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Tema: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

  1. #101
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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

    La falsa catolicidad de Ucrania (y III)




    Publicado Por: CIRCULO TRADICIONALISTA GASPAR DE RODAS - MEDELLIN abril 21, 2022



    Ahora debemos dar otro salto temporal, esta vez al siglo XX. En 1903 el zar Nicolás decretó la libertad religiosa y con ello las operaciones de la Iglesia Uniata Rutena, a la cual S.S. San Pío X le dio jurisdicción sobre todo el Imperio Ruso. El triunfo de los Bolcheviques, fruto de los oídos sordos prestados a Nuestra Señora de Fátima, llevó a la persecución religiosa y al fin de la posible conversión del Imperio al catolicismo.

    Tras el Concilio Vaticano II, el cardenal Josyf Slipjy, primado de la Iglesia Uniata Rutena, reorganiza su iglesia sui iuris que pasó a llamarse Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Sus posturas anticomunistas le ganaron la cercanía a Juan Pablo II, así como la admiración de los grupos conservadores occidentales. Por desgracia, su postura nacionalista lo llevó a contradecir los intereses del cardenal Isidoro de Kiev y los grandes duques de Lituania, quienes aspiraban a que toda la Rus se mantuviera católica bajo una sola jurisdicción.

    El nacionalismo ucraniano, lejos de tener un fuerte componente católico, posee un fuerte componente antirruso. El nacionalismo corta los lazos entre los pueblos, no siendo más que la otra cara del globalismo. Una postura católica debe tener en cuenta que los pueblos nunca han permanecido aislados sino que hacen parte de realidades mucho más grandes. Y en el caso de los católicos de la actual Ucrania es la Mancomunidad Polaco-Lituana, verdadera evangelizadora pese a sus defectos.

    Los nacionalismos polacos y lituanos, a su vez, llevan a restar importancia a esas grandes uniones del pasado. Y si bien el Estado Polaco se reconoce como sucesor de la Mancomunidad Polaco-Lituana, lo hace bajo la órbita del nacionalismo polaco, lo que lleva a roces con Lituania. Aun así, este es un problema que deben resolver los polacos por sí mismos.

    Solo queda adoptar una postura coherente y crítica, basada en la geopolítica y no en las preferencias personales. Y esa postura es reconocer a Ucrania como un Estado artificial en el que conviven dos realidades: una oriental y ligada a Moscú; y otra occidental secuestrada por la OTAN y el europeísmo.

    Esta realidad occidental, si aspira a ser católica debe rechazar tanto el nacionalismo como el globalismo/europeísmo. Debe mirar quizá a una restauración de la Mancomunidad Polaco-Lituana; o bien, a Austria, cuyo bajo dominio existió como una de las Tierras de la Corona bajo el nombre de Reino de Galitzia y Lodomeria (otro nombre para Volinia) entre 1779 y 1918.

    Carlos Restrepo, Círculo Gaspar de Rodas






    https://periodicolaesperanza.com/archivos/11437
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  2. #102
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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

    Quiero comprar ventanas ucranianas



    Me gustaría hacer un pedido de estas ventanas súper resistentes y de alta calidad de Ucrania, que resistieron intactas a la la explosión de una bomba rusa que, como se ve en la imagen, causó un gran destrozo en los coches que se hallaban estacionados a escasos metros. También quiero pedir algo del mismo enlucido que se ve en la casa, que permaneció intacto y limpio después de una explosión que no dejó ni escombros ni cristales rotos. Nunca vimos un prodigio tal de resistencia, incluso a prueba de bombas. Quiero comprar ventanas ucranianas, sin duda las más resistentes del mundo.

    Bromas aparte, es bien sabido que en todas las guerras, la verdad está entre las primeras víctimas, y la actual no es una excepción.

    Por el contrario, aún más que en las guerras pasadas, pero tanto como en las guerras de la ex Yugoslavia y Siria, el peso de las mentiras y la propaganda que tiende a manipular -cuando no se inventa de la nada- es mayor. En el conflicto entre Rusia y Ucrania hay algunas narrativas hiperbólicas o, incluso fabricadas: una inversión constante y clara de los hechos en favor de la propaganda. El objetivo es doble: ocultar las razones del conflicto y silenciar el historial militar. En la Europa democrática, cuna de la Ilustración y de la Escuela de Fráncfort, se ha puesto en marcha un proceso de asimilación fiel de las versiones aportadas por Kiev.
    No se admite ninguna duda, no se permite el análisis de los datos, incluso se elimina la verificación de las fuentes [y por supuesto no se permiten fuentes rusas]: toda duda legítima y cualquier posible pregunta se enfrentan a la acusación de «colaborar con el invasor». La pregunta más que razonable que da lugar a todo análisis digno de mención y a toda posible investigación periodística, la de «cui prodest» (¿a quién beneficia?), ha sido eliminada del escenario. Es como si Putin y el ejército ruso estuvieran presos de una locura generalizada o de una gilipollez que les hace cometer un error tras otro, un crimen tras otro, que además aumentan precisamente en correspondencia con los acontecimientos internacionales.

    No es casualidad que el primer movimiento de EEUU y la UE cuando los rusos entraron en Donbass fuera cerrar los sitios web y las cadenas de televisión que podrían haber proporcionado el punto de vista de Moscú sobre la guerra, sus razones y su curso. Se consideró esencial, estratégico, contar con una narrativa única y centralizada, que se difundiera a través de la corriente principal sin tolerar dudas o incertidumbres y sin dejar lugar a preguntas.

    La maquinaria propagandística tiene sede en Londres, donde trabajan las distintas agencias de comunicación que se ocupan de Zelensky. Aun si cuenta con cierto eco de la corriente internacional, parece estar perdiendo eficacia. Vender los males más horribles a diario y asignarlos todos a Rusia, está empezando a generar negación. Difundir información que no es creíble, contando con la aquiescencia de los medios de comunicación, no siempre funciona. La prueba está en la creciente oposición a la posición adoptada por la UE que muestran las encuestas de opinión en casi todos los países europeos. Un italiano cada cuatro, según una encuesta muy seria, cree que lo que se cuenta es operación de propaganda de la OTAN y de Ucrania y no piensa que los rusos hagan lo que se les endosa. Otra encuesta dice que el 62% piensa que hay que buscar un arreglo con Putin y dejar de enviar armas a los ucranianos.

