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Tema: La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

  1. #1
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    La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

    Escrache a Albert Rivera en Atocha por parte de los taxistas

    El líder de Ciudadanos ha denunciado las amenazas que ha recibido de los conductores a través de las redes sociales


    MADRID Actualizado:

    21/01/2019 22:34h




    «Golfo, cabrón, no te va a votar nadie». Esas han sido las palabras que ha tenido que escuchar el líder de Ciudadanos Albert Rivera tras su llegada en AVE a Atocha por parte de los taxistas. Cuando han visto que el político abandonaba la estación, los conductores le han hecho un escrache y han comenzado los insultos. El líder de la formación naranja y su equipo se han visto rodeados en apenas unos instantes por decenas de taxistas que les impedían avanzar en su trayecto y abandonar el lugar.

    Los gritos han empezado dentro de la estación. «Fuera, fuera de aquí», han coreado los taxistas. Incrédulo, en un primer momento, Rivera no ha respondido. Los representantes del gremio que estaban allí presentes lo han seguido hasta la calle, donde se han incrementado. Ha sido el propio Rivera el que ha denunciado la situación que le han hecho vivir a través de las redes sociales.

    En un segundo vídeo se puede ver cómo les planta cara e intenta dialogar con ellos. En ese momento la Policía ya está en lugar para evitar que se produzca algún altercado. «Eres un sinvergüenza», han continuado los conductores.

    Cansado, Rivera abandona finalmente el lugar. Una veintena de taxistas lo siguen hasta que la Policía les impide avanzar. «Cabrón, eres un hijo de puta», le han dicho increpándole.

    «He tratado explicarles mi postura, pero entre amenazas a insultos es imposible tener un debate constructivo», comienza el líder de Cs en redes sociales, y sentencia: «Sigo pensando hoy aún más que ayer que los ciudadanos tienen derecho a elegir si se desplazan en taxi, VTC o como quieran».

    Albert Rivera llegaba en AVE a Madrid desde Sevilla, a donde se desplazó el fin de semana para participar en el acto de investidura del nuevo presidente de la Junta, Juanma Moreno, apoyado por Ciudadanos.



    Fuente: ABC
    Última edición por Martin Ant; 24/01/2019 a las 00:07

  2. #2
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    Re: La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

    Rivera: "No podemos mentir a los taxistas, en el futuro no habrá ni conductores"

    El líder de Cs presume de usar el servicio horas después de ser increpado por los taxistas en Atocha y propone una "tasa de conversión".



    Mariano Alonso 2019-01-22




    Al día siguiente de ser increpado en la estación de Atocha en Madrid por los taxistas, la casualidad quería que Albert Rivera protagonizara, en el Hotel Palace, un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum patrocinado, entre otras entidades, por Cabify. El líder de Ciudadanos aludía a ello en su intervención inicial, elogiando a las empresas tecnológicas emergentes, entre las que también citaba, reiterada y elogiosamente, a Amazon.

    "Formo parte de esos locos que creen que los ciudadanos pueden elegir cómo comprar, cómo consumir cultura, cómo transportarse, dónde comprar sus billetes de avión" ironizaba Rivera, quien entrando en materia sobre el conflicto, no sin antes presumir de ser "de los pocos políticos que usan taxi", arremetía contra el Gobierno por haberse quitado el problema de encima trasladándolo a las administraciones locales, en referencia al decreto sobre las VTC que salió adelante a final de 2018, con el voto en contra de Ciudadanos.

    "Esto es un asunto nacional que va a acabar siendo europeo" sentenciaba, abogando por convocar a las partes para solucionar un conflicto provocado, a su juicio, por una "hiperregulación" del sector del taxi. El presidente de la formación naranja se atrevía incluso a dar una solución en forma de "tasa de conversión, como se ha hecho con otros sectores".


    Un futuro sin conductores

    Mirando al futuro, Rivera vaticinaba que en una década "no habrá conductores, se está avanzando mucho en los coches autónomos". El líder naranja considera que esa realidad obliga a "no mentir" a los taxistas, ya que en el futuro deberán buscar otros empleos.

    Rivera se refería también al incidente del lunes en Atocha. "Intenté hablar" afirmaba, al tiempo que se refería a la "agresividad" y los "insultos" que recibió, a los que contestó que "con esto no vais a convencer a los legisladores, y mucho menos a los usuarios".

