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Tema: Vida de san Felipe de Jesús

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    Guillermo A. está desconectado Miembro graduado
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    Vida de san Felipe de Jesús

    Protomártir mexicano, entrega su vida por Cristo en el Japón a los 24 años de edad.
    Su nombre de pila fue Felipe de las Casas. Nació en la ciudad de México, en mayo del año 1572. Sus padres, inmigrantes españoles: Antonio, toledano de Illescas y Antonia, andaluza de Sevilla. Le dieron buen ejemplo. En su niñez era tan inquieto y travieso que cuando decidió irse al convento de Puebla para hacerse franciscano, su aya comentó: "Eso será cuando la higuera reverdezca". Aludiendo a una higuera seca que había en el patio de la casa. Llegó al convento de Puebla, donde residía el Beato Sebastián De Aparicio. En efecto, Felipe duró muy poco allí. No resistió aquella vida y regresó a su casa.
    Ejerció entonces el oficio de platero sin mucho éxito. Cuando había cumplido 18 años, su padre, Alonso de las Casas, lo envió a las Islas Filipinas a probar fortuna. Allí se estableció en la ciudad de Manila. Al principio estaba deslumbrado por la vida mundana, pero pronto sintió de nuevo la llamada del Señor: "Si quieres venir en pos de mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme" (Mt.16,24). Felipe entró con los franciscanos de Manila. Esta vez ya había madurado y su conversión fue de todo corazón. Cambió su nombre al de Felipe de Jesús. Estudiaba, atendía a los enfermos. Todo lo hacía con la dedicación de un hombre que vivía para Jesús.
    En 1596 sus superiores le anunciaron que ya se podía ordenar sacerdote. Como no había obispo en Filipinas, la ordenación sería en México, su ciudad natal, junto con su familia y amistades de infancia. Con ese fin se embarcó en el galeón San Felipe, con Fray Juan Pobre y otros franciscanos; pero una gran tempestad desvió el barco hasta que naufragó en las costas del Japón. Felipe interpretó su naufragio como una dicha. Podría entregarse mas a Cristo por la conversión del Japón.
    San Francisco Javier había misionado en el Japón dejando a su partida 2000 cristianos. La Iglesia siguió floreciendo y en 1579 habían 150000 cristianos, 54 jesuitas, 22 de ellos sacerdotes. En la isla de Kyushu, sólo en dos años, se bautizaron 70.000 japoneses. Pero la situación en Japón era precaria. En 1582 Taikosama (altísimo señor) había tomado control de todo el Japón formando un imperio. El fue al principio favorable hacia el cristianismo, pero cambió en 1587, al ser instigado por los bonzos. Entonces decretó la expulsión de los misioneros y la demolición de los templos cristianos. Al principio la orden no se aplicó rigurosamente y los misioneros eran tolerados mientras se mantenían en la clandestinidad, vestidos a la japonesa. En esta situación estaban cuando llegó la primera expedición de franciscanos, que inmediatamente comenzó una gran actividad misionera. Allí estaban Fray Pedro Bautista y algunos hermanos de la provincia Franciscana de Filipinas.
    En noviembre del 1596 embarrancó en Urando el galeón San Felipe con Felipe y los otros franciscanos a bordo. El gobernador del lugar, conociendo las riquezas del navío, dio orden de expropiación, y el emperador, para encubrir el robo, promulgó de nuevo en Osaka y Meako el edicto de 1587, alegando que los frailes hacían un proselitismo ilegal y que preparaban una invasión militar.

    La orden, posteriormente, quedó restringida a «sólo los que han llegado de Filipinas y a sus acompañantes». Quedaban, pues, condenados a la ejecución 5 franciscanos de Meako con 15 japoneses bautizados, y 1 franciscano con 2 japoneses cristianos de Osaka. A ellos se añadieron voluntariamente Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai, tres japoneses que estaban con los jesuitas de Osaka y que quisieron ser recibidos in extremis en la Compañía. Veintiséis en total. Entre los franciscanos había cuatro españoles, fray Pedro Bautista, de Avila, fray Martín de la Ascensión, de Vergara según parece, fray Francisco Blanco, de Orense, y fray Francisco de Miguel, de Valladolid. Y con ellos, fray Gonzalo García, indio portugués, y fray Felipe de Jesús, mexicano.
    La noticia causó alegría y entusiasmo entre los cristianos, cosa que desconcertó a los paganos. Los neófitos acudían a las casas custodiadas de los misioneros para ofrecerles sus bienes y sus vidas. San Pedro Bautista, superior de los franciscanos, escribía a última hora: «Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo por hacernos esta merced de padecer con alegría por su amor».
    Hasta los niños cristianos participaban del alegre coraje de sus mayores. A uno de ellos le preguntó un misionero: «¿Y qué harás tú cuando se enteren que eres cristiano». A lo que el chico, poniéndose de rodillas e inclinando la cabeza, contestó: «Haré así». «¿Y qué le dirás al verdugo cuando vaya a matarte?»... «Diré "¡Jesús, María! ¡Jesús, María!", hasta que me hayan cortado la cabeza»... Por su parte, fray Felipe de Jesús comentó: «Dios hizo que se perdiera el [galeón] San Felipe para ganar a fray Felipe».
    El 3 de enero de 1597, en Meako, se les cortó a los reos cristianos la mitad de la oreja izquierda y, de tres en tres, fueron llevados por la ciudad en carretas, precedidas por el edicto mortal. Queriendo el emperador infundir en sus súbditos horror al cristianismo, dispuso que fueran llevados por Hirosima y Yamaguchi, hacia el este, hasta Nagasaki, en la isla Kyushu, donde era muy grande la presencia de cristianos. Allí, en una colina que domina sobre la ciudad y la bahía, fueron dispuestos los mártires ante las cruces que les habían preparado. «¡Qué abrazado estaba con su cruz fray Felipe!», contaba un testigo...
    26 mártires fueron crucificados. Entre ellos habían franciscanos y jesuitas como también laicos. Fray Martín de la Ascensión cantaba el Benedictus a voz en grito. Luis Ibaraki, de doce años, el más pequeño, repite una y otra vez: «Paraíso, paraíso, Jesús, María». Antonio, de trece años, «que estaba al lado de Luis, fijos los ojos en el cielo, y después de invocar los nombres de Jesús y María, entonó el salmo Alabad, siervos del Señor, que había aprendido en la catequesis de Nagasaki, pues en ella se les hace aprender a los niños ciertos salmos». Otros cantaban el Te Deum con entusiasmo. Y la muchedumbre de cristianos aclamaba con los mártires: «¡Jesús, María!». Relato de un testigo>>>
    Fray Felipe de Jesús no podía decir nada pues el sedile de su cruz quedaba muy bajo, y estaba casi colgando de la argolla que le sujetaba el cuello. Apenas logró gritar tres veces el nombre de Jesús, haciendo verdadero su santo nombre: Felipe de Jesús. Viéndole acabado, lo mataron al modo acostumbrado: dos lanzas atravesaron sus costados, y cruzándose en el pecho, salieron por sus hombros. Así murieron todos, Felipe el primero. Era el 5 de febrero de 1597.
    Según relata una leyenda, ese mismo día la higuera seca de su hogar tomó vida y dio fruto. Felipe había llegado a la santidad mas heroica.
    Fue beatificado, juntamente con sus compañeros mártires el 14 de septiembre de 1627.
    Canonizados el 8 de junio de 1862 por el papa Pío IX. Una de las dos iglesias romanas dedicadas a la Virgen de Guadalupe, en la Vía Auerlia, 677, lo tiene por segundo titular.

