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Tema: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquismo

  1. #21
    DOBLE AGUILA está desconectado Miembro Respetado
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Estos postulados, dada la urgencia de la situación, aparecían, obviamente, formulados de manera sintética; sin perjuicio de que, una vez conseguida la victoria militar (objetivo primordial), la Comunión procediera (en una situación ya más relativamente sosegada y tranquila) a elevar a Franco un escrito en el cual se desarrollaban e interpretaban de manera auténtica esos postulados informadores del pacto fundacional del Alzamiento: SE TRATA DE ESE FAMOSO DOCUMENTO (Nota DOBLE AGUILA: Sí, famosísimo en extremo, más que el Festival de Eurovisión) del 10 de Marzo de 1939 al que hace referencia la nota de la Comunión Tradicionalista de 1977 que aparece transcrita en un mensaje anterior de este hilo.
    ¿Pero usted, DE QUÉ COÑO VA?, ¿Que se piensa, que nos chupamos el dedo o qué?. ¿No se ha dado cuenta todavía que aquí quien más quien menos ha pisado una universidad alguna vez, y se "ha leído" algún que otro texto acedémico?.

    ¿Pretende que aceptemos ACRÍTICAMENTE que SE TOME un MERO ESCRITO de Fal Conde a Franco, como "postulados informadores del pacto fundacional del Alzamiento" (sic)?

    Mire, déjese de coñas marineras y de expresiones pomposas propias de alguien que encima viene a darnos "clases" de historia y Derecho Político con los piés. Entérese ya: no cuela su verborrea. Ni lo que dijera Fal Conde fue una Ley del Estado Nacional, ni un "pacto fundacional" ni un "parto" que ya esta bien hombre.


    Dejando pendiente, pues, la aportación de algún documento o artículo que pueda reflejar esa comparación "Postulados Alzamiento 18J Realidad sociopolítica franquista existente", me gustaría terminar haciendo una pregunta a DOBLE AGUILA para que me saque de dudas acerca de una cuestión relativa a la legalidad constitucional franquista. El artículo 9 de la Ley de Sucesión de 1947 establece que el sucesor de Franco habrá de jurar "lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional". Ahora bien, si se considera que estos principios del Partido Único de Franco son, a partir de 1958, los que aparecen en la Ley constitucional de ese mismo año, ¿cuáles eran esos principios del Partido Único en 1947, cuando en la Ley constitucional de ese año ya se los consideraba textualmente existentes para ser jurados y prestarles lealtad por el hipotético sucesor (conforme a dicho artículo 9)?
    Artículo 9 de la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado: "Para ejercer la Jefatura del Estado como Rey o Regente, se requerirá ser varón y español, haber cumplido la edad de 30 años, profesar la Religión Católica, poseer las cualidades para el desempeño de su alta misión, y jurar las Leyes Fundamentales, así como los Principios que informan el Movimiento Nacional".

    Artículo 10: Son Leyes Fundamentales de la Nación: El Fuero de los Españoles, el Fuero del Trabajo, la Ley Constitutiva de las Cortes, la presente Ley de Sucesión, la del Referéndum Nacional, y la de cualquier otra que en lo sucesivo se promulgue confiriéndole tal rango.

    https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/19...3272-03273.pdf

    Esos Principios del Ordenamiento Jurídico, son los Preámbulos y Disposiciones Generales así como el espíritu del articulado contenidos en dichas Leyes:

    Fuero del Trabajo (1938):
    https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/19...6178-06181.pdf

    Fuero de los Españoles (1945):
    https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/19...0358-00360.pdf

    Ley de Cortes (1942):
    http://ficus.pntic.mec.es/jals0026/d.../leycortes.pdf

    Ley de Sucesión (1947):
    https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/19...3272-03273.pdf

    Ley de Referéndum Nacional (1945)
    https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1945/297/A02522-02522.p
    Última edición por DOBLE AGUILA; 11/11/2018 a las 22:42
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  2. #22
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    "Existe , sin embargo, un principio universalmente reconocido en la crítica historiográfica según el cual no se puede criticar a un historiador por no haber escrito un libro totalmente distinto, sino que se le ha de juzgar con arreglo a la exactitud o validez de lo que ha escrito".

    STANLEY G. PAYNE en el "Prólogo" de 1934: Comienza la Guerra Civil Pío MOA. Edic. ÁLTERA

    Viene al caso esta cita por cuanto importa muy poco si P. MOA es liberal, demoliberal (una contradicción en términos conceptuales), conservador, converso de la izquierda al capital, o cualquiera otra circunstancia suya personal, siendo lo importante, y la razón por la que se le cita, la validez y exactitud de su trabajo de investigación, su aporte de documentación, su trabajo comparado con otros historiadores, etc., etc., etc. Porque resulta que la acusación que se les hace a los franquistas -particularmente a los que hay en el foro-, es la de que consideran a Franco como hombre providencial en cuya persona no cabía el error. Pero resulta que esa misma acusación se puede volver contra quienes vienen a sostener que un historiador, o una fuente segura, si es carlista, ya es totalmente fiable.

    Que los monárquicos admitimos los errores del monarca, es otra idea falsa. La providencialidad del monarca español ya se ve en "Rey por la Gracia de Dios", y se supone que un rey así amparado, y dotado de "soberanía", no puede fallar. Si, del mismo modo, está asesorado por un grupo de expertos sus juicios serán igualmente irreprochables. Pero resulta que al igual que pasa con la Santa Madre Iglesia, que Ella es Santa, pero del Papa a abajo todos pecadores, con la Monarquía pasa algo similar, pues es institución de inspiración divina, pero del rey a abajo no. De manera que a mi esas acusaciones que he podido leer en diferentes mensajes del hilo, no me aportan nada. Y recordemos al respecto que Don Felipe II fue "Martillo de herejes y espada de Roma."

    Y, si de ideas y formas liberales hablamos, pues nos podemos llevar grandes sorpresas.

    "Sin duda, la Cruz de Borgoña es el origen de la escarapela que marca las colas de los aviones del Ejército del Aire de España. Varios historiadores aeronáuticos indican que la primera vez que se pintó la Cruz de Borgoña sobre un aeroplano fue a principios de la Guerra Civil Española por orden del general Franco sobre un fondo blanco..."

    "...En la guerra carlista de 1833-1840, la borgoñona aún seguía siendo la bandera del Ejército, o sea, de las fuerzas regulares liberales (el Ejército no adoptó la rojigualda hasta 1843), no siendo empleada por las tropas del bando carlista..."


    "...y en la Tercera Guerra Carlista de 1872 probablemente el sotuer borgoñón sólo lo usaron las fuerzas gubernamentales, normalmente en la franja amarilla de las rojigualdas..."

    "...El aspa borgoñona como emblema político propio carlista es tardía: fue el 24 de abril de 1935,​ en época de Manuel Fal Conde, coincidiendo con la reorganización del Requeté, por aquel entonces un grupo paramilitar clandestino, siendo utilizado posteriormente por regimientos tradicionalistas y requetés carlistas durante la Guerra Civil Española dentro del bando nacional..."

