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Tema: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

  1. #341
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    El 19 de abril de 1810 en horas de la mañana, un grupo de la aristocracia caraqueña desconoció al Capitán General Vicente Emparan. Estos le solicitaban una respuesta definitiva ante la invasión de Napoleón a España. ¿Seríamos leales a Fernando VII, o al nuevo Rey, José Bonaparte? El Padre Madariaga, en representación del clero, le aconseja que se asome al balcón del Ayuntamiento, y que sea la misma muchedumbre reunida en la Plaza Mayor la que tome la decisión. Emparan hizo lo dicho, y les preguntó a los reunidos si querían que él siguiera como Gobernador. Madariaga, quien había seguido al Capitán General, detrás de éste, hizo señas negativas con la mano, a lo cual la multitud respondió "No, no lo queremos". Al oír esta exclamación, Emparan dijo "Si no me queréis, pues yo tampoco quiero mando" y presentó la renuncia de su investidura.

    Acto seguido se constituyó un nuevo gobierno que tomó el nombre de “Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII”, la cual daría origen a la Sociedad Patriótica. Cabe destacar, que a pesar de que este evento fue el inicio de nuestro proceso de independencia, en realidad se defendía al Rey Español, quién fue depuesto por Napoleón. Este es un Hecho Criollo.





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  2. #342
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    La historia de Manuel Piar es la historia de una traición, los bolivarianos alegan que fue él quien traicionó, pero la historia, sus acciones, sus logros, indican otra cosa. Mientras el Libertador caía en continuas derrotas, el Gigante de Guayana ganaba todas sus batallas, solo Boves pudo vencerle, pero esto no impidió que volviera con más fuerza. Piar era mulato, aunque tenía más apariencia de blanco de clase que el mismo Libertador, existe una leyenda, en la cual, Tavera Acosta nos indica que es posible que Piar hubiese tenido parentesco con el príncipe de Braganza.

    Quién conoce la historia de Manuel Piar, conoce la historia de una tragedia, desde nacimiento condenado a ser tratado como un mulato, aunque aparentara ser más que ello. Herrera Luque narra en su novela que "No se sentía como los negros, pero tampoco como los mantuanos". El gran general que logró amontonar uno de los ejércitos más grandes de la independencia, fue fusilado, tras un complot realizado por sus hermanos de armas.

    Se dice que al morir, Bolívar exclamó "He derramado mi propia sangre", razón por la cual, se cree la posibilidad de que existiera un parentesco entre ellos, por los Aristeguieta, o por el mismo padre del Libertador.





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  3. #343
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    San Martin no venía a liberar Chile, sino que a invadir





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  4. #344
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    ¿Qué pasó con el virrey Cisneros luego de la Revolución de Mayo?




    Don Baltasar Hidalgo de Cisneros Fuente: Archivo

    Daniel Balmaceda


    29 de mayo de 2018 • 01:31


    Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y la Torre Cejas y Jofre vivió en el fuerte de Buenos Aires hasta el 24 de mayo, junto con su espléndida mujer, doña Inés Gaztambide y Ponce. Pero en cuanto fue desplazado, alquiló una casa en la actual calle Bolívar 553, entre Venezuela y México. Tenía con qué pagarlo, ya que continuó cobrando sus haberes, de acuerdo con lo resuelto por la Junta. Pero su estadía en la Buenos Aires revolucionaria iba a ser corta.

    Cerró mucho su núcleo de amistades. Solía reunirse con Antonio Caspe, Francisco Anzoátegui, Manuel Villota, Manuel de Reyes y Manuel de Velazco, integrantes de la Real Audiencia, el más alto Tribunal de Justicia de Buenos Aires. Esta situación planteó cierta tirantez con el gobierno que recién había asumido. Entre el 7 y el 9 de junio tomó estado público un cruce de notas entre la Real Audiencia y la Primera Junta. Los magistrados le hacían ligeros planteos a la Junta que encendieron la chispa. Las repercusiones por esas notas fueron inmediatas.

    Cerca de la medianoche del 10 de junio, cinco hombres con sus rostros cubiertos con pañuelos, protegidos a la distancia por un pelotón de cuatro soldados y un oficial, destrozaron los ventanales del hogar del fiscal del crimen Antonio Caspe, cuando el hombre se regresaba a su casa. Le dispararon y lo golpearon con sables, ocasionándole tres heridas en la cabeza. El fiscal quedó tendido en el piso. Su familia pensó que había muerto. Pero vivía. Según expresó en un informe la víctima, su mujer se desmayó del susto.

    A sólo tres semanas de asumir la Primera Junta, ya se topaba con una acción que ponía en juego la capacidad de controlar los hechos y las personas.

    A pesar de que se dijo que la agresión estuvo relacionada con el cruce de notas entre la Audiencia y la Junta, algunos atribuyeron la brutalidad a otro hecho. El lunes 28 de mayo, Caspe se había presentado en el fuerte para jurar obediencia al nuevo gobierno, junto con el resto de los integrantes de la Real Audiencia, del Consulado, del Cabildo y de otros organismos. El fiscal llamó la atención por haber acudido al acto con un escarbadientes en la boca. No fue el único imprudente. Otro de los tribunos, Manuel de Reyes, "hizo ostentación de limpieza de uñas durante la ceremonia", según un informe que publicó el nuevo gobierno.

    Nadie demostró mucho ánimo de investigar el atentado del 10 de junio. Sobre todo porque Caspe prefirió no hacer la denuncia. de todos modos, no pasó desapercibido el hecho de que a los violentos los había cubierto un piquete de soldados amparados en la negra noche. Fuera de los ámbitos oficiales, se señaló a Feliciano Chiclana (futuro triunviro) como el oficial que cubría a los embozados. El damnificado y sus compañeros de tribunal mencionaron a Domingo French y Antonio Beruti como partícipes. Entre los enemigos de la revolución, el violento episodio se denominó "solfa Berutina".

    En el gobierno existía preocupación porque este tipo de acciones se le iba de las manos y los desprestigiaba. Saavedra, Paso, Moreno y compañía se reunieron para debatir qué hacer. Apelaron a la Gaceta (el diario oficial) para dar su visión de los hechos. Pero eso no fue todo.

    El 22 de junio de 1810 por la noche, dos soldados llegaron hasta la casa de Cisneros y le pidieron que se dirigiera al fuerte porque los integrantes de la Junta de Gobierno querían tratar asuntos referidos a la situación en España. El ex virrey comunicó que en breve asistiría. Le respondieron que lo aguardarían para acompañarlo. Con uno de sus mejores trajes se presentó ante las nuevas autoridades. Lo mismo ocurrió con los ministros de la Real Audiencia, cuyo peso institucional es equiparable al de nuestra Corte Suprema de Justicia.

    Una vez que estuvieron todos en una sala del fuerte, aparecieron Matheu y Castelli. El último, sin preámbulos no palabras suaves, les dijo que estaban todos detenidos. Mientras le informaba al grupo su condición de reo por intriga y su extradición a las islas Canarias, un piquete de soldados comandados por Juan Ramón Balcarce ingresó a apresarlos. Los subieron a dos carruajes rodeados de húsares. Balcarce viajó en el estribo del coche en el que viajaba Cisneros. Se dirigieron al muelle, donde los embarcaron. Caspe llevaba vendas en su cabeza. Las heridas aún estaban abiertas.

    Inés Gaztambide de Cisneros se enteró por un criado de que a su marido lo habían embarcado. Al día siguiente le escribió una esquela a Saavedra en la que le decía: "La precipitación con que se llevaron anoche a mi marido no dio lugar a que le pusiese en el baúl más que tres o cuatro camisas. Si es que hay aún oportunidad para remitirle un baúl con lo preciso, he de merecerle a Vuestra Excelencia me lo avise y me franquee proporción para remitírselo. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Buenos Aires, 22 de junio de 1810. Inés Gaztambide de Cisneros".

    No recibió respuesta -al menos oficial- y vivió días de zozobra porque no le informaban con claridad qué había ocurrido con su marido ni adónde estaban llevándolo. Oyó, como todos, la clásica salva de quince cañonazos que solía despedir al barco en donde viajaba un virrey que partía.

    La última virreina del Río de la Plata no tardaría en abandonar Buenos Aires. El único mueble que cargó fue la cama matrimonial. El resto lo dejó en manos de José Santos de Inchaurregui, amigo de la familia, para que los vendiera.

    ¿Qué dejó Cisneros al partir? Un coche grande que le había regalado el Cabildo de Buenos Aires cuando se hizo cargo del virreinato, y otro más pequeño. Cuatro docenas de sillas (eran de tres juegos distintos). Un costoso sillón con espaldar, dos sofás, dos mesas de sala, un ropero, un armario de comedor de caoba (al que le faltaban las llaves), fuentes de loza para baño, dos catres de cuero, dos esteras, varios cueros de alpaca, zorro y zorrino, seis globos de cristal para velas (dos estaban deteriorados), un farol roto, más el pardo Mariano, esclavo del virrey, que compró por trescientos pesos Pedro Antonio Cerviño.

    Los Hidalgo de Cisneros se reencontraron en Cádiz. Sus años finales los pasaron en Cartagena, la ciudad natal del exiliado. Allí murió don Baltasar en junio de 1826, cuando se apagaban los últimos fuegos de las Guerras por la Independencia en América del Sur.


    Por: Daniel Balmaceda




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.lanacion.com.ar/2138309-...PZBLiwdE9reuAk
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  5. #345
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    «Simón Bolívar era un aristócrata rancio y esclavista»

    josé miguel l. romero 16.06.2017 | 14:44




    Michael Zeuske es un especialista en el esclavismo en el siglo XIX. j. a. riera

    Michael Zeuske es un especialista en el esclavismo en el siglo XIX.


    Los chavistas venezolanos se la tienen jurada desde que escribió un libro «muy crítico con el mito de Simón Bolívar», al que dedicó su tesis. En 2006 dio una conferencia en Venezuela al respecto: «Desde entonces solo me invitan los colegas de la Universidad católica, que no son muy amigos de Chávez ni Maduro», se ríe. El historiador alemán niega que, como se suele afirmar, Bolívar acabara con la esclavitud: «No lo hizo. Escribió los textos en los que decía que se liberaría a los esclavos que se alistaran en su Ejército. Lo hizo en 1816, pero casi ninguno se sumó al Ejército porque Bolívar era un gran esclavista, le tenían miedo: contaba con 2.000 esclavos, un decena de haciendas€ Era un aristócrata rancio y rico» que solo liberó «con papeles, a seis de sus esclavos».




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.diariodeibiza.es/pitiuse...ta/922983.HTML

  6. #346
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    LIBRO: “BOLÍVAR. LIBERTADOR Y ENEMIGO NÚMERO 1 DEL PERÚ”






    Título: “Bolívar. Libertador y Enemigo Número 1 del Perú”.
    Autor: Herbert Morote
    Año de Publicación: 2007 (de la primera edición)
    Editorial: Jaime Campodónico


    SINOPSIS:


    Antes de ingresar a Perú, Simón Bolívar ofrece a Maxwell Hyslop (un importante empresario inglés), entregar al Imperio Británico los territorios de Panamá y Nicaragua a cambio de ayuda económica y armamento militar.


    Invadido el Perú por Bolívar y sus tropas, demostró con afán ambicioso la pronta creación de la república peruana sin importarle cercenarle tanto territorio fuera posible. Dedicó sus peores insultos a los peruanos. Sus expediciones militares para destruir el Virreinato del Perú estuvieron marcadas por el saqueo de puertos, haciendas, iglesias, cobro de cupos a pobladores, expropiaba y embargaba inmuebles del estado y de privados para costear los gastos de su ejército, compuesto mayoritariamente de colombianos y venezolanos.


    Luego de la Batalla de Ayacucho, Bolívar se quedó 21 meses en el Perú, y se convirtió en un cruel dictador.

    Durante su estancia en tierras peruanas, se valió de la represión, fusilamiento, expatriación, encarcelamiento, y se deshizo de todo aquel peruano que se oponía a sus designios antidemocráticos y antiperuanos.


    Entregó minas de oro y plata a compañías inglesas, así también entregó en forma de pago a los ingleses, bienes raíces confiscados al Estado peruano, entregándolos a precio de saldo. Arrebató al Perú los territorios de Guayaquil y el Alto Perú. Pretendió anexar Jaén y Maynas a Colombia, y quiso dividir en dos lo que quedaba del Perú, sin éxito.


    La presencia de Simón Bolívar sólo trajo desgracias no solamente a Perú sino también a las nuevas repúblicas sudamericanas. Bolívar y todos aquellos mal llamados “libertadores” cumplieron el objetivo de crear una república peruana desmembrada y militarmente débil. Para estos “emancipadores” era necesario destruir un Virreinato que era un reino económicamente próspero y que durante siglos tuvo el liderazgo político y económico en América del Sur.


    Con la creación de las repúblicas sudamericanas también se entregan sus intereses económicos al Imperio Británico del siglo XIX. Y es allí donde nace la deuda externa de los países sudamericanos.



    https://somatemps.me/2019/02/11/libro-bolivar-libertador-y-enemigo-numero-1-del-peru/

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  7. #347
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Tiempo y Espacio

    versión impresa ISSN 1315-9496

    Tiempo y Espacio v.21 n.56 Caracas dic. 2011

    El fidelismo de los indios caquetíos de Coro durante la independencia de Venezuela

    Elina Lovera Reyes

    Instituto Pedagógico de Caracas. Centro de Investigaciones Históricas “Mario Briceño Iragorry” elovera19@gmail.com



    RESUMEN

    La participación de los indios en la independencia de Venezuela es un tema poco estudiado en la historiografía nacional. La mayoría de las investigaciones han estado orientadas a destacar la actuación de los blancos criollos o mantuanos como grupo que controla y dirige el proceso. De lo que se trata es de estudiar todos los actores involucrados en el movimiento independentista a partir de sus diferencias, motivaciones, actitudes, enfrentamientos y conflictos en las distintas regiones del país, que permita una visión más amplia y completa del proceso. En esta ponencia se presentan los resultados de una investigación referida a la actitud de fidelidad al Rey asumida por los indios caquetíos de Coro durante la independencia. En Coro todos eran realistas, todos compartían una actitud favorable más o menos común hacia la monarquía y se oponían a la independencia. Pero esta lealtad generalizada, se manifiesta de manera diferente entre los de la élite o mantuanos criollos y los indios caquetíos que eran los grupos más entusiastas en la defensa del Rey y de la corona española. Se trata de responder los siguientes interrogantes: ¿Porque los caquetíos fueron tan leales al Rey? ¿Cuáles son las razones que los llevaron a tener esa actitud realista? ¿Cómo se explica la fidelidad de los caquetíos?


    Palabras clave: indios caquetíos de Coro, actitud realista, fidelidad y lealtad al rey.


    The fidelismo of the indians caquetíos in Chorus during the Venezuelan war of independence
    ABSTRACT

    The involvement of Indians in the independence of Venezuela is a topic little studied in the national historiography. The majority of investigations have been oriented to highlight the performance of white Creoles or mantuanos as a group that controls and directs the process. What is study of all actors involved in the independence movement from their differences, motivations, attitudes, confrontations and conflicts in different regions of the country, allowing a vision, more comprehensive and complete the process. This paper presents the results of an investigation concerning the attitude of loyalty to the King assumed by the choir caquetíos Indians during independence. In choir they were realistic, all shared a more or less common favourable attitude towards the monarchy and opposed independence. But this widespread loyalty, manifests itself differently between the elite or mantuanos Creoles and Indians caquetíos were the groups most enthusiastic in the defence of the King and of the Spanish Crown. It is to answer the following questions: is it because the caquetíos were so loyal to the King? What are the reasons that led to this realistic attitude? How can we explain the caquetíos loyalty?


    Keywords: Indians caquetíos of choir, realistic attitude, fidelity and loyalty to the King.



    Recibido 14/04/2011 Aprobado 06/10/2011

    A manera de introducción

    La participación de los indios en la independencia de Venezuela es un tema poco estudiado en la historiografía nacional. La mayoría de las investigaciones han estado orientadas a destacar la actuación de los blancos criollos o mantuanos como grupo que controla y dirige el proceso. Sin embargo, una lectura plural e integrada de este acontecimiento histórico supone estudiar todos los actores involucrados en el movimiento independentista. Analizar sus diferencias, motivaciones, actitudes, enfrentamientos y conflictos en las distintas regiones del país, permite una visión más amplia y completa del proceso, a la vez que ayuda a comprender esa visión plural que lo caracteriza.

    Tradicionalmente se ha estudiado la independencia como el enfrentamiento entre “patriotas y realistas”, como diría Carrera Damas entre los buenos y los malos; “los primeros tenían ideales y los últimos cuando más intereses”. Planteamientos que consideramos deben ser superados dado que los llamados “malos” también tuvieron ideales y actuaron en función de principios. Coincidimos con Carrera cuando señala que el problema ha sido que la historiografía venezolana fundada en los valores de la “historia patria, quiere que los venezolanos no hayamos sido monárquicos” 1.

    En esta ponencia se presentan los resultados de una investigación referida a la actitud de fidelidad al Rey asumida por los indios caquetíos de Coro durante la independencia. Trabajo que forma parte de uno más amplio que está referido al proceso de independencia en Coro y su participación en la formación de la nación venezolana. En Coro todos eran realistas, todos eran monárquicos. Sin embargo, es necesario distinguir entre leales corianos y fieles corianos, entre lealtad y fidelidad. Aunque en un sentido estricto ambos términos tienen igual significado y hasta son sinónimos, en cuanto a su uso en Coro, tuvo mucho que ver con cierta diferenciación social.

    Los indígenas eran fieles y leales, pero la fidelidad parece ser una vivencia más afectiva que racional, hasta el punto de considerar que alguien es capaz de dar hasta la vida por una persona. Según Guerra, F (1999, p.88), en los “imaginarios de estos actores antiguos” valores, como la fidelidad, la lealtad, el honor, son elementos “que contribuyen a conservar en el tiempo la identidad y la cohesión del grupo, pues es el grupo, sea cual sea su estructura, el que ocupa el lugar central en las sociedades tradicionales. El grupo precede a los individuos que lo componen en un momento dado de su historia”.

    Como antes señalamos, en Coro todos eran realistas, todos compartían una actitud favorable más o menos común hacia la monarquía y se oponían a la independencia. Pero esta lealtad generalizada, se manifiesta aunque de manera diferente, tanto entre los de la élite o mantuanos criollos como entre los indios caquetíos. Los indios caquetíos eran los grupos más entusiastas en la defensa del Rey y de la corona española. Por tanto, los caquetíos revelan una actitud más conciliadora con los españoles que los indígenas de otras regiones del país. Ante este hecho cabe preguntarse: ¿Porque los caquetíos fueron tan leales al Rey? ¿Cuáles son las razones que los llevaron a tener esa actitud realista? ¿Cómo se explica la fidelidad de los caquetíos?