    Falta de credibilidad, un arma de doble filo

    Hay que decir que situarse siempre muy por debajo de la línea de credibilidad, en este caso concreto, no es fruto de una exageración, de un exceso de comunicación que pueda producir saturación y, con ello, un daño mayor que las ventajas. Se elige el terreno de la naturalización del absurdo y de la cantidad de fake news precisamente para ocultar una parte sustancial de los crímenes de guerra, a saber, la de los crecientes horrores de los nazis ucranianos tanto con los soldados rusos como con la población civil, especialmente con los que consideran rusófonos.

    Así, la estrategia parece consistir en relatar los peores horrores que el ser humano puede concebir haciéndolos pasar por comportamientos rusos. Ni siquiera las declaraciones de Putin sobre el intercambio de prisioneros rusos por ucranianos y su devolución con heridas en los dedos y en los atributos sexuales han tenido el más mínimo eco en los medios de comunicación europeos y atlantistas. Por no hablar del velo de silencio que se ha corrido sobre las torturas a prisioneros rusos por parte del ejército democrático ucraniano, las eliminaciones de prisioneros rusos reivindicadas por el batallón georgiano que lucha en Ucrania, o las masacres de civiles días después de su evacuación documentada. Ahora resulta que hasta Human Rights Watch lamenta el uso por parte de los ucranianos de armas no convencionales prohibida, según cuenta el New York Times.

    Hay una línea precisa de tiempo de los horrores. La necesidad de aumentar la indignación internacional busca aprovechar cualquier oportunidad. Así que las denuncias de violaciones, asesinatos e incluso actos de pederastia, siempre se producen cuando los representantes de la UE llegan a Ucrania, o cuando las reuniones de los organismos internacionales comienzan con las sanciones y las armas en el orden del día, o cuando la necesidad de reabrir las negociaciones vuelve a los medios de comunicación, o cuando algunos medios se ven obligados a dudar de la falsedad anterior.

    Y se intensifica la producción de horrores a lo largo y ancho del país: tantos que es imposible verificarlos, solo están asegurados por los altos funcionarios de EEUU o la UE o, subordinadamente, por los llamados reporteros que son atlantistas más que periodistas. De hecho, guardan silencio, se hacen ciegos y sordos de los horrores y masacres diarias que cometen los ucranianos: el peligro es que hacerlos públicos haga reflexionar sobre quiénes son los nazis ucranianos y, en consecuencia, resultaría difícil explicar las nuevas transferencias de armas al Batallón Azov y a sus compinches “resistentes”. Y, como por arte de magia, desaparece de los comentarios el único atisbo de historia establecida: prohibido hablar de las masacres del Donbass en los últimos ocho años por las tropas ucranianas.

    En resumen, los militares ucranianos han matado a 14.000 civiles ucranianos: ¿por qué iban a tener reparos en seguir haciéndolo ahora, además con el objetivo de perjudicar a Rusia y fomentar las sanciones contra Moscú y un mayor apoyo a Kiev?

    La guerra de quinta generación

    Esta guerra es la primera que Occidente hace filmar y comentar las 24 horas del día en todos los canales de televisión, radios y periódicos disponibles. En resumen, se trata de la primera guerra mediática de quinta generación, en la que la verdad contada suprime la verdad de los hechos y en la que se escenifican horrores unilaterales para empujar las emociones y utilizarlas contra la razón. En las pantallas y en los periódicos se combate casi tanto como sobre el terreno, y se mata la lógica de los acontecimientos más allá de toda propaganda comprensible.

    También es la primera guerra en la que no se necesita a los militares para garantizar la incorporación de periodistas, porque hay una adhesión casi militante al atlantismo. Es mejor ver las cosas desde el punto de vista de lo que se dice y no de lo que interpretan los periodistas. La lógica dictaría que hay que analizar las declaraciones rusas y no las interpretaciones occidentales de las mismas. La invasión de Ucrania ha tenido su propia lógica desde el principio, que es la expresada por el propio Putin: «No nos interesa ocupar Ucrania», dijo en vísperas de la entrada de las tropas en Donbass, «y creemos que debemos llevar a cabo una operación que será aceptada por el propio pueblo, es decir, la de expulsar a los nazis del gobierno y de las fuerzas armadas». Ahora bien, está claro que todos, excepto los rusos, tienen la autorización para bombardear a la población civil y cometer atrocidades.

    El recurso masivo a las fake news es parte decisiva de la propaganda que sirve tanto para aumentar la demanda de apoyo internacional al régimen corrupto de Kiev como para presionar a los europeos (que al final tendrán que pagar el precio más alto y soportar la mayor carga). La propaganda y la rusofobia rampante deben leerse en función de la estrategia estadounidense que ve en la continuación de la guerra el mejor negocio posible, desde el punto de vista geopolítico, táctico, económico y militar. Aquí también se oculta una rareza: Zelensky pide todos los días a Europa que deje de comprar gas y se suicide energéticamente para salvar a su gobierno criminal, mientras sigue cobrando los derechos de Moscú por el paso del gas ruso a través de Ucrania: valor anual de 10.400 millones de dólares.





    https://www.alertadigital.com/2022/0...as-ucranianas/

  3. #103
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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

    Francisco dijo que Putin no quiere recibirlo y que “los ladridos de la OTAN” pueden haber “facilitado” la guerra
    El Papa reveló que le pidió al cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, después de veinte días de iniciada la invasión, que haga llegar el mensaje al presidente ruso de que estaba dispuesto a visitarlo
    3 de mayo de 2022
    09:25
    LA NACION

    El papa Francisco dijo que busca “ir a Moscú a encontrar a [Vladimir] Putin” para pedirle que frene la guerra iniciada a fines de febrero, al tiempo que reiteró que por el momento no visitará Kiev y advirtió que “los ladridos de la OTAN” cerca de las fronteras rusas pudieron haber “facilitado” el origen del conflicto.

