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Honores2Víctor
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Tema: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

  1. #1
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    Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie


    Ha muerto Diego Armando Maradona. En realidad, llevaba décadas sin vivir nada con dignidad. Es más: todo lo que tocaba sin su zurda excelsa lo transformó en parodia nauseabunda. El que fuera considerado el Pablo Neruda del balompié, poco pudo ofrecer ya al mundo cuando descubrimos, tras años de engaños encubiertos por demasiados, que era un yonkie tolerado con el que se podían hacer grandes negocios y tapar muchas carencias. Tanto en Argentina como en Nápoles.

    Maradona, el comunista millonario, no tuvo reparo en tatuarse al sanguinario y psicópata Che Guevara, de dejarse querer por las cutre dictaduras de Cuba, Venezuela o fotografiarse con el cocalero pederasta Evo Morales. Diego “El Revolucionario” de pacotilla, quiso hacerse perdonar por aquellos que le seguirían hasta el infierno, incluido el Gulag. Convertido en un falso profeta en su tierra, hoy lo lloran como hijo predilecto de una nación que ha engendrado una casta política que ha hundido el país en la miseria económica y moral sin precedentes. En este contexto, el Pibe que fue producto de su época, acabaría representando uno más de infinitos monstruos que alumbra la nación argentina desde hace cuarenta años. Entre los soldados caídos por liberar la Malvinas del corsario inglés y el astro 10, ya saben con quiénes me quedo.

    Eso sí, y lo juro sobre los píes de mi madre: cuando Diego Armando Maradona abandonó el Barça, el fútbol dejó de interesarme para siempre.

    Sandra Ventura












    https://somatemps.me/2020/11/26/dios-ni-es-comunista-ni-un-mierda-de-yonkie/

  2. #2
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    Irrita ver unido en una misma frase, Dios y m...

    Las formas de un mínimo recato y pudor hace mucho que se han perdido
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #3
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    A mí tampoco me agrada, pero precisamente la autora lo dice para destacar que Maradona no era Dios, sino un miserable y un impresentable. Desgraciadamente, como dices, hace mucho que se han perdido las formas, y a veces algunos dicen gran verdades con palabras que no se condicen con lo que se quiere decir.

  4. #4
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie



    Maradona: el mito de una sociedad basura


    JOSÉ MIGUEL PÉREZ- 27 NOVIEMBRE 2020

    La deificacion de Maradona ('Dios' del fútbol) por los medios de masas y por los espantajos buenistas, demuestra el punto peligroso al que llega una sociedad vacía y relativista: una sociedad que deifica a un hombre por haber jugado a fútbol y haber sido comunista confeso. Se banaliza la idea de Dios y se cae en la trampa de la progresía, consistente en blanquear a cualquier comunista pese a su degradación personal para validar un ideario, el de los 100 millones de muertos, el del Che, el de Castro y el de Nicolás Maduro. Maradona fue un comunista que apoyó a narco dictadores americanos aliados de ETA y de Podemos, y su drogadicción lo convirtió en una especie de mártir para los perroflautas y los adoradores del comunismo.

    Maradona ha muerto. Pero como era comunista y drogadicto ya ha sido elevado a los altares por la sociedad moderna, degradada y progre. Afortunadamente será Dios -el verdadero- quién lo juzgue.


    https://elcorreodeespana.com/socieda...uel-Perez.html







  5. #5
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    ARGENTINA: La vulgaridad en política

    Tras la muerte de Maradona lo vulgar de la política argentina


    Por Alberto Buela


    Murió Maradona y el gobierno argentino de Alberto Fernández se apresuró a velarlo en la Casa Rosada, cuando lo habitual en casos de personajes públicos importantes es velarlos en el Congreso de la Nación, para que todos los que piensan distinto se sientan cómodos en la casa común de la democracia.

    Es que la Casa de Gobierno cambia de color según el presidente que la habita, mientras que el edificio del Congreso es siempre multicolor.

    El premio Nobel de medicina Federico Leloir fue velado en su casa y Mercedes Sosa en el Congreso. En cambio Kirchner fue velado en la Casa Rosada porque su esposa Cristina era la presidente en ese momento.

