Derechos humanos: concepto, problema y consecuencias
Los derechos humanos hacen parte en el orden querido por Dios
Cuando Juan Pablo II se refiere así a los derechos humanos (1) podemos observar que nos encontramos ante un fenómeno de interés e importancia considerable. Los derechos humanos se han convertido en un dogma internacional inviolable (que como hemos visto ha llegado a ser bendecido por la Iglesia). Pero, ¿son verdaderamente una victoria en el camino de los hombres en búsqueda de la Verdad? ¿Son estos derechos naturales? ¿Serían, por tanto, santificables? A estas y a otras preguntas me dispongo a responder a continuación.
- Los derechos humanos, el concepto
Cuando me refiero a los derechos humanos, estoy hablando de una serie de postulados a los que el consenso de los países ha concedido al calificativo de inviolables. Serían por tanto, unas aspiraciones que toda sociedad debe promover y defender entre los integrantes de la misma. Los derechos humanos nacen a raíz de la Revolución en Francia, quiero con ello decir que los conceptos filosóficos de los revolucionarios franceses se pueden leer entre las líneas de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Pero si nos detenemos en nuestra reflexión unos instantes, hemos de preguntarnos qué ideología primó en la Revolución para comprender el fenómeno de los derechos humanos. La ideología que buscamos se denomina liberalismo.
No he cometido ningún error al emplear el término ideología. Entendemos ideología como una prolongación del pensamiento propio a la realidad buscando la asimilación de la última al pensamiento original. Quiero decir, el ideólogo no formula teorías basadas en la realidad, sino que formula teorías y a partir de estas construye una realidad que él cree es la auténtica. Así, lo que para un marxista significa la Historia (pura sucesión de lucha de clases que conforman nuevas estructuras de producción) no es lo mismo que para un darwinista (sucesión de errores y aciertos que provocan la evolución de los organismos). Como ya nos habremos percatado, la realidad es mucho más compleja que lo previamente citado a modo de ejemplo, pero el ideólogo no lo sabe (y si lo sabe le trae sin cuidado), su único propósito es obligar a la realidad a pasar por el aro de su teoría.
Ante la definición de la ideología, quizás algún lector queda escandalizado por referirme así a la ‘conquista’ que suponen los derechos humanos. La reflexión pausada apaciguará a los escandalizados. La Revolución francesa responde a los postulados ideológicos liberales, ideología que como todas posee una visión sesgada del hombre, la sociedad, el bien… ¿Es creíble que dichos postulados ideológicos no estuvieran presentes en las mentes de aquellos configuraron la matriz de los llamados derechos humanos? Obviamente no. Por tanto, los derechos humanos son una ideología, la cual analizaremos a continuación.
- El problema de los derechos humanos
Una vez identificada la raíz liberal del objeto de estudio. Es necesario saber qué conceptos operan bajo el mismo para facilitar nuestro análisis. Primeramente, el concepto de individuo liberal es un hombre soberano, independiente de toda autoridad y orden (natural y sobrenatural). Cierto es que el proceso de emancipación del hombre de los lazos diversos que lo relacionan con la realidad ha sido una obra del liberalismo progresiva, y lo que comenzó siendo el depósito de la soberanía (la voluntad popular roussiniana) pasó a ser el mero individuo mismo. Este concepto de hombre está relacionado sustancialmente con el concepto de libertad liberal. La libertad en el pensamiento político tradicional vendría a ser una facultad del hombre que radica en la voluntad y en la razón, por medio de la cual podemos discernir lo bueno de lo malo y llevarlo a cabo y ello la subdivide en dos: una primera llamada negativa o inferior que sería la mera facultad de hacer los que dictan las pasiones sirviéndose de la voluntad herida por el pecado, y una más perfecta, positiva, que buscaría el recto proceder haciendo al hombre dueño de sí mismo por medio del ejercicio de las virtudes. Así, la visión clásica nos advierte que la mera libertad negativa termina por esclavizar (siendo el hombre esclavo de sí mismo) y la positiva nos libra de la esclavitud de las pasiones. La Modernidad ignorará la libertad positiva, quedando esta reducida a la libertad negativa. Cuando queda el hombre afectado por esta visión de la libertad ideológica y sesgada cae en un error, cree que será libre en la medida en quede desvinculado de todo lazo de sí mismo. Así el liberalismo postula un hombre en constante obsesión por huir de las inevitables relaciones naturales (del marido par on su esposa, del hijo para con su padre, del siervo para con su rey…). Por ello, el liberalismo constituye un ataque per se al orden natural de la Creación.
Siendo pues la ideología operante bajo los derechos humanos, ello favorece que las pretensiones por ellos perseguidas no respondan a la positivización de elementos de derecho natural (a veces ni eso), sino a un instrumento en el proceso de disolución del hombre para con sus relaciones naturales. Quiero con ello decir que aunque quizás podamos encontrar entre los derechos humanos algunos que se corresponden con la ley natural, no por ello debemos secundarlos pues es la ideología operante bajo los mismos la que constituye un verdadero peligro.
