NO GANAR, SINO PARTICIPAR

Ahora unos soplapollas y gilipollas de categoría redundante, requintada y amplificada les dicen a nuestros hijos en Expaña que cuando jueguen en el colegio o en la escuela “lo importante no es ganar, sino participar”. Tantos años de mi vida jugando en la escuela, y siempre tratando de ganar, y ahora me dicen que participe a secas, y que me dé por contento. Pues a mí no me gusta perder ni jugando al parchís. Me gusta ganar en todo. Me gusta que gane el Real Madrid, la Unión Deportiva Salamanca y Boca. Me gusta que ganen los equipos de otros países por los que siento simpatía: Spórting Braga, Newcastle Utd. y el Nápoles.

Es más, me estoy pensando mandarle el documento completo a BOS para que el Benfica y los benfiquistas que en este mundo son (que, ¡maldita sea!, son como la plaga de la langosta) se conformen con competir y no con ganar. Y a ver si por esas el Spórting Braga les mete unos cuantos goles. Aunque imagino a Camacho riéndose a mandíbula batiente de la gilipollez supina de que “no hay que ganar, sino sólo participar”. Y casi imagino a BOS devolviéndome el documento acompañado de una carta-bomba.

Me gusta que gane Fernando Alonso. Y Rafa Nadal. Hasta casi me gusta que gane el Barça cuando compite en Europa. Me gusta cuando la selección española de baloncesto barre y arrasa y gana todo lo ganable. Y cuando la selección de balonmano surge de sus cenizas y gana. Me gusta ganar y ganar. Aunque se gane con desganas, como el Real Madrid a veces … pero ganar.

Es más, pienso en decir a mis hijos que ganen. Ganar siempre que se pueda. Sin tapujos, sin vergüenzas. Ganar. Ganar posición, ganar terreno, ganar ascenso, ganar honra y honor. Ganar aún cuando no se tienen ganas. Siempre ganar. Ganar para no ser un gandinga. ¡Miserables pedagogos y sociólogos de mierda estos que quieren transformar a nuestros hijos en unos ganapierdes! ¿Será la antesala de ser invadidos –ganados- por esta inmigración sin ton ni son? Con estos politicastros y estos pseudoeducadores, ganapanes de tres al cuarto todos ellos, sólo vamos a ganar en la gangrena que nos corroe por dentro.

Me gusta, ¡Dios mío cómo me gusta!, ganar por 4-0 (o más) en fútbol y por 8-0 (más no, no nos pasemos, que uno ya está en la cuarentena) cuando estoy con una dama en la corta distancia. Me gusta ganar en conocimientos, y por eso leo. Cuando tengo una mujer a mi lado por la que siento atracción (que suelen ser el 120 % de ellas, porque todas me parecen de una u otra manera maravillosas) “participo”, ¡vive Dios!, para ganar. Mejor dicho, para ganarla. Si puedo, claro. Y cuando no puedo, que suele ser 5 veces de cada 3, ¿qué quieren que les diga …? Me fastidia. Y mucho. El “participar”, a secas, no me gusta. Prefiero el participar “a húmedas” … ya me entienden. Participación que es una forma de ganar en … Bueno, dejémoslo ahí.

Me gusta ganar en sabiduría, por lo que procuro mantener a hembristas (sean ideológicas, radicales, tortilleras, en la reserva activa, de medio pelo o mediopensionistas) a distancia. Y por la misma razón sigo ganando libros para mi biblioteca. Libros considerados clásicos, por cierto, porque no me apetece participar ni del espíritu de los “best-sellers” ni de la miríada de vacuos ensayos contemporáneos.

Y me gusta ganar en calidad de vida, así que cuando me dicen que vivo bien contesto siempre que “mejor todavía que quiero vivir”.

Me gusta ganar en Amor de Dios y, como no puedo –pecador que soy-, procuro ganar en Temor a Dios. Al menos gano algo bueno. Y me gusta ganar en Devoción filial a la Virgen María, por eso, mal que bien, rezo el Rosario. ¿Por participar? ¿Por amor al arte? No, ciertamente no: porque me quiero ganar el Cielo. Participar y no ganar en este juego del Más Allá acaba bastante peor que escupir para arriba o mear contra el viento. Nunca me gustó el calor y menos los sulfurosos calores del Infierno. A medio camino que estoy entre España y Portugal ya me sobra con las sulfurosas pestilencias que emanan de los respectivos Primeros Ministros. En estas contaminaciones no quiero participar en modo alguno.