    Es evidente la intención por parte del gobierno de utilizar a un muerto ilustre para beneficio propio. Además el presidente canceló toda su agenda de reuniones por dos días.

    En este sin sentido, el esfuerzo grotesco del presidente por parecerse a un conductor político nos trajo a la memoria a Karl Marx, quien en El Dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte, la menos marxista de todas sus obras, afirmaba que era preciso analizar “las circunstancias y condiciones que permiten a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”

    La vulgaridad, en este caso soez, de este tocayo mío viene de su desformación en su casa, la escuela secundaria y la Universidad de Buenos Aires. Universidad que ha dado grandes personalidades e investigadores, como Leloir, pero que al mismo tiempo produjo personajes vulgares como éste. Y así como Borges decía que los peronistas no son ni malos ni buenos, sino incorregibles, mi tocayo no es ni bueno ni malo, es un vulgar. Lo es en sus modos y maneras, en sus ideas donde repite lo mismo que se repite en todos los media, en los lugares comunes de todo su decir y obrar. El término vulgar lo representa en forma adecuada.

    Aun no terminó el velorio de Maradona, solo esperemos que (cito a Marx) “este personaje mediocre y grotesco no quiera representar el papel de héroe”hablando en su discurso de despedida.



    https://www.tradicionviva.es/2020/11...d-en-politica/

  6. #6
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    «Gracias, Diego». Ante la muerte de Maradona

    noviembre 26, 2020

    No conocemos al autor del texto, pero nos parece de lo mejor que hemos leído, no acerca del pobre personaje en cuestión, sino de lo que es la superficialidad argentina.
    Que no te la cuenten…P. Javier Olivera Ravasi, SE

    GRACIAS DIEGO!


    Sinceramente nunca pensé en agradecerte algo que no tenga que ver con el fútbol, pero hoy siento que debo hacerlo.Gracias Diego por mostrarnos lo que somos, por desnudar el gobierno que tenemos.Por dejarnos en claro que tenemos un país que cuando nuestros abuelos agonizan y no tienen acceso a una ambulancia, vos tuviste 11 paradas en tu casa por horas.




    En un país donde la policía no dejó circular a una nena con cáncer y su padre la tuvo que alzar en brazos 5 km, mientras, tuviste cientos de policías haciendo una caravana para llevarte a casa Rosada.

    Un país donde miles de personas (me incluyo) no pudieron despedir ni velar a un ser querido pero vos tuviste una despedida multitudinaria y descontrolada.

    Si, es el mismo país donde este presidente nos tuvo encerrados 9 meses e hizo quebrar miles de empresas, donde muchos quedaron varados sin poder llegar a su hogar y donde tantos otros murieron en soledad, porque había una pandemia mortal.

    Gracias Diego por permitir que se muestre a flor de piel estas 2 argentinas: una para famosos y políticos donde todo vale y otra para los ciudadanos comunes que tenemos que cumplir las reglas de aquellos que no las cumplen.

    A vos que te gustaba sacarle la careta a todo Diego, hoy le sacaste la careta a la cuarentena y al gobierno que apoyabas.Que descanses en paz y nuevamente

    ¡Gracias!

    Pablo Cobos



    https://www.quenotelacuenten.org/202...e-de-maradona/

    Beatrix dio el Víctor.

  7. #7
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    Cuando una muerte es un insulto

    Por Antonio Caponnetto


    27/11/2020



    Difícil sintetizar en un par de líneas el oscuro fenómeno que desató la muerte de Maradona. Valga el intento:

    El sujeto que acaba de morir era un degenerado; un vicioso ostensible, que aglomeró en su conducta todos los pecados capitales. Una contrafigura, un antimodelo, un personaje despreciable. Los filigranas que supo hacer con una pelota no quiso ni supo hacerlo con su vida, a la que llevó, en no pocas ocasiones, al límite mismo del bestialismo. Sus predilecciones hacia la izquierda rabiosa y virulenta, tan ostensibles cuanto básicas, completaron el cuadro de una degradación que parecía no hallar fondo.

