Otro tipo de máquina para acuñar monedas fue ideado por Leonardo da Vinci (1452-1519), que dibujó en sus cuadernos el primer ejemplo que conocemos de un
molino de acuñación. Este tipo de ingenio, acoplado a una
rueda hidráulica (aunque también funcionaban a tracción animal), imprimía las monedas en una
lámina de metal que pasaba entre
dos cuños rodillos. Estas máquinas permitían la acuñación de monedas de mucho mayor diámetro ya que la fuerza se aplicaba progresivamente por una pequeña superficie de la lamina, en lugar de toda la superficie a la vez como las técnicas del martillo o prensa de volante. Los nuevos ingenios de acuñación se extendieron hacia mediados del siglo XVI a varias cecas en la región centro europeo de Alemania, Austria y Hungría, controlada por los Hapsburgos, cuyo dominio también incluía España.
Es digno de mencionar que la ciudad alemana de Augsburgo tenía una de las cecas mecanizadas más avanzadas del mundo en el siglo XVI; ciudad donde un siglo antes se inventó la imprenta, pues era el corazón tecnológico del mundo de entonces. La fabricación de moneda era todavía la industria "compleja" más sofisticada que existía y este nuevo procedimiento mecánico solo se conocía en Europa. Lo demás del mundo civilizado sólo conocía la industria "simple" o artesanal, que generalmente no utilizaba maquinaria, excepto por la molienda de granos. En estas lineas, recordamos la total ausencia de complejas industrias en los continentes americanos y África en esta época, y destacamos que China, aunque muy desarrollado artesanalmente y artísticamente, no acuña monedas con medios mecánicos hasta 1889, pues allí, aunque se produce monedas desde antes de la era cristiana, la técnica era siempre la del vertido de metales fundidos entre
moldes, tal y como se practicaba hasta hace muy poco tiempo en algunas regiones africanas.
A partir de 1550, empieza a llegar a España enormes cantidades de plata, coincidiendo con el descubrimiento del legendario Cerro Rico de Potosí, hoy en Bolivia. En esta época, España enviaba importantes sumas de dinero a Alemania para sostener el Imperio. Este dinero, en forma de moneda de pésima manufactura a martillo, cuyos bordes eran muy irregulares, estaba sujeto al
arte ilícito de los cercenadores que cortaban pequeños trozos de plata y oro de monedas que luego devolvieron a la circulación, una por una, por su valor nominal. En los grandes envíos de dinero al exterior, el valor total del envío según la contabilidad nominal, fue contrastado con el peso total de lo debiera tener según la talla oficial de cada pieza. La resultante discrepancia, fruto de la labor de los inescrupulosos cercenadores, causaba reclamaciones y numerosos inconvenientes.
Los nuevos ingenios de acuñación producían monedas casi perfectas, con bordes tan uniformes que imposibilitaban la labor de los cercenadores. La ventaja que proporcionaba esta nueva tecnología fue tan evidente al Archiduque Fernando, de Tirol, recibidor de grandes cantidades de moneda española, que no dudaba en regalar algunos ingenios a su primo, Felipe II, rey de España. Los ingenios fueron construidos en la Casa de Moneda de Hall, cerca de Innsbruck, en Austria. Hoy se considera el convoy industrial que traía esta novedosa maquinaria, con toda una plantilla de los técnicos más cualificados, hasta Segovia en 1584, como el trasvase industrial más grande, de mayor distancia e importancia jamás ocurrido hasta entonces en la historia del hombre.
El edificio donde se instaló esta maquinaria en Segovia fue diseñado y construido por el más prestigioso arquitecto español de todos los tiempos - Juan de Herrera - que contó en todo momento con otro equipo de alemanes que había venido en 1582 desde Augsburgo precisamente para ayudar en la selección de un emplazamiento y la construcción de lo que iba a ser la fábrica de moneda más grande e importante de todo el mundo, lógicamente, para el rey más potente y con más metales para acuñar que cualquier otro. Los monederos alemanes acuñaron las primeras pruebas en el Real Ingenio de Segovia en julio de 1585 y así se estrenaba la planta industrial manufacturera mecanizada más sofisticada jamás construida.
