Búsqueda avanzada de temas en el foro

Resultados 1 al 1 de 1

Tema: La II República (1936) asesinó a republicanos que habían contribuido a instaurarla

  1. #1
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
    Fecha de ingreso
    11 nov, 06
    Ubicación
    Madrid
    Mensajes
    2,592
    Post Thanks / Like

    La II República (1936) asesinó a republicanos que habían contribuido a instaurarla

    La II República asesinó a republicanos derechistas, que habían contribuido a instaurarla (1936)


    Revista FUERZA NUEVA, nº 452, 6-Sep-1975

    LA HISTORIA COMO LECCIÓN

    Es a finales de los años 60 cuando en la terminología de la guerra española se produce una extraña subversión. En toda la literatura, hablada o escrita, lo que hasta entonces había sido Cruzada, Guerra de Liberación, o simplemente, Guerra de España, pasa a ser guerra civil, y lo que todo el mundo había llamado zona roja se queda en zona republicana. Si lo que se pretende es evitar toda frase hiriente, que pueda impedir la deseada concordia entre los españoles, pase. Desde luego, siempre prefiero llamar al pan, pan y al vino, vino. La verdadera reconciliación ha de tener por base la humildad, y ésta, en expresión de Santa Teresa de Jesús, es andar en verdad. Pero, si lo que se pretende, como parece, es minimizar el significado de aquella lucha y el papel asumido por el alzamiento militar, entonces se comete una traición y un fraude criminales. Una traición, porque se tergiversan unos hechos históricos, y la historia es historia: un fraude criminal, porque se pretende obnubilar ante las nuevas generaciones la dimensión exacta del mayor acontecimiento histórico de la España contemporánea.

    La guerra de las palabras

    Decían los antiguos: “de nominibus non est quaestio”. Axioma válido siempre y cuando el cambio de términos no lleve consigo cambio de suposición. De otro modo, estamos ante un fraude ideológico. El llamado progresismo cristiano es ducho en esta clase de fraudes. Así, a un lenguaje auténticamente herético le llama género literario; a la difusión de panfletos, como el manifiesto de los cristianos por el socialismo, mentalización del pueblo; a reuniones políticas y subversivas, asambleas litúrgicas, para reflexionar en cristiano. Y para privar al régimen de toda dinámica constructiva, llama a la contienda de 1936, guerra civil, y al bando rojo, bando republicano. No hay mejor táctica para sembrar la confusión.

    La cosa tiene más importancia de la que parece. Si la guerra del 36 es Cruzada, Guerra de Liberación, la actitud del Episcopado de entonces aparece diáfana, natural y lógica. Pero, cometido el fraude de cambiar tales denominaciones por simple guerra civil, la posición del Episcopado aparece partidista y política. Entonces se hace posible en la Asamblea Conjunta [1971] presidida por el cardenal Enrique y Tarancón, la propuesta de una petición pública de perdón por tal proceder.

    FUERZA NUEVA ha publicado, últimamente, algunas cartas y otros escritos protestando contra semejante desafuero. A ellos quiero añadir unas notas y unos hechos, que, por su carácter independiente y apartidista, conviene recordar.

    Un testimonio del doctor don Gregorio Marañón

    Sí, la guerra española fue una guerra civil, pues se enfrentaron españoles contra españoles, y hubo una zona donde tremolaba la bandera republicana de 1931, se cantaba el himno oficial republicano. Pero esto no era más que la fachada. De tras estaba la auténtica realidad: una dictadura comunista.

    Lo que caracteriza a las guerras es su carga ideológica. La guerra de España fue un producto de dos ideologías irreconciliables. En sus mismos orígenes se hallaban envueltas gravísimas cuestiones de orden moral, jurídico, religioso e histórico. Por ello apasionó de tal modo al mundo, que lo escindió en dos bloques. Creemos que pocos países permanecieron ajenos a aquella lucha. Fuertes contingentes de extranjeros lucharon en ambos lados. Alguien pudo decir entonces que se trataba de una guerra internacional en campo nacional.
    Exponente de esta carga ideológica es el hecho de que ha producido más literatura que la misma guerra mundial.

    Ésta, desde luego, no fue una lucha ideológica. No fue lucha de las democracias contra los regímenes totalitarios, porque al lado de los aliados se alineaba Rusia, el país clásico de la dictadura; ni fue una lucha por la libertad, porque si Francia e Inglaterra fueron a la guerra para salvaguardar la independencia de Polonia, luego al final, la dejaron, a discreción, en manos de Rusia. Que no fue guerra ideológica lo demuestra la célebre frase de Winston Churchill, en la que dijo que para derrotar a Alemania se aliaría con el mismo diablo.