    La deificación que se le tributó en vida –y que él fomentó como parte de su inmoralidad- hasta la actual apoteósis insensatamente organizada por el gobierno alrededor de su cadaver, muestran como pocas veces en la historia la inmensa y avasallante corrupción que envuelve al poder político, y la penosísima estupidización de las masas, incapaz el uno como las otras, de admirar a los verdaderos arquetipos, pero siempre prontos a glorificar a los canallas.

    La reacción oficial de la Iglesia,desde el obsceno Bergoglio hacia abajo, pasando por Poli,Tucho, capellanes futboleros et caterva, fue la previsible en estos tiempos de felonías múltiples e idolatrías formales: se sumó a la oclocracia imperante y desbordada, laudando al finado cual si estuviera ante los funerales de Héctor o el tránsito de un Padre del Yermo. Frases estamparon los encumbrados pretes en estas horas aciagas, que escandalizan y ofenden la vida y la memoria de los hombres de bien. El precitado Tucho, verbigracia, –que al fin de cuentas también se llama Fernández- osó decir que Maradona “nunca perdió la fe popular de los sencillos”. El besólogo episcopal debería saber que el occiso era la cabeza de una “Iglesia Maradoniana”, fundada en Rosario el 30 de octubre de 1998,en nombre de cuyos principios blasfemos pidió ser embalsamado y exhibido. No habrá sido la Pachamama, pero de haberse cumplido con su voluntad póstuma, no habría faltado quien lo llevara después hasta los mismos jardines del Vaticano.

    Se repite por todas partes que “al Diego” le debemos felicidad los argentinos todos; que no ha sido sino un surtidor de dichas, gozos y alegrías colectivas. Y el mismísimo Alberto, tras declarar tres días de duelo nacional y ordenar su velatorio en la Casa de Gobierno, usando el mismo argumento de la felicidad emanada por doquier, se preguntó retóricamente: “con qué autoridad moral puede alguien decirle algo?”.

    La respuesta es muy simple: con la autoridad moral que no tiene el que se formula el interrogante. Con la autoridad moral que sí tienen, en cambio, los simples hombres buenos, que a diferencia del orgulloso papi de “Dyhzy”, no son aborteros, ladrones, mentirosos, verdugos de la nación, hermafroditas o mafiosos.
    Mala señal para un pueblo cuando su máximo dador de felicidad es precisamente alguien que ha sido la antítesis de las dos condiciones que señalan los maestros clásicos para ser genuinamente feliz:vivir virtuosamente y contemplar lo que rectamente se ama.

    Como paradójico saldo positivo del circo tanático orquestado por el Gobierno, quedan varias evidencias. La mentira infame de la cuarentena; el mito del distanciamiento social, la cruel insensatez de embarbijar a la población y la aberración de la llamada neonormalidad. De la noche a la mañana,en cuestión de minutos, todo este andamiaje homicida y tiránico montado por el Gobierno, en consonancia con el Nuevo Orden Mundial al que sirve, se vino completamente abajo. Las multitudes recuperaron por arte de magia la paleonormalidad habitual, ordinaria, común y corriente. Dieron la vuelta al mundo las fotos de esos morochos rubicundos en cuero, “ferné” o “birra” en ristre, amontonados, atiborrados y hacinados; llorando, gritando y mucho más, los unos encima de los otros.

    De ahora en más, el ciudadano que siga creyendo en que nos han estado cuidando la salud, a costa de nuestra libertad genuina y de nuestra dignidad creatural, o es un estulto o es un cómplice de la “plandemia”. De ahora en más, lo reiteramos, será tenido por necio o por aliado de la tiranía, el que no advierta que hay muertos de primera y otros de cuarta, que la plata y la fama no tienen protocolos sanitarios que cumplir,y que para los actuales gobernantes se puede prohibir el culto, la educación y la familia, pero se debe permitir el desborde de las hordas futboleras.

    Interrogado el asesino Ginés González García acerca del peligro de un contagio masivo ante los desmanes provocados por las tales hordas, respondió con uno de sus flatus vocis: “no se puede ir en contra del pueblo”.

    Esto es lo que sucede cuando se confía el cuidado de la salud pública a un regenteador de chiqueros, a un repartidor de condones, a un promotor de vacunaciones probadamente dañinas, a un propulsor del filicidio y de la contranatura.

