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Tema: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

  1. #1
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    Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    Antecedentes.

    Una vez muerto Franco, el presidente Arias Navarro implantó cierta apertura moderada que exigía permitir y legalizar los partidos políticos. Así, las Cortes, digamos “ex franquistas” aprobaron en junio de 1976 la modificación del Código Penal para permitir el “derecho de asociación política” exigiendo solo dos requisitos: que los partidos “no fueran opuestos a las leyes” y que “se registraran legalmente” (… la famosa “ventanilla”).

    Se mantenía la prevención contra el peligro comunista, al que tácitamente, se excluía de los riesgos del futuro juego político mediante un añadido:
    Art. 172. Son asociaciones ilícitas: …
    Apartado 5. Las que, sometidas a una disciplina internacional, se propongan implantar un sistema totalitario.»

    Esa prevención era debida a que, a la altura de 1976, la tiranía comunista seguía vigente en la URSS y países del Este de Europa, así como en China y varios países del Tercer Mundo, y los partidos comunistas europeos eran simples satélites de China y la URSS, cuyos regímenes totalitarios querían implantar en los países europeos por métodos no muy claros, ya electoralmente, ya violentamente según países y circunstancias.

    Sorprendentemente, aquellas Cortes de 1976, sin embargo, no veían mal el socialismo, considerado democrático y europeísta a todos los niveles, pese a que en la Guerra Civil española había sido tan violento y beligerante contra la España Nacional como el comunismo y el anarquismo.

    ***

    Una vez caído el presidente Arias Navarro, y elegido Adolfo Suárez por el rey (julio de 1976) se pasó rápida y decididamente a una reforma política total, sin reparar en nada y romper de facto con los principios del régimen anterior, para la perfecta homologación con la Europa democrática de entonces, la del “Mercado Común”.

    Esa homologación europeísta precisaba de elecciones generales absolutamente libres, en que todos los partidos participaran sin cortapisas, incluidos los comunistas… con lo que se contrariaría al Código Penal que excluía de la ley a “los que sometidos a una disciplina internacional, se propongan implantar un sistema totalitario.»

    Además, estaba el temor y la "certeza" de que la legalización del Partido comunista produciría descontento en el Ejército (entonces heredero y simpatizante de Franco), y pudiera precipitar alguna revuelta e incluso la involución política mediante un golpe de Estado.

    Esa era la jugada (declarar legal al comunismo, salvando el escollo del Ejército) que Adolfo Suárez debería resolver antes de celebrarse las elecciones generales que se preveían para la primavera de 1977.

    Previamente, tras enviar a las Cortes el proyecto de ley de Reforma política en que abiertamente ya se proclamaba la revolucionaria “soberanía popular” y sus consecuencias de libertad total de afiliación política y de elecciones totalmente libres, el presidente Suárez, el 8 de septiembre de 1976, tuvo una reunión con la cúpula militar, para calmarla, en la que garantizó, mintiendo, que en ningún caso se legalizaría al Partido comunista…

    ***

    Sin embargo, frente a lo anterior, desde entonces, las simpatías y guiños al comunismo de Suárez se fueron incrementando, pues (aunque no legal) se permitía libremente la afiliación, asociación, información, mitines y propaganda comunista; dándose un paso gigantesco y definitivo con la teatralizada “captura policial” de Carrillo que no pasó de ser un lavado de imagen para su puesta en libertad instantánea y ya sin cargos ante la Justicia (navidades de 1976), pasando a ser un ciudadano respetable y hasta consejero a todos los niveles del presidente Suárez.

    Ver:
    Impunidad, complicidad y “vista gorda” hacia Carrillo en su regreso a España

    Otro paso decisivo, aunque indirecto a favor del comunismo, fue la llamada matanza de abogados laboralistas (y comunistas) de Atocha, en enero de 1977, en que el gobierno Suárez participó como un marxista más en las condenas del crimen y en los homenajes a los comunistas asesinados, que prácticamente recibieron honores de Estado.

    Por si fuera poco, en marzo de 1977, se celebró en Madrid, con todas las bendiciones gubernamentales la cumbre “eurocomunista” de los líderes Marchais (francés), Berlinguer (Italia) y Carrillo (España), que se vendió internacionalmente como una muestra más de la llegada e instalación de la democracia en España.

    Así, con esos precedentes favorables al comunismo, nos situamos en la época decisiva, viendo las argucias, mentiras y marrullerías del “duque de Cebreros” para legalizarlo, vistas desde la óptica de la decencia y del sentido común.

    Para una perspectiva general de la problemática política de entonces, ver:

    Revista ‘Fuerza Nueva’: de la muerte de Franco a la Constitución (1975-78)


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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    ¿”Respetar a los Tribunales”?

    Revista FUERZA NUEVA, nº 535, 9-Abr-1977

    ¿”Respetar a los Tribunales”?

    Con el título precedente, aunque sin signos interrogativos, expone José María Ruiz Gallardón en “ABC” (25-III-77), una serie de ideas, con las cuales habría que hacer muchos juegos malabares para llegar a un acuerdo.

    Para determinar si los Tribunales merecen respeto tenemos previamente que concretar qué entendemos por Tribunales y qué entendemos por respeto. ¿Merece, acaso respeto el Tribunal de Poncio Pilato, que condenó a muerte al mismo Dios? ¿Merecen respeto los Tribunales romanos que condenaban a los cristianos a morir devorados por las fieras en el circo? ¿Merece respeto el Tribunal que condenó a muerte a José Antonio Primo de Rivera? ¿Merecen respeto los tribunales de las checas, que condenaron a muerte a miles de españoles? ¿Merecería respeto el Tribunal que legalizara, en el Partido Comunista, a un movimiento político que por su constitución intrínseca atenta directamente contra Dios y contra la Patria?