    FUENTE: https://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_de_Borgo%C3%B1a



    DOBLE ÁGUILA dice:

    Y luego en las páginas 109-110 de Lizaraza justo lo que YO HE DICHO:

    "Y el príncipe [Don Javier] les preguntó: ¿Qué condiciones han pedido ustedes al general Mola para ir al Movimiento?
    -Mola nos ha prometido, bajo palabra de honor, que en cuanto se triunfe SE DECRETARÁ que la enseña nacional sea la bicolor, y que, desde luego, los AYUNTAMIENTOS DE NAVARRA serán carlistas.

    S.A el príncipe, completamente ASOMBRADO, replicó:
    -¿Y a esto SUPEDITAN USTEDES todo el historial y todo el futuro, a que los ayuntamientos de Navarra sean carlistas?. A pesar de esta pregunta la JUNTA volvió a insistir, pidiendo la autorización APOYAR a Mola.

    -Esto yo no lo puedo autorizar bajo estas condiciones. Pero no obstante, si mi TÍO, el Rey Don Alfonso Carlos que está en Viena, dada su conformidad él tiene la última palabra. Yo le escribiré hoy mismo, y supongo que la contestación la tendré dentro de tres días.

    -Pero, ¿Y si el movimiento ESTALLASE ANTES DE ESOS TRES DÍAS?, apuró la Comisión.
    S.A entonces les dijo:

    -Si, como ustedes dicen, el Movimiento se inicia antes de esta de esta fecha, PODRÁN USTEDES IR AL ÉL, pero lo mejor será esperar la decisión del Rey.

    -Dentro de tres días vendremos por la contestación."

    (Lizarza, Memoria de la Conspiración, págs (109-110)
    Lo que viene a coincidir con lo expresado por José María IRIBARREN (1) en MOLA Cap., XI Los Carlistas Navarros y Mola, pág., 82 Librería General Zaragoza, 1938.

    Mientras que en la página 84 del citado capítulo y referido a la bandera bicolor se afirma lo que sigue:

    "Se planteó también el problema de la bandera. Los tradicionalistas deseaban que, a ser posible, se hiciera el Alzamiento con la bandera bicolor. Mola les expuso las dificultades que entrañaba el propósito. Les explicó que él no podía complacerles, ya que necesitaba contar con la opinión de sus compañeros. Estas fueron sus palabras casi textuales:

    -Miren ustedes -les dijo-. Por mi, el Alzamiento se haría con la bandera bicolor. Es la que yo he jurado; no al verla, solo recordarla me emociono. Pero yo no obro por cuenta propia; yo represento a una Junta de militares y no cuento con la opinión de todos sobre este extremo que, como ustedes pueden comprender, podría ser aprovechado por el enemigo para tergiversar el alcance y carácter del Movimiento Nacional que preparamos.


    Sus interlocutores le dijeron:

    -Nosotros, adheridos al Ejército, la llevaremos.

    Aceptó el General. Los carlistas, como tal partido, podrían sacar la bandera. El Ejército no era prudente que se alzase con ella.

    Berasain dijo:

    -Sacaremos la bandera en Noaín. ¿Conformes?

    -Conformes.


    También se trataron allí cuestiones como la de reposición de crucifijos en las escuelas, carácter confesional del nuevo Estado, etc., propuestas que fueron aceptadas."


    (1) Secretario del General Mola.
    Última edición por Valmadian; 11/11/2018 a las 18:49
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  3. #23
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje

    Eso debería preguntárselo usted a Don Javier o a los que (en su caso) le hubieran aconsejado escribir ese telegrama. Por lo demás, dice usted que cualquiera puede comprobar que palabras como "cuerpos intermedios" "regiones" , "foral, foralismo, foralidad" brillan por su ausencia. Por esa misma regla de tres, podría yo decirle que cualquiera podrá comprobar que en la ley orgánica palabras como "centralismo", "central", "totalitarismo", "totalitario", "partido único", etc., también brillaban por su ausencia. ¿Qué demuestra eso? Absolutamente nada. Pero ahí se ve lo falaz de su argumento.
    Perdone: para falacia la suya. Hay una diferencia evidentísima. Las palabras “cuerpos intermedios", "regiones" ,"foral, foralismo, foralidad" son de uso 100% constante y común en declaraciones, textos, alegatos y proclamas carlistas; mientras que las palabras "centralismo", "central", "totalitarismo", "totalitario" tienen un sesgo insidioso y despectivo y ni el franquismo ni aun la Falange utilizó jamás como definitorios de sus bases.
    Repito: cualquier carlista , menos D. Javier vería la ausencia de esos postulados básicos de la “tradición”.

    Por cierto: ¿hubieran Vds estado obligados a felicitar también al Caudillo como hizo su rey Javier?

    En su mensaje anterior al que comento, Vd había escrito:
    Don Javier felicitaba a Franco por "avanzar" en la creación de estructuras para dejar atrás el caudillismo y restablecer una monarquía tradicional, algo que finalmente Franco no hizo.
    Vaya. Se conoce que D. Javier no leía los artículos insidiososamente antifranquistas de los años 40, 50 y 60 que el sr Martin Ant rescata para restregárnoslos constantemente. O sea, que aquel "caudillismo" en el fondo era disculpable... Mire, aquí sí estaría de acuerdo con D. Javier.

    En lo de "restablecer la monarquía tradicional", repito: esa monarquía no era la tradicionalista de D. Javier en absoluto; lo único "tradicionalista" era la hipotética llegada de Carlos Hugo al trono y en eso estaba D. Javier.

    Curiosamente, también D. Juan de Borbón (que también por entonces iba de "tradicionalista") estaba "de acuerdo" con aquella Ley Orgánica del Estado y también felicitó al Caudillo... Otro que pensaba "pescar" algo para él o para su hijo Juan Carlos.

    En fin: que incluso si Franco hubiera pensado instaurar la Monarquía "marxista" (¡¡...y qué decir de la "auto-gestionaria"!!) estos dos pretendientes y sus respectivas ramas borbónicas le hubieran felicitado y asentido a ella sin dudarlo.
    Yo la hubiera instaurado ipso facto en 1966, para descoj... de ellos.

    El tema está repetidísimo me cansa y estoy en otras cosas. En lo demás, dése por respondido con mis típicas alusiones que Vd ya se imagina, etc.

    Última edición por ALACRAN; 12/11/2018 a las 13:11

  4. #24
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    El proyecto de Castiella, que por cierto ya se ha tratado en este foro, no pasó de eso: de proyecto; porque tanto Carrero como Franco le echaron tierra encima. Por cierto, era una exposición que parecería de "la edad media" si se compara con lo que acepta hoy en día la Iglesia. Y ya que hablamos de yankees, protestantes y demás, huelga decir que en EL REQUETÉ también los hubo. Por ejemplo mi padre tiene un antiguo libro (recomendable) que se titula: "Legionario en España"; está escrito por el caballero inglés Peter Kemp, que era anglicano (o hereje) y empezó combatiendo en un Tercio Carlista antes de ser legionario. También se podría hablar de los ortodoxos rusos blancos que combatieron con sus hermanos carlistas con el mismo uniforme y boina roja, y como esos muchísimos casos que los que hemos tenido familiares carlistas en la guerra conocemos perfectamente. Claro que a la gente que se mete ahora en las "Comuniones" no le cuentan esas cosas y parece que la Comunión Tradicionalista siempre fue una suerte de rara cofradía integrista. Al final, el problema es que esas organizaciones están dominadas por gentes que o no cuentan TODA la verdad o directamente manipulan a los jóvenes dándoles una visión totalmente sesgada de la realidad.