    Antes de entrar en materia conviene establecer la precisión conceptual de los términos fidelidad y lealtad, con el propósito de facilitar la comprensión de este análisis. Según el Diccionario de la Lengua Española de 1803, lealtad es el “cumplimiento de lo que exigen las leyes de fidelidad y las del honor y hombría de bien”. Una persona leal es aquella que “guarda a personas o cosas la debida fidelidad” y se aplica igualmente “a las acciones propias de una persona fiel”. Fidelidad, por su parte es algo inmanente, “y observancia de la fe que uno debe a otro”, y por “antonomasia el cristiano que vive en la debida sujeción a la iglesia católica romana”. La lealtad entonces, sería “como sentimiento humano (que) nace de la capacidad de trascendencia que lleva al hombre a relacionarse y comprometerse con algo fuera de sí mismo, como puede ser un grupo, una institución, una causa, unos ideales... la lealtad es más que la adhesión fugaz momentánea, fundamentalmente emotiva”

    La transferencia de estos conceptos para el estudio del momento independentista vivenciado en Coro puede ofrecer elementos de análisis para comprender la actitud de los indios caquetíos respecto al Rey y a su Cacique Manaure. En tal sentido, La lealtad en la práctica, implicó la existencia de un pacto voluntario, una decisión personal y una toma de conciencia que explica esa actitud pensada y asumida que se manifiesta en un acto de honor muy típico de esa época. Los leales eran los de una condición social, un estrato superior y de más igualdad al Rey, eran los que correspondían a la nobleza. Entre ellos mismos se planteaba y se practicaba la lealtad entre los iguales. En cambio con los otros grupos que consideraban inferiores o subordinados no era la lealtad en ese sentido, lo que caracterizaba las acciones personales y colectivas sino la fidelidad, sin ese acento religioso, sino de cierta subordinación personal, diferenciación social e inferioridad. Estos conceptos permitirían inferir entonces, que el comportamiento de los indios caquetíos respecto a su cacique Manaure y respecto al Rey, fue una vivencia mas asociada con la fidelidad que la lealtad. Es decir, una suerte de observancia de fe, de credibilidad y sumisión, nacida de un sentimiento profundo que dejaba al descubierto la dimensión de trascendencia presente en todo ser humano.

    El sentimiento de lealtad signó muchas de sus acciones desde los inicios coloniales, y favoreció el otorgamiento de privilegios por parte de la corona y de los funcionarios reales de la provincia. Según Arcaya, PM. (1974, p.14) “el elogio de esa antigua lealtad de su raza nunca se le escatimó por las autoridades coloniales, como estímulo para que siempre se mantuviera viva; la exención de tributo y algunos otros favores que se les concedieron se les presentaba como grandes privilegios. Por eso fue en los Pueblos caquetíos donde más arraigados estuvieron los sentimientos realistas”.

    Uno de los problemas que confrontamos cuando abordamos estudios referidos a los indios de Venezuela, es la inexistencia de documentos escritos por ellos mismos, donde hayan dado su opinión, dejado su parecer o su manera de ver las cosas. Vovelle, M. (1985, p.319) se refiere a estas masas anónimas como…”las que no han podido pagarse el lujo de una expresión individual, por poco que fuera, literaria”. Por eso para el estudio de la fidelidad de los indios caquetíos se hace necesario consultar las obras de los primeros cronistas: Fray Pedro Aguado, Fray Pedro Simón, Oviedo y Baño, José Gumilla, Juan de Castellanos y otros, quienes nos ofrecen información importante sobre los primeros momentos de la conquista. Igualmente documentos oficiales como las cartas y visitas de los Gobernadores y los Obispos, informes de los protectores de los indios, y otros documentos emitidos por funcionarios públicos y personas del común de la época colonial. Las obras del Dr. Pedro Manuel Arcaya son de consulta obligatoria, especialmente la que está referida a la guerra de independencia en Coro y Paraguaná, publicada en 1974. En ella el autor anexa las memorias del Sr. Juan José García, descendiente caquetío, quien había nacido en el pueblo de Moruy, por los años de 1811-1814.


    Fidelidad caquetía

    El sentimiento de fidelidad de los caquetíos al Rey se fue conformando, al igual que en los otros grupos indígenas de las distintas regiones venezolanas, desde los inicios de la conquista y evangelización durante el siglo XVI, así como durante el proceso de colonización de los siglos XVII y XVIII. Esta actitud de fidelidad, que no de simple lealtad, se fue configurando especialmente, por el fuerte vínculo de respeto, agradecimiento y sentimiento de afecto hacia la figura del Rey. Las características de los pueblos aborígenes, y la manera cómo se dieron los procesos en cada uno de ellos, explica el comportamiento o la actitud de lealtad o fidelidad a la monarquía española. Este comportamiento generalizado se fortalece aún más durante la época de la independencia. Época de grandes cambios y de transición, dado el proceso de sustitución del sistema monárquico por el republicano.

    Las diferencias del comportamiento de los indígenas de la región de Venezuela ante la posibilidad de independencia van a estar determinadas por el carácter del conquistador de cada lugar y su relación con los centros de poder, pero especialmente por las características y el nivel cultural de los pueblos indígenas para el momento de la llegada de los españoles. En el territorio que hoy ocupa la República de Venezuela, la conquista y colonización tuvo matices diferentes. En la zona oriental, la aplicación de leyes de esclavización del indio Caribe, provocó enfrentamientos violentos de tal manera, que afectó la consolidación de proyectos pacíficos como el del fraile dominico Bartolomé de Las Casas en 1520, el cual constituyó un rotundo fracaso. Diferente, por su carácter pacífico, fue el proceso que se inició en el occidente, a partir de la fundación de la ciudad de Coro por Juan de Ampíes en 1527.

    Señalamos anteriormente que la fidelidad de los caquetíos al Rey durante la independencia, se inicia desde la conquista, especialmente por el carácter tan peculiar que adquirió este proceso y la evangelización en Coro. Contexto donde adquiere fundamental importancia el “pacto de mamparo” al que llegaron los caquetíos con Juan de Ampíes y los españoles para poblar conjuntamente la región coriana. ¿En qué consistió este pacto? Las dos partes involucradas, españoles e indios, estaban muy claras en lograr un asentamiento de manera pacífica. En este sentido, la participación del cacique Manaure es relevante para el encuentro que se realizaría entre él y el conquistador español en 1527. El cacique ya en los tempranos años de 1523, por propia decisión envía emisarios a la isla de Curazao y Aruba para invitar a Juan de Ampíes para que lo visitara en el pueblo de Todariquiba, en la costa de tierra firme donde tenía su residencia, como gran cacique de un extenso territorio, que comprendía también las islas que habían sido concedidas a este conquistador. Le solicitó, además, que lo cristianizara a él y a su pueblo2.

    Ampíes ante la solicitud del cacique Manaure y las continuas negativas del Consejo de Indias y del Rey, a sus reiteradas peticiones para que le otorgaran título para fundar una ciudad en tierra firme, se apoya en las recomendaciones del Padre Las Casas, el Juez Visitador Rodrigo de Figueroa y en los fundamentos de la real cédula de la Coruña del 18 de mayo de 1520. En tal documento estaba previsto, comenzar por llevar algunos principales a la Isla La Española, con los cuales se trataría de promover el poblamiento estabilizador de los indígenas. Se trataba pues, de que los indios se concentraran en pueblos y que se “avecinden en ellos algunos españoles que sean buenas personas… especialmente algunos labradores que les enseñasen [por simple convivencia] a labrar e criar ganados e hacer granjerías”. (Ibídem). Luego de solventar una cantidad de inconvenientes, Ampíes envía en 1527 a su hijo con la expedición, y fundó un pueblo mixto. Un pueblo indio, donde se establecerían también aquellos pocos españoles que habían de habituarles a las granjerías y cría de ganado, previstos. Esta es la singularidad histórica de la fundación de la ciudad de Coro, al decir del historiador español Demetrio Ramos Pérez. Pero también es la concreción de una relación pacífica entre los indios de esta parte de tierra firme y un conquistador español.


    El “Diao” Manaure

    A la llegada de Ampíes a Coro, el cacique Manaure era un jefe político y religioso con poderes excepcionales y divinos, reconocido por todos los pueblos caquetíos sujetos a su dominio como el “Diao”, vocablo que para algunos historiadores significa “hechicero”. Las fuentes de la época reseñan las características excepcionales de este personaje. Según Ampíes, dicho cacique “por ser tan gran señor se hace adorar como Dios, dando a entender a los indios que él da los temporales” (Citado por Ramos, D. Ibídem). Para Fray Pedro de Aguado, el principal de los caquetíos, le había hecho creer a sus indios, “que él era el autor y hacedor de muchas cosas que la tierra y elementos naturalmente producen por la ordenación divina, como son: las lluvias, granizos, truenos, relámpagos, heladas y sequías…aquellos naturales temían con muy amedrentados ánimos el poder de este principal, y así casi lo tenían por Dios, acatándolo y reverenciándolo con extremo grado”. Juan de Castellanos en sus Elegías, resalta las virtudes y la respetabilidad de Manaure, a quien presenta con una personalidad avasallante, conducta intachable y poder desmedido dice: “Fue Manaure varón de gran momento, de claro y de sagaz entendimiento. Tuvo con Españoles obras blandas, palabras bien medidas y ordenadas, en todas sus conquistas y demandas temblaban del las gentes alteradas;… Nunca vido virtud que no loase ni pecado que no lo corrigiese, jamás palabra dio que la quebrase ni cosa prometió que no cumpliese”… (Citado por Manuel Vicente Magallanes. 1977, p.254).

    Los caquetíos habían conformado una cultura que pudiéramos ubicar según la clasificación que hace Julien Ries (1995, p.18), en su Tratado de antropología de lo sagrado como una “hierofanía”3 De acuerdo con los planteamientos de este autor, se puede considerar que el caquetío como todo hombre religioso arcaico, al revestir de sacralidad al cacique Manaure como mediador en la irrupción de lo divino, lo separa de lo profano, lo hace digno de respeto, mediante lo cual alude a Dios y a su culto divino, lo que hace que este ser como divino, sea venerable.

    El Bautismo cristiano del cacique Manaure, con su familia y todo su pueblo por manifiesta voluntad, es símbolo de esa cultura religiosa donde el gran jefe concebido como la personificación de la divinidad y como persona sagrada, tiene el don de decidir sobre el porvenir de todos sus fieles o creyentes. Este acto, se asocia también como símbolo en los inicios de la construcción de la nueva cultura religiosa cristiana.

    En este contexto, la solicitud de “mamparo” o protección que el cacique hace al conquistador Ampíes, fue una decisión importante para la obtención de inmediatos y futuros beneficios, tanto por parte del conquistador, como por parte del rey. Uno de los primeros logros fue la de preservar a su pueblo del gran negocio esclavista de las armadas del Caribe, que azotaban continuamente sus dominios. Por eso, el acto de fundación de la “muy noble y leal” ciudad de Coro, se realiza conjuntamente con la entrega al cacique de una de sus hijas, su yerno, sus nietos y otros caquetíos que habían sido esclavizados por estos negociantes, a quienes Ampíes compró y pagó rescate por ellos.


    Si bien es cierto Ampíes logró una alianza con los caquetíos, a partir de 1528, y hasta 1546, la administración de los Welsares generó un importante despoblamiento indígena en esa zona. Quienes no respetaron el pacto de Ampíes ni consideraron a los caquetíos como aliados.


    Indios de Real Corona

    Durante todo el tiempo colonial los caquetíos fueron beneficiados con reales cédulas que normaron su quehacer diario. Sin lugar a dudas, la más importante es la que ordenaba su condición como personas libres. Según Real Cédula de 1539, por petición del primer Obispo de Coro; Don Rodrigo de Bastidas, los caquetíos fueron considerados libres”. Y “al igual que los aztecas de la Nueva España”, no podían ser encomendados y/o esclavizados. Fueron exonerados además, del pago de tributos y se les denominó pueblos de “Real Corona”, durante toda la colonia. 4

    A partir de esta real cédula la población caquetía logró recuperar la confianza en los colonizadores, facilitando su reducción en los pueblos de Santa Ana, Moruy y Cumarebo, fundados por el Obispo Rodrigo de Bastidas entre 1535 y 1539. Posteriormente, en 1598 fueron fundados, según Oviedo y Baños, por el Gobernador Don Diego de Osorio los pueblos de Capatárida, Zazárida, Borojó y Mitare, ubicados en la parte nor- occidental de la ciudad de Coro. Los otros dos pueblos de caquetíos: Guaybacoa y El Carrizal se fundan por orden del Obispo Escalona y Calatayud en 1723. Guaybacoa, un poco al Sur de la costa en donde se inicia la sierra, organizado con indios traídos de lugares cercanos para la “congregación” y El Carrizal, fundado con indios provenientes de la isla de Aruba que habían venido buscando la cristianización. Este último como los anteriores pueblos de caquetíos se ubicó en la costa para la defensa de la ciudad, desde donde distaba sólo cinco minutos.

    Razones estratégicas privaron en la organización de estos “resguardos indígenas” en la costa coriana. El hecho de ser pueblos de indios caquetíos garantizaba una vigilancia constante a la ciudad que no escapó en los siglos XVII y XVIII a la piratería francesa e inglesa. Pero a la vez, su cercanía a la ciudad permitía tenerlos vigilados y mantenerlos congregados en pueblo.

    Numerosos documentos de los siglos XVII Y XVIII nos informan sobre decisiones por parte de Obispos y funcionarios reales en defensa de las tierras de los pueblos caquetíos y de su condición de trabajadores libres. En 1678 el Obispo González Acuña, dictó autos con severas sanciones para los usurpadores de las tierras de los indios de Real Corona, donde pide guardar las "constituciones", y cédulas en defensa de las tierras y agravios recibidos por estos indios5.

    A pesar de su condición de indios de “Real Corona” y trabajadores asalariados, los caquetíos no escaparon de una servil explotación por parte de los grandes terratenientes vecinos, que los concertaban, pero luego no les cancelaban pago alguno por el trabajo realizado como arrieros6.

    Desde el punto de vista social, a los caquetíos se les reconoció como grupos de indígenas principales con algunos privilegios. En todo caso, es necesario distinguir entre la “nobleza” caquetía, la” pequeña nobleza” de jefes locales o caciques, y el común de los caquetíos. El primer grupo se hispaniza rápidamente, se acomoda y funciona como clase principal de la ciudad, introduciendo un distanciamiento con los otros grupos de su clase y más aún con los otros indígenas. El segundo grupo, conserva su antiguo papel y mantiene el cacicazgo sobre el resto de los caquetíos que le siguen sometidos, pero convertida en una institución hispanizada. El cacique caquetío era otro funcionario colonial más, entre cuyas funciones estaba la de recabar en el pueblo para el pago del Cura Doctrinero, además de seguir exigiendo su correspondiente tributo como jefe indígena.

    Sin embargo, durante el siglo XVIII, a pesar de que el cacicazgo se había adaptado a la estructura colonial y estaba normado por el estado español, fue perdiendo cada vez más legitimidad tradicional, por lo que continuamente debían recurrir a las autoridades coloniales para legitimar su posición. Entre 1701 y 1778, ejercieron el cacicazgo en su jurisdicción, como legítimos herederos: Domingo Martínez Manaure, Juan Martínez Manaure y Juan Santiago Martínez Manaure.

    Lo peculiar de funcionar con gobierno entre iguales, o de la misma raza o familia, no reportó posible ventajas a los caquetíos que se convirtieron en trabajadores libres con salarios bajos inadecuados para sustentarse. Asimismo, su condición privilegiada no le evitó ser víctimas de extorsiones, injusticias y abusos, como lo demostramos en la parte referida a los problemas que enfrentan con las tierras de sus comunidades indígenas.

    Durante la colonia los pueblos de caquetíos cumplieron una encomiable función de defensa y vigilancia del territorio coriano. Ubicados en sitios estratégicos a lo largo de la costa, en estos pueblos descansó la vela y resguardo de la ciudad. Las fuentes nos informan de grupos de indios a manera de milicias constituidas por caquetíos de los pueblos de El Carrizal, Guaybacoa, Cumarebo y a veces hasta los de Santa Ana y Moruy, que se alternaban en horarios diurnos y nocturnos en la vigilia del puerto de la Vela de la ciudad. Los caquetíos de Capatárida, Borojó, Zazárida y Mitare, igualmente realizaron la vigilancia de las costas cercanas a sus pueblos, recibiendo sus caciques el pago correspondiente por los comisos realizados a las denuncias de contrabando7. A los de Santa Ana y Moruy se les confió la vigilancia y defensa de las salinas de Paraguaná, labor realizada con gran celo por las frecuentes arribadas en esta zona de barcos extranjeros que se proveían de sal, a la fuerza.


    Fidelidad al Rey

    La fidelidad de los caquetíos al rey fue demostrada a través de todo el período colonial. Desde su pueblos originarios, custodiaban las costas del territorio ocupado por ellos desde antes de la llegada de los españoles, organizados por su propios Alcaldes o Caciques. Considerados los más fieles y consecuentes al Rey siempre estuvieron dispuestos a salir en su defensa. Así ocurrió en las continuas arribadas de piratas ingleses y franceses a las costas de Coro en los siglos XVI Y XVII; en 1795, durante la sublevación de los negros de la sierra de Coro; en 1806, con la llegada de la expedición libertaria de Francisco de Miranda. Pero más que una respuesta a las gracias recibidas, fue una manera de vivir, de conducirse como fieles cristianos, porque como señala Chartier, R. (1995, p.127) al concebir en el orden político a la Monarquía como institución divina, y al rey como símbolo “sagrado”, éste era visto como un padre bondadoso, “protector y justiciero”, “atento y dispuesto a socorrer a los más débiles de sus hijos”.

    Arcaya, señala a nuestro modo de ver muy acertadamente, que los mantuanos o criollos y los indios caquetíos, fueron los elementos fundamentales que hicieron de Coro “el más ardiente foco del realismo” durante la lucha independentista en Venezuela. Los primeros enfrentados a sus pares caraqueños en defensa de la autonomía regional por “la enconada rivalidad que había con Caracas, iniciadora de la revolución”, y los segundos con manifiesta demostración de fidelidad a la corona española, por “el sentimiento religioso profundamente arraigado en las masas populares enseñadas a considerar el rey como Ministro de la justicia de Dios en la tierra” (Ibid, p.42) . Este fenómeno se observa también por parte de grupos de mestizos, pardos, mulatos y blancos criollos. Estas posiciones acerca de la actitud con el Rey no son privativas de Coro, sino que es característico de toda Hispanoamérica, con algunas diferencias regionales, como señalamos anteriormente, producto de la manera cómo asumió la conquista, evangelización y colonización el estado español. Sería interesante hacer una evaluación o establecer relaciones entre la población indígena y la población mestiza y parda que, en Venezuela, hasta 1812, no se había incorporado a la independencia.

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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Independencia, Lealtad y Fidelidad

    Arcaya, P.M. (Ob. Cit., p.47) señala que la valentía y lealtad de estos pueblos era un “asunto de honor para ellos. El régimen colonial había llevado a los caquetíos al profundo convencimiento que Rey e Iglesia eran sus protectores” Es así cómo:

    Los primeros años de la independencia vieron una casi unanimidad de opinión en Coro a favor del Rey; en Coro pelearon caquetíos en la batalla en el que el Marqués del Toro perdería el primer ejército de la Junta Suprema de Caracas. Voluntarios caquetíos acompañarían a Monteverde, Torrellas y Reyes Vargas en la marcha que destruyó la Primera República. Caquetíos lucharían contra Bolívar bajo Boves, Morales y Morillo.

    Apoyándonos en el planteamiento de Arcaya, trataremos de dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Cuál fue la participación de estos grupos indígenas durante la independencia? ¿Qué motivó la actitud de los caquetíos a favor de la monarquía española? Luego de los acontecimientos de Caracas el 19 de abril de 1810, el Cabildo de Coro, desacata a la Junta Suprema de Caracas y reconoce al Consejo de Regencia de España como representante del Rey Fernando VII. Mientras que en Caracas se declara el 5 de Julio de 1811 la independencia y se establece la República, la sociedad coriana asumió una posición de adhesión a la monarquía Española. Desde allí se organiza la contrarrevolución realista para conquistar y restablecer el gobierno español.

