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Tema: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

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    En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón




    1.- Presentación.

    EN BUSCA DE LA VERDAD: EL VERDADERO ORIGEN DE CRISTOBAL COLÓN

    A continuación, les ofrecemos la resolución de uno de los mayores enigmas de la historia del hombre: la procedencia de Cristóbal Colón.


    Siguiendo los postulados que presenta la Asociación Cultural Cristóbal Colón, queremos hacer llegar a todos los hogares el verdadero conocimiento de la vida y origen del hombre que descubrió América a través de la gran variedad de irrefutables pruebas sobre las que la Asociación se apoya para divulgar su tesis.


    Asimismo, la Asociación Cultural Cristóbal Colón edita semestralmente el Boletín Informativo Cultural, documento que reciben las más importantes universidades, bibliotecas, academias de historia y centros culturales de América y España. La mencionada asociación tiene por objetivo impulsar las investigaciones con el fin de demostrar el verdadero origen del Descubridor de América.


    Por lo tanto, en sucesivas publicaciones, se darán a conocer toda una serie de pruebas que permitirán demostrar la procedencia y falsedad de todos los documentos que los defensores de la tesis genovesa presentan, con el objetivo de probar que los genoveses Cristófero Colonne o Cristóforo Colombo son la misma persona que le verdadero Descubridor de América, el noble Cristóbal Colón, hijo de don Carlos, Príncipe de Viana (hermano del rey Fernando el Católico), y de la mallorquina Margarita Colón.


    Desde aquella memorable fecha del 12 de octubre de 1492, en que un nuevo mundo fue descubierto, hasta nuestros días, Cristóbal Colón ha sido para muchos "el gran desconocido". Gabriel Verd Martorell, tras treinta años de investigación, al igual que otros rigurosos investigadores colombinos, ha llegado a la conclusión de que el descubridor de América fue hijo natural del Príncipe de Viana y de Margarita Colom, que nació en Mallorca en 1460 y que la teoría genovesa es una fábula, razón por la que se pueden conceptuar a sus libros Cristóbal Colón y la revelación del enigma y Cristóbal Colón era noble y de sangre real, como la más documentada y sólida refutación que de la tesis genovesa se haya presentado jamás. Para su autor, la nacionalidad de Colón, la que se adquiere tanto por el derecho de sangre como por el derecho de suelo, se convierte en secreto de estado mediando un gran pacto de silencio que, por una parte, otorga honores, preeminencias y riquezas, mientras que, por otra parte, exige silencio al suelo y a la sangre.


    Estas obras de don Gabriel Verd constituyen una sagaz y rigurosa investigación que apasiona como una buena novela policíaca en la que la deducción implacablemente lógica va arrancando a la verdad hasta dejarla desnuda a los ojos del lector. Para tal investigación, parece que debían conjuntarse tres elementos: una pasión desmedida por el tema, una paciencia tenaz en la investigación y una mallorquinidad de suelo y de sangre, porque sólo así, surgiendo del mismo escenario que engendró el misterio, podía ser rescatada la verdad. En el autor, venturosamente para sus lectores, se ha dado dicha conjunción, por lo que estos libros consituyen un feliz y fecundo resultado: Cristóbal Colón fue un hijo de España que alumbró a las Américas de hace quinientos años.





    2.- La asociación Cultural Cristóbal Colón.

    La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo creó, es el Descubrimiento de América .

    Siguiendo este precepto, el día 1 de febrero de 1963 fue constituida la Asociación Cultural Cristóbal Colón en Madrid, con ámbito nacional y con representaciones en diversas naciones hispanoamericanas. Fue su primer Presidente el Excmo. Sr. D. Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto, XVII duque de Veragua, que hasta su muerte en 1986 representó dignamente a la Institución efectuando diversos viajes a la América hispana en ocasión de conmemoraciones históricas colombinas, y en dos ocasiones presidió, como Gran Mariscal, el desfile del 12 de octubre en la ciudad de Nueva York.

    Durante todos estos años, la Asociación ha participado en Encuentros de Hispanistas, ha promovido conferencias, Seminarios de Estudios Hispanoamericanos y prosigue la edición del Boletín Cultural, que muy pronto tuvo amplia aceptación entre diversos centros culturales, academias y universidades. Esta labor hispanista, en la que se fomenta el estudio de la controvertida figura de Cristóbal Colón a la vez que se estudian diversos aspectos históricos relacionados con el Descubrimiento de América y la posterior etapa de la colonización española en el Nuevo Mundo, ha tenido destacado eco en los ambientes científicos y culturales de España y América.

    De forma especial se estudia y se defiende la idea de Hispanismo como vínculo entre tantos millones de seres, hermanados por los lazos de la Historia, y el nexo de la misma lengua común, así como el propósito de luchar encarecidamente, a nivel popular, por mantener el clima propicio para una Comunidad Iberoamericana de Naciones, que permita el resurgir de diversos pueblos hispánicos todavía sometidos a los rigores de la escasez, de la falta de atención y del abandono en que se hallan sumidos.

    Así, pues, nuestra Asociación, desde el lejano año de 1963, ha venido propiciando la amistad y los fraternales vínculos entre España y las Naciones libres del Nuevo Continente; parte de los cimientos de esa libertad los fue forjando España desde aquel 12 de octubre de 1492 hasta el siglo XIX.

    Por ese motivo, todos aquellos actos y acontecimientos que tienen lugar en alguno de aquellos países relativos a destacar figuras históricas comunes o que tuvieron lugar en ocasión del Descubrimiento, merecen nuestra atención, apoyo y colaboración, como han tenido ocasión de comprobar nuestros asociados o lectores del Boletín Informativo.

    Procuramos tener informados a nuestros amigos, y en general a los estudiosos e interesados en el tema, sobre aquellos artículos y trabajos que en distintos medios de comunicación aparecen. Se pretende de esta forma reunir una serie de estudios, que puedan ayudar a comprender ciertos sucesos.

    Poco a poco nuestra Asociación, con el esfuerzo de todos sus componentes, ha logrado alcanzar una alta consideración y respeto en los medios culturales y científicos de importantes organismos, Academias, y centros universitarios de muchos países, lo cual nos anima a proseguir esta tarea y a no decaer en nuestro propósito de fomentar y desarrollar la cultura española y americana en todos sus grados y aspectos, como determina el Artículo 2 de nuestros Estatutos.

    La desaparición del citado duque de Veragua supuso, con la enorme tristeza por su irreparable pérdida, la necesidad de proseguir la labor encauzada con tanto éxito en la etapa anterior.



    JUNTA DE GOBIERNO

    De este modo, en 1990 asumió la presidencia D. José Mª de Domingo-Arnau y Rovira, que había sido el secretario general de la Asociación durante la etapa del Duque de Veragua, conocedor de sus inquietudes en el aspecto histórico y cultural, que, rodeado de los componentes de la Junta de Gobierno, inició la nueva etapa con un brillante plantel de colaboradores, como los Vicepresidentes D. Tomeu Pons, escritor y artista, autor de un magnífico libro titulado Lo insólito en el nacimiento de Iberoamérica , viajero infatigable por diversos países americanos, y Damián Barceló, prestigioso abogado que en 1992 reunió en solemne acto en Palma de Mallorca a todos los embajadores hispanoamericanos para obsequiar a los Presidentes de las Repúblicas respectivas con una barrica de brandy de su bodega con el que puedan brindar todos los 12 de octubre de los años siguientes para conmemorar el Descubrimiento.

    Figura como Secretario General el investigador Gabriel Verd Martorell, conferenciante en diversos lugares de América y en distintas ciudades españolas y autor de dos interesantes y muy importantes libros en los que se desvela el origen español de Colón; como Vicesecretario Adjunto figura Don Antonio Gornés Sastre.

    D.Ángel G. las Navas Pagán, ilustre periodista de la Asociación de Corresponsales Iberoamericanos, es el actual Vicesecretario General.

    Como Consejeros de la Junta de Gobierno figuran el prestigioso letrado D. Antonio Ramón Camps, caballero del Monasterio de Guadalupe y miembro de destacadas Academias culturales de Italia; D. Fernando Polo de Alfaro, profesor de pintura, galardonado con diversos premios internacionales y caballero del Imperial Monasterio de Yuste; el escritor valenciano D. Jaime Porcel Rosselló; DªPilar Pulgar Fraile, ex-alcaldesa del histórico lugar de Palos de la Frontera (Huelva); D. José Mª Tejero García, de Huelva, ilustre representante de la ciudad que tanto significó en el Descubrimiento y Don Antonio Rodríguez, de Palma de Mallorca; en Estados Unidos, la Asociación está representada por D. Juan Francisco Maura, profesor en Vermont; el notorio escultor y artista mallorquín Jaime Mir Ramis, ilustre investigador colombino; así como D. Luis Felipe Pou y Riesco, Cónsul General de Uruguay en Sevilla y miembro de otras corporaciones científicas, y en el Cono Sur de América, ostenta la representación D. Miguel A. Bordoy, en Argentina.



    PATRONATO DE HONOR

    A este grupo directivo, se agrega el Patronato de Honor, que hasta el momento de su muerte presidió D. Torcuato Luca de Tena, Marqués de Luca de Tena, autor de diversos libros históricos y profundo conocedor de hechos y circunstancias de América; como Vicepresidente fue designado el Dr. D. Rafael Salanova y Salanova, Académico numerario de la Academia Mallorquina de Estudios Genealógicos e Históricos, Correspondiente de la Academia Nacional de Jurisprudencia y Legislación y a varias Corporaciones americanas como miembro honorario, a la Orden del Santo Sepulcro, y está en posesión de diversas condecoraciones nacionales y extranjeray figura conocida por cuantos pertenecen a la Asociación por haber permanecido en la misma desde la, ya lejana, época fundacional, habiendo desempeñado distintos cargos en la Junta de Gobierno: Consejero, Vicesecretario, Secretario General y Vicepresidente, que justifican y avalan su dedicación y entrega a nuestro proyecto.

    Como Vocales de nuestro Patronato de Honor figuran el Dr. Enrique Tejera París (Ex Embajador de la República de Venezuela en España), Dra. Rose-Marie Karpinski de Murillo (Académica de Número de la Academia de Historia y Geografía de Costa Rica), D. Pedro Serra Bauzá (Presidente del Grupo Serra, Palma de Mallorca), D. B. Fernando Izquierdo y Doña Juana Mº Citarella (Presidente y Secretaria respectivamente de la Fundación Baldomero Fernando Izquierdo en Barcelona), Dr. Eduardo Guaylupo Roncal (Agregado Cultural de la Embajada del Perú en España), Dr. David R. Chacón Rodríguez (historiador, Presidente de la Fundación Hno. Nectario María para la Investigación Histórica-Geográfica de Venezuela y Presidente de la Sociedad Boliviana de Sevilla), Dr. Juan M. Morales Álvarez (Director del Instituto de Investigaciones Históricas Bolivarium de la Universidad Simón Bolívar en Caracas, Venezuela), Dr. Bernardo P. Dossier Almazán (Historiador, Argentina), Dr. Eusebio Leal Spengler (Director de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Cuba), Doctor Adrián Hernández Baño (Antropólogo, Historiador y Sociólogo; profesor titular de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda en Coro, Venezuela), D. Juan Verger Pocoví (Ingeniero, ex Conseller de Fomento del Gobierno de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares), Doña Maria Virginia Martínez Costa (Historiadora, Madrid), Dr. José Javier Viñes (Parlamentario Foral de Navarra), D. Damián Barceló Obrador (abogado e ilustre escritor hispanista en Palma de Mallorca), D. Jaume Mir Ramis (escultor, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Toledo, de la de San Fernando, de Madrid y de la de Sant Sebastiá de Palma de Mallorca), D. Nicolás Forteza (Artista, Pintor, Palma de Mallorca, académico correspondiente, Academia Internacional Greci-Marino, Academia del Verbano, Italia), D. Miquel Nigorra Oliver (Palma de Mallorca), D. Jacinto Morcillo Melchor (Plasencia, Cáceres), Dra. Kathleen E. LeMieux (Historiadora, Illinois, USA), D. José B. Valdunciel González (Presidente de los Caballeros de la Hispanidad, Medina del Campo, Valladolid) completan este conjunto de ilustres personalidades representativas del referido Patronato de Honor.

    Con tan brillante conjunto de personalidades, la Asociación Cultural Cristóbal Colón prosigue su incansable labor en el sentido de trabajar por demostrar, de forma fehaciente, la españolidad del Descubridor, así como por anudar los lazos entre las distintas naciones hispánicas para que, firmemente unidas, logren una efectiva Comunidad Iberoamericana en el venidero siglo XXI. La labor seria, continua y eficaz que realiza la Asociación, día a día, va calando en los ambientes culturales y académicos de tan diversos lugares, pero sobre todo es defensora y vocera de ese clamor de los pueblos hispánicos en el anhelo de propiciar la auténtica Hispanidad en un futuro no lejano.





    3.- Hipótesis sobre el origen de Cristóbal Colón.

    Desde aquella memorable fecha del 12 de octubre de 1492, en que fue descubierto un nuevo mundo, hasta nuestros días, muchas han sido las teorías que se han presentado acerca del origen de Cristóbal Colón: la oscuridad que aparece en sus orígenes ha llevado a los historiadores a hacer las más diversas interpretaciones y son muchos los lugares que reclaman la paternidad del Almirante.

    En primer lugar, está la tesis gallega de Colón, que tuvo su importancia a finales del siglo XIX, cuando Celso García de la Riega presentó unos documentos en los que llegaba a la conclusión de que Cristóbal y Bartolomé Colón habían nacido en Pontevedra, hijos de Doménico y Maria Fonterosa. Tiempo después se llegó a saber que dichos documentos habían sido falsificados, tal y como confirmaron los paleógrafos Manuel Serrano y Sanz y Eladio Oviedo y Arce.

    En segundo lugar, los señores Ricardo Sanz, Margarita del Olmo y Emilio Cuenca, tras un laborioso estudio histórico, sostienen que Colón fue un noble castellano, hijo de doña Aldonza de Mendoza, duquesa de Arjona, y de don Diego Gómez de Manrique, conde de Treviño, nacido el 18 de Julio de 1435, en la Villa de Espinosa, Guadalajara. Como pruebas de su origen castellano, se presentan los propios escritos de Colón, en los cuales “trata de demostrar su amor a la tierra que le vio nacer y admiración a los paisajes, flora, fauna, etc. de su Castilla”, y otros argumentos testimoniales como los siguientes: “el Duque de Medinaceli, Don Luis de la Cerda, era sobrino de Cristóbal Colón” y “su abuelo don Diego Hurtado de Mendoza, es decir, el padre de su madre, era el gran Almirante de Castilla.

    Por otra parte, el investigador Vicente Paredes, después de haber realizado una serie de estudios, llegó a la conclusión de que el Descubridor era un judío de Extremadura, de famosa familia de conversos de Santa María. Pero Cristóbal Colón no era de origen judío, ya que los Reyes Católicos reconocieron documentalmente su nobleza en Abril de 1492, o sea, varios meses antes del Descubrimiento de América.

    Otra de las hipótesis es la de un estudioso portugués, que llegó a considerar que Colón sería un tal González Zarco, noble, quien había huido a Génova y regresado a Portugal bajo el nuevo nombre de Cristóbal Colón.

    Un investigador norteamericano, Goódrich, identifica a Colón con un corsario griego del siglo XV al servicio de Francia, que se hacía llamar Coulon o Coullon.

    Un libro londinense editado en 1682, afirma que el Almirante era “born in England, but resident at Genua” ("nacido en Inglaterra, pero residente en Génova").

    El italiano Agostino Ruffini, que por motivos políticos se escondió en Suiza, en casa de un tal Colomb, cuenta que éste no solamente hacía alarde de ser descendiente de Cristóbal Colón, sino que agregaba que su pretendido antepasado había nacido en Ginebra.

    Harrisse habla de la desatinada pretensión heráldica del abogado francés Jean Colomb, quien, en 1697, se autoproclamó descendiente del Descubridor apropiándose del escudo de armas de Castilla y León.

    Algunos investigadores de fines del siglo XIX pretendieron demostrar que el Almirante había nacido en la pequeña ciudad de Calvi, en Córcega.

    El italiano Bernando Colombo, en una información hecha en Génova ante el Senado en abril y mayo de 1586, pretendió probar que era el heredero del Almirante, el cual había nacido en Cogoletto y no en Génova.

    El investigador ibicenco Nito Verdera asevera que Colón nació en Ibiza en 1436. Pero la idea de que el Descubridor naciera en 1436 no se ciñe a la realidad; por ejemplo, entre las muchas pruebas que hay para demostrarlo, vamos a citar la siguiente: Cristóbal Colón en la carta que remitió a los Reyes Católicos desde Jamaica a 7 de julio de 1503 dice: "Yo vine a servir de veintiocho años y agora no tengo cabello en mi persona que no sea cano y el cuerpo enfermo". Si al año 1436 le sumamos veintiocho, se transforma en 1464, fecha inadmisible, ya que como es sabido por casi todos los colombistas, don Fernando y doña Isabel no se casaron hasta 1469. Colón no entró al servicio de los Reyes en 1464 sino en 1488, dato que nos permite demostrar que nació en 1460.

    El peruano Luis Ulloa en un libro publicado en 1927, Cristófor Colom fou català, la veritable gènesi del descubriment , define al almirante como un noble nacido en los países de habla catalana cuyo verdadero apellido era "Colom", y en su nombre, en el escudo, en los símbolos y en su firma encuentra indicios de catalanidad.

    Otros autores, como en el caso de Ricardo Carreras Valls y Bayerri, sostienen que Cristóbal Colón había nacido en una de las islas que se encuentran en la desembocadura del Ebro, en Tortosa, poblada por comerciantes genoveses. Para estos dos investigadores, el Descubridor era el catalán Colom de Terra Rubra.

    Renato Llanás de Niubó, con sus investigaciones, llegó a la conclusión de que Colón había nacido en 1436 en Felanitx, Mallorca, probablemente hijo de Juan Colón, propietario rural, el cual participó en la revuelta de los campesinos, "forenses" y tras ser derrotados tuvo que huir acompañado de su hermano Bartolomé.

    Pero la hipótesis que más se ha extendido y que más divulgación ha tenido es la de su nacimiento en Génova, a pesar de la incoherencia que de ella se desprende, ya que se halla sostenida por documentación apócrifa. Según los historiadores genovistas, Critóforo Colombo nació a finales de 1451, hijo de Doménico Colombo y Susana Fontanarossa. Doménico Colombo vivía en Génova y fue guardián de la Porta dell'Olivella hasta febrero de 1470, en que se trasladó a Savona con su hijo Cristóforo, donde trabajaron en el oficio de tejedores de paño y taberneros, profesión que ejercieron a lo largo de toda su vida en su tierra natal.

    Por último, la tesis más equilibrada y razonable, no enflaquecida por niguna otra, sino más bien reforzada por cada una de sus contrarias, es la sostienen los estudiosos Luis Schoch y Pereira de Castro, Manuel López Flores, Juan Cerdà, los venezolanos Hno. Nectario Maria y el dr. David R. Chacón Rodriguez, el dr. Adrián Hernández Baño, profesor titular de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda en Coro, Venezuela, el prestigioso historiador navarro dr. Jon Oria y, por último, Gabriel Verd Martorell, el cual, tras más de veinticinco años de investigación, ha documentado ampliamente esta tesis, habiendo llegado todos ellos a la conclusión de que Cristóbal Colón nació en 1460, en Felanitx, Mallorca, hijo de Don Carlos, príncipe de Viana (hermano del rey Fernando el Católico) y Margarita Colón.





    4.- Colón era Colom, con eme.

    A continuación, les ofrecemos varios documentos que prueban que el apellido de Cristóbal Colón se escribía con eme final; no era, pues, ni Colón, Colombus ni Colomo, cosa que nos hace determinar que su origen proviene de los países de habla catalana, ya que es tan sólo en esas tierras donde se escribe dicho apellido de tal modo.


    -Documento dirigido "Al rey y a la Reina" que consta en el Libro de Privilegios del Descubridor; en él figura el nombre como Colom.


    -Colofón de la carta de Colón relatando el Descubrimiento en 1492, donde el nombre es siempre Colom /copia manuscrita de la traducción latina de Coscó hecha en Italia en 1508; Documento en la Colección Bronston).


    - Colofón de la carta de Colón relatando el Descubrimiento, donde puede leerse el nombre Colom (Manuscrito en el archivo de Simancas).


    -Fragmento de la Carta que Colón escribió a Luis de Santángel anunciando la supuesta llegada a las Indias y a la provincia de Catayo (China), lo que supuso en realidad el descubrimiento de América, en la que se puede apreciar el registro de su apellido como Colom, como siempre se ha escrito en Mallorca desde el siglo XIII (1ª impresión en Barcelona, Pedro Posa, 1493. Actualmente se conserva en la Lenox Collection de la New York Public Library).


    -Cabecera de una de las cartas de Colón traducidas al latín referentes al descubrimiento del Nuevo Mundo. La edición, del año 1493, coloca el nombre del Navegante Colom.


    -Edición hecha en Roma de la versión en latín publicada por Coscó de la carta de Colom a Gabriel (sic Rafael) Sanxis, tesorero general del rey Fernando. En ella, como en gran número de documentos de la época, figura el nombre como Colom, con eme final.


    -Fragmento de la petición y comparecencia del Almirante para que el escribano Diego de Alvarado procediese al traslado de una serie de documentos hecha en Santo Domingo a 4 de Diciembre de 1498, que precede a la real carta dada en Segovia a 16 de Agosto de 1494, por la que se ordena a los caballeros, escuderos, etc. que obedezcan a Colón como Virrey y Gobernador.
    Es muy posible que este documento fuera el primero que se redactó en Santo Domingo tras su fundación por Bartolomé Colón y en el que se registra el apellido Colom y no Colón, hecho que pone en evidencia que éste era su verdadero apellido tal y como siempre se ha escrito en Mallorca desde hace más de setecientos años.(Documento insertado en el "Libro de los Privilegios del Almirante Don Cristóbal Colón (1498)", publicado por la Real Academia de la Historia en Madrid, 1951).


    http://www.yoescribo.com/img/imatges_html/colon_09.jpg -Tipografía facsímile hecha por Harrisse de la obra de J. Stamler impresa en Augsburg en el año 1508. Una copia puede verse en la Universidad de Harvard. Obsérvese el apellido Colom.
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

  2. #2
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    5.- La mallorquinidad de Cristóbal Colón.

    M uchas han sido las teorías o interpretaciones que se han presentado acerca del origen del descubridor de América, Cristóbal Colón. Las hipótesis que más se acercan a la realidad son las genovesas y las mallorquinas.
    Así es, pero la teoría del origen genovés del descubridor de América puede refutarse fácilmente teniendo en cuenta que se basa en argumentos incoherentes y en documentación aprócrifa: según algunos historiadores, Cristóforo Colombo nació a finales de 1451, hijo de Doménico Colombo y de Susanna Fontanarossa; vivieron en Génova, donde el padre era guardián de la Porta dell'Olivella, hasta que se trasladaron, en febrero de 1470, a Savona, donde padre e hijo trabajaron en el oficio de tejedores de paño y taberneros, profesión que ejercieron a lo largo de toda su vida en su tierra natal.

    El mayor argumento para rebatir esta hipótesis es que la cultura de Colón era extraordinaria para su época: escribía y hablaba en tres idiomas (latín, español y catalán), se paseaba por las casas reales de Europa con toda desenvoltura, hablando con los reyes de Inglaterra y Francia… El hijo de un humilde cardador de lana, desde el hogar modesto donde se crió no pudo haber tenido una educación tan fértil y copiosa.

    Desde nuestra página, siguiendo los supuestos que propone la Asociación Cultural Cristóbal Colón, que se apoya en las conclusiones de importantes historiadores de todo el mundo, tenemos muchas razones para creer que el famoso descubridor nació en 1460, en Felanitx, Mallorca, siendo sus padres Don Carlos, Príncipe de Viana (hermano del rey Fernando el Católico) y la mallorquina Margarita Colón.
    Esta teoría es la única en la que todos sus datos están en concordancia con la fuente histórica, o sea, con las propias manifestaciones que el Almirante de las Indias hizo a lo largo de toda su vida a través de sus escritos y los de sus biógrafos más cercanos, su propio hijo Fernando y Fray Bartolomé de las Casas.
    Una de las pruebas que sostienen esta teoría es la nomenclatura con la que Colón bautizó diversos lugares geográficos con su propia lengua vernácula: el mallorquín. Por ejemplo, en la carta náutica que dibujó en el Puerto de Santa María en el año 1500, bautizó con el nombre de su madre la isla "Margalida" (Isla Margarita) y otro de los lugares fue nombrado "Boca de drago" (becerra).
    Además, Cristóbal Colón, tal y como arroja un estudio del gran filólogo español Ramón Menéndez Pidal, escribía siempre en español (que fue la primera lengua que supo escribir) o en latín -un latín hispánico; cuando comete errores siempre son hispanismos-, nunca en italiano.

    Es sabido que, mientras Colón residía en Portugal (período 1476-1485), antes de entrar en Castilla, en uno de sus libros, la Historia rerum ubique gestarum de Eneas Silvio (Pío II), edición de Venecia, 1477, escribió en 1481 una larga apostilla en español.
    También, hacia 1495, cuando Colón volvió a España de su segundo viaje, leía la Historia de Plinio, traducida por Cristóforo Landino, Venecia, 1489, y anotaba en español en sus márgenes, incluso se repiten en esta lengua las mismísimas palabras italianas del texto impreso.
    La correspondencia entre Cristóbal Colón y sus hermanos o el Padre Gorricio de Navarra está toda en español; esto evidencia que tanto Bartolomé como Diego Colón, ya antes de llegar a Castilla hablaban y escribían en castellano, nunca lo hicieron en italiano.

    Menéndez Pidal también expone que su castellano era un poco aportuguesado; pero todos sabemos que el castellano, el portugués y el catalán provienen de la lengua madre, el latín, y tienen, a su vez, muchas palabras que son iguales o parecidas. Menéndez Pidal no debió tener en cuenta este hecho, que pudo haberle llevado a considerar el castellano como catalanizado y no aportuguesado. Así lo demuestra en muchas de las palabras que escribe: por ejemplo, siempre firma como "El Almirant" ("El Almirante" en castellano).

    En relación al verdadero apellido del Descubridor, existe la evidencia de que no era ni Colombo ni Colón, sino Colom, con "m" final, tal y como se escribe en las zonas de habla catalana, como consta en los escritos del cronista del Rey Juan II de Portugal, Joao de Barros, en la carta del Conde Borromeo de 1494 en el colofón de la edición alemana de la Carta de Colón, impresa en Estrasburgo en 1497, en un anexo del Libro de Privilegios del Descubridor, en los asientos de las sumas pagadas a Colón por la tesorería de los Reyes y en una carta del Duque de Medinaceli al Gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza, del 19 de marzo de 1493.
    El misterio del origen de Colón podría deberse a que el almirante hizo un pacto de silencio sobre su identidad con Isabel II, a cambio de la concesión de unas tierras lejanas: el padre de Colón tenía que ser rey de Aragón, Colón se sentía como un hijo de un rey sin reino y las tierras que descubrió no llegaron a ser nunca suyas, tal vez porque Isabel la Católica no se imaginó nunca que esas tierras pactadas pudieran convertirse en todo un continente, lo que hubiese hecho más poderoso a Colón que al propio reino de Castilla y León.

    Éstas y muchas otras razones, siguiendo los preceptos que la propia Asociación Cultural Cristóbal Colón expone, son las que nos llevan a considerar que el origen de Cristóbal se encuentra en Felanitx, Mallorca.





    6.- Otras pruebas documentales.

    Una de las mejores pruebas documentales que puede refutar la teoría del origen italiano de Cristóbal Colón, son los catalanismos que podemos percibir en sus propios escritos, tal y como se ofrece a continuación:

    - Mapa de Juan de la Cosa de 1500 en el que claramente puede observarse la nomenclatura de la isla Margarita como "Margalida" y "Boca de dragó", vocabulario tan sólo empleado en el catalán de Mallorca (Museo Naval de Madrid).



    Con este mapa, se puede demostrar que, durante su tercer viaje al Nuevo Mundo, en la costa de Venezuela, en 1498, Cristóbal Colón bautizó diversos lugares geográficos con su propia lengua vernácula: el mallorquín.
    Con el nombre de su madre bautizó a la isla "Margalida" (Isla Margarita).
    "Boca de drago" equivale a "boca de dragón" en castellano.
    El cartógrafo Juan de la Cosa las transcribió en la carta náutico que dibujó en el Puerto de Santa María en el año 1500.

    Del mismo modo, también encontramos información sobre el origen de los Colom: su fama como navegantes les precedía dondequiera que fuesen, tal y como demuestra el documento abajo expuesto:


    - Facsímile de un Atlas publicado en Ámsterdam en el año 1650. De él se deduce que la actividad marinera de los Colom catalanes seguía viva aún en el siglo XVII.





    7.- Nuestra biografía.


    Siguiendo los preceptos que plantea la Asociación Cultural Cristóbal Colón, podemos afirmar que la tarea investigativa acerca del origen de Colón se ha visto siempre mancada por la falta de un profundo y atento estudio de los acontecimientos acaecidos en Mallorca en el siglo XV teniendo en cuenta lo sucedido en los siglos XIII y XIV y la falta de relación que había con los conflictos que tenían lugar en Portugal, Castilla, Navarra, Cataluña, Francia, Provenza, Génova y Nápoles.


    El nacimiento de Cristóbal Colom.

    Habiendo estudiado, pues, el marco que rodea la época en que nació y vivió Colom tenemos, en primer lugar, el indicio del que ha sido considerado durante años por diversos historiadores como su segundo apellido y el de su hermano Bartolomé, Terra Rubra, que significa "Alquería Roja" en castellano, más bien su lugar de procedencia, como otros historiadores ciertamente señalan. Uno de los argumentos que demuestran y que han posibilitado conocer el lugar exacto de su nacimiento e infancia es el siguiente:"…Y porque advertirá alguno que dice Columbus de Terra Rubra, digo que igualmente lo vi yo en algunas firmas del Almirante, antes de que adquiriese estado, donde se fimaba Columbus de Terra Rubra" (Fernando Colón: Vida del Almirante Don Cristóbal Colón).


    La existencia de dicha Alquería Roja, actualmente denominada Son Ramonet, se puede comprobar fácilmente a través de las siguientes citas:" En Cartas Reales, año 1521, Pedro Obrador vende a Salvador Joliá 150 cuarteradas, hoy predio Son Ramonet, antes llamado Alquería Roja" (Bauzá Adrover: Historia de Felanitx)."A 18 noviembre de 1559 los herederos de Bartolomé Mesquida, venden a Juan Oliver la Alquería Roja" (Bauzá Adrover: Historia de Felanitx).


    Las tierras de Mallorca, en concreto las de Terra Rubra, fueron las que vieron nacer en 1460 a Cristóbal Colom, hijo de don Carlos, Príncipe de Viana, y de Margarita Colom. Como testimonio más directo, tenemos el siguiente escrito:"Sobre los días de ocio y espera en que transcurrió el confinamiento de don Carlos en la isla de Mallorca, el nombre de otra posible amante -Margarita- rasga los cendales del tiempo, que son nieblas de olvido, con frívola rapidez. Temores de embarazo pecaminoso en el juvenil talle de su nueva amiga asaltaron al príncipe y así lo expresó, con tímida cautela, al gobernador de Mallorca por mensaje fechado el 28 de octubre de 1459: " (Iribarren: El Príncipe de Viana, un destino frustrado).


    De aquí se puede extraer la conclusión siguiente: el mensaje mandado al Gobernador de Mallorca está fechado el 28 de octubre de 1459, lo cual da a entender que sobre esta fecha fue cuando se justificaron los temores de embarazo; si se tiene en cuenta que el Príncipe llegó a Mallorca el 28 de agosto del mismo año, se puede deducir que en aquel octubre se había cumplico aproximadamente el primer mes de gestación; por tanto, si a esa fecha le sumamos los ocho meses más que faltan para un alumbramiento, se puede deducir que Cristóbal Colom debió nacer aproximadamente entre mediados y finales del mes de junio de 1460.


    Cristóbal pasó los primeros años de su vida con su familia materna, cuyos componentes exactos se desconocen, también por la falta de documentos.
    Como testimonio que acredita la existencia en Felanitx de la familia Colom en el siglo XV, podemos aportar, en referencia al abuelo materno de Cristóbal Colom, una cita donde encontramos registrada una finca de su propiedad:
    "Can Ros. El antiguo y extenso predio dicho El Rafal Son Nadal, limitado por una parte con el Rafal de Antonio y Bernardo Vaquer, o restos del predio Son Sabet, con el Rafal de Nicolás Nadal, con los rahales de Juan Colom y Jaime Juliá, y por fin con el camino real que desde Felanitx conduce a Manacor, de tiempos remotos…" (Bauzá Adrover: Historia de Felanitx ).

    El trabajo investigativo realizado por el secretario general de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, Gabriel Verd Martorell, nos autoriza a proclamar el origen cristiano y básicamente católico de la ascendencia familiar de Colom, no de origen judío, al menos en la acepción de "converso" como lo entendían en el siglo XV.
    Por tanto, Cristóbal Colom debió ser bautizado, pero no hay ningún documento que pueda acreditarlo, ya que las partidas de Bautismo o de nacimiento de personas en Felanitx a lo largo del siglo XV no se encuentran en ninguna parte (se conoce la costumbre de antaño de eliminar papeles y documentos al hacer cambios en la administración o al traslado de archivos, cosa que hace difícil su hallazgo aún en el caso de que no hubiesen sido destruidos).

    En aquellos tiempos, no era usual que la gente supiera leer y escribir, pero es dable pensar que la familia de Colom atendiendo al origen noble del niño, se preocupase de darle la mejor educación posible.
    Cuando falleció el padre de Cristóbal Colom, el 23 de septiembre de 1461, él contaba solamente quince meses de edad, por lo que nunca lo pudo conocer personalmente.

    En 1462, nació también en la Alquería Roja su hermano Bartolomé, del que tenemos una manifestación en una declaración de 1512 por un pleito entre la Corona y los herederos de su hermano mayor, actuando él como testigo, donde afirmó tener 50 años de edad, hecho que permite colegir que nació en la fecha arriba indicada.
    Otro elemento de valoración que confirma este hecho y el del nacimiento de Cristóbal Colom es el aporte ofrecido por Cassini, analista genovés, quien manifiesta "que entre los diversos capitanes que se unieron al Duque de Anjou estaba Cristóbal Colombo, sobrino de otro Cristóbal del mismo apellido. Es con éste último, dueño de tres navíos, con quien comenzó a navegar el joven Cristóbal, con su hermano Bartolomé, el uno de 14 años y el otro de 12" (Cerdá: Mallorca, ¿cuna de Colom? ).

    Así es, Cristóbal Colom tenía dos tíos prófugos que se exiliaron en Provenza por razones políticas, Guillaume de Casenove Coullon y uno con su mismo nombre, Cristóbal Colom, con el que empezó a navegar para tener conocimientos y contactos con el poder, como se nos explica en la siguiente cita: "…fue con Cristóbal Colombo dueño de tres navíos y a las órdenes del Duque de Anjou, con quien comenzó a navegar el joven almirante" (Cerdá: Mallorca, ¿cuna de Colom? ).

    Las vinculaciones de la familia con los tíos exiliados y posteriormente con los pequeños Cristóbal y Bartolomé Colom se mantenían a través de los comerciantes, que tenían representaciones en Mallorca:
    "El cabotaje enlazaba con Córcega (Bastia, Calvi, Ajaccio, Porto Vecchio, Bonifacio), que exportaba a Génova carbón, madera, ganado cabrío y porcino y miel, mientras que importaba productos elaborados; se extendía a poniente hasta el puerto saboyardo de Niza, los franceses de Hyères, Marsella y Montpellier (el puerto de Narbona estaba invadido por la arena desde hacía un siglo) y llegaba a los puertos catalanes de Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca en las Baleares" (Taviani: Cristóbal Colón, génesis del gran descubrimiento ).

    De ese modo, el futuro Almirante, acompañado por su hermano Bartolomé, dejó la tierra que le vio nacer y a la cual, debido a los avatares de su increíble existencia, nunca regresaría desde el año 1469, tal y como demuestra la manifestación de Fernando Colón en Vida del Almirante Don Cristóbal Colón, en una carta que su padre escribió al aya del Príncipe Don Juan de Castilla: "Yo no soy el primer Almirante de mi familia. Pónganme, pues, el nombre que quisieren, que al fin David, rey sapientisimo, fue guarda de ovejas, y después fué hecho rey de Jerusalén, y yo siervo soy de aquel mesmo que le puso a él en tal estado".
    También se observa este hecho en la carta de Cristóbal Colón a los Reyes desde Cádiz o Sevilla en 1501, donde dice: "Muy altos Reyes: de muy pequeña hedad entré en la mar navegando y lo he continuado fata oy". O en el Diario del primer viaje, el 21 de diciembre de 1492, Colón escribe: "Yo e andado veinte y tres años en la mar, sin salir d'ella tiempo que se aya de contar, y vi todo el Levante y Poniente"
    Resulta difícil precisar de qué puerto mallorquín zarparon y con quién lo hicieron; es de suponer que pudieron salir desde Porto Colom, directamente hacia alta mar, o tal vez desde el puerto de Palma de Mallorca, partiendo en un barco genovés con destino a algún puerto de Provenza.


    Existe la posibilidad de que la nave que les transportara desde Mallorca a Provenza perteneciera a Baptista Espindola o a Luis Centurión, pues Carreras Valls, en su obra Catalunya descobridora d'Amèrica, afirma que el rey Juan II de Aragón, en carta subscrita en Vitoria a 10 de septiembre de 1476, concede un amplio salvoconducto a "Carlos Centurión, a su familia, criados, factores y gestores de su casa de Mallorca" (Archivo de la Corona de Aragón, registro 3393, folio 177). Además, se sabe que Colom estuvo posteriormente relacionado con estos comerciantes, a los que cita en un memorial el 19 de mayo de 1506.

    Cristóbal Colom en Provenza




    Empieza una nueva etapa en la vida de Colom, la más confusa y misteriosa debido al enorme rompecabezas histórico que se ha creado a lo largo de los años con las manifestaciones de diferentes historiadores en cuanto a su paso por el Mediterráneo y Portugal. La causa de este conglomerado seudo-histórico ha sido ignorar que durante este período de tiempo han intervenido tres diferentes personas que ostentaban el mismo nombre:

    - En primer lugar, Cristóbal Colom, corsario al servicio del rey Renato de Anjou, hermano de Guillaume de Casenove Coullon e hijo de Juan Colom y, por lo tanto, tío de Cristóbal Colom, Almirante del Mar Océano.

    - En segundo lugar, el propio Cristóbal Colom, nacido en Mallorca en 1460, hijo del Príncipe de Viana y Margarita Colom.

    - Y, en tercer lugar, el hasta hoy supuesto descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal o Cristóforo Colón o Colombo, hijo de Doménico Colombo y de Susanna Fontanarossa, nacido en Génova en 1451.

    La ausencia o laguna investigativa histórica sobre la existencia y personalidad de este Colón, mallorquín, ha sido, en parte, la causa que impidió la resolución de este raro misterio que hoy intentamos desvelar.