    Ruiz Gallardón no se hace esas preguntas, no afina conceptos, no penetra en el fondo, se queda en la superficie. De ahí su sentido pragmático de contertulio de café, que dejando al margen los Principios pretende amañar las conveniencias. Ruiz Gallardón confunde a los Tribunales con los magistrados, a la Institución con las personas que la sirven, a la función de juzgar con los jueces que juzgan, a la justicia objetiva con la justicia “legal”, al derecho aplicable con la sentencia firme; en una palabra, que quizá en su elocuencia lo explique todo: al sacerdocio con los sacerdotes. Y por este procedimiento, incapaz de satisfacer las exigencias de la lógica más elemental, los atributos inherentes a los Tribunales considerados como Institución, tales como la rectitud, la independencia, la neutralidad y la objetividad, se trasvasan a los magistrados que las integran.

    Y asimismo, por este procedimiento, unos hombres de carne y hueso adquieren, por virtud de su carisma como magistrados, una inteligencia infalible, inmune al error, y una voluntad indefectible, inmune al pecado. No serían en dicho caso hombres, ni siquiera ángeles; serían el mismo Dios, único Ser infalible e indefectible por su propia naturaleza. Seamos, pues, sensatos y admitamos que los magistrados se pueden equivocar, que aun sin equivocarse pueden dictar a conciencia una sentencia injusta, y que, en todo caso, su justicia, aun siendo verdadera justicia, sólo puede admitirse por “analogía” metafísica con la única justicia que identifica en una misma realidad el atributo con la esencia; es decir, Dios.

    Ruiz Gallardón, además, es inconsecuente consigo mismo, tara común a todos los liberales. Fue inconsecuente cuando depositó el poder y la soberanía en el pueblo, pero negó a ese pueblo soberano el derecho a implantar la República. Y ahora es nuevamente inconsecuente porque, después de afirmar en diversos artículos precedentes que el Partido Comunista, por razón de su doctrina y de los fines políticos que persigue, no debe ser legalizado, admite en este último artículo como justa y legítima la legalización del mencionado partido, si los Tribunales así lo acordaran. De donde se desprende que la legitimidad intrínseca de un movimiento político, es decir, su licitud o ilicitud, no depende de su naturaleza, esencia y fines, sino de que unos Tribunales lo legalicen o no lo legalicen. Se confunde lo “moral” con lo legal; por una simple resolución judicial se produce una metamorfosis genial: el comunismo, intrínsecamente perverso, se transforma en angelical, su doctrina totalitaria se sumerge en las libertades de la democracia y su ateísmo se cobija bajo las alas protectoras del humanismo integral maritainiano, que anida dentro de la Iglesia posconciliar.

    La verdad doctrinal, sin embargo, sigue unos derroteros muy distintos. La ley positiva del Estado, para que sea justa, tiene que ser moral. Una disposición o un acto del Gobierno que por sí mismo, o por medio de sus órganos judiciales, autoriza la posibilidad de vigencia legal de un movimiento político, que por su misma constitución intrínseca atenta directamente contra Dios y contra la Patria, es inmoral y por consiguiente injusto. Los tribunales tienen que juzgar, sometiendo sus resoluciones, primero a la moral y después a la ley positiva del Estado, siempre que no contradiga a la moral. Los magistrados, en consecuencia, en este caso concreto, obedeciendo a Dios antes que a los hombres, no pueden legalizar al Partido Comunista. La resolución que legalizara dicho partido, aunque esté amparada por fórmulas legalistas de Derecho positivo, adolecería de los mismos fallos que la disposición o acto gubernamental en que se basa: sería inmoral y por consiguiente injusta.

    Julián GIL DE SAGREDO
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    España sin gobierno


    Revista FUERZA NUEVA, nº 536, 16-Abr-1977

    EDITORIAL

    España, sin Gobierno

    La historia futura recordará al segundo Gobierno de Su Majestad (Adolfo Suárez) como uno de los más despóticos y singulares a la hora de administrar la nación. Nunca, que recordemos, un presidente de Gobierno fue tan ilimitado en su maniobra política. Jamás que sepamos, sobre todo cuando lo opinable alcanza a todas las esferas nacionales, se manejó la paleta con tanto descaro legislativo como en estos instantes de España. Y cuesta trabajo creer que en algún pasaje histórico de nuestra época constitucional se desbaratasen las leyes anteriores -sin guerra y sin sangre- como los momentos actuales.

    Todo el conflicto nace de un aspecto evidente, concreto. Franco quiso atar las leyes con fuerza en sus nudos, ya que los vendavales políticos, en España, suelen alcanzar con harta frecuencia niveles insospechados de deslealtades, y también, y por ello, de traiciones. Presagiando -quién sabe- la sesión histórica de las Cortes Españolas del 9 de junio de 1976, y el desmantelamiento de una obra en avanzado estado de construcción, hizo con los preceptos aquello que no iba a ser posible con su carisma vivo, con su persona. Algo se palpó con soberana inquietud: que si bien las adhesiones de palabra, y los juramentos, alcanzaban cotas impensables de fidelidades, por dentro de muchos que lustraban sus uniformes en ese carisma histórico discurría una procesión de Judas Iscariotes prestos al banquete de los treinta dineros.

