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Nos cuenta Jose Antonio Maravall en su “Análisis de la cultura del Barroco”, como las gentes que vivieron el final del Renacimiento y que poblaron la Europa del siglo XVII, fueron hombres tristes y melancólicos. La brutal crisis social y el desorden del mundo, provocaron que los habitantes de la Europa convulsa de aquel siglo XVII se vieran sumidos en un profundo pesimismo inspirado en las calamidades que por doquier se extendían. La decadencia económica con la sucesivas bancarrotas, las pestes (que por ejemplo en España acabaron con una cuarta parte de la población), las guerras (piénsese en la Guerra de los Treinta Años, en las guerras de religión tan crueles), el hambre, la miseria, las encarnizadas persecuciones de unos contra otros, “como lobos y tigres ferocísimos” llegó a escribirse sobre ello. Todo esto llevó a que la melancolía, el desencanto, la tristeza y el dolor existencial se asentasen profundamente en el alma de cada individuo. “Ningún enemigo mayor del hombre, que el propio hombre " escribiría SAAVEDRA FAJARDO.
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