    LEGIONARIO EN ESPAÑA - KEMP PETER - Sinopsis del libro, reseñas, criticas, opiniones - Quelibroleo



    No fue Franco (que creía en los juramentos) el que tomó el pelo; sino Juan Carlos, que parece que no cree mucho en ellos (igual que otros). Y lo que no se puede hablar es de RIGOR y de mantenimiento inquebrantable del catolicismo (al estilo farisaico) y despreciar el de los demás, cuando un RÉGIMEN te parece perfectamente CATÓLICO E INTACHABLE en 1966 y sólo dos años después, en 1968, nada más bajarte de un avión porque te han echado del monasterio de Valvanera por pasarte siete pueblos (y abusando de que el Régimen ha sido tolerante con tu presencia) ahora es un Régimen TOTALITARIO (y por lo tanto anticristiano, enemigo del Concilio encima). De Tradicionalismo inamovible a más conciliaristas que el cardenal Bea.

    Todo lo relativo a estos temas no es más que un juego de cálculo político. Es un maremágnum de contradicciones, de declaraciones rimbombantes y de fariseísmo religioso extremo hasta niveles completamente insospechados. Claro que muchos pagaron un altísimo precio moral, cuando al verse de golpe y porrazo con la DISOLUCIÓN (en 1972) de la histórica Comunión Tradicionalista por REAL DECRETO del que creían su Rey, se encontraron con el adefesio ese del Partido Carlista que se había sacado de la manga el príncipe heredero en 1970. Y como no se lo podían creer, pues algunos mandaron una carta con acuse de recibo al que era su Rey, y se encontraron con "silencio administrativo". ¿Para qué contestar, si esto del carlismo histórico era una cosa instrumetal, por si "sonara la flauta"?.

    Así se escribe la historia. Y es que la culpa cómo no es de Franco; como todo lo negativo que ocurra a los españoles.
    Lo has clavado, Doble Aguila. Enhorabuena.
    Última edición por ALACRAN; 12/11/2018 a las 10:19
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  5. #25
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Cita Iniciado por ALACRAN Ver mensaje
    Perdone: para falacia la suya. Hay una diferencia evidentísima. Las palabras “cuerpos intermedios", "regiones" ,"foral, foralismo, foralidad" son de uso 100% constante y común en declaraciones, textos, alegatos y proclamas carlistas; mientras que las palabras "centralismo", "central", "totalitarismo", "totalitario" tienen un sesgo insidioso y despectivo y ni el franquismo ni aun la Falange utilizó jamás como definitorios de sus bases.
    Repito: cualquier carlista , menos D. Javier vería la ausencia de esos postulados básicos de la “tradición”.
    ¿Ah sí? Y en esta carta de 1943, por ejemplo, en la que la Comunión Tradicionalista le decía al general Franco qué tenía que hacer para evitar que el liberalismo volviese, ¿dónde aparecen esos términos que según usted figuran en el 100 % de las declaraciones, textos, alegatos y proclamas carlistas?

    Para ser defensor del franquismo, movimiento que se decía continuador del carlismo, tiene usted una visión muy superficial y caricaturesca del tradicionalismo español (como "los defensores de los fueros" y tal). Entérese, todo lo bueno que tuvo el franquismo venía del tradicionalismo español. Incluso antes de la guerra, todo lo que tenía de español el programa de la Falange, como los diecisiete puntos de la juventud de Acción Popular, como el programa de Renovación Española, fue tomado del programa tradicionalista. Lo que ocurre es que los tradicionalistas lo sirvieron siempre entero y los demás a retazos.
    Última edición por Rodrigo; 13/11/2018 a las 08:30
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

  6. #26
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    15 tesis básicas sobre el franquismo

    Creado el 19 febrero, 2018 por Pío Moa


    Como podrán comprobar, las siguientes tesis suponen una revisión en profundidad o reenfoque del régimen anterior, que he detallado en mi libro Los mitos del franquismo Creo que sin esa imprescindible revisión, la democracia continuará involucionando y poniendo en peligro nuevamente la propia existencia de España, como ocurrió con el Frente Popular. Va siendo hora de aclarar la realidad histórica de la que venimos a la gran turba de ilusos de izquierda y separatistas que tanto embuste han tragado, y a los aún más necios derechistas que dicen que hay que olvidarla.


    1. El franquismo derrotó a un Frente Popular compuesto de totalitarios y separatistas. Sin ser democrático, salvó elementos más fundamentales que un determinado sistema político: la unidad nacional, la cultura cristiana, la libertad personal y la propiedad privada. Esta es una gran deuda que tenemos los españoles con aquel régimen.


    2. Al derrotar al Frente Popular, el franquismo evitó que Europa se viese emparedada al este y al oeste por regímenes soviéticos, con el añadido de una Francia izquierdista muy simpatizante de ellos. Esta es una deuda que tienen los europeos con aquel régimen español.

    3. El franquismo permitió a España librarse de la II Guerra Mundial, lo que por lo pronto ha significado dos cosas: evitó a los españoles víctimas y destrucciones sin cuento; y ahorró a España la carga moral de las atrocidades cometidas por nazis, soviéticos y también por los aliados anglosajones.

    4. En el plano internacional, la no participación de España en aquella contienda benefició estratégicamente y en gran medidaa los Aliados, beneficio que estos pagaron con mil provocaciones y un aislamiento no ya injusto sino criminal, pues intentaba crear en España una hambruna masiva para derribar a un régimen que los españoles se empeñaban en no derribar.

    5. Junto con el aislamiento, España tuvo que soportar una guerra de guerrillas comunista, el maquis, que fue vencido al no conseguir apoyo popular. Lo que revela que la reconciliación era ya un hecho para la gran mayoría. Por contraste, en Grecia, otra guerra de guerrillas comunista obligó a Inglaterra a darse por vencida en su apoyo al gobierno griego, siendo relevada por Usa, y solo así lograron vencer a los comunistas.

    6. Al terminar la II Guerra Mundial, Europa quedó dividida en una parte occidental bajo tutela de Usa, y otra oriental bajo el poder directo de Moscú. Fue el resultado de la inevitable colaboración de los anglosajones con Stalin para derrotar a Alemania. Por ello Europa Occidental tiene una deuda moral y política con el ejército de Usa, deuda de la que está libre España, gracias al franquismo.

    7.- Asimismo, Europa occidental y los aliados tienen una gran deuda con la URSS de Stalin, que corrió con el grueso del esfuerzo y el sacrificio de la guerra. España también está libre de esa deuda, pues derrotó indirectamente a Stalin en España.