    Las Cortes votan la Reforma. A partir de ahí, como si el Gobierno se hubiese dado cuenta de poseer en su mano un cheque en blanco, comienza a ponerse en marcha un aparato demoledor que no atiende, ni mucho menos, a dejar en pie las paredes maestras. El Decreto Ley se hace el amo, basculando con prisa sobre aspectos intocables de lo habido hasta entonces.

    (...) Ante el panorama desolador, y en medio de un sinfín de desvaríos, el vaso se colma con la salida de tangente de la legalización del Partido Comunista, al enviarse al Tribunal Supremo el expediente del mismo. El Ejecutivo no quiere mojarse, y por ello propone, al parecer no muy correctamente, un presidente para la Sala IV del Tribunal Supremo que es rechazada por ésta. Acto seguido, el alto Tribunal devuelve el asunto de la legalización del PC al Gobierno sin solución, ya que las decisiones solicitadas no son de su competencia. Y el Gobierno, en el colmo del encorajinamiento, decide (todavía no se sabe por qué procedimiento) mediante la puesta en marcha de un conducto que pasa por el fiscal del Reino. De aquí sale, por fin, el visto bueno para un partido totalitario e internacional que lleva sobre sí, en España, junto con el Partido Socialista Obrero español, un historial salvajemente aniquilador, productos, ambos, del odio social llevado hasta sus últimas y más sangrientas consecuencias. (...)

    Se ha cubierto el pasado con un tupido velo morado, como las imágenes en tiempo de Pasión. Lo que no sabemos es si han tapado los santos o las figuras carcajeantes de los Judas, los Pilatos o los Caifás. El tiempo lo dirá.



    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 14:00
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista


    Como queda claro, al ya demócrata ABC de entonces no le gustó la legalización.


    Revista FUERZA NUEVA, nº 536, 16-Abr-1977

    (Tomado de “ABC”)

    LA LEGALIZACIÓN DEL «PARTIDO COMUNISTA»

    LAS RAZONES DE NUESTRA DISCREPANCIA

    El Ministerio de la Gobernación ha ordenado que se proceda a la inscripción del «Partido Comunista de España» en el Registro de Asociaciones Políticas, esto es, ha legalizado dicho Partido.

    Nos parece increíble que una noticia de esa trascendencia llegara a las Redacciones, en primer lugar, a través de informaciones directas del «Partido Comunista» y no de una fuente oficial, que sólo bastante después la ratificó y amplió.

    La trascendencia misma del hecho, la ansiedad y preocupación de los españoles ante el tema, tras lo que ocurrió en el Tribunal Supremo, hubiera merecido una extensa declaración justificatoria del Gobierno junto al texto de la preocupante resolución. Preocupante porque el Gobierno no puede ignorar que con este paso se hiere la sensibilidad de gran parte del país, y no precisamente la menos sana, la menos leal o la menos patriótica.

    ABC ha venido sosteniendo a lo largo de los últimos meses, sin ningún tipo de fisuras en su línea ideológica, la inconveniencia de proceder a legalizar, en esta hora, a un partido de perfiles e historia claramente totalitarios y de cuya inserción en la legalidad española se nos dijo desde las Cortes que resultaba imposible a la vista del nuevo texto del Código Penal reformado.

    Hemos creído siempre en la necesidad de proceder con las más elementales cautelas, cabalmente, para asegurar el asentamiento de la democracia en nuestro país. Cautelas que fundamentaron a los Gobiernos de la Alemania federal a tener proscrito al Partido Comunista fuera de su propia legalidad durante muchos años. Cautelas que en todo caso obligaban a mirar, más que a la letra de unos Estatutos, a la enjundiosa historia de un partido a cuya cabeza siguen los mismos dirigentes —Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo— que en los terribles años de nuestra contienda civil.

    Sin ningún afán de dramatizar entendemos que ésta es una gravísima decisión y un error de nuestros gobernantes, del que sólo deseamos que no tengan que arrepentirse los hombres que han tomado sobre sí tamaña responsabilidad.

    He aquí que quienes arrastraron a España, por sus errores, por su intransigencia y por sus métodos, al agravamiento de la más terrible conflagración de nuestra historia, haciendo necesario para la paz tantísimos muertos y tantísimos sacrificios, se ven, del día a la mañana, en plano de igualdad con cuantos ofrecieron sus vidas para defender a España de aquello que el «Partido Comunista» anhelaba y a punto estuvo de conseguir: la instalación de nuestra Patria en la órbita en la que hoy giran Polonia y Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria, los países de detrás del «telón de acero», en fin.

    Nos vemos también abocados, si atendemos a las razones en que se fundamenta la resolución del Ministerio legalizante, a que, de inmediato entren en la Ley: la «Liga Comunista», la «Joven Guardia Roja», el «Movimiento Comunista», el «Partido Socialista Unificado de Cataluña», la «Unificación Comunista de España», la «Unión de Juventudes Maoístas»..., por citar sólo los nombres de algunas de las múltiples caretas que obedecen a un mismo propósito bajo una misma bandera: el marxismo-leninismo.

    No es hacer viable la democracia el condescender con aquellos que no practican sus reglas cuando llegan al Poder. No es la democracia moneda de curso legal en la Cuba de Castro ni lo es en la Rusia de Breznef, donde a los disidentes se les encierra en clínicas psiquiátricas o se les instala en archipiélagos Gulag.

    Santiago Carrillo y sus seguidores estarán eufóricos Mañana, la Pasionaria vendrá a Madrid... Pero ¿cómo está el resto de los españoles, incluidos aquellos que votaron «sí» en el referéndum y que no quieren comulgar con las ideas marxistas-leninistas?