    Coro, como ciudad leal participa de las reformas hispanas. Fue hasta 1821, el más fiel baluarte realista. En ese mismo año se organiza efectivamente la resistencia realista, en cuanto a organización de las milicias y acciones militares en defensa de la Provincia como bastión realista. En el mes de febrero y septiembre respectivamente, se crearon los dos batallones más representativos: la columna de Volante de Fieles Corianos y el Batallón Ligero de Leales Corianos. Estos ejércitos realistas se organizaron con corianos, lo que garantizaba al movimiento la preservación, conservación y defensa de la Provincia a la causa realista. Así como se propicia una importante arremetida de la resistencia realista, se inicia a la vez la formación del partido independentista, con grupos criollos desertores de estos ejércitos realistas. Quienes dirigidos por Josefa Camejo, declaran la independencia en Pueblo Nuevo de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, acción ésta que fue trascendental porque el pronunciamiento de Coro por la independencia, a escasos días de la Batalla de Carabobo, era promisorio del triunfo de esta acción militar que fue decisiva para la emancipación de Venezuela. La nota más resaltante en Coro fue precisamente que la conspiración en contra del orden colonial no se inició ni fue liderizado, ni dirigida por el grupo criollo del cabildo del gobierno local, sino que fue una conspiración dirigida por una extraordinaria mujer: Josefa Camejo.

    El grupo de la elite que defendía el realismo en Coro se desmantela. Las tropas independentistas tomaron la ciudad, iniciándose el tiempo de la guerra que se extendió hasta 1823, período donde tienen papel protagónico estos ejércitos regionales, los cuales estaban organizados por compañías de blancos criollos y compañías de pardos. En este sentido es conveniente señalar la situación en la que se encontraban los indios caquetíos de Santa Ana y Moruy para decidir no participar en las tropas realistas, cuando habían sido y seguían siendo los más fervientes y fieles defensores del Rey y de la corona española. ¿Por qué los caquetíos no se incorporaron a los ejércitos realistas? ¿No fueron tomados en cuenta por la dirección del grupo o fue exclusión por parte de ellos? Este hecho indica el grado de desmoralización a la que habían llegado y la inexistencia de un plan efectivo del movimiento realista en Coro, y explica así el triste final de su sacrificio. Como lo confirman los relatos que hace el Sr. Juan José García8 en sus “memorias” sobre “la heroica defensa de la perdida causa realista por parte de los indios caquetíos, defensa que tuvo su mayor auge luego de la batalla de Carabobo”. Para Arcaya el relato del Sr. García bien podría titularse: “el suicidio de los caquetíos”.

    Pasamos a comentar su relato: Luego de la declaración de la independencia de la Provincia de Coro en 1821, la reacción de los caquetíos fue unánime “al mando de sus caciques hereditarios, López y Núñez, se reunieron en la Plaza de Santa Ana, se confesaron, comulgaron y juraron resistir la revolución y defender la causa del Rey… Después de la Batalla de Carabobo, los caquetíos fueron derrotados en San Francisco, pero cuando volvieron a sus pueblos, unos a otros se echaron la culpa de su común desgracia”. La muerte del cacique de Moruy Martín López de la Chica y la decisión del cacique de Santa Ana Juan Alberto Núñez de emigrar a Cabure antes de “verse menospreciado”; luego que los indios, viéndose libres de todo freno se desbordaban en “impetuoso torrente en la feroz anarquía”. El autor explica que a diferencia de algunos caquetíos como los de Buenavista, los de Santa Ana y Moruy siguieron sosteniendo la causa del Rey a través de un movimiento de guerrillas hasta después de la capitulación de Morales en Maracaibo, el 3 de agosto de 1823.

    Ni la expedición que D. Miguel de La Torre9, Jefe del Ejército Expedicionario de Tierra Firme organizó a Paraguaná, con un plan de reconquista de Venezuela, buscando el “levantamiento en masa de la Provincia de Coro a favor del Rey”, ante la fidelidad demostrada a toda prueba por los indios caquetíos, logró incorporarlos a sus órdenes de mando. Ningún incentivo los hizo desistir de esa actitud, que les llevaría, en 1823, al fatal desenlace de la inmolación masiva, cuando fueron ajusticiados en el sitio denominado Justicia cercano a los pueblos de Santa Ana y Moruy.

    Juan José García (Ibíd, p.62), en su relato explica el final de la guerra, así como las adversidades que experimentaron los pueblos caquetíos, porque:

    Después que la guerra terminó, Paraguaná quedó asolado, pues a tantas desgracias, saqueos y calamidades de toda especie les siguió una gran escasez de lluvia dejando la tierra esterilizada y sin recurso alguno. Muchísimos murieron de hambre, y aquellos que sobrevivieron emigraron a otras provincias, donde los más de ellos no volvieron a ver sus hogares.

    De Santa Ana y Moruy, reseña además, la disminución de la población:

    Los dos pueblos de indios que antes de la guerra pasaban de ocho mil almas, después de ella no llegaban a un mil ochocientas. Las guerras, el hambre y las emigración habían acabado con ellos” (Ibidem).


    La existencia de la República de Colombia desde 1819, la proclamación de la independencia en Coro en 1821, el triunfo de la Batalla de Carabobo en Junio de ese año y los cambios ocurridos en España durante el trienio liberal entre 1820-1823; período donde toma forma la nación española, en la cual no tenían cabida en condición de ciudadanos todos los súbditos americanos, son hechos que favorecen la finalización de la contrarrevolución realista y el triunfo de la guerra de independencia.


    Conclusión

    La lealtad del coriano realista fue una actitud asumida tanto por los mantuanos como por los indígenas caquetíos. Estos más fieles que leales, ya que la actitud de ellos es de una fidelidad ciega, por encima de todo eran fieles, hasta el último momento. Arcaya (Ibíb. p. 137), explica como en los pueblos indios fue unánime hasta lo último y verdaderamente heroica la fidelidad al Rey, conducta que se explica por la fuerza de las ideas religiosas y la leyenda de la “alianza de su antecesor Manaure con los conquistadores españoles”. Este grado de convicción sobre la lealtad que los indios caquetíos tenían con el Rey y con su Cacique Manaure, era de tal intensidad que bien pudiera asociarse con la inmolación de centenares de caquetíos en 1823, en el sitio denominado “justicia” vecindario cercano a Moruy, ante su persistencia de continuar defendiendo al Rey, causa que creían justa. Este es el testimonio fiel de una manera de vivir y de morir por lo que se Cree.

    Los interrogantes que nos planteamos en esta ponencia nos llevó a reflexionar sobre los sentimientos de lealtad y fidelidad expresada por los indios caquetíos, que explica tal vez, su comportamiento y compromiso con un ideal, con una creencia, tan internalizada que generó que hacia el rey se configurara una particular adhesión de fidelidad anclada más en el sentimiento que en la razón. Estos sentimientos de solidaridad y lealtad personalizaron el quehacer histórico de los corianos constituyéndose en símbolo de su idiosincrasia. Historiadores venezolanos han dedicado especial atención a este carácter del coriano. Ramón J. Velásquez (1982, p.3) lo concibe como “…réplica del cacicazgo (que)… alzaba en Coro… el gran Manaure… Ya en estas gentes indias encontramos talladas algunas de las condiciones que individualizaran al coriano en el futuro”. Carlos Siso (1982, Tomo II p.195), cuando explica la formación del carácter venezolano, destaca el instinto gregario de los pueblos caquetíos corianos, dice:

    Con una influencia saludable contrarresta en el carácter nacional el individualismo heredado, el admirable instinto gregario de las poblaciones del Estado Falcón, descendientes de la nación caquetía, cuyo espíritu de solidaridad es tan firme, que en nuestras crisis políticas han contribuido a compactar la República, a mantener la cédula social y a salvar el imperio de las Instituciones. Aprovechando el instinto gregario de la ascendencia indígena, en casi todas nuestras revoluciones, el gobierno ha recurrido a las poblaciones del Estado Falcón para crear ejércitos, cuyo espíritu de disciplina es garantía de orden y de seguridad social.

    Por eso no sólo concebimos la lealtad del coriano en un momento de su devenir histórico, por su postura a la Monarquía española -ya sea por motivos religiosos o por la palabra empeñada del Cacique Manaure en el pacto con Ampíes- sino que ésta signó posteriores actitudes. De allí que entendemos también que lealtad fue la de Coro a la República, al calibrar su vida republicana.


    Notas

    1 Este autor utiliza el término disputa (dice) como lo utilizara Bolívar en “un momento de particular agudización de la guerra en junio de 1814, para referirse al enfrentamiento entre quienes luchaban por romper el nexo colonial y quienes lo hacían por mantenerlo, y en aquel momento la apreció como una situación en la cual ambos contendores podrían resultar perdedores. Germán Carrera Damas, La disputa por la independencia (p. 49).

    2 En su Memorial, Ampíes describe el momento: “el indio mensajero de Manaure, con el cacique Don Juan de Baracuyra o Baracoyca”, quien residía en las islas y era pariente de los de tierra firme, embarcaron a Santo Domingo con Gonzalo de Sevilla, con el fin de rogarle que los recibiera “como a los otros”, en este caso se refiere a los caquetíos de las islas de los Gigantes que tenía bajo su protección, para que los mantenga al igual que éstos, bajo su gobernación y su “mamparo”.( Citado por Demetrio Ramos Pérez. La fundación de Coro Venezuela. Una singularidad histórica. p. 165).

    3 Este autor afirma que el hombre (“homo religiosus”) en un momento de su devenir histórico, “toma conciencia de una realidad trascendente que da al mundo su verdadera dimensión de perfección”, lo cual no es otra cosa que la irrupción o descubrimiento de lo sagrado desde la experiencia religiosa vivida, expresada a su vez, como un poder diferente al natural, y algo distinto a sí mismo”.

    4 Véase: Monseñor Francisco Maldonado. Los seis primeros Obispos de Venezuela. ANH.

    5 El Obispo Gonzales Acuña en el Auto, Señala: "Ordenamos y mandamos al cura doctrinero que al presente y adelante fuere tenga en su poder los testimonios de las Reales Cédulas y Provisiones que son despachadas a favor de los naturales de la Real Corona de esta provincia de Paraguaná, Casicure, Río del Tocuyo, Cumarebo, y todas las veces que los dichos naturales fueren agraviados; así en ocuparles las tierras que les pertenecen para ser labores y crianzas como en sacarlos de sus pueblos y naturaleza para la ciudad de Coro donde han sido detenidos por largos tiempos y despachados por arrieros a otras partes de la provincia, de que se han seguido graves inconvenientes apartándolos de sus mujeres e hijos y despoblarle los pueblos. Como de la visita que hemos hecho consta, y parece el dicho cura los defienda. Intime y presente las dichas Reales Cédulas y Provisiones ante las justicias de la ciudad de Coro y pido requiera con ellas se les dé su entero cumplimiento, y se declaren por incursos en las penas impuestas, a los transgresores de ellas;..." ) A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16. Desde el siglo XVII, encontramos documentos donde los caquetíos enfrentan despojos de sus tierras, tal fue el caso de la denuncia y los autos que a favor de estos indígenas dictó el Obispo González de Acuña en 1678. A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16.

    6 Estos reclamos fueron frecuentes finalizando el siglo XVIII, entre 1790 y 1799 encontramos en el Registro Principal de Ca. Documentos sobre reclamos de tierras de los pueblos caquetíos de Sta. Ana en 1789 y 1792. En el Archivo General de la Nación, de los pueblos de Moruy y Mitare en 1790- 1793.

    7 “Cargo en depósito y abono a la caja de 54 pesos siete reales valor de un comiso hecho por Don Santiago Martínez cacique de los indios caquetíos de la Real Corona en los partidos de Capatárida… 1785”. En A.G.N. Real Hacienda. Entrada y Salida de Caudales. Nº 1630.

    8 El Sr. Juan José García “nació en Moruy por los años de 1811 a 1814... conocía todos los incidentes del alzamiento de dichos dos pueblos por las referencias de sus padres y muchas personas que lo habían presenciado”. Así lo presenta el Dr. Pedro Manuel Arcaya en la transcripción que se hace de sus memorias en el libro: (1974. PP. 45-47).

    9 Informe de La Torre a la Gobernación de Ultramar el 11 de Enero de 1821. Archivo Nacional de Madrid. (Estado.8735-134).


    REFERENCIAS

    1. Archivo Arzobispal de Caracas. Sección: Episcopales [ Links ]

    2. Archivo General de la Nación. La Colonia. Sección: Diversos. [ Links ]

    3. Registro Principal de Caracas. Sección: Tierras [ Links ]

    4. Archivo Nacional de Madrid. Sección: Estado [ Links ]

    5. Academia Nacional de la Historia (1973) Monseñor Francisco Armando Maldonado. Seis Primeros Obispos de la Iglesia venezolana en la Época Hispánica. 1532-1600. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Vol. 117. Caracas. [ Links ]

    6. Arcaya, Pedro Manuel (1974). La Guerra de Independência en Coro y Paraguaná. Cromotip, Caracas. [ Links ]

    7. Carrera Damas, Germán (1996). La disputa por la Independencia. Editorial Melvin. Caracas-Venezuela. [ Links ]

    8. Chartier, Roger (1995). Espacio público, crítica y desacralización en el Siglo XVIII. (Los Orígenes culturales de La Revolución francesa) Editorial gedisa. Barcelona - España. [ Links ]

    9. Diccionario de la Lengua Española (1803). Compuesto por la R.A. Española. Impresora de la Real Academia. Madrid. Pág. 1237 y 405. [ Links ]

    10. Guerra, Francisco Xavier (1992). Modernidad e Independencia. Editorial MAPFRE. Madrid – España. [ Links ]

    11. Lovera Reyes, Elina (2007). De leales monárquicos a ciudadanos republicanos. Coro 1810-1858. ANH. Colección: Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela.Vol. Nº 87. Caracas. [ Links ]

    12. Magallanes, Manuel Vicente (1977). ”La Provincia de Coro em las elegias de Juan de Castellanos”. La Fundación de Coro y sus correlatos. 450 años de La fundación de Coro. Centro de Historia del Estado Falcón. Tipografia de Miguel a. García e hijo, pp. 227-262. [ Links ]

    13. Ramos, Demetrio (1978). La Fundación de Venezuela. Ampíes y Coro. Una singularidad histórica. Gráficas 66. Valladolid-Coro. [ Links ]

    14. Reis, Julián (1995). Tratado de Antropología de lo sagrado. Editorial Trotta, S.A. Madrid. [ Links ]

    15. Siso, Carlos (1982). La formación del pueblo venezolano. Tomo II. 6ª. Edición, publicado por el “Escritorio Siso” Editorial. Madrid--España. [ Links ]

    16. Vovelle, Michel (1985). Ideologías y mentalidades. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. [ Links ]

    17. Velásquez, Ramón José. (1962). Coro, Raíz de Venezuela. Coro- Estado Falcón. [ Links ]


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    8, N° 802, Av. Paez, Urbanización El Paraíso, Teléfono: 0058-0212-915.8369 (Directo) / 461.6036/ 461.6086/ 461.6121; Ext. 272. Caracas Venezuela


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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Independencia, Lealtad y Fidelidad

    Arcaya, P.M. (Ob. Cit., p.47) señala que la valentía y lealtad de estos pueblos era un “asunto de honor para ellos. El régimen colonial había llevado a los caquetíos al profundo convencimiento que Rey e Iglesia eran sus protectores” Es así cómo:

    Los primeros años de la independencia vieron una casi unanimidad de opinión en Coro a favor del Rey; en Coro pelearon caquetíos en la batalla en el que el Marqués del Toro perdería el primer ejército de la Junta Suprema de Caracas. Voluntarios caquetíos acompañarían a Monteverde, Torrellas y Reyes Vargas en la marcha que destruyó la Primera República. Caquetíos lucharían contra Bolívar bajo Boves, Morales y Morillo.

    Apoyándonos en el planteamiento de Arcaya, trataremos de dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Cuál fue la participación de estos grupos indígenas durante la independencia? ¿Qué motivó la actitud de los caquetíos a favor de la monarquía española? Luego de los acontecimientos de Caracas el 19 de abril de 1810, el Cabildo de Coro, desacata a la Junta Suprema de Caracas y reconoce al Consejo de Regencia de España como representante del Rey Fernando VII. Mientras que en Caracas se declara el 5 de Julio de 1811 la independencia y se establece la República, la sociedad coriana asumió una posición de adhesión a la monarquía Española. Desde allí se organiza la contrarrevolución realista para conquistar y restablecer el gobierno español.

    Coro, como ciudad leal participa de las reformas hispanas. Fue hasta 1821, el más fiel baluarte realista. En ese mismo año se organiza efectivamente la resistencia realista, en cuanto a organización de las milicias y acciones militares en defensa de la Provincia como bastión realista. En el mes de febrero y septiembre respectivamente, se crearon los dos batallones más representativos: la columna de Volante de Fieles Corianos y el Batallón Ligero de Leales Corianos. Estos ejércitos realistas se organizaron con corianos, lo que garantizaba al movimiento la preservación, conservación y defensa de la Provincia a la causa realista. Así como se propicia una importante arremetida de la resistencia realista, se inicia a la vez la formación del partido independentista, con grupos criollos desertores de estos ejércitos realistas. Quienes dirigidos por Josefa Camejo, declaran la independencia en Pueblo Nuevo de Paraguaná el 3 de mayo de 1821, acción ésta que fue trascendental porque el pronunciamiento de Coro por la independencia, a escasos días de la Batalla de Carabobo, era promisorio del triunfo de esta acción militar que fue decisiva para la emancipación de Venezuela. La nota más resaltante en Coro fue precisamente que la conspiración en contra del orden colonial no se inició ni fue liderizado, ni dirigida por el grupo criollo del cabildo del gobierno local, sino que fue una conspiración dirigida por una extraordinaria mujer: Josefa Camejo.

    El grupo de la elite que defendía el realismo en Coro se desmantela. Las tropas independentistas tomaron la ciudad, iniciándose el tiempo de la guerra que se extendió hasta 1823, período donde tienen papel protagónico estos ejércitos regionales, los cuales estaban organizados por compañías de blancos criollos y compañías de pardos. En este sentido es conveniente señalar la situación en la que se encontraban los indios caquetíos de Santa Ana y Moruy para decidir no participar en las tropas realistas, cuando habían sido y seguían siendo los más fervientes y fieles defensores del Rey y de la corona española. ¿Por qué los caquetíos no se incorporaron a los ejércitos realistas? ¿No fueron tomados en cuenta por la dirección del grupo o fue exclusión por parte de ellos? Este hecho indica el grado de desmoralización a la que habían llegado y la inexistencia de un plan efectivo del movimiento realista en Coro, y explica así el triste final de su sacrificio. Como lo confirman los relatos que hace el Sr. Juan José García8 en sus “memorias” sobre “la heroica defensa de la perdida causa realista por parte de los indios caquetíos, defensa que tuvo su mayor auge luego de la batalla de Carabobo”. Para Arcaya el relato del Sr. García bien podría titularse: “el suicidio de los caquetíos”.

    Pasamos a comentar su relato: Luego de la declaración de la independencia de la Provincia de Coro en 1821, la reacción de los caquetíos fue unánime “al mando de sus caciques hereditarios, López y Núñez, se reunieron en la Plaza de Santa Ana, se confesaron, comulgaron y juraron resistir la revolución y defender la causa del Rey… Después de la Batalla de Carabobo, los caquetíos fueron derrotados en San Francisco, pero cuando volvieron a sus pueblos, unos a otros se echaron la culpa de su común desgracia”. La muerte del cacique de Moruy Martín López de la Chica y la decisión del cacique de Santa Ana Juan Alberto Núñez de emigrar a Cabure antes de “verse menospreciado”; luego que los indios, viéndose libres de todo freno se desbordaban en “impetuoso torrente en la feroz anarquía”. El autor explica que a diferencia de algunos caquetíos como los de Buenavista, los de Santa Ana y Moruy siguieron sosteniendo la causa del Rey a través de un movimiento de guerrillas hasta después de la capitulación de Morales en Maracaibo, el 3 de agosto de 1823.