    8.- En la posguerra, la España de Franco debió reconstruirse en condiciones extremadamente adversas. Y, contra lo que pretenden historiadores propagandistas pero demuestran las estadísticas, consiguió reconstruirse con verdadera brillantez dadas las circunstancias, sin deber nada al Plan Marshall, es decir, sin la deuda económica que, sumada a la moral y política, pesa sobre Europa occidental. Y al mismo tiempo que se reconstruía, derrotaba al maquis, frustraba los peores estragos del aislamiento y finalmente derrotaba también a este en la escena internacional. Nunca desde hacía siglos podían estar los españoles más satisfechos de sí mismos y confiar tanto en sus propias fuerzas

    9. Una vez liberado del aislamiento, y aprovechando la base económica creada en los años 40 y 50, España se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento económico del mundo, reduciendo con rapidez la brecha con los países ricos de Europa. Fue otra victoria de máximo alcance, pues permitiría el paso a una democracia sin convulsiones, hoy puesta en serio peligro por los antifranquistas nostálgicos del Frente Popular.



    10. El franquismo, sin ser democrático, careció de oposición democrática. No hubo un solo demócrata en sus cárceles. La oposición fue siempre totalitaria: comunista y/o terrorista. Fue un régimen que frente a los totalitarismos mantuvo un alto grado de libertad personal, aunque para ello y para preservar la unidad nacional y las bases cristianas de la cultura europea, necesitó restringir –pero no anular–, las libertades políticas de los partidos.


    11. A falta de oposición democrática interna, el franquismo debió afrontar siempre la hostilidad de diversas democracias de Europa occidental. De países que no se debían a sí mismas nisu democracia ni su prosperidad, sino a la intervención militar useña y a la ayuda económica posterior.

    12. En la lucha contra el expansionismo soviético de la guerra fría,la España franquista colaboró de manera invalorable no solo permitiendo bases militares useñas – sin perder soberanía– sino, más aún, asegurando en la retaguardia eurooccidental un país estable, fiable, sin las poderosas quintas columnas comunistas existentes en Francia o Italia, y sin convulsiones periódicas de huelgas generales y disturbios graves como los que culminaron en el Mayo francés. Por supuesto, los países de Europa occidental jamás agradecieron tampoco este importante beneficio

    13. El franquismo se volvió improrrogable, no por oposición política interna ni por la hostilidad exterior, sino por dos razones muy distintas: a) porque el Concilio Vaticano II vació ideológicamente al régimen que había salvado a la Iglesia del exterminio y se había declarado católico. Dicho vaciamiento pudo haber provocado un derrumbe catastrófico del régimen. b) Si el derrumbe, con el consiguiente caos, no ocurrió, se debió a que el franquismo había creado una sociedad muy distinta a la de la república, una sociedad próspera, mucho más culta e ilustrada que antes, políticamente moderada y sin los odios que condujeron a la guerra civil, y que por lo tanto ya no precisaba las restricciones políticas anteriores. Ello hizo posible el paso a la democracia de la ley a la ley, por la evolución propia y no por intervenciones militares useñas, como en el resto de Europa occidental.

    14. En suma, el franquismo venció todo lo que el Frente Popular significaba por su propia composición política: separatismo, totalitarismo, persecución religiosa, destrucción del patrimonio histórico y artístico del país, anulación de las libertades personales y políticas; rehízo material y moralmente a España en las condiciones más arduas; desafió y venció las agresiones y las peores presiones internacionales; libró al país de las tremendas cargas morales y políticas que contrajeron los demás países de Europa occidental; y ayudó a estos frente al expansionismo soviético, pese a la hostilidad que le manifestaban los propios ayudados; y finalmente dejó un país próspero, reconciliado, libre de los odios que destrozaron la república, apto para una democracia no convulsa.

    15. Pese a todos esos logros históricos sin parangón en al menos dos siglos de España, no ha habido régimen más calumniado y sobre el que se han contado tantas mentiras a los españoles. Todo ello a cargo de los nostálgicos del Frente Popular, cuyas señas de identidad son, como lo fueron en la guerra y antes, una enorme corrupción; promoción y financiación de los separatismos; ataque permanente a las libertades políticas y personales con leyes antidemocráticas; cesión ilegal de la independencia y soberanía, antaño a Stalin, hoy a oscuras burocracias exteriores; falsificación sistemática de la historia y recuperación de los viejos odios republicanos. Y hay que añadir actualmente: acelerada colonización cultural por el inglés y desplazamiento progresivo del español como lengua de cultura; conversión de las fuerzas armadas en un ejército inmerso en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno; conversión de la colonia de Gibraltar en un emporio de negocios opacos, siendo el peñón la única colonia en territorio europeo, que invade nuestro país en un punto estratégico, verdadera violación permanente de España por un país a quien tienen por amigo y aliado tales partidos y políticos…

    Urge, evidentemente, una reacción, que debe pasar por restablecer la verdad histórica. Nada hay más peligroso para la cultura, la democracia y la integridad de España que el continuo ataque y falsificación de su historia, que no se limita al franquismo sino que llega a todas sus épocas, para desmoralizar a los españoles con una visión negativa y envilecedora de su pasado y oscurecer su presente y su porvenir.





    Fuente: PIOMOA.ES
    Yo añado otra tesis a estas 15 básicas de Pío Moa, que es la del mantenimiento de la integridad territorial de España, que habría saltado en añicos tanto si no hubiera habido Guerra Civil y el Frente Popular hubiera continuado el camino hacia los soviets, como si la Guerra la hubiera ganado el Frente Popular, agudizando en ambos casos el separatismo de aquellos gobiernos vasco y y catalán ya declaradamente independentistas.

    Es decir, sin Franco, la España actual sería un muñón con varios territorios periféricos amputados desde hace 80 años. Y lo que quedase, en el mejor de los casos, una "federación de repúblicas ibéricas" por supuesto, a disolver. Que es hacia donde vamos desde la muerte de Franco, se quiera ver o no, o lo llamen como lo llamen.

    De hecho los separatismos vasco, catalán etc. actuales son continuadores de aquello, tras el "desgraciado" lapsus franquista.
    Última edición por ALACRAN; 19/11/2018 a las 22:40

  7. #27
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

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    Última edición por DOBLE AGUILA; 19/11/2018 a las 20:06

  8. #28
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Fuente: Aparisi y Guijarro, Número 24, Septiembre 1978, páginas 8 – 9.



    LOS CARLISTAS Y FRANCO

    Por Raimundo de Miguel López


    Los hombres implicados en el actual sistema de gobierno parlamentario plantean, como única posible alternativa política para España, o la democracia o el comunismo. Una tercera salida significaría –según ellos– el regreso al régimen anterior de los cuarenta años de Franco, lo que supone una aberración inconcebible; y en este régimen nos incluyen a todos los que no compartimos la democracia de sufragio universal. La democracia, siempre en plano inclinado, puede admitir la “democracia popular” (el socialismo marxista) pero no lo que no empiece por llamarse democracia.