    Verd: "La ciencia puede demostrar el origen mallorquín de Cristóbal Colón".

    El historiador acaba de recibir la Medalla de oro de la Comisión Canadiense del V Centenario.

    Gabriel Verd posando delante del Faro a Colón en una de sus últimas conferencias realizadas en Latinoamérica.



    "La ciencia está en condiciones de demostrar hoy en día el origen de Cristóbal Colón, que para mí es mallorquín". Así de contundente se muestra el historiador Gabriel Verd Martorell, quien acaba de recibir, junto al periodista ibicenco Nito Verdera, el diploma y la Medalla de Oro de la Comisión Canadiense del V Centenario. Esta distinción se enmarca en los actos conmemorativos por el 500 aniversario del Descubrimiento.

    "Hay una manera lógica para determinar la verdadera procedencia de Colón. Se trata de realizar unas pruebas científicas sobre los restos de quien yo sostengo que fue su padre: Carlos, príncipe de Viana, cuyo cuerpo se encuentra incorrupto en el Monasterio de Poblet, en Tarragona, y comparar los resultados del análisis con los del descubridor. Si las secuencias del ADN coinciden no cabrá duda alguna de que están emparentados. De ese modo quedaría descartada de raíz la hipótesis genovesa, y nos aproximaríamos a lo que vengo defendiendo desde hace años: Colón es el fruto del romance que el duque de Viana mantuvo, durante su confinamiento en Mallorca, con Margalida Colom, una joven de Felanitx".



    ¿Y los restos de Colón?


    Pero uno de los problemas para avanzar en la investigación es la incertidumbre de dónde se encuentran los restos de Colón. Unos dicen que el descubridor yace enterrado en Valladolid, otros en Santo Domingo y otros en la Catedral de La Habana. Sin embargo, Verd cita el libro de investigaciones publicado por la hermana del duque de Veragua, Cristobal Colom incógnita de su muerte, donde consta que los restos están depositados en la catedral de Sevilla. "Hagamos la prueba científica y saldremos de dudas", explica Verd.

    De hecho, el historiador mallorquín está activando todos los mecanismos posibles para que salgan adelante las investigaciones que desvelen el misterioso y polémico origen de Colón. "El probelma es encontrar una vía de financiación". Por esa razón, el historiador se muestra molesto por los cientos de millones que se gastó el V Centenario, y que "ni uno solo fuera en investigaciones honestas", y lamentó que los doscientos millones que aportó Madrid para la realización de dos películas -una europea y otra norteamericana- sobre la vida del descubridor se utilizaran para contar en el filme que Colón "era genovés".

    Verd es el secretario de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, que tiene como objetivo impulsar las investigaciones hacia el origen español -y mallorquín- del descubridor, y a la vez desmentir, con pruebas, el "origen" italiano. La asociación acaba de publicar el segundo número de su revista, cuyos ejemplares han sido distribuidos por todo el mundo.


    De Felanitx.


    La tesis de Verd argumenta que Colón era "felanitxer", ya que su padre, Carlos, príncipe de Viana, estuvo confinado durante meses en el Castillo de Santueri en Felanitx. Durante ese período de tiempo, mantuvo relaciones sentimentales con la mallorquina Margarita Colom. "En los diarios de juan de la Cosa la isla que fue bautizada como Margarita aparece escrita como Margalida, lo que hace pensar que Colón bautizó el lugar con ese nombre en honor a su madre", explica Verd. Muchas pruebas conjuntas demuestran el origen balear del vocabulario náutico y escrito de Colón, dice Verd. En este sentido, añade:
    "No creo que un hombre humilde cuyo padre era cardador de lana según la teoría italiana tuviera tantos conocimentos para hablar y escribir en catalán". Y llama poderosamente la atención que algunas cartas que aún se conservan de Colón las firmase con el nombre de "Almirant". Para Verd está muy claro: "En el continente americano no hay topónimos italianos, en cambio sí de Baleares, como Punta Rotja y Cabo Salinas".

    Según Verd, el misterio del origen de Colón podría deberse a que el almirante hizo un pacto de silencio sobre su identidad con Isabel II, a cambio de la concesión de unas tierras lejanas. "El padre de Colón tenía que ser rey de Aragón, Colón se sentía como un hijo de un rey sin reino y las tierras que descubrió no llegaron a ser nunca suyas, tal vez porque Isabel la Católica no se imaginó nunca que esas tierras pactadas pudieran convertirse en todo un continente, lo que hubiese hecho más poderoso a Colón que al propio reino de Castilla y León".
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    9.- "Colón no era italiano", afirma el duque de Veragua, descendiente directo del descubridor.


    H ay que reconocer que el Colón "italiano" que extiende su dedo en el cruce de Broadway y la Séptima Avenida es más imponente que el Colón "español", perdido en las frondas del Central Park neoyorquino.

    Pero lo que no se esperaban los italianos era que España exhibiese un Cristóbal Colón auténtico, de carne y hueso, capaz de batir a todos los Columbus de mármol o granito, por buena facha que tengan.

    La llegada del duque de Veragua, descendiente directo del gran almirante, a los Estados Unidos, con motivo de la Semana Española, ha producido ya comentarios como el que oímos a Bob Glenn por la emisora C.B.S. Bajo el significativo título "Cristóbal Colón dice que Colón no era italiano".

    La crónica radiada por la principal emisora neoyorquina ilustraba a sus oyentes sobre la suerte de los restos del gran almirante, para terminar llamando la atención sobre el último de sus descendientes, en desacuerdo con la teoría aquí general de que Colón era genovés. "He revisado todo el archivo familiar -pone Glenn en labios del duque- y no hay nada en él que avale tal teoría". Pueden imaginar cómo ha sentado entre la amplia y poderosa colonia italiana.


    Preveo que el duque de Veragua va a causar aquí más polémica que cualquier otra personalidad española en las últimas décadas. Pero bienvenida sea la polémica cuando es para enderezar un entuerto.

    José María Carrascal
    Diario Pueblo, 12 de octubre de 1971
    Nueva York


    Boletín nº 1 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    10.- Cristóbal Colón era mallorquín.


    C ristóbal Colón, el descrubridor, cuya hazaña se conmemora en estos días, pudo haber nacido en Mallorca y no en Génova, según diversas investigaciones, entre ellas las del heraldista y abogado José Antonio Dávila y García Miranda.
    La figura de Cristóbal Colón ha estado siempre envuelta en el misterio. Un misterio que el propio almirante se encargó de fomentar al dejar grandes incógnitas acerca de su origen. Numerosos estudiosos se han encargado de investigar la figura del almirante. Y la mayoría de ellos se han inclinado por rebatir su origen genovés, o han aportado pruebas de su ascendencia aragonesa.


    El historiador Menéndez Pidal estableció que Colón no hablaba ni italiano ni "genovisco" -lengua que se hablaba en Génova-. Otro dato muy significativo es que la correspondencia entre los tres hermanos Colón -Cristóbal, Bartolomé y Diego- se desarrolló íntegramente en castellano y no en la lengua materna, como hubiera sido lógico.
    Pidal también estableció que la lengua de Colón no era el sefardí y que, además, su castellano estaba plagado de "aragonesismos" e italianismos, como se utilizaban entonces en el Reino de Aragón.



    Por otra parte, el historiador peruano Luis Ulloa Cisneros defiende la tesis del origen catalán de Cristóbal Colón, mientras que otro historiador, Manuel López Flores, afirma que fue mallorquín e hijo natural del príncipe de Viana y de Margarita Colón, de familia posiblemente conversa, radicada en la localidad mallorquina de Felanitx.

    Hijo bastardo del príncipe de Viana.

    Manuel López Flores afirma también que este hijo bastardo del príncipe de Viana fue bautizado como Juan. Pero se hizo llamar por imperativos de su mesianismo "Cristoferens", es decir, el que lleva a Cristo. Asimismo, es cierto que Colón no firma nunca con su apellido, ni Cristóbal, ni Cristóforo, sino Cristoferens. Colón añade en su firma unas iniciales crípticas cuyo significado se desconoce. Algunas veces firma "el Almirante" pero nunca Colón, como se ha dicho.



    Otra investigación que avala el origen aragonés de Colón -las Baleares pertenecían entonces al Reino de Aragón- es la del marqués de Villarreal de Álava, quien ha localizado en la zona levantina de la corona de Aragón a diversas personas relacionadas con actividades marítimas de apellido Colom, entre las que aparecen varias con los nombres de Cristóbal, Diego y Bartolomé.
    Las investigaciones de José Antonio Dávila se basan en la merced que los reyes Católicos concedieron a Colón, de que añadiera a sus armas de familia las nuevas que ellos le otorgan según un privilegio concedido en Barcelona el 20 de mayo de 1493.
    Para Dávila, "dado que la autenticidad del testamento de Colón es más que dudosa, tenemos que quedarnos con estos indicios y valorar el escudo de armas que se afirma era el del linaje de Colón".
    "Pero hay una pequeña diferencia entre los dibujos más antiguos y los posteriores. Y ésa es la diferencia que a mí me ha llevado a descubrir el origen mallorquín del almirante. La banda no arranca del "jefe" sino que figura "sobre el todo". De este modo, se describirían así las armas originales de Colón "campo de oro", "el jefe de gules", brochante sobre el "todo" una banda de azur".
    "Por otro lado -afirma- una parte del escudo "entrada en punta" siempre trae las armas de que se trate, lo más reducidas y simplificadas posibles, pues se dispone de poco espacio.
    Según eso, es fácil de ver que una interpretación versosímil de las armas primitivas de Colón es que se trata, sencillamente, de las llamadas "barras" de Aragón, con la barra de bastardía, lo que confirmaría la tesis de Manuel López Flores. O una interpretación de las armas mallorquinas reflejadas en el estandarte del reino Balear: bandera cuatribarrada con una banda "azur " sobre las cuatro barras".

    Colón oculta su origen.

    Se explica también por qué Cristóbal Colón ocultó su condición de aragonés: en tiempos de monarquía absoluta, no podía un súbdito condicionar la prestación de sus servicios, debiendo conformarse con las mercedes que el rey quisiera otorgarle. Sólo un extranjero podía poner condiciones previas para prestar sus servicios y "naturalizarse" súbdito del rey.
    Así pues, si Colón era súbdito de la corona aragonesa no podía negociar como lo hizo, y con provecho, las "Capitulaciones de Santa Fe". Esto explica, según estudios del marqués de Villarreal de Álava, que Colón ocultara haber nacido en territorio aragonés, fuera peninsular, insular o, incluso, napolitano.

    En 1931 se descubrió el llamado "documento boromei" de 1494, en el que el conde milanés Juan Borromeo afirma que Pedro de Angleria, tesorero de los Reyes Católicos, le había informado de la auténtica personalidad de Cristóbal Colón, posiblemente reconociendo su carácter de "aragonés".
    También el padre Las Casas, cronista del Descubrimiento, dice que Colón era de un linaje principal, pero que lo oculta por diversas razones.
    Asimismo, el historiador José Tomás Cabot sostiene que Colón oculta su origen porque había sido durante años agente secreto de Fernando el Católico en la corte de Portugal. Lo cual da un nuevo significado al perdón que Juan II, rey de Portugal, le concede el 20 de marzo de 1488.



    Ana García Rivas
    Diario 16
    Madrid, Domingo 14 de octubre de 1979

    Boletín nº 1 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    11.- El apócrifo testamento de Cristóbal Colón.


    D e este polémico documento, que los defensores de la tesis genovesa dan por auténtico, a continuación trataré de probar documentalmente que no lo es, pues son muchas las pruebas que obran en nuestro poder que así, indiscutiblemente, lo adveran.

    En este testamento, fechado a 22 de febrero de 1498, en el que supuestamente Colón declara "que siendo yo nacido en Genoba" , también se puede leer: "y que en ninguna manera jamás se disforme. E ansi lo suplico al Rey e a la Reina, Nuestros señores, y al Principe Don Juan, su primogénito Nuestro Señor, y a quien sucediese por los servicios que yo les he hecho" .

    El disparate es tan magno, que nunca lo hubiera cometido el Almirante, tan allegado a la Corte como estaba. Él no podía hablar del Príncipe Juan, primogénito de los Reyes, como persona viviente, cuando ya por esta fecha hacía algo más de cuatro meses que había muerto. En efecto, el Príncipe Juan falleció en Salamanca el 4 de octubre de 1497, a la edad de 19 años. Ninguna muerte produjo tanto desconsuelo y llanto en todo el reino. Cuenta el historiador norteamericano Prescott, que "celebráronse los funerales con lúgubre esplendor, y los restos se depositaron en el convento de dominicos de Santo Tomás de Ávila, la Corte se puso de luto riguroso, las oficinas públicas y particulares estuvieron cerradas por cuarenta días, y en los muros y puertas de las ciudades se levantaron pendones enlutados".

    Otro dato a tener en cuenta es que Diego Colón, hijo del navegante mallorquín, fue nombrado paje del mencionado Príncipe el 8 de mayo de 1492. Tras este lamentable suceso, el 19 de febrero de 1498 se le nombró paje de la Reina Isabel, tres días antes de otorgar este supuesto testamento.

    En esta Institución de Mayorazgo, en la que aparece que Colón Cita a Génova como ciudad "de donde salió y en donde nació" , no figura el apellido Colombo. Es el apellido Colón el que se repite y recalca al mandar que la persona que herede el Mayorazgo sea hombre del "linaje verdadero" de "Colón".

    De este hecho, quienes deberían tomar buena nota son Taviani y sus secuaces, que, como se sabe, consideran que entre las pruebas que llevan a demostrar que el Cristóforo Colombo, hijo de Doménico, lanero, y nieto de Giovanni de Mocónesi, es la misma persona que Cristóbal Colón, el descubridor, está ante todo el Mayorazgo de 1498.

    Posteriormente, en este documento también consta: "Habrá el dicho Don Diego o cualquier otro que heredare este Mayorazgo mis oficios de Almirante del Mar Océano, que es de la parte del Poniente de una raya que mandó asentar imaginaria, su Alteza sobre a cien leguas sobre las islas de las Açores, y otros tanto sobre las de Cabo Verde, la cual por todo a Polo a Polo, allende de la cual mandaron o me hicieron su Almirante" .

    El autor de este documento comete el grave error de no estar informado de que el tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, había cambiado esta línea de cien leguas al Oeste de las Azores, implantada por las Bulas Alejandrinas de 1493, por otra situada a trescientas setenta leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. Este error no lo podía cometer de ninguna forma el navegante mallorquín, que estaba perfectamente informado de estos asuntos y era uno de los grandes conocedores del tema.

    Todos estos hechos evidencian que la persona que redactó este escrito, supuestamente fechado en 1498, no es más que un falsario.

    Pero todavía hay mucho más, y es que, aparte de no conocerse otro documento en que tanto los Reyes como el propio Colón declaren que ha nacido en Génova, resulta que en el Archivo General de Simancas, y concretamente en el libro de registros del sello Real de Corte, que corresponde al mes de septiembre de 1501, se halla la supuesta confirmación Real de dicho Mayorazgo, que los Reyes Católicos le habían concedido estando en Granada.

    En esta también adulterada confirmación Real, al igual que en la mencionada Institución de Mayorazgo, se habla del Príncipe Don Juan como persona viviente, cuando, como sabemos, en septiembre de 1501, ya hacía casi cuatro años que había fallecido. ¿Será acaso que por esta fecha los Monarcas se habían olvidado de que su hijo ya se había marchado para siempre de este mundo? Conclusión : de ser auténtico el documento o estaban soñando los Reyes, o, según parece, lo están todos estos autores que tratan de probar su autenticidad.

    El hecho de que en ambos documentos se halle insertado idéntico disparate, pone en evidencia que los dos son obra del mismo falsario o falsarios, o bien, por lo menos, el que inventó a uno de ellos lo hizo relacionándolo con el texto del otro.


    Otro dato que no podemos omitir, es que Cristóbal Colón desde Granada a 24 de mayo de 1501, en una carta al Padre Gorricio, escribe:



    "Reberendo y muy deboto padre:

    Mucho he de menester un traslado abtorizado de escrivano público de una provisión que alá está, porque pueda yo hazer Mayorazgo, y querria que fuese en pergamino".


    En su último testamento que hizo en Valladolid a 19 de mayo de 1506, ante el notario Pedro de Hinojedo, el Almirante manifiesta:

    "Cuando partí de España el año de quinientos e dos yo fize una ordenanza e Mayorazgo de mis bienes, e de lo que entonces me pareció que complia a mi ánima e al servicio de Dios eterno, e honra mia e de mis sucesores: la cual escriptura dexé en el monasterio de las Cuevas de Sevilla a Fray don Gaspar con otras mis escrituras e mis privilegios e cartas que tengo del Rey e de la Reina, Nuestros Señores. La cual ordenanza apruebo e confirmo por esta".

    Salvador de Madariaga asevera que "el Mayorazgo de 1498, aunque apócrifo, se falsificó sin duda sobre el documento de 1502, desaparecido (precisamente para poner el apócrifo en su lugar)" (S.M. Vida M.M.S. Don C.C. Pag,491)

    Otro ilustre historiador, el peruano Luis Ulloa, con relación al apócrifo testamento de 1498, dice:

    "Este documento falso no fue encontrado en el convento de las Cuevas con los otros papeles que el Consejo de las Indias hizo sacar en 1508 para agregarlos al expediente. Fue un abogado, Verástegui, que lo presentó, para el intermediario equívoco de Luisa de Carvajal, la cuarta mujer de Don Luis Colón, esposa medio divorciada de un tal Luis Buzón, individuo de conducta dudosa. En el expediente del 'Mayorazgo' hay muchas pruebas de la manera poco limpia de proceder de este Buzón, que se alardeaba de su habilidad en mutilar y desfigurar documentos".

    Verástegui declaró ante el tribunal que había recibido el documento de Don Luis y que lo había guardado en su poder once o doce años, de 1566 o 1567 a 1578. Habiendo muerto Don Luis en 1573, Verástegui continuó guardando el papel, como él mismo confiesa, siete años después de la muerte de su cliente (L. Ulloa. No. Po, Cata. De Colón Pág. 172).

    Ante tales acontecimientos, uno no se explica cómo todavía hay actualmente cierto número de historiadores, que presumen de serios, que siguen defendiendo la autenticidad de este Mayorazgo de 1498, que en vez de aparecer en 1506, año en que falleció el Almirante, no lo hizo hasta 1578.

    Pero hay algo más todavía que ninguno de estos tozudos historiadores no ha sido capaz de esclarecer nunca; aunque suponiendo que el documento en cuestión fuera auténtico, ¿por qué razón este testamento no se conservó en el Monasterio de las Cuevas, juntamente con todos los otros documentos de gran importancia que el Padre Gorricio le guardaba?, ¿cómo es que ni sus propios hijos ni tampoco Fray Bartolomé de las Casas, que tuvo en su mano muchos de los papeles del Almirante, a éste no lo conocieron nunca, ni tampoco tuvieron jamás el más mínimo conocimiento de su existencia? Espero su respuesta. Sobran comentarios.

    Las cartas de Colón a Nicolás Oderigo, embajador genovés en Castilla, y a la banca de San Jorge, o de ésta última al propio Almirante, han sido también esgrimidas por algunos historiadores de la vieja escuela como un sólido argumento que prueba el origen genovés del Descubridor. Todas ellas están escritas en castellano, cosa insólita, pues lo más lógico es que entre genoveses se escribieran en italiano, y más tratándose de una correspondencia entre el embajador y el banco oficial de la República. Este hecho juntamente con otros que a continuación voy a exponer, evidencian que dichas cartas son indiscutiblemente apócrifas .


    En el encabezamiento de la supuesta carta de Colón a la banca de San Jorge, fechada en Sevilla a 2 de abril de 1502, podemos leer: "Muy nobles Señores: Bien que el coerpo ande acá, el corazón esta alí de contiguo" . Después, en la misma se da a entender que un diezmo de sus rentas pasara para siempre al Oficio de San Jorge, para la desgravación de los derechos del trigo. Este diezmo no se pagó nunca, ni tampoco Génova se atrevió a pedirlo, debido a que todo ello no era más que una patraña. Al final se dice algo más grotesco todavía: "El Almirante Mayor del mar Océano y Visorey y Gobernador General de las Islas y tierra firme de Asia e Indias del Rey e de la Reina, mis Señores, y su capitán General de la mar y del su consejo" .

    Luis Ulloa puntualiza que Colón, después de haberse dicho "El Almirante Mayor del mar Océano", todavía se diría "Capitán General de la mar". Son demasiados títulos para una misma cosa. Tampoco no podía decirse "Almirante Mayor" porque solamente estaba él como Almirante de aquel Océano.

    Pero todavía hay mucho más. A mí no me consta que el Almirante jamás se designara como "Gobernador General de las Islas y tierra firme de Asia". Esto es un gran disparate. Sabido es que únicamente se denominaba Almirante de las Indias, pues él nunca mencionó que lo fuera de la "Tierra firme de Asia".

    De estas falsas cartas, que Génova conserva como reliquias, el historiador norteamericano Washington Irving describe: "Estos documentos se conservaban desconocidos en la familia de Oderigo, hasta el año de 1670, que Lorenzo Oderigo se los presentó al gobierno de Génova, y se depositaron en los archivos. En los tumultos y revoluciones posteriores desapareció una de las colecciones de copias, y se llevó a París la otra. En 1816 se descubrió ésta en la biblioteca del difunto conde Michel Angelo Cambraso, senador de Génova. La procuró el Rey de Cerdeña, soberano de Génova entonces, y se la regaló a la ciudad en 1821" (W.I. Vida y viajes de C. Colón, pág. 164).

    Es obvio que todo esto es una gran fábula. De no ser así, estas concesiones a la banca de San Jorge y a su supuesta patria de origen, el Almirante las hubiera ratificado en su último testamento y codicilo que otorgó en Valladolid, ante el escribano Pedro de Hinojedo, el 19 de mayo de 1506.





    12.- Cuestionario colombino.


    E ste Cuestionario colombino está dirigido a los historiadores que actualmente sostienen el origen genovés de Colón a pesar de las evidentes incompatibilidades que la citada teoría evidencia, y a cuyo debate invitamos a participar a investigadores, historiadores y críticos que deseen contribuir con sus estudios al análisis de los enigmas suscitados en torno a la personalidad del Descubridor de América.

    1. Fernando Colón nos ha dejado escrito que su padre "quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos". A su juicio, ¿cuáles fueron las posibles causas que motivaron tal hermético silencio?

    2. Fernado Colón, tras la muerte de su padre, anduvo por tierras de Italia y, por supuesto, por Génova, buscando el lugar donde nació. No encontró “en qué forma vivieron ni donde habitaron”; es decir, que no halló por ninguna parte rastro de la familia de Doménico Colombo. ¿Por qué razón debió ocurrirle esto?

    3. Cristóbal Colón no era el primer Almirante de su familia y, según su hijo Fernando, el trato de él y de sus mayores fue siempre por mar. ¿Se puede probar que en el siglo XV entre los Colombo de Génova hubo algún Almirante?

    4. Colón nunca escribió en genovés ni en italiano. La correspondencia entre el Almirante y sus hermanos, y lo mismo la dirigida al padre Gorricio, está toda en castellano. También en español están las respuestas de este fraile italiano a Colón. Si todos ellos eran italianos, ¿por qué no se expresaban entre sí con su propia lengua vernácula?

    5. Ramón Menéndez Pidal asevera que en su español no se hallan italianismos. En cambio, varios historiadores hemos demostrado que en sus escritos se encuentran catalanismos, e incluso tenemos constancia que en el Archivo de los Duques de Alba, en Madrid, se conservan varias cartas de Cristóbal Colón en las que firma “El Almirant”, en catalán y no “El Almirante”, en castellano. ¿Cree usted que esto puede ser propio de un italiano, que en vez de expresarse con la lengua de su patria, lo hacía con la de otro país, incluso antes de llegar a vivir en él?

    6. Al Descubridor, en Italia, se le conoce por Colombo, en Portugal, por Colón o Colom, en Castilla, por Colomo o Colón; y en varios de sus escritos se registra su apellido como Colom, con eme final. Es decir, el Almirante era Colombo, pero ni en Portugal ni en Castilla nunca se le llamó así. Y, sin embargo, en varias ocasiones registró su nombre en catalán, utilizando el apellido Colom. ¿Cree usted que todo esto resulta lógico?

    7. En sus escritos, Colón nos habla de las tierras de Andalucía, de la bella “huerta valenciana”, y también le vemos que bautizó puntos geográficos del Caribe con nombres de las Islas Baleares. Pero, sin embargo, bautizar algún lugar del Nuevo Mundo con nombres de La Liguria o de Génova, la verdad es que no se acordó nunca. ¿A qué se puede deber este anormal procedimiento?

    8. A Cristóbal Colón en Portugal le vemos casarse con una dama de la más alta nobleza lusitana. En Castilla no tarda en entablar amistad con grandes personalidades del reino; entre ellas el Duque de Medinaceli, que, por cierto, como bien es sabido, en 1485 acogió con entusiasmo el proyecto de Colón sin tener la necesidad de consultar con nadie; le dio alojamiento en su casa, y le trató con los honores y preeminencias que entonces se dispensaban a las personas de noble alcurnia. Sinceramente, ¿no cree usted que estas atenciones dispensadas por el Duque a Colón, a la sazón no las podía recibir nunca un desconocido mercader genovés?

    9. Como relata el Profesor Manzano, “el Don era un título honorífico y de dignidad que antepuesto solamente al nombre, no al apellido, se otorgaba en aquella época a contadas personas, aún de la más alta nobleza. Lo usaban los reyes y los miembros de su familia; también los nobles de elevado rango y sus descendientes. Era muy codiciado en aquel tiempo, y solía concederse en casos excepcionales. Para premiar eminentes servicios a la Corona”. En Abril de 1492, a Colón se le concedió este privilegiado título de Don. Ello consta en las “Capitulaciones de Santa Fe”. Juntamente con este valioso documento, fueron expedidos por los Reyes en favor del Almirante y Virrey dos salvoconductos. En ambos documentos, hoy conservados en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, los Soberanos lo declaran noble, “nobilen virum”. ¿Por qué antes que descubriese nada, los Reyes hicieron tal cosa con un plebeyo genovés?

    10. Colón en Castilla era un extranjero indeterminado, incluso podemos afirmar que los Reyes nunca mencionaron su nacionalidad, y tras regresar de su primer viaje le recibieron en Barcelona con honores singulares, muchos de ellos reservados a la sangre real. Transcurridos unos días, a 28 de Mayo, los Monarcas le confirmaron y ampliaron el privilegio granadino de 30 de abril de 1492. Como Virrey y Gobernador se le concedió plena jurisdicción en las Indias. Tenía poderes para “librar todos los pleitos e causas civiles e criminales”. También se le concedió el sello real. Es decir que, como manifiesta Luis Arranz, al Almirante le ponían en sus manos poderes casi regios, tanto en mar como en tierra. ¿No considera usted más razonable que todo esto se concedió a un Colón entroncado con los Reyes, y no a un hijo de un mercader genovés, que tras su primer viaje de Descubrimiento no se acuerda de su padre ni lo más mínimo?

    11. El Almirante en la Institución de Mayorazgo del 22 de febrero de 1498 nos habla del Príncipe Don Juan como persona viviente, cuando ya por esta fecha hacía algo más de cuatro meses que había fallecido. No cabe duda que Colón, tan allegado a la Corte como estaba, sabía que el mencionado Príncipe ya había muerto. ¿Por qué escribió en este documento tan magno disparate?

    12. En esta Institución de Mayorazgo es el único lugar donde el Descubridor declara haber nacido en Génova. Si por esta fecha nos hace saber tan claramente que era genovés, ¿por qué a lo largo de toda su vida no lo hizo también constar en otros documentos?

    13. También en este testamento en el que Colón cita a Génova como ciudad, “de donde salió y en donde nació”, no figura el apellido Colombo. Es el apellido Colón el que se repite y recalca al mandar que la persona que herede el Mayorazgo sea hombre del linaje verdadero “de Colón”. Si el Almirante en Italia era Colombo, ¿por qué aquí nos habla de los de Colón, que como es de suponer en Génova no existía dicho apellido, y que se sepa, jamás a ningún miembro de su familia se le llamó así?

    14. En el Archivo General de Simancas y concretamente en el libro de registros del Sello Real de Corte, que corresponde al mes de septiembre de 1501, se halla la supuesta confirmación Real de dicho Mayorazgo, que los Reyes Católicos le habían concedido en Granada. En esta confirmación Real, al igual que en la mencionada Institución de Mayorazgo, se habla del Príncipe Don Juan como persona viviente, cuando, como sabemos, en septiembre de 1501, ya hacía casi cuatro años que había fallecido. ¿Cree usted sinceramente que por esta fecha los Reyes podían escribir semejante disparate?

    15. Cristóbal Colón, desde Granada a 24 de Mayo de 1501, en una carta al Padre Gorricio escribe: “Reberendo y muy deboto padre: Mucho he menester un traslado abtorizado de escrivano público de una provisión que alá está, porque pueda yo hazer Mayorazgo, y querria que fuese en pergamino”. ¿Será, acaso, que Colón en 1501 había también olvidado que ya había hecho con anterioridad su Mayorazgo en 1498?

    16. En su último testamento que hizo en Valladolid a 19 de mayo de 1506 ante el notario Pedro de Inojedo, el Almirante manifiesta: “Cuando parti de España el año de quinientos e dos yo fize una ordenanza e mayorazgo de mis bienes, e de lo que entonces me pareció que conplía a mi ánima e al servicio de Dios eterno, e honra mía e de mis sucesores: la cual escriptura dexé en el monasterio de las Cuevas de Sevilla a Fray don Gaspar con otras mis escrituras e mis privilegios e cartas que tengo del Rey e de la Reina, Nuestros Señores. La cual ordenanza apruebo e confirmo por esta”. ¿Por qué el Almirante en su último testamento de 1506, nos habla del Mayorazgo que hizo en 1502, y no cita ni ratifica para nada el de 1498?

    17. La Institución de Mayorazgo de 1498 fue dada a conocer en 1578, por el abogado Verastegui. Es decir, que el mencionado documento entre 1498 y 1578 no se sabe dónde se conservó. Tampoco lo conocieron los propios hijos del Almirante, ni Fray Bartolomé de Las Casas que tuvo en su mano muchos de sus papeles. Si realmente el documento es auténtico, ¿por qué tanto misterio?

    18. Las cartas de Colón a Nicolás Oderigo, embajador genovés en Castilla, y a la Banca de San Jorge, o de ésta última al propio Almirante están escritas en castellano, cosa insólita, pues lo más lógico es que entre genoveses se escribieran en italiano, y más tratándose de una correspondencia entre el embajador y el banco oficial de la República. Si Colón era genovés, ¿por qué no escribía a sus compatriotas en italiano?

    19. En una de esas cartas de colón a la Banca de San Jorge, fechada en Sevilla a 2 de abril de 1502 podemos leer: “Muy nobles Señores:Bien que el Coerpo ande acá, el coraçón está alí de continuo”. Después, en la misma se da a entender que un diezmo de sus rentas pasara para siempre al oficio de San Jorge, para la desgravación de los derechos del trigo. Este diezmo no se pagó nunca, ni tampoco Génova lo reclamó jamás. De estas cartas, que Génova conserva como reliquias, Washington Irving asevera que “estos documentos se conservaban desconocidos en la familia de Oderigo, hasta el año de 1670, que Lorenzo Oderigo se los presentó al gobierno de Génova, y se depositaron en los archivos”. ¿A qué posibles razones se pueden deber todos estos incoherentes hechos?

    20. En 1904, Ugo Assereto descubrió, en el Archivo Notarial del Estado de Génova, entre las actas del notario Girolamo Ventimiglia, sección 2ª, años 1474 – 1504 nº266, un documento otorgado en Génova el 25 de agosto de 1479. En este documento se menciona a un Cristóforo Colombo, ciudadano de Génova, que por mandato de Paolo Di Negro fue enviado a la isla de Madera a comprar cierta cantidad de azúcar. Varios histoiradores atribuyen este hecho al Descubridor de América. A su juicio, ¿cuáles son las pruebas que evidencias que este Critóforo Colombo, citado en el Documento Assereto, es la misma persona que el futuro Almirante de las Indias?

    21. Paolo Emilio Taviani, en su obra Cristóbal Colón, génesis del gran descubrimiento , entre otros documentos, nos da a conocer tres actas notariales que, a su juicio, certifican que Cristóforo Colombo se trasladó de Génova a la Península Ibérica. En un fragmento de una acta notarial del 21 de Julio de 1489, traducida del latín al castellano podemos leer: “y siendo verdad que contra la dicha estimación del mencionado Doménico, como padre y legítimo administrador de Cristóforo, Bartolomeo y Giácomo, hijos del mismo Doménico e hijos herederos de la difunta Susanna, su madre, que fue esposa del difunto Doménico”. Como podemos observar, en este documento de 1489 se escribe "que fue esposa del difunto Doménico". Este hecho pone en evidencia que este Doménico no podía ser nunca el progenitor de Cristóforo, habida cuenta que se tienen conocimientos que su verdadero padre “el 17 de noviembre de 1491”, es decir, dos años después, “recibe en Savona una suma de dinero de un deudor suyo”. ¿Sabe usted si en Génova se tienen pruebas que nos demuestren que Susanna Fontanarossa estuvo casada dos veces y con dos Doménicos?

    22. En otra acta notarial del 11 de octubre de 1496 se relata: “Giovanni Colombo de Quinto, Matteo Colombo y Amighetto Colombo, hermanos del difunto Antonio, sabiendo y conociendo que el dicho Giovanni debe ir a España a visitar al señor Cristóbal Colón, Almirante del Rey de España, y que cualquier gasto en que deba incurrir el mencionado Giovanni a fin de visitar el mencionado señor Cristóbal debe ser sufragado en conjunto por los tres hermanos arriba mencionados, cada quien en una tercera parte… y así quedan de acuerdo”. Ante tales acontecimientos, uno se pregunta: ¿no le parece absurdo que en el siglo XV, tres hermanos que cabe suponer con escasos medios económicos, para establecer unas condicones de gastos de un viaje, tengan que recurrir a un notario?

    23. En una tercera acta notarial del 26 de enero de 1501, algunos ciudadanos genoveses, bajo juramento “dijeron y dicen, juntos o por separado, y de la manera o guisa más válida, que los dichos Cristóforo, Bartolomeo y Giácomo Colombo, hijos y herederos del difunto Doménico antedicho, su padre, desde largo tiempo están ausentes de la ciudad y de la jurisdicción de Savona, más allá de Pisa y Nizza en Provenza y que residen en alguna parte de España, como ha sido y es cosa notoria”. De tomar en consideración es el hecho de que mientras en 1501 en Italia unos ciudadanos genoveses declaran que los hermanos Colombo residían en España, en Castilla nada se sabía ni de la visita del gran Señor Giovanni a nuestro país, ni de la familia Colombo de Génova, pues ni Fernando Colón, ni el Padre Las Casas, ni tampoco Pedro Mártir de Angleria la citan para nada en sus escritos. Si Colón era indiscutiblemente genovés, ¿por qué tantos enigmas?

    24. En 1493, según relatan algunos historiadores, zarpó hacia las Indias, y las órdenes del Almirante el saonés Miguel de Cuneo. Se acepta que llegado febrero de 1495 retornó hacia Castilla con la flota de Antonio de Torres. Transcurridos unos meses, este personaje se hallaba en Saona, donde escribió una relación de su viaje indiano a instancias de su coterráneo Jerónimo Annari. El 24 de abril de 1494, Cristóbal Colón, desde el Puerto de Isabela, levó anclas y se fue a explorar las costas de Cuba y Jamaica. Desde esta isla al regresar hacia La Española –manifiesta Miguel de Cuneo- “yo fui el primero en descubrir la tierra, por lo que el señor Almirante en aquel mismo lugar, en un cabo donde había un óptimo puerto, mandó tomar tierra y le puso el nombre de cabo de San Miguel Saonese en mi honor, y así lo apuntó en su libro… Siguiendo así la costa hacia nuestra aldea, topamos con una isla bellísima sobre un cabo, no muy lejos, que yo también fui el primero en descubrir y que tiene de perímetro cerca de XXV leguas; y también por diferencia hacia mí el señor Almirante le puso el nombre de la Bella Saonese y me la dio en presente”. Parece ser que la concesión de esta supuesta merced no agradó en demasía al saonés, habida cuenta que tan sólo unos meses después lo que más deseaba era “volver a su patria”. Muy desapercibido debió pasar por Castilla Miguel de Cuneo, pues de ser cierto todo lo que relata, ¿cómo es que ni Fernando Colón, ni el Padre Las Casas que como es sabido estaban bien informados, incluso de las cosas más insignificantes, y que tuvieron en sus manos los papeles del Almirante, no le mencionan, ni tampoco citan estos hechos para nada?

    25. Cristóbal Colón, desde Jamaica a 7 de Julio de 1503, en la carta-relación de su cuarto viaje que envió a los Reyes, escribe: “yo vine a servir de veintiocho años y agora no tengo cabello en mi persona que no sea cano”. Si a 1451, año que se supone nació Cristóforo Colombo en Génova le sumamos veintiocho se transforma en 1479, fecha inadmisible como la que entró al servicio de Don Fernando y Doña Isabel, ya que como se sabe, su arribada a Castilla no tuvo lugar hasta 1485. Si Colón era el genovés Colombo, ¿a qué se pueden deber estas incoherentes manifestaciones?

    26. La Reina Isabel en su testamento dejó constancia explícita de la prohibición de conferir cargos a extranjeros en Castilla. En un fragmento de dicho documento consta “e que por las leyes e ordenanças d'estos dichos mis reynos fechas por los reyes mis progenitores está mandado que las alcaydias e tenencias e governación de las cibdades e villas e lugares e oficios que tienen annexa jurisdición alguna en cualquier manera e los ofiçios de la hazienda e de la casa e corte e los ofiçios mayores del reyno e los ofiçios de las cibdades e villas e lugares d'el no se den a estrangeros, así porque no sabrían regir e governar segund las leyes e fueros e derechos…”. En aquella época, en Castilla, para que un extranjero pudiera tener los mismos derechos que los súbditos y naturales del reino, era indispensable obtener previamente la carta de naturaleza. Hecho que acontecía con muchos de ellos, entre los que cabe citar a dos italianos íntimos amigos de Colón, el florentino Gianotto (Juanoto) Berardi y el genovés Francesco Rivarolo (Riberol). Pues bien, he aquí un caso sin precedentes: Cristóbal Colón, “extranjero indeterminado”, se vio colmado de las más altas dignidades que en Castilla podían serle concedidas sin tener necesidad de dicha naturalización, y además, como natural de ella lo consideraron los Reyes, y él mismo procedió como si lo fuera. Si Colón era un extranjero genovés, ¿por qué en Castilla se le colmó de tantas dignidades, sin tener ni la más mínima necesidad de naturalizarse castellano?

