Si se me permite voy a escindir un aspecto de la discusión que se ha suscitado en torno a la presentación del forista Ahari jokua en un tema concreto.
En primer lugar voy a exponer un análisis del complejo tema del estatuto vasco-navarro. En gran parte me valgo para ello de largas conversaciones con un entrañable y veteranísimo carlista donostiarra, seguramente el mejor conocedor de la historia del Carlismo del siglo XX. La constitución de la II República, apoyada por los nacionalistas vascos, fue sin duda el régimen más centralista de la historia de España, pero dispositivamente permitía atemperar ese centralismo con la figura, hasta entonces inédita en el derecho público, de los llamados "estatutos". Los mismos, como en la actualidad, poco tenían que ver con la restauración foral y simplemente repetían la lógica centralista a escala regional. Sin embargo el Carlismo ante esta tesitura se encontraba en la necesidad de tomar una decisión, máxime cuando tantos cargos públicos poseía por aquel entonces. A la oposición al férrero centralismo se unía otra consideración: la posibilidad de frenar la satánica política antirreligiosa de la II República. Por eso el socialista bilbaíno Indalecio Prieto, que fue uno de los máximos opositores a dicho Estatuto dijo que suponía "un Gibraltar Vaticanista". El PNV puso el acento en sus orígenes religiosos y de ahí la "entente" temporal entre carlistas y nacionalistas. En la política nadie está exento de equivocarse, ni siquiera manteniendo los mejores principios, y más cuando por la importante fuerza social que en ese momento representaba el Carlismo se exigía tomar una decisión concreta.
No obstante el Carlismo siempre fue el principal impugnador intelectual de todas las sandeces de los nacionalistas. De esos años son las obras desmitificadoras de Víctor Pradera contra el "napartarrismo", que le valieron ser asesinado por disposición directa del aragonés del PNV (luego durante la transición en HB) Telésforo Monzón. También en las calles las tortas, los tiros y los muertos entre Carlistas y nacionalistas están a la orden del día. En el libro "El Requeté. La Tradición no muere" de Redondo y Zabala se ponen de manifiesto muchos de estos hechos, como cuando los Carlistas inundan Pamplona de banderas españolas cuando en esa ciudad se pretende hacer un acto nacionalista y a la salida se organizan los mozos carlistas para agredir a los nacionalistas que responden cobardemente a tiros y pidiendo ayuda a la Guardia Civil.
Por último no exíste un "Fuero Vasco". De hecho lo más antitradicional que puede existir es una comunidad autónoma que se arroga competencias que históricamente tenían las Diputaciones Forales, legisle en ámbitos que violan flagrantemente el principio de subsidiariedad e imponga tributaciones confiscatorias para las familias. Para los que quieren hacer del Fuero algo que no es les recuerdo que cuando se produjo la última y auténtica confirmación y restauración de los Fueros del Señorío de Vizcaya por SMC Carlos VII desde Oñate también se sancionaba y promulgaba un Código Penal para toda España (Vascongadas incluídas, no hace falta ni decirlo) mucho más severo que el liberal en el castigo de los delitos, especialmente en el de traición a la Patria y se confirmaban las atribuciones de la Guardia Civil (en aquellos años muchos Guardias Civiles eran oficiales de Don Carlos y en muchos municipios de Vascongadas y Navarra hasta no hace tanto tiempo sus casas-cuartel las contruía el pueblo en Auzolan) y de los cuerpos encargados del resguardo fiscal con competencia en toda la Corona.
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