    Este planteamiento no es sólo falso, es que supone una falta de imaginación política para admitir algo que no esté previamente encasillado, así como una ausencia de originalidad, porque lo de “el comunismo o yo” ya lo había dicho Franco mucho antes.

    Por eso interesa mucho a los carlistas el deshacer aquella errónea disyuntiva, a la que ingenuamente hacen juego muchos de los que se alarman del camino que la democracia ha emprendido, pero que tienen miedo reverencial a rechazar el nombre (me refiero a los que se llaman derecha) y esta confusión.


    EL CARLISMO PUEDE HABLAR

    Como los carlistas no fuimos Ministros con Franco, ni le juramos fidelidad, ni nos dejamos seducir por el halago o reducir por el temor, ni aparecemos por ningún lado en periódicos que recojan alabanzas ditirámbicas al General, ni en fotografías curvando el lomo sonrientes ante el Dictador, podemos abordar esta cuestión con toda sinceridad y elegancia. Lo que no pueden hacer aquéllos que hoy ejercitan una especie de “taurobolium” democrático, al estilo del de Juliano el Apóstata, que les libere de la ominosa colaboración franquista, pero les permita, a su vez, conservar los suculentos frutos obtenidos de ella.

    La oposición a Franco había que haberla hecho, día a día, durante esos cuarenta años pasados, cuando repartía carteras, daba poder, facilitaba negocios a los amigos, o cerraba el paso o perseguía a los que no le eran adictos. En esos años, los carlistas fuimos la única resistencia constante y seria que encontró el General que no fueran los marxistas, y éstos se mantuvieron en quietud, sobre todo en los primeros años, que fueron los más difíciles políticamente.


    VALORACIÓN OBJETIVA DEL FRANQUISMO

    Ahora que ha muerto, nosotros guardamos caballeroso silencio y no tenemos inconveniente en reconocer objetivamente los hechos. Porque, aunque contrarios a su régimen, la verdad es que, comparativamente y haciendo balance, mucho mejor estaba España y vivían los españoles que actualmente. ¡Si será mala la democracia que es peor que la dictadura! ¡Cuántas veces, en aquellos años pasados, hemos comentado entre nosotros que lo que más sentíamos de Franco era que, aun opuestos a él, le íbamos a recordar mucho cuando faltara!

    Pero que esto sea cierto no justifica su aceptación, y la claudicación, en la permanencia de unos principios y una conducta política, por un plato de lentejas pasajero. La dictadura vitalicia no es un sistema deseable, es contrario por esencia a nuestra doctrina política, y trajo con el tiempo el resultado lamentable que padecemos. El régimen fundado sobre la vida de una persona resultó como un parágrafo político: vivió fuerte con la buena salud de Franco, empezó a declinar cuando aquélla comenzó a resentirse, y murió con él, sin posibilidad de resurrección. La prolongación de un estado de emergencia necesario, no podía por menos de conducir a ese final desastroso. Los carlistas, ni por acción, ni por omisión, fuimos cómplices de tal desatino político.


    EL 18 DE JULIO: NECESARIO Y LEGÍTIMO

    Pero tenemos que hacer una distinción entre el Alzamiento Nacional del 18 de Julio y el régimen político que salió del mismo. Del primero, no sólo no renegamos, sino que proclamamos con orgullo nuestra honrosa participación en él, su razón, su necesidad y lo irreversible de su significado. Era el agotamiento del régimen de democracia liberal y parlamentaria, que no ofrecía otro remedio, para salvar a la Patria, que la dura cirugía de un levantamiento militar. En aquella fecha sí que fue de verdad lo de “Alzamiento o comunismo”.

    Por eso, es muestra de una gran inepcia política (si no de otras cosas) volver a replantear en los mismos términos una cuestión que hubo que resolver, como el nudo gordiano, con la espada; y tratar de presentar la guerra civil como una simple lucha armada entre dos bandos por la conquista del poder, cuando fue solución heroica y un hito del que se debiera derivar la renovación total de España. De esto a la justificación de lo que representaba el sector vencido, a la proclamación de su “legitimidad”, no hay más que un paso, que se dará, y que, por la fuerza de la lógica, arrastrará al abismo a los que lo están facilitando. De ciertas premisas no puede derivarse más que una consecuencia, que ya está visible en la calle.

    La Comunión Tradicionalista participó en el Alzamiento por su propia decisión, con sus cuadros y sus mandos (el Requeté), y pactando con el Ejército. Y si éste tuvo éxito, y la victoria coronó una larga y costosa guerra de tres años frente a un Gobierno constituido, con abundancia de material y dinero a su disposición y contando con el apoyo internacional, en contraste con la escasez y aislamiento nacionales, es porque la sublevación militar no fue uno más entre tantos pronunciamientos cuarteleros de un General de fortuna, parecido a los que los espadones liberales prodigaron durante el pasado siglo, sino porque el Ejército supo interpretar fielmente los deseos del pueblo y, a su llamada, acudió, espontánea y fervorosamente, toda la sociedad. Fue el toque de clarín para una movilización popular, una verdadera Guerra de Liberación contra un poder opresor y tiránico.


    SÍ EN EL ALZAMIENTO, NO EN EL MOVIMIENTO

    Pero la Comunión Tradicionalista no es responsable de todo lo que vino después, y a lo que se opuso oficial y públicamente con todas sus fuerzas y el sacrificio personal de sus hombres, ejemplarizados en la figura señera de Don Manuel Fal Conde.

    La erección del General Franco en Jefe del Gobierno del Estado español; su transmutación en Jefe del Estado, primero, y en su carácter vitalicio, después; la Unificación (a estilo alemán), que transformó el Alzamiento en Movimiento (Partido Único), y éste en el organigrama de apoyo a un sistema político de gobierno “personalísimo”, que se arrogó la supremacía de los poderes del Estado; el vestir al muñeco con el ropaje puramente decorativo de los nombres prestigiosos de las instituciones políticas tradicionales patrias (para dejarlas sin garra e inútiles por mucho tiempo, como ahora estamos tocando ese mal); eso –digo– se hizo, conculcando los Pactos previos al Alzamiento contraídos con la Comunión Tradicionalista, de los que no se respetó más que la bandera nacional y la abolición de la legislación anticatólica republicana.

    Cierto es que, esto sólo, merecía el Alzamiento. Pero si se hubiese tenido en cuenta, en tiempo pronto, y con un pueblo sano y bien dispuesto, nuestras observaciones sobre una auténtica representación social en Cortes que pudiera contraponerse al autoritarismo del Gobierno; sobre una reintegración foral a las regiones; y sobre el proceso de institucionalización monárquica, otro gallo, creo yo, que cantara hoy en España.

    Es difícil resumir en un artículo todo lo que podría, debería, decirse sobre este tema, y soy consciente de lo mucho que se queda sin pasar al papel; pero el espacio disponible no da para más, y aun me excedo.


