Eso es algo que Joan Laporta, actual presidente del FCB no acaba de entender muy bien. Ser presidente de un club con tanta historia y prestigio no da "patente de corso" para decir lo que le da la gana. Entre los socios y aficionados "culés" hay muchos que en estas horas deben sentirse ofendidos y humillados con la estulticia mental de su presidente.

Este personaje de tercera fila aupado a un puesto que le viene demasiado grande, no olvidemos que este BarÇa campeón es obra de Guardiola que es quien entrena y establece estrategias, así como del esfuerzo de los jugadores, no del "pisaverde" presidencial por el momento, que no hace nada salvo soltar majaderías e impertinencias, ha venido a decir que él se suma a una "manifa" independentista porque "Somos una nación. ¡Queremos un Estado propio!" ha dicho el "picapleitos sin oficio". Pero la respuesta inmediata es: ¡Vale! ¿y para qué?

Pues la cuestión, como decía, es que es malo mezclar "las churras con las merinas" o "el fútbol y la política". Quienes van a pagar las consecuencias de las gilipolleces de este mentecato son los jugadores, el entrenador, los socios, los aficionados, empezando por que juegan en una "Liga extranjera", según él, continuando porque ofende a una buena parte de su masa social que no es independentista, siguiendo porque las consecuencias pueden llegar a que empiece a haber jugadores, figuras o "cracks" a los que no interese jugar en un Club Político, porque ellos son deportistas y para política ya eligen ellos la que más les guste o apetezca.

Pero, y esto es esencial, este club de fútbol NO es propiedad de este fulano y por ello NO puede convertirlo en una plataforma de proyección política para sus propios fines personales, para eso ya tiene algunos partidos a "su gusto" entre los que elegir. Este individuo debería DIMITIR ¡YA! como presidente del Fútbol Club Barcelona y dedicarse a dar mítines a las moscas.