    Ni la expedición que D. Miguel de La Torre9, Jefe del Ejército Expedicionario de Tierra Firme organizó a Paraguaná, con un plan de reconquista de Venezuela, buscando el “levantamiento en masa de la Provincia de Coro a favor del Rey”, ante la fidelidad demostrada a toda prueba por los indios caquetíos, logró incorporarlos a sus órdenes de mando. Ningún incentivo los hizo desistir de esa actitud, que les llevaría, en 1823, al fatal desenlace de la inmolación masiva, cuando fueron ajusticiados en el sitio denominado Justicia cercano a los pueblos de Santa Ana y Moruy.

    Juan José García (Ibíd, p.62), en su relato explica el final de la guerra, así como las adversidades que experimentaron los pueblos caquetíos, porque:

    Después que la guerra terminó, Paraguaná quedó asolado, pues a tantas desgracias, saqueos y calamidades de toda especie les siguió una gran escasez de lluvia dejando la tierra esterilizada y sin recurso alguno. Muchísimos murieron de hambre, y aquellos que sobrevivieron emigraron a otras provincias, donde los más de ellos no volvieron a ver sus hogares.

    De Santa Ana y Moruy, reseña además, la disminución de la población:

    Los dos pueblos de indios que antes de la guerra pasaban de ocho mil almas, después de ella no llegaban a un mil ochocientas. Las guerras, el hambre y las emigración habían acabado con ellos” (Ibidem).


    La existencia de la República de Colombia desde 1819, la proclamación de la independencia en Coro en 1821, el triunfo de la Batalla de Carabobo en Junio de ese año y los cambios ocurridos en España durante el trienio liberal entre 1820-1823; período donde toma forma la nación española, en la cual no tenían cabida en condición de ciudadanos todos los súbditos americanos, son hechos que favorecen la finalización de la contrarrevolución realista y el triunfo de la guerra de independencia.


    Conclusión

    La lealtad del coriano realista fue una actitud asumida tanto por los mantuanos como por los indígenas caquetíos. Estos más fieles que leales, ya que la actitud de ellos es de una fidelidad ciega, por encima de todo eran fieles, hasta el último momento. Arcaya (Ibíb. p. 137), explica como en los pueblos indios fue unánime hasta lo último y verdaderamente heroica la fidelidad al Rey, conducta que se explica por la fuerza de las ideas religiosas y la leyenda de la “alianza de su antecesor Manaure con los conquistadores españoles”. Este grado de convicción sobre la lealtad que los indios caquetíos tenían con el Rey y con su Cacique Manaure, era de tal intensidad que bien pudiera asociarse con la inmolación de centenares de caquetíos en 1823, en el sitio denominado “justicia” vecindario cercano a Moruy, ante su persistencia de continuar defendiendo al Rey, causa que creían justa. Este es el testimonio fiel de una manera de vivir y de morir por lo que se Cree.

    Los interrogantes que nos planteamos en esta ponencia nos llevó a reflexionar sobre los sentimientos de lealtad y fidelidad expresada por los indios caquetíos, que explica tal vez, su comportamiento y compromiso con un ideal, con una creencia, tan internalizada que generó que hacia el rey se configurara una particular adhesión de fidelidad anclada más en el sentimiento que en la razón. Estos sentimientos de solidaridad y lealtad personalizaron el quehacer histórico de los corianos constituyéndose en símbolo de su idiosincrasia. Historiadores venezolanos han dedicado especial atención a este carácter del coriano. Ramón J. Velásquez (1982, p.3) lo concibe como “…réplica del cacicazgo (que)… alzaba en Coro… el gran Manaure… Ya en estas gentes indias encontramos talladas algunas de las condiciones que individualizaran al coriano en el futuro”. Carlos Siso (1982, Tomo II p.195), cuando explica la formación del carácter venezolano, destaca el instinto gregario de los pueblos caquetíos corianos, dice:

    Con una influencia saludable contrarresta en el carácter nacional el individualismo heredado, el admirable instinto gregario de las poblaciones del Estado Falcón, descendientes de la nación caquetía, cuyo espíritu de solidaridad es tan firme, que en nuestras crisis políticas han contribuido a compactar la República, a mantener la cédula social y a salvar el imperio de las Instituciones. Aprovechando el instinto gregario de la ascendencia indígena, en casi todas nuestras revoluciones, el gobierno ha recurrido a las poblaciones del Estado Falcón para crear ejércitos, cuyo espíritu de disciplina es garantía de orden y de seguridad social.

    Por eso no sólo concebimos la lealtad del coriano en un momento de su devenir histórico, por su postura a la Monarquía española -ya sea por motivos religiosos o por la palabra empeñada del Cacique Manaure en el pacto con Ampíes- sino que ésta signó posteriores actitudes. De allí que entendemos también que lealtad fue la de Coro a la República, al calibrar su vida republicana.


    Notas

    1 Este autor utiliza el término disputa (dice) como lo utilizara Bolívar en “un momento de particular agudización de la guerra en junio de 1814, para referirse al enfrentamiento entre quienes luchaban por romper el nexo colonial y quienes lo hacían por mantenerlo, y en aquel momento la apreció como una situación en la cual ambos contendores podrían resultar perdedores. Germán Carrera Damas, La disputa por la independencia (p. 49).

    2 En su Memorial, Ampíes describe el momento: “el indio mensajero de Manaure, con el cacique Don Juan de Baracuyra o Baracoyca”, quien residía en las islas y era pariente de los de tierra firme, embarcaron a Santo Domingo con Gonzalo de Sevilla, con el fin de rogarle que los recibiera “como a los otros”, en este caso se refiere a los caquetíos de las islas de los Gigantes que tenía bajo su protección, para que los mantenga al igual que éstos, bajo su gobernación y su “mamparo”.( Citado por Demetrio Ramos Pérez. La fundación de Coro Venezuela. Una singularidad histórica. p. 165).

    3 Este autor afirma que el hombre (“homo religiosus”) en un momento de su devenir histórico, “toma conciencia de una realidad trascendente que da al mundo su verdadera dimensión de perfección”, lo cual no es otra cosa que la irrupción o descubrimiento de lo sagrado desde la experiencia religiosa vivida, expresada a su vez, como un poder diferente al natural, y algo distinto a sí mismo”.

    4 Véase: Monseñor Francisco Maldonado. Los seis primeros Obispos de Venezuela. ANH.

    5 El Obispo Gonzales Acuña en el Auto, Señala: "Ordenamos y mandamos al cura doctrinero que al presente y adelante fuere tenga en su poder los testimonios de las Reales Cédulas y Provisiones que son despachadas a favor de los naturales de la Real Corona de esta provincia de Paraguaná, Casicure, Río del Tocuyo, Cumarebo, y todas las veces que los dichos naturales fueren agraviados; así en ocuparles las tierras que les pertenecen para ser labores y crianzas como en sacarlos de sus pueblos y naturaleza para la ciudad de Coro donde han sido detenidos por largos tiempos y despachados por arrieros a otras partes de la provincia, de que se han seguido graves inconvenientes apartándolos de sus mujeres e hijos y despoblarle los pueblos. Como de la visita que hemos hecho consta, y parece el dicho cura los defienda. Intime y presente las dichas Reales Cédulas y Provisiones ante las justicias de la ciudad de Coro y pido requiera con ellas se les dé su entero cumplimiento, y se declaren por incursos en las penas impuestas, a los transgresores de ellas;..." ) A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16. Desde el siglo XVII, encontramos documentos donde los caquetíos enfrentan despojos de sus tierras, tal fue el caso de la denuncia y los autos que a favor de estos indígenas dictó el Obispo González de Acuña en 1678. A.P.A. de Ca. Episcopales. 1678. Carpeta 13 y 16.

    6 Estos reclamos fueron frecuentes finalizando el siglo XVIII, entre 1790 y 1799 encontramos en el Registro Principal de Ca. Documentos sobre reclamos de tierras de los pueblos caquetíos de Sta. Ana en 1789 y 1792. En el Archivo General de la Nación, de los pueblos de Moruy y Mitare en 1790- 1793.

    7 “Cargo en depósito y abono a la caja de 54 pesos siete reales valor de un comiso hecho por Don Santiago Martínez cacique de los indios caquetíos de la Real Corona en los partidos de Capatárida… 1785”. En A.G.N. Real Hacienda. Entrada y Salida de Caudales. Nº 1630.

    8 El Sr. Juan José García “nació en Moruy por los años de 1811 a 1814... conocía todos los incidentes del alzamiento de dichos dos pueblos por las referencias de sus padres y muchas personas que lo habían presenciado”. Así lo presenta el Dr. Pedro Manuel Arcaya en la transcripción que se hace de sus memorias en el libro: (1974. PP. 45-47).

    9 Informe de La Torre a la Gobernación de Ultramar el 11 de Enero de 1821. Archivo Nacional de Madrid. (Estado.8735-134).


    REFERENCIAS

    1. Archivo Arzobispal de Caracas. Sección: Episcopales [ Links ]

    2. Archivo General de la Nación. La Colonia. Sección: Diversos. [ Links ]

    3. Registro Principal de Caracas. Sección: Tierras [ Links ]

    4. Archivo Nacional de Madrid. Sección: Estado [ Links ]

    5. Academia Nacional de la Historia (1973) Monseñor Francisco Armando Maldonado. Seis Primeros Obispos de la Iglesia venezolana en la Época Hispánica. 1532-1600. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Vol. 117. Caracas. [ Links ]

    6. Arcaya, Pedro Manuel (1974). La Guerra de Independência en Coro y Paraguaná. Cromotip, Caracas. [ Links ]

    7. Carrera Damas, Germán (1996). La disputa por la Independencia. Editorial Melvin. Caracas-Venezuela. [ Links ]

    8. Chartier, Roger (1995). Espacio público, crítica y desacralización en el Siglo XVIII. (Los Orígenes culturales de La Revolución francesa) Editorial gedisa. Barcelona - España. [ Links ]

    9. Diccionario de la Lengua Española (1803). Compuesto por la R.A. Española. Impresora de la Real Academia. Madrid. Pág. 1237 y 405. [ Links ]

    10. Guerra, Francisco Xavier (1992). Modernidad e Independencia. Editorial MAPFRE. Madrid – España. [ Links ]

    11. Lovera Reyes, Elina (2007). De leales monárquicos a ciudadanos republicanos. Coro 1810-1858. ANH. Colección: Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela.Vol. Nº 87. Caracas. [ Links ]

    12. Magallanes, Manuel Vicente (1977). ”La Provincia de Coro em las elegias de Juan de Castellanos”. La Fundación de Coro y sus correlatos. 450 años de La fundación de Coro. Centro de Historia del Estado Falcón. Tipografia de Miguel a. García e hijo, pp. 227-262. [ Links ]

    13. Ramos, Demetrio (1978). La Fundación de Venezuela. Ampíes y Coro. Una singularidad histórica. Gráficas 66. Valladolid-Coro. [ Links ]

    14. Reis, Julián (1995). Tratado de Antropología de lo sagrado. Editorial Trotta, S.A. Madrid. [ Links ]

    15. Siso, Carlos (1982). La formación del pueblo venezolano. Tomo II. 6ª. Edición, publicado por el “Escritorio Siso” Editorial. Madrid--España. [ Links ]

    16. Vovelle, Michel (1985). Ideologías y mentalidades. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. [ Links ]

    17. Velásquez, Ramón José. (1962). Coro, Raíz de Venezuela. Coro- Estado Falcón. [ Links ]


    Universidad Pedagógica Experimental Libertador- Instituto Pedagógico de Caracas, Torre Docente, Piso

    8, N° 802, Av. Paez, Urbanización El Paraíso, Teléfono: 0058-0212-915.8369 (Directo) / 461.6036/ 461.6086/ 461.6121; Ext. 272. Caracas Venezuela


    revistatiempoyespacio@gmail.com




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  10. #350
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    ¡Sureños a las Armas! Aborígenes que lucharon por Dios, España y el Rey

    Juan Manuel Soaje Pinto de Canal TLV1, entrevista al Periodista e hispanista Patricio Lons y el escritor, poeta, investigador de historia e ingeniero en seguridad y sanidad Don Ángelo Guíñez Jarpa.
    Excelente entrevista donde cuenta las tribus y pueblos que adhirieron a España, a la Monarquía y a Cristo Rey ante la secesión de la América española con las independencias. Estos combates duraron hasta 1850 que se eliminó totalmente cualquier vestigio monárquico en el territorio chileno.

    Consultas sobre el libro angeloguinezj@gmail.com

    CANAL TLV1 https://www.youtube.com/channel/UCgF9...





    https://www.youtube.com/watch?v=1j4GXLGBIhQ

  11. #351
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    La guarida de los Pincheira | Chile conectado

    Chillán, Ñuble (2018).

    Vamos en un encuentro con la historia de los Pincheira contada de una forma nunca antes vista.





    https://www.youtube.com/watch?v=W1e3TNhvJ4A

  12. #352
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    La cara oculta de Simón Bolívar: el mujeriego insaciable al que apodaron "Culo de Hierro"

    Una nueva biografía del contradictorio Libertador elogia sus heroicidades y repasa sus tiránicas decisiones que le convierten en una figura compleja.

    10 enero, 2020

    David Barreira @davidbr94

    En 1816, Simón Bolívar pretendía avivar la revolución en el Caribe. El ya bautizado Libertador había fijado la venezolana isla de Margarita como siguiente paso de su estrategia, donde ese mismo año terminaría proclamando el nacimiento de la Tercera República de Venezuela y la liberación de Hispanoamérica del yugo español. Pero en vez de apresurarse por la ruta más directa, el eficaz militar ordenó hacer una breve parada en la isla de Saint Thomas. Lo que en principio parecía una operación para abastecerse de reclutas, era en realidad un descanso para recoger a su amante, Pepita Machado.

    Para desasosiego de Bolívar, su querida ya había zarpado rumbo a Haití. La noticia le causó gran pesar y ordenó a un puñado de sus hombres subirse a una embarcación e ir en búsqueda de la mujer. Durante más de dos días, el encolerizado ejército revolucionario estuvo anclado en la costa de Santo Domingo aguardando la llegada de Pepita. Una jornada y una noche más permanecería la expedición en calma mientras el Libertador y dandy se retiraba a sus habitaciones con su amante.

    Sus altos mandos, malhumorados, amenazaron con abandonarle, algo a lo que solo se atrevería su primo Florencio Palacios. "Así como Marco Antonio había enfurecido a sus generales al retrasar una guerra por quedarse en el lecho con Cleopatra, Bolívar ahora enloquecía a sus oficiales con su libido insaciable", relata la novelista reconvertida en historiadora Marie Arana en su biografía sobre el ambicioso e idealista comandante, Bolívar. Libertador de América (Debate).


    Esta obra, publicada en 2013, estaba dirigida a un público anglosajón y ahora se edita en castellano. En ella, la autora peruana ensalza al carismático Bolívar, le dibuja como a un héroe imperfecto y contradictorio y no solo recurre al tópico del "George Washington de América del Sur", sino que también le equipara a otros grandes conquistadores de la historia como Aníbal o Napoleón. Con un estilo cinematográfico y ameno, Arana construye un relato bien hilado y lleno de detalles curiosos pero con demasiados pasajes recurrentes y partidistas sobre malvado y opresor Imperio español.

    Bolívar, apodado por los soldados como "Culo de Hierro" por su legendaria resistencia a galope —se calcula que recorrió unos ciento veinte mil kilómetros a lomos de un caballo— y nacido en el seno de una familia aristócrata, fue un hombre ilustrado, capaz de citar a Julio Césaren latín o a Rousseau en francés. También se reveló en un conversador ingenioso y en un bailarín soberbio; pero a pesar de quedar viudo en la juventud y realizar un juramento de soltería, entre sus facetas más oscuras sobresale la de mujeriego insaciable, heredada de su padre, todo un depredador sexual.

    Después de la muerte de su esposa María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se había casado en Caracas en 1799, y una larga estancia en España, Bolívar se mudó a París, donde viviría año y medio. Allí aprendió, en palabras de su biógrafa, "cuánto —y cuán poco— significaban ahora las mujeres para él. Durante el resto de su vida se sentiría irresistiblemente atraído hacia ellas, pero encontraría sorprendentemente fácil conquistarlas y descartarlas".

    Allí mantuvo un affaire con la condesa Fanny du Villars, a quien llamaba "prima" tras descubrir ambos una conexión genealógica remota nunca demostrada y que en el futuro le endosaría a Bolívar la supuesta paternidad de uno de sus hijos. Pero no sería la única, como bien recordaba uno de sus generales años después, ya en los campos que presenciaban la revolución: "Con su gran aprecio por el placer y especialmente por el placer carnal, fue verdaderamente extraordinario escuchar al Libertador enumerar todas las bellezas femeninas que había conocido en Francia, con una meticulosidad y precisión que daban fe de su fina memoria".

    Democracia utópica

    En el plano militar, los éxitos de Bolívar fueron implacables —consiguió la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela—; pero su tiránico gobierno le empujó a morir agraviado, incomprendido y difamado en todas las repúblicas que liberó. Tendrían que pasar unos años para que su figura se convirtiese en leyenda, propulsada todavía más por la mesianización que comandó Hugo Chávez, el líder venezolano que le dio a su país el apellido del Libertador.

    "Sus fracasos como político se esfumaron. Sus éxitos como libertador adquirieron notoriedad. En efecto, sus logros eran irrefutables. Fue él quien difundió el espíritu de la Ilustración, llevó tierra adentro la promesa de la democracia, abrió las mentes y los corazones de los latinoamericanos a lo que podía llegar a ser", relata amablemente Marie Arana.

    Sin embargo, eso resultó ser una utopía de la que el propio Bolívar era consciente: "Llegó a creer que los latinoamericanos no estaban preparados para un gobierno verdaderamente democrático: abyectos, ignorantes, recelosos, no comprendían cómo gobernarse a sí mismos, habiéndoles arrebatado sistemáticamente esa experiencia sus opresores españoles". Es decir, se necesitaban más tiranos y dictadores. Como él.

    Aunque el relato de Arana es benévolo con Bolívar y le tilda de sujeto histórico extraordinario, también cita sus decisiones más cuestionables y las ocasiones en las que abandonó por completo sus ideales justicieros. "Rehízo un mundo", pero a costa de una brutal guerra en la que no dudó en ejecutar y traicionar a alguno de sus generales u ordenó masacrar a ochocientos prisioneros españoles por no contar con suficientes guardas para evitar un motín. No le salió redonda su idea de construir una democracia sobre un modelo de guerra.


    https://www.elespanol.com/cultura/hi...8455125_0.html









  13. #353
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Cita Iniciado por Mexispano Ver mensaje
    A PROPÓSITO DE LA BANDERA NEGRA

    No, los primeros en enarbolar la bandera negra no fueron los anarquistas. Históricamente fueron los realistas criollos (décadas de 1810 y 1820), monárquicos convencidos, quienes primero empuñaron la bandera negra como símbolo de oposición al engendro bolivariano, al menos en el territorio del Reino de Quito que es la realidad que me interesa para los fines políticos inmediatos en relación a la utilización de éste símbolo. La guayaquileña Doña Mercedes Moreno y Morán de Butrón, madre de Don Gabriel García Moreno, por ejemplo, izaba la bandera negra cada 9 de octubre como forma de expresar su rechazo a lo que se llamó independencia. Más hechos y menos ideología.