    EL CARLISMO: UNA ALTERNATIVA INÉDITA

    Pero quede bien claro que el Carlismo nada tiene que ver con el sistema político implantado por el General Franco; que no puede confundírsenos con él, ni hacernos responsables de lo sucedido en estos últimos cuarenta años, salvo en lo que, subyacente, es común al impulso generoso que a todos los españoles llevó al Alzamiento Nacional, y que pervivirá bajo cualquier etiqueta superpuesta.

    En una palabra, la Comunión Tradicionalista no puede dejarse encerrar en la ratonera de dictadura, democracia o comunismo, porque no ha sido, ni es, ni será, ninguna de las tres cosas. Esto es evidente. Su doctrina está aún por ensayar, y sigue siendo una página en blanco, en la que se puede escribir todo, porque no ha fracasado nada. (Esta frase es de Pemán, en los años de la República, y sigue siendo válida en los actuales).

    Ahora que tenemos el derecho a recoger el fruto político de tantos años de separación, constancia, sacrificio y advertencia, no podemos dejar que por nadie pretenda identificársenos con el régimen pasado; ni tampoco caer nosotros en el equívoco, por un exceso de magnanimidad, a la que por temperamento somos proclives.

  9. #29
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    Re: La Comunión no se hizo co-responsable de la actuación socio-política del franquis

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Fuente: Aparisi y Guijarro, Número 27, Enero 1980, páginas 5 – 6.



    EL RÉGIMEN DE FRANCO

    Por Raimundo de Miguel


    No resulta fácil hablar de este tema en las presentes circunstancias, porque la caballerosidad carlista recela que alguien pudiera pensar en aplicarnos el refrán de que del árbol caído todo el mundo hace leña. Pero es necesario arrostrar el riesgo, porque, cuando el árbol estaba vivo y frondoso, no acudimos a cobijarnos bajo su sombra sustanciosa. A la intemperie del poder, antes y ahora, quizás seamos de los pocos españoles que podamos hablar alto, claro y con derecho a que se nos escuche.

    Es necesario, porque nuestra decisiva participación en el Alzamiento del 18 de Julio de 1936, por un lado, y la utilización de nuestros signos (boina, bandera, himno) y, nominalmente, de nuestras formulaciones doctrinales clásicas (Monarquía tradicional, representación orgánica, Cortes, etcétera), por otro, hace que pudiera creerse superficialmente en una casi identificación, o, por lo menos, incorporación sustancial, de la Comunión Tradicionalista al régimen de Franco.

    Por otra parte, la común coincidencia en la negativa a los partidos políticos (aunque para Franco no lo fuera absolutamente, porque admitía el partido único) y al socialismo, vienen a acentuar los motivos de confusión.

    Si a esto unimos el sinnúmero de males, desgracias y desventuras que sobre nuestra Patria ha acumulado la democracia que padecemos, fuerza a volver instintivamente la vista hacia atrás y recordar los indudablemente mejores tiempos de Franco. Para el sencillo observador no parece haber otra alternativa que “esto” o “aquello”, y, como nosotros no somos “esto”, nos sitúa sin vacilaciones en “aquello”.

    Pero, así como Franco no fue la solución al problema político de España (si no, no estaríamos como estamos hoy), menos puede serlo su recuerdo nostálgico, y de aquí la importancia de que tratemos de esclarecer bien las diferencias y de delimitar los campos, para no inutilizar la única fórmula política que aún no se ha ensayado en España, y que el Carlismo ha conservado y mantenido al día con frescura y vigor.


    EL ALZAMIENTO NACIONAL DEL 18 DE JULIO

    La Segunda República produjo en España el desmoronamiento de todos los valores espirituales, de su subsistencia material, y la aparición de riesgo cierto e inminente de la implantación de una dictadura marxista. No podía imaginarse que una situación política llegase a cotas más bajas de disgregación; porque no sabíamos que Dios nos reservaba para verlas ahora más graves y dolorosas. Fue entonces necesario tocar a rebato y unirse los buenos españoles para salvar a la Patria a cualquier precio.

    La Comunión Tradicionalista llevó a la práctica su teoría doctrinal, de la más pura ortodoxia filosófico-cristiana, del derecho a la rebeldía (nadie puede extrañarse de la aplicación de este legítimo derecho, cuando se admite como bueno, de contrario, el derecho a la revolución), y se dispuso a utilizarlo incluso en solitario. Enlazó en sus propósitos con la conspiración militar, y se produjo conjuntamente el Alzamiento del 18 de Julio de 1936, al que se unieron otras fuerzas políticas y, unánime y entusiásticamente, la sociedad española entera. Ahí estuvo la razón de su éxito: el Ejército había acertado a tocar la fibra popular. Y eso le diferenció sustancialmente de un pronunciamiento: fue una auténtica Guerra de Liberación Nacional.

    La Comunión acudió a las armas por su iniciativa, obedeciendo a sus propias jerarquías (no por convocatoria ajena, aunque fuera muy honrosa, como la del mando militar), y bajo su peculiar encuadramiento: el Requeté. Hubo unos Pactos con el Director (Mola) y el Jefe (Sanjurjo) –Franco, incorporado tardíamente a la conspiración, no era ni una cosa ni otra–, consistentes, principalmente, en la abolición de la legislación anticatólica republicana, bandera bicolor, sociedad orgánica, supresión de partidos políticos, y aplazamiento de la cuestión de régimen político futuro; cuyo posterior incumplimiento parcial, dio lugar al nacimiento de una situación política totalmente impensada: el régimen de Franco, que, por su peculiaridad, no puede encasillársele en un patrón conocido, salvo el muy genérico de dictadura, y que sólo cabe denominarle así.


    DISCREPANCIAS INICIALES

    Quede, pues, claro que ya, desde los comienzos del Alzamiento, se produce una desviación entre el pensamiento político de la Comunión Tradicionalista y la realidad que iba tomando cuerpo en la estructuración del naciente Estado nacional. No han transcurrido tres meses, y ya, el 1 de Octubre de 1936, Franco, alzándose con el santo y la limosna, se proclama Jefe del Estado, aun cuando legalmente (Decreto del día anterior) lo sea sólo del Gobierno. La reserva de la Comunión no iba a servir de nada; pero ésta, atenta al fin principal de ganar la guerra, a ella dedicó generosamente sus esfuerzos, descuidando la retaguardia política, tanto por nobleza de conducta, en fidelidad a su compromiso y la importancia transcendental del objetivo, cuanto por no crear dificultades internas.

    Podía mucho más en el ánimo de sus dirigentes; mejor aún, era la verdadera expresión de su sentir, la frase de Don Alfonso Carlos: “Sublevaos por Dios y por España solamente, que lo demás se nos dará por añadidura”. La verdad era que Don Quijote se había puesto boina roja en lugar de yelmo, y había sueltos por el campo muchos yangüeses.


    EL SISTEMA TOTALITARIO

    La Comunión consideró siempre que la restauración político-social de España, después de los destrozos causados durante más de un siglo por el liberalismo, necesitaba, en frase de Mella, pasar por la tienda de campaña de la dictadura. Por eso aceptó de muy buen grado un Gobierno militar, necesario, por otra parte, de todo punto, mientras durase la guerra. Quizá la no prevista prolongación de ésta durante tres años, contribuyó a dar salida fácil al régimen de Franco, que se amparaba en cada éxito militar para dar media vuelta al torniquete político y cerrarse sobre sí mismo.