    Fuentes de su equipo aseguran que entre las invectivas que recibió Rivera en la estación madrileña figuró la de "moderno" mientras que uno de los taxistas le advirtió de que había sido visto subiéndose a un coche de Cabify.





    Fuente: Libertad Digital
    Última edición por Martin Ant; 24/01/2019 a las 00:13

  3. #3
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    Re: La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

    Claves para entender el conflicto entre los taxis y los VTC


    - El sector del taxi ha parado en Madrid y Barcelona para exigir a los Gobiernos de sus respectivas comunidades autónomas cambios legales que garanticen el cumplimiento del ratio de una licencia de VTC por cada 30 de taxis.

    - Los taxistas también que reclaman que las VTC no puedan recoger viajeros en las paradas de taxi, ni en estaciones de tren, autobuses, aeropuertos o de eventos como conciertos o partidos de fútbol.

    -
    Por otro lado, requieren que los vehículos de Uber y Cabify tengan la obligación de regresar a su base tras hacer un servicio y que el sistema de geolocalización solo esté activado tras la contratación de un servicio.


    23/01/2019 - 12:42h




    Los taxistas no ceden y anuncian que seguirán en huelga y con manifestaciones frente a la feria de turismo Fitur, en Madrid. EFE



    ¿Cuál es el conflicto entre los taxistas y las empresas con licencia VTC, Uber y Cabify?


    El conflicto entre los taxistas y los propietarios de licencias VTC no es nuevo. Uber llegó en 2014 a España con su servicio UberPop, que marca su modelo de negocio y con el que opera fuera de la UE. Este servicio fue llevado a los tribunales por una asociación de taxistas y fue suspendido por un juez por utilizar conductores sin licencia, algo ilegal según la normativa española.

    Desde hace dos años, la multinacional opera en España con otra modalidad: UberX. Este servicio se basa en utilizar conductores que sí tienen licencia de vehículo de turismo con conductor (VTC), la que estipula la normativa española para este tipo de transporte y que hasta ese momento utilizaban los coches con chófer privado, como el que ponen algunas empresas, hoteles o administraciones a autoridades o invitados.

    Cabify también utiliza conductores con licencia VTC. La empresa también fue llevada a los tribunales por los taxistas que consideraban que ejerce una competencia desleal. La empresa se defiende asegurando que ellos operan como una agencia de viajes y que son intermediarios entre los conductores y los viajeros.


    El ministerio de Fomento aprobó en el último consejo de ministros de septiembre de 2018 un real decreto para ceder la competencia estatal a las comunidades autónomas y municipios sobre la regulación de vehículos de transporte con conductor (VTC), que utilizan Uber y Cabify, con una moratoria de cuatro años para que puedan adaptarse a la exigencia de un vehículo de este tipo por cada 30 taxis.



    ¿Qué reclaman los taxistas?


    La reivindicación de los taxistas es que se cumpla la norma de que se conceda como máximo una licencia de vehículo con conductor privado por cada 30 licencias de taxi, aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez e incluida en el Reglamento de Ordenación de Transporte Terrestre, puesta en marcha por el Gobierno de Mariano Rajoy (noviembre de 2015). Los taxistas no se fían de la moratoria de cuatro años.

    La eliminación de licencias no es tan fácil ya que la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia consideró que esta condición, junto con otras que establecía el reglamento como la de tener una flota de siete coches para poder solicitar licencias VTC, iba contra el "libre mercado".

    A estas exigencias, los taxistas ahora exigen que las empresas de alquiler de coches con conductor tengan que concertar sus servicios con un tiempo de antelación, que va desde 15 minutos a una hora, como ha propuesto la Generalitat de Catalunya.


    En el caso de la Comunidad de Madrid las posiciones están más enconadas. El presidente de la Comunidad, Ángel Garrido, ofreció al sector del taxi que las VTC no podrían circular por la ciudad en busca de clientes ni estar estacionados a la espera de clientes pero dejó en manos de los ayuntamientos el tiempo de precontratación de los vehículos de Uber y Cabify.


    Los taxistas reclaman que las VTC no puedan recoger viajeros en las paradas de taxi, ni puedan aparcar cerca de estaciones de tren, autobuses, aeropuertos o de eventos como conciertos o partidos de fútbol. Además, solicitan que los vehículos de Uber y Cabify tengan la obligación de regresar a su base tras hacer un servicio y que el sistema de geolocalización solo esté activado tras la contratación de un servicio.



