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Tema: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

  1. #101
    Avatar de Triaca
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Formas de arruinarse en el siglo XIX:
    . Fracasar en los negocios.
    . Darse al juego.
    . Ejercer la bibliopiratería tras las desamortizaciones eclesiásticas de Mendizábal y Madoz.
    "Solo Dios sabe hacer de los venenos remedio".
    Francisco de Quevedo

  2. #102
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    En España no hay "odio" contra Bolívar, al contrario, hay estatuas de este tirano impresentable a tutiplén financiadas con el dinero de todos. Pero vd. sigue con lo mismo. Aparte, vd. no ha leído las aportaciones de este hilo.

    Por su lógica, dígame entonces por qué tantos venezolanos en particular (Y en especial "de color") e hispanoamericanos en general lucharon a muerte contra Bolívar (Reconocido por los propios bolivarianos) si tan bueno era. Aún no he encontrado un sólo argumento coherente en defensa de este mantuano. Pero es normal, a vd., como a tantos otros bolivarianos, la Historia no les sirve, sino supuestos "razonamientos" que no son más que analfabetos fanatismos ideológicos, los mismos que se dan acá.

    A sus absurdas e infantiles cuestiones, es fácil la respuesta: Bolívar, como Nariño y tantos otros oligarcas criollos, querían el poder absoluto para ellos, cuando prácticamente tenían buena parte de él. En este contexto, Miranda y Nariño están acreditados como ladrones de las arcas públicas. Por sus frutos los conoceremos... Si quiere, puedo hablar otra vez del robo de Bolívar del tesoro de Celestino Mutis, de cómo cobardemente tras su fracaso entregó a Miranda, de cómo se ofreció para combatir a Napoleón en la Península, de cómo no respetó las Capitulaciones y entró a saco en el actual Ecuador, O DE CÓMO LOS INDÍGENAS FUERON LOS MÁS ENEMIGOS DE BOLÍVAR, RECONOCIDO POR ÉL MISMO Y POR EL GENERAL JOAQUÍN POSADA GUTIÉRREZ, REITERO.... Pero por lo que veo, vd. no ha leído ningún dato de este interesante hilo. Y es que dice que esto es un foro.. Eso mismo, un foro, y no un mensaje de móvil o celular. El foro merece respeto y nuestra lengua también, mal que le pese.




    P.D.: La Revolución siempre acaba devorando a sus hijos, y el mismo Bolívar lo reconoció en su testamento. Murió solo y peleado de todos, fracasando en su dictadura, pero no pagó los muchos crímenes que cometió, y no sólo contra peninsulares e isleños que condenó al exterminio, sino contra muchos americanos, reitero. Aunque bueno, ya se sabe que, pase lo que pase, Roma no paga traidores.
    Última edición por Ordóñez; 13/04/2011 a las 13:06

  3. #103
    Avatar de txapius
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Cita Iniciado por edgarA Ver mensaje
    .... porque de verdad dudo mucho que nuestras antiguas tribus indigenas conocieran algo sobre lo que es robar, asesinar, saquear, violar, etc... ...
    Ya.
    sacrificios_humanos_mayas_782.jpg

  4. #104
    cacheroso está desconectado Miembro novel
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Editado: esto es un foro serio, si no tienes nada interesante que contar, no escribas.
    Última edición por Donoso; 22/09/2011 a las 11:17

  5. #105
    Avatar de Ordóñez
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Una sangrienta Navidad en Pasto a manos del ‘Abel’ americano. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    Una sangrienta Navidad en Pasto a manos del ‘Abel’ americano. diciembre 23, 2011, 2:13 pm
    Archivado en: historia | Etiquetas: Antonio José de Sucre, Espantoso genocidio en Pasto, Genocidio, Genocidio Pasto, Guerra de independencia, independencia, Isidoro Medina Patiño, José María Obando, Libertador, Natividad, Navidad, Navidad negra, Navidad Pasto, Pasto, San Juan de Pasto, Simón Bolívar, Sucre, Una sangrienta Navidad
    Conversando hace un tiempo con un académico colombiano (miembro de la Academia Nariñense de Historia y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia del Ecuador) me decía que a Sucre por este salvaje episodio más se lo debería conocer como el Caín de América, antes que el ‘Abel’ como el romanticismo mitológico lo ha llamado: ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO[1]

    La Navidad negra.-Diciembre de 1822

    Fuente de la imagen: Amnesia: Pastusos asesinados por Simón Bolivar

    El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes: Lamentablemente siempre la historia de Colombia ha estado ligada a la violencia. Ese es un hecho irrefutable que se vive hasta nuestros días, donde como todos sabemos guerrilla, paramilitares y otros grupos al margen de la ley, son causa de muerte, destrucción y secuestros. Cómo olvidar la época de la violencia de la década del 50 del siglo pasado en nuestro país, cuando los enfrentamientos bipartidistas entre liberales y conservadores, dieron lugar a que los campos colombianos se bañaran en sangre de miles de personas, en una masacre que parecía no tener fin. Bandoleros, como se les conocía en esa época, de estremecedores apodos como “Sangrenegra”, “Desquite” y otros, fueron responsables de matanzas que, aún transcurrido más de medio siglo, no se olvidan por su barbarie y crueldad extremas. Palabras como el “corte de franela” que no era más que un infame degollamiento de las víctimas, o el “corte de corbata”, donde a los asesinados se les sacaba la lengua por el cuello cortado, aun causan terror. Fue una violencia aterradora, espantosa, descrita en muchas publicaciones como el famoso “Viento Seco” de Daniel Caicedo” o el “Libro Negro de la Violencia en Colombia”, con sus fotografías de pesadilla en las que se muestran muertos degollados o despedazados a machete, en piadoso blanco y negro, puesto que en esos años, la fotografía a color apenas daba sus primeros pasos en nuestro medio. Se trata de una violencia salvaje que en los últimos años se ha repetido en nuestro país con las acciones que han tenido como marco el enfrentamiento entre la guerrilla y los grupos de autodefensas. Personas despedazadas vivas mediante la utilización de sierras o lanzadas como alimento para caimanes y aves, hacen parte de las confesiones de numerosos integrantes de las llamadas autodefensas, que de esta manera no sólo revivieron los tenebrosos años del bandolerismo, sino que los superaron en maldad y exceso. Pero estoy seguro que, a pesar de las crueldades sin cuento que se han vivido en esas nefastas épocas de la historia de Colombia, nada en el futuro podrá superar la premeditada barbarie que sufrió todo un pueblo situado en la ciudad y comarca de Pasto en diciembre de 1822 en plena guerra de la Independencia. Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a los soldados a su mando el perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto. Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos. Horas de horror Trasladémonos en las líneas siguientes al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que vienen nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se espera su llegada en cualquier momento. La mayoría de los hombres, informados de la gran superioridad de los enemigos que se acercan y no adictos a la causa realista que suscitaran entonces el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación. A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto: ¡Ya están aquí, ya están aquí! Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo. Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla seguramente serán hechos prisioneros o muertos. Santiago, el primer derrotado Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda! Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la pocaresistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada. Dice, a manera de curiosidad, el ilustre historiador Alberto Montezuma Hurtado en su obra “Nariño Tierra y Espíritu”, que no es explicable cómo en aquellas horas aciagas, los pastusos no se hubieran acordado de su patrona, la Virgen de las Mercedes, quien seguramente habría desempeñado un mejor papel en la defensa de la ciudad, como ya lo ha demostrado en otras situaciones en la que Pasto ha estado expuesta a toda clase de peligros. ¡Pesadilla! Los episodios que siguen a continuación son infernales. A pocos metros de la iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño. Un homicidio espantoso En la catedral de ese año de 1822, hoy iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas realistas, lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. ¡Tome usted a mi hija! Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara. ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad. Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos. De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre: “No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…” Increíbles bacanales Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los del “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses. Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres. Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana. Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes. Destrucción cultural Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”. Tesoros escondidos De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que hoy, 187 años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro. Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie. Por Isidoro Medina Patiño Un enlace relacionado: Pastusos asesinados por Simón Bolivar

    [1] Extraído de Medina Patiño, Isidoro, Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.
    Erasmus, El Tercio de Lima y sjl dieron el Víctor.

  6. #106
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Una sangrienta Navidad en Pasto a manos del ‘Abel’ americano. « coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño


    Una sangrienta Navidad en Pasto a manos del ‘Abel’ americano. diciembre 23, 2011, 2:13 pm
    Archivado en: historia | Etiquetas: Antonio José de Sucre, Espantoso genocidio en Pasto, Genocidio, Genocidio Pasto, Guerra de independencia, independencia, Isidoro Medina Patiño, José María Obando, Libertador, Natividad, Navidad, Navidad negra, Navidad Pasto, Pasto, San Juan de Pasto, Simón Bolívar, Sucre, Una sangrienta Navidad
    Conversando hace un tiempo con un académico colombiano (miembro de la Academia Nariñense de Historia y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia del Ecuador) me decía que a Sucre por este salvaje episodio más se lo debería conocer como el Caín de América, antes que el ‘Abel’ como el romanticismo mitológico lo ha llamado: ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO[1]

    La Navidad negra.-Diciembre de 1822

    Fuente de la imagen: Amnesia: Pastusos asesinados por Simón Bolivar

    El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes: Lamentablemente siempre la historia de Colombia ha estado ligada a la violencia. Ese es un hecho irrefutable que se vive hasta nuestros días, donde como todos sabemos guerrilla, paramilitares y otros grupos al margen de la ley, son causa de muerte, destrucción y secuestros. Cómo olvidar la época de la violencia de la década del 50 del siglo pasado en nuestro país, cuando los enfrentamientos bipartidistas entre liberales y conservadores, dieron lugar a que los campos colombianos se bañaran en sangre de miles de personas, en una masacre que parecía no tener fin. Bandoleros, como se les conocía en esa época, de estremecedores apodos como “Sangrenegra”, “Desquite” y otros, fueron responsables de matanzas que, aún transcurrido más de medio siglo, no se olvidan por su barbarie y crueldad extremas. Palabras como el “corte de franela” que no era más que un infame degollamiento de las víctimas, o el “corte de corbata”, donde a los asesinados se les sacaba la lengua por el cuello cortado, aun causan terror. Fue una violencia aterradora, espantosa, descrita en muchas publicaciones como el famoso “Viento Seco” de Daniel Caicedo” o el “Libro Negro de la Violencia en Colombia”, con sus fotografías de pesadilla en las que se muestran muertos degollados o despedazados a machete, en piadoso blanco y negro, puesto que en esos años, la fotografía a color apenas daba sus primeros pasos en nuestro medio. Se trata de una violencia salvaje que en los últimos años se ha repetido en nuestro país con las acciones que han tenido como marco el enfrentamiento entre la guerrilla y los grupos de autodefensas. Personas despedazadas vivas mediante la utilización de sierras o lanzadas como alimento para caimanes y aves, hacen parte de las confesiones de numerosos integrantes de las llamadas autodefensas, que de esta manera no sólo revivieron los tenebrosos años del bandolerismo, sino que los superaron en maldad y exceso. Pero estoy seguro que, a pesar de las crueldades sin cuento que se han vivido en esas nefastas épocas de la historia de Colombia, nada en el futuro podrá superar la premeditada barbarie que sufrió todo un pueblo situado en la ciudad y comarca de Pasto en diciembre de 1822 en plena guerra de la Independencia. Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a los soldados a su mando el perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto. Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos. Horas de horror Trasladémonos en las líneas siguientes al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que vienen nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se espera su llegada en cualquier momento. La mayoría de los hombres, informados de la gran superioridad de los enemigos que se acercan y no adictos a la causa realista que suscitaran entonces el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación. A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto: ¡Ya están aquí, ya están aquí! Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo. Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla seguramente serán hechos prisioneros o muertos. Santiago, el primer derrotado Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda! Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la pocaresistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada. Dice, a manera de curiosidad, el ilustre historiador Alberto Montezuma Hurtado en su obra “Nariño Tierra y Espíritu”, que no es explicable cómo en aquellas horas aciagas, los pastusos no se hubieran acordado de su patrona, la Virgen de las Mercedes, quien seguramente habría desempeñado un mejor papel en la defensa de la ciudad, como ya lo ha demostrado en otras situaciones en la que Pasto ha estado expuesta a toda clase de peligros. ¡Pesadilla! Los episodios que siguen a continuación son infernales. A pocos metros de la iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño. Un homicidio espantoso En la catedral de ese año de 1822, hoy iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas realistas, lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. ¡Tome usted a mi hija! Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara. ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad. Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos. De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre: “No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…” Increíbles bacanales Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los del “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses. Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres. Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana. Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes. Destrucción cultural Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”. Tesoros escondidos De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que hoy, 187 años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro. Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie. Por Isidoro Medina Patiño Un enlace relacionado: Pastusos asesinados por Simón Bolivar

    [1] Extraído de Medina Patiño, Isidoro, Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

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    BOLÍVAR Y PONTE

    (1858)