    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/photo.php?f...type=3&theater
    Como curiosidad, el pastuso Agualongo dijo estas palabras (calcadas a la estrofa final del himno Falangista soy):
    frase-de-la-tierra-en-que-yo-muera-surgira-como-una-espiga-roja-y-negra-de-la-polvora-y-la-sangr.jpg

    Saludos en Xto.
    Última edición por ReynoDeGranada; 31/03/2020 a las 21:36
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  14. #354
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    Casi un mes después de la Batalla de San Félix. el 7 de mayo de 1817, ocurre un capítulo nefasto en nuestra historia republicana: la ejecución de 22 misioneros capuchinos pertenecientes a las misiones del Caroní. Sin embargo, todo fue un mal entendido en las comunicaciones, pues, la intención de la orden de Piar a Lara fue la de mudar a los monjes, realistas por cierto, al pequeño pueblo de La Divina Pastora, sin embargo, Lara, quien no conocía el terreno, entendió aquella frase como una orden de ejecución indirecta, por lo que ordenó el deguello de los frailes, quienes fueron ejecutados por indios que trabajaron con ellos en las misiones y que ahora pertenecían al ejército republicano.

    Unos 5 frailes lograron escapar informando de tal suceso al General Morillo.

    Bolívar en reclamo a Piar, pidió se abriera una investigación, siendo el mismo Lara quien, asumiendo su responsabilidad, indicara que no conocía la geografía y que interpretó aquella orden como una de ejecución. Ambos fueron absueltos.

    La forma en la que fueron ejecutados fue muy brutal y grotesca.

    Se dice que fue el Coronel y Presbitero José Félix Blanco quien desvirtuó la orden.

    Bartolomé Tavera Acosta relata este hecho en su obra "Los Anales de Guayana".

    También, el escritor América Fernández en su obra "Piar, guerrero de mar y tierra" nos habla un poco de este acontecimiento.

    Esto es un Hecho Criollo





    _______________________________________

    Fuente:


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  15. #355
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    ¿Fue el 19 de abril de 1810 la fecha precursora de nuestra independencia?

    Al contrario de lo que siempre se nos ha enseñado en el sistema educativo venezolano, el 19 de abril de 1810 fue una reafirmación de lealtad al Rey Fernando VII. Vamos a explicar a continuación:

    1. El cabildo de Caracas se levanta contra Vicente Emparan, y lo acusa de ser "Afrancesado", esto quería decir que era un agente de José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte, que ocupaba el trono español por la fuerza. La sociedad caraqueña no aceptaba esto, por lo cual comenzó la revuelta. Emparan NO era defensor de la corona española, aunque fuese funcionario de la misma.

    2. Semanas antes, el imperio Francés había enviado a emisarios para informar al cabildo que ahora las colonias de ultramar le pertenecían a Bonaparte, por supuesto la casta no aceptó dicho ultraje.

    3. Luego de la renuncia de Emparan, se creó la Junta protectora de los derechos del Rey Fernando VII. (En la segunda imagen les presentamos la bandera de esta junta), en otras palabras, se reafirmaba la fidelidad al Rey Fernando.

    4. Esta junta actuaba independiente de las Cortes de Cádiz, a las cuales se les acusaba de ser "Afrancesadas", si, eran independientes, pero de los traidores al Rey, nunca en contra del Rey español.

    En resumen, ese día, fue cuando más fuimos españoles americanos. Se dice que es el preludio de la independencia por que, en efecto fuimos administrativamente independientes de Madrid. Sólo eso. Por supuesto, la Sociedad Patriótica aprovechó este suceso para planificar lo que fue la Independencia definitiva o total.

    Esto es un Hecho Criollo

    #hechoscriollos
    #criollosporelmundo #Criollosdelmundo #edicioneshechoscriollos #héroesmuertos #vzla #historiavenezuela #historia #bolivar #boves #paez #independencia #espantos
    #19deabril





    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/hechoscriol...7_fc&__tn__=-R
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  16. #356
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    ¿Por qué hay un busto de Bernardo O’Higgins en Londres?











    Publicada: 20/08/2020


    En un año de especial particularidad, las ceremonias institucionales han debido adaptarse a las nuevas condiciones impuestas por la emergencia sanitaria mundial. Aún así, esta situación no impidió que Chile conmemorara el 242° aniversario del natalicio del Padre de la Patria, General Bernardo O’Higgins Riquelme.

    No obstante, no deja de llamar la atención que la ceremonia que honra la memoria del prócer de la independencia también se realizara al otro lado del Atlántico, precisamente, en una plaza en Richmond, al sur de Londres, Inglaterra. Pocos quizás saben que aquí existe un busto que recuerda al libertador.

    Este año, debido a la pandemia, el acto se realizó austeramente en el monumento a O’Higgins, con presencia de autoridades locales y cuyos ciudadanos izan la bandera chilena en honor al chillanejo que jugó un rol vital en la independencia de Chile y Perú.


    ¿Por qué hay un busto de Bernardo O’Higgins en Londres?

    El busto fue creado en hormigón por el arquitecto chileno Marcial Echenique y su instalación responde a que fue esta ciudad a la que O’Higgins fue enviado por su padre Ambrosio en 1790 para recibir educación superior. La ciudad recuerda su nombre cada 20 de agosto, con una ceremonia que incluye a su alcalde y representantes diplomáticos chilenos.

    Este año la ceremonia contó con la presencia del embajador de Chile en Inglaterra, David Gallagher, el alcalde de Richmond Geoff Acton y el agregado militar de Chile en Reino Unido, Coronel Sergio Gutiérrez, quienes dejaron una ofrenda floral a los pies del monumento de quien construyó los cimientos de la República.

    Posteriormente, se llevó a cabo una ceremonia interna en la embajada de Chile en Londres.

    En la ocasión, el alcalde Acton destacó el orgullo que siente su comunidad de saber que en sus tierras existe un busto de una persona tan importante para Latinoamérica, quien realizó sus estudios y perfeccionamiento a pocos metros de ese lugar, en el ex Colegio del Sr Timothy Eals.

    Por su parte, el Coronel Gutiérrez reconoce que es poco conocido que el Padre de la Patria tuvo una formación en este país, “pero fue acá donde él, con 17 años, pudo ver a un país desarrollado en todas sus áreas, como en infraestructura, educación, políticas recreativas y, lo más importante, la libertad. Todas estas cosas son las que él proyectó para conseguir la independencia, como Comandante del Ejército en dos oportunidades y como director supremo de la nación”.

    “Es muy especial estar en Richmond y darse cuenta de que este reconocimiento que hacen los chilenos es muy valorado por la gente que vive cerca del lugar donde está el busto. Ellos se congregan para ver la ceremonia y lo más sorprendente es que los británicos colocan banderas chilenas en los alrededores de la plaza”, agregó.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.ejercito.cl/prensa/visor...ins-en-londres

  17. #357
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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?



    LA INDEPENDENCIA: MUCHO PEOR QUE LA OBRA DE UN HUMANO IMPERFECTO

    Por Xavier Padilla


    Lamento venir a herir la patológica admiración de mis compatriotas venezolanos por Bolívar, pero su caso fue bastante peor de lo que podría ser excusado con la trillada lisonja enlatada de que fue «un hombre de carne y hueso, que como todo mortal cometió errores». Ojalá sólo se tratase de algo tan razonable y pintoresco. Lo que pasa es que estamos hablando de un hombre de extraordinarios talentos, lo cual agrava sus errores (y aumenta su responsabilidad). Y por ende dicha apología no aplica. Los suyos son imposibles para cualquier hombre ordinario, son mayores que los errores mundanos. Y es que están muy por encima de los comunes. Le quedan pequeñas las excusas corrientes del hombre corriente. Para poner todo en su justa grandeza, empecemos por donde todo empieza: la idea misma de «independencia» (que es entonces algo así como decir que su vida misma fue un error, si le damos importancia a su título de Libertador). Poco importa lo duro y sacrificado que haya sido lograr la independencia si la misma era un error, porque si la falta de libertad no era el problema, entonces la solución no podía ser la independencia. Como dijo Ortega, la solución de un problema falso es un error absoluto.

    A los venezolanos, por haber nacido en la tierra donde «la independencia» es, más que un patrimonio moral sagrado, ya un monumento en sí mismo, jamás se nos ocurrió sospechar que detrás de nuestra «independización» de España pudiera no haber en realidad una España cruel ni ningún yugo déspota y sanguinario. Difícil, por no decir imposible, tener allí siquiera el chance de dudar de tales valores, ya no sólo literalmente intangibles e intocables, sino incuestionables por defecto, censurados de ante mano a la sospecha y por ello mismo tan sospechables. Tal vez sea indispensable haber vivido fuera de Venezuela para no ser víctima de un entorno nada subliminal, nada disimulado, nada discreto, sino impuesto, a la cara, de plazas y monumentos, de cantar obligado el himno en la escuela, de escucharlo a diario en 4 horarios, de lemas y frases de Bolívar que usan a la voz misma de Dios de ventrílocuo; y no sólo como los ojitos de Chávez sino con el Bolívar entero en cada rincón y plaza de la nación. Con o sin caballo, pero ojitos, siempre ojitos al fin. Bolívar, el santo vigilante de su prole libertada, de plaza en plaza y pueblo en pueblo. Guzmán Blanco, el arquitecto, el agente inmobiliario y numismático de nuestra memoria histórica, masón como Simón, regente póstumo de su herencia afrancesada y antiespañola. Demoledor de inmuebles hispanos en pro del estilo galo. Lo central, rendir tributo a Bolívar, a aquel a quien todos los que se repartían o disputaban todo le debían todo. En nuestra república, todos los hombres de poder debieron todo a él, todos sus poderes. Incluida esa gran capacidad de rapiña y posesión, originada con Bolívar. Sin Libertador, ninguna libertad para depredar; sin independencia, que era justamente la licencia para ello, sólo había el «yugo del imperio», esa brisita observadora en el cogote. Por eso la independencia había que erigirla ella misma en monumento. Y había que poblar la tierra hacía medio siglo arrasada por el caudillo, aún medio vacía, con estatuas a la independencia. Hacerla un templo, materia, cuerpo. Llenarla de próceres guardianes y volver a la Patria, ella misma, una alegoría al Padre. No a la inversa. Crear la intimidante, imponente parafernalia marcial de símbolos y héroes en la que ningún niño, hombre ni anciano no creyese. Otra cosa, otro tema, otro asunto es que la muy cacareada independencia valiese lo que costó; es decir, que siquiera fuese cierta… En lo que a nosotros respecta, henos aquí a los hijitos prometidos de la República futura sumando ya varias generaciones gestados en la misma placenta, en la misma ignorancia amniótica acerca de tan falsa «independencia». ¿Pero pueden ser eternos los mitos sin reposar en verdades? Las leyendas parece que sí. Pueden ser ilimitadas, como las fantasías que ellas cuentan. Más grande y más dicha la mentira, más seguro pasa por verdad verídica. A la leyenda negra anti española, creada en Europa por los imperios rivales, había que volverla cierta. Le venía como anillo al dedo al mantuano afrancesado de 1810, productor contrabandista, frustrado por la vigilancia de la Real Hacienda. Oh pobres querubines de pecho, no tenían la libertad necesaria para todo «ello».

    ¿Vemos qué decepcionantemente prosaico resulta ser nuestro origen republicano; cuán vulgar el pretendido grito de libertad de aquella «provincia oprimida»? Tan bajas fueron las pasiones que engendraron a la gran «gesta». En tan mezquinos intereses y ambiciosas apetencias se encuentra el quid revolucionario, la excusa victimista del oportunismo mantuano. No había otra razón para la independencia que adueñarse del comercio, legitimar el contrabando. Bajo la Corona estaba centralizada la economía, pero en perfecta prosperidad y privilegios para el propietario, tanto que se había triplicado la misma en las dos décadas precedentes. Pero para los grandes terratenientes, no era suficiente. ¿No era mejor ser dueños de TODO a la primera de cambios? Sólo había que tomar prestadas las excusas ideológicas a la revolución francesa, y esperar la oportunidad. Montar entonces la conjura con la participación inglesa. Con su mano de obra mercenaria. Estaba aún fresco el resentimiento británico contra España, por haberle Bernardo de Gálvez (49° virrey de Nueva España) fraguado su decisiva derrota en Estados Unidos, consolidando éste su independencia, pasando de colonias a nación. Nosotros ya éramos una. Pero bienvenida pues Gran Bretaña, la rencorosa, al auxilio de esta minoría de mantuanos apátridas, a cambio de riquezas inmediatas y futuras reparticiones de tierra.

    Con Bolívar, acaudalado productor y cuantioso propietario de esclavos (tal vez él mismo de madre esclava por padre autoservido), había pacto garantizado. En un principio vía Miranda. Luego solo, a sus anchas. Hay que saber que el astuto sedicioso caraqueño vendía, por supuesto, de cara a la provincia razones muy distintas para la independencia. Una de ellas era prácticamente un «hit»: sus ridículos «300 años de yugo español», que causó la risa entre dientes hasta en los conjurados. Pero de nada se privaba ni nada detenía al odiador serial de pardos, al futuro exterminador de indígenas y de curas dominicanos. Tenía que legitimar el contrabando, llegar a la cúspide de una gloria imperial, soberana, napoleónica en su lucha antiimperialista (…vaya usted a entender la ensalada).

    Maestro en el doble discurso, hombre de genio en manipular, su bella, imparable libertad para americanos, era sólo la de comerciar con otros reinos, sin Estado español que le respirase en sus nucas, sin ese asfixiante ejercicio civilizante de una política católica en protección de las clases inferiores; mejor la libertad, la de dejar todo a la rosquita de unos cuantos. Para ello estaban todos los mercenarios del universo, ingleses, irlandeses, alemanes, y unos DDHH importados, franceses («expropiación o guillotina»). No, no es una pesadilla prechavista, es una superior. ¿El saldo 15 años más tarde? Un tercio de la población venezolana aniquilada. Un continente balcanizado. La que una vez fuera «la tierra más próspera y apacible del planeta», según Humboldt, y la primera economía del mundo, envidiada, era ahora una triste y desolada región en escombros, un teatro del horror donde el mal superó sus límites, una cultura, un patrimonio hecho trizas. Iglesias y museos saqueados, universidades perdidas. La gran independencia de unos cuantos, para no saber qué hacer, salvo disputarse los desechos de un triunfo sin cosecha, ahora sin nada más que responder, ni saber, sino entregarse a guerras intestinas por otros cien años. Aciaga independencia, la de una codicia interminable. Sombría libertad, la de tan absurdas pérdidas. Todo lo alcanzado en aquella proeza inmensa llamada Nuevo Mundo (en cuyas virtudes los ambiciosos no quisieron ver más que defectos y limitaciones a sus avaros intereses), ido al carajo.

    Fue esta gentecilla la que fundó los verdaderos ranchos mentales del futuro, la que nos sembró en el atraso. Gentuzilla, más bien, condenada a encubrir por siempre que su victoria fue un fracaso, una derrota rotunda, un error de los más crasos. Su negación de las virtudes del imperio, jamás pudo probarla con su independencia. Y nosotros, 200 años más tarde, de dichas virtudes no pudimos enterarnos siquiera. A tal punto fuimos convertidos por ósmosis en defensores, sin saberlo, de una revolución fraticida, parricida y matricida. Somos hispanófobos de cuna sin saberlo, arrancados a nuestra raíz, admiradores de un tirano pueril elevado a rango quasi divino, negador obtuso del Nuevo Mundo, al cual confundió con otra de sus haciendas. Ese mismo demonio que fue capaz de ordenar pasar por las armas a todos los enfermos de un hospital; a todos los civiles que día tras día rechazaban reclutamiento; a 69 españoles sin juicio; a 600 prisioneros en Acarigua; a 1200 prisioneros civiles en La Guaira, Caracas y Valencia; a los náufragos de un barco en Margarita; a todos los prisioneros de Boyacá; a la población entera de Pasto; a cuantos se pudiese en Santa Fe y permitido por dos días a sus soldados violar a las mujeres; a asesinar a varias docenas de curas en Angostura; a todos los españoles civiles a su paso por pueblos y ciudades. Su figura y la de sus secuaces encarnaba el terror, causaba un trauma colectivo que se traducía en respeto, luego en admiración (síndrome de Estocolmo), y finalmente en culto. Doscientos años después, el que vivamos entre una mezcla de ignorancia y de buena voluntad natural hacia nuestros ancestros nos convierte en defensores compulsivos de esa horrenda «gesta independentista», pero podemos descubrir la verdad siguiéndole la pista a la cadena de intereses que remonta el tiempo indefectiblemente de élite en élite; y leyendo también la extensa literatura existente (desconocida en Venezuela, como es de comprenderse) sobre la leyenda negra anti española. Negamos a España, no sabemos nada de ella, la confundimos con el país actual, que es víctima en su suelo de la misma leyenda que fue nuestra propia tragedia en Hispanoamérica; incluso solemos lamentarnos de no haber sido colonizados por otros imperios en vez del español, sin advertir que jamás fuimos colonizados, pues no existíamos aún como país. Sin advertir tampoco que durante la conquista, que fue una conquista por las armas, como todas las conquistas, los nativos muchas veces pactaron una nueva civilización con los conquistadores, y en tal sentido ésta también fue su conquista, una en la que juntos acordaban protegerse sus derechos, incluidos los rangos de nobleza indígena, mientras unidos se enfrentaban a las recurrentes etnias caníbales, siempre colindantes, que en nuestra ignorancia y progresismo indigenista inducido asumimos como pura fantasía; el mismo indigenismo que habla de una población precolombina de 60 millones (90 según el antropólogo-historiador Hugo Chávez), cuando lo cierto es que hoy la población indígena es superior a la de entonces y desmiente todo genocidio. Ya en su tiempo Bolívar (por quien sí hubo, manu-propia, un hispanicidio), se ridiculizó aludiendo al exterminio de unas gentes exóticas que los habitantes de las ciudades veían a menudo aparecer en ellas con sus plumas y pieles pintadas, hablando lenguas no europeas. Según él no existían, insistiendo en su exterminación anterior por los conquistadores. Pero era lo repetido en Europa, y lo que el tonto útil del Viejo Mundo reproducía en América al caletre. Lo sabemos por José Domingo Díaz. Afortunadamente había otros hombres, como éste, de talento, en Venezuela, nuestra refinada y amada provincia del reino; pero fieles a la nación y a quienes la providencia dio la ocasión de relatar el otro lado de las cosas. Durante todo el siglo XIX y todo el XX su libro Recuerdos Sobre la Rebelión de Caracas, escrito y publicado en Madrid en 1829, cuando Bolívar aún vivía, fue marginado por la academia venezolana de historia, por tratarse del relato de un realista. Uno se pregunta si Bolívar alcanzó a leerlo y si no serían las verdades allí expuestas, en una prosa bien superior a la suya, el motivo de la carga moral que lo llevara a la tumba.
    X. P.

    PD: Descargar esta joya aquí (saltar la introducción —leerla después—, ir mejor directamente al comienzo del libro, en la página 55):

    https://drive.google.com/file/d/1myn...w?usp=drivesdk




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    Xavier Padilla

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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?




    IMPONER LA «INDEPENDENCIA» EN UNA PROVINCIA SOBERANA SÓLO APORTABA UNA LIBERTAD ESCLAVA

    Por Xavier Padilla


    Bolívar impuso su mando por el chantaje, su liderazgo por el terror, su propia «figura» por el pánico. Era el objetivo de sus frecuentes y alegres fusilamientos, individuales y masivos. Logró un síndrome de Estocolmo colectivo, de esos que acaban con la memoria y te implantan una nueva identidad.