    ”A Kiev por ahora no voy. Antes debo ir a Moscú, encontrar a Putin”, dijo el Pontífice en una entrevista publicada hoy por el Corriere della Sera al ser consultado sobre un posible viaje suyo a la capital ucraniana.

    En la entrevista, el Papa reveló que le pidió al cardenal secretario de Estado Pietro Parolin “después de veinte días de iniciada la guerra, que haga llegar el mensaje a Putin” de que está dispuesto a ir a Moscú. “Era necesario que el líder ruso concediera alguna ventana”, agregó.

    ”No hemos tenido hasta ahora respuestas y estamos insistiendo”, remarcó y consideró que “Putin no puede y no quiere hacer este encuentro en este momento”.

    ”Incluso yo soy solo un sacerdote. ¿Qué puedo hacer? Hago lo que puedo. Si Putin abriera la puerta...”, se esperanzó.

    Al hacer un recorrido por las acciones emprendidas por la Santa Sede desde el 24 de febrero, Francisco afirmó que llamó al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, “el primer día de la guerra” y que luego quiso “hacer un gesto claro que viera todo el mundo” con su visita de ese día a la embajada rusa ante el Vaticano.

    Al analizar las posibles causas del conflicto, Jorge Bergoglio planteó que “los ladridos de la OTAN en las puertas de Rusia” indujeron a Putin al conflicto, en referencia a la supuesta expansión de la Organización del Atlántico Norte, de perfil pro-estadounidense, hacia los países fronterizos con Rusia.

    El de Putin, para el Papa, “es un enojo que no sé decir si fue provocado, pero quizás sí facilitado”.

    Al mismo tiempo, Francisco no mostró un respaldo pleno a la entrega de armas a Ucrania ya que consideró que “lo que está claro es que en esta guerra se están probando armas”. ”Los rusos ahora saben que los tanques sirven de poco y están pensando en otras cosas. Las guerras se hacen para esto: para probar las armas que hemos producido”, denunció.

    En un marco de crítica al belicismo, el Papa cerró además la puerta a cualquier encuentro por el momento con el patriarca ortodoxo ruso Kirill, aliado de Putin, con quien tenía “un encuentro ya en agenda el 14 de junio en Jerusalén”.

    ”Hablé con él 40 minutos por Zoom. Los primeros veinte con un papel en la mano me leyó todas las justificaciones de la guerra. Lo escuché y le dije que de eso no entiendo nada. El Patriarca no puede transformarse en el monaguillo de Putin”, advirtió Francisco.

    De cara al futuro, Francisco contó en la entrevista que el primer ministro húngaro, Viktor Orban, le planteó hace dos semanas, durante una visita privada, que “los rusos tienen un plan y que el 9 de mayo terminará todo”.

    ”Espero que sea así, así se entendería la escalada de estos días. Porque ahora ya no es solo el Donbass, es Crimea, es Odessa, es sacarle a Ucrania el puerto del mar Negro. Es todo”, criticó el Papa sobre los últimos objetivos militares de la invasión. ”Yo soy pesimista pero debemos hacer lo posible para que la guerra se termine”, sostuvo.

    https://www.lanacion.com.ar/el-mundo...o-nid03052022/
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  4. #104
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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

    La guerra de Ucrania (IV): los “neocons straussianos” en Ucrania


    Como vimos en artículo anterior, los “straussianos” surgieron victoriosos en sus proyectos en las guerras y conflictos desencadenados por Estados Unidos desde los inicios de del siglo XXI. No obstante, las guerras de Irak y las intervenciones en Afganistán y en otros puntos del globo, les fueron sacando de su secretismo. Muchos periodistas, ante el fracaso de la política “straussiana” de guerras (y las corrupciones que supusieron), empezaron a señalarlos[1]. Sin embargo, estas corruptelas y negocios oscuros han permanecido hasta la actualidad, como por ejemplo los acuerdos entre el Isis y las petroleras aprovechando los conflictos de Oriente Medio. En 2005, el Congreso norteamericano empezaba a investigar las corrupciones en Irak. Se constituyó una comisión independiente denominada “Comisión ‎Baker-Hamilton” que acabó recomendando una retirada paulatina de Irak.

    La administración Busch quedó bajo las miradas de la ciudadanía y de los medios y ello llevó a la dimisión del “straussiano” Donald Rumsfeld. Fue sustituido por Robert Gates, que había estado -cómo no- al frente de la CIA entre 1991 y 1993. En 2009 llegaba al poder Barack Obama. Los “straussianos” en un principio tenían que quedar desplazados de la administración norteamericana, pero se cobijaron baja las alas del que sería entonces vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden. Ya en aquella época encontramos personajes como Jacob “Jake” Sullivan, que diseñó las operaciones contra Libia, contra Siria. Hoy, Jacob “Jake” Sullivan es el actual consejero de seguridad nacional de Biden. También aparecen entonces personajes como Antony ‎Blinken, hoy secretario de Estado que ha buscado la conciliación con Irán con tal de apoyar Ucrania contra Rusia y calmar al Estado de Israel.

    Los “straussianos” desembarcan en el Partido Demócrata y en la Plaza Maidan

    Bajo la vicepresidencia de Biden, los neocons contactaron y se fueron fusionando con los llamados “halcones demócratas” como los citados Jacob “Jake” Sullivan y Antony ‎Blinken. Sin embargo, fue cuando llegó Trump a la presidencia de Estados Unidos, cuando muchos de los más importantes neocons abandonan el Partido Republicano y se pasan al Partido Demócrata[2], entre ellos el mismísimo William Kristol. Por eso, se puede afirmar, que la actual administración de Biden está controlada en su política exterior por los “halcones demócratas” y los “neocons” que han encontrado acomodo y ascendencia en su administración. Tras los fracasos en Siria, gracias a la intervención de Rusia que paró al Isis (financiado por USA), Estados Unidos ha iniciado su siguiente movimiento con la pieza de Ucrania.