    En esta hora, especialmente tensa, con la lealtad que supone la propia coherencia con los ideales proclamados y nunca desmentidos y también con rotunda firmeza, expresamos nuestra discrepancia ante una medida totalmente inútil en orden a los fines de convivencia que busca el Gobierno. Medida que sólo servirá para encrespar las pasiones y los ánimos cara a unas elecciones demasiado próximas y que todos deseamos que, a pesar de esta decisión, sean pacíficas.

    “ABC” (10-4-77)



    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 13:51
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    "El reconocimiento del Partido Comunista no es sólo una burla a España, sino a Dios, hecha en la conmemoración de la encíclica papal que lo condenaba (“Divini Redemptoris”) y para mayor “inri”, en la solemnidad de la Pasión de Cristo...


    Revista FUERZA NUEVA, nº 537, 23-Abr-1977

    Consumación total

    • La Pascua ha traído para el pueblo español no la gloria de su resurrección, sino el sudario de su muerte. Al menos, si hubiera sido la bandera nacional, fuera honroso. Pero ha sido una enseña roja, siniestramente manchada con la hoz y el martillo. Por obra y gracia de Adolfo Suárez, nombre para la Historia.

    Lo que más aterra y estremece en este marasmo de traiciones, perjurios y maldades de la política no es esa acción en sí negativa y delictivo, sino la crueldad, saña y verdadera sevicia con que se hace. Vivimos un tiempo de terror, pero el terrorismo no sólo se hace con metralletas y explosivos. Es bien conocido el terrorismo intelectual, y ahora, en pleno ejercicio, está el terrorismo político con todos sus tentáculos y falsías.

    En pocos días, en un tiempo de Cuaresma, o sea, de penitencia, y en la Semana de Pasión, España ha sufrido el mayor escarnio y humillación que puede sufrir una nación hasta ahora libre. No es novedad, por cuanto desde hace meses se veía venir, pero no por esperada la maniobra ha dejado de impresionar y sobrecoger. Decía Dostoyevski que “si no hay Dios, todo está permitido”, y éste parece ser el lema de los ateos que manejan la política; son los mismos que no recuerdan esta amenaza bíblica: “El hombre, si jura en falso, no será justificado y su casa se llenará de adversidades”. Tal vez porque no son creyentes, no temen a Dios.

    • La impresión general es ésta. La autorización del Partido Comunista en España es la consumación total de una idea satánica que va a la entraña misma, al ser propio de la nación española. En ese hecho erróneo, antijurídico, falaz, hay algo más que un afán democrático o un espíritu de reforma. Se quiere destruir a un tiempo, dos cosas: la religión y la Patria. No hay duda. Y, además, hay prisas, como si se temiera que luego fuese tarde. Los mandatos exteriores apremian. ¿Cómo se explica, si no, esta torpeza ejecutiva, este chorro de decretos leyes destructores, que si rezuman ciega vesania no ocultan su injusticia y su improcedencia?

    • (…) Se pulveriza sin piedad un Movimiento político original y salvador, que podría irradiar luz política al mundo, se fracciona sistemáticamente el compacto friso de regiones españolas, tratando de romper la unidad fértil de una Patria que creó mundos y Dios sabe qué hubiera conseguido ahora; se corrompe a la juventud y al pueblo en general con un libertinaje a todos los niveles y por todos los medios de expresión y cultura; se intenta, en definitiva, paganizar a la nación más religiosa de la tierra con la herejía, la apostasía o el indiferentismo. Pero todo, insisto, a un tiempo y extremosamente, demasiado burdamente. Con sadismo incluso. Eligiendo fechas gloriosas, para burlarse de ellas.

    • La befa no se detiene en nada. Ni en instituciones civiles o militares, jurídicas o políticas, religiosas o culturales. Es la consumación total de un ataque global. El último acoso. El final.

    • Y el reconocimiento del Partido Comunista no es sólo una burla a España, sino a Dios, hecha en la conmemoración de la encíclica papal que lo condenaba (“Divini Redemptoris”) y para mayor “inri”, en la solemnidad de la Pasión de Cristo.

    El Director


    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 18:52
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    … Adolfo Suárez, Martín Villa, Landelino Lavilla y Gutiérrez Mellado


    Revista FUERZA NUEVA, nº 537, 23-Abr-1977

    ESTOS SON LOS AUTORES

    Estos son los autores: Adolfo Suárez, Martín Villa, Landelino Lavilla y Gutiérrez Mellado.

    Adolfo Suárez, el protegido de Carrero Blanco
    y de Sánchez Bella y quien, como recordó Torcuato Luca de Tena, “ha llevado con orgullo en la solapa el yugo y las flechas” y es “la misma persona que proscribe el yugo y las flechas en la que fue hasta hace sólo diez meses sede de su Ministerio”, permitiendo, “en cambio la proliferación de banderas rojas”.

    Martín Villa
    , el hombre cuyo sino coincide con el desmantelamiento de las Instituciones allí por donde pasa: SEU, Organización Sindical, Brigada Político-Social...

    Landelino Lavilla, el joven ministro de Justicia que ha conseguido dar a luz la legislación penal más ininteligible del siglo XX, en la cual ya no se sabe lo que es amnistía, indulto, sobreseimiento libre…, y que continúa en el cargo pese a las sentencias del Tribunal Supremo sobre el PCE.

    Y, por último, Gutiérrez Mellado, quien desde su acceso a un cargo político -cuyo carácter de tal acaba de quedar en evidencia, claramente, a través de la falta de sintonía con los últimos gestos del Ejército- ha sorprendido a la nación con la multiplicidad de declaraciones políticas y sus singulares ideas sobre la misión de las Fuerzas Armadas.

