Revista FUERZA NUEVA, nº 478, 6-Mar-1976
ENTREVISTA A ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO (1976)
-Giménez Caballero ¿qué piensas de esa interrogante sobre el falangismo: crisis o resurgimiento?
-No puede haber resurgimiento si no hay una previa crisis, como no hay primavera sin invierno.
-Tras tu etapa revolucionaria vanguardista pasas por ser el promotor ideal de esa otra revolución, la del falangismo, desde «La Gaceta Literaria», el 15 de febrero de 1929.
-Por lo menos así acaba de estudiarlo un profesor norteamericano en un libro traducido y editado por el Instituto de Estudios Políticos de Madrid, «Ernesto Giménez Caballero o la Revolución del Poeta(Estudio sobre el Nacionalismo Cultural Hispánico en el siglo XX)». Un libro fundamental, sin el cual no se entenderá nada de lo acaecido idealmente en España desde la República a hoy. El autor, Douglas W. Foard, estuvo pensionado por el Gobierno norteamericano y la Fundación Ford, durante un año en España, para estudiarme.
También debo a Estados Unidos otro estudio, también inédito aquí, sobre mi revolución vanguardista, el de Lucy Tandy, de la Universidad de Oklahoma; la colaboración con el doctor F. Henius para la primera ayuda americana a España (1950), los comentaristas de mi obra en vanguardia, S. Putnam y Ed Baker, y al maestro de diplomáticos Franklin Roudybush el haberme condecorado como el mejor embajador en Hispanoamérica, en 1968. Mi gratitud es grande hacia Norteamérica. Por eso intento comprenderla y aclarar su situación internacional, que nadie entiende, quizá ni ella misma.
-¿Y cuál es?
-Poco más o menos igual que la nuestra y la del resto de los pueblos. Menos uno. Pero de ello hablaremos más adelante si te interesa.
-¡Enormemente!
-Sin embargo, quisiera complacerte antes en tu encuesta inicial. O sea, sobre el falangismo.
-¿Qué piensas hoy de él?
-Pues que siendo una doctrina surgida para unificar a todos los españoles, incluso a sus adversarios y disidentes, está utilizándose ahora para desunificarnos, comenzando por los propios falangistas entre sí, y llevándolo a una situación crítica o de crisis.
-Entonces ¿desaparecerá?
-Al contrario, tras una fase centrista, cristiana y socialdemócrata, de refugio de pecadores –como en Italia y en Alemania- y de falangistas “involucionados” al anarcosindicalismo y al energumenismo por desesperación, tornará con más fuerza, cuando las circunstancias políticas mundiales precipiten las salvaciones. Como quizá diría Blas Piñar, el “tradicionalista del falangismo”, como una “fuerza nueva”. O sea, con unas juventudes nuevas, una moral nueva, un nombre nuevo y hasta una ideología que parecerá también nueva y recién inventada, como nos sucedió a nosotros con la nuestra, allá por 1929.
Porque todas las revoluciones, no te asustes de la paradoja, ¡son siempre reaccionarias! Desde la de los Gracos a la francesa del 89 y la comunista de Lenin. ¿Hay movimiento más reaccionario que el de los “hippies” queriendo volver al romanticismo búdico que soñara un Schopenhauer en el XIX o a las herejías de cátaros y albigenses en el XII?
-Precisamente yo quería interrogarte sobre las etapas del falangismo. Tú, que las has vivido todas, la ideológica o espiritual, la doctrinaria o activa, la militar o guerrera, la social o reconstructiva, la imperial o expansiva…
-Celebraría complacerte en pocas palabras, ya que me lo permite FUERZA NUEVA, pues el resto de la prensa, Televisión, radio y editoriales lo tengo prácticamente cerrado, quedándome sólo la emigración, y el morir lejos de aquí, ya que España la lleva uno dentro donde vaya.
-¿Cuáles fueron las fuentes ideológicas o espirituales de lo que sería luego el falangismo?
- Las poéticas o inspiradas, las que revelé en mi «Genio de España». Si al Alighieri le condujo una “mirabile donna fiorentina” a descubrir el Paraíso tras pasar con Virgilio o la pedantería, por el infierno y purgatorio, algo así me ocurrió a mí para alcanzar, tras el purgatorio e infierno de nuestros pedantes maestros, la visión paradisíaca que denominé «Encuentro con mi madre» (a la que creía desaparecida o muerta): Roma. Allá por 1925. Permíteme que transcriba aquel párrafo de mi libro: “Encontré en Roma el olor a madre que nunca había olido en mi cultura, que es peor que el olor a hembra, porque enloquece de modo más terrible”. “¡Olor a mundo antiguo, medieval y nuevo!”... Después: todos los libros, discursos o Convegnos, como el Volta de 1932, al que acudí con Madariaga, Sánchez Albornoz y Morente, fueron ya complementos, ornamentaciones.
-Y en la parte doctrinaria y activa del falangismo, ¿influiste en Ledesma, José Antonio, en el primer Consejo Nacional, en el color azul de la camisa…?
-Deben ser otros quienes lo atestigüen. Yo no me permitiría tal petulancia.
-En la etapa militar o guerrera, ¿qué intervención tuviste en el Decreto de Unificación?
-Entusiasta. Era la esencia misma de nuestra doctrina, la de unificar, integrando almas, grupos, regiones y hasta naciones de haberse podido dar la etapa de salvarlas, como lo intentara ya nuestro Carlos V y pretenden hoy, en sus ilusos imperialismos respectivos, Estados Unidos y Rusia.
-¿Y por qué “ilusos” esos imperialismos?
-Vuelvo a rogarte esperes mi respuesta tras satisfacer, metódicamente, tu última demanda sobre la aportación social del falangismo.
