Historiadores reunidos en Cartegena, con motivo del Bicentenario, debaten sobre el tema:

¿Qué se ganó y qué se perdió con la Independencia?


Pasamos a ser dueños de nuestro propio destino, dejamos de pagar impuestos a España, se diversificaron las exportaciones y se abolió la esclavitud, pero el costo humano y el económico fueron demasiado altos, afirmaron historiadores durante el “Encuentro Internacional con nuestra historia”.



Esta reunión, convocada en Cartagena de Indias por la Alta Consejería para el Bicentenario con el apoyo de la estrategia de Imagen País – Colombia es Pasión, se clausura con la presencia del presidente Álvaro Uribe.

Los historiadores que participaron en el foro de “Qué se perdió y que se ganó con la Independencia” coincidieron en señalar a Cartagena como la gran perdedora, pues recibía entonces la mayor parte del presupuesto nacional para su defensa y quedó a la deriva tras haber perdido un cuarto de su población.


El economista Adolfo Meisel explicó que a finales del periodo colonial las cargas fiscales eran extremas, el comercio exterior se limitaba a España, no había libertad económica y el gasto militar era excesivo y consumía los excedentes.


El oro seguía siendo el principal producto de exportación (más del 80 por ciento), con un crecimiento real anual de 2,3 por ciento (sin inflación), el sector productivo estaba en ascenso y la economía agrícola parecía ir en sólida expansión, según los reportes de recaudo.


Esa vitalidad económica, no se reflejaba en las condiciones de vida de sus habitantes porque se invertía en murallas y tropa, un lujo para un virreinato pobre que apenas subsistía.


Con la Independencia, los factores de producción se destruyeron, murieron los mejores profesionales, comerciantes, artesanos, trabajadores calificados, la infraestructura sufrió daños irreparables, se arruinaron las haciendas y perdieron los cultivos y la ganadería.


La moneda, de excelente calidad, y el régimen monetario, de gran alcance y buen funcionamiento, se fueron a pique, se comenzó a producir moneda de baja calidad, deteriorando las redes comerciales y generando inflación. Sólo hasta 1848, con Tomás Cipriano de Mosquera, se pudo tener un sistema monetario relativamente bueno.


En general, dijo Meisel, las pérdidas se sintieron de inmediato y la compensación por los hechos se recibieron muy tarde.


El historiador Gustavo Bell, director del diario El Heraldo, centró su exposición en el Caribe, narró cómo era la próspera Cartagena de comienzos del siglo XIX y el drama humano que se vivió en la ciudad amurallada durante el sitio a la que fue sometida.


En esa época, Cartagena, la más cosmopolita, disputaba con Santa Fe el privilegio de ser capital del país, pero al perder el monopolio comercial, dejar de recibir las inversiones militares, morir su elite ilustrada y sucumbir en la guerra, esa posibilidad se esfumó.


¿Quién ganó en el Caribe? Ganó Santa Marta, Barranquilla y Riohacha, pues abrieron sus puertos, diversificaron sus economías y encontraron nuevos mercados, respondió Bell tras hacer un balance de pérdidas de la soberbia Cartagena de entonces, la primera en desafiar de manera directa a los españoles y la primera en recibir la más feroz represalia.


Más optimista e irónico estuvo el historiador de la Universidad de Oxford Malcom Deas, al señalar que un país que se hace dueño de su propio destino ha obtenido una enorme ganancia, mientras que para la época del primer centenario Colombia estaba entregando el Canal de Panamá, que ha sido la mayor pérdida de su historia.


A Deas le parece el costo de la Independencia y sus consecuencias insignificantes comparadas con procesos similares vividos en Europa y le parece que aquí nos quejamos mucho. Otro apunte interesante de Deas es que las repúblicas americanas crearon sistemas políticos modernos (aunque ineficientes) y dijo que a los ingleses que vinieron a comerciar a estas tierras les parecía ridículo el “exceso de democracia”.


También señaló lo que significó trasladar a Dios de un lado a otro, pues Dios estaba de parte de los españoles y pasó al lado de los patriotas.


La Nueva Granada, concluyó Deas, quedó abierta a una multiplicidad de influencias que ayudan a construir una escena muy positiva y los colombianos comienzan a conocer el mundo, y a que los conozcan aunque, recordó, pasaba lo mismo que en la actualidad, y es que a la verdadera Colombia se le conoce poco. CEP
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Más optimista e irónico estuvo el historiador de la Universidad de Oxford Malcom Deas, al señalar que un país que se hace dueño de su propio destino ha obtenido una enorme ganancia, mientras que para la época del primer centenario Colombia estaba entregando el Canal de Panamá, que ha sido la mayor pérdida de su historia.


A Deas le parece el costo de la Independencia y sus consecuencias insignificantes comparadas con procesos similares vividos en Europa y le parece que aquí nos quejamos mucho. Otro apunte interesante de Deas es que las repúblicas americanas crearon sistemas políticos modernos (aunque ineficientes) y dijo que a los ingleses que vinieron a comerciar a estas tierras les parecía ridículo el “exceso de democracia”.
Inglés Tendría que haber dicho "ingleses que vinieron a suplantar a España en estas tierras".