EL CAMPAMENTO DE LOS SANTOS
Observando un viejo póster de Anthony Quinn y Alain Delon uniformados de “lagartos” (las unidades de paracaidistas coloniales que libraron la “batalla de Argel”, entregada luego traicioneramente) de la película basada en Los Centuriones, del gran Jean Lartéguy, me entró una profunda nostalgia, que compartiré a sabiendas que no es la mayoría de los queridos lectores los que se involucren en esto, pero igualmente seguro que muchos entendidos, e incluso almas gemelas sin mayores claves, lo degustarán.
Es nostalgia de los triunfos y de los fracasos. De lo cercano y de lo ocurrido del otro lado del mundo. De lo que pasó ayer y de lo de hace 2000 años. Es ansia de combate y de paz. De guerra armada e ideológica. De imágenes vividas y de las únicamente imaginadas. De montañas, lagos y valles, pero también de alegres francachelas de cervecería. Es la amada y es la amante. El perro, el juguete y el auto. Son palabras precisas, densas y oportunas, tanto si son discurso intelectual como expresiones procaces. Me rodeo de amigos y desconocidos, de guerreros y de intelectuales, de poderosos capitanes de hombres y de idealistas endebles, tan heroicos como el mejor. Hay preciosas mujeres, fieles y valientes. Niños de rostro puro y monjes impolutos, bravos y nobles. Pero también está el gañán que ha sido un héroe sin saberlo. El triste y gris que ha mantenido a los suyos con sacrificio. El aristócrata real –con o sin plata–que valora más la sangre que el dinero. Las tormentas borrascosas desde el caliente hogar. La velada con las delicias gastronómicas de la abuela. Las bromas juveniles, los peligros de la madurez y las decepciones de la edad invernal, que a menudo requieren mayor fuerza aún para sobrevivir incólumes.
Y me veo de pronto en una pequeña caravana de vehículos blindados, rodeado de la más abigarrada y variopinta tropa –pero sin embargo, absolutamente lógica y hermana –de toda la historia. En ella van los aguerridos paracaidistas franceses que mencioné al principio, un puñado de defensores de El Álamo, Leonidas con algunos de los 300 termoplitas, los legionarios supervivientes de la batalla de Camarón (en México); combatientes centroamericanos contra Walker; paraguayos de la guerra contra los gigantes; caballeros sureños, tan elegantes como feroces; chuanes; soldados españoles de la batalla de Cartagena, de la División Azul y resistentes del Alcázar de Toledo; algunos pacificadores del oeste norteamericano, hombres de la 2° Guerra Mundial, de varias batallas, vistiendo distintos uniformes y todos hermanados… más allá de la derrota que inauguró la victoria de separar hombres de un mismo talante, bajo el engaño de una igualdad que ni en la muerte se encontrará. Todos cantamos himnos y canciones que, siendo distintas, son UNA sola.
Destino: el único, vamos a formar El Campamento de los Santos, la última resistencia al final de la Historia, según refiere la biblia, que estará cercado de las hordas del caos que surgirán de los mares.-
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