Chiloé, entre la nostalgia y la realidad
Publicado el 30 noviembre, 2021 por laamericaespanyola
Chiloé, entre la nostalgia y la realidad, el de las bellezas infinitas, el del cielo como no hay otro cielo, y mares como otros no se han visto y ríos y bosques inmensos…
Un enclave distinto, vinculado mas al mar que al continente, una sociedad frágil con un fuerte sentido de solidaridad y un profundo apego territorial (Renato Cárdenas, historiador de la Biblioteca Nacional de Chile).
La isla fue pisada por primera vez en nombre de la Corona de España, ni más ni menos que por el célebre poeta Alonso de Ercilla, que dejó grabado en el tronco de un árbol la constancia de ser el primero en cruzar el temible “desaguadero“, “el año de cincuenta y ocho entrado sobre mil y quinientos, por febrero…“.Solo se quedó lo necesario: “dimos la vuelta luego a la piragua volviendo a atravesar la furiosa agua” (La Araucana, Canto XXXVI).
Era un ancho Archipiélago, poblado / de innumerables islas deleitosas, / cruzado por el uno i otro lado / Góndolas i piraguas presurosas. / Marinero jamás desesperado / en medio de las olas fluctuosas / con tanto gozo vio el vecino puerto, / como nosotros el camino abierto”. (La Araucana, Canto XXXV).
Fue un territorio con una enorme importancia para la Corona española, situado en el Océano Pacífico sur, a medio camino entre Valparaíso y el estrecho de Magallanes, donde las últimas tropas del ejército real resistieron a las fuerzas insurgentes en América del Sur, hecho que ocurrió en 1826.)
La existencia de Chiloé desde su descubrimiento por los españoles, estuvo más ligada al estrecho de Magallanes que al Chile continental; así, el origen y el mantenimiento de su capital la ciudad de Castro, estuvo siempre vinculada a la vigilancia del Estrecho. Era la última tierra poblada de españoles hasta el estrecho de Magallanes.
Chiloé es un pequeño archipiélago, hoy bajo soberanía de la república de Chile, al sur de la Región de Los Lagos, situado en el Océano Pacífico, inmediatamente al oeste de la franja continental chilena (4.270 kilómetros), aproximadamente en el límite entre sus dos tercios inferiores. Cubre una extensión de 9.181 km², algo menos que la provincia de Lugo en España, repartidos en 40 islas; una de ellas la Isla Grande de Chiloé es un rectángulo de 180 kilómetros de largo y una anchura media aproximada de 50 kilómetros.
Está separada del Chile continental por el norte por el canal de Chacao, con una anchura mínima de 2 km (1.852 km), y por el este por el Golfo de Ancud y el Golfo de Corcovado; el Océano Pacífico se encuentra al oeste, y el archipiélago de Chonosse se localiza al sur, al otro lado de la Boca del Guafo.
Castro es la capital de la provincia de Chiloé y es la tercera ciudad con una existencia continua más antigua de Chile, fundada por Martín Ruiz de Gamboa en 1567.
Otras ciudades importantes son Ancud, Quellón, Chonchi, Dalcahue, Quemchi, Queilén, Puqueldón, Curaco de Vélez, Achao en Quinchao y Cucao.
A la llegada de los españoles, estaba habitado por huilliches, cuncos y chonos, estos últimos son los primeros habitantes conocidos del archipiélago, que posteriormente fueron desplazados hacia el sur por los huilliches.
La isla Grande de Chiloé fue avistada primero por Alonso de Camargo en 1540, cuando viajaba hacia el Perú después de cruzar el estrecho de Magallanes. En 1553 sus costas fueron exploradas por el marino español Francisco de Ulloa que había sido enviado por Pedro de Valdivia al estrecho de Magallanes y en 1558 Juan Fernández Ladrillero tomó contacto con la población nativa; ese mismo año el gobernador de Nueva Extremadura (Chile) García Hurtado de Mendoza, tomó posesión de estas islas para la corona española.
En 1567 fue conquistada pacíficamente por Martín Ruiz de Gamboa controlando a los dóciles indios cuncos y comenzó a ser poblada por los españoles provenientes de la actual zona central de Chile; posteriormente después del desastre de Curalaba en 1598, un gran número de personas se refugiaron en las islas procedentes del continente, huyendo de la rebelión mapuche y que significó la partición de Chile en dos zonas aisladas entre si. Después de la destrucción de las siete ciudades continentales en 1600, entre el río Biobío y el canal de Chacao, el archipiélago quedó aislado del desarrollo cultural del resto del continente y generó una cultura insular con características propias.
