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Tema: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

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    Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

    CATÁLOGO RAZONADO DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS que hay en lengua castellana o portuguesa, hasta el año 1800

    Discurso preliminar por D. Pascual Gayangos (de la Real Academia de la Historia)

    Madrid, año 1874


    (La ortografía es la de la propia obra)

    (…) En España este movimiento literario parece haberse sentido mas tarde que en ningun otro pueblo de Europa, y la razon es obvia. De muy antiguo nuestra historia se halla revestida de cierto barniz caballeresco y legendario, que la hace en este punto mas pintoresca y animada que otra alguna. Tanto es esto verdad, que entre algunos trozos de la Crónica general, y principalmente los que tratan de Bernardo del Carpio y los siete Infantes de Lara, entre las relaciones populares del Cid y Fernan Gonzalez, la historia fabulosa de don Rodrigo, las leyendas monacales mas antiguas, y ciertos pasajes del Amadis, la transicion es casi imperceptible, sin advertirse mas diferencia entre unos y otros que la de estar aquellos fundados en la popular tradicion y referirse á personajes históricos, y tratar estos de héroes enteramente fabulosos. Por estas y otras razones, entre las cuales no entra por poco el estado de una sociedad en lucha continua con un enemigo interior, la novela caballeresca en prosa fué poco conocida en la Península antes de principiar el siglo XIV.

    Mucho tiempo antes gozaban ya de gran crédito en Bretaña, Inglaterra y aun en el centro de Francia, libros de gesta en verso, como Le roman de Brute y el de Rou, compuestos ambos por Roberto Wace, trovera normando, á mediados del siglo XI; el de Sangreal, atribuido á Tomás Lonelich, poeta de la corte de Enrique VI de Inglaterra; el de Perceval, cuyo autor, Christian de Troyes, floreció en el siglo XII; Les enfances d'Ogier le Danois, o las Mocedades de Ugiero, cuyas principales escenas pasan en nuestra península ó en países fantásticos y regiones imaginarias.

    Nada de esto habia á la sazon entre nosotros, como si los héroes nacionales y sus gloriosas empresas contra el comun enemigo bastaran ya para llenar cumplidamente la curiosidad de los oyentes y lectores, y satisfacer su mas ardiente patriotismo. De Artús y su Tabla Redonda poco ó nada se sabia por entonces, y el mismo Carlomagno no aparece en los cantares y romances sino como un invasor del suelo patrio, sufriendo cruel derrota á manos de Bernardo del Carpio y sus invictos montañeses.

    La primera y mas antigua de estas imitaciones parece ser la Historia del caballero del Cisne, que el rey Alfonso el Sabio ingirió en su Gran Conquista de Ultramar, ya que no sea, como hay motivos para sospecharlo, traduccion de un libro francés. Por otra parte, la Crónica de don Rodrigo, último rey de los godos, no es mas que un conjunto de fábulas y patrañas, un verdadero libro de caballerías, ideado en el siglo XV por Pedro del Corral, a pesar de que muchos y graves autores la hayan mirado como historia verdadera.

    Pero si España fué tardía en admitir, fué tenacísima en conservar este género de literatura, ampliándole y perfeccionándole en tiempos mas modernos, hasta el punto de haberle, por decirlo así, resucitado, dándole nueva vida y formas nuevas, é imponiéndole a su vez á la Europa entera. Por causas que no son de este lugar, el espíritu caballeresco, ya decadente en los demás reinos de Europa, se hallaba en nuestra Península, á fines del siglo XV, mas floreciente y vigoroso que nunca. El celo ardiente (dice un escritor moderno), que arrancó á tantos cristianos de sus hogares para conducirlos á los sitios de la pasion de nuestro Redentor; los sentimientos exaltados de honor y de amor, tan vigorosamente delineados en las ficciones de la Tabla Redonda , grandes y nobles objetos de la piedad de nuestros mayores, habian ya dejado de existir ó estaban lastimosamente modificados. La astucia y la perfidia habian reemplazado entre los soberanos de Europa á la lealtad caballeresca.

    En Francia, un libertinaje grosero, revestido de maneras cortesanas, ocupaba el lugar de aquel idealismo del amor, móvil y causante de gloriosas empresas siempre que animaba el corazon de verdaderos caballeros. Juan de Ligny vendia la poncella de Orleans, mujer y prisionera, á Felipe de Borgoña, quien se la revendía á los ingleses. La política y la disciplina sustituian ya en Inglaterra al espiritu caballeresco, y este cambio se operaba principalmente en el arte de la guerra y en la organizacion de los ejércitos. Eduardo III debió sus victorias contra la Francia á la formacion de escuadrones regulares, contra los cuales se estrellaba el fogoso ardimiento y la inconsiderada valentía de los caballeros franceses. En Italia, micer Poggio el florentino, Pulci y Maquiavelo se burlaban de las proezas de los antiguos paladines, y daban pruebas patentes de un escepticismo político y religioso.