    Ha muerto Maradona. Dios sabrá –siempre lo supo, ya lo sabe- lo que tiene que hacer con su alma. A nosotros, más que su previsible muerte, nos duele hasta la sangre, constatar una vez más que,en la patria, hace tiempo ha muerto la Verdad, el Bien y la Belleza.

    Ha muerto Maradona. Su muerte, seguida de faraónicos tributos y de libertinajes por doquier, ha sido un insulto para los tantos muertos de estos meses de encierro; apenas dígitos de las estadísticas fraguadas por el oficialismo; apenas bolsas de cenizas; acaso apenas desconsolados agonizantes.

    Que a nadie se le ocurra, tras lo visto y vivido, que debemos quedarnos en casa; sin templos, sin escuelas, sin cercanías hogareñas; sin responsos ni festejos ni duelos.



    https://adelantelafe.com/cuando-una-...es-un-insulto/







    Última edición por Hyeronimus; 28/11/2020 a las 00:25

  8. #8
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie




    La desmesura

    Monseñor Héctor Aguer
    01/12/20 9:06 AM



    Un aspecto no menor de lo ocurrido, causa de lógica indignación: el gobierno que encerró al país durante ocho meses para cuidar la salud amenazada por la pandemia, eliminó de hecho todo protocolo en un vergonzoso espectáculo que él mismo ha organizado.

    Ciertos sucesos, y las personas que los protagonizan, adquieren o se les otorga una trascendencia que los hacen dignos de entrar en la historia. Este es el caso de Diego Armando Maradona, de su condición de crack extraordinario, que lo ubica entre los más grandes futbolistas del mundo desde que se tiene memoria de las gestas deportivas; también es el caso de las vicisitudes insólitas, caprichosas, de su existencia, de las clamorosas características de su muerte, velatorio y entierro.

    Desmesura, exceso, descomedimiento, atrevimiento, insolencia, desarreglo, desorden... Son las palabras que me vinieron a mientes al contemplar un largo rato, por televisión, las escenas de la despedida popular que se le brindó.

    Miles y miles de personas formaron una fila de 25 cuadras, permanentemente, esperando entrar a la Casa de Gobierno, que fue el desmesurado escenario ofrecido, y que lucía en su frente un gran paño negro en señal de luto. Se decretaron, además, tres días de duelo nacional, con la Bandera Argentina a media asta. Cuando se acercaba la hora de concluir el velorio, según había sido la decisión de la familia del difunto, llegó la Vicepresidente de la Nación, que ordenó interrumpir el ingreso para estar ella sola en el salón donde se había colocado el ataúd. Se desató, entonces, el explicable enojo de los asistentes, que verían frustrado el propósito de acercarse a su ídolo, y se enfrentaron con la policía: piedras, gases lacrimógenos, balas de goma, heridos. La presión de la multitud venció una de las rejas del palacio, y numerosos fanáticos enardecidos ingresaron al lugar; no era cuestión de pedir permiso. La avalancha dio por tierra con el busto de un ex presidente; otras esculturas se salvaron porque fueron retiradas a tiempo.

    El Presidente de la Nación, que al igual que muchos otros funcionarios acudieron a rendir homenaje al difunto, declaró que «si no hubiéramos organizado esto, todo hubiera sido peor, porque era imparable». No faltó la discusión política respecto de la responsabilidad por la intervención policial. Todo bien argentino. Según narran los periódicos, el Presidente colocó sobre el ataúd una camiseta de Argentinos Juniors, equipo del que es simpatizante, y que había integrado Diego, y dos pañuelos blancos, «símbolo de la lucha de los organismos de derechos humanos». Además, aprovechó el momento de popularidad prestada para sacarse selfies con muchos de los presentes. Otro mamarracho. En el Senado de la Nación también se rindió homenaje; caracterizaron a Maradona como un exponente de la identidad argentina, «referente del pueblo», un «irreverente social», que luchó «contra el dominio de las corporaciones sobre los débiles». El ideologismo oficial no podía perder la oportunidad que se le presentaba; los senadores se plegaron al uso que los políticos en general han hecho del astro futbolístico en numerosas ocasiones. ¡Son incorregibles! Un aspecto no menor de lo ocurrido, causa de lógica indignación: el gobierno que encerró al país durante ocho meses para cuidar la salud amenazada por la pandemia, eliminó de hecho todo protocolo en un vergonzoso espectáculo que él mismo ha organizado.