    Eso que hoy conocemos como Venezuela, una república en vez de una provincia española, es por supuesto el resultado del triunfo de la independencia; pero el detalle está en que la independencia no era entonces, ni lo es siempre, un bien en sí mismo. A veces es lo contrario.

    El país conocido hoy como «República de Venezuela» no es realmente un triunfo, porque la independencia de la cual proviene no era, por su contexto, un bien.

    En 1810 la solución a los problemas de nuestra nación, que era España, no era escindirnos y balcanizarnos en múltiples países, sino unirnos y resistir a la invasión napoleónica y a las taras circunstanciales de nuestra corte borbónica, para continuar siendo la potencia global que veníamos siendo y mantener el nivel superior de vida que resultaba de dicha condición. La independencia sólo constituía un bien relativo a la ambición exclusiva de una minoría privilegiada, esclavajista y sediciosa.

    Si coincidimos con Ortega y Gasset en que «la solución de un problema falso es un error absoluto», el triunfo de dicha independencia fue un error total. Y, como a todo error sólo le sobreviven sus nefastas consecuencias, a tal independencia le sucedieron inevitablemente las décadas más atroces jamás vividas por la antigua provincia.

    Se dice, erróneamente también, que al menos al cabo de un siglo la joven república finalmente logró su estabilidad republicana con Juan Vicente Gómez. Una suerte de puesta de «orden en la pea», que un siglo antes difícilmente hubiera sido considerada —incluso por cualquier desaforado independentista— como opción: la independencia al costo de 100 años de guerras y atraso. Pero fue exactamente lo único que inexorablemente podía ocurrir tras la independencia: la muy tardía semi pacificación del caudillismo por un —también— caudillo, que al cabo de su longevo reinado diese paso, con su muerte natural un tercio de siglo más tarde, a unas escasas pre-condiciones favorables para la eventual configuración de un Estado republicano. En total, ciento treinta años para apenas comenzar…

    Si esto no muestra que detrás del proyecto independentista sólo había un vulgar oportunismo secesionista y una hipocresía libertaria secular, entonces sentémonos a esperar que nuestra historia republicana consiga mejores excusas que las ofrecidas hasta ahora desde el poder para convencernos del triunfo, gesta y heroísmo de nuestros supuestos «próceres». Lo cierto es que España era, contrariamente a lo que la ignorancia enseñada en nuestras escuelas logró injertarnos en el tallo de nuestra glándula pineal, un imperio sui generis, anticolonial, el más grande y próspero durante tres siglos; el mismo cuya magna obra no obstante despertó dentro de sí, aunque sólo fuese en una minoría, la codicia.

    Pero también fuera de sí. Sucumbió a una red de traiciones locales auspiciada por potencias concurrentes, a las cuales bastaba con dicha infiltración grupuscular para que los estragos terminaran alcanzando a todas las regiones, incluida la peninsular. La traición es lo peor, por eso el séptimo círculo de su infierno Dante se lo reserva a ella.

    Se nos vendió, para inaugurar la rapiña, las ideas de independencia y libertad como bienes absolutos, y con ellas, después de la quasi total destrucción del Nuevo Mundo por aquella revolución malandro-ilustrada, se nos recompuso el imaginario de un triunfo, una conquista, una epopeya aun en la miseria y devastación más absolutas. Triste ver que hoy volvamos, frente a la desgracia chavista, a cantar el mismo himno al «bravo pueblo» con que se adornó nuestra primera desgracia.

    Llevamos doscientos años siendo los mismos chavistas pobres enseñados a venerar su pobreza. Tanto Bolívar como Chávez encarnan el mismo numen que reescribe nuestra realidad y nos hace persistir en una historia equivocada, probadamente errónea. La independencia no fue un bien ni Bolívar nos liberó de ninguna «escoria», como sus hijos (todos los venezolanos) acostumbramos a llamar desde nuestro inconsciente postizo a España.

    La independencia sólo logró nuestro patético extravío histórico y adiestrarnos en el curioso ejercicio de repudiar nuestros orígenes, como unos acomplejados de por vida que, oh casualidad, idealizan —y lamentan— no haber sido colonizados por otros imperios, aun jamás habiendo sido colonizados.

    Pero si Ud es venezolano, y por tanto hispanoamericano, hoy sólo tiene dos opciones: o desecha su propia, virtual y prestada hispanofobia, y reivindica su hispanidad pidiendo cuentas históricas al falso triunfo paradigmático de Bolívar y su legado, o continúa chavistamente reverenciando la gloria fabulada de doscientos años de anti historia. No ambas cosas.


    X. P.




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    Xavier Padilla

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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

    CRIMINAL UNIVERSAL

    Por Xavier Padilla


    ¡Cojan palco! Vean a Bolívar MENTIR por escrito, negando jamás haberse cometido bajo su mando crímenes como los que le son reclamados el 28 de noviembre 1814, y por los cuales, en su respuesta firmada, encima protesta. Pero no contaba con la inteligencia de José Domingo Díaz, quien obtiene las pruebas y publica todo, 6 meses más tarde, en la Gaceta de Caracas:

    GACETA DE CARACAS (N° 14) DEL MIERCOLES 2 DE MAYO DE 1815.

    VENEZUELA. CARACAS

    [Redactada por José Domingo Díaz, a quien leemos a continuación:]

    Es muy digno de ponerse a la consideración del público el oficio siguiente: [escrito por Simón Bolívar en respuesta a un oficio recibido el mismo día, enviado a él por el Ciudadano Secretario de la guerra del Gobierno General, en reclamo por los hechos aludidos]

    «Tengo el honor de contestar [escribe Bolívar] el oficio de V. S. de esta fecha en que me participa el suceso de los desgraciados españoles que han sido sacrificados ilegal e injustamente por el oficial encargado de conducirlos a la presencia del general Urdaneta. Este acontecimiento es único en la historia de nuestra milicia, y más extraordinario por su esencia, que por los resultados que de él puedan derivarse. Jamás en Venezuela se ha cometido un acto tan chocante y tan reprehensible... y yo protesto a V. S. que será el último como es el primero. La gloria de la república se ha fundado siempre en la gloria de nuestras armas, y éstas nunca habrían brillado, si los que las llevan no hubiesen sido un raro exemplo de sumisión al Gobierno. Estoy poseído de la más alta indignación por este hecho, que a mis ojos es más escandaloso que cuantos han precedido en nuestra espantosa revolución.

    Las órdenes que V. S. reclama serán mejor cumplidas que dadas. Dios, c. Cuartel general de Tunja 28 de noviembre de 1814. -Simón Bolivar.-C. secretario de la guerra del
    Gobierno general.»

    [Y ahora comenta José Domingo Díaz]

    Venezolanos: en muestro idioma no hay una palabra capaz de expresar suficienfemente esta especie de descaro. Vosotros que fuisteis testigos de sus bárbaras atrocidades, juzgadle.

    Cuando toda la superficie de Venezuela está manchada con la sangre de hombres inocentes y pacíficos sacrificados a su insensata y desmesurada ambición; cuando centenares de familias lloran en la horfandad y la miseria la muerte injusta de sus padres, o de sus esposos; cuando todavía se oyen con lágrimas los nombres de Iparraguirre, Sánchez, Arizurrieta, Madariaga y otros muchos que merecieron el aprecio universal por la bondad y dulzura de sus costumbres, ¿te atreves, Inhumano, a decir a la faz del mundo que: jamás en Venezuela se ha cometido un acto tan chocante y reprehensible, ni sido sacrificados los españoles ilegal e injustamente?

    ¿Te has olvidado acaso de la inmensa y horrible serie de crímenes con que llenaste los once meses de tu usurpacion, e hiciste desaparecer a tantos hombres dignos de mejor suerte? ¿No eres tú mismo aquel a quien dije desde la isla de Curazao en 30 de sep-
    tiembre de 1813 “Sí: has cumplido con exactitud ese convenio insolente. Desde vuestras pobres y ensangrentadas sepulturas en que ya descansáis, hablad vosotras cenizas raspetables de más de cuatrocientas víctimas que habéis sido sacrificadas a la ambicion más desenfrenada, en medio de los insultos más atrevidos. Hablad vosotros innumerables españoles que gemís en las bóvedas de La-Guayra, después de haber sido públicamente robados por el depositario de vuestra libertad. Y vosotros que ya descansáis para siempre de vuestros males, después de la agonía de una muerte pérfida conducidos al hospital de aquel puerlo, cuya santidad e inmunidad jamás vio pueblo alguno, hablad también y publicad cuáles fueron vuestras últimas agonías.”?

    ¿No eres tú mismo a quien dije en 24 de diciembre del mismo año: ”Tú sí, hombre cruel, que en el furor de tu desenfrenada ambición has ejercido por medio de tus más crueles ministros cuantos actos de inhumanidad han podido inventar la rabia, el temor y la venganza. Vuelve los ojos a esas estrechas prisiones de La-Guayra, en donde tienes sepultados todos los europeos y canarios que se libertaron del asesinato con que señalaste tu entrada, y todas las tropas que entregaron las armas bajo la salvaguardia de un tratado. Mira a cada dos con un par de grillos: con ese nuevo e inaudito género de tormento, en donde las incomodidades del uno se hacen comunes al otro, y en donde se ha visto ya tener un cadáver por compañero inseparable de muchas horas. Mira esa multitud de hombres venerables, cuyas costumbres y beneficencia han honrado a nuestra patria, desnudos, desollados por el calor, respirando una atmósfera ya pestilencial, traspasados de hambre, cubiertos de miseria. Mira ese alimento que les franqueas: ese groserísimo alimento de pocas onzas de legumbres, y otras pocas de plátanos. Mira comerlo mezclado con sus elocuentes lágrimas a esos mismos que en otro tiempo franquearon sus caudales para que vuestros colegas fuesen tratados con abundancia en esas propias prisiones. Mira esa multitud de honrados, cuyas espaldas has despedazado con azotes, bañados en llanto, más por esta ingratitud que por sus dolores. Mira, en fin, ese crecido número de cadáveres que diariamente salen de las mazmorras, llevando en sus negros y desfigurados semblantes la verdadera imagen del criminal que los ha sacrifcado. ¡0h compatriotas, cuya probidad y rubor todavía existen a pesar de tan funestos ejemplos, volved también vuestros ojos para
    compadecer a las víctimas, y maldecir al tirano!”?

    ¿Qué respondiste entonces? ¿Qué respondieron tus bajísimos aduladores? Dí. Ni tú hiciste, ni ellos hiciéron otra cosa que llenar tu miserable gaceta con calunnias e injurias las más atroces e indecentes. Se dirigieron a mi persona, y se desentendieron aun de poner en duda los crímenes que para que fuesen tú y ellos conocidos, yo presentaba a todo el mundo. Los confesaste con tu silencio; aunque no podías negarlos delante de un pueblo que los miraba.

    ¿Qué ejecutaste cuando las victoriosas tropas de Boves hicieron desaparecer por la primera vez en La-Puerta las que mandaba Campo Elías? ¿Qué hiciste? Dí. ¿Te has olvidado acaso de tu famosa orden de 8 de febrero? ¿De aquel rasgo de cobarde ferocidad a que no igualaron Tiberio ni Calígula? ¿Vives tranquilo, o a todas horas no se presenta a tu memoria esa orden del asesinato universal?

    Inhumano, que ahora lleno de una grosera hipocresía te presentas entre los pueblos de Santafé negando las maldades con que desolaste nuestra patria: tú fuiste quien presentó al universo las sangrientísimas escenas de febrero. Tú fuiste, tú que ahora ło niegas, quien hizo morir de los modos más inauditos y escandalosos tantos centenares de hombres inocentes: a nuestros amigos, a nuestros conocidos, nuestros más apreciados. Tú quien dejaste tantas viudas y huérfanos miserables y desconsolados. Tú quien hizo a
    Venezuela el objeto de abominación de todos los hombres.

    Bárbaro: yo he nacido como tú en este suelo desgraciado: siento todos sus males como quien más puede sentirlos: y siendo tu conocimiento uno de sus principales remedios, no descansaré mientras no te conozcan todos.

    Pueblos sencillos de Santafé, que abrigáis el más cruel de todos los hombres, leed en los siguientes documentos su corazón, la verdad que merecen sus palabras, y la suerte que os espera.

    [A continuación José Domingo Díaz pública los partes de guerra enviados a Bolívar por su subordinado, Leandro Palacio, comandante general de la Provincia. Dichos partes corresponden a esta orden de Bolívar: «Señor Comandante de La Guaira, ciudadano José Leandro Palacios. Por el oficio de US. de 4 del actual, que acabo de recibir, me impongo de las críticas circunstancias en que se encuentra esa plaza con poca guarnición y un crecido número de presos. En su consecuencia, ordeno a US. que inmediatamente se pasen por las armas todos los españoles presos en esas bóvedas y en el hospital, sin excepción alguna.

    Cuartel General Libertador en Valencia, 8 de febrero de 1814. 2°, a las ocho de la noche.

    SIMÓN BOLÍVAR.”]


    [LOS PARTES]

    No 116. — En obedecimiento a orden expresa del Excmo. Sr. General-Libertador para que sean decapitados todos los presos españoles y canarios reclusos en las bóvedas de este puerto, se ha comenzado la ejecución pasándose por las armas esta noche ciento de ellos. Y lo comunico a V. S. para su inteligencia. Dios, &c. Guayra 13 de febrero de 1814. 4.° y 2.° -Leandro Palacio. —C. comandante general de la provincia.

    N.° 119. — Ayer tarde fueron decapitados ciento cincuenta hombres de los españoles y canarios encerrados en las bovedas de este puerto, y entre hoy y mañana lo será el resto de ellos. Lo participo a V. S. para su inteligencia. Dios, &c. Guayra febrero 14 de 1814, 4.° y 2.° -Leandro Palacio. C. comandante general de la provincia.

    N.123. — Ayer tarde fueron decapitados doscientos quarenta y siete españoles y canarios, y sólo quedan en el hospital veintiún enfermos, y en las bóvedas ciento y ocho criollos. Lo participo a V. S. para su inteligencia. Dios, &c. Guayra 15 de febrero de 1814, 4.° y 2.° -Leandro Palacio.-C. comandante general de la provincia.

    N° 126. — Hoy se han decapitado los españoles y canarios que estaban por enfermos en el hospital, último resto de
    los comprehendidos en la orden de S. E. Lo que participo V. S. para su inteligencia. Dios, &c. Guayra febrero 16 de 1814, 4. y2.° -Leandro Palacio.-C. comandante general de la provincia.

    Se servirá V. S. elevar la consideracion del Excmo. general en gefe, que la orden comunicada por V. S. con fecha del 18 de este mes se halla cumplida, habiéndose pasado por las armas, tanto aquí como en La-Guayra, todos los españoles y canarios que se hallaban presos en número de más de ochocientos, contando los que se han podido recoger de los que se hallaban ocultos. Pero habiéndose presentado a este gobierno y al político un número de ciudadanos beneméritos garantizando la conducta de varios de los individuos, que según la citada orden de 8 de febrero debían ser decapitados, he creído deber condescender para evitar qualquiera entorpecimiento en el cumplimiento de la dicha órden, esperando las ulteriores
    disposiciones de S. E.

    Incluyo à V. S. copia del oficio que he pasado sobre este particular al C. gobernador político, y la lista que me ha remitido a fin de que determine S. E. lo que tenga por conveniente. —Dios, &c. Caracas 25 de febrero de 1814, 4.° y 2.°

    (*) -C. secretario de la guerra.

    (* Este oficio está sin firma. Al margen tiene lo siguiente: S. Mateo, marzo 3: Enterado: al C. secretario de gracia y Justicia. ≈Montilla. ≈Fue un olvido la falta de firma, y debe ser de Arismendi, entonces gobernador militar de
    esta ciudad.)

    [Prosigue a comentar José Domingo Díaz]

    Cruel, esta es tu obra, estas tus hazañas, tus glorias militares. Huyes en el campo entregando tus soldados al arbitrio de tus vencedores, y asesinas fríamente en los pueblos a los hombres indefensos y pacíficos. Allí sacrificas a tu ambición tus sencillos compatriotas, y aquí a tu temor y a tu codicia los que por tantos años han sido tus conciudadanos. Esta es tu obra: la obra de tu
    brutal y detestable política.

    Jamás en Venezuela, dices, se ha visto, &c. Impudente: responde. ¿A qué fin publicó por tu orden tu ministro Muñoz Tébar su manifiesto de febrero de 1814? ¿Qué contenía? ¿Qué procuraba justificar con sus pueriles, falsas e insignificantes razones? ¿Te has olvidado acaso de este escrito que pubicaste, y que todo el mundo ha visto? Acuérdate. Pensaste con él dar algún colorido de racionalidad a tus bárbaras atrocidades.

    ¿Qué fin tuvieron los infelices enfermos y heridos, que a su retirada de Bocachico dejó el valiente Boves en los hospitales de la villa de Cura? Acuérdate. Un oficial tuyo los asesinó en sus mismas camas, sin que su situación fuese bastante a detener el brazo de aquel digno compañero de tus maldades.

    ¿Dónde están los desgraciados que después de muchos meses de las más horribles prisiones, sufridas contra tus palabras y juramentos, y en desprecio de solemnes tratados y promesas mandaste que fuesen conducidos a la plaza de Puerto Cabello para ser allí cangeados? ¿Qué se hicieron? ¿Cuántos se cangeáron? Acuérdate: veintidos: los demás, o fueron asesinados en los caminos, o perecieron de hambre, de insultos y fatigas.

    ¿Qué se hicieron 200 enfermos que se hallaban el 28 de enero último en los hospitales de Guasdualito, cuando tus agentes estuvieron pocas horas apoderados de aquel pueblo? Acuérdate: sus cabezas fueron conducidas a Pore. Por ellas hubo regocijos y fiestas públicas: y aquel nefando asesinato que solo tú y tus viles aduladores pudieron aprobar, fue celebrado como el triunfo del valor.

    Has desolado nuestra patria: has hecho degollar, o degollado la juventud de Venezuela: se han destruido sus pueblos, quemado sus campos, y aniquilado su comercio. Esta es tu obra. Ve aquí tus proezas: no lo niegas : tú mismo la llamas ‘nuestra espantosa revolución.’ Sí: tuya es; glóriate de ver los caminos públicos cubiertos de esqueletos, y familias enteras desaparecidas, o en la indigencia. Algún día cuando la eterna sabiduría que te conserva para castigo de los pueblos haya llenado sus incomprehensibles designios, entonces cayendo sobre ti todo el peso de su justicia expiaras tus horribles crímenes, como han expiado los suyos muchos de tus cólegas. Tiembla: ese día terrible ya se acerca: e ¡infeliz de ti si entre tanto vives tranquilo sin que la sombra de tus innumerables víctimas no te persiga a todas horas!

    Esos desgraciados pueblos de Santafé que Dios ciega para que no te comozcan, ni recuerden tu primitiva conducta hacia ellos, digna por lo menos de su desprecio; esos pueblos comienzan a ser la presa de tu ambición. Les das ya en recompensa de su credulidad los males que te son inseparables, y muy en breve toda la superficie de su territorio presentaría el mismo espectáculo a que has reducido nuestra patria, si el mejor de todos los reyes no hubiese dado una ojeada de compasion sobre ellos, y nosotros. Doce mil hombres de los que vencieron a Napoleón Bonaparte en tantas batallas, y de quienes cuando los desprecias, tiemblas, y algunos otros miles de aquellos cuya ferocidad ya conoces, van a arrancar de tus manos parricidas esa incauta presa que devoras, y con cuya sangre te saboreas. Se ha pasado ya el tiempo de tus imposturas: poco importa tu hipocresía, menos tu descaro, aun menos tu desesperación. Sabes que la sangre inocente que derramaste, va a ser vengada dignamente. Sábelo; y cuando veas los leones que despedazaron las águilas de Bonaparte: cruel, tiembla.

