fue rechazada por Diego Cristóbal, la escalada de violencia que se estaba dando entre los 2 bandos y que se había cobrado la vida de más del 10% de la población (más de 100 000 personas muertas) del Virreinato del Perú, sumado a la insistencia de los militares y clérigos españoles, y a la postura anti-católica y anti-europea (guerra étnica) de los kataristas, hizo finalmente que aceptara.

    “Campo de Sicuani, 26 de enero de 1782. Admítese el rendido pedimento de esta parte, relativo al indulto concedido por la piedad del Exmo. Señor D. Agustin de Jauregui, Caballero del Orden de Santiago, del Consejo de S. M., Teniente General de los reales ejércitos, Virrey, Gobernador y Capitan General de estos reinos; y resérvese para el dia de mañana la solemnización de fidelidad y demás órdenes que necesito dar sobre esta materia…”. (José del Valle, 1782)

    El 27 de enero de 1782, tras una cruenta guerra, se firmó el Tratado de Paz de Sicuani, entre los rebeldes liderados por Don Diego Cristóbal Túpac Amaru y las fuerzas virreinales representadas por el mariscal Don José del Valle. Este acontecimiento es celebrado por tres días consecutivos en las principales capitales de la costa, especialmente en Los Reyes (Lima).

    Don Diego Cristóbal Túpac Amaru persuade a sus comandantes de deponer las armas pero personajes como Vilca Apaza, Calisaya, Laura, Incaricona, entre otros, siguen con la guerra y desprecian la decisión de Diego, considerándole un traidor e ingenuo por confiar en los españoles "Q"aras".

    A pesar de que Diego Cristóbal se somete y jura lealtad al Rey de España este es capturado junto a sus comandantes y familiares por las fuerzas virreinales. Se le acusa de seguir enviando cartas a los rebeldes, de haber instigado un alzamiento en Carabaya, tener escondidas más armas y de no devolver los caudales sustraídos durante la rebelión. Tras un juicio sumario es condenado a muerte por veredicto de Mata Linares.

    El 19 de julio de 1783 Diego Cristóbal es conducido a la plaza mayor del Cuzco para presenciar la ejecución de sus comandantes y familiares. Finalmente Diego Cristóbal es torturado, se le arranca la piel con tenazas calientes, se le ahorca hasta la muerte y se le descuartiza. Su cabeza es puesta en pica en el pueblo de Tungasuca, un brazo es llevado a Lauramarca, el otro al pueblo de Carabaya, una pierna a Paucartambo, la otra a Calca, y el resto del cuerpo puesto en una pico en el camino de la Caja del Agua.


    Referencias:

    .- La revolución social de los Túpac Amaru, Atilio Sivirichi Tapia (1979).

    .- Túpac Amaru, Carlos Daniel Valcárcel (1970).

    .- La rebelión de Túpac Amaru, Charles Walker (2019).








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  10. #290
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    La Conspiración de Remangaenaguas (1667)

    Gabriel Inca Manco Cápac:

    Gabriel fue un indio ladino (instruido) del siglo XVII, natural del Rímac. Este personaje junto a otros nativos y mestizos planificaron uno de los intentos de rebelión más grandes del Perú, ya que implicaba una revuelta general en los Andes centrales y norte del Virreinato. Aquel plan tenía como finalidad erradicar el poder español y ocupar Los Reyes militarmente para así controlar el Perú.


    Conspiración:

    En diciembre de 1666 Gabriel se reunió en Remangaenaguas (lugar del Rímac) con un grupo de caciques y nobles indígenas para planificar la rebelión. Les apoyaban dos indígenas limeños de buena economía llamados Juan Ordóñez y Andrés Arenas que cedieron sus casas para las reuniones.

    Acordaron que la rebelión debía de estallar el 6 de enero de 1667 en varios puntos, como la región norte, valle del Mantaro, Huancavelica, Yauyos y Huarochirí, incluyendo una incursión militar a Los Reyes para tomar la capital.

    Los desacuerdos internos entre algunos de los líderes hicieron que uno de ellos, el Gobernador de los Indios de Cajamarca, Diego Lobo desistiera y denunciara la conspiración ante las autoridades. Los líderes fueron capturados y ejecutados a excepción de Gabriel Inca Manco Cápac quien huyó hacia los Andes. Corría el rumor de que a las afueras de Los Reyes, en Huachipa había un ejército de 3 000 indígenas dispuestos a tomar la capital.

