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Tema: Álvaro Pacheco Seré, un tradicionalista de la Banda Oriental

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    Álvaro Pacheco Seré, un tradicionalista de la Banda Oriental

    EL CARLISMO IDENTIFICÓ AL ENEMIGO


    Por Álvaro Pacheco Seré

    Miembro Correspondiente en la República Oriental del Uruguay.



    Cuando en la España de 1833 el Carlismo asume la defensa de los derechos dinásticos de Carlos V, interpreta la Fe y las Tradiciones de la Nación. Su reacción es legítima, necesaria y natural, porque la Revolución francesa invasora había penetrado el pensamiento y las instituciones. Quienes percibieron el peligro lo resistieron con las armas, pero también con doctrina. Advirtieron que la monarquía pierde legitimidad de origen y de ejercicio si es liberal, si su poder emana del sufragio, si se le limita en una Constitución. Comprendieron que si la autoridad no viene de Dios, el Rey no puede mandar. Rechazaron instintivamente la identidad entre "pueblo soberano" y Patria. Se opusieron, por respeto a la costumbre, al centralismo que desconocía los fueros históricos.

    Es bajo la "república" que el Tradicionalismo ve justificado plenamente su combate. La tercera guerra carlista —que conduce Carlos VII— en 1873 debe enfrentar ya un nuevo gajo de la Revolución: el socialismo internacional. Donoso Cortés, en célebre discurso de 1849, anuncia "¡La libertad acabó!" y propicia la necesidad de "la dictadura del sable contra la dictadura del puñal". La anarquía estaba a las puertas. Como nueva derivación del principio revolucionario anticristiano, irrumpe en 1881 con huelgas y atentados terroristas. La Revolución descubre gradualmente sus ideas, fines y acción. En 1936, su diabólica inspiración no admite confusiones: la impía segunda república justifica el nuevo y último Alzamiento de la España católica, con el siempre vigente Carlismo aportando jefes, hombres y principios. El Enemigo se llama, ahora, comunismo. La Revolución continúa, incluso mediante cruel lucha interna entre los sectores que la discordia va generando.

    Es mérito y gloria de los carlistas haber entendido la naturaleza de la agresión. Que fue, en definitiva, religiosa. Que procedió de Inglaterra y de Francia, pero que era y es supranacional y contraria a las naciones católicas. Que, mediante la acción de las sociedades secretas, causó la división y la guerra interna en ellas.

    Triunfante la Cruzada en el 39, reinante el catolicismo en el Estado del 18 de julio, el Principio contradictorio esperó la oportunidad, que denominó "apertura" y luego "transición", para renovar su implacable ataque. Similar proceso político ocurrió en otros países de la antigua Cristiandad.

    Esta conocida reseña introductora permite confirmar y exaltar la actitud y el pensamiento carlistas. Es notable cómo identificó, desde el inicio, a un Enemigo que disimuló su naturaleza. El "Manifiesto de Isusquiza" de 1996 expondrá con claridad este reconocimiento: "El Carlismo sigue estando, y nosotros con él, frente a la Revolución . ¡Revolución! Tal es, de nuevo el enemigo, con disfraz o sin él".

    Revolución que se deshace en 1988 del comunismo como poder totalitario, ateo y criminal. Pero que hace resurgir, desde la caída del "muro de Berlín" y de "todos los muros", los "tiempos de anarquía social e intelectual" que condenó San Pío X en la "Notre Charge Apostolique". Anarquía que ya estaba en la llamada Revolución francesa y que actuó en el "Terror". Nunca pudieron los "filósofos" escindir el 89 del 93: causa y efecto. Los vandeanos, como los carlistas, tuvieron visión: "La anarquía, alertaba La Rochejaquelein, es un monstruo al que no se puede matar si no se le hiere en el corazón".

    Proudhon había proclamado, como principios, "en religión, el ateísmo; en política, la anarquía". Bakunin, otro anarquista salido de las logias masónicas más revolucionarias, había lanzado su terrible frase: "Satán es el primer librepensador y salvador de este mundo". Como escribe Jean Ousset en "Para que Él reine": "Apenas la anarquía y el despotismo del número y del tumulto pusieron su mano sobre cuanto era noble o sagrado, fue ya imposible concebir la amplitud de la catástrofe".(1)

    El principismo carlista fue intransigente. Ante una subversión que procura ser total, toda concesión es anticipo de derrota. "Gobernar no es transigir", sostenía el Rey Carlos VII. Las contemplaciones de León XIII con la república, y las condenas de Pío XI a la "Acción Francesa" y su falta de apoyo a los Cristeros, no sirvieron al catolicismo. El Vaticano II es expresión de lo que el Cardenal Ratzinger consideró el "contra-Syllabus" o "reconciliación oficial de la Iglesia con el mundo tal como ha llegado a ser después de 1789". Pablo VI y Juan Pablo II pedirán perdón a perseguidores de la Iglesia. Se ha ignorado el "Sí, sí; no, no" del Evangelio y la admonición de Nuestro Señor: "El que no está Conmigo, está contra Mí".