    ***
    Hay que grabar sus nombres y no olvidarlos. Ellos han sido los que adoptaron -ver “Informaciones” del 13 de abril-en el Palacio de la Moncloa, el Martes Santo, el acuerdo de legalizar el Partido Comunista de España. Acuerdo adoptado a espaldas del resto del Gobierno y a pesar de las solemnes promesas formuladas al Mando militar por el propio Adolfo Suárez y a las Cortes por el portavoz del actual Gabinete. A ellos corresponde el mérito de hacer reversible la Victoria conseguida en la Cruzada contra el comunismo que costó lo mejor de una juventud gloriosa. A ellos deben los familiares de los muertos en tantos Paracuellos de España el contemplar a Carrillo y demás camaradas brindar con champán, tras la legalización del Partido Comunista y el regreso de la tristemente célebre Pasionaria, la cual llega -¡cómo no!- desde Moscú.

    Frente a tal acuerdo, histórico, ciertamente por su trascendencia, el Mando militar ha reaccionado, tratando de demostrar -como expuso el portavoz del Ministerio del Ejército- “sin lugar a dudas que el Ejército, sin fisuras, que esto quede bien claro, sin fisuras continúa siendo fiel a la misión que la Patria le encomienda”. Y el ministro de Marina (sr. Pita da Veiga) ha efectuado el gesto digno de su cese irrevocable.

    ***
    No obstante, Adolfo Suárez, quien ascendió a la Jefatura del Gobierno sin el mínimo vestigio de respaldo popular, y los demás copartícipes en aquel acuerdo permanecen impertérritos en sus puestos, no dándose por enterados de que la censura procedente de tan importantes parcelas de las Fuerzas Armadas conlleva la adhesión y el aliento de las sanas gentes de España, con las que siempre latió al unísono el Ejército. No cabe duda que Adolfo Suárez, a través del clan Ansón y por medio del descarado uso intensivo de los órganos estatales de comunicación social, ha podido confundirlas como sucedió en el Referéndum, pero al fin ha quedado desnudo ante el pueblo, capaz ya de calibrar la credibilidad del segundo Gobierno de la Corona y el valor otorgado a los juramentos solemnes y a las promesas explícitas.

    F. N.
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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    “Desfachatez periodística”

    Revista FUERZA NUEVA, nº 537, 23-Abr-1977

    DESFACHATEZ

    Es deprimente para la profesión honesta del periodismo contemplar, ante las realidades que en estos días están ocurriendo en la vida nacional, las posturas adoptadas por determinados medios de comunicación social y sobre todo por ciertos periodistas, de los que un buen ejemplo son, por no citar a más, José Ramón Alonso y Fernando Onega.

    El primero, lógico servidor de sus intereses materiales, pues no en vano tiene seis o siete empleos -derivados del franquismo, claro está- de “a dedo” que mantiene gracias a la “generosidad” de quien le manda desde el Poder. El segundo, auspiciado a las más íntimas fuentes informativas, en razón a su incondicional servicio al presidente Suárez. Ambos, haciendo olvido de sus antiguas camisas azules, de sus fervores falangistas y no digamos de sus públicas y reiteradas manifestaciones de adhesión y entrega total a cuanto Francisco Franco significaba.

    Ahora, estos periodistas, estos medios de comunicación, se esfuerzan en tergiversar la realidad nacional, haciendo un esfuerzo de total servidumbre al Gobierno, tratando de convencer a los españoles de que la legalización del Partido Comunista es un hecho que la mayoría del pueblo esperaba anhelante y que esta legalización se ha hecho dentro de la más escrupulosa observancia de los trámites legales y del sentir constitucional vigente, a la par que, igualmente, intentan desvirtuar de cara a la opinión, la repulsa castrense a tal medida, tergiversando los términos de lo acordado en la reunión del Consejo Superior del Ejército y cuanto ello realmente representa de aviso claro y advertencia al Gobierno, y presentando como un hecho aislado y personal la dimisión del ministro de Marina (sr. Pita da Veiga) y la de otras personalidades con honor.

    ¡Qué desfachatez la de tantos que por ahí vienen escribiendo en estos tiempos! Son nuevos Esaú que siguen vendiendo su primogenitura -su ética profesional- por el plato de lentejas -o de caviar, sin duda- que les proporciona la servidumbre a turbios intereses. Es una pena, aun cuando sin duda llegará el día de las cuentas claras, de los rectos juicios y tendrán que dar cuenta del daño que han hecho a las gentes de nuestro pueblo con sus mentiras, con sus plumas vendidas al mejor postor.

    Ramón de Tolosa


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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    “¿Han incurrido en penas canónicas nuestros gobernantes católicos al legalizar el comunismo ateo en una nación católica y en un Estado confesionalmente católico”?...



    Revista FUERZA NUEVA, nº 538, 30-Abr-1977

    ¿HAN INCURRIDO EN PENAS CANÓNICAS...?

    Por Luis Madrid Corcuera
    (Canónigo Magistral de Vitoria)

    EL Partido Comunista ha sido legalizado en España. Y a mí, sacerdote, fiel hijo de la Iglesia, se me ha planteado un grave problema de conciencia. Quienes han legalizado el Comunismo ateo son españoles, que aparecen públicamente como católicos. No entro ni puedo entrar en su conciencia y no debo entrar como sacerdote en los tortuosos caminos por los que suele discurrir cierta política. Mi tortura no es política. Es religiosa y teológica. Y como tal se la traslado humilde y angustiosamente a mis Padres en la Fe y guardianes del Depósito revelado, los obispos. ¿Han incurrido en penas canónicas nuestros gobernantes católicos al legalizar el comunismo ateo en una nación católica y en un Estado confesionalmente católico...? ¿Han incurrido en penas canónicas aquellos católicos que públicamente han apoyado la legalización del Partido Comunista? La pregunta, que me tortura, es muy grave y públicamente la descargo en manos de los Maestros de la Fe, a quienes suplico en nombre de Dios una respuesta clara y urgente.