Pero ya anteriormente los indígenas de estas islas, a pesar de pertenecer a la misma familia étnica que los continentales, se diferenciaban de ellos por su civilización, sus costumbres y su forma de vivir. No eran ni guerreros ni fieros, sino mas bien pacíficos y tranquilos, no practicaban la poligamia. Dispensaron a los primeros hombres blancos que pisaban su tierra un recibimiento cariñoso y hospitalario. Los españoles adoptaron muchas de sus costumbres.
Castro con la Iglesia de San Francisco
Los chonos, anteriores pobladores y desplazados al sur tenían una cultura inferior. Eran excelentes marinos que podían navegar muchos kilómetros en sus embarcaciones llamadas dalcas. Una de sus costumbres es el curanto, una comida hecha en un hoyo en la tierra que se cocina con piedras recalentadas y se cubre con hojas de nalca. Luego de su contacto con los huilliches también practicaron incipientemente la agricultura, principalmente de la papa, mientras que los huilliches que eran agricultores, adoptaron las costumbres marineras de los chonos, dadas las necesidades que les impuso el medio.
Escudo otorgado el 14 de agosto de 1696 por Carlos II de España
Ruiz de Gamboa llamó a Chiloé Nueva Galicia, debido a la similitud de las colinas, el verde y la bruma con el territorio del noroeste de la península Ibérica. También fundó la ciudad de Castro. Hoy la isla Grande de Chiloé está repartida entre una zona poblada al este y otra mas salvaje y despoblada al oeste.
En 1600 sufrió la mas importante incursión de los corsarios, cuando cinco naves holandesas de Baltasar de Cordes tomaron Castro con ayuda de los indios de Lacuy, hasta que fueron expulsados por los españoles y sus vecinos, dada la aversión que causaron en los huilliches.
Chiloé dependía de las rutas marítimas para contactar con el mundo. La ciudad más cercana era Valdivia, que estaba a 400 km, Concepción se encontraba a 800 km, Valparaíso el principal puerto de Chile a 1.100 km, y nada menos que a 3.400 km se encontraba El Callao, máximo punto con el que se tenía contacto directo y regular, equivalente a 30 o 40 días de navegación. El puerto peruano era el único con el que los isleños tuvieron contacto continúo hasta fines del siglo XVIII.
Los primeros españoles que llegaron fueron gallegos, y eso marcó para siempre el carácter del lugar, cuando se mezclaron con la población local. Los mitos y creencias de los chonos y huilliches se integraron de manera inmediata en la mitología que aquellos gallegos traían consigo y las tradiciones célticas se fusionaron con las del lugar.
Desde su llegada, a principios de 1567, se produjo entre españoles peninsulares y sus descendientes, una simbiosis cultural con los aborígenes del archipiélago. Así fue con las artes y las técnicas de navegación, con el uso de los recursos naturales y con el lenguaje y la fe, que constituyeron un universo de comunicación poco habitual. Los habitantes de las islas del archipiélago de Chiloé estaban mas cerca de Lima y las islas remotas del Pacífico, que del Chile continental. Tanto por la vía del intercambio comercial y administrativo, como por los intermitentes arribos procedentes de Europa a través del estrecho de Magallanes o por el paso del cabo de Hornos, se conectaba Chiloé con el mundo civilizado en esos tiempos.
Por otra parte los chiloenses no tenía la mejor relación con los mapuches a causa de las malocas del siglo XVII que los hacían mirar con recelo. El gentilicio moderno chilote era antiguamente chiloano, chiloense o chiloensis. Al parecer los chilenos del continente le añadieron la partícula «TE« en señal de desprecio hacia los isleños por su fidelidad a la corona española. Pero en la actualidad el pueblo de Chiloé ha adoptado el gentilicio chilote con naturalidad.
