El problema no es Bergoglio, viene desde hace bastante más de medio siglo con la llegada de Juan XXIII, en 1958. casi nada. Sin éste no habría habido Vaticano II, ni aberraciones sucesivas de las que resultara un Bergoglio (el actual y los sucesivos demonios "papales" que se nos avecinan).

Como se comprueba, los nuevos articulistas perdonan o ignoran las aberraciones de Benedictos y Juan Pablos que eran escándalo hace años; eso harán en el futuro ignorando las actuales de Bergoglio. Al tiempo.