    Pío IX calificó al Comunismo de "nefanda doctrina, totalmente contraria al Derecho natural" y "sistema horrendo y catastrófico". León XIII le llamó "cáncer mortal, que está invadiendo las articulaciones más íntimas de la sociedad humana". Pío XI dijo que era "esencialmente contrario a los principios del Cristianismo"... "totalmente antirreligioso"... e "intrínsecamente perverso". Juan XXIII insistió en que su filosofía es "totalmente contraria a la naturaleza humana y a la concepción cristiana de la vida". Pablo VI, con el Concilio Vaticano II, queriendo establecer hacia el Comunismo el puente, salvador del dialogo constata los graves obstáculos, que surgen de "la oposición radical de ideas y la opresión de los hechos" y recordando el carácter de su ateísmo positivo reitera las condenas de sus predecesores.

    En esta línea de la doctrina y condenas de la Iglesia, que todo fiel católico está obligado a aceptar y a seguir, es preciso destacar las prohibiciones y las penas canónicas establecidas por el Santo Oficio, bajo el pontificado de Pío XII, en 1949. Prohibiciones y penas, que siguen en vigor, sin que obste el esfuerzo de la Iglesia, Madre universal, por dialogar con todos los hombres y salvarlos. En el estilo clásico de preguntas y respuestas del Decreto del Santo Oficio dice que no es lícito a los católicos afiliarse a Partidos Comunistas o prestarles apoyo; que no es licito editar, propagar o leer las publicaciones que defienden la doctrina o la praxis del Comunismo o escribir en ellas. Y añade, con el peso de la autoridad de la Iglesia, que los fieles católicos, que realicen tales actos libre y conscientemente, no pueden ser admitidos a los Santos Sacramentos y aquéllos, que profesen la doctrina materialista y anticristiana del Comunismo y sobre todo los que la difunden o se hacen sus propagandistas incurren, como apóstatas de la Fe Católica, en excomunión.

    El Decreto contiene, nos guste o no, una condena moral y jurídica con privación de Sacramentos e incluso con excomunión "ipso facto", reservada de modo especial a la Santa Sede. De acuerdo con él deben ser privados de los Sacramentos los católicos que "se adhieran a Partidos Comunistas o presten su apoyo a los mismos". Y ello, razona el Decreto porque "el Comunismo es materialista y anticristiano" y porque "los dirigentes del Comunismo, aunque de palabra declaran a veces, que no quieren combatir a la religión, de hecho, con la teoría y con la acción, se muestran enemigos de Dios, de la verdadera religión y de la Iglesia de Cristo".

    Ahora bien ¿no es acaso "prestar ayuda al Partido Comunista el abrirle las puertas de la legalización? ¿No es "prestarle ayuda" el pedir, declarar y exigir públicamente, como han hecho algunos católicos, esa legalización? Si todo ello no es ayudar al Partido Comunista ¿qué significa "prestar apoyo a los Partidos Comunistas"? ¿Puede de hecho prestarse al Partido Comunista Español apoyo mayor que otorgarle carta de naturaleza en la sociedad española?

    En consecuencia, excelentísimos señores obispos, ¿puedo yo, sacerdote católico, admitir a los Sacramentos a los católicos —gobernantes o no— que han preparado, mantenido, ayudado y llevado a cabo la operación de legalizar a los "enemigos de Dios, de la verdadera religión y de la Iglesia de Cristo?

    El problema es de una rabiosa actualidad y no se le puede eludir. Yo no lo puedo eludir. Y como yo miles de sacerdotes españoles. Creemos en la Iglesia y tenemos que cumplir sus decisiones y mandatos. Creemos que por encima de las ideologías democrático liberales están los principios de orden natural y de la Ley de Dios. Creemos que por encima de los hombres está Dios y que hay que obedecer a Dios, aunque los hombres se irriten. Aquí no caben oportunismos políticos, ni razones de estrategia, falaces claudicaciones o pactos ocultos con ocultas fuerzas. Aquí sólo cabe Dios, la Fe, la Iglesia y España. En Dios, en la Fe, en la Iglesia y en España radican nuestras razones. Y por Dios, por la Iglesia y por España que me vería obligado a negar los Sacramentos a esos "católicos" —gobernantes o no— que han "prestado su ayuda” al Partido Comunista de España.

    “El Alcázar” (19-4-77)


    Última edición por ALACRAN; Hace 5 días a las 14:39
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Argucias y marrullerías de Adolfo Suárez para legalizar al Partido Comunista

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    “Lo que representa un partido comunista legalizado”

    Revista FUERZA NUEVA, nº 538, 30-Abr-1977

    En España ya lo vamos a saber

    LO QUE REPRESENTA UN PARTIDO COMUNISTA LEGALIZADO

    Sin renunciar a sus acciones clandestinas y a sus métodos revolucionarios, en Europa occidental un partido comunista legalizado actúa generalmente respetando la legalidad vigente y se ampara en ella para la conquista democrática del poder. Procura, por todos los medios, debilitar a sus adversarios y enarbola la bandera de todo género de reivindicaciones con el fin exclusivo de alzarse con la victoria en una sociedad insatisfecha, creciente y a veces artificialmente insatisfecha.


