APLASTAD AL INFAME

EL "DERECHO DE VISITANTE" SEGÚN KANT
"...un derecho de visitante, que a todos los hombres asiste: el derecho a presentarse en una sociedad. Fúndase este derecho en la común posesión de la superficie de la tierra; los hombres no pueden diseminarse hasta el infinito por el globo, cuya superficie es limitada, y, por tanto, deben tolerar mutuamente su presencia, ya que originariamente nadie tiene mejor derecho que otro a estar en determinado lugar del planeta."
"La paz perpetua", Inmanuel Kant.
Repárese en lo que dice este filósofo alemán. Sobre ese sofisma se ha montado la invasión que sufrimos. Veamos:
Alguien, en este caso Kant, me "obliga" (él o, a través de él, sus superiores graduales en la logia) me "exige", me "obligan", me "exigen" -¿será por "imperativo categórico"?- que, dado que la superficie del planeta es limitada, "debo tolerar" la presencia de "otros", por la única razón de que, según Kant, "nadie tiene mejor derecho que otro a estar en determinado lugar del planeta".
El espacio se ha convertido en abstracción filosófica de la Razón Pura. El espacio planetario se considera al margen de todo supuesto histórico, se prescinde de todo el curso de la historia que, en sus avatares de carácter bélico, ha marcado y definido realmente -no fantasmalmente- la territorialidad. El espacio -condición de posibilidad de la intuición sensible, según el mismo Kant en su "Estética trascendental" se ha convertido -por arte de birlibirloque- en el Coño de la Bernarda, que es de todos por no ser de nadie. Pero, el filósofo "iluminado" no se pregunta por algo: ¿qué es lo que hace que el otro sea "extranjero" en mi tierra y yo "extranjero" en la suya? ¿Qué es lo que permite que hablemos del "territorio extranjero" y del "extranjero en mi territorio"?
El "derecho de visitante" se convierte, a la postre y en virtud del optimismo antropológico de Kant, heredado de Rousseau, en "derecho de hospitalidad". De tal forma que si, en un caso hipotético, unos musulmanes norteafricanos pusieran unas bombas en unos trenes, causando una masacre, me queda el derecho de expulsar del gobierno al partido que ejercía el poder en ese entonces, pero aquí nadie habla de expulsar a todos los compatriotas de esos terroristas.
Y, por cierto, a todo esto: ¿quién es Kant para "obligarme a tolerar" eso que dice él, el supuesto derecho que Kant, desde el trono de su Razón Pura -la suya-, le otorga a todo ser humano, venga de donde venga? ¿Dónde está el supuesto principio de "la común posesión de la superficie de la tierra"?
Se suponía que Kant, así lo proclamó, nos quería emancipar, nos dijo que nos daba una "ética autónoma", pero lo que quería era tutelarnos. Y los licencidados en tontería cosmopolita se han dejado tutelar, maravillados por la pedantería ilustrada de un botarate que no se quitó jamás el pelo de la dehesa; sin haberlo leído jamás en la vida. Y los idiotas doctorados -que leyeron los prefacios de sus bodrios, y no pasaron de ahí- han inclinado su cerviz ante los mamotretos ilegibles de este escuchumizado de Königsberg. En 1795 escribió esa mamarrachada que no tiene ni pies ni cabeza, destartalada como la estampa del mismo desgraciado Inmanuel Kant. Estaba jorobado... Y quiso jorobarnos a las generaciones que estábamos por venir.
La filosofía de Kant es un sueño de la Razón Puta que sirve para mantener a una legión de siniestros holgazanes planificadores de nuestro futuro en la ONU, mientras nos ha llenado el patio de atrás de hordas muy peligrosas que saben que son "invasores", y no "visitantes" ni "huéspedes".
Maestro Gelimer
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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