    BOLÍVAR Y PONTE, Simón, el "Libertador" de Colombia, nació el 24 de julio de 1783 en Caracas y murió en San Pedro, cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Descendía de una de las familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la nobleza criolla en Venezuela. Con arreglo a la costumbre de los americanos acaudalados de la época, se le envió Europa a la temprana edad de 14 años. De España pasó Francia y residió por espacio de algunos años en París. En 1802 se casó en Madrid y regresó a Venezuela, donde su esposa falleció repentinamente de fiebre amarilla. Luego de este suceso se trasladó por segunda vez a Europa y asistió en 1804 a la coronación de Napoleón como empe rador, hallándose presente, asimismo, cuando Bonaparte se ciñó la corona de hierro de Lombardía. En 1809 volvió a su patria y, pese a las instancias de su primo José Félix Ribas, rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 1810. Pero, con posterioridad a ese acontecimiento, aceptó la misión de ir a Londres para comprar armas y gestionar la protección del gobierno británico. El marqués de Wellesley, a la sazón ministro de relaciones exteriores, en apariencia le dio buena acogida. pero Bolívar no obtuvo más que la autorización de exportar armas abonándolas al contado y pagando fuertes derechos. A su regreso de Londres se retiró a la vida privada, nuevarnente, hasta que en setiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en jefe de las fuerzas rectas de mar y tierra, lo persuadió de que aceptara el rango de teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela.Cuando los prisioneros de guerra españoles, que Miranda enviaba regularmente a Puerto Cabello para mantenerlos encerrados en la ciudadela, lograron atacar por sorpresa la guardia y la dominaron, apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de sus oficiales, sin poner al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo. Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante, abandonó en buen orden la plaza, a la que ocupade inmediato los españoles al mando de Monteverde. Este acontecimiento inclinó la balanza a favor de España y forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, que sometió nuevamente a Venezuela al dominio español. El 30 de julio llegó Miranda a La Guaira, con la intención embarcarse en una nave inglesa. Mientras visitaba al coronel Manuel María Casas, comandante de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que se contaban don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se quedara, por lo menos úna noche, en la residencia de Casas. A las dos de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: "Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con laentrega de Miranda".Se autorizó así a Bolívar a que se embarcara con destino a Curazao, donde permaneció seis semanas. En cornpañía de su primo Ribas se trasladó luego a la pequeña república de Cartagena. Ya antes de su arribo habían huido a Cartagena gran cantidad de soldados, ex combatientes a las órdenes del general Miranda. Ribas les propuso emprender una expedición contra los españoles en Venezuela y reconocer a Bolívar como comandante en jefe. La primera propuesta recibió una acogida entusiasta; la segunda fue resistida, aunque finalmente accedieron, a condición de que Ribas fuera el lugarteniente de Bolívar. Manuel Rodríguez Torices, el presidente de la república de Cartagena, agregó a los 300 soldados así reclutados para Bolívar otros 500 hombres al mando de su primo Manuel Castillo. La expedición partió a comienzos de enero de 1813. Habiéndose producido rozamientos entre Bolívar y Castillo respecto a quién tenía el mando supremo, el segundo se retiró súbitamente con sus granaderos. Bolívar, por su parte, propuso seguir el ejemplo de Castillo y regresar a Cartagena, pero al final Ribas pudo persuadirlo de que al menos prosiguiera en su ruta hasta Bogotá, en donde a la sazón tenía su sede el Congreso de Nueva Granada. Fueron allí muy bien acogidos, se les apoyó de mil maneras y el congreso los ascendió al rango de generales. Luego de dividir su pequeño ejército en dos columnas, marcharon por distintos caminos hacia Caracas. Cuanto más avanzaban, tanto más refuerzos recibían; los crueles excesos de los españoles hacían las veces, en todas partes, de reclutadores para el ejército independentista. La capacidad de resistencia de los españoles estaba quebrantada, de un lado porque las tres cuartas partes de su ejército se componían de nativos, que en cada encuentro se pasaban al enemigo; del otro debido a la cobardía de generales tales como Tízcar, Cajigal y Fierro, que a la menor oportunidad abandonaban a sus propias tropas. De tal suerte ocurrió que Santiago Mariño, un joven sin formación, logró expulsar de las provincias de Cumaná y Barcelona a los españoles, al mismo tiempo que Bolívar ganaba terreno en las provincias occidentales. La única sistencia seria la opusieron los españoles a la columna de Ribas, quien no obstante derrotó al general Monteverde en Los Taguanes y lo obligó a encerrarse en Puerto Cabello el resto de sus tropas.Cuando el gobernador de Caracas, general Fierro, tuvo noticias de que se acercaba Bolívar, le envió parlamentarios para ofrecerle una capitulación, la que se firmó en La Victoria. Pero Fierro, invadido por un pánico repentino y sin aguardar el regreso de sus propios emisarios, huyó secretamente por la noche y dejó a más de 1.500 españoles librados a la merced del enemigo. A Bolívar se le tributó entonces una entrada apoteótica. De pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la man, fue llevado en una media hora desde la entrada la ciudad hasta su residencia. Se proclamó "Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela" --Mariño había adoptado el título de "Dictador de las Provincias Orientales"--, creó la "Orden del Libertador", formó un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte. Pero, como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos para reorganizarlas. De este modo el novel entusiasmo popular se transformó en descontento, y las dispersas fuerzas del enemigo dispusieron de tiempo para rehacerse. Mientras que a comienzos de agosto de 1813 Monteverde estaba encerrado en la fortalede Puerto Cabello y al ejército español sólo le quedaba una angosta faja de tierra en el noroeste de Venezuela, apenas tres meses después el Libertador había perdido su prestigio y Caracas se hallaba amenazada por la súbita aparición en sus cercanías de los españoles victoriosos, al mando de Boves. Para fortalecer su poder tambaleante Bolívar reunió, el 1de enero de 1814, una junta constituida por los vecinos caraqueños más influyentes y les manifestó que no deseaba soportar más tiempo el fardo de la dictadura. Hurtado de Mendoza, por su parte, fundamentó en un prolongado discurso "la necesidad de que el poder supremo se mantuviese en las manos del general Bolívar hasta que el Congreso de Nueva Granada pudiera reunirse y Venezuela unificarse bajo un solo gobierno". Se aprobó esta propuesta y, de tal modo, la dictadura recibió una sanción legal.Durante algún tiempo se prosiguió la guerra contra los españoles, bajo la forma de escaramuzas, sin que ninguno de los contrincantes obtuviera ventajas decisivas. En junio de 1814 Boves, tras concentrar sus tropas, marchó de Calabozo hasta La Puerta, donde los dos dictadores, Bolívar y Mariño, habían combinado sus fuerzas. Boves las encontró allí y ordenó a sus unidades que las atacaran sin dilación. Tras una breve resistencia, Bolívar huyó a Caracas, mientras que Mariño se escabullía hacia Cumaná. Puerto Cabello y Valencia cayeron en las manos de Boves, que destacó dos columnas (una de ellas al mando del coronel González) rumbo a Caracas, por distintas rutas. Ribas intentó en vano contener el avance de González. Luego de la rendición de Caracas a este jefe, Bolívar evacuó a La Guaira, ordenó a los barcos surtos en el puerto que zarparan para Cumaná y se retiró con el resto de sus tropas hacia Barcelona. Tras la derrota que Boves infligió a los insurrectos en Arguita, el 8 de agosto de 1814, Bolívar abandonó furtivamente a sus tropas, esa misma noche, para dirigirse apresuradamente y por atajos hacia Cumaná, donde pese a las airadas protestas de Ribas se embarcó de inmediato en el "Bianchi", junto con Mariño y otros oficiales. Si Ribas, Páez y los demás generales hubieran seguido a los dictadores en su fuga, todo se habría perdido. Tratados como desertores a su arribo a Juan Griego, isla Margarita, por el general Arismendi, quien les exigió que partieran, levaron anclas nuevamente hacia Carúpano, donde, habiéndolos recibido de manera análoga el coronel Bermúdez, se hicieron a la mar rumbo a Cartagena. Allí a fin de cohonestar su huida, publicaron una memoria de justificación, henchida de frases altisonantes.Habiéndose sumado Bolívar a una conspiración para derrocar al gobierno de Cartagena, tuvo que abandonar esa pequeña república y seguir viaje hacia Tunja, donde etaba reunido el Congreso de la República Federal de Nueva Granada. La provincia de Cundinamarca, en ese entonces, estaba a la cabeza de las provincias independientes que se negaban a suscribir el acuerdo federal neogranadino, mientras que Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias todavía se hallaban en manos de los españoles. Bolívar, que llegó el 22 de noviembre de 1814 a Tunja, designado por el congreso comandante en jefe de las fuerzas armadas federales y recibió la doble misión de obligar al presidente de la provincia de Cundinamarca a reconociera la autoridad del congreso y de marchar luego sobre Santa Marta, el único puerto de mar fortificado granadino aún en manos de los españoles. No presentó dificultades el cumplimiento del primer cometido, puesto que Bogotá, la capital de la provincia desafecta, carecía de fortificaciones. Aunque la ciudad había capitulado, Bolívar permitió a sus soldados que durante 48 horas la saquearan. En Santa Marta el general español Montalvo, disponía tan sólo de una débil guarnición de 200 hombres y de una plaza fuerte en pésimas condiciones defensivas, tenía apalabrado ya un barco francés para asegurar su propia huida; los vecinos, por su parte, enviaron un mensaje a Bolívar participándole que, no bien apareciera, abrirían las puertas de la ciudad y expulsarían a la guarnición. Pero en vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como se lo había ordenado el congreso, Bolívar se dejó arrastrar por su encono contra Castillo, el comandante de Cartagena, y actuando por su propia cuenta condujo sus tropas contra esta última ciudad, parte integral de la República Federal. Rechazado, acampó en Popa, un cerro situado aproximadamente a tiro de cañon de Cartagena. Por toda batería emplazó un pequeño cañón, contra una fortaleza artillada con unas 80 piezas. Pasó luego del asedio al bloqueo, que duró hasta comienzos de mayo, sin más resultado que la disminución de sus efectivos, por deserción o enfermedad, de 2.400 a 700 hombres. En el ínterin una gran expedición española comandada por el general Morillo y procedente de Cádiz había arribado a la isla Margarita, el 25 de marzo de 1815. Morillo destacó de inmediato poderosos refuerzos a Santa Marta y poco después sus fuerzas se adueñaron de Cartagena. Previamente, empero, el 10 de mayo 1815, Bolívar se había embarcado con una docena de oficiales en un bergantín artillado, de bandera británica, rumbo a Jamaica. Una vez llegado a este punto de refugio publicó una nueva proclama, en la que se presentaba como la víctima de alguna facción o enemigo secreto y defendía su fuga ante los españoles como si se tratara una renuncia al mando, efectuada en aras de la paz pública.Durante su estada de ocho meses en Kingston, los genrales que había dejado en Venezuela y el general Arismendi en la isla Margarita presentaron una tenaz resistencia las armas españolas. Pero después que Ribas, a quién Bolívar debía su renombre, cayera fusilado por los españoles tras la toma de Maturín, ocupó su lugar un hombre de condiciones militares aun más relevantes. No pudiendo desempeñar, por su calidad de extranjero, un papel autónomo en la revolución sudamericana, este hombre decidió entrar al servicio de Bolívar. Se trataba de Luis Brion. Para prestar auxilios a los revolucionarios se había hecho a la mar en Londres, rumbo a Cartagena, con una corbeta de 24 cañones, equipada en gran parte a sus propias expensas y cargada con 14.000 fusiles y una gran cantidad de otros pertrechos. Habiendo llegado demasiado tarde y no pudiendo ser útil a los rebeldes, puso proa hacia Cayos, en Haití, adonde muchos emigrados patriotas habían huido tras la capitulación de Cartagena. Entretanto Bolívar se había trasladado también a Puerto Príncipe donde, a cambio de su promesa de liberar a los esclavos, el presidente haitiano Pétion le ofreció un cuantioso apoyo material para una nueva expedición contra los españoles de Venezuela. En Los Cayos se encontró con Brion y los otros emigrados y en una junta general se propuso a sí mismo como jefe de la nueva expedición, bajo la condición de que, hasta la convocatoria de un cóngreso general, él reuniría en sus manos los poderes civil y militar. Habiendo aceptado la mayoría esa condición, los expedicionarios se hicieron a la mar el 16 de abril de 1816 con Bolívar como comandante y Brion en calidad de almirante. En Margarita, Bolívar logró ganar para su causa a Arismendi, el comandante de la isla, quien había rechazado a los españoles a tal punto que a éstos sólo les restaba un único punto de apoyo, Pampatar. Con la formal promesa de Bolívar de convocar un congreso nacional en Venezuela no bien se hubiera hecho dueño del país, Arismendi hizo reunir una junta en la catedral de Villa del Norte y proclamó públicamente a Bolívar jefe supremo de las repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de mayo de 1816 desembarcó Bolívar en Carúpano, pero no se atrevió a impedir que Mariño y Piar se apartaran de él y efectuaran, por su propia cuenta, una campaña contra Cumaná. Debilitado por esta separación y siguiendo los consejos de Brion se hizo a la vela rumbo a Ocumare [de la Costa], adonde arribó el 3 de julio de 1816 con 13 barcos, de los cuales sólo 7 estaban artillados. Su ejército se componía tan sólo de 650 hombres, que aumentaron a 800 por el reclutamiento de negros, cuya liberación había proclamado. En Ocumare difundió un nuevo manifiesto, en el que prometía "exterminar a los tiranos" y "convocar al pueblo para que designe sus diputados al congreso. Al avanzar en dirección a Valencia, se topó, no lejos de Ocumare, con el general español Morales, a la cabeza de unos 200 soldados y 100 milicianos. Cuando los cazadores de Morales dispersaron la vanguardia de Bolívar, éste, según un testigo ocular, perdió "toda presencia de ánimo y sin pronunciar palabra, en un santiamén volvió grupas y huyó a rienda suelta hacia Ocumare, atravesó el pueblo a toda carrera, llegó a la bahía cercana, saltó del caballo, se introdujo en un bote y subió a bordo del « Diana», dando orden a toda la escuadra de que lo siguiera a la pequeña isla de Bonaire y dejando a todos sus compañeros privados del menor auxilio". Los reproches y exhortaciones de Brion lo indujeron a reunirse a los demás jefes en la costa de Cumaná; no obstante, como lo recibieron inamistosamente y Piar lo amenazó con someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía, sin tardanza volvió a partir rumbo a Los Cayos. Tras meses y meses de esfuerzos, Brion logró finalmente persuadir a la mayoría de los jefes militares venezolanos -que sentían la necesidad de que hubiera un centro, aunque simplemente fuese nominal- de que llamaran una vez más a Bolívar como comandante en jefe, bajo la condición expresa de que convocaría al congreso y no se inmiscuiría en la administración civil. El 31 de diciembre de 1816 Bolívar arribó a Barcelona con las armas, municiones y pertrechos proporcionados por Pétion. El 2 de enero de 1817 se le sumó Arismendi, y el día 4 Bolívar proclamó la ley marcial y anunció que todos los poderes estaban en sus manos. Pero 5 días después Arismendi sufrió un descalabro en una emboscada que le tendieran los españoles, y el dictador huyó a Barcelona. Las tropas se concentraron nuevamente en esa localidad, adonde Brion le envió tanto armas como nuevos refuerzos, de tal suerte que pronto Bolívar dispuso de una nueva fuerza de 1.100 hombres. El 5 de abril los españoles tomaron la ciudad de Barcelona, y las tropas de los patriotas se replegaron hacia la Casa de la Misericordia, un edificio sito en las afueras. Por orden de Bolívar se cavaron algunas trincheras, pero de manera inapropiada para defender contra un ataque serio una guarnición de 1.000 hombres. Bolívar abandonó la posición en la noche del 5 de abril, tras comunicar al coronel Freites, en quien delegó el mando, que buscaría tropas de refresco y volvería a la brevedad. Freites rechazó un ofrecimiento de capitulación, confiado en la promesa, y después del asalto fue degollado por los españoles, al igual que toda la guarnición.Piar, un hombre de color, originario de Curazao, concibió y puso en práctica la conquista de la Guayana, a cuyo efecto el almirante Brion lo apoyó con sus cañoneras. El 20 de julio, ya liberado de los españoles todo el territorio, Piar, Brion, Zea, Mariño, Arismendi y otros convocaron en Angostura un congreso de las provincias y pusieron al frente del Ejecutivo un triunvirato; Brion, que detestaba a Piar y se interesaba profundamente por Bolívar, ya que en el éxito del mismo había puesto en juego su gran fortuna personal, logró que se designase al último como miembro del triunvirato, pese a que no se hallaba presente. Al enterarse de ello Bolívar, abandonó su refugio y se presentó en Angostura, donde, alentado