    El edificio.

    Un partido comunista legalizado que cuente con una militancia importante (Francia e Italia) suele disponer de un magnífico edificio. Ese edificio ha sido levantado por una sociedad inmobiliaria integrada por miembros directivos del Partido Comunista y confiada su construcción, ¡qué casualidad!, a un arquitecto extranjero que se declara marxista y “encantado de poder prestar un servicio a los camaradas del partido”, y que ha sido galardonado con el premio Lenin de la Paz y la medalla del oro del Consejo Mundial de la Paz.

    La sede del partido legalizado, y “transparente” ante la opinión pública, dispone de las siguientes instalaciones:
    •Un cerebro electrónico para atender a todos los equipos de seguridad.
    •Un pabellón de guardia.
    •Piso reservado a las jerarquías del Partido.
    •Archivos blindados, cristales contra balas, extintores, etc.

    El cerebro de seguridad está integrado por los siguientes elementos:
    • Un circuito interno de televisión que controla los accesos exteriores del edificio y todas las salas de reunión.
    • Una red de micrófonos y de interferómetros.

    Ese edificio ha costado más de 500 millones de pesetas (1977). Su financiación responde a los moldes clásicos de operaciones del género (préstamos, empréstitos, ventas de locales, más donaciones)


    Organización.

    No suele variar del partido de masa organizado según los moldes del de la Unión Soviética.

    •El Comité Central, “elegido” en el Congreso Nacional (de ochenta a cien miembros).
    •El “Bureau” político (dieciséis titulares).
    •El Secretariado Nacional (siete miembros).
    •La Comisión Central de Control Político (diez miembros)
    •La Administración Interna del Partido (enlace entre el “Bureau” y el Secretariado, coordinación de Federaciones, proselitismo, educación, relaciones con el parlamento, etcétera).

    •Órganos de prensa y de investigación histórica e ideológica.

    •Comisiones de Cultura, Campesinado, Juventud, Trabajo, Ingenieros, Técnicos, Cuadros e Inmigración.

    Los militantes se distribuyen en células de quince, en empresas, medio rural y corporaciones locales. Cada célula se compone de comité, “bureau” y secretariado. Varias células constituyen la sección (en grandes empresas y ciudades pequeñas), con idéntica organización.

    Entre las secciones y Federación (órgano provincial) están los comités de distrito, con funciones primordialmente propagandísticas.

    Cada Federación cuenta con tres secretarios (político, organización y propaganda) y los responsables de Organización, Tesorería, Prensa, Cultura, Juventud y Trabajo del Partido en la población femenina.


    Los militantes

    El 30 por ciento de los militantes suele pertenecer a la clase obrera. Sin embargo, en el conjunto de las empresas de cualquier país industrializado ese porcentaje se traduce en poco más del 1 por 100, lo que significa un tanto por ciento muy débil para un “partido de la clase obrera”.

    A los empleados les corresponde un porcentaje algo inferior. Y lo mismo podría decirse de los maestros. En cambio, la penetración en agricultores, ingenieros, técnicos y cuadros suele ser muy reducida.

    El 27 por 100 de los efectivos corresponde al sexo femenino, al que el partido dedica grandes esfuerzos.


    La formación de cuadros

    Es una preocupación constante. La organización de la formación de cuadros está rigurosamente controlada por la Sección Central de Educación (o ideológica) del Comité Central.

    Dicha sección se encarga del control ideológico de los cursos y de su preparación material: reclutamiento de alumnos, edición de folletos y organización de cursos.

    Se da preferencia a militantes de clase modesta.

    Además de recibir rudimentos de formación teórica y práctica, los alumnos son orientados pedagógicamente en sus actividades -lectura de prensa comunista, debates, campañas electorales, huelgas, etc.

    Las escuelas son elementales, federales (provinciales) y centrales (nacionales. Las primeras van encaminadas a hacer de cada militante un propagandista. Estudian cuatro asignaturas (clases sociales y nación, imperialismo y Estado, socialismo y comunismo y el Partido). Dichas asignaturas siguen muy de cerca la actualidad política.

    Las escuelas federales organizan cursos de quince días para cuadros medios: secretarios de células, responsables de comités de empresas, miembros de secretariado de sección, de “bureaus” y comités federales.

    Las escuelas centrales dispensan una enseñanza completa (ideológica, política, práctica, administrativa y técnica) para miembros del Comité Central, secretarios federales, parlamentarios, propagandistas nacionales, instructores de organización, responsables de organizaciones de masa, etc. La duración de esos cursos varía de uno a cuatro meses. El régimen es de internado. Muchos alumnos renuncian a sus vacaciones. Además de clases teóricas, se imparten clases prácticas (estudio analítico de textos políticos, interpretación de acontecimientos, redacción de artículos, carteles y panfletos, preparación de un mitin o de una campaña electoral…)

    El estudio de Marx, Lenin, etc. va relegándose, siendo sustituido por el de documentos modernos (Congresos recientes, sesiones del Comité Central, etc.)


    Las escuelas internacionales de Moscú

    Los comunistas “nacionales” acuden a la Unión Soviética para seguir cursos de diez meses (de septiembre a julio).

    Esas escuelas son en realidad “cursos especiales” para extranjeros en la Universidad moscovita. Allí se estudia filosofía, ciencias sociales y ciencias económicas Y a final de curso hay exámenes.

    Los militantes elegidos pertenecen a niveles superiores dentro del Partido, llegando algunos a pertenecer al Comité Central. Son jóvenes y han pasado por diferentes cursos en su país de origen.