    El mismo León XIII había denunciado en la "Humanum Genus" que los masones "quieren destruir las instituciones cristianas". Monseñor Lefebvre advertirá en 1989 sobre el objetivo de las sectas masónicas de crear un gobierno mundial con sus ideales contrarios a la Religión Verdadera. Es "el Super-Estado judaicomasónico que completaría política y militarmente la superestructura económica ya existente del capitalismo internacional", que profetizara el Padre Castellani en 1944.(2)

    Apostasía, capital anónimo y anarquía terrorista excluyen hoy a Dios, a la Patria y al Rey. Es imposible ya retomar potestades disueltas de naciones anonadadas. Sólo resta a los Estados su territorio; el poder real está oculto, es usurpador, no sirve al bien común.

    El dinero errante y sus medios de comunicación responden a esta potencia universal dominante. El poder económico se confunde con el poder político, corrompiéndolo. Su otra manifestación son los grupos anárquicos. Ambas actúan en un pretendido y perverso equilibrio en procura de su omnipotencia terrenal. Las "religiones", en sacrílego pie de igualdad, intentan ser su animación espiritual. La Revolución triunfó. Impera el Principio del Mal y sus métodos: la rebelión, la mentira, la discordia. La Verdad, el Bien, la Belleza han sido subvertidos.

    Este antinatural y antijurídico sistema mundial se ha impuesto en base a la satánica sustitución de Dios por un "Hombre" impenitente, con el riesgo implícito del surgimiento de tensiones precipitadoras de tiempos apocalípticos.

    Últimamente, desde Seattle a Génova, las reuniones internacionales de quienes aparentan gobernar los Estados más representativos del poder único han padecido, en nombre de los derechos humanos, el ataque organizado de grupos también internacionales de encapuchados que ostentan el símbolo destructor de la anarquía y sus colores rojo y negro.

    En los países también actúan internamente grupos análogos, emanados de logias revolucionarias, que cuestionan los residuos de autoridad y orden públicos subsistentes en ellos. Agreden instituciones, desde simbólicas sedes legislativas hasta iglesias, centros culturales, educativos o castrenses; cortan rutas; usurpan tierras. Equiparan la delincuencia común a la política. Sostienen, sin respuesta alguna, que los políticos de la democracia provienen todos de la anarquía, incluidos los personajes históricos más ensalzados. El sistema sólo reacciona tratando de reincorporar al anarquista a su seno. Para que pueda ser electo y ser llamado "señor", aunque, desde luego, deberá contener a nuevos violentos libertarios, más principistas en la Revolución.

    La democracia, ficticio régimen político que se utilizó como un dogma para disolver e internacionalizar el poder público legítimo, asiste cómplice, en aplicación de su filosofía liberal, laica y cosmopolita, al accionar criminal de "los que luchan". El derecho natural cristiano e histórico cede lugar a voluntades falsamente representativas que lo desconocen para imponer arbitrariamente el desorden anticatólico.

    Los "excesos" de la violencia se condenan en nombre de la paz y de la democracia. Se ha impuesto una opción extraña al Tradicionalismo: libertad o terrorismo, ocultando que la libertad revolucionaria es causa inexorable de la anarquía y del terror. "Altares a los principios y cadalsos a las consecuencias", como fustigó Vázquez de Mella. Las manifestaciones pacifistas contra la "ETA" en España son dramáticamente significativas. Los terroristas no son enemigos, no hay guerra.

    El Carlismo y el Tradicionalismo vigilaban, impotentes en la acción, mas siempre fieles a la causa superior que su trilema sintetiza. La trágica historia siguiente a sus orígenes fue confirmando su lúcida percepción sobre la magnitud del poder agresor y justificando sus guerras defensivas. Desde la actual perspectiva se puede valorar la instintiva, perseverante y prinicipista reacción carlista, de admirable sentido común.

    Desde que no fue posible combatir con las armas en la mano, el Carlismo redujo su acción a la exposición de la segura doctrina para, junto al Tradicionalismo católico, dar heroica y desigual batalla contra la incontenible Revolución de las sociedades secretas. Esa guardia permanente, fundada en la Verdad, le permite hoy analizar y enfrentar los acontecimientos convulsivos que la discordia causa en el seno del ilegítimo y anticristiano poder mundial.