    En la colina de los mártires de Nagasaki, la iglesia que corona el conjunto de construcciones está dedicada a San Felipe de Jesús.
    Es patrono de la ciudad de México y de su Arzobispado.
    "Kto nie szanuje i nie ceni swej przeszlosci, nie jest godzien szacunku terazniejszosci ani prawa do przyszlosci".

    Jozef Pilsudski

    "Quien no aprecia el pasado no es digno del presente ni tiene derecho al futuro".

    Jozef Pilsudski

  2. #2
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    Re: Vida de san Felipe de Jesús

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    Felipe de Jesús, mártir mejicano en Japón

    Jesús Caraballo 01/09/2023





    Felipe de Jesús
    , patrono de la Ciudad de México, no estaba llamado a la santidad, y sin embargo, murió mártir en Japón, junto con otros 26 compatriotas. Así es, Felipe, que había nacido en la capital del Virreinato de Nueva España, en 1.572, pasó una adolescencia un tanto disoluta y, en realidad, entró no muy convencido en el sacerdocio.




    Felipe de Jesús es el santo patrono de Ciudad de México y también uno de los 26 mártires de Japón; pero, según parece, empezó su vida siendo un joven bastante frívolo y entró reacio en el camino del sacerdocio. Se unió a la nueva orden de franciscanos, los Franciscanos Reformados de la Provincia de St. Didacus, fundada por San Pedro Bautista, pero abandonó dicha Orden, poco después, en 1.589.


    Emprendió entonces una nueva vida como mercader, dirigiéndose a Filipinas. Allí, un año después, vuelve a sentir la llamada de su vocación religiosa, y entra de nuevo en la Orden de los franciscanos. Al no haber nadie en el Archipiélago filipino que le pudiera ordenar, sus superiores le mandan regresar a Nueva España.




    El navío de guerra español en el que regresaba, junto con otros cuatro frailes (otro franciscano, un dominico y dos agustinos), fue desviado de su ruta a causa de un terrible temporal, encallando en la isleña provincia japonesa de Tosa.


    Las autoridades japonesas desconfiaron, pese a la presencia de misioneros, al tratarse de un navío de guerra. No ayudó nada el que el capitán ensalzara el Rey de España y dijera que los misioneros estaban preparando la llegada de la conquista española.
    Inmediatamente, el Emperador de Japón ordenó el arresto de Felipe y el resto de misioneros, junto con el fundador de la orden a la que pertenecía Felipe, Pedro Bautista, quien llevaba ya varios años trabajando en Japón; así como a 17 terciarios franciscanos japoneses y al jesuita Pablo Miki, junto a sus dos sirvientes.




    El 3 de enero de 1597, Felipe y el resto de los misioneros fueron obligados a desfilar por las calles de Kyoto, con las orejas rebanadas. Poco después, fueron trasladados a Osaka y, posteriormente, a Nagasaki, donde sería crucificados en el conocido como Monte de los Mártires.




    El horrible martirio incluía mantener sus cabezas erguidas con un collarín de hierro atado a la cruz, y ser arponeados por los costados. La agonía de Felipe se vio incrementada al romperse el madero vertical, con lo cual, fue muriendo asfixiado por el collarín de hierro. De hecho, fue el primero de los 26 mártires cristianos de Japón en morir, además del primer mártir mejicano.

    Fue declarado santo, por el papa Pío IX, el 8 de junio de 1862, y fue nombrado patrono de la Ciudad de Méjico. Muchos de los cristianos que participaron en la Guerra Cristera ― 1.926 a 1.929 ― invocaron la intercesión del santo para ayudarles en su lucha.






    https://espanaenlahistoria.org/perso...cano-en-japon/

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