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Tema: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

  1. #21
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Francisco y los Príncipes.




    Según el Papa Francisco, “los obispos deben ser hombres que no tengan psicología de príncipes”. Y ello -de acuerdo a lo que ha resaltado- para que sean “capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido”.
    Así lo hizo saber en el Discurso que dirigió al Comité de Coordinación del CELAM, el pasado 27 de julio, en el marco de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Antes, según noticias que tomaron estado público el 24 de junio, había dejado de asistir al Gran Concierto de Música Clásica por el Año de la Fe, aduciendo que él no es un príncipe renacentista.
    Es extraño, por decir lo menos, esta recurrente manera de expresarse en el titular de la silla petrina. La etimología de la palabrapríncipe esta cargada de dignidad; otrosí su semántica, que alude a losprincipios inmutables y a cuanto es principal o capital en la vida, en contraposición con todo aquello que resulta subalterno, fluctuante o huidizo. El príncipe connota soberanía y herencia, sucesión, primogenitura y alteza. Nada de lo que tenga que renunciar o avergonzarse un obispo, ni mucho menos un pontífice, pues sabiamente ejercido tal principado, ni entra en colisión con la humildad ni mucho menos con el servicio al prójimo.
    Y aquí ya no es el idioma quien contradice el yerro bergogliano, sino la vera historia preñada de Príncipes de la Iglesia y de Príncipes Católicos, que han alcanzado los altares y la santidad, precisamente por el modo de ejecutar su principalía. Suponer antagonismo entre la condición regia y el amor a los pobres, puede ser el justo y eventual diagnóstico de una monarquía ruinosa, donde señorea precisamente el príncipe de este mundo, pero no puede ser nunca el punto de partida de una convicción católica. Porque como escribía Juan de Mariana sintetizando una doctrina sempiterna:“los príncipes están puestos por Dios para que tengan sus veces en la tierra y como vicarios suyos le semejen en todo”.
    Hasta el día de hoy, la misma sensibilidad popular –esa actitud de las ovejas que con razón tanto preocupan al Papa- suele reservar el sustantivo príncipe, y los adjetivos que de él se derivan, para designar cosas admirables o amables: la distinción, la jefatura, la enjundia, lo granado y delantero.
    No; las ovejas no siguen al pastor porque huelan en él su mismo olor borreguil y carnero, sino porque siendo preeminente al rebaño, conoce a cada una por su nombre y está dispuesto a donar su sangre en la custodia. No es el pastor el que deba aborregarse, sino las ovejas quienes puedan quedar suspensas de la palabra señera y de la guía sacrificial del pastor. “De pacer olvidadas, escuchando”, diría Garcilaso. Máxime cuando el Pastor aquí mentado e imitado, a la hora de hacerse Cordero, seguirá “en el medio del trono”, como anticipa el Apocalipsis (7,17), y conservará su cetro.
    Las páginas bellísimas del texto joánico, que nos la muestran a María, la hermana de Lázaro, derramando sobre Jesús un frasco completo de purísimo y costoso nardo (Jn 12,1-11), narran con arrobamiento que aquel aroma especial inundó la casa y cada uno de sus sitios. El Pastor por antonomasia traía y merecía el ungüento más noble y más costoso. Ese mismo y divino bálsamo con el que transformó un pesebre maloliente en el primer sagrario, y una cruz fétida en el madero más fragante de los siglos. Misterios y milagros que saben protagonizar los Príncipes.
    En el Segundo Libro de Samuel (7,8), quedan bien claros las conceptos: “Ahora ,pues, así dirás a mi siervo David: ‘Así dice el Señor de los Ejércitos: Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre mi pueblo Israel’”. Y en el libro anterior (1 Samuel, 10, 1), el panorama es aún más transparente, si cabe: ”Tomó entonces Samuel la redoma de aceite, la derramó sobre la cabeza de Saúl, lo besó y le dijo: ¿No te ha ungido el Señor por príncipe sobre su heredad?. Lo mismo puede leerse en el Libro de las Crónicas o en las páginas de los profetas como Ezequiel. Es que ni la Escritura Sacra, ni los Santos Padres, ni la Tradición viva del Magisterio, rechazaron jamás la palabra príncipe para referirse a los pastores y al Pastor Universal.
    Un salmo tan célebre cuanto hermoso: el cincuenta, en su versículo catorce, parece cifrar en clave poética –que es el modo más alto de acertar con la proferición de las verdades- cuál es el significado de este principado que se le pide a los consagrados a Dios: “Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me”. Traduce Straubinger: “Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe”.
    El Papa Urbano VIII mandó musicalizar este salmo, para ser cantado en la Capilla Sixtina durante los maitines del miércoles y el viernes de la Semana Santa. Y fue el Papa del Breve Comisum Vobis, de 1639, por el que aplicaba la pena de excomunión automática al católico que practicase cualquier forma de esclavitud contra el prójimo desvalido; y a la vez el Papa que alentó el stile antico o prima prattica, polifonía propia del Renacimiento.
    Pedir que los obispos no se comporten como príncipes; y prohijar incluso las conductas contrarias, como las que se vieron para escarnio de la genuina feligresía católica en las playas de Copacabana, no es prueba de sencillez sino de confusión; ni de modestia sino de plebeyismo; ni de servicialidad sino de demagogia populista.
    Pedir o permitir que los obispos abandonen la virtud de lagravitas que su investidura reclama, para contonearse al compás de una coreografía tribal, no es estar más cerca de las ovejas sino del ridículo. Para combatir al jansenismo se necesitan fiestas cristianas, no carnavales cariocas. Porque sólo hay fiesta allí donde el amor se alegra, según lo dice el Crisóstomo. Su caricatura revulsiva,en cambio, tiene lugar cuando “por una noche se olvidó que cada uno es cada cual”, según rimaba Antonio Machado.
    Tanto hablar de periferia, y de la necesidad de acudir a ella para socorrerla, ha provocado hoy esta doliente paradoja: que en la periferia han quedado la Verdad, el Bien y la Belleza. En los aledaños, el esplendor de la liturgia; en los suburbios la diáfana luz de la ortodoxia; en los perímetros marginales, el sabio coraje del testimonio oportuno e inoportuno. Y desde el Papa Francisco para abajo no parece haber almas ni brazos dispuestos a socorrer a esas indigencias que, alguna vez, fueron el verdadero tesoro de la Iglesia. Las pocas almas y voces bravías que a tales alrededores se allegan,caminando contracorriente, y haciendo centinela, son castigadas de consuno por exponentes de una papolatría tan obtusa cuanto insustentable.
    Como tales obtusos nos rondan al acecho, se nos permitirá una escueta aclaración final. No para ellos, que no la merecen, sino para los sufrientes amigos, junto a los cuales, tantas defecciones romanas nos resultan otras tantas mordeduras del espíritu.
    Téngase por tal aclaración que no cruzamos espadas en pro de los Príncipes de la Iglesia, si por tal principado se entienden oropeles, orfebrerías, enjoyamientos, o las suntuosidades diversas delCinquecento. Tenemos bien presente aquel relato del Maestro Eckhart. El del Niño desnudo que llega a la puerta de un Monasterio. Interrogado por el Superior se identifica: “Soy un Rey. Mi reino está en mi corazón. Procedo de Dios, a Dios quiero llegar”. “Si es así pasa”, le dice el Superior. “Elige el vestido que quieras y entra”. “Entonces, ya no sería un Rey”, responde el Niño. Ninguna pompa innecesaria o vacua está en el blanco de nuestra defensa; aunque tampoco nos conforme la abolición o el arrasamiento de las símbólicas majestades externas.
    Pero si ya no hemos de tener Príncipes de la Iglesia, si ya el Sumo Pontífice no quiere ser tal sino apenas el Obispo de Roma, en paridad con el resto de los prelados, es la naturaleza misma del Orden Sagrado la que sufre mengua, no el volumen de la tiara o las puntillas del alba. Porque si en la naturaleza del sacerdocio está la obligación del religioso de hacerse pastor y pasto a la vez; también, o por lo mismo, está su condición de elegido y de consagrado; de llamado y segregado del mundo, de tomado por Dios, como dice la Carta a los Hebreos. De príncipe, a emulación de Aquel que anunció Isaías (9,6),como Príncipe de la Paz. A emulación y escoltamiento de los mismos coros angélicos, entre los cuales, a despecho de tanta semiótica democrática, hay tronos, potestades, dominaciones y principados.


    Por los Príncipes de la Iglesia: te pedimos Señor. Por el Papa Francisco: te pedimos Señora de los Príncipes de la Iglesia.


    Antonio Caponnetto.