    La España sola conservaba aun en toda su fuerza su primitiva aficion a los pasos de armas, torneos y todo género de ejercicios caballerescos. En la sola Crónica de don Juan II se citan nada menos que veinte y tres de aquellos. Fernando de Pulgar, secretario de los Reyes Católicos, asegura con cierta arrogancia que en su tiempo eran en mayor número los caballeros españoles que iban á reinos extraños á buscar fortuna, que los extranjeros que venian á España, y mosen Diego de Valera habla con marcada complacencia de sus propios duelos y combates en Bohemia y Hungría. ¿Qué mucho, pues, que mientras Cárlos V llevaba sus armas victoriosas á varios puntos de Europa y Africa; cuando, fiado solo en su palabra, atravesaba el territorio de su mortal enemigo; cuando proponia á Francisco I un duelo á la antigua usanza, entregando los destinos de una nacion entera á las eventualidades de un combate personal; cuando libertaba á España y á Europa toda de las invasiones del Turco y de los progresos del luteranismo, los patrióticos sentimientos del pueblo español hallasen solaz y deleite en las increibles hazañas de Bernardo del Carpio, en los gloriosos hechos del Cid y otros héroes nacionales, y que, á falta de personajes históricos, se forjasen nuevos campeones, cuyas altas proezas y nunca oidas hazañas sirviesen de meta y límite á las aspiraciones de pechos nobles y generosos? Así es que, siendo los españoles, como ya lo dijo Lope de Vega, «ingeniosísimos en este género de composicion, sin que en la invencion les haya aventajado ninguna otra nacion, muy pronto la literatura caballeresca alcanzó límites que hoy dia nos parecen casi increibles.

    Para tratar de estos libros con el debido órden, convendrá dividirlos en tres grandes ciclos: el breton, el carlovingio y el greco-asiático. Los dos primeros son, con alguna ligera excepcion, exclusivamente franceses; el tercero fué engendrado en la Península por la brillante imaginacion de nuestros escritores. A este último habrán necesariamente de agregarse otra multitud de libros, así en prosa como en verso, que, estrictamente hablando, no son mas que una modificacion del género, como son la novela caballeresca-sentimental, los libros de caballerías morales o á lo divino, los que están fundados sobre la historia de España, y por último, las bellísimas epopeyas caballerescas traducidas ó imitadas del italiano.


    ***

    1. CICLO BRETÓN
    Merlin y sus profecias.-El libro del Baladro.-La Demanda del Santo Greal.- Lanzarote del Lago. - Tristan de Leonis y Tristan el joven.-Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Ason.-Sagramor y segunda Tabla Redonda.

    2.° CICLO CARLOVINGIO.
    Crónica fabulosa del arzobispo Turpin.-Carlomagno y sus doce pares
    .-
    Segunda parte. Tercera parte.

    3º CICLO GRECO-ASIÁTICO .
    Amadis de Gaula.- Consideraciones generales sobre este libro.-Conjeturas acerca de la prioridad de una version castellana anterior á Vasco de Lobeira.-Garci-Ordoñez de Montalvo.-Sergas de Esplandian. -Don Florisando.-Lisuarte de Grecia. — Muerte de Amadis, por el bachiller Juan Diaz.--Amadis de Grecia.- Florisel de Niquea.-Rogel de Grecia.-Don Silves de la Selva.-Esferamundi y sus descendientes.

    4.° LOS PALMERINES.
    — El de Oliva. — Primaleon. - Platir. – Flortir. — Palmerin de Inglaterra. Pruebas de su origen español.--Don Duardos de Bretaña.- Don Clarisel.

    5.º LIBROS DE CABALLERÍAS INDEPENDIENTES.
    Tirante el Blanco.-Arderique.- Claribalte.- Cifar.—Clarian de Landanis, con sus continuaciones. Florambel de Lucea.- Don Floriseo de la Extraña Aventura.- El caballero de la Cruz, Lepolemo.- Leandro el Bel.- Félix Marte de Hircania.-Florando de Inglaterra.-El caballero del Febo.- Febo el Troyano, y otros.

    6ª HISTORIAS Y NOVELAS CABALLERESCAS.--
    Relaciones de santos.-Libros de caballería á lo divino.-Otros fundados sobre historia de España.- Traducciones é imitaciones del Orlando.






    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 14:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

    1. CICLO BRETÓN

    Merlin y sus profecias.-El libro del Baladro.-La Demanda del Santo Greal.- Lanzarote del Lago. - Tristan de Leonis y Tristan el joven.-Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Ason.-Sagramor y segunda Tabla Redonda.

    La vida del sábio Merlin, sus astucias y transformaciones, los hechos del rey Artús de Bretaña, y las maravillosas hazañas de Lanzarote del Lago, de Galaz, su hijo, de Perceval, Boortes y otros caballeros bretones, empeñados en la demanda del santo Greal, constituyen la larga serie de novelas caballerescas en prosa, conocida comunmente con el nombre de Ciclo breton ó de la Tabla Redonda.