    El histórico 11 de setiembre de 2001 alteró la marcha de los sucesos mundiales, sujeta como estaba a difusos pero implacables controles mediáticos, financieros, políticos y, en último caso, militares. Estados Unidos de América era considerada la única gran potencia supérstite; gendarme y ejemplo de la "democracia universal". ¿Pero lo era realmente? Fueron creados sin antiguo régimen, como crisol de razas y pueblos, sin religión unificadora, sin otro poder público que el democrático. ¿Quién gobierna los Estados Unidos? Nunca fueron Nación en el sentido clásico. Fueron hijos de una idea: la libertad, tal como la concibe la Revolución. Ella les impulsa a intervenir en cualquier lugar del mundo, por cualquier método, donde la estimen vulnerada. En eso radica su imperialismo.

    Su fortaleza la constituyen las armas, las comunicaciones y la bolsa que están instaladas en su territorio. No la hicieron capaz de resistir el atentado de terroristas que, en definitiva, son desprendimiento del mismo poder que los creó artificialmente. Los Estados Unidos representan el poder mundial "oficial" que hizo, deshizo y toleró grupos revolucionarios para que actuasen ante cualquier reacción nacional tradicional. Así, utilizando el islamismo, cercaron a Rusia; con el indigenismo, a los restos de Hispanoamérica; con el "Estado vasco", a la España católica; con la causa palestina, al Estado de Israel en cuanto se afirme en su religión y nacionalismo. Es sabido por quienes osan estudiar las actividades de los poderes ocultos que el líder palestino se fotografía saludando masónicamente a interlocutores israelíes; que los líderes de India, Irak, Libia, Jordania, surgieron de logias inglesas; que incluso el de Irán vino de Francia para presidir una "república"; que la estrella de cinco puntas distingue casi todos lo grupos subversivos y también está en la bandera, con los colores de la Revolución francesa, de los Estados Unidos.

    La hora actual exige la comprensión de la razón de ser de la "Unión": "El masón y teósofo americano Henry A. Wallace fue quien convenció al banquero Henri Morgenthau de hacer figurar en el dólar el símbolo de la pirámide inacabada".(3) Y las "Torres Gemelas " de Nueva York eran como las dos columnas ("Jakin" y "Boaz") del templo masónico, que enmarcaban la estatua de la Libertad.

    "El día que se alzaron las columnas" fue el título de un editorial de Ricardo de la Cierva en "ABC", del 19 de junio de 1981. En él señala que "bajo la democracia las columnas se alzan, las logias se reabren", por oposición a cuando la masonería "«abatió columnas», es decir, cerró sus templos y pasó a la clandestinidad". Visto desde el pensamiento tradicionalista, el 11 de setiembre de 2001 se presenta así como "El día que se abatieron las columnas".

    La Revolución —permanente por esencia— no puede sostenerse ni estabilizarse en su triunfo. Continúa generando, aún en su consumación y pese a sí misma, más grupos terroristas y anarquistas por todo el mundo. Son los que avivan su impulso creador porque temen que ella se detenga y abjure de sí misma. La guillotina, como en 1793, sigue funcionando. Había reflexionado también Jean Ousset: "Estas disputas son muy reales, y sería pueril menospreciar su gravedad. Sin embargo, todo ello no perjudica la unidad de la Revolución, pues aunque sus miembros se devoren mutuamente, contribuyen todos, consciente o inconscientemente, al triunfo de la subversión.".(4)

    El judaísmo revolucionario y las logias más radicales no toleran que el poder asentado en Estados Unidos sostenga ninguna causa religiosa ni nacional. Ni la de los propios Estados Unidos, ni aún la del Estado de Israel. Sería renegar de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos. La destrucción de las dos columnas y la herida a la estrella trunca del Pentágono parecen significar que algunas altas instancias, secretas e irreconocibles, decidieron que allí ahora se niega la Revolución. He ahí el verdadero simbolismo de los terribles atentados.

    Así se explica también porqué los Estados Unidos no pueden identificar a su enemigo, que es externo e interno: es "hermano separado". Utilizó solamente aviones estadounidenses; se reveló poderoso en la planificación y ejecución, en la pericia militar de los pilotos y en técnicas de ingeniería para abatir las dos torres; y dominó la información pública para impedir eventuales demostraciones populares de repudio en el mundo, que no las hubo, y que sí se sucederán como condena a ciegas respuestas militares estadounidenses. Por eso es que tampoco hubo previsiones del ataque por parte de los servicios competentes, ni responsabilidades ulteriores.