    Los homenajes se cumplieron, asimismo, en otros escenarios; numerosos periódicos reflejaron el caso, que adquirió una magnitud mundial: La Gazzetta dello Sport, ABC, L' Equipe, L' Humanité, Independent, Libération, Mirror Sport, The Sun, El País, La Stampa, The Guardian, Folha de Sao Paulo. Imagino lo que habrá sido en Nápoles. Hace unos años me maravilló ver que en el centro de esa hermosa ciudad prácticamente todas las vidrieras exhibían un retrato de Maradona. El sitio Vatican News lo recordó como «el poeta del fútbol». Algunos de los comentarios periodísticos argentinos han querido señalar la dimensión unánime de la veneración, como si esa «muerte del dios» -así se ha llegado a decir- hubiera sanado la grieta nacional en un instante de comunión, y como si ese sentimiento se hubiese extendido a casi todo el mundo. Europa y Asia, Israel y el mundo musulmán, América y África. Recojo un comentario cargado de esperanza: «Probablemente se trate de un fenómeno fugaz. Pero no fue un espejismo; ocurrió. Y lo que ocurre una vez puede llegar a repetirse». Tratándose de «dios», no es extraño que la desmesura asuma los rasgos de un páthos religioso. Diego habría sido un «héroe integrador», de esos que no abundan.

    A mi parecer, la desmesura manifestada en los hechos comentados tiene una base más amplia: la consideración exagerada que se hace del fútbol y de la ambigüedad de ese «mundo» en la cultura contemporánea, en la que asume una magnitud casi religiosa, que llena en muchísima gente el vacío de la ausencia de Dios. Sectores los más dignos y nobles de la actividad humana, como la ciencia, las artes, las letras, la buena música, el ejercicio de la beneficencia y la caridad, resultan desplazados en la atención general porque no tienen «llegada» a las muchedumbres, En este punto cabría plantearse la cuestión: ¿qué es lo popular? ¿Se trata solo o primeramente del número? A propósito me parece oportuno recordar una intervención descollante del Papa Pío XII: su mensaje de Navidad de 1944, que comenzaba con las palabras: «La benignidad y la humanidad de Dios nuestro Salvador», dedicado al tema de la democracia. En ese texto el gran pontífice establecía una distinción fundamental entre pueblo y masa. La imposición de la masa, y el uso político de la misma pueden hacer pasar como popular lo que no es una manifestación orgánica del verdadero pueblo; la democracia, si eso ocurre, se deforma en demagogia, utilizada hábilmente por los dirigentes, que no son entonces verdaderos políticos en el sentido aristotélico del término. La distinción pueblo - masa puede valer también para interpretar algunos fenómenos populistas que se registran en la Iglesia contemporánea.

    Ahora corresponde detenernos un poco en la persona de Diego Armando Maradona, con todo respeto y sin intención de juzgarlo. El excelente escritor Juan Luis Gallardo refirió en el diario «La Prensa» una anécdota, un suceso que le ocurrió en Roma, poco después de ganar Argentina el Mundial de Méjico. El triunfo nacional fue asegurado aquella vez por dos goles de Diego; uno de ellos fue el resultado de una jugada genial, y el otro metido con la mano sin que el árbitro lo advirtiera, un gol irregular atribuido a «la mano de Dios» (de «dios» habría que escribir). Cuenta Gallardo que un taxista romano, al comprobar que era argentino, comenzó a hablarle de fútbol y de Maradona, y deslizó esta observación sobre el famoso deportista: un grande giocatore ma un piccolo uomo: «un gran jugador pero un hombre pequeño».