    27. Fernando Colón, en la “Historia del Almirante”, con relación a la actual capital de la República Dominicana refiere que “el Adelantado había señalado allí el sitio de la ciudad, a la parte oriental del río, donde hoy está, y la llamó Santo Domingo, en recuerdo de su padre, que se llamaba Domingo”. Las Casas nos cuenta que Bartolomé Colón “quiso que se llamase Sancto Domingo, porque el día que llegó allí fue domingo, y por ventura, día de Sancto Domingo”. Otro historiador, López de Gómara, al hacer alusión a las “cosas de Nuestra España que hay ahora en La Española”, relata que “el pueblo más ennoblecido es Santo Domingo, que fundó Bartolomé Colón a la ribera del río Ozama. Le puso aquel nombre porque llegó allí un domingo fiesta de Santo Domingo”. Como ya hemos comentado anteriormente, Fernando Colón no halló por Génova rastro de la familia de Doménico Colombo, hecho que me obliga a pensar que él tampoco supo que su abuelo se llamaba así. Ante tales acontecimientos, ¿no cree usted que muy posiblemente la “Historia del Almirante”, tal y como la consideran diversos historiadores, es una obra que fue adulterada, quizás en Italia?

    28. Don Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto, XVII Duque de Vargua y descendiente del primer Almirante de las Indias, en unas declaraciones que hizo a la revista “Antena Semanal”, y que fueron publicadas el 10 de noviembre de 1985, manifiesta: “Otro asunto que no ha sido convenientemente aclarado es el de los orígenes del navegante. No tanto su nacionalidad como el de su educación. Gran número de historiadores han colocado al descubridor en un hogar modesto y le hacen aparecer como el hijo de un humilde cardador de lana. Me cuesta creerlo. La cultura de Colón era extraordinaria para su época. Sólo hace falta ver cómo Colón y sus hermanos se paseaban por las casas reales de Europa, hablando con los Reyes de Inglaterra o Francia. Cristóbal Colón escribía y hablaba en tres idiomas: latín, español y portugués. Ni siquiera hoy en día un español medio habla las lenguas que Colón conocía. Yo no creo que eso pudiera hacerlo el hijo de un cardador de lana”. ¿Qué opinión le merecen estas manifestaciones del Duque de Vargua, en las que descarta el origen plebeyo y genovés de Colón?

    29. Si Colón era genovés, ¿por qué antes de ofrecer su descubrimiento a Portugal, Inglaterra y Castilla, no lo ofreció a Génova y al Banco de San Jorge, que pudo haber puesto a su disposición el dinero que necesitaba para su empresa?

    30. Ante este gran número de incompatibilidades existentes entre Cristóforo Colombo y Cristóbal Colón, Almirante de las Indias, sinceramente, ¿no considera usted que resulta más coherente pensar que el verdadero Descubridor de América fue hijo de Don Carlos Príncipe de Viana, que del genovés Doménico Colombo?
    Última edición por Lo ferrer; 13/10/2005 a las 17:00
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    13.- El XVII duque de Veragua fue el fundador de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.


    E l XVII duque de Veragua, descendiente del Descubridor, fue el Presidente-Fundador de la Asociación Cultural Cristóbal Colón en 1963, cumplió fielmente con sus deberes de marino español y ejerció importantes misiones en América. Al respecto cabe recordar su intervención, en octubre de 1951, en el Senado norteamericano, haciendo destacar la verdad histórica del descubrimiento de América, convirtiendo en española una fiesta que en aquellas tierras tenía carácter italiano. En 1961, en la Universidad de Miami, el duque de Veragua dio una conferencia sobre los temas: "Presencia de España en América" y "Colón, Almirante español", manteniendo diversos coloquios con los estudiantes de dicha Universidad sobre la trascendencia del descubrimiento. Le fue concedida entonces la "Crois of Order of Merit by University of Miami", con la llave de oro de la Ciudad.

    En 1963, siendo ya Presidente de nuestra Asociación, asistió en Puerto Rico al Día del Descubrimiento, continuando después viaje a Colombia para asistir a las fiestas de homenaje a España.

    En Puerto Rico fue nombrado Correspondiente de la Academia de la Historia de aquel país. En Bucaramanga (Colombia) dio una conferencia sobre las naves del descubrimiento. En dicha ciudad pusieron el nombre de XVII Duque de Veragua a una de sus calles.

    El año 1970, presidió el Comité de Honores a Nuestra Señora de Europa, para entregar un lienzo que reproducía la citada Imagen en el Paso de Carlomagno (Alpes Dolomitas, Italia), lienzo que fue bendecido por S.S. Juan XXIII y que recientemente será venerado en la Iglesia construida al efecto en dicho lugar. Simboliza esta advocación la unidad europea y diversos países del viejo Continente, incluso Rusia, han llevado piedras conmemorativas y enmarcando a la Imagen figurarán lápidas con todos los colores de las naciones europeas.

    También en 1970, de nuevo, se trasladó a Estados Unidos para las fiestas de la Hispanidad, y en 1971, en el que durante la conmemoración fue proclamada la Semana Española, D. Cristóbal Colón de Carvajal presidió, como Gran Mariscal, el desfile celebrado en Nueva York. Gran éxito fue para España aquel desfile, que logró reunir en la famosa 6ª Avenida la mayor cantidad de hispanoparlantes, uniendo a la totalidad de los existentes en Nueva York en un solo acto.

    Aunque a estos actos se sumó también la colonia italiana, creándose un problema protocolario en la Embajada de Italia, donde se había preparado una comida al objeto de dar color italiano a una fiesta española. El Duque de Veragua, asistiendo a la comida, solucionó el problema con esta sencilla frase, dicha en la Embajada de Italia: "Todo homenaje a Colón es un homenaje a España".

    En 1972 visita la República Dominicana, e inaugura la restaurada Casa de Colón. Le fue otorgada la máxima condecoración de la República, la Orden de Duarte Sánchez y Mella (Héroes de la Patria), reservada sólo a Jefes de Estado y grandes personalidades. Anteriormente, había sido condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Colón.

    En 1975, Paraguay le otorga la Gran Cruz de la Orden Nacional al Mérito. Dio varias conferencias, nombrándosele Correspondiente de la Academia Histórica Paraguaya.

    En 1976 acompañó a SS.MM. Los Reyes de España en su viaje a Santo Domingo y Estados Unidos con ocasión del bicentenario de la indepencia de esta última nación, a la que trasladó dos documentos colombinos de su propiedad, fundamentales en la Historia Universal, como son el nombramiento dado a Cristóbal Colón como Almirante de la Mar Océana y Virrey Perpetuo de las Indias, y un segundo documento que era el de concesión del Escudo de Armas a Cristóbal Colón a la vuelta del descubrimiento dado en Barcelona, con firmas autógrafas de los Reyes Católicos. Ambos documentos, unidos a la Carta de Juan de la Cosa (1500), fueron trasladados y expuestos en el "Museo de Arte y Tecnología de la Smitsonia Institute" de Washington, con garantías jurídicas y seguros, de acuerdo con la infinita importancia que los mismos tienen como únicos en el mundo.

    Fue el XVII duque de Veragua también Presidente del "Núcleo de San Juan Bautista", para acoger a niños huérfanos o abandonados en un hogar, para lo que la institución adquirió un piso de grandes dimensiones en Madrid. También presidió el Servicio de Adaptación Social, para redimir mediante la obtención de trabajos, a expenados.

    Marino de profesión, alcanzó por sus méritos el grado de vice-almirante de la Armada española, y en ocasión de su óbito era vicepresidente del Instituto de Historia Naval. En 1982, la prestigiosa Academia Tiberina, de Roma, fundada en 1813 y por tanto la más antigua de Italia, le designó Académico de Honor, en reconocimiento a su labor historiográfica sobre América.

    Siendo Capitán del velero de instrucción "Juan Sebastián Elcano", dio la vuelta al mundo, y escribió un libro con sus impresiones y recuerdos.

    La familia Colón sigue al servicio de la Patria y la Corona, porque en su testamento así lo mandó el Descrubridor a su hijo D. Diego y "a todos los que de mí descendieran y en especial al que herede este Mayorazgo... Obliguen y pongan en sostener y servir a SS.AA. o a sus herederos, bien y fielmente, hasta perder y gastar vidas y haciendas...". Y así se ha cumplido hasta la fecha.


    En memoria del Excelentísimo señor don Cristóbal Colón de Carvajal, Maroto, Colón y Pérez del Pulgar.
    Almirante de la Armada, Duque de Veragua y de La Vega, Almirante de la Mar Océana, Adelantado Mayor de las Indias, Marqués de Águilafuente, Grande de España.
    Fallecido en Madrid el día 6 de febrero de 1986, vilmente asesinado en atentado terrorista.
    D.E.P.


    Boletín nº 1 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    14.- Cristóbal Colón y el catalán.

    En el Archivo del Palacio de Liria de los Duques de Alba en Madrid se conservan varias cartas autógrafas de Colón en las que firma El Almirant en catalán y no El Almirante en castellano.

    A este respecto, el eminente filólogo mallorquín Francesc de B. Moll en su obra 'Vocabulari Mallorquí-Castellà' (Vocabulario mallorquín-castellano) nos dice que la palabra Almirant es un vocablo típico de Mallorca que equivale a "Almirante" en castellano.

    En el Archivo del Reino de Mallorca, año 1482, se conserva un interesante documento en el cual se menciona a Miguel de Pax Vice-Almirant, hecho que prueba que la mencionada palabra ya se usaba en la isla en el siglo XV.


    De los mencionados documentos que se conservan en el Archivo de los Duques de Alba, juntamente con otros, la Diputación Provincial de Sevilla ha hecho una edición facsímil.

    La introducción, transcripción y notas han sido realizadas por Consuelo Varela, que, por cierto, ha falseado el original Almirant cambiándolo por Almirante, hecho que pone en evidencia lo poco que podemos fiarnos de algunos historiadores que, como es bien sabido, tratan de convencer con falsos planteamientos, sin sentir escrúpulos por utilizar tan reprobables mutilaciones.

    Lo lamentable de todo ello es que a algunos de estos historiadores que, según parece, pretenden con toda esta serie de fábulas confundir la buena fe de sus lectores y hasta de los estudiosos poco exigentes, la Comisión Nacional Quinto Centenario de España, que presidió Luis Yáñez, los tuvo de asesores.


    Otro hecho importante a resaltar es que en muchos de los escritos de Colón se hallan catalanismos. Veamos a continuación algunos ejemplos:

    -Diario del primer viaje (1492), 15 de octubre: fugir (huir), possessión (posesión) y fugeron (huyeron).

    -Memorial dedicado a los Reyes (entre junio de 1496 y enero de 1498) escribe la palabra meitad (mitad), cuatro veces y fusta , en lugar de madera en castellano.

    -En la Carta-Relación del viaje de exploración a las islas Española, Cuba y Jamaica, escrita a los Reyes en el Puerto de Santa Cruz a mediados de septiembre de 1494 y firmada en Isabela el 26 de febrero de 1495, se puede leer lo siguiente: "las simientes de huertas están prósperas en el crecimiento, y aún otras legumes dos vegadas en el año se cogerán si se siembran" . La palabra vegadas en castellano significa veces.


    Con relación al verdadero apellido del Descubridor, existe la evidencia de que no era ni Colombo ni Colón, sino Colom, con "m" final, tal y como se escribe en los países catalanes. Es de tomar en consideración que del Almirante de las Indias no se ha podido probar documentalmente jamás que durante todo el tiempo que vivió en Portugal y en Castilla se llamase ni una sola vez Colombo.

    Joao de Barros, cronista del rey Juan II de Portugal le llama en 1484 Christovam Colom.

    Lo mismo acontece en la carta del Conde Borromeo de 1494, en el colofón de la edición alemana de la Carta de Colón, impresa en Estrasburgo, en 1497, en la que consta que la traducción se hizo del catalán, en los facsímiles de los encabezamientos de las diez ediciones de la carta del Almirante, publicadas en diversos países europeos -y tres de ellas en Italia- entre 1493 y 1497.




    Carta de Cristóbal Colón a su hijo Diego, fechada en Sevilla a 29 de abril de 1498, en la que puede apreciarse la firma del Descubridor "Almirant", en catalán (Archivo Histórico de los Duques de Alba, Madrid).



    A todos estos testimonios todavía podemos anexar un escrito dirigido "Al Rey y a la Reyna" que consta en el 'Libro de Privilegios' del Descubridor, en el que está consignado, como en otros muchos del mismo, el nombre "Colom" .

    En Castilla, en 1487, el futuro Almirante recibió varios estipendios librados por la contaduría y pagados por la tesorería de los Reyes. Los asientos de todas estas sumas constan en los libros del tesorero Francisco González de Sevilla, a nombre de Cristóbal Colomo, lo que evidencia que por estas fechas, Colón había adoptado este nombre, al menos para documentos oficiales.

    De la misma forma, le llama también el Duque de Medinaceli en una carta que escribió desde Cogolludo, el 19 de marzo de 1493, al Gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza.

    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.
    Boletín número 2.




    15.- ¿Por qué San Salvador?


    En castellano debe decirse "El Salvador" o "Salvador" a secas. En italiano es "Salvatore". Decir "San Salvador" es, en castellano -incluido el antiguo-, como decir "San Cristo" o "San Jesús".

    Siempre me intrigó saber por qué Colón bautizó a la primera tierra que avistó con el nombre de San Salvador. La primera tierra. Aquel pedazo de tierra salvadora que lo libraba de las iras de una tripulación acobardada, a punto de amotinarse. Un lugar que significaba para él volver a nacer. No era, pues, ni el momento ni el lugar, ni tampoco la ocasión para imponer un nombre a tontas y a locas. El nombre de aquella primera tierra tuvo que ser para Colón motivo de hondas y profundas significaciones. Lo excepcional de las circunstancias así lo hacen suponer.

    Y fue "San Salvador". ¿Por qué? Confieso que ninguna de las interpretaciones al uso me satisfacían. Lo lógico, repito, era haberle puesto "La salvación" o "Salvatore" (de ser cierto su origen italiano) o "El Salvador", o -si quería ser erudito- "Salvator".

    Leyendo el libro Cristóbal Colón y la revelación del enigma , del investigador mallorquín Gabriel Verd Martorell, he encontrado al fin un argumento lógico para la elección de aquel nombre por parte de Colón. Una razón psicológica plena de motivaciones humanas. Tengamos en cuenta que Colón volvió a bautizar con aquel nombre (San Salvador) a un río y a un puerto de la isla de Cuba. Era, pues, sin duda, un nombre que debía significar mucho para él.

    Varios investigadores e historiadores se inclinan por la tesis del origen mallorquín del descubridor. Citemos sólo a Ricardo Carreras Valls, Renato Llanas de Niubó, Bartolomé Arán, Suau Alabern, José María Millás, el mexicano Bartolomé Costa Amic, el venezolano Nectario María (Hermano de La Salle), Juan Cerdá, Manuel López Flores, etc... sitúan su nacimiento en Felanitx, un lugar de Mallorca donde está enclavado el santuario de San Salvador. Lugar de hondo significado religioso para los oriundos del lugar. Si -como se supone- Colón nació a la sombra de este santuario, aquél tuvo que ser el sitio hacia donde se dirigieron sus ojos infantiles para las primeras plegarias; las que dejan más huella en el alma humana. No es raro, pues, que eligiera tal nombre para una tierra que era la respuesta a sus más íntimas plegarias. Para él, "San Salvador" no era un disparate.

    Pero hay más: antes de alcanzar la celebridad, Colón se hacía llamar "de Terra-rubra", así como su hermano Bartolomé Colón. Antes de 1346 existía en Felanitx una extensa finca llamada "Alquería Roja", lo cual, traducido al latín, es "Terra Rubra".

    Colón tuvo sus razones para ocultar su origen, pero con razonamientos lógicos no es imposible seguirle la pista a la verdad. La razón de Estado que impidió al navegante desvelar sus orígenes sería tema para otro artículo. Mas bastan estos detalles, creo, detalles humanos y psicológicos, como botón de muestra para comprender que la polémica sobre el origen del descubridor no está zanjada, ni mucho menos. La tesis genovista no convence a todos los investigadores e historiadores. Recordemos también que el insigne filólogo Ramón Menéndez Pidal dijo, entre otras cosas, sobre la lengua materna de Colón:

    1) Colón escribía siempre en latín, o en español, jamás en italiano ni en portugués.

    2) Su latín era hispánico y cuando comete errores en la mencionada lengua latina, sus errores son hispanismos. También existen catalanismos en algunas expresiones del descubridor. Lo que no se encuentra por ninguna parte son italianismos, cosa muy significativa.

    La Asociación Cultural Cristóbal Colón, de la cual es presidente el prestigioso académico José María de Domingo-Arnáu y Rovira, está sacando a la luz novedosas y rigurosas conclusiones basadas en profundos estudios de muy diversos especialistas en el tema. Y cada día con mayor claridad se va definiendo la tesis del Colón mallorquín, en detrimento de la anquilosada teoría genovista, que cada día presenta más flancos débiles.

    El cartógrafo y navegante Cristóbal Colom (con eme), descubridor del Nuevo Mundo, nada tuvo que ver con el oscuro tejedor de paños Cristóforo Colombo, nacido en Génova.


    LIDICE PEPPER RINCÓN

    El correo de Andalucía,
    3 de diciembre de 1994.

    Boletín número 3 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.




    16.- El príncipe de Viana.


    Como fruto de la unión matrimonial de Don Juan II de Aragón y Doña Blanca de Navarra, acaecida en junio de 1420 en Pamplona, nació en Peñafiel a 29 de mayo de 1421, el Príncipe Carlos. Su padre se apresuró a comunicar la buena nueva al reino de Navarra.

    Transcurrido algún tiempo, Don Carlos III el Noble, abuelo del Príncipe, instituyó el Principado de Viana en su honor.

    Cuando tenía dos años, fue trasladado a Navarra, acompañado por su madre Doña Blanca, pasando a residir en los palacios de Tafalla y Olite, lugar donde nacieron la Princesa Doña Blanca y Doña Leonor.

    El 9 de agosto de 1427, las Cortes de Navarra renovaron el juramento hecho al Príncipe de Viana, como heredero del trono, en cuya posesión entraría después de su madre.

    Durante su vida, Don Carlos se vio envuelto en una serie de acontecimientos muy propios de aquellos tiempos, que han transmitido su nombre y su carácter magnificado en leyenda popular con que aún se le recuerda. Vivió la vida intensamente, en su mayor parte afrontando las diferencias que tuvo con su padre.

    A los 19 años se casó con Doña Inés de Cleves, sobrina del Duque de Borgoña. Pocos meses más tarde falleció su madre, en mayo de 1441 en Santa María de Nieva. Con tal motivo, el Príncipe, con la venia paterna, pasó a gobernar Navarra. Allí tienen comienzo las divergencias que hubo de tener en vida con su progenitor y que se vieron ampliadas con el posterior segundo casamiento de su padre Don Juan II de Aragón con doña Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla, en 1447.

    Tras penosa enfermedad, un año más tarde, moría Doña Inés de Cleves, esposa de Don Carlos, que quedó viudo con 27 años de edad.

    A la sazón, Navarra se hallaba dividida en dos bandos: los beaumonteses, partidarios del Príncipe, y los agramonteses, incondicionales de su padre Don Juan. Estos dos partidos sembraron la discordia durante toda la vida del heredero al Trono, a lo que se sumó la animadversión que le profesaba el suegro de Don Juan, Don Fadrique Enríquez, que aspiraba a lo más alto para sus nietos, hijos del segundo matrimonio de Don Juan.

    El primer enfrentamiento entre padre e hijo tuvo lugar en 1451, aunque sin graves consecuencias. Posteriormente y queriendo sostener su autoridad, Don Juan ordenó a su mujer Doña Juana Enríquez, que se desplazase a Navarra, a compartir el gobierno con el Príncipe Carlos. Doña Juana era mujer de carácter fuerte, decidido, que hubo de granjearle al poco tiempo las antipatías, más tarde convertidas en odios, de los beaumonteses. Los partidarios del Príncipe advirtieron a éste que había llegado el momento de defender sus derechos, para lo cual estaban dispuestos a tomar las armas si fuese necesario. A lo mismo agravaba la situación la actitud de Don Juan, que no había participado al pueblo su segundo matrimonio, como si nada le importara la opinión de los navarros, y hubo de venir el enfrentamiento que se presentía no muy lejano.

    Navarra estaba ya dividida en dos frentes. Al inicio de las hostilidades, los beaumonteses cercaron a Doña Juana Enríquez, en Estella, situación que duró poco tiempo, para posteriormente sitiarla en Aibar, donde tuvo lugar una terrible batalla entre ambos ejércitos, siendo derrotado el Príncipe y retenido en el Palacio de Tafalla, en calidad de prisionero. Después, fue trasladado a Tudela, Mallén y Monterrey, posteriormente a Zaragoza, lugar donde permaneció cautivo durante 20 meses.

    En un día frío y tormentoso, el 10 de marzo de 1452, nací en la villa de Sos, en Aragón, el futuro Rey Fernando II, fecha en la que el Príncipe de Viana se hallaba retenido, pues no recobró su libertad hasta fines de junio de 1453.

    Transcurrido algún tiempo, los conflictos entre Don Juan y su hijo volvieron a estallar. Surgieron nuevas fricciones, hecho que dio motivo a que el futuro Rey de Aragón se presentase en Navarra al frente de un poderoso ejército con objeto de aniquilar a su hijo; una hábil maniobra política realizó previamente Don Juan: acordó con su yerno Gastón de Foix, que hasta entonces estaba al lado de Don Carlos, excluir de la sucesión a éste último, testando a favor de la Infanta Leonor, conjuntamente con Gastón.

    Aislado así el Príncipe, y disminuido en sus fuerzas, presentó batalla en Estella, siendo nuevamente derrotado y viéndose obligado a huir a Pamplona, siguiendo viaje a Nápoles en busca de la protección de su tío Alfonso V el Magnánimo. Tras pasar por París y Roma, lugar donde fue recibido y escuchado por el Papa Calixto III, atravesó toda Italia y llegó a su meta, Nápoles, en 1457.

    Su tío, Don Alfonso, entonces Rey de Aragón y de Sicilia, era un Monarca de extraordinarias cualidades humanas que hizo suyo el título de Príncipe de Gerona, instituido por su padre, Don Fernando I, en 1414, Conde de Barcelona desde 1416 y Rey de Nápoles, desde que ocupó el trono en 1442.

    En marzo de 1457, Don Juan de Beaumont, Gobernador en nombre del Príncipe de Viana, junta Cortes en Pamplona y éstas proclaman Rey a Don Carlos. Este mismo año, a 26 de junio, Don Alfonso declaró al Príncipe Carlos heredero y sucesor después de su padre, de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y del Principado de Cataluña. Había reservado el reino de Nápoles para su hijo natural, Fernando, Duque de Calabria.

    Llegado el 27 de junio de 1458, falleció en Nápoles el Rey Alfonso. Con este desenlace faltaría para siempre un Monarca influyente, generoso, ilustrado, que había apoyado la cultura, en especial las artes y las letras. Su ausencia fue bien notada.

    Con el fallecimiento de Don Alfonso,, el corto período de paz y tranquilidad para el Príncipe había concluido. Éste había oficiado de protector a Don Carlos y de mediador entre él y su padre. Los tiempos de nuevos cautiverios para el Príncipe desafortunado estaban próximos.

    Tras el fallecimiento de su tío, Don Carlos de Viana abandonó Nápoles y se trasladó a Sicilia, donde permaneció por espacio de un año. En este tiempo, el Rey de Portugal ofreció su hermana Catalina a Don Juan II; ya Rey de Aragón, para desposarla con Don Carlos.

    Don Juan de Beaumont, a la vez, pidió a Don Enrique IV de Castilla el enlace con la Infanta Isabel, pero el Rey la tenía ya reservada para su hijo Don Fernando.

    Durante su estancia en Sicilia, el Príncipe de Viana veía incierto su futuro. Su padre sospechaba que pudiese ser nombrado Rey de dicha isla, en cuanto también sus partidarios estaban reclamando su presencia en Navarra y Cataluña.

    Pero al fin, convencido Don Carlos de que Don Juan lo trataría como hijo y heredero, decidió abandonar Sicilia en julio de 1459, rumbo al Puerto de Salou, en Cataluña.

    Entró en tratos con su padre, tanto políticos como matrimoniales, colicitando a su progenitor que le aprobase su proyecto matrimonial con Doña Isabel de Castilla. Después se hizo a la mar hacia Mallorca, no se sabe si por proposición del Rey o por orden expresa suya. Su llegada a la isla tuvo lugar el 28 de agosto de 1459. Se alojó en el Palacio Real de la Almudaina, al lado de la Catedral de Palma, donde se organizaron grandes fiestas en su honor, con iluminaciones y fuegos de artificio.

    Relata Manuel Iribarren, que Don Juan, "públicamente había mandado que se le entregasen los castillos de la isla, pero por mensajes turbios y aviesos tenía dada orden de que se le franquearan algunos de los más poderosos y se le retuviese en ellos si entraba. Lo que explica el que, durante algún tiempo, estuviese guardado como en cárcel en el Castillo roquero de Santueri, en Felanitx".

    Fue precisamente durante su estancia en el Castillo de Santueri, que el Príncipe de Viana conoció a la familia de Juan Colom, que vivía en una finca denominada Alquería Roja, actualmente Son Ramonet. Allí entabló amistad con Margarita, hija del mencionado Juan Colom. Como fruto de la relación sentimental mantenida con ella, nació en 1460 Cristóbal Colom, el que después se convertiría en Descubridor del Nuevo Mundo.

    Se tiene constancia documental de que mientras el navegante mallorquín, realizaba su tercer viaje a América, bautizó, junto a la costa de Venezuela, a una isla con el nombre de su madre. La registró en su mapa con el nombre mallorquín de Margalida. Margarita en castellano.

    El carácter romántico y apasionado de Don Carlos, le llevó en diferentes momentos de su vida a ser pródigo en amores con distinguidas damas. Con María de Armendáriz, doncella de la Princesa Leonor, tuvo una niña, Doña Ana de Navarra y Aragón, que con el tiempo se convertiría en esposa de Don Luis de la Cerda, Duque de Medinaceli.

    Con Brianda Vaca, señora de gran belleza, tuvo un hijo llamado Felipe; fue Conde de Beaufort.

    Durante su estancia en Sicilia, mantuvo relaciones con otra doncella llamada Capa, de la que tuvo otro hijo, Don Juan Alfonso de Navarra y Aragón. Con el tiempo llegaría a ser Obispo de Huesca.

    Al Príncipe de Viana le visitó en Mallorca el embajador portugués Gabriel Lorenzo, portando las bases mediante las cuales se concertaba el matrimonio de Don Carlos con la Infanta Catalina.

    Transcurrido algún tiempo, y tras ver el Príncipe que las negociaciones con su padre no iban por buen camino, tomó la decisión de abandonar la isla y embarcar rumbo a Cataluña. Llegó a Barcelona en marzo de 1460.

    Don Carlos, primogénito y heredero de Navarra y Aragón, hizo su entrada oficial en la Ciudad Condal, el 31 de marzo de 1460. El recibimiento dado al Príncipe no resultó del agrado del Rey, quien impartió instrucciones para que solamente se le diese el trato correspondiente a cualquier Infante.

    Más tarde, Don Carlos se entrevistó con su padre y su madrastra, Doña Juana Enríquez, en Igualada. Allí, el Príncipe comunicó a Don Juan su firme intención de contraer matrimonio con Isabel de Castilla, pero el Monarca rechazó firmemente tal pretensión.

    Transcurridas varias semanas, y mientras seguían en pie las enormes disenciones, Don Carlos se entrevistó nuevamente con su padre en Lérida, lugar donde Don Juan declaró a su hijo prisionero, fundamentando su actitud en las supuestas deslealtades del Príncipe. En esta situación estaba el heredero al trono cuando temió la posibilidad de ser envenenado.

    La nueva prisión de Don Carlos fue recibida con amargura, no solamente en Cataluña, sino en todo el resto de España.

    Durante los tres meses en que el Príncipe estuvo prisionero, hubo de recorrer numerosas prisiones entre Lérida, Aytona, Fraga, Zaragoza y posteriormente en los castillos de Miravet y Morella, que fueron las etapas finales.

    Con la detención de Don Carlos, se congelaron los compromisos políticos que pudieran resultarle favorables. Don Juan no pensaba devolverle la libertad mientras su hijo no renunciase a todos los derechos sobre Navarra y Aragón. Así, el destino del Infante Fernando se vería despejado.

    Ante la ineficacia de las gestiones llevadas a cabo por consejeros y embajadores, con el fin de por medios pacíficos obtener la libertad del Príncipe, el ocho de febrero de 1461, Cataluña se puso en pie de guerra. El objetivo de este levantamiento era, de un lado, la libertad del Príncipe, para lo cual una guarnición se dirigió a Fraga, y por el otro retener al Monarca con otra actuación militar en Lérida, que por cierto sorprendió al propio Rey en el mismo Palacio, aunque logró huir precipitadamente a Fraga. Allí le aguardó la Reina, que tenía en su poder al Príncipe, con el que conjuntamente abandonaron el lugar.

    Pocos días más tade, el 25 de febrero de 1461, Don Juan decretó la libertad de su hijo, el cual fue recibido en Barcelona con gran solemnidad.

    Las negociaciones entre el Rey y su hijo se reanudaron. Los catalanes exigían que se le jurase primogénito y se le nombrase lugarteniente de Cataluña, con carácter irrevocable. Se oponían también a la presencia de Doña Juana Enríquez en Barcelona.

    El 21 de junio del mismo año, se firmó el pacto de Villafranca del Panadés, recayendo en Don Carlos la lugartenencia de Catluña.

    Pero mientras pasaban los días, la salud del Príncipe se iba quebrantando. Según decir de algunos historiadores, desde su estancia en Nápoles se notaba su deterioro físico. Le fatigaba el menor esfuerzo.

    Llegado el 21 de septiembre, la fiebre se hizo crítica. La enfermedad produjo gran consternación entre sus partidarios, que organizaron una serie de actos religiosos, com misas y hasta peregrinaciones al Santuario de Montserrat sin resultado alguno.

    Había llegado la hora postrera de Don Carlos; el 23 de septiembre de 1461, a los 40 años de edad, concluía la existencia del Príncipe de Viana, heredero del trono de Navarra y Aragón.

    La versión oficial atribuyó su muerte a la tuberculosis, aunque circuló el rumor de que había sido envenenado, posiblemente por intención de su madrastra, para poder transmitir los derechos de la Corona a su hijo Fernando.

    Este desenlace produjo un auténtico duelo nacional. Más de quince mil personas asistieron a las exequias que presidió Don Felipe, hijo natural de Príncipe. La capilla ardiente fue instalada en la catedral de Barcelona. Sus restos reposaron en ellas hasta 1472, año en el que fueron trasladados al Monasterio de Poblet.

    El Príncipe fue una persona bondadosa y sensual, liberal, dentro de la concepción cristiana que profesaba de gran dulzura y simpatía, amigo de la meditación, de la ilustración y de la cultura en sus más nobles manifestaciones. Fue también un inspirado poeta, llegando a componer delicadas trovas. Tradujo la 'Ética de Aristóteles' y redactó la célebre 'Crónica de los Reyes de Navarra'.

    tras su fallecimiento, las cosas fueron de mal en peor. Las revueltas continuaron.

    Quince días después de muerto Don Carlos, es decir, el 6 de octubre de 1461, las Cortes de Aragón reunidas en Calatayud prestaron juramento de fidelidad a Don Fernando, reconociéndole por heredero de la monarquía. Logrado esto, el Infante fue llevado por su madre a Cataluña a fin de recibir el homenaje de los catalanes.

    Era tal la excitación entre éstos, que la Reina, tras haber conseguido su objetivo, tuvo por prudente salir de la capital y refugiarse en la ciudad fortificada de Gerona. Hasta dicha localidad fue perseguida de inmediato por la milicia catalana al mando de Roger, Conde de Pallars.

    Fue entonces cuando Doña Juana Enríquez, el Príncipe Fernando y varios de sus secuaces se vieron prontamente obligados a refugiarse en una torre de la Iglesia de la plaza principal, donde les pusieron sitio los rebeldes.

    Don Juan, ante la imposibilidad de penetrar en Cataluña para socorrerla, se vio obligado a solicitar ayuda de su aliado el Rey Luis XI de Francia. Logrado su objetivo, posteriormente una serie de circunstancias agravaron más la situación. Los rebeldes declararon al Rey y su esposa enemigos públicos y pensaron que lo más conveniente era ofrecer la soberanía de Cataluña a Renato de Anjou, Rey de Provenza.

    En agosto de 1466, el Rey Renato, que era cabeza de una familia enemiga de la Casa de Aragón en Sicilia y en el Mediterráneo, aceptó la oferta de los catalanes. Envió a su hijo, el valiente Juan de Lorena al frente de su ejército, que tras superar algunas dificultades, no tardó en adueñarse de todo el Ampurdán.

    En diciembre de 1469 murió Juan de Lorena, dejando a los barceloneses sin caudillo. No obstante, estos últimos rechazaron las proposiciones conciliadoras que les hizo Don Juan, quien logró al fin reunir fuerzas suficientes con las que puso sitio a Barcelona. La ciudad se defendió con bravura, pero se vio obligada a capitular consiguiendo un tratado honroso para ambas partes. El Rey entró entonces en Barcelona y, en diciembre de 1472, hizo solemne juramento de guardar los fueros de Cataluña. De esta forma, concluyó aquella larga y desastrosa guerra civil, que produjo como hecho más relevante el de asegurar la sucesión de Don Fernando en la totalidad de los dominios reunidos por su padre.
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    17.- El origen patrio y familiar de Cristóbal Colón.

    Hace veintisiete años, el prestigioso diario ABC de Madrid, publicó un interesante artículo, cuyo autor, el investigador D. Luis Schoch y Pereira de Castro, el 17 de Agosto de 1969, publicaba un texto sobre el origen patrio y familiar de Cristóbal Colón.

    Tesis españolista sobre el Almirante que, posteriormente, ha desarrollado en su libro 'Cristóbal Colón era noble y de sangre real' el Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, D. Gabriel Verd Martorell.


    L a extraña y sistemática ocultación del origen patrio y familiar de Cristóbal Colón, llevada hasta el límite máximo tanto por él mismo como por sus hermanos y demás familiares, bien pudiera obedecer a un expreso y firme propósito o plan preconcebido. Más lo que no parece razonable en modo alguno es pretender justificar tal proceder por causas de origen humilde, ascendencia judaica, pasado censurable ni otros múltiples mitos o juicios divagatorios y en franca contradicción unos de otros.

    Si bien es realmente cierto que el Descubridor declaró en diversas ocasiones ser "extranjero", ello nada debe extrañar dado que por entonces así eran considerados, como es de sobra conocido, los nacidos fuera de la jurisdicción de los distintos reinos peninsulares. En este caso de Castilla y León.

    A través de distintos estudios y variadas comprobaciones parece haberse llegado a la cierta conclusión de que el Almirante no habló ni escribió nunca en italiano, por desconocerlo prácticamente a tales efectos; por el contrario, sí lo hizo siempre en castellano, latín, gallego y portugués, catalán y mallorquín; incluso es de señalar que cuando producía faltas al escribir en latín las salvaba en español y no en italiano. ¿Cómo podría, pues, explicarse adecuadamente este anómalo proceder practicado en todo momento por un superhombre de la talla cultural y espiritual de Colón, si en realidad hubiera nacido en la Génova italiana e hijo de padres asimismo italianos?... En efecto, existen algunos escritos en lengua italiana que se le adjudican sin fundamento alguno al Almirante, pero realmente cierto es que nadie hasta ahora ha podido demostrar la autenticidad indiscutible de los mismos

    El apellido Colón es oriundamente español, donde ya era conocido en los siglos V y VI; mas en Italia era por entonces y después completamente desconocido así como también en Portugal. El análogo conocido en Italia era el de Colombo.

    La tesis de un posible cambio de Colombo por Colón no puede encontrar fácil explicación y puede, por tanto, refutarse como falsa, pues de lo contrario ¿cómo se explicaría que el Descubridor llamase tan sólo a sucesión a los apellidos Colón?... Tanto sus hermanos Bartolomé y Diego, como sus hijos Diego y Fernando, nietos, etcétera, conservaron siempre este originario apellido. Como dato curioso, entre otros muchos que se podrían citar, señalaremos el siguiente: A la muerte de don Diego Colón -hijo del Almirante- se presentaron a pleito de sucesión los hermanos Baltasar y Bernardo Colombo, quienes fueron totalmente excluidos, precisamente por apellidarse Colombo y no Colón.

    Según algunos escritores italianos, Colón era hijo de Doménico Colombo, señor del castillo de Cuccaro, en Piamonte. Pero ello parece desmentirse por sí solo, ya que el Doménico Colombo que señalaban como padre del nauta residió en Génova muchos años después de la muerte del dicho señor de Cuccaro, que llevaba el mismo nombre.

    El señor Bussi dice haber hallado en los archivos de Santa Elena, repetidas veces, el nombre de Doménico Colombo, desde 1456 a 1459, y le designa como hijo de Giovanni Colombo, marido de Susana Fontanarossa y padre de Cristóbal, Bartolomé y Giaccomo (Diego)

    El origen genovés del Descubridor sólo aparece en las actas notariales de la Raccolta, al parecer completamente artificiosas.

    Carboni fue uno de los escritores italianos que más defendieron, aunque sin base ni fundamento, el origen patrio y familiar italiano de Colón, por lo cual se consideró como irreal e insincero.

    En las capitulaciones de Santa Fe, de Granada, del año 1492, los Reyes concedieron a Colón los privilegios que éste había pedido para la realización de su viaje de Descubrimiento. En tal documento público es considerado y tratado a todos los efectos como verdadero español. Cinco años después, aquellos confirmaron a éste las prerrogativas y privilegios otorgados en dichas capitulaciones de Santa Fe. Asimismo, interesa señalar que en una de las cláusulas del testamento de la Reina Isabel puede leerse lo siguiente: "Las islas e tierra firme del mar Océano e Islas de Canarias fueron descubiertas e conquistadas a costa de los reinos de Castilla y León, y con los naturales dellos".

    Extraña asimismo observar que en la libre denominación de las islas por Colón descubiertas, así como a diversas poblaciones, ríos y accidentes costeros de las mismas, no figura ni un solo nombre italiano o italianizado siquiera. Por el contrario, lo que es muy lógico y comprensible, todas lo fueron en español. ¡Gran detalle éste que por si solo podría bastar para justificar su verdadero origen patrio!

    Con referencia al nombre o denominación de San Salvador, con el cual quiso honrar el Almirante a la primera isla descubierta, y que hasta entonces había sido llamada Guanahaní por los indios aborígenes, parece responder con bastante claridad a un sentimental detalle o deseo profundamente religioso de Colón, en sentido recuerdo y homenaje de gratitud hacia la Virgen de San Salvador. De esta imagen, que se venera en el santuario existente en Felanitx, fue, al igual que su madre Margarita, muy fiel y ferviente devoto desde su más tierna niñez. En carta del nauta al escribano de ración señor Santángel, de fecha 4 de marzo de 1493, escribe: "a la primera isla que yo fallé lo puse nombre de San Salvador, a conmemoración de su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado…" De igual forma escribe en otra ocasión: "puse a la primera isla que fallé el nombre de San Salvador, en cuya protección confiado llegué, así a esta como a las demás".

    Asimismo el nombre de Santa María dado por Colón a la nave capitana, bien pudiera igualmente obedecer a exigencias de sus más íntimos recuerdos y sentimientos, en relación posible con la Santísima Virgen de San Salvador, antes referida.