    STAT VERITAS

  2. #22
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Mete miedo


    Doy mi palabra que estoy preparando un post sobre un tema que nada tiene que ver con el papa. Es sobre una cuestión que hemos tratado varias veces en el blog de refilón y que merece un poco de profundización: nobleza y cristianismo, y he elegido seguir la línea que propone Volkoff. Quedará para más adelante, aunque bueno sería apurarla porque se complementaría con el escrito que apareció ayer sobre “Francisco y los príncipes”, fruto de la pluma de Antonio Caponnetto, y que pueden bajar desde aquí.
    Pero la urgencia del momento exige, a mi pesar, ocuparse del Personaje. Varias veces se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de que Bergoglio no sea más que una obsesión nuestra debido, sobre todo, a que somos argentinos, lo conocemos bien y fuimos siempre acérrimos críticos suyos. En definitiva, que no fuera más que una comprensible reacción emocional porque en él se concentra todo lo que detestamos: el progresismo, el oportunismo, el plebeyismo, la mediocridad, etc.
    Sin embargo, frente a esta posibilidad, se oponen la objetividad de los hechos que aparecen, no ya semana tras semana, sino día tras día y, también, la misma sensación de gravedad que puede percibirse en católicos de otros continentes, y que tenían hacia el nuevo papa una actitud expectante o positiva. Muchos ejemplos podría dar sobre, pero menciono el blog Ex Orbis, que no pertenece a ningún grupo de tradicionalistas recalcitrantes, y a las palabras que pronunció hace pocos días el cardenal Dolan. Dijo: “Queríamos un Papa con buena capacidad de mando y de gestión, y hasta ahora lo que se ha visto es poco. Es un pequeño elemento sorpresivo que él no se haya expresado todavía en este terreno. Espero que luego de la pausa estival se vea algún signo más de cambio en la gestión”. Y en cuanto a la esperada sustitución del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, agrega Dolan: “Si no sucede nada en el mes de octubre estaré sorprendido. Yo pensaba que ello debía acontecer a fines de junio o en julio, pero no ha sido así, por eso pienso que probablemente se producirá en el otoño”. Pueden leer la entrevista entera aquí. El prelado americano está inquieto -muy inquieto diría yo-, para animarse a decirse tales palabras en Río de Janeiro, en medio de la apoteosis francisquista, y publicarlas en uno de los periódicos católicos más leídos de Estados Unidos.
    Antes de entrar en el tema del post, se imponen otros comentarios inquietantes: hace no más de dos semanas, Omar Bello, un publicista del arzobispado de Buenos Aires, periodista ocasional de Perfil, y de cercanía con Bergoglio, autor de la última entrevista que concedió antes de ser elegido en papa, publicó un libro titulado El verdadero Francisco. Intimidad, psicología, grandezas, secretos y dudas del Papa argentino. Por el filósofo que más lo conoce. Lo compré hace unos días y lo estoy leyendo de a poco. No quiero atragantarme y que se me nuble el juicio pero, lo que hasta ahora puede percibirse, es que el actual papa es un personaje de cuidado, con una psicología digna de ser analizada por un especialista. Un solo detalle que me ha llamado mucho la atención: del libro se colige que Bergoglio es incapaz de establecer vínculos afectivos con nadie: ni con su familia de sangre, ni con su familia religiosa, ni con quienes lo rodearon en la Curia. Simplemente, usa a las personas y luego las deshecha. Bello le pregunta a un sacerdote muy cercano al entonces cardenal primado qué grado de verdad había en las acusación que le hiciera Verbitsky de colaborar en la desaparición de dos sacerdotes jesuitas durante los ’70. La repuesta fue: “No creo que sea cierto. Pero no te engañes por los motivos… Bergoglio nunca hubiera arruinado su carrera con semejante error” (p. 75). La probable protección de sus hermanos de religión no venía por el lados de los afectos y, mucho menos de la caridad…
    Pero lo curioso es que el libro no tuvo casi difusión: apenas un recuadrito en las angostas columnas laterales del sitio web de Perfil y, a pesar de que apenas está editado, resulta imposible conseguirlo. Sus lugares de ventas -dado que fue editado por la revista “Noticias”- son los kioskos y no las librerías, pero por datos que tengo de amigos, tanto de Capital como del interior, el libro está desaparecido. Es muy raro que los medios de todo el mundo, a diferencia de la gran campaña publicitaria que hicieron a la biografía escrita por Rubín, callen como lápidas frente a la aparición de este nuevo texto. Para aquellos que quieran leerlo - y es de lectura imprescindible si quieren saber quién es realmente el papa Francisco-, pueden descargar una versión PDF desde aquí.
    Y para terminar esta larga introducción, debo decir me produjeron un cierto remezón las palabras con las que la Piketa finaliza su artículo de hoy en La Nación dedicado a criticar a los blogs ultraconservadores que atacan a Bergoglio. Concluye: “Imágenes que dieron vuelta al mundo y confirmaron que Francisco es un papa único, con una popularidad altísima, jamás vista y sin oposición seria, visible, en este momento”. Estas palabras, que a un neocon le resultan más deliciosas que un helado de Freddo, a un católico mínimamente instruido que leyó las Escrituras y reflexionó alguna vez en las profecías, le causa temor y desasosiego.
    Pero vayamos al punto. Lo que más inquietud me ha producido en los últimos días ha sido escuchar la “charla” -como él mismo la definió-, que ofreció Francisco a los obispos del Celam durante el carnaval carioca. Pueden verla desde aquí.
    Empecemos por los aspectos que, en estas circunstancias son secundarios pero que, en otra, no lo serían tanto. Es francamente apabullante la pobreza del discurso de este hombre. Utiliza un lenguaje ochentoso que me remonta a mis épocas de adolescente en las que tenía que escuchar a dirigentes de Acción Católica de cuarta categoría explicándome qué era la Iglesia. Un discurso plagado de lugares comunes de lo más mediocres y gastados, y sin el más mínimo cuidado por una oratoria al menos básica. Estoy convencido que un cura de barrio habla mejor que Bergoglio.
    Podría llegar a entender, aunque jamás a justificar, que utilizara ese lenguaje vulgarmente coloquial y mediocre en una homilía dirigida a jóvenes de las periferias existenciales. Y digo que jamás lo justificaría porque pienso en los grandes predicadores que tuvo la Iglesia y el modo en el cual ejercieron su oficio. San Agustín predicaba a africanos del pueblito de Hipona que no eran precisamente habitués de la biblioteca de Alejandría, y San Vicente Ferrer lo hacía a aragoneses que difícilmente sabían leer o escribir. Sin embargo, por respeto a ellos y por respeto al mensaje que transmitían, sus homilías eran piezas de oratoria.
    Nadie le pide a Francisco que sea el Crisóstomo, pero sí le pido un mínimo de respeto por su auditorio y por su investidura. Y cuanto más si, como es el caso, esta “charlita” no estuvo dirigida a los jóvenes acampantes en las playas de Río, sino a los obispos y cardenales de la Conferencia Episcopal Latinoamericana. ¿Cómo es posible que no tenga el más mínimo cuidado en el estilo? Y no se trata aquí, como dicen los medios, que el suyo es un estilo “llano y directo”. Se trata más bien de un estilo simplón, anodino y ñoño, aunque muy eficaz por cierto para convertirse en un atractivo animador de masas, aunque no ya en maestro.

    Pero todo esto, que de por sí es grave, no es sin embargo lo más grave. Como dije, lo inquietante no son estas periferias estilísticas, sino el contenido del discurso consistente en una hermenéutica del documento de Aparecida. El núcleo presenta los dos desafíos que a juicio de Francisco tiene la Iglesia en la actualidad. Ellos son la renovación interna y el diálogo con el mundo. Me suenan bastante estas expresiones… Desde el malhadado Vaticano II que se viene diciendo los mismo. ¿Es que a Bergoglio y a sus obispos paniaguados -que no dejaban de tomar apuntes con obsecuencia mientras hablaba el pontífice-, no les resulta suficiente ya toda la renovación que hubo a lo largo de cincuenta años? ¿Es que, acaso, están tan ciegos e ideologizados para no admitir la evidencia de los resultados a los que la tan manida reforma llevó a la iglesia católica? Y el diálogo con el mundo, ¿ancora? ¿Más diálogo todavía? ¿Es que pretenden que el mundo cambie su rumbo luego de dialogar con la Iglesia? ¿O será que el mundo apenas si necesita encarrilarse? Pareciera que los obispos, y el papa Francisco entre ellos, ven en los pretendidos avances del mundo contemporáneo las verdades cristianas laicizadas. El espíritu libre que organiza y domina la materia, la moral fraterna de los derechos humanos que se funda sobre la eminente dignidad del hombre, la aspiración a construir el mundo nuevo donde reine la justicia… todos estos ideales del mundo son -dicen-, en su origen, verdades cristianas. Si el mundo nos persigue, se debe solamente a un malentendido. Los cristianos podemos comulgar sin ningún escrúpulo con los ideales de la humanidad de nuestro tiempo aunque, en apariencia, sean peligrosas para la fe. Pero se trata sólo de apariencias. Y si no, vean ustedes los millones de jóvenes que se congregan en las Jornadas Mundiales de la Juventud. ¡Qué ocasión inmejorable para convertir a esa marea de ateísmo, y gritarles: “Lo que ustedes buscan es precisamente lo que nosotros les ofrecemos. Seguramente, dudarán de que sea así, pero eso se debe a que la infidelidad de los cristianos y a los negocios turbios de la Curia Vaticana, que les esconde la verdadera naturaleza del cristianismo. Pero miren un poco más de cerca, y se darán cuenta de que se trata de la realización de sus más ardientes deseos…”. Para edificar la ciudad fraternal -a lo que llama el lema de las próxima de JMJ de Cracovia-, para establecer el triunfo definitivo del hombre y de sus derechos, para llevar al hombre a su edad adulta en la verdad que finalmente ha sido descubierta, en la libertad finalmente conquistada, los cristianos sentimos el corazón gozoso porque tenemos el secreto infalible. Estamos seguros de que la humanidad, una vez que se encarrile por la buena senda, reconocerá tarde o temprano la señal indicadora que está buscando y que presiente.
    Claro el evangelio es la salvación del mundo, pero no se trata de un agradable licor que lo hace entrar en calor a través de una borrachera dulce y gozosa, mecida por las suaves brisas marinas de Copacabana. Se trata de un remedio terrible. Cuando el mundo lo gusta, dice como los hijos de los profetas a Elías: “La muerte está en la bebida”. Para el mundo, como para Dios, la encarnación es la cruz.
    El progreso del Evangelio en el mundo, tal como parece entenderlo el Nuevo Testamento, no es una seducción, ni una asunción progresiva ni tampoco una pacificación de toda realidad humana. El evangelio debe despertar en el mundo una hostilidad que estaba latente, y que será llevada a su paroxismo en los últimos tiempos. No se trata de negar que el evangelio deba fructificar en las almas, ni que su fruto se manifieste a través de toda clase de obras por las que los hombres glorifiquen al Padre. Pero será una obediencia necesariamente dolorosa la que hará nacer ese fruto y, finalmente, deberá sufrir la prueba del fuego.
    Esta inhabilidad del papa Francisco para juzgar la realidad lo lleva, además, a llenarse la boca hablado de “colegialidad” y reclamando la plena implementación de consejos diocesanos y parroquiales. No puede evitar que se me vengan a la memoria, por un lado las sabias palabras del cardenal Newman que sostenía la incapacidad de todas las comisiones para producir algo mínimamente valioso y, por otro, lo que dice Bouyer en sus memorias al reflexionar sobre su participación en el Vaticano II: “Luego de estas variadas experiencias, se comprenderá que no he conservado gran cosa de mis entusiasmos juveniles por la “conciliaridad” en general, y mucho menos todavía sobre esta conciliaridad de bolsillo que hoy se llama abusivamente “colegialidad”, en la que algunos malvados, utilizando triquiñuelas, hacen creer a los “grandes personajes” que integran esos órganos colegiados, que están tomando decisiones que, en realidad, otros han tomado en lugar suyo”.
    Pero lo que más preocupa es que, cuando el papa Francisco habla de los problemas que acechan a la Iglesia hace referencia a los pelagianos restauracionistas, que vendríamos a ser nosotros. Sostiene que afirmamos que algo anda muy mal en la Iglesia y que como solución aspiramos a restaurarla en lo que fue en el pasado. Disculpen mi ingenuidad, pero siempre creí que los últimos papas tenían el mismo diagnóstico: la Iglesia se encuentra en serios problemas, aunque diferimos en las soluciones que debe aplicarse. Pensé incluso que el mismo Francisco pensaba igual. Y lo terrible es que no es así: para él la Iglesia, tal como está, está bien, porque esa Iglesia del pasado es solamente memoria en la que Dios estuvo pero ya no está. Dios se manifiesta ahora en la Iglesia actual. Dicho de otra manera, no hay reforma alguna que hacer porque nada está deformado. Sólo habrá que modificar aquellas estructuras caducas -son palabras suyas- y, a lo sumo, hay que encarar una “renovación” interna, es decir, innovar todavía más.

    Francamente, es aterrador. Con el papa Benedicto todos esperábamos, basados en datos concretos y claros, que poco a poco la Iglesia se iría encaminando hacia una restauración. Se tardaría décadas, pero era posible. La teatralización de esa voluntad política era, a mi juicio, los signos de restauración litúrgica, por ejemplo, en las ceremonias pontificias.
    Con Bergoglio en el solio de Pedro, olvidémonos de todo eso. No hay “reforma” ni “restauración” porque, a su juicio, no hay nada que reformar o que restaurar. Lo que hay que hacer es innovar; hacer de nuevo todo, continua y constantemente.
    La “charla” de Francisco a los obispos del Celam dibuja que la Iglesia que él quiere es una Iglesia con “experiencia de pueblo” (son sus palabras). Se trata de una Iglesia prisionera de una mera dinámica social. Recordé de pronto su primera homilía luego del cónclave: allí definió a la Iglesia como movimiento. Claro, a la luz de la charlita carioca, se trata de un movimiento prisionero de las estructuras sociales en el que no hay lugar para lo sobrenatural. No es, por cierto, el movimiento del Espíritu, de ese Viento Santo del que hablábamos hace poco, que se mueve y va y viene por donde quiere.


    Vi el video de la charla pontificia ayer, fiesta de la Transfiguración del Señor, una de las más importantes del calendario litúrgico. Y a la tarde, tal como tenía previsto, repasé el oficio de las vísperas y de los maitines de la fiesta según el rito bizantino. Se trata de una composición maravillosa, redactada a lo largo de los siglos por los grandes Padres y Santos de nuestra Iglesia, donde se combinan los textos bíblicos y la poesía más sublime para recordarnos que, en el Tabor, Nuestro Señor se mostró en la belleza de su Esencia Original a fin, no solamente de ayudarnos a atravesar el Gólgota de este mundo, sino también de recordarnos que ese es nuestro fin y es a esa gloria a la que nos llama (pueden bajar el texto del oficio desde aquí).
    Cuando terminé mi lectura, no pude evitar una desconcertante certeza: la Iglesia que compuso y que rezó y que reza aún hoy ese oficio y que, porque lex orandi, lex credendi, cree en eso que reza, no es la iglesia de la que nos habla Francisco. No puede ser la misma. Son cosas distintas, si es que el principio de no contradicción tiene alguna validez. Una nos llama y nos recuerda la inconmensurable gloria y alegría del cielo; la otra, nos involucra en una dinámica inmanente que aspira que los niños no tengan hambre, sin importar que su formación sea cristiana, judía o musulmana.

    La verdad, mete miedo.