    ¿Cuál ha sido el detonante de las protestas de los taxistas?


    La desconfianza del sector del taxi de que las administraciones públicas pongan en marcha la legislación aprobada por el Gobierno central. Pese a que el ministerio de Fomento aprobó la normativa el pasado septiembre de 2018 es cierto que las Comunidades Autónomas y los municipios no han dado pasos a la hora de regular este sector. De hecho, las licencias de VTC se dispararon en los últimos meses del año pasado, creciendo un 77%: de unas 7.500 licencias a 13.125 al terminar 2018.


    El pasado verano también hubo un paro. El Área Metropolitana de Barcelona (AMB), que preside la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, aprobó el 26 de junio de manera definitiva un reglamento que condiciona a una autorización previa el ejercicio de la actividad de los servicios urbanos de las licencias VTC. Así, los vehículos de alquiler con conductor tendrían que tener, a parte de la licencia de VTC, una segunda autorización del Instituto Metropolitano del Taxi. De prestar el servicio sin tenerla, se enfrentarían a multas de hasta 4.000 euros.


    Sin embargo, el pasado 19 de julio el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) suspendió cautelarmente el reglamento del AMB que regula las licencias VTC al entender que esta norma "presenta toda la apariencia de pretender soslayar que las autorizaciones VTC son títulos habilitantes estatales que por sí mismos permiten la realización de servicios tanto urbanos como interurbanos en todo el territorio nacional". El pasado viernes el TSJC acordó mantener esta suspensión cautelar, atendiendo así a la petición que le había hecho la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y después de que Fomento retirara su petición de cautelares.



    ¿Cuántas licencias VTC hay por cada taxista?


    En España hay 65.973 licencias de taxi y unas 13.125 autorizaciones para conductores VTC a cierre de 2018. Esto significa que hay cinco taxistas por cada conductor de Uber o Cabify, una proporción muy alejada del decreto aprobado por el Gobierno. En septiembre de 2018, la proporción era de siete taxistas por cada vehículo VTC.


    Si los taxistas son autónomos, ¿pueden hacer huelga?


    Efectivamente, los titulares de las licencias de taxis son trabajadores autónomos. Lo que se llama huelga del sector del taxi es, técnicamente, un paro patronal, que es la denominación que tienen los paros cuando son las propias patronales las que deciden parar para reivindicar sus intereses. En los paros patronales, las empresas cierran ese día: ni sus trabajadores trabajan ni prestan sus servicios.


    Pero además de los taxistas autónomos, están los taxistas asalariados: un taxista dueño de una licencia puede contratar a uno o varios conductores para que se hagan cargo de los viajes durante el tiempo que consideren.



    ¿Qué derechos laborales tienen sus trabajadores?


    En cuanto a los asalariados, los taxistas se rigen por el convenio colectivo nacional para el sector de auto taxis y las empresas que usan licencias VTC tienen que cumplir los convenios colectivos de alquiler de vehículos con y sin conductor. Es decir, en ambos casos hay convenios colectivos que las patronales o patronos tienen que aplicar a sus conductores contratados. Los dos tienen que tener, por ejemplo, seguro de accidente y sus empleados tienen derecho a permisos como los de matrimonio, nacimiento o asistencia a citas médicas.


    El salario base de un conductor de licencia VTC en Madrid es de 890 euros mensuales en 2019. El plus por hora extraordinaria era de 10,6 euros la hora . Para los taxistas, el salario mínimo garantizado en 2019 es de 13.236,71 euros anuales brutos en catorce pagas, es decir, unos 945 euros al mes. Sus horas extra se compensan con tiempo de descanso: dos horas por cada hora extra. Tanto taxistas como conductores VTC tienen complementos, como los de nocturnidad o antigüedad.


    Hay un importante colectivo de autónomos que son dueños de las licencias y que también trabajan con el vehículo. En el caso de Cabify, un 60% son empresas (con empleados) y un 40% autónomos.



    Pero, entonces, ¿esto va de modelos empresariales o de derechos laborales?


    La disputa es fundamentalmente de modelo empresarial y de regulación. Las principales organizaciones de autónomos, ATA y UPTA, apoyan las reivindicaciones del taxi y también sindicatos como CCOO y UGT. Consideran que el taxi es un servicio público que hay que proteger y que la liberalización es perjudicial. Los defensores del taxi aseguran también que estos cambios precarizarán las condiciones de los taxistas.