    Ahora bien, a la serena luz de hechos y referencias más o menos conocidos o comprobados, algo claro y positivo parece divisarse en el horizonte de tanta incógnita y controversia. Analicemos con toda imparcialidad: La aparentemente extraña e inexplicable ocultación sistemática por Colón y sus familiares del verdadero origen patrio y familiar del primero ¿no estaría plenamente justificado por la posibilidad real de que el Almirante fuera verdaderamente hijo natural de Carlos de Aragón, príncipe de Viana, cuya desventurada historia es de todos conocida y fuera prolijo señalar?... Dicho príncipe era primogénito del Rey Juan II y hermanastro de Fernando el Católico. Conviene a tales efectos recordar que dicho príncipe estuvo recluido en el castillo de Santueri, sito cerca del puerto de Felanitx (Porto Colom) desde el 28 de Agosto de 1459 al 26 de Marzo de 1460, y en tal período conoció íntimamente a Margarita, de la alquería Rossa que se encuentra en las aproximaciones del indicado castillo, naciendo como consecuencia de tales amores un niño, hijo natural de ambos. El siguiente año murió, sospechosamente, el susodicho príncipe, envenenado según algunos para evitar que ocupase el trono que por fuerza le correspondía. Su sucesor en la lucha política que sostenía contra su padre, Juan II, fue Renato de Anjou por los catalanes, quien estableció en Felanitx el centro de sus partidarios.

    De otra parte, cabe suponer que la tan decidida protección y ayuda otorgada por la Reina Isabel a favor de Colón, para el mejor y más pronto desarrollo de sus proyectados planes de nuevas tierras a descubrir, bien pudiera obedecer o estar sentimentalmente justificada por ser hijo, aunque bastardo, del hombre de quien en tiempos pasados fue su primera prometida. Igualmente, parece razonable admitir el que debido a naturales escrúpulos morales y hasta sentimentales familiares, Colón se abstuviera de acudir primeramente a los Reyes Católicos en demanda de la ayuda y protección que precisaba para llevar a cabo sus iluminados proyectos sin antes haber agotado cualquier otro recurso o posibilidad más o menos viable. Pero ante la imposibilidad material de lograr sus altos e incomprendidos propósitos, e impulsando fuertemente por la arrolladora y sana pasión de descubridor que le consumía, se decidió al fin a dar tan contrariado y temido paso, de cuyo positivo resultado todos tenemos muy amplios conocimientos y un gran sentido de reconocimiento y gratitud hacia tan vidente y gran reina: Isabel la Católica.

    Ahora bien, ¿no cabría admitir, fuera de todo prejuicio y pasión, el que una de las condiciones, incluso juramentada, que los Reyes pusiesen a Colón para concederle cuanto solicitaba, fuese precisamente la de continuar ocultando, en todos sus detalles, el verdadero origen de él mismo y demás, lo cual ha constituido y sigue constituyendo hasta hoy las verdaderas incógnitas del Almirante, debido posiblemente a su supuesta y, al parecer, innegable estirpe real?... Cuesta mucho trabajo admitir que los Reyes, sus señores, ignorasen quién era y de dónde venía. Y siendo su respuesta favorable, ¿por qué habían asimismo de ocultarlo sin una superior y responsable razón? A tal respecto, bueno fue recordar que el Descubridor fue debidamente autorizado por los Reyes para cambiar su personal escudo de armas, ya que de no hacerlo así debería llevar el mismo que ostentaba el Rey Fernando, aunque cruzado por la barra de la bastardía. Detalles todos ellos muy dignos de tenerse en cuenta.

    Sólo un muy profundo motivo o causa de tan delicada naturaleza podría encontrar justificado un silencio u ocultación tan hermético y prolongado, tanto por el nauta como por su familia y Reyes Católicos. Ninguna razón que no sea ésta, o muy aproximada, podría encontrar juiciosa solución a los enigmáticos problemas planteados.

    Si bien parece cierto que su hijo Fernando, en diversas ocasiones de encontrarse en situaciones muy apuradas o comprometidas hizo algunas referencias o insinuaciones, no afirmativas, sobre el origen genovés de su padre y familia, debemos interpretarlo, por parecer que está lo suficientemente claro, que ello lo expresó con el único fin de aprovechar toda oportunidad para desviar cualquier "malsano" interés o simple curiosidad de sus interpeladores hacia la Génova italiana. Este, al parecer, ingenioso ardid resultó ser un arma de dos filos o error craso, que fue motivo y fuente que han venido aprovechando en su beneficio todos los defensores genovistas, como también los no muy documentados de ambas nacionalidades. Ellos sostienen esta tesis contra toda verdad, recurriendo a los más dispares razonamientos y artificios que no resisten, por fuerza, el menor análisis, ya que están carentes por completo de todo valor probatorio.

    Se asegura, para mayor abundamiento, que en una ocasión el Almirante afirmó no ser el primero en su familia que ostentaba tal cargo y título. Lo cual es muy fácilmente comprobable.

    En cuanto al carácter religioso y declarada condición católica del Descubridor, cabe señalar que en fechas anteriores a 1492 la practicaba muy asidua e ininterrumpidamente. Hacia 1476, cuando parece que Colón llegó a Lisboa, asistía a los Oficios Divinos en la capilla del convento de todos los Santos, donde residían a la sazón ciertas damas principales. Allí fue, precisamente, donde conoció y trató a una de ellas llamada doña Felipa Moniz de Pallestrello, hija del caballero italiano Bartolomé, altamente distinguido y que había colonizado Puerto-Santo y sido gobernador. Ella fue su primera mujer legal, madre de su legítimo hijo Diego.

    Quede, pues, bien sentado que Colón, con gran vehemencia y fervor católico, siempre hizo mención y trató en lo posible de reconocer públicamente su fe, perpetuando los divinos nombres de Dios, en su Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen en sus distintas y variadas advocaciones y de todos los santos de la Corte Celestial, tanto en las islas de sus sucesivos descubrimientos, como en su íntima mística y de relación con los demás. Es de sobra conocido que durante sus viajes, al atardecer, cantaba juntamente con los demás, todos los días, el Salve Regina o himno de Nuestra Señora.

    ¿Qué más pruebas honradamente se necesitan?... De haber sido judaica su religión, inicial o de origen, o sus verdaderas creencias, ¿cómo podría explicarse tan noble y probado proceder?...

    El Almirante en su último testamento de 1506, entre otras cláusulas, dejó sentado su especial deseo de que fuera erigida una capilla en la isla Española, que Dios -según sus propias palabras- tan maravillosamente le había otorgado. La situaba en la vega y ciudad de la Concepción, donde se dijesen misas diarias por el reposo de su alma, de la de su padre, madre, esposa y de todos los que morían en la fe. En otra cláusula recomienda el cuidado de don Diego a Beatriz Enríquez, madre de su hijo natural Fernando. Hizo constar estar muy arrepentido de no haber formalizado este matrimonio. Sus últimas palabras, antes de morir (el 20 de mayo de 1506) fueron éstas: "In manus tuas, Domine, comiendo spiritum meum".

    Que Colón, en su calidad de Almirante, Virrey de las Indias y gobernador, la erró en algunas ocasiones, ¡qué duda cabe! Ello es fatal condición humana archidemostrada y, como tal, hay que considerarlas, comprenderlas y disculparlas. Más, cosa en verdad curiosa: solamente en ocasión de referirse a tales fallos es considerado el Almirante por genovistas como genuinamente español. Mas, cuando se trata de ponderar la magna obra del Descubridor, entonces es genovés.

    Estos simples aunque bienintencionados razonamientos tienen tan sólo la pretensión de forzar las investigaciones tendentes a resolver definitivamente los tan debatidos problemas o enigmas sobre el verdadero origen patrio y familiar del gran patriota y descubridor Cristóbal Colón, expuestos con el noble fin de evitar en adelante todo equívoco o falsa afirmación de un Colón genovés descubridor de América.



    Luis Schoch y Pereira de Castro
    (Del Patronato "Doce de octubre")

    ABC (Suplemento dominical)
    17 de agosto de 1969




    18.- Luis de Santángel y Mallorca (Primera parte).


    L a familia Santángel fue durante los siglos XV y XVI de las más ricas e influyentes de Aragón. Como otros muchos judíos de Calatayud, Daroca, Fraga y Barbastro, habían abjurado su primitiva fe cuando las prédicas incendiarias de Vicente Ferrer y las terribles persecuciones que las acompañaron. Procedían de Catalayud, una de las más prósperas comunidades hebraicas de Aragón en el siglo XIV, fundada por Azarias Ginillo. Su mujer se obstinó en no abandonar, ni siquiera en apariencia el judaísmo; se casaría en segundas nupcias con Bonafós de la Caballería.


    Azarias Ginillo, posteriormente conocido con el nombre de Luis de Santángel, gozó de gran fama con jurista. Sus hijos Alfonso, Juan y Pedro Martín habitaron en Daroca y recibieron del Rey cartas de gracia y salvoconductos. Eminentes juristas, fueron miembros de las cortes y alcanzaron altos cargos públicos y eclesiásticos. Su hijo Pedro Martín, vendría a ser consejero del Rey Juan II y obispo de Mallorca; uno de los sobrinos de Pedro Martín fue provincial de Aragón. Los Santángel de Zaragoza y Valencia eran los Rothschild de aquellos tiempos. Al frente de la rama valenciana hallamos las figuras del mercader Luis de Santángel el Viejo, en continuas y excelentes relaciones con los Reyes Alfonso V el Magnánimo y Juan II, y su hijo, Luis de Santángel, consejero real de Valencia, el futuro protector de Cristóbal Colon. A él recurría el Rey Fernando siempre que se encontraba en apuros.


    El establecimiento de la nueva Inquisición resultó fatal para los Santángel. Miembros de la familia figuraron entre los principales conjurados contra Pedro de Arbués. Aún hoy se enseña a quienes visitan Zaragoza el lugar de la Catedral, donde fue apuñalado el inquisidor. También, por otra parte, los imponentes edificios de la hermosa plaza del Mercado que, en la época de máximo esplendor de la capital aragonesa, fueron las mansiones de un Luis y un Juan de Santángel. Ya al principio de sus actividades, la Inquisición penitenció e hizo ejecutar a varios Santángel.


    El abuelo de Luis de Santángel, que llevaba el mismo nombre al igual que su padre, era un importante mercader que por conveniencia de sus negocios se trasladó de la villa de Daroca a la ciudad de Valencia. Según consta en el "Llibre dels Aveynaments", se avecindó en la calle llamada "dels Castellvins" o " d'En Joan Boix", ubicada en la parroquia de Santo Tomás. Murió en 1444.


    Sus hijos fueron Luis, Berenguer y Pedro. Luis fue también comerciante y heredero universal de su padre. Casó con Doña Brianda y murió hacia 1476. Hijos de este matrimonio fueron Luis, el más famoso de su linaje, Jaime y Galcerán.


    Luis de Santángel, el famoso escribano de ración de Fernando el Católico, casó con Juana de Taranau, hija de Jaime Taranau, jurista avecindado en Barcelona. Juana tenía un tío materno llamado Berenguer Cervelló. Del matrimonio nacieron una hija, Luisa, que casó con Angel de Villanova, y tres hijos varones: Fernando, Jerónimo y Alfonso.
    Jaime de Santángel casó con Francina de Centelles, de la familia de los Condes de Oliva. Tuvieron un hijo que se llamó Miguel Jerónimo.


    Galcerán de Santángel tuvo tres hijos varones: Jaime Juan, Onofre y Juan. Falleció en 1503.


    Durante los años mozos de Don Luis era Regente del Reino de Valencia Juan II de Aragón, a cuyo servicio estaba su padre, y estaba en Nápoles Alfonso V el Magnánimo, hermano mayor de Don Juan, Rey también de Valencia, lo cual facilitaba el traslado de gente estudiosa a aquella ciudad, convertida en centro de Humanismo.
    El Doctor Bartolomé Font Obrador nos cuenta que "Luis de Santángel fue compañero de estudios del mallorquín Arnau Dezcós, varón sapientísimo, de ilustre familia, educado en Nápoles y célebre lulista, discípulo del maestro Pere Dagui, capellán de honor que fue de los Reyes Católicos y sucesor de éste por designación de los Jurados del Reino, a su muerte acaecida en Sevilla en 1500, en la cátedra de esta Universidad.


    Dezcós estuvo relacionado con Fray Bernat Boil, delegado apostólico en la segunda expedición de Colón a las Indias. Y esto explica como el sapiente canónigo de la Catedral de Mallorca fue uno de los primeros hispanos en tener noticia del Nuevo Mundo, al regresar el religioso confidente de Fernando el Católico. Mallorca sintió como propio el Descubrimiento de América".


    La amistad entre Dezcós y Fray Bernardo Boil dio origen a una serie de por lo menos cincuenta cartas dirigidas por Arnaldo casi todas desde la ciudad de Mallorca.
    "En una de las epístolas, fechada en Valldemossa en septiembre de 1493 -relata el Padre Nicolau-, ruega al Regente Bofill, pues por él ha sabido la noticia, que le diga si Fray Bernardo ha salido ya de Barcelona para ir con la Armada real a las islas últimamente encontradas, o si mudó de propósito. Porque de estar todavía aquí le escribiría inmediatamente.
    Y luego le escribe a Boil que si bien siente la separación, alaba la determinación apostólica que ha tenido de pasar a las Indias, y le anima a trocar el retiro de la celdita anacorética por la predicación evangélica y el martirio, si bien espera que regresará sin novedad.


    Por su parte Fray Bernardo va contestando a su amigo con el afecto que se merece, consolándole en su aflicción familiar. Le agradece los obsequios, los cuales le ruega deje de hacer: le recomienda a su tiempo al cuestor del Monasterio, que pasa a Mallorca: y el 26 de junio de 1488, le cuenta como en Zaragoza ha tenido ocasión de conocer a la reina Isabel, mujer excelentísima, a la cual como a su real marido ha recomendado a dos caballeros mallorquines por quienes Dezcós se interesó.


    Buena parte de esta correspondencia fue rescatada del olvido de los archivos en el siglo XVIII por un erudito mallorquín, Fray Antonio Raimundo Pascual, nacido en la villa de Andratx en 1708.


    Es el mismo Padre Pascual quien contaba más tarde el hallazgo de las cartas de Arnaldo Dezcós del modo siguiente: " Habrá más de veinte años que por mi curiosidad en ver libros antiguos, con la debida licencia entré en la Biblioteca del Cabildo de nuestra catedral de Mallorca y encontré un manuscrito en folio de algún volumen, y viendo que eran cartas y escritos de tiempo antiguo, con el debido permiso me lo llevé, y hallé que era un conjunto de algunas cartas familiares de D. Arnaldo Dezcós y de sus correspondientes, con algunos escritos del mismo Dezcós, que no conocía y sólo por aquella lectura supe quien era, y por mi mano saqué copia de varias cartas y algunos escritos. Sentí que no estuviesen todas sus cartas y de sus amigos, ni todos sus escritos que allí se indican… Parece que sólo eran copias sueltas de algunas. Parece que después de su muerte se juntaron en un volumen que paro, acaso por un hermano suyo, beneficiado de la catedral, en la biblioteca de su Cabildo.
    Me acuerdo que hay una carta a Luis Santángel, secretario (sic) de los Reyes Católicos, de quien había sido Dezcós condiscípulo en Nápoles, y quien fue el más activo promotor de la primera salida de Colón, año 1492, para las Indias Occidentales, suministrando el dinero para equipar las naves con que entonces partió Colón de Palos de Moguer
    ".


    Actualmente, por desgracia, no se halla en el archivo catedralicio la carta de Dezcós a Santángel a que se refería el Padre Pascual, la cual podría constituir un documento precioso sobre la vida de tan famoso personaje.


    En la ponencia titulada "Las Islas Baleares y América y el Descubridor del Nuevo Mundo", presentada en el Congreso Internacional de Estudios Históricos. Las Islas Baleares y América, celebrado en Palma de Mallorca. Enero de 1992, el Doctor Joan Miralles y Monserrat, catedrático de Filología Catalana de la Universidad de las Islas Baleares describe lo siguiente:
    " Luis de Santángel, escribano de ración del Rey Fernando el Católico, que anticipó el grueso principal del primer viaje colombino, aparece en la documentación mallorquina por lo menos desde 1458 a 1465 en relación con diversos mercaderes de la familia Pardo: Luis Pardo (1458-1463), Esclarmonda Pardo, mujer de Joan Bertrán, la gran fortuna mallorquina (1459) y otros mercaderes o ciudadanos, conversos y no conversos: Bartomeu García (1459), Andreu Gasso (1459), Francesc Burguès (1463), Joan Canti (1465), Gabriel Gallart (1465), Pau Pinya (1465), Gaspar Dalmau (1465), Pere de Pau (1458), con sus hermanos, Jaime de Santángel (1465) y Galcerán de Santángel (1463), así como también con Joan Vallseca, uno de los hijos del famoso cartógrafo Gabriel Vallseca (1464-65). Los hermanos, Jaime y Galcerán de Santángel, aparecen, repectivamente, los años 1464-65, 1468, 1469 y 1477 relacionados con diversos mercaderes y ciudadanos, como es ahora, Franci Vallseca, también hijo del cartógrafo Gabriel Vallseca y con otros miembros de la familia Santángel: Alfonso de Santángel (1469-71), Joan de Santángel (1471), Joan de Santángel (1471), Antoni de Santángel (1471), Pedro de Santángel (1478 y 1483), Gaspar de Santángel (1470), también con relación con Juan Vidal, condenado "por hereje" por la Inquisición en 1493. Todavía, a caballo de los dos siglos, encontramos un Jaume Santángel (1491 y 1494) y un Martí de Santángel (1505)".

    Según el cabreo de censales D44, Andreu Massot, mercader, fue curador de Luis de Santángel (1460). Por otra parte, nos consta la relación que había, muy estrecha, entre Joan Vidal y Luis de Santángel (1459). Conviene advertir, en este sentido, que Joan Vidal estaba casado con María de Santángel, hija de Antonio, de Calatayud, y que su padre, Ramón Vidal estaba casado con Blanquina Pardo. Además, el citado Galcerán de Santángel, hermano de Luis de Santángel, el escribano de ración, estaba casado con una Graciosa Pardo, hija de Pere Pardo.


    Sabemos también que un Pedro de Santángel fue Ovispo de Mallorca entre 1465 y 1466. De otra parte, hemos documentado operaciones de corsarismo a cargo de un Santángel, patrón de un ballenero.


    Según la talla citada de 1478, Galcerán de Santángel residía en la parroquia de Santa Cruz, en la isla de Bacó, en la misma isla donde vive Franci Vallseca, hijo del "brujulero" Gabriel Vallseca, y de otros mercaderes, conversos y no conversos, entre los cuales los hijos del mercader Luis Bellviure, los cuales tuvieron relaciones estrechas con los ascendientes familiares del humanista Joan Luis Vives, también de ascendencia hebrea. Galcerán de Santángel había de contribuir a esta talla con una libra. En los otros censos de 1483 y de 1512 no hay rastro de los Santángel como residentes.


    Con relación al mismo tema, el historiador Onofre Vaquer, en su obra '¿Dónde nació Cristóbal Colón?', publicada en Palma de Mallorca, en 1991, relata:
    "El 14-4-1467 se concuerda matrimonio entre Galcerán de Santángel, de Valencia, hijo de Lluis, mercader, y Graciosa, doncella, hija de Pere Pardo, difunto, mercader, que aporta una dote de 2000 libras. Se hace constar que ambos son menores de 25 años y que solicitan dispensa por tercer y cuarto grado de consanguinidad. Los Pardo era la familia de mercaderes más importante de Mallorca, la más activa y la que mayor capital invertía en el comercio marítimo y en seguros. En 1450 Gabriel Pardo aseguraba a Nicolau Centurione, mercader genovés, 1000 libras en un viaje a Pera.


    Los Pardo eran conversos. El 4-1-1466, Joan Bertrán y Lluis Pardo, mercaderes, en contemplación del matrimonio de Graciosa (hija de Pere Pardo, menor, y de Esperanza, difuntos) y de Galcerán de Santángel, menor (Hijo de Lluis, mercader de Valencia), le donan 133 libras y su abuela Graciosa le entrega 100 libras, a la vez que realiza las capitulaciones con Lluis Santángel que realiza una donación a su hijo de 2000 florines. El 17-4-1467 Graciosa nombra procurador a su marido Galcerán para cobrar deudas. El 30-1-1469 Galcerán de Santángel, patrón de nave, aparece como "Civi Maioricarum" y el 22 de abril junto con su esposa compra una esclava. El 14-6-1470 Pere de Plasencia, marinero, nombra procurador a Joan Vallseca, mercader, para cobrar 17 libras que se le adeuda de sueldo de la nave de Galcerán de Santángel, y el 27 del mismo mes Pere Martí recibe de Joan Vallseca, mercader, 23 libras adjudicadas por la barca alquilada a Galcerán de Santángel,. El 28-7-1470 Galcerán de Santángel, mercader, " Civis Maioricarum", señor y patrón del ballenero Santa Bárbara, reconoce una deuda por unas telas a Manuel Pardo, y en 1473 como heredero de su difunta esposa Graciosa tenía una causa con Daniel y Pere Pardo.


    En 1466 Joan de Santángel, y sus socios Pere de Sanct Joan, caballero, Pere Pardo, caballero, y Joan Vidal, mercader, arrendaban los derechos del Obispo durante 3 años, y para obtener autorización papal intercede a Gaspar y Pere Bertrán, doctores en la Curia romana. En 1467 Pere de Sanct Joan, Perot Pardo y Joan Vidal nombran procurador a Joan de Santángel de Zaragoza, quien en 1468 era testigo en Mallorca de un protocolo. En 1466 se trató matrimonio entre María, hija de Antoni de Santángel, habitador de Calatayud, y Joan Vidal, mercader de Mallorca, hijo de Ramón, difunto, que nombró procurador a Perot Pardo. En 1469 hallamos en Mallorca a Alfons de Santángel, mercader de Valencia. En 1470 Gaspar de Santángel, residente en Mallorca, pretendía la rectoría de Manacor pero el rey prefería a otro candidato. En 1472 en aguas de Baleares, Luis de Santángel, mayor, maestro racional, arrendador de los derechos reales de la ciudad de Valencia, fue expoliado por corsarios genoveses. En 1470 el mismísimo Luis de Santángel que financió el primer viaje de Colón residía en Mallorca. El 17-11-1470 Luis de Santángel, menor, mercader de Valencia, residente en Mallorca, teniendo en cuenta que Luis Pardo, mayor, mercader, era acreedor de su hermano Galcerán, acuerdan someterse al arbitraje de Ramón de Moya y Joan Bertrán, mercaderes de la ciudad de Mallorca, siendo testigo Joan Valseca. El 21-11-1470 Lluis de Santángel, menor, mercader de Valencia ahora residente en Mallorca, nombra a Gabriel Plegamans, mercader, por patrón de su ballenero para ir a Sicilia. También hallamos en Mallorca a Gabriel Sánchez".


    Durante los siglos XV y XVI la antigua alquería de Son Pardo, ubicada junto a la carretera de Sóller y la vía de cintura de Palma, fue propiedad de la revelante familia Pardo, de la cual tomó su nombre, hecho que posibilita que Luis de Santángel, durante su estancia en Mallorca, quizás residió en ella por espacio de algún tiempo. En 1706 era del señor Joan Sureda, caballero de la Orden de Alcántara y gentilhombre del Archiduque Carlos de Austria. Hacia una renta anual de 325 libras. Actualmente parte de ella es propiedad del Consell Insular de Mallorca y en sus terrenos se halla instalado el Hipódromo de Son Pardo. Las casas de la antigua alquería, situadas entre la vía de cintura y el hipódromo son una importante muestra de la arquitectura señorial.


    A la sazón una de las entradas más sustanciosas con que contaba en el Reino de Valencia la Real Hacienda era el monopolio de la Sal, cuya venta y exportación, por este mismo motivo, se reservaba el Rey celosamente. La fabricación de dicha mercancía se realizaba especialmente en las Salinas de La Mata, desde donde era embarcada para el extranjero, en gran parte para los Estados de Italia.


    Los Santángel fueron por más de medio siglo arrendadores de parte o de la totalidad de aquella exportación, a partir por lo menos de 1465.

    El lunes 14 de Octubre de aquel año. Luis de Santángel (padre) vendía a Jacobo Miani, mercader veneciano, doscientos cahices de sal procedente de dichas salinas a razón de tres sueldos el cahiz. El mismo Santángel entregaría la mercancía en Tarragona transportándola en una carabela de su propiedad de la cual era patrón Jaime Tárraga, cobrándose desde luego los fletes que el veneciano debía pagarle en las veinticuatro horas después de echada la primera áncora. Una vez acabado el negocio. Miani quedó en deuda de setenta libras que prometió abonar en el plazo de un mes.


    En 1471 ya toma parte en el arriendo de la sal Luis de Santángel, el futuro escribano de ración, menor de edad. Por cierto no aparece al lado de su padre sino asociado con el doctor en leyes, Jaime Rossell.


    Poco antes de su fallecimiento en 1476. Luis de Santángel (padre), dejó en su testamento heredero universal a su hijo primogénito Luis, y al segundo, jaime, le legaba 50.000 sueldos que se le harían efectivos el 20 de mayo de 1483 ante el notario Bernardo Dassio.


    El primogénito Don Luis, se hizo cargo inmediatamente de todo el activo y el pasivo de su padre. El 12 de septiembre de 1477, ya consta en un documento extendido por el notario Jaime Salvador como Luis de Santángel, mercader, ciudadano de Valencia, heredero universal de todos los bienes y derechos que fueron del honorable Luis de Santángel, difunto, padre suyo, mercader de la dicha ciudad, según consta de dicha herencia por su último testamento recibido por el discreto Jaime Carnicer el segundo día del mes de septiembre del año del nacimiento del señor 1476 y publicado por el mismo notario el día séptimo de noviembre del mismo año, nombraba al magnífico Guillermo de Pasa, florentino, ausente, para exigir a Pedro de Juan Vespucchi, militar florentino cuales quiera cantidades en dinero, telas y mercancías que le debiera al difunto.


    Con relación al impuesto de los derechos de la sal, el 5 de septiembre de 1476 el Rey Juan Ii, como consecuencia de una reclamación, no sabemos si de Luis de Santángel padre o de su hijo, le había escrito al Baile General Honorato Berenguer haberse enterado que en días pasados tocaron en el Grao dos naves de genoveses, una de ellas llamada "La Grimalda", y que por más que de los guardas de los derechos le exigieron el pago, las naves zarparon sin abonarlo.

    Por ser flagrante transgresión de una pragmática dada ya por el rey Martín en 1404 para los navegantes que traficaban entre la costa valenciana, las islas de Ibiza y de Mallorca y las tierras catalanas, dichos genoveses no pueden excusarse de pagar el impuesto de lezda, por lo que, a súplica del arrendador, manda el Rey que se proceda a la ejecución de los genoveses residentes en Valencia, y como corre la voz de que "La Grimalda" va a tomar tierra en el Grao, no permita el Baile General que lo haga sin que se paguen antes los derechos reales.


    En 1479, se entabló un pleito entre Luis de Santángel y unos mercaderes genoveses llamados Nicolás y Juan Antonio Berniçons a propósito de ciertos impuestos que aquel había exigido y que los mercaderes habían tenido que satisfacer.


    A principios del año siguiente, 1480, hay una disputa entre Don Luis y los mercaderes genoveses residentes en Valencia con ocasión de otro pleito que se llevó entre ambas partes. Por fin, el día 4 de Enero se llega a un acuerdo.


    Hasta que se cubran unos gastos que pretende Santángel están pendientes, dichos mercaderes abonaran un dinero por libra sobre todas las mercancías que han entrado en la presente jornada y las que luego irán entrando procedentes de Lombardía. Sobre las que entrarán desde Génova, se pagará una malla, o sea medio dinero por libra. El 1 de febrero, una comisión formada por Francisco Garroto, Francisco Gentil y Juan Antonio Berniço asegura que ya el asunto está liquidado por cuanto éste último abonó las cuarenta y cinco libras que importaron las costas del pleito.


    José Nicolau en su libro "Luis de Santangel y su familia", publicado por el Consell Insular de Mallorca en 1992, cuenta que "el 3 de junio de 1481, comparecían ante el Baile General, Berenguer Mercader, D. Luis Sanchiz, tesorero real y D. Luis Santángel al objeto de presentarle una provisión de Su Majestad escrita sobre papel, firmada por su real mano y avalada con un sello rojo al dorso.


    Estaba fechado el documento en Toledo el 12 de mayo del año anterior y recordaba lo que el 14 de agosto de 1479 se había prescrito desde Zaragoza: que los géneros procedentes de Lombardía debía abonar el peaje, y los demás derechos establecidos, pero que quedaban así ya exentos del impuesto sobre venta acostumbrado en la ciudad de Valencia.


    Aquella carta real venía a propósito de haberse enterado Su Majestad de la cantidad de fraudes que se cometían en el pago de impuestos, pues se hacían pasar por mercaderías lombardas otras llegadas de mil procedencias diversas, por ejemplo parte de las telas y trigos que los genoveses traían de las otras regiones de Italia, de las tierras del duque de Saboya, del rey de Francia y del Duque de Borgoña, país de donde se importaba multitud de géneros.


    Esquivaban los impuestos especialmente los alumbres procedentes de las tierras del Papa, toda la extensa gama de papel que se fabricaba en Génova y su ribera, los "pastells" tártaros, toda clase de mercería, aceros, arneses y cualquiera otros tejidos de oro y seda.


    Para cortar semejantes abusos ha resuelto y manda el rey que tanto los genoveses como los otros mercaderes que introduzcan dichos géneros deberán abonar íntegramente a Luis de Santángel, como arrendador que es de aquellos derechos, los impuestos señalados.


    Como primera medida para llevar a cabo esta disposición, convocó el Baile General a una comisión de mercaderes genoveses y les entero del contenido de la carta. Los mercaderes, sorprendidos, pidieron copia de la orden y se retiraron a deliberar lo que les convendría hacer.


    "Hemos sabido -le decía al Baile General al rey desde Barcelona el 20 de agosto de este año- que en días anteriores dos trirremes de genoveses apresaron y se llevaron naves de súbditos nuestros cargadas de bienes y personas en la Playa de Valencia, e incendiaron lo que no pudieron llevarse. Ante la petición de Bernardo Vilanova, Nicolás Marqués, y otros mercaderes, cuya petición nos parece digna y justa, el Baile General se informará de los daños y se apoderará de los bienes de genoveses poniéndolos a pública subasta hasta compensar los daños causados por dichas naves".


    La subida al trono de Aragón del príncipe Fernando, a quien en 1494 el Papa concedería el título de Católico, no entibió sino que al contrario reforzó las relaciones de los Santángel con la Corona. Seguramente ya se conocían y se habían tratado desde mucho antes, y tenía D. Fernando muchos motivos para retener a su lado a los vástagos del fiel colaborador de su padre.


    Continuará.


    Gabriel Verd Martorell
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.


    19.- Luis de Santángel y Mallorca (Segunda Parte).


    ... Prueba de ello es que a los pocos meses de iniciar su reinado, el 12 de mayo del mismo año 1479, el rey, "en vista de la probada industria, fidelidad y moderación de Luis de Santángel" , le concede el nombramiento de una de las alcaldías de la Ceca de la Moneda de Valencia, cargo que desempeñará a beneplácito de Su Majestad. Y durante su primera visita como monarca a la Ciudad del Turia, a su hermano Jaime le agraciaba con otro empleo de mucho mayor categoría, honor y beneficio: el de escribano en la curia de Bailia General.


    Entre el rey y sus consejeros de Hacienda, los Santángel, hay un continuo intercambio de favores. Algo así como una cuenta corriente común a la cual cada uno aporta y de la cual cada uno puede disponer según las circunstancias que se presentan. Siempre que haga falta, D. Fernando podía contar con la ayuda económica que precise, y siempre que convenga, apoyará con una carta ejecutoria las atribuciones concedidas a sus fieles y serviciales súbditos.


    En momentos de apuro económico, que luego no tendría reparo en confesar, Fernando el Católico ordenó a Luis de Santángel que de los cien mil sueldos que debía pagar anualmente a Bailia General por el peaje y otros derechos que tenía en arriendo, retirara treinta mil para entregárselos al rey.


    D. Luis hubo de advertirle respetuosamente que no estaba en su mano hacerlo a causa de los compromisos heredados de los reyes Alfonso y Juan, tío y padre respectivamente de Su Majestad, y además por la oposición que presentaban los Jurados y la Ciudad de Valencia a dicha desviación, sin embargo, el rey insistió, y D. Luis obedeció sumisamente.


    Pasadas aquellas estrecheces, el 17 de agosto de 1479, desde Zaragoza, escribía D. Fernando a Santángel, y haciendo memoria de lo pasado, le mandaba que devolvería a Bailia General los treinta mil sueldos de referencia, quedando así a cubierto de toda acusación.


    Luis de Santángel fue nombrado escribano de ración el 13 de septiembre de 1481. Su función principal en la Corte del Rey Fernando era la financiera; prestar dinero al Monarca, que este después le devolvería con cargo a diversas rentas.


    En los primeros meses del año siguiente 1482, un marino vizcaíno, Jaime de Bermeo había apelado por segunda vez al rey con motivo de un atropello sufrido de otro marino llamado Luis Peixó natural de Niza. El 13 de mayo, Don Fernando se dirigía a mossén Honorat Berenguer Mercader, Baile General de Valencia y al escribano de ración Luis de Santángel, que estaría entonces en aquella ciudad, mandándoles que procedieran inmediatamente a la incautación de la nave de Peixó y de la del bermeano, que éste había tomado por asalto.


    El 8 de julio de 1485, Luis de Santángel firma un visado bajo una misiva del Rey despachada en Córdoba. El 13 de enero del año siguiente anda por tierras de Castilla en el séquito real, y desde Alcalá de Henares, ante el venerable Luis Orti, notario de la Corte, nombra procurador a Antonio Gil para entregar al magnífico Pedro Exarch y a su mujer Yolanda ciento sesenta mil sueldos de censo que Don Luis ha comprado, y cuya entrega se efectuará el diez de febrero del año siguiente.


    El 12 de noviembre de 1489, es Don Jaime de Santángel quien pone el visado bajo un documento real en el campamento contra Baza. En diciembre del mismo año, Don Luis presenta a los Jurados de Valencia la corona del Rey Fernando, y el 14 de julio del año siguiente, él mismo vuelve a dar el visto bueno en Córdoba a una carta real que va a salir.


    El 20 de enero de 1486 Cristóbal Colón se presentó ante los Reyes Católicos en Córdoba, lugar donde por primera vez, muy posiblemente conoció a Luis de Santángel, personaje de la máxima importancia en la saga colombina.


    El 17 de julio de 1491, el escribano de ración tuvo que comparecer ante el tribunal eclesiástico, acusado de judaizante. El Rey, sin embargo, consiguió salvarlo de la condena. A su vez, le debía su posición, su prestigio, e incluso la vida: de no haberle sacado Don Fernando de las garras de la Inquisición, no habría corrido mejor suerte que tantos de sus parientes.


    Luis de Santángel, particularmente, fue denunciado a la Inquisición repetidas veces por cortesanos que envidiaban su preeminencia. El Rey le consideraba imprescindible y siempre intervino para salvaguardarlo. El 30 de mayo de 1497 obtuvo de Isabel y Fernando, un privilegio excepcional: estatutos de limpieza de sangre. Así, pese a sus orígenes, ni él ni sus descendientes podrían ser llevados en adelante a los tribunales del Santo Oficio.


    De todos es bien conocida la eficaz ayuda que prestó Luis de Santángel, al Descubrimiento del Nuevo Mundo. Su brillante intervención en pro de su amigo Cristóbal Colón, hizo que el primer viaje se pudiera llevar a cabo. De su fortuna personal, y sin intereses, anticipó 1.140.000 maravedis, de la cantidad que los Reyes tenían que aportar a la empresa para armar la flota expedicionaria. En el Archivo de Simancas se conservan los originales de sus libros de cuentas, donde consta que el préstamo no se canceló sino al cabo de mucho tiempo con rentas castellanas, forma de reintegro que se adoptó siguiendo la línea marcada por los Monarcas de excluir a la Corona aragonesa de toda participación en los asuntos relativos al Nuevo Mundo.


    Con relación a este asunto, Fernando Colón, hijo del Descubridor, en la obra 'Vida del Almirante Don Cristóbal Colón', relata: "Ya entrado el mes de enero de 1492, el mismo día que el Almirante salió de Santa Fe, entre aquellos a quienes disgustaba su partida, Luis de Santángel, anheloso de algún remedio, se fue a presentar a la reina, y con palabras que el deseo le sugería para persuadirla, y a la vez reprenderla, le dijo que se maravillaba mucho de ver que siendo siempre Su Alteza de ánimo pronto para todo negocio grave e importante, le faltase ahora para emprender cosa en la que tan poco se aventuraba, y de la que tanto servicio a Dios y a exaltación de su Iglesia podía resultar, no sin grandísimo acrecentamiento y gloria de sus reinos y señoríos; y tal, finalmente, que si algún otro príncipe la consiguiera, como lo ofrecía el Almirante, estaba claro el daño que a su estado se seguiría; y que, en tal caso, seria gravemente reprendida con justa causa por sus amigos y servidores, y censurada por sus enemigos. Por lo cual todos dirían después que tenía bien merecida tanta desventura; y que ella misma se dolería y sus sucesores sentirían justa pena. Por consiguiente, puesto que el negocio parecía tener buen fundamento, y el Almirante, que lo proponía, era hombre de buen juicio y de saber, y no pedía otro premio sino de aquello que hallase, y estaba dispuesto a contribuir a una parte de los gastos y aventuraba su persona, no debía Su Alteza estimar la cosa tan imposible como le decían los letrados. Y que lo que ellos decían de que sería cosa censurable haber contribuido a semejante empresa en el caso de que no resultase tan bien como proponía el Almirante, era vanidad. Antes bien que él era de parecer contrario al de ellos y que creía que más bien serían juzgados como príncipes magnánimos y generosos por haber intentado conocer las grandezas y secretos del universo. Lo cual habían hecho otros reyes y señores, y se les había atribuido como gran alabanza. Pero aunque fuese tan dudoso el resultado, para salir de tal duda estaba bien empleada cualquier gran suma de oro. Además de que el Almirante no pedía más que dos mil quinientos escudos para preparar la armada; y también para que no se dijese que la detenía el miedo de tan poco gasto, no debía en modo alguno abandonar aquella empresa.
    A cuyas palabras, la Reina Católica, conociendo el buen deseo de Santángel, respondió dándole gracias por su buen consejo, y diciendo que era gustosa de aceptarlo a condición de que se retrasara la ejecución hasta que respirase algo de los trabajos de aquella guerra. Y aunque a él le pareciese otra cosa, estaba dispuesta a que sobre las joyas de su cámara se buscase prestada la cantidad de dinero necesaria para hacer tal armada. Pero Santángel, visto el favor que le hacía la reina al aceptar por consejo suyo lo que había rechazado por el de otros, respondió que no era menester empeñar las joyas, porque él haría pequeño servicio a Su Alteza prestándole de su dinero. Con tal resolución, la reina envió en el acto a un alguacil de corte por la posta, para hacer regresar al Almirante.
    El alguacil lo encontró cerca del puente de Pinos, que dista dos leguas de Granada, y aunque el Almirante se doliese de las dilaciones y dificultades que había encontrado en su empresa, informado de la determinación y voluntad de la Reina, regresó a Santa Fe, donde fue bien acogido por los Reyes Católicos; y luego fue encargada su capitulación y expedición al secretario Juan de Coloma, quien de orden de sus Altezas y con su real firma y sello le concedió y consignó todas las capitulaciones y cláusulas que según arriba dijimos había demandado, sin que se quitase ni mudase cosa alguna".