    Las autoridades pusieron en alerta a todo el Virreinato del Perú y enviaron un destacamento hacia los Andes centrales, tiempo después en marzo de 1667 se sofocó un intento de revuelta en el valle del Mantaro y Huancavelica orquestado supuestamente por Gabriel Inca Manco Cápac. Se encontraron numerosas insignias y elementos que utilizaban los antiguos soberanos Incas.

    Lo último que se supo de Gabriel es que había huido a la selva central para no ser encontrado jamás por los españoles.


    Referencia:

    .- Francisco del Castillo: el Apostol de Lima, Armando Nieto Vélez (1992).









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    https://www.facebook.com/Federalperu...2440137991792/
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  11. #291
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    La Conspiración de Aguilar Narvarte (1805)

    Fue una conspiración de criollos y mestizos de provincia, quienes tenían por objetivo iniciar un alzamiento en los Andes contra el gobierno virreinal que concluiría con la instauración de una Monarquía Incaica. El candidato al trono era el capitán Manuel Valverde Ampuero, un aristócrata emparentado con el Marqués de San Juan de Buenavista y el Conde de las Lagunas.

    Esta conspiración estuvo protagonizada por el minero huanuqueño José Gabriel Aguilar Narvarte y el abogado arequipeño Manuel Ubalde Zeballos, también participaron Diego Cusihuamán, fray Diego Barranco, el teniente Mariano Lechuga y Marcos Dongo.

    Pero poco antes del estallido del levantamiento fueron delatados por el teniente Mariano Lechuga. Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde fueron capturados, procesados y condenados a muerte. Murieron ahorcados en la Plaza Mayor del Cuzco el 5 de diciembre de 1805.


    Referencia:

    .- Los precursores olvidados: Gabriel Aguilar Narvarte y Juan José Crespo y Castillo; dos semblanzas en dos hechos históricos de la emancipación, Samuel A. Ordóñez (1972).









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    https://www.facebook.com/Federalperu...23209591248180
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  12. #292
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    INDIGENISMO DEL DE VERDAD, EL DE EN SERIO

    Tres documentos sobre el establecimiento de escuelas públicas para indios y de escuelas públicas en general en cada cabeza de partido de las provincias del Reino de Quito, según real despacho del rey Fernando VII, en Cuenca y Quito,1817 y 1821.

    El último documento es un oficio circular dirigido a los regidores de los cabildos de los pueblos donde se dispone la implementación de la orden real de la creación de las escuelas públicas en cada uno de ellos según lo estipula la ley reglamentaria de entonces, firmado por Melchor de Aymerich, último presidente de Quito.

    Como sabemos el año siguiente, 1822, llegó la libertadura bolivariana y no se sabría nada de educación pública para indios ni para casi nadie sino hasta le gobierno de Gabriel García Moreno, dos generaciones después.















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    https://www.facebook.com/francisco.n...49012972015476
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    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  13. #293
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Real Cedula de Alcalde Mayor

    El 20 de octubre de 1555 el rey Carlos I de la Casa de Austria le concede a Don Alonso Titu-Atauchi Inca el cargo de Alcalde Mayor de los 4 Suyos, para que administre justicia en el Perú al mismo nivel que un Gobernador y Corregidor, pero por debajo de la Real Audiencia.

    El Rey Carlos V, en la Villa de Bruselas 20 de octubre de 1555:

