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Tema: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o herejía?

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    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    ESCÁNDALO: Roma, diócesis del papa, autoriza la Comunión a los adúlteros

    Miguel Ángel Yáñez



    Ha pasado bastante desapercibido un lance gravísimo, a pesar de que hace ya tiempo fue señalado por Sandro Magister y, muy recientemente, por el profesor Roberto de Mattei. No es sino el hecho de que en la diócesis de Roma, es decir la que depende directamente del papa Francisco, se está fomentando de forma oficial y por escrito la comunión a los divorciados vueltos a casar, que siguen cohabitando y manteniendo relaciones. Dejando de lado todo este lenguaje eufemístico modernista, en resumen se permite que dos adúlteros pecadores públicos, que no están arrepentidos y quieren seguir pecando, puedan recibir la absolución y la sagrada comunión en dicho estado sin propósito de enmienda alguna.

    Como es habitual en la prédica modernista, todo viene disperso con una pincelada por aquí, una nota por allá, adornado bajo un envoltorio “pastoral” que trata de dulcificar la idea: “acompañamiento espiritual”, “caso a caso”, “en camino a”…. No olvidemos nunca que esta forma de exponer es deliberada, puesto que el modernismo odia la exposición sistemática y ordenada de sus ideas, como nos advertía San Pío X en Pascendi:

    “su táctica es la más insidiosa y pérfida… consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes;”


    Este hecho, en la propia diócesis controlada personalmente por el papa, apoyado por los vicarios a sus órdenes, representa ya fuera de cualquier duda una prueba del algodón palmaria de la verdadera intención en todo este affaire. No puede haber nadie con un mínimo de honestidad intelectual que continúe afirmando que Amoris laetitia, y la intención del firmante de la misma, no autoriza la comunión a los adúlteros “vueltos a casar”, porque su propio autor la ha ejecutado en ese sentido en su propia diócesis. Y por si aún existiera alguien con voluntad de mantener semejante disparate, les ofrecemos a continuación un pormenorizado análisis realizado por el padre Marianus, colaborador de esta web, del documento de la diócesis de Roma que estimula y fomenta a los párrocos y sacerdotes diocesanos a administrar la confesión y comunión sacrílega.

    En estas circunstancias, es una obligación absoluta e imperativa de todos hacer lo que esté en nuestras manos por defender la Fe denunciando la situación. Igual que en una guerra un padre de familia no puede evadir su obligación de defender la patria bajo el pretexto cobarde de “yo sólo quiero ser un simple padre de familia”, mientras a su alrededor caen los muertos y se derrama la sangre de su pueblo, en la hora actual nadie puede refugiarse bajo excusas interesadas, comodidades, carrerismos y miedo a las consecuencias. Sí, me refiero especialmente a los “conservadores” que permanecen callados con un silencio sepulcral, como si nada pasara, porque lo que nos jugamos, todos -usted también que cree puede escurrir el bulto bajo el manto de la papolatría-, es nuestra propia salvación eterna.

    Roguemos a Dios porque las voces que aún callan alcen su voz, y que aquellas que recién han despertado no tiemblen y mantengan la batalla por la Fe hasta las últimas consecuencias. Dios pedirá cuenta a cada uno de nosotros por nuestros obras… y omisiones.

    Miguel Ángel Yáñez


    ***

    Lobos con olor a oveja


    El pasado 19 de septiembre, el cardenal Vicario de la Diócesis de Roma, Mons. Agostino Vallini clausuró el Encuentro Pastoral Diocesano con una relación titulada «La alegría del amor»: el camino de las familias en Roma [puede leerse el original italiano aquí]. Después de tratar de diversos temas de pastoral familiar, dedicó gran parte de su intervención al tema de las parejas que viven en situación irregular, especialmente de los divorciados vueltos a casar. Se trata de una aplicación pastoral del contenido del capítulo VIII de la Exhortación Apostólica Post-sinodal Amoris laetitia del papa Francisco.

    Las “orientaciones pastorales” del card. Vallini, Vicario del Papa en Roma y, por lo tanto, directo representante suyo para la Urbe, no dejan lugar a dudas acerca de la “mens” del Papa. La relación del purpurado es una síntesis de los errores doctrinales, sacramentales y disciplinarios de Amoris Laetitia en la “pseudo-pastoral” de las parejas que viven en adulterio público.

    En este comentario intentamos desenmascarar al “lobo” que, vestido de compasión hacia dichas parejas, intenta distraer la atención de los pastores para poder devorar a los matrimonios válidos que, aun estando en la debilidad de una separación, mantienen la fidelidad, el amor -ciertamente herido- y la esperanza en la reconciliación. La artimaña del diablo no puede ser más sutil y en este comentario intentaremos desenmascarar a los enemigos de los matrimonios válidos, que son, como siempre, el Demonio, la Carne y el Mundo, es decir, la falsa doctrina, la profanación del sacramento y la malicia de los lobos que, con “olor a oveja” muerta, pretenden acabar con la Iglesia atacando al Matrimonio para que su “laetitia” sea completa.

    Comentamos seguidamente los párrafos más significativos del capítulo dedicado al acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar (los resaltados son nuestros).

    «Después de Amoris laetitia, mientras se nos pide ser fieles a la doctrina de la Iglesia, que permanece la de siempre, se nos pide también no detenernos en la observancia de la norma moral sino de cuidar a las personas marcadas -dice el Papa- ‘por el amor herido y perdido’ y que ‘se encuentran en medio de la tempestad’ (AL, 291). Sobre este tema, me urge hacer una puntualización: entre estas personas se encuentran también los ‘separados testigos de la fidelidad matrimonial’, esto es, aquellos cristianos que no han querido volver a casarse para permanecer fieles al cónyuge y a los hijos a pesar de todo. No debemos olvidarlos. Ellos también tienen necesidad de encontrar en la Iglesia cercanía, comprensión y asistencia espiritual.»

    Comentario
    : En este párrafo que sirve de prólogo a las “orientaciones pastorales” del card. Vicario de Roma están patentes los dos errores fundamentales de la doctrina pastoral del texto que comentamos.

    En primer lugar la confusión entre la pastoral de la persona y la pastoral de un matrimonio. Las personas en particular que viven una situación de adulterio deben ser acompañadas a la plena reconciliación con Dios. No es el caso de la pareja de adúlteros, que, por su situación objetiva de pecado, no puede ser reconciliada con Dios en cuanto pareja.

    Este punto es muy importante porque en la doctrina de Amoris Laetitia, que la relación del card. Vallini glosa y aplica pastoralmente, se confunden ambos aspectos, el personal y el de pareja, deslizándose la posibilidad de un camino penitencial para la segunda, que la llevaría a la integración en la Comunidad cristiana, cuando sólo es posible para cada adúltero público en particular si abandona su situación objetiva de pecado.

    En segundo lugar, existe otra confusión acerca de los que viven en el adulterio y los que viven separados “el testimonio de la fidelidad matrimonial”. Afirmar que estos últimos son “también” parte del grupo de aquellos que hay que integrar demuestra la mentalidad que subyace en la doctrina del Papa. La manera de expresarlo es muy sutil, pues se asegura la asistencia a los separados que permanecen fieles al vínculo, pero se dice casi de pasada, como una “puntualización”, y se les asimila a aquellos -las parejas adúlteras públicas- a los que se quiere “integrar”. Esto supone equiparar una situación virtuosa a una viciosa, lo cual es una auténtica perversión.

    Seguidamente, mons. Vallini pasa a presentar sus “orientaciones pastorales” tratando el tema de los divorciados vueltos a casar civilmente. Propone en primer lugar, como no puede ser de otra manera, la vía judicial de la declaración de nulidad sacramental con la “via brevior” de la reforma del proceso realizada por el papa Francisco.

    Seguidamente aborda la pastoral de aquellos cuyo matrimonio fue válido y no pueden acogerse a la vía judicial:


    «Cuando la vía procesal no es practicable, debido a que el matrimonio fue celebrado válidamente y ha naufragado por otras razones y, por tanto, la nulidad matrimonial no puede ser demostrada ni declarada, es necesario desarrollar una acción pastoral, que prevea un largo ‘acompañamiento’, en la línea del principio moral del ‘primado de la persona sobre la ley’.»

    Comentario: Observamos nuevamente la confusión entre lo que es la moral de la persona con lo que es la moral del matrimonio. ¿Qué “acompañamiento” puede prestar un pastor que no ve que una convivencia adulterina es una situación objetiva de pecado, a un par de personas que no lo ven tampoco? Como dice el Señor en el Evangelio, «Un ciego no puede guiar a otro ciego porque los dos caerían en el mismo hoyo» (Lucas, 6, 39).

    El pastor que no tiene el verdadero “discernimiento”, que no distingue a la oveja del cabrito, al que quiere seguir la voluntad de Dios con sus exigencias de quien exige a Dios que quiera lo que él quiere, no puede ayudar a la persona que vive en adulterio público a salir de su situación, sino que se deja arrastrar al mismo hoyo por ella causa de una falsa compasión. El pastor verdadero extiende su mano para que la oveja en peligro no caiga, no la deja caer ni cae con ella en el precipicio del pecado.

    «La Iglesia ‘no quiere condenar eternamente a nadie’ (AL, 296); por tanto, el camino a seguir es el de la ‘gradualidad’, es decir, hacer madurar en el tiempo la conciencia de un bien mayor que debe conseguirse a través de etapas de crecimiento, con el fin de ‘integrar a todos’, ayudando a cada uno a ‘encontrar su propio modo de participar en la comunidad eclesial’» (AL, 297).»

    Comentario: A parte del poder que tiene la Iglesia de retener los pecados de los impenitentes, tan sutilmente negado por la afirmación de AL, 296, en este párrafo advertimos otra confusión, en este caso referente al concepto del bien. Una convivencia adulterina no puede ser concebida como un bien desde el que se puede caminar a un bien mayor. El “cambio de lenguaje”, tan típico del neo-modernismo, se manifiesta claramente en las palabras de AL y de esta aplicación pastoral de su Vicario.

    El adulterio público es un mal del que ha de salir la persona que ha entrado en él para iniciar un camino penitencial que lleve efectivamente a la reintegración en la comunidad eclesial, la cual no consiste, como sugiere más adelante el texto, en participar, por ejemplo, en la procesión de las ofrendas de la Misa.

    El bien mayor es la salvación del alma y esta sólo es posible si se abandona el pecado, especialmente en la mentalidad. La mentalidad católica no es la del mundo “globalizado” que engulle a todos en la tolerancia del mal, sino la de quien mantiene el testimonio del bien para que personalmente quien quiera salir del mundo del mal pueda salvarse.


    «En el caso de los divorciados vueltos a casar, es necesario distinguir: una cosa es ‘una unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con fidelidad probada, entrega generosa… y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se caería en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en las que el varón y la mujer, por serios motivos -como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden satisfacer la obligación de la separación. Existe también el caso de quienes han hecho grandes esfuerzos para salvar el primer matrimonio y han sufrido un abandono injusto, o el de quienes han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y tal vez están objetivamente seguros en conciencia de que el matrimonio precedente, irreparablemente destruido, nunca había sido válido. Otra cosa es una nueva unión que viene de un reciente divorcio, con todas las consecuencias de sufrimiento y de confusión que afectan a los hijos y a las enteras familias’. En estos casos el Sínodo ha pedido un camino largo de reconciliación consigo mismos, de discernimiento por parte de los pastores, porque ‘no existen recetas simples’ (AL, 298).»

    Comentario: En este momento es necesario explicar que la integración en la Iglesia ha de ser sacramental y esto no es posible para quien vive habitualmente en estado de pecado objetivo y no quiere dejar de vivir en dicho estado. La vida moral y la sacramental no pueden desligarse por un motivo muy simple, por que son la misma e idéntica vida.

    La Ley moral es una ley de santidad, es decir, una ley sagrada, un camino de santificación. La moral es el camino de santidad y en este camino los sacramentos son como sus etapas. Esto es algo muy importante para no confundirse. Por ejemplo, negar que la Eucaristía o la Penitencia no son premio de un esfuerzo es no comprender lo que estos sacramentos son. ¿Qué hambre y qué sed podrán saciar aquellos que no quieren vaciarse de sí mismos renunciando esforzadamente a todo para llenarse del Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Qué paz -la de la Penitencia- podrá alcanzar el que no reconoce su pecado y combate contra él? Acceder a los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia es sólo posible como premio a un esfuerzo por hacer la voluntad de Dios.

    En el caso del Matrimonio, su misma esencia consiste en manifestar que la vida sacramental une a Dios, simbolizado en el varón, y al alma, simbolizada en la mujer. Toda la ley moral separa -que es lo que significa la palabra santificar- los actos virtuosos de los viciosos, que son fáciles de discernir. Todo acto en el que se manifiesta la unión de Dios con el alma es virtuoso, todo acto que manifiesta la desunión del alma con Dios es vicioso.

    En el caso de los casados válidamente, divorciados y vueltos a casar civilmente, todo acto -no sólo el sexual- que no manifieste la unión de Dios con el alma, simbolizada por él con su cónyuge en el sacramento válido que les une como matrimonio, no puede ser virtuoso. La historia de un matrimonio, como la de Dios con su pueblo, como la de toda alma, tiene momentos de salud y de enfermedad, de fortaleza y de debilidad, el momento de mayor debilidad es el de una separación, pues ambos cónyuges se ven efectivamente en la tentación de querer “rehacer su vida” como se suele decir.

    En ese momento de sufrimiento y debilidad la fidelidad al vínculo, el amor hacia él, aunque se sufra, y la esperanza de la reconciliación, aunque fuera en el último instante de la vida, tienen un mérito grandísimo y este mérito es la señal de que se trata de un acto virtuoso pues, a pesar de las heridas que pueda haber, manifiesta claramente la unión de Dios con el alma que el matrimonio simboliza.

    Es necesario desenmascarar otro engaño en la doctrina reciente acerca del tema que nos ocupa. La justificación de la convivencia adulterina “por el bien de los hijos” confunde dos filiaciones que son total y absolutamente diferentes: la legítima y la ilegítima. En un mundo como el actual, afirmar esta distinción es rechazado porque parece contrario a los derechos de la persona. Sin embargo, esto no es así, porque no se trata de derechos personales sino familiares.

    La primera obligación de los padres es la educación de sus hijos. La existencia de hijos adulterinos es consecuencia de un pecado fuera del ambiente familiar, por el cual el padre o la madre de dichos hijos tendrá que cargar con una responsabilidad personal, no familiar. La familia, la educación de los hijos legítimos, no puede verse dañada más todavía con el adulterio público de su progenitor “por el bien de los hijos” adulterinos. No es razonable. Ya la historia de Isaac e Ismael nos hace ver cómo un hijo concebido fuera del matrimonio no hace más que causar desequilibrios en la familia. ¿Debería acaso Abrahán haber repudiado a Sara, que no le había dado hijos, y unirse a Agar, por el bien de Ismael? Vemos de nuevo la confusión que subyace entre matrimonio válido y familia legítima y convivencia e hijos adulterinos.

    «Análogamente deben ser considerados los casos de matrimonios civiles o de convivencias prolongadas durante años y con hijos. También para estos existe la necesidad de un paciente acompañamiento hasta conducirles a la libre decisión de celebrar el sacramento.»

    Comentario
    : La situación de una convivencia adulterina no es análoga en absoluto a la de los solteros casados por lo civil o los que simplemente conviven, ya que estas dos, si no hay vínculo matrimonial válido, pueden conducir al sacramento y la pastoral de la Iglesia debe intentar conducirles a él si, mientras que si, por el contrario, dicho vínculo válido existe, el sacramento no es posible hasta la muerte del cónyuge, por lo cual no sólo no deben ser conducidos al sacramento del matrimonio, que es imposible mientras vivas los cónyuges válidamente casados, sino que deben ser invitados a abandonar su situación objetiva de pecado por fidelidad, amor y esperanza al vínculo existente con la pareja de la que se está separado. La palabra confusión, que define mucho más este pontificado que la palabra misericordia, es el atributo más notable de la Exhortación del Papa y de la relación del card. Vallini.

    «El paso sucesivo es un ‘responsable discernimiento personal y pastoral’ (AL, 300). Para poner un ejemplo: acompañar con entrevistas periódicas, comprobar si madura la conciencia de ‘reflexión y de arrepentimiento’, la apertura sincera del corazón al reconocer las propias responsabilidades personales, el deseo de búsqueda de la voluntad de Dios y de madurar en ella.»

    Comentario: En sí mismo este párrafo es perfectamente válido porque se refiere a la persona y no “explícitamente” a la pareja adulterina, pero desliza siempre la idea de que persona adúltera y pareja adulterina son ambos susceptibles de un mismo discernimiento y acompañamiento pastoral, lo cual es falso.

    «Este discernimiento pastoral de las personas en particular es un aspecto muy delicada y debe tener en cuenta el ‘grado de responsabilidad’, que no es igual en todos los casos, el peso de los ‘condicionamientos o de los factores atenuantes’, por los cuales es posible que, dentro de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o no lo sea de manera plena- se pueda encontrar un recorrido para crecer en la vida cristiana, ‘recibiendo con tal fin la ayuda de la Iglesia’ (AL, 305).»

    Comentario: Llegamos ya al aspecto disciplinario, la posibilidad de acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía por parte de los adúlteros públicos. Estos no son matrimonio, por tanto no pueden ser integrados en la Comunidad como tal. Es imposible. Su “grado de responsabilidad”, o sea, la gravedad de su culpa, no es compartida sino personal. Ambos son culpables, y puede ser que en distinto grado, pero su convivencia adulterina no puede, como dice AL crecer en la vida cristiana, porque no existe una única vida sino dos, debido a que no forman un matrimonio. Si fueran un matrimonio, su vida matrimonial podría crecer y decrecer según su albedrío aun en una situación de separación aceptando o no el estar unidos válidamente por un vínculo indisoluble. Como no lo son, no pueden ni lo uno ni lo otro. Sólo queda una solución: abandonar personalmente el pecado del que se es mayor o menormente culpable.