    Fúndanse todas ellas en una tradicion antiquísima, conservada en Inglaterra, y ya consignada por Mateo Paris en su Historia, de que José de Arimatea, el senador judío que asistió á la muerte del Salvador, habia comido a la mesa de un obispo armenio que fué á Inglaterra á principios del siglo XII; y para explicar tamaña longevidad se decia que al terminar cada siglo aquel santo varón caia en una especie de éxtasis ó letargo, del cual salia recobrando toda la juventud y lozania del tiempo en que presenció el suplicio de nuestro Redentor en la cruz. Sobre esta vulgar tradicion, Tomás Lonelich, trovador anglo-normando de la corte de Enrique VI, escribió una novela en verso, intitulada Sangreal, que mas tarde fué puesta en prosa francesa por otro trovador, fingiendo que José de Arimatea habia logrado adquirir la copa ó vaso (hanap) en que Jesus bebiera la noche antes, cenando con los apóstoles.

    El hecho estriba en la siguiente tradicion: antes de enterrar el cuerpo del Salvador, José, habiéndose antes procurado dicha copa, la llenó de su preciosa sangre a medida que brotaba de sus heridas; accion que exasperó de tal manera á los judíos, que le arrancaron la santa reliquia y le encerraron en un calabozo. Allí se le apareció una noche el Redentor y le devolvió la copa, recobrando, por último, su libertad, despues de cuarenta y dos años de prision, en la toma de Jerusalen por Tito Vespasiano. Puesto en libertad, José comenzó á predicar el Evangelio, convirtiendo, entre otros, á Enelaco, rey de Sarraz, quien, con tan poderosa ayuda , emprendió y llevó á cabo la conquista de Egipto. Por este tiempo era rey de Bretaña Artús ó Arturo, el cual instituyó la Tabla Redonda, dejando, por consejo de Merlin, un lugar vacante para la santa reliquia , que habia casualmente caido en manos del rey Pescador, asi llamado, ya por su habilidad en la pesca, ó ya por su notoriedad como pecador renitente. Las hazañas de los caballeros de la Tabla Redonda, en su loable empeño de descubrir y recuperar tan insigne reliquia, constituyen la parte caballeresca y romántica de esta notable historia, la que, con mas o menos exactitud, fué luego traducida á los diferentes idiomas europeos, dando tambien lugar á varias imitaciones y continuaciones.

    Mas antes de escribirse el Sangreal, dos troveras anglo-normandos, llamados Geoffrey ó Godofredo de Monmouth y Roberto Wace, autor el uno de una crónica semifabulosa y el otro de una historia métrica, conocida con el título de Le roman de Brut (Novela de Bruto), habian inventado el personaje fabuloso de Merlin, mitad hombre y mitad diablo, así como el José de Arimatea, dueño de la famosa copa que contenia la sangre de Cristo.

    Sobre estas dos obras, Roberto de Bouron, escritor del tiempo de Eduardo I, compuso su Vida de Merlin, en prosa francesa, cuyo argumento es el siguiente:

    Los diablos, alarmados al ver el número de víctimas que diariamente se escapaban de sus garras, mediante el progreso del cristianismo, predicado por José y otros, resolvieron, prévio consejo y deliberacion, enviar á la tierra uno de los suyos, que entrando en relaciones con una virgen cristiana, la hiciese concebir un varon, que habia de ser con el tiempo el destructor de todo el linaje humano. El infernal mensajero se hospedó en casa de un noble breton con tres hijas muy hermosas, la mas jóven de las cuales resistió largo tiempo á sus halagos, si bien, por último, el enemigo, aprovechando la ocasion en que aquella estaba dormida, llevó a cabo su designio, y la virgen se sintió preñada. Acusada, segun las leyes de Escocia, que castigaban con la muerte semejante deshonestidad, fué luego encerrada en una fuerte torre, donde dió á luz á Merlin, á quien un santo varon, llamado Blas, hizo bautizar en el acto. Próxima ya al suplicio, la inocente madre se quejaba amargamente de su suerte, dirigiéndose en términos duros al que creia autor de su desgracia, y Merlin, que aun no tenia un mes, la consolaba, diciendo que no moriria, aconsejándola que se presentase con ánimo resuelto ante sus jueces. Llevada al tribunal, Merlin, en una larga y difusa peroracion, prueba que uno de los jueces, el mas condecorado y temido de todos, no era hijo del que pasaba por su padre, sino del prior de un convento cercano al lugar donde se veia el proceso; el cual, para evitar su propia deshonra y la de su madre, se ve precisado á influir con sus compañeros y obtener de ellos la absolucion de la delincuente. (…)

    Otra novela caballeresca, tan intimamente ligada con las dos anteriores, que parece mas bien continuacion de ellas, es la de Lancelot du Lac, ó Lanzarote del Lago, como le llaman los nuestros. Este fué hijo del rey Ban de Bretaña, quien atacado de improviso en su castillo de Trible por el rey Claudas, se ve precisado á huir con su esposa Elena y su hijo de pocos años, despues de encomendar á su senescal la defensa de aquella plaza. En el camino sube á la cumbre de un monte para desde allí contemplar la morada de sus abuelos por la vez postrera, y al verla presa de las llamas, cae muerto de dolor. Elena, dejando al tierno infante á orillas de un lago próximo á aquel lugar, vuela á socorrer a su esposo; mas al volver ve á una ninfa arrebatar el fruto de sus amores y zambullirse con él en las aguas. La ninfa no era otra sino Bibiana, la querida del sábio Merlin, que de tiempo antiguo vivia como encantada en aquel lugar y era conocida por la Dama del Lago. Leonel y Bohort (Leonel y Boortes), sobrinos del rey Ban, son conducidos á aquel sitio de una manera igualmente maravillosa, y educados por Bibiana con la misma ternura y amor que su primo Lanzarote del Lago. (…)