    Victoria Nuland, repartiendo comida en la Plaza Maidan, en las revueltas de 2014

    En 2014, son los “straussianos” quienes organizan el cambio de régimen en Kiev tras las protestas de la Plaza de Maidan. Por entonces Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, como ya vimos en artículo anterior, se implicó personalmente en la cuestión ucraniana con su hijo Hunter haciendo grandes negocios gasísticos. En el orden político, la esposa de estraussiano Robert Kagan, Victoria Nuland, entonces Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos[3], viaja a Kiev. La intención en un principio era reunirse con el presidente de Ucrania, el pro-ruso Viktor Yanukovych, y con simpatizantes de la oposición. Ya por ese entonces, algún medio recogía las denuncias de Rusia de que Estados Unidos estaba entregando 20 millones de dólares semanalmente para entrenar -y armar- a agitadoresucranianos en la Plaza Maidan.

    La intención oculta del viaje fue, sin embargo, respaldar a grupos de agitadores como el Pravy Sektor (Sector Derecho). Este grupo paramilitar y anti-ruso tuvo un papel muy activo en los desordenes de la Plaza Maidan y en los enfrentamientos con la policía. Se les ha acusado de neo-nazis, pero la verdad es que, en febrero de 2014, coincidiendo con la visita de Nuland, visitaron la embajada israelí y expresaron al embajador Reuven Din-El su rechazo al antisemitismo. Sin embargo, el asunto más turbio en las revueltas de Maidan fue la presencia, prácticamente indetectable, del comando israelí “Delta”. El nombre Delta viene por su comandante que se hace llamar así. Es un veterano ucraniano del ejército de Israel, especializado en combate urbano en la brigada de infantería Givati, conocida por sus contundentes acciones en la franja de Gaza.

    A su regreso a Ucrania, Delta entrenó –con otros ex militares israelíes- el llamado pelotón “Cascos azules de Maidan” que aplicó en Kiev técnicas de combate urbano para hacer caer el gobierno pro-ruso. El grupo Delta, compuesto de hombres y mujeres, llevaba siempre en sus acciones la kipá bajo el casco[4]. Paradójicamente, decían estar al servicio del partido Svoboda, acusado de antisemita. Pero el líder judío de los “Cascos azules de Maidan”, ha negado el antisemitismo de este partido. Svodoba tuvo un papel fundamental en la caída del gobierno pro-ruso, y el gobierno anti-ruso surgido de las protestas de Maidan, contó con muchos de sus miembros ocupando cargos de relevancia.


    El comandante israelí “Delta”, en la plaza Maidan

    Entre los grupos que participaron en los hechos de la plaza Maidan que hicieron caer el gobierno pro-ruso estaban los miembros de la ilegalizada “Guarda Nacional” que, a partir de su labor, fue otra vez legalizada por el nuevo gobierno. A la “Guarda nacional” pertenece el famoso batallón Azov. Los voluntarios de la Guardia Nacional habían sido entrenados por la OTAN y diferentes servicios de inteligencia norteamericanos. Entrenados especialmente en técnicas de combate urbano, fueron los encargados de ocupar edificios institucionales en la revuelta de Maidan. También consta el entrenamiento de miembros de la Asamblea Nacional de Ucrania-Autodefensa del Pueblo de Ucrania (UNA-UNOS), en Estonia y a cargo de la OTAN. Posteriormente se fusionaron en Pravy Sektor (Sector Derecho).

    La política neocon en Ucrania

    El ejército ruso, en la invasión ucraniana, no esperaba encontrar unidades militares tan bien preparadas. Lo cierto es que tras el cambio político suscitado tras las revueltas de Maidan, tanto la OTAN como servicios de inteligencia llevan preparando a Ucrania para resistir una posible agresión. Los ejemplos son múltiples. Canadá, desde 2015, ha destinado más de 1.000 millones de dólares a formar militarmente a unidades ucranianas. En 2020 Las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF) entrenaron al batallón Azov (como se puede demostrar por fotos que se distribuyeron en su momento. La OTAN, llegó a organizar en el año 2000, en Kiev, una semana internacional, de preparación para la defensa nacional. En 2015, se realizaron unas maniobras de la OTAN en España, de las más grandes vistas hasta ahora, como preparación en una posible intervención en Ucrania. O bien, cabe destacar, cómo, desde 2015 el NATO Defense College ha estado formando a la jerarquía militar ucraniana en el marco de “operaciones de paz”. En julio de 2021, la prestigiosa revista Time, daba la noticia de la intención de Erik Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater, de realizar un inversión multimillonaria en Ucrania, para crear un Ejército Privado.


    Fuerzas canadienses entrenando a miembros del batallón Azov (2020)

    Como hemos señalado, desde que Joe Biden fue elegido presidente de Estados Unidos, los ‎”straussianos” controlan todas las palancas del sistema: “Jake” Sullivan es consejero de ‎Seguridad Nacional y Antony Blinken es secretario de Estado, Victoria Nuland‎ subsecretaria. ¿Qué hacen los neocons dirigiendo indirectamente la política exterior de Estados Unidos bajo el mandato de un miembro del Partido demócrata? No nos debe extrañar pues Bill Clinton, en 1991, ya ordenó la expansión de la OTAN por los países de Europa oriental. O bien,Obama designó al embajador en Rusia, Michael McFaul, la misión de establecer relaciones entre las fuerzas opositoras y disidentes en el seno de Rusia.