    The Wanderer

  3. #23
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Mete miedo


    Doy mi palabra que estoy preparando un post sobre un tema que nada tiene que ver con el papa. Es sobre una cuestión que hemos tratado varias veces en el blog de refilón y que merece un poco de profundización: nobleza y cristianismo, y he elegido seguir la línea que propone Volkoff. Quedará para más adelante, aunque bueno sería apurarla porque se complementaría con el escrito que apareció ayer sobre “Francisco y los príncipes”, fruto de la pluma de Antonio Caponnetto, y que pueden bajar desde aquí.
    Pero la urgencia del momento exige, a mi pesar, ocuparse del Personaje. Varias veces se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de que Bergoglio no sea más que una obsesión nuestra debido, sobre todo, a que somos argentinos, lo conocemos bien y fuimos siempre acérrimos críticos suyos. En definitiva, que no fuera más que una comprensible reacción emocional porque en él se concentra todo lo que detestamos: el progresismo, el oportunismo, el plebeyismo, la mediocridad, etc.
    Sin embargo, frente a esta posibilidad, se oponen la objetividad de los hechos que aparecen, no ya semana tras semana, sino día tras día y, también, la misma sensación de gravedad que puede percibirse en católicos de otros continentes, y que tenían hacia el nuevo papa una actitud expectante o positiva. Muchos ejemplos podría dar sobre, pero menciono el blog Ex Orbis, que no pertenece a ningún grupo de tradicionalistas recalcitrantes, y a las palabras que pronunció hace pocos días el cardenal Dolan. Dijo: “Queríamos un Papa con buena capacidad de mando y de gestión, y hasta ahora lo que se ha visto es poco. Es un pequeño elemento sorpresivo que él no se haya expresado todavía en este terreno. Espero que luego de la pausa estival se vea algún signo más de cambio en la gestión”. Y en cuanto a la esperada sustitución del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, agrega Dolan: “Si no sucede nada en el mes de octubre estaré sorprendido. Yo pensaba que ello debía acontecer a fines de junio o en julio, pero no ha sido así, por eso pienso que probablemente se producirá en el otoño”. Pueden leer la entrevista entera aquí. El prelado americano está inquieto -muy inquieto diría yo-, para animarse a decirse tales palabras en Río de Janeiro, en medio de la apoteosis francisquista, y publicarlas en uno de los periódicos católicos más leídos de Estados Unidos.
    Antes de entrar en el tema del post, se imponen otros comentarios inquietantes: hace no más de dos semanas, Omar Bello, un publicista del arzobispado de Buenos Aires, periodista ocasional de Perfil, y de cercanía con Bergoglio, autor de la última entrevista que concedió antes de ser elegido en papa, publicó un libro titulado El verdadero Francisco. Intimidad, psicología, grandezas, secretos y dudas del Papa argentino. Por el filósofo que más lo conoce. Lo compré hace unos días y lo estoy leyendo de a poco. No quiero atragantarme y que se me nuble el juicio pero, lo que hasta ahora puede percibirse, es que el actual papa es un personaje de cuidado, con una psicología digna de ser analizada por un especialista. Un solo detalle que me ha llamado mucho la atención: del libro se colige que Bergoglio es incapaz de establecer vínculos afectivos con nadie: ni con su familia de sangre, ni con su familia religiosa, ni con quienes lo rodearon en la Curia. Simplemente, usa a las personas y luego las deshecha. Bello le pregunta a un sacerdote muy cercano al entonces cardenal primado qué grado de verdad había en las acusación que le hiciera Verbitsky de colaborar en la desaparición de dos sacerdotes jesuitas durante los ’70. La repuesta fue: “No creo que sea cierto. Pero no te engañes por los motivos… Bergoglio nunca hubiera arruinado su carrera con semejante error” (p. 75). La probable protección de sus hermanos de religión no venía por el lados de los afectos y, mucho menos de la caridad…
    Pero lo curioso es que el libro no tuvo casi difusión: apenas un recuadrito en las angostas columnas laterales del sitio web de Perfil y, a pesar de que apenas está editado, resulta imposible conseguirlo. Sus lugares de ventas -dado que fue editado por la revista “Noticias”- son los kioskos y no las librerías, pero por datos que tengo de amigos, tanto de Capital como del interior, el libro está desaparecido. Es muy raro que los medios de todo el mundo, a diferencia de la gran campaña publicitaria que hicieron a la biografía escrita por Rubín, callen como lápidas frente a la aparición de este nuevo texto. Para aquellos que quieran leerlo - y es de lectura imprescindible si quieren saber quién es realmente el papa Francisco-, pueden descargar una versión PDF desde aquí.
    Y para terminar esta larga introducción, debo decir me produjeron un cierto remezón las palabras con las que la Piketa finaliza su artículo de hoy en La Nación dedicado a criticar a los blogs ultraconservadores que atacan a Bergoglio. Concluye: “Imágenes que dieron vuelta al mundo y confirmaron que Francisco es un papa único, con una popularidad altísima, jamás vista y sin oposición seria, visible, en este momento”. Estas palabras, que a un neocon le resultan más deliciosas que un helado de Freddo, a un católico mínimamente instruido que leyó las Escrituras y reflexionó alguna vez en las profecías, le causa temor y desasosiego.
    Pero vayamos al punto. Lo que más inquietud me ha producido en los últimos días ha sido escuchar la “charla” -como él mismo la definió-, que ofreció Francisco a los obispos del Celam durante el carnaval carioca. Pueden verla desde aquí.
    Empecemos por los aspectos que, en estas circunstancias son secundarios pero que, en otra, no lo serían tanto. Es francamente apabullante la pobreza del discurso de este hombre. Utiliza un lenguaje ochentoso que me remonta a mis épocas de adolescente en las que tenía que escuchar a dirigentes de Acción Católica de cuarta categoría explicándome qué era la Iglesia. Un discurso plagado de lugares comunes de lo más mediocres y gastados, y sin el más mínimo cuidado por una oratoria al menos básica. Estoy convencido que un cura de barrio habla mejor que Bergoglio.
    Podría llegar a entender, aunque jamás a justificar, que utilizara ese lenguaje vulgarmente coloquial y mediocre en una homilía dirigida a jóvenes de las periferias existenciales. Y digo que jamás lo justificaría porque pienso en los grandes predicadores que tuvo la Iglesia y el modo en el cual ejercieron su oficio. San Agustín predicaba a africanos del pueblito de Hipona que no eran precisamente habitués de la biblioteca de Alejandría, y San Vicente Ferrer lo hacía a aragoneses que difícilmente sabían leer o escribir. Sin embargo, por respeto a ellos y por respeto al mensaje que transmitían, sus homilías eran piezas de oratoria.
    Nadie le pide a Francisco que sea el Crisóstomo, pero sí le pido un mínimo de respeto por su auditorio y por su investidura. Y cuanto más si, como es el caso, esta “charlita” no estuvo dirigida a los jóvenes acampantes en las playas de Río, sino a los obispos y cardenales de la Conferencia Episcopal Latinoamericana. ¿Cómo es posible que no tenga el más mínimo cuidado en el estilo? Y no se trata aquí, como dicen los medios, que el suyo es un estilo “llano y directo”. Se trata más bien de un estilo simplón, anodino y ñoño, aunque muy eficaz por cierto para convertirse en un atractivo animador de masas, aunque no ya en maestro.

    Pero todo esto, que de por sí es grave, no es sin embargo lo más grave. Como dije, lo inquietante no son estas periferias estilísticas, sino el contenido del discurso consistente en una hermenéutica del documento de Aparecida. El núcleo presenta los dos desafíos que a juicio de Francisco tiene la Iglesia en la actualidad. Ellos son la renovación interna y el diálogo con el mundo. Me suenan bastante estas expresiones… Desde el malhadado Vaticano II que se viene diciendo los mismo. ¿Es que a Bergoglio y a sus obispos paniaguados -que no dejaban de tomar apuntes con obsecuencia mientras hablaba el pontífice-, no les resulta suficiente ya toda la renovación que hubo a lo largo de cincuenta años? ¿Es que, acaso, están tan ciegos e ideologizados para no admitir la evidencia de los resultados a los que la tan manida reforma llevó a la iglesia católica? Y el diálogo con el mundo, ¿ancora? ¿Más diálogo todavía? ¿Es que pretenden que el mundo cambie su rumbo luego de dialogar con la Iglesia? ¿O será que el mundo apenas si necesita encarrilarse? Pareciera que los obispos, y el papa Francisco entre ellos, ven en los pretendidos avances del mundo contemporáneo las verdades cristianas laicizadas. El espíritu libre que organiza y domina la materia, la moral fraterna de los derechos humanos que se funda sobre la eminente dignidad del hombre, la aspiración a construir el mundo nuevo donde reine la justicia… todos estos ideales del mundo son -dicen-, en su origen, verdades cristianas. Si el mundo nos persigue, se debe solamente a un malentendido. Los cristianos podemos comulgar sin ningún escrúpulo con los ideales de la humanidad de nuestro tiempo aunque, en apariencia, sean peligrosas para la fe. Pero se trata sólo de apariencias. Y si no, vean ustedes los millones de jóvenes que se congregan en las Jornadas Mundiales de la Juventud. ¡Qué ocasión inmejorable para convertir a esa marea de ateísmo, y gritarles: “Lo que ustedes buscan es precisamente lo que nosotros les ofrecemos. Seguramente, dudarán de que sea así, pero eso se debe a que la infidelidad de los cristianos y a los negocios turbios de la Curia Vaticana, que les esconde la verdadera naturaleza del cristianismo. Pero miren un poco más de cerca, y se darán cuenta de que se trata de la realización de sus más ardientes deseos…”. Para edificar la ciudad fraternal -a lo que llama el lema de las próxima de JMJ de Cracovia-, para establecer el triunfo definitivo del hombre y de sus derechos, para llevar al hombre a su edad adulta en la verdad que finalmente ha sido descubierta, en la libertad finalmente conquistada, los cristianos sentimos el corazón gozoso porque tenemos el secreto infalible. Estamos seguros de que la humanidad, una vez que se encarrile por la buena senda, reconocerá tarde o temprano la señal indicadora que está buscando y que presiente.
    Claro el evangelio es la salvación del mundo, pero no se trata de un agradable licor que lo hace entrar en calor a través de una borrachera dulce y gozosa, mecida por las suaves brisas marinas de Copacabana. Se trata de un remedio terrible. Cuando el mundo lo gusta, dice como los hijos de los profetas a Elías: “La muerte está en la bebida”. Para el mundo, como para Dios, la encarnación es la cruz.
    El progreso del Evangelio en el mundo, tal como parece entenderlo el Nuevo Testamento, no es una seducción, ni una asunción progresiva ni tampoco una pacificación de toda realidad humana. El evangelio debe despertar en el mundo una hostilidad que estaba latente, y que será llevada a su paroxismo en los últimos tiempos. No se trata de negar que el evangelio deba fructificar en las almas, ni que su fruto se manifieste a través de toda clase de obras por las que los hombres glorifiquen al Padre. Pero será una obediencia necesariamente dolorosa la que hará nacer ese fruto y, finalmente, deberá sufrir la prueba del fuego.
    Esta inhabilidad del papa Francisco para juzgar la realidad lo lleva, además, a llenarse la boca hablado de “colegialidad” y reclamando la plena implementación de consejos diocesanos y parroquiales. No puede evitar que se me vengan a la memoria, por un lado las sabias palabras del cardenal Newman que sostenía la incapacidad de todas las comisiones para producir algo mínimamente valioso y, por otro, lo que dice Bouyer en sus memorias al reflexionar sobre su participación en el Vaticano II: “Luego de estas variadas experiencias, se comprenderá que no he conservado gran cosa de mis entusiasmos juveniles por la “conciliaridad” en general, y mucho menos todavía sobre esta conciliaridad de bolsillo que hoy se llama abusivamente “colegialidad”, en la que algunos malvados, utilizando triquiñuelas, hacen creer a los “grandes personajes” que integran esos órganos colegiados, que están tomando decisiones que, en realidad, otros han tomado en lugar suyo”.
    Pero lo que más preocupa es que, cuando el papa Francisco habla de los problemas que acechan a la Iglesia hace referencia a los pelagianos restauracionistas, que vendríamos a ser nosotros. Sostiene que afirmamos que algo anda muy mal en la Iglesia y que como solución aspiramos a restaurarla en lo que fue en el pasado. Disculpen mi ingenuidad, pero siempre creí que los últimos papas tenían el mismo diagnóstico: la Iglesia se encuentra en serios problemas, aunque diferimos en las soluciones que debe aplicarse. Pensé incluso que el mismo Francisco pensaba igual. Y lo terrible es que no es así: para él la Iglesia, tal como está, está bien, porque esa Iglesia del pasado es solamente memoria en la que Dios estuvo pero ya no está. Dios se manifiesta ahora en la Iglesia actual. Dicho de otra manera, no hay reforma alguna que hacer porque nada está deformado. Sólo habrá que modificar aquellas estructuras caducas -son palabras suyas- y, a lo sumo, hay que encarar una “renovación” interna, es decir, innovar todavía más.

