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Tema: Auge y declive del Cerro de los Ángeles, centro del culto al Sagrado Corazón

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    Auge y declive del Cerro de los Ángeles, centro del culto al Sagrado Corazón

    El artículo está escrito en plena época gloriosa ("triunfalista", que dirían los progresistas) del Monumento, aunque ya los nuevos aires posconciliares presagiaban la total ruina social de dicho culto y de sus consecuencias político-religiosas.


    Revista FUERZA NUEVA, nº 77, 29-Jun-1968

    Más de 40.000 peregrinos en homenaje al Corazón de Jesús

    CERRO DE LOS ÁNGELES

    Está allí, arrebujado sobre la piedra, y hacia su imagen vuelven la mirada las gentes todas de España. Erigido en el centro geográfico del país (Getafe, Madrid), todavía se ven (1968) restos de las ruinas que la horda salvaje provocó años atrás. Aunque, eso sí, en la cima castellana la nueva imagen del Corazón de Jesús no ha perdido esplendor. Estamos en el Cerro de los Ángeles. Debajo de estas piedras y por entre los firmes cimientos ha quedado escrita una historia ya emocionante que habla del amor de un pueblo a Cristo Rey. Frente a las nuevas formas escapistas de piedad, llenas de transgresiones y de concesiones, el monumento al Corazón de Jesús es un hito de piedad permanente, viril, de milicia cristiana, que arranca de la fe de varias generaciones y que ha fraguado con la persecución para ofrecerse ahora como un remanso de paz y de devoción.

    Todos los meses, las laderas y los senderos del Cerro se pueblan de peregrinos que entonan los viejos cánticos de siempre. Y todos los años, el día del Sagrado Corazón (*), la conmemoración lleva a la cima el latido de España entera. Este año, la conmemoración -a la vista el cincuentenario de la erección del monumento- ha tenido una brillantez destacable. Más de cuarenta mil personas, a pie o en los medios de comunicación a su alcance, hicieron del Cerro una “montaña santa”. La tierra se alzaba hacia arriba y componía un cuadro religioso de la mayor vistosidad. Las ligeras nubes se enredaban en el cielo azul, como en un nuevo Tabor. Y las plegarias resonaban con su bisbiseo a lo largo y a lo ancho, mientras de ocho a diez mil comuniones se repartieron el pasado día del Sagrado Corazón. Datos emotivos y hechos piadosos podrían llenar todo un anecdotario. El chico que acaba de llegar de Badajoz para tomar su primera comunión o la viejecita de Jaén que cumple en esta fiesta una de las ilusiones de su vida. Todo ello prueba que el monumento no es solo una obra meramente arquitectónica, sino un templo del espíritu.

    Aquel día de mayo (1919)

    La historia está tan viva que apenas es necesario contarla. Surgió la idea del monumento en 1900, pero sólo llegó a realizarse en 1919, al terminar la I Guerra Mundial. Era, sin duda, la expresión de la vida nacional y el tributo del agradecimiento de España por haberse librado del conflicto. El 30 de mayo de 1919, su majestad don Alfonso XIII consagró España al Sagrado Corazón, reconociendo así, de manera oficial, el deseo de todos los españoles. La frase esculpida en el pedestal de la estatua, de Aniceto Marinas –“Reinaré en España”- fue el guión emocional de todos. Con ella han muerto nuestros caídos en la Cruzada y bajo esta advocación-promesa entregan su vocación muchos de nuestros jóvenes.

    Pero estaba claro que monumento de tan honda y católica significación levantaría oleadas de resentimiento por parte de las fuerzas laicistas y de la masonería, y muy pronto el Cerro de los Ángeles se convirtió en blanco del odio de los enemigos de Cristo. Apenas iniciado el Alzamiento, el mundo conoció, a través de las agencias informativas, el “fusilamiento” del Corazón de Jesús. La rabia de los “sin Dios” no sólo realizó la sacrílega parodia de poner a Cristo a tiro de sus fusiles, sino que voló con dinamita el monumento, el primer viernes de agosto de 1936.