En este cuadro, las relaciones entre el elemento positivo y negativo no son pacíficas. El elemento positivo siempre termina depreciado (derecho a la vida), tergiversado en su sentido (dignidad humana) o alcances (propiedad privada), o simplemente son expulsados del contenido de los derechos humanos (el derecho de los padres a una educación cristiana a los hijos). Pues lo que importa, en definitiva, es que más tarde o más temprano, el elemento positivo se ponga al servicio del elemento negativo, para trazar un mundo en que el orden cristiano y natural sea expulsado como criterio de referencia de la nueva sociedad a construir (y que a estas alturas ya se está construyendo a pasos de gigante) (2).
- Las consecuencias ideológicas de los derechos humanos
Una vez que nos hemos referido ya a los derechos humanos como concepto, una vez que hemos analizado la pseudofilosofía que opera bajo los mismos, estamos en condición de emitir un juicio sobre los mismos y analizar las consecuencias del mismo.
Como hemos visto antes, a pesar de los elementos positivos encontrados bajo los derechos humanos, su esencia se encuentra en radical oposición con la filosofía clásica y por tanto, de los principios de la Tradición católica y política. Ello favorece que, ante un choque de intereses entre la raíz de los derechos y unos derechos concretos, termine por imponerse la raíz de los mismos obviamente pues estos se asientan en la misma.
Pero no olvidemos un elemento previamente apuntado y de gran importancia, la esencia ideológica de los derechos humanos les lleva a ideologizar, es decir, a configurar a los hombres y a la sociedad donde imperan acorde con sus postulados.
Y respecto a ello, el problema de fondo no es que exista una mala interpretación de los derechos acordes con la ley natural, sino que la ideología configurará una sociedad donde elementos como la ley natural quedan fuera de la misma, constituyéndose los derechos humanos en inviolables en sí mismos.
Debemos observar a su vez que la ideología tiene un concepto de hombre concreto y mientras esta esté vigente luchará por crear hombres y sociedades acordes consigo misma. Así los derechos humanos configurarán hombres:
- Desenraizados en su tierra, pues el liberalismo operante bajo los mismos los lleva tener una visión contractual de la sociedad.
- Esclavos de las pasiones, pues el concepto de libertad negativa es el principio y fin de los derechos humanos.
- Fervientes defensores de la soberanía del hombre. Los derechos humanos surgieron de la Revolución, es decir, cuando el Antiguo Régimen cae (y con él los derechos de Dios en la sociedad), los revolucionarios separan el plano natural del sobrenatural. Una vez hecho esto, no tiene sentido la existencia de derechos divinos en la sociedad pues Dios se encuentra en otro orden. Surgen así los derechos del hombre. Consecuencia lógica de lo anterior será la aparición de dos soberanías (humana y divina). Esto se encuentra en clara oposición a la doctrina católica.
- Desobedientes a la autoridad natural legítimamente constituida. Esto es cosecuencia del punto anterior, pues si los hombres se independiazaron de Dios, ¿tenía el rey o el poder político alguna esperanza de continuar gobernando a los liberales? No, pues bajo los derechos humanos encontramos la teoría clásica liberal de que no hay autoridad que no dependa del consenso.
- Falsa concepción del Derecho. En la medida que los derechos humanos son principop y fin, lo que no pertenezca a los mismos no es inviolable, y puesto que los derechos humanos son orquestados por gobiernos en consenso (su cambio es inevitable), la idea de principios inmutables de la realidad que cristalizan en el Derecho como una Derecho natural es irrisoria.
Por todo ello la Iglesia condenó la Declaración y con ella el principio operante bajo la misma:
- Los 17 artículos sobre los derechos del hombre que son una repetición fiel a la declaración hecha por la Asamblea nacional de Francia de esos mismos derechos, tan contrarios a la religión y a la sociedad y que la Asamblea del Condado adoptó para hacer la base de su nueva Constitución (3).
- Otros 19 artículos que eran los primeros elementos de esa nueva Constitución y que habían sido extraídos de la Constitución de Francia. Ahora bien, como era imposible que consintiéramos en sancionar deliberaciones de esta índole y que Nuestros ministros, cualesquiera que fuesen, las pusieran en ejecución, la Asamblea representativa del Condado no pensó más desde entonces constreñirse a ellas (4).
No obstante, como ya hemos señalado, existe un poderoso grupo en la Iglesia católica que estaría dispuesto romper con la clásica visión hacia los derechos humanos y rebautizarlos. Ya nos hemos referido a esa situación, y por ello, nuestro deber es permanecer firmes en el Magisterio de siempre.
- Conclusión
Una vez realizado todo nuestro análisis podemos concluir en que la ideología de los derechos humanos se encuentra opuesta a los pensamientos de la Tradición política y católica. Sus naturalezas son irreconciliables y por ello, toda concesión hecha para uno supondrá perjudicar gravemente al otro.
Miguel Quesada
Bibliografía
- JUAN PABLO II, DCD del 9 de enero de 1988, núm. 10.
- ALVEAR, J.: La ideología de los derechos humanos y la Doctrina Social de la Iglesia: un compromiso imposible. Verbo, núm. 513-514 (2013), 307-333.
- PÍO VI, Adeo nota, 1791
- Ídem.
https://circulohispalense.wordpress....consecuencias/
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