    En 2021, tras la llegada al poder de Zelenski (en 2019), en un viaje exprés de Victoria Nuland a Kiev, esta le impuso que nombrara a Dimitro Yarosh consejero especial del jefe de las fuerzas armadas. Recordemos que Yarosh fue el fundador de Pravy Sektor (Sector Derecho) y el hombre de la CIA, en los conflictos de la Segunda guerra de Chechenia contra Rusia en 2007. Eso determinó el cambio radical de la política de Zelenski. En un principio, al ser elegido, estaba dispuesto a conceder una autonomía al Dombás y desmovilizar a las milicias ucranianas que mantenían una guerra civil contra los pro-rusos. Pero después, de esa visita, Zelenski manifestó su apoyo a las milicias civiles ucranianas y retó a Moscú, pidiendo su entrada en la OTAN.

    Zelenski cuenta con el respaldo de los neoconservadores americanos y de los demócratas, de los financieros judíos de Ucrania y de sectores de la sociedad israelí. Expertos notreamericanos le proporcionan coaching y le preparan sus discursos. A su alrededor de mueven miembros de la NED (National Endowment for Democracy) que también apoyaron la caída del gobierno pro-ruso en las revueltas de Maidan, especialistas en información de la CIA, consultores de medios en el Departamento de Estado, Y observadores del Consejo de Seguridad Nacional. Sin lugar a dudas, la Guerra en Ucrania, está dando alas y oxígeno a la OTAN y a la política exterior Norteamericana. En 2019, el mismísimo Macron escandalizó a la opinión pública al afirmar que la OTAN sufría de “muerte cerebral”. Pero ahora, Estados Unidos ha conseguido que los países atlantistas se vuelquen en su revitalización y dupliquen sus gastos en defensa.

    Un hecho que visualiza claramente la verdadera posición de Estados Unidos respecto a Europa (que no respecto a Rusia), es la filtración de una llamada entre Victoria Nuland y el entonces embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt. Se supone que fueron los miembros de inteligencia rusos los que difundieron esa conversación (ya autentificada) y colgada en Youtube. La conversación -durante las revueltas de Maidan- trata de cómo aprovechar la caída del gobierno pro-ruso y disertan sobre a quién han de poner como sucesor. Celebran que la ONU intervenga en Ucrania pues puede ayudar a “soldar” los esfuerzos norteamericanos con la “inacción” Europea. En un momento de la conversación se oye a Nuland decir: “Sería estupendo, creo, para ayudar a soldar esto y tener a la ONU ayudando a soldarlo, y ya sabes, que se joda la Unión Europea” (“Fuck the EU). Esta expresión resume magistralmente la posición de Estados Unidos respecto a Europa.



    [1]En Estados Unidos, la literatura al respecto es extensa: The Political Ideas of Leo Strauss, Shadia B. Drury, Palgrave Macmillan, 1988. Leo Strauss and the Politics of American Empire, Anne Norton, Yale University Press, 2005. The Truth About Leo Strauss: Political Philosophy and American Democracy, Catherine ‎H. Zuckert y Michael P. Zuckert, University of Chicago Press, 2008.‎ Straussophobia: Defending Leo Strauss and Straussians Against Shadia Drury and Other ‎Accusers, Peter Minowitz, Lexington Books, 2009.‎ Leo Strauss and the Conservative Movement in America, Paul E. Gottfried, Cambridge ‎University Press, 2011.‎ Crisis of the Strauss Divided: Essays on Leo Strauss and Straussianism, East and West, Harry ‎V. Jaffa, Rowman and Littlefield, 2012. Leo Strauss, The Straussians, and the Study of the American Regime, Kenneth L. Deutsch, ‎Rowman and Littlefield, 2013. Leo Strauss and the Invasion of Iraq: Encountering the Abyss, Aggie Hirst, Routledge, 2013.
    [2]Entre ellos William Kristol, Max Boot, David Frum, Rick Wilson o Jennifer Rubin.

    [3]Victoria Nuland fue miembro del equipo de consejeros de seguridad nacional del Vice-Presidente Cheney, durante la administración republicana de George W. Bush.

    [4]Véase: «Qui sont ces anciens soldats israéliens parmi les ‎combattants de rue dans la ville de Kiev?», AlyaExpress-News.com, 2 mars 2014. Enlace actualmente interrumpido.




    https://barraycoa.com/2022/05/03/la-...os-en-ucrania/

  5. #105
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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

    Eurasia y la hispanosfera


    F. L. Mirones.-

    La de Ucrania es una guerra a la que se puede ir en coche, incluso en moto.

    Pocos se han dado cuenta de la trascendencia que hay detrás de esto.

    Cualquiera, y de hecho está pasando, puede tomar un vehículo desde Cádiz o desde Suecia y personarse en la frontera de Rusia.

    Normalmente, las guerras se nos antojan sucesos lejanos, en otros continentes, a las cuales acudir supone tomar vuelos y atravesar fronteras complicadas.

    ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que eso es, precisamente, lo que está en juego.

    Eurasia es el único continente horizontal del la Tierra. Los demás son verticales, mire un mapamundi. Ello no es baladí.

    África y América son verticales.

    Esto ha determinado la historia del mundo radicalmente.

    Moverse de norte a sur supone cambiar de climas, ecosistemas, cultivos, costumbres, culturas de forma radical.

    Desde Alaska hasta Patagonia, en América, uno atraviesa los climas ártico, boreal, tundra, taiga, continental, mediterráneo, subtropical, tropical, oceánico y de nuevo todos ellos en orden inverso hasta llegar al antártico. La maleta para ello sería descomunal. Eso es un continente vertical, un infierno de comunicación que implica un esfuerzo grande si imaginamos lo que era ello hace cinco mil años.

    Lo mismo ocurre en África. Mediterráneo, Sahara, Sahel, sabana, selva tropical, montañas, clima mediterráneo de nuevo (Sudáfrica) y océano.

    ¿Qué implica esto? Todo.

    Solo les diré que casi todos los animales y plantas que han sido domesticados en el mundo lo han sido en Eurasia.

    Una tropilla de neandertales podía ponerse a caminar desde su cueva de Gorham en Gibraltar (España) y llegar al Mar de China sin cambiar demasiado de clima, con dos mudas vamos. Y años más tarde con ovejas, vacas, caballos, camellos, cabras y hasta cerdos. Llevando semillas de trigo, cebada, garbanzos, verduras y toda suerte de cultivos que germinarán durante todo el camino. Básicamente recorrerían todo ese trecho en unas condiciones climáticas similares.