    “A todos los consejos, Corregidores caballeros escuderos oficiales hombresbuenos de todas las ciudades villas y lugares de las provincias de la Nueva Castilla y llamada Perú y de las otras provincias sujetas comprendidas en el distrito y jurisdicción de la nuestra audiencia y Chancelleria Real de las dhas Provincias del Peru y otras qualesquier personas eclesiasticos y seculares de qualesquier estado y condición sepades que nos aviendo entendido las alteraciones y cosas acaisidas en esas dichas provincias del Peru despues que Francisco Fernandes Xiron con otros muchos que con él se juntaron y se alzaron con la Ciudad del Cuzco y prendieron a Xil Ramirez Davalos nuestro corregidor que hera en la dhaciudad y deceando como dece amos que estas provincias se pongan en toda pas y sosiego y quietud para que en ellas se aga el servicio de Dios Nuestro señor y su santa Fe Catolica sea aumentada para este efecto y que nos seamos servidos y esas dhas provincias hacen en todo agresentamiento y noblecimiento y los pobladores de ella vivan en tod ocontentameinto avemos acordado por el gran concimiento y grandes servicios que en averpreso al dho Francisco Fernandez Xiron el dho don Alonso Tito Atauche Ynga nuestro leal basallo y buen Christiano le avemos elexido y señalado por nuestro alcalde Mayor de los quatro suyos para que haga y administre justicia y alzando vara alta pueda a los nuestros sujetos y vasallos y para que asimesmo entienda en hacer y ordenar justicia y castigar los ynobedientesy aver todo lo de mas que convenga para el sosiego quietud ynoblecimiento de esas provinciaspor la presente por nuestro prio pio motuo y cierta ciencia y de nuestra voluntad eleximoscostituimos señalamos a ello al dho don Alonso Tito Atauche Ynga y le damos yotorgamos todo nuestro poder cumplido libre y lleno y bastante con libre y generaladministración según y tan cumplidamente y es necesario y se requiere para que el suso dhosegún derecho mas y mejor y pueda valer y por nos y en nuestro pueda entender y aga justiciaen la pacificación y susiego de las dhas provincias y lo que mas convenga a nuestro servicio yprovea en todas las cosas que ocuriere asi concernientes de la dha administración y execuciónde la dha nuestra justicia como de la buena gobernación y defenza de las dhas provincias ennuestro noblecimiento de ellas y gratificación de los pobladores y basallos y concervacion delos naturales y buen tratamiento de ellos y buen cobro de nuestra Real hacienda y en todas lasotras cosas y negociaciones de qualesquier calidad que sean y se ofrescan de nuestro servicio y viere que combiene y devan hacerse y provea en nuestro nombre como nos mismos alas justicias en otra qualesquier manera que se conveniente para defensas de esas provincias ybien y utilidad de ellas pueda llamar y convocar a las ciudades villas y otros pueblos yrepartimientos y pider a nuestros virreyes perlados y gobernadores justicias caballeros y otraspersonas de esas provincias estantes en ellas le den favor y avida siendo avisados por el dho don Alonso Tito Atauche Ynga y Finalmente pueda ser y provea todo aquello que nosotrosmesmos hacer proveer pudieramos de qualesquier calidad y condición que sean y ser puedanlas causas en las provincias porque bos mandamos a todos y a cada uno de bos aquí referidoacudireis a lo que os pidiere y mandare el dicho don Alonso Tito Atauchi y por el fuereproveido ordenando y mandando en qualesquier cosas y casos que se ofrescan en esas provincias todo lo guardereis cumplais como persona que tiene nuestro poder como descendiente del ynga y que perpetuamente gosase el dho don Alonso Tito Atauche Ynga ysus hijos y subsesores. Para su cumplimiento otorgan poder a dho don Alonso Tito Atauche Ynga, para que ordene justicia”.


    Referencia:

    .- Incas e indios cristianos: Elites indígenas e identidades cristianas en los Andes coloniales, Jean-Jacques Decoster (2002).

    .- Biblioteca peruana: Manuscritos peruanos del Archivo General de Indias, Sevilla, España, Rubén Vargas Ugarte (1938). Ver menos







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  14. #294
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Representación virreinal de un Rey Inca en el nacimiento de Jesús Cristo.

    “Adoración de los Reyes Magos“ de Diego de la Puente, 1643. Ubicado en la Iglesia de San Juan de Letrán, Juli, Puno.

    Según cuenta la tradición cristiana, los tres Sabios de Oriente (Indias), llegaron a Belén para celebrar el nacimiento del niño Jesús Cristo, portando tres regalos: oro, incienso y mirra.

    “¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Vimos su estrella en el oriente y venimos a rendirle homenaje”.

    La imagen había sido por mucho tiempo una herramienta de adoctrinamiento y de control en el Nuevo Mundo, la representación de imágenes llevaba implícita todo un trasfondo ideológico. Con la imagen se logró no solo establecer normas, valores, creencias, sino también códigos de comportamiento entre las masas. Este elemento regulaba en cierto modo el ideario y conducta de la gente.


    Referencia:

    .- El barroco peruano. BCP (2002).









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    https://www.facebook.com/Federalperu...23473424555130
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  15. #295
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    PRUEBAS PARA LA ENTRADA DEL HIJO DE CORTÉS EN LA ORDEN DE SANTIAGO.

    Este documento, conservado en el Archivo Histórico Nacional, formaba parte de las pruebas recopiladas para la candidatura de Martín Cortés, el hijo primogénito de Hernán Cortés y doña Marina (Malintzin), a ingresar en la Orden de Santiago.

    Está datado en 1529, lo que significa que el joven vástago del conquistador tenía entonces unos seis o siete años de edad, puesto que nació entre finales de 1523 y comienzos de 1524.

