Pecado de usura
Dicen que Comte afirmaba que su ciencia de Física Social había tardado tanto en aparecer porque, siendo la sociedad el ámbito en el que se mueve el hombre, le era, paradójicamente, el más difícil de percibir. Supongo que algo semejante debe pasar en la actual situación económica en la que, el pecado de usura, de haberse vuelto tan común ya prácticamente nadie lo tiene en cuenta. Benedicto XIV (14) lo dice claramente: «El género de pecado llamado usura, y que tiene su propio lugar y asiento en el contrato de mutuo, consiste que uno, fundado en la sola razón del mutuo, que por naturaleza exige que se devuelva nada más que lo se recibió, pretenda que se le dé más de lo recibido, y, por tanto, presume que se le debe, sin otra razón que el mutuo, un lucro sobre la cantidad dada. Todo lucro, pues, de esta índole que exceda de la cantidad dada es ilícito y usurario.» Es cierto, sin embargo, que el mismo pontífice reconoce que hay negocios o contratos en los que por su naturaleza puede cobrarse un interés. Sin embargo, la realidad de hoy día parece abusar de una manera excesiva sobre estos intereses.
Y es que la doctrina sobre la usura parece haber cambiado. Por ejemplo, un teólogo al que tengo el mayor respeto y del cual pienso que era realmente sabio y, ciertamente, me ha enseñado mucho: Royo Marín. No puedo sino discrepar profundamente de su posicionamiento sobre la usura. En Teología Moral para Seglares, primero enseña la teoría sobre la usura de forma ortodoxa, contrastándolo con Santo Tomás de Aquino, etc. pero cuando llega la hora de la práctica, afirma sencillamente que se puede usar el tipo de interés fijado por la autoridad porque "la ley, al estimular el préstamo en atención al interés, fomenta el comercio y el bien común, aparte de que casi siempre existe hoy, en todo préstamo, alguno de los títulos anteriormente mencionados para percibir legalmente algún interés". Me parece que de esta forma la práctica arrolla la teoría y, finalmente, desaparece de la mente la noción de usura. Sin embargo reconoce que Santo Tomás era más duro y no reconocía el valor del interés meramente porque lo autorice la autoridad legítima pero es que "eran otros tiempos".
Es profundamente discutible que el tipo de interés se marque en la actualidad buscando el bien común y no la estabilidad de los mercados financieros en los que, el común de los mortales, no interviene. Por no hablar de que afirmar que hoy, casi siempre, existe alguna razón para poner un interés parece contradecir lo afirmado por Benedicto XIV: "En cuarto lugar os exhortamos para que no dejéis paso franco a las vacías peroratas de aquellos según los cuales la cuestión sobre la usura que se plantea actualmente es una cuestión sólo de palabras, siendo así que el dinero que se presta a otro bajo cualquier razón, por lo general produce frutos. Pero cuán falso y contrario a la verdad sea esto, lo comprenderemos claramente si consideramos que la naturaleza de uno y otro contrato es totalmente diversa e independiente, y que igualmente discrepan mucho entre sí las consecuencias de ambos contratos. Realmente hay una diferencia clarísima entre el fruto que produce con justo derecho el dinero, y por lo mismo puede defenderse en ambos derechos, y el fruto que se saca del dinero ilícitamente, y que ambos derechos obligan a restituir. Consta, por consiguiente, que no se plantea en vano la cuestión sobre la usura en estos tiempos, por la razón de que se ha hecho común percibir algún fruto por el dinero que se cede a otro."
Pues no se entiende qué fruto va a tener una persona normal cuando pide una hipoteca para poder tener una casa, exigencia de ley natural. ¿Qué motivo se alega entonces para legitimar el cobro de un interés para este préstamo de dinero? Parece, simplemente, que en la época del mercader, una de sus armas más poderosas, cual es la usura, se ha asumido como un hecho, un dato, y no como la injusticia que es.
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