    ¿Qué quieren decir con que son un servicio público?


    Son considerados un servicio público porque las licencias son una concesión administrativa regulada y porque son las administraciones las que regulan las tarifas.



    ¿Puede cualquiera ser taxista?


    Las personas que quieran ser taxistas tienen que tener el permiso de conducir y cumplir una serie de requisitos que dependen del Ayuntamiento. En el caso de Madrid hay que superar un examen, carecer de antecedentes penales, no padecer enfermedades infecto-contagiosas o impedimentos físicos o psíquicos que le impidan la conducción, no ser consumidor habitual de estupefacientes o bebidas alcohólicas y tener el título de Educación Secundaria Obligatoria o uno equivalente.


    Además, para adquirir una licencia de taxi hay que tener un buen colchón ya que el precio puede varias de 140.000 a 250.000 euros. La bajada del precio de las licencias es una de las losas que más pesa en el conflicto, ya que muchos taxistas se han hipotecado para poder comprar una con el objetivo de revenderla. En el caso de las VTC, el precio de las licencias oficiales es de 30 euros pero en la reventa pueden llegar a 50.000 euros, ya que se han disparado en el último año. Unos y otros están sujetos a inspecciones.




    Fuente: Eldiario.es
    Última edición por Martin Ant; 24/01/2019 a las 00:37

  4. #4
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    Re: La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

    Juan Manuel de Prada, en un programa de Espejo Público en que se debatía este asunto, llegó a citar a Chesterton en un momento del debate, lo que provocó la sonrisa de uno de los que participaban en la disputa en favor de las nuevas "plataformas tecnológicas" (que constituyen otra vuelta de tuerca más de ese fenómeno socio-económico propio de nuestra época contemporánea llamado capitalismo).

    Pienso que este artículo ayudará a entender el sentido con el que el Sr. De Prada citaba a Chesterton en aquella ocasión.


    ----------------------------------


    Fuente: Magnificat, Número 184, Marzo 2019, páginas 10 – 15.



    Los límites de la cordura *

    Juan Manuel de Prada



    UN AUTOR MANIPULADO Y DISTORSIONADO

    En alguna ocasión anterior hemos advertido de las manipulaciones que desde diversos ámbitos se han perpetrado con la obra de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), cuya recepción en España siempre ha sido un tanto fragmentaria o interesada.

    Si desde ámbitos impíos se pretende desvirtuar a nuestro autor, presentándolo como un príncipe de la paradoja y un virtuoso de los primores literarios (escamoteando el trasfondo teológico o apologético de toda su obra), también desde ciertos ámbitos católicos –sobre todo desde lo que Miguel Ayuso denominaba «neoconformismo conservardor» en un artículo en el que denunciaba estas malversaciones– se ha pretendido eunuquizar a Chesterton, escamoteando las partes más escabrosas de su obra. Casi todos los intentos de manipulación de este neoconformismo conservador se han centrado en enturbiar su pensamiento económico, a veces mediante la pura y simple elusión, a veces mediante la mistificación más descarada.

    Como es bien sabido, Chesterton promovió el distributismo, que el neoconformismo conservador presenta condescendientemente como una «doctrina económica» tan novedosa como insatisfactoria, superadora tanto del capitalismo como del comunismo. Pero lo cierto es que Chesterton nunca pretendió formular una doctrina económica novedosa ni superadora; sino que, simplemente, designó de esta manera al modo de organización económica, basado en el reparto de la propiedad privada, que siempre había preconizado el pensamiento católico, a la luz de la razón y de las enseñanzas de la Iglesia.

    Chesterton no se adentra en formulaciones técnicas, ni pretende elaborar un sistema al modo –pongamos por caso– de Friedman o Keynes; sino que se esfuerza por devolver a sus lectores el sentido de la cordura cristiana, que exige repudiar formas de organización económica que atentan contra los designios divinos y contra la propia naturaleza humana. Y señala, además, algo que desgraciadamente el neoconformismo conservador católico se niega a aceptar: que el capitalismo «crea una atmósfera y forma una mentalidad»; es decir, que el capitalismo no se limita a organizar la economía, sino que altera las condiciones humanas, que contiene una agenda antropológica arrasadora.