    Tal es, en suma, el complicado argumento de una de las novelas caballerescas mas antiguas, escrita primero en latin, despues en verso, y últimamente en prosa francesa, alterada, corregida y adicionada, así en el fondo como en su parte accesoria y episódica , hasta formar el tronco de la dilatada série romántica conocida con el título de Romans de la Table Ronde. De las muchas redacciones que de ella se conservan, la mas comun se atribuye á Roberto de Borron, escritor del siglo XII; mas en materia de libros populares durante la edad media, es muy difícil, por no decir imposible, referirlos á determinado autor; obras de este género parecen haber sido patrimonio de una familia, de una escuela, ya que no del primero que, copiándolas y alterándolas, las hacia suyas.

    La Historia de Merlin se tradujo luego al italiano, y de esta lengua á la nuestra, aunque bastante alterada y aumentada en una y otra version. Ya el francés que la puso en prosa habia añadido un capitulo de profecías hechas por aquel sábio, mientras que el autor castellano introdujo en ella nuevos incidentes, como la muerte de aquel nigromante y otros, poniendo á su libro el nuevo y extraño título de Baladro del sábio Merlin, con que generalmente es mas conocido. En cuanto al libro de Lanzarote del Lago, parece haberse traducido al castellano á fines del siglo XIV ó principios del siguiente, pues además de hallarse citado ya en el Rimado de Palacio y en la parte cuarta del Amadis (8), hay un pasaje del Arcipreste de Talavera, y en el Cancionero e Juan Alfonso de Baena, ciertos versos de un monje jerónimo, capellan del obispo de Segovia, don Juan de Tordesillas, que ninguna duda dejan sobre el particular.



    Otro libro hay tambien citado por escritores del siglo XV, y que parece haber tenido gran boga en Castilla, y es el de Tristan de Leonis, caballero de la Tabla Redonda, cuyo original francés pasa, y con razon, por el mejor libro de su clase, y el que con mas fidelidad retrata el espíritu caballeresco de la edad media. Es continuacion de otro intitulado Meliadus de Leonnoys, compuesto en el siglo XI por Rusticiano de Pisa, y en él se prosiguen y continúan las aventuras de Tristan de Leonis, su hijo, y sus amores con la reina Iseult (Iseo).

    Su argumento, mas animado y dramático que el de otros libros de su clase, es el siguiente : Meliadus, padre de Tristan, estuvo casado con Isabel, hija del rey Marc, á quien los nuestros llaman Mares de Cornualla. Una hada conocida de Merlin se enamora de él, y un dia que el Rey salió á caza prepara un encantamiento y se apodera de su persona. Isabel, á la sazon encinta, sale en busca de su esposo, y topa con un ermitaño, que no es otro que Merlin, el cual la anuncia que no volverá á ver al Rey. En efecto, á los pocos dias muere de sobreparto, despues de haber dado á luz un hijo, que por las circunstancias de su nacimiento es nombrado Tristan, el mismo que un fiel escudero de la Reina recoge y lleva á su padre Meliadus, ya libre de su encantamiento por industria del mismo Merlin.



    Sabedor su suegro Mares, por la prediccion de un enano agorero, de que su sobrino Tristan le habia con el tiempo de usurpar el trono, resuelve la muerte de este; sorprendido Meliadus por sus espías, es asesinado durante una cacería, si bien Gorbalan, el mismo fiel escudero que habia salvado antes la vida de Tristan, le salva segunda vez y le lleva a la corte del rey Pharamond (Feremondo de Gaula). Una hija de este rey, llamada la infanta Belisenda, se enamora de don Tristan; mas, descubiertos sus amores por su padre, Tristan se ve precisado á dejar la corte de Feremundo y refugiarse en Inglaterra. Allí, en el castillo de Tintadel (Tintadoyl), célebre en otro tiempo por los amores de Artús y Ginebra, Tristan logra reconciliarse con su tio el rey Mares; poco despues desafia y mata á Morhoult (Morlote), hermano de la reina de Irlanda, que viniera allí á exigir tributo al rey Mares. Despues de esta hazaña, Tristan es enviado á Irlanda á pedir para su tio la mano de Iseult la Blonde (Iseo la Rubia), hija del rey de aquella tierra, y obtenida, vuelve con ella á Cornualla ; mas durante el viaje por mar, una doncella de Iseo, llamada Brangian (Brangel), administra á los dos jóvenes un filtro amoroso, que los une irrevocablemente el uno al otro, é influye poderosamente en el destino de ambos. En el camino aportan á una isla y son hechos prisioneros, como lo habian sido antes que ellos otros varios caballeros y doncellas; costumbre singular de aquel territorio y castillo, que no debia terminar hasta tanto que el caballero mas valiente y la doncella mas hermosa pusiesen el pié en aquellas playas inhospitalarias. Tristan vence á un robusto y desemejado jayan, que era el encargado de mantener aquella demanda, y se hace amigo de Gallehaut le Brun (Galeote el Brun), señor de dicho castillo, dando, por consiguiente, libertad á todos sus prisioneros.(…)