    La noticia de haber sido descubiertas tierras a Occidente del Océano se extendió por todas partes, no sólo en España y Portugal, que eran los países directamente interesados, sino en toda la Europa de entonces.


    El primer transmisor de tan estupendas novedades fue el propio Almirante. Ya en el regreso del primer viaje, estando todavía en la mar, preparó varias cartas de las que conocemos dos: la enviada a Luis de Santángel, (con la que iba otra para los Reyes, que se ha perdido), y la dirigida a Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón, casado con una hija de Luis de Santángel de Zaragoza. Ambas son prácticamente iguales; Harrisse opina que la primitiva es la enviada a Gabriel Sánchez, y que la de Santángel es un duplicado. Pero el texto impreso que se hizo famoso es, según consta al final, el dirigido a Santángel, el Escribano de Ración.


    "La Carta de Colón" es el documento más importante de la Historia Universal. Es a la vez como refiere Carlos Sanz en la publicación "La Carta De Colón, anunciado el Descubrimiento del Nuevo Mundo, 15 febrero - 14 marzo 1493", el primer documento impreso referente a la Historia de América, puesto que trata de su propio descubrimiento. En su corto número de páginas se manifiesta la realidad de un suceso extraordinario: "La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió…" (López de Gómara: Historia de Indias).


    Tiene la virtud este venerable mensaje, el primer noticiario en lengua castellana, escrito en el Nuevo Mundo y que circuló por Europa, de dar gloria a Dios y honra a España. Además enfervoriza a nuestros amigos y mitiga la malquerencia de los adversarios. Tal es su nobleza y el provecho que toda la humanidad recibe de su conocimiento.


    En la mencionada carta a Luis de Santángel, fechada a 15 de febrero de 1493, el Almirante decía: "Señor, porque sé que habréis placer de la grand victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viage, vos escribo esta, por la cual sabéis como en treinta y tres días pasé a las Indias, con la armada que los Ilustrísimos Rey e Reina nuestros señores me dieron donde yo fallé muy muchas Islas pobladas con gente sin número, y dellas todas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho. …La cristiandad debe tomar alegría y facer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad, con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra Santa Fe, y después por los bienes temporales que no solamente a la España, más a todos los cristianos ternan".


    De la carta a Santángel se hizo una primera impresión ya el 29 de Abril de 1493, en Barcelona, en los talleres de Pedro Posa; de ella el único ejemplar conocido está en la New York Public Library. Hubo luego una serie de ediciones extranjeras, de las que se habla a continuación. Y en castellano fue impresa por segunda vez en Valladolid en 1497; de esta segunda edición castellana hay otro ejemplar en la Biblioteca Ambrosiana de Milán.


    En la propia primavera de 1493, el aragonés Leandro Cosco traducía la epístola al latín y la imprimía en Roma, con un título que se haría famoso: "De Inslulis supra Gangem nuper Inventis". En los últimos meses de 1493 y primeros de 1494 se hicieron hasta nueve ediciones del texto latino en Roma, París, Amberes y Basilea.
    En Italia, la traducción de Cosco dio origen a un poema de Giuliano Dati, de Florencia, hecho en 1493.


    Alemania tuvo de la mencionada carta una traducción germánica hecha en Estrasburgo en 1497.


    Entre finales del pasado siglo y principios del presente se estudió a fondo la Biblioteca Colombina de Sevilla, que perteneció a Fernando Colón. Se revisaron los catálogos que había hecho el propio hijo del Almirante, y en uno de ellos llamado "Abecedarium", por registrarse las obras por orden alfabético, figura la famosa anotación ya citada por Henry Harrisse en "Biblioteca Americana Vetustísima. Adition-París, 1872, pág. XII", referente a varias ediciones de la Carta de Colón, entre las que se cuenta la: "Letra enviada al escriva de ració a 1493", en catalán.


    El peruano Luis Olloa cuenta que Fernando "iba anotando, día a día, en cuadernos especiales, las adquisiciones de libros que hacía o las donaciones que recibía, indicando siempre lugar, fecha, coste, vendedor o donante. Pero, y esto es una circunstancia notable, hay libros inscritos en los cuadernos que no llevan estas indicaciones complementarias: se ha comprobado que son los libros heredados por Fernando de su padre y de sus tíos".


    En el "Abecedarium" solamente se lee esta inscripción, auténticamente autógrafa de Fernando Colón: "Cristoforo Colon. -Letra enviada al escriva de ració. 1493. En catalán. 4643". En el lugar no hay ni la fecha de adquisición, ni el precio.


    La versión catalana de tan famosa Carta ha sido muy discutida, por no conocerse ejemplar alguno de la misma. Todos los ejemplares de esta edición han desaparecido, absolutamente todos. ¿Quién lo destruyó? ¿Por qué? ¿Razón del Estado?


    La indicación que se hace de la versión alemana, impresa en Estrasburgo por Bartolomess Kuestler en 1497, de haber sido traducida en latín y del catalán, es otro testimonio que confirma la existencia de dicha carta, cuyo original Fernando debió heredar de su padre.


    Sobre este mismo asunto, el investigador catalán José Porter en su obra "Los Libros", manifiesta: "Al regreso de su primer viaje, Colón, escribe una carta en que relata su descubrimiento, y, ¿a quién la dirige? Su relación va dirigida a Luis de Santángel, quien, con el préstamo de su dinero, hizo posible la empresa. Y si se dirigía a Santángel cuyo lenguaje como valenciano era el suyo propio, ¿qué lenguaje había de utilizar sino el catalán, que les era común? Fue, pues, indudablemente en catalán que el Almirante se dirige a Santángel. Y hace más. Después de tantas amarguras, ante su triunfo, se siente seguro, y desprendiéndose de los temores que hasta entonces han atenazado su ánimo, firma la relación a Santángel con su verdadero nombre: COLOM. No firma Colombo, ni Colomo, ni Colón: firma Colom, y de la misma forma aparece su nombre en la mayoría de las 17 ediciones del texto original y de las traducciones que de la carta se publican en el siglo XV en Europa, incluidas tres de las ediciones impresas en la propia Italia".


    Otro dato a tomar en consideración es que tanto el testamento de Juana Taranau, otorgado el día veinte de junio de1496 ante el notario D. Bernardo Dassio, como el de su esposo Luis de Santángel, otorgado el 19 de diciembre de 1497, ante el mismo notario que su mujer, está escrito en catalán, hecho que prueba que de forma habitual ambos se expresaban en la citada lengua.


    El testamento del Escribano de Ración causa cierta decepción al no hallar en él rastro del tema que más nos interesa. Para nada se menciona en él la gran gesta de Don Luis: el Descubrimiento. Al igual que tantos otros documentos que de él nos quedan, el testamento hace caso omiso de aquel hecho tan singular. En dicho testamento nombra albacea a Gabriel Sánchez, tesorero general de Su Majestad y vocal de su Consejo.


    Luis de Santángel nació poco antes de 1440 y falleció en el mes de febrero de 1498.


    La razón por la cual Luis de Santángel fue partidario de los proyectos de Colón como por las facilidades económicas que brindó para costear los mismos hay que buscarla en que sabía que el futuro Descubridor, "hombre de buen juicio y de saber", no era genovés, sino hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana y de la mallorquina Margarita Colom.


    Don Luis estudió en Nápoles, lugar donde se estableció en 1457 el Príncipe Carlos, tras huir de Navarra en busca de la protección de su tío el Rey Alfonso V el Magnánimo. Allí le conoció personalmente.


    Posteriormente, como hemos mencionado en este artículo, tanto él como Gabriel Sánchez residieron en Mallorca, la tierra que vio nacer en 1460 al célebre navegante Cristóbal Colón.


    Ante la proximidad de la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, algunos fogosos historiadores italianos, respaldados por las inversiones millonarias y el despilfarro de algunos miembros del Gobierno que presidió el fugitivo socialista italiano Bettino Craxi, no satisfechos con todos los documentos falsos que sostienen la tesis genovesa, y de los que hablaremos en sucesivos artículos, han aprovechado la ocasión para darnos gato por liebre.
    Divulgado por Europa Press, desde Roma, el 31 de julio de 1990, el periódico "Ultima Hora" de Palma de Mallorca, publicó el siguiente artículo:
    "Un historiador italiano afirma que el viaje de Colón lo financió el Papa".


    La financiación del primer viaje de Cristóbal Colón a América corrió a cargo del Papa Inocencio VIII, por lo que la figura de los Reyes Católicos en este episodio sería secundaria, según afirma el historiador italiano Ruggero Marino en una serie de artículos publicados en el diario romano "Il Tempo".
    La tesis de Marino es que en el transcurso de los siglos se ha tejido una especie de complot para silenciar no solo este hecho sino la misma existencia del Papa genovés Inocencio VIII. Esa intriga habría sido facilitada, en beneficio de los intereses españoles, por el Papa siguiente, el español Rodrigo de Borgia, que gobernó con el nombre de Alejandro VI.


    Marino afirma que en el archivo secreto Vaticano existen documentos que prueban la financiación de la Iglesia, y en concreto del Papa Inocencio, del primer viaje de Colón. Un periodista e investigador, Memmo Caporilli, asegura haber visto documentos en ese sentido hace 30 años, cuando trabajó en el archivo con motivo de la redacción de un libro sobre la historia de los Papas. Según parece, el historiador Taviani, el mayor experto italiano sobre Colón, ha cursado ya una solicitud para poder examinar esta documentación.


    Cabe puntualizar que el señor Taviani ocupó el cargo de Presidente de la Comisión para la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América por Cristóforo Colombo de Italia. Y en una de sus publicaciones estima que "nadie que tenga rigor científico, sostiene ya la tesis del Colón español; nadie, ni siquiera entre los historiadores hispánicos".


    Cabe recordar a todos estos historiadores que actúan con evidente parcialidad e incluso de mala fe, que la Historia es la verdad del pasado, y en ella no vale lo que se afirma, sino lo que se demuestra. Y si nos atenemos a lo que relatan Fray Bartolomé de las Casas en la "Historia de las Indias", Fernando Colón en "Vida del Almirane Don Cristóbal Colón" y Francisco López de Gómara en "Historia General de las Indias", Luis de Santángel y no el Papa genovés Inocencio VIII fue quien financió el primer viaje de Colón.


    Gabriel Verd Martorell
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.


    20.- Renato de Anjou, rey de Provenza: su relación con los conflictos de Mallorca en el siglo XV.


    Muy importante fue la rebelión popular - campesina iniciada en Mallorca en 1450. Este acontecimiento político - social está relacionado, indudablemente, con otros hechos similares que le precedieron en 1391, o que le sucedieron en 1520, éste último conocido como la rebelión de las "Germanías".


    Los tres conflictos tuvieron las mismas causas y un desarrollo similar: los tres tuvieron el mismo fin. Acabaron con la derrota de los alzados habida cuenta, que en aquellos tiempos lejanos, levantarse contra la clase dominante, siempre apoyada por el Poder, nunca concluyó en victoria.


    Ha sido posible tener cabal conocimiento de estos sucesos gracias a la gran aportación hecha por José María Quadrado en su obra "Forenses y Ciudadanos" publicada en Mallorca, en 1895.


    Para los sectores sociales más desposeídos cada vez resultaba más amargo y difícil subsistir. La ciudad estaba poblada por opulentos mercaderes y familias ricas, así como por propietarios de cuantiosos bienes rurales. La población forense (los de fuera) estaba constituida principalmente por jornaleros así como también siervos adscritos a la tierra.


    Otra institución que ayudaba a consolidar las desigualdades y las injusticias sociales en esa época era la de los Jurados de la ciudad, que en vez de ayudar a los más débiles, defendían los intereses de los opulentos en todas las controversias. Para colmo de males, los diputados forenses formaban sólo un tercio del Consejo General. La Corte favorecía con toda naturalidad e indisimulo a los ciudadanos, fomentando la explotación y la miseria de la "part forana", caldo de cultivo para las discordias.
    Contaba para entonces Mallorca con dos fuentes de riqueza que se destacaban nítidamente sobre otras: la mercantil y la agrícola. La manufacturación de la lana producía una superexplotación de los forenses, que pese a trabajar denodadamente, por las relaciones del intercambio comercial, se veían cada vez más explotados. Tan profundos eran los problemas de aquellas gentes como sus disgustos. Hacia 1380 la población de la "part forana" se unificó en cuadrillas contra los "administradores", y se concentró en la villa de Sineu.


    Para el año 1438, el poder se encontraba en dura disputa entre dos familias rivales: los Descatlars y los Suredas.


    A finales del siglo XIV el campesinado era objeto de varias formas nefastas de expoliación: por un lado debía a los judíos cuantiosas sumas por las que pagaba intereses leoninos y por la otra la administración del Gobierno le agobiaba con impuestos. Todo esto hacía sentir en el ambiente una enorme presión. El asalto a la capital estaba "a la vuelta de la esquina" por así decirlo.


    Corría el caluroso Agosto de 1391, cuando gobernaba Sagarriga, se produjo el anunciado levantamiento campesino: Unos seis o siete mil hombres armados tomaron posición en las afueras de la plaza de San Antonio, en la capital. Posteriormente sitiaron el Castillo de Bellver, donde muchos ciudadanos habían buscado refugio, con intención de incendiarlo, pero, al no conseguir sus propósitos, regresaron a la ciudad llevando la revuelta a la judería, en el barrio de la Calatrava (Call), donde más de trescientos judíos fueron masacrados entre grandes destrozos. Es durante este conflicto cuando el cartógrafo Jafuda Cresques se convierte al Catolicismo, optando el nombre de Jaume Ribes, actitud seguida por otros muchos hebreos, seguramente para salvar vidas y haciendas.


    Con posterioridad a estos acontecimientos los campesinos fueron cargados con más impuestos, creciendo el antagonismo entre ciudadanos y forenses. Los años transcurrían y la inquietud fermentaba, no sólo en Mallorca, sino también en otros puntos del continente. Para la mitad del siglo XV, habían corrido ya veinticinco años desde que empezara a gobernar Mallorca Berenguer de Olms, procedente del Rosellón. La administración de Olms había sido tachada por los ciudadanos e isleños en general como de "perjudicial y odiosa".


    El 7 de Febrero de 1450 presentó como Procurador a su amigo Jaime Cadell, como viceasesor a Bartolomé Albertí y a Juan Armadans en el cargo de Fiscal. B. Albertí era un hombre áspero, de condición y carácter rencoroso, procedía de familia forense trasladada a la ciudad y estaba casado con Leonor Bordils cuyo enlace le hizo dueño de ricas viñas en Inca, la segunda ciudad de la isla, además de una mansión, la más suntuosa que existía fuera de los muros de Palma. Albertí irritaba con su conducta, ya que cobraba escandalosos honorarios en las causas que juzgaba, suscitando odios entre los campesinos. Sus hermanos y primos habían figurado activamente en las disputas del gobierno, obteniendo óptimos empleos (nepotismo). Juan Albertí, pariente de Bartolomé, se convirtió en el principal amigo de Descatlar, muy relacionado con la Corte Real, en la que desempeñaba entonces el cargo de Procurador Real.


    Eran tiempos, a su vez, de relaciones no cordiales entre el clero y la Municipalidad de Mallorca. Un buen día de verano soleado, terminadas sus tareas de siega, los campesinos se concentraron y marcharon hacia Inca. El 25 de Julio de 1450 rodearon la parroquia unos seis mil hombres. Al pie de la iglesia se situaba una rica viña, propiedad del viceasesor Albertí. La muchedumbre enardecida la destruyó por completo. Más tarde se trasladaron a la casa de Albertí y se apoderaron de todos los alimentos y de cinco caballerías que encontraron en ella. El levantamiento popular, de cariz insurreccional, había comenzado.


    El lunes 27 la capital cerró sus puertas, hacía sólo sesenta años que la población palmesana había sufrido parecidos estragos. Los ricos temblaban por sus bienes; los gobernantes, desprevenidos, no atinaban respuesta. Los amotinados se habían desplazado desde Inca a la ciudad, acampando en los huertos de la Real cortando el agua que desde Sa Front de la villa abastecía Palma.


    Otro hecho muy importante vino a sumarse a la situación. El artesanado urbano hacía causa común con los campesinos payeses. Como líder del motín estaba Simon Ballester, hijo de un labrador de Manacor. A su lado se hallaban Jaime Nicolau, de Inca, Esteban Font, de Muro, Bartolomé Moner, de Campos y otros varios. Los amotinados requerían su propia justicia: desposeimiento, saqueo de los bienes de los ricos, matanza general, la muerte de los gobernantes.


    En aquel hervor de pasiones, en aquella anarquía concurrida de ideas y sentimientos, algunos pensaban en transferir el trono a otro dueño. Fue entonces cuando entre ciertas facciones de los amotinados comenzó a circular el nombre de Renato de Anjou. Fue precisamente frente al portal de Santa Fe donde Andrés Soliveres soltó el prematuro grito de ¡Viva Renato de Anjou!.


    El ofrecimiento formal del trono le fue hecho a Don Renato dieciséis años más tarde (1466) por los catalanes, cuando las autoridades del principado renunciaron públicamente a la fidelidad al Rey Juan II, padre de Don Fernando el Católico y de Don Carlos, Príncipe de Viana.


    A Renato de Anjou le había sido arrebatado Nápoles en 1442 por el Rey de Aragón, Don Alfonso V el Magnánimo, a cuyo reino Mallorca pertenecía. Para esos tiempos Don Renato era conocido en toda Mallorca habida cuenta que algunos isleños habían combatido por él en la campaña de Italia y alababan su gran valor. El se atribuía ciertos derechos sobre la herencia de Don Jaime III, Rey de Mallorca. Don Renato era representante de la familia de Anjou, cuya rivalidad con la de Aragón era hereditaria desde muchas generaciones anteriores y había ensangrentado repetidas veces los campos y los mares de Italia; pretendiente de la Corona Aragonesa por los derechos de su madre Doña Violante, hija de Don Juan I; titulado Rey de Nápoles por sus antiguas pretensiones de dinastía, por testamento de la inconstante Doña Juana II y por la investidura que alcanzó del Papa Eugenio.


    Volvamos, pero, al hilo central del relato del alzamiento popular: Mientras pasaban los días, la falta de víveres y la escasez de agua en la ciudad, empezaba a tener lugar. Los daños causados a las propiedades, alquerías y viñas era visible desde las murallas.


    El Gobernador Berenguer de Olms, entretanto, logró entablar negociaciones con los sublevados mediante la intervención oficiosa del Obispo de Urgel, huésped de la ciudad por aquellas fechas.


    El 10 de Agosto los forenses mandaron como emisarios a Nápoles, residencia de Don Alfonso, a Antonio Olives, de Lluchmayor y a Pedro Fábregues, de Petra, para obtener remedio de los agravios. Previo a esto la concentración de alzados se había disuelto hacía ya diez días, regresando, tras dividirse en varios grupos, a sus puntos de origen. Tras veinte días de navegación, los enviados forenses llegaron a Nápoles, en compañía de un curial de la Corte, portador de pliegos cerrados para el Gobernador.
    Los responsables del motín y sus descendientes fueron sancionados con notables impuestos. Esta respuesta no esperada fue la causa de otro nuevo levantamiento.


    En el mes de Abril de 1451 tuvo lugar la segunda rebelión. Los forenses sitiaron de nuevo la ciudad, se situaron en el Monasterio de la Real, cortaron el agua de la acequia Sa Font de la villa que abastecía la ciudad saqueando las viñas y los huertos de aquel entorno.


    Mediante la mediación del reverendo prior de la Cartuja, Don Francisco Roig, hombre de influencia sobre los forenses, se pactó tregua. Mientras esto ocurría el lugarteniente del Gobernador mandaba a Jaime Cadell con la misión de recorrer las villas para tratar de reclutar hombres, logrando formar un pequeño ejército, juntamente con los que le acompañaban desde la ciudad.
    Las fuerzas pro-gubernamentales de Cadell toparon con las de los insurgentes en la villa de Muro, trabándose combate en el cual quedó prisionero Cadell.


    Este triunfo animó a Ballester a poner de nuevo sitio a la ciudad en la que la rebelión contaba con numerosos partidarios.


    El miércoles cinco de Mayo de 1451 fueron cercadas por tercera vez las murallas de Palma, después de dos sitios sostenidos sin resultado y hasta sin combate. El día siete, hacia las tres de la tarde, avanzaron los sitiadores hasta la puerta llamada Pintada, cogieron sus hondas, pararon sus ballestas y lanzaron dentro de la ciudad una lluvia de piedras y dardos. En lo alto de una de las torres apareció el Gobernador Berenguer de Olms mandando a los suyos contestar a las hostilidades con disparos de bombarda. Muchos eran los amotinados forenses, pero faltos de recursos para consolidar la situación y tentar al asalto, optaron por retirarse.


    El entonces Gobernador veía menguado su prestigio y poder, la traición acechando en cada casa, poca tropa leal, los caballeros e hidalgos presos del enervamiento, el pueblo en general agraviado y descontento. El sabía que afuera el enemigo rondaba las frágiles tapias. Mandó entonces, falto de brío y consejo, llamar a toda prisa al Procurador Real Juan Albertí, "¿No lo sabéis? Exclamó al verle entrar por la sala baja del palacio, y con trémula voz le refirió todo el suceso. -Ea pues, señor, le dijo el procurador real, montad á caballo, que todos os seguiremos para prender á ese puñado de traidores-. No es un puñado, no, mosén Albertí, replicó aquél; los artesanos en masa están sublevados salir del castillo es correr á la muerte!.


    Entre los forenses continuaban haciéndose algunas declaraciones vacilantes; "ya es un portero á quien comunicó un hombre de Inca que entre sus paisanos se rumiaba algo de Renato: ya un pelaire catalán comprometido, que atestigua haber oído á los de "Felanig" que la isla acaso vendría á parar en poder del de Anjou como que de derecho le pertenecía".


    Hacia el 23 de Mayo de 1451 desembarcaron en el puerto de la capital dos personajes, a quienes la Reina María, hermana de Don Juan II de Castilla, lugarteniente de su real consorte en los dominios de Aragón y los diputados de las Cortes de Cataluña, habían delegado la comisión de poner fin a los males y disenciones, cuyo estruendo atravesaba los mares, e intentar una conciliación, para la cual, ni individuo ni clase alguna poseía ya dentro de la isla autoridad o confianza. Uno de los mediadores era el ilustre Juan Ramón Folch de Cardona, Conde de Prades, poderoso magnate del principado; el otro, un simple ciudadano de Barcelona, llamado Juan Marimón.
    Inició sus gestiones visitando el Gobernador; después al campamento de los forenses, siendo bien acogido llegándole a comentar:"ya no tenemos más señor que el de Prades".


    Como resultado de estas gestiones el Gobernador Berenguer de Olms fue destituido y reemplazado por Arnau de Vilademany, en calidad de regente de la gobernación.
    La paz no duró mucho tiempo. Cada día que pasaba el mal se iba haciendo más crónico, se paralizaban los negocios, la inquietud rondaba a mucha gente, la miseria crecía por instantes.


    Vino un enviado personal de Don Alfonso V. Procedente de Nápoles llegó el cirujano mallorquín Gerardo Ferrer, forense, cuya habilidad le condujo a tal distinción. Inútiles fueron los esfuerzos llevados a cabo por el cirujano. En vista de esto, el Rey decidió enviar un verdadero ejército de tropas mercenarias al mando del Virrey de Cerdeña, Francisco de Erill que desembarcó en Palma de Mallorca a finales de Julio de 1452.


    El Gobierno tuvo entonces una conducción bicéfala: Francisco de Erill y Arnaldo Vilademany.


    Las tropas de Erill se dirigieron a Inca, Donde se encontraban fortificadas las tropas de los sublevados. Tras su llegada las fuerzas pro-gubernamentales se retiraron hasta Sencelles, siendo perseguidas por los sublevados. Entablose allí una tremenda batalla en la que los forenses fueron derrotados. Con posterioridad a este hecho embarcó hacia el exilio Simón Ballester, acompañado de trescientos seguidores, muchos de los cuales tuvieron que acogerse al destierro perpetuo de la isla, a la vez que fueron despojados de sus bienes.


    Otra gran cantidad de sublevados fueron ejecutados, entre ellos el cabecilla Mascaró.


    El veinte de mayo de 1454 firmó el Rey en Castelnuovo de Nápoles una serie de decretos, acordes, casi todos, con las peticiones de los mensajeros ciudadanos. Para los autores principales del alboroto, y para los cómplices de Mascaró, cerróse para siempre el camino de la patria, sino querían encontrar en ella la misma muerte.
    Se acumuló a las comunidades de las villas la carga de grandes impuestos no hechos efectivos en los tres años del conflicto, además de indemnizaciones de daños a los vecinos de la ciudad y una multa colectiva de 150.000 libras.


    Para el mes de Agosto de 1456 reaparece en la isla Simón Ballester, quien al ser perseguido pasó a Menorca. Entonces, el Gobernador de Mallorca, Francisco de Erill, pidió sin resultado al de Menorca, Jofré de Ortafá, la extradición de Simón. Más tarde una orden expresa del Rey Alfonso V el Magnánimo la hizo efectiva.


    Traído a Mallorca, el 25 de Diciembre fue condenado a la horca, sentencia que se cumplió en las fiestas de Reyes de 1457.


    En aquella época feudal hubo intentos serios para arbitrar medios de control de las autoridades y magistrados, habida cuenta de los excesos e injusticias que cometían y que creaban situaciones generalizadas de antipatía popular. En el consejo de Inca, a mediados de 1452, fue acordada una medida de grave trascendencia: "Reconociendo los actuales trastornos como efecto de los desórdenes y excesos de las autoridades y empleados del reino y en especial de los vegueres forenses cuyas injusticias y latrocinios habían asolado la isla, invitábase por un nuevo bando á todo vecino á denunciar en poder de su respectivo baile los agravios recibidos dentro de un período de veinte años, para justificar ante el rey el origen del levantamiento. Abríase al propio tiempo un registro de los censos prestados en cada villa á los ciudadanos, con objeto de manifestar las exorbitantes cargas de aquéllas".


    ¿Fue éste un intento serio de aplicar estricta Justicia? ¿O sólo se trataba de una medida demagógica temporal para calmar las iras populares? ¿Se trata acaso del inicio de los juicios de residencia que tanto proliferaron luego en las Indias? Lo cierto es que con el abuso de este derecho de acusación ilimitada, se abrió la espita a toda calumnia y se lesionó seriamente el principio de autoridad.


    Agraviados los hubo por todos los pueblos de la isla, pero de todas las denuncias, solamente se conocen los expedientes instruidos en Felanitx: "A saber, Gabriel Prohens y Antonio Truyol de la Alquería del Rey de Manacor, de haber dado asilo á hombres perseguidos por la justicia; Salvador Llaneras de haber robado un carnero; Jaime Vidal de haber maltratado á su hermana. Antonio Casellas declaraba que, siendo baile en 1447, el veguer Domingo Miró en vez de ayudarle á prendrer un bandido protegió su fuga, y á él le cargó de cadenas; Antonio Llobet, que por un yerro involuntario le destruyeron vendiéndole 40 cerdos; Miguel Ferrer que se vió á pique de ser ahorcado por inculpación de haber muerto á un escudero del veguer, á pesar de hallarse sin armas; JUAN COLOM, que exigiéndosele la responsabilidad por sus hijos prófugos, hubo casi de disipar su hacienda en donativos al veguer, escribano y baile: Jaime Ballester y Jaime Artigas, que acusados sin motivos de haber enramado burlescamente las puertas de un vecino, fueron sacados á la vergüenza encadenados sobre sendos burros, con cuernos pendientes del cuello, y así traídos á Manacor donde sufrieron durísimas vejaciones" .


    Los vecinos de Felanitx prestaban a los ciudadanos 211 libras en dinero y 684 cuarteras de trigo. Se le llama cuartera a una medida utilizada antiguamente en Mallorca para medir el volumen de los cereales. De entre todos estos agravios hay uno que merece una especial atención; Juan Colom, al que se le exige la responsabilidad por sus hijos prófugos y que tuvo casi que disipar su hacienda en donativos al verguer escribano y baile.


    ¿Quién era este Juan Colom? Veamos de quien se trata. Juan Colom era el padre de unos prófugos y de una dama llamada Margarita. ¿A dónde se fueron estos prófugos y por qué se marcharon? Estos prófugos se marcharon a Provenza, reino de Renato de Anjou, al cual pretendían los sublevados forenses entregar el reino de Mallorca. Cuando se vieron imposibilitados de lograr su objetivo, optaron por el exilio antes de aceptar el rígido castigo que se les aplicaría por ser insurrectos frustrados.
    Estos prófugos no volverían nunca más a Mallorca, ya que de haberlo hecho se hubieran encontrado con la muerte en patíbulo.


    ¿Quién era Margarita? Se trataba de la misma dama con la cual Don Carlos, Príncipe de Viana, mientras estuvo confinado en Mallorca, mantuviera relaciones amorosas en los finales de 1459. Como fruto natural de estas relaciones nacería un noble varón, al que darían el nombre de Cristóbal Colón, que con el tiempo sería el Descubridor de América.


    Como afirman varios historiadores Cristóbal Colón estuvo navegando varios años con el Almirante-corsario francés Guillaume de Casenove Coullon, que estaba al servicio del Rey Renato, y que era conocido en Italia por Colombo y en España por Colón.


    Así son las cosas, ya que este Almirante-corsario supuestamente francés, era nada más y nada menos, que hermano de la madre de Cristóbal Colón, por lo tanto tío suyo, a la vez que prófugo también de Mallorca.


    Referente al abuelo materno de Cristóbal Colón, en la "Historia de Felanitx" de Cosme Bauzá y Adrover figura registrada una finca de su propiedad. El texto es como sigue: "Can Ros. El antiguo y extenso predio dicho El Rafal Son Nadal, limitado por una parte con el Rafal de Antonio y Bernardo Vaquer, o restos del predio Son Sabet(¿), con el Rafal de Nicolás Nadal, con los rahales de Juan Colom y Jaime Juliá, y por fin con el camino real que desde Felanitx conduce a Manacor, de tiempos remotos, si valen las conjeturas, trae a la memoria la noble familia Socorrat, y de época ya bien conocida consta que Antonio Nadal a 8 de septiembre de 1431, en contemplación de matrimonio, en poder de Juan Crespí, hizo donación de la mitad de todos sus bienes a su hijo Pedro. Fallecido empero aquél, ab intestato, los restantes bienes por igual parte fueron repartidos entre Pablo y Pedro, hermanos, a 6 de abril de 1475 ante el notario Antonio Font" .


    A Miguel Ballester, gran amigo del Almirante en la Española, y persona de su gran confianza, varios historiadores, como es el caso de Las Casas, Oviedo y Herrera, lo han considerado catalán, pero sin embargo otros, como Carreras Valls, Llanas de Niubó y Suau Alabern lo estiman originario de Mallorca, e hijo o pariente del Jefe de los "Forenses" Simón Ballester; huido de Mallorca hacia Provenza en compañía de los hermanos Colom de Felanitx.


    Un documento recientemente consultado en el Archivo de Simancas y en el que se cita a un Michelote (Miguel), sobrino del corsario Colón, nos obliga a suponer que probablemente esta persona fuera el mismo Miguel Ballester, futuro Alcalde del fuerte de la Concepción, en la región de la Vega, en La Española, que estaba emparentado con la familia Colom, y que era a la vez sobrino de los tíos del Descubridor, bien sea por estar casado uno de ellos con una hermana de Simón Ballester, o con una cuñada de éste.


    En dicho documento, fechado en Burgos, a 29 de Mayo de 1489, se describe: "Carta misiva al Rey de Francia para que haga justicia contra un Michelote, sobrino del corsario Colón, y devuelva a Pedro de Alday, vecino de Lequeitio, las mercancías y bienes que perdiera en el puerto de Barflena, al serle echada a pique, por aquél, su nave. -Condestable y consejo". Archivo General de Simancas, Registro General del Sello, folio 85.
    El hecho de que Las Casas mencione a Diego Colón, hermano del Almirante, y no a Miguel Ballester entre los expedicionarios que pasaron a las Indias en el segundo viaje, incita a pensar que lo hizo porque no se embarcó en éste, sino que, en compañía de Bartolomé Colón, tras haber recibido ambos la noticia del descubrimiento en la Corte de Francia, se encaminaron a Castilla, desde donde emprendieron su viaje hacia el Nuevo Mundo con una armada de tres carabelas, mandadas por el propio Bartolomé. Su llegada a Isabela tuvo lugar el 24 de Junio de 1494.
    Miguel Ballester siempre se mantuvo fiel a los Colón, y durante el tiempo que ejerció el cargo de Alcalde de la fortaleza de la Concepción, en varias ocasiones intervino como mediador entre sus coterráneos y Roldán. Washington Irving dice que "Ballester era uno de esos ancianos que, encanecidos en la guerra, infunden religiosa veneración; su aspecto y su conducta revelaban su buena índole de soldado, y reunía cierta severidad hija mas bien de su serio semblante que de insensible corazón. Su elección para apaciguador de gente audaz y libertina, fue acertada, pues podía con su probidad apaciguar las pasiones, y vencer con sus años el descaro de los petulantes, ganando á fuerza de sencilla probidad la confianza de aquella turba, y con pura virtud refrenando sus licencias"
    .


    A continuación voy a dar diversos nombre y apellidos que aparecen en "Forenses y Ciudadanos", los cuales sirven para justificar la vinculación del apellido COLOM y del nombre XPOFOL (Cristóbal) con Mallorca a mediados del siglo XV.


    Antonio Colom, que al acercarse los sitiadores al portal de Santa Fe, alojóse una división en su predio y le destruyeron los moscateles de sus viñas.(Pág. 228)
    Francisco Colom y Jaime Diego, que lamentaban los ruinosos daños de sus huertos siendo de humilde fortuna. (Pág. 230)
    Jaime Colom de Sóller, miembro de la comisión negociadora, dependiente del consejo forense. (Pág. 241) Cristóbal Sart y Cristóbal Serra, como propietarios de diferentes fincas agrícolas. (Pág. 316)
    En una entrevista representada por el Padre Catany con el Gobernador, a favor de los forenses, con fecha 13 de Marzo de 1451, aparecen los nombres de Xpofol Alcover y Blay Colom, el primero era de la villa de Sóller y el segundo de la villa de Selva. (Pág. 335)
    En una instancia fiscal, aparecen los nombres, Xpofol Cugullada y Xpofol Mastord. (Pág. 348)


    Como se podrá observar, a mediados el siglo XV en Mallorca, tanto el nombre de Cristóbal, como el apellido Colom eran bastante frecuentes. Prueba de que este nombre y apellido estaban vinclulados a Mallorca mucho antes de que el futuro Almirante de las Indias naciera.


    La palabra Xpofol, era una forma de escribir Cristóbal, que era generalmente utilizada en el siglo XV en los países catalanes.


    Esta palabra tenía su origen del latín y anteriormente del griego. Si comparamos la palabra Xpofol con el encabezamiento de la firma de Cristóbal Colón, XPO FERENS, veremos que las tres primeras letras son las mismas que las de la palabra Xpofol, coincidencia probatoria de que el inmortal navegante escribía su nombre Cristóbal de la misma forma que se hacía en Mallorca en el siglo XV.


    Varias de las cosas tratadas en este artículo han resultado fundamentales para poder esclarecer algunos enigmas que hasta la fecha habían resultado tales. Aquí ha quedado demostrado que Juan Colom era el abuelo de Cristóbal Colón y el padre de unos prófugos, que estuvieron al servicio de Don Renato de Anjou, Rey de Provenza.


    Estos hijos de Juan Colom y tíos del Descubridor del Nuevo Mundo, eran dos: Uno se llamaba Cristóbal Colom como su sobrino, y el otro el que se conocía con el nombre de Guillaume de Casenove Coullon.


    Gabriel Verd Martorell
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.

    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    21.- El levantamiento de Cataluña.


    De las causas que motivaron el fallecimiento del Príncipe de Viana, opiniones las hay para todos los gustos. Llanas de Niubó estima que Don Carlos murió tuberculoso y que lo del envenenamiento no es más que una leyenda. Pero, sin embargo, Carreras Valls, en su obra 'Catalunya descobridora d'Amèrica' cuenta que Gregorio de Argaiz en 'La Perla de Cataluña', en la página 104 dice: "Manuscrito he leído en que lo confeso la Reyna al tiempo de morir el Rey D. Juan su marido que avia dado veneno al príncipe D. Carlos".

    Tras su muerte la intranquilidad seguía instalada en todas partes. Las revueltas continuaron. Mientras, en Navarra había recaído la Corona por sucesión testamentaria de Don Carlos en su hermana Doña Blanca. Contra ésta volvieron su encono Don Juan, padre de la misma, y su hermana, Leonor, Condesa de Foix. Su hijo había desposado una hermana de Don Luis XI de Francia y un tratado concluido entre Don Gastón de Foix y el Rey Juan estipulaba que Doña Blanca sería entregada en guarda a la Condesa de Foix, para asegurar la sucesión de ésta a la Corona de Navarra.

    De nada valieron las súplicas de Doña Blanca, anterior esposa de Don Enrique IV de Castilla. Fue arrancada de su Palacio de Olite y conducida a los estados del Conde de Foix. Al llegar a San Juan de Pie de Puerto, la desdichada Princesa hizo solemne renuncia a sus derechos a la Corona de Navarra a favor de Don Enrique IV de Castilla.

    El 30 de abril de 1462 fue entregada Doña Blanca a un emisario de los Condes de Foix, que la condujo al Castillo de Orthez, Donde permaneció encerrada dos años, al cabo de los cuales falleció, supuestamente envenenada por orden de su hermana Leonor, Condesa de Foix.

    Quince días después de muerto Don Carlos, es decir, el 6 de octubre de 1461, las Cortes de Aragón reunidas en Calatayud prestaron juramento de fidelidad a Don Fernando, reconociéndole por heredero de la monarquía. Logrado esto, el niño fue llevado por su madre a Cataluña a fin de recibir el homenaje de los catalanes.
    Era tal la excitación entre éstos que la Reina, tras haber conseguido su objetivo, tuvo por prudente salir de la capital y refugiarse en la ciudad fortificada de Gerona. Pero hasta allí fue perseguida inmediatamente por la milicia catalana al mando de Roger, Conde de Pallars.

    Fue entonces cuando la Reina, el Príncipe y un puñado de los suyos, se vieron prontamente obligados a refugiarse en una torre de la iglesia de la plaza principal, donde les pusieron sitio los rebeldes. La Reina desplegó el ánimo más intrépido en aquellas circunstancias. Entre tanto, Don Juan, habiendo intentado en vano penetrar en Cataluña para socorrer a su mujer, lo consiguió con ayuda de su aliado el Rey Luis XI de Francia.