    La ocupación del Cerro por las tropas nacionales (noviembre, 1936) evitó que cristalizara el propósito de los rojos, que querían convertir aquel sitio en pedestal de una estatua de su odio interreligioso y llamarle “Cerro Rojo”. Cuando llegaron nuestros soldados comenzaron los actos de reparación ante las ruinas profanadas. El 7 de noviembre, también primer viernes de mes, fue la fecha en que volvió a resurgir entre las ruinas el monumento. Primero con una simbólica reparación y, más tarde, con la puesta en marcha de la reparación. “Hoy en el lugar santo - decía Pío XII en su radio mensaje del 18 de noviembre de 1945- queda solamente un montón de ruinas. Pero queda siempre también algo allí que no puede ser destruido por ningún explosivo, y es la fuerza del espíritu”.

    Y precisamente en gracia a esa fuerza interior de los españoles, el monumento ha vuelto a inscribirse en el cielo puro de Getafe, centro geográfico y espiritual del país. Pío XII tenía razón.

    La reparación en 1964

    Era algo de Justicia. Y, por lo tanto, entre los propósitos de nuestra paz fecunda estaba el de reparar la ofensa al monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Terminada nuestra Cruzada, a los tres meses, en julio de 1939, se colocó la primera piedra del nuevo monumento, y en 1944 se celebró un acto solemnísimo, con asistencia del Episcopado y del Gobierno, que venía a augurar una pronta realización del proyecto. En una pastoral del patriarca-obispo doctor Eijo y Garay, por estas fechas, coincidiendo con el XXV aniversario de la primera inauguración, se definen estas cosas que aparecen como un programa completo: “Con preocuparnos sobremanera el monumento de piedra, aún nos preocupa más el espiritual, sin el cual la materialidad de las piedras, artísticamente labradas, sirve de muy poco para la gloria de Dios y para el bien de la Patria. Es imprescindible que la devoción al Corazón Divino de Jesús se levante más ardorosa que antes y más fructífera en virtudes cristianas, sobre todo en fraterna caridad…”

    Precisamente porque las virtudes cristianas han fructificado, el nuevo monumento es una realidad. Recuerda de algún modo, el antiguo. Y fue el mismo escultor, Aniceto Marinas, quien volvió a organizar sus largas teorías de ángeles y de hombres, quien pergeñó una España eterna a través de sus alegorías de la Iglesia triunfante, defensora de la fe, militante y misionera. Han cambiado, eso sí, las proporciones hasta doblar las medidas de las primitivas esculturas, porque se elevan ahora sobre la cripta. Las variantes son dignas de consignarse.

    El nuevo monumento

    A ambos lados del pedestal, coronado por la imagen de Cristo, en el monumento antiguo figuraban dos grupos simbólicos de esculturas en granito: la humanidad santificada por el amor de Cristo a través de sus representantes más cercanos al Sagrado Corazón y según las diversas formas de santificación que la vida impone. Estos dos grupos se han repetido en el actual, pero en forma distinta y de gusto más moderno. Detrás se han añadido otros dos grupos, tal vez los más artísticos, que representan a España defensora de la fe, el de la derecha del pedestal, y España difusora de la fe o misionera, el de la izquierda. Aparecen en aquél, comenzando por la derecha, la figura simbólica de la fe, nuestro gran obispo Osio, campeón del Concilio de Nicea; don Pelayo, iniciador de la Reconquista; don Juan de Austria; el padre Laínez, jesuita, gran teólogo del Concilio de Trento, y como representación de nuestra Cruzada, el obispo mártir de Teruel (mons. Polanco) y el Ángel del Alcázar. En el grupo opuesto aparece, en primer término, la simpática figura de Isabel la Católica, con la carabela simbólica en la mano, y a su lado, de rodillas, sosteniendo con ella una cruz, Colón; detrás, en representación de la continuación de aquella evangelización del Nuevo Mundo, Hernán Cortés, y a su lado, con varios indios, el célebre Fray Junípero Serra, en nombre de tantos heroicos misioneros cuya obra perdura en aquellas tierras descubiertas por España para el Reino de Cristo.

    No podía faltar su representación de la Virgen y España en este monumento, como expresión de la piedad española. Es el mejor camino para llegar al Corazón de su Hijo, y así lo indica el puesto que ocupa entre el escudo de la Patria y la imagen del Señor, a cuyos pies se lee también la inscripción evocadora de su Gran Promesa al Padre Hoyos: “Reinaré en España”, pero puesta ya en presente, como canta nuestro pueblo. A diferencia del antiguo, aparece aquí la Virgen no como esbozo de la Inmaculada de Murillo, sino mostrando su Corazón Inmaculado, en recuerdo de la consagración oficial de España ante el Pilar en 1954.