    Cabe añadir que Martín no consiguió ser caballero de Santiago pero sí paje de Felipe II (cuando aún no era rey), aunque luego se le acusó, junto a sus hermanos, de tramar una conspiración contra las Leyes Nuevas y terminó desterrado.

    VÍA https://twitter.com/.../status/14424...319809/photo/1













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    https://www.facebook.com/groups/2731...=recently_seen
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  16. #296
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Juan Enríquez de Borja Loyola Inca

    .-Títulos y cargos:

    II Marqués de Santiago de Oropesa, Marqués de Alcañices con Grandeza de España (primera clase), Señor de Yucay y de Loyola.

    Don Juan Enríquez de Borja Loyola Inca fue un aristócrata que pertenecía a la línea principal de los descendientes de los soberanos Sayri Túpac de Vilcabamba, Alfonso XI de Castilla, Juan II de Aragón, Sancho VI de Navarra, Alfonso V de León y del Papa Alejandro VI.

    Era hijo del capitán general Juan Enríquez de Borgia y de la marquesa Ana María de Loyola Coya Inca. Se casó primero con la hija del Virrey de Cataluña y luego con la hija del Virrey de Granada. Tuvo una hija con la marquesa Ana de Velasco.

    Su Marquesado que se encontraba en el Perú era gobernado por la familia Chiguantopa Inca, este Marquesado con Mayorazgo comprendía las tierras de Maras, Yucay, Urubamba y Huayllabamba, donde se criaban animales y se cultivaban varios tubérculos, verduras y frutas.


    Referencia:

    .- Revista del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas (1994).

    .- El Inca colonial, Pablo Macera (2006).

    .- Historia genealógica y heráldica de la Monarquía española, Casa Real y Grandes de España, Francisco Fernández de Béthencourt (1897).










    _______________________________________

    Fuente

    https://www.facebook.com/Federalperu...5403424362130/
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  17. #297
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    Andrés Sánchez Gallque

    Ecuatoriano del siglo xvi, muy dotado en la técnica del dibujo, fue un artista especialmente habilidoso como pintor de caballete. La carrera de este pintor indio, el primero registrado por su gremio en la historia del arte ecuatoriano, se inició en la Escuela de Bellas Artes y Oficios de San Juan Bautista —luego llamada Colegio de San Andrés—, fundada en Quito por el religioso franciscano Jodoco Ricke.

    Desde 1587 Sánchez Gallque acudió al taller que dirigía en dicha escuela Fray Pedro Bedón, convirtiéndose en uno de los discípulos más notables de este último. Su etapa más fructífera se sitúa en torno a 1600, coincidiendo con el periodo de apogeo de su maestro y principal inspirador. A esas fechas corresponde una de sus obras más originales, hoy conservada en el madrileño Museo de América: Los negros de Esmeraldas (1599). Se trata de un óleo sobre lienzo en el que presenta a tres afroecuatorianos, ataviados con prendas españolas y joyería prehispánica. Los tres personajes habían sido esclavos huidos (cimarrones), y su retrato fue elaborado por Sánchez Gallque gracias al patrocinio del oidor español don Juan del Barrio.





    Detalle de la obra Los negros de Esmeraldas.




    _______________________________________

    Fuente

    https://cvc.cervantes.es/artes/ciuda...es/sanchez.htm

  18. #298
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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    El lienzo de Analco




    Lienzo de Analco - El único "glifo" del lienzo, es el que representa a Tiltepec, cerro negro. Observamos contingentes de nahuas con espadas y macanas, así como españoles con ballestas, arcabuces y espadas, portando morriones y armadura de placas.





    Lienzo de Analco - Escena central del lienzo: se observa la Villa Alta de San Ildefonso con su iglesia y casa del cabildo, así como el barrio de los mexicanos de Analco al lado izquierdo. La villa parece estar siendo atacada por contingentes de zapotecos,





    Lienzo de Analco - Escena de combate que se desarrolla al norte de Villa Alta. De lado izquierdo se aprecian ahorcados y aperreamientos.



    Como ya nos mostró Marta Martín [https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2283/2271,] para 1526 buena parte de lo que hoy constituye el territorio del estado de Oaxaca se encontraba ya sometido al dominio hispano. Sin embargo, existía una región que, pese a los numerosos esfuerzos de Hernán Cortés y sus capitanes, se mantenía insumisa: la Sierra Norte de Oaxaca, conocida en el siglo XVI como Provincia de los Zapotecas.