    «El texto de la Exhortación Apostólica no va más allá, pero en la nota 351 se lee: ‘En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos’. El papa usa el condicional, por tanto no dice que es necesario admitir a los sacramentos, si bien no lo excluya en algunos casos y con algunas condiciones. El Papa Francisco desarrolla el Magisterio precedente en la línea de la hermenéutica de la continuidad y de la profundización, y no de la discontinuidad y de la ruptura. Afirma que debemos recorrer la ‘via caritatis’ de acoger a los penitentes, escucharles atentamente, mostrarles el rostro materno de la Iglesia, invitarles a seguir el camino de Jesús, hacer madurar la recta intención de abrirse al Evangelio, y esto debemos hacerlo prestando atención a las circunstancias de las personas en particular, a su conciencia, sin comprometer la verdad y la prudencia, que ayudarán a encontrar el camino acertado. Es importantísimo establecer con todas estas personas y parejas una ‘buena relación pastoral’.»

    Comentario
    : Afirmar directamente que no se excluye admitir a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía a quien personalmente quiere seguir en un estado objetivo de pecado vuelve a manifestar una mentalidad no católica, porque no se busca la salvación del pecador bajo la apariencia de una “integración” misericordiosa. Ya son muchas las ocasiones en que he repetido en este comentario que una pareja adulterina -porque es de eso de lo que habla el texto- nunca puede ser un objeto de pastoral. Sí el matrimonio sacramental y cada persona en particular.

    Dado que no son matrimonio, cada una de las dos personas que viven en adulterio debe convertirse por separado y abandonar el pecado objetivo en el que viven si quieren ser reintegrados en la Comunidad. Se salva al pecador y se condena al pecado, que es, en este caso, la pseudo-unión adulterina.

    «Es decir, debemos acogerlas con calor, invitarlas a abrirse a participar de alguna manera en la vida eclesial, en los grupos de familias, a realizar algún servicio, por ejemplo caritativo o litúrgico (coro, oración de los fieles, procesión de las ofrendas). Para desarrollar estos procesos es más preciosa que nunca la presencia activa de parejas de agentes pastorales y será muy beneficioso el clima de la comunidad. Estas personas -dice el Papa- ‘no deben sentirse excomulgadas, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia’ (AL, 299).»

    Comentario: Como se ve, el concepto de pseudo-unión adulterina como objeto de pastoral es el que marca el error de AL y de esta su glosa del Vicario del Papa. Lo único que se consigue con la integración del pecado es el escándalo. Las personas que viven en adulterio público no pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia si no abandonan la ancha vía del pecado que conduce a la muerte. La vida se elige, la muerte también.

    «No se trata de llegar necesariamente a los sacramentos, sino de orientarlas a vivir formas de integración en la vida eclesial. Pero cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hacen factible, es decir, cuando su camino de fe ha sido largo, sincero y progresivo, propóngase vivir en continencia; si más tarde esta decisión es difícil de practicar para la estabilidad de la pareja, Amoris laetitia no excluye la posibilidad de acceder a la Penitencia y a la Eucaristía

    Comentario: Llegamos a la “orientación pastoral” del card. Vallini, Vicario del Papa en Roma y, por tanto, portavoz del mismo en su diócesis, la Madre de todas las iglesias del mundo. El texto habla por sí solo. Aparece claramente la declaración de impotencia del pastor, mejor dicho su mala voluntad. Aquí se ve cómo no se debe ser pastor de las ovejas.

    El pastor tiene el poder de salvar a las personas en debilidad -no lo que no es salvable porque no existe, que es el caso de una pseudo-unión matrimonial adulterina-, tiene la fuerza espiritual para hacerlo y lo hace no cediendo a la debilidad del débil sino fortaleciéndolo sacrificadamente. El amor del pastor auténtico es un amor sacrificado capaz de arriesgarlo todo -como hoy muy pocos hacen- por salvar a la oveja -la verdadera, la que lo conoce y escucha su voz- que está perdida y en riesgo de ser devorada por el lobo, que es la mentalidad del Mundo. Ceder a la debilidad del que se encuentra en peligro de condenación es una muestra de débil cobardía por parte del que no demuestra ser pastor de las ovejas.

    El pastor que colabora con el lobo en la muerte de la oveja acaba siendo un lobo como él, es decir, acaba teniendo la mentalidad del Mundo, porque es un asalariado, y no la católica. De estos hay muchos hoy lamentablemente en la Iglesia, muchísimos. No evitan que las personas caigan en la tentación, no sólo de palabra, sino sobre todo con su oración y su sacrificio. ¿Cómo va a pedir el sacrificio de no volver a vivir con otra persona en adulterio quien no es capaz de sacrificarse por las ovejas? Esa es nuestra situación, la falta de amor sacrificado en los pastores, que, horrorizados por el sufrimiento de las ovejas, escapan de todo riesgo y sufrimiento, dejándolas abandonadas al lobo. Asalariados del mundo que no buscan la vida del pecador sino que le dejan morir para no sufrir ellos.

    «Esto significa una cierta apertura, como en el caso en el que existe la certeza moral de que el primer matrimonio era nulo, pero no hay pruebas para demostrarlo en sede judicial; pero no en el caso en el que, por ejemplo, se alardea de la propia condición como si hiciese parte del ideal cristiano, etc.»

    Comentario: Este texto vuelve a mostrar el subjetivismo neo-modernista propio de la Iglesia post-conciliar. La negación de toda verdad, moral o justicia objetivos. Se niega el dogma, se profana el sacramento y se juzga contra el derecho natural, la ley de la gracia y el juicio de Aquel que vendrá a premiar con la gloria a los fieles que mantienen el testimonio de la indisolubilidad de su matrimonio válido.

    La objetividad del impedimento de un divorciado casado válidamente para celebrar un matrimonio sacramental con su pareja adulterina es determinada por un tribunal eclesiástico que dictamina sobre su matrimonio válido. Aceptar su decisión es precisamente un signo de “integración”. Lo que dictamina el tribunal afecta a la persona, vinculada o no a un matrimonio, y no a su convivencia adulterina. Es decir, busca su salvación personal. El veredicto no viene a condenarlo sino a salvarlo. Por el contrario, la unión adulterina fuera de la justicia de la Iglesia no lleva a la salvación eterna.

    Aceptar el dictamen de la Iglesia sobre el propio Matrimonio es signo de madurez en la vida cristiana, que siempre lleva consigo la cruz y hacer no su voluntad sino la voluntad de Dios, la cual se manifiesta en la historia concreta de la persona, sujeta a su albedrío y al de los demás, tanto para bien como para mal, y cuánto más al dictamen de un tribunal eclesiástico, que arbitra sobre la existencia o no de un vínculo matrimonial válido.
    El aspecto jurídico es tan importante como el moral o el dogmático. Por ello, es necesario para la salvación de las personas que viven unidas por un vínculo matrimonial indisoluble conocer la Verdad del matrimonio, amar la Belleza del sacramento y esperar en la Bondad del juicio de la Iglesia sobre una institución tan fundamental para la vida eclesial como es la familia.

    En definitiva, la verdadera “integración” de aquellos que viven en situación de pecado objetivo es volver a un orden social con leyes divinas, que han de ser practicadas con amor y de las que hay que rendir cuentas a la Iglesia, que tiene el poder de juzgar a los fieles, que deben aceptar sus dictámenes aun contra su parecer. Si se quiere la salvación eterna de la propia alma hay que renunciar a muchas cosas -hasta a uno mismo- y lo primero, ante todo, al pecado. No debemos caer, pues, en el subjetivismo sino todo lo contrario, renunciar a nuestro yo para que Dios sea todo en nosotros, lo cual será completo y perfecto en la gloria y hacia lo cual caminamos con la ayuda de la gracia, conscientes de nuestra naturaleza pecadora.

    ¿Cómo debemos entender esta apertura? Ciertamente no en el sentido de un acceso indiscriminado a los sacramentos, como a veces sucede, sino en el de un discernimiento que distinga adecuadamente caso por caso. ¿Quién puede decidir? A partir del tenor del texto y de la mens de su Autor no me parece que haya otra solución que la del fuero interno. En efecto, el fuero interno es el camino favorable para abrir el corazón a las confidencias más íntimas y, si se ha establecido en el tiempo una relación de confianza con un confesor o con un guía espiritual, es posible iniciar y desarrollar con él un itinerario de conversión largo, paciente, hecho de pequeños pasos y de evaluaciones progresivas. Por tanto, no puede ser sino el confesor, en un cierto momento, en su propia conciencia, después de mucha reflexión y oración, quien debe asumir la responsabilidad ante Dios y al penitente y quien pida que el acceso a los sacramentos se realice de manera reservada. En estos casos no termina el camino de discernimiento (AL, 303): ‘discernimiento dinámico’) con el fin de alcanzar nuevas etapas hacia el ideal cristiano pleno.

    Comentario: En este último párrafo que comentamos aparece un resumen de todos los errores de AL y de las “orientaciones pastorales” de su Vicario para la diócesis petrina. Lo acabamos de decir, salvo que haya un dictamen judicial público, toda pseudo-unión matrimonial adulterina es objetivamente desordenada, porque no manifiesta lo que deben manifestar los actos morales sagrados del Matrimonio, es decir, la unión de Dios con el alma. Dicha falsa unión es un impedimento para poder acceder a los sacramentos porque ni se atiene a la Verdad del Matrimonio, ni manifiesta la Belleza moral del Sacramento ni realiza el Bien de las personas implicadas a los ojos de Dios.

    El bien del divorciado vuelto a casar por lo civil no está vinculado a otra unión sino a la que, de manera poco acertada, el texto denomina “naufragada”. El separado, ciertamente, en un momento tan difícil, puede ser un náufrago que no tiene a su lado a su cónyuge, pero no por ello pierde la esperanza de volverlo a encontrar. Naufragio no es sinónimo de muerte sino de riesgo de ahogamiento, del cual el pastor tiene el poder de socorrerla y llevarla a tierra firme. El pastor debe ayudar al divorciado que vive en adulterio público a tomar la decisión de terminar con la situación de pecado objetivo y volver al estado de separación perseverando hasta la muerte en lo que sus votos sagrados matrimoniales. La perseverancia en ellos será para Dios un sacrificio agradable, que calmará su ira contra él

    No puede, pues, afirmarse con verdadera coherencia, que los adúlteros públicos -como afirma Familiaris Consortio 84, grieta quizá por donde entró el engaño del diablo- puedan vivir “como hermanos”, porque no viven la fidelidad, es decir, porque viven en una falsa fraternidad matrimonial con un falso cónyuge que no es el suyo, porque no aman dicho vínculo auténtico porque aman a otra persona -aunque vivan en continencia, pues no se trata sólo de actos sexuales sino de todos los aspectos de una vida en común-, ni por el bien de unos hijos que son extra-matrimoniales y, por tanto, adulterinos y que son educados en un ambiente profano e inmoral.

    Querer salvar una pseudo-familia es pura vanidad, un intentar atrapar el viento y, lo que es peor, una distracción de la verdadera pastoral de los separados -las auténticas ovejas perdidas matrimoniales- que el lobo -que son legión- presenta a los pastores para atraer su atención y poder devorar a las personas casadas válidamente que se niegan a “rehacer su vida” y permanecen fieles, amorosos y esperanzados en sus indisolubles votos matrimoniales.

    Podría hacerse -creo que es la mejor manera de explicarlo- un paralelismo con el sacramento de la Unción de los enfermos. Cuando un matrimonio válido se separa, este pasa de ser sano -como en el día del consentimiento- a ser enfermo, es decir, débil y en riesgo de caer en la tentación. Igual que el sacramento de los enfermos dota de fortaleza al débil, el pastor debe fortalecer a los separados a permanecer en su fidelidad al vínculo a pesar de todo.

    El pastor “discierne” ante todo que la verdad de su situación es la del grave riesgo de caer en la tentación de “rehacer su vida” intentando una nueva pseudo-unión matrimonial adulterina. El amor sacrificado del pastor debe llevarle a ungir a los separados para que, sintiendo su verdadero “acompañamiento pastoral” puedan caminar por el angosto camino que lleva al redil del perdón y la paz, en el que los esposos separados se reintegren en la comunión.

    Ese y no otro debe ser el “acompañamiento” del pastor, no dejar que caigan en la tentación, ser más fuerte que el lobo y tomar a las ovejas sobre sus hombros y llevarlas al redil de la misericordia consigo mismos, entre ellos y con Dios. Pero si abandona a la oveja “discerniendo” equivocadamente, no que la oveja no pueda hacer nada frente al lobo -lo cual es evidente-, sino que él no puede eficazmente impedir que caiga en poder del lobo, ¿quién la salvará?

    Recapitulando, estamos ante la mala pastoral de quien ni sabe, ni quiere ni vela por salvar a las ovejas, sino que se dedica a intentar salvar a las que no están dispuestas a dejarse salvar del lobo y a descuidar a las verdaderas, que conocen al pastor pero ni escuchan su voz ni lo ven a su lado. Vivimos tiempos en los que los lobos “huelen a oveja”, a oveja muerta y los pastores asalariados renuncian a salvar a las personas por miedo al lobo -el Mundo y su mentalidad- tolerando el pecado público de adulterio por la dureza de corazón de una generación perversa y adúltera en la que el demonio impuro, expulsado por la Iglesia en la antigüedad, ha vuelto con otros siete espíritus más depravados que él, y ha entrando incluso en la Casa de Dios por una grieta de falsa “comprensión”, “compasión” y “misericordia”, siendo el estado actual de la Humanidad peor que el de entonces (cfr. Mateo, 12, 38-45).


    ***


    El texto original de la relación del card. Vallini, Vicario del Papa para la diócesis de Roma, dedicado a las situaciones irregulares dice así:


    1. Una acción pastoral paciente, compasiva y misericordiosa. En la Exhortación Apostólica Amoris laetitia el Papa escribe: «Compete a los Pastores no sólo la promoción del matrimonio cristiano, sino también «el discernimiento pastoral de las situaciones de muchos que no viven ya esta realidad», para «entrar en diálogo personal con dichas personas con el fin de poner de relieve los elementos de su vida que pueden conducir a una mayor apertura al Evangelio en su plenitud». «En orden a un acercamiento pastoral a las personas que han contraído matrimonio civil, que están divorciadas y vueltas a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la gracia en su vida y ayudarles a alcanzar la plenitud del plano de Dios en ellos, posible siempre con la fuerza del Espíritu Santo» (AL, 297).


    Pienso sinceramente que la actitud pastoral de nosotros sacerdotes romanos hacia las personas que han tomado decisiones de vida disonantes con la moral matrimonial cristiana haya estado siempre basada en la comprensión y el respeto; pero fieles al mandato de custodiar la fe y la moral, ante casos de este tipo, hemos constatado con pena no poder hacer mucho, por otro lado, muchas veces los fieles mismos se han alejado de la vida eclesial.


    Después de Amoris laetitia, mientras se nos pide ser fieles a la doctrina de la Iglesia, que permanece la de siempre, se nos pide también no detenernos en la observancia de la norma moral sino de cuidar a las personas marcadas -dice el Papa- «por el amor herido y perdido» y que «se encuentran en medio de la tempestad» (AL, 291). Sobre este tema, me urge hacer una puntualización: entre estas personas se encuentran también los “separados testigos de la fidelidad matrimonial”, esto es, aquellos cristianos que no han querido volver a casarse para permanecer fieles al cónyuge y a los hijos a pesar de todo. No debemos olvidarlos. Ellos también tienen necesidad de encontrar en la Iglesia cercanía, comprensión y asistencia espiritual.

    Presupuesto todo esto, preguntémonos: ¿cómo ir al encuentro de estos hermanos y hermanas? El Papa pide a los Obispos que den oportunas “orientaciones” (AL 300). He aquí, por tanto, los compromisos que queremos asumir gradualmente.

    I) La primera actitud es intensificar o comenzar a ocuparnos de estas personas, yendo también a buscarlas. Las ocasiones no faltan, la pastoral ordinaria nos ofrece ya momentos propicios: a menudo son padres que piden el Bautismo para sus hijos, acompañan a los hijos a los itinerarios de iniciación cristiana, o se encuentran en ocasiones de bodas, de funerales, o incluso nos son señalados por otros. «Estas situaciones -afirma el Papa- deben afrontarse de manera constructiva, intentando transformarlas en una oportunidad de camino hacia la plenitud del matrimonio y de la familia a la luz del Evangelio» (AL, 296).

    II) Es necesario distinguir las diferentes situaciones. Los casos más delicados son los de los divorciados vueltos a casar ligados por un vínculo sacramental precedente.

    La primera ayuda que debe ofrecerse es prodigarnos para poner a su disposición un servicio de información y de consejo en vista de una comprobación de la validez del matrimonio. Como sabéis, el Papa ha emanado normas que han reformado parcialmente el procedimiento de las causas de nulidad matrimonial, previendo en algunos casos una «via brevior» (un procedimiento más rápido).

    ¿Cómo actuar concretamente? El párroco (los agentes de pastoral o quien sea) tome la iniciativa de hablar de ello con los interesados, los anime a hacer examinar su caso y proponga una entrevista con los encargados del Tribunal del Vicariado para determinar la existencia o no de fundamento para una causa de nulidad. Basta dirigirse al Vicario judicial del Tribunal de Iº grado, que pondrá a disposición los ministros para un asesoramiento. Pero podemos dar un paso más, acercando el Tribunal a la gente. Es nuestro deseo organizar en cada Prefectura, o en Prefecturas cercanas, la presencia de un servicio periódico del Tribunal para escuchar a quien está interesado. Con los Obispos Auxiliares y los Prefectos estudiaremos en las próximas semanas los aspectos organizativos de este servicio. Los Párrocos empiecen a hablar de ello.

    III) Cuando la vía procesal no es practicable, debido a que el matrimonio fue celebrado válidamente y ha naufragado por otras razones y, por tanto, la nulidad matrimonial no puede ser demostrada ni declarada, es necesario desarrollar una acción pastoral, que prevea un largo «acompañamiento», en la línea del principio moral del «primado de la persona sobre la ley». El Papa afirma: «La Iglesia debe acompañar con atención y premura a sus hijos más frágiles, […], devolviéndoles confianza y esperanza» (AL, 291). Estas personas tienen problemas en la vida cristiana, tienen necesidad de ser acogidas, de sentirse repetir a menudo que el Señor no está lejos de ellos, particularmente cuando «han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o incluso se han visto obligados a romper la convivencia por los malos tratos del cónyuge» (AL, 242), pero también, por el contrario, cuando viven situaciones de las cuales ellos han sido los responsables. Son casos difíciles, uno diferente del otro, a los cuales acercarse con caridad y respeto, evitando el riesgo tanto de la rigidez como de la arbitrariedad.