    Francamente, es aterrador. Con el papa Benedicto todos esperábamos, basados en datos concretos y claros, que poco a poco la Iglesia se iría encaminando hacia una restauración. Se tardaría décadas, pero era posible. La teatralización de esa voluntad política era, a mi juicio, los signos de restauración litúrgica, por ejemplo, en las ceremonias pontificias.
    Con Bergoglio en el solio de Pedro, olvidémonos de todo eso. No hay “reforma” ni “restauración” porque, a su juicio, no hay nada que reformar o que restaurar. Lo que hay que hacer es innovar; hacer de nuevo todo, continua y constantemente.
    La “charla” de Francisco a los obispos del Celam dibuja que la Iglesia que él quiere es una Iglesia con “experiencia de pueblo” (son sus palabras). Se trata de una Iglesia prisionera de una mera dinámica social. Recordé de pronto su primera homilía luego del cónclave: allí definió a la Iglesia como movimiento. Claro, a la luz de la charlita carioca, se trata de un movimiento prisionero de las estructuras sociales en el que no hay lugar para lo sobrenatural. No es, por cierto, el movimiento del Espíritu, de ese Viento Santo del que hablábamos hace poco, que se mueve y va y viene por donde quiere.


    Vi el video de la charla pontificia ayer, fiesta de la Transfiguración del Señor, una de las más importantes del calendario litúrgico. Y a la tarde, tal como tenía previsto, repasé el oficio de las vísperas y de los maitines de la fiesta según el rito bizantino. Se trata de una composición maravillosa, redactada a lo largo de los siglos por los grandes Padres y Santos de nuestra Iglesia, donde se combinan los textos bíblicos y la poesía más sublime para recordarnos que, en el Tabor, Nuestro Señor se mostró en la belleza de su Esencia Original a fin, no solamente de ayudarnos a atravesar el Gólgota de este mundo, sino también de recordarnos que ese es nuestro fin y es a esa gloria a la que nos llama (pueden bajar el texto del oficio desde aquí).
    Cuando terminé mi lectura, no pude evitar una desconcertante certeza: la Iglesia que compuso y que rezó y que reza aún hoy ese oficio y que, porque lex orandi, lex credendi, cree en eso que reza, no es la iglesia de la que nos habla Francisco. No puede ser la misma. Son cosas distintas, si es que el principio de no contradicción tiene alguna validez. Una nos llama y nos recuerda la inconmensurable gloria y alegría del cielo; la otra, nos involucra en una dinámica inmanente que aspira que los niños no tengan hambre, sin importar que su formación sea cristiana, judía o musulmana.

    La verdad, mete miedo.

    The Wanderer
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  4. #24
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Carta al papa Francisco

    Nosotros necesitamos de un Papa dispuesto al martirio para salvar a los cristianos perseguidos en el mundo, y no entregado a la búsqueda de la popularidad incluso entre los forofos del fútbol.
    Silvana De Mari

    Muy querido Papa Francisco:
    Me dirijo a Usted de una manera tan familiar porque a estas alturas estoy convencida de que Usted ama ser una persona común, sin oropeles, sin alhajas y sin capa de armiño, una persona común, como muchas tantas.
    Una persona común que como muchas tantas ve el fútbol.
    Una persona común que como muchas tantas charla amenamente en el avión.
    Una persona común como muchas tantas.
    Nosotros necesitamos de un Papa.
    Discúlpeme querido Papa Francisco, no me sale ni de llamarle Santidad, creo que Usted es una persona deliciosa, el vecino ideal, pero nosotros precisamos de un Papa.
    Están matando a cristianos como a perros, Santidad, entre un partido de fútbol y otro, entre un beso a un niño discapacitado y otro, ¿podría hacer algo más a juego con su rol? Solamente en las últimas horas han quemado 10 iglesias en Egipto. ¿Usted podría hacer algo? ¿Podría ponerse sus oropeles, sus alhajas y su capa de armiño, que no son basura, Santidad, sino símbolos de 2000 años de historia, y con esa ropa encima ir a Egipto en vez de ver el fútbol? No existe sólo Balotelli que desea tanto hablar con Usted, están también los párrocos de las iglesias católicas de Nigeria que tendrían algo que contarle, los que han sobrevivido quiero decir, pues los que han fallecido ya no tienen nada que decirle.

    En un momento en el que la cristiandad está bajo ataque como nunca antes, nosotros, Santidad, tendríamos necesidad de un Papa. Precisamos de alguien que, como primer problema, nombre en la homilía de Pascua a los cristianos masacrados en Nigeria y a los cristianos masacrados en Pakistán, porque esos muertos, Santidad, eran hombres y porque en su asesinato se han matado también la libertad y la dignidad del hombre. Santidad, no quisiera enseñarle el oficio, entiendo que Usted es un profesional en lo que concierne al cristianismo y yo soy un implume aficionado, pero a veces ocurre que los aficionados juzgan con más lucidez. Por ejemplo, el arca de Noé fue construida y pilotada por un aficionado, mientras que el Titanic fue construido y pilotado por profesionales. No quisiera ser gafe haciendo esta comparación, pero me da la impresión de que la cristiandad sea como el Titanic. El iceberg se llama islam. Usted dice que es muy bueno y espiritual, y si lo dice Usted que es un especialista, será así, pero, insisto, era un especialista, y uno de los mejores, también el capitán del Titanic. Sin embargo, San Pedro era un aficionado, pescador durante la mitad de su vida, con ningún estudio teológico, un patito feo si se le compara con Usted. A los romanos, San Pedro dijo que, como seres humanos, eran hermanos, hijos del mismo Dios, pero que su religión era falsa. Su cometido era convertirles o morir en el intento de convertirles a la única fe verdadera, y no encontrar cualidades en una fe falsa, porque así quienes nacen dentro de esa nunca la abandonarán. Murió en el intento, pero finalmente los convirtió. ¿No debería ser ese su rol? Convertir al cristianismo. O morir en el intento.
    En Lampedusa, Usted hubiera debido pronunciar una sola frase:

    Os traigo el amor de Dios.
    En todo el Corán la palabra amor no aparece ni una vez. Habría bastado.
    En Lampedusa, Usted se ha agachado ante la “espiritualidad” del Ramadán, Usted se ha agachado ante el islam, y Usted representa a Cristo. Quien representa a Cristo no se agacha frente a nadie.

    Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
    Yo soy el camino, la Verdad y la Vida, pero no importa que os ajetreéis tanto en la evangelización, o mejor dicho, para hacer prosélitos, porque, en fin, todas las religiones son iguales. Santidad, en mi Evangelio no está escrito eso. O Usted tiene un Evangelio distinto o hay un exceso de profesionalidad que la está aplastando.
    A los romanos, San Pedro dijo ciertamente que eran hermanos, pero que su religión era falsa. Se hizo matar con tal de no dejar de decirlo.
    Santidad, la gente está muriendo. La gente muere asesinada. La gente muere asesinada de manera atroz. Usted se va a ver el fútbol.
    Necesitamos de un Papa. Alguien que sea el heredero de Jesucristo y de San Pedro, alguien que esté dispuesto a hacerse odiar. Porque aquí está el quid de la cuestión. Jesucristo fue matado por gente que le odiaba. Quien lucha por una causa, será odiado. Fueron odiados también Martin Luther King y Gandhi, tan odiados que los mataron. Ciertamente eran profetas desarmados y no líderes tolerantes. Quien tolera todo y lo contrario de todo, con la sonrisa risueña en la cara, es un connivente. No podemos ser amados por todos, si luchamos por algo. Si mal no recuerdo, está escrito también en los Evangelios: No tengáis miedos de los que os odian. Su predecesor ha sido odiado mucho. Incluso fue condenado a muerte, con una fatwa, tras el discurso de Ratisbona. Osama Ben Laden decretó su muerte.
    Usted es amado por todos, Santidad. ¿Está seguro de que sea una virtud? Creo que ha llegado el momento de hacerse detestar. Póngase todos sus oropeles, no son basura sino símbolos de 2000 años de historia, con todo el peso de estos 2000 años, y se vaya a El Cairo, y en El Cairo luche por los cristianos coptos, y llore sobre sus iglesias quemadas y luego se vaya a Siria y también en Pakistán. Luego, si le queda tiempo, puede incluso ir al partido, pero no creo que le quede tiempo. Éste es el momento más oscuro de la cristiandad desde el comienzo de los tiempos. Nosotros necesitamos de un Papa.


    Traducción remitida a Tradición Digital.


    Nota de TD
    : Artículo muy bueno aunque pensamos que hubiera sido mejor sin las referencias a Luther King, Gandhi y Ben Laden.

    Carta al papa Francisco | Tradición Digital
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  5. #25
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Un futbolista en la Silla de Pedro

    Fray Gerundio

    Dentro de la vulgaridad que se ha instalado en el Vaticano desde hace unos meses (pongamos, más o menos, desde marzo), todos los días puede ocurrir algo original que supere la vulgaridad anterior o algo cada vez más vulgar que pretende pasar por original. Y es que una vez que se abre la compuerta de la chabacanería, de la camaradería, acortando distancias principescas, gastando bromitas vulgarotas (por aquello de que hay que estar con el pueblo y ser sencillo, pobre y colega), los hechos se van de las manos y ocurre aquello que decía el refrán de que hay personas a quienes “les das la mano y se toman el codo”.

    En este ambiente se han sentido los futbolistas de las selecciones de Argentina e Italia cuando han sido recibidos por el Santo Padre, antes del trascendental partido amistoso para homenajear al actual Sucesor de Pedro, seguidor ferviente de no sé qué equipo de la Argentina profunda. Tan felices estaban, que el jugador de la fotografía (me niego a aprender su nombre), se ha sentado en el Trono Pontificio como el que se hace una foto en un parque de atracciones.

    Claro que esto no era un parque de atracciones, sino el Trono de Pedro. Primero se le bajó del pedestal (había que estar a la altura de las visitas), y luego sirve de cachondeo generalizado. Habrá quien piense que no es para tanto y que es exagerado lo que aquí escribo, pero a mí me enseñaron siempre en el Noviciado que quien tiene la Autoridad no puede malgastarla, desprestigiarla y depreciarla como si fuera de su propiedad.
    Claro que esto no habría saltado a la prensa con esa alegría y euforia tan típica de los seguidores del Papa (cada vez hay más), si los discursos hubieran tocado (aunque fuera de pasada) los grandes temas morales que el mundo del fútbol encubre: corrupción generalizada e inmoralidad en los sueldos y en los contratos. Aquí parece que nadie se plantea por qué no se le da a los pobres algo de este inmenso capital, en vez de solicitar la utilización de cáliz tipo Lampedusa –modelo cutre solemne, por si alguien lo quiere encargar para su parroquia–, para demostrar que se está con los pobres y que Nos preocupan los pobres.
    Y no digamos lo bonito y útil que hubiera sido alertar sobre la vida disipada de gran número de futbolistas, que dan escándalos en su vida privada (sí, es privada), pero tan alejada de un comportamiento moral cristiano. Ocasión excelente para hablar de la moralidad en el deporte.
    Se entiende bien el significado metafórico de la foto de arriba: el fulano se siente el Rey del fútbol, cruzando sus piernas en el Trono del Vicario de Cristo.
    Si hubiera algún santo patrón del fútbol, ahora mismo comenzaba una Novena en su honor, solicitando su intercesión.