    Los Reyes de Aragón y de Francia concertaron un pacto, estableciendo una política común con respecto a la rebelión catalana, suscrito el 9 de mayo en Bayona. Este acuerdo estipulaba que Don Luis proporcionaría ayuda militar a Don Juan contra sus súbditos rebeldes. Se definía cuidadosamente la naturaleza de la ayuda y el dinero que Don Luis había de recibir por ella, y luego se hacía constar que tan pronto como la revuelta fuese sofocada, los condados fronterizos de Cerdaña y Rossellón - las únicas tierras aragonesas que quedaban en el Norte de los Pirineos- quedarían en poder del Rey de Francia, hasta que el Rey de Aragón le hubiese pagado enteramente la suma convenida.

    Con este convenio Don Luis había conseguido introducir una cuña en Cataluña, meta de sus ambiciones.


    Por otra parte, la noticia de la enajenación de los condados colmó la cólera de los catalanes contra su Rey. Hasta entonces los móviles de la revuelta habían sido la defensa de los fueros, sin cuestionar la autoridad del Monarca ni menos deponerlo, pero tras la firma del pacto las cosas se agravaron y los rebeldes declararon a Don Juan y su esposa enemigos públicos y se les negaron sus derechos reales. La Diputación General asumió el poder supremo de Cataluña, alegando que era su deber actuar como regente de Don Fernando, que entonces contaba diez años.

    En el otoño siguiente los ejércitos francoaragoneses, bajo el mando del Rey Juan, pusieron sitio a Barcelona que acabó en rotundo fracaso. El resultado más importante de la campaña fue la ocupación de la Cerdaña y el Rossellón por las fuerzas de Don Luis, que, seguida de la proclama de anexión, causó profundo desagrado a Don Juan y a los rebeldes catalanes.

    En agosto de 1462, cuando los ejércitos franceses sólo llevaban un mes en Cerdaña y Rossellón, la Diputación General de Barcelona envió un embajador a Castilla para ofrecer la soberanía de Cataluña a Don Enrique el Impotente. En el mes de septiembre Don Enrique la aceptó, prometiendo enviar a un ejército en ayuda de sus nuevos vasallos. Poco después cambió de idea.

    En junio de 1463, los catalanes, abandonados por Castilla, se dirigieron a Don Luis XI con la demanda de que renunciase a su alianza con el Rey de Aragón y les ayudara a conseguir su independencia.

    Entre tanto, un nuevo personaje entró en la contienda al ofrecer los catalanes su soberanía a Don Pedro, Condestable de Portugal, cuyo abuelo materno había sido uno de los aspirantes al trono aragonés en el año 1410, después de la muerte del Rey Don Martín, primer marido de Doña Blanca de Navarra. Don Pedro llegó a Barcelona el 22 de enero de 1464 pero era débil e incapaz en extremo y bajo su desgraciada tutela la causa de los revolucionarios fue de mal en peor, hasta la muerte del Condestable, ocurrida el 29 de junio de 1466.

    De inmediato surgieron nuevas complicaciones, pues los catalanes ofrecieron su soberanía a un nuevo protector, Rene el Bueno de Anjou y Provenza, de quien esperaban algo mejor.

    El 20 de agosto de 1466, el Rey Renato aceptó la oferta hecha por los catalanes.

    Aunque demasiado viejo para embarcarse en aventura tan peligrosa, aquel soberano de media docena de títulos tenía un hijo, el valiente Juan de Lorena, a quien podría enviar a Cataluña como representante suyo. Aunque no poseía un solo palmo de tierra en Sicilia, Italia ni Jerusalén, estaba sólidamente establecido en sus dominios de Francia, y su señorío de Provenza, que tenía tantos lazos históricos y comerciales con Cataluña, hacía de él un elemento especialmente valioso para los rebeldes. Por su madre Doña Violante, descendía de los Condes de Barcelona, de modo que no carecía de derechos de herencia, pero, al mismo tiempo, era cabeza de una familia enemiga de la casa de Aragón en Sicilia y en el Mediterráneo, desde el tiempo de las Vísperas Sicilianas, y había luchado personalmente con Don Alfonso V el Magnánimo a causa de la sucesión de Nápoles. Finalmente, aunque con ligero retraso, el nuevo candidato recibió la promesa de ayuda por parte de su sobrino, el Rey Luis de Francia, que había comenzado a darse cuenta de que no conseguiría su propósito en Cataluña con su alianza con Don Juan y había decidido cambiar su política.

    La cuestión catalana se convirtió rápidamente en conflicto europeo, ya que las potencias extranjeras apoyaban o combatían al Rey de Aragón. La ocupación militar del condado por los angevinos, que comenzó en la primavera de 1467, fue contenida, ya que no evitada, gracias a la habilidad, astucia e intrepidez de Doña Juana Enríquez y del Infante Fernando, que recibió el bautismo de fuego en aquella campaña.


    Don Fernando obligó al Duque de Lorena a levantar el sitio de Gerona. Sin embargo, en esta campaña y en las dos siguientes, el de Lorena, que gozaba entre los catalanes de enorme popularidad, se adueñó de todo el territorio del Ampurdán.

    Entre tanto, el Rey Juan apuraba el cáliz de la amargura. En el invierno de 1468, la Reina Juana Enríquez falleció víctima de lenta y dolorosa enfermedad. Esta pérdida dejaba un vacío enorme en su cónyuge supérstite.

    En aquella crisis Don Juan dio una prueba decisiva de su gran talento. Su objetivo político inmediato fue unirse con cualquier potencia que pudiera convertirse en enemiga de Francia y de Anjou, finalidad que sus agentes perseguían ávidamente por toda Europa. En Italia consiguió ganar el apoyo del Duque de Milán. También estableció fluidos contactos con Don Carlos de Borgoña, el Temerario, y con Don Eduardo IV de Inglaterra.

    Un médico hebreo extirpó las cataratas que en ambos ojos padecía Don Juan y, recuperado de la vista, el anciano Monarca se preparó para reimpulsar las operaciones contra el enemigo, con toda su reconocida energía. Tuvo amplia oportunidad habida cuenta que el 16 de diciembre de 1469 murió el Duque de Lorena, dejando a los barceloneses prácticamente sin caudillo. No obstante, éstos últimos rechazaron las proposiciones de conciliación que les hizo Don Juan, quien logró al fin reunir fuerzas suficientes con las que puso sitio a Barcelona. La ciudad se defendió con bravura, pero se vio obligada a capitular consiguiendo un tratado honroso para ambas partes. Don Juan entró entonces en Barcelona y en el salón del Palacio, el 22 de diciembre de 1472, hizo solemne juramento de guardar los fueros de Cataluña. De esta forma concluyó aquella larga y desastrosa guerra civil, que produjo como hecho más concreto y de mayor importancia el de asegurar la sucesión del Príncipe Fernando en la totalidad de los dominios reunidos por sus mayores.

    Pero sin duda la mayor victoria la obtuvo en el reino de Castilla. Acaecida la muerte de Don Alfonso, hermano de Doña Isabel y habiendo quedado firme el reconocimiento de ésta última como legítima heredera del trono, estaban abiertas las mejores oportunidades de llevar a buen término sus proyectos.

    La heredera de la Corona de Castilla no debía por razones de Estado y otras, permanecer soltera mucho tiempo. Su matrimonio con el Infante Fernando -piedra angular en la política de Don Juan II- era correspondiente a sus deseos. Había, por lo tanto, que obrar con premura.

    Para solicitar la mano de la Infanta, en julio de 1468, enterado de la muerte del Príncipe Alfonso, Don Juan envió un embajador para que hiciera la petición formal. Doña Isabel, que se daba cuenta de las ventajas políticas de la unión y tenía buenas referencias de Don Fernando, aceptó inmediatamente la proposición, redactándose sin tardanza el convenio matrimonial que se firmó en enero de 1469.

    El 19 de octubre de este año contrajeron matrimonio en la residencia particular de Juan de Vivero. Era tal la pobreza de los novios que, al parecer, tuvieron que pedir prestado el dinero de los gastos de la boda y de las sencillas ceremonias con que la solemnizaron.

    Don Fernando contaba entonces dieciocho años y Doña Isabel diecinueve. Esta unión habría de ser el origen de la más poderosa nación del siglo XVI y estructuró los cimientos de uno de los dos imperios más poderosos de la época Moderna.

    La vigorosa personalidad de los Reyes impulsó con rapidez la expansión política y el alza del prestigio de Aragón y de Castilla, núcleos de poder de la real pareja.

    Poco tiempo después de su matrimonio y como si no fuese bastante el conflicto crónico entre Francia y Aragón, el reino de Castilla estaba sumido en la más espantosa anarquía, promovida por los nobles, que luchaban entre sí por apetencias personales.

    Andalucía, para entonces, se veía destrozada por estas guerras intestinas. Todo su territorio se hallaba partido por los bandos de los Guzmanes, o sea la Casa de Medina Sidonia, y la de los Ponce de León, cuya jefatura tenía ahora Don Rodrigo Ponce de León, que en las guerras de Granada se hizo justamente célebre, con el título de Marqués de Cádiz.

    Cuando más necesaria era la presencia de Don Frenando en Castilla fue llamado Aragón en auxilio de su padre. Apenas se había sometido Barcelona al Rey Juan, cuando los habitantes del Rosellón y de la Cerdaña, provincias que el Rey de Aragón había entregado en prenda al de Francia, decidieron sacudirse el yugo francés y volver a ponerse bajo la protección de su antiguo soberano. Don Juan acepto el envite.

    La campaña terminó por un tratado, en el cual se convino que el Rey de Aragón pagaría al de Francia las deudas pendientes en el término de un año y que en caso de no cumplirlo cedería definitivamente el Rosellón y la Cerdaña a la Corona, de Francia.

    Poco después Don Fernando recibió un nuevo llamamiento de su padre porque la guerra había estallado otra vez.

    A principios de Febrero de 1474 un ejército francés entró en el Rosellón y se dirigió a Perpiñán. El Rey Aragón, sin recursos para levantar tropas y frustradas sus esperanzas en la cooperación que esperaba de sus antiguos aliados los Duques de Borgoña y de Bretaña, llamó en su apoyo a Don Fernando, quien, después de una entrevista con su padre en Barcelona, pasó a Zaragoza para solicitar auxilios de las Cortes de Aragón.

    Entre tanto, en Castilla, Don Enrique IV, cediendo al peso de una dolencia mortal, expiró en la noche del 11 al 12 de Diciembre de 1474.

    Con Don Enrique IV quedó extinguida la línea masculina de la dinastía Trastamara. Las características de este Monarca están expresadas en su reinado. No careció de algunas cualidades, debiéndosele considerar como un Soberano más débil que malo. La fortaleza había emanado de la Reina Juana.

    Entre 1474 y 1479 tuvo lugar entre Castilla y Portugal la conocida Guerra de Sucesión.

    En 1462 había nacido Doña Juana la Beltraneja, hija del Rey Enrique IV de Castilla y de Doña Juana de Portugal.

    Poco después de su nacimiento surgieron dudas acerca de su legitimidad, siendo considerada por muchos hija de Don Beltrán de la Cueva. Fue por este motivo que en vida llevó el apelativo de Doña Juana la Beltraneja.

    Transcurridos unos días del nacimiento de ésta, las Cortes le prestaron el juramento de fidelidad como heredera de la Monarquía; pero después lo anularon y reconocieron a Doña Isabel como única, legítima y verdadera sucesora.

    Cuando Don Fernando volvió de Aragón, donde se hallaba ocupado en la guerra del Rosellón, se suscitó disputa acerca de la respectiva autoridad que debían tener el Rey y la Reina. Los parientes de Don Fernando pretendían que la Corona le pertenecía, como descendiente varón más próximo de la línea de Trastamara. Los partidarios de Doña Isabel sostenían que a ella sola le pertenecía, como legítima heredera. Por último, se sometió la controversia al dictamen del Cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, y del Arzobispo de Toledo Don Alonso Carrillo de Albornoz, quienes, tras detenido examen, sentaron que la exclusión de la hembras del derecho de suceder en la Corona no tenía lugar en León ni en Castilla, como sí sucedía en Aragón. Que Doña Isabel era la única heredera del Rey Enrique, y que cualquier autoridad que pudiera tener Don Fernando había de emanar de la Reina como fuente y origen de la misma.

    Mientras tanto se hicieron proposiciones a Don Alfonso V de Portugal para que defendiera el derecho de su sobrina, Doña Juana la Beltraneja, al tono de Castilla, y casándose con ella, asegurara tan rica herencia. Don Alfonso, alentado por su hijo, el Príncipe Juan de Portugal, aceptó dichas proposiciones y resolvió hacer la guerra a Castilla, al mismo tiempo que invitaba al Rey de Francia a que entrase en Vizcaya, prometiéndole ceder el territorio que conquistara. A primeros de Mayo de 1475, el Rey de Portugal al frente de un ejército entró en Castilla, por Extremadura.

    Don Fernando determinó avanzar contra su rival, llegando delante de Toro el 19 de Julio del mismo año. En todo este tiempo, el Rey de Portugal no se movió de Toro. A primeros de Diciembre, Don Fernando, que tenía sitiada la fortaleza de Burgos, dejó allí fuerzas que continuasen el cerco y se dirigió contra Zamora. Don Alfonso llamó en su auxilio a su hijo, el Príncipe Juan, quien se reunió en Toro, el 14 de Febrero de 1476, salió el Rey de Portugal con su ejército y antes del amanecer llegó a Zamora. La ciudad ya estaba ocupada por las tropas de Don Fernando; pero la fortaleza aún resistía. Viendo la imposibilidad de auxiliarla, Don Alfonso decidió retirarse a toda prisa.

    A unas tres leguas de distancia de Toro, al salir el ejército castellano del desfiladero a una llanura despejada, encontró al enemigo en orden de batalla. Trabóse la acción bélica, que duró más de tres horas al cabo de las cuales los portugueses empezaron a ceder el campo en todas direcciones, y la retirada no tardó en convertirse en un verdadero desastre. A pesar de ello, el Rey de Portugal logró escapar sin daño personal y refugiarse en el Castillo de Castro-Nuño.
    El triunfo tuvo en Castilla una gran fuerza e influencia moral. En poco más de seis meses todo el reino había reconocido la soberanía de Don Fernando y Doña Isabel. Poco tiempo tardó el Rey en juntar un poderoso ejército con el objetivo de expulsar a los franceses de Guipúzcoa, pero alertados éstos de la proximidad de las fuerzas de Don Fernando, se retiraron sin lucha.

    Mientras tanto, Don Alfonso de Portugal pasó a su reino con Doña Juana la Beltraneja donde tomó la resolución de viajar a Francia para solicitar auxilios bélicos de su aliado Don Luis XI. Llego allí en septiembre de 1476, siendo recibido con todos los honores. Pasó un año entero de suplicante en la Corte de Don Luis, hasta que éste supo que su huésped, bajo cuerda, estaba intentando un arreglo con Don Fernando y Doña Isabel. A consecuencia de ello, Don Alfonso se retiró discretamente a un oscuro pueblo de la Normandía.

    Entre tanto, Don Fernando viajó a Vizcaya para entrevistarse con su padre el Rey de Aragón, a fin de concertar medidas para la pacificación de Navarra, que seguía destrozada por sus disenciones internas. En otoño de 1478 se ajustó definitivamente un tratado de paz entre los plenipotenciarios de Castilla y de Francia, en San Juan de luz, en el que se estipuló, muy especialmente, que Don Luis XI se separaría de su alianza con Portugal y no favorecería más la pretensiones de Doña Juana la Beltraneja.

    Don Juan II de Aragón, padre del Príncipe de Viana y de Don Fernando el Católico, falleció en Barcelona el 20 de Enero de 1479, a los ochenta y tres años de edad. De esta manera Aragón y Castilla se unieron cimentando las bases del imperio, que con el tiempo habría de oscurecer a todas las otras monarquías europeas.
    El primer paso estaba dado, pero todavía faltaba arrojar de Granada a los moros para conseguir la unidad de España.

    Interesante resulta conocer la genealogía de Don Fernando y Doña Isabel .

    "Don Fernando y Dª. Isabel fueron príncipes de la casa de Trastamara, como descendientes de D. Enrique II de Castilla. Este rey fue padre de D. Juan I de Castilla, quien, de su matrimonio con Dª. Leonor de Aragón, tuvo dos hijos: D. Enrique III de Castilla y D. Fernando I de Aragón. D. Enrique III de Castilla tuvo, de su matrimonio con Dª. Catalina de Láncaster, a D. Juan II de Castilla, el cual, de su primer matrimonio con Dª. María de Aragón, tuvo a D. Enrique IV de Castilla, y de sus segundas nupcias con Dª. Isabel de Portugal tuvo a D. Alfonso y a Dª. Isabel la Católica. A su vez D. Fernando I de Aragón tuvo, de su matrimonio con Dª. Leonor de Alburquerque, a D. Juan II de Aragón, y éste, de su primera mujer Dª. Blanca de Navarra tuvo a D. Carlos, Dª. Blanca y Dª. Leonor, y de su segunda mujer Dª Juana Henríquez tuvo a D. Fernando el Católico. Dª. Isabel y D. Fernando eran, pues, primos segundos".

    A lo largo de diversos artículos hemos podido ver toda una serie de sucesos acaecidos no solamente durante la vida del Príncipe de Viana, sino hasta transcurridos 18 años después de su muerte. Todo ello juega un papel importante para el esclarecimiento de varios enigmas.

    Desde que se desplazó Doña Juana Enríquez a Navarra para compartir el Gobierno con el Príncipe de Viana, se iniciaron las desavenencias entre padre e hijo que suscitaron las guerras civiles de Navarra, con la consiguiente derrota del hijo, destierro , viajes, estancia en Nápoles, regreso, el confinamiento en Mallorca, vuelta a Cataluña, libertad y triunfo, su muerte, seguida por una gran rebelión en Cataluña, los conflictos de Navarra, y posteriormente el ofrecimiento de la soberanía de Cataluña a otros reinos, Castilla, Portugal y por último en 1466 a Don Renato de Anjou, Rey de Provenza.

    Todos estos acontecimientos, como hemos dicho, se centraron en la figura del Príncipe de Viana.

    El ofrecimiento de soberanía hecho por los catalanes al Rey Renato de Anjou era reproducción de lo que habían intentado llevar a cabo 16 años antes los forenses mallorquines amotinados contra los ciudadanos.

    De todo esto puede inferirse que el objetivo mallorquín fue posteriormente proseguido por los catalanes.

    Referente al conflicto de Mallorca de 1450, como ya he comentado en otro artículo publicado en el Boletín Nº 6 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, los forenses, a cuyo frente estaba Simón Ballester, cuando se vieron imposibilitados de obtener sus propósitos, optaron por hacer entrega de la ciudad, si conseguían tomarla, a Don Renato de Anjou, entonces adversario del Rey de Aragón. Consumada la derrota de los mismos, algunos eligieron el camino del exilio, evitando las represalias a los vencedores, pero cerrándose definitivamente el retorno a su patria.

    Entre estos prófugos se encontraban los hijos de Juan Colom, que residía en el predio de la Alquería Roja de Felanitx, el cual tenía una hija que posteriormente habría de ser la progenitora del Descubridor de América.

    Unos de estos prófugos sería el famoso corsario Guillaume de Casenove Coullon al servicio de Don Renato de Anjou, Rey de Provenza, por lo tanto tío de Cristóbal Colón, quien oportunamente decidió seguir sus pasos.

    Mientras tenía lugar el conflicto entre Don Juan II Don Renato de Anjou por la causa catalana, las naves del Conde de Prades en Octubre de 1473 sufrieron un ataque de un corsario llamado o apellidado Colom, con toda probabilidad uno de los tíos de Cristóbal Colón, exiliado con su hermano en Provenza.

    A este episodio lo corrobora un documento dado a conocer por el ilustre historiador catalán Carreras Valls que manifiesta:

    "Avis de un corsari apellat Colom que manaue VII Naus armades.
    Los Consols de la mar de la Ciutat de Barchinona als molt honorables tots e sengles batlles jurats e prohomens de qualsevol viles, castell e los de la costa de Lavant, fins a cadaquers inclusive, Patrons, sota-patrons e altres oficials de qualsevol Naus, galeres e altres fustes de vassalls, subdits e benevolents de la M. del Sr. R, saluts e honor. Vostras saviesas certifican com per letra del honorable en Luys Martí mercader de Valencia, dirigida e transa pe correu propi, a Galceran de Besalú, mercader de la present Ciutat, scrita en Valencia a XXVIIIº. del passat havem nova certa com per a un correu rebut per los jurats de Valencia Haviem sabut com un corssari apellat Colom amb VII naus armades es arrivat Alacant, son les dues naus de M. botes cascuna, tres de DCC. botes cascuna, e dos botaners que voguen con a galeres, que han donat cassa a les galeres del Compte de prades e les han cuidat metre a fons. Creuse lo dit Corsari fará volta de assí e així discorrerá tota la costa e totes les mars. E per tant havem desliberat fervos les presents affi quen aviseu tots los navilis e fustas que poreu e vestros circunvehins per tal que avisat mal ne dan no puxats prendre si a Deu será plasent. E tingueus la Sancta Trinitat en la Sua continua protecció, pragantvos si del dit corsari sentireu altra nova nos plasia donar nos ne avís. Scrites en Barchinona a III de octubre del any de la nativitat de Nostre senyor. M.CCCC.LXXIII. a VI. hores de nit".


    Vertido al castellano dice:

    "Aviso de un corsario llamado Colom que lleva VII. naves armadas.

    Los Cónsules del Mar y de la ciudad de Barcelona a todos y cada uno de los muy honorables Alcaldes, Jurados y Prohombres de cualquiera de las villas, castillos y lugares de la costa de Levante hasta Cadaqués inclusive, Patrones, sotapatrones y otros oficiales de cualquier nave, galera y otras embarcaciones de vasallos, súbditos y benevolentes de la Majestad o Señor Rey, saludos y honor. A vuestras sapiencias certificamos como por carta del honorable Luis Martí, Mercader de Valencia, dirigida y transmitida por correo propio a Galcerán de Besalú, mercader de la presente Ciudad, escrita en Valencia a XXVIII. del pasado, hemos tenido noticia cierta cómo por un correo recibido por los jurados de Valencia, habían sabido cómo un Corsario llamado Colom, con VII naves armadas ha llegado a Alicante, son las dos naves de M. botas cada una, tres de DCC. y dos botaneros que vogan como galeras, que han dado caza a las galeras del Conde de Prades y las han hundido. Créese que el dicho corsario dará la vuelta hacia acá, y así recorrerá la costa y los mares. Y, por tanto, hemos deliberado hacéroslo presente a fin de que aviséis a todos los navíos y leños que podáis y a vuestros circunvecinos, para que, apercibidos, no puedan recibir mal ni daño si a Dios place. Que la Santa Trinidad os tenga en su continua protección y guarda, rogándoos que si del dicho corsario tenéis alguna otra noticia, os plazca darnos aviso. Escrito en Barcelona a III de octubre del año de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. M.CCCC.LXXIII. a las VI. de la noche".

    "Figura este documento al folio 9 del < >. Perteneció al historiador barcelonés Don Francisco Carrerras Candi y su autenticidad parece indiscutible".

    Este combate se justifica por varias causas, una de ellas sin duda la motivada por la guerra que tenía lugar desde 1466 entre Cataluña y Provenza, ésta última apoyada por Francia, y que duró hasta 1479. Por lo tanto los corsarios que estaban al servicio de Don Renato tenían la obligación de atacar a las naves enemigas.

    Las otra causa estaba relacionada con el conflicto habido en Mallorca en el año 1450, pues al año siguiente vino como delegado de la Reina María para mediar en el conflicto el poderoso magnate del principado, Conde de Prades.

    Por si no fuesen pocos los trabajos que pesaban sobre Coullon, debido al conflicto de Mallorca, después se sumó el de Cataluña en 1466.
    Todos estos hechos que he referido a lo largo de diversos segmentos son el marco del cuadro de las conclusiones que me animan firmemente a afirmar el origen mallorquín de Cristóbal Colón.

    El cimiento principal del misterio de Colón gira en torno de la personalidad y los avatares de su padre, el Príncipe Carlos.

    Son conclusiones extraídas de todo lo ocurrido alrededor del Príncipe durante la etapa final de su existencia, tanto en el campo político como en el social, como por ejemplo la sospecha de haber muerto envenenado, o al afecto que hacia él tenía el pueblo catalán, el rechazo de su madrastra Doña Juana Enríquez, la revolución que tuvo lugar después de su muerte en la que se llegó a plantear el desconocimiento del Rey y su sustitución por otro gobernante, sumado al afecto del pueblo navarro. Todo ello se entremezcla con las causas políticas que pesaban sobre la persona de su tío Coullon. Tomados todos estos elementos globalmente considerados, bajo mi punto de vista, conforman suficientes razones políticas y sociales para que se haya ocultado su verdadera identidad a lo largo de toda su vida.

    Me mueve la inquietud a pensar si en aquellos tiempos y de acuerdo a los acontecimientos acaecidos en torno a los pueblos navarro, catalán, valenciano y mallorquín, se hubiese llegado a saber que Cristóbal Colom era hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana, cuál hubiese sido el destino de tales pueblos en el girar de la historia.
    Tengo la convicción de que Don Fernando el Católico quizás no hubiese caminado el camino de Cipango de la mano de Colón y las luchas intestinas hubiesen durado una eternidad.

    A través de los tiempos muchos han sido los pasajes desconocidos del Gran Almirante de la Mar Océana.

    ¿Cuál fue su verdadero origen? Hay que considerar el gravísimo problema que hubiese supuesto conocer entonces que Colón era hijo del Príncipe de Viana. Evitar estos problemas de Estado y de sucesión fueron la causa principal de la ocultación de su identidad. Muy pocos lo supieron, y de éstos, nunca habló ninguno por la cuenta que les traía callarse. Curiosamente, esta interesada conjura de "silencios" fue así porque no debía ni podía ser de otra manera.

    Las adversidades políticas que pesaban sobre los tíos navegantes de Cristóbal fue otro motivo que llevó a ambas partes, es decir, a los Reyes y Cristóbal Colón, a formalizar un hermético gran "PACTO DEL SILENCIO", hecho que favoreció juntamente con el resurgimiento de pistas falsas la fabulosa tesis genovesa. Tema que abordaremos ampliamente en otros artículos.





    Gabriel Verd Martorell

    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.




    22.- Mallorca y el nacimiento de Cristóbal Colón.


    Con este artículo vamos a dar comienzo a la publicación de diversos documentados trabajos en los que daremos a conocer cuáles fueron las verdaderas andanzas del futuro Almirante de las Indias desde el momento que nace en Mallorca en 1460, hasta el 3 de Agosto de 1492, momento en el que La Pinta, La Niña, y La Santa María emprendieron desde el histórico Puerto de Palos su viaje hacia Cipango en demanda del Este por la derrota del Oeste.
    Asimismo consideramos de gran importancia también exponer cuáles fueron las verdaderas razones que le llevaron a tomar diversas decisiones que en el futuro resultaron capitales.



    Desde aquella memorable fecha del 12 de Octubre de 1492 en la que fue descubierto el Nuevo Mundo, hasta nuestros días, muchas han sido las teorías que se han presentado acerca del origen de Cristóbal Colón. La oscuridad de sus orígenes ha llevado a los historiadores a hacer las más diversas interpretaciones y son muchos los países que reclamen la paternidad del Almirante.

    La teoría sobre la procedencia mallorquina del Descubridor no se ha visto corroborada documentalmente hasta el presente siglo en el que diferentes ilustres historiadores han tratado de demostrar que el verdadero Descubridor de América no fue el genovés Cristoforo Colombo, si no el mallorquín Cristóbal Colón.

    El primero de ellos fue sin duda el peruano Luis Ulloa quien se dedicó al tema a partir del año 1922 renunciando al cargo de director de la Biblioteca Nacional de Lima, al confiarle el gobierno de Perú una misión especial de estudio en los Archivos y Bibliotecas de Europa.

    Ulloa, en un libro publicado en 1927, Cristófor Colom fou cátala, la veritable gènesi del descobriment, define al Almirante como un noble nacido en los países de habla catalana cuyo verdadero apellido era "Colom", y en su nombre, por otra parte, así como en el escudo, símbolos y firma se encuentran indicios de catalanidad.

    Como originario de Felanitx ha sido descrito por Ricardo Carreras Valls, Renato Llanas de Niubó, Bartolomé Arán, Suau Alabern, José María Millás, etc. Y más concretamente como hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana, y de Margarita Colón, lo aseveran Juan Cerdá, el sevillano Manuel López Flores, Luis Schoch y Pereira de Castro, y el venezolano Hermano Nectario María, que fue Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela en España. Miembro de cuatro Academias de Historia de Hispanoamérica y de dos de Europa, y autor de toda una serie de obras de carácter histórico.

    En la conferencia pronunciada en 1978 en Madrid por el Padre Nectario, en el Centro Iberoamericano de Cooperación, con motivo de la festividad patriótica venezolana de 19 de Abril, y que llevaba por título: Cristóbal Colón, el Descubridor de América era español , con relación a su nacimiento manifestó lo siguiente: "Cristóbal Colón nació en Felanitx, de la isla Mallorca, Baleares, en 1460; y fue hijo bastardo del Príncipe de Viana, y de Margarita Colón, perteneciente a una importante familia de aquella localidad".

    Cabe dar aquí una explicaciones sobre la personalidad de este Príncipe: Doña Blanca, Reina de Navarra, casó con Juan, hermano de Alfonso V, Rey de Aragón, y fueron padres del Príncipe Don Carlos de Viana.

    En 1428, su madre lo reconoció como heredero del trono de Navarra, aconsejándole que cuando se encargara del gobierno, no tomara el título de Rey por deferencia a su padre.

    Doña Blanca murió en 1441, y el Príncipe D. Carlos de Viana entró a gobernar el Reino de Navarra con el título de Lugarteniente Gobernador General.

    Su padre, que sólo era Príncipe consorte de la Reina Doña Blanca, volvió a casarse con Doña Juana Enríquez, y tuvieron un hijo, Fernando , que casó con Isabel de Castilla, y ambos son conocidos con el nombre de Reyes Católicos: Fernando e Isabel.

    Por las actuaciones de Carlos de Viana, que desaprobaba el padre, éste envió a Juana Enríquez, la madrastra del Príncipe, para que compartiese con él el gobierno de Navarra. Don Carlos de Viana sufrió esta humillación, pero no el pueblo navarro que se preparó para la lucha.

    Don Carlos, para evitar una guerra civil, escribió tres cartas a su padre para el arreglo del mal en ciernes.

    Las indicaciones del hijo fueron desatendidas y llegaron al combate: padre contra hijo, cayendo prisionero este último; pero, debido a la opinión general que apoyaba al hijo, Juan le concedió la libertad, y a instancias de las Cortes de Zaragoza, se presentaron ambos contendores ante ellas y se ajustó la paz.

    Juan, por una confederación con Gastón de Foix, casado con su hija Leonor, desheredó injustamente a Carlos de Viana del Reino de Navarra a favor del primero. Esto motivó un nuevo alzamiento de las fuerzas del Príncipe, el cual siendo nuevamente derrotado por su padre, huyó a ponerse al amparo de su tío Alfonso V, que era rey de Nápoles y Aragón y Conde de Cataluña, provincia que formaba parte de sus dominios. El haber sido muy bien recibido y aclamado con gran popularidad, motivó que su padre, temeroso de lo que pudiera suceder, lo llamara, con la promesa formal de que, si venía, llegarían a un acuerdo conciliatorio.

    Accedió el Príncipe y vino, pero antes de desembarcar, recibió ordenes de detenerse en Mallorca, donde desembarcó el 28 de agosto de 1459. Se radicó en el palacio real de esta isla; la población celebró su llegada y le obsequió con grandes demostraciones de aprecio y amistad, pero su padre, con falsedades y manejos tortuosos, logró trasladarlo al castillo de SANTUERI (Santueri), en el cual se encontró vigilado y guardado, pero con libertades de movimiento y salidas, Tenía entonces el Príncipe treinta años.

    De costumbres descontroladas y sin trabajos y ocupaciones de fundamentos, tuvo amores con Doña María de Armendais y le nació una niña, que con el tiempo vino a ser María de Aragón y Navarra, casada con el Duque de Medinaceli, en cuya casa estuvo Cristóbal Colón largo tiempo hospedado en 1484.

    Sus amores con Margarita Colón, perteneciente a una distinguida familia, asentada en la ALQUERIA ROJA, hoy se llama Son Ramonet, al pie del Castillo de SANTUERI, dio nacimiento a un hijo bastardo en 1460, que fue el inmortal CRISTOBAL COLON, el descubridor del Nuevo Mundo. Existe una carta del Príncipe de Viana al Gobernador de Mallorca, en la cual alude a lo sucedido con Margarita. Esta tiene fecha de 28 de Octubre de 1459".

    Fernando Colón en la obra Vida del Almirante Don Cristóbal Colón relata que su padre en algunas firmas "antes de que adquiriese estado firmaba Columbus de Terra Rubra".
    Con relación a este tema Fray Bartolomé de Las Cosas relata: "cual fuese, dónde nació ó que nombre tuvo el tal lugar, no consta la verdad dello más de que se solía llamar ántes que llegase al estado que llegó, Cristóbal Columbo de Terra-rubia, y lo mismo su hermano Bartolomé Colon".

    Cristóbal era " de Terra Rubra ". Así lo solía decir y así se le conocía cuando aún no había alcanzado su gran fama. La incógnita empero es esta : ¿Dónde "es" Terra Rubra? Hasta la fecha no ha sido posible probar documentalmente que Son Ramonet (alquería Roja, Terra Rubra) fuera propiedad o lugar de residencia de la familia del Descubridor. " Terra ", es la palabra latina que en castellano equivale a tierra, país o comarca. " Rubra " es también voz latina que se traduce por roja, " Alquería Roja ", en latín se transforma en " Terra Rubra ". El primer documento que he podido encontrar y que hace referencia a la Alquería Roja data del siglo XIV.

    Ramón Rosselló Vaquer nos lo da a conocer en su libro El Castellans de Santueri.. Segle XIV , aludiendo a algunos privilegios que el Alcalde de Felanitx concedió a ciertos vecinos para que sus animales pudieran pacer por las praderas pertenecientes al castillo, el autor dice: "Que la excepción era para los herederos de Nicolau de Santjust queda confirmado en la carta escrita por Ramón de Santmarti, lugarteniente del gobernador, en la cual se cuenta la suplicación presentada por Guillem de Santjust hijo y heredero del venerable Nicolau de Santjust, difunto, diciendo que el serenísimo señor rey Sancho, de buena memoria, había concedido al citado Nicolau de Santjust y a los suyos, el derecho de las praderas del castillo de Santueri y de sus alrededores, definidas por unas 14 "fites" o términos de entre los cuales se citan: las tierras de Guerau Bramona o la alquería llamada Binifarda; las tierras de Maimó Julía que están en la alquería que es de la Caballería (la Galera) de Alemany de Sados; las tierras de Miquel Castell o la alquería llamada Portocolom; las tierras de Bonanat Bordoy o "Alquería Roja"; las tierras de Bernat de Veri, difunto , que ahora son de Nicolau Mesquida hasta los términos marítimos; la mola de Francesc Truiol; las tierras de Bonanat y Nicolau Bordoy en una alquería llamada caus dentey, etc. Noviembre de 1346" .

    A mediados del siglo XIV la Alquería Roja era propiedad de Bonanat Bordoy pero hasta el año 1521 no aparece otro documento que cite a los propietarios de esta finca. Es decir que el periodo que discurre entre 1346 y 1521, está en blanco.

    Es un silencio extraño, hasta el punto que no es osado pensar en una "requisa" intencionada de papeles. ¿Acaso cuando Fernando Colón fue privado de buscar la raíz de su padre, el Almirante, en Cataluña?

    Bauzá Adrover en su obra Historia de Felanitx da a conocer tres documentos del siglo XVI que hacen alusión a la Alquería Roja:
    -1º En Cartas Reales, año 1521, Pedro Obrador vende a Salvador Joliá 150 cuarteradas, hoy predio Son Ramonet, antes llamado Alquería Roja.
    -2º A 18 noviembre de 1559 los herederos de Bartolomé Mesquida, venden a Juan Oliver la Alquería Roja. (Genealogía de Son Oliver fol.22 v.).
    -3º 1577 a 14 septiembre Cosme Prohens cabrevó la posesión El Bobot y la Alquería Roja, que compró a Miguel Binimelis en Cartas Reales, a 27 enero de 1569.


    Éstos son en definitiva los documentos fechados en el siglo XVI que hacen referencia a este predio que en 1460 vio nacer a quien iba a ser con el tiempo Descubridor del Nuevo Mundo.

    Son Ramonet, se encuentra a unos tres kilómetros del centro de Felanitx. A unos seis de Castillo de Santueri y a unos siete del Santuario de San Salvador. Su situación está comprendida entre las carreteras que enlazan las poblaciones de Felanitx, Campos y Santanyí. Antiguamente era un predio muy extenso, pero, como otros muchos de Mallorca fue parcelado. De él sólo queda su núcleo muy reducido. Antaño sus lindes alcanzaban la villa de Felanitx. Actualmente se encuentra situado entre los predios de Sa Clota, Can Salines, Son Negre, Son Ramonet Petit, Son Dimoni, Can Violi y Son Barceló. Para llegar a Son Ramonet se ha de tomar el camino que desde es Molí de´n Galera, situado en las afueras de la villa de Felanitx, conduce hasta dicha finca o predio.

    El origen del nombre de la Alquería Roja es difícil de definir, pero teniendo en cuenta el color rojizo predominante de las tierras que la componen, cabe considerar que el nombre le fue dado por las características del color de la tierra. El camino que conduce a la finca está bordeado por las típicas paredes de piedra que se encuentran con frecuencia en toda Mallorca. Muchas son las fincas cercadas con este tipo de paredes en la zona, y son de gran utilidad para que paste sin vigilancia el ganado vacuno, ovino, porcino o caballar. La vegetación que rodea la finca está formada por almendros, algarrobos, ciruelos, naranjos, limoneros, viñedos, prados, trigales, bosques de pinos y matas, etc.

    La vieja casa de Son Ramonet, situada a la vera del camino, está adosada a una de posterior construcción. Aquella conserva su estado primitivo. El añejo edificio tanto por sus características, como por los materiales utilizados para su construcción conserva su colorido natural, resaltando a simple vista su antigüedad. Sus gruesos muros son de piedra, los techos tanto de la casa como de los porches están cubiertos con tejas mallorquinas, una típica chimenea ocupa su característico lugar en la pieza destinada a cocina. En la fachada delantera, parte superior, se encuentra un reloj solar, frecuente en las fincas rústicas mallorquinas de importancia.

    En Felanitx se halla el Santuario de San Salvador, Monasterio de donde, con seguridad, procede el nombre dado a la primera tierra que pisó Colón en el Nuevo Mundo, la isla de Guanahani del archipiélago de las Bahamas. Esto es un sólido testimonio de que Colón no olvidaba la tierra que la vio nacer.