    Esto fue especialmente importante cuando en las estepas de este continente y en la península Ibérica se desarrollaron las culturas de los caballos asociadas a los lobos.

    Este vasto continente lleva miles de años compartiéndolo todo sin necesidad de atravesar océanos, mares ni grandes cordilleras.

    Esto sigue funcionando hoy en día, pues es mucho más costoso traer gas licuado por mar atravesando el Atlántico que construir un tubo que va por tierra.

    Invadir, compartir e intercambiar genes, bienes y recursos convirtió a Eurasia en un continente único en el cual se desarrolló casi todo.

    Hoy, los ingleses trasplantados hace dos siglos a las tierras de unos indígenas a los que exterminaron para quedarse con sus territorios, se llaman estadounidenses, y saben perfectamente que hay dos cosas que no quieren: que se una Eurasia y que se reunifique la Hispanidad.

    Tras la II Guerra Mundial tuvieron claro que Rusia y China deben mantenerse alejadas de la vieja Europa, mirando hacia el este. Porque si la gran Eurasia comercia como siempre lo hizo, los Estados Unidos de América, rodeados de los tres mayores océanos que existen y separada de sus hermanos americanos del sur que son más españoles que británicos, se quedarían aislados como estuvieron millones de años antes de Colón.

    Hasta hace poco contaban con la ayuda de Reino Unido, sus primos, con su siniestra “Special Relationship”, pero ya no están en la Unión Europea, lo cual hace renacer el viejo sueño de una Eurasia colaboradora.
    Rusia tiene de todo en abundancia y puede ponerlo en la puerta de su casa en horas con precios sin competencia. Y en medio de eso ¿quién está? Ucrania.

    Había que crear un nuevo tapón en Ucrania volviendo a demonizar a Rusia en un único movimiento, ante la inclinación natural de Alemania, Holanda, Austria y otros países a hacer negocios cada vez más con los rusos. Por eso es tan importante imponer la rusofobia en Occidente. El negocio de la guerra para Estados Unidos y sus supuestos aliados es doble, al final es un objetivo globalista más.

    Se hinchan a ganar dinero vendiendo armas de todo tipo, y llegado el momento lo volverán a ganar en lo que llamarán “la reconstrucción de Ucrania”, que no será sino la creación de un estado aislante en medio de Eurasia para cortarla en dos.

    Ya era un estado títere del globalismo, con un gobierno falso, repleto de laboratorios de armas biológicas fuera de control, tráfico de personas, drogas y todo tipo de mafias controladas. Después será lo mismo, el putiferio de la Unión Europea, el campo de pruebas de la OMS y el territorio controlado para realizar toda clase de experimentos sociales, campos de concentración y diseminación de armas biológicas a las puertas de ambas mitades de Eurasia.

    Nos están manipulando, y como siempre, lo hacen con nuestro consentimiento. Las mismas personas que acuden a inocularse ARN experimental se inoculan rusofobia recibiendo su certificado de ciudadanos obedientes.

    Esta es la guerra de Eurasia, porque solo nosotros, los europeos, ignoramos que el eje España – Alemania – Moscú-Pekín y hasta Tokio si me apuran, es la mayor potencia comercial y geoestratégica del planeta; la que la anglosfera (UK, USA y Commonwealth) no están dispuestos a permitir.

    Otro día les hablo de la Hispanosfera, el otro poder titánico que los anglos temen.





    https://www.alertadigital.com/2022/0...-hispanosfera/

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    Re: Rusia y Ucrania, por Juan Manuel de Prada

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    Azov, Zelenski y los straussianos


    Miembros del batallón Azov

    Javier Barraycoa.- Los “straussianos” (los seguidores del filósofo Leo Strauss creen en la guerra perpetua, no en la paz perpetua) surgieron victoriosos en sus proyectos en las guerras y conflictos desencadenados por Estados Unidos desde los inicios de del siglo XXI. No obstante, las guerras de Irak y las intervenciones en Afganistán y en otros puntos del globo, les fueron sacando de su secretismo. Muchos periodistas, ante el fracaso de la política “straussiana” de guerras (y las corrupciones que supusieron), empezaron a señalarlos[1]. Sin embargo, estas corruptelas y negocios oscuros han permanecido hasta la actualidad, como por ejemplo los acuerdos entre el Isis y las petroleras aprovechando los conflictos de Oriente Medio. En 2005, el Congreso norteamericano empezaba a investigar las corrupciones en Irak. Se constituyó una comisión independiente denominada “Comisión ‎Baker-Hamilton” que acabó recomendando una retirada paulatina de Irak.

    La administración Busch quedó bajo las miradas de la ciudadanía y de los medios y ello llevó a la dimisión del “straussiano” Donald Rumsfeld. Fue sustituido por Robert Gates, que había estado -cómo no- al frente de la CIA entre 1991 y 1993. En 2009 llegaba al poder Barack Obama. Los “straussianos” en un principio tenían que quedar desplazados de la administración norteamericana, pero se cobijaron baja las alas del que sería entonces vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden. Ya en aquella época encontramos personajes como Jacob “Jake” Sullivan, que diseñó las operaciones contra Libia, contra Siria. Hoy, Jacob “Jake” Sullivanes el actual consejero de seguridad nacional de Biden. También aparecen entonces personajes como Antony ‎Blinken, hoy secretario de Estado que ha buscado la conciliación con Irán con tal de apoyar Ucrania contra Rusia y calmar al Estado de Israel.

    Los “straussianos” desembarcan en el Partido Demócrata y en la Plaza Maidan


    El filósofo Leo Strauss.