    Otra fecha gloriosa

    La inauguración del actual monumento data del 25 de junio de 1965, fiesta del Sagrado Corazón. En plena misa concelebrada según las normas del Vaticano II, el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, hizo personalmente el acto de nueva Consagración, en medio de una multitud venida de todas partes, como reparación de aquella destrucción sacrílega y ratificación del primer acto oficial ante el antiguo monumento.

    La inmensa explanada que une ambos monumentos (casi 200 metros de larga con capacidad acogedora, sobre todo cuando pueda cerrarse con la columnata proyectada) aparece como grandioso templo bajo la cúpula de nuestro cielo. Merecen consignarse los nombres de los dos principales artistas que han realizado esta hermosa obra: don Luis Quijada, arquitecto, y el señor Cruz Solís, escultor, conocidos ambos por su participación en la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

    El cincuentenario, a la vista

    El año que viene (1969) se celebrará esta fecha, bien digna de conmemorarse. Sabemos que el Episcopado español ha dado los primeros pasos para preparar el programa, sobre todo dando un impulso eficaz para terminar la iglesia, de modo que pueda servir dignamente para el culto, como verdadero altar mayor de toda España. No dudamos que en todas partes sabrán responder con generosidad los españoles y no menos los católicos de los países hermanos de la Hispanidad, como lo han hecho ya en los otros dos santuarios de Valladolid y del Tibidabo (Barcelona).

    Y es que en prenda queda toda una hermosa devoción al Sagrado Corazón de Jesús por las tierras de España. Durante la paz española se han llenado de monumentos al Corazón de Jesús las colinas y los cerros de muchas ciudades y pueblos españoles (**). Son la siembra tesonera y abnegada que no fructificará en vano. Esperemos que, para el año próximo, con las campañas jubilares del cincuentenario, España rubrique sobre el Cerro de los Ángeles no sólo su devoción, sino su compromiso con el monumento. Y el propósito no puede ser otro que terminar las obras de la iglesia y dar al mundo una lección de sincera piedad, ahora que una iconoclastia suicida amenaza con dejarlos sin imágenes y sin símbolos de esa realidad espiritual supraterrena que nos hace esperar con firmeza y con esperanza el premio que España está empeñada en merecer como templo del mundo y como nación católica.

    Luis F. VILLAMEA



    (*) El viernes de la semana posterior a la festividad del Corpus Christi

    (**) Eso era durante la paz "franquista"; desde que hay una maravillosa democracia, en los cerros españoles se van poblando de edificaciones... ¡¡budistas!!

    Budismo en España: pagodas, budas gigantes y bonzos en picachos y serranías

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    Última edición por ALACRAN; 25/11/2022 a las 18:39
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Auge y declive del Cerro de los Ángeles, centro del culto al Sagrado Corazón

    El artículo anterior era de 1968. Ahora nos situamos un año después, en la conmemoración del año 1969, al medio siglo de la primera consagración del Monumento por Alfonso XIII.

    Se trata del escándalo e indignación que sufrieron Blas Piñar y muchísimos españoles ante
    el olvido, en homilía y discursos, de los obispos españoles presentes en la ceremonia del Cerro de los Ángeles (el mismo silencio que Roma y Pablo VI), ante la restauración del monumento y culto, sólo posible gracias a mártires y combatientes en la Cruzada (1936-39), así como al Estado del 18 de Julio y a Franco; dando la sensación de que aquellos obispos acudían al Cerro de los Angeles sólo por el "qué dirán" y " cumplir el expediente"; pontificando sólo sobre temática posconciliar... Eso sin contar con significativas ausencias vaticanas y jesuiticas (Sdo. Corazón...)

    Ese olvido y silencio era debido, cómo no, a que las santas exigencias políticas del Reinado del Sdo. Corazón estaban en las antípodas de las directrices del Concilio Vaticano II, que Roma, la conferencia episcopal y los obispos fogosamente llevaban a cabo.