    PENSAMIENTO ECONÓMICO ANTICAPITALISTA

    A veces, para distorsionar las intenciones del pensamiento económico de Chesterton, se pretende que sus propuestas distributistas batallan por igual contra el capitalismo y el comunismo. Pero esto no es completamente cierto. La batalla de Chesterton es contra el capitalismo, del mismo modo que –pongamos por caso– la batalla de los teólogos contrarreformistas era contra Lutero y sus secuaces. Sin duda, en la obra de tales teólogos encontraremos constantes execraciones de Mahoma y sus secuaces; pero si afirmamos que escribieron sus obras contra unos y otros estaremos, como mínimo, embarullando la verdad.

    El pensamiento económico de Chesterton es fundamental y radicalmente anticapitalista; y aunque, en efecto, contiene muchas execraciones del comunismo, nunca nos deja de advertir que con frecuencia quienes más claman contra el comunismo son los mismos que aplauden las calamidades que nos ha traído el capitalismo. Como muy certeramente señala en El manantial y la ciénaga, quien entre nosotros ha destruido la familia, alentado divorcios, azuzado la competencia entre los sexos y pervertido a jóvenes y ancianos con publicidades chillonas no ha sido el comunismo, sino el capitalismo.

    En Los límites de la cordura (1927), una de sus obras más explícitamente dedicadas a la exposición de su pensamiento económico, Chesterton abunda en la misma idea:

    «Mientras ese viejo caballero ha estado gritando contra ladrones imaginarios a quienes llama socialistas, ha sido atrapado y arrebatado realmente por verdaderos ladrones que no podía siquiera imaginar. Mientras ha estado entretejiendo palabras en el aire acerca de ideales que ni vienen al caso, ha caído en una red tejida con las palabras y conceptos exactamente opuestos: impersonales, irresponsables, irreligiosos. (…) Al viejo caballero se lo hace hablar como si el Trust, con mayúscula, fuera algo que le ha otorgado la Providencia. Se lo obliga a abandonar todo lo que originariamente quería decir con su forma curiosa de individualismo cristiano, y a reconciliarse rápidamente con algo que se asemeja más a una especie de colectivismo plutocrático».

    Chesterton es consciente del error histórico que están cometiendo muchos católicos al defender el capitalismo, que está dispuesto –exactamente igual que el comunismo– a crear «una civilización centralizada, impersonal y monótona», capaz de destruir las más numantinas resistencias humanas. No se cansa de proclamar que «el capitalismo ha hecho todo lo que amenazaba con hacer el socialismo». Y afirma sin recato: «El empleado de oficina tiene exactamente la misma clase de funciones pasivas y placeres permisivos que tendría en la organización socialista más monstruosa». Incluso se atreve a precisar que los «placeres permisivos» que ofrece el capitalismo son mucho más corruptores que los que ofrece el socialismo. El tiempo no ha hecho sino darle la razón: sin duda, el comunismo ha matado más cuerpos que el capitalismo; pero ni de lejos ha matado tantas almas.


    LA ORGANIZACIÓN ECONÓMICA CRISTIANA

    Sólo hay una forma de organización económica cristiana: aquella que reparte la propiedad y asegura su posesión pacífica. El capitalismo –nos recuerda Chesterton– pretende exactamente lo contrario: concentrar la propiedad en unas pocas manos y asegurar la rapiña de la propiedad ajena. No tiene rebozo en comparar los panegíricos que el capitalismo hace de la empresa privada con la actividad del carterista:

    «Es evidente que el carterista es un gran defensor de la empresa privada. Pero quizá sería exagerado decir que el carterista es un defensor de la propiedad privada. Lo característico del capitalismo, según su desarrollo reciente, es que en realidad predica la extensión de los negocios más que la preservación de las propiedades. En el mejor de los casos han tratado de adornar al carterista con algunas de las virtudes del pirata. Lo característico del comunismo es que reforma al carterista prohibiendo los bolsillos».

    Aunque más adelante parece arrepentirse de este símil y nos deja claro que los carteristas son veniales ladronzuelos, en comparación con la maquinaria del capitalismo: «La propiedad privada debería estar protegida contra cosas mucho mayores que ladrones y carteristas. Necesita protección contra las conspiraciones de toda una plutocracia».

    En Los límites de la cordura, Chesterton menciona los dos instrumentos principales de los que se sirve el capitalismo para favorecer sus intereses y destruir las comunidades humanas: la emigración y el control de natalidad. Mediante ambos instrumentos subsana sus errores de cálculo, alternándolos monstruosamente según le conviene, incluso auspiciándolos a la vez, para provocar mayores tensiones y postración social.

