Fuente: ¿Qué Pasa?, 26 de Junio de 1971, página 4.
DE POLÍTICA INTERNACIONAL
PORTUGAL, LA ONU Y LA UNESCO
Portugal se ha retirado de la UNESCO y desafía a la ONU. Que haga esto precisamente cuando tantas dificultades le asedian será incomprensible para los tecnócratas que sólo sueñan con elevar el nivel material de vida; es, sin embargo, perfectamente factible en ese clima de austeridad y exaltación espiritual que crean las adversidades si se sobrellevan con honor. El episodio nos interesa, además, por afectar a la nación hermana, cuyas vicisitudes tanto pueden influir en la nuestra, y porque aquí también hemos padecido a la ONU, a los Amigos de la ONU y a los Amigos de la UNESCO. Pero mejor que nuestros comentarios es el documento leído por el Ministro de Negocios Extranjeros, doctor Rui Patricio, al empezar una conferencia de prensa dada con este motivo en Lisboa, que tomamos del “Diario de Noticias” de aquella capital del día 28-5-71. Dice textualmente así:
Vuelvo con placer a este tipo de contactos –interrumpidos bien en contra de mi voluntad por período superior al que preveía– con los representantes de los órganos de información nacionales y extranjeros.
No me alargaré en comentarios, incluso generales, de los acontecimientos de la vida internacional que no estén directamente relacionados con Portugal. Son bien conocidos de todos la persistencia de crisis y el mantenimiento de conflictos armados en diversos puntos del globo, así como el ambiente inquietante que se continúa sintiendo un poco por todas partes. Mas si la sangre continúa así corriendo y la inseguridad no ha desaparecido de las relaciones entre los pueblos, no es menos vivo el deseo general de paz y de que el horizonte se aclare.
Desgraciadamente, a esa aspiración cada vez más vehemente de la humanidad no ha correspondido la aplicación de un sistema eficaz y de reglas jurídicas que la traduzca al plano de los hechos. Una gran responsabilidad cabe, sin duda, a la insolvencia de la organización de la seguridad colectiva, que ha traicionado completamente las esperanzas depositadas en ella. Ya apenas intenta siquiera la ONU esbozar una intervención efectiva en los grandes problemas de la vida internacional, o crear una apariencia que sea de un papel activo justo y productivo en la solución de las crisis y de los conflictos entre las naciones.
Mas esta insolvencia de la organización mundial, cuyo proceso está hace mucho tiempo largamente hecho, sería poco molesto mencionarla aquí de nuevo si no fuera por la conveniencia de mantener presente en nuestro espíritu que los portugueses continúan siendo las principales víctimas de ella. Incapaces de cualquier función útil, los responsables de la actividad de aquella organización buscan frenéticamente en la hostilidad a Portugal una razón de existencia o un objetivo aglutinador.
El alarido demagógico antiportugués.– El alarido demagógico antiportugués creció recientemente en varias comisiones criadas y alimentadas por la ONU, con el objeto de perturbar la paz en las regiones meridionales del continente africano y de impedir el progreso de sus habitantes. Atribuimos con fundamento estos fines a aquellos comités, pues gran parte de su actividad ha consistido en el esfuerzo, felizmente baldío, para impedir la realización de las inversiones exigidas por los imperativos del progreso económico y social de los respectivos territorios. ¿Pues no se dijo hace tiempo en una de aquellas comisiones que cada escuela construida por los portugueses en Mozambique era un crimen contra la Humanidad?
Y todavía recientemente, el secretario general de las Naciones Unidas, indiferente a tantos problemas cruciales y a las reales amenazas a la paz y seguridad de los pueblos, señaló espectacularmente los problemas del África Austral como los más preeminentes y necesitados de acción por parte de la comunidad internacional. Curiosa afirmación ésta, en relación con una región donde la paz sería total si no fuera por la instigación y el apoyo a la violencia por parte de las Naciones Unidas y de algunos de sus miembros que hicieron profesión de atacar a Portugal. Es curiosa la oportunidad escogida en el momento en que tiene general publicidad un llamamiento para la convivencia pacífica en África y gana adhesiones un movimiento en ese sentido. ¿Así que tanto contraría a la ONU que los africanos puedan vivir en paz?