En los primeros años los mercedarios y franciscanos estuvieron a cargo de la labor espiritual. En 1608 llegaron los primeros jesuitas, y en 1612 fundaron la primera iglesia en Castro para evangelizar a los nativos. Fueron haciendo capillas por todo el archipiélago, así en 1767 ya había 79, y hoy se pueden encontrar más de 150. Tras la expulsión de la población jesuita en 1767, la orden franciscana asumió la asistencia religiosa de la isla desde 1771. Dieciséis de esas iglesias de madera construidas por los sacerdotes jesuitas, forman hoy parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO. Son las siguientes:
Iglesia de Santa María de Loreto de Achao. 1730
- San Antonio de Colo (Colo)
- Nuestra Señora del Patrocinio (Tenaún)
- San Juan Bautista (San Juan)
- Nuestra Señora de los Dolores (Dalcahue)
- San Francisco (Castro)
- Nuestra Señora de Gracia (Nercón)
- Santa María (Rilán)
- Santa María de Loreto (Achao)
- Nuestra Señora de Gracia (Quinchao)
- Santuario Jesús Nazareno (Caguach)
- Nuestra Señora del Rosario (Chelín)
- Jesús Nazareno (Aldachildo)
- Natividad de María (Ichuac)
- San Antonio (Vilupulli)
- San Carlos de Borromeo (Chonchi)
- Santiago Apóstol (Detif)
La costa oriental de la Isla Grande de Chiloé contiene nueve de estas iglesias, otras tres están en Lemuy, dos en Quinchao, una en Caguach y una en Chelín.Cobró la provincia importancia en el virreinato cuando España se enteró de la presencia de la flota inglesa de Anson en el golfo de Penas, sospecha que aumentó cuando en 1750 el gobernador de la isla, Antonio Narciso de Santa María, sugirió al virrey del Perú que el primer objetivo inglés sería precisamente la isla, por tener los mantenimientos y la mejor posición estratégica, para luego intentar apoderarse de Chile y el Perú.
El último tercio del siglo XVIII vino a reforzar los vínculos de los chiloenses con la corona española. Se fundaron ciudades (San Carlos de Ancud), se edificaron fuertes, se construyeron caminos, se impulsaron los astilleros y se desarrolló el comercio. En lo social, se suprimió el régimen de la encomienda, otorgándosele al veliche (indígenas chilotes) igualdad de derechos con la población hispánica y reconociéndoseles la propiedad de sus tierras ancestrales. Se impulsó la educación y la salud pública, se dio sustento a las clases sociales más desposeídas mejorando sus condiciones de vida.
Se creó la ruta terrestre del Camino Real que permitía el abastecimiento y comunicación del archipiélago con toda la región norte continental comprendida entre Valdivia, Osorno y Chiloé, mitigando de esta forma la dependencia de los barcos provenientes del Callao con los productos indispensables, abriendo así un mercado efectivo para los chiloenses.
Por razones como éstas, a lo largo del siglo XVIII se habían sucedido numerosas peticiones desde el cabildo deCastro para la recuperación del área de Osorno, ya que en los Llanos de Osorno los isleños podrían “descargar la tierra” del excesivo número de habitantes que se estrechaban en el corto terreno desmontado y útil para cultivar del archipiélago.
También se habilitó un camino terrestre entre Castro y San Carlos de Ancud, llamado camino de Caicumeo, terminado en 1788. Fue la primera senda que atravesaba el impenetrable bosque de la isla para la comunicación entre ambas villas, además de su objetivo militar o de defensa, para incrementar el comercio, e intentar hacer productivas las tierras boscosas del interior. Este camino fue obra del gobernador Francisco Hurtado.
Fuerte de San Carlos de Ancud
En 1767 Chiloé pasó a depender directamente del virreinato del Perú y de la Real Audiencia de Lima en lugar de la Capitanía general de Chile. La Corona autorizó al virrey del Perú Manuel Amat y Junyent a que se hiciese cargo de su fortificación y defensa y entregara su gobierno al militar que el mismo dispusiera. Así lo hizo, reemplazando al gobernador de Chiloé Manuel Fernández de Castelblanco por el capitán Carlos de Beranger y Renaud.
Beranger levantó el Fuerte y Villa Real de San Carlos de Chiloé, actual ciudad de Ancud (1768), que se convirtió en una de las plazas más potentes del Pacífico Sur, encargada de resguardar la denominada ruta marítima del Cabo de Hornos. Luego, en 1784 se creó la Intendencia de Chiloé, dependiente de Lima, que incluía las tierras continentales adyacentes.
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