por Brion, disolvió el congreso y el triunvirato y los remplazó por un "Consejo Supremo de la Nación", del que se nombró jefe, mientras que Brion y Francisco Antonio Zea quedaron al frente, el primero de la sección militar y el segundo de la sección política. Sin embargo Piar, el conquistador de Guayana, que otrora había amenazado con someter a Bolívar ante un consejo de guerra por deserción, no escatimaba sarcasmos contra el "Napoleón de las retiradas", y Bolívar aprobó por ello un plan para eliminarlo. Bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, Piar fue llevado ante un consejo de guerra presidido por Brion y, condenado a muerte, se le fusiló el 16 de octubre de 1817. Su muerte llenó a Mariño de pavor. Plenamente consciente de su propia insignificancia al hallarse privado del concurso de Piar, Mariño, en una carta abyectísima, calumnió públicamente a su amigo victimado, se dolió de su propia rivalidad con el Libertador y apeló a la inagotable magnanimidad de Bolívar.La conquista de la Guayana por Piar había dado un vuelco total a la situación, en favor de los patriotas, pues esta provincia sola les proporcionaba más recursos que las otras siete provincias venezolanas juntas. De ahí que todo el mundo confiara en que la nueva campaña anunciada por Bolívar en una flamante proclama conduciría a la expulsión définitiva de los españoles. Ese primer boletín, según el cual unas pequeñas partidas españolas que forrajeaban al retirarse de Calabozo eran "ejércitos que huían ante núestras tropas victoriosas", no tenía por objetivo disipar tales esperanzas. Para hacer frente a 4.000 españoles, que Morillo aún no había podido concentrar, disponía Bolívar de más de 9.000 hombres, bien armados y equipados, abundantemente provistos con todo lo necesario para la guerra. No obstante, a fines de mayo de 1818 Bolívar había perdido unas doce batallas y todas las provincias situadas al norte del Orinoco. Como dispersaba sus fuerzas, numéricamente superiores, éstas siempre eran batidas por separado. Bolívar dejó la dirección de la guerra en manos de Páez y sus demás subordinados y se retiró a Angostura. A una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total. En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas. En Angostura Bolívar encontró a Santander, natural de Nueva Granada, quien le solicitó elementos para una invasión a ese territorio, ya que la población local estaba pronta para alzarse en masa contra los españoles. Bolívar satisfizo hasta cierto punto esa petición. En el ínterin, llegó de Inglaterra una fuerte ayuda bajo la forma de hombres, buques y municiones, y oficiales ingleses, franceses, alemanes y polacos afluyeron de todas partes a Angostura. Finalmente, el doctor [Juan] Germán Roscio, consternado por la estrella declinante de la revolución sudamericana, hizo su entrada en escena, logró el valimiento de Bolívar y lo indujo a convocar, para el 15 de febrero de 1819, un congreso nacional, cuya sola mención demostró ser suficientemente poderosa para poner en pie un nuevo ejército de aproxi madamente 14.000 hombres, con lo cual Bolívar pudo pasar nuevamente a la ofensiva.Los oficiales extranjeros le aconsejaron diera a entender que proyectaba un ataque contra Caracas para liberar a Venezuela del yugo español, induciendo así a Morillo a retirar sus fuerzas de Nueva Granada y concentrarlas para la defensa de aquel país, tras lo cual Bolívar debía volverse súbitamente hacia el oeste, unirse a las guerrillas de Santander y marchar sobre Bogotá. Para ejecutar ese plan, Bolívar salió el 24 de febrero de 1819 de Angostura, después de designar a Zea presidente del congreso y vicepresidente de la república durante su ausencia. Gracias a las maniobras de Páez, los revolucionarios batieron a Morillo y La Torre en Achaguas, y los habrían aniquilado completamente si Bolívar hubiese sumado sus tropas a las de Páez y Mariño. De todos modos, las victorias de Páez dieron por resultado la ocupación de la provincia de Barinas, quedando expedita así la ruta hacia Nueva Granada. Como aquí todo estaba preparado por Santander, las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada merced a las victorias sucesivas alcanzadas el 1 y 23 de julio y el 7 de agosto en la provincia de Tunja. El 12 de agosto Bolívar entró triunfalmente a Bogotá, mientras que los españoles, contra los cuales se habían sublevado todas las provincias de Nueva Granada, se atrincheraban en la ciudad fortificada de Mompós.Luego de dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe Bolívar marchó hacia Pamplona, donde paso mas de dos meses en festejos y saraos. El 3 de noviembre llego a Mantecal, Venezuela, punto que había fijado a los jefes patriotas para que se le reunieran con sus tropas Con un tesoro de unos 2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados, Bolívar debía hacer frente a un enemigo privado de toda clase de recursos, cuyos efectivos se reducían a 4.500 hombres, las dos terceras partes de los cuales, además, eran nativos y mal podían, por ende, inspirar confianza a los españoles. Habiéndose retirado Morillo de San Fernando de Apure en dirección a San Carlos, Bolívar lo persiguió hasta Calabozo, de modo que ambos estados mayores, enemigos se encontraban apenas a dos días de marcha el uno del otro. Si Bolívar hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían bastado para aniquilar a los españoles. Pero prefirió prolongar la guerra cinco años más.En octubre de 1819 el congreso de Angostura había forzado a renunciar a Zea, designado por Bolívar, y elegido en su lugar a Arismendi. No bien recibió esta noticia, Bolívar marchó con su legión extranjera sobre Angostura, tomó desprevenido a Arismendi, cuya fuerza se reducia a 600 nativos, lo deportó a la isla Margarita e invistió nuevamente a Zea en su cargo y dignidades. El doctor Roscio, que había fascinado a Bolívar con las perspectivas de un poder central, lo persuadió de que proclamara a Nueva Granada y Venezuela como "República de Colombia", promulgase una constitución para el nuevo estado --redactada por Roscio-- y permitiera la instalación de un congreso común para ambos países. El 20 de enero de 1820 Bolívar se encontraba de regreso en San Fernando de Apure. El súbito retiro de su legión extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de colombianos, brindó a Morillo una nueva oportunidad de concentrar refuerzos. Por otra parte, la noticia de que una poderosa expedición a las órdenes de O'Donnell estaba a punto de partir de la Península, levantó los decaídos ánimos del partido español. A pesar de que disponía de fuerzas holgadamente superiores, Bolívar se las arregló para no conseguir nada durante la campaña de 1820. Entretanto llegó de Europa la noticia de que la revolución en la isla de León había puesto violento fin a la programada expedición de O'Donnell. En Nueva Granada, 15 de las 22 provincias se habían adherido al gobierno de Colombia, y a los españoles sólo les restaban la fortaleza de Cartagena y el istmo de Panamá. En Venezuela, 6 de las 8 provincias se sometieron a las leyes colombianas. Tal era el estado de cosas cuando Bolívar se dejó seducir por Morillo y entró con él en tratativas que tuvieron por resultado, el 25 de noviembre de 1820, la concertación del convenio de Trujillo, por el que se establecía una tregua de seis meses. En el acuerdo de armisticio no figuraba una sola mención siquiera a la Republica de Colombia, pese a que el congreso había prohibido, a texto expreso, la conclusión de ningún acuerdo con el jefe español si éste no reconocía previamente la independencia de la república.El 17 de diciembre, Morillo, ansioso de desempeñar un papel en España, se embarcó en Puerto Cabello y delegó el mando supremo en Miguel de Latorre; el 10 de marzo de 1821 Bolívar escribió a Latorre participándole que las hostilidades se reiniciarían al término de un plazo de 30 días. Los españoles ocupaban una sólida posición en Carabobo, una aldea situada aproximadamente a mitad de camino entre San Carlos y Valencia; pero en vez de reunir allí todas sus fuerzas, Latorre sólo había concentrado su primera división, 2.500 infantes y unos 1.500 jinetes, mientras que Bolívar disponía aproximadamente de 6.000 infantes, entre ellos la legión británica, integrada por 1.100 hombres, y 3.000 llaneros a caballo bajo el mando de Páez. La posición del enemigo le pareció tan imponente a Bolívar, que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin embargo, rechazaron sus subalternos. A la cabeza de una columna constituida fundamentalmente por la legión británica, Páez, siguiendo un atajo, envolvió el ala derecha del enemigo; ante la airosa ejecución de esa maniobra, Latorre fúe el primero de los españoles en huir a rienda suelta, no deteniéndose hasta llegar a Puerto Cabello, donde se encerró con el resto de sus tropas. Un rápido avance del ejército victorioso hubiera producido, inevitablemente, la rendición de Puerto Cabello, pero Bolívar perdió su tiempo haciéndose homenajear en Valencia y Caracas. El 21 de setiembre de 1821 la gran fortaleza de Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en Venezuela --el combate naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la forzada rendición de Puerto Cabello en julio de 1824-- fueron ambos la obra de Padilla. La revolución en la isla de León, que volvió imposible la partida de la expediúión de O'Donnell, y el concurso de la legión británica, habían volcado, evidentemente, la situación a favor de los colombianos.El Congreso de Colombia inauguró sus sesiones en enero de 1821 en Cúcuta; el 30 de agosto promulgó la nueva constitución y, habiendo amenazado Bolívar una vez mas con renunciar, prorrogó los plenos poderes del Libertador. Una vez que éste hubo firmado la nueva carta constitucional, el congreso lo autorizó a emprender la campaña de Quito (1822), adonde se habían retirado los españoles tras ser desalojados del istmo de Panamá por un levantamiento general de la población. Esta campaña, que finalizó con la incorporación de Quito, Pasto y Guayaquil a Colombia, se efectuó bajo la dirección nominal de Bolívar y el general Sucre, pero los pocos éxitos alcanzados por el cuerpo de ejército se debieron íntegramente a los oficiales británicos, y en particular al coronel Sands. Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Peru --1823-1824-- Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringio sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones. Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria. Pero en Colombia había surgido un serio antagonismo entre los centralistas, o bolivistas, y los federalistas, denominación esta última bajo la cual los enemigos de la anarquía militar se habían asociado a los rivales militares de Bolívar. Cuando el Congreso dé Colombia, a instancias de Bolívar, formuló una acusación contra Páez, vicepresidente de Venezuela, el último respondió con una revuelta abierta, la que contaba secretamente con el apoyo y aliento del propio Bolívar; éste, en efecto, necesitaba sublevaciones como pretexto para abolir la constitución y reimplantar la dictadura. A su regreso del Perú, Bolívar trajo además de su guardia de corps 1.800 soldados peruanos, presuntamente para combatir a los federalistas alzados. Pero al encontrarse con Páez en Puerto Cabello no sólo lo confirmó como máxima autoridad en Venezuela, no sólo proclamó la amnistía para los rebeldes, sino que tomó partido abiertamente por ellos y vituperó a los defensores de la constitución; el decreto del 23 de noviembre de 1826, promulgado en Bogotá, le concedió poderes dictatoriales.En el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logro reunir un congreso en Panamá, con el objeto aparente de aprobar un nuevo código democrático internacional. Llegaron plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba así amplio vuelo a sus sueños de ligar medio mundo a su nombre, el poder efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las tropas colombiams destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos que efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano, desencadenaron una violenta insurrección. Los pruanos eligieron al general Lamar presidente de su república, ayudaron a los bolivianos a expulsar del país las tropas colombianas y emprendieron incluso una victoriosa guerra contra Colombia, finalizada por un tratado que redujo a este país a sus límites primitivos, estableció la igualdad de ambos países y separó las deudas públicas de uno y otro. La Convención de Ocaña, convocada por Bolívar para reformar la constitución de modo que su poder no encontrara trabas, se inauguró el 2 de marzo de 1828 con la lectura de un mensaje cuidadosamente redactado, en el que se realzaba la necesidad de otorgar nuevos poderes al ejecutivo. Habiéndose evidenciado, sin embargo, que el proyecto de reforma constitucional diferiría esencialmente del previsto en un principio, los amigos de Bolívar abandonaron la convención dejándola sin quórum, con lo cual las actividades de la asamblea tocaron a su fin. Bolívar, desde una casa de campo situada a algunas millas de Ocaña, publicó un nuevo manifiesto en el que pretendía estar irritado con los pasos dados por sus partidarios, pero al mismo tiempo atacaba al congreso, exhortaba a las provincias a que adoptaran medidas extraordinarias y se declaraba dispuesto a tomar sobre sí la carga del poder si ésta recaía en sus hombros. Bajo la presión de sus bayonetas, cabildos abiertos reunidos en Caracas, Cartagena y Bogotá, adonde se había trasladado Bolívar, lo invisteron nuevamente con los poderes dictatoriales. Una intentona de asesinarlo en su propio dormitorio en Bogotá, de la cual se salvó sólo porque saltó de un balcón en plena noche y permaneció agazapado bajo un puente, le permitió ejercer durante algún tiempo una especie de terror militar. Bolívar, sin embargo, se guardó de poner la mano sobre Santander, pese a que éste había participado en la conjura, mientras que hizo matar al general Padilla, cuya culpabilidad no había sido demostrada en absoluto, pero que por ser hombre de color no podía ofrecer resu tencia alguna.En 1829, la encarnizada lucha de las facciones desgarra ba a la república y Bolívar, en un nuevo llamado a la ciudadanía, la exhortó a expresar sin cortapisas sus deseos en lo tocante a posibles modificaciones de la constitución. Como respuesta a ese manifiesto, una asamblea de notables reunida en Caracas le reprochó públicamente su ambiciones, puso al descubierto las deficiencias de gobierno, proclamó la separación de Venezuela con respecto a Colombia y colocó al frente de la primera al general Páez. El Senado de Colombia respaldó a Bolivar, pero nuevas insurrecciones estallaron en diversos lugares. Tra haber dimitido por quinta vez, en enero de 1830 Bolívar aceptó de nuevo la presidencia y abandonó a Bogotá para guerrear contra Páez en nombre del congreso colombiano. A fines de marzo de 1830 avanzó a la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado, y se dirigió hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez lo esperaba con 12.000 hombres en una fuerte posición. No bien Bolívar se enteró de que Páez proyectaba combatir seriamente, flaqueó su valor. Por un instante, incluso, pensó someterse a Páez y pronunciarse contra el congreso. Pero decreció el ascendiente de sus partidarios en ese cuerpo y Bolívar se vio obligado a presentar su dimision ya que se le dio a entender que esta vez tendría que atenerse a su palabra y que, a condición de que se retirara al extranjero, se le concedería una pensión anual. El 27 de abril de 1830, por consiguiente, presentó su renuncia ante el congreso. Con la esperanza, sin embargo, de recuperar el poder gracias a la influencia de sus adeptos, y debido a que se había iniciado un movimiento de reacción contra Joaquín. Mosquera, el nuevo presidente de Colombia, Bolívar fue postergando su partida de Bogotá y se las ingenió para prolongar su estada en San Pedro hasta fines de 1830, momento en que falleció repentinamente.Ducoudray-Holstein nos ha dejado de Bolívar el siguiente retrato: "Simón Bolívar mide cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro es enjunto, de mejilla hundidas, y su tez pardusca y lívida; los ojos, ni grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las órbitas; su cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz, particularmente cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado. Su aspecto es el de un hombre de 65 años Al caminar agita incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos le rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila valses con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita. En la adversidad, y cuando está privado de ayuda exterior, resulta completamente exento de pasioness y arranques temperamentales. Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. Oculta magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado en el llamado beau monde, posee un talento casi asiatico para el disimulo y conoce mucho mejor a los hombres que la mayor parte de sus compatriotas."Por un decreto del Congreso de Nueva Granada los restos mortales de Bolívar fueron trasladados en 1842 a Caracas, donde se erigió un monumento a su memoria.Véase: Histoire de Bolivar par Gén. Ducoudray-Holstein, continuée jusqu'á sa mort par Alphonse Viollet (Paris, 1831); Memoirs of Gen. John Miller (in the service of the Republic of Peru; Col. Hippisley's Account of his Journey to the Orinoco (London, 1819).
    Artículo publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia. Escrito en enero de 1858. Apareció en la edición alemana de MEW, t. XIV, pp. 217-231. Digitalizado para MIA-Sección en Español por Juan R. Fajardo, y transcrito a HTML por Juan R. Fajardo, febrero de 1999.