    La prudencia política ha cedido lugar a la incertidumbre, a la discusión, a la duda. ¿A quién declarar la guerra? ¿Se combatirá al terrorista reconociéndole derechos humanos? ¿Se le considerará "preso político"? ¿se oirá a sus "familiares"? ¿"Ensuciarán" la guerra? ¿Cómo superar el desprestigio que la propaganda liberal ha logrado respecto de las Fuerzas armadas y de toda "represión"?

    Los Requetés sabían que luchaban y morían por Dios y por España en el 36; las Fuerzas Armadas en Hispanoamérica sabían que defendían la Nación ante la agresión revolucionaria. Los Estados Unidos, en cambio, disputan la defensa de la Libertad ante quienes, con métodos asesinos y abyectos, pretenden encarnarla hoy. El campo de batalla es ideal e ilimitado. La ruptura del poder único se extiende y ahonda en todos los países, incluido los Estados Unido. Reina la anarquía.

    Las consecuencias sobre la humanidad son, entonces, imprevisibles. No es posible enfrentar la cuestión en este estado post-revolucionario del mundo. Se perseguirá sin sentido al "terrorismo" como adversario abstracto y se buscará personificarlo en algún líder "disidente", diariamente exhibido en televisión y en fotos. Esta lucha entre los hijos de la Revolución, con acciones descontroladas, será sufrida por poblaciones indefensas, anestesiadas y sin sentido del sacrificio. Ajenas a los motivos, a la profundidad y a la trascendencia de lo que se trata.

    La incapacidad del derecho positivo para resolver la situación creada y la angustiante desorientación generalizada hacen vislumbrar y desear el cumplimiento de las promesas sobrenaturales, hechas por Nuestra Señora en Fátima sobre la conversión de Rusia, y por San Pablo en Carta a los Romanos sobre la conversión del pueblo judío.

    El pacifismo, el ecumenismo y la civilización del amor predicados por el mundo moderno masonizado y, con él, por la Iglesia desde el Vaticano II, han visto cuestionados sus falsos fundamentos. Desde luego, se intensificarán los estudios teológicos sobre el Apocalipsis y los Mensajes marianos. Dios tiene sus designios. Hay que acatarlos y pedirle humildemente Fe, Esperanza y Caridad.

    La Tradición —y con ella el Carlismo— ha conservado lo recibido. Cumplió su deber con las armas y con la pluma. Desde su aparición, supo identificar al Enemigo de Dios, de la Patria y del Rey. Hoy contempla cómo, al apoderarse del mundo, se despedaza víctima de su propio Error.

    Notas:

    1. Jean Ousset: "Para que Él reine"
    1. Ediciones del Cruzamante. Buenos Aires, 1980, página 157.
    2)Citas de la reciente recopilación realizada en Buenos Aires por el Padre J. C. Ceriani, de la Fraternidad San Pío X, titulada: "El R. P. Leonardo Castellani: Un profeta de los últimos tiempos".

    (3)Y. Moncomble: "Les vrais responsables de la Troisième Guerre Mondiale", 1982, página 29, citado por J.C. Lozac’Hmeur y B. de Karer: "De la Révolution. Essai sur la politique maçonnique", Ed. "Ste. Jeanne d’Arc", Villegenon, 1992, página 129.

    (4)Obra citada, página 125.

  2. #2
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    Re: Álvaro Pacheco Seré, un tradicionalista de la Banda Oriental

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    Tenía entendido que Pío XI alentó a los Cristeros, pero... ¿no llegó nunca a apoyarlos?
    “La verdadera fe es incolora, por decirlo así, como el aire y el agua; medio transparente a través del cual el alma ve a Cristo. Nuestros ojos no ven el aire y de la misma manera nuestra alma no se detiene a contemplar su propia fe. Cuando, por consiguiente, los hombres toman esta fe como si dijéramos en las manos, la inspeccionan curiosamente, la analizan, se absorben en ella, se ven forzados a materializarla, a darle color para que pueda ser tocada y vista. En otros términos, sustituyen a ella, colocan sobre ella, cierto sentimiento, cierta impresión, cierta idea, cierta convicción, algo en fin en que la atención pueda prenderse. Cristo les interesa menos que lo que llaman ellos sus experiencias. Los vemos trabajando para seguir en sí mismos los signos de la conversión, la variación de sus sentimientos aspiraciones y deseos: los vemos ponerse a conversar con los demás sobre todo esto. ”. John Henry Newman

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