¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
Artíuclo de Martín Krause, profesor de Economía de la UBA (Universidad de Buenos Aires) - El Cronista:
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¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
Los mensajes de la política no apelan a la razón, sino a los sentimientos. Ningún político se para frente a una cámara o un micrófono y se pone a explicar su plataforma, en buena medida porque sabe que cambiamos de canal o de radio inmediatamente.
En épocas de campaña esto no mejora mucho, los candidatos evitan participar en debates, y no quieren decir mucho. Las consignas apelan a aspiraciones muy generales relacionadas, por ejemplo, con el cambio o con el futuro o a catástrofes más imprecisas aún, como la del terrible ajuste, cuando con sólo mirar superficialmente las cuentas fiscales cuesta encontrarlo. La racionalidad escasea.
Una de las propagandas (que el Estado nos hace escuchar aunque no nos interesen), presenta personas que van eligiendo entre distintas cosas para luego proponer la elección del candidato. Entre otras opciones tenemos: ¿más derechos o menos derechos?
Obvio, ¿quién estaría dispuesto a proponer menos? Y no hay ninguna referencia sobre qué estamos hablando. ¿Más derechos, pero cuáles? La apuesta es que muy pocos oyentes se harán esa pregunta. Pero hagámoslo por un momento. ¿Qué otros derechos quisiéramos tener?
Veamos el caso por el lado del absurdo. El artista pop Andy Warhol propuso una vez que todos deberíamos tener 15 minutos de fama. Tomemos esta propuesta como un derecho a la fama que, en mi caso, se cumpliría con menos minutos, pero con la posibilidad de cantar Gimme Shelter con los Rolling Stones en un concierto (por las dudas junto a Mike para no hacer papelones).
Pero un derecho, para ser tal, tiene que poder ser general, es decir, aplicarse a todos. Esto sería imposible en este caso ya que requeriría que estuviéramos los 40 millones de argentinos en el escenario (y no habría entonces nadie en la audiencia) o que los Stones nos invitaran de a uno en 40 millones de conciertos.
Las preferencias, sin embargo, son diferentes y algunos desearían jugar en la Bombonera, bailar con Tinelli, ganar el premio Nobel por unos minutos o hacer un gol con la Selección (y sólo Messi los hace). No hace falta explicar lo difícil o costoso que resulta cumplir estos derechos. Vivimos bajo la ilusión que este costo lo pagan otros y a veces es así, aunque tarde o temprano nos cae la cuenta de una forma u otra.
En otro de estos mensajes, el candidato propone un derecho específico, reducir la jornada laboral, pero manteniendo el mismo sueldo. No dice cuánto pero ya antes se ha propuesto que se reduzca de 8 a 6 horas. ¿Y por qué no a dos? El absurdo sería evidente, pero el principio es el mismo para seis o para dos. Es otra forma de aumentar el costo laboral. Una lección básica de economía muestra que si un precio aumenta se reduce la cantidad demandada. En este caso, si aumenta de esta forma se reduce la cantidad, más desempleo.
La propuesta, además, es que este mayor costo se cubra con las ganancias de las empresas. ¿Conocen acaso quienes proponen esto que las empresas no pueden hacer ajuste por inflación y que les cae una de las presiones impositivas más altas del planeta, más alta que la que se paga en Suecia? ¿Qué tasa de ganancias aceptarían quienes proponen esto? ¿Consideran alguna como razonable o, como parece, no aceptarían ninguna? En verdad, más que preocuparnos por las ganancias deberíamos hacerlo por las pérdidas, pero éstas nadie propone alentarlas ni tampoco castigarlas, suelen ser el resultado común de las políticas públicas que muchos candidatos proponen.
Otros desde la izquierda presentan sus propagandas con muñequitos de Playmobil, creados y fabricados por una empresa alemana que sería un ejemplo de lo que Marx llamaba capitalismo renano.
Todo se reduce a pares de opciones: ¿violentos o agresivos?, ¿corruptos o ladrones?, ¿inútiles o ineficientes? ¿soberbios o arrogantes? Nunca la tuvimos más fácil.
Re: ¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
¿En qué consiste votar?
1.- Se elige una papeleta cualquiera, pues lo que representan casi todas son "más de lo mismo".
2.- Se mete en un sobre anónimo para que nadie sepa cuál es el sentido de la papeleta -o de su ausencia-, como si hubiese alguna gran variedad.