    Bajo la vicepresidencia de Biden, los “neocons” contactaron y se fueron fusionando con los llamados “halcones demócratas” como los citados Jacob “Jake” Sullivan y Antony ‎Blinken. Sin embargo, fue cuando llegó Trump a la presidencia de Estados Unidos, cuando muchos de los más importantes neocons abandonan el Partido Republicano y se pasan al Partido Demócrata[2], entre ellos el mismísimo William Kristol. Por eso, se puede afirmar, que la actual administración de Biden está controlada en su política exterior por los “halcones demócratas” y los “neocons” que han encontrado acomodo y ascendencia en su administración. Tras los fracasos en Siria, gracias a la intervención de Rusia que paró al Isis (financiado por
    En 2014, son los “straussianos” quienes organizan el cambio de régimen en Kiev tras las protestas de la Plaza de Maidan. Por entonces Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, como ya vimos en artículo anterior, se implicó personalmente en la cuestión ucraniana con su hijo Hunter haciendo grandes negocios gasísticos. En el orden político, la esposa de estraussiano Robert Kagan, Victoria Nuland, entonces Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos[3], viaja a Kiev. La intención en un principio era reunirse con el presidente de Ucrania, el pro-ruso Viktor Yanukovych, y con simpatizantes de la oposición. Ya por ese entonces, algún medio recogía las denuncias de Rusia de que Estados Unidos estaba entregando 20 millones de dólares semanalmente para entrenar -y armar- a agitadores ucranianos en la Plaza Maidan.

    La intención oculta del viaje fue, sin embargo, respaldar a grupos de agitadores como el Pravy Sektor (Sector Derecho). Este grupo paramilitar y anti-ruso tuvo un papel muy activo en los desordenes de la Plaza Maidan y en los enfrentamientos con la policía. Se les ha acusado de neo-nazis, pero la verdad es que, en febrero de 2014, coincidiendo con la visita de Nuland, visitaron la embajada israelí y expresaron al embajador Reuven Din-El su rechazo al antisemitismo. Sin embargo, el asunto más turbio en las revueltas de Maidan fue la presencia, prácticamente indetectable, del comando israelí “Delta”. El nombre Delta viene por su comandante que se hace llamar así. Es un veterano ucraniano del ejército de Israel, especializado en combate urbano en la brigada de infantería Givati, conocida por sus contundentes acciones en la franja de Gaza.

    A su regreso a Ucrania, Delta entrenó –con otros ex militares israelíes- el llamado pelotón “Cascos azules de Maidan” que aplicó en Kiev técnicas de combate urbano para hacer caer el gobierno pro-ruso. El grupo Delta, compuesto de hombres y mujeres, llevaba siempre en sus acciones la kipá bajo el casco[4]. Paradójicamente, decían estar al servicio del partido Svoboda, acusado de antisemita. Pero el líder judío de los “Cascos azules de Maidan”, ha negado el antisemitismo de este partido. Svodoba tuvo un papel fundamental en la caída del gobierno pro-ruso, y el gobierno anti-ruso surgido de las protestas de Maidan, contó con muchos de sus miembros ocupando cargos de relevancia.

    Entre los grupos que participaron en los hechos de la plaza Maidan que hicieron caer el gobierno pro-ruso estaban los miembros de la ilegalizada “Guarda Nacional” que, a partir de su labor, fue otra vez legalizada por el nuevo gobierno. A la “Guarda nacional” pertenece el famoso batallón Azov. Los voluntarios de la Guardia Nacional habían sido entrenados por la OTAN y diferentes servicios de inteligencia norteamericanos. Entrenados especialmente en técnicas de combate urbano, fueron los encargados de ocupar edificios institucionales en la revuelta de Maidan. También consta el entrenamiento de miembros de la Asamblea Nacional de Ucrania-Autodefensa del Pueblo de Ucrania (UNA-UNOS), en Estonia y a cargo de la OTAN. Posteriormente se fusionaron en Pravy Sektor (Sector Derecho).

    La política “neocon” en Ucrania



    El ejército ruso, en la invasión ucraniana, no esperaba encontrar unidades militares tan bien preparadas. Lo cierto es que tras el cambio político suscitado tras las revueltas de Maidan, tanto la OTAN como servicios de inteligencia llevan preparando a Ucrania para resistir una posible agresión. Los ejemplos son múltiples. Canadá, desde 2015, ha destinado más de 1.000 millones de dólares a formar militarmente a unidades ucranianas. En 2020 Las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF) entrenaron al batallón Azov (como se puede demostrar por fotos que se distribuyeron en su momento. La OTAN, llegó a organizar en el año 2000, en Kiev, una semana internacional, de preparación para la defensa nacional. En 2015, se realizaron unas maniobras de la OTAN en España, de las más grandes vistas hasta ahora, como preparación en una posible intervención en Ucrania. O bien, cabe destacar, cómo, desde 2015 el NATO Defense College ha estado formando a la jerarquía militar ucraniana en el marco de “operaciones de paz”. En julio de 2021, la prestigiosa revista Time, daba la noticia de la intención de Erik Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater, de realizar un inversión multimillonaria en Ucrania, para crear un Ejército Privado.

    Como hemos señalado, desde que Joe Biden fue elegido presidente de Estados Unidos, los ‎”straussianos” controlan todas las palancas del sistema: “Jake” Sullivan es consejero de ‎Seguridad Nacional y Antony Blinken es secretario de Estado, Victoria Nuland‎ subsecretaria. ¿Qué hacen los neocons dirigiendo indirectamente la política exterior de Estados Unidos bajo el mandato de un miembro del Partido demócrata? No nos debe extrañar pues Bill Clinton, en 1991, ya ordenó la expansión de la OTAN por los países de Europa oriental. O bien, Obama designó al embajador en Rusia, Michael McFaul, la misión de establecer relaciones entre las fuerzas opositoras y disidentes en el seno de Rusia.

