La legislación laboral siempre se ha basado en aumentar la protección al trabajador; de hecho ese es su cometido, como tal. Nunca ha habido un derecho laboral protector del patrono. El problema es que el marxismo entiende que la ventaja del empresario sobre el trabajador es, digamos de 100 sobre 1, y que el derecho laboral por mucho que avance siempre, para ellos, son las migajas de lo que debieran ser las ventajas de un sistema marxista.
De ahí que lo decisivo de la II República, aparte de algunas medidas protectoras (exactamente en la misma línea que las anteriores de Primo de Rivera y posteriores Franco), era la, digamos, 'acción directa' consentida y hasta tutelada por el Estado a los partidos y sindicatos marxistas y anarquistas para precipitar la famosa Revolución proletaria, que haría de España una nueva URSS.