Estrangulan a las víctimas hasta que se desmayan
A menudo se encuentran «colocados» de pegamento al actuar
Luis Boullosa
Madrid- La reciente detención en el barrio de Chamberí por parte de la Policía Nacional de un joven delincuente marroquí, que asfixiaba a sus víctimas hasta que se desmayaban para poder robarles con impunidad, ha sacado a la luz un modo de actuar que algunos pueden considerar nuevo, pero no lo es en absoluto. Los vecinos de Lavapiés, sin ir más lejos, saben que casos similares han venido sucediendo desde principios de año en su barrio. Queda lejos la época de «la banda del pegamento» y su delincuencia masiva, pero no es raro que aquí y allá, florezcan los atracos.
En estos casos, al menos cuatro en los últimos meses, los delincuentes -también magrebíes y también jóvenes, menores según todos los indicios- actúan en grupos de tres o cuatro personas, y sus ataques son más directos. No abordan a sus víctimas por la espalda, como hacía el detenido en Chamberí, y les importa poco que los objetivos sean personas mayores o jóvenes fornidos. Buscan, eso sí, las horas de la madrugada en las que la víctima difícilmente podrá pedir auxilio.
Acorralado y estrangulado
E. es camarero en uno de los concurridos bares de la zona y ha experimentado en su gaznate esta modalidad de robo. Caminaba una madrugada desde la calle Torrecilla del Leal hacia la plaza de Tirso de Molina cuando tres muchachos le cerraron el paso, lo acorralaron contra la pared y comenzaron a estrangularlo hasta que perdió el conocimiento. Despertó algún tiempo después, desorientado, para comprobar que le faltaban la cartera y el reloj. La ronquera le duró todo el día siguiente.
M. que no trabaja en el barrio pero acude a menudo a visitar a sus amigos, tiene una versión más extensa, ya que no llegó a desvanecerse. «Una noche de sábado del pasado mes regresaba a altas horas a casa de un amigo, en la calle Lavapiés y vi a cuatro chavales, esnifando pegamento, no lo había visto nunca en España. Mientras tocaba el timbre, tres de ellos se acercaron... Estaban completamente drogados». Uno lo agarró «por la nuez», inmovilizándolo. «Estaba pasado, los ojos se le salían de las órbitas, pero eso sí, sabía perfectamente donde apretar». Sin ganas de resistirse, dejó que le registrasen. Se llevaron apenas un euro. «Desde que viví en Colombia tengo la costumbre de guardar el dinero y las tarjetas en el paquete de tabaco, así que no lo advirtieron. Podría haberme resistido, porque eran chiquillos, pero tenía miedo de que alguno pudiese llevar una navaja». Una vez consumado el robo, «se fueron, pero no se alejaron más de unos metros, no fue una huida. Se quedaron allí, esnifando pegamento de la bolsa». M. discrepa de la versión generalizada de que se trata de chavales marroquíes, y afirma que los que le asaltaron eran rumanos. «Los vi al día siguiente viendo un partido de futbol desde fuera de un bar, y era la otra cara de la moneda, disfrutaban como simples niños». No llegó a denunciar el asalto porque , como explica, «no creo que eso les vaya a ayudar. Son chavales cuyos padres probablemente trabajen muy duramente y no tengan tiempo de cuidarlos. No creo que llamar a la Policía sea la solución en un caso así». Apunta, además, que de ningún modo quiere transmitir un mensaje racista. «Estos chavales pueden ser extranjeros, pero los que les venden las drogas, al menos en mi barrio, son españoles». Y es que M. vive cerca de la plaza de Luna, otra zona conflictiva, y sabe de lo que habla. «Han arreglado la plaza de Luna, vale, pero quizá fuese más útil poner diez policías más en la zona centro».
Episodios similares a los relatados se producen cada cierto tiempo en la zona, cometidos en todos los casos por grupos de jóvenes, aunque se ignora si se trata siempre de la misma pandilla o son varios los grupos que operan de este modo. En una de las ocasiones, la víctima fue un hostelero de una conocida taberna de la zona, al que los jóvenes abordaron cuando cerraba su establecimiento. En otra, un vecino que pasó por el lugar equivocado a la hora errónea del día.
http://www.larazon.es/noticias/noti_mad31586.htm
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