    Es incuestionable el influjo que en su desarrollo tuvieron las potencias del Eje (Italia y Alemania), entonces en plena pujanza, y que ayudaron a la España nacional, así como las democracias y la U.R.S.S. lo hacían al Gobierno republicano. Las fichas del tablero internacional estaban ya colocadas para empezar el juego de la Segunda Guerra Mundial, y el color con el que se mira el resultado de aquélla (el de los vencedores) califica “a posteriori” los hechos anteriores ocurridos en España.

    Los sistemas políticos imperantes en aquellos países se engloban conjuntamente con la calificación de “fascistas”. Me parece una simplificación interesada e injusta; hay diferencias profundas entre el fascismo italiano y el nacismo alemán (racista), pero no podemos descender a ellas; basta con dejarlo apuntado.

    Pero lo que resulta cierto es que ambos se caracterizaron por su ideología antiliberal y antimarxista y de exaltación patriótica (lo que iba al hilo del impulso “nacional”, y sirvió para meter gato por liebre a los incautos), de régimen de gobierno autoritario y de partido único (totalitarismo).

    Así, ante la casi forzada complacencia, que las circunstancias imponían, hacia las referidas potencias, y la conveniencia de Franco, se creó un sistema personal de gobierno (Caudillo, réplica a Duce y Führer) y de Partido Único, mediante una unificación de corte nacional-socialista (Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Nacional-sindicalismo). Al socaire de aquél se introdujeron en el Gobierno y en la Administración del Estado unos personajes y un estilo que, vistos y oídos desde estas alturas del tiempo, nos resultan ridículos y vacíos, pero que, tristemente, ya lo eran entonces, aunque influyeron decisivamente en apartar al nuevo Estado de toda raigambre tradicional auténtica. El aire nuevo y foráneo se imponía.

    El profundo sentimiento cristiano yacente en el alma española, unido a la pérdida total de influencia política que la derrota produjo al Eje, hizo que la ascendencia primera de éste, al no poder subsistir, no resultase lo dañosa que se temía al principio. (Recuérdese solamente, a modo de ejemplo, que, en plena Cruzada, fue prohibida en España la publicación de la Encíclica de Pío XI “Mit Brennender Sorge”, sobre la situación de la Iglesia en el Reich alemán).

    El Partido Único (fórmula española), desprovisto de su apoyatura exterior, perdía influjo a ojos vistas, mientras se incrementaba el poder personal del Caudillo, alentado por los aduladores que siempre rodean al Poder y que el Sistema mismo fomentaba. Franco nunca reconoció formalmente sus errores, y el Partido siguió (cambiando su nombre en Movimiento), pero su impacto político era nulo. Lo que conocemos más inmediato del régimen de Franco (y, por lo tanto, lo que mejor recordamos, porque los arriesgados tiempos primeros, o se han olvidado, o hay que acudir a la Historia, y eso no es asequible a la generalidad) es como el de una dictadura personal, no excesivamente dura, sin contenido ni garra política (y, por lo tanto, sin poder de transmisión y perduración), y movida por un indiscutible noble deseo (en líneas muy elementales, sin profundidad de visión) de enaltecimiento de España. Buen propósito, que, unido a un sentido de la responsabilidad del ejercicio del Poder y treinta y cinco años de paz, permitieron gozar de una sensación de seguridad y de una prosperidad acumulativa, que, desde las negruras democráticas de hoy, nos parecen envidiables.

    Y en realidad lo son. Lo que demuestra que gobernar no es tan difícil; pero también que no es bastante un orden estable y un desarrollo económico, y que se necesita un planteamiento político de fondo, para que no se venga abajo el andamiaje y arrastre consigo el edificio. Que es lo que nos ha pasado.


    LA POSTURA DEL CARLISMO

    La Comunión Tradicionalista no se dejó engañar por las apariencias y supo resistir, tanto al halago, como a la persecución del Poder; así como la incomprensión de muchos para los que, no unirse alegremente al carro triunfal, les parecía una manifestación más de los eternos descontentos, cuando no era otra cosa que la expresión de una sabiduría y una entereza políticas. Más difícil es morir en la guerra, que participar en el gobierno de la paz, y, sin embargo, los carlistas supieron, con dignidad, aceptar una cosa y rechazar otra.

    Hubo, cierto es, pequeñas, pequeñísimas excepciones de algunas individualidades, que pueden contarse con los dedos de una mano (y sobran dedos), que aceptaron la colaboración con el Dictador, pero fueron como un quiste, que el organismo aisló en autodefensa, o que se desprendió sin vida, por sí solo. Pero la Comunión en bloque rechazó la participación en el Gobierno, en la Administración pública y en el Movimiento. Don Javier fue expulsado de España; Don Manuel Fal Conde, repetidamente desterrado y confinado; y muchos carlistas sufrieron cárceles, extrañamientos, multas, persecuciones, procesos, incomodidades y agresiones, que a veces llegaron a la muerte (bomba de Begoña).

    Hugh Thomas, en su Historia de la Guerra Civil Española, dice que, según le manifestó el Embajador alemán ante Franco, éste le dijo que no dio orden de fusilar a Fal Conde por miedo a la repercusión que este hecho pudiera tener en los frentes, donde combatían heroicamente millares y millares de requetés. (De hecho, hubo dos atentados contra la vida de Don Manuel, uno de ellos en desarrollo muy avanzado, y cuyos detalles he oído de boca del mimo Fal).

    A este precio consiguió la Comunión Tradicionalista (al igual que dijera Mella con relación a la monarquía liberal) que, a la hora de las responsabilidades, el Carlismo quedara libre de toda culpa. ¡Véase si no hay interés en deslindar bien los campos!


    LA DOCTRINA TRADICIONALISTA

    Y es que no es bastante una postura antiliberal para considerar satisfecho el contenido doctrinal de la Comunión Tradicionalista, mucho más rico y completo que una actitud negativa.

    Ha podido, sin embargo, producirse un cierto espejismo, porque el Carlismo se pasó todo un siglo combatiendo al liberalismo, la democracia inorgánica y el régimen de partidos. Y esto lo hizo, por añadidura, en soledad. No es que descuidara la elaboración de una construcción positiva, ya que ahí está formulada más que suficientemente la doctrina de la Monarquía tradicional y la representación social en Cortes, la sociedad orgánica (cuerpos intermedios), el regionalismo (fueros), etcétera. Pero toda esta doctrina estaba contemplada frente a un régimen liberal opuesto, que era el que se erigía como contrario al régimen tradicional.

    El pensamiento tradicionalista en 1936, no había tenido ocasión ni tiempo (porque el fenómeno era de la misma fecha) de argumentar contra otro sistema político, también contrario, aunque con distinto signo, a los postulados de la Comunión Tradicionalista: el totalitarismo.