    Lo que en nuestra guerra fue aquella zona, que hoy todos quieren llamar republicana o gubernamental, nos lo dice el doctor don Gregorio Marañón Posadillo, uno de los intelectuales que más trabajaron por el advenimiento de la República, en cuyo despacho se hizo el traspaso de poderes, testigo presencial de la situación. En un artículo publicado en “El Pueblo” de Montevideo, el 6 de marzo de 1937, declaraba:

    La España liberal, cordial y clara que deseamos unos cuantos ha muerto a manos del Frente Popular. Hoy quedan en la España roja exclusivamente los marxistas y sus prisioneros”.

    Y el 15 de diciembre de 1937, cuando se había rebasado ampliamente la etapa de anarquía inicial, escribía en “Revue de Paris”:

    Que la España roja que hoy todavía lucha, es, en su sentido político, total y absolutamente comunista, no lo podrá dudar nadie que haya vivido allí solo unas horas”.

    Estas y otras manifestaciones similares del doctor Marañón han sido recogidas recientemente por José María García Escudero en su “Historia política de las dos Españas”, de donde las hemos tomado. Las afirmaciones del doctor Marañón continuaron siendo válidas hasta el 1 de abril de 1939, sin que nadie soñara con desmentirlas.

    Una República que mata a sus republicanos

    ¿Puede concebirse mayor locura que una República, metida en el grave conflicto de una guerra civil, asesine a sus partidarios? Pues así fue. La lista de los republicanos sacrificados estremece. Todos ellos contribuyeron a la instauración de aquel régimen, y cayeron fulminados por las milicias populares que el Gobierno de la República armó. Y esto es una prueba más de que lo que interesaba no era la República, sino la dictadura marxista que en ella se amparaba, y así eran eliminados todos los que no estuvieran con ella, fueran monárquicos y republicanos. De esa lista vamos solamente a entresacar algunos nombres.

    -Don Melquiades Álvarez, ilustre abogado asturiano, contribuyó al derrocamiento de la Monarquía. Jefe del Partido Reformista Republicano, al que pertenece Azaña hasta la formación de su Izquierda Republicana. Perece en la Cárcel Modelo (Madrid) en los sucesos del 20 de agosto de 1936.

    -Don José Martínez de Velasco. Jefe del Partido Agrario, acepta la República y llega a ser ministro de Agricultura e Industria (1934-35). Es asesinado en la Cárcel Modelo (Madrid).

    -Don Rafael Salazar Alonso. Miembro del Partido Radical de don Alejandro Lerroux, ministro de la Gobernación, donde lleva a cabo una meritísima labor. Tras un juicio legal, es sentenciado a muerte y ejecutado (Madrid, septiembre de 1936).

    -Don Manuel Rico Avello, ministro de la Gobernación en 1933 y luego alto comisario en Marruecos. Asesinado en la Cárcel Modelo (agosto de 1936).

    -Don Ramón Álvarez Valdés, ministro de Justicia y diputado a Cortes. (Cárcel Modelo, agosto de 1936).

    -Don Gregorio Abad Conde, diputado republicano.

    -General Eduardo López Ochoa, republicano y masón, pero pacificador de Asturias en octubre del 34, lo que le valió la condena a muerte (asesinado por las turbas en agosto de 1936, que cortaron la cabeza a su cadáver, exhibiéndola).

    Alguien dijo: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Si queremos que esta historia no vuelva a repetirse en nuestra patria, no podemos olvidar. Sería un suicidio. Y para ello hay que recordar. Algo de esto he querido hacer yo con este escrito.

    Antonio M. Núñez


    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 20:17
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Temas similares

  1. Respuestas: 0
    Último mensaje: 10/07/2014, 18:37
  2. Lo que me habian dicho es verdad,la situacion de la realidad es cruel.
    Por Constatinus en el foro Política y Sociedad
    Respuestas: 3
    Último mensaje: 15/10/2013, 17:19
  3. Los republicanos tras el desastre del 98
    Por muñoz en el foro Historiografía y Bibliografía
    Respuestas: 2
    Último mensaje: 17/06/2010, 21:34
  4. Los caprichitos de los humildes republicanos
    Por Arnau Jara en el foro Catalunya
    Respuestas: 7
    Último mensaje: 31/10/2008, 16:07
  5. 1936: El Asalto Final A La RepÚblica
    Por rey_brigo en el foro Historiografía y Bibliografía
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 21/09/2005, 01:03

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •