El pecado que Dios no perdona: La blasfemia contra el Espíritu Santo.
Hace unos días leí un artículo sobre este tema y desde entonces no paran de venirme a mi cabeza blasfemias contra el Espíritu Santo, hasta el punto de que creo que Dios ya me ha condenado y no me voy a salvar. El caso es que yo sé que no son pensamientos míos, pero no sé por qué no los puedo controlar.
Los tengo y los rechazo al momento, pero a veces entran en bucle, especialmente cuando estoy estudiando o intento concentrarme en algo y últimamente estoy con depresión y ansiedad, no duermo bien y me tiene loco hasta el punto de que he caído en un punto de apatía religiosa, ya que creo que no tiene sentido si ya estoy condenado, pues ese pecado no tiene perdón de Dios.
Y es que no puedo hacer nada, hace unos meses que vencí un pecado horrible que me ha tenido esclavizado años y ahora que por fin conseguía estar en paz con Dios y eliminar ese pecado, empiezo a tener estos pensamientos que yo no quiero tener y que rechazo y que, encima, es muchísimo peor que el otro pecado que me tenía esclavizado, pues no tiene perdón posible de Dios.
Estoy realmente desesperado, ya no sé si es obra del Maligno o es que tengo algún tipo de TOS religioso, pero conforme estoy escribiendo se me caen las lágrimas por las mejillas.
Por favor, ¿alguien me puede guiar?
Re: El pecado que Dios no perdona: La blasfemia contra el Espíritu Santo.
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Iniciado por
Alejandro Farnesio
Hace unos días leí un artículo sobre este tema y desde entonces no paran de venirme a mi cabeza blasfemias contra el Espíritu Santo, hasta el punto de que creo que Dios ya me ha condenado y no me voy a salvar. El caso es que yo sé que no son pensamientos míos, pero no sé por qué no los puedo controlar.
No siempre estamos preparados para leer cualquier cosa, y esto es algo que pocos reconocen. Después parece evidente que lo leído te ha impactado y posiblemente de ahí venga ese continuo rememorar blasfemias contra el Espíritu Santo.
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Los tengo y los rechazo al momento, pero a veces entran en bucle, especialmente cuando estoy estudiando o intento concentrarme en algo y últimamente estoy con depresión y ansiedad, no duermo bien y me tiene loco hasta el punto de que he caído en un punto de apatía religiosa, ya que creo que no tiene sentido si ya estoy condenado, pues ese pecado no tiene perdón de Dios.
No soy sacerdote, pero se me ha enseñado que Dios no condena sin antes no dar oportunidad de un verdadero arrepentimiento incluso en el último instante de la vida. Por tanto, en modo alguno creo que estés condenado, pero sí se ve que estás MUY estresado a causa de tus estudios. Por cierto, ansiedad y depresión no son exactamente lo mismo, siendo más bien lo que tienes lo primero pues eres consciente de lo que te pasa, mientras que la depresión en sentido estricto suele escapar al entendimiento de quien la padece, llegando a no reconocerla. Además, la psiquiatría tiene establecida toda una tipología de la depresión llegando a diferenciar más de treinta patologías.
La apatía religiosa te viene de ahí en parte, y también de que es algo muy común en casi todos. Es decir, no es nada raro que tengamos etapas de una mayor indiferencia y otras de un mayor fervor religioso. Por mi propia experiencia sé que es algo que se supera rezando, leyendo buenas obras y haciéndolas también. Por otro lado, es positivo reconocerlo. Pero como te he dicho antes, no soy sacerdote y te recomiendo un buen confesor, evitando uno de estos "modernitos".
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Y es que no puedo hacer nada, hace unos meses que vencí un pecado horrible que me ha tenido esclavizado años y ahora que por fin conseguía estar en paz con Dios y eliminar ese pecado, empiezo a tener estos pensamientos que yo no quiero tener y que rechazo y que, encima, es muchísimo peor que el otro pecado que me tenía esclavizado, pues no tiene perdón posible de Dios.
Una de las peores consecuencias que tiene el pecado es que esclaviza. El pecado continuado da la sensación de liberar inicialmente pues da la sensación de que se rompe con la disciplina de no pecar. Pero eso pasa factura en algún momento, y suele ser ese instante en el que ante dos caminos se toma uno en lugar del otro. Y cuando uno se libra de uno de tales pecados también se produce una sensación de alivio, pero no hay que bajar la guardia. Estamos en el mundo en guerra con el mundo y es normal tener muchas pequeñas derrotas, zancadillas que provienen del Maligno y sus huestes. Yo en tu lugar procuraría rezar al Espíritu Santo pidiéndole perdón por lo que te pasa, y es que no sé muy bien la razón, pero siempre pedimos al Padre y a Nuestro Señor, pero nunca nos acordamos del Espíritu Santo que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Pues hay que dirigirse también a Él, porque también es Dios. Y su misión es la de esclarecernos y darnos entendimiento, también para el estudio, pídeselo, es eficaz.
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Estoy realmente desesperado, ya no sé si es obra del Maligno o es que tengo algún tipo de TOS religioso, pero conforme estoy escribiendo se me caen las lágrimas por las mejillas.
Tranquilo, relájate y cada vez que te encuentres en un momento así, Padrenuestro al canto, con mesura y meditando lo que rezas. Y si uno no basta, pues dos, y sino pues tres, que el bálsamo no tardará en hacer efecto. Y siempre te queda el recurso de acudir a la Madre de Dios y Madre nuestra.
En cuanto a las obras del maligno están por todos lados, en todas partes, y cada vez con mayor claridad e intensidad.
Un abrazo en Cristo.
Re: El pecado que Dios no perdona: La blasfemia contra el Espíritu Santo.
Re: El pecado que Dios no perdona: La blasfemia contra el Espíritu Santo.
Y no te preocupes pensando que estás condenado por los pensamientos que te vengan porque un pensamiento en sí no es más que una tentación a menos que uno se demore y deleite en esos pensamientos, y en tu caso problamente ni eso, sino un molesto ataque del Demonio. Es como una mosca que te acosa y tienes que apartarla a manotazos. Te resulta molesta, no la quieres, y por eso la rechazas. Valmadian te ha dado muy buenos consejos. En realidad la blasfemia contra el Espíritu Santo no es blasfemia en el sentido usual de la palabra, sino que se trata más bien dentro de los pecados contra el Espíritu Santo, que son más bien la desesperación (desesperar de la salvación), la presunción (creerse ya salvado), la obstinación en el pecado, la impenitencia deliberada, la impugnación de la verdad conocida por malicia deliberada y la envidia del provecho espiritual ajeno. O sea, cosas mucho más graves que un simple pensamiento involuntario, no premeditado, que te viene a la cabeza.