    Por ese lado no habían ido los tiros nunca, porque era enemigo nuevo. De aquí que, aparentemente, pudiera presentarse como aliado y amigo, y de aquí también el doble interés en evitar confusiones precipitadas. El Carlismo no era liberal, pero tampoco totalitario, y estaba tan distanciado de uno y de otro, como también lo estaba de la dictadura permanente como sistema de gobierno (el mesianismo, que elaboró Javier Conde, el teórico del caudillaje).


    EL PLANTEAMIENTO ANTE FRANCO

    En lo apuntado anteriormente está la clave de la cuestión que venimos tratando, que no es una distinción “a posteriori”, sino que se planteó, con muy clara visión política, desde el inicio del Alzamiento.

    En el profundo estudio elaborado por Don Manuel Fal Conde, en colaboración con varios pensadores tradicionalistas, conocido con el título de “Manifestación de los ideales tradicionalistas al Generalísimo y Jefe del Estado español”, y que fue presentado a Franco con fecha de 10 de Marzo de 1939 (y válido aún en casi su totalidad), se dice, mucho mejor que yo lo he hecho:

    «Ante un siglo de liberalismo y parlamentarismo, al aparecer cada una de sus modalidades, ante las diversas y episódicas dictaduras, el Tradicionalismo fue exclamando: “No es eso”. Mas ahora, ante la reacción actual producida del lado de los sistemas totalitarios, estatistas, desconocedores de las libertades de las sociedades infrasoberanas, volvemos a decir: “Tampoco es eso”. El sistema tradicional dista tanto de las democracias, como de los Estados totalitarios…».

    Y a continuación se extiende en sendos anexos que recusan el sistema de partido único; bosquejan ampliamente una organización política inspirada en los principios tradicionales; y previenen contra una instauración en el Trono de la Dinastía Liberal.


    TENÍAMOS RAZÓN

    Contemplados los acontecimientos, después de cerrado el ciclo franquista, resulta que, una vez más, los hechos han venido a dar la razón a los carlistas, ya que parece evidente que los males que hoy padecemos traen su origen en la ausencia de la aplicación de los remedios que la Comunión Tradicionalista propugnaba.

    No se quiso restaurar una sociedad orgánica, permitiendo la libertad y desarrollo de las fuerzas sociales (asociaciones, corporaciones, instituciones) que hubieran dado vida, vigor y cauce a las energías y aspiraciones legítimas de los ciudadanos, agrupados conforme a sus afinidades naturales, porque eso hubiera significado una merma efectiva de las atribuciones que ya el Estado liberal tenía usurpadas, pero que el nuevo pretendía ampliar mucho más.

    Por la misma razón, en el cauce político, la representación en Cortes no fue expresiva de una autenticidad, sino una mera designación digital de funcionarios –de una u otra forma–, para que no ofreciera dificultades a la labor autoritaria del Gobierno. Los Municipios carecieron de representatividad y autonomía, y los Sindicatos fueron meras dependencias administrativas de un Departamento Ministerial. La diversificación y realidad regional fue tan desconocida y maltratada, que ni siquiera en apariencia y nominalmente fue tenida en cuenta, sino más bien negada y escarnecida.

    La consecuencia fue una sociedad disgregada, y el fomento egoísta de la individualidad (lo que hoy llamamos consumismo), ausente de toda preocupación o responsabilidad por la cosa pública (Franco velaba, mientras los españoles descansan, nos dijo un día). Y sin base social auténtica, no hay orden político recto posible.

    Así, cuando faltó Franco, el Partido Único, desprovisto de toda raigambre político-social verdadera, no pudo ser el continuador del régimen, y, de contrario, sus mismos antiguos Ministros-Secretarios (Fernández Miranda, Suárez) fueron los iniciadores de la reforma política, que dio al traste con el Sistema franquista y que los “procuradores” de sus Cortes (con los ex Ministros a la cabeza) votaron y aprobaron.

    Y las gentes a las que se les negó la asociación natural autárquica, colaboradora del bien común, se organizaron en partidos políticos artificiales, disociadores y en lucha por el poder, representados en un Parlamento de espaldas a los problemas que afectan al país, y atentos sólo a la consecución de sus miras partidistas.

    Los Sindicatos se transforman en centrales sindicales de esos mismos partidos, que predican y practican la lucha de clases, promueven la anarquía laboral, y son instrumentos de una acción revolucionaria.

    Las legítimas libertades que se negaron a las regiones, han dado lugar a un separatismo que amenaza con destruir la unidad de España.

    De las otras prevenciones que la citada “Manifestación” contenía, mejor es “no meneallo”.

    La solución de los males presentes no es, pues, volver la vista al pasado, ni siquiera como añoranza (muerto Franco, tampoco cabe recambio, ni repetición de coyuntura posible), sino mirar al porvenir, sobre la base de una doctrina original y omnicomprensiva, como la carlista.

    Pero para llevar al convencimiento de ella al pueblo español, no es bueno el confusionismo a que nos hemos referido varias veces, y conviene disipar las zonas difusas rápidamente. Los carlistas participamos en el Alzamiento, y de esto no renegamos, sino que lo consideramos como un timbre de legítimo orgullo (fue nuestra cuarta guerra); pero sí estuvimos ausentes y repudiamos el Movimiento, en el que Franco tipificó su Poder personal.


    LA CONSECUENCIA

    En el terreno ideológico, el régimen de Franco sirvió al Carlismo para depurar su pensamiento político y atender a combatir al nuevo error surgido: el totalitarismo. No sólo depurar el pensamiento, sino afinar y aquilatar su conducta, dándole un motivo más para ejercitar su ejemplaridad, al no claudicar con la participación en el Poder con un régimen al que, en definitiva, habíamos contribuido con nuestra sangre a establecer, pero que resultó incompatible con nuestros ideales.

    Y la consecuencia que debe sacarse de los cuarenta años pasados es que nuestro antiliberalismo y antimarxismo no puede llevarnos a parecer –que no ser– un partido de corte totalitario. Que esta clase de ideas están tan alejadas, como las otras, de nuestra doctrina y nuestro pensamiento. Y que las formas, el estilo y los procedimientos, que pudiéramos llamar “fascistas”, tampoco se nos acomodan.

    Y que tenemos que extremar el cuidado de que, ni por nuestras expresiones, o nuestras actitudes, pudiéramos dar lugar a confusiones.

    El riesgo es grave, porque hoy los deseos y la necesidad de unidad, inconsiderados o precipitados, pueden resultar tan comprometidos y engañosos como lo fueron hace cuarenta años. Y son necesarias, conjuntamente, las virtudes de la fortaleza y la prudencia para poder vencerle, al igual que lo fueron entonces.

    El esfuerzo que entonces se hizo, y los sacrificios que para salir el Carlismo de la trampa tendida (no quiero decir que fuera siempre de mala fe) se realizaron, no vayamos a esterilizarlos ahora. La Comunión siempre ha tenido serenidad y visión de futuro, no vayamos a perderlas ahora.

    Y no hay suceso adverso, si sirve de experiencia para el futuro.

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