Un informe británico señala que pueden ser «más contaminantes»

Celia Maza
Londres- Los biocombustibles fueron presentados a nivel mundial como la panacea para combatir el cambio climático, pero ahora resulta que es peor el remedio que la enfermedad. Según un informe presentado ayer en el Parlamento británico, los derivados de la biomasa causan más daños que beneficios en el medio ambiente.

A tan sólo un día de que la Unión Europea publique su estrategia para combatir los niveles de C02, donde hay varias medidas que afectan a estos compuestos, el comité de Auditoría Medioambiental instó al Gobierno británico a una moratoria hasta que se demuestre que éstos pueden producirse de manera sostenible, ya que aseguran que las emisiones de CO2 de los vehículos de motor pueden reducirse de forma más fácil con otros métodos «menos perjudiciales».

Aunque reconoce que lo ve difícil, Bruselas se ha propuesto para el año 2020 que un 10 por ciento del combustible utilizado por los automóviles que circulan por las carreteras europeas sea de origen biológico. Ante estas cifras, los diputados criticaron el hecho de que no se tengan en cuenta las advertencias de destacados científicos que señalan que algunos métodos de producción de los biocombustibles tienen un impacto más perjudicial sobre el medio ambiente que los combustibles fósiles tradicionales. Entre estos impactos negativos figuran la energía utilizada en el cultivo, la recolección, el transporte y el procesamiento de las cosechas, la destrucción de los hábitats naturales y de los bosques tropicales, que atrapan el CO2, y el uso creciente de pesticidas y abonos.

A pesar de que el informe británico destaca que «el fomento de la producción de biocombustibles es una acción temeraria ante la ausencia de mecanismos efectivos para prevenir la destrucción de los depósitos de carbono», el comisario europeo de Energía, Andris Piebalgs, discrepa y argumenta que gracias a estos combustibles «se están logrando significativas reducciones de los gases de efecto invernadero». Por otra parte, entre los retos propuestos por Bruselas, también se espera que para 2020 el Reino Unido obtenga entre el 30 y el 40 por ciento de su electricidad a partir del viento, las olas y el sol.

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