    No lo ayudó a ser humana e integralmente mejor la gente que lo rodeaba, y utilizaba. En este campo quizá se le podría reconocer una cierta ingenuidad, potenciada por la fama que alcanzó y la fortuna que llegó a reunir; carecía de las condiciones humanas necesarias para emplear correctamente esos bienes. La sencillez de sus orígenes no explica ni justifica su adhesión a la ideología castrista, y su admiración por el Che Guevara. La debilidad que lo llevó a concertar parejas fugaces incurrió además en la injusticia de no reconocer a los hijos que engendraba, más que cediendo cuando no había otro remedio a las instancias judiciales; la disolución de la única familia verdadera que formó dio pie a los posteriores excesos; en este y en otros ámbitos su vida fue, como dice Gallardo, «un muestrario de malas conductas», y un pésimo ejemplo.

    El hecho de ser un astro del fútbol, uno de los más grandes de todos los tiempos, ayudó a que todo le fuese tolerado. Luego, algo fatal, el recurso a las drogas; posiblemente, en su vida estaba actuando una pulsión autodestructiva, que finalmente lo llevó a la muerte. Se podría pensar tal vez que el extraordinario logro alcanzado por su trabajo y sus méritos lo hizo creerse superior, más allá de cualquier censura posible.

    No se puede olvidar su descomedida actitud, su insolencia con San Juan Pablo II, en lo que se mostró también su inclinación ideológica, que tendía a identificar el amor a los pobres con la ilusión izquierdista. Sin embargo, corresponde reconocer su sensibilidad y la ayuda que prestó a diversas iniciativas benéficas. No tuvo idea de lo que es la Iglesia, como muchos otros argentinos no la tienen, lo cual es signo de un ancestral fracaso de la misión eclesial entre nosotros, cuyas causas no viene al caso examinar ahora.

    Se ha dicho que se reconcilió con la Iglesia, y pudo reconocerla como madre gracias al encuentro con el actual Sumo Pontífice; es esta otra muestra de su confusión, y de su dependencia de lo que la propaganda torna general. Su presunta religiosidad sería la del «argentino tipo»: bautizados que no han recibido la formación que sólo puede conceder la vida eclesial; muchos de ellos han hecho la «única Comunión» -desconozco si este es también el caso de Diego- ¿Qué es la «fe popular», la «fe de los sencillos» que se le ha atribuido considerando ciertos gestos de religiosidad, porque a veces se hacía la señal de la Cruz, nombraba a Dios, y pedía ayuda a la Virgen? Otras informaciones, en cambio, hablan más bien de una «religiosidad» gravemente heterodoxa. En todo caso, su perfil espiritual muestra la ausencia de la Iglesia. El clericalismo populista habla de la «fe popular» que le transmitió su madre Tota, y que nunca perdió; es penoso, lo usa políticamente. La discreción es lo que correspondía. Pero ¿quién se le acercó, alguna vez, para anunciarle a Jesucristo, para desempolvar el don del Bautismo que residía en el fondo de su alma, para intentar convertirlo a la vida de la gracia? ¡Qué signo maravilloso habría sido, teniendo en cuenta su fama, la recuperación cristiana de Diego Maradona! ¡Qué repercusiones culturales y sociales habría tenido! El drama del catolicismo argentino, de lo que queda de él, se pinta entero en la situación particular del grande giocatore, del piccolo uomo.

    El estado de las cosas que he descrito pone en evidencia la actual crisis (o decadencia) de la Iglesia, tema del cual me he ocupado en otras intervenciones, y que ahora resumiría así: se persevera en la reducción de Dios, y de los misterios de la fe -lo diría en términos kantianos- al plano de la razón práctica; la Iglesia ocupándose primordialmente de hacer más llevadera y feliz la vida de la gente en este mundo. Hemos abandonado a nuestros hermanos evangélicos, con sus probables acentos fundamentalistas, la predicación explícita del Evangelio sine glossa, el anuncio de la necesidad de la gracia, y del cumplimiento de la Ley de Dios para alcanzar el Reino; pareciera que la misión católica consiste ahora en promover la fraternidad universal. Después de esta digresión, vuelvo al caso Maradona, para concluir este rápido inventario.