    Un futbolista en la Silla de Pedro | Tradición Digital
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  6. #26
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Francisco y los Príncipes

    Antonio Caponnetto

    Según el Papa Francisco, “los obispos deben ser hombres que no tengan psicología de príncipes”. Y ello -de acuerdo a lo que ha resaltado- para que sean “capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido”.

    Así lo hizo saber en el Discurso que dirigió al Comité de Coordinación del CELAM, el pasado 27 de julio, en el marco de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Antes, según noticias que tomaron estado público el 24 de junio, había dejado de asistir al Gran Concierto de Música Clásica por el Año de la Fe, aduciendo que él no es un príncipe renacentista.
    Es extraño, por decir lo menos, esta recurrente manera de expresarse en el titular de la silla petrina. La etimología de la palabra príncipe está cargada de dignidad; otrosí su semántica, que alude a los principios inmutables y a cuanto es principal o capital en la vida, en contraposición con todo aquello que resulta subalterno, fluctuante o huidizo. El príncipe connota soberanía y herencia, sucesión, primogenitura y alteza. Nada de lo que tenga que renunciar o avergonzarse un obispo, ni mucho menos un pontífice, pues sabiamente ejercido tal principado, ni entra en colisión con la humildad ni mucho menos con el servicio al prójimo.
    Y aquí ya no es el idioma quien contradice el yerro bergogliano, sino la vera historia preñada de Príncipes de la Iglesia y de Príncipes Católicos, que han alcanzado los altares y la santidad, precisamente por el modo de ejecutar su principalía. Suponer antagonismo entre la condición regia y el amor a los pobres, puede ser el justo y eventual diagnóstico de una monarquía ruinosa, donde señorea precisamente el príncipe de este mundo, pero no puede ser nunca el punto de partida de una convicción católica. Porque como escribía Juan de Mariana sintetizando una doctrina sempiterna:“los príncipes están puestos por Dios para que tengan sus veces en la tierra y como vicarios suyos le semejen en todo”.
    Hasta el día de hoy, la misma sensibilidad popular –esa actitud de las ovejas que con razón tanto preocupan al Papa- suele reservar el sustantivo príncipe, y los adjetivos que de él se derivan, para designar cosas admirables o amables: la distinción, la jefatura, la enjundia, lo granado y delantero.
    No; las ovejas no siguen al pastor porque huelan en él su mismo olor borreguil y carnero, sino porque siendo preeminente al rebaño, conoce a cada una por su nombre y está dispuesto a donar su sangre en la custodia. No es el pastor el que deba aborregarse, sino las ovejas quienes puedan quedar suspensas de la palabra señera y de la guía sacrificial del pastor. “De pacer olvidadas, escuchando”, diría Garcilaso. Máxime cuando el Pastor aquí mentado e imitado, a la hora de hacerse Cordero, seguirá “en el medio del trono”, como anticipa el Apocalipsis (7,17), y conservará su cetro.
    Las páginas bellísimas del texto joánico, que nos la muestran a María, la hermana de Lázaro, derramando sobre Jesús un frasco completo de purísimo y costoso nardo (Jn 12,1-11), narran con arrobamiento que aquel aroma especial inundó la casa y cada uno de sus sitios. El Pastor por antonomasia traía y merecía el ungüento más noble y más costoso. Ese mismo y divino bálsamo con el que transformó un pesebre maloliente en el primer sagrario, y una cruz fétida en el madero más fragante de los siglos. Misterios y milagros que saben protagonizar los Príncipes.
    En el Segundo Libro de Samuel (7,8), quedan bien claros las conceptos: “Ahora ,pues, así dirás a mi siervo David: ‘Así dice el Señor de los Ejércitos: Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre mi pueblo Israel’”. Y en el libro anterior (1 Samuel, 10, 1), el panorama es aún más transparente, si cabe: ”Tomó entonces Samuel la redoma de aceite, la derramó sobre la cabeza de Saúl, lo besó y le dijo: ¿No te ha ungido el Señor por príncipe sobre su heredad?. Lo mismo puede leerse en el Libro de las Crónicas o en las páginas de los profetas como Ezequiel. Es que ni la Escritura Sacra, ni los Santos Padres, ni la Tradición viva del Magisterio, rechazaron jamás la palabra príncipe para referirse a los pastores y al Pastor Universal.
    Un salmo tan célebre cuanto hermoso: el cincuenta, en su versículo catorce, parece cifrar en clave poética –que es el modo más alto de acertar con la proferición de las verdades- cuál es el significado de este principado que se le pide a los consagrados a Dios: “Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me”. Traduce Straubinger: “Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe”.
    El Papa Urbano VIII mandó musicalizar este salmo, para ser cantado en la Capilla Sixtina durante los maitines del miércoles y el viernes de la Semana Santa. Y fue el Papa del Breve Comisum Vobis, de 1639, por el que aplicaba la pena de excomunión automática al católico que practicase cualquier forma de esclavitud contra el prójimo desvalido; y a la vez el Papa que alentó el stile antico o prima prattica, polifonía propia del Renacimiento.
    Pedir que los obispos no se comporten como príncipes; y prohijar incluso las conductas contrarias, como las que se vieron para escarnio de la genuina feligresía católica en las playas de Copacabana, no es prueba de sencillez sino de confusión; ni de modestia sino de plebeyismo; ni de servicialidad sino de demagogia populista.
    Pedir o permitir que los obispos abandonen la virtud de la gravitas que su investidura reclama, para contonearse al compás de una coreografía tribal, no es estar más cerca de las ovejas sino del ridículo. Para combatir al jansenismo se necesitan fiestas cristianas, no carnavales cariocas. Porque sólo hay fiesta allí donde el amor se alegra, según lo dice el Crisóstomo. Su caricatura revulsiva,en cambio, tiene lugar cuando “por una noche se olvidó que cada uno es cada cual”, según rimaba Antonio Machado.
    Tanto hablar de periferia, y de la necesidad de acudir a ella para socorrerla, ha provocado hoy esta doliente paradoja: que en la periferia han quedado la Verdad, el Bien y la Belleza. En los aledaños, el esplendor de la liturgia; en los suburbios la diáfana luz de la ortodoxia; en los perímetros marginales, el sabio coraje del testimonio oportuno e inoportuno. Y desde el Papa Francisco para abajo no parece haber almas ni brazos dispuestos a socorrer a esas indigencias que, alguna vez, fueron el verdadero tesoro de la Iglesia. Las pocas almas y voces bravías que a tales alrededores se allegan, caminando contracorriente, y haciendo centinela, son castigadas de consuno por exponentes de una papolatría tan obtusa cuanto insustentable.
    Como tales obtusos nos rondan al acecho, se nos permitirá una escueta aclaración final. No para ellos, que no la merecen, sino para los sufrientes amigos, junto a los cuales, tantas defecciones romanas nos resultan otras tantas mordeduras del espíritu.
    Téngase por tal aclaración que no cruzamos espadas en pro de los Príncipes de la Iglesia, si por tal principado se entienden oropeles, orfebrerías, enjoyamientos, o las suntuosidades diversas del Cinquecento. Tenemos bien presente aquel relato del Maestro Eckhart. El del Niño desnudo que llega a la puerta de un Monasterio. Interrogado por el Superior se identifica: “Soy un Rey. Mi reino está en mi corazón. Procedo de Dios, a Dios quiero llegar”. “Si es así pasa”, le dice el Superior. “Elige el vestido que quieras y entra”. “Entonces, ya no sería un Rey”, responde el Niño. Ninguna pompa innecesaria o vacua está en el blanco de nuestra defensa; aunque tampoco nos conforme la abolición o el arrasamiento de las símbólicas majestades externas.
    Pero si ya no hemos de tener Príncipes de la Iglesia, si ya el Sumo Pontífice no quiere ser tal sino apenas el Obispo de Roma, en paridad con el resto de los prelados, es la naturaleza misma del Orden Sagrado la que sufre mengua, no el volumen de la tiara o las puntillas del alba. Porque si en la naturaleza del sacerdocio está la obligación del religioso de hacerse pastor y pasto a la vez; también, o por lo mismo, está su condición de elegido y de consagrado; de llamado y segregado del mundo, de tomado por Dios, como dice la Carta a los Hebreos. De príncipe, a emulación de Aquel que anunció Isaías (9,6),como Príncipe de la Paz. A emulación y escoltamiento de los mismos coros angélicos, entre los cuales, a despecho de tanta semiótica democrática, hay tronos, potestades, dominaciones y principados.
    Por los Príncipes de la Iglesia: te pedimos Señor. Por el Papa Francisco: te pedimos Señora de los Príncipes de la Iglesia.

    Francisco y los Príncipes | Tradición Digital

  7. #27
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Hay gente a la cual los descalabros propiciados por el Concilio Vaticano II no les parece suficientes, y proponen que se haga un Concilio Vaticano III. Y parece que piensan que el pontificado de Francisco es el momento perfecto para llevar a cabo la idea.

    ¿'GLOBO DE ENSAYO'?


    Resucitan en el pontificado de Bergoglio un Concilio Vaticano III

    El tema no es nuevo pero sorprende su regreso a la agenda vaticana: la probabilidad de un nuevo Concilio de la Iglesia Católica Apostólica Romana.


    20/08/2013| 11:59
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    Leonardo Boff, el ex franciscano y exponente más visible desde el punto de vista mediático de lo que queda de la Teología de la Liberación, fue el más reciente, cronológicamente hablando, que pidió un Concilio Vaticano III, al cumplirse 50 años años de la muerte de Juan XXIII: "Las categorías del Vaticano II ya no son suficientes para dar cuenta de la nueva realidad".



    CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Cada 11/10 se recuerda la apertura del Concilio Vaticano II, que ocurrió en 1962: ¿Será un concilio lo que necesita la Iglesia Católica Apostólica Romana, para dar un vuelco a la coyuntura o ya se encuentra suficientemente incolurada en la problemática de la sociedad actual?

    El Concilio Vaticano II reconcilió a la Iglesia Católica con la modernidad, aún cuando el cambio social ocurrido en forma simultánea al mayo del '68, hizo casi obsoleto al Concilio.

    Muchos católicos anhelan un cambio, una reformulación de su liturgia, costumbres y eclesiología. ¿Será el papa Francisco proclive a esto?

    Leonardo Boff, el ex franciscano y exponente más visible desde el punto de vista mediático de lo que queda de la Teología de la Liberación, fue el más reciente, cronológicamente hablando, que pidió un Concilio Vaticano III, al cumplirse 50 años años de la muerte de Juan XXIII: "Las categorías del Vaticano II ya no son suficientes para dar cuenta de la nueva realidad".

    Según Boff, debería tratarse de un Concilio de todo el mundo cristiano, y debería "identificar el tipo de colaboración que podemos ofrecer en la línea de una nueva consciencia del respeto, de la veneración, del cuidado de todos los exosistemas".

    Sugestivamente, el reclamo de Boff -que no es original de él sino que lleva 36 años y comenzó en la revista católica estadounidense Concilium- lo reproduce el vaticanólogo Andrea Tornielli, en la web Vatican Insider (del diario La Stampa, propiedad del Grupo Fiat), quien recordó aquella agenda original: la renuncia del Papa a los 75 años, un Sínodo de los obispos ya no consultivo sino deliberativo, la abolición del celibato para los sacerdotes, la equiparación de la mujer en la vida de la Iglesia, incluido el sacerdocio femenino.

    A principios de los posmodernos años '90, volvió a la carga, incluida la agenda, desde la revista también estadounidense Catholic World Report, el historiador inglés Paul Johnson.

    Y desde Italia el filósofo y político Rocco Buttiglione, amigo de Juan Pablo II (teórico del movimiento católico Comunión y Liberación), quien en una entrevista había aludido a la preparación de "materiales para un nuevo gran concilio".

    Adhirió el obispo austríaco ultraconservador Kurt Krenn.

    El Vaticano III propiciado por los wojtylianos más ortodoxos era disciplinar a los 'progresistas'.