Me gusta que mis ancestros no “participaran” de encuentros con los moros, sino que les ganaran y reconquistaran la tierra que me vio nacer y la que me dio el ser. Me gusta, ¡qué se jodan!, que los nacionales ganaran la Cruzada del 36. Porque ahora soy yo el que me tengo que joder con que los carlistas no ganáramos de manera rotunda, sin abrazos ni componendas posibles, sobre los asquerosos e inmundos liberales-unitarios.

Y lo único que lamento de la victoria sobre los gabachos hace 200 años es que mis antepasados se detuvieran en la frontera en vez de invadirles y ganarles (y si es menester machacarles también) de una vez por todas, que ya llevan 800 años jodiendo la marrana con galicanos, comemierdas de Franciscos y Maximilianos, hijos de puta certificados como Luis XVI, cabrones diplomados como Richelieu, archihijos de puta como los revolucionarios (incluído ese precursor del Anticristo de Napoleón) y el sinfín de mierda, porquería y basura que allende los Pirineos se genera. Que esa Santa por la que siento especial veneración, Santa Juana de Arco, me perdone. Pero o entre San Luis y ella y otros cuantos pedazos de santos que han producido hacen ganar al Catolicismo en Francia o mejor que participen … en la destrucción. Para seguir haciendo el tóxico como hacen, que se mueran. Y así ganamos todos. ¡Pobre España mía, tan lejos de Dios y tan cerca de Francia!

Me gusta incluso, ¡fíjense!, ganar dinero. Cuanto más, mejor, claro está. Y, es más, estoy dispuesto a emplear todos los medios –incluso los lícitos- para ganarlo. De hecho me gustaría ganar a la lotería muchos, muchísimos, millones y jubilarme. Jubilarme para ganar tiempo. Y para ganar en calidad de vida. Y para ganar en ocio, que en el negocio ya cada vez quiero ganar menos. Sólo quiero ganar lo justo y necesario para poder tener ocio. Pero ocio de verdad: de buenas lecturas, buenas reflexiones, buenas conversaciones, buenos vinos, buenas comidas, buenas motos y, ¡cómo no!, tías no ya buenas sino buenísimas. Y ocio para poder ganar en oración, también, sin tanto lastre como la vida cotidiana le hace “participar” a uno. Ocio para dedicarme a cultivar la ortodoxia y la pureza de la fe, terrenos en los que también quiero ganar. Y dinero para practicar la caridad con el prójimo necesitado, cuya sonrisa y felicidad cuando sus tribulaciones se alivian, son también ganancias en sonrisa y felicidad para mí.

En fin. He estado perdiendo durante muchos meses. Consecutivamente y sin pausa ni tregua. De tanto perder hasta perdí las ganas de escribir y hasta las ganas de ganas de escribir también.

Mal asunto. Pero bueno, sacando fuerzas de flaqueza, y con ganas de ganar … aquí estamos de nuevo. Sin cita fija. Pero aquí estamos. Vuelta de nuevo al frente, vuelta a NovaFrente. Ganando el territorio y el tiempo perdido. Reconquistando, en una palabra. Quizás no me pueda prodigar mucho, no pueda participar mucho. Pero NovaFrente no se para ni pierde. Cuando desaparece es porque tanto el dueño como el invitado de esta tasca novafrentista andan enfrascados ganando en lectura. Simplemente eso.

Y a todos esos que quieren convertir a nuestros hijos en unos comemierdas de tres al cuarto: ¡Qué se vayan a tomar por culo! (Sospecho que muchos de ellos, de facto, ya van de motu proprio).

Rafael Castela Santos, Presidente de la Alianza Antijansenista, Director del Observatorio Antimeapilas, Coordinador de la Plataforma a Favor de la Incorrección Política Químicamente Pura y Abogado del Diablo de la Alianza de Amistad Hispano-Francesa.

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