    Las noticias destacan la soledad de sus últimas horas; es una paradoja, tratándose de alguien admirado y mimado, un hecho que mueve a la compasión y permite reflexionar sobre la inanidad de la gloria del mundo. ¿Cómo fue posible que nadie advirtiera a tiempo la gravedad de su estado, y que se decidiera a acompañarlo? Quizá era el momento oportuno para acercarle un sacerdote, pero en nuestro país sería este un recurso inhabitual, que no se le ocurriría a nadie. Hay un Servicio Sacerdotal de Urgencia, servido por laicos generosos que acompañan al sacerdote de turno. Sin embargo, según los testimonios, las veces que salen son para atender no casos urgentisimos, sino para suplir la dificultad de encontrar un sacerdote en horarios diurnos. Más allá de la asistencia religiosa, en el caso de marras se trató de un increíble abandono humano. ¡Qué contraste con el espectáculo desmesurado de la «despedida» popular!

    Como en todos los casos que adquieren una dimensión histórica, se continuará hablando de él, se creará un mito nacional. Otro recuerdo es, ciertamente, necesario: la oración por el difunto, la apelación en su favor a la misericordia de Dios, cuyos juicios superan inmensamente nuestros cálculos. He escrito esta nota después de ofrecer la Santa Misa en sufragio, por su eterno descanso.


    + Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata

    Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Académico Correspondiente de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro. Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).


    Lunes 30 de noviembre de 2020.

    Fiesta de San Andrés, Apóstol y Mártir.-

    Archivado en: Argentina; Monseñor Héctor Aguer




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=39265en

  9. #9
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    Re: Dios ni es comunista ni un mierda de yonkie

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    12 de diciembre de 2020

    MARADONA





    He de confesar que Diego Armando Maradona Franco siempre me pareció un sujeto antipático, la encarnación misma de todos los prejuicios que se tienen en contra de los argentinos, quienes a menudo, son retratados como un cúmulo de soberbia, narcisismo, egolatría, sensiblería e histrionismo, todo lo cual, el astro del fútbol parecía confirmarlo.

    No puede negarse que el sujeto fue un genio como deportista, con una mente creativa y clara al momento de estar en la cancha, poseía una enorme inteligencia motriz, que le permitió convertirse, después del brasileño Edson Arantes Do Nascimento Pelé, en una de las más grandes figuras del Fútbol Soccer, y del deporte profesional en general. Sin embargo, su vida personal fue un verdadero desastre por donde se le vea, presa de diversas adicciones, una escandalosa vida sexual, en la que al parecer, incluso se lió con menores de edad, fue manipulado y usado como vehículo de propaganda por dictaduras y movimientos populistas de Izquierda, como el régimen venezolano o la dictadura de Fidel Castro, despotricando contra las riquezas del Varticano mientras gozaba de los lujos de Dubai, entre otras extravagancias, excesos y abusos, en los que llegaron a ser víctima sus propios hijos ilegítimos, que tuvieron que pasar por largos procesos judiciales para ser reconocidos.

    En su descargo, puede alegarse que Maradona provenía de un origen muy humilde, con una infancia vivida en la pobreza y la ignorancia, y de la que salió a base de darle patadas a un balón, nunca estuvo preparado para el éxito ni mucho menos para lidiar con la fama y la repentina enorme riqueza que acumuló fruto de millonarios contratos con equipos del calibre del Barcelona o del Nápoles, patrocinios y acuerdos publicitarios, entre otras cosas. Deslumbrado por la notoriedad alcanzada y la riqueza para él, casi infinita que había logrado tener de un momento a otro, rodeado de lambiscones, aduladores y ambiciosos, se precipitó al despeñadero de los vicios sin freno y se hinchó de soberbia.

    Pero ¿porqué la figura de Maradona despertó tanto fanatismo en Argentina? El Pelusa o es adorado como un dios pagano, con la creación de una Iglesia Maradoniana en la que se le rinde culto, o bien es denostado por su vida personal hasta el extremo en el que hasta se pretende negar el mérito de lo alcanzado en los estadios del mundo. Para entenderlo hay que echar un vistazo a la Historia reciente de Argentina, como algunos lo han señalado.