    Caracas abril 30 de 1815. —José Domingo Díaz.

    ———

    A continuación, las fotos de la Gaceta original.

    X. P.


























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    Fuente:

    Xavier Padilla

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    Re: San Martín & Bolívar: ¿Vendepatrias?

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    Las armas a cambio de la libertad. Los esclavos en la guerra de independencia de Venezuela (1812-1835)

    Arms in exchange for freedom: slaves in Venezuela's war of independence (1812-1835)

    Les armes en échange de la liberté. Les esclaves pendant la guerre d'Indépendance au Venezuela (1812-1835)

    Ana Vergara*

    Universidad Simón Bolívar *akna8@hotmail.com


    Fecha de recepción del artículo: 15 de agosto de 2008.

    Fecha de aceptación y recepción de la versión final: 23 de marzo de 2010.


    Resumen

    Tanto los republicanos, como los defensores del poder monárquico no preveían el impacto y la importancia de la participación esclava durante la guerra de independencia venezolana. Su inicial movilización a favor de la Justa Causa del Rey fue una de las razones de la destrucción de las dos primeras repúblicas. Su participación induce a Bolívar y demás dirigentes republicanos a reformular el programa independentista criollo; el cual no incluía, hasta el momento, un cuestionamiento del sistema esclavista, en tanto que eran beneficiarios directos del mismo y la institución formaba parte fundamental del sistema económico en que se desenvolvían. Este artículo trata abordar su participación en el conflicto a través de las experiencias relatadas por nueve esclavos en sus respectivas peticiones de libertad.

    Palabras Clave: Independencia, esclavitud y conscripción.


    Abstract

    Neither republicans nor the defenders of monarchical power foresaw the impact and importance of the participation of slaves in Venezuela's wars of independence. Their early mobilization to support the Justa Causa del Rey ("Just Cause of the King") was a key factor in the collapse of the first two Republics, while their participation led Bolívar and other republican leaders to reformulate the Creole's independence program, which up to then had never questioned the slavery system, because they were among the direct beneficiaries of that arrangement, which was also a cornerstone of the economic system in Venezuela's that had allowed them to prosper. The article examines the slave population's participation in the conflict through experiences narrated by nine slaves in their respective petitions for freedom.
    Keywords: independence, slavery, conscription.


    Résumé

    Les républicains tout comme les défenseurs du pouvoir monarchique ne prévoyaient pas l'impact et l'importance de la participation des esclaves durant la guerre d'Indépendance au Venezuela. Leur mobilisation initiale en faveur de la Juste cause du Roi fut une des raisons de la destruction des deux premières républiques. Leur action conduit Bolivar et les autres dirigeants républicains à reformuler le programme indépendantiste créole ; celui-ci n'incluait pas, jusqu'alors, une remise en cause du système esclavagiste, puisqu'ils en étaient eux-mêmes les bénéficiaires directs et que l'institution était une partie fondamentale du système économique dans lequel ils se trouvaient placés. Cet article essaie d'aborder la participation au conflit des esclaves à travers les expériences que neuf d'entre eux rapportent dans leurs respectives pétitions de liberté.

    Mots clés: Indépendance, esclavage, liberté.


    La noche del 22 de marzo de 1813, el doctor Bartolomé Rus, vecino de Maracay, población de la provincia de Venezuela, invitó a su casa a un negro liberto que había sido esclavo del cura de la localidad. El propósito: que deleitase a su familia con el toque de su violín, instrumento que el otrora siervo manejaba con cierta habilidad. Entre los intermedios musicales, uno de los presentes le preguntó, con indiferencia, sobre el estado de cosas en Puerto Cabello después de los últimos acontecimientos de la revuelta insurgente, refiriéndose a la primera revolución de Caracas que tuvo lugar entre 1810 y 1812. El negro expresó que lo más conveniente era no decir nada; los invitados hicieron silencio, pero luego le incitaron a que relatara lo que sabía, prometiendo a cambio sigilo y confianza. Sin más estimulo, el negro contó que en su reciente viaje a Norteamérica se había enterado de los robos hechos por los españoles a los criollos y "con entera satisfacción" —como declararían al día siguiente los presentes de aquella velada ante el justicia mayor del pueblo— les habló de los preparativos de lo que aparentaba ser un levantamiento patriota en diversos parajes de la provincia de Venezuela, el cual terminaría, afortunadamente para él, con la rendición de las plazas de Maracaibo y Puerto Cabello.1

    Desconocemos si las afirmaciones del recién liberado esclavo eran ciertas o más bien se trataba de un invento con el cual buscaba obtener mayor atención de la que lograba con su virtuosismo en el violín. El propósito de este trabajo es mostrar cómo a los esclavos no les fue ajena la guerra a pesar de encontrarse en el nivel más inferior de la sociedad estamental colonial de la provincia de Venezuela; por el contrario, ésta los incluyó abruptamente y en la medida que necesitó de su fuerza al tiempo que rechazaba y, sobre todo, temía su influencia.2

    No obstante, la abundancia de relatos similares que existen en los archivos históricos venezolanos, los estudios sobre la participación esclava en la revolución independentista son escasos en la historiografía nacional. Los existentes en la actualidad, de mayor vigencia y difusión, son esencialmente laudatorios, poéticos, con poco sentido crítico y esencialmente sustentados en el paradigma de la historiografía patria. Se observa en ellos cómo la figura heroica de Simón Bolívar ensombrece su real y verdadera participación. En estos trabajos, los esclavos tienen vida, surgen y participan cuando Bolívar los toma en cuenta en sus proclamas libertarias de 1816; de la misma manera, desaparecen de la escena cuando el Libertador deja de mencionarlos hasta 1821. Otro de los resabios de la historia patria es el silencio que se ha guardado ante la participación de los esclavos durante el periodo 1812-1816, omitiendo hechos como las revueltas esclavas de Barlovento de 1812 que invocaban al rey Fernando VII y el grueso de soldados negros que se incorporaron voluntariamente al mando de jefes realistas como José Tomas Boves y demás caudillos fieles a la monarquía. En virtud de esta carencia historiográfica, este trabajo se orienta a mostrar el proceso independentista a través de las peticiones de libertad promovidas por seis esclavos que militaron tanto en las filas armadas de los republicanos como en las de los seguidores de la causa monárquica.


    Ramón Pinero: soldado esclavo defensor de la justa causa del rey

    "Yo he servido con mucho amor y fidelidad a mi Rey, y no quiero perder la gracia que su soberana clemencia concede a los que como yo han defendido sus derechos con el arma en la mano".3 Con estas palabras inició el esclavo Ramón Pinero su petición de libertad en 1815, después de servir dos años en el ejército del rey. De acuerdo con su testimonio, la guerra llegó a él en septiembre de 1813 cuando laboraba en el hato San Diego perteneciente a su señor, en los llanos centrales de Calabozo. Ese día, los insurgentes llegaron a dicho lugar y, sin mediar explicaciones, tomaron preso a su amo, don Juan de Rojas, y lo colocaron en la cárcel de esa ciudad.

    En agosto de este año, Simón Bolívar restableció el segundo intento de gobierno republicano, después de completar su exitosa Campaña Admirable con la toma de Caracas en agosto de 1813. Unos meses antes —en junio de 1813— Bolívar proclamó el Decreto de guerra a muerte en la ciudad de Trujillo, en el cual se estableció la persecución y exterminio de todo aquel identificado con la causa realista o que fuese indiferente con el proyecto republicano. La repentina detención de Juan Rojas evidenció que se encontraba comprendido en los principios de esta proclama. Frente a este escenario, Piñero y otro esclavo llamado Miguel, tomaron la deliberación de enlistarse en los ejércitos comandados por José Tomás Boves, impulsados por el agravio cometido ante la persona de su dueño, y atraídos por la oferta de libertad si tomaban las armas a favor de la causa del rey.

    En ese entonces, la leva de esclavos y el ofrecimiento de libertad que le acompañó, era un procedimiento de reciente práctica, que surgió como necesidad por la coyuntura bélica. Antes de que la revolución alterara la cotidianidad colonial, los esclavos sólo podían lograr su libertad si la compraban, se las otorgaba un amo o si escapaban al cimarronaje.4 La toma de las armas fue considerada como un deber que no merecía otro premio que la gratitud, pero con el inicio de la guerra, los oficiales de ambos bandos necesitaban engrosar sus filas y el otorgamiento de la libertad era el factor clave que impulsó a los esclavos a incorporarse a las fuerzas en pugna. Con la llegada del oficial realista Domingo de Monteverde a Tierra Firme en 1812, éste no emitió bando que ofreciera la libertad a aquellos esclavos que tomaran las armas en nombre de Fernando VII; no obstante, diversas denuncias de propietarios dan fe de lo contrario.5 Testimonios de la época aseguran que el jefe realista asturiano José Tomás Boves empleó ampliamente este recurso, y fue uno de los motivos de la conformación de su gran ejército.

    Ramón Piñero, animado por la oferta de obtener su libertad, entró en acción en La Sabana de Mosquiteros frente a los batallones comandados por el oficial patriota Vicente Campo Elías el 14 de octubre de 1813, allí tuvo su primer encuentro armado y una de las muchas derrotas que le provocaron las heridas y padecimientos que mellaron más tarde su salud. Los 2,500 hombres enlistados por José Tomás Boves sufrieron una derrota contundente, además de las bajas propias de la contienda. La mortandad fue mayor cuando los prisioneros fieles a la causa del rey fueron ajusticiados por órdenes de Campo Elías, inclusive aquellos que no eran españoles y que no se encontraban comprendidos en el Decreto de guerra a muerte. Ramón, entre tanto, emprendió la retirada con los demás sobrevivientes en dirección al poblado de Guayabal, ubicado a las riberas del río Apure, lugar establecido por los monárquicos como punto de encuentro en caso de que la ofensiva no resultase favorable.

    Tras la primera derrota, transcurrieron dos activos meses en la vida de Ramón. Mientras la temporada de lluvia inundó los llanos en Guayabal, Boves preparó su ejército con nuevas estrategias y arsenal fabricado con los materiales que la región y sus pobladores se vieron forzados a entregar. Paulatinamente se iban incorporando nuevos soldados al ejército. Fortalecidos con el ganado y municiones que arribaron de Guayana, Boves emprendió la segunda campaña por los llanos. Avanzó con la intención de apoderarse de Calabozo, el paso de San Marcos hacia esta ciudad lo encontró pobremente guarnecido por el español y republicano Manuel Aldao, quien contó con unos pocos soldados que en pocas horas perecieron bajo la arremetida de la caballería realista. Despejado el paso el 8 de diciembre de 1813, Calabozo cayó en manos de Boves y de sus efectivos, quienes cumplieron al pie de la letra las órdenes impartidas en Guayabal, todo blanco de la recién conquistada ciudad fue pasado a cuchillo. Desconocemos si Piñero fue uno de esos verdugos, obviamente su petición de libertad tres años más tarde no incluyó una confesión de este tipo, menos cuando el juez que decidiría su causa era el gobernador y capitán general Salvador de Moxó, funcionario destinado por Pablo Morillo, para atender las denuncias de soldados realistas que hicieron una guerra de colores empleando el estandarte de la justa causa del rey.

    Con la contundente victoria sobre los insurgentes en La Puerta el 15 de junio de 1814, el ejército de Boves se dividió en dos, uno se dirigió a Caracas y otro, comandado por él mismo, tomó Valencia. Por la declaración de Piñero, él estuvo en este último grupo, y el 16 de julio de 1814 entró a Caracas. Para ese momento, en la modesta ciudad capital, que viajeros de distintas procedencias alabaron por su belleza, reinaba la desolación. Además de los daños aún presentes del devastador terremoto de 1812 y los casi cuatro años de guerra, a la nueva fisonomía de la ciudad se agregó la soledad que dejaron sus pobladores tras su huida en dirección a oriente inducidos por el temor de ser las nuevas víctimas de las legendarias degollinas promovidas por el otrora comerciante asturiano y sus seguidores. De acuerdo con la declaración que brindó Piñero, permaneció poco tiempo en la capital y regresó con Boves a Calabozo, donde se planearía la persecución de los republicanos.

    En ese momento, tras 10 meses de marchas y batallas: Piñero cayó enfermo en los hospitales de Villa de Calabozo, un año permaneció enfermo en ese lugar. Apenas sintió una mejoría, en el mes de noviembre se dirigió a la capital para exigir la libertad que le habían ofrecido a cambio de sus servicios. Desde el 11 de mayo de 1815, Caracas estaba bajo la dirección del brigadier español Pablo Morillo y la ofensiva republicana había sido sofocada en gran parte del territorio, colocando al movimiento insurgente en su más mínima expresión.

    Boves murió el 5 de diciembre en Úrica, y con su muerte quedaron sin efecto los ofrecimientos de libertad sin credencial escrita. El nuevo régimen vio con suspicacia las solicitudes de libertad adelantadas por este tipo de soldados, quienes frente a las autoridades realistas eran los sospechosos de la llamada guerra de colores que caracterizó a la guerra de independencia el año de 1814. No obstante, la participación y colaboración de estos contingentes no pudo ser obviada, y las Instrucciones de Fernando VII encomendadas a Morillo para la recuperación de la posesiones ultramarinas estableció una serie de condiciones en torno a esta materia. Se otorgó la libertad sólo a aquellos soldados que comprobaron sus servicios por medio de informes emitidos por sus superiores, los cuales debieron destacar las acciones militares en las que participaron, las labores que desempeñaron y su disposición a dichas tareas, finalmente debían continuar sirviendo en sus unidades el tiempo que durase la guerra. Por ello, una vez revisada la solicitud de Piñero por el asesor general y el entonces capitán general Salvador Moxó, éstos concluyeron apegándose a los principios de esa disposición

    deben quedar libres los esclavos que estén, con las armas en la mano indemnizándose a los dueños el valor de ellos del real erario, pero con calidad de que queden sirviendo de soldados en el ejército; por esta misma disposición opino que Ramón Piñero, aunque son ciertas y recomendables los servicios militares que alega no esta comprendido en aquella gracia, por haberse separado de la milicia, sin que hasta ahora conste causa o impedimento legitimo para este.6

    Conocido este fallo desfavorable, Piñero apeló afirmando que sí era merecedor de la gracia otorgada por el rey, pues defendió con amor y fidelidad la causa; tanto, que su precaria salud era resultado de ello. Solicitó ser reconocido por un facultativo, para que certificase que su "curación es algo larga, y para otro temperamento que no sea tan destemplado, como este".7

    Piñero permaneció varios meses en Caracas pero el clima frío no favoreció su recuperación, y más allá del clima curativo de Calabozo, su deseo era regresar libre a su hogar. Inmediatamente el tribunal autorizó la revisión a cargo del protomédico Joseph Joaquín Hernández, quien observó que el entullecimiento de las coyunturas de Ramón no tenía curación, por lo que lo diagnosticó como un hombre baldado e inútil.

    Al diagnóstico lo respaldó el testimonio de su amo Juan de Rojas, quien no se opuso a la petición —en espera de que el real erario reintegre el precio de su esclavo— aseguró que "este esclavo ha sido siempre sano y las enfermedades que ha tenido han sido adquiridas en la campaña por las humedades, trabajos, vigilias y (ilegible) que son consecuentemente, pues antes de entrar en el servicio, fue siempre sano, de buenas costumbres, y eficaz".8 Sin mayor oposición de su amo, a Ramón Pinero se le declaró persona libre de esclavitud y servidumbre el 23 de diciembre de 1815 por sus comprobados servicios a los derechos del rey en estas provincias.

    Hubo otro esclavo que solicitó su libertad por servir a la justa causa del rey, pero a diferencia de Ramón que fue un soldado, éste fue un oficial: ostentaba el grado de jefe de división de los ejércitos del rey.



    Juan José Ledesma: Jefe de División del Ejército de su Majestad

    Juan José Ledesma, aspiró a su libertad en 1815 por su servicio militar en los ejércitos de su majestad, donde obtuvo el grado de jefe de división durante el mando de José Tomás Boves en 1813 y 1814. Juan José, oriundo de la población de San Rafael de Orituco, en las planicies de Guarico, perteneció a los bienes de don Pedro Ledesma, reconocido patriota desde los inicios de la independencia. En 1813, restablecida la república después de la culminación de la Campaña Admirable por Simón Bolívar y el éxito de la Campaña de Oriente por el general Santiago Mariño, desde los llanos se conformaron fuerzas opuestas al nuevo gobierno, frente a ello los ejércitos patriotas reforzaron sus filas y pertrechos con la colaboración de sus más fieles y acaudalados seguidores, quienes aportaron dinero y esclavos aptos para el servicio. Don Pedro, el amo de Juan José siguió este ejemplo y colocó a su esclavo bajo las órdenes del republicano José Manuel El Torres. Junto a la división comandada por este oficial sirvió un tiempo, pero no tardó en abandonar la causa que le obligaron defender, y voluntariamente se incorporó en el mes de octubre del año de 1813 en la tropa fidelista comandado por Manuel Ramírez, para seguir la sagrada causa del rey en defensa de sus justos derechos contra los insurgentes de esta provincia. 9 En ese momento el ejército realista, a diferencia de las comandancias patriotas, sí contempló la libertad como forma de pago para aquellos esclavos que brindaran destacadas acciones: quizás esto último fue decisivo en la determinación de Juan José de enlistarse en el ejército realista.

    De acuerdo con la declaración de su superior Manuel Ramírez, el esclavo tuvo destacadas acciones que le valieron el ascenso a jefe de división;
    su labor específica consistió en la recolección y venta de ganado, mulas, yeguas y burros que se vendieron para adquirir ropas y pertrechos para las distintas divisiones, o que simplemente se emplearon para alimento de las tropas movilizadas. De esta forma, el esclavo Juan José se convirtió en hábil practicante de la forma de exacción más empleada por las milicias que comandó Boves, mecanismo controvertido que dejó en total ruina a las haciendas y hatos ganaderos sin importar la facción que defendieran sus propietarios.

    En julio de 1815, cuando Juan José hizo la petición de libertad, cumplió con todos los requisitos para alcanzarla: contó con la certificación de su superior directo Manuel Ramírez, para el momento de la solicitud continuaba en servicio, mientras que su amo era perseguido y sus bienes estaban en poder de la junta de secuestros. Como no tuvo dinero para cancelar las costas de los procedimientos legales, aconsejó que éstos fueran pagados de los bienes embargados a su amo cuando el tribunal lo determinase. Lo único que empañó su solicitud fue su inicial militancia en el ejército patriota, lo cual puso en duda su lealtad. Sin embargo, él señaló que desde el instante que desertó de las filas insurgentes arriesgó su propia existencia y mayor demostración de lealtad al rey era imposible.

    Desconocemos si Juan José obtuvo su libertad, pues el expediente se encuentra incompleto. Posiblemente logró carta de libertad, pues cumplió con todos los requisitos y fue un soldado activo para el momento de su acreditación. Sin embargo, un posible atenuante en esta decisión pudo estar sujeto a los nuevos dictámenes de las autoridades coloniales, empeñadas en restituir el orden, tal como menciona Germán Carrera Damas en su trabajo La crisis de la sociedad colonial.10 Con la llegada a Venezuela de Pablo Morillo se procedió a destituir de sus cargos a estos hombres pertenecientes a bajos estamentos y que habían alcanzado grados militares durante el mando de Boves. Dicha situación provocó el descontento entre las milicias y desencadenó deserciones masivas, eliminó la base popular del ejército del rey. En tal sentido, un número limitado de esclavos alistados lograron su libertad por este mecanismo en el ejército real, de igual forma un grupo lo logró por medio de sus servicios a los ejércitos republicanos, aunque en este caso no siempre fue así.