    El libro de Tristan de Leonis se tradujo al castellano por un anónimo, y se imprimió en Valladolid, año de 1501, con el siguiente título: Libro del esforçado caballero don Tristan de Leonis y de sus grandes hechos en armas. Tomóse el traductor tales y tamañas licencias, suprimiendo pasajes enteros y sustituyendo otros de su propia cosecha, que su libro mas bien paréce original que no traduccion. Volvióse á imprimir en 1528, y seis años despues, en 1534, salia á luz en Sevilla con la añadidura de una segunda parte y el título de: Coronica nuevamente emendada y añadida del buen caballero don Tristan de Leonis y del rey don Tristan de Leonis el joven, su hijo. Esta segunda parte es enteramente nueva y original, y nada tiene que ver con los hechos de Isaias el Triste, que forman la continuacion del Tristan francés. No habiendo logrado ver juntas las dos ediciones de 1501 y 1534, no podrémos determinar si la que en esta última se llama primera parte es reimpresion de aquella, ó si, como nos inclinamos á creer, es una nueva version o imitacion de la novela francesa. (…)

    Quién sea el autor de esta segunda parte de Don Tristan, en la cual se introducen por primera vez y sin disfraz personajes históricos, novedad poco comun en este linaje de libros, se ignora de todo punto. Hay, sin embargo, fundadas razones para sospechar que fué natural de Andalucía, del condado de Niebla , y morador quizá de alguna villa próxima á la raya de Portugal, atendida la manera ruda y descortés con que siempre que le viene a mano trata á los de aquella nacion. Tambien pudiera presumirse, atendido el gran número de devotas consideraciones y amonestaciones cristianas con que la narracion está exornada, que su autor fué hombre de iglesia; y llevando aun mas allá la conjetura , pudiera sospecharse si su autor fué el mismo que en 1528 escribió el octavo libro de Amadis , aunque en apoyo de esta última conjetura no podamos ofrecer mas razon que cierta semejanza de estilo que en la lectura escrupulosa y detenida de uno y otro libro hemos creido advertir.

    Aun nos queda que mencionar en este lugar una obra original española, muy preciada del vulgo, puesto que sigue aun hoy dia reimprimiéndose para su uso; y es la Crónica de Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Asson, que en ediciones modernas y viciadas es llamado Jofre Donason y don Nason ; la cual se dice compuesta por un tal Nuño de Garay, aunque en la impresion de Sevilla de 1599 se dice haberlo sido por Felipe Camus. Forman el argumento de este libro las aventuras de un caballero llamado Tablante, que vivia en tiempos del rey Artús. Deseando ganar prez y honra, deja su castillo de Ricamonte y se presenta en la corte de aquel monarca, desafiando a todos los caballeros de la Tabla Redonda. Aceptado el reto por uno de ellos, llamado el conde don Milian, Tablante vence á su contrario y le lleva preso á su castillo. Un doncel del rey Artús, llamado Jofre, hijo del conde don Asson ó Azon, toma sobre sí la empresa de libertar al Conde. En el camino topa con Montesinos el Fuerte, que maltraia á una doncella llamada Bruniesen; le vence, y gana el afecto de esta dama. Despues de mil peligrosas aventuras llega al castillo de Ricamonte, se combate con Tablante, le vence, liberta al conde don Milian, y todos juntos pasan a la corte del rey Artús, donde don Jofre casa con Bruniesen, y Tablante con la hermana de otro caballero.




    Hay, por último, en portugués dos libros pertenecientes a este mismo ciclo, y cuyo asunto son las proezas de los caballeros de la segunda Tabla Redonda. El primero de ellos se intitula: Triunfos de Sagramor, em que se tratan os feitos dos cavalleiros da segunda Tabola Redonda , y se imprimió en Coimbra, por Joao Alvares, 1554, fólio. El otro tiene por título Memorias das proezas dos cavalleiros da segunda Tabola Redonda. Lisboa , por Joao Barreira, 1567, fólio. Uno y otro son obra de Jorge Ferreira de Vasconcellos, á quien Barbosa Machado cita en su Biblioteca Lusitana, y parecen versar sobre el restablecimiento de la Tabla Redonda en tiempo de Eduardo IV, si es que no se refieren a la reforma hecha anteriormente por el rey Arturo.