    En otro pasaje memorable nos advierte que el alma del capitalismo es la «innatural separación» de las retribuciones y cargas de la propiedad: el capitalista (frente al propietario de la economía cristiana) quiere disfrutar al instante de las rentas que le proporciona la propiedad, a la vez que quiere evitarse los sacrificios y sinsabores que acarrea su cuidado. De ahí que recurra a la limitación de responsabilidad y al abuso de la persona jurídica. Y compara esta separación monstruosa con la separación de sexo y fertilidad que también el capitalismo fomenta.


    HACIA EL FLORECIMIENTO DE UNA SOCIEDAD CRISTIANA

    El libro está lleno de iluminaciones proféticas. Chesterton defiende con ardor la economía de cercanías como única forma de economía sostenible y batalla con entusiasmo a favor de las pequeñas tiendas. Y nos confía que en sólo dos ocasiones el director de una publicación se negó a publicarle un artículo; y en ambas ocasiones fue por arremeter contra los grandes almacenes:

    «Puede resultar interesante señalar que ésta es una de las cosas que ahora le está prohibido decir a un escritor; quizás la única cosa que le está prohibido decir. Si se hubiera tratado de un ataque al Gobierno, la revista me lo habría tolerado. Si hubiese sido un ataque a Dios, habría sido respetuosa e incluso me habría aplaudido. Si se hubiera tratado de injuriar el matrimonio, o el patriotismo, o la honestidad pública, me habrían anunciado en los titulares y se me habría permitido extenderme en los suplementos del domingo. Pero no es posible que un gran periódico ataque a la gran tienda, puesto que él mismo es (a su modo) una gran tienda y cada vez más un monumento al monopolio».

    No se puede ser más lúcido y penetrante, más descaradamente veraz. También lo es cuando afirma que «el bolchevique es la consecuencia» de los abusos del capitalismo. Por supuesto, Chesterton no es tan iluso como para pensar que esta «tendencia moderna a la concentración de capital» pueda desaparecer de la noche a la mañana; pero no se recata de afirmar que sólo cuando haya sido derrocada podrá florecer una sociedad cristiana. Y entonces, sobre los escombros de esa tiranía plutocrática, podrá levantarse sobre la tierra otra vez repartida entre muchos «la santidad de una cosa ya antigua y plena de misticismo. Y esa cosa es un altar. La presencia real de una religión sacramental».

    Pero ya se sabe que al neoconformismo conservador le va muy bien levantando altares, mientras se lucra con la concentración de capital. ¡Y encima quiere apropiarse de Chesterton, después de eunuquizarlo!




    * GILBERT KEITH CHESTERTON, Los límites de la cordura. El distributismo y la cuestión social (El Buey Mudo, Madrid, 2010, 240 págs).
    Pious dio el Víctor.

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    Re: La batalla del gremio de los taxistas contra las multinacionales Uber y Cabify

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Fuente: Epígrafe IV de la Introducción de Juan Manuel Ortí y Lara a la edición castellana de la obra El problema social y su solución de F. Hitze, Librería de San José, Madrid, 1880, páginas XXXVIII – XLI.





    IV



    En los tiempos que llaman bárbaros de la Edad Media, y después, hasta fines del pasado siglo, así como había dos maneras de propiedad, en las que reinaba la más perfecta armonía –la propiedad común y la puramente privada–, así había también dos formas en el trabajo del hombre, aplicado a las primeras materias de que le provee la tierra, a saber, la forma que recibía de la actividad propia del individuo, y la que recibía del concurso de muchos individuos asociados según las leyes del respectivo gremio o asociación, las cuales tendían de una parte a prevenir el peligro que corre la sociedad de ser engañada o perjudicada por los que, estimulados por la competencia, le ofrecen sus productos o mercancías a precios bajos siendo ellos malos, y de otra la inestabilidad de la suerte que hoy sufre el infeliz jornalero, abandonado a sus propias fuerzas, sin que haya ley alguna de hombres que le ampare cuando carece de trabajo, o cuando recibe por él un estipendio insuficiente, y en tantos otros casos y vicisitudes de la vida.

    Bajo aquel régimen hacían la más admirable consonancia la libertad con que cada uno trabajaba libremente y por su cuenta, con la obligación de ordenar su trabajo según normas prudenciales, de cuya observancia dependían el honor del gremio, el bienestar de sus miembros, y la seguridad por parte de los consumidores de no ser engañados ni en la calidad ni en el precio de los productos.