Mientras que las demás cecas europeas que disponían de similar maquinaria (poco más de media docena) eran edificios viejos y sencillos que fueron reformados y adaptados para la instalación de estos sistemas, el edificio en Segovia fue diseñado desde principio como una verdadera
planta moderna, en la que cada etapa de la cadena de producción contaba con su espacio para las máquinas especializadas que realizaban el trabajo: grandes fuelles movidos por ruedas hidráulicas que soplaban los hornos de fundición; ingenios, también movidos por la fuerza hidráulica, que laminaban las tiras de metal con rodillos lisos hasta que tenían el grosor deseado; otros ingenios con rodillos grabados en hueco, que imprimían la moneda; tornos, también movidos por la fuerza hidráulica, para tornear los cuños y rodillos; prensas de corte - tipo volante - que se usaban para recortar las monedas de las tiras imprimidas; cajas que se movían con poleas para subir y bajar las monedas de un piso a otro; balanzas para pesar lingotes y monedas; y otro sin fin de implementos y utensilios que ya se usaban en las cecas tradicionales.
La planta segoviana fue diseñada cuidadosamente para repartir cada fase de la producción en departamentos que permitían una lógica progresión de la labor, tal y como las modernas factorías de hoy con sus cadenas de producción. Igual a las modernas factorías de hoy, la planta segoviana producía - mecánicamente - millones de piezas idénticas en serie.
Si consideramos lo especializado que era cada oficial técnico, lo detallado que eran las reglamentaciones y ordenanzas que controlaban la plantilla, el proceso de la fabricación y la calidad de un producto, la aparición por primera vez de una garantía explícitamente colocada en caja ejemplar, lo sofisticado que era la maquinaria que fue traída a Segovia desde miles de kilómetros de distancia y que permitía fabricar un producto que siempre había sido manipulado por los fraudulentos - ahora inalterablemente - y que todo esto fue instalado en un edificio especialmente diseñado desde el principio en departamentos que permitían una verdadera cadena de producción de millones de piezas idénticas en serie- todo en el año 1585 - no cabe duda que estamos tratando de uno de las primeras, verdaderamente modernas, plantas manufactureras industriales de la historia y por tanto uno de los más importantes hitos en el desarrollo de la civilización del hombre.
Pero quizás lo más sorprendente de todo, es que el edificio del Real Ingenio de la Moneda de Segovia aún permanece en pie, virtualmente tal y como estaba diseñado hace más de 400 años, aunque por cierto está vacío ahora de todo tipo de maquinaria de acuñación.
Varios factores han coincidido en que la planta segoviana sobreviviera, mientras que muchos otros antiguos edificios industriales en todo Europa, entre ellos casas de moneda, han desaparecido. Muy pocas plantas industriales - nuevas o antiguas - sobrevivieron el bombardeo sufrido por Alemania y su entorno en las guerras de este siglo. El desarrollo urbano en Europa también ha acabado con muchas antiguas plantas industriales que, desgraciadamente, nunca han recibido el respeto otorgado a otras estructuras históricas como palacios, castillos, catedrales, etc. ¡De hecho, es solo durante los últimos 20 años que el hombre ha llegado a reconocer los viejos edificios industriales como parte integral de su Patrimonio Histórico y como testigos indispensables del desarrollo de la civilización!
Al contrario a los casos citados arriba, Segovia no sufrió grandes destrozos en ninguna guerra y su población hoy es poco más que el doble de lo que fue hace 400 años, casi todo el aumento siendo durante la última mitad de nuestro siglo. Lo poco que ha crecido la ciudad ha sido en los distritos sureños, mientras el lado norte está todavía tal y como estaba hace siglos, gracias al escarpado valle del río Eresma que ha actuado como un escudo en la protección del Real Ingenio. Su uso como ceca se prolongó hasta 1868 y seguidamente después se encontró otra utilidad como fabrica de harina, actividad que no requirió grandes obras para su implantación. De hecho, la estructura ha sido esmeradamente cuidada hasta el cierre del negocio de harina en 1974; su abandono total desde entonces siendo su mayor enemigo de toda su existencia, exacerbado, como hemos dicho, por el desprecio general hacia monumentos industriales a favor de los más tradicionales, los cuales son más que abundantes en Segovia.
Si consideramos que las fábricas de moneda eran las industrias más desarrolladas en el siglo XVI, que sólo existían media docena de otras plantas similares a la de Segovia de construcción anterior, ninguna tan técnicamente diseñada y ninguna sobreviviendo hasta nuestros días, llegamos a la conclusión que el Real Ingenio de la Moneda de Segovia es, sin lugar a duda, la planta industrial manufacturera más antigua aun en pie de todo el mundo, y por lo tanto, un monumento singularísimo en su categoría; merecedor de toda la atención que le podemos dar.
Marcadores