    Estas son, en suma, las traducciones é imitaciones hechas en la Península, de libros caballerescos franceses pertenecientes á este ciclo breton, las cuales, con sus diferentes ediciones, podrán verse mas detalladamente en el Catálogo razonado, puesto al fin de este Discurso. Que en España al menos, las ficciones caballerescas de aquel ciclo precedieron a las del llamado carlovingio, queda ya suficientemente demostrado en otro lugar, y por lo tanto, nos limitarémos aquí á observar que los libros de esta clase, como mas antiguos, revelan un estado de sociedad mas rudo y guerrero; que hay menos artificio en su composicion, y que, a pesar de ser en su mayor parte obra ideal y fantástica de troveras anglo-normandos ó franceses, manifiestan demasiado su conexion y semejanza con las crónicas monacales y leyendas de santos, que constituian la sola y única literatura de aquellos siglos semibárbaros.
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 14:08
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

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    2.° CICLO CARLOVINGIO. Crónica fabulosa del arzobispo Turpin.-Carlomagno y sus doce pares.- Segunda parte. Tercera parte.

    Las guerras y conquistas de Carlomagno, las inauditas proezas de los doce pares y otros paladines de su imperial corte, forman el núcleo de otra série de novelas caballerescas, si cabe mas populares y acreditadas aun que las de su rival, Artús de la Tabla Redonda, puesto que, además de las infinitas traducciones y continuaciones en prosa á que dieron lugar, constituyen el vasto arsenal de donde el divino Ariosto, Pulci, Dolce y tantos otros ingenios italianos sacaron sus elegantes ficciones poéticas, que traducidas á casi todas las lenguas de Europa, componen un género de literatura conocido con el nombre de Orlandina ó Epopeya caballeresca.

    Fúndanse todas ellas en una crónica fabulosa, atribuida á un tal Turpin, supuesto capellan de Carlomagno y arzobispo de Reims, pero escrita , segun otros, por un canónigo de Barcelona, hácia fines del siglo XI ó principios del XII. Su principal argumento es la venida á España de aquel emperador; hecho que algunos críticos modernos han querido poner en duda, pero que se halla demasiadamente confirmado por el testimonio de los escritores árabes, para admitir controversia de ningun género.

    Segun la crónica, Carlomagno, despues de haber conquistado la Bretaña, la Italia y el imperio germánico, se entregaba una noche al reposo, cuando se le apareció el apóstol Santiago, estimulándole á que libertase á España del yugo de los infieles. Carlomagno, obedeciendo sus mandatos, junta un poderoso ejército, pasa el Pirineo y pone sitio á Pamplona, ciudad inexpugnable, y que resiste durante tres meses toda la furia de sus ataques, aunque al fin sucumbe, siendo sus fuertes muros derrocados, como los de Jericó, por influencia divina. Carlomagno emprende el camino de Compostela, visita el sepulcro del Apóstol, y él y su capellan, Turpin, convierten y bautizan millares de infieles gallegos. Durante esta jornada, Carlomagno y el buen Obispo se afanan por derribar los muchos idolos que habia en España, consiguiendo echarlos todos por tierra, con la sola y única excepcion de uno que habia en Cádiz, y que, por tener dentro del cuerpo toda una legion de diablos, resiste á sus esfuerzos.

    Mas no bien habia Carlomagno vuelto á sus estados, cuando un rey pagano de España, llamado Aigolandus (Aygolante), recupera todo lo perdido, obligando al Emperador á mandar segundo ejército, á las órdenes de Milo (Milon), el padre de Roldan, quien en una sangrienta batalla es derrotado por el rey pagano, quedando él y cuarenta mil de los suyos tendidos en el campo. Ufano con tal victoria Aygolante, seguido de innumerable ejército, compuesto de moabitas, etiopes, partos y africanos, entra en Gascuña; Carlomagno le sale al encuentro, le vence en los llanos de Sanctona (Xaintonges), y le obliga á encerrarse dentro de Pamplona. Síguele hasta allí el Emperador, y Aygoylante le pide una tregua y celebra con él una entrevista, en la cual, despues de una larga disputa teológica, se resuelve a abrazar el cristianismo y consiente en ser bautizado con todos los suyos. A dicho fin se presenta al siguiente dia en el real de Cárlos, á quien halla en su tienda comiendo у bebiendo con trece pobres andrajosos y famélicos. El pagano, maravillado, le pregunta quién son aquellos descamisados, y Cárlos le responde que son pobres á quien da de comer, en representacion de los apóstoles de Dios; lo cual es bastante para que Aygolante se vuelva atrás de su propósito, declarando que no quiere tener que ver con semejante religion ni con tales gentes. Rompen de nuevo las hostilidades, y Aygolante es vencido y muerto en batalla campal.