    Maradona es señalado como el único que le ha dado alegrías a Argentina en los últimos ochenta años... y es cierto, la Historia del país sudamericano es la de una nación que, tras un comienzo inestable, después de la Independencia respecto de España, se vio dividida en regiones controladas por caciques y jefes militares que la llevaron casi a su fragmentación. Pero, a partir de la constitución federal de 1853, Argentina inició un vertiginoso ascenso hacia la estabilidad y el desarrollo económico. Desde la década de 1890 y hasta los años veinte del siglo XX, fue una de las economías más potentes del planeta y uno de los países con el nivel de vida más alto, por ello, se convirtió en un imán para la migración, particularmente europea, lo que se refleja en apellidos italianos, anglosajones, alemanes o eslavos que conviven con los hispanos. Maradona mismo, por ejemplo, era de origen gallego y croata, además también de contar con ascendencia mapuche, o actualmente, causa sensación en la farándula de la pandemia la actriz Anya Taylor-Joy, de orígenes británicos y españoles asentados en el cono sur, y qué decir de figuras políticas como el sirio Carlos Saúl Menem o el croata Nestor Kirchner.

    Sin embargo, a partir de los años treinta, Argentina ha sido presa de populistas, regímenes militares cleptocráticos y un enorme estancamiento, que llevó a seguir dependiendo de su potente agricultura y de su ganadería, pero sin generar industrias de la transformación, ni presencia real en el comercio internacional o las finanzas, además de pésimas gestiones en materia económica, cada una peor que la anterior, fue precipitando al país sudamericano al empobrecimiento y a perder su lugar en el mundo desarrollado. Argentina quizá tocó fondo con la derrota ante el Reino Unido por las Malvinas en 1982, tras ello, vino el Campeonato del Mundo celebrado en México en 1986, y en él, Maradona se convirtió en el héroe que la deprimida Argentina necesitaba. El partido frente a Inglaterra, mostró los contrastes de Maradona: primero firma una de las jugadas individuales más hermosas de la Historia del Fútbol, partiendo desde media cancha y evadiendo a prácticamente todo el combinado británico, para anotar un gol; posteriormente, mete un gol con la mano, que él negó, diciendo que ese gol había sido anotado por "la mano de Dios". Hasta el día de hoy, Peter Shilton, quien fuera el portero de la selección inglesa en aquel torneo, sigue denunciando la trampa, y cómo el arbitraje hizo ojos ciegos a una trampa sumamente evidente que fue capturada por las cámaras. Increíblemente, los medios y comentaristas corrieron a defender al argentino y a tildar a Shilton de rencoroso y de "no saber perder"... indicativo de los tiempos actuales en que la honestidad y las virtudes morales no son apreciadas; y sí la viveza, y la habilidad para tranzar y avanzar.

    Si la FIFA hubiese actuado en respeto a las reglas del Fútbol, Maradona debió haber sido expulsado y Argentina descalificada de la copa; pero no fue así, probablemente temieron meterse contra el que, en aquel entonces, era la máxima figura y la más popular de ese deporte a nivel mundial.

    ¿Qué actitud debemos tener con Maradona? Como deportista, debe ser recordado por sus logros y sus aportes al desarrollo del Fútbol. Como persona y fenómeno mediático, creo que debe ser visto como un ejemplo de cómo la fama y el éxito destruyen a las personas que no se encuentran preparadas para ello, así como una muestra de cómo los medios contribuyen a esa destrucción, y cómo también ocultan los aspectos oscuros de aquellos que se convierten en sus objetos de explotación: deportistas famosos, estrellas de cine o de la música y también políticos y figuras empresariales. Un mundo corrupto, sin duda; a Maradona su talento lo elevó, pero los intereses y la corrupción del deporte profesional, de los medios y los intereses políticos de ciertos regímenes dictatoriales que lo vieron como un instrumento de propaganda,y lo supieron manejar a través de los vicios, y le brindaron igualmente impunidad, todos ellos lo hundieron. Claro, él no fue una víctima inocente, pudo decir "No", pero se dejó deslumbrar por los oropeles que le ofrecían.

    Que Dios tenga misericordia de su alma.




    _______________________________________

    Fuente:

    EL MUNDO SEGUN YORCH: MARADONA

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