  8. #108
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Posteado en Facebook por el historiador ecuatoriano Francisco Núñez Proaño, gentileza de Carlos Enrique Lasso Cueva:




    ACERCA DEL MITO DE LA INDEPENDENCIA: DICE EL HISTORIADOR ECUATORIANO ALFONSO RUMAZO GONZALEZ EN SU BIOGRAFÍA DE BOLÍVAR:
    EDITORIAL EDIME. PAG: 49:
    "Esta secreta efervescencia hacia la insurreción prende en los criollos poderosos, que amabicionan mayor poder; en las clases dominantes. El pueblo -salvo contadísimas excepciones locales- hállase ausente del anhelo; considera, por anticipado, que le da lo mismo un amo que otro...En varios lugares de América se alcanzará la independencia, a pesar de la mayoría de los americanos de tales regiones".
    Y, EN LA BIOGRAFIA DE SUCRE, PAG 107, DICE ALFONSO RUMAZO:
    "El ejército real, asistido por una brillante juventud nativa del lugar, era más peruano que el ejército libertador, compuesto este, en su mayor parte, de extranjeros...Buscaban la libertad de los peruanos a pesar de los peruanos" (Linda "libertad" la que trajo la independencia, con latifundios consolidados y fortalecidos, y con el viejo régimen de castas intacto: CLC).
    Y EN LA MISMA BIOGRAFIA DE SUCRE, PAG 21, DICE RUMAZO:
    "Pero solo los selectos eran republicanos. Los demás, y el pueblo en inmensos volumen, seguían leales a la monarquía. La convicción de la independencia fue calando en la masa lentamente".
    Y EN LA PAG 224 REFIRIÉNDOSE A OTRO TEMA, LA SEPARACIÓN DE COLOMBIA, RUMAZO COMENTA:
    "El pueblo no actuó en ningún sentido; ni se le informó ni se le tomó en cuenta. El único en oponerse fue el general José María Sáenz".
    Demás está recordar que cuando llegó Bolívar a Quito, apareció esa mañana en un muro esta leyenda: "ULTIMO DIA DE DESPOTISMO Y PRIMERO DE LO MISMO".



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  9. #109
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Bolívar el genocida fue el enemigo público Nº 1 del Perú, nos separo violentamente y a la fuerza de la Corona y de el Reino de España, nos saqueo, asesino y cometió todo tipo atropellos; hoy la historia la verdadera lo baja de ese altar ficticio en el cual lo colocaron los masones, que están presentes en todas partes del gobierno peruano; ya esta cayendo su imagen de libertador en muchos lugares de América, lo tienen como lo que fue, tirano, psicótico y genocida y su imagen de libertador pasa a ser de la de un criminal y traidor.

    Viva España Viva el Perú Español

    Última edición por El Tercio de Lima; 17/05/2012 a las 23:39
    Donoso, Erasmus y sjl dieron el Víctor.

  10. #110
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Aqui les dejo un interesante artículo sobre Bolivar y los peruanos, publicado en el Blog de Hugo, y que, a mi modo de ver, refleja fielmente muchos aspectos de esa relación bastarda:

    (Blog de Hugo » Carta sobre Bolívar y el Perú)

    "Querido Carlos:

    Con relación a la pregunta que me planteas, debo decirte que, definitivamente, la relación que Simón Bolívar tuvo con el Perú ha sido, hasta la fecha, muy idealizada e incluso deformada.

    ¿Cuándo ocurrió esta idealización y esta deformación? Es una buena pregunta. Yo creo que este proceso comenzó desde mediados del siglo XIX, cuando los peruanos cometimos la aberración de poner una estatua ecuestre de Bolívar en lo que ahora es la plaza de nuestro Congreso, al calor del llamado “americanismo”. Continuó con las prédicas populistas latinoamericanas de los años 1930 al 50. Me refiero, por ejemplo, al APRA con su visión de Indoamérica y el supuesto rol de Bolívar como antecedente de la integración. Y, finalmente, culminó con las ideologías izquierdistas latinoamericanas de los años 60 al 80, que leyeron a Bolívar casi como si hubiera sido un revolucionario incomprendido del temprano siglo XIX, tal como lo pinta Gabriel García Márquez en su novela El general en su laberinto.

    En efecto, fue una idealización y una deformación. Porque si uno acude a las fuentes primarias, vale decir, a los periódicos, a las cartas personales y a los documentos oficiales de esos años de la Independencia, queda muy claro que nosotros los peruanos le caíamos terriblemente antipáticos a Bolívar. Tanto como realistas, como bajo ropaje patriota. Esta antipatía se destila con claridad desde los tiempos de la célebre Carta de Jamaica.

    Todo esto, por supuesto, fue complejo y muchas veces no explicitado en los documentos públicos, pero fue real y tuvo raíces concretas.

    La revolución de Independencia en el Norte y en el Sur de la América Meridional fue, en verdad, una revuelta contra el centro realista limeño. Los cerebros de ese centro realista fueron, sin duda, mayormente peninsulares, como el virrey Abascal. Pero el común de la gente eran peruanos (y que se llamaban, a sí mismos, peruanos), vale decir, criollos, mestizos, negros e indios. Sólo una parte de ellos tuvieron sentimientos proclives a la Independencia desde el comienzo del proceso, luego de la invasión francesa de España. El grueso, hasta 1824, tuvo el corazón realista. Y la razón era clara: esta población vivía en el núcleo de la América del Sur que había tenido una relación especial con España durante siglos. Esta población llegó a ver a rioplatenses y chilenos y, posteriormente, a los grancolombianos, como invasores depredadores. Es extraordinario constatar el rencor que rioplatenses como Monteagudo o caraqueños como Bolívar tuvieron, desde el comienzo, contra esta suerte de posición privilegiada que había tenido el Perú durante la mayor parte del dominio hispánico.