    Entre 1522 y 1526, cuatro campañas de conquista fracasaron. Cortés y sus capitanes culparon a la sierra, “la más áspera de la Nueva España”, donde no podían andar a caballo y avanzaban con lentitud, siempre con temor a despeñarse. Se quejaron, además, de la humedad de la tierra y de las lluvias constantes que volvían resbalosos los angostos caminos. Señalaron, por último, que al abrigo de la sierra sus habitantes, los zapotecas y mixes, crecían altivos y feroces y presentaban una eficaz resistencia.

    Para someterlos parcialmente, fue necesaria una campaña que atacara la sierra de forma simultánea por tres rumbos. Esto ocurrió en los últimos meses de 1526, cuando tres capitanes encabezaron sendas fuerzas de ballesteros y escopeteros a pie. La campaña culminó con la fundación de la Villa Alta de San Ildefonso en enero de 1527.

    Aunque apenas figuran en las fuentes hispanas, estas empresas de conquista contaron, como tantas otras, con la presencia de combatientes indígenas. Muy poco sabemos de ellos: por ejemplo, se desconoce con exactitud su lugar de origen, pues solo son referidos como “mexicanos”, es decir, hablantes de náhuatl, que salieron desde la Ciudad de México, aunque seguramente procedían de diversos pueblos de la cuenca. A diferencia de los tlaxcaltecas, referidos como amigos o aliados, los mexicanos que participaron en la conquista de la sierra son referidos como “naborías”, término usado en la época para referir a indios de servicio que, como tales, podían ser empleados tanto en el servicio doméstico, como en la labranza de las tierras de su señor, quien también podía llevarlos consigo en campañas de guerra para prestar servicio militar. No eran propiamente esclavos, aunque su condición era cercana, pues se trataba de indios de servicio a perpetuidad.

    Estos naborías mexicanos fueron fundamentales para consolidad el pequeño establecimiento español de Villa Alta. Y es que la fundación de la villa fue apenas el comienzo de un largo proceso de conquista y sometimiento de los mixes y zapotecas de la Sierra Norte, proceso que se extendió a lo largo de casi todo el siglo XVI, y en el cual, según los propios españoles, no había año en que no se viviera una rebelión de los indígenas.

    Los naborías mexicanos prestaron auxilio armado, de forma recurrente, para sofocar estas rebeliones. A cambio recibieron –no sin cierta reticencia por parte de los vecinos españoles- un espacio al oeste para asentarse, donde fundaron un barrio al que nombraron Analco,
    y para 1555 el cabildo de Villa Alta les cedería también tierras para sembrar y sustentarse. Un par de décadas más tarde incluso quedarían exentos de pagar tributo, a cambio de dar trabajo de forma voluntaria a los españoles de la villa.

    A pesar de ello, los de Analco se enfrentaron constantemente a los intentos de los vecinos españoles por minar sus privilegios y forzarlos a trabajar. De igual modo, los pueblos vecinos de Totontepec y Yaa les disputaron en diversas ocasiones las tierras. De ahí que, hacia fines del siglo XVI, consideraron necesario documentar su papel como aliados y auxiliares en la conquista de la Provincia de los Zapotecas. Para ello, elaboraron un enorme lienzo –de 1.8 por 3 metros- en el que pintaron la historia de su arribo a la región y los servicios prestados los españoles, documento que hoy conocemos como el Lienzo de Analco, y que forma parte del acervo de códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

    A diferencia de otros lienzos –como el de Tlaxcala o el de Quauhquechollan- el de Analco no cuenta con glosas, es decir, textos en náhuatl o el castellano, que expliquen las escenas. Desconocemos la fecha exacta de su elaboración, si bien algunos documentos elaborados por el barrio de naborías permiten inferir que fue en los últimos años del siglo XVI. El lienzo carece también de glifos de nombre o de lugar, así como de una escena inicial, lo que ha dificultado su interpretación.

    A pesar de ello, su mensaje es claro: en las diferentes escenas observamos a españoles y nahuas luchar juntos en contra de los indígenas serranos. Como ocurre en el lienzo de Quauhquechollan, en el de Analco los nahuas se distinguen por su cabello corto, usan ichcahuipilli –la “armadura de algodón” que servía para repeler las flechas- van calzados y portan macanas o espadas españolas. Los indios locales, zapotecos y mixes, son representados en cambio semidesnudos, apenas cubiertos por un pequeño maxtlatl, descalzos, con el cabello largo y llevando largas lanzas con filos de obsidiana, las mismas que describiera Bernal Díaz del Castillo.