    En 2021, tras la llegada al poder de Zelenski (en 2019), en un viaje exprés de Victoria Nuland a Kiev, esta le impuso que nombrara a Dimitro Yarosh consejero especial del jefe de las fuerzas armadas. Recordemos que Yarosh fue el fundador de Pravy Sektor (Sector Derecho) y el hombre de la CIA, en los conflictos de la Segunda guerra de Chechenia contra Rusia en 2007. Eso determinó el cambio radical de la política de Zelenski. En un principio, al ser elegido, estaba dispuesto a conceder una autonomía al Dombás y desmovilizar a las milicias ucranianas que mantenían una guerra civil contra los pro-rusos. Pero después, de esa visita, Zelenski manifestó su apoyo a las milicias civiles ucranianas y retó a Moscú, pidiendo su entrada en la OTAN.

    Zelenski cuenta con el respaldo de los neoconservadores americanos y de los demócratas, de los financieros judíos de Ucrania y de sectores de la sociedad israelí. Expertos nortramericanos le proporcionan coaching y le preparan sus discursos. A su alrededor de mueven miembros de la NED (National Endowment for Democracy) que también apoyaron la caída del gobierno pro-ruso en las revueltas de Maidan, especialistas en información de la CIA, consultores de medios en el Departamento de Estado, Y observadores del Consejo de Seguridad Nacional. Sin lugar a dudas, la Guerra en Ucrania, está dando alas y oxígeno a la OTAN y a la política exterior Norteamericana. En 2019, el mismísimo Macron escandalizó a la opinión pública al afirmar que la OTAN sufría de “muerte cerebral”. Pero ahora, Estados Unidos ha conseguido que los países atlantistas se vuelquen en su revitalización y dupliquen sus gastos en defensa.

    Un hecho que visualiza claramente la verdadera posición de Estados Unidos respecto a Europa (que no respecto a Rusia), es la filtración de una llamada entre Victoria Nuland y el entonces embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt. Se supone que fueron los miembros de inteligencia rusos los que difundieron esa conversación (ya autentificada) y colgada en Youtube. La conversación -durante las revueltas de Maidan- trata de cómo aprovechar la caída del gobierno pro-ruso y disertan sobre a quién han de poner como sucesor. Celebran que la ONU intervenga en Ucrania pues puede ayudar a “soldar” los esfuerzos norteamericanos con la “inacción” Europea. En un momento de la conversación se oye a Nuland decir: “Sería estupendo, creo, para ayudar a soldar esto y tener a la ONU ayudando a soldarlo, y ya sabes, que se joda la Unión Europea” (“Fuck the EU”). Esta expresión resume magistralmente la posición de Estados Unidos respecto a Europa.


    [1]En Estados Unidos, la literatura al respecto es extensa: The Political Ideas of Leo Strauss, Shadia B. Drury, Palgrave Macmillan, 1988. Leo Strauss and the Politics of American Empire, Anne Norton, Yale University Press, 2005. The Truth About Leo Strauss: Political Philosophy and American Democracy, Catherine ‎H. Zuckert y Michael P. Zuckert, University of Chicago Press, 2008.‎ Straussophobia: Defending Leo Strauss and Straussians Against Shadia Drury and Other ‎Accusers, Peter Minowitz, Lexington Books, 2009.‎ Leo Strauss and the Conservative Movement in America, Paul E. Gottfried, Cambridge ‎University Press, 2011.‎ Crisis of the Strauss Divided: Essays on Leo Strauss and Straussianism, East and West, Harry ‎V. Jaffa, Rowman and Littlefield, 2012. Leo Strauss, The Straussians, and the Study of the American Regime, Kenneth L. Deutsch, ‎Rowman and Littlefield, 2013. Leo Strauss and the Invasion of Iraq: Encountering the Abyss, Aggie Hirst, Routledge, 2013.

    [2]Entre ellos William Kristol, Max Boot, David Frum, Rick Wilson o Jennifer Rubin.

    [3]Victoria Nuland fue miembro del equipo de consejeros de seguridad nacional del Vice-Presidente Cheney, durante la administración republicana de George W. Bush.

    [4]Véase: «Qui sont ces anciens soldats israéliens parmi les ‎combattants de rue dans la ville de Kiev?», AlyaExpress-News.com, 2 mars 2014. Enlace actualmente interrumpido.


    Nota

    El neoconservadurismo es un movimiento político que nace en los Estados Unidos durante la década de 1960 como reacción a la política exterior del Partido Demócrata de los Estados Unidos, la creciente Nueva Izquierda y la contracultura, en particular durante las protestas de Vietnam.

    Históricamente hablando, el término “neoconservador” se refiere a aquellos que hicieron el viaje ideológico desde la izquierda anti estalinista hasta el campo del conservadurismo estadounidense durante las décadas de 1960 y 1970.

    La palabra neoconservador —a veces abreviada a «neocón»— fue en sus inicios utilizada para describir a los intelectuales comunistas americanos que eran críticos con la ideología soviética. Desde la década de 1930 hasta principios de los años 1950, muchos conservadores eran acérrimos anti-intervencionistas y la Paleocon estuvo comprometida con el concepto del anti-imperialismo. Los neoconservadores en contraste apoyaron el intervencionismo contra la URSS.

    Los neoconservadores suelen abogar por la promoción de la democracia y el intervencionismo en la política internacional, incluida la paz a través de la fuerza (por medio de la fuerza militar), y son conocidos por defender el desdén por el comunismo y el radicalismo político. Muchos de sus seguidores se hicieron políticamente famosos durante las administraciones presidenciales republicanas de las décadas de 1970, 1980, 1990 y 2000, cuando los neoconservadores alcanzaron su influencia durante la administración de George W. Bush, cuando jugaron un papel importante en la promoción y planificación de la Invasión de Irak en 2003.

    Los neoconservadores prominentes en la administración de George W. Bush incluyeron a Paul Wolfowitz, Elliott Abrams, Richard Perle y Paul Bremer. Aunque no se identificaron como neoconservadores, los altos funcionarios Vicepresidente Dick Cheney y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld escucharon atentamente a los asesores neoconservadores con respecto a la política exterior, especialmente la defensa de Israel y la promoción de la influencia estadounidense en el Medio Oriente.






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