    Esto conecta con la que yo he llamado la idea del Perú como "monstruo peligroso”. Desde las goteras de Charcas, desde esa pequeña aldea que era la Buenos Aires autonomista, desde la rústica Chile, desde los llanos de Venezuela, el Perú era visto como un monstruo, como una amenaza. Bolívar tuvo muy clara esta percepción y, de hecho, por eso hizo todo lo posible por crear un hegemón alternativo: la Gran Colombia, que estuvo integrado por las actuales Colombia, Venezuela y Ecuador, con pretensiones sobre Guayaquil y sobre el río Amazonas y su gigantesca área circundante. La Gran Colombia nació así como un contrapeso al supuesto peligro peruano.

    En 1823, Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a sus hermanos peruanos que sufrían las cadenas del absolutismo (idea que él siempre manifestaba de modo grandilocuente y, por supuesto, hipócrita), sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia, que él veía como la niña de sus ojos, su creación, la entidad que estaba erigiendo como un nuevo polo de dominio en América del Sur. Por eso se crea Bolivia, para cortarle las patas al “monstruo” peruano, no tanto por dar rienda suelta a la libre determinación y al anhelo de una patria boliviana en ciernes en la que, es cierto, muchos altoperuanos creían (pues nunca hubo unanimidad para unirse con el Bajo Perú dominado por Lima). Pero volviendo a lo que tenía Bolívar en mente, este apresuramiento en la creación de Bolivia, forzado por un sentimiento bolivariano antiperuano, se expresó, claramente, en lo absurdo que era estimular la consolidación de un estado que tuviera puertos en el desierto de Atacama, tan lejanos de los centros de poder altoperuanos. Hay, en efecto, con el respeto que nos merece hoy una nación ya definitivamente establecida, algo prematuro en la creación de Boliva, cuya salida natural siempre fue el puerto de Arica, poblada por peruanos vinculados a Lima y al Callao desde mucho tiempo atrás. Por cierto, Sucre, lugarteniente de Bolívar y presidente de Bolivia, hizo un intenso lobby para arrebatar Arica al Perú y entregársela a Bolivia. Además, advirtió a su mentor Bolívar en una de sus cartas de 1828: “Si el Perú conquista a Bolivia y la conserva, el Sur de Colombia (o sea, el actual Ecuador) corre mil y mil riesgos”. Tanto era el recelo (y hasta el odio) de Sucre contra el Perú que llegó a incluso a proponer la división de nuestro país, como lo conocemos ahora, en dos estados, como una manera de garantizar la seguridad de Bolivia.

    Por otro lado, Bolívar sabía perfectamente de la existencia de la Real Cédula de 1802 que había devuelto Maynas (el territorio del Oriente peruano) al Virreinato del Perú. Hoy sabemos que él y sus diplomáticos grancolombianos ocultaron deliberadamente esta información a los primeros negociadores peruanos de límites (que no habían hurgado bien en sus archivos), porque Bolívar siempre buscó, de manera autoritaria y prepotente, contra los intereses peruanos, que el río Amazonas fuera la "espalda" de su Gran Colombia.

    Todo, repito, a expensas del Perú. Así, pues, desde la perspectiva de Bolívar, no es descabellado apreciar que, luego de la batalla de Ayacucho, el Perú haya sido visto como un país derrotado que podía ser tratado como botín de guerra, como una especie de Polonia sudamericana.

    Lo anterior, y el franco autoritarismo que exhibió Bolívar luego de la batalla de Ayacucho, explica por qué el presidente peruano La Mar (nacido en Cuenca, en el actual Ecuador), realizó, una vez liberado el Perú del yugo bolivariano, una expedición para recuperar el puerto de Guayaquil, gran parte de cuyos habitantes clamaban entonces por ser peruanos, como lo habían sido antes.

    Si quieres conocer al Bolívar real, a ese que nos odiaba, te recomiendo que leas un librito que se puede encontrar en Google Books. Se llama A sketch of Bolivar in his Camp, escrito por el marino estadounidense Hiram Paulding. Este libro, casi un folleto, relata el encuentro que tuvo con el caraqueño en Huaraz, en 1824, dos meses antes de la batalla de Junín. Allí dice que Bolívar sólo hablaba denuestos contra los peruanos. El relato está incluido en una biografía escrita por la hija del marino. Un ejemplar auténtico de esta joya bibliográfica se encuentra en la Biblioteca Pública de Nueva York.

    Precisamente, por tratar de impedir que un cuerpo peruano de caballería fuera incorporado arbitrariamente a una unidad grancolombiana en plena campaña de Junín, en 1824, el joven militar peruano patriota Ramón Castilla (futuro presidente del Perú) sufrió una injuria: los colombianos mandaron ponerle cepos y casi lo fusilan, pese a estar combatiendo en el mismo bando contra los realistas. Esa humillación nunca fue olvidada por Castilla, símbolo, desde entonces, del naciente patriotismo peruano republicano.

    En fin, querido Carlitos. Espero que estos comentarios hayan sido de tu agrado. Creo que siempre, siempre, hay que luchar contra la aceptación pasiva de los estereotipos, que nos lleva muchas veces a repetir conceptos como cacatúas, sin observar estos falsos conocimientos con el lente de la crítica y de la razón. Además, hoy es bueno releer estas cosas, ya que estamos a las puertas del llamado Bicentenario.

    Te abraza,

    Hugo"
    Erasmus, CLAMOR y El Tercio de Lima dieron el Víctor.
    "Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere" (Francisco Pizarro, en la isla del Gallo).

  11. #111
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Bolívar dixit

    ‎”¡Qué cara nos ha costado esta mierda de independencia!” – Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar.

    “Tres siglos gimió la América bajo esta tiranía, la más dura que ha afligido a la especie humana; tres siglos lloró las funestas riquezas que tanto atractivo tenían para sus opresores”. -Simón Bolívar, 2 de octubre de 1813. “Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes: han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria: por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o de la guerra”. -Simón Bolívar, 6 de mayo de 1814. “Nosotros por mucho tiempo no podemos ser otra cosa que un pueblo agricultor capaz de suministrar las materias más preciosas a los mercados de Europa, el más calculado para fomentar conexiones amigables con el negociante y manufacturero”. -Simón Bolívar, junio de 1814. “Yo deseo continuar sirviendo a mi patria, para el bien general de la humanidad y el aumento del comercio británico”. - Simón Bolívar, 19 de junio de 1815. “¿Quiénes son los autores de esta revolución? ¿No son los blancos, los ricos, los títulos de Castilla y aun los Jefes militares al servicio del Rey?”-Simón Bolívar, 1817. “Yo he vendido aquí (Bolivia) las minas por dos millones y medio de pesos y aún creo sacar mucho más de otros arbitrios, y he indicado al gobierno del Perú que venda en la Inglaterra todas sus minas, todas sus tierras y propiedades y todos los demás arbitrios del gobierno, por su deuda nacional, que no baja de veinte millones… Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país a una colonia militar…”. Simón Bolívar, 21 de octubre de 1825. “Contra la fuerza y la voluntad pública he dado la libertad a este país y como esta gloria es mi fortuna nadie me puede privar de ella”. - Simón Bolívar, 22 de abril de 1828.
    ‎”Hemos perdido todo nuestro tiempo y dañado nuestra obra; hemos acumulado desacierto sobre desacierto y hemos empeorado la condición del pueblo, que deplorará eternamente nuestra inexperiencia” -Simón Bolívar. 1828.
    Al Congreso Constituyente: “¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de todo lo demás”. - Simón Bolívar, 30 de enero de 1830.
    “Créame Ud., nunca he visto con buenos ojos las insurreciones; y últimamente he deplorado hasta la que hemos hecho contra los españoles”. -Simón Bolívar, 25 de septiembre de 1830.
    “V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América.” -Simón Bolívar a Juan José Flores, 9 de noviembre de 1830.
    Así opinaba el “Libertador” sobre Quito: “… hombres tan malvados e ingratos. Yo creo que le he dicho a Vd., antes de ahora, que los quiteños son los peores colombianos. El hecho es que siempre lo he pensado, y que se necesita un rigor triple que el que se emplearía en otra parte. Los venezolanos son unos santos en comparación de esos malvados. Los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo. Los blancos tienen el carácter de los indios, y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio de moral que los guíe.” Bolívar a Santander, Pativilca, 7 de enero de 1824, en Vicente Lecuna, Cartas del Libertador, Tomo IV, págs. 12-14.
    Y sobre Guayaquil: “Renunciar a Guayaquil es imposible, porque será más útil renunciar al Departamento de Quito… El país de las fronteras con el Perú, es afeminado y nada militar…”. En carta a Francisco de Paula Santander, 21 de junio de 1822.
    ¡Dixit!
    “Yo deseo continuar sirviendo a mi patria, para el bien general de la humanidad y el aumento del comercio británico”. – Simón Bolívar, 19 de junio de 1815. (Bolívar y Páez saludados por el pueblo de Caracas tras la proclamacion de la Independencia. Es notable la presencia del estandarte inglés-británico en esta imagen oficial. Mural del Capitolio de Caracas.)

    coterraneus – el blog de Francisco Núñez Proaño
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  12. #112
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    Thumbs down Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Ya no saben que explicación dar algunos historiadores para salvar al "libertador" frente a las pruebas de su anglofilia...




    A cambio de fusiles, dinero y “hacer permanente el imperio”

    Cuando Bolívar ofreció Nicaragua a Inglaterra

    * Famosa carta de Jamaica del Libertador cobra actualidad con la visita y discursos del mayor representante de la República Bolivariana de Venezuela
    * Aldo Díaz Lacayo, que reproduce la carta en una de sus obras, explica que la patria de Bolívar era América, y que el ofrecimiento de Panamá y Nicaragua al imperio inglés no empaña

    Edwin Sánchez | esanchez@elnuevodiario.com.ni

    Ahora que el nombre del Libertador Simón Bolívar empieza a sonar su música con más vehemencia, una carta suscrita por él desde Jamaica el 15 de mayo de 1815, seis años antes de la Independencia de Centroamérica y a 23 de la separación de la provincia de Nicaragua de la Federación, podría ser una desafinada nota: de su puño y letra revela sus intenciones de entregar nuestro territorio nada menos que a Inglaterra.

    La idea que también podría llamarse “bolivariana” era que semejante potencia hiciera el soñado Canal por nuestro territorio a cambio de armas y hombres para su proyecto.

    La Carta
    En el prólogo del libro “El Congreso Anfictiónico, Visión Bolivariana de la América anteriormente Española. Panamá 22 de junio-15 de julio de 1826”, de Aldo Díaz Lacayo, el ex canciller Alejandro Montiel Argüello hace un señalamiento del texto encontrado por el autor, que con esa obra obtuvo el “Premio Nacional de Historia Tomás Ayón 2001”.

    Si la Carta de Jamaica dice: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”, también la misiva, subraya el prologuista “insinúa la posibilidad de entregar las provincias de Panamá y Nicaragua a Inglaterra. A cambio Inglaterra daría armamentos militares, dinero y voluntarios que quisieran seguir las banderas americanas”.

    Díaz Lacayo escribe: “Más aún, conforme a la visión global del Libertador acerca de la América anteriormente española, y también de acuerdo con su política de capitalizar las contradicciones de Inglaterra con las otras potencias europeas, incluyendo España --y posteriormente con los Estados Unidos…, tan tempranamente como el 15 de mayo de 1815, desde Jamaica y a través de Maxwell Hislop, ofreció al Reino Unido entregar al Gobierno británico tanto Tierra firme como Nicaragua a cambio de su apoyo a la revolución independentista, todavía cruentamente enfrentada con España”.

    El texto que cita Díaz Lacayo de Bolívar a Hislop, señala en una de sus partes: “(…) El comercio británico ha perdido en Venezuela siete millones de pesos anuales, a que montaban sus producciones en los tiempos más calamitosos. Ahora parece que va a ser privada la Inglaterra del comercio de la Nueva Granada (Colombia-Sudamérica), que ella ha hecho exclusivamente, y cuya exportación es en oro y en sumas muy considerables (…) pero la pérdida incalculable que va a hacer la Gran Bretaña consiste en todo el continente meridional de la América, que, protegido por sus armas y comercio, extraería de su seno, en el corto espacio de diez años, más metales preciosos que los que circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y de plata (…).

    “Ventajas tan excesivas pueden ser obtenidas por los más débiles medios: 20 ó 30 mil fusiles; un millón de libras esterlinas; 15 ó 20 buques de guerra; municiones, algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas americanas; he aquí cuanto se necesita para dar la libertad a la mitad del mundo y poner al universo en equilibrio.