    El lienzo es un testimonio también de la extrema violencia con que se llevó a cabo el sometimiento de la región: junto a las escenas de batalla aparecen indios apresados, aperreados, ahorcados, esclavizados, quemados en la hoguera, destazados dentro de campos de batalla. Gran contraste con la actitud triunfal de los nahuas. Señal de que en este lienzo, los indios de Analco buscaron representarse, no como indios al servicio de los españoles, sino como indios conquistadores.



    Para saber más:

    Viola König, La Batalla de siete flor: conquistadores, caciques y conflictos en mapas antiguos de los zapotecos, chinantecos y mixes, Oaxaca, Secretaría de Culturas y Artes del Gobierno de Oaxaca, 2010.

    Florine Asselbergs, “The Conquest in Images. Stories of Tlaxcalteca and Quauhquecholteca Conquistadors”, en Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk, (eds.). Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica, Oklahoma, Universidad de Oklahoma, 2007, 65-101.

    Yanna Yannakakis, “The Indios Conquistadores of Oaxaca’s Sierra Norte. From Indian Conquerors to Local Indians”, en Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk, (eds.). Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica, Oklahoma, Universidad de Oklahoma, 2007, p. 227-253.


    Para citar: Raquel Güereca Durán, El lienzo de Analco, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2864/2862. Visto el 18/10/2021




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    Fuente

    https://www.noticonquista.unam.mx/am...9kDAzn9CRcqbrg

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

    La relación de Francisco de Sandoval Acazitli, o de cómo los chalcas ayudaron a reconquistar la Nueva Galicia




    Folio 46recto, Códice Telleriano-Remensis; El virrey Mendoza pelea contra Francisco Tenamaztle en la guerra del MIxtón





    Folio 1, Códice Tlatelolco





    Mapa de Nueva España y Nueva Galicia de Mercator, 1512-1594



    En 1541 el dominio hispano sobre el occidente del virreinato se puso en entredicho. Numerosos pueblos se sumaron a un alzamiento que buscaba expulsar a los españoles, cuando no exterminarlos. Se trató de la rebelión más importante del siglo XVI, que amenazó con despoblar la Nueva Galicia. Fue necesario que el virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, acudiera personalmente a sofocarla. El 1º de junio de 1541 se pregonó en la Ciudad de México la guerra a sangre y fuego contra los chichimecas, y se convocó a todos los españoles e indios fieles a sumarse a la campaña.

    Numerosos contingentes de indígenas se aprestaron para ir a la que más tarde sería conocida como Guerra del Mixtón: tenochcas, tlatelolcas, tlaxcaltecas, quauhquecholtecas, huejotzincas, acolhuas, chalcas, y al parecer, también zapotecas, se presentaron con sus armas y bastimentos listos para la expedición. Algunos de estos pueblos dejaron clara constancia de su participación en la jornada: el Códice Tlatelolco, por ejemplo, nos muestra en su primer folio al sexto gobernante tlatelolca, don Martín Quauhtzin, quien participó en la batalla del Peñol de Nochistlán. Sin embargo, el testimonio más importante de la participación indígena en la represión de la rebelión de Nueva Galicia es, sin duda, la llamada “Relación de don Francisco de Sandoval Acazitli”.

    Don Francisco de Sandoval Acazitli asumió el gobierno de Tlalmanalco en 1521, cuando se preparaba la toma de Tenochtitlan. Cortés lo reconoció como señor y, a cambio, don Francisco le ofreció ayuda. Cuando en 1541 el virrey convocó a los naturales a participar en la guerra contra los chichimecas, Acazitli se aprestó a viajar a la capital virreinal para ponerse a las órdenes de Mendoza. A su regreso a Tlalmanalco, convocó a “la gente principal y de la república, como la militar y mandones” a sumarse a las filas del monarca cristiano. Sus propios hijos, Bernardino del Castillo y don Pedro de Alvarado, se sumarían también.

    Conocedor de la importancia del testimonio escrito para el mundo legal hispánico, don Francisco de Sandoval Acazitli tuvo el cuidado de dejar constancia de la actuación de él y su gente en la campaña comandada por el virrey. Más aún, el noble chalca llevó consigo su propio escribano: se trató de Gabriel de Castañeda “principal y natural del barrio de Mechoacan Colomochco”, quien recibió orden para que “fuese asentado y escribiendo todos los días lo que fuese sucediendo en esta jornada”.