La duplicidad de criterios de las Naciones Unidas.– Sin embargo, vemos a veces, con alguna sorpresa, que son proclamadas en la ONU tesis que hace mucho sustentamos. Debe recordarse que el Secretario General, U Thant, en un discurso en Dakar el 4 de enero del año pasado, declaró que las Naciones Unidas «nunca aceptarán la escisión de una parte de cualquier estado miembro». El 9 del mismo mes, hablando en Accra, fue todavía más explícito, pues dijo que el principio de autodeterminación no era aplicable a un sector de la población de un estado miembro, so pena de que se originen problemas de nunca acabar. Todavía destacó el Secretario General que, para las Naciones Unidas, lo que vale es, sencillamente, el principio fundamental de la Carta. Según este principio, cuando un Estado es recibido como miembro de las Naciones Unidas, todos los otros miembros reconocen por ese hecho la integridad territorial, la independencia y la soberanía de ese Estado. Más recientemente, en un documento fechado el 22 de abril último, el Secretario General reafirmó su escrupuloso respeto por los principios de la Carta, señaladamente de su artículo 2, párrafo 7. Como saben, esta disposición de la Carta es taxativa en excluir de la competencia de las Naciones Unidas todos los asuntos que dependen esencialmente de la competencia interna de cada Estado miembro. En ese documento, el Secretario General reconoce que incluso para actividades de carácter humanitario a emprender en el territorio de un Estado miembro, las Naciones Unidas y sus agencias especializadas necesitan la autorización del respectivo Gobierno.
No interesa saber si al hacer estas afirmaciones el Secretario General tenía en la mente un determinado Estado miembro, porque la doctrina que ellas consagran debe ser aplicada por igual a todos los Estados miembros sin ninguna discriminación. Y el Estado portugués, miembro de las Naciones Unidas, tiene el derecho de beneficiarse de esa doctrina en pie de igualdad con todos los otros Estados miembros. Mas lo que sucede es lo contrario, y no nos debe sorprender que la admirable doctrina expuesta por el Secretario General con meridiana claridad continúe, en cuanto a nosotros, siendo letra muerta, pues se trata de un aspecto de la hipocresía que las Naciones Unidas adoptaron como norma de conducta y que en el fondo va minando la credibilidad de la propia Organización como instrumento de paz y de armonía entre los pueblos.
La progresiva degradación de la UNESCO. El doctor Rui Patricio prosiguió:
En contraste con el malograrse, en el plano político, de la Organización Mundial, merece realce y loor la acción de las instituciones especializadas de la familia de las Naciones Unidas. Los resultados de su meritoria labor constituyen tal vez el único elemento de signo positivo en el triste balance de las Naciones Unidas.
También en los últimos tiempos se va intensificando una nefasta campaña que pone en serio peligro el mantenimiento de las bases fundamentales en que se asienta el trabajo de aquellas instituciones. El prestigio de los dirigentes, las tradiciones de objetividad científica, el culto de los altos valores humanos, la conciencia de que problemas como los de la salud o de la alimentación de la Humanidad, de las comunicaciones o de la meteorología no conocen fronteras ni sistemas políticos, ha permitido resistir, en la mayoría de las organizaciones internacionales especializadas, las tentativas de introducción de problemas extraños a su misión, lo cual haría correr el riesgo de paralizar toda su actividad.
Entre todas las instituciones especializadas tal vez ninguna como la UNESCO debería reunir las condiciones para inmunizarse contra tal campaña.
Desgraciadamente, no ha sucedido así. Venimos asistiendo con pesar a la progresiva degradación de la UNESCO, y ya hace meses fuimos obligados a suspender cualquier contribución financiera de Portugal para aquella organización. Más recientemente llamamos en los siguientes términos la atención de varios Gobiernos de países amigos hacia la preocupación con que Portugal encaraba la presente orientación de la UNESCO:
“Hemos visto acentuarse la evolución de la UNESCO en el sentido de una cada vez mayor politización de sus actividades, especialmente en lo que respecta a las resoluciones adoptadas en las conferencias generales de aquella agencia especializada y en el sesgo dado a las mismas resoluciones por el Consejo Ejecutivo.
De día en día, tales resoluciones, bajo el impulso de una mayoría desentendida de la legalidad, de los usos internacionales y de los mismos fines e intereses de la UNESCO, parecen dirigirse cada vez más frecuente y marcadamente contra la letra y el espíritu del Acta Constitutiva de aquella Organización, comprometiendo así, por la continua injerencia en asuntos que le deberían ser ajenos, a tan noble misión como le cabría de «trabajar para el progreso del conocimiento y comprensión mutua de los pueblos, a través de todos los medios de comunicación social, estimulando el desenvolvimiento de la educación escolar y de la difusión de la cultura»”.
(Continuará).
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