    El cardenal Joseph Ratzinger, por entonces guardián de la Doctrina de la Fe, indicó que la idea era "completamente prematura porque el concilio siempre es un gran empeño, que bloquea durante determinado periodo la vida normal de la Iglesia”.

    En 1999 volvió a la carga el cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán, quien solicitó "un instrumento colegial más universal y autorizado" , una asamblea para afrontar "con libertad" problemas tales como la falta de sacerdotes, la posición de la mujer en la Iglesia Católica, los ministerios, la sexualidad, la disciplina del matrimonio, la práctica penitencial, las relaciones ecuménicas.

    Juan Pablo II no estuvo de acuerdo.

    Del Vaticano III quedó pendiente el “Apostolicam actuositatem”, sobre el papel de los laicos, a causa del clericalismo que recuperó vigor con Juan Pablo II, aunque no resolvió los graves problemas que padece el catolicismo, tal como lo ha comprendido el papa Bergoglio, que considera a ese clericalismo un grave impedimento para 'encender la fe'.

    ¿Por qué aparece en la agenda de temas que se deslizan por el Vaticano un Concilio III?

    Resucitan en el pontificado de Bergoglio un Concilio Vaticano III | Urgente24

    P.D. Esta noticia la he encontrado también en otras fuentes.


  8. #28
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Triunfalismo

    El sermoncete de la Misa de Stª Marta podría decirse que es el equívoco cotidiano. No es que no se pueda interpretar rectamente, es que se puede entender incorrectamente. Y de ahí su, diríamos, equivocidad, algo tan peligroso cuando el autor-predicador es el Papa (aunque sea manifiesta la reluctancia de PP Franciscus a titularse Papa; ni siquiera se firma-rubrica con el tradicional PP acompañando al Franciscus).

    Ayer dijo algo que - como quasi siempre - parece no meditado, fruto de la improvisación al comentar el Evangelio de la Misa. Volvió (eso parecía) a censurar ciertas actitudes y comportamientos intra-eclesiales, sin decir nombres, sólo dejando medias palabras. Si señalar sin probar es problemático, insinuar sin precisar es confundente, y también injusto.

    Dijo cosas como estas:

    "...Cuando vemos a estos cristianos, con tantas actitudes triunfalistas, en sus vidas, en sus discursos y en su pastoral, en la liturgia y tantas otras cosas, es porque en lo más profundo no creen en el Resucitado..."
    (aquí transcripción del sermoncete complero, según Zenith)

    Uno no sabe bien - ¡como no se explica! - qué querrá decir con eso. No sé qué entiende por triunfalismo. No sé qué entiende por triunfalismo en la liturgia. No sé. Pero dado que se complace en ese minimalismo malentendido como 'sencillez' con todos sus etcéteras, parece que se capta la intención muy crítica, híper-cesurante de esas palabras. Unas palabras en extremo hirientes pues descalifican la fe y dudan de la sinceridad de aquellos en los que detecta una 'actitud triunfalista'.

    Por ejemplo, las palabras del sermoncete infligen una herida afrentosa a estos enormes 'triunfalistas':



    Según lo predicado ayer, estos hermanos venerables que celebran con tanto esplendor a Cristo, no creen - dice Francisco - en Cristo Resucitado. Su 'triunfalismo' es sólo disimulo, porque, en verdad, la relumbarnte solemnidad enmascara su falta de fe. Ni más, ni menos.

    Esas palabras del sermoncete, además, parecen confirmar una preocupante tendencia a subsumir el esplendor de la fe, a negar o reducir la gloria de la gracia y la radiante manifestación del Misterio.

    Que se eclipse el Sol. Que se nuble la luna. Que se apaguen las estrellas y luceros. Que se extingan los cometas y no chispeen las estrella fugaces en la noche.

    Que todo sea penumbra, sombra.

    Como canta el tango: 'Y todo a media luz / crepúsculo interior'

    Por lo menos, esa es la impresión.

    ¡Cuánta gloria para nuestra Santa Madre Iglesia! (...Triunfante ???)


    +T.

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  9. #29
    Avatar de Montealegre
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    SOCIEDAD

    El Papa recibe a Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la teología de la liberación

    JUAN VICENTE BOO / CORRESPONSAL EN EL VATICANO

    Día 13/09/2013 - 01.22h



    Coautor de un libro con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se encuentra en Italia presentando la edición en italiano

    EFE


    Gustavo Gutiérrez, teólogo de la liberación, ha visitado al Papa Francisco


    Tal y como se esperaba desde hace unos días, el Papa Francisco ha recibido en audiencia privada al dominico peruano Gustavo Gutiérrez,uno de los padres de la teología de la liberación, quien se encuentra desde hace algunos días en Italia presentando la edición italiano de un libro escrito a medias con el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
    Gustavo Gutiérrez, de 85 años, ha evitado caer en los errores de otras corrientes y autores dentro de la teología de la liberación a las que tuvieron que hacer frente durante décadas Juan Pablo II y su principal colaborador, el cardenal Joseph Ratzinger. Los aspectos más graves eran el uso del análisis marxista y la justificación de la violencia. A diferencia de otros autores, como el ex - franciscano brasileño Leonardo Boff, Gutiérrez no ha sufrido censuras del Vaticano.
    El Vaticano se limitó a confirmar la audiencia privada, la primera al teólogo peruano, amigo desde hace mucho tiempo de un joven teólogo alemán que acudía a sus seminarios y que hacía trabajo pastoral con los pobres en Perú: el bávaro Gerhard Ludwig Müller, arzobispo de Múnich hasta su nombramiento como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por Benedicto XVI.
    Müller, coautor junto con Gutiérrez del libro «De la parte de los pobres, teología de la liberación, teología de la Iglesia», ha explicado en muchas ocasiones que ni Juan Pablo II ni el cardenal Ratzinger condenaron «en bloque» la teología de la liberación sino sólo sus aspectos erróneos, dejando claro que contiene muchos elementos positivos como la opción preferencial por los pobres, que ahora es un rasgo del pontificado del Papa Francisco.
    El pensamiento teológico de Jorge Bergoglio a lo largo de las últimas dos décadas comparte elementos de la «teología del pueblo» y otros de la «teología de la pobreza», dos corrientes de las muchas que se dan en la teología de la liberación.
    Guía de la evangelización

    Ambas están muy presentes en el documento final de la conferencia de los obispos latinoamericanos en Aparecida en el 2007, aprobado por Benedicto XVI, y que constituye la guía de la evangelización en el continente donde viven más de la mitad de los católicos del planeta.
    Con el desplome de la Unión Soviética y la implosión intelectual del comunismo, el análisis marxista y la apología de la violenciafueron perdiendo peso no sólo en la teología de la liberación sino en la política de América Latina en general.
    El fenómeno de los curas revolucionarios que predicaban la lucha armada y a veces participaban en ella como guerrilleros se fue desvaneciendo a medida que los interesados morían o envejecían.
    La pasada semana, «L’Osservatore Romano» dedicó amplio espacio a comentar el libro de Gutiérrez y Müller, con varios análisis sobre loselementos positivos de la teología de la liberación. No se trataba de un cambio en la posición del Vaticano sino la constatación de que las «enfermedades de adolescencia» de esa corriente teológica se han vuelto marginales y han pasado en buena parte a la historia.

    El Papa recibe a Gustavo Gutirrez, uno de los padres de la teologa de la liberacin - ABC.es




  10. #30
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Papeles papales


    No asumo las nuevas formas del PP Franciscus (que se firma sin PP, él sabrá por qué, que yo no lo sé, ni me lo explico). Quiero decir que no encajo lo sermoncillos de la Misa de Stª Marta, porque no sé lo que valen (y me dan la impresión de que valen poco; tan poco como el minimalismo litúrgico-ceremonial con el que se con-celebran esas Misas domésticas cum pópulo). No sé por qué publican resúmenes (o extensiones) del sermoncillo improvisado, no sé qué se pretende con ese magisterio infra-ordinario que es ínfimo magisterio, aunque ahí va quedando, coleccionándose para el futuro archivo francisquista, que será - témome - tan abultado, por lo menos, como el mega-archivo del magno JP2º.

    Resulta paradójico que en la época menos doctrinal y magisterial de la Historia de la Iglesia, en el ejido post-conciliar, mientras más se devalúa el Papado, más publican, escriben y hablan los Papas. Curioso fenómeno.

    Pero, aun así, había todavía textos y documentos papales de la intimidad papal que no habían salido del archivador pontificio, cartas personales, apuntes, notas, ológrafos de despacho y cámara, papeles papales sin más, sin otro valor (que ya es mucho) que el de ser del Papa. Ahora, con PP Franciscus, surge un formato nuevo de escrito/documento papal, personal porque es una carta privada, pero pública, porque contesta a una carta periodística y se destina a un periódico, para su publicación.

    Repito lo que dije al comenzar, que no asumo ese formato francisquista, para mí sin valor porque la carta no es para mí, sino para su destinatario. Tampoco asumo el equívoco que conlleva, pues puede parecer (y a algunos se lo está pareciendo) palabra del Papa cuando es, solamente, carta de Francisco (sin PP en la firma). De todas formas, el equívoco está servido, la carta publicada, leída y comentada. ¿Es o no es magisterio? Porque aunque sea de la especie más ordinaria, magisterio ordinarísimo, algo es porque no es una carta de cajón de despacho, sino una carta a la que se le ha dado extraordinaria publicidad.

    ¿Habrá que decir/citar/leer, por ejemplo, 'De la epístola del PP Franciscus al quotidiano La Reppublica', o algo por el estilo?

    Del boloñés Benedicto XIV, que presumía de ilustrado, es famoso su carteo con Voltaire, Federico de Prusia y Catalina la Grande. A ninguno convirtió con sus cartas, pero con todos tres se divirtió, haciendo gala de pluma suelta y tolerante genio. Cosas papales, de aquellos años de rococó en decoración y decadencia vertiginosa de la sociedad, el estado y la Iglesia. Con la guillotina y las revoluciones detrás de la puerta, la epístolas de salón del Papa Lambertini fueron bizcochitos para mojar en chocolate, en tacita de Sèvres y mancerina de plata.

    Yo me pregunto qué son, qué significan estas neo-formas de Francisco (sin PP).

    Me inquieto con todo ello porque, aunque los entusiastas sigan aplaudiendo, no me parecen signos de esplendor, ni de fortaleza, sino que intuyo el aviso de la decadencia presente y más descomposición adveniente.


    +T.

    EX ORBE

  11. #31
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    LO CORTÉS QUE QUITA LO VALIENTE

    El dialoguismo ebrio al que la Iglesia parece haberse encomendado sin reservas necesitaba aún encontrar su más indecorosa expresión, tanto como la más amplia radiación imaginable: cometido que suponía conquistar el Trono para tronar, desde allí, los aperturismos más increíbles. Hacía falta un papa querendón y zalamero, uno que, a la zaga de la Nostra Aetate y la Dignitatis Humanae, se resolviera a promover una teología de nuevo cuño que, por la exaltación frenética del diálogo, llegara incluso a bendecir a aquel al que Eva se prestó con la serpiente.

    Ya se sabe que para los «inquisidores de signo inverso» la certeza es arrogancia, y la doctrina católica debe imitar la técnica otrora practicada por el impresionismo pictórico: contornos difusos, líneas vagas. S. S. Francisculus -lo llamaremos así en honor a la nimiedad de su enseñanza y a la familiaridad que quiere inspirar a todos, reclamando a los muchachotes que lo traten del tú, como a un igual- vino a ser el ungido por ese destino devorador de toda majestad, que ahora se ceba a grandes bocados con aquella institución que constituía la única garantía cierta de una victoria sobre las fuerzas disolventes del acaso, el único refugio indemne a los agravios de la naturaleza y la necesidad, la plaza fuerte ante los asaltos del tiempo y el espacio.