    Pero la Revolución, escribiendo en su bandera el principio del libre trabajo y de la libre concurrencia, suprimió airada la asociación, emancipando, como dicen, al trabajador, o lo que es lo mismo para quien ya conoce el valor de ésta y otras palabras en bocas liberales, entregándole a merced del capital para que éste pudiera explotarle libremente, sin duda porque, no mirando al trabajador sino a través de infame avaricia, tampoco mira en los pobres, que llevan sobre sí el peso del día y del calor, sino meros instrumentos de producción. A este deplorable extremo es impulsado el capitalista, no sólo por el interés, ley suprema de la economía liberal, sino por esa especie de lucha por la existencia que obliga a producir lo más barato posible, so pena de quedar uno vencido y aniquilado por los que triunfan en ella a costa del pobre trabajador.

    No es, pues, tampoco maravilla que estos nuevos esclavos traten de romper sus cadenas, aunque no como fueron destruidas las de los antiguos, a quien la verdad y la caridad de la Iglesia hicieron libres, sino aspirando a otras más pesadas aún, cuales serían las que sujetaran la actividad humana a los talleres del Estado, erigido por esta criminal utopía del socialismo en único señor de todas las cosas, inclusas las fuerzas que ha recibido el hombre del Criador para consagrarlas libremente a su propio bien y perfección.

    Es de advertir, por último, que, dada la actual organización económico-liberal de los Estados modernos, donde la pequeña propiedad va siendo absorbida por la grande, de las dos maneras de trabajo que prestan con sus propias manos los que tienen que ganar con ellas el preciso sustento, a saber, el trabajo libre y privado del que vive de lo suyo, y el del jornalero que trabaja para otro mediante el respectivo salario, el primero, menos penoso ciertamente, desaparece, y sólo queda el segundo, es decir, el más costoso para la humana flaqueza: trabajo sin expansión, ni libertad, ni consuelo apenas; todo él dependiente del interés y voluntad del dueño; y sujeto a vicisitudes varias, a menudo angustiosas.

    La caridad cristiana había dulcificado mucho la dura condición de las personas que trabajan para otro, uniendo entre sí estos términos con los vínculos de la beneficencia y de la gratitud; no se regulaba entonces el jornal por la durísima e inicua ley de la oferta y la demanda, ni se rompían esos vínculos a cada instante, ni se veía desamparado el obrero de su amo en los días de la desgracia.

    ¿Subsisten hoy, por ventura, esas afectuosas íntimas relaciones? ¡Ah! Sabido es que el capital no tiene corazón; nada deben esperar de él los que trabajan en calidad de meros instrumentos: ni equidad en los jornales, cuando hay exceso de brazos; ni continuidad en el trabajo; ni conmiseración en la desgracia; ni protección; ni consuelo.

    Capital y trabajo no son ya dos términos que mutuamente se asocian y completan, sino dos fuerzas que, a pesar de conspirar a un solo fin, al término u objeto de la producción, una de ellas, el capital, tiende a sacrificar a la otra en aras del ídolo que adora el espíritu depravado que lo informa.

    ¿Se resignará, por ventura, la víctima en medio de sus tormentos? ¿Sobre todo si el sufrimiento aceptado con resignación pierde a sus ojos todo valor moral, no estando ya iluminado de la esperanza; si hay quien le dice blandamente al oído que el capital, que así le explota, es usurpado y vicioso; y si, además de esto, le recuerda el principio de los economistas: que el trabajo es la única fuente de riqueza, deduciendo de él que la sociedad sólo estará bien organizada cuando el trabajo mismo sea el único título y razón para gozar el hombre en esta vida de bienestar y de los deleites que la coronen?

    Por donde quiera, pues, que se examine el capitalismo, su origen, su espíritu, sus tendencias, sus obras, siempre aparece ante los ojos como el antecedente lógico e histórico del socialismo: éste es la sombra de aquél; la sombra que le persigue y aterra como un remordimiento, aunque él aparente no verla, y, más aún, no temer que algún día, tomando de la realidad cuerpo y vida, ejecute en él la justicia que manda Dios hacer en los que menosprecian sus leyes.

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  5. Las esquelas muestran la ideología laicista de las multinacionales
    Por Hyeronimus en el foro Noticias y Actualidad
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    Último mensaje: 03/03/2014, 14:21

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