3.- Según la legislación correspondiente, el voto es un "cheque en blanco" extendido en favor de alguna de las más o menos parecidas propuestas de todos los que se presentan.
4.- Ese cheque en blanco deja de ser propio en el mismo momento en el que el sobre con el papelito en su interior cae al fondo de la urna junto a otros cheques igualmente en blanco listos para ser "firmados" por sus nuevos propietarios: "regalo al portador"
5.- Por si fuera poca semejante entrega, la caducidad del cheque es de varios años, cuatro, cinco y hasta siete según algunos sitios.
6.- Durante la "vigencia" del préstamo no es posible reclamarlo, ni exigir su devolución. Por supuesto, el reintegro del dinero que representa semejante préstamo es imposible de cuantificar y, en consecuencia, tampoco los intereses devengados.
7.- Mientras tanto, los beneficiarios del cheque en cuestión, hacen reparto de dividendos: "tantos escaños para ti, tantos para mi...", y como es un trabajo muy esforzado, tiene una excelente remuneración.
8.- Un aspecto realmente curioso en todo esto es que a los que se reparten "el pastel", perdón los dividendos, no los ha llamado nadie. Nadie les ha dicho "venid, venid, que sois imprescindibles, os necesitamos..."
9.- Ciertamente el votante pertenece a una nueva especie surgida de la nada, porque todo esto sólo es nada ¿ o no?, que gusta de que lo conduzcan por derroteros muchas veces misteriosos, pues explicaciones cero, y que les da sensación de orden y seguridad.
10.- Como pregunta Martín Krause ¿estúpidos o idiotas?, ¿y por qué no las dos condiciones juntas, acaso no da más fuerza a la idea?
Re: ¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
Alejandro Borensztein en su columna de humor político de los domingos en Clarín dice más o menos lo mismo que Krause:
Cita:
Por suerte, llegamos a estas elecciones con la tranquilidad de saber que la política argentina ha podido mantener el invicto: seguimos sin discutir ninguna propuesta.
Una vez más, frente a una elección, nuestros políticos no propusieron ni discutieron seriamente nada. Cero. Ni una ideíta. Impecable.
No sé en qué momento se entra al libro Guinness de los récords, pero no debe faltar mucho para que encabecemos la lista de países democráticos donde los candidatos compiten sin proponer nada concreto, ni mucho menos debatirlo.
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Iniciado por
Valmadian
¿En qué consiste votar?
1.- Se elige una papeleta cualquiera, pues lo que representan casi todas son "más de lo mismo".
2.- Se mete en un sobre anónimo para que nadie sepa cuál es el sentido de la papeleta -o de su ausencia-, como si hubiese alguna gran variedad.
De la misma columna:
Cita:
Casi arruina todo el irresponsable de Lousteau cuando presentó una propuesta alternativa para escalonar los aumentos de las tarifas, pero como nadie salió a refutarlo no hubo debate y todo quedó en la nada. A los efectos estadísticos, propuesta sin debate no computa.
Obviamente, tampoco computan como propuestas frases tales como “nuestra prioridad es la educación” o “lo importante es ayudar a las pymes” o la ya clásica “debemos combatir la inflación porque a los que más perjudica es a los pobres”.
Mucho menos podemos considerar como propuestas concretas las expresiones “sigamos juntos”, “enfrentemos a la dictadura del gato”, “cumplir con la palabra” y otras gansadas por el estilo.
Debemos estar orgullosos. Mantener el invicto de no proponer nada en una elección de medio término es todo un mérito.
Re: ¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
Cita:
"debemos combatir la inflación porque a los que más perjudica es a los pobres”.
Casualmente es una de las cosas que dijo Macri esta mañana:cool:.
Re: ¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?
Cita:
"debemos combatir la inflación porque a los que más perjudica es a los pobres”.
¡Genial! es un magnífico resumen de la máxima "Todo por el pueblo, todo para el pueblo, pero todo sin el pueblo".
El pueblo por si mismo siempre es "pobre", porque no cuenta con la necesidad de magnificar miserias que den brillo a las preeminencias, es decir, con poder vivir con dignidad es más que suficiente: "¡hum, hum! eso no vale, produce escaso progreso por falta ambición".
"Y a mi que me importan tus éxitos que serán apilados y tapados por otros éxitos, o servirán para ilustrar el polvo de tu tumba."