La Nochevieja se salda en Francia con 400 coches quemados





JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS.



El despliegue excepcional de 25.000 policías y gendarmes, en toda Francia (4.500 en París), no ha impedido que los suburbios franceses «celebren» el fin de año con el incendio de unos 400 automóviles, confirmando una dramática tradición reciente y recordando las tensiones sociales de fondo que continúan incrustadas en lo más oscuro del tejido social menos integrado en la nación.

La pira como tradición
La tradición del incendio de automóviles en los suburbios franceses comenzó a finales de los años ochenta del siglo pasado, en Estrasburgo, cuando estallaron los primeros enfrentamientos violentos entre jóvenes de la periferia urbana y fuerzas del orden, en el centro histórico de la ciudad.

También este año, la ciudad más afectada por la quema intencionada de vehículos ha sido Estrasburgo, con 28, seguida de Le Havre, con 12.
Durante un primer quinquenio, incluso los especialistas policiales afirmaban que se trataba de un «fenómeno pasajero». Durante los últimos diez o quince años, la tradición se ha confirmado de manera inquietante. Han fracasado incontables planes de integración social y cultural. Tras la experiencia traumática del invierno del 2005, cuando fue necesario declarar el estado de emergencia nacional, y hacer intervenir al ejército, para sofocar los disturbios que se prolongaron durante cuatro semanas, la nueva norma es el despliegue masivo y disuasivo de fuerzas del orden en todos los guetos urbanos sensibles.

Con resultados pasablemente ambiguos. La violencia no decrece. Y cada año es necesario recurrir a un despliegue más importante de fuerzas de seguridad.

Estado de alerta
Las cifras oficiales quizá sean significativas, aunque solo reflejan de manera muy pálida la realidad más cruda; 25.000 policías y gendarmes desplegados con carácter excepcionales; estado de alerta de todas las fuerzas del orden durante una larga semana; redadas preventivas; 400 automóviles incendiados; 258 alborotadores detenidos en París y las grandes ciudades de provincias.

Tan sumaria contabilidad apenas oculta la agravación de los problemas de fondo. Desciende la edad de incendiarios de automóviles. En Estrasburgo, Lyon y Marsella, la Policía detuvo a niños de 12 y 14 cuando manipulaban botellas de gasolina, con las que se aprestaban a incendiar coches. Son ya unos 800 los suburbios convertidos en guetos urbanos, donde la asistencia permanente no consigue frenar la desintegración de las familias y el desarraigo cívico. Disminuye la «gran» delincuencia, pero crecen la violencia escolar y la violencia suburbana.

El cáncer de la violencia
El cáncer de la violencia y la tradición de la quema de automóviles forma parte de un largo rosario de problemas de fondo. Crece la precariedad social: aumenta el número de hombres y mujeres sin domicilio fijo, aunque han crecido en un 50 % los presupuestos consagrados a ayuda social. En París, numerosas organizaciones humanitarias han terminado por regalar modestas tiendas de campaña a hombres y mujeres sin domicilio fijo a quien nadie, ni el gobierno ni la alcaldía, está en situación de ofrecer ni trabajo, ni socorro, ni alternativa de otro tipo.

Las fuentes policiales consideran «estimulante» la cifra de 400 incendios de coches, en la sola noche de San Silvestre. Se temían cifras más graves. Los especialistas aconsejan al gobierno «no bajar la guardia», ya que los guetos urbanos continúan siendo un fermento inquietante de desintegración social.

http://www.abc.es/20070102/internaci...701020320.html