    Revista FUERZA NUEVA, nº 128, 21-Jun-1969

    NI UN SOLO RECUERDO

    Por Blas Piñar

    El 30 de mayo último, festividad de San Fernando, se cumplía el cincuenta aniversario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Desde entonces acá, como el Pontífice y nuestros prelados han reconocido, esta devoción, tan arraigada en el pueblo, ha sufrido ataques muy profundos, que han conseguido enfriarla sobremanera. Lo que quizá no se haya subrayado con el énfasis debido es que dichos ataques han partido precisamente de quienes esperábamos la depuración del ropaje externo, ritualista y sentimental que podía haberla envuelto, pero nunca el desprecio irónico o la actitud silenciosa y neutra que ahora nos conturba. (…)

    El Jefe del Estado español (Franco), al renovar al día siguiente del cincuentenario, es decir, el 31 de mayo de 1969, la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles, decía con palabras no exentas de emoción: “Reconocemos que tenéis por blasón de vuestra Divinidad conceder participación de vuestro poder a los gobernantes de los pueblos”. (…) La doctrina, pues, cualquiera que sean las desviaciones de la praxis, está perfectamente formulada por quienes ejercen con validez, licitud y “ex oficio” la función de enseñarnos, y es a esa doctrina a la que, como miembros de la Iglesia y súbditos del Estado, nos debemos atener.

    Pero nuestro comentario no puede terminar aquí, ya que la insistencia con que en el acto se hizo referencia a la justicia, al respeto individual y social de la dignidad de la persona humana, y al compromiso de cumplir socialmente las exigencias dimanadas de la consagración, nos mueven a formular con el mayor respeto algunas consideraciones que estimamos importantes.

    De todos es sabido, con independencia del enjuiciamiento personal que pueda merecer el gobierno de D. Alfonso XIII, que, en aquella jornada del 30 de mayo de 1919, se jugó mucho y, posiblemente, la corona, pues las fuerzas ocultas que trabajaban en el país le hicieron objeto de halagos, al principio, para que la consagración no se verificase, y de amenazas, después, si la consagración se llevaba a término.

    Lo que nadie podía imaginar es que, transcurrido algún tiempo, derribada la Monarquía, instaurada la República, comenzada la revolución marxista, fusilada y volada por dinamiteros la imagen del Corazón de Jesús, se encontraran resistencias en la comunidad eclesial para que el monumento, una vez reconstruido -dejando en pie los muñones del que fuera derribado- recibiese el fervor de las multitudes y la renovada y agradecida fórmula de consagración.

    Vencidas las dificultades de una resistencia bien visible, lo que a muchos fieles nos ha dejado en situación confusa es el olvido inexplicable de lo ocurrido en estos cincuenta años, como si durante el transcurso de los mismos no hubiera sucedido nada en el país, como si pudiera borrarse de un plumazo la historia reciente de un pueblo, como si la gratitud no fuera también una exigencia primaria de la justicia.

    No hubo un solo recuerdo, durante el acto del Cerro de los Ángeles, del último día de mayo, para las vicisitudes por las que atravesó el monumento, para la horrible profanación cometida por los “sin Dios”, durante el verano de 1936, para la sangre vertida por los mártires en aquel histórico lugar, para la sangre derramada por los que valientemente lo reconquistaron, devolviéndole su verdadera denominación y abrogando la de “Cerro rojo” con que fue conocido por los marxistas.

    No hubo un recuerdo para las piedras mutiladas, con todo su trágico simbolismo, y que allí perduran; ni el rostro sin facciones del Cristo derribado. No hubo un recuerdo para la imagen nueva, alzada con el esfuerzo económico de los españoles, con la aportación generosa del Estado. No hubo un recuerdo -si se exceptúan las palabras de quien hacía de nuevo la consagración (F. Franco)- para los defensores de la fe, representada, como se ha escrito, por “dos figuras bien representativas e indiscutibles, aun para los que rechazan el carácter religioso de la Cruzada: el obispo de Teruel, P. Polanco, y el joven Antonio Rivera, llamado el Ángel del Alcázar”.

    No hubo, en fin, ni un solo recuerdo o bendición especial, dentro de la vaga y genérica dirigida “a cuantos participen en la ceremonia”, para quien ejerciendo la primera magistratura civil de la nación como Jefe del Estado y portavoz de la comunidad política, cumplía y realizaba en nombre de ella (Franco) ese obligatorio reconocimiento público en frase del Primado de la ley de Cristo, que se expresa por el acto de consagración.