    El monte de San Salvador está situado en la parte Este de Felanitx, a unos 7 kilómetros de su actual núcleo urbano. Su altura es de 509 metros sobre el nivel del mar. El origen de dicha denominación es oscuro. Por la primera década del siglo XIV ya moraban, por este contorno, ermitaños dirigidos por el P. Romeo de Burguera, que terminó sus días en 1313. La cueva que existe junto al camino, conocida con el nombre de "Sa Cova de S´ermita", posiblemente sirvió de habitación a algunos de ellos. Llegado el año 1348, los jurados, en unión del Castellano de Santueri, propusieron a S.M. el rey Pedro IV de Aragón les permitiera construir en la cúspide de este monte un Oratorio dedicado al Santísimo Salvador, nombre primitivo de la Ermita.

    Habiendo sido afirmativa la respuesta del Monarca, los peticionarios empezaron las obras, y poco tiempo después, a los siete meses, el Santuario estaba concluido junto con un cisterna. El 27 de Marzo de 1349 se solicitaba autorización del Diocesano para poder encargar el recién terminado edificio a un santero, vulgo " Donat ",llamado Pedro Bosch.

    A comienzos de siglo XV, un pastor cuyo nombre se desconoce, encontró en una gruta situada en la falda del mismo monte en el que pastoreaba su ganado, una Imagen de la Santísima Virgen, de unos 50 centímetros de altura, ennegrecida por la humedad, pero conservando una singular belleza. La sagrada efigie, después de varios traslados fue colocada en el Oratorio de la cima. Al construirse el segundo templo, en 1595, era colocada ya en un artístico altar lateral, pues era mucha la devoción que se le tenía. Según un documento fechado en 1486, tenía para entonces, una gran cantidad de joyas, y una corona de plata donadas a la misma. Desde su hallazgo, la Imagen de la Virgen fue y ha sido siempre el de Nuestra Señora de San Salvador.
    En el sitio del hallazgo se halla una capilla de estilo románico, situada a la vera del camino, a unos dos kilómetros antes de la llegada al Santuario.




    Gabriel Verd Martorell
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón



    23.- Cristóbal Colón en Provenza.


    Llegado el año 1469 , el futuro Almirante dejó para siempre la tierra que le viera nacer y a la cual nunca regresaría. Semejante sino es parejo al de su padre, el Príncipe de Viana, quien una vez que abandonó Navarra con destino a Nápoles, no retornó jamás a su Patria Chica. Hubieron ambos, padre e hijo, de nacer bajo el mismo signo de Géminis. Sus existencias fueron complicadas, difíciles, con evidentes frustraciones personales, pero cargadas con el bronce indeleble de la gloria postrera.

    Como ya hemos mencionado en otros artículos, su madre tenía unos hermanos prófugos que estaban al servicio de Renato de Anjou, Rey de Provenza como corsarios. La solución consistía en enviar al joven Cristóbal con sus tíos para procurarle enseñanza y contactos con el poder.

    Aquí empieza para Cristóbal Colón una nueva etapa de su vida, esencialmente marinera, con su obligada secuela de viajes, sin duda la más confusa y misteriosa de su vida.

    Muchos quizás encuentren extraña esta definición, pero si se tiene en cuenta el enorme rompecabezas histórico que se ha creado a lo largo de los años con las manifestaciones de diferentes historiadores referente a su paso por el Mediterráneo y Portugal, no cabe duda que se ha elaborado un galimatías imposible de esclarecer.

    La causa de este conglomerado seudo-histórico desconcertado y desconcertante ha sido ignorar que durante este período de tiempo han intervenido tres diferentes personas que ostentan el mismo nombre.

    El primero ha sido Cristóbal Colom, corsario al servicio del Rey Renato de Anjou, hijo de Juan Colom y por lo tanto tío de Cristóbal Colom, Almirante del Mar Océano. Hermano de Guillaume de Casenove Coullon.

    El segundo ha sido el propio Cristóbal Colón, nacido en Mallorca, hijo del Príncipe de Viana y Margarita Colón en 1460.

    El tercero ha sido el hasta hoy supuesto descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal o Cristóforo Colón o Colombo, hijo de Doménico Colombo y de Susana Fontanarossa, nacido en Génova en 1451.

    Como se puede apreciar, tenemos en juego tres diferentes personas, entre las cuáles se han asignado sus diferentes episodios a una sola a lo largo de unos 30 años.

    Es de imaginar lo dificultoso que hubiese sido descifrar este enigma si no se hubiese llegado a hacer esta clarificación, Así han estado las cosas durante más de cuatrocientos años.

    Después de estas precisiones, podremos observar nítidamente cuál fue la verdadera vida de Cristóbal Colón.

    La ausencia o laguna investigativa histórica sobre la existencia y personalidad de este Colón, mallorquín, ha sido, en parte, la causa, que impidió la resolución de este raro misterio que hoy intentamos desvelar.

    Antes de seguir con la vida de Colón, considero importante hacer una sintética descripción histórica del reino de Provenza.

    Provenza, antigua región del S.O. de Francia, en la costa mediterránea, fue colonizada por los fenicios, hacia el año 600 antes de Cristo. Posteriormente fue provincia de Roma, y desde 1112 a 1245 estuvo unida al condado de Barcelona.

    En 1245 pasó a la casa de Anjou, siendo sus representantes Don Carlos I de Anjou, Rey de Nápoles y de Sicilia desde 1266 a 1285, hijo de Don Luis VIII.

    Durante su reinado, Don Pedro II de Aragón se apoderó de Sicilia y la anexionó a sus dominios.

    Don Carlos II el Cojo, 1248-1309, de Anjou, Rey de Nápoles y Sicilia.

    Don Carlos III de Anjou, 1345-1386, fue Rey de Nápoles y de Sicilia.

    El último representante de la familia Anjou, fue Don Renato, el cual nació el 15 de Enero de 1408, segundo hijo del Rey Luis II. Casó con Doña Isabel de Lorena, heredera de Nápoles en 1419, cuando ella contaba 9 años de edad.

    Doña Isabel de Lorena falleció en el Castillo de Angers, el 28 de Febrero de 1452.

    El Rey Renato se casó por segunda vez, con Doña Juana de Laval el 11 de Septiembre de 1454. Sostuvo un fuerte enfrentamiento con el Rey Alfonso V de Aragón en 1434, disputando el reino de Nápoles. Como sabemos en 1450, los forenses amotinados de Mallorca le ofrecieron el trono. Posteriormente, el 20 de Agosto de 1466, los catalanes le hicieron ofrecimiento del reino de Cataluña.

    Don Renato aceptó la oferta y mandó a su hijo Don Juan a la conquista del reino, el cual falleció en Barcelona el 16 Diciembre de 1469.

    La paz entre Provenza y Cataluña no se firmó hasta el 19 de Enero de 1479.

    El Conde de Provenza Don Carlos III, nombrado sucesor por el Rey Renato de Anjou, al conocer la dependencia nombró a su vez heredero de Provenza, en Marsella, al Rey Luis XI de Francia.

    Fallecido Don Carlos, el condado de Provenza se incorporó para siempre a la Corona francesa, en el mes de Octubre de 1486.

    Siguiendo el hilo de la historia veremos lo que describe Paolo Emilio Taviani en una de sus publicaciones, refiriéndose a la guerra corsaria y a la piratería:

    "Se distinguía en aquel tiempo la figura del pirata, que cumplía sus acciones, a menudo cruentas, con el solo objeto de la rapiña, de la del corsario, que obtenía de un soberano o de una autoridad internacionalmente reconocida la autorización -consagrada en un documento- de agredir, capturar y saquear las naves de un país enemigo.

    Al finalizar la Edad Media, la guerra corsaria se había convertido en institución regulada por peculiares normas jurídicas. Algunos banqueros se habían especializado en financiar naves para expediciones corsarias, y participaban en los beneficios de la acción. Hasta fueron constituidas sociedades corsarias que retribuían los capitales invertidos en sus empresas con el 50 hasta el 100% de intereses.

    A menudo, los capitanes corsarios -a los cuáles podríamos definir como capitanes del mar- se ponían con su flota al servicio de los Estados rivales y conducían una guerra lucrativa para ellos y para las naciones por cuya cuenta actuaban".

    "Hemos visto como Hernando provocó una gran confusión a propósito de la pretendida ascendencia noble de su padre y de los grandes "hombres de mar" predecesores del futuro Almirante.

    < >, de los cuáles habla el autor de las Historias, no tienen absolutamente nada que ver con el Genovés.

    El primero de estos personajes era Guillaume de Casenove, apodado Coulomp o Colón el viejo, escudero y vicealmirante de Francia. En las cartas de Luis XI referentes a él, se le designa como el < >".

    Pero como a confesión de parte, revelación de prueba, veamos a continuación lo que también sobre este tema relata el Padre Las Casas en su "Historia de las Indias":

    "Cristobal Colón, tan dedicado a las cosas y ejercicio de la mar, y en aquel tiempo anduviese por ella un famoso varón, (el mayor de los corsarios que en aquellos tiempos había), de su nombre y linaje, que se llamaba Colombo Junior, a diferencia de otro que había sido nombrado y señalado antes, y aqueste Junior trujese gran armada por la mar contra infieles y venecianos y otros enemigos de su nación, Cristóbal Colón determinó ir e andar con él, en cuya compañia estuvo y anduvo mucho tiempo".

    Fernando Colón en su obra "Vida del Almirante Don Cristóbal Colón" manifiesta que su padre escribió en su carta al aya del Príncipe Don Juan de Castilla las siguientes palabras: "Yo no soy el primer Almirante de mi familia. Pónganme, pues, el nombre que quisieren, que al fin David, rey sapientisimo, fue guarda de ovejas, y después fue hecho rey de Jerusalén, y yo siervo soy de aquel mesmo que le puso a él en tal estado" .

    Cristóbal Colón en carta a los Reyes desde Cádiz o Sevilla en 1501 dice: "Muy altos Reyes: de muy pequeña hedad entré en la mar navegando y lo he continuado fasta oy".

    El Descubridor en el Diario del primer viaje el 21 de Diciembre de 1492 escribe: "Yo e andado veinte y tres años en la mar, sin salir d´ella tiempo que se aya de contar, y vi todo el Levante y Poniente".

    Estas últimas manifestaciones justifican que Colón empezó a navegar en 1469, es decir, cuando tenía 9 años de edad, hecho que concuerda con nuestras aseveraciones.

    Hemos podido ver que los mismos genoveses justifican que Cristóforo Colombo no tenía nada que ver con estos corsarios. Mientras que Fernando Colón reconocía un parentesco entre su padre y estos corsarios, que estaban al servicio del Rey Renato de Anjou.

    Referente a la captura de galeras napolitanas, efectuada por Cristóbal Colombo en 1474, podemos afirmar con seguridad que este último era el corsario y tío del Cristóbal Colón mallorquín.

    Pero ello es una prueba más de que fueron numerosos los homónimos de Cristóbal Colón, pues así creo haber establecido firmemente la diferencia entre las distintas personas que llevaron coetáneamente ese nombre.

    Durante los 6 años que permaneció Cristóbal Colón en Provenza, fue cuando con certeza aprendió latín, matemáticas, astronomía y la ciencia marítima.

    Estuvo en contacto con el mar durante estos años como él muy bien afirmaba que "aprendió la ciencia marítima por medio del contacto directo con el mar y a través de las narraciones y enseñanzas de los viejos pilotos y de los expertos navegantes".

    Referente al latín y las matemáticas, es difícil saber con exactitud donde las aprendió. Quizás cuando abandonó Mallorca tuviera alguna noción, pero no es probable que supiera gran cosa. Fernando, su hijo de acuerdo con estas declaraciones dice: "siendo de pocos años, aprendió las letras y estudió en Pavía, lo que le bastó para entender los cosmógrafos a cuya lección fue muy aficionado".

    Resulta aceptable que hubiera estudiado en la Universidad de Pavía y es de suponer que la introducción en dicho centro se produjera por mediación de Don Renato de Anjou.

    Pavía está situada al Norte de Italia, en Lombardía, y se encuentra comprendida entre Génova y Milán, por lo tanto próxima a Provenza. Su Universidad data del año 1361.

    Desde un punto de vista político no había ningún impedimento para que Colón pudiera estudiar en Pavía, pues las relaciones del Rey Renato, tanto con Génova como con el Duque de Milán eran buenas.

    Lógico resulta pensar que Cristóbal Colón compartía sus estudios con la práctica de la navegación. Navegó al lado de sus tíos por todo el Mediterráneo, como él muy bien escribió en su Diario "Vi todo el Levante y el Poniente".

    Con referencia a los tíos del Descubridor, Juan Cerdá, cita: "Que fue con Cristóbal Colombo dueño de tres navíos y a las ordenes de Duque de Anjou, con quien comenzó a navegar el joven almirante. (Cassini, analista genovés)".

    A la sazón se sabe con exactitud que Cristóbal Colón estuvo presente puesto que los recuerda en una carta fechada en Enero de 1495, en la empresa de Túnez.

    En un pasaje de esta carta podemos leer: "A mi acaeció, que el Rey Reynel, que Dios tiene, me envió a Túnez, para prender la galeaza Fernandina, y estando ya sobre la isla de Sant Pedro en Cerdeña, me dijo una saetía que estaba con la dicha galeaza dos naos y una carraca; por lo cual se alteró la gente que iba conmigo, y determinaron de no seguir el viaje, salvo de se volver a Marsella por otra nao y más gente. Yo, visto que no podía sin algún arte forzar su voluntad, otorgué su demanda, y mudando el cebo del aguja, di la vela al tiempo que anochecía , y, otro día, al salir del sol, estábamos dentro del cabo de Cartagina, tenidos todos ellos por cierto íbamos a Marsella".

    La astucia del Almirante, que no se recata de ocultar, es proverbial y seguramente una de sus características acentuadas. Recuérdese, sino, lo que usó con La Santa María para hacer creer a los tripulantes de las tres carabelas que andaban menos de lo que realmente andaban.

    Colón, en la carta de 1502, demuestra un perfecto conocimiento de la ruta a lo largo de la costa de Berbería.

    El Almirante cita muchas veces un viaje suyo a Quío, sin precisar la fecha exacta.

    En el Diario del primer viaje a América, el 12 de noviembre de 1492, dice haber descubierto el lentisco en la isla de Cuba, y se extiende describiendo las ventajas que reportaría el cultivo de este arbusto, de mayor tamaño que el de Quío.

    Probablemente ese viaje se llevó a cabo entre 1474 y 1475, con la misión de llevar refuerzos a la isla, amenazada por los turcos.

    Lo más seguro es que participasen con esta expedición los corsarios de Provenza apoyando a los genoveses. Es de suponer que fue en uno de estos viajes, navegando con sus tíos que conoció esta isla que forma parte del archipiélago de las Espóradas, situadas en el extremo occidental del Asia Menor. Un estrecho brazo de mar separa Quío de la península que cierra, hacia el Sur, el Golfo de Esmirna. Quío es una de las islas mayores de las Espóradas, superada sólo por Lesbos, y a la sazón pertenecía a los genoveses.

    Asimismo, de las ramas del lentisco se saca la almáciga, de perfumes excitantes.

    En su Diario, Colón recuerda la almáciga a Don Fernando y a Doña Isabel, que se encuentra sólo en el islote de Quío, en Grecia y produce 50.000 ducados al año.

    Después de haber relatado los viajes más significativos que debió realizar Colón por el Mediterráneo, considero conveniente dedicar unas líneas a sus conocimientos náuticos.

    Tanto Fernando Colón, como Las Casas, escribieron lo siguiente: "Colón comenzó a navegar a los diez años y adoptó vida marina a los catorce, fue recogiendo sus nociones astronómicas de aquí y de allá entre puerto y puerto".

    Fernando afirma, también que su padre fue muy aficionado "a las lecciones de los cosmógrafos". Precisa que, por tal motivo "se entregó también a la astrología y a la geometría; porque tienen estas ciencias tal conexión entre si que no pueden estar la una sin la otra"; y aún sigue: "porque Tolomeo, en el principio de su Cosmografía, dice que ninguno puede ser buen cosmógrafo si también no fuere pintor, y supo también hacer diseños para plantar las tierras y fijar los cuerpos cosmográficos en plano y redondo". Los principales conocimientos que requiere un buen navegante los aprendió durante estos 6 años de convivencia en el mar con sus tíos.

    Como se ha podido observar, son congruentes con las declaraciones hechas por Colón en cuento a sus principios en la navegación se refiere. Lo más probable es que entre 1470 y 1474 dedicara más tiempo a los estudios y menos a la práctica de la navegación, pero una vez llegado el año 1474, al decir él que adoptó vida marina a los 14 años, es cuando verdaderamente se fue convirtiendo en un buen navegante, compartiendo los estudios náuticos con la práctica, navegando de Levante a Poniente y recorriendo costas y puertos del Mediterráneo al lado de los marinos más expertos.

    Colón, en una carta de 1502 señaló solamente los puertos de Nápoles, Marsella y Hyères. En la misma carta da muestras de conocer Cabo Creus en Cataluña, el Golfo de Narbona, Cerdeña y la costa de Berbería.

    Obsérvese que el Almirante en sus escritos nunca habla de Génova, dato eminentemente revelador, de la misma manera que en sus descubrimientos nunca bautiza tierras ni accidentes geográficos con voces italianas.

    Muchas veces menciona a Sicilia. La recuerda como una gran isla -en efecto, es la mayor del Mediterráneo- para decir que Cuba es aún más grande. La recuerda por sus tierras elevadas. Colón bordeó las costas septentrionales y orientales: vio el Etna, al cual cita en una apostilla; vio las altas montañas al borde del mar y tuvo noticias de las fuertes y famosas ciudades que, detrás de aquellas, surgían en el interior de la isla. La recuerda también por la fertilidad de su suelo, comparándola con Andalucía. En una de sus cartas, Colón habla de una empresa corsaria a Túnez y nombra a Marsella y a San Pietro de Cerdeña. En otra, ya citada cuando nos referimos a la navegación del Mediterráneo occidental, habla además de Marsella, de Cerdeña, y por evidente conocimiento directo, de las islas Hyères, de Nápoles y de la costa de Berbería. No cita jamás, por el contrario, atracadero, golfo, promontorio ni isla alguna de la Liguria, Córcega, Provenza o Toscana.

    Ratifico a continuación que Colón hizo de la práctica náutica la más importante aunque no la única escuela de su vida de navegante. Mientras transitaba los mares, profundizó sus estudios y su experiencia personal le permitió conocer vientos y corrientes. Prueba de esto es la carta mandada a los Reyes Católicos, fechada el 6 de Febrero de 1502, en la que el Almirante expresa:

    "El verano y el invierno, los que andan continuo de Cádiz a Nápoles ya saben cuando pasan por la costa de Catalunya, segund la sazon, el viento que han de hallar en ella y asy mismo cuando pasan por el golfo de Narbona. Estos que han de yr de Cádiz a Nápoles si es tiempo de ynvierno, van a vista de Cabo de Creo en Catalunya, por el Golfo de Narbona; entonces vienta muy recio y las veces las naos conviene le obedezcan y corran por fuerza hasta berueria y por esto van más al cabo creo, por sostener mas la bolina y cobrar los Pameges de Marsella, las Islas de eres (Hyères) y después jamas se desabarcan de la costa hasta llegar donde quer… Si de Cadiz ovieren de yr a Nápoles en tiempo de verano, navegan por la costa de beruería hasta cerdena, ansy como está dicho de la otra costa de la tramontana, para estas navegaciones ay hombres señalados que se an dado tanto a ello que conoscen todos estos caminos y que tenporales pueden esperar segund la sazon del año en que fueron vulgarmente a estos tales llamamos pylotos ques tanto como en la tierra adalid que bien que uno sepa muy bien el camino daquy a fuent rabia para levar una hueste no lo sabe daqui a lisbona, esto mismo acaesze en la mar que unos son pylotos de Flandes y otros de Levante cada uno de la tierra que mas usa".

    Todas estas experiencias y viajes jugaron en la vida de Colón un papel muy importante.

    Fue en la etapa preparatoria de sus grandes viajes donde aprendió el arte de la navegación, conoció nuevas gentes, sus distintos usos y costumbres, se enriqueció vitalmente con estas experiencias y conocimientos técnicos y científicos, vivió intensamente la mar, la sintió y fortificó su cuerpo y su alma para enfrentar dificultades. Surcando las aguas del Mare Nostrum escuchó las enseñanzas de sus maestros y aprendió a manejar cartas náuticas, astrolabios, brújulas, etc, etc, elementos esenciales para orientarse en el mar y llegar a ser un buen piloto.

    De las experiencias, relaciones y trato con gente sabia, él mismo nos deja veracidad en una carta en que escribe acerca de haber "tenido trauto y conversación con gente sabia latinos y griegos, judíos e moros".

    Con estas aportaciones hemos podido conocer la realidad de su vida durante 6 años decisivos, en que este incomparable navegante empecinado y valiente, se preparó para realizar la gesta más importante del milenio histórico que transitamos.

    La tesis del nacimiento de Cristóbal Colón en Génova ha sido la más divulgada hasta el presente debido al apócrifo soporte documental que la sostiene. En verdad que resulta cojitranca por la falta de coherencia entre lo que afirma y la dura realidad de la vida de Colón, tanto por el Mediterráneo, Portugal como en España.

    Veamos la película del origen genovés de Colón.

    Giovanni Colombo, abuelo de Cristóforo Colombo, nació en Mocónesi, aldea de Fontanabuona. Residía en Quinto, localidad que actualmente está dentro del casco urbano de Génova, pero por aquel entonces era una aldea extramuros de la ciudad.

    Giovanni Colombo tuvo dos hijos, Doménico y Antonio. Un documento de 21 de Febrero de 1429 acredita que su hijo Doménico es entregado como aprendiz a Guillermo de Brabante, tejedor de paños, por un período de seis años. En 1439 Doménico era ya maestro en el arte textil y desde este último año hasta 1447 practicó su oficio en Génova.

    En 1451 ya estaba casado con Susanna Fontanarossa, era guardián de la Porta dell´Olivella y vivía en Génova.

    Cristóforo Colombo nació muy posiblemente a finales de 1451. En 1455 Doménico Colombo habitaba en Vico Diritto, en la misma casa donde tenía instalado el taller textil. En febrero de 1470, se había trasladado a Savona ejerciendo el doble oficio de tejedor de paños y tabernero.

    Cristofóro Colombo, su hijo mayor, se asoció con él en este comercio. Esto se ha llegado a saber por un acta notarial del 22 de Septiembre de 1470, en la que el padre es calificado de tabernero, y en la que el hijo reconoce la deuda de 48 libras genovesas por vino adquirido por su padre y por él. Pero ambos continuaron comprando lana y vendiendo paños.

    En una acta de los laneros de Savona, del 12 de Marzo de 1473, encontramos otra vez el nombre de Doménico Colombo. El 24 de Septiembre del mismo año Cristóforo interviene en el contrato de venta de la casa de sus padres en la Porta dell´Olivella, en Génova. A principios de 1477, cuando ya había comprado en Légino, en los alrededores de Savona, un terreno con casa, cede también la propiedad de Vico Diritto.

    Tras todo lo expuesto en este artículo, como puedes ver amable lector, el Cristóforo Colombo genovés nada tiene que ver con el verdadero Descubridor de América, el noble Cristóbal Colón, hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana y de Margarita Colón. Los datos que nos ofrecen los defensores de la tesis genovesa no concuerdan con los que nos facilita la fuente histórica, es decir, con las propias manifestaciones que el Almirante de las Indias a lo largo de toda su vida hizo a través de sus escritos y los de sus biógrafos más cercanos que fueron su propio hijo Fernando y Fray Bartolomé de las Casas.



    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    24.- Llegada a Portugal. Colón se sentía hijo de rey sin reino.


    En el mes de Agosto de 1476 Colón arribó por vez primera a Portugal. Para estos tiempos el futuro Almirante del Nuevo Mundo era ya poseedor de una férrea experiencia como navegante, adquirida desde su niñez en singladuras mediterráneas a lo largo y ancho del Mare Nostrum y posiblemente en otras más allá de la Columnas de Hércules.

    Deseaba y necesitaba realizar nuevas experiencias y le atraía el Atlántico. Ahí ampliaría sus conocimientos, navegaría por diferentes lugares y quizás ya estuviese en su mente transitar las remotas tierras de Cipango, viajero en naos de andar apresurado.

    En aquella época Portugal estaba en guerra con los reinos de Castilla y Aragón. El Rey de Francia Don Luis XI se había aliado con Don Alfonso de Portugal, Tenía lugar la Guerra de Sucesión entre Doña Juana la Beltraneja, casada con Don Alfonso de Portugal y Doña Isabel la Católica, esposa de Don Fernando V de Aragón.

    Con relación a este tema el prestigioso historiador norteamericano Washington Irving en su obra Vida y viajes de Cristóbal Colón relata: "Zurita habla en los Anales de Aragon de Colombo el tio (1.XIX p.261) en la guerra entre España y Portugal, sobre los derechos de la princesa Doña Juana á la corona de Castilla. En 1476 el rey de Portugal determinó ir á la costa meridional de Francia, para incitar á su aliado Luis XI á seguir la guerra en la provincia de Guipúzcoa.
    Salió el rey de Toro, dice Zurita, en 18 de junio, y fue por el rio á la ciudad de Porto para esperar la escuadra del rey de Francia, cuyo capitan era Colon (Colombo) que debía navegar por el estrecho de Gibraltar y pasar á Marsella.
    Después de algunas dilaciones llegó Colon al fin de julio con la armada francesa á Bermeo, en la costa de Vizcaya, adonde sufrió una tempestad violenta, perdió su capitana, bajó á la costa de Galicia con ánimo de atacar á Ribaldo (Ribadeo), y perdió mucha de su gente. De allí pasó á Lisboa para recibir al rey de Portugal, que se embarcó en su flota en agosto con varios nobles, dos mil doscientos soldados de á pie y cuatrocientos setenta caballos, para reforzar las guarniciones portuguesas de la costa de Berberia. Iban en la escuadra doce bajeles grandes y cinco carabelas.
    Después de tocar en Ceuta, prosiguió la armada á Colibre, adonde el rey se desembarcó á mediados de setiembre, no permitiéndole el tiempo llegar hasta Marsella (Zurita, 1. XIX c. 51)".


    Mientras se llevaba a cabo esta expedición naval, llegado el 13 de Agosto de 1476 aconteció un violento enfrentamiento frente al Cabo de San Vicente entre la escuadra comandada por Casenove Coullon y una flota de cuatro galeazas genovesas. El combate fue descrito por los cronistas Ruy de Pina, portugués, y Alonso de Palencia castellano, y confirmado por una carta al Rey Fernando, dirigida a Mosén Diego de Valera, fechada en Vitoria a 7 de Septiembre del citado año.

    En las crónicas se relata que hallándose la armada de Casenove Coullon frente al Cabo de San Vicente, al encontrar cuatro galeazas genovesas, Coullon pidió derecho de inspección y negándola, los genoveses tomaron las armas para su defensa, y se desencadenó combate que dio por resultado el incendio de varias naves. En una de ellas iba el joven Colón, que contaba entonces con 16 años de edad, el cual nadando y con ayuda de un remo consiguió llegar a las costas portuguesas.

    Los defensores del "genovismo" han tratado de probar que Cristóbal Colón participó en este combate no como miembro de la escuadra francesa, sino como tripulante de una de las naves genovesas. Pero esto no es cierto, pues él iba en compañía de su tío Casenove Coullon, y además, esto se demuestra porque tras el incidente, dos naves genovesas que lograron salvarse se refugiaron en Cádiz, y Colón no se fue con ellas, sino que se quedó en Portugal, país al que servia su tío, como Almirante de Francia.

    Comparten esta opinión; Altolaguirre, Antonio Paz y Melía, Salvador de Madariaga, Simon Wiesenthal, Luis Ulloa, Ricardo Carreras Valls, etc.
    El futuro Descubridor llegó a las costas de Portugal, en concreto a las playas de Lagos, donde se encuentra una aldea de pescadores, en la desembocadura de un pequeño río.

    Desde este lugar emprendieron viaje muchas de las expediciones oceánicas organizadas por Don Enrique el Navegante. Colón ya estaba en Portugal, se había salvado de milagro, tuvo que luchar contra las aguas de este inmenso Océano y el peligro de muerte le acechó en el mismo varias veces. Precisamente habló de ello en una carta al Rey Don Fernando en Mayo de 1505.

    La carta empieza así: "Dios nuestro Señor milagrosamente me envió acá porque yo sirviese a Vuestra Alteza: dije milagrosamente porque fui aportar a Portugal" .

    A quince millas de Lagos se encuentran los cabos de Sagres y San Vicente, lugar donde Don Enrique había instalado la famosa escuela de cartografía y el cuartel general para la organización de sus descubrimientos. Cabe recordar que esta escuela, al ser fundada fue dirigida por el prestigioso cartógrafo mallorquín, autor del mundialmente famoso Atlas Catalán de 1375, cuyo nombre judío era el de Jafuda Cresques y que al convertirse al cristianismo tomó el de Jaume Ribes.

    Es aceptable admitir que después de su llegada a Lagos Cristóbal Colón se dirigió a Sagres, donde dieciséis años después de la muerte de Don Enrique, la escuela de cartografía estaba abandonada. Allí tuvo que respirar la atmósfera de los descubrimientos.

    A la sazón Colón se sintió fuertemente atraído por Portugal. No solamente por la importancia que tenía este país por inquietudes atlánticas y su gran experiencia marinera, sino también por su lengua, extraordinariamente parecida al mallorquín.

    Desde Portugal Colón tenía la puerta abierta hacia el inmenso Océano inexplorado y desconocido en su mayor parte, que cautivó a este hombre observador y estudioso. En él realizó una serie de estudios y viajes que le posibilitarían el otro, el magno, el que debía llevarle a las costas de Catay dando la vuelta a la otra cara del mundo.

    A principios de 1477, con el fin de conocer y realizar un completo estudio geográfico, Cristóbal Colón viajó a Islandia, la "Thule" de aquellos días. Posteriormente regresó a Portugal con nuevos conocimientos geográficos que le permitieron conocer que la isla nórdica estaba situada mucho más hacia el Occidente de lo que decía Ptolomeo.

    Es muy posible que esta nueva conclusión motivara en Colón un fuerte interés en realizar un viaje hacia Catay y Cipango por la ruta de Poniente.

    A mediados de 1477 Colón se encontraba en Lisboa, ciudad importante y de gran tradición marinera. Alli entrabló contaco con personas relacionadas con el mar, la cosmografía y los descubrimientos de la costa de Guinea y de las islas del Mar Océano.

    Después de su llegada a dicha urbe, es cuando Colón empezó a mostrarse varón de rango.

    Cuenta Las Casas cómo Colón solía ir a misa a un Convento conocido por el de los Santos: "El convento en cuestión pertenecía a las monjas de la Orden Militar de Santiago y había sido fundado como hogar para las esposas e hijas de los caballeros de Santiago mientras sus marido y padres se hallaban combatiendo a los infieles. Las Damas que en dicho hogar se refugiaban hacían voto de castidad, de pobreza y de obediencia".

    Mientras Colón frecuentaba este convento, cuenta Salvador de Madariaga en una de sus publicaciones que conoció a una mujer de origen noble, llamada Filipa Moniz Perestrello con la que contrajo matrimonio. "Era ella noble por ambos costados. Del lado materno, procedía de la famosa y potente casa de Moniz, en estrecho contacto con la Corona desde que en el siglo XII su fundador Egas Moniz había sido gobernador del reino bajo Alfonso Enríquez, primer Rey de Portugal. Del lado paterno, descendía de la familia italiana de los Palestrellos o Pallatrellis de Placencia o Piacenza, uno de cuyos vástagos, establecido en Portugal en el reinado de Don Juan I, había probado la nobleza de su sangre negándose a contribuir a los gastos de la guerra de Africa a causa de su limpio abolengo. Este magnate tuvo cuatro hijos: Richarte, Isabel, Branca, Bartholomeu".
    Bartholomeu era el suegro de Colón, padre de Filipa Moniz, y por consiguiente, una especie de cuñado de la mano izquierda del Arzobispo de Lisboa. Bartholomeu Perestrello, había sido nombrado capitán hereditario de la isla de Puerto Santo por su pericia marinera y sus valerosas hazañas.
    El matrimonio debió tener lugar en 1478 o 1479, probablemente en Lisboa donde hacia 1479 o 1480 nació Diego Colón, que había de ser segundo Almirante hereditario del Mar Océano.

    Referente a unas declaraciones hechas por la mujer de Bartholomeu Perestrello al propio Colón, Las Casas cuenta lo siguiente. "Ansí que entendido por la suegra su inclinación contóle cómo su marido Perestrello había sido también persona que tuvo inclinación a las cosas del mar y que había ido por mandado del Infante Don Enrique de Portugal, en compañía de otros dos caballeros, a poblar la isla de Puerto Santo, que pocos días había que era descubierta, y al cabo a él sólo cupo la total población della y en ella le hizo mercedes el dicho Infante y como entonces andaba muy hirviendo la práctica y el ejercicio de los descubrimientos de la costa de Guinea y de las islas que había por el mar océano, y esperaba el dicho Bartolomé Perestrello desde aquella descubrir otras, como se descubrieron".

    La suegra dio a Colón instrumentos, escrituras y pinturas convenientes a la navegación, que debía tener de su marido.

    Hemos podido observar de la lectura de lo transcrito cómo le resultó sencillo a Colón incorporarse a la nobleza portuguesa y la pronta aceptación de la misma, lo que a su vez le permitiría conocer a Filipa Moniz, aristócrata portuguesa con la cual casó sin inconvenientes y todo esto antes de que hubiese presentado sus planes para viajar a Catay y Cipango por la ruta de Poniente.

    Las verdaderas razones de todo ello hay que buscarlas en que el Príncipe de Viana, padre de Colón, era bien conocido por la nobleza lusitana, habida cuenta que como es bien sabido, estuvo previsto su matrimonio con la Princesa Catalina de Portugal, hermana del Rey de dicho país. Fue precisamente en 1459, durante el confinamiento de Don Carlos en la isla de Mallorca, donde le visitó el embajador portugués Gabriel Lorenzo, portando las bases mediante las cuales se concertaba su matrimonio con la Infanta Catalina, la cual, por cierto ,al tener noticia de la muerte del Príncipe de Viana acaecida en Barcelona en 1461, se retiró al Convento de Santa Clara de Coimbra, de por vida.

    Después de su matrimonio, Colón fue a vivir a la isla de Puerto Santo, situada en las proximidades de la isla de Madeira, cuyas costas baña el Atlántico.
    Es de suponer que llegará a ella acompañado de su mujer Filipa Moniz y de su hijo Diego. Para entonces era Gobernador de Puerto Santo su cuñado Pedro Correa, casado con una hermana de Filipa. Durante su tiempo de estadía en la isla hubo de recorrerla, observando y estudiando todas sus características.

    Realizó también varios viajes por el Atlántico, visitando las islas Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde y en la costa africana estuvo en Guinea.

    Todos estos viajes le proporcionaron a Colón un vasto caudal de conocimientos de estas diferentes islas y costas africanas, al igual que le enseñaron las condiciones generales de navegación a lo largo de esa amplia zona de Atlántico y en especial de la situada a Poniente de las islas de Madeira, Canarias, y Cabo Verde.

    George E. Nunn, moderno geógrafo norteamericano que ha estudiado las concepciones geográficas de Colón en el libro The Geographical Conceptions of Columbus , New York, 1924, "prueba cómo Colón había procurado hacerse con la formación científica más completa de que entonces se disponía sobre los vientos, las corrientes y las condiciones generales de navegación a poniente del grupo de las islas de Madeira. En resumen, los hechos ulteriores demuestran que Colón era un piloto y navegante del Atlántico de tal pericia que sólo con una experiencia velera considerable podía explicarse".

    Colón, después de numerosos estudios, cálculos, consultas y observaciones de gran cantidad de libros y documentos llegó a la siguiente conclusión: "Que la distancia por tierra entre España y las Indias abarcaba 282º de la circunferencia terrestre; quedaban por tanto sólo 360-282, o sea 78º como distancia entre Lisboa y Catayo. Como además estos grados tenían para él 56 2/3 al Ecuador, es decir, unas 50 millas a la altura de las Canarias, la distancia total de España a la India por el Occidente le venía a resultar en el paralelo de La Gomera a unas 3.900 millas, os sea 975 leguas.
    Este sistema de errores le venía a situar el Asia, o sea su "India", casi exactamente en la costa atlántica de América. Es ésta una de las grandes casualidades de la historia, y nada tiene de extraño que, al topar con tierra precisamente donde la esperaba, Colón se aferrase a su idea de que había desembarcado en Asia".

    Mientras Colón andaba y venía de un lugar a otro, navegando o consultando libros y escritos, habían transcurrido ya varios años desde que se estableciera en Portugal. Fue durante este intervalo de tiempo que el futuro Gran Almirante contrajo matrimonio con Filipa, realizó muchos viajes y se convirtió en un experto navegante del Atlántico. Así lo demuestra una carta enviada a los Reyes Católicos, el 23 de Marzo de 1503: "En este tiempo yo he visto y puesto a estudio en ver todas escrituras: cosmographia, hystorias, crónicas y fylosophia, y de otras artes a que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Yndias, y me abrió la voluntad para la hexecuçión d´ello; y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

    Colón empezó a revelar sus opiniones sobre la anchura del Océano y los descubrimientos posibles en aquella dirección por el año 1478, y siguió hablando del asunto hasta 1484.

    En 1483 sus proyectos ya estaban definidos, pero sus medios no le eran suficientes. Necesitaba naves y marineros para llevar a cabo la aventura. La mejor solución era sin duda presentar el proyecto al Rey de Portugal. Colón contaba para entonces con 23 años. Su padre, el Príncipe de Viana, cuando tenía esta misma edad, ya hacía cuatro años que se había casado con Doña Inés de Cleves y estaba gobernando Navarra, con el consentimiento de su padre Don Juan II.

    Colón propuso al Rey Juan de Portugal su proyecto, comprometiéndose a hacer lo siguiente: "que por la vía del Poniente hacia Auster o Mediodía, descubriría grandes tierras, islas y tierra firme, felicísimas, riquísimas de oro plata y perlas y piedras preciosas y gentes infinitas: y que por aquel camino entendía topar con tierra de la India y con la grande isla de Cipango y los reinos del Gran can".

    Pero a cambio solicitó al Rey de Portugal lo siguiente: "Primeramente, que le honrasen armándole caballero de espuelas doradas" , como segunda condición, "que se pudiese llamar, Don Cristóbal Colón, él y sus sucesores" , y como tercera condición, "que le diesen título de Almirante Mayor del Océano".

    Después como condiciones materiales, solicitó que se le diera "la décima parte de las rentas que el Rey hubiese de todas las cosas que fuesen oro, plata, perlas, piedras preciosas, metales, especería y de otras cualesquiera cosas provechosas" . Finalmente reclamaba el derecho de contribuir con un octavo a los gastos de toda expedición "que se armase para el dicho trato y negociación cada y cuanto y cuantas veces se armase" .

    No cabe duda que nadie hasta entonces, ni posteriormente, había presentado a Don Juan II tan magnas peticiones que solamente se justifican en un personaje de estirpe real, tal como él lo era, hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana y de Margarita Colón. El futuro Almirante pedía más de lo razonable: pedía retazos de soberanía porque se sentía hijo de Rey sin Reino.

    Tales solicitudes ante los Reyes por derecho divino por parte de un simple marinero genovés, de humilde origen, supuesto hijo de Doménico Colombo y de Susana Fontanarossa, según consta en las actas notariales, fechadas entre 1470 y 1473 en Génova o en Savona, con la profesión de lanero, no tan sólo hubieran sido intolerables, sino injuriosas con ribetes de crimen de lesa majestad.

    Si en 1473 todavía figuraba como lanero, falta ahora saber desde qué fecha se la consideró marinero y navegante. Lo mismo queda por esclarecer cuales hubieran sido las razones que le hubieran permitido el casarse en Portugal con una mujer de la aristocracia lusa, siendo él un simple navegante, y sin ascendencia conocida ni títulos que avalasen su valor. Y por si esto no fuera suficiente, queda algo mas oscuro todavía por demostrar, como son las causas que a nivel personal le hubieran permitido mantener una considerable relación con la Corte y las razones que le hubieran llevado a atreverse a hacer tan extrañas peticiones como un precio-contrapartida de pago por el Descubrimiento por Descubrir.

    Madariaga, refiriéndose a las peticiones de Colón al Rey de Portugal, cuenta lo siguiente: "En cuanto a los privilegios que tan elevada posición implicaba, Colón, sin arriesgarse a duda alguna, los definía del modo más concreto: él sería Almirante del Mar océano, "con todas las preeminencias o prerrogativas, privilegios, derechos, rentas e inmunidades que tenían los Almirantes de Castilla".

    La pretensión ambiciosa de Colón correspondía a sus quilates como experimentado navegante que ya era, como propias de la época que le tocaba vivir como atinantes a su principesca bastardía. No fue entendido o correspondido oportunamente por la Corona portuguesa y sí por la Reina de Castilla, Isabel I, que a punto estaba de maridar con el padre del audaz Colón. Es que con Cipango o sin Cipango, con o sin América Colón fue el primero que navegó en alta mar sin temor a alejarse de la costa según lo manifiesta muy bien Oviedo: "Cristóbal Colom fue el primero que en España enseñó a navegar el amplísimo mar océano por las alturas de los grados del sol y norte; y lo puso por obra; porque hasta él, aunque se leyese en las escuelas tal arte, pocos (o mejor diciendo, ninguno) se atrevían a lo experimentar en los mares".

    Colón no tenía nada de modesto en sus exigencias, pues pedía que se le nombrase Viso-Rey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierras firmes que descubriese por su persona y profesión.

    Todas estas manifestaciones constituyen elementos a considerar en profundidad y que nos autorizan en base a los mismos y a otros que se describirán más adelante en este trabajo investigativo, a manifestar que el Almirante Cristóbal Colón, de quien escribimos, no tiene nada que ver con el homónimo que nos ha venido a través de la leyenda genovesa.

    El Rey de Portugal sometió a estudio de los científicos el proyecto de Colón. Las personas seleccionadas para emitir dictamen fueron dos médicos y astrólogos judíos del Rey; el tercero, el Obispo de Ceuta y luego de Vizeu, eclesiástico castellano. La respuesta fue negativa habida cuenta que los astrólogos y cosmógrafos que examinaron el plan consideraron que a la otra parte del Océano no había tal Cipango.

    Es probable que Don Juan recibiera el proyecto con poca simpatía, incredulidad y escepticismo. Así se desprende de lo que escribió Barros, cronista del Rey, diciendo: " El rey porque vía ser este "Christovam Colom" homem falador e glorioso em monstrar suas habilidades, e mais fantastico e de imaginaçóes com sua ilha cypango, que certo no que dizia davalhe pouco credito. Comtudo" -añade Barros no sin cierta superioridad- "a força de suas importunaçoes mandou qu´estivesse com Dom Diogo Ortiz, bispo de Cepta e com Mestre Rodrigo e Mestre Josope, aquem quém ele cometía estas cousas da cosmographia e seus descobrimentos; e todos ouveran por vaidade as paraulas de "Christovam Colom", por todo ser fundado em imaginaçoes e cousas da ilha Cypango de Marco Paulo" .

    Este documento histórico demuestra fehacientemente que el Descubridor se registró en Portugal con su verdadero apellido "Colom", en 1483.

    A principios de Marzo de 1493, al regreso de su primer viaje a las Indias, el Almirante fue recibido por el Rey de Portugal con los honores debidos a su alto rango.
    Washington Irving, al relatar lo sucedido en aquella ocasión expresa: "Colon hubiera querido rehusar la invitación soberana, desconfiando de la buena fé del rey; pero lo tempestuoso del tiempo lo había puesto en su poder, y creyó prudente evitar toda apariencia de sospecha. Púsose pues en camino aquella misma tarde para Valparaiso, acompañado de su piloto. La primera noche durmió en Sacamben, donde se habían hecho preparativos para recibirlo honrosamente. El tiempo era lluvioso; y no llegó a Valparaiso hasta la siguiente noche. Al aproximarse á la residencia real, salieron á recibirle los principales caballeros de la comitiva soberana y lo condujeron con gran pompa al palacio. La recepción que le hizo el monarca fue digna de un principe ilustrado. Mandó que tomase asiento en su presencia; distinción dispensada solo á personas de la sangre real ó egregia estirpe, y despues de muchas enhorabuenas por el glorioso resultado de su empresa, le aseguró que cuanto el Portugal contenía que pudiese serle útil a sus soberanos ó á él, quedaba enteramente a sus órdenes".

    Es verdaderamente lamentable, que ante pruebas tan fehacientes que demuestran que el Almirante no podía ser nunca el mercader genovés Colombo, todavía haya algunos tozudos ilustres historiadores que lo sostengan.

    Algunos de estos, con el objetivo de poblar que el genovés Cristóforo Colombo es la misma persona, que el verdadero Descubridor de América, el noble Cristóbal Colón, hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana (hermano del Rey Fernando el Católico ) y, de la mallorquina Margarita Colón, en sus publicaciones nos dan a conocer algunos documentos que sin ninguna duda son apócrifos.

    El profesor Paolo Emilio Taviani en su obra "Cristóbal Colón, génesis del gran Descubrimiento nos da a conocer uno de ellos. El texto es como sigue: "En 1904 Ugo Assereto descubrió, en el Archivo Notarial del Estado de Génova, entre las actas del notario Girolamo Ventimiglia, sección 2ª, años 1474-1504 Nª266, un documento otorgado en Génova el 25 de agosto de 1479".

    Un fragmento de este documento menciona a Cristóforo Colombo. Vertido al castellano dice: " Debiéndo Paolo Di Negro, comisionado por el mismo Lodovico el dicho Cazano o por uno de ellos, mandar a comprar cierta cantidad de azúcar en la isla de Madera y habiendo el dicho Lodovico enviado por eso mil doscientos noventa ducados o sea mil doscientos noventa grossati o su valor al dicho Paolo quien debía comprar dos mil cuatrocientos o más rubios de azúcar, Cristóforo Colombo por mandato de dicho Pablo fue enviado a la isla de Madera y allí acaparó y compró por orden del mencionado Paolo la cantidad de azúcar antedicha.
    Testigos a favor de Lodovico Centurione.
    In nomine Domini amen. Sepan todos los que vean el presente público intrumento testimonial que, constituido en presencia mía, el notario, y de los testigos que firman abajo por lo que fueron especialmente llamados y exhortados, Cristóforo Colombo, ciudadano de Genova, solicitado aquí como testigo, debe ser recibido y examinado en calidad de tal.
    Interrogado si debe partir pronto, responde: si, mañana por la mañana a Lisboa. Interrogado cuántos años tiene, responde que su edad es de alrededor de 27 años".

    Pero como Cristóbal Colón no era Cristóforo Colombo, por la mencionada fecha el primero residía en Portugal y el otro en Génova.

    Cabe puntualizar aquí, que entre los historiadores que sostienen la falsedad del citado documento se halla el ex Director de la Real Academia de la Historia de España, el prestigioso historiador americanista Don Antonio Rumeu de Armas.


    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
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    descoronar son front"

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    25.- La muerte del Príncipe de Viana.


    Desde que el muy poderoso y temido infante D. Juan de Trastamara, celebró su segundo matrimonio, el infeliz príncipe D. Carlos, primogénito del citado D. Juan y de la Reina Doña Blanca de Evreux, fue perseguido tenaz e inicuamente por su madrastra, Doña Juana Enríquez. Esta persecución subió de punto al nacer el futuro Rey católico D. Fernando.

    Noche y día martirizaba a la flamante infanta de Aragón el pensamiento de que el fruto de sus entrañas sería un principillo obscuro y relativamente pobre, mientras que el hijo de la otra, ya Soberano de Navarra y duque francés de Nemours, llegaría a ser, probablemente, conde de Barcelona, señor de muchas ciudades, villas y burgos en Castilla, y Rey de Valencia, Mallorca, Aragón, Sicilia, Nápoles y Cerdeña.

    Como era poderosísimo el influjo que ejercía Doña Juana sobre su viejo esposo, éste, que detentaba ya la Corona propiedad de D. Carlos, dio en humillarle con tanta persistencia, que el citado príncipe, no muy conforme con el título de "lugarteniente del señor Rey, su padre", hubo de protestar y acudir a las armas. A semejante extremo fué arrastrado, según se dice, por los beamonteses, que, a fuer de leales servidores y deudos de la casa de Evreux, veían indignados cuanto estaba ocurriendo en Navarra.

    Vencido el joven príncipe por las tropas del autor de sus días y prisionero de ellas, fue encerrado primeramente en el castillo de Tafalla y después en el de Monroy; más los aragoneses gobernados por el infante Don Juan en nombre del Rey magnánimo -muy agradablemente entretenido a la sazón en Nápoles, donde tenía una brillante corte de artistas y poetas famosos-, los aragoneses, repito, se declararon tan abiertamente a favor de D. Carlos, que hubo necesidad de acudir a una comisión de notables para que zanjaran las diferencias existentes entre el padre y el hijo.

    Al fin, y en virtud del laudo dictado por aquélla, quedó el preso en libertad; mas subsistiendo la aversión de Doña Juana a su entenado, causa de los disgustos entre Don Juan y su primogénito, los partidarios de uno y otro tornaron a ensangrentar el país, hasta que, desbaratados junto a Estella los beamonteses, resolvió D. Carlos trasladarse a Italia para pedir protección al Rey, su tío y al Pontífice.

    Tras una corta estada en la capital del mundo católico, sin lograr el amparo de Calixto III, que se desentendió del asunto por vituperable egoísmo, llegó D. Carlos a la ciudad partenopea, donde fue recibido cariñosamente por el magnánimo Monarca aragonés, quien noticioso de que D. Juan, por inducimiento de su esposa, intentaba despojar de la Corona materna al de Viana, escribió al desnaturalizado padre diciéndole que deseaba ser árbitro en sus querellas con aquél.

    A fin de conservar los gobiernos de Aragón y Valencia, que en nombre de D. Alfonso desempeñaba, mandó D. Juan suspender el proceso incoado contra su hijo para desheredarle, procuró que cesara la enemistad entre agramonteses y beamonteses y dejó, por lo pronto, de perseguir y maltratar a los últimamente mencionados.

    Sabedor de esto el príncipe , preparábase a tornar al país materno cuando, víctima de cruel enfermedad, murió en junio de 1458 el excelente Alfonso V.

    En su testamento dejaba a un hijo suyo habido fuera de matrimonio la Corona de Nápoles, y al infante D. Juan, los demás Estados que poseía en España e Italia.

    Ni D. Carlos ni su genitor quisieron desacatar las postreras disposiciones del Rey Alfonso, y el primero solicitado para que se ciñera la Corona napolitana negóse rotundamente. Hizo más; no juzgando oportuna por entonces la vuelta al suelo hispano y pareciéndole poco discreto permanecer en la ciudad partenopea, retiróse a un cenobio mesinés, donde se dedicaba al estudio y a escribir algunas de las obras en prosa y verso que han llegado hasta nuestros días, cuando Don Juan, ganoso de vigilarle más de cerca, le ordenó volver a España sin demora.

    Obedeció el príncipe, aunque varios amigos y servidores fieles procuraron que no saliera de Sicilia, y con un acompañamiento modestísimo arribó a las costas de Cataluña, desde las cuales se trasladó a Mallorca por haberlo dispuesto así D. Juan últimamente.

    Tuvo en Palma tantos disgustos, que al poco tiempo embarcóse con dirección a Barcelona; pero noticioso de que sus partidarios, que eran infinitos en la antigua ciudad de los Condes, le preparaban un recibimiento entusiasta, no quiso entrar en ella temeroso de enojar al Monarca aragonés, y se alojó en un convento de las cercanías, desde el cual escribió al Rey excusándose de haber salido de Mallorca y manifestándole que deseaba hablar con él y con la Reina para convencerles de su filial afecto.

    Repugnaba a la Enríquez ver a su entenado, mas para complacer a D. Juan, que había resuelto entrevistarse con su hijo, decidió acompañar al Rey a Barcelona, y al llegar a Igualada salió el príncipe a recibirlos, y puesto de hinojos les besó las manos, correspondiendo ellos muy afectuosamente a tales manifestaciones de respeto y cariño.

    Seguidamente entraron en la urbe laletana, que les agasajó sobremanera y durante algún tiempo, no mucho en verdad, vivieron los tres como correspondía a padres e hijo.

    Rompióse la concordia por haber averiguado el último que D. Juan pensaba desheredarle. Este proyecto indigno movió a Don Carlos a ponerse de acuerdo con sus parciales aragoneses, navarros y catalanes y a reanudar antiguos tratos con el Rey de Castilla, con cuya hermana, Isabel, deseaba casarse.

    El almirante D. Fadrique, padre de la Reina, participó a su yerno que nuestro Enrique IV se mostraba favorable a dicho matrimonio, y como D. Juan, que se hallaba en Lérida presidiendo unas Cortes, supiese, casi al mismo tiempo, que los beamonteses se apercibían a la guerra y que igual cosa hacían en Cataluña y Mallorca los partidarios del príncipe, ordenó a éste que se presentase al punto en aquella ciudad.

    Repitiéndose el caso de Sicilia, aconsejaron a D. Carlos sus íntimos desobedeciera el mandato paterno, y aún hubo quien le dijo "que era de temer le diesen un bocado de mala digestión"; mas el príncipe se empeñó en ir a Lérida, donde, seguidamente de oír todo linaje de improperios, fue encerrado en un castillo o fortaleza real.

    La noticia de lo ocurrido desagradó al Monarca castellano, exasperó a los nobles beamonteses e indignó hasta tal extremo a las cortes barcelonesas, que no tardaron en enviar a D. Juan II embajadores pidiéndole la libertad del preso y pintándole, sin ninguna clase de eufemismos, los males enormes que podría originar la conducta observada con aquél.

    Contestó el Soberano altivamente: mas como numerosos sublevados, provistos de cañones, se dirigiesen a Lérida, él, la Enríquez y toda su corte viéronse en la precisión de huir a Fraga y más tarde a Zaragoza. Supo aquí D. Juan que en Valencia, Sicilia y Mallorca varios pueblos levantaban bandera para defender a D. Carlos, y determinó sacarle de la prisión donde le tenía y encargar a Doña Juana le condujera a Barcelona, como si únicamente a ruegos de aquella odiosa mujer le hubiese puesto en libertad.

    Los catalanes, que sabían perfectamente a qué atenerse respecto al asunto, no consintieron que la Reina pasase de Villafranca, población en la cual fue entregado el príncipe a sus familiares y amigos.

    Divulgóse este acontecimiento rápidamente por España entera, y en todas partes produjo verdadero alborozo. Don Carlos, que entró en Barcelona triunfalmente, pretendió entonces que sus adeptos dejasen las armas, mas ellos se negaron a complacerle ínterin D. Juan no le confiase los gobiernos de Cataluña y del Rosellón y le reconociese en público como su primer heredero.

    Obligado por las circunstancias, suscribió el Rey tales condiciones, que no tuvo tiempo de vulnerar, como seguramente era su intención secreta, pues una enfermedad que sumió a media Europa en doloroso estupor acabó con el príncipe en escasos días.

    Antes de que falleciese, algunos de sus afines, que sospechaban un terrible misterio en la mortal dolencia que padecía, le aconsejaron que se casase con Doña Brianda Vaca, y legitimando a su bastardo Don Felipe destruyese las maquinaciones de la madrastrona. Otro cualquiera habría puesto en práctica semejantes consejos, más el moribundo supo resistirlos y expiró manifestándose pesaroso de haber peleado contra su padre y pidiendo perdón a cuantos hubiese perjudicado con motivo de tal pelea.
    Los continuos disgustos y cavilaciones, dice un historiador, habían quebrantado la salud de aquel infeliz, que ya durante su prisión última necesitó asistencia médica.

    Imaginando que le hubiesen dado hierbas malignas, se dispuso que le hicieran la autopsia. Halláronle los pulmones podridos, y como falleciese a la sazón un sirviente que probaba cuanto D. Carlos comía le encontrasen dichas entrañas igual que las de su amo, generalizóse la creencia en el envenenamiento del príncipe.

    Zurita, enemigo de falsear verdades, y Mariana, poco dispuesto a disimular las infamias de los poderosos, entienden que Su Alteza murió a causa de los trabajos y congojas de su atormentada vida. El pueblo, que le amaba, dio en llamarle santo y aún intentó que Roma le canonizase, porque se decía que sus restos sepultados en Poblet obraban milagrosas curaciones.

    Don Carlos de Viana escribió varias obras en verso y en lenguaje prosado. Entre ellas son dignas de mención el Libro de los milagros de San Miguel de Excelsis y la Crónica de Navarra.



    José Fernández Amador de los Ríos
    Blanco y Negro (Madrid, 1933)




    26.- Colón llega a la Rábida. La protección de su cuñado, el Duque de Medinaceli.


    Una vez que Colón tuvo conocimiento de que sus proyectos de descubrimiento en Portugal no habían sido aprobados y reafirmándose en ellos, hubo de plantearse otra alternativa.

    Para entonces, su esposa Filipa había fallecido y sus restos reposaban en la iglesia del Carmen.

    Al igual que su padre, el Príncipe de Viana, el futuro Almirante quedó viudo muy joven, a los 24 años, mientras que su progenitor perdió a su esposa Doña Inés de Cleves a los 27.

    A la sazón, su hijo Diego tenía unos 4 años. Si su padre pretendía seguir con su proyecto no podía ni llevarlo consigo ni dejarlo solo. Decidió buscar albergue donde el niño fuera educado mientras él continuaba la búsqueda de apoyos para su proyecto. Tomó la decisión de marchar al Puerto de Palos acompañado por el pequeño Diego.

    En Palos daba comienzo para Colón una nueva etapa de su vida. Se encontraba ya en el sendero que habría de llevarle a la inmortalidad, aunque todavía tendría que dar muchos pasos y sortear grandes dificultades por las áridas tierras de Castilla.

    En 1485, Cristóbal Colón, acompañado de su hijo Diego, que para entonces contaba 5 años, salió de Lisboa con destino a Palos, siendo lo más probable que este viaje lo realizara por mar, ya que por tierra implicaba más dificultades. Hubo de llegar a Palos en algún barco posiblemente comercial.

    Los motivos determinantes de este viaje fueron dos: el primero, conectarse con familiares a fin de poner bajo custodia de los mismos a su hijo Diego. El segundo, la posibilidad de conseguir apoyos para sus planes recabándolos del reino de Castilla.

    Allí cerca tenía dos cuñados afincados en el condado de Niebla: Pedro Correa, marido de Iseu Perestrello, y Miguel de Mulyart, esposo de Violante o Briolanja Muñiz.

    El condado de Niebla era entonces la región de la boca del Guadiana y de Huelva. Los marineros de este condado realizaban expediciones conjuntas con Portugal a Canarias, Madeira y Cabo Verde, concertando todo tipo de actividades comerciales.

    Colón hubo de partir de Lisboa con mucha cautela, temiendo una posible retención de su persona por parte del Rey de Portugal.

    Habiendo llegado a Palos, divisó a una distancia de 6 kilómetros un pintoresco Monasterio en lo alto de una colina poblada de pinos. Impresionado debió quedar el viajero ante la semejanza de aquel paisaje con el que forma Porto Colom y el Monasterio de San Salvador de Felanitx. Colón, si así fuese, habríase encontrado como en claustro materno. Con olor a su tierra natal.

    Colón se dirigió desde Palos hasta el Monasterio de la mano de su hijo, recabando de sus monjes franciscanos alimentos y abrigo. De ellos recibió acogida franca y generosa.

    Se ha demostrado y por lo tanto es de justicia proclamar la labor con que los monjes de esta Orden contribuyeron al descubrimiento de América.

    Fueron, sin duda, aportaciones importantes las investigaciones, escritos y elementos vinculados a la disciplina náutica tales como los realizados por el franciscano mallorquín Ramón Llull en el siglo XIII. Recordemos que Llull escribió que en la otra parte de nuestro continente había unas tierras desconocidas hasta entonces.

    Posteriormente, las aportaciones continuaron, como las de los franciscanos de La Rábida Fray Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena. La labor de estos dos frailes fue fundamental para poder llevar a cabo el descubrimiento del Nuevo Mundo.

    Cristóbal Colón se encontró en el Convento con Fray Juan Pérez, que escuchó con espíritu abierto el soliloquio iluminado que el Descubridor discurría, llamando impresionado al médico del Monasterio para que también escuchase. Este médico, García Fernández o Hernández, no pasaba de ser un simple aficionado a la cosmografía. El Monasterio contaba entonces entre sus hermanos con un verdadero astrólogo o, como entonces se decía, con significativa palabra, "estrellero". Llamábase Fray Antonio de Marchena.

    Colón halló en La Rábida un caudal de amigos, un hogar y una escuela para su hijo. La fe en su proyecto se reforzó al saber las creencias y tradiciones cultivadas entre los marineros del vecino Puerto de Palos. Muchos de ellos solían frecuentar el Monasterio, donde intercambiaban experiencias, esperanzas y visiones. Encontró un tal Pedro de Velasco que "contó a Colón la expedición portuguesa al mando de Diego de Teive, en la que el dicho Velasco figuraba como piloto, prueba significativa de la estrecha colaboración en que vivía aquel litoral a pesar de la frontera política. Velasco sería ya entonces piloto varado y viejo, pues su historia se remontaba a los tiempos del Infante Don Enrique, es decir, a más de cuarenta años. Contaba que, ya pasada la isla de Fayal, después de haber navegado más de ciento cincuenta leguas, impelidos por un viento noroeste, a la vuelta descubrieron la isla de las Flores, guiándose por muchas aves que vían volar hacia ella, porque cognocieron que eran aves de tierra y no de la mar y ansí juzgaron que debían de ir a dormir a alguna tierra ".

    La impaciencia y la enorme curiosidad de Colón no le permitían el menor descanso. Seguro que conversaba e indagaba permanentemente acerca de cuestiones que deseaba conocer y que le pudiesen ser útiles en sus planes futuros. En esto hay también gran semejanza con su coterráneo Ramón Llull, que, como él, fue infatigable viajero empecinado investigador y un curioso integral.

    Si bien Colón tuvo en La Rábida un gran apoyo moral, necesitaba también y prioritariamente el económico mediante el cual concretar y acometer su proyecto. Como noble, aunque pobre de recursos económicos, tenía la posibilidad de acceder a la aristocracia. Un buen día partió de La Rábida en busca de esos posibles mecenazgos y rumbeó para los dominios del Duque de Medina Sidonia, Don Enrique de Guzmán, segundo en el ducado de la casa citada anteriormente. Para entonces, Don Enrique era el hombre más acaudalado de España, poseedor del dominio feudal más espléndido de la Península, reinando de hecho sobre región extensa que bordeaba al Puerto de Sanlúcar.

    Colón propuso allí sus planes, pero, por causas que se ignoran, no fueron aprobados. Sufría de esta forma su segunda frustración, pero nuestro empecinado y voluntarioso navegante no se iba a dejar ganar por la desesperanza y el escepticismo.

    Recuperado su espíritu de la negativa ducal, Colón enfiló nuevamente sus proyectos hacia otro notable Señor de la época y éste sería el Duque Don Luis de la Cerda, quinto Conde y primer Duque de Medinaceli.

    Don Luis era heredero legítimo de la rama primogénita de Castilla; su antecesor directo era el hijo mayor de Don Alfonso el Sabio, muerto joven, cuyos herederos habían sido desposeídos de la Corona por su tío, hijo menor de Don Alfonso, que reinó con el nombre de Sancho IV.

    Residía el Duque en el Puerto de Santa María, que toda Andalucía conoce con el nombre de El Puerto.

    Acogido cálidamente, Colón se alojó por dos años en la mansión del Duque. Éste había llegado ya a acuerdos concretos con el futuro Almirante, concediéndole " hasta tres o cuatro mil ducados con que hiciese tres navíos o carabelas ", condicionadas a que debían ser construidas en los arsenales del Duque situados en El Puerto.

    Fue también el Duque de Medinaceli el que facilitó a Colón una carta de presentación para los Reyes Católicos.

    Al regreso de su primer viaje, antes que Don Fernando y Doña Isabel, fue el de Medinaceli el primero en España que supo que Colón había vuelto de su primer viaje y había descubierto todo lo que prometió.

    El Almirante llegó a Lisboa, según el Diario de a bordo, el lunes 4 de Marzo de 1493. El 19 del mismo mes, desde Cogolludo, el Duque de Medinaceli escribió una carta a su tío el Gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza dando cuenta de aquella arribada:



    "Reverendísimo Señor. No sé si sabe Vuestra Señoria cómo yo tove en mi casa mucho tiempo a Cristóval Colomo, que se venía de Portogal y se quería ir al rey de Françia para que emprendiese de ir a buscar las Indias con su favor y ayuda; e yo lo quisiera provar y enbiar desde el Puerto, que tenia buen aparejo con tres o cuatro caravelas, que no me demandava más; pero como vi que hera esta empresa para la Reina, Nuestra Señora, escrevilo a Su Alteza desde Rota y respondióme que gelo enbiase. Y yo gelo embié entonçes y supliqué a Su Alreza, pues yo no lo quise tentar y lo adereçava para su serviçio, que me mandase hazer merced y parte en ello, y que el cargo y descargo d'este negoçio fuese en el Puerto. Su Alteza lo reçibió y lo dio en cargo a Alonso de Quintanilla; el cual me escrivió de su parte que no tenía este negoçio por muy çierto, pero que, si se acertase, que Su Alteza me haria merced y daría parte en ello; y después de averle bien esaminado, acordó de enbiarle a buscar las Indias. Puede aver ocho meses que partió y agora él es venido de buelta a Lisbona y ha hallado todo lo que buscava y muy complidamente, lo cual luego yo supe; y por fazer saber tan buena nueva a Su Alteza, gelo escrivo con Xuares y le enbio a suplicar me haga merced que yo pueda embiar en cada año allá algunas caravelas mías. Suplico a Vuestra Señoria me quiera ayudar en ello e gelo suplique de mi parte, pues a mi cabsa y por yo detenerle en mi casa dos años y averle endereçado a su serviçio se ha hallado tan grande cosa como ésta; y porque de todo informará mas largo Xuares a Vuestra Señoria, suplícole le crea.
    Guarde Nuestro Señor Vuestra reverendísima persona como Vuestra Señoria desea.
    De la mi villa de Cogolludo, a XIX de março.
    Las manos de Vuestra Señoria besamos.
    -Luis".

    Mientras Colón se alojaba en la residencia Ducal, hubo de contactar con un marinero que le narró que, en el curso de un viaje realizado a Irlanda, "vido aquella tierra que los otros haber por allí conocían, e imaginaban que era Tartaria, que daba vuelta por el occidente" .

    Anteriormente, ya he mencionado lo positivo que resultó para Colón lo manifestado por algunos marineros portugueses en Puerto Santo, datos que tuvieron entonces gran importancia, habida cuenta que le reconfortaron espiritualmente para seguir adelante con sus planes y que además arroparon en cierta medida su idea central. Pero seguía falto de apoyos económicos para ejecutar su proyecto.
    El destino le tenía previsto conseguir ese apoyo en el ducado de Medinaceli. ¿Cuáles podían ser los motivos que hicieron que este aristócrata, integrante de la nobleza española, recibiera a un navegante de origen plebeyo? Hay razones profundas que justifican tal actitud hospitalaria y de apoyo concreto por parte de Don Luis: es que el Duque de Medinaceli se había casado con Doña Ana de Aragón y Navarra, hija natural de Don Carlos, Príncipe de Viana y de Doña María de Armendáriz, por lo que el futuro Gran Almirante era cuñado del Duque.


    La cuestión familiar aparece aquí como una de las causas principales, pero no la única, de la acogida y apoyo que brindó el Duque a nuestro hombre, lo que viene a ratificar la nobleza de la cuna de Cristóbal Colón.

    Antonio Paz y Mélia publicó una obra en la cual fueron recogidos una serie de los más principales documentos del Archivo y Biblioteca de la Casa de Medinaceli. En uno de los documentos transcritos podemos leer:

    "Capitulaciones matrimoniales y concordia para el casamiento del Conde de Medinaceli D. Luis de la Cerda y Doña Ana de Aragón y Navarra, nieta del Rey D. Juan de Aragón, de Navarra y de Sicilia. (1470).
    (extracto) el Conde traía en ayuda del matrimonio las villas de Medinaceli, Cogolludo y Puerto de Santa María.
    Doña Ana traía 20.000 florines de oro que le daba el rey a propia herencia suya y de los suyos.
    Además 10.000 florines de oro que le daban los Príncipes D. Fernando y Doña Isabel de Castilla.
    (Firma autógrafa de D. Juan II de Aragón y sello de placa, maltratado).
    (Firma de Juan de Saint Jordi).
    Obligación otorgada por el Príncipe D. Fernando, Rey de Sicilia, primogénito de Aragón, de dar al Conde de Medinaceli, D. Luis de la Cerda, 10.714 florines de oro a cumplimiento de los 30.000 del dote con Dª. Ana de Aragón, su sobrina.
    Dueñas, 13 de Julio de 1470.
    (Firmas autógrafas del Príncipe y del secretario Gaspar de Ariño).
    (Testigos Frey Alfonso de Burgos, Confesor; el Doctor D. Tello de Buendía, Arcediano de Toledo y Luis de Antezana.
    (Sello grande de placa.)
    Carta del Príncipe D. Fernando de Aragón en la que ofreció al Conde de Medinaceli que si el Rey D. Juan, padre del Príncipe, fallecía sin haberle pagado los 20.000 florines ofrecidos del dote de D.ª Ana, S.A. los pagaría.
    Dueñas 14 de Julio de 1470.
    (Firma autógrafa. Falta el sello de placa.)
    Cédula de la Princesa de Aragón D.ª Isabel, reina de Sicilia, por la que se obligó a dar al Conde de Medinaceli, su primo, 5 mil florines de oro como dote para su casamiento con D.ª Ana de Aragón y de Navarra, sobrina de S.A.
    Dueñas, 16 Julio de 1470.
    (Firma autógrafa, falta el sello de placa.)"

    Otro escrito describe lo siguiente:

    "Don Luis de la Cerda, Vº. Conde de Medinaceli, Señor del Puerto de Santa María y de la villa de Cogolludo y su tierra, sucedió a Don Gastón, su padre, en su gran Casa y Estados. Fué uno de los heroicos y superiores caballeros de su tiempo, como lo manifestó en servicio del rey Don Enrique el IVº. y de los Católicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel en las guerras de Portugal y en las del reino de Granada hasta la entrega de la ciudad, como parece por el Privilegio de la dicha entrega, su data en el Real de la Vega, en 30 de Diciembre del año 1491, donde confirma con título de Duque de Medinaceli, primo del Rey y de la Reina, y su vasallo.
    Diósele el dicho título de Duque desta gran Casa por merced de los dichos Católicos Reyes, y ansimismo se le dió título de Conde del Puerto de Santa María por los dichos Reyes.
    Casó tres veces el Duque Don Luis: la primera, con Doña Catalina Laso de Mendoza, hija de Don Pedro Laso de Mendoza y de Dª. Juana Carrillo, su mujer, cuyo matrimonio fué nulo por ser primos hermanos y no haber obtenido dispensación de Su Santidad.
    Casó segunda vez con Doña Ana de Navarra y Aragón, hija del Príncipe Don Carlos, primogénito de Navarra, y de Doña María de Almendáriz, de quien tuvo por su hija única a Doña Leonor de la Cerda y Navarra, primera mujer de Don Rodrigo de Mendoza, Iº. Marqués de Cenete, que murió sin sucesión.
    Casó tercera vez, estando cercano a la muerte, con Doña Catalina Vique de Orejón, natural del Puerto de Santa María, de quien tuvo por hijo a Don Juan de la Cerda, que sucedió en la Casa; a Don Pedro de la Cerda, Caballero del hábito de Santiago".


    "El año de 1475, estando el Rey Don Fernando el Católico en Almazán, el dicho Conde Don Luis le envió a requerir con una cosa rara, y no de las comunes, como los otros grandes, para que le hiciese merced de alguna ciudad o villa, sino que le diese favor para proseguir su derecho en la sucesión del reino de Navarra que decía pertenecer legítimamente a la Condesa Doña Ana de Navarra, su mujer, hija del Príncipe Don Carlos".

    Como se podrá observar, estas pruebas documentales sirven para esclarecer deductivamente que Cristóbal Colón y Doña Ana de Navarra eran hijos naturales de Don Carlos, Príncipe de Viana, aunque de distintas madres, hermanos paternos y a la vez sobrinos de los Reyes Católicos, por ser el Príncipe de Viana, hermano de Don Fernando.

    No deja de tener interesante relación con el tema lo que cuenta Madariaga en su obra Vida del muy magnífico señor Don Cristóbal Colón :

    "¿Y no había dado órdenes el Duque para que 'con extrema solicitud se pusieren los navíos en aquel río del Puerto de Santa María en astillero, sin que se alzase mano dellos hasta acabarlos'? Así como Don Quijote, cuando entró en el Castillo del Duque y se vio tratado como caballero andante, se sintió confirmado en su fe 'y aquel fue el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mismo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos', así Colón, cuando el Duque 'mandóle llamar y haciéndole el tratamiento que según la nobleza y benignidad suya y la autorizada persona y graciosa presencia de Cristóbal Colón merecía, informóse dél muy particularmente...' sobre su plan, debió sentirse por primera vez de todo en todo descubridor de nuevas islas, verdaderas y no fantásticas, allende un mar de verdad".

    La principal conclusión de esta cita es que sólo un hombre de ascendencia noble podía recibir, de un semejante suyo, el trato recibido. Colón era descendiente directo, hijo de uno de los Príncipes más ilustres de su época.

    Las costumbres de entonces hacían de la nobleza un estamento elitista, casi imposible de abordar si no se contaba con antecedentes válidos, como era el parentesco nobiliario entre otros.

    Con estas conclusiones, que no son todas, queda bien patente que el Descubridor de América, no podía ser el genovés Cristóforo Colombo, hijo del guardián de la puerta de la Olivella Doménico Colombo, que posteriormente también ejerció de tejedor y tabernero.


    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    27.- El enigma de Cristóbal Colón.


    Hablar de la falta de pruebas de que Cristóbal Colón haya nacido en Génova o en otra parte de Liguria (desde luego, no se ha podido encontrar ningún Acta de Bautismo a su nombre, único documento que, a partir del Concilio de Trento, tenía algún valor en una época en que la documentación civil no existía y que fijaba la fecha de un nacimiento con unos ocho días de más o de menos) ya que esas afirmaciones no se apoyan más que en minutas de actas notariales, como la del 30 de octubre de 1470 o la del 7 de agosto de 1473, es decir, posteriores en varios decenios a la época supuesta de su nacimiento, hay dos hechos que, a primera vista, llaman la atención por su rareza. Primero, el nepotismo del Almirante de la Mar Océana es cosa harto conocida y que bastante le fue echado en cara durante su vida. En cuanto a su orgullo, éste era tal que le impelía a considerarse de familia noble y nada menos que descendiente de Julius Colonus, Cónsul romano, vencedor de Mitrídates, Rey del Ponto. Dicho orgullo le hacía tratar de igual a igual con los Reyes Católicos, cuando se llevaron a cabo las discusiones de las "Capitulaciones", y saltaba a la vista de todos.

    ¿Cómo, pues, orgulloso como era y con un instinto familiar tan desarrollado que le hacía llamar a su lado a sus dos "hermanos" Bartolomé y Diego, cómo pudo consentir, llegado a ser Gran Almirante de la Mar Océana, Virrey de las Indias y Gobernador perpetuo de las tierras descubiertas, después de haber acuartelado "su" escudo con las armas de Castilla y de León, cómo pudo consentir en continuar siendo el cuñado del obscuro quesero Bavarello? ¿Por qué dejó a "su hermana" Bianchinetta seguir luchando con la mediocridad? ¿Por qué no hizo nada por "su sobrino", el joven Pantalino? ¿Por qué no hizo con ellos lo que hizo con "sus" hermanos, por qué no los limpió de su villanía o por lo menos no llenó su bolsa para permitirles llevar un tren de vida digno de parientes colaterales de un Almirante de Castilla? Quería ocultar sus orígenes plebeyos, me contestarán los genovistas. Admitámoslo, pero Bavarello, Bianchinetta, Pantalino debían saber perfectamente quién era ese nuevo Almirante que acababa de hacer un viaje tan extraordinario y fuera de lo común, del cual todos hablaban, aunque no fuera más que ¡por la colección zoológica de papagayos y de indios que le rodeaba con el fin de asegurar su publicidad! ¿Por qué no se precipitaban, ellos también, a España, como Bartolomé, para formar parte de la segunda expedición hacia el País del Oro, expedición en la que participaron más de mil quinientas personas? Ellos no tenían por qué ocultar el parentesco que los unía a ese hombre llegado repentinamente a la celebridad. Al contrario, es de suponer que si Colón hubiera sido un pariente próximo, las habladurías de aquéllos no se hubieran parado en el barrio populoso de Génova donde moraban y, a su vez, hubieran llegado a ser una especie de celebridades locales; como consecuencia, y si no hubiera sido más que para que callaran, por su propio decoro, aunque el Almirante no hubiese deseado tenerlos cerca de sí, en Castilla o en La Española, les hubiera entregado, si no directamente, por lo menos por el intermedio de un Banco (y ¡los Bancos genoveses no faltaban en Europa!), con toda la discreción deseable, algunos socorros que hubiesen permitido a los Bavarelli ostentar una posición económica más de acuerdo con la nueva situación social del señorón.

    En vez de esto, si los genovistas no hubieran descubierto a Bianchinetta y a su preclara familia, siempre la hubiéramos ignorado, pues nunca jamás, en ninguna parte, absolutamente en ninguna parte, hace mención Colón de su familia colateral genovesa. ¡Actitud algo rara, confesémoslo, por parte de un hermano!

    Segundo, en lo que trata de su padre, la cosa es todavía más inexplicable. Ese anciano muere a la edad respetable de ochenta y un años, en la miseria y cargado de deudas... En ningún momento, a partir de su exaltación al Almirantazgo y su acceso a la fortuna (su pretendida pobreza, durante los últimos años de su vida, no es sino una fábula contradicha por los millones de maravedís que dejó a sus herederos), vemos a Colón preocuparse de la suerte de su padre ni tratar de ayudarle. Vignaud pretende que los acreedores de Doménico se dirigieron al Almirante para tratar de hacerse pagar las deudas