    Un luengo artículo aparte merecería la judeofilia de Bergoglio. En el último que aquí publicamos, hicimos mención de la carta pública que S. S. Francisculus remitió a Eugenio Scalfari, director del diario italiano La Repubblica, en el que -junto a los miramientos dispensados a los más empedernidos ateos, representados por el propio Scalfari- no faltan las sólitas lambidas a la Sinagoga. Grave es que el Papa, en su enésimo conato de diálogo con los enemigos de Cristo, se haya prestado a un intercambio con alguien para quien, al decir de Francesco Colafemmina «no existen ni Dios ni el pecado. Pero que tienta al Papa, y quiere inducirlo por mera cortesía verbal -y a través de un juego de insincera apertura a sus respuestas- a afirmar que sí, que la misericordia de Dios perdona siempre (...) No es una ovejita perdida, sino un pecador convicto, un ateo animado sólo por una insensata hybris», a cuyo «jueguito soberbio y autorreferencial» el Papa no tuvo el valor de sustraerse. Sí lo hizo en su momento Benedicto, provocado de continuo por este venenoso agitador antiteísta a un diálogo imposible que aquél supo rechazar con su silencio.

    Pues bien, otra de las probadas debilidades de Bergoglio han sido los de la medialuna, mucho más honrados por él que los cristianos masacrados allí donde arrecia el satánico odio musulmán: de estos recentísimos y admirables mártires, en rigor, no dijo aún ni mu. Como sea que a veces, siquiera para descansar de sus pesadas tareas, los aplaudidores de rigor se toman su momento de reposo, y en medio de ese saludable silencio hasta puede ocurrir el prodigio de que un sacerdote se decida a poner blanco sobre negro, así lo hizo el padre Guy Pagès, de la arquidiócesis de París, en una carta abierta al Papa que no tiene desperdicio. Traducimos, de su versión al italiano, algunos de sus fragmentos más significativos:

    Padre Pagès: uno que comprendió el Islam mejor que Francisco
    Saludando con «gran placer» a los musulmanes con ocasión del Ramadam, tiempo empleado para «el ayuno, la oración y la limosna», Ud. parece ignorar que el ayuno del Ramadam es tal que «el gasto medio de una familia que lo practica aumenta en un 30 %», que la limosna musulmana está destinada sólo a los musulmanes menesterosos y que la oración musulmana consiste en rechazar cinco veces al día la fe en la Trinidad y en Jesucristo, pidiendo la gracia de no seguir el camino de los extraviados, o sea, de los cristianos... Por lo demás, durante el Ramadam la criminalidad se incrementa de manera vertiginosa. ¿Hay en estas prácticas algún motivo posible de elogio?
    Su carta de Ud. afirma que debemos tener estima por los musulmanes y «sobre todo por sus líderes religiosos», pero no se dice a título de qué. ¿Qué es el Islam para un cristiano si, desde el momento en que niega al Padre y al Hijo (I Jo. 2, 22) se presenta como uno de los más poderosos Anticristos existentes, en número y en violencia (Ap. 20, 7- 10)? ¿Cómo podemos estimar sea a Cristo, sea a aquello que se Le opone?
    ¿Qué tipo de «paralelos» alcanza a encontrar entre «la dimensión de la familia y de la sociedad musulmana» y «la fe y la práctica cristiana», desde el mismo momento en que el estado de la familia musulmana prevé la poligamia (Corán 4, 3, 33, 49; 52, 59), el divorcio (Corán 2, 230), la inferioridad ontológica y jurídica de las mujeres (Corán 4, 38; 2, 282; 4, 11), la posibilidad, para el marido, de pegarle a su esposa (Corán 4, 34), etc.? ¿Qué analogías puede haber entre la sociedad musulmana, construida para la gloria del Único y que, de hecho, no puede tolerar la alteridad ni la libertad ni, en consecuencia, distinguir las esferas religiosa y espiritual del resto? «Entre nosotros y vosotros habrá enemistad y odio por siempre, hasta que no creáis en el único Allah» (Corán 60, 4). ¿Qué analogías con la sociedad cristiana, construida para la gloria de Dios Uno y Trino que promueve el respeto de las legítimas diferencias? Por «paralelo», ¿no habría que comprender, más bien que aquello que no se asemeja pero se aproxima, aquello otro que no se acerca en absoluto? ¿No resulta sólo en este caso evidentemente clara su declaración?
    Usted propone a sus interlocutores reflexionar acerca de la «promoción del respeto recíproco a través de la educación», sugiriendo que ellos comparten con Usted los mismos valores de humanidad, de «respeto recíproco». Pero no es éste el caso. Para un musulmán, no es la naturaleza humana la que sirve de referencia, ni tampoco el bien cognoscible de la razón: el hombre y su bien no son aquello a lo que apela el Corán. El Corán enseña a los musulmanes que los cristianos, en tanto cristianos, «son impureza» (Corán 9, 28), «lo peor de la Creación» (Corán 98, 6), «los más viles de entre los animales» (Corán 8, 22; cfr. 8, 55). Porque el Islam es la verdadera religión (Corán 2, 208; 3, 19, 85) que dominará a todas las otras para erradicarlas por completo (Corán 2, 193); aquellos que no son musulmanes sólo pueden ser perversos y malditos (Corán 3, 10, 82, 110; 4, 48, 56, 76, 91; 7, 44 ; 9, 17,34; 11, 14; 13, 15, 33; 14.30 , 16,28-9; 18, 103-6; 21, 98; 22, 19-22, 55; 25, 21; 33, 64; 40, 63; 48,13); que los musulmanes deben combatir constantemente (Corán 61, 4,10-2; 8, 40; 2, 193) con el engaño (Corán 3, 54; 4, 142; 8, 30; 86,16), el terror (Corán 3,151; 8, 12, 60; 33, 26; 59, 2) y todo tipo de penas (Corán 5, 33; 8, 65; 9, 9, 29, 12; 25, 77), tales como la decapitación (Corán 8, 12; 47, 4) o la crucifixión (Corán 5, 33), para eliminarlos (Corán 2, 193; 8, 39; 9, 5, 111, 123; 47, 4) y finalmente destruirlos (Corán 2, 191; 4, 89, 91; 6, 45; 9, 5, 30, 36, 73; 33, 60-2: 66, 9). «¡Oh, vosotros que creéis! ¡Combatid a muerte a los incrédulos que están junto a vosotros, y que hallen en vosotros crueldad!» (Corán 9, 124). «¡Que Allah los maldiga!» (Corán, 9, 30 cfr. 31, 51; 4, 48)...
    Santo Padre, ¿se puede acaso olvidar, cuando uno se dirige a los musulmanes, que éstos no pueden remitirse a otra cosa que al Corán? Usted apela al «respeto hacia cada persona (...) Antes que nada hacia su vida, hacia la integridad física, hacia su dignidad, con los derechos que le son derivados, hacia su reputación, su patrimonio, su identidad étnica y cultural, sus ideas y sus elecciones políticas». No puede influir sobre las disposiciones dadas por Allah, que son inmutables, y he citado algunas entre ellas. Pero si nosotros respetamos «las ideas ajenas y las elecciones políticas», ¿cómo podemos, entonces, oponernos a la lapidación, a la amputación, y a todo tipo de otras prácticas abominables exigidas por la Sharia? Su bello discurso no puede conmover a los musulmanes, pues éstos no tienen que aprender lecciones de nosotros, que somos «impureza» (Corán 9, 28). Y si a pesar de todo lo aplauden, como han hecho en Italia, es porque la política de la Santa Sede sirve notablemente a sus intereses haciendo pasar su religión como respetable a los ojos del mundo. Lo aplaudirán en tanto sean, como en Italia, una minoría. Pero cuando no lo sean más, ocurrirá lo que ocurre en todos los lugares en los que son mayoría: todo grupo no musulmán tendrá que desaparecer (Corán 9,1; 47, 4; 61, 4; etc.) o pagar la jyzaia para obtener el derecho de sobrevivir (Corán 9, 29). Usted no puede ignorar todo esto, pero ¿cómo puede, escondiéndolo a los ojos del mundo, promover la expansión del Islam ante inocentes o ingenuos engañados de tal guisa? ¿Acaso admite usted los cumplidos que le han sido tributados como signo de la fecundidad de su postura? Entonces Ud. ignora el principio de la takyia que manda besar la mano que el musulmán no puede cortar (Corán 3, 28; 16, 106)? Pero, ¿qué valen tales intercambios de cortesía? ¿No dijo san Pablo: «si busco agradar a los hombres, no seré servidor de Cristo» (Gal 1, 10)? Jesús ha declarado malditos a aquellos que son objeto de veneración de parte de todos (Lc. 6, 26). ¿La misión de la Iglesia es enseñar los buenos modales para vivir en sociedad? ¿Habría muerto san Juan Bautista si hubiera simplemente querido desear una bella fiesta a Herodes?
    Quizás se dirá que no hay comparación con Herodes, porque Herodes vivía en el pecado y que era el deber de un profeta denunciar el pecado. Pero si cada cristiano ha venido a ser un profeta el día de su bautismo, y si el pecado es no creer en Jesús, Hijo de Dios, Salvador (Jo. 16, 9), aquello de lo que precisamente se gloría el Islam, ¿cómo podría el cristiano no denunciar el pecado que es el Islam y llamar a la conversión «en toda ocasión oportuna e inoportuna» (2 Tim. 4, 2)? Desde el mismo momento en que la finalidad del Islam es sustituir al cristianismo, que habría pervertido la revelación del puro monoteísmo con la fe en la Santa Trinidad, y ya que Jesús no es Dios, ni habría muerto ni resucitado, no habría habido Redención y su misión se reduciría a nada, ¿por qué no denunciar al Islam como al impostor preconizado (Mt. 24, 4; 11, 24) y el depredador por excelencia de la Iglesia? En lugar de echar al lobo, la diplomacia vaticana parece preferir alimentarlo con adulaciones, no advirtiendo que éste sólo espera hallarse bien nutrido para hacer lo que hace allí donde se ha vuelto suficientemente fuerte y vigoroso. ¿Hay necesidad de recordar los cristianos mártires de Egipto, Pakistán, y todos los países en los que el Islam tiene el poder? ¿Cómo puede la Santa Sede asumir la responsabilidad de avalar al Islam presentándolo como un cordero, mientras que es un lobo disfrazado de cordero? En Akita, la Virgen María nos advirtió: «el Diablo se introducirá en la Iglesia porque está llena de gente que acepta compromisos».
    Oh, ciertamente, asociarse al gozo de buenas personas ignorantes de la voluntad de Dios deseándoles un feliz Ramadam no puede parecer una cosa mala en sí misma, exactamente como pensaba san Pedro cuando justificaba los usos hebraicos... temeroso de los proto-musulmanes, o sea de los nazarenos hebreos. Pero san Pablo lo corrigió en presencia de todos demostrando que tenía cosas más importantes que hacer que buscar contentar a los falsos hermanos (Gal 24, 11-14; 2 Cor 11, 26; Corán 21, 93; 60, 4, etc.). Si Pablo tiene razón, ¿cómo se puede decir que «no podemos criticar la religión de los otros, sus enseñanzas, sus símbolos y valores»? No queriendo criticar al Islam, su carta justifica también a los obispos que asisten a la ceremonia de colocación de la piedra inaugural de una mezquita. Cuanto ellos hacen es, también en su caso, una cuestión de cortesía en el deseo de complacer a todos y favorecer la paz civil.
    Mañana, cuando sus fieles se hagan musulmanes, dirán que fue su obispo quien, en vez de conservarlos en el cristianismo, les indicó el camino haca la mezquita. Y podrán decir la misma cosa respecto a la Santa Sede, ya que habrán aprendido a no pensar la verdad sobre el Islam, sino a honrarlo como a bueno y respetable en sí mismo...
    Muchos musulmanes me han expresado su alegría por el hecho de que Ud. honra su religión. ¿Cómo podrán nunca convertirse, si la Iglesia los estimula a practicar el Islam? ¿No favorece todo esto el relativismo religioso por el cual las diferencias entre religiones serían de poca monta, mientras lo importante sería cuanto haya de bueno en el hombre, que se salvaría independientemente de las religiones?
    Y aunque amemos al prójimo, cualquiera éste sea, comprendidos los musulmanes en tanto miembros -como nosotros- de la especie humana, querida y amada desde toda la eternidad por Dios y redimida con la Sangre del Cordero sin mancha, Jesús nos ha enseñado a negar todo ligamen humano que se opone a su amor (Mt 12, 46-50; 23, 31; Lc 9, 59-62; 14, 26; Jo 10, 34; 15,25). ¿Con qué fraternidad, pues, se podría llamar «hermanos» a los musulmanes (vea su declaración del 29.03.2013)? ¿Hay una fraternidad que trasciende todas las cosas humanas, entre ellas la de la comunión con Cristo, rechazada por el Islam, y que debiera ser la única importante?
    Su carta hace referencia al testimonio de san Francisco, pero no dice que san Francisco envió frailes para evangelizar Marruecos sabiendo que muy probablemente hubieran sido martirizados, como efectivamente ocurrió. No dice que se empeñó él mismo en evangelizar al sultán Al Malik Al Kamil. La caridad denuncia la mentira y llama a la conversión.
    Santísimo Padre, nos resulta muy difícil encontrar en su carta a los musulmanes el eco de la caridad de san Pablo que manda: «no os unáis con los infieles bajo un yugo que no es para vosotros, pues, ¿qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿O cuál comunión entre la luz y las tinieblas? ¿Y qué acuerdo entre Cristo y Belial? ¿O qué relación hay entre el creyente y el infiel?» (2 Cor 6, 14-15), o aquellas del dulce san Juan de no acoger a nadie que rechace la fe católica, de no saludarlo siquiera, bajo pena de participar de sus «malas acciones» (2 Jo 7, 11). Saludando a los musulmanes con ocasión del Ramadam, ¿no se participa de sus obras malvadas?
    Santo Padre, Ud. ha leído la carta abierta de Magdi Cristiano Allam, ex musulmán bautizado por Benedicto XVI en 2006, que anunció su alejamiento de la Iglesia a causa de su compromiso con la islamización de Occidente. ¡Esta carta es un terrible trueno en el cielo ante la tibieza y la cobardía de la Iglesia, y tendría que ser un gran aviso para nosotros!
    Santísimo Padre, ya que la diplomacia no está cubierta por el carisma de la infalibilidad y su mensaje a los musulmanes con ocasión del fin del Ramadam no es un acto magisterial, me tomo la libertad de criticarlo abierta y respetuosamente (can. 212 § 3). Seguramente Ud. ha considerado que antes de hablar de «teología» con los musulmanes, era necesario disponer su corazón enseñándoles el deber, sin falta elemental, de respetar a los demás. Quería decirle que nos parece que una tal enseñanza debía ser hecha sin ninguna referencia al Islam, con el fin de evitar cualquier ambigüedad a su respecto. ¿Por qué no con ocasión del Año Nuevo, o en Navidad?