    El manuscrito original, en náhuatl, no se conoce. Sin embargo, la relación fue traducida por el intérprete de la Real Audiencia Pedro Vázquez en 1641. Es esta traducción la que se encuentra en el ramo de Historia del Archivo General de la Nación.

    A través de sus veinticinco folios, la Relación de Acazitli nos entrega una detallada narración de los principales sucesos de la campaña, desde su salida de Tlalmanalco, su estancia breve en la Ciudad de México, el largo recorrido hasta llegar a tierra de guerra, y los numerosos enfrentamientos con los indios rebeldes. El “ejército de los naturales” que acompañaban a Mendoza tomó rumbo hacia el Mixtón marchando del modo siguiente: “se puso en medio la artillería, y a una banda del camino iban los tlaxcaltecas, huejotzincas, quauquechultecas, y luego se seguían los mexicanos, y xilotepecas, y luego los aculhuas; y en el otro lado los de Michoacán, Meztitlán y los Chalcos”.

    Como en toda relación de méritos y servicios, la narración se enfoca en mostrar a don Francisco como el más valiente, el más arrojado, el más leal, en suma, el más valioso de todos los hombres que participaron en la jornada. Se nota el esfuerzo por mostrar una cierta cercanía entre Acazitli y el virrey: ambos hombres se tratan no sólo con cortesía sino con cierta familiaridad. Hay espacio también para describir la gala y dignidad con que el señor acudió a la guerra, llevando por divisa y armas “una calavera de plumería con sus penachos verdes, una rodela de lo mismo, y en ella un bezote de oro, retorcido, con su espada, y su ychahuipil, y vestido de un jubón colorado, y sus zaragüelles, zapatos, y borceguí, y un sombrero blanco grande, y un pañuelo grande con que se amarraba la cabeza, y un collar de pedrería con dos cadenas”.

    Junto a don Francisco, los chalcas aparecen también como los más fieles y valerosos soldados, que no dudaron en ejecutar penosos trabajos durante la campaña; así, se señala que desde Nochistlán “tomó a su cargo la Provincia de Chalco, de llevar la artillería, tirándola o arrastrándola, con que se les duplicó el trabajo, y también llevaban a sus cuestas las balas de artillería, y demás municiones y adherentes de ella, y la guarda del ganado ovejuno”.

    Al tiempo que construye su imagen, don Francisco no pierde oportunidad de dejar en mal a otros aliados indios. Acusa a mexicanos, zapotecas y tlaxcaltecas de querer abandonar el real y volver a la Ciudad de México a mediados de diciembre, por lo que fue necesario ponerles centinelas y guardias para atajarlos. La relación es particularmente dura con los tlaxcaltecas, a quienes se acusa de abandonar al virrey antes de concluir la guerra. Así, se dice que estando en Teccsitlán “allí se despidieron los tlaxcaltecas, y les dijo el visorey enhorabuena, idos que otro tanto hicisteis con el Marqués, que lo desamparasteis, y otro tanto hacéis conmigo en desampararme antes de haberse acabado la guerra, qué nuevas habéis de llevar allá? Basta ya, y de aquí adelante no os alabéis de buenos soldados, no de que habéis ido a conquistas”. A pesar de ello, los tlaxcaltecas abandonarían al virrey un par de días después en Tequila.

    Así, este testimonio muestra las desavenencias al interior del ejército indígena, que estaba lejos de conformar una unidad. Aún en medio de la guerra, cada altépetl luchaba por diferenciarse y sobresalir, esperando mayores recompensas al final de la campaña. A pesar de ello, también es claro, a lo largo de la narración, el papel crucial que jugaron todos los contingentes de indios aliados, que aparecen no sólo luchando en los combates y persiguiendo a los enemigos sino abriendo caminos entre las peñas, levantando puentes, construyendo balsas para atravesar los ríos (labor en la que algunos murieron ahogados), cargando la artillería, cuidando el ganado y buscando alimentos.

    Algunas escenas de la relación remiten directamente a lo que observamos en otros testimonios elaborados por indios conquistadores. Es el caso de las danzas indígenas durante la guerra, representadas en el Lienzo de Quauhquechollan, que aparecen también aquí, en la celebración de la Navidad, cuando “tuvieron su danza los de Amaquemecan, y al tercer día de Pascua […] danzó don Francisco, y se cantó en el canto chichimeca, y hubo flores y pebetes, comida, bebida de cacao que dio a los Señores, y todas las naciones de diversas provincias danzaron, puestas sus armas, sus rodelas y macanas, todos bailaron sin que de parte ninguna quedase sin bailar”.