    “La Costa-Firme se salvaría con seis u ocho mil fusiles, municiones correspondientes, 500 mil duros para pagar los primeros meses de la campaña. Con estos socorros pone a descubierto el resto de la América del Sur y al mismo tiempo se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme de estos países, el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales, que, rompiendo los diques de una y otra mar, acerquen las distancias más remotas y hagan permanente el imperio de Inglaterra sobre el comercio”.

    ¿Realismo político bolivariano?
    En un comentario de Jorge Orlando Melo al libro de Bolívar y la revolución
    de Germán Arciniegas, Editorial Planeta, Bogotá, 1984, hace referencia precisamente a este capítulo poco conocido del prócer:
    “En general, la discusión sobre la posición de Bolívar hacia Inglaterra y hacia la monarquía o sus sugerencias de que Inglaterra se apropie de Panamá y Nicaragua, está marcada por una ausencia total de análisis del contexto histórico y por una falta de atención al momento concreto de cada formulación: los textos de 1815 a 1829 se presentan agrupados en forma atemporal, sin mostrar sus relaciones con las situaciones de momento y sin ver en qué medida podían responder a consideraciones de realismo político. Sólo se ve en los textos de Bolívar la admiración por Inglaterra, por sus instituciones aristocratizantes, pero no lo que podía justificar en 1825 ó 1826 buscar en ese país un dique a las posibilidades de reconquista española.

    “Sin embargo, Arciniegas acaba reflejando, con signo inverso, la posición que critica. Es cierto que Bolívar tuvo una permanente actitud en favor de Inglaterra, y que los riesgos de anarquía, de caudillismo y de ascenso de la “pardocracia” tienen que ver con sus planes para lograr el protectorado de Inglaterra.

    “Pero cuando un texto de Bolívar dice que “Inglaterra debería tomar necesariamente en sus manos el hilo de la balanza” en una liga americana de naciones independientes, se pasa a preguntar: “¿Cómo pudo Bolívar colocar de fondo al Congreso de Panamá la entrega de la Gran Colombia a Inglaterra?”, o cuando con base en algunos textos de Bolívar favorables al protectorado inglés y en los que sugiere colocar a Colombia bajo “los auspicios de una nación liberal que nos preste su conducción”, se concluye que a Bolívar “sólo le ilusiona la posibilidad de entregar a Inglaterra el gobierno de Colombia”, se están forzando los textos y el desborde retórico hace que el problema, en vez de aclararse, se confunda

    “No empaña la gloria de Bolívar”
    Indagamos con el propio Díaz Lacayo sobre su interpretación de este ofrecimiento sorprendente, proviniendo de un americanista como lo fue Bolívar. “Yo explico la razón y es muy sencilla: para Bolívar América era América, no era Colombia. Entonces, el apoyo inglés a la revolución de independencia era vital, había una contradicción, primero en relación con España y luego con EU, en cuanto a libertad de comercio, porque era controlado por España primero.

    “Lo que hace Bolívar es proponerle a Inglaterra, la entrega de la Costa Caribe de Nicaragua, no sólo con propósitos comerciales, sino de cara al control del Mar Caribe. Se lo propone el canje, el control de la costa mosquitia a cambio de una cantidad de armas y apoyo logístico para la revolución o independencia, no porque quisiera entregar Centroamérica”.

    Es una especie de acuerdo, de que se hicieran cargo del aspecto más bien comercial y yo diría del control del Mar Caribe.

    No se debe olvidar que Inglaterra en el marco de la Santa Alianza, siempre tuvo contradicciones con miembros de esa Alianza (Austria, Prusia, Rusia). Esas contradicciones eran aprovechadas por Bolívar.

    Éstos apoyan a España para que no perdiera sus posiciones en América.


    ¿No cree que empañe la figura y dimensión de Bolívar entregar Nicaragua?
    No empaña, no incide, porque la Venezuela actual en particular y América del Sur en general no tiene interés geopolítico en Centroamérica, pero sí lo tenía Inglaterra. Ni la situación actual de América del Sur ni Venezuela considera a Centroamérica como distinta de América Latina. Para el sur, la inserción de Centroamérica en la unidad geopolítica es vital.

    Tenés que olvidarte de un sentimiento de soberanía local. Para Bolívar “mi patria es América”. No hacía distinciones de países, pero sabía que la crisis que se iba a plantear era la crisis de las fronteras, por eso inventa el principio del uti possidetis juris de 1810, para comprometer a cada nación a asumir como frontera lo que era delimitado en 1810. No se le escapa eso, pero decía: “Mi patria es América”, e hizo lo posible para hacer de América una sola región.


    (Uti possidetis juris del latín “como poseías de acuerdo al derecho, poseerás”).

    ¿No le resta gloria al prócer?
    No le resta gloria para nada, al contrario, era parte de la visión global que tenía Bolívar en ese contexto y hay que analizarlo.

    Este episodio nunca se conoció. Fui el primero en divulgarlo en Nicaragua.
    FUENTE



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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    La herencia bolivariana...

    La pesadilla de Bolívar
    En vísperas del bicentenario de las independencias, poco queda de esa América unida desde California hasta la Tierra del Fuego con la que soñaba el Libertador. Ni siquiera existe como espacio cultural unitario

    Ahora que varios países latinoamericanos se aprestan a conmemorar sus independencias, resulta inevitable dirigir la mirada hacia la figura que mejor encarna los ideales despertados entonces, y su fracaso. Más que en el Libertador, el héroe o el mito que no cesa de ser invocado por tirios y troyanos, vale la pena detenerse en el Simón Bolívar que, una vez derrotados los ejércitos realistas, debió enfrentarse de manera brutal a la nueva realidad latinoamericana que en buena medida él contribuyó a concebir.

    Tras lograr las independencias de Venezuela y Nueva Granada, y haber consumado la de Perú, Bolívar consagró el resto de sus días a resistir el sinfín de asonadas y conspiraciones que se sucedieron en su contra. Frente a la figura marmórea del prócer, resulta un tanto anticlimático este Bolívar dedicado a la "pequeña política" que se vio obligado a desentenderse de los asuntos de Estado para contener las tentaciones de los caudillos que brotaban como hongos y que, a la larga, lo apartarían del poder. Los responsables de los Bicentenarios quizás prefieran al Bolívar joven o triunfante, pero es probable que este Bolívar postrero y achacoso, tan venerado como detestado, pueda hablarnos mejor de los problemas que hoy en día nos aquejan.

    Durante el turbulento periodo de 1825 a 1830, Bolívar fue testigo y protagonista de los mecanismos centrífugos y centrípetos que desgarrarían a América Latina en los decenios venideros. Si por una parte Bolívar no tardó en proclamar su "sueño", es decir, el proyecto planteado en el inverosímil Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 de imaginar una sola nación desde la Alta California hasta la Tierra del Fuego, por la otra las prolongadas luchas contra los peninsulares reforzaron la convicción de que cada territorio debía construirse su propia identidad nacional. Los ideales de Bolívar se revelaron impracticables: el único vínculo entre los virreinatos y capitanías generales radicaba en su dependencia de Madrid; desaparecida ésta, cada aristocracia local se empeñó en diferenciarse de sus vecinos. Paradójicamente, las naciones que acababan de separarse de Europa se apresuraron a importar la principal moda europea de la época, el nacionalismo, con su inevitable carga de discriminación y su parafernalia de historias oficiales y catecismos patrióticos.

    Muy a su pesar, Bolívar se convirtió en el artífice -y la primera víctima- de este enfrentamiento entre lo local y lo global que presagiaba algunas de las contradicciones de América Latina a principios del siglo XXI. La imposibilidad de lidiar con las reivindicaciones regionales llevó a Bolívar a flirtear con el autoritarismo e incluso la monarquía y, tal como ha narrado García Márquez en El general en su laberinto, terminó por minar su prestigio y su salud. En su lecho de muerte en la quinta de San Pedro Alejandrino, Bolívar no tenía demasiadas razones para sentirse satisfecho: no sólo la unión de la América española se había revelado una quimera, sino que ni siquiera la Gran Colombia conseguiría mantenerse en pie. Solo, lejos del boato y la gloria, la agonía de Bolívar en Santa Marta representó también el fin de su sueño.

    Durante el siglo XIX y la mitad del XX, los ideales bolivarianos quedaron sepultados en medio de las guerras, invasiones, golpes de Estado, revoluciones y dictaduras que infestaron a América Latina; fuera de unos cuantos intelectuales, nunca demasiado influyentes, las nuevas naciones se desentendieron de su herencia. Aun así, debe subrayarse que, si bien el continente nunca estuvo más dividido, los intercambios culturales se mantuvieron: compañías itinerantes, libros que circulaban continentalmente, y diarios y revistas que viajaban de México a Buenos Aires preservaban el conocimiento de norte a sur, al menos entre las élites.

    A partir del triunfo de la Revolución cubana en 1959, una nueva ola de latinoamericanismo se expandió por la región, encabezada por esa cofradía de "plenipotenciarios" conocida como el Boom. La deriva dictatorial de Castro y el lento triunfo de la democracia en la región hicieron que los ideales bolivarianos pasaran a segundo término. A dos siglos de que se iniciasen los movimientos de independencia, se mantienen como eso: hermosos anhelos, listos para ser usados o manipulados por cualquiera.

    Seré incluso más drástico: a principios del siglo XXI, ese territorio imaginario bautizado como América Latina prácticamente ha dejado de existir. Las relaciones culturales entre sus países se han reducido al mínimo: los consorcios editoriales apenas se preocupan por circular sus libros y no hay una sola revista intelectual que circule continentalmente. Tampoco hay tendencias reconocibles en la literatura y la ignorancia del público hacia la vida artística de sus vecinos es más drástica que nunca. Y, por más que se diga, por el momento la Red no ha logrado paliar este vacío. (La música popular sigue otra lógica, estrictamente mercantil). América Latina se ha convertido en un lugar cada vez más normal, y por tanto más aburrido.

    ¿Qué queda hoy de la América soñada por Bolívar? Muy poco: resabios del catolicismo, la lengua española -dominante pero ya no única-, ciertas tradiciones indígenas, algunas instituciones y un conjunto de democracias aquejadas por numerosos problemas, el mayor de los cuales es la desigualdad. Políticamente, la situación no es mejor. México, hasta hace no mucho cabeza de la región, ya ha dejado de formar parte de América Latina: para bien o para mal, su integración se lleva a cabo con Estados Unidos y Canadá y, si bien el NAFTA no contempla ninguna integración real, la migración y la dinámica social de sus miembros apuntan a un proceso irreversible. En Suramérica, en contraste, se han puesto en marcha incipientes procesos de unidad, jalonados por el liderazgo que se disputan -de manera tan feroz como sigilosa- la Venezuela de Chávez y el Brasil de Lula.

    Ha sido Chávez quien más se ha esforzado por resucitar la figura de Bolívar, al grado de presentarse como su reencarnación. Para entender el extraño régimen que ha creado en Venezuela -mezcla de democracia, socialismo, autoritarismo y populismo-, resulta necesario estudiar la forma como ha reinterpretado el legado bolivariano, contaminándolo con un marxismo primario y asociándolo con su fobia antiestadounidense. En cada momento difícil, Chávez ha buscado a ese Bolívar terminal, sometido a la ambición de los caudillos regionales, víctima de golpes de Estado e intentos de asesinato. Pero, pese a sus tentaciones autoritarias, Bolívar jamás acumuló un poder como el de Chávez. En términos de política exterior, el neobolivarianismo de Chávez tampoco es un proyecto integrador, sino una herramienta por la cual un solo país, rico en recursos petroleros, trata de influir en sus Estados subsidiarios. El espíritu del Congreso de Panamá queda muy lejos: Chávez usa su posición para conseguir acuerdos regionales, valiosos en algunos términos pero que, dada su naturaleza hiperideológica, jamás alcanzarán a los países que le son desafectos.

    Slavoj ŽZizek ha repetido que los verdaderos actos políticos son aquellos que permiten pensar lo impensable. Quizás la única manera de llevar a cabo el sueño de Bolívar sea dejando de lado a América Latina. Al acercarse a Estados Unidos -con una población hispana cada vez más relevante- y Canadá, México ya no pertenece a la región, mientras que en el sur resulta cada vez más claro que su centro neurálgico recaerá en Brasil. Ello supondría que, al cabo de unas cuantas décadas, acaso podamos imaginar dos regiones más o menos cohesionadas, Norte y Suramérica, con Centroamérica y el Caribe como puentes.

    Y, si la lógica centrípeta venciese por fin al nacionalismo, acaso el tricentenario de las independencias podría celebrarse con una auténtica unión, en condiciones de igualdad y respeto, de todos los países de América. Sé que esta posibilidad incomodará a muchos, pero es la mejor esperanza que tienen sus habitantes de desarrollar sistemas democráticos más sólidos, transparentes y equitativos, desprovistos del oprobio que significan las fronteras nacionales. Quizás a Bolívar no le disgustaría tanto la idea.

    Jorge Volpi es escritor mexicano.
    Leído en EL PAIS
    El Tercio de Lima dio el Víctor.