    Un gigante, llamado Ferracutus (Ferragús), que vivia en Nájera, desafia al Emperador, el cual acepta el reto, si bien los suyos, al verle tan fuerte y desemejado, le suplican con instancia no ponga la causa del cristianismo al trance de un combate singular con un hombre tan grande como dos, con mas fuerza que cuarenta, que tenia la cara larga de tres palmos y ancha de otros tantos, y los brazos y piernas como si fueran vigas de lagar. Ogier el Danés es el encargado de combatir con el gigante, quien, sin hacer el mas mínimo esfuerzo, le arranca de la silla, le coge debajo del sobaco, y sin hacerle daño le lleva a la ciudad. Constantino de Roma , Hoel de Nantes, y otros y paladines enviados por Carlomagno á pelear con el jayan, tienen igual suerte y son por él encerrados en una fuerte torre, hasta que, por último, presentándose en el campo el paladin Rolando con su buena espada Durindana, las fuerzas de los combatientes se igualan algo mas. (…)

    Los reyes moros de Sevilla y Córdoba, Ebrahim y Altumajor, desafian á Carlomagno, y señalado el dia de la batalla , se presentan con sus huestes. Segun la Crónica, los dos caudillos paganos mandaron hacer diez mil carátulas muy feas, dellas negras y dellas coloradas, con grandes orejas y mayores cuernos, ordenando que se las pusiesen los peones, y que cada uno tuviese además un cencerro en la mano. El estratagema surtió su efecto : los de las carátulas se colocaron al frente de la hueste enemiga, y comenzaron á sonar sus cencerros, espantando de tal manera á los caballos de los cristianos, que, a pesar de sus jinetes, volvieron grupa y pusieron en desórden al resto del ejército imperial, si bien al siguiente dia el Emperador tomó su revancha, mandando vendar los ojos a los caballos y meterles algodon en los oídos, con lo cual los paganos fueron vencidos, Córdoba tomada, y la España toda repartida entre los guerreros del Emperador, quien dió Navarra á los bretones, Castilla á los francos, Aragon á los griegos y Portugal á los flamencos.

    Por tercera vez entra Carlomagno en España, resuelto a castigar al rey Marsirius (Marsilio), que se le habia rebelado en Zaragoza. Envia antes á Galalon, el Gan Traditor de los poetas italianos, para que, viéndose con el rey pagano, le exija en su nombre el acostumbrado tributo. Marsilio finge someterse, y ganándose con dádivas y halagos al mensajero de Cárlos, obtiene de él noticia circunstanciada de las fuerzas que componian el ejército imperial, y el camino que á su vuelta á Francia se proponia seguir. Saliéndole despues al encuentro en una de las estrechas gargantas del Pirineo, le hace sufrir una gran rota, matándole la flor de sus tropas, y entre ellos á Roldan y sus mejores paladines. Turpin, el supuesto autor de la crónica, que se hallaba á la sazon celebrando misa en el palacio de Cárlos, oyó la suave armonía de un coro de ángeles que llevaban al cielo el alma de aquel paladin, y vio al mismo tiempo una legion de diablos que con distinta ruta y con gran griteria y zumba conducian á Gehenná (el infierno de los árabes) el alma de Marsilio. Turpin anuncia al Emperador la muerte de Roldan, aquel entra de nuevo en España para vengar la derrota de sus armas; vence á los árabes á orillas del Ebro y manda prender á Galalon, quien, acusado de traicion, y vencido el campeon por él nombrado, es descuartizado vivo.

    Concluye la crónica refiriendo otra vision del buen Arzobispo. Hallábase este en Vienne, ciudad del Delfinado, y Cárlos, agoviado por la edad y los padecimientos, vivia en su palacio de Leodium (Lieja), á muchas leguas de distancia, cuando Turpin, que rezaba sus horas puesto de pechos sobre una ventana, vió pasar por delante de sus ojos una legion de diablos. A uno de ellos, que acaso quedó algo zaguero, le pregunta que adónde van, y el diablo, que era negro y de nacion etiope, le contesta que por el alma del Emperador para depositarla en el Averno. Turpin entonces le ruega que, despachada que sea su comision, se vuelva por aquel mismo camino, y le diga cómo ha terminado el negocio. El complaciente diablo vuelve a pasar por Vienne, pero confiesa, mal de su grado, que en el momento de asir su presa él y sus compañeros, un gallego sin cabeza (el apóstol Santiago), habiendo pesado en una balanza los pecados y las buenas obras de Cárlos, habia tomado posesion de su alma, llevándosela en direccion opuesta á la suya.

    Tal es, en suma, la crónica latina falsamente atribuida á Turpin, en la cual, a pesar de sus muchas fábulas y consejas, se halla muy poco que revele el romanticismo que mas adelante penetró en los libros de caballerías. No se ven en ella ni castillos, ni serpientes, ni caballeros enamorados, ni doncellas que demandan auxilio, ni otros muchos de los incidentes que mas tarde entraron en la composicion de aquellos. La narracion versa principalmente sobre guerras y conquistas, y las controversias teológicas de cristianos é infieles. El autor parece haber tomado por modelo las campañas de Josué, y así es que las murallas de Pamplona se desploman como las de Jericó; que el estratagema militar empleado por los reyes de Córdoba y Sevilla parece calcado sobre igual suceso en la batalla de los gibeonitas, y por último, los vencedores se reparten de una manera análoga los estados del rey pagano. No faltan, es verdad, en la crónica prodigios y maravillas, pero estas se asemejan mas a las de las antiguas leyendas de santos que á las bellas ficciones de los libros caballerescos. Como quiera que esto sea, no puede dudarse que la crónica, tal cual es, sirvió mas tarde de base á infinitos libros caballerescos, métricos los unos, en prosa francesa los otros, que formaron por mas de dos siglos la lectura favorita de las gentes, hasta que los italianos, y principalmente Ariosto, la popularizaron aun mas con sus bellísimas epopeyas caballerescas.