    Pero quizás lo que más conmueve de este testimonio, es la manera en que relata, sin tapujos, la violencia descarnada que se ejerció en contra de los llamados chichimecas. Hombres a los que se les mutilan las manos, mujeres a las que se cortan los pechos, chozas incendiadas, pueblos enteros arrasados, numerosas personas esclavizadas, por los españoles y por los propios aliados:

    Y estuvimos sobre la sierra doce días, y antes del lunes que de allá se había de salir mataron a los chichimecas, a doce de ellos les tiraron con una pieza de artillería que de ellos murieron, llevándoles las cabezas, y a otros por mitad del cuerpo, y a otro en un brazo con la cabeza haciéndose pedazos sus cuerpos, que parecía un remolino, y fueron a caer sus manos y sus carnes sobre la gente, y de ellos se quedó sobre los árboles, y sobre la sierra grande en donde estaban ellos de asiento ahorcaron diecisiete, y a otros diecisiete asaetearon, y a cinco apedrearon, y a otros seis ahorcaron en el puesto donde estaba el viso rey, y encima de la dicha sierra, se cortaron todos los árboles, y se desbarataron y asolaron todas sus cercas.

    Como tantos otros, don Francisco de Sandoval Acazitli participó en la Guerra del Mixtón esperando recompensas para él y su gente. Según la relación, los chalcas obtuvieron del virrey la promesa de que “todo lo que quisieredes, yo os lo he de conceder, y he de honrar y favorecer mucho a este pueblo”. Mendoza se mostró “muy bien agradecido a don Francisco, y muy satisfecho de lo bien que lo han hecho los chalcas con el Marqués cuando vino a la conquista y pacificación de este reino, y que le ayudaron a todas las guerras que tuvo el dicho Marqués”, por lo que, finalizada la guerra, le permitió “que vaya muy enhorabuena a su pueblo y casa de Tlalmanalco a descansar”. De tal suerte, la Relación de Acazitli tiene como función preservar en la memoria del pueblo las hazañas militares de los chalcas, pero también recordar a la Corona la promesa de favorecer y honrar a este leal pueblo.

    Acazitli obtuvo además el reconocimiento de sus derechos como cacique, entre los que se incluían el derecho de ocupar cargos de gobierno, autorización para portar armas y vestir a la española, así como exención del pago de tributo. Se mantuvo como gobernador de Tlalmanalco hasta su muerte en 1554 y heredó el cacicazgo a sus hijos. Hasta fines del siglo XVII, los descendientes de Acazitli continuaron gozando de privilegios, no sólo la exención tributaria sino que además obtuvieron diversas mercedes de tierras y ocuparon de forma recurrente cargos de gobierno, en Tlalmanalco y en sus pueblos sujetos: Tlaylotlacan, Cuautlalpan, Mihuacan y Ozumba.

    La Relación de Acazitli ha sido publicada en dos ocasiones: por Joaquín García Icazbalceta en 1866, y por José María Muriá en 1996. A pesar de ello, hace falta todavía un estudio a profundidad de este valioso testimonio de un indio conquistador. La edición de Icazbalceta puede verse en el siguiente enlace de la Biblioteca Digital Hispánica, imágenes 1103 a 1128: Biblioteca Digital Hispánica



    Para saber más

    Francisco de Sandoval Acacictli, Conquista y pacificación de los indios chichimecas, paleografía y comentario de José María Muriá, Guadalajara, El Colegio de Jalisco, 1996.

    Joaquín García Icazbalceta, Colección de documentos para la historia de México, tomo segundo, México, Antigua Librería, Portal de Agustinos N. 3, 1866.

    Tomás Jalpa Flores, La sociedad indígena en la región de Chalco durante los siglos XVI y XVII, México, INAH, 2009.


    Para citar: Raquel Güereca Durán, La relación de Francisco de Sandoval Acazitli, o de cómo los chalcas ayudaron a reconquistar la Nueva Galicia, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2356/2356. Visto el 18/10/2021




    _______________________________________

    Fuente

    https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2356/2356

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    Re: Indios y mestizos ilustres durante la época virreinal

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    En el muro del evangelio del Templo de la Compañía de Jesús del Cusco se encuentra el lienzo titulado “El matrimonio del español Don Martin de Loyola con la princesa Beatriz Clara Ñusta” se trata de los enlaces matrimoniales de las familias de San Ignacio de Loyola y las de San Francisco de Borja, una investigación del catedrático Germán Zecenarro Benavente.





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