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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Desmitificando a Bolívar:

    Desmitificando a Bolivar - Historia Prohibida IV

    Posiblemente Simón Bolívar sea uno de los mayores errores históricos de Héroe y Mito que actualmente se puede encontrar. Para hablar sobre este personaje, parto desde una posición de desventaja y ésta es que soy español. Quizás esto me vaya a acarrear no pocas críticas y acusaciones de efectuar este relato desde la parcialidad o el despecho, pero... créalo o no, a estas alturas es algo que poco me importa y además no tiene ningún sentido. La historia discurrió como lo hizo y hoy nadie lo va a poder cambiar. Soy consciente de que me estoy metiendo en un jardín del que quizás salga mal parado, por ello lo hago desde la trinchera y sin ánimo de faltar al respeto a nada ni a nadie. Simplemente trataré de poner en su conocimiento unos hechos reales y comprobados históricamente, otra cosa será que a ud. le gusten o no. Para poder llevar a cabo este artículo sustituiré en algunas ocasiones (en muchas ocasiones) mis argumentaciones por las que realizan algunos eminentes historiadores, todos ellos latinoamericanos.


    La herencia hispánica en latinoamérica puede verse desde muchos puntos de vista y utilizarse el prisma que a cada uno más le convenga pero, para empezar, quisiera darle a conocer una frase:

    Nosotros somos muy pobres, no valemos nada, pero no era así
    cuando teníamos un rey.
    (Afirmación realizada por unos indígenas de Cucao (Chiloé - Actual Chile) a Charles Darwin en 1835 y anotada en su cuaderno)


    Me parece muy bien que los territorios de ultramar adquirieran cierta autonomía para gobernarse mejor, de hecho Cuba llegó a alcanzar oficialmente esa autonomía convirtiéndose en la primera comunidad autónoma de España y otras muchas partes fueron consideradas como “provincias” en igualdad con el resto de las provincias peninsulares. Hasta puedo entender que con el paso del tiempo se emanciparan de la Madre Patria, tal y como hoy hacen nuestros hijos al alcanzar su mayoría de edad. Lo que quizás no llego a entender es la necesidad de llegar a una guerra, ¡ojo! no de “liberación” sino una “guerra civil”. Ud. amigo mío, debería saber que aquellos combates se dieron entre criollos, españoles al fin y al cabo, en los que España como potencia colonial apenas participó ya que casi no disponía de tropas que poder desplazar a ultramar, entre otras cosas porque España ya tenía bastante con recomponer su orden político y reconstruir un ejército y una armada bastante maltrecha tras combatir contra Napoleón. Por tanto no olvidemos que aquellas guerras fueron entre criollos y realistas, y por tanto no entre americanos y españoles.


    En todo esto hay un hecho incuestionable, verá... cuando los ejércitos napoleónicos invadieron España, todas sus provincias de ultramar permanecieron fieles al Rey de España. En Chile, por ejemplo, la Real Audiencia continuó impartiendo justicia en nombre del Rey y se reconoció a la junta de regencia refugiada en Cádiz, ciudad que nunca pudo ser tomada por los franceses. En México, seguían queriendo la autoridad del Rey incluso una vez independizados. “En Perú el ejército Realista, asistido por la brillante juventud nativa del lugar, era más peruano que el ejército Libertador” (según argumenta el historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo en su “Biografía de Bolivar”), y sigue diciendo... “fue la acomodada casta criolla la que ambicionaba mayor poder y es en ellos donde prende la llama de la insurrección”. Con ello quiero demostrar que un proceso autonómico hubiera sido posible e incluso deseable pero nunca una guerra que únicamente trajo dolor, odio entre hermanos y sangre de inocentes.

    Masonería: Los Instigadores.

    Cuando la masonería puso sus ojos en las posibilidades de aquellas tierras, fue cuando cundieron ideas masónicas separatistas en la clase criolla que provocaron las guerras mencionadas y la destrucción de la distribución política de los virreinatos ¿Quiénes eran pues los “independentistas”? pues efectivamente... la minoría criolla, gente adinerada, no los indígenas.

    A las Logias masónicas británicas no les interesaba una hispanoamérica grande y unida ¿Se imagina el potencial que hubiera podido llegar a tener?. Sin embargo, un gran culpable de esta desmembración fue el masón, sí masón, Simón Bolivar. Lo curioso es que sería el propio Bolívar quien puso a las sociedades secretas fuera de la ley, sin duda porque, encaramado al poder, fue más que nunca consciente de lo deletéreo de su naturaleza y de sus siniestros manejos. Hay quien dice que los masones fueron los que acabaron en él en Santa marta en 1830.

    Bolívar su crueldad y desprecio a negros y mulatos

    Como tantos criollos Bolívar sentía el mayor desprecio por negros o mulatos y por tanto el origen de la sublevación americana debe buscarse, dicen los historiadores más asépticos, en el hecho de que la Corona Española empezara a dar y vender cargos a los “morenos”. De hecho, cuando Fernando VII inicia la represión en América, enfrentó a negros contra criollos y las columnas de Boves se componían esencialmente de negros y mulatos, lo que en el Caribe llaman despectivamente la negrada.


    Si ud. amigo lector hispanoamericano tiene la suerte de poseer un tono de piel morena debería conocer lo que este personaje pensaba de sus antepasados que seguro que no es lo que le han contado. Si cualquier persona se molesta en pasearse desde la primera posesión española en norteamérica y baja andando hasta el último rincón del cono sur habrá visto millones y millones de personas con este aspecto ¿verdad?, ahora le pregunto: si ud. pasea andando desde el este al oeste de EEUU o Canadá ¿cuántos indígenes o sus descendientes verá?, posiblemente casi ninguno, salvo que vaya a una “reserva india”. Ahí está la diferencia entre España e Inglaterra o Francia en cuanto a la forma de enfrentar y consolidar un imperio. Algo que el sentido común hace incuestionable pero la leyenda negra se ha ocupado de ocultar.


    Habría también que decir que ese mismo Bolívar que mandaba decapitar a los españoles prisioneros, el mismo Bolívar que decretó la "Guerra a Muerte", es decir, el exterminio sistemático de todos aquellos españoles que no tomaran las armas contra España, el Bolívar que traicionó a Miranda, dejaba a los revolucionarios franceses de 1793 como hijas de la caridad. Como prueba de ello el decreto de Guerra a Muerte, modelo de cinismo sangriento, incluye estas líneas:

    “A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la ultima vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela. Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas”
    Las provincias y vierreinatos de américa habían alcanzado un nivel de progreso y de paz como hasta ese momento ninguna parte del mundo había gozado. El nivel de vida, en términos generales, de los ciudadanos de estos territorios era muy superior incluso a los de la mayoría de los países europeos. La cultura, el ordenamiento jurídico, el comercio, las mejores condiciones de vida, el trabajo, la salud, las infraestructuras, las riquezas, etc... eran un patrimonio único en el mundo y que atesoraba la sociedad hispanoamericana en aquellos años. Sin embargo, todo esto tuvo un precio. La clase criolla vio la posibilidad de caer sobre todo ello y hacerse con su control. Éste y no otro fue el germen de las mal llamadas guerras de liberación, guerras civiles al fin y al cabo.

    El historiador colombiano Pablo E. Victoria, declara ante los argumentos de que España negaba unas libertades fundamentales “...no es cierto de que la presencia española fuera una presencia opresiva, en 1789 en Sta. Fé de Bogotá no había ni un sólo español nacido en España que ocupara cargo en el cabildo, e incluso había varios virreyes y muchos altos cargos de la administración que eran de origen criollo. Hasta el Comandante General de la Armada y muchos Generales eran nacidos en América”, ¿se puede decir entonces que era España la que estaba sometiendo la provincias americanas bajo su “yugo”?, evidentemente no. Este historiador sigue diciendo respecto de Bolivar: “... era un hombre sanguinario y que dio enormes muestras de crueldad” (...) “en la toma Sta. Fé de Bogotá permitió a sus tropas el saqueo despiadado y las violaciones de mujeres durante 48 horas”. Esto último es un hecho plenamente constatado y al mismo tiempo muy silenciado por quienes defienden a capa y espada la figura de Bolivar.

    Que Bolívar obligó a los negros a combatir en su bando so amenaza de servidumbre para ellos y su familia no lo digo yo, está en sus obras; y lo ha recogido el Doctor colombiano Luis Corsi Otálora en su obra “¡Viva el Rei! Los negros en la independencia” y se pregunta… “¿porqué los negros defendían la Corona?, ¿cómo se batieron por su causa? y ¿cual fue su suerte tras la independencia?”. Lo mismo ocurrió con la mayoría de los pueblos indígenas, prácticamente todos ellos formaron parte de los ejércitos realistas, ¿no se ha preguntado ud. nunca el motivo?.


    Cacique Araucano con uniforme de Coronel Realista

    En un reciente libro del historiador peruano Herbert Morote, desmitifica al ídolo de Chávez con bastante crudeza, aunque con datos difícilmente contestables. Cierto es que el Perú no puede estar muy agradecido a uno de sus “Libertadores”, que cercenó gran parte de su territorio para cedérselo a otras naciones recién creadas por él y en cuyo honor su delfín, Antonio José de Sucre, acabó amputándole el inmenso territorio del Alto Perú para crear la artificial república del Altiplano andino.

    El también historiador peruano Enrique Chirinos Soto es más audaz en su apreciación cuando escribe con cierto cinismo respecto de la lucha del Perú por su independencia: “Historiadores de los países vecinos suelen reprocharnos a los peruanos que no nos batiésemos en las guerras de la independencia al modo de los patriotas de Caracas o Buenos Aires. La verdad es todo lo contrario. La verdad es que el Perú se batió más que ninguno, porque se batió al mismo tiempo a favor y en contra de la independencia.”


    Batalla de Maipú - ¿De verdad había que llegar a esto?

    Organización geo-política de América tras la independencia:

    Bolívar organizó la Sudamérica independiente con absoluto desprecio de la tradición histórica y de las circunstancias geográficas y sociales, y que aquí hay que buscar la raíz de la mayor parte de conflictos fronterizos que han enfrentado a las distintas repúblicas del subcontinente y de los contenciosos que aún persisten.


    Los españoles tuvieron el buen criterio de fundar sus virreinatos, audiencias y capitanías generales respetando en lo posible las circunscripciones precolombinas, algo que por otra parte no hizo jamás ninguna otra potencia colonial en el mundo. El Virreinato del Perú, el más importante del Imperio Hispánico, se asentaba más o menos sobre el antiguo ámbito territorial del Tawantinsuyu o Imperio Incáico. Bolívar se encontró con que los peruanos, en realidad, no estaban muy convencidos de independizarse de España a pesar de la proclamación hecha por el argentino José de San Martín en 1821 desde el balcón municipal de Lima. Así que se decidió a intervenir, pensando, no sin razón, que la independencia del resto de Sudamérica no estaría segura hasta que no se consolidase la peruana, lo cual obtuvo con las victorias de Junín y Ayacucho de 1824 y la rendición de los Castillos del Callao, obtenida, tras inauditos esfuerzos, del valeroso general español Rodil (cuya gesta es comparable a la del Alcázar de Toledo), que hizo flamear el pabellón español en Sudamérica y acuñó moneda con la efigie del Rey de España hasta nada menos que 1826. La política bolivariana desmembró parte del Perú, entre otros motivos, para evitar que pudiera alzarse este país en su antigua preponderancia y tuviera veleidades nostálgicas de España.

    Pero ¿cómo actuó el Libertador con respecto a aquellos pueblos que supuestamente liberaba?, ¿cuáles eran sus verdaderas opiniones?, pues verá, quizás jamás se lo hayan explicado pero, ahora va a conocer alguna cosa al respecto. La siguiente información la podrá buscar ud. mismo si así lo desea, únicamente me limito a transcribirla.

    No puede soslayarse tampoco el hecho de que Bolívar fue racista, cosa que hace extrañamente paradójica la idolatría que le profesa el que se ha erigido en actual paladín del neoindigenismo, el mismo que osa espetarnos a los españoles los crímenes que cometieron -y habría que matizar mucho- sus propios antepasados (pues Chávez y Frías no son precisamente apellidos chibchas, caribes o arahuacos que sepamos). En efecto, Bolívar, el “Libertador” volvió a gravar a los indios con un antiguo impuesto que ya había sido abolido y que pesaba sobre ellos por el solo hecho de serlo. Son conocidas también sus expresiones insultantes hacia y sobre ellos. Todo lo cual no es ajeno a la triste actitud discriminatoria de la que han sido víctimas los indígenas (que no fueron beneficiarios de la tan cacareada independencia) por sus propios connacionales y que subsiste aun entre las mismas capas mestizas de la sociedad, entre las cuales también es frecuente el “choleo” (es decir, el menosprecio hacia alguien por tener trazas de indio, por ser “cholo”). También restableció Bolívar la esclavitud de los negros, que habían sido declarados libres por San Martín. ¡Valiente ejemplo para el adalid de los oprimidos y desheredados!. Sé que esto debe escocer mucho a aquellos que hasta la lectura de estas líneas veían en Bolívar su héroe y libertador. Pues bien, como tal, este personaje debe ser respetado y venerado, pero únicamente en aquello que verdaderamente deba serlo. Esto no es óbice para que se relaten sus miserias, sus errores, sus desprecios y se pongan los renglones de la historia rectos y completos.

