La conversión del moro de Pamplona


Margaret C. Galitzin
Los católicos en Norteamérica tienen un especial interés en los viajes milagrosos a nuestras costas de la abadesa de Ágreda, la venerable María de Jesús. Entre 1620 y 1631, ella se bilocó de su convento en España al Nuevo Mundo, más de 500 veces, instruyendo en la fe católica a los indios de Arizona, Nuevo México y Texas y preparándolos para el bautismo.
Otro caso de bilocación de la venerable María de Ágreda mucho más cerca de su convento en España. Un muy bien documentado episodio que causó sensación en su tiempo es la famosa conversión del moro de Pamplona, un poblado a unos 128 km de Ágreda.
El nombre del moro y las circunstancias de su conversión están registrados en el libro bautismal de la parroquia de Ágreda. El gobernador de armas de Pamplona, un noble que visitaba periódicamente el convento, relató el caso en los registros.
En el otoño de 1626, él recibió una carta de un amigo de Madrid, pidiéndole que trajera de vuelta a un moro que había escapado de Madrid y que ahora estaba siendo retenido en el castillo de Pamplona. Él le advirtió al oficial de Ágreda que debía tener mucho cuidado en el trasporte del moro, que era un “perro grande” que podría escapar si no estuviese fuertemente atado.
Sin dejar su convento en Ágreda, María de Jesús visitó a un moro en el castillo de Pamplona.
La madre María de Jesús, que escuchó estas palabras, no pudo evitar el dolor que le causó oír que una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios fuese tratada como un perro. Ella le pidió al caballero que trajese al esclavo a Ágreda antes de llevarlo a Madrid, porque ella creía que Dios tendría misericordia de la ignorancia de ese pobre hombre.
Cuando el gobernador de armas llegó a Madrid, él se sorprendió al enterarse que el moro estaba reclamando que él había sido catequizado por una monja que se le había aparecido dos veces en la prisión del castillo. De rodillas, ella le había suplicado que se hiciese cristiano. Después de que ella lo instruyese en los misterios de la fe, él había decidido recibir el bautismo en la parroquia de Nuestra Señora de los Milagros en el pueblo de Ágreda y de tomar el nombre bautismal de Francisco, como la religiosa le había aconsejado.
Asombrado, el caballero condujo al moro a Ágreda. En el día señalado para su bautismo, las personas más distinguidas de Ágreda y el pueblo estuvieron presentes como testigos de esta maravilla. El moro entró en la Iglesia de Nuestra Señora de los Milagros y, para la edificación y júbilo de todos los presentes, fue solemnemente bautizado el 28 de noviembre de 1626.
Virgen de los Milagros en la basílica de Ágreda.
Debido a que ya se estaban esparciendo los rumores de que la madre María de Jesús se estaba apareciendo a los indios en Nueva España, hubo un sentimiento general de que la monja que se le había aparecido al moro era la madre María de Jesús. Para confirmar esta sospecha, se le pidió y les fue concedido permiso del superior de los franciscanos para hacer una prueba en el convento de la Inmaculada Concepción.
Fray Juan Bautista del Campo, guardián franciscano del monasterio de San Julián de Ágreda, Fray Antonio Vicente y Fray Juan Ruiz, respectivamente vicario general y procurador del convento, el mencionado gobernador de armas, el notario de la ciudad Don Lucas Pérez Planillo y varios otros señores y señoras que habían escuchado de la prodigiosa conversión acompañaron al moro al convento. Ellos se colocaron cerca de la puerta donde ellos pudieran permanecer ocultos y de la vista de las tres monjas que pasaban con sus velos levantados.
Se le pidió al moro que identificase cuál de las tres había sido la que lo había visitado e instruido en el castillo de Pamplona.
El escritorio y la silla en la celda de la madre María de Ágreda
Cuando pasó la primera, le preguntaron al moro: “¿fue ella?”
“Ella estaba vestida como así, pero no es”, respondió.
Cuando pasó la segunda, él dijo “Ella no es”.
Cuando pasó la tercera, que era la madre María de Jesús, él exclamó “¡Ella es!”
No satisfechos con esta prueba, el superior obligó a todas las monjas de la comunidad a que pasaran delante del moro. “No es ella” decía de cada una de las que pasaron hasta la última. “¡Miren, miren! ¡Ella es quien me convirtió!” exclamó. Y luego agregó dirigiéndose a ella “venga y dígame ¿cómo es que usted, que está aquí en este convento de donde no puede salir, viajó a Pamplona para convertirme mientras era prisionero en el castillo?”.
La humilde sierva de Dios no dijo nada y lentamente comenzó a alejarse de las otras monjas. Nuevamente él gritó en voz alta: “¡Señores, esa es la monja que se me apareció en Pamplona y me convirtió!”.
El cuerpo incorrupto de la madre María de Ágreda
El notario, que conocía muy bien a la madre María de Jesús, presenció todo el incidente y dio testimonio público de lo que había sucedido. En la inscripción del registro parroquial de los bautismos hay una nota, escrita a mano, que dice, “este hombre es un moro convertido por la Madre María de Jesús”.
Las noticias de esta joven abadesa – de sólo 24 años de edad y que había profesado hace seis años – que había convertido al moro viajó por toda la región y más allá, edificando al pueblo y haciendo mucho bien por la causa de nuestra Santa Religión.

Fuentes:
1. Ricardo Romero, difusor of the Order of the Immaculate Conception and the Cause for the Beatification of Ven. Sor María de Jesús
2. Pedro Luis Echeverria Goñi, “La Madre Ágreda y la construcción de su convent,” in Monografias universitarias: El papel de sor María Jesús de Ágreda en el barroco español, (Soria: Un. Internacional Alfonso VIII, 2002), pp. 75-103. 3. José Vilahomat, Sor María de Jesús Ágreda: La autoridad de la fe, Hendrix College

LA DENUNCIA PROFETICA