    La república criolla esclavista

    Para el momento que fueron expulsadas las autoridades coloniales tras la instalación de La Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII el 19 de abril 1810, los esclavos continuaron realizando las mismas actividades que se les impuso siglos atrás. En el nuevo gobierno no existió un cuestionamiento del sistema esclavista porque éste era parte de la dinámica social en la que se desenvolvieron. Las esclavas de casa continuaron caminando detrás de sus señoras llevando en sus manos la alfombra donde éstas se posaban durante los servicios religiosos. Aquellos que laboraron en las plantaciones se continuaron despertando con el llamado de sus caporales a tempranas horas de la madrugada para iniciar sus extenuantes faenas.

    Esta rutina poco se alteró cuando el general Francisco Miranda, atendiendo a la gran deserción de soldados en 1812, dispuso la incorporación de mil esclavos al ejército ofreciéndoles la libertad sólo a aquellos que militasen 4 años y tuviesen destacadas acciones militares.11 La resolución ocasionó críticas y reservas que no provenían exclusivamente de los partidarios realistas, también los republicanos que vieron en la medida un factor desestabilizador.12 De esta forma, las dos primeras repúblicas concluyeron sin incorporar en su programa de gobierno la emancipación de los esclavos. Esta situación se modificó después de 1815 como lo veremos a continuación.


    Los buenos servicios prestados por Anastasio Romero a favor de la República

    Después de peregrinar por diversos puertos caribeños tras la caída del segundo intento de gobierno republicano en 1814, Simón Bolívar, en compañía de otros patriotas como Gregor MacGregor, Manuel Piar y Santiago Mariño, partió de Los Cayos de San Luis en Haití para dirigir varios encuentros navales en la isla de Margarita. De esta isla Bolívar partió a Carúpano donde emitió el 2 de junio de 1816 el Decreto Sobre libertad de los esclavos a los habitantes de Río Caribe, Campano y Cariaco, 13 en el que se le ofreció la libertad y ciudadanía a los esclavos capacitados para el enlistamiento inmediato, es decir, hombres en edades comprendidas entre los 14 y 60 años de edad. Esta proclama es reconocida como una iniciativa propuesta por Alejandro Petión a Simón Bolívar como condición para la ayuda financiera que el presidente de la primera nación americana edificada sobre una exitosa revuelta esclava en 1791 estaba dispuesto a brindar.14

    Cartas de Bolívar dirigidas a Petión, mencionaron el poco alcance de estos ofrecimientos en las esclavitudes, de igual manera lo señaló posteriormente José de Austria en su Bosquejo de la historia militar de Venezuela,15 quien describió el recibimiento de estos decretos en la población con frialdad, asegurando además que la presencia esclava en las filas patriotas era un evento excepcional, y que esta supuesta indiferencia continuó para 1818 con la ratificación del ofrecimiento de libertad en los decretos dirigidos a los habitantes de los Valles de Aragua el 11 de marzo, a los de La Victoria el 13 del mismo mes, y el día siguiente a los pobladores de los Valles del Tuy. Sin embargo, el brigadier inglés James Hackett, quien partió de Inglaterra en 1817 para reforzar las fuerzas patriotas sudamericanas, hizo referencia a la importante presencia de esclavos y pardos en las filas patriotas. 16

    Posiblemente no hubo una adhesión masiva de esclavos, si se compara con las descripciones de la composición de las milicias de Boves, pero el reclutamiento esclavo voluntario no fue un evento extraño en las filas patriotas, así lo evidencian las peticiones de libertad de esclavos realizadas después de consolidado el proyecto republicano. Éste es el caso del esclavo Anastasio Romero, quien reclamó 10 años después de sus servicios la libertad que le ofrecieron a cambio de la toma indefinida de las armas.

    El 10 de enero de 1826, el esclavo Anastasio Sosa se dirigió al intendente departamental de la ciudad de Caracas con el propósito de que sus servicios bajo las banderas republicanas fueran reconocidos a fin de obtener carta de libertad. De acuerdo con su relato, llegó a la capital de manera clandestina desde la hacienda de su amo Domingo Sosa ubicada en Choroní, de allí pasó a San Sebastián de los Reyes y posteriormente a Turmero en búsqueda de los testimonios de sus antiguos superiores, Juan José Liendo y La Rea y Francisco de Paula Alcántara. Ambos reconocidos oficiales del ejército patriota que ostentaron la Orden de Libertadores de los Ejércitos de Colombia, conocieron de manera detallada las acciones en las que intervino Anastasio y la herida que recibió en una de esas campañas; por ello, ante el pedimento verbal realizado por el esclavo el 1 de marzo de 1825, no dudaron en asentar por escrito sus buenos servicios.

    Anastasio se incorporó al ejército en 1816 después de ver desfilar por las estrechas calles de Choroní a los seiscientos sobrevivientes patriotas del combate de Los Aguacates llevado a cabo el 14 de julio de 1816. El general de división escocés Gregor Macgregor y el coronel Carlos Soublette encabezaron esta retirada, y a su paso trataron de reunir tropas ratificando el decreto de libertad emitido por el Libertador a su llegada a Carúpano en el mes de junio. Anastasio, seducido por esta propuesta, se enlistó inmediatamente y partió de Choroní bajo las órdenes del comandante del "batallón Barlovento" Francisco Piñango. Bajo su dirección participó en las cruentas acciones del 2 de agosto en Quebrada Honda, donde se logró repeler al coronel realista Juan Nepomuceno Quero y sus quinientos hombres. Un mes más tarde, el 6 de septiembre, cuando Anastasio estaba peleando en oriente en la batalla de Los Alacranes, allí recibió un balazo en la pierna izquierda, la cual fue asistida de forma exitosa en el hospital que se instaló en el convento de la ciudad de Barcelona. Veintiún días después de haber sido herido, Anastasio retomó las armas al lado de sus antiguos compañeros de la compañía barlovento en la batalla de El Juncal, en ese momento bajo la dirección del general de división Manuel Piar, quien dos días antes tomó el control de los batallones ahí asentados. Después de la derrota de Francisco Tomás Morales, continuó la reforma del nuevo ejército republicano, y Anastasio fue trasladado al batallón Orinoco o Río Claro y bajo las órdenes de Piar peleó en las acciones previas a la toma definitiva de Guayana en 1817. El 16 de marzo de 1818, Anastasio sirvió en los ejércitos dirigidos por Simón Bolívar en la batalla de Boca Chica o Seme contra las unidades conducidas por Pablo Morillo, donde la derrota provocó la dispersión de gran parte de los efectivos republicanos sobrevivientes. Anastasio, acorralado por el enemigo en las cercanías del pueblo de San Mateo, no le quedó otra alternativa que enrumbarse a su pueblo de Choroní, donde de acuerdo a su testimonio, fue reincorporado de nuevo por su señor Domingo Sosa. En un principio no pudo acreditar sus servicios hechos a la república, pues aún gobernaba la monarquía y admitir su militancia lo convertiría en reo de alto crimen; más tarde, cuando los republicanos se establecen definitivamente en el poder, la sujeción y potestad de su amo impidió cualquier intento de acreditación.

    Cuando Domingo Sosa, dueño de Anastasio, se enteró de la causa iniciada por su esclavo, contó a los tribunales otra historia completamente distinta. Primeramente, aseguró que no se oponía a que su esclavo fuera declarado persona libre de servidumbre como premio de sus distinguidos servicios a la patria, siempre y cuando el Estado indemnice su valor como lo exigía La Resolución de 14 de octubre de 1821 sobre los esclavos que sirvieron a las armas republicanas.
    Dicha resolución, sancionada por el Congreso General de Colombia, emanó de una consulta hecha por el vicepresidente de Cundinamarca sobre el dilema de qué hacer con los esclavos que tomaron las armas y la forma de indemnización a sus propietarios.

    El asunto lo resolvió el Congreso declarando que los esclavos debían ser aceptados en las filas bajo los pactos y condiciones que decidiera el gobierno en cada circunstancia. En ningún apartado de esta decisión se mencionó de forma expresa la libertad como retribución a los esclavos por sus servicios, pero la norma era precisa al aclarar la situación de los propietarios ante esta situación: debieron ser indemnizados y con preferencia de los fondos de manumisión de la república. Sosa, conocedor de la ley, quiso el valor de su esclavo; no obstante, su reclamo no terminó allí, aseveró que los fundamentos con que apoyó Anastasio su solicitud eran falsos.

    Primeramente, el esclavo mintió sobre la manera en la que recaló en su hogar, pues en su declaración el esclavo aseveró que él lo incorporó a su propiedad en 1818, cuando la verdad era que se encontraba en la isla de San Tomas en calidad de exiliado desde 1814, en todo caso fue su esposa quien le brindó refugio y no sujeción. Según dice Sosa en su alegato

    La acogida que le franqueó mi mujer, en semejante circunstancias, fue una exposición manifiesta respecto a toda mi familia, por repuntarse el gobierno español por un criminal o reo de muerte, la que sin duda sufrieron todos los dispersos que fueron descubiertos, y por consiguiente sobre estar desmentido su aserto por hallarme yo ausente en el tiempo a que se refiere, debía tributar las gracias a mi casa, que lo salvó y libertó su vida.17

    En pocas palabras, Anastasio era un esclavo mentiroso que en lugar de agradecer el riesgo de su familia al protegerlo mientras era perseguido por el enemigo, su respuesta fue la ingratitud.

    Agregó que Anastasio se encontraba en su hacienda de Choroní por su propia voluntad, ya que su mujer e hijos eran sus esclavos. Tanto es así, que desde ocho meses atrás se encontraba en la capital, donde trabajó por su cuenta, provecho y utilidad propia con lo que desmiente la supuesta oposición a la acreditación de sus servicios. Si Anastasio no lo hizo, era porque no había querido.

    Ante esta declaración, el esclavo no emitió escrito alguno que desmintiera las afirmaciones de su amo y permaneció a su servicio hasta que arribó la sentencia del intendente interino. El dictamen estableció que el servicio de Anastasio fue con anterioridad a la ley de 14 de octubre de 1821, por lo que su solicitud no emanaba de ella; no obstante, consideró que el valor del esclavo sí debía salir de los fondos de manumisión después de que se realizara el justiprecio. Anastasio tenía 48 años, y un esclavo de su edad alcanzaba un valor de 230 pesos, pero "la quebradura que padece en la ingle derecha"18 le rebajaba el precio a la mitad, por lo que Domingo Sosa recibió un valor total de 115 pesos. De esta manera, Anastasio quedó libre en Caracas, mientras su mujer e hijos siguieron siendo esclavos de Domingo Sosa en Choroní.

    Las vicisitudes padecidas por Anastasio fueron totalmente distintas al de otro esclavo soldado llamado José Ambrosio, quien a diferencia de su familia sólo tuvo que sacrificar un nombre.


    José Ambrosio Hernández: El esclavo con apellido de hombre libre

    En mayo de 1828, llegó a la oficina de la jefatura general en Caracas un oficio procedente de la comisaría del puerto de La Guaira, dicha notificación solicitaba la comprobación del testimonio ofrecido por uno de sus reos que había sido apresado por sospecha de ser uno de tantos esclavos fugitivos que, protegiéndose del desorden de la guerra, privaron a sus amos de sus servicios. Luis Ambrosio Surruarregui no ocultó su antigua condición de esclavo, de la cual, afirmó, fue librado mucho tiempo atrás cuando su difunto amo le otorgó carta de libertad que extravió durante las tropelías de la guerra. Relatos como éstos no eran extraños a los oídos de las autoridades que lidiaron con la inmensa responsabilidad de reorganizar el sistema esclavista. Sin embargo, la declaración de su antigua militancia en la marina republicana hizo su relato inusual y ameritó inmediata comprobación.

    En el mes de junio, el jefe policial general de la capital ordenó el traslado del nominado esclavo José Ambrosio Surruarregui, con el propósito de comprobar los servicios que supuestamente lo hacían libre. En ese momento, el trecho que divide a Caracas de La Guaira fue uno más de los tantos caminos que recorrió José Ambrosio desde que abandonó las riberas del Orinoco, en su Angostura natal al sur de Venezuela.

    En 1811, cuando Caracas declaró la independencia, la provincia de Guayana permaneció fiel a la monarquía, caso contrario a las zonas septentrionales de la provincia que cargaron con el mayor peso del conflicto. Desde su fundación por las misiones de capuchinos, sus bastas extensiones de tierras sirvieron para la cría de ganado, y en menor cuantía para el cultivo. Por ello, la presencia esclava fue modesta, encargada en gran parte del servicio doméstico y artesanal, distinta a la población esclava de los valles centrales, destinada a la economía de plantación.

    En este ambiente vivió José Ambrosio, quien fue propiedad del vizcaíno Luis Surruarregui. Como era costumbre, desde el día de su nacimiento recibió el llamativo apellido del que años más tarde renegó. 1817 fue el año que los Surruarregui y los demás habitantes de la provincia experimentaron los devastadores trastornos de la guerra; la ciudad, que sirvió de leal financista a la causa del rey y de zona de resguardo a los realistas perseguidos, conoció los estragos del asedio militar republicano.

    Desde mayo de 1815, las fuerzas realistas asentadas en la ciudad vencieron varias embestidas patriotas en sus propias puertas, pero esto no disminuyó el impulso de los rebeldes, quienes, orientados por Manuel Piar, planificaron la arremetida definitiva que se prolongó por siete largos y tortuosos meses. Las líneas de abastecimiento de alimento fueron cortadas y los civiles acudieron a medidas desesperadas para suplir sus carencias, pero cuando la situación se hizo insostenible éstos huyeron por río logrando sólo un desenlace fatal. Uno de esos tantos hombres que recurrieron al exilio fue Luis Surruarregui quien, antes de partir dejó en total libertad a su esclavo José Ambrosio. Para los dueños de esclavos era preferible convertir a sus siervos en hombres libres responsables de su propia suerte, ya que cargar con ellos representaba un peso al momento de huir, un esclavo era una boca más que alimentar, o un espacio que ocupar en una embarcación.

    Mientras su amo se enrumbó a su destino final en la isla de Martinica, José Ambrosio se dirigió a enlistarse voluntariamente a los ejércitos republicanos recién establecidos en Angostura. Al momento que se le tomaron los datos de su filiación y el comandante le dio a conocer las penas y ordenanzas que implicaba su nueva militancia, fue ingresado a la marina con el nombre de José Ambrosio Hernández. Con este apellido apareció en todos los listados de las embarcaciones que abordó en los distintos puertos necesitados del auxilio patriota.

    Su primera experiencia como marinero se limitó a la protección del río Orinoco; posteriormente, de este sitio partió a los demás puertos que la causa republicana tomaba para sí. Recién llegado al puerto de La Guaira, siguiendo las órdenes de su comandante José María García, se embarcó en compañía de otros marineros a la isla de Margarita con la delicada labor de trasladar el correo. Esta actuación y positiva disposición le valió el reconocimiento de sus superiores, quienes años más tarde recordaron con facilidad sus buenos servicios.

    Tres meses después de la victoria republicana en Carabobo, el 5 de octubre de 1821, José Ambrosio se embarcó en La Guaira en la polacra Constantinopla con destino a Nueva Granada, como parte de las últimas tropas que se incorporaron al asedio establecido por el almirante José Prudencio Padilla al gobernador de Cartagena de Indias, brigadier Torres y Velasco. Desconocemos si José Ambrosio llegó a tiempo a Cartagena para ser partícipe del cerco, ya que 5 días más tarde la resistencia de la ciudad se rindió tras haber soportado un año y tres meses del bloqueo iniciado el 14 de julio de ese año. De la recién conquistada Cartagena, Ambrosio fue trasladado de nuevo a La Guaira en una embarcación de la cual no supo precisar nombre, si La Voladora o Libertador, una vez allá se incorporó a las milicias que se organizaron en el puerto bajo la mirada del capitán Matías Padrón. Tres años más tarde, el 8 de noviembre de 1823, estaba presente en la toma de Puerto Cabello, el último bastión de los realistas en Venezuela.

    Finalizada gran parte de las contiendas bélicas, encontró en el puerto de La Guaira su punto de retorno, y el lugar donde trató de reconstruir su vida como caletero tomando por hecho la libertad que le había dado inicialmente su amo y la cual quedó ratificada por su participación en la reciente guerra de independencia. Cinco años más tarde las autoridades de La Guaira dudaron de sus servicios prestados a la república, y lo colocaron como propiedad del Estado al servicio del hospital militar hasta que las autoridades de la capital ordenaran su traslado para dar inicio a la comprobación judicial de las historias que el considerado esclavo profirió.

    A Surruarregui le cuesta acreditar su libertad, pues, como él explicó, la condición de marinero no le permitió tener contacto con gente de tierra firme, mucho más cuando el recorrido de las distintas embarcaciones en las que sirvió llegaron a puertos tan lejanos del extinto virreinato de Nueva Granada. No obstante, José Ambrosio seguro de sus servicios, solicitó la declaración de Matías Padrón, quien, además de ostentar el título de capitán de fragata de la armada de Colombia para 1829, era comandante de Marina y capitán del puerto de La Guaira. De igual manera pidió testimonio de Francisco Avendaño, coronel de los ejércitos de Colombia, y de Simeón Gómez, compañero marinero de José Ambrosio durante sus servicios. Ellos ratificaron la presencia del esclavo en los lugares y campañas por él señaladas y agregaron, además, otros servicios omitidos por el propio José Ambrosio en su declaración. Éstos resaltaron su espontánea disposición a la causa de la patria; no obstante, ninguno lo reconoció con el nombre de José Ambrosio Surruarregui, sino como José Ambrosio Hernández, tal como aparece registrado en las listas de las milicias marinas asentadas en el puerto de La Guaira.

    Ante esta interrogante, José Ambrosio explicó en su declaración final el por qué de esta confusión, aseguró que una vez que su amo le otorgó la libertad en Angostura tomó el apellido de su padrino de bautismo, quien era un hombre libre, para así despojarse del apellido impuesto en servidumbre. De igual manera afirmó que pudo contar con más testimonios de sus reconocidos servicios en la marina, pero como él mismo aseguró

    si mi desvalimiento y miseria no fuera un obstáculo poderoso para ocurrir al Comandante Beluche en Puerto Cabello, al Sr. comandante García en Margarita y a otros jefes en otros puertos importantes antes, pero los tres testimonios producidos son muy respetables y suficientes por manifestar la verdad de mi exposición y la justicia con que reclamo contra la servidumbre en que indebidamente me han constituido por haber ganado mi libertad en la peligrosa carrera de las armas y con servicios prestados a la patria en los días en que le eran muy apreciable útiles y aún necesarios.19

    Conforme con los testimonios brindados por los superiores de José Ambrosio Hernández, el tribunal consideró indiscutible el goce de su libertad, tal y como lo prescribió el decreto de 1816 que ofreció la libertad a los esclavos que tomasen las armas en defensa del gobierno, pero para gozar de forma plena este derecho debió volver a sentar plaza como soldado por el tiempo que determinara la ley hasta que presentara el retiro del ejército que le correspondía por el dilatado tiempo de su militancia. Un año tardó en comprobar sus servicios, y doce días después del fallo favorable a su solicitud, José Ambrosio pidió copia de la sentencia para que le sirviese como carta de libertad, previendo que no volvieran a dudar de su naturaleza de hombre libre y lo redujesen de nuevo injustamente a la condición de esclavo.

    José Ambrosio se involucró en la guerra cinco años después de iniciada, pero esclavos como Joseph Malpica la experimentaron desde el primer día.




    Continúa…

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