    En una carta de Karl Marx a Engels en 1858, Marx analizó la figura de este personaje y se refirió a Simón Bolívar como "...el canalla más cobarde, brutal y miserable…” posteriormente y a lo largo de esta carta argumentaba esta afirmación y muchas otras, incluso de traidor, en muchos hechos, entre ellos estos:

    En cuando a la acusación de “cobardía” relata que en septiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en jefe de las fuerzas insurrectas de mar y tierra, persuadió a Bolívar para que aceptara el rango de teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela. Pues bien, cuando los prisioneros de guerra españoles (realistas), que Miranda enviaba regularmente a Puerto Cabello para mantenerlos encerrados en la ciudadela, lograron atacar por sorpresa la guardia y la dominaron, apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche, es decir, que huyó cobardemente con ocho de sus oficiales, sin poner siquiera al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo. Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante, abandonó en buen orden la plaza, que ocuparon inmediato los españoles al mando de Monteverde. Este acontecimiento inclinó la balanza a favor de España y forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, que sometió nuevamente a Venezuela al dominio español.

    En lo referente a la acusación de “traidor” lo basa en el siguiente hecho: El 30 de julio llegó Miranda a La Guaira, con la intención embarcarse en una nave inglesa. Mientras visitaba al coronel Manuel María Casas, comandante de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que se contaban don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se quedara, por lo menos una noche, en la residencia de Casas. A las dos de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: «Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la entrega de Miranda» ¿le sorprende, verdad?, ¿cómo es posible que Bolívar apresara y entregara a los españoles al Gral. Miranda, su amigo?, pues sí, así fue y le guste o no este fue el corrupto comportamiento del “Libertador”.




    Con todo, podemos seguir debatiendo y discutiendo ampliamente sobre muchos temas en esta realidad que tantos episodios presentó, mas ¿sabe usted cuál es el mayor triunfo que han obtenido los enemigos de las Españas?, pues que cada vez que tratamos estos temas que nos conciernen a todos nostros, parecemos extraños y enemigos. Éste es el mayor triunfo que hayan podido obtener los enemigos de la Hispanidad, a los que tristemente conocemos desde hace muchos tiempo. Creo que trazaron bien el rumbo: Los que invadieron Gibraltar fueron los que invadieron Honduras, Tejas o las Malvinas; los mismos que provocaron la separación del Panamá de Colombia, los mismos que instigaron la Guerra del Chaco entre bolivianos y paraguayos, los mismos que se lucraron con la Guerra del Pacífico y que convirtieron a Puerto Rico, Cuba y las Filipinas en sus colonias; los mismos a los que les sigue interesando vivamente la sangrante división de la Hispanidad. Ese gran frente anglo-yanqui, esas potencias que jamás soportaron nuestro imperio, el de ud. amigo hispanoamericano y el mío.

    Un saludo.

    La Doctrina Imperfecta.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez


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    Simón Bolívar ¿Libertador o Traidor?

    Escrito por pedrorosillo el 05-02-2012 en General. Comentarios (0)

    Que en Iberoamérica se considere a Simón Bolívar como un libertador podría ser algo que puede llegar a entenderse haciendo un poco de vista gorda histórica, pero que en la propia España se estudie a Bolívar como liberador es para pensarse dos veces a qué grado de indigencia intelectual se ha llegado en las escuelas. Y se puede decir que actualmente sólo existe una sola versión de lo que estudian nuestros escolares tanto a un lado como a otro del charco.

    Pero lo cierto es que Bolívar más que liberador ha sido un auténtico yugo histórico para los mismos pueblos que la historia dice que ha liberado. Si miramos el mapa de América antes y después de Bolívar veremos a simple vista que donde había una unión sólida territorial después del ansiado libertador y padre de muchas naciones se convierte en un auténtico puzzle quedando naciones como Bolivia condenadas al ostracismo y sin posibilidad ninguna de salida al mar. Es muy curioso y significativo que la misma nación que lleva su nombre sea la más atrasada y la que menos posibilidades tiene de desarrollarse al quedar su capacidad exportadora completamente dañada al no poder tener esa ansiada salida al océano.

    Bolívar tuvo el sueño de crear la Gran Colombia y una América unida, pero difícilmente un hombre que se dedicó a dividir y enfrentar a la sociedad de su época en pos de una gloria y sueño personal podía construir un proyecto de unidad.

    Un dato importante es que Bolívar era masón, además viajó a Londres para recibir apoyo de las autoridades inglesas en su proyecto de independencia de los territorios americanos del sur. Es decir, Bolívar a todos los efectos se convirtió en traidor a España y además en el peor momento sumida ésta en una guerra feroz contra Napoleón, para convertirse en vasallo de la Corona Británica. Los británicos vieron la oportunidad, evidentemente no les interesaba una España fuerte, aunque en aquellos momentos se habían convertido en aliados ante la gran amenaza que suponía Napoleón. Pero tampoco les interesaba una América unida en donde se pudiera formar una nación poderosa. La actitud guerra-civilista de Bolívar tuvo que sonar como música celestial para los oídos ingleses, difícilmente aquel hombre crearía una gran nación unida. Bolívar consiguió la connivencia secreta inglesa para sus planes, si conseguía la independencia de territorios y éstos a la vez formaban diferentes naciones, podrían interactuar y jugar con ellas a conveniencia, divide y vencerás, la máxima es bien simple.

    Lo cierto es que después de la acción del libertador con apoyo británico, de una gran América unida se pasó a otra troceada, además del daño irremediable del guerra-civilismo y el enfrentamiento entre hispanos.
    Mientras, en el norte del territorio americano, se estaba formando una gran nación unida, Estados Unidos de América de clara constitución masónica, nación que quedaría bajo influencia británica y que dominaría fácilmente a un sur despedazado y enfrentado. Gran Bretaña ha usado siempre la masonería para colocar a los hombres adecuados a sus intereses en los puestos claves de mando de las grandes naciones, es el caso no sólo de Bolívar sino también de Hitler espía británico y otros muchos en diferentes naciones incluida España. Las logias masónicas inglesas forman sin duda alguna las redes más poderosas de control encubierto y secreto, de tal forma que se puede decir que quien es masón consciente o inconsciente es vasallo y servidor de la Corona Británica y sus intereses.

    Actualmente el régimen del dictador Hugo Chávez en Venezuela ensalza el espíritu bolivariano, y como no podía ser de otra forma con la aplicación de ese mismo espíritu ha acabado enfrentado y dividiendo a la propia población y ciudadanía venezolana, además de sumir a Venezuela en una auténtica deriva totalitaria, un flaco favor a su propia patria además de un peligroso precedente que han seguido otras naciones americanas.


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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    Aunque no sé bien de donde habrá sacado este texto la página que pongo como fuente, dejando de lado los comentarios racistas hacía la figura de Vicente Guerrero (segundo presidente de México) al que compara incluso con el haitiano Jacques Dessalines; le doy la razón al caraqueño en varios puntos, sobre todo en los referentes a la Ciudad de México y al general Santa Anna.




    Fragmento de una carta de Simón Bolívar sobre su perspectiva referente a la situación en México en 1829 en la que hace una alusión bastante particular a Vicente Guerrero llamándolo “vil aborto de una india salvaje”.


    __________________________________________

    Mas, lo que acaba de pasar en México nos parece muy superior a todo lo que, con dolor, hemos indicado del Río de la Plata y del resto de la América. Ceda, pues, Buenos Aires a la opulenta México ahora ciudad leperada. Sí; los horrores más criminales inundan aquel hermoso país: nuevos sanculotes, o más bien descamisados, ocupan el puesto de la magistratura y poseen todo lo que existe. El derecho casual de la usurpación y del pillaje se ha entronizado en la capital como Rey, y en las provincias de la Federación. Un bárbaro de las costas del Sur, vil aborto de una india salvaje y de un feroz africano, sube al puesto supremo por sobre dos mil cadáveres y a costa de veinte millones arrancados a la propiedad. No exceptúa nada este nuevo Dessalines: lo viola todo; priva al pueblo de su libertad, al ciudadano de lo suyo, al inocente de la vida, a las mujeres del honor. Cuantas maldades se cometen, son por su orden, o por su causa. No pudiendo ascender a la magistratura por la senda de las leyes y de los sufragios públicos, se asocia al general Santana, el más protervo de los mortales. Primero, destruyen el Imperio y hacen morir al Emperador, como que ellos no podían abordar al trono; después establecen la Federación de acuerdo con otros demagogos, tan inmorales como ellos mismos, para apoderarse de las provincias y aun de la capital. Entran en la sociedad de los masones con la mira de juntar prosélitos: éstos aterran al general Bravo, rival digno de competir con hombres de bien; y como su virtud les perjudicaba, le expulsan de su país con centenares de oficiales beneméritos, por desavenencias que suscitaron para destruirle.

    Se niegan los sufragios generales a un soldado feroz que, semejante a Pizarro, no conoce las letras.La inmensa mayoría del pueblo vota, ya que Bravo está ausente, por el general Pedraza, conforme la Constitución y a las esperanzas de todos. El ambicioso Guerrero no se detiene por crímenes: de acuerdo con Victoria, Presidente que rebaja el mando, ensangrienta la capital, y arrojando toda la canalla sobre el pueblo propietario,inundan la más hermosa ciudad de América de todo lo que hay de más soez sobre la tierra. Los asquerosos léperos, acaudillados por generales de su calaña, Guerrero, Lobato y Santana, se apoderan de todo, y semejantes a los soldados de Atila en Roma, despedazan y aniquilan su libertad, su gobierno y su opulencia. ¡Qué hombres, o qué demonios son éstos!

    __________________________________________








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    Última edición por Mexispano; 12/07/2014 a las 21:18

  17. #117
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    "TODO ESTÁ PERDIDO"

    A raíz de la independencia de Haití (1802) los rebeldes terminaron enfrentándose entre ellos, con horrorosos baños de sangre, en el Norte fue instalada una Monarquía Negra, regida por Henri Christophe. En el Sur, una República a cargo de Alexandre Petión; a cuyo amparo buscaría refugio un separatista venezolano, Simón Bolívar, quien a la postre terminó en la presidencia de (la Gran) Colombia, desde la cual se negaba no sólo a entablar relaciones diplomáticas con la nación de su protector, sino que personalmente pondría veto a su participación en el célebre Congreso de Panamá (1826). En julio de este año escribía:

    "Muy bien, que esos señores ideólogos gobiernen y combatan y entonces veremos el bello ideal de Haití y los nuevos Robespierres serán los magistrados de esa tremenda libertad, yo repito: todo está perdido y como todo marcha en sentido inverso de mis ideas y de mis sentimientos, que no cuenten conmigo para nada. Guinea y más Guinea tendremos; y esto no lo digo por chanza, el que escape con su cara blanca será bien afortunado."


    (Simón Bolívar, Obras Completas, Compilación Vicente Lecuna, Bogotá, 1979, página 244-245)









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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    No cabe duda de que la famosa liberación de las ahora naciones americanas, no fue tal sino un reparto de latifundios para la explotación propia, facilitando la participación de Inglaterra (y promovida por ella).
    Tampoco cabe duda de que la separación entre hispanos es cada vez mayor, promovida por los indigenistas de medio pelo como Kirschner y por la falta de comunicación entre nuestros paises. Ya no aspirando a que España se comporte como "madre" sino ya como hermano, y ni aún así se nos quiere.
    Se están borrando activamente nuestros lazos sin que aparentemente se pueda hacer nada para remediarlo.
    Nunca olvidaré aquella misiva a su padre de un oficial argentino, escrita en la Guerra de Las Malvinas donde sabiéndose proximamente muerto se encomienda también a su Madre Patria España,..., se me saltan las lágrimas al recordarlo. Ésta me fue mostrada por un Comandante argentino en el antiguo refugio de caza de Tito en Kosovo, custodiado por ingenieros argentinos.
    Tampoco olvidaré sus palabras cuando dijo que Argentina nació con un pecado original que la perseguirá siempre, que no es otro que el haber asesinado a su mayor héroe, a tan grande hombre como fue Liniers.
    Su tumba, en el Panteón de Marinos Ilustres, es visitada regularmente por argentinos, que efusivamente la abrazan, llorando de emoción ante la presencia de los restos del defensor de Buenos Aires.

  19. #119
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

    También me gustaría preguntar: ¿Quién demonios permitió y permite la existencia de estatuas de Bolívar en España?

  20. #120
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    Re: La verdad sobre Simón Bolívar, el ídolo de Chávez

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