-¿En qué consistió esa aportación social?
-En volver a unir al hombre que emprende o empresario o patrono (aumentativo de padre) con el que produce o labora materialmente, el productor u obrero, a través de un mensajero de paz, casi un ángel custodio, como era el “enlace sindical”. Y digo era, porque ya no lo va siendo, al entrar también en crisis nuestra Organización sindicalista, cuyo ministro actual, Martín Villa, ni siquiera se ha atrevido a urgir en la Televisión como propia defensa mi reportaje documental, realizado en Televisión Española y programado ya ¡tres veces!, y tres veces suspendido, “El Sindicalismo mundial y España” donde demuestro que la paz y el desarrollo, ¡el famoso milagro de España en cuarenta años!, se debe esencialmente a haber repristinado el Sindicato a su función originaria de “Syn-Dyké” o unión justa.
Por eso cuando una Organización como la Sindical y un país como España, ya sus dirigentes no se atreven ni a ser defendidos, la crisis no tiene remedio. Y si no se ha precipitado aún es porque el país vive aún de reflejos “condicionados” de la perduración del franquismo, del falangismo, de un Movimiento que, lejos de ser hoy inmovilista, se mueve vertiginosamente. Pero a su desintegración, hacia la anarquía, y el pronunciamiento. Una desintegración prevista y dirigida por la fuerza mundial victoriosa sobre todas las demás del mundo. Y ahora viene a tiempo tu curiosidad aquella, si quieres satisfacerla.
-¿Y cuál es esa fuerza totalitaria e imperialmente triunfante?
-La que ni siquiera un Spengler o un Toynbee apuntaron. ¡Ciegos! La del prodigioso, desconocido y número uno en la historia de los pueblos: la de Israel. El elegido de Dios en la Biblia y, ¡al fin!, vencedor. Tras una diáspora y persecución milenarias y que al sobrevivir y potenciarse a través del dolor y del desprecio hechos espíritu ha logrado el supremo de los nacionalismos: el de la “sangre” condensada hoy en un trozo heroico y tradicional de tierra, “Eretz Israel” y un imperialismo sin competición posible, por poseer tres armas casi invencibles por hoy: la “energía de la materia” (o fuerza nuclear); la “energía humana” (o fuerza dineraria) y la “energía espiritual” (o fuerza religiosa) cifrada en la Biblia…
Gracias a estas tres fuerzas, a través de Rusia, cuya revolución ideó con Marx y organizó con Trotsky, empobrece primero a los demás pueblos para comprarlos luego baratos, dividiéndolos y organizándolos y pacificándolos con el poderío tecnológico de su otro gran servidor: Estados Unidos, donde está hoy instalado, mientras Norteamérica le sea útil.
-Pero ¿no creará ese triunfo un nuevo y tremendo antisemitismo?
-Precisamente, el racismo hitleriano vencido ha hecho florecer el semítico por aquello de Sancho: “Los vencidos de hoy serán los vencedores de mañana”. Pero por el momento no habrá reacción peligrosa. Porque hasta ahora el ideal que parece desarrollar, amaestrado Israel por siglos de experiencia, de lágrimas y maldiciones, es el más fabuloso y apetecible de todos los ideales humanos: el de la paz mundial, aspirando a ser bendecido, al fin, por toda la Humanidad.
Por eso su representante máximo hoy es Kissinger, siempre en avión, como un querubín apocalíptico, volando sin descanso, arreglando conflicto tras conflicto, consiguiendo paces y paces, en una mano el dinero, en otra la bomba atómica y en el pecho la Biblia. Y como símbolo secreto, no la estrella de seis puntas, sino el arcano y mítico y divinal haz de rayos o flechas y el yugo de la ley (símbolo que fuera ya de los Rothschild). Y ahora de toda la israelidad, con el águila de Estados Unidos que lo empuña en su escudo, y no de la actual pobre Falange.
-¿Y será duradera esta victoria tan totalitaria como insospechable?
-Siempre que no peque con el “supervencer” como el Shylock inmortal de Shakespeare, y no quiera llevarse más de la libra de carne convenida.
-¿Y hay algún síntoma de ello?
-Tal vez ese afán prematuro de sus relaciones oficiales con España, teniendo, como en España tiene ahora, manos libres a través de los acuerdos estadounidenses. Y quien sabe si otro afán: el dominio de Hispanoamérica mediante Brasil. La crisis argentina del peronismo tiene ese origen secreto. Por eso, ya Perón veía en el castrismo su vengador futuro, cuando intente sublevar la negritud brasilera tras su participación victoriosa en Angola. El castrismo es hoy algo serio. Como lo es la situación árabe dividida entre sí por la genialidad israelí.
-¿Y si tal triunfalismo lo hiciese Israel pesar al resto del mundo, saliendo de sus puros límites abnegados y benefactores?
-Entonces “desencadenaría” al otro antagonista, tan temido por el racismo israelí. El de una Alemania resucitando y uniéndose al anglosajonismo inglés y americano, como soñara el mártir John Amery, al arianismo mundial, incluido el ruso, al fin otro racismo, quién sabe si a través de renovadas monarquías y aristocracias.
-¿Y España?
-Es que entonces también volvería a amanecer la única fuerza capaz de superar ambos raciales antagonismos, la de Roma, la de nuestra Madre Roma, la de nuestro católico y universal genio, con la vuelta a una hoy también insospechable santidad, creando los nuevos santos, los que no necesiten para salvar a los demás seres ni el dinero ni el átomo ni la raza. Sino el cielo. El ansia de eternidad. Y en esta tercera revolución de mi vida es en la que mi alma ya está marchando. Al son alegre de esa paz.
José Luis JEREZ RIESCO
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