    IV) La Iglesia «no quiere condenar eternamente a nadie» (AL, 296); por tanto, el camino a seguir es el de la «gradualidad», es decir, hacer madurar en el tiempo la conciencia de un bien mayor que debe conseguirse a través de etapas de crecimiento, con el fin de «integrar a todos», ayudando a cada uno a «encontrar su propio modo de participar en la comunidad eclesial» (AL, 297).

    En el caso de los divorciados vueltos a casar, es necesario distinguir: una cosa es «una unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con fidelidad probada, entrega generosa… y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se caería en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en las que el varón y la mujer, por serios motivos -como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden satisfacer la obligación de la separación. Existe también el caso de quienes han hecho grandes esfuerzos para salvar el primer matrimonio y han sufrido un abandono injusto, o el de quienes han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y tal vez están objetivamente seguros en conciencia de que el matrimonio precedente, irreparablemente destruido, nunca había sido válido. Otra cosa es una nueva unión que viene de un reciente divorcio, con todas las consecuencias de sufrimiento y de confusión que afectan a los hijos y a las enteras familias». En estos casos el Sínodo ha pedido un camino largo de reconciliación consigo mismos, de discernimiento por parte de los pastores, porque «no existen recetas simples» (AL, 298).

    Análogamente deben ser considerados los casos de matrimonios civiles o de convivencias prolongadas durante años y con hijos. También para estos existe la necesidad de un paciente acompañamiento hasta conducirles a la libre decisión de celebrar el sacramento.


    V) El paso sucesivo es un «responsable discernimiento personal y pastoral» (AL, 300). Para poner un ejemplo: acompañar con entrevistas periódicas, comprobar si madura la conciencia de «reflexión y de arrepentimiento», la apertura sincera del corazón al reconocer las propias responsabilidades personales, el deseo de búsqueda de la voluntad de Dios y de madurar en ella. Aquí cada sacerdote tiene una tarea importantísima y muy delicada que realizar, evitando el «riesgo de los mensajes equivocados», de rigidez o de laxismo, para contribuir a la formación de una conciencia de verdadera conversión y «sin renunciar nunca a proponer el ideal pleno del matrimonio» (AL, 307), según el criterio del bien posible.

    Este discernimiento pastoral de las personas en particular es un aspecto muy delicada y debe tener en cuenta el «grado de responsabilidad», que no es igual en todos los casos, el peso de los «condicionamientos o de los factores atenuantes», por los cuales es posible que, dentro de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o no lo sea de manera plena- se pueda encontrar un recorrido para crecer en la vida cristiana, «recibiendo con tal fin la ayuda de la Iglesia» (AL, 305).

    El texto de la Exhortación Apostólica no va más allá, pero en la nota 351 se lee: «En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos». El papa usa el condicional, por tanto no dice que es necesario admitir a los sacramentos, si bien no lo excluya en algunos casos y con algunas condiciones. El Papa Francisco desarrolla el Magisterio precedente en la línea de la hermenéutica de la continuidad y de la profundización, y no de la discontinuidad y de la ruptura. Afirma que debemos recorrer la «via caritatis» de acoger a los penitentes, escucharles atentamente, mostrarles el rostro materno de la Iglesia, invitarles a seguir el camino de Jesús, hacer madurar la recta intención de abrirse al Evangelio, y esto debemos hacerlo prestando atención a las circunstancias de las personas en particular, a su conciencia, sin comprometer la verdad y la prudencia, que ayudarán a encontrar el camino acertado. Es importantísimo establecer con todas estas personas y parejas una «buena relación pastoral». Es decir, debemos acogerlas con calor, invitarlas a abrirse a participar de alguna manera en la vida eclesial, en los grupos de familias, a realizar algún servicio, por ejemplo caritativo o litúrgico (coro, oración de los fieles, procesión de las ofrendas). Para desarrollar estos procesos es más preciosa que nunca la presencia activa de parejas de agentes pastorales y será muy beneficioso el clima de la comunidad. Estas personas -dice el Papa- «no deben sentirse excomulgadas, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia» (AL, 299).

    No se trata de llegar necesariamente a los sacramentos, sino de orientarlas a vivir formas de integración en la vida eclesial. Pero cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hacen factible, es decir, cuando su camino de fe ha sido largo, sincero y progresivo, propóngase vivir en continencia; si más tarde esta decisión es difícil de practicar para la estabilidad de la pareja, Amoris laetitia no excluye la posibilidad de acceder a la Penitencia y a la Eucaristía. Esto significa una cierta apertura, como en el caso en el que existe la certeza moral de que el primer matrimonio era nulo, pero no hay pruebas para demostrarlo en sede judicial; pero no en el caso en el que, por ejemplo, se alardea de la propia condición como si hiciese parte del ideal cristiano, etc.

    VI) ¿Cómo debemos entender esta apertura? Ciertamente no en el sentido de un acceso indiscriminado a los sacramentos, como a veces sucede, sino en el de un discernimiento que distinga adecuadamente caso por caso. ¿Quién puede decidir? A partir del tenor del texto y de la mens de su Autor no me parece que haya otra solución que la del fuero interno. En efecto, el fuero interno es el camino favorable para abrir el corazón a las confidencias más íntimas y, si se ha establecido en el tiempo una relación de confianza con un confesor o con un guía espiritual, es posible iniciar y desarrollar con él un itinerario de conversión largo, paciente, hecho de pequeños pasos y de evaluaciones progresivas. Por tanto, no puede ser sino el confesor, en un cierto momento, en su propia conciencia, después de mucha reflexión y oración, quien debe asumir la responsabilidad ante Dios y al penitente y quien pida que el acceso a los sacramentos se realice de manera reservada. En estos casos no termina el camino de discernimiento (AL, 303): «discernimiento dinámico») con el fin de alcanzar nuevas etapas hacia el ideal cristiano pleno.

    VII) Precisamente la delicadeza de saber discernir la voluntad de Dios sobre estas personas, caso por caso, nos pide a nosotros sacerdotes prepararnos bien para ser capaces de tomar decisiones tan graves. Este arte no se improvisa. Debemos ponernos a estudiar, hablar entre nosotros, profundizar el estilo misericordioso de Amoris laetitia y modificar nuestra actitud habitual tendente a aplicar la norma moral. Sin traicionar la verdad objetiva, no obstante debemos entrar, con la luz del Espíritu, en los pliegues de las conciencias para mirar con benevolencia a las personas así como son, sabiendo que el Señor las ama, las busca, las atrae y les ofrece una nueva posibilidad, proponiendo el ideal de la vida cristiana, aunque sea previsible que puedan recaer. En definitiva debemos aprender el arte del discernimiento, al cual estamos poco acostumbrados. Este es un trabajo largo y paciente, de pequeños pasos que pueden ser gradualmente comprendidos y asimilados; y también nosotros sacerdotes debemos poco a poco aprender a acompañar a las personas con prudencia, juicio recto y sentido común.

    A este respecto, desde este año pastoral, junto con los Obispos Auxiliares y los Prefectos, intentaremos ofrecer a todos los sacerdotes ocasiones formativas. También los agentes de pastoral laicos necesitan formación, que será llevada a cabo por el Oficio para la Familia del Vicariado, con la ayuda de los Consultores familiares y otros Centros de formación.»



    ESCÁNDALO: Roma, diócesis del papa, autoriza la Comunión a los adúlteros

  2. #62
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Francisco contra los resistentes





    Como ocurre cada año por estas fechas, ha ocurrido el intercambio de saludos navideños entre el Papa y los miembros de la Curia Romana. En el curso de la misma Francisco ha identificado tres resistencias a sus reformas: resistencias abiertas, resistencias ocultas y resistencias maliciosas (eso dice la versión en español del discurso, pero en realidad lo que dijo originalmente en italiano fue “malévolas”).

    Del mismo modo señaló lo que él llama criterios-guía con los que se pretende realizar su reforma, doce en total, entre los cuales destacamos el noveno: Sinodalidad.

    Seguidamente hizo un sumario de los pasos realizados, en donde destacamos que para dar esos pasos se ha echado mano del recurso de los motu proprio, que para nosotros contradice lo de la sinodalidad, porque dicho tipo de documento equivale a un decreto.

    El discurso completo en español se puede leer aquí, y el video en italiano aquí.

    Este un reporte de Radio Vaticano.



    (RV).- La Sala Clementina del Palacio Apostólico volvió a convertirse, por cuarto año consecutivo – el penúltimo jueves de diciembre – en el escenario del encuentro del Santo Padre Francisco, con los miembros de la Curia Romana para el tradicional intercambio de felicitaciones ante la inminente Navidad.

    En nombre de los presentes, el Cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, se dirigió al Pontífice para manifestarle la cercanía de toda la Curia y del Gobernatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano en estos días de gran alegría. El Purpurado afirmó que el pensamiento común se dirigía asimismo al año extraordinario de gracia que representó el Jubileo de la Misericordia, que ha marcado la vida de la Iglesia en tantas partes del mundo. Y concluyó sus palabras al venerado y amado Papa Francisco diciéndole que – según el don que cada uno ha recibido – todos ellos desean seguir prestando su humilde servicio en favor de su misión de Pastor de la Iglesia universal y de Buen Samaritano por los caminos del mundo.

    “Con este compromiso nosotros, hoy, nos estrechamos en torno a Usted y le deseamos a coro: “¡Feliz Navidad!”.

    En primer lugar, en su amplio discurso el Papa Bergoglio dirigió sus cordiales felicitaciones a todos los presentes, entre los que se encontraban los Superiores, Oficiales, Representantes Pontificios y Colaboradores de las Nunciaturas esparcidas por el mundo, junto a todas las personas que prestan su servicio en la Curia Romana, incluyendo a sus familiares. “Felicitaciones por una santa y serena Navidad – dijo el Santo Padre – y por un feliz año nuevo 2017”.

    Tras poner de manifiesto el significado de la Navidad como cambio profundo de los meros criterios humanos, para destacar el Cristo centrismo, es decir que el corazón y el centro de la reforma es Cristo, el Francisco afirmó textualmente:

    “En realidad, Dios ha elegido nacer pequeño, porque ha querido ser amado. He aquí que la lógica de la Navidad es el vuelco de la lógica mundana, de la lógica del poder, de la lógica del mando, de la lógica farisea y de la lógica causal o determinista”.

    Y añadió que precisamente bajo esta luz suave e imponente del rostro divino de Cristo Niño, eligió como argumento de este encuentro anual la reforma de la Curia Romana.

    “Me ha parecido justo y oportuno compartir con ustedes el marco de la reforma, evidenciando los criterios-guía, los pasos realizados, pero, sobre todo, la lógica del porqué de cada paso dado y de lo que se realizará”.

    Aludiendo a la dinámica de los Ejercicios Espirituales en el método ignaciano, el Papa dijo que no hay duda de que en la Curia el significado de la reforma puede ser dúplice: ante todo hacerla “conforme” a la Buena Nueva que debe ser proclamada gozosa y valerosamente a todos, especialmente a los pobres, a los últimos y a los descartados. Y “conforme” a los signos de nuestro tiempo y a todo lo que de bueno el hombre ha añadido, para salir mejor al encuentro de las exigencias de los hombres y de las mujeres a los que están llamados a servir. Mientras, al mismo tiempo – prosiguió diciendo el Santo Padre – se trata de hacer que la Curia sea más “conforme” a su finalidad, es decir, colaborar en el ministerio propio del Sucesor de Pedro, lo que significa “sostener al Romano Pontífice en el ejercicio de su potestad singular, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”.

    Después de recordar que en dos precedentes encuentros se detuvo – en el año 2014 – a considerar algunas “enfermedades”, bajo el modelo de los Padres del desierto, y, al año siguiente, en una especie de catálogo de las virtudes necesarias que debe tener quien presta servicio en la Curia, junto a todos los que desean hacer fecunda su consagración o su servicio en la Iglesia, partiendo de la palabra “Misericordia”, Francisco agregó:

    “Era necesario hablar de enfermedades y de cuidados porque cada operación, para que tenga éxito, debe estar precedida por profundos diagnósticos, atentos análisis y debe ser acompañada y seguida por prescripciones exactas”.

    Por esta razón, el Papa Bergoglio enumeró algunos criterios guías de la reforma, que individuó en una docena de conceptos, a saber: “Individualidad; carácter pastoral; carácter misional; racionalidad; funcionalidad; modernidad; sobriedad; subsidiaridad; carácter sinodal; catolicidad; profesionalidad y gradualidad”.

    El Pontífice explicó brevemente el significado de cada uno de estos doce conceptos, para mencionar, de modo sintético, algunos de los pasos dados a fin de poner en práctica los criterios-guía de las recomendaciones expresadas por los Cardenales durante las Reuniones plenarias antes del Cónclave, de la COSEA – es decir de la Comisión de estudio sobre la organización de la estructura económico-administrativa de la Santa Sede – del Consejo de los Cardenales y de los Jefes de los diversos Dicasterios así como de otras personas y expertos.

    El Santo Padre concluyó este encuentro con una palabra y una oración. La palabra fue la de reafirmar que la Navidad es la fiesta de la humildad amante de Dios. Y la oración fue una invocación navideña del monje contemporáneo Matta el Meskin, quien dirigiéndose al Señor Jesús, nacido en Belén, le expresa sus sentimientos con gran sencillez.

    Y para esta Navidad Francisco regaló a los miembros de la Curia Romana el libro titulado “Actitudes para curar las enfermedades del alma”, a cargo del jesuita Claudio Acquaviva, tercer superior general de la Compañía de Jesús.


    Otro de los puntos que, según Rome Reports, despertaba algún morbo, era el momento en que el card. Raymond Leo Burke saludara a Francisco, en razón de que en los días recientes ha dado a entender que realizará un acto formal de corrección de un error grave a comienzos de 2017, visto que Francisco ha tomado la libertad de no responder a cinco preguntas que formalmente él y otros tres cardenales presentaron en Septiembre pasado a Francisco solicitándole que aclare aspectos confusos de Amoris Lætitia. Este el momento del dicho saludo.






    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  3. #63
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    "Lo que tengas que hacer, hazlo pronto"

    22/12/2016


    Marcelo González



    Y tras el bocado (la Eucaristía), en ese momento, entró en él Satanás.
    Jesús entonces le dijo: “Lo que tengas que hacer, hazlo pronto”.Juan XIII, 27


    Estamos viviendo un tiempo de esperanza.

    El lector habitual tal vez pueda sorprenderse. La Esperanza es una virtud sobrenatural que sostiene nuestro deseo de ir al cielo y alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. En este sentido, todos los momentos de la historia son de esperanza.

    Pero apartándonos en cierto modo de la definición estrictamente teológica, aunque sostenidos por ella, se puede hablar de la esperanza en sentido más humano: hay etapas de la cristiandad de grandes triunfos. Para nosotros todo eso pertenece al pasado. Desde hace siglos, la Iglesia y el orden social cristiano van retrocediendo, hasta llegar, en las últimas décadas al borde del abismo.

    Siempre nos sostiene la Esperanza sobrenatural, pero una cosa es esa Esperanza en sí y otra encarnada en los hechos históricos, como por ejemplo antes y después de la batalla de Lepanto. Antes era, tal vez más puramente, sobrenatural. Luego se convirtió en la prueba tangible del poder de Dios para dirigir la historia en un sentido contrario a lo que todos preveían, normalmente concediendo estos triunfos cuando las causas segundas, es decir, lo que el hombre hace para alcanzarlos, mueven su Misericordia y le dan la victoria.

    Profundizando el vastísimo tema que plantea Fátima, en estas vísperas del centenario, se tiene la impresión de que los católicos en general, los buenos y fieles, conocen solamente de un modo superficial lo que allí comenzó. Y para muchos es un devoción más. Pero no es así.

    Cuanto más se ahonda, más se advierte que Fátima es la inauguración de los tiempos finales de la historia. Inclusive si en La Salette las profecías fueron crudas y explícitas: “Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. Fátima, cuyo mensaje puede sospecharse hoy con fundamentos no ha sido completamente revelado, fue, sí, ratificado por la santidad extraordinaria de los videntes (extraordinaria inclusive si se la compara con los santos de toda la historia en el caso de los niños), por la certeza de sus profecías, por el papel que ha tenido como advertencia para evitar la crisis final de la Iglesia (el mensaje debía revelarse en 1960) y por lo que aún no se ha cumplido, pero que en el texto que sor Lucía nos ha dejado queda en forma asertiva: “Finalmente mi Corazón Inmaculado Triunfará”.

    Promesa no condicionada. Como no fue condicionada la promesa de realizar el gran milagro, el del Sol, en octubre de 1917, ante creyentes e incrédulos, piadosos e impíos. Visto por decenas de miles de personas, en un radio de más de 50 kms. en torno de la Cova de Iría.

    Ciertamente, los milagros deben merecerse. Nuestro Señor los realizó solo a pedido de los que humildemente podían recibirlos o por su propia voluntad, cuando las multitudes de pecadores ponían su esperanza en ese extraordinario profeta que luego descubrieron era el Mesías, el Hijo de Dios Vivo. “Tu fe te ha salvado”. “Ve y no peques más”. No realizó milagros ante Herodes, ni ante Pilatos ni mucho menos ante los fariseos al pie de la Cruz.

    Vivimos la Crucifixión de la Iglesia. Se atisba su Resurrección aunque todavía habrá muchos momentos terribles, sin duda, por los que hemos de atravesar.

    Hoy, los planes de destrucción de la Iglesia están puestos en jaque por diversas circunstancias que parecían impensables hace algunos años atrás. Tan impensable como que llegara al pontificado un personaje tan particular como Bergoglio. A quien curiosamente, en Buenos Aires, muchos católicos apodaban “Judas”, para escándalo de otros muchos.

    Hoy esta impresión de un Bergoglio-Judas se ha extendido a todo el mundo. No es solo el pánico que reina en la Santa Sede entre los miembros de los dicasterios y comisiones, de alto y de bajo rango. Es también el espionaje (ya practicado con frecuencia en Buenos Aires) de los profesores de las distintas universidades de Roma que deben alinearse sin reservas con la orientación de Amoris Laetitia, la gran piedra con la que ha tropezado Francisco.

    Los mismos periodistas, hasta las agencias internacionales, que suelen guardar notable silencio sobre estos temas, lamentan el destrato y la censura de las preguntas que “no son amigables”, es decir, las que se refieren al katejon, al gran obstáculo para el triunfo de la doctrina kasperiana con la que Francisco se ha embanderado, planteado tan sencillamente por unos cardenales.

    ¿Qué causó esta zozobra en Francisco y en su entorno de confianza que lo ha llevado a decir cosas impensables, como que los que se empeñan en mantener la doctrina tradicional y quienes los apoyan son espiritualmente “coprófagos”. Sí, ya lo sabemos: las dubia de los cuatro (o seis, o treinta según los últimos datos) cardenales que apoyan el derecho de plantearlas y la necesidad de responderlas.

    ¿Por qué no responderlas y ya? ¿Para qué gastar tanta energía en denostar a cuatro cardenales que piden aclaraciones doctrinales? ¿Para qué aludirlos tan groseramente en la prensa mundial? ¿Para qué dedicarles todo el discurso del Papa a la Curia Romana de estos días con motivo del fin de año, que en esta ocasión se centró exclusivamente en “la resistencia” a sus cambios definida como una tentación del Demonio?

    El motivo es sencillísimo, como lo es el Evangelio. Si Francisco responde en el sentido kasperiano, queda expuesto a ser declarado hereje formal. Si responde en sentido tradicional, sus promotores y sostenedores lo abandonarían a su suerte. Los poderes del mundo, con los que tan bien se lleva, no le perdonarían un paso atrás, ni por razones estratégicas. Quizás él mismo, aunque pudiera, no estaría dispuesto a darlo.

    Francisco está entre la espada y la pared.

    Cuanto más demore en responder, mayor será el poder de la oposición a sus desvaríos doctrinales. Más tiempo tendrán las fuerzas conservadoras y tradicionales para articular una presión insoportable. El Card. Burke, con su habitual serenidad, ha dicho que considera conveniente hacer una “corrección fraterna” (presentar un documento firmado por ¿cuántos? cardenales y obispos corrigiendo los errores doctrinales de su Exhortación Apostólica e invitándolo a retractarse de ellos. Y también que el tiempo adecuado sería el de Epifanía. Es decir, se le ha sugerido un ultimátum.

    El rechazo de esta corrección produciría un efecto jurídico. El papa Francisco pasaría de la herejía material a la herejía formal, según la opinión de los más respetados doctores de la Iglesia a través de la historia. Luego viene una instancia todavía discutida. ¿Se lo debe deponer? ¿Se debe declarar su renuncia al oficio petrino a causa de su herejía y como tal establecer que la Sede ha quedado vacante y procede elegir otro papa? Son las opiniones más comunes de los doctores. El Card. Burke ha dado a entender que apoya la segunda opinión: se debe dejar el gobierno de la Iglesia en manos de quien habitualmente sustituye al Papa durante la transición de la Sede Vacante.

    ¿Quién podía imaginar a un conjunto de cardenales diciendo públicamente estas cosas apenas unos meses atrás? Esta novedosa intrepidez –¡bendita sea!- se hace presente apenas a pocos meses del centenario de Fátima. Los tradicionalistas la han reclamado, al menos la corrección fraterna, desde hace décadas, sobre materias doctrinales gravísimas.

    La visión del Secreto de Fátima nos habla de dos obispos. Uno que parecía ser el papa, otro que lo era. Uno de ellos es muerto por los enemigos de la Iglesia mientras camina por las ruinas de una ciudad, en medio de cadáveres de clérigos y fieles. Dos ángeles proclaman la necesidad de “Penitencia” tres veces, mientras recogen en sendos cálices la sangre de los mártires que procede de los brazos de una tosca cruz.

    “Finalmente, Mi Corazón Inmaculado triunfará. El papa consagrará Rusia, que se convertirá. Le será dado al mundo un cierto tiempo de paz”.

    ¿Estamos entrando por fin en ese momento? Yo creo que sí. Y eso es un motivo de alegría y esperanza. Si para llegar a él, como para llegar a la Redención, es necesario que alguien entregue a Cristo a las manos de sus enemigos (algo que está sucediendo desde hace mucho, pero más claramente ahora), y ese agente del mal es Francisco, “lo que deba hacer, que lo haga pronto”. Si por el contrario, su retractación y su vuelta al camino de la Fe fuera un milagroso designio de Dios, y el motivo para que sufriera el martirio, también rogamos que haga pronto lo que deba hacer.

    Aclaración. Los lectores inadvertidos pueden pensar que estos hechos referidos son vaticanoficción. Cada afirmación tiene fundamento en noticias comprobadas. La prensa en general y la TV en particular, formadora de la agenda de las “cosas que pasan”, ha guardado astuto silencio sobre estos temas, o los trata al pasar con una mirada ignorante o sesgada. Los hechos, sin embargo, parecen inminentes.


    Fuente: PANORAMA CATOLICO INTERNACIONAL

  4. #64
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here



    Renato Raffaele Martino Noveno Cardenal Que Apoya Las “Dubia” Para Que El Papa Francisco Aclare Puntos Conflictivos De “Amoris Laetitia”


    En una entrevista publicada anteyer, viernes 16 de diciembre, en “La fede quotidiana”, S. E. R. Renato Raffaele S.R.E. Card. Martino, Cardenal Protodiácono1, Presidente Emérito del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, Presidente Emérito del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y ex Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, también se posiciona favorable a las dubia de los cuatro cardenales, por lo que ya van nueve (9) cardenales -los otros pueden verseaquí– partidarios de que el Papa Francisco las aclare. Esto es lo que ha dicho al respecto:

    Las dubia de los cuatro cardenales, ¿qué le parecen?

    “Que no les veo nada de malo. Es lícito en temas de doctrina dirigir una consulta al Papa y también es justo responder”.


    Comunión a los divorciados vueltos a casar civilmente: ¿se les puede dar?


    “No, la doctrina no ha cambiado y no cambiará. El sacramento del matrimonio es indisoluble. Ciertamente, el caso mencionado por Amoris Laetitia puede prestarse a interpretaciones dudosas, aunque se comprenda la perspectiva pastoral seguida”.



    1 El Cardenal Protodiácono es el cardenal diácono de mayor rango. Tras el cónclave, es el encargado de anunciar al mundo el nombre de un nuevo Papa (Habemus Papam) desde el balcón central de la basílica de San Pedro del Vaticano y también de imponer el palio durante la coronación papal. Asimismo, proclama los decretos de Indulgencia Plenaria promulgados por el Papa en ocasiones especiales -como la bendición “Urbi et Orbi”-, y de asistir a éste como diácono en las celebraciones litúrgicas solemnes.

    Puede leerse la entrevista completa en este enlace.

    Visto en [Catholicus]

    Renato Raffaele Martino noveno cardenal que apoya las "dubia" para que el Papa Francisco aclare puntos conflictivos de "Amoris laetitia" - En Cristo y María

  5. #65
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Card. Kasper afirma que “Amoris Lætitia es clara”





    Evidentemente el card. Kasper tiene que salir a defender la criatura el engendro en cuya paternidad tiene parte. Y sobre la controversia que ha generado la confusión que emana de Amoris Lætitia y la solicitud de aclaración que han solicitado 4 cardenales al Papa Francisco, se pronunció el card. Walter Kasper en una entrevista publicada por la sección en alemán de Radio Vaticano, Dic-22-2016.


    «Naturalmente, se pueden presentar dudas o preguntas al Papa, cada cardenal puede hacerlo. Sobre el hecho que fuese una buena idea hacer pública esta petición de aclaración, tengo preocupación. A mi parecer, la Exhortación apostólica es clara; hay también declaraciones posteriores del mismo papa, la carta a los obispos argentinos, o declaraciones del Cardenal Vicario de Roma. Es claro lo que el Papa dice o cómo lo ve. Ha mostrado que no hay contradicción con las declaraciones de Juan Pablo II, sino más bien un desarrollo homogéneo. Esta es mi posición, como yo lo veo. Sobre este respecto no existe para mí dubia, dudas»


    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI
    Última edición por Martin Ant; 26/12/2016 a las 12:19

  6. #66
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Saturday, December 24, 2016

    “Cualquiera que abre la posibilidad de dar la comunión a los adúlteros es herético y promueve el cisma”, card. Brandmüller






    El card. Walter Brandmüller es uno de los cuatro cardenales que ha presentado a Francisco las ya famosas 5 Dubia, pidiéndole que aclare aspectos confusos de Amoris Lætitia; y hasta donde sabemos es la primera vez que ha hablado publicamente después de sabida la existencia del documento.

    Según reporta LifeSiteNews, Dic-23-2016, en una entrevista con el semanario alemán Der Spiegel, el card. Brandmüller se refirió sobre el asunto. Vamos a citar sólo las partes en donde hay entrecomillados.

    “Cualquiera que que piensa que son compatibles un adulterio persistente y la recepción de la Santa Comunión es un herético y promueve el cisma”, es el principal aparte donde se cita al card. Brandmüller.

    La otra cita: “Nosotros somos, según el Apóstol San Pablo, administradores de los misterios de Dios, pero no sus propietarios”.



    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  7. #67
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Los bergoglianos utilizan palabras del Card. Brandmüller para hacer parecer divididos a los 4 cardenales que presentaron las Dubia



    Ciertamente son muy astutos estos miembros de la guardia bergogliana, porque en la tremenda campaña —casi propagandística— que hacen por mantener la imágen de Jorge Mario Bergoglio, se les ha aparecido el card. Brandmüller quien, dándoles unas declaraciones, utilizan para hacer parecer como si los 4 cardenales que presentaron las Dubia a Francisco pidiéndole que aclare ciertos aspectos confusos de Amoris Lætitia, están divididos.

    Todo desprende de un artículo que firma Andrea Tornielli en Vatican Insider, en el cual recoge ciertas palabras del card. Walter Brandmüller, uno de los cuatro cardenales cofirmantes de las Dubia.

    En dicho artículo el card. Brandmüller da a entender que él —Brandmüller— cree que el card. Burke al hablar de una corrección fraterna en caso de no recibir respuesta a las preguntas, no necesariamente indica que dicha corrección vaya a ser en público y señala que en la entrevista del card. Burke que dio origen al malentendido de una fecha límite, el card. Burke dio libremente su opinión. De allí Tornielli pasa a inferir que el Card. Burke no habla por los cuatro cardenales. Percepción de Tornielli, repetimos. Y de dicha inferencia —la de Tornielli— un medio de comunicación antieclesial en español afirma que Brandmüller toma distancia de Burke y lo descalifica como portavoz (de los “díscolos”, escriben allí).

    Recapitulando, no ha dicho categóricamente el card. Brandmüller que la tal corrección se vaya a hacer en privado, ni ha dicho categoricamente que el card. Burke no sea portavoz de los 4 cardenales que presentaron las Dubia.

    Esta es nuestra traducción al español del artículo de Tornielli en Vatican Insider, Dic-26-2016, el cual ha sido tan bien utilizado.



    Ha dado mucho que discutir la última entrevista del cardenal Raymond Leo Burke, que preanunciando que una «corrección formal» al Papa —institución que no se puede rastrear en el ordenamiento canónico— pareció dar una especie de ultimátum a Francisco después de la publicación de las cinco «dubia» con respecto a la interpretación de la exhortación «Amoris laetitia».

    Uno de los otros tres cofirmantes de las «dubia», el cardenal alemán Walter Brandmüller, entrevistado por Vatican Insider precisa que cualquier «corrección fraterna» del Papa debería tener lugar «in camera caritatis» es decir, no en público a través de actos o escritos puestos en circulación. Como se recordará, las cinco «dubia» sobre «Amoris laetitia» se han hecho de público dominio unos pocos días antes del último consistorio, a menos de dos meses de haber sido presentadas.

    «Las dubia —ha declarado Brandmüller—intentan promover en la Iglesia el debate, como está ocurriendo. El cardenal Burke en la entrevista original en Inglés (no como lo han informado los medios de comunicación italianos) no ha indicado una fecha límite, pero sólo ha respondido que ahora debemos pensar en la Navidad y después se abordará la cuestión».

    Brandmüller precisa entre otras: Burke «no dijo que una eventual corrección fraterna —como la que se cita en Gálatas 2, 11-14— deba hacerse públicamente». El aparte recordado por el cardenal alemán es la carta a los Gálatas, donde Pablo describe su divergencia con Pedro porque éste último quería imponer a los gentiles las prácticas judías.

    «Debo, sin embargo, creer —añade Brandmüller — que el cardenal Burke está convencido de que en primera instancia una corrección fraterna debe llevarse a cabo in camera caritatis». Por lo tanto, no públicamente. «Debo decir —explica— que el cardenal expresó —en plena autonomía— su opinión, que bien podría ser compartida por otros purpurados». Brandmüller sugiere entonces que en las entrevistas posteriores a la publicación de las «dubia» Burke no hablaba como «portavoz» de los cuatro cardenales firmantes.

    El cardenal alemán concluye: «Nosotros los cardenales esperamos la respuesta a las «dubia», en cuanto una falta de respuesta podría ser vista por amplios sectores de la Iglesia como un rechazo de la adhesión clara y articulada a la doctrina definitiva».


    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  8. #68
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    Wednesday, December 28, 2016

    Francisco no contesta Dubia de los 4 cardenales porque lo considera “oposición ideológica”






    Ya Uds. saben que se nos ha dicho en varias ocasiones que Francisco no tiene portavoces que hablen por él, pero los hechos no corresponden con dicha afirmación, porque en el caso de Amoris Lætitia Francisco declina dar su mens y deja el trabajo a otros, principalmente señalando al card. Schönborn. Y menos después que se presentó el asunto de las preguntas (Dubia) hechas formalmente a él por 4 cardenales pidiéndole que aclare ciertos aspectos confusos de Amoris Lætitia, cuando han sido sus diferentes interpretes los que han salido con violencia moral a atacar a los 4 cardenales, mientras el Pontífice guarda un silencio difícil de ignorar.

    Uno de sus interpretes, el P. Antonio Spadaro, retoma esta estrategia de ataque en una entrevista concedida a David Gibson de Religion News Service. Y como alguna utilidad hay que sacar de estas diatribas, de la que nos ocupa en el caso concreto aprendemos que para evitar contestar a las dudas de los 4 cardenales Francisco las ha rotulado como “oposición ideológica”. Con lo que inferimos que hay una resolución de no contestar en lo absoluto, es decir, ni en el inmediato ni el lejano futuro ni nunca. Y mientras tanto el trabajo sucio lo siguen haciendo sus interpretes, cuya existencia nos seguirán negando.

    Traducimos un aparte de la entrevista con el P. Spadaro.



    ¿Mientras tanto, los críticos de este discernimiento —como los famosos cuatro cardenales— dicen que necesitan respuestas de “sí-o-no”?

    No sé si son críticos del discernimiento. Sólo sé que el Papa ha dicho que la vida no es blanco y negro. Es gris. Hay muchos matices, y tenemos que discernir matices.

    Este es el significado de la Encarnación, el Señor tomó carne, lo que significa que estamos involucrados con la humanidad real, que nunca es fija o demasiado clara. Así que el pastor tiene que entrar en la dinámica real de la vida humana. Este es el mensaje de misericordia. El discernimiento y la misericordia son los dos grandes pilares de este pontificado.


    ¿Hay algún sentimiento de que la oposición al enfoque de Francisco esté creciendo y sea más intensa?


    ¡No, no! El problema es que algunos oponentes hacen mucho ruido, especialmente en las redes sociales. Crean una cámara de resonancia. Pero se puede oír el ruido sólo dentro de las sacristías. Si sales de las sacristías no puedes escuchar nada. Así que sólo las personas dentro de las sacristías pueden escuchar este gran ruido.

    La cuestión no es sobre cuatro cardenales u otros cualquiera. Francisco lo ha dicho muchas veces, que le gusta la oposición. No es un problema para él. Siempre ha tenido oposición en su vida. Se acostumbró a la oposición y se dio cuenta de que la vida está hecha por la tensión. Y porque la vida es hecha por la tensión, si no hay tensión no hay vida. Una buena señal de la eficacia del proceso de reforma es precisamente la aparición de la oposición.

    Pero el Papa Francisco distingue entre dos tipos de oposición: Hay oposición que es la crítica de las personas que se preocupan por la iglesia. Aman la iglesia. Ellos realmente quieren, en buena conciencia, el bien de la iglesia.

    Pero hay otro tipo de oposición, que es sólo la imposición de la propia opinión, que es oposición ideológica.

    El Papa escucha a la primera y está abierto al aprendizaje. Pero él no presta demasiada atención a la segunda clase.


    ¿Está creciendo la “buena” oposición? ¿Y qué significaría eso para el enfoque del Papa?


    La buena oposición es discreta. Hay personas que hablan con el Papa y son muy francas. Y a él le gusta este tipo de personas, ya que no hacen ruidos que sean expresiones teatrales.

    En 2013 me dijo, al principio de nuestra primera entrevista, si usted piensa que algo de lo que estoy diciendo está mal por favor dígame. Me quedé muy impresionado por eso. Fue una cosa pequeña, pero me mostró lo abierto que está a ser criticado.

    Pero Ud. tiene que tomar en cuenta el hecho de que hay algunos gestos o documentos, como Amoris Laetitia, que es el fruto de un largo proceso. No es sólo el papa que dice esto, son dos sínodos, y los sínodos fueron muy abiertos y directos. Y a él le gustó mucho eso.

    Y al final escribió su exhortación porque conoce su trabajo como papa, porque no sólo es un Papa “agradable”.




    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  9. #69
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    Saturday, January 07, 2017

    Lo sentimos card. Napier, los bergoglianos van a usar sus propias palabras para atacarlo



    Lo habrán visto reseñado antes en otros sitios, el Card. Wilfrid Napier se ha preguntado en su cuenta de Twitter:


    https://twitter.com/CardinalNapier/s...rc=twsrc%5Etfw


    Si los Occidentales en situaciones irregulares pueden recibir la Comunión, ¿le vamos a decir a nuestros polígamos [africanos] que a ellos también les está permitido?


    Ello en medio de toda esta confusión generada por Amoris Lætitia.

    Pregunta por la cual no dudamos el Card. Napier va a ser atacado por los mismos que hace tan sólo un mes lo alababan y situaban de su parte, dado que con respecto al silencio que mantiene Francisco frente a las Dubia (dudas) planteadas por 4 cardenales a él solicitando que aclare ciertos aspectos de Amoris Lætitia, el Card. Napier dijo: “Jesús también eligió no contestar a ciertas preguntas con palabras, sino con su vida”. Palabras utilizadas por los bergoglianos para hacer parecer que “en la controversia en torno a Amoris laetitia, el Papa Francisco parece haber ganado a un histórico crítico suyo, al cardenal Wilfrid Fox Napier”, como lo escribió el sitio antieclesial Religión Digital.






    Así que cabe una alta posibilidad que al card. Napier estos tales le respondan usando sus propias palabras.

    Lo sentimos, Su Eminencia.



    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  10. #70
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Monday, January 09, 2017

    Card. Müller respecto a Dubia sobre Amoris Lætitia: “Una corrección fraterna al Papa me parece muy lejana”






    Información de Stanze Vaticane, Ene-08-2017. Traducción de Secretum Meum Mihi.



    “Una corrección fraterna al Papa me parece muy lejana para mí, en este momento no es posible porque no hay ningún peligro para la fe”.

    Lo dijo para la transmisión del programa “Stanze Vaticane” de Tgcom24, el cardenal. Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, en vista de las “dubia” planteadas por 4 cardenales (Burke, Meisner, y Brandmüller y Caffara) sobre algunos parágrafos de la exhortación apostólica “Amoris Laetitia” sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y la posibilidad de hacer una “corrección” al Papa Francisco.

    “Cada uno”, dijo el purpurado alemán, “sobre todo los cardenales de la Iglesia Romana, tiene el derecho a escribir una carta al Papa. Me sorprendió porque esta sin embargo se ha vuelto pública, casi obligando al Papa a decir sí o no. Esto no me gusta. Incluso una posible corrección fraterna del Papa”, continuó, “me parece muy lejana, no es posible en este momento, porque no se trata de un peligro para la fe como dijo Santo Tomás”.

    El prefecto del ex Santo Oficio, luego continuó: “Estamos muy lejos de una corrección y digo que es un daño para la Iglesia discutir estas cosas públicamente. Amoris Laetitia es muy clara en su doctrina y podemos interpretar toda la doctrina de Jesús sobre el matrimonio, toda la doctrina de la Iglesia en 2000 años de historia. El Papa Francisco”, concluyó el cardenal, “pide discernir la situación de estas personas que viven una unión no regular, esto es no de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y pide ayudar a estas personas a encontrar un camino para una nueva integración en Iglesia según las condiciones de los sacramentos, del mensaje cristiano sobre el matrimonio. Pero Yo no veo ninguna contraposición: por un lado tenemos la clara doctrina sobre el matrimonio, por el otro, la obligación de la Iglesia de preocuparse por estas personas en dificultad”.



    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  11. #71
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Están de los nervios


    Antiguamente decíamos tener los nervios de punta o sencillamente estar nervioso, para explicar la situación de alguien que tiene especial irritación y por tanto puede reaccionar de forma inadecuada. Hoy dicen los jóvenes estar de los nervios o ponerse de los nervios, lo cual puede que quiera indicar un grado más en la escala del enfado y de la excitación. Oigo a mis novicios que dicen que tal profesor les pone de los nervios y me parece percibir algo así como que no aguantan más. Un punto más de gravedad al puro ponerse nervioso.


    Por eso mismo, creo que en Roma no solamente se están poniendo nerviosos, sino que realmente están de los nervios. Vamos, que están que trinan. Llenos de rabia y encolerizados. Hace un mes decía el cardenal Burke que probablemente después de Epifanía –y en caso de que no hubieran obtenido respuesta de Francisco a sus dubia-, tendrían que amonestarle directamente de herejía o de dictar doctrinas contrarias a la Fe. Cosa que no se puede permitir en un Papa, porque dejaría de serlo automáticamente.


    Pues bien. No acaba de terminar la Epifanía con el Bautismo del Señor, y ya han iniciado una campaña feroz -bien orquestada y bien planificada-, para que no finalice este serial iniciado con la Amoris Laetitia, antes de que acabe la primera temporada. Como las series famosas de la televisión.


    Francisco sigue pegando coces por doquier entre Santa Marta y Santa Marta. Día sí y día también. Indirectas, avisos, alfilerazos y puntadas. Pero sin referirse en directo al acontecimiento que le preocupa y le pone de los nervios. Se trata de advertir a los insumisos, pero desde Arriba.

    Y por otra parte, manda a sus perros pachones a ir desmantelando al enemigo antes de que haga su aparición. Lo hemos visto en estos últimos días en los que, a la vez y desde distintos ángulos, unos y otros van en busca de la presa. Unos la muerden directamente. Otros la cogen suavemente entre sus fauces, para llevarla medio muerta al Jefe. Tanto los perros lucharniegos que cazan de noche, como los perros de muestra, que sencillamente indican con su pata el lugar en donde hay que disparar. Tanto los perros perdigueros que olfatean y siguen pistas, como el perro guión, que va delante de la jauría. Todos están bien entrenados, esperan su recompensa y no descansan.


    El cardenal Müller dice ahora con toda su cara, que no hay que preocuparse porque en este momento no hay peligro para la fe y que por tanto está lejana una correción al Papa, olvidando lo que dijo hace unos meses en sentido completamente distinto. Con razón que alguien ha indicado que el cardenal ha cerrado sus ojos suponiendo que alguna vez haya pensado lo contrario. Con los embusteros y farsantes siempre existe el mismo problema: no sabemos si mentían la primera vez o si mienten la segunda, aunque sabemos que mienten siempre. Ya escribí hace mucho tiempo mis primeras impresiones sobre este Prefecto de la Fe y veo que no andaba equivocado del todo.


    Por otra parte, en estos mismos días, algún que otro diario digital detrás del cual está evidentemente quien yo me sé, deja caer que… Fuentes consultadas por Religión Confidencial que colaboran en algunos dicasterios de la Curia Romana afirman que el Papa Francisco no quiere, de momento, que la Congregación para la Doctrina de la Fe responda a las dudas de los cuatro cardenales. Una de las razones sería la prudencia para evitar un mal mayor dentro a la Iglesia Católica.


    O sea, que estas fuentes consultadas (serán del Opus), están muy seguras de las instrucciones de Francisco. Pero es que resulta que los cuatro cardenales no le han preguntado a Müller, sino al propio Francisco. Bastaría con que Francisco dijera sí o no a las dubia, para que se evitara un mal mayor dentro de la Iglesia Católica, que ahora mismo está asombrada al ver que el Sumo Pontífice aprueba que los que viven en adulterio reciban la Sagrada Comunión.


    ¿Qué es más prudente? ¿Qué Francisco no conteste? ¿Me quieren decir los de Religión Confidencial que se creen la explicación que ellos mismos dan de la carta de Francisco a sus amiguetes argentinos? Admira ver la preocupación por un mal mayor dentro de la Iglesia, en medio de la tormenta que estamos sufriendo.


    Esto me recuerda un suceso ocurrido en mi comunidad en los años inmediatos del Concilio, cuando tanto se “mejoraron y renovaron” las Ordenes Religiosas, que la mitad de los frailes y monjas acabaron casados y exclaustrados. Alguien corrió la voz de que el Padre Prior tenía una amiguita. Algunos frailes le preguntaron en directo y no quiso responderles. Luego le preguntaron en la Sala Capitular y tampoco quiso. Se inició una caza contra los que pensaban que el Prior estaba en situación irregular. Los que sospechaban le amenazaron con llevarlo al Maestro General para que diera explicaciones. Bastaba con que dijera sí o no. Era muy sencillo. Pero no contestaba. El Maestro General dijo que no quería preguntarle, para no dividir a la comunidad y evitar un mal mayor. Al poco tiempo, tuvimos la respuesta directa: colgó los hábitos y se salió para malcasarse. Menos mal que solamente habían pasado nueve meses, que podrían haber sido más.


    La postura de Francisco está clara, creo yo. No hay más que mirar las instrucciones que ha dado para su Diócesis: aplicación de Amoris Laetitia en toda su plenitud. Pues claro. Y no hay más que leer su carta a los argentinos: esta es la única interpretación. Claro como el cristal. Pero esta claridad, declarada ante los cuatro de la Fama llevaría directamente a problemas graves. Así que hay que echar a los perros a la búsqueda de los que quieren dividir la unidad de la Iglesia.


    Este acoso post-epifanía demuestra que están de los nervios. Fray Malaquías dice que no va a suceder nada, porque los perros no van a soltar a sus presas y porque el Mal Pastor tiene controlada toda la jauría. Pero insiste en que esto es cuestión de tiempo, porque de Dios nadie se ríe.

    Y mientras tanto, los Obispos Españoles celebrando la Fiesta de la Sagrada Familia con el subsidio litúrgico de la Amoris Laetitia. Estos no son perros pachones ni perdigueros. Son perros falderos, creo yo.


    Está claro que la jauría y quien la dirige no quiere que hablen los descontentos. No se les permite hablar. Me ha venido a la mente aquellos famosos versos que escribió Quevedo y que tiene plena actualidad:


    No he de callar, por más que con el dedo,

    Ya tocando la boca, ya la frente,

    Silencio avises o amenaces miedo.

    ¿No ha de haber un espíritu valiente?

    ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

    ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?


    Fray Gerundio

    Están de los nervios

  12. #72
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    El libreto






    Uno de los aspectos por los que conviene leer los artículos que firma Edward Pentin es el recurso a las fuentes propias. Ello ocurre en el caso presente, cuando Pentin firma una entrada en su blog de National Catholic Register, Ene-09-2017, titulada “Entrevista Televisiva del Cardenal Müller causa desconcierto”, respecto a las recientes afirmaciones del card. Gerhard Müller a Stanze Vaticane, Ene-08-2017, en las que el cardenal se refiere a las ya conocidas Dubias (dudas) presentadas por 4 cardenales a Francisco pidiendo claridad sobre ciertos aspectos de la exhortación Amoris Lætitia. Queremos traducir el siguiente aparte de la entrada del blog de Penti en la que, acudiendo a sus fuentes, se puede intentar comprender mejor lo desconcertante de las afirmaciones del card. Müller.


    Sus comentarios [del card. Müller] también vinieron después de que surgió que la Congregación para la Doctrina de la Fe tenía claros recelos sobre el documento antes de que fuera publicado, preocupaciones las cuales nuenca fueron atendidos. Un informado oficial recientemente dijo a National Catholic Register que un comité que revisó un borrador de Amoris Lætitia elevó dubia [dudas] “similares” a aquellas de los cuatro cardenales. Esas dubia formaron parte de las correcciones de 20 páginas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reportadas primero por Jean-Marie Genois en Le Figaro el 7 de Abril [de 2016], la víspera de la publicación del documento.

    Otro alto oficial fue más lejos, revelando la semana pasada a National Catholic Register que el Cardenal Müller le había dicho personalmnete que la Congregación para la Doctrina de la Fe “había enviado muchas, muchas correcciones, y ninguna de ellas fue aceptada”. Él añadió que lo que el cardenal afirmó en la entrevista [a Stanze Vaticane] “es exactamente lo contrario a todo lo que él le había dicho sobre el asunto hasta ahora” y que tenía “la impresión de alguien que no estaba hablando por sí mismo sino que estaba repitiendo lo que alguien más le dijo que dijera”.


    Y si además contamos con el hecho de que los poderes del card. Müller vienen siendo reducidos de a poco...




    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  13. #73
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    Tuesday, January 10, 2017


    El Papa no quiere, de momento, que Doctrina de la Fe responda las dudas de los cuatro cardenales





    Artículo de Religión Confidencial, Ene-10-2017. Este artículo puede ayudar a entender las razones por las que la CDF no responde a las Dubia (dudas) que 4 cardenales presentaron a Francisco pidiendo que aclare ciertos aspectos sobre Amoris Lætitia, motivos por los que nos interrogabamos en su momento.




    El Papa no quiere, de momento, que Doctrina de la Fe responda las dudas de los cuatro cardenales



    La posición del Santo Padre es de prudencia y de evitar un mal mayor a la Iglesia Católica

    Fuentes consultadas por Religión Confidencial que colaboran en algunos dicasterios de la Curia Romana afirman que el Papa Francisco no quiere, de momento, que la Congregación para la Doctrina de la Fe responda a las dudas de los cuatro cardenales. Una de las razones sería la prudencia para evitar un mal mayor dentro a la Iglesia Católica.

    Las mismas fuentes señalan a este Confidencial que uno de los males que acechan a la Iglesia Católica son las presiones externas de ciertos sectores contrarios a la moral católica, que están presionando al Santo Padre para que modifique la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio.

    Responder a las dudas generaría peor ambiente dentro de la Iglesia Católica y el Papa prefiere, en estos momentos, guardar silencio al respecto y seguir en la misma línea que está caracterizando su pontificado: prudencia y discernimiento de la conciencia individual en esta materia.

    En este sentido, el cardenal Gerhard Ludwig Müller prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha declarado en una entrevista al canal Tgcom24 que en este momento no es posible una corrección al Papa "porque no hay ningún peligro para la fe".

    En esta misma entrevista Müller señala que todos los fieles pueden ejercer el derecho de escribir una carta al Papa, especialmente los cardenales, pero le sorprendió que esta carta se hiciera pública a través de los medios de comunicación, "casi obligando al Papa a decir sí o no".


    El cardenal Caffarra entregó personalmente la carta al Papa

    Según las fuentes consultadas por RC, el cardenal Carlo Caffarra fue quien entregó personalmente al Papa Francisco, la carta escrita por los cuatro purpurados sobre las dudas de la Amoris Laetitia.

    "Estas dudas debían ser dirimidas y respondidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Muchos prelados consideran que es legítimo que los cuatro cardenales hayan planteado estas dudas al Santo Padre. Otra cosa distinta es hacerle una corrección formal al Papa, que es algo mucho más serio. Estos cardenales han ejercido un derecho que tienen en cuanto fieles", señalan las mismas fuentes.

    Respecto al tema más polémico de la Amoris Laetitia, sobre si los divorciados vueltos a casar en una nueva unión civil puedan recibir la Eucaristía, las mismas fuentes insisten: "Nadie puede afirmar lo que el Papa no está diciendo. A partir de Amoris Laetitia el Santo Padre no ofrece ninguna razón por la que se deje de considerar que es un adulterio la convivencia marital entre un hombre y una mujer sin estar casados por la Iglesia, y por lo tanto, ningún adúltero puede comulgar. Este es un principio moral que el Santo Padre no ha cambiado".

    En opinión de estas fuentes, aquellos sacerdotes, religiosos o personas que dicen otra cosa, no tienen autoridad para contradecir este principio moral.


    Obispos argentinos

    Respecto entonces a la carta enviada por los obispos argentinos al Santo Padre y que el Papa respondió con otra misiva en la que decía que "el escrito es muy bueno y explicita cabalmente el sentido del capítulo VIII de Amoris Laetitia y no hay otras interpretaciones y estoy seguro de que hará mucho bien", las mismas fuentes aclaran: "Se ha de decir que esto se escribió solo ante un borrador de la carta antes de que existiese la oficial. Se trataba de una carta que no correspondía a los obispos argentinos sino solo a los de Buenos Aires y que ni siquiera había firmado el Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli".

    Por otro lado, las mismas fuentes explican que estas palabras del Papa, entendidas como si fueran exclusivas, (la única interpretación) se ponen en contradicción con otras que también ha dicho el Santo Padre. Por ejemplo, a los obispos polacos les dijo otra cosa distinta y que no ha transcendido a los medios de comunicación y que está en consonancia con el principio moral sobre el adulterio.


    Contestación privada y no oficial

    Y por último, la carta del Papa a algunos obispos argentinos no ha sido publicada en ningún medio de comunicación de la Santa Sede, y por lo tanto, queda enmarcado en una contestación privada y no ensalzada a un documento del Magisterio.

    Las mismas fuentes aclaran en que la insistencia en el acompañamiento como regla de discernimiento, es la novedad pastoral de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, y que abarca muchas situaciones distintas: si un miembro de la pareja tiene fe y el otro no, si tienen hijos comunes, si tienen hijos de otro matrimonio, etc.

    "La reforma sobre la nulidad matrimonial del Santo Padre es tan amplia que prácticamente llegará a muchas de estas parejas que llevan tiempo casadas civilmente con hijos, y que consideran que su primer matrimonio es nulo. Con esta reforma de nulidad matrimonial, se ha hecho todo lo humanamente posible. Por lo tanto, es muy difícil que los divorciados casados civilmente, con hijos, con años de convivencia, no puedan obtener la nulidad de su primer matrimonio canónico por motivos de forma, cuando sea verdadera la causa de nulidad".





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  14. #74
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    Wednesday, January 11, 2017

    Card. Burke: Con las Dubia servimos al oficio petrino dando al Papa la oportunidad de que nos confirme en la enseñanza de la Iglesia






    Aparece hoy una nueva entrevista con el card. Raymond Leo Burke. En esta ocasión en un periódico de reciente creación, La Verità, Ene-11-2017; y la entrevista se basa toda sobre las Dubia (dudas) presentadas por él y tres cardenales más a Francisco pidiéndole que aclare ciertos aspectos confusos de la exhortación Amoris Lætitia. Traducción de Secretum Meum Mihi de algunos apartes.



    Hay quienes sostienen que en la disciplina de la Iglesia no existe ninguna institución de «corrección formal» del Santo Padre. ¿Se la ha inventado Usted?

    «Por supuesto que no. Santo Tomás de Aquino en sus escritos teológicos plantea el problema de la eventual corrección formal del Papa y también está en la disciplina de la Iglesia. Ha sido rara vez utilizada, hay ejemplos, y ciertamente podemos hipotetizar el caso de un Papa que de alguna manera pueda caer en el error. En este caso debe haber una corrección».

    [...]


    Volvamos a las dubia. Hubo quienes insinuaron que los cuatro cardenales están divididos entre sí. ¿Es verdad?


    «Esto es totalmente falso, estamos unidos y es por eso que no quiero hacer ninguna especulación sobre eventuales pasos por cumplir en vista de la iniciativa que hemos tomado. Si lo hacemos, lo haremos después de ejercicios comparados».


    ¿Pero Ustedes todavía piensan que el Papa responderá a sus dubia?


    «Siempre estamos a la espera de una respuesta del Papa como nuestro pastor supremo. No esperar una respuesta no sería respetuoso de su oficio».


    Para muchos la respuesta ya está allí: los cuatro cardenales son sólo «doctores de la ley», duros e insensibles.

    «Me parece que la ley moral no es algo que aprisione a una persona, es exactamente lo contrario: la ley moral libera a la persona y la orienta para hacer el bien. De hecho, cuando no hay respeto por la ley moral se realizan situaciones caóticas y moralmente se verifica una especie de prisión. Para las personas de fe debemos decir que la ley divina libera, y no es una cosa negativa. Y después, enseñar la ley moral es un gran acto de caridad hacia el prójimo, porque señala el camino a la auténtica libertad y a la felicidad. Es imposible afirmar que una persona puede encontrar alguna forma de felicidad pecando».

    [...]


    ¿Con su iniciativa pública no les parece que ayudan a dividir la Iglesia en lugar de unirla?


    «Lo que divide es la falsedad y la ambigüedad, la verdad une siempre. Es absurdo decir que cuatro cardenales que hacen cinco preguntas razonables, y de importancia fundamental para todos los cristianos, se comportan con el fin de dividir la Iglesia. Estamos sirviendo al oficio petrino dando al Papa la oportunidad de confirmar la enseñanza de la Iglesia, frente a una situación que se está mostrando ambigua en los hechos».


    ¿Otros cardenales y prelados comparten el mérito de las preguntas que han hecho?


    «No somos sólo cuatro. Conozco personalmente a otros cardenales que comparten plenamente las dubia».

    [...]







    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  15. #75
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    A los que piden aclaraciones sobre Amoris Lætitia, una respuesta del card. Baldisseri





    Lo consignamos, aunque no diga nada ni sirva para nada. Se trata de una entrevista con el secretario general del Sínodo de los Obispos, para la edición diaria en italiano de L'Osservatore Romano, Ene-12-2017, pág. 7. Como es apenas elemental, en ese medio nunca leeremos nada que no favorezca la línea de partido respecto a la confusión generada por Amoris Lætitia. Hechas las aclaraciones, procedemos a traducir la siguiente pregunta.



    ¿Qué se puede responder a quien solicita posteriores aclaraciones sobre las indicaciones pastorales de la exhortación apostólica?

    Ya se han dado diferentes respuestas. Se han expresado también personas competentes por su papel y su autoridad. Se trata sobre todo de proceder para reforzar la familia y de asegurar la estabilidad del matrimonio y la serenidad de la vida familiar. Entre otras cosas es importante presentar la belleza del matrimonio cristiano también a quien no vive una unión sacramental. Allí donde se encuentra en presencia de personas que vienen de una precedente unión fallida, debe saber distinguir las situaciones, la responsabilidad y los acercamientos que se asuman con el fin de proceder gradualmente a una mayor integración en la comunidad eclesial. A este propósito es indispensable un discernimiento atento y apropiado para la persona individual, siendo capaces de integrar adecuadamente la relación entre la norma y la conciencia. No pienso que haya necesidad de añadir más, sino reafirmar que todas las respuestas que se requieren están ya contenidas en el texto de la misma exhortación apostólica.




    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  16. #76
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Entrevista con el card. Burke en The Remnant sobre Amoris Lætitia



    Entrevista originalmente publicada en inglés por The Remnant (audio), Ene-09-2017. De la cual aparece una traducción en español de Adelante La Fe, Ene-12-2017. La entrevista en The Remnant gira completamente en torno a la confusión generada por Amoris Lætitia, las Dubia (dudas), lo que podría venir en el futuro si no se obtiene una respuesta del Papa.

    Evidentemente esta entrevista es anterior a aquella del card. Müller el pasado Domingo, la cual ha generado desconcierto, y también posterior a la entrevista concedida también por el card. Burke, que reseñamos ayer, publicada en La Veritá. Lo subrayamos porque estas entrevistas posteriores brindan otros elementos para comprender la actual situación.

    Los remitimos al enlace proporcionado para su lectura integral.




    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI



    -----------------------------------------


    The Remnant entrevista al Cardenal Burke

    12/01/17


    por Michael Matt








    Michael J. Matt:
    me gustaría coger el toro por los cuernos: la controversia sobre la exhortación post-sinodal del papa Francisco, Amoris Laetitia (AL). El documento, especialmente el párrafo 305, ha sido descrito por varios sacerdotes y teólogos, de EWTN y otros medios, como “peligroso”, “muy preocupante”, “muy problemático”, “un gran error”, “una contradicción directa de Familiaris Consortio de Juan Pablo”, etcétera. Antes que nada, Su Eminencia, ¿qué autoridad tiene AL, estamos hablando sólo de escándalo aquí, o estos párrafos problemáticos saben a herejía?


    Cardenal Burke: Bueno, antes que nada, como dije en un principio, la forma precisa de Amoris Laetitia, precisamente las palabras del Papa en el documento, indican que no es un ejercicio del magisterio papal. Y necesariamente, la forma de leer el documento, como cualquier documento, es a la luz de la enseñanza y práctica inmutable de la Iglesia. Por lo tanto, las declaraciones de AL acordes a la enseñanza inmutable y práctica de la Iglesia ciertamente están muy bien. Pero hay un número de declaraciones que son, en el mejor de los casos, confusas, y deben ser clarificadas, y por eso nosotros los cuatro cardenales, siguiendo una práctica clásica de la Iglesia, hicimos cinco preguntas al Santo Padre que tienen que ver con los fundamentos de la vida moral y la enseñanza inmutable de la Iglesia. Y está claro que nosotros, al presentar la dubia con esas preguntas, creemos que si no son respondidas hay gran peligro de que permanezca la confusión en la Iglesia, conduciendo almas al error respecto a las preguntas que tienen que ver con su propia salvación. Por lo tanto, hay un claro potencial de escándalo sin la clarificación de estas preguntas. Respecto a su pregunta de la herejía, debemos estar muy atentos a la herejía material y a la herejía formal. En otras palabras, la herejía material: ¿el texto contiene declaraciones que son materialmente heréticas? ¿Son contradictorias a la fe católica? Herejía formal: ¿la persona—más precisamente, la persona que escribió el documento en nombre del Papa—tuvo la intención de proclamar enseñanzas heréticas? Finalmente, yo no creo que sea así. Y creo, respecto a la primera pregunta, que el lenguaje y demás es confuso y es difícil decir si estas declaraciones confusas son materialmente heréticas. Pero deben ser clarificadas, y el negarse a responderlas podría conducir a la gente al error, a pensar radicalmente respecto a algunas cuestiones muy serias.


    MJM: Si nada cambia y no hay una pronta clarificación, considerando que estamos hablando de la enseñanza de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio—y dado que el matrimonio de por sí está siendo tan atacado, con el divorcio rampante e incluso ahora con el matrimonio gay—¿qué ramificaciones de AL vislumbra, especialmente del párrafo 305 y la nota al pie 351, de no haber clarificación, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo?


    Cardenal Burke: Sería devastador. Recientemente leí un artículo de Ross Douthat en el New York Times, comentando la implementación de AL en la diócesis de San Diego. Dijo correctamente que si esa interpretación de AL fuera la correcta y aceptable, luego la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio estaría acabada. Y no podemos aceptarlo, por supuesto, porque es la ley que Dios escribió en el corazón de los hombres desde la creación misma; es el orden, la ley, que Cristo confirmó en Su enseñanza de manera muy clara, como se relata en Mateo capítulo 19, en el que Él confiere la gracia del sacramento cristiano. Por lo tanto la dubia debe ser respondida. Las preguntas deben ser respondidas según la tradición de la Iglesia, para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión de salvar al mundo. Si la Iglesia simplemente fuera a aceptar las ideas de la cultura respecto del matrimonio, se habría traicionado a sí misma y habría traicionado a su Señor y Maestro, y sencillamente no podemos permitirlo.


    MJM:
    Ahora, el 5 de septiembre en una carta privada a los obispos de Buenos Aires, el papa Francisco escribió: “No hay otras interpretaciones de Amoris Laetitia,” más que la de admitir a los católicos divorciados vueltos a casar a la sagrada comunión en algunos casos. Él se muestra muy firme al respecto, Su Eminencia. Por tanto, ¿es posible que usted imagine un escenario en el que de pronto descubra que se le ha pasado algo por alto, que los cuatro cardenales han malinterpretado y deben admitir que se equivocaron? Lo que quiero decir es, si eso no es posible, ¿cuál es el propósito de la dubia? ¿No saben ya las respuestas a sus cinco preguntas?


    Cardenal Burke: Claro que sí. Pero lo importante es que el pastor de la Iglesia universal, en su obligación de salvaguardar las verdades de la fe y de promover las verdades de la fe—deje en claro que sí, que responde a estas preguntas de la misma manera en que las responde la Iglesia. Por lo tanto, lo que escribió en esa carta simplemente significa su comprensión personal del asunto. Pero esa carta difícilmente podrá ser considerada ejercicio del magisterio papal. Y por lo tanto es doloroso estar involucrado en esta situación, pero simplemente debemos presionar para clarificar el asunto.


    MJM: Su Eminencia, en esta era de diálogo, el mismo papa Francisco ha llamado a una “discusión abierta sobre un número de cuestiones doctrinales” y dijo que la reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa “nos ayudará a encontrar mayor claridad.” Entonces, ¿qué puede inferir de su decisión de no dialogar con usted en su búsqueda de esa misma claridad en este punto tan fundamental de la teología moral?


    Cardenal Burke: Bueno, para decirlo francamente, creo que la gente nos ha acusado a nosotros los cuatro cardenales de faltarle el respeto al oficio papal, de una actitud perjudicial para el Papa. Pero no es el caso, en absoluto. Nosotros somos cardenales. Tenemos una responsabilidad muy seria de asistirlo y, por esa razón, llamamos su atención sobre estas cuestiones que permanecen en un documento que lleva su firma. Y no podemos hacerlo de otra manera, y la Iglesia no puede hacerlo de otra manera. Y por lo tanto, sin lugar a dudas, el asunto deberá ser resuelto. Hemos iniciado una conversación por medio de la dubia. Y cuando nos informaron que no habría respuesta, sabíamos que debíamos publicar la conversación ante toda la Iglesia porque muchos fieles—muchos sacerdotes y obispos—están expresando gran confusión al respecto, y también observamos cómo se están levantando estas divisiones en varias parte de la Iglesia entre obispos y sacerdotes y fieles, sobre enseñanzas fundamentales de la fe. Bueno, esa es la obra del demonio. El Espíritu Santo genera unidad y una conversión diaria de la vida hacia Cristo, que nos ayuda a superar nuestros pecados y vivir de acuerdo con la verdad. Y por lo tanto esta división, esta confusión, debe ser enfrentada y remediada. ¿Tiene sentido esto para usted?


    MJM: Absolutamente. Y obviamente, como fieles testigos, nos parece que esa es su tarea – su deber ante Dios.


    Cardenal Burke: Efectivamente, usted sabe que algunas personas me han dicho: “¿Pero por qué publicaron la dubia? Él es el Papa. Ustedes deberían haber estado satisfechos.” Pero no, no es suficiente, porque donde sea que vaya—y ahora viajo mucho—a todos los lados que voy la gente me dice: “¿Qué les pasa a los cardenales? Están estas preguntas serias y permanecen en silencio. No dicen nada.” Y tienen razón. Si permaneciéramos en silencio, sin lugar a dudas daríamos a los fieles la idea de que todo está bien, pero no está todo bien.


    MJM: Ahora bien, la idea de que esto podría escalar al punto de que usted pierda su cargo de cardenal. ¿Cree que podríamos llegar a esto?


    Cardenal Burke: Ni siquiera pienso en ello. Quiero decir, claro que es posible. Ha ocurrido históricamente que un cardenal pierda su título. Pero no pienso en ello porque sé cuál es mi deber y no puedo distraerme con este tipo de pensamientos – usted sabe, preocuparme por si seré perseguido de alguna manera por defender la verdad. Y como he dicho antes, una persona me dijo: “¿No tiene miedo de insistir sobre estos asuntos” Y le dije que lo que temo es tener que aparecer ante Nuestro Señor en el Juicio Final y tener que decirle: “No, no Te defendí cuanto Te atacaron, cuando la verdad que Tú enseñaste estaba siendo traicionada.” Por eso, simplemente no pienso en ello.


    MJM: Bien, Su Eminencia, lo que acaba de decir es algo que ruego se haga contagioso en la vida de la Iglesia y en los niveles más altos. Pero usted cuenta con mucho apoyo. De hecho, un número de sacerdotes, académicos y profesores preeminentes, tanto aquí como en Europa, expresando su apoyo hacia usted y los otros tres cardenales, han firmado una carta de apoyo hace algunas semanas, en la que señalaron que, debido a la confusión generalizada y falta de unidad tras la promulgación de AL, la Iglesia universal hoy está entrando en “un momento críticamente grave de la historia” que, según ellos, tiene alarmantes similitudes con la gran crisis arriana del siglo cuarto. Estoy curioso por saber: ¿coincide usted con ello? ¿Cree usted que esto tiene el potencial de escalar hacia algo similar a la crisis arriana?


    Cardenal Burke: Bueno, lo tiene, en el sentido de que la confusión se extiende más y más, sobre una verdad fundamental de la fe. Ahora bien, en el caso de la crisis arriana, tenía que ver con las dos naturalezas de la persona de Nuestro Señor Jesucristo. Pero aquí estamos lidiando también con una verdad fundamental, en realidad, con dos verdades fundamentales: la verdad sobre el sagrado matrimonio y la verdad sobre la sagrada eucaristía. Y si esta confusión no se detiene, tendremos una situación en la que dentro de la Iglesia habrá grupos de personas que no creen en la fe católica, como por ejemplo la que encontró San Ambrosio cuando se convirtió en obispo de Milán. Así que es un asunto grave, y no creo que estén exagerando al hacer tal observación (la comparación con el arrianismo). No creo que estén exagerando en lo absoluto.


    MJM: el obispo Athanasius Schneider, que a esta altura parece ser una especie de socio suyo, al darle su apoyo, gracias a Dios—en su carta de apoyo a los cuatro cardenales, habla de lo que llama “reacciones intolerantes” a la dubia, y señala que los cuatro cardenales han sido castigados como “tontos, cismáticos, herejes e incluso comparables a los herejes arrianos.” Obviamente, Su Eminencia, esto debe dolerle, personalmente. ¿Pero, qué es lo que pasó en la Iglesia para que un simple pedido de clarificación en un asunto de moral y doctrina encuentre una reacción tan visceral por parte de los miembros de la jerarquía? ¿Qué ha salido mal?


    Cardenal Burke: Le diré lo que creo que ha salido mal, que hoy ha entrado en la Iglesia una forma de pensar muy terrenal, muy mundana. La Iglesia está dividida en partidos políticos y demás, en lugar de la unidad entre todos los católicos y la unidad en Cristo. Y esta forma mundana de pensar permite a las personas tomar una especie de enfoque ad hominem desmedido y ridículo. La dubia fue planteada respetuosamente; son preguntas muy honestas y merecen una respuesta honesta. Y lo que veo en estas reacciones extremas es un signo de que las personas que no responden a nuestra dubia se dan cuenta que en realidad no pisan suelo firme. No pueden responder a la dubia correctamente y por eso intentan desacreditar a la persona que hizo las preguntas. Es una vieja reacción humana, pero es mundana, es secular. No tiene lugar en la Iglesia.


    MJM: Entonces, ¿qué viene luego, Su Eminencia? Si el papa Francisco se niega a responder a su dubia, ¿cuál es el próximo curso de acción? Usted habló de la posibilidad de presentar una corrección formal. ¿Pero, a qué se parece eso exactamente?


    Cardenal Burke: Bueno, no parece muy diferente a la dubia. En otras palabras, se presentarán las verdades que parecen cuestionarse en AL junto con lo que la Iglesia siempre ha enseñado, practicado y anunciado en la enseñanza oficial de la Iglesia. Y de esa manera los errores podrían corregirse. ¿Le parece que tiene sentido?


    MJM: Sí, absolutamente. Un poco fuera de tema, pero cuando estaba en Roma cubriendo el Sínodo del año pasado, observé este tema constante—la idea del acompañamiento, la ‘Iglesia del acompañamiento’, como si en el pasado la Santa Madre Iglesia no hubiera sabido cómo acompañar al pecador. Esto me confundió, pero además parecía ir más allá. Por ejemplo, en la Oficina de Prensa del Vaticano, el cardenal Peter Turkson nos aseguró que en el próximo sínodo la ‘Iglesia del acompañamiento’ encararía las llamadas ‘uniones gay’. ¿Usted vislumbra un próximo cambio en la manera que este pontificado ‘acompaña’ a aquellos en uniones gay? ¿Es posible que el próximo año, a esta altura, podamos estar discutiendo dubia sobre una exhortación post-sinodal que parece aprobar el estilo de vida gay?


