Re: ¿Boicot? No, gracias .
El boicot es algo simplón. En cualquier caso vería lícito boicotear a los separatistas, pero sin acusar a nadie a la ligera de traición a la Patria, sino por su comportamiento continuo y consciente.
Por ejemplo resulta vergonzoso que Codorniu, una empresa que pone a los cavas nombres que evocan la historia de España (como Plus Ultra) y que hizo en su sede central la bandera de España y no ha firmada nada pro-estatut sufra los efectos de esta estúpida discriminación.
Re: ¿Boicot? No, gracias .
Sobre boicoteos JUAN MANUEL DE PRADA
Tal como lo define el Diccionario de la Real Academia, el boicot o boicoteo persigue dos finalidades: perjudicar a la relación comercial contra la que se ejerce y «obligarla a ceder en lo que de ella se exige». Puesto que parece poco probable que los bodegueros del Penedés puedan intervenir en la negociación del Estatuto catalán, hemos de concluir que en el llamado boicot contra los productos catalanes la segunda finalidad brilla por su ausencia. Si los boicoteadores no esperan que de su medida de presión se derive ningún provecho propio o ajeno, hemos de admitir que tratan, pura y simplemente, de causar un daño gratuito; daño que, por no ajustarse a las estrategias propias del boicot, hemos de explicar como la consecuencia funesta de un atavismo. Resulta duro admitirlo, pero parece que algunos españoles odian indiscriminadamente a los catalanes por el mero hecho de serlo, del mismo modo que algunos catalanes odian al resto de españoles; formas de aversión recíproca que sólo admiten una explicación patológica: del mismo modo que hay orates que disfrutan infligiéndose mutilaciones, hay catalanes y españoles cerriles que gustan de contribuir a su propia ruina, arremetiendo contra un fantasmagórico adversario que en realidad es una parte de sí mismo. Se trata de una constatación tristísima, pero evidente.
Habría que precisar, sin embargo, que el llamado boicot contra los productos catalanes no ha sido promovido desde instancias políticas o gubernamentales, aunque desde luego personajillos como Carod-Rovira, con sus acciones insensatas o irresponsables, hayan azuzado ciertos atavismos. Mucho más escandaloso resultaría que el perjuicio infligido fuera promovido desde estas instancias. Por eso sorprende que, mientras el llamado boicot contra los productos catalanes ha concitado unánimes muestras de repudio, en cambio casi nadie haya rechistado al mucho más brutal boicot dictaminado por nuestras autoridades contra las explotaciones ganaderas dedicadas a la cría del toro de lidia. El pasado 27 de octubre, en Estrasburgo, los representantes parlamentarios de la facción gobernante votaron contra la concesión de ayudas a estas explotaciones, que proporcionan trabajo a miles de españoles y que, además, contribuyen como ninguna otra actividad económica al cuidado del ecosistema ibérico, por preservar más de 300.000 hectáreas de suelo español de las rapiñas inmobiliarias y garantizar la conservación de multitud de especies animales y vegetales. Nuestros parlamentarios han justificado su vileza aduciendo, según nos informa Zabala de la Serna, que los toros bravos sufren daños crudelísimos en la plaza y demás cantinelas pseudoprogres. ¿Sabrán estos boicoteadores con poltrona en Estrasburgo que el toro bravo, príncipe de la dehesa, es el animal que menos sufre de cuántos se crían en explotaciones ganaderas? ¿Habrán visitado alguna vez estos badulaques una granja de pollos o una planta lechera? ¿Se habrán detenido a considerar que esos animales estabulados que acaban en sus platos, en los muy lujosos restaurantes que frecuentan, han padecido una existencia infinitamente más aflictiva y penosa? La retirada de estas ayudas comunitarias condenará al desempleo a cientos, acaso miles de personas en Andalucía, Extremadura, Castilla-León y Castilla-La Mancha, agravará el problema del despoblamiento rural y propiciará la destrucción del ecosistema ibérico. He aquí un boicot mucho más abyecto que el organizado contra los productos catalanes, pues a su gratuidad desquiciada, añade un apoyo gubernativo. ¿Qué se puede esperar de unos gobernantes que contribuyen a la ruina de la economía nacional?
Para evitar suspicacias, aclararé que el espectáculo de los toros me gusta tan poco como el cava.
http://www.abc.es/opinion/index.asp?...=1013110447146