    En 1528 un tal Nicolás de Piamonte, acerca del cual nada se sabe, publicó en Sevilla un libro con el siguiente título : Historia del emperador Carlomagno y de los doce Pares de Francia, trasladada, segun él mismo lo expresa en el prólogo, « de la lengua francesa, sin discrepar, ni añadir ni quitar cosa alguna de la escriptura y repartida en tres libros : el primero traducido del latin de la crónica de Turpin, el segundo de un libro en metro en francés, y el tercero de otro intitulado Espejo historial. Esta refundicion de Nicolas de Piamonte siguió leyéndose en varias ediciones hechas durante el siglo XVI, hasta que el portugués Moreira, que años atrás habia traducido aquella á su lengua, añadió una segunda parte, dividida en cuatro libros, continuando la historia de aquel emperador y las hazañas de sus doce pares. Mas bien que segunda parte, debiera haberla intitulado nueva historia, etc., pues desentendiéndose enteramente de la muerte de aquel monarca, referida, segun hemos visto, en el último capítulo de la obra de Piamonte, emprende su relacion con la consagracion de la iglesia mayor de Compostela, y vuelta de Carlomagno á Francia, y guerras que tuvo con el soldan de Egipto en ayuda del sumo Pontifice, y por último, su casamiento y el de su sobrino don Roldan. Mezclanse en la obra, que se dice traducida fielmente de las crónicas francesas, varios episodios románticos, tomados de libros italianos, como el de la cueva Tristefea, y la entrada en ella de Roldan por librar á su Angélica; los de los gigantes de Córdoba , Batrocas y Parramonte, que escachavao pe lo meio os soldados de Carlo Magno, y fueron al fin muertos, el primero por Roldan, el segundo por Oliveros; la traicion que Bradamante, Salgueriano y Brutamonte intentaron contra Toledo, y cómo penetraron dentro de la ciudad para robar a la infanta Galiana; y por último, como el Emperador y su amigo Galafre entraron triunfantes en Toledo, despues de haber derrotado al miramamolin de Córdoba, Abderramen. Concluye la segunda parte con el casamiento de Carlomagno con Galiana, y de Roldan con Angélica , prévia la conversion y bautizo de estas dos damas moras.

    Aun hay en portugués otra parte, llamada Terceira e verdadeira, escrita por el presbítero Alexandro Caetano Gomes, natural de Chaves, cuyo principal argumento forman las hazañas y proezas de Bernardo del Carpio. Imprimióse por primera vez en 1745, y como el autor mismo lo dice en su prólogo, se escribió « para servir de divertimento e diverso do somno pas compridas noites do inverno »; hecho por cierto curioso y que merece ser consignado, el que a mediados del siglo XVII se escribiese é imprimiese en la Península un libro de este jaez. Empieza la obra con la creacion del mundo, el diluvio universal, la confusion de las lenguas, y los reyes fabulosos de España hasta llegar á don Ramiro de Leon, en cuyo tiempo su hija, la infanta doña Jimena, y don Sancho, conde de Saldaña, tuvieron á Bernardo; el cual, armado luego caballero por Orimandro, soldan de Persia, acomete mil peligrosas aventuras, vence al paladin Roldan, y vuelve, por último, á España, de donde sale á poco para defender al Papa, sitiado en Roma por los longobardos. Segunda vez se combate con Roldan y le vence, destruyendo el ejército de Carlomagno al paso del Pirineo. Despues у de esto hace tributarios á los reyes moros de Zaragoza, Lamego y Mérida, así como á los alcaides de Toledo y Badajoz, vence y mata á don Buesso, duque de Guiana, que habia penetrado en España; conquista, auxiliado por Iñigo Arista, el reino de Aragon; se desnaturaliza de Leon, cuyo rey se niega á reconocerle, y por fin, despues de haber conquistado á Cataluña toda y haber dado leyes á los catalanes, fundando las santas casas de Poblet y Monserrate, renuncia todos sus reinos y señorios, у y se mete monje en Aguilar de Campó.



    Quizá pudiera tambien incluirse en este ciclo la muy conocida y popular Historia de Oliveros de Castilla y Artús de Algarve, impresa por primera vez en el siglo xv, y reproducida despues en infinitas ediciones; pero, a pesar de la semejanza de su nombre con Olivier (Olivero), el paladin de á Carlomagno, ni la ficcion, que creemos original española, se refiere a los tiempos de aquel emperador, ni hay en ella incidente alguno que tenga conexion con las proezas de los doce pares; mas bien se la hallariamos con la Tabla Redonda, puesto que tanto las aventuras de Oliveros como las de su compañero Artús pasan principalmente en Inglaterra.
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 14:09
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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