    También el Konsomol (organización juvenil) tiene su escuela propia, que admite a líderes presuntos de las juventudes comunistas en el extranjero.


    Los funcionarios del Partido

    Se consideran como tales los parlamentarios -ingresan todos sus emolumentos-, los colaboradores políticos y técnicos del Comité Central y los empleados de las federaciones; es decir, quienes perciben sus sueldos del Partido. Ahora bien, esta escasa nómina de funcionarios se amplía con la de sociedades, asociaciones y corporaciones locales controladas por el Partido Comunista. Los salarios oscilan alrededor de los que perciben obreros especializados, aunque luego hay ventajas de orden material más compensadoras.


    El plano electoral

    Con el control de ciertos municipios y entidades provinciales, así como de un número apreciable de escaños parlamentarios, el Partido Comunista dispone de un mecanismo electoral que, en votos obtenidos, llega a multiplicar por diez el número de militantes.

    La incidencia del “copo” de esos puestos municipales es de orden propagandístico. Se dedican a alabar su propia gestión y al mismo tiempo a señalar la “mala fe del Gobierno” y de lo que ellos podrían hacer con un “régimen socialista”.

    El Estado -según ellos- es “instrumento de los monopolios capitalistas” y, por consiguiente, fuente de todos los males, así como responsable de cuanto marcha mal en el municipio.

    La conquista de los Ayuntamientos le vale al Partido Comunista:

    •El establecer un cierto control de la población y ejercer sobre ella los efectos de su propaganda.

    •La disponibilidad de personal que trabaje indirectamente en beneficio del Partido, locales, subvenciones, medios de transporte, etc.

    •La posibilidad de pasar pedidos a sociedades para comunistas o de formular contratos de servicios a firmas relacionadas con el Partido.



    Pero el Partido Comunista es algo más complejo

    Con el fin de llegar a los diferentes grupos sociales, expandir “insidiosamente” su propaganda y ampliar el círculo de simpatizantes, el Partido Comunista controla una red de organizaciones “satélites” en las que colaboran comunistas con no comunistas, que les sirven de “correos de transmisión”.

    Los comunistas están tanto en los movimientos juveniles como en las organizaciones sindicales obreras, asociaciones de vecinos, asociaciones de ancianos, asociaciones de excombatientes, de exprisioneros, entidades culturales y deportivas. Y no digamos en las asociaciones de “amigos” de la URSS y demás países socialistas.

    Y, por si fuera poco, el Partido Comunista tratando de crear un “Estado” dentro del Estado, suele implantar una amplia red comercial con el fin de:

    •Suministrar bienes y servicios o determinadas corporaciones locales.
    •Confeccionar el material propagandístico.
    •Difundir la ideología comunista (editoriales y librerías).
    •Realizar intercambios comerciales con Europa Oriental.
    •Hacer publicidad.
    •Crear cooperativas de consumo y mutualidades.


    Los recursos financieros

    Para remunerar a los funcionarios, pagar alquileres, coches, etc., y preparar sus potentes campañas electorales, el Partido Comunista necesita tanto de ingresos ordinarios como de recursos “ocultos”, que ayudan a nivelar el presupuesto “real”, muy superior al oficial.

    Además de las cuotas, suscripciones, bonos, beneficios de festejos, etc., resulta curioso cómo apoyan a la prensa. Cada militante tiene la obligación de suscribirse vitaliciamente al órgano oficial de prensa y de ayudar asimismo a los periódicos locales.

    Pero más curioso es comprobar el apoyo publicitario que reciben de los grandes establecimientos bancarios y comerciales.

    Y a los beneficios de las sociedades controladas por el Partido Comunista se suma la financiación indirecta procedente de países comunistas. ¿Cómo? Primando las mercancías exportadas a dichos países, para que el importe de la prima vaya a manos del Partido Comunista. O ingresando el beneficio obtenido por grupos artísticos desplazados desde el Este. O transfiriendo al Partido Comunista el producto de viajes turísticos a los países de las “democracias populares”. O suscribiéndose a la prensa del Partido Comunista en los países comunistas.

    Pero también hay transferencias de fondos secretos a través de entidades bancarias de filiación comunista.


    La prensa

    Se da especial relieve en el órgano central a la difusión de noticias locales, lo que repercute en un elevado número de corresponsales, que son complementariamente ayudados por “comités de difusión”, células y organizaciones satélites. La cuestión es que, en alguna parte del periódico, aparezcan reflejadas las “preocupaciones particulares de cada militante o lector”. Así penetran las ideas comunistas en cientos de miles de hogares.

    Punto final

    Se ha querido explicar lo que es un partido comunista legalizado. Su gran maquinaria de organización es capaz de hacer de nuestra Patria un feudo comunista. Porque se habrá visto que una cosa es el aparato legal y otra es la compleja organización de masas y los apoyos de toda índole que reciben.

    Y a eso se suman las actuaciones netamente clandestinas. El fin sí que justifica los medios.

    ¿Qué ventajas nos reporta hoy para la convivencia democrática contar con un aparato así totalmente legal? Si quieren subvertir nuestro sistema…, que lo hagan afrontando el peso de la ley.

    Mas si no queremos ser devorados por el comunismo, organicémonos, unámonos. Cuando seamos protagonistas de nuestro propio destino, veremos cómo podemos hacer frente a esta plaga social que es el comunismo. Hoy por hoy, admitir su legalización sería más que una ingenuidad, un suicidio y una traición a nuestro pueblo.


    Última edición por ALACRAN; Hace 5 días a las 13:27
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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