    Es cierto que estas consagraciones serían huecas y artificiales, y hasta poco gratas al corazón de Cristo, si quedasen en pura hojarasca. Pero ¿acaso podría afirmarse que fue pura hipocresía la consagración de hace cincuenta años? Si también hacemos religión, como se afirmaba en la homilía del Cardenal de Toledo (Tarancón), “cuando promovemos la justicia social, cuando exigimos que se respeten los postulados de la ley natural y los derechos de la persona humana” (…), no cabe ignorar que, para conseguirlo, lucharon y murieron centenares de miles de españoles, si es que no ha dejado de tener vigencia cuanto escribió Pío XI en la Divini Redemptoris, el 19 de marzo de 1937:
    Allí donde, como en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido tiempo todavía para hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desencadenado, sin embargo, como para desquitarse, con una violencia más furibunda. No se ha limitado a derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le ha sido posible, ha destruido todas las iglesias, todos los conventos e incluso todo vestigio de la religión cristiana, sin reparar en el valor artístico y científico de los monumentos religiosos. El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos y a aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además, ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo”.

    Ese odio, esa barbarie y esa ferocidad destruyeron, por odio a la fe, el monumento, al “Amor radicado en el Corazón de Cristo”. (…)

    Todo podíamos esperarlo, incluso de quienes dirigen nuestra política actual. Pero el olvido del otro día en el Cerro de los Ángeles, nos parecía inconcebible. Hemos entrado en el misterio de la Cruz, ciertamente, y en él encontraremos nuestra fuerza.

    Santiago Carrillo (exiliado en Francia), en un discurso pronunciado en el mes de abril de 1969, ante un grupo de militantes comunistas, ha dicho: “Asistimos a un fenómeno, queridos camaradas, que por lo menos yo no recuerdo nunca jamás haber visto en España... el Vaticano ha iniciado ya una política de separación y de alejamiento del régimen franquista… ¡qué lección!, camaradas, que muestra que hasta las cosas que parecen más inmutables (…) cambian; ¡qué justificación de la dialéctica, esta Iglesia española que bendijo la sublevación y que ahora se aparta de Franco!

    No insinuamos -bien lo sabe Dios- que el Partido Comunista haya sugerido los silencios que resaltaron en la jornada del Cerro de los Ángeles, pero nos duele como católicos españoles que tales silencios -que no están reñidos con las advertencias y las admoniciones acerca de la autenticidad y los deberes individuales y sociales de una consagración pública al Corazón de Jesús- se hayan producido. (…)

    Blas PIÑAR


    Última edición por ALACRAN; 27/11/2022 a las 14:03
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Auge y declive del Cerro de los Ángeles, centro del culto al Sagrado Corazón

    Aquí el texto de la renovación de la consagración que leyó el Jefe del Estado, Francisco Franco en la ceremonia de 1969:


    "Texto de la renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús,


    leída por el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, en la solemne ceremonia religiosa:


    «Sagrado Corazón de Jesús, corazón de Dios-Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan.

    «España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverentemente ante este trono de tus bondades, que para Ti alza en el centro de la Península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades, esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la religión y en su adhesión a la Santa Iglesia.

    «Siguiendo la tradición católica de nuestro pueblo, y continuando gozosos la historia de fe y devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la Tierra a establecer el Reino de Dios en la paz de las almas redimidas por vuestra sangre, y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa ley, reconocemos que tenéis por blasón de vuestra divinidad conceder participación dé vuestro poder a los gobernantes de los pueblos, y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.

    »Vos sois el camino seguro que conduce de la vida eterna; luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y el principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.

    «Vengan, pues, a nosotros vuestro santísimo Reino, que es reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia v de las letras y en nuestras leyes e instituciones.

    «Gracias. Señor, por habernos distinguido como defensores de tu fe y misioneros de tu Evangelio por los confines del mundo. Que tu providencia amorosa nos conserve la integridad de nuestras creencias, la sed amorosa de evangelización y la unidad religiosa de nuestra Patria.

    «Desde estas alturas, que para Vos ha elegido España como símbolo del deseo que la anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid al mundo del trabajo para que reine en él la armonía, el bienestar y la paz, con la implantación de la justicia social y el triunfo de la caridad entre todos.