    Cardenal Burke: Bueno, esta noción de acompañamiento ciertamente no tiene un significado teológico clásico ni doctrinal. Y tampoco justifica cuestionar las verdades morales, especialmente en relación a los actos que son malos siempre y en todo lugar. Y si el acompañamiento es entendido de esa manera, usted tiene razón— podría conducirnos a todo tipo de discusiones muy perjudiciales y muy confusas. Pero creo que esta falsa noción de acompañamiento que manifestó sus efectos nocivos en la discusión de las situaciones de aquellos en uniones matrimoniales irregulares, nos conducirá ya sea a clarificar lo que significa el acompañamiento o a abandonar el uso de dicho término. Esto se remite a la relación entre la fe y la cultura. Estamos llamados por nuestra fe a encontrarnos con la cultura, pero nos encontramos con la cultura con las verdades de la fe y la llamamos a transformarse. En otras palabras, a conformarse más con la verdad que Dios ha escrito en la naturaleza misma y en el corazón humano en particular. Pero si esa noción de encuentro con la cultura no está informada teológicamente, no es comprendida correctamente, parecerá que la Iglesia comienza a correr tras la cultura. En otras palabras, que intenta imitar a la cultura. Ahora, si la cultura fuera perfectamente cristiana, aunque siga siendo incorrecto, la fe no se vería dañada. Pero vivimos en una cultura que es anti-vida, anti-familia, anti-religión. Por lo tanto dar la impresión de que la Iglesia respalda dicha cultura—es una locura.


    MJM: Cierto, así parece. Quiero decir, el Santo Padre reprende a los sacerdotes que convierten el confesionario en una “cámara de torturas”; pero parece que hoy más que nunca esta cultura que es muy cristofóbica, si se quiere, necesita escuchar la voz de la Madre Iglesia de una manera correctiva…quizás no acompañando, pero lo que quiero decir es que el acto de intentar corregir y ayudar al pecador—¿no es esa la principal manera de acompañar al pecador?


    Cardenal Burke: ¡Exactamente! Y eso se hace con caridad. No enfrentamos a las personas acusándolas con el dedo, gritándoles, o actuando histéricamente. Nuestra fe nos hace ser serenos, pero también firmes y resueltos. Por lo tanto enfrentamos a la cultura con la verdad de la ley moral y la verdad que el propio Jesucristo enseña. Y de hecho, en la verdad, que es lo que la cultura desea realmente. La cultura no respeta a una Iglesia que dice simplemente: “Oh, todo está bien” y la respalda. Esta cultura espera que la Iglesia la enfrente con un desafío. Muchas veces pienso en ello en términos de una relación entre padres e hijos. Cuando los niños se comportan mal, los niños deben ser corregidos y guiados. Si los padres simplemente los consienten, “oh, tienes razón, está bien”—los niños crecen de manera muy desordenada y tienen grandes problemas. Por eso los niños no respetan a sus padres.


    MJM [riendo]: Puedo decirle, Su Eminencia, como padre de siete niños, no acompaño tanto a mis hijos. Los amo y los corrijo cuando es necesario, pero ¿acompañarlos? ¿Qué significa eso?


    Cardenal Burke:
    Exactamente. Incluso como maestro, he corregido a estudiantes y hasta me han gritado: te odio. Usted sabe, han venido padres a decirme que su niño sale de la habitación diciéndoles: te odio. Pero pienso que en última instancia, ese niño, esa persona joven, estará muy agradecida por la corrección recibida. Puede que no sea gratitud inmediata, pero lo importante es eso – que tengamos la eternidad y el bien eterno del niño e incluso el destino eterno de la cultura, y podamos actuar en consecuencia.


    MJM: Correcto. Sabe usted, Su Eminencia, los católicos han pasado por muchas cosas en la última década, el escándalo de los sacerdotes, la renuncia del papa Benedicto, y este pontificado poco convencional del papa Francisco. Y ahora esto. Sé que nos queda poco tiempo, pero ¿cuál es su consejo a los católicos fieles, de continuar el papa Francisco sin responder a su dubia?


    Cardenal Burke: Mi consejo es este, y está inspirado en la verdad, la realidad de que Cristo está vivo para nosotros en la Iglesia, en su enseñanza, en sus sacramentos, su vida de oración y de devoción, y en su disciplina: continúen impregnándose con el conocimiento de la fe y el conocimiento del Cristo que está vivo para nosotros en la Iglesia. Estudien el Catecismo de la Iglesia Católica y otras expresiones de la enseñanza inmutable de la Iglesia, por ejemplo la exhortación apostólica Familiaris Consortio de San Juan Pablo II. Y luego continúen profundizando su participación en la sagrada liturgia y la vida de oración en casa y en una vida devota. Al mismo tiempo, esfuércense por conformar su vida más aún a las verdades de nuestra fe, siguiendo la enseñanza moral de la Iglesia y la enseñanza de la ley moral. Hoy, luego de la oración tras la comunión, rezamos en la Forma Ordinaria para que seamos antorchas que den la bienvenida a Cristo en nuestra oración y el testimonio de Su verdad, y eso es lo que debe preocuparnos. Y si hacemos esto estaremos animados y no nos dejaremos abatir por las grandes dificultades que estamos atravesando.


    MJM: Su Eminencia, nací en 1966, soy básicamente un hijo del Concilio Vaticano Segundo, y pareciera que toda mi vida ha habido un patrón de disminución gradual de la sagrada tradición, reemplazándola con algo nuevo. Usted ya sabe, la comunión en la mano o las monaguillas, o las nulidades facilitadas, etcétera. El papa Francisco se describe a sí mismo como quien actúa en fidelidad al espíritu del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo. Y me pregunto, si para usted no es un tema de preocupación, que lo parece que lo que estamos viendo ahora sea de hecho una especie de continuación de aquel espíritu del Vaticano II que tiene menos que ver con Francisco y más que ver con una orientación totalmente nueva de la Iglesia Católica.


    Cardenal Burke: Esa es una preocupación legítima. Y cuando escucho este lenguaje—el ‘espíritu del Vaticano II’—enseguida me pongo en alerta porque no hay duda, ha quedado demostrado y puede demostrarse aún más que mucho de lo que sucedió en la Iglesia luego del Concilio Vaticano Segundo, que invocó al Concilio Vaticano Segundo, no tenía nada que ver con lo que los padres conciliares enseñaron. Lo vimos en la devastación de la sagrada liturgia y también en otros aspectos. Así que creo que lo que debemos hacer es regresar a la enseñanza inmutable de la Iglesia tal como la expresó el Concilio Vaticano Segundo, pero en todos los concilios ecuménicos y en todas las enseñanzas auténticas de la Iglesia a lo largo de los siglos. Sólo cuando los católicos estén bien empapados en las enseñanzas de la fe, van a estar preparados para dar ese testimonio que hoy se necesita y también van a estar preparados para ser fuertes miembros de la Iglesia y para mantener fuerte a la Iglesia. Hoy sufrimos por décadas de mala catequesis, o una falta total de catequesis. Y eso está dando sus frutos. Pero tenemos las herramientas para enfrentarlo y debemos usarlas. Y veo muchos signos de gente que realmente quiere conocer su fe y profundizar su conocimiento de la fe. Y quieren que la sagrada liturgia sea lo que debe ser, un encuentro con el cielo y todo su esplendor. Estas personas están muy preocupadas por aprender cómo llevar una vida buena y moral.


    MJM: Última pregunta, Eminencia, si pudiera decir algo que me ayude. Nosotros somos miembros de la prensa católica, y hay muchos miembros de la prensa católica que lo apoyan a usted y a los tres cardenales. Pero queremos ser parte de su solución. No queremos ser parte del problema. ¿Qué quiere que hagamos mientras se desenvuelve esta dramática situación de la dubia? En otras palabras, ¿qué es lo mejor que podemos hacer para ayudarlo en esta posición en la que se encuentra?


    Cardenal Burke: Pienso que lo mejor que pueden hacer para ayudar, y muchos de ustedes ya lo han estado haciendo, es simplemente publicar la verdad, pero de manera serena, para mantener un respeto absoluto hacia la Iglesia en todos sus aspectos, incluyendo el oficio petrino, que es esencial para la vida de la Iglesia. Pero al mismo tiempo, decir claramente la verdad de manera amable. Y si lo hace, como un número de ustedes han estado haciendo, serán de mucha ayuda. No queremos contribuir con la división, tomando un enfoque muy agresivo y frontal, que divida al pueblo y cause que la gente no comprenda lo que está sucediendo y se escandalice. Creo que si expresa las verdades de la fe de una manera serena y amable, ayudará a todos, incluyendo a quienes quizás aún no comprenden la dificultad en la que nos encontramos.


    MJM: Su Eminencia, le agradezco realmente que se haya tomado el tiempo de responder a estas preguntas. Creo que no hace falta decir que rezamos todos por usted y estamos muy agradecidos por la posición que ha tomado. Y si hay algo, en algún momento, que podamos hacer para ayudarlo, por favor háganoslo saber. Y por favor, tenga por seguro que cuenta con nuestro apoyo y nuestras oraciones a medida que avanza.


    Cardenal Burke: Muchas gracias. Sigan rezando por mí, les estoy muy agradecido por ello. Y he disfrutado mucho hablando con usted esta mañana.



    (Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)



    Fuente: ADELANTE LA FE
    Última edición por Martin Ant; 15/01/2017 a las 13:43
    Rodrigo dio el Víctor.

  17. #77
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Saturday, January 14, 2017

    “No se puede traicionar la conciencia”, Card. Caffarra habla sobre las Dubia






    Que nosotros sepamos, es la primera vez que habla el card. Carlo Caffarra, uno de los cuatro cardenales que firma las ahora famosas Dubia (dudas) dirigidas a Francisco pidiéndole que aclare ciertos aspectos confusos generados por Amoris Lætitia. De hecho, fue él mismo quien personalmente se las entregó al Pontífice en sus propias manos (ver aquí). Y ha hablado para Il Foglio, el cual publica hoy un artículo basado en sus declaraciones.

    Aquí traducimos una amplia porción de las expresiones (no todas) que en el artículo aparecen atribuidas al card. Caffarra.



    “Creo que debe aclararse varias cosas. La carta –y las dudas anexas— fue largamente reflexionada, por meses, y largamente discutida entre nosotros. Por cuanto a mí respecta, se rezó también largamente frente al Santísimo Sacramento”.

    “Éramos conscientes de que el gesto que estábamos cumpliendo era muy serio. Nuestras preocupaciones eran dos. La primera era no escandalizar a los pequeños en la fe. Para nosotros pastores, esto es un deber fundamental. La segunda preocupación era que ninguna persona, creyente o no creyente, pudiera encontrar en la carta expresiones que ni de lejos parecieran siquiera como una mínima falta de respeto hacia el Papa. El texto final, por lo tanto, es el fruto de varias revisiones: textos revisados, rechazados, corregidos”.

    “¿Qué nos llevó a este gesto? Una consideración de carácter general -estructural y una carácter contingente-coyuntural. Empecemos con la primera. Existe para nosotros cardenales el grave deber de aconsejar al Papa en el gobierno de la Iglesia. Es un deber, y los deberes obligan. De carácter más contingente, sin embargo, es el hecho —que sólo un ciego puede negar— que en la Iglesia existe una gran confusión, incertidumbre, inseguridad causada por algunos párrafos de Amoris Laetitia. Durante estos meses está ocurriendo que sobre las mismas cuestiones fundamentales referentes a la economía sacramental (el matrimonio, la confesión y la Eucaristía) y a la vida cristiana, algunos obispos han dicho A, otros han dicho lo contrario de A. Con la intención de interpretar bien los mismos textos”.

    “[E]sto es un hecho, innegable, porque los hechos son tozudos, como decía David Hume. La vía de salida de este conflicto de interpretaciones era el recurso a criterios interpretativos teológicos fundamentales, usando los cuales pienso que se pueda razonablemente mostrar que Amoris Laetitia no contradice Familiaris consortio. Personalmente, en encuentros públicos con laicos y sacerdotes he siempre seguido esta vía”.

    “Nos dimos cuenta que este modelo epistemológico no era suficiente. El contraste entre estas dos interpretaciones continuaba. Sólo había un modo de tratar con ello: preguntar al autor del texto interpretado de dos maneras contradictorias cuál es la interpretación correcta. No hay otra vía. Se puso, a continuación, el problema del modo en el cual dirigirse al Pontífice. Hemos elegido una vía muy tradicional en la Iglesia, las así llamadas, dubia”.

    “Porque se trataba de un instrumento que, en el caso de que según su soberano juicio el Santo Padre hubiera querido responder, no lo comprometía en respuestas elaboradas y largas. Debía sólo responder Sí o No. Y remitir, como a menudo los Papas han hecho, a autores probados (en jerga: probati auctores) o pedir a la [Congregación para la] Doctrina de la fe emitir una declaración conjunta con la cual explicar el Sí o el No. Parecía la forma más simple. La otra cuestión que se plantea es si hacerlo en privado o en público. Razonamos y convinimos en que sería una falta de respeto hacerlo público todo de inmediato. Así se hizo en modo privado, y sólo cuando tuvimos la certeza de que el Santo Padre no respondería, hemos decidido publicar”.

    “Hemos interpretado el silencio como una autorización para proseguir la confrontación teológica. Y, por otra parte, el problema involucra profundamente tanto el magisterio de los obispos (que, no lo olvidemos, lo ejercitan no por delegación del Papa, sino en virtud del sacramento que han recibido), como la vida de los fieles. Los unos y los otros tienen el derecho a saber. Muchos fieles y sacerdotes estaban diciendo, ‘pero ustedes cardenales en una situación como esta tienen la obligación de intervenir con el Santo Padre. ¿Para qué otra cosa diferente existen si no es para ayudar al Papa en cuestiones así de graves?’. Comenzaba a abrirse camino al escándalo de muchos fieles, como si nos comportáramos como los perros que no ladran de los que habla el Profeta. Esto es lo que está detrás de esas dos páginas”.

    “Algunas personas siguen diciendo que no somos obedientes al Magisterio del Papa. Es falso y calumnioso. Justo porque no queremos ser indóciles hemos escrito al Papa. Yo puedo ser dócil al magisterio del Papa si sé lo que el Papa enseña en materia de fe y de vida cristiana. Pero el problema es exactamente esto: que sobre los puntos fundamentales no se entienden bien lo que el Papa enseña, como lo demuestra el conflicto de interpretación entre los obispos. Queremos ser dóciles al magisterio del Papa, pero el magisterio del Papa debe ser claro. Ninguno de nosotros ha querido obligar al Santo Padre a responder: en la carta hemos hablado acerca del juicio soberano. Simplemente y respetuosamente hemos hecho preguntas. Finalmente no merecen atención las acusaciones de que queremos dividir la Iglesia. La división, ya existente en la Iglesia, es la causa de la carta, no su efecto. Cosas en lugar indignas dentro de la Iglesia son, en un contexto como este sobre todo, los insultos y las amenazas de sanciones canónicas”.

    [Sobre la premisa contenida en la carta de los 4 cardenales que acompaña las Dubia, la cual habla de “una gran confusión respecto a cuestiones muy importantes para la vida de la Iglesia”. N. de T.]

    “He recibido la carta de un párroco que es una fotografía perfecta de lo que está sucediendo. Me escribía: ‘En la dirección espiritual y en la confesión no sé qué más decir. Al penitente que me dice: Yo vivo para todos los efectos como marido con una mujer que es divorciada y ahora la Eucaristía se me cierra, le sugiero un camino, con el fin de corregir esta situación, Pero el penitente me detiene e inmediatamente responde: espere, padre, el Papa ha dicho que puedo recibir la Eucaristía, sin tener el propósito de vivir en continencia. Ya no puedo soportar más esta situación. La Iglesia me puede pedir cualquier cosa, pero no traicionar mi conciencia. Y mi conciencia hace objeción a una supuesta enseñanza pontificia de admitir a la Eucaristía, dadas ciertas circunstancias, a los que viven more uxorio sin estar casados’ Así escribía el párroco. La situación de muchos pastores de almas, me refiero sobre todo a los párrocos es esta: se encuentran en los hombros con una carga que no son capaces de llevar. Es esto en lo que pienso cuando hablo de gran confusión. Y hablo de los párrocos, pero muchos fieles permanecen aún más confundidos. Estamos hablando de cuestiones que no son secundarias. No se está discutiendo si el pescado rompe o no rompe la abstinencia. Se trata de cuestiones gravísimas para la vida de la Iglesia y para la salvación eterna de los fieles. No olvidemos nunca: esta es la ley suprema de la Iglesia, la salvación eterna de los fieles. No hay otras preocupaciones. Jesús fundó su Iglesia para que los fieles que tenga la vida eterna, y la tengan en abundancia”.

    “Haría dos premisas muy importantes. Pensar en una práctica pastoral no fundada y arraigada en la doctrina significa fundar y radicar la praxis pastoral de la arbitrariedad. Una iglesia con poca atención a la doctrina ya no es más una Iglesia pastoral, sino es una Iglesia más ignorante. La Verdad de la que hablamos no es una verdad formal, sino una Verdad que da la salvación eterna: Veritas salutaris, en términos teológicos. Me explico. Existe una verdad formal. Por ejemplo, quiero saber si el río más largo del mundo es el rio Amazonas o el Nilo. Resulta que es el río Amazonas. Esta es una verdad formal. Formal significa que este conocimiento no tiene nada que ver con mi manera de ser libre. Incluso si la respuesta fuera todo lo contrario, no cambiaría nada en mi manera de ser libre. Pero hay verdades que llamo existenciales. Si bien es cierto —como Sócrates ya había enseñado— que es mejor sufrir la injusticia antes que hacerla, enuncio una verdad que hace que mi libertad actúe de manera muy diferente que si fuera verdad lo contrario. Cuando la Iglesia habla de verdad, habla de la verdad del segundo tipo, la cual, si es obedecida por la libertad, genera la verdadera vida. Cuando escucho decir que es sólo un cambio pastoral y no doctrinal, o si se piensa que el mandamiento que prohíbe el adulterio es una ley puramente positiva que se puede cambiar (y yo creo que ninguna persona recta puede pensar en esto), o significa admitir que en general el triángulo sí tiene tres lados, o que existe la posibilidad de construir uno con cuatro lados. Es decir, digo una cosa absurda. Ya los medievales, después de todo, decían: theoria sine praxi, currus sine axi; praxis sine theoria, caecus in via”.