    In exspectatione
    Fidelitas dio el Víctor.

  12. #32
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    ¿No tendría que ir este hilo en el subforo Crisis de la Iglesia?

  13. #33
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Una alegría franciscana-francisquista



    Hoy, que es la fiesta de la Estigmatización de San Francisco, el Santo nos ha dado una alegría con una esperanza. Y es que como, por obra y desgracia de JP2º, Asís se convirtió en un parque temático de religiones y hasta el prudente PP Benedictus picó el anzuelo y tropezó en la misma piedra, ahora, con el anuncio de la visita de PP Franciscus a Asís, a los católicos conscientes (y dolientes) se nos vinieron encima todo tipo de aprensiones, figuraciones y delirantes suposiciones, casi un álbum de disparates goyescos.

    Gracias a Dios, esta vez, Asís va a ser Asís católico, sin promiscuidades impías, simplemente Asís franciscano para el Papa Francisco, sin encuentros aberrantes, sin confusión de lenguas, sin más signos que los de la verdadera identidad católica, sin sucedáneos ni estrambotes impropios.

    Digo todo esto porque se ha publicado el programa de actos de la visita de PP Franciscus el próximo 4 de Octubre - Deo volente - a Asís, vean, lean y congratúlense:

    Programma ufficiale della Visita di Papa Francesco ad Assis il 4 ottobre prossimo


    Irreprochable. De cabo a rabo, adecuadísimo. Lo que católicamente se espera de un viaje papal a Asís. Gracias a Dios.

    Y lo digo para que conste que - como los cabales en los toros - cuando hay que aplaudir, se aplaude.

    Como todo el mundo sabe, el aplauso de los taciturnos, las palmas de los críticos, son de especial valor. Y sinceramente verdaderas.

    Unicuique suum.

    A ver si seguimos así con lo de Asís y se extingue 'el espíritu de Asís'.

    Oremus.

    +T.



  14. #34
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    ¿Respuesta de Francisco a Mons. Thomas J. Tobin?: “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto...”.

    Anteriormente habíamos publicado las declaraciones del obispo de Providence, Rhode Island, Estados Unidos, Mons. Thomas J. Tobin, quién decía estar decepcionado con Francisco por sus silencios con “los niños no nacidos, acerca del aborto”.


    En una entrevista concedida a la revista La Civiltà Cattolica (de la cual publicamos una nota de ABCSevilla aquí y podemos descargar la versión completa desde aquí) Francisco parece responderle a Mons. Thomas J. Tobin de la siguiente manera (el resaltado es nuestro):


    No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

    STAT VERITAS




    Así que "no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar". Pues San Pablo dijo todo lo contrario:

    "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina" (epístola 2ª a Timoteo 4,2).

    Nótese también que no sólo habla de proclamar e insistir, sino que también emplea palabras más fuertes como reprender y amenazar. Nada de actitudes buenistas, tolerantes, simpaticonas y chupamedias. Este Francisco ni ladra ni muerde ni gruñe siquiera. Ve venir al lobo y le abre la puerta en vez de prevenir a las ovejas.
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  15. #35
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Resulta que la Iglesia Católica debe celebrar un III Concilio para adaptarse a la nueva realidad social. Ayer leía en otro foro (mayoritariamente integrado por indigentes intelectuales y morales, comunistas y ateos) que les gustaba mucho el Papa Francisco. Y no me extraña. Los enemigos de la Iglesia están todos muy contentos, lo cual es indicativo de lo nefasto que está siendo este señor para la Iglesia de Cristo. Si es que queda algo de ella, claro.

    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!
    LUX dio el Víctor.
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    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  16. #36
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    ¿Respuesta de Francisco a Mons. Thomas J. Tobin?: “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto...”.

    Anteriormente habíamos publicado las declaraciones del obispo de Providence, Rhode Island, Estados Unidos, Mons. Thomas J. Tobin, quién decía estar decepcionado con Francisco por sus silencios con “los niños no nacidos, acerca del aborto”.

    En una entrevista concedida a la revista La Civiltà Cattolica (de la cual publicamos una nota de ABCSevilla aquí y podemos descargar la versión completa desde aquí) Francisco parece responderle a Mons. Thomas J. Tobin de la siguiente manera (el resaltado es nuestro):

    No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

    STAT VERITAS
    Estimado Hyeronimus, esta misma información ya fué publicada ayer mismo en este foro:
    Para Francisco “la Iglesia nunca ha estado tan bien como hoy” (mensaje 36 de ese hilo).

    Sinceramente dije que todo indica que este falso papa tiene pensado dejar la puerta abierta a los planes mundialistas eugenistas basados en la anticoncepción, el aborto y la ideología de género, sin que la Iglesia vuelva a predicar su doctrina. ¿Qué nos apostamos a que jamás volveremos a leer ninguna noticia sobre supuestos casos de pederastía en el seno de la Iglesia por los medios de masas desinformativos del sistema, y que a partir de ahora todo serán elogios y prevendas?.

    Menuda jugada maestra la que ha obtenido la masonería y el satanismo infiltrados en la curia vaticana con la elección de Francisco... ¡Qué razón teníais todos los que nos advirtistes, en este y en otros foros, del terrible peligro que representa este individuo al frente de la Iglesia!. Lo digo sin broma, aún me queda por saber si Bergoglio será el falso profeta que presentará al Anticristo, o si él ya es la Bestia en persona. ¡Que Dios me perdone por haber escrito ésto! (últimamente estoy cruzando muchas veces la línea peligrosa).

    El texto completo de la entrevista es espeluznante por las cosas que dice. Por ejemplo:
    El Sumo Pontífice habló del futuro que quiere para la Iglesia y vaticinó más presencia del "genio femenino" entre las jerarquías del clero.

    Y entre estas brabuconadas heréticas, se atreve incluso a sugerir que la Iglesia, mas que estar siempre tan empeñada en transmitir viejas doctrinas, debería comportarse solo como un hospital de campaña que cura las heridas y perdona.
    Hyeronimus y LUX dieron el Víctor.

  17. #37
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    He querido creer. Y, en algún lugar de mi interior, quiero creer.

    Pero este Papa no me gusta. Cada vez que habla, ¡que Dios me perdone!, más difícil se me plantea considerarlo mi líder espiritual.

    Las declaraciones de hoy me han dejado sin palabras. No sé qué decir.
    He tenido que cambiar el telediario para verlo repetido y tratar de darme una posible explicación...

    Aprovecho para retractarme de cualquier defensa que he hecho de Bergoglio y reafirmarme en que, ahora más que nunca, debemos ser fuertes en nuestra oración.

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Así que "no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar". Pues San Pablo dijo todo lo contrario:

    "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina" (epístola 2ª a Timoteo 4,2).

    Nótese también que no sólo habla de proclamar e insistir, sino que también emplea palabras más fuertes como reprender y amenazar. Nada de actitudes buenistas, tolerantes, simpaticonas y chupamedias. Este Francisco ni ladra ni muerde ni gruñe siquiera. Ve venir al lobo y le abre la puerta en vez de prevenir a las ovejas.
    Espero que "sólo" sea eso. Porque de otra manera, ¿quién sería el lobo?

    Cita Iniciado por Alejandro Farnesio Ver mensaje
    Resulta que la Iglesia Católica debe celebrar un III Concilio para adaptarse a la nueva realidad social. Ayer leía en otro foro (mayoritariamente integrado por indigentes intelectuales y morales, comunistas y ateos) que les gustaba mucho el Papa Francisco. Y no me extraña. Los enemigos de la Iglesia están todos muy contentos, lo cual es indicativo de lo nefasto que está siendo este señor para la Iglesia de Cristo. Si es que queda algo de ella, claro.

    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!
    No hay frase como esa, la de que "la Iglesia debe modenizarse", "abrirse al mundo" o "no ser tan antigua", que deteste más.
    Precisamente, cuanta más diferencias se ven entre la institución de Cristo y la sociedad, entiendo que la degeneración moral social no conoce límites; que más urgente es tener un referente en Dios y en su Iglesia: mensaje eterno e invariable.
    ¿Cómo va a "adaptarse" una brújula al capitán de navío? ¿No es siempre al revés?
    Última edición por LUX; 20/09/2013 a las 18:20

  18. #38
    Avatar de LUX
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Cita Iniciado por jasarhez Ver mensaje
    ¡Qué razón teníais todos los que nos advirtistes, en este y en otros foros, del terrible peligro que representa este individuo al frente de la Iglesia!. Lo digo sin broma, aún me queda por saber si Bergoglio será el falso profeta que presentará al Anticristo, o si él ya es la Bestia en persona. ¡Que Dios me perdone por haber escrito ésto! (últimamente estoy cruzando muchas veces la línea peligrosa).
    A mi, personalmente, me daba miedo pensar que los compañeros estuvieran en lo cierto.
    Gracias a todos los que disteis la voz de alarma. ¡Cuánto tengo que aprender aún!

  19. #39
    Avatar de Alejandro Farnesio
    Alejandro Farnesio está desconectado Miembro Respetado
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    El problema LUX de eso es que muchos católicos han aceptado eso de que la Iglesia tiene que modernizarse. Es decir, los propios enemigos de la Iglesia han conseguido que los propios católicos acepten esas gilipolleces.

    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  20. #40
    jasarhez está desconectado Proscrito
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    Re: LOS 100 DÍAS DEL PAPA FRANCISCO: Entre remedos y remedios.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Cita Iniciado por LUX Ver mensaje
    A mi, personalmente, me daba miedo pensar que los compañeros estuvieran en lo cierto.
    Gracias a todos los que disteis la voz de alarma. ¡Cuánto tengo que aprender aún!
    Este foro es un lugar magnífico. Quizás el mejor sitio de la red para aprender y debatir.

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