    «Bendecid a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de la disciplina y en el valor de sus armas sea siempre salvaguardia de la nación y defensa del derecho.

    «Bendecid a todos los españoles que, unidos en la cordialidad de unos mismos santos amores a la Religión y a la Patria, queremos renovaros la consagración de nuestra vida, pidiéndoos, como premio de ella, el morir en la seguridad de vuestro amor y en el regazo de vuestro corazón adorable.»

    Al terminar la lectura, la asamblea de fieles prorrumpió en grandes aplausos, mientras el Caudillo volvía a su tribuna…


    La Vanguardia, 1-V-69
    Última edición por ALACRAN; 27/11/2022 a las 12:48
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Auge y declive del Cerro de los Ángeles, centro del culto al Sagrado Corazón

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Un Resumen histórico de la aparición (Alfonso XIII), demolición (Frente Popular), reaparición (Francisco Franco) y (virtual) desaparición (Vaticano II) del culto al Sagrado Corazón, en el Cerro de los Ángeles, desde 1919 hasta 1975:

    Tomado de aquí:
    El Sagrado Corazón de Jesús, una devoción del siglo XVIII

    (...) Entre 1850-1950, el Sagrado Corazón de Jesús es la principal devoción: numerosas congregaciones bajo su advocación; así como la devoción a S. José: ‘Mes de marzo’, los ‘Siete domingos’, etc

    1919. Alfonso XIII consagra España al Sagrado Corazón, e inaugura el monumento al Sdo. Corazón en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid) y subraya la confesionalidad del Estado. Los católicos lo ven como un triunfo (P. Villada); las izquierdas, disgustadas.

    1927 Monumento al Sdo. Corazón, en el c
    entro de Bilbao, con la inscripción ‘Reinaré en España’, a instancias de los jesuitas vizcaínos.

    II República

    1933. Bilbao. El ayuntamiento (en manos de republicanos), a punto de demoler el monumento al Sdo.
    Corazón de Jesús.

    1936 (Verano) Cerro de los Ángeles (Madrid). Poco después de comenzada la Guerra, los rojos, inspirados por Satanás y ante periodistas, “fusilan” y dinamitan el Monumento al Sdo. Corazón de Jesús.

    Época de Franco

    1936. En noviembre, entrada de los soldados nacionales en Getafe (Cerro de los Angeles); comenzarán los actos de reparación ante las ruinas profanadas y la restauración del Monumento al Sdo. Corazón.

    1939. Cerro de los Ángeles: se coloca la primera piedra del nuevo Monumento al Sagrado Corazón.


    1941. En Valladolid, mons. García retoma la idea de un Templo Expiatorio del Sdo.
    Corazón que concibió mons. Gandásegui en 1933, y consagra el ‘Santuario Nacional de la Gran Promesa’.

    1944. 25º Aniversario de la Consagración a España. En el Cerro de los Ángeles se celebra un acto solemnísimo con asistencia del Episcopado y del Gobierno de Franco para la pronta finalizción del monumento.

    1961. Barcelona. Finalizado el Templo del Sagrado
    Corazón (Tibidabo).

    1965. Una vez reconstruido el Cerro de los Ángeles, el Generalísimo Franco renueva el juramento de consagración de España al Sagrado
    Corazón; presencia de todos los Metropolitanos y obispos españoles.

    1969. Apagada resonancia del cincuentenario del Monumento al Sagrado Corazón celebrada en el Cerro de los Ángeles. Se comprueba que las directrices del Vaticano II, impuestas a la Iglesia, postulando el herético “ecumenismo” y la radical separación Iglesia-Estado son incompatibles con los postulados del culto público al Sdo.
    Corazón y al “reinado” de Cristo en las naciones católicas.


    Juan Carlos. Llegada de la “democracia”

    Desde 1975 (Y ANTES...), olvido eclesial y gubernativo sobre la totalidad de postulados de la devoción al "reinado" del Sagrado Corazón implantándose los más radicalmente beligerantes al mismo; desaparición oficial y radical de todo vestigio católico en gobierno y legislación atea y anticristiana desde la Constitución de 1978, con bendición vaticana y episcopal incluida.



    .
    Última edición por ALACRAN; 27/11/2022 a las 14:04
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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