    “El gran tema de la evolución de la doctrina, que siempre ha acompañado el pensamiento cristiano. Y que sabemos ha sido retomado de forma esplendida por el Beato John Henry Newman. Si hay un punto claro es que no hay evolución en la que haya contradicción. Si yo digo que s es p y después digo que s no es P, la segunda proposición no desarrolla la primera sino que la contradice. Ya Aristóteles había justamente enseñado que enunciar una proposición universal afirmativa (por ejemplo, todo adulterio está mal), y el al mismo tiempo una proposición particular negativa que contenga el mismo sujeto y predicado (por ejemplo, algún adulterio no está mal), no hay ninguna excepción a la primera. La contradice. Al final, si quisiera definir la lógica de la vida cristiana, usaría la expresión de Kierkegaard: Moverse siempre, permaneciendo siempre firme en el mismo punto’”

    “[El problema] es ver si los famosos párrafos N°s 300-305 de Amoris Laetitia y la famosa nota N° 351 están o no están en contradicción con el magisterio precedente de los Pontífices que han afrontado la misma cuestión. Según muchos obispos, está en contradicción. Según muchos otros obispos, no se trata de una contradicción, sino un desarrollo. Y es por esto que hemos pedido una respuesta a la Papa”.

    “El problema en su nodo es el siguiente... ¿El ministro de la Eucaristía (usualmente el sacerdote) puede dar la Eucaristía a una persona que vive more uxorio con una mujer o un hombre que no es su esposa o su marido, y no tienen la intención de vivir en continencia? Las respuestas son sólo dos: Sí o No. Ninguno pone en tela de juicio que Familiaris consortio, Sacramentum unitatis, el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica a la antedicha pregunta responden No. Un No válido mientras el fiel no tenga la intención de abandonar el estado de convivencia more uxorio. ¿Amoris Laetitia ha enseñado que, dadas ciertas circunstancias precisas y hecho un cierto camino, los fieles pueden acercarse a la Eucaristía sin comprometerse a la continencia? Hay obispos que han enseñado que se puede. Por una simple cuestión de lógica, se debe entonces también enseñar que el adulterio no es en sí mismo y por sí mismo malo. No es pertinente apelar a la ignorancia o al error sobre la indisolubilidad del matrimonio: un hecho desgraciadamente muy difundido. Esta apelación tiene un valor interpretativo, no orientativo. Debe ser usado como un método para discernir la imputabilidad de las acciones ya realizadas, pero no puede ser el principio para las acciones por cumplirse. El sacerdote tiene el deber de iluminar al ignorante y corregir al que se equivoca”.

    "Sin embargo, lo que en lugar Amoris Laetitia ha traido de nuevo sobre tal cuestión, es el llamado a los pastores de almas a que no se conformen con responder No (sin embargo, no conformarse significa responder Sí), sino llevar a la persona de la mano y ayudarla a que crezca hasta el punto de que entienda que se encuentra en una condición tal que no pueden recibir la Eucaristía, si no cesa en la intimidad propia de los esposos. Pero no es que el sacerdote pueda decir ‘lo ayudo en su camino dándole también los sacramentos’. Y es sobre esto que en la nota número 351 el texto es ambiguo. Si yo le digo a la persona que no puede tener relaciones sexuales con quien no es su marido o su esposa, pero que mientras tanto, ya que hace tanto esfuerzo, puede tener ... sólo una en lugar de tres por semana, no tiene sentido, y no uso de misericordia con esta persona. Porque para poner fin a un comportamiento habitual —un habitus, dirían los teólogos— usted tiene que tener el firme propósito de no ejercitar más ningún acto propio de aquel comportamiento. En el bien existe un progreso, pero entre el dejar el mal e iniciar a cumplir el bien, no existe una elección instantánea, aunque sea largamente preparada. Por un cierto tiempo Agustín oró: Señor, dame la castidad, pero todavía no’”.

    “Aquí está en cuestión lo que enseña Veritatis splendor. Esta encíclica (6 de agosto de 1993) es un documento altamente doctrinal, en las intenciones del Papa San Juan Pablo II, hasta el punto que —cosa excepcional ya en las encíclicas— está dirigida sólo a los obispos en cuanto responsable de la fe que se debe creer y vivir (cf. nº 5). A ellos, al final, el Papa recomienda estar vigilantes sobre las doctrinas condenadas o enseñadas por la misma encíclica. Las unas para que no se difundan en la comunidad cristiana, las otras para que sean enseñadas (cfr. n 116). Una de las enseñanzas fundamentales del documento es que hay actos que pueden, por sí mismos y en sí mismos, independientemente de las circunstancias en las que se realizan y los alcances que el agente se proponga, ser calificados de deshonestos. Y añade que negar este hecho puede comportar negar el sentido del martirio (cfr. nn. 90-94). Cada mártir, de hecho,... podría haber dicho: ‘Pero yo me encuentro en una circunstancia... en una tal situación por la que el grave deber de profesar mi fe, o de afirmar la inviolabilidad de un bien moral, ya no me obliga más’. Si se piensa en las dificultades que la esposa de Tomás Moro ponía a su marido ya condenado a prisión: ‘Usted tiene deberes para con la familia, para con sus hijos’. No es, por tanto, sólo un discurso de fe. Incluso si uso la recta razón, veo que negando la existencia de actos intrínsecamente deshonestos, niego que exista un límite más allá del cual los poderosos de este mundo no puedan y no deban ir. Sócrates fue el primero en occidente en entender esto. Por lo tanto, la cuestión es grave, y esto no se puede dejar en incertidumbre. Por esto nos permitimos pedir al Papa que aclarare, ya que hay obispos que parecen negar tal hecho, refiriéndose a Amoris Laetitia. De hecho, el adulterio siempre ha vuelto a entrar en los actos intrínsecamente malos. Basta leer lo que en este sentido dice Jesús, san Pablo y los mandamientos dados a Moisés por el Señor”.

    “Aquí hay una gran confusión Todos los pecados y las opciones intrínsecamente deshonestas pueden ser perdonados. Con que ‘intrínsecamente deshonesto’ no significa ‘imperdonable’. Jesús, sin embargo, no se contenta con decir adultera: ‘Ni yo te condeno’. También le dice: ‘Ve, y de ahora en adelante no peques más’ (Jn. 8,10). Santo Tomás, inspirado por San Agustín, hace un comentario bellísimo, cuando escribe que él pudo haber dicho: Vete y vive como quieras y está segura de mi perdón. A pesar de todos tus pecados, te liberaré de los tormentos del infierno. Pero el Señor que no ama la culpa y no promueve el pecado, condena la culpa... diciendo: y de ahora en adelante no peques más. Aparece así cuán tierno es el Señor en su misericordia y justo en su Verdad’ (cfr. Comm. a Jn. 1139). Realmente somos, no por una forma de hablar, libres delante del Señor. Por lo que el Señor no echa atrás su perdón. Debe haber un matrimonio maravilloso y misterioso entre la infinita misericordia de Dios y la libertad del hombre, que se debe convertir si quiere ser perdonado”.







    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  18. #78
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Card. Gerhard Müller responde informalmente a Dubia sobre Amoris Lætitia.





    El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, card. Gerhard Ludwig Müller, en una entrevista para la revista Il Timone de su número de Febrero de 2017, parece responder de forma informal a las Dubia que sobre la interpretación de Amoris Lætitia presentaron a Francisco en Septiembre de 2016 cuatro cardenales; aunque previamente el card. Müller había dicho que la CDF no podía responder, en razón de que las dudas habían sido dirigidas directamente al Papa.

    Sandro Magister presenta en su blog una traducción al español de los puntos nodulares de la entrevista del Card. Müller con Il Timone.


    P. – ¿Se puede dar una contradicción entre Tradición y conciencia personal?

    R. –
    No, es imposible. Por ejemplo, no se puede decir que hay circunstancias por las cuales un adulterio no constituye un pecado mortal. Para la doctrina católica es imposible la coexistencia entre el pecado mortal y la gracia santificante. Para superar esta absurda contradicción Cristo ha instituido para los fieles el sacramento de la Penitencia y Reconciliación con Dios y con la Iglesia.


    P. – Es una cuestión que se discute mucho a propósito del debate en torno a la exhortación post-sinodal "Amoris laetitia".

    R. –
    La "Amoris laetitia" es interpretada claramente a la luz de toda la doctrina de la Iglesia. […] No me agrada, no es correcto que muchos obispos estén interpretando "Amoris laetitia" según su propio modo de entender la enseñanza del Papa. Esto no va en línea con la doctrina católica. El magisterio del Papa es interpretado sólo por él mismo o a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Papa interpreta a los obispos, no son los obispos los que deben interpretar al Papa, esto constituiría un derrocamiento de la estructura de la Iglesia Católica. A todos ellos que hablan demasiado, les recomiendo estudiar primero la doctrina [de los concilios] sobre el papado y sobre el episcopado. Como maestro de la palabra, el obispo debe ser el primero en estar bien formado para no correr el riesgo que un ciego conduzca de la mano a otros ciegos. [...]


    P. – La exhortación de san Juan Pablo II, "Familiaris consortio", prevé que las parejas de divorciados que se han vuelto a casar y que no pueden separarse, para poder acceder a los sacramentos deben comprometerse a vivir en continencia. ¿Todavía es válido este compromiso?

    R. –
    Ciertamente que sí, no está superado porque no es solamente una ley positiva de Juan Pablo II, sino que él mismo expresó lo que es constitutivamente un elemento de la teología moral cristiana y de la teología de los sacramentos. La confusión sobre este punto remite también a la falta de aceptación de la encíclica "Veritatis splendor" con la clara doctrina de lo "intrinsece malum". […] Para nosotros el matrimonio es la expresión de la participación de la unidad entre Cristo esposo y su esposa la Iglesia. Ésta no es, como han dicho algunos durante el Sínodo, una simple y vaga analogía. ¡No! Ésta es la sustancia del sacramento, y ningún poder en el cielo y en la tierra, ni siquiera un ángel, ni el Papa, ni un concilio ni una ley de los obispos tienen la facultad de modificarlo.


    P. – ¿Cómo se puede resolver el caos que se genera a causa de las diferentes interpretaciones que se han dado de este pasaje de Amoris laetitia?

    R. –
    Recomiendo a todos reflexionar, estudiando antes la doctrina de la Iglesia, partir de la Palabra de Dios en las Sagrada Escrituras, que es muy clara respecto al matrimonio. Aconsejaría también no entrar en ninguna casuística que puede generar fácilmente malentendidos, sobre todo el que afirma que si se muere el amor, entonces se muere el vínculo matrimonial. Éstos son sofismas: la Palabra de Dios es muy clara y la Iglesia no acepta secularizar el matrimonio. La tarea de los sacerdotes y de los obispos no es la de crear confusión, sino la de aportar claridad. No podemos referirnos solamente a pequeños pasajes presentes en "Amoris laetitia", sino que es necesario leer todo en su conjunto, con la finalidad de hacer más atractivo para las personas el Evangelio del matrimonio y de la familia. No es "Amoris laetitia" la que ha provocado una interpretación confusa, sino algunos confundidos intérpretes de ella. Todos debemos comprender y aceptar la doctrina de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo estar dispuestos a ayudar a los demás a comprenderla y a ponerla en práctica también en situaciones difíciles.


    En estas declaraciones el card. Müller podría estar incluyendo al que en teoria sería su sucesor, Mons. Bruno Forte, quien interpreta Amoris Lætitia con la clave dictada por el card. Schönborn, es decir, la que acepta el acceso —en ciertos casos— de los adúlteros a la Sagrada Comunión. No solamente ello, sino que ataca a los que no lo hacen así. Para no ir muy lejos podemos tomar un pasaje de su columna de Il Sole 24 Ore, del pasado Domingo, Ene-29-2017.


    Cuando la esperanza está alimentada por el Evangelio

    Por Bruno Forte



    Que el Papa Francisco se instale en el escenario mundial como una autoridad moral universalmente reconocida es un dato de hecho. También continúa acompañándolo un amplio entusiasmo popular.

    Se trata de un entusiasmo motivado por la extraordinaria capacidad comunicativa con el que él llega a los corazones sirviéndose de un lenguaje simple e inmediato, hecho de palabras y de gestos de gran eficacia. No faltan, sin embargo, resistencias a Su acción y a Su mensaje: especialmente después de la publicación de la exhortación “Amoris Laetitia”, que siguió a las dos asambleas sinodales de 2014 y 2015 sobre el tema de la familia, varias críticas a Su magisterio se han concentrado en la posibilidad de integrar plenamente en la vida de la comunidad eclesial y de admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo que se encuentren en una situación irreversible y estén animados por una fe viva y por el deseo de comunión con el Señor y con la Iglesia. Las “dubia”, presentadas por cuatro altos miembros del Colegio Cardenalicio, enfatizadas por muchos medios de comunicación, han sido la punta del iceberg de esta resistencia, que —si bien largamente minoritaria en el pueblo de Dios— quiere ser hacerse sentir por la opinión pública y en particular en la comunidad eclesial. Algunas intervenciones de operadores de la comunicación y de expertos de disciplinas teológicas, morales y pastorales, se unen a este coro, que ciertamente no afectan la serenidad y la libertad de acción de Francisco, pero arriesga sembrar inseguridad y división entre los católicos, y no solamente [a ellos].


    Así que no sabemos si con las declaraciones a Il Timone el card. Müller esté acelerando su proceso de defunción como Prefecto de la CDF para ser reemplazado por uno más en línea con Francisco, ¡como Mons. Forte!



    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  19. #79
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

    Wednesday, February 01, 2017


    Obispos alemanes oficializan su interpretación de
    Amoris Lætitia: “Abre la posibilidad de recibir los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía”.




    Era apenas lógico, visto que ellos de facto ya llevan más de 20 años dando la Sagrada Comunión a los adúlteros.

    Información de agencia Associated Press, Feb-01-2017. Traducción de Secretum Meum Mihi.



    CIUDAD DEL VATICANO -
    Los obispos alemanes han declarado que el acercamiento del Papa Francisco a los católicos divorciados y civilmente vueltos a casar les abre la puerta para permitirles recibir la Comunión.

    En un comunicado difundido el miércoles, la conferencia episcopal alemana dice que el documento de Francis titulado “La alegría del amor” expone cómo los pastores pueden proporcionar “soluciones diferenciadas” a casos individuales a través de un proceso de acompañamiento. Dijeron que el método “abre la posibilidad de recibir los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía”.

    Hasta el momento, los obispos argentinos y malteses han emitido directrices similares. Los obispos malteses han ido aún más lejos, diciendo que la Eucaristía no puede ser negada a estos católicos si, después de un camino de discernimiento espiritual, están en paz con Dios.

    El zar doctrinal de Francisco, sin embargo, dice en una entrevista que la doctrina de la Iglesia impide que estos católicos reciban la comunión.




    Actualización Feb-01-2017 (16:40 UTC): Como hemos anotado en otras ocasiones, las grandes agencias noticiosas, como en este caso, en sus sitios de internet publican versiones de informaciones que con el curso de las horas reeditan. La versión que arriba traducimos corresponde a la primera aparecida, diferente a la que ahora está publicada.




    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI

  20. #80
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    Re: Cardenales pasan a la acción: ¿qué ocurre si un Papa enseña un error grave o here

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    Thursday, March 16, 2017


    Dubia
    sobre Amoris Lætitia: Cardenales que la presentaron habrían decidido desistir de la corrección formal a Francisco




    Traducimos el siguiente aparte de una reciente entrada del blog Anonimi della Croce.


    Mi fuente me dice que los 4 Cardenales, Brandmüller, Burke, Caffarra y Meisner, que han puesto las dubia al jesuita argentino para aclarar la Amoris Laetitia, NO HARÁN YA LA PÚBLICA CORRECCIÓN COMO HABÍAN PREANUNCIADO.

    De hecho, reunidos hace unos veinte días, en Roma, han optado por esta elección. Parece que el motivo es el hecho que no se han sentido apoyados por otros Cardenales, a nivel oficial y han decidido tirar la toalla.


    Caso que lo anterior sea cierto, se habría cumplido lo que sugería Il Messaggero a finales de Enero pasado: Que Francisco estaba esperando que desistieran de la corrección por el bien de la Iglesia.



    --------------------------------------



    Friday, March 17, 2017


    Dubia
    sobre Amoris Lætitia: Corrección formal sigue en pie




    Continuando con el seguimiento de la información de ayer, en realidad rumor, que hablaba de que los 4 cardenales que presentaron las Dubia (dudas) a Francisco pidiendo claridad sobre ciertos aspectos confusos de Amoris Lætitia, Edward Pentin en su cuenta de Twitter ha publicado dos trinos.

    En el primero de ellos afirma que “según fuentes informadas” la corrección de un error formal anunciada en primer momento por el card. Burke en caso de no recibir respuesta, “continúa en programa”.


    https://twitter.com/EdwardPentin/sta...x-results%3D10


    En un segundo momento se reafirma diciendo que “los rumores que ruedan de que la corrección ha sido archivada, son falsos”.


    https://twitter.com/EdwardPentin/sta...x-results%3D10


    Como evidentemente la poca información al respecto es contradictoria, es de suponerse que en el futuro haya desarrollos.


    ---------------------------------------



    ¡Que no hombre, que los 4 cardenales que presentaron las Dubia no van hacer pública la corrección formal!



    Fra Cristoforo, quien inicialmente dijo que los 4 cardenales que presentaron las Dubia habían desistido de hacer la correción formal, se ratifíca en lo suyo; no obstante que el vaticanista Edward Pentin, basado en sus fuentes, haya dicho que la cosa seguía en pie.

    En una entrada de hoy en su blog Anonimi della Croce, Fra Cristoforo no solamente se mantiene en lo dicho, sino que ofrece una breve explicación. Nuestra traducción (la bastardilla viene en el original).


    Mi fuente me ha revelado que el que ha llamado a la prudencia a los 4 cardenales ha sido [el cardenal] Müller, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. De hecho, en el encuentro que han tenido los 4, también él estaba presente. El llamado a la prudencia sobre la publicación de la corrección es debido a una frase que [el cardenal] Müller habría dicho en el mencionado encuentro: “es necesario escoger el mal menor. Si se publica la corrección se corre el riesgo del cisma”.


    Subrayamos que lo que se entiende no es que hayan desistido de hacer la corrección formal de un error, lo que se entiende es que la van a hacer pero de la forma que ya una vez sugirió el card. Brandmüller: In camera caritatis.



    Fuente de las noticias: SECRETUM MEUM MIHI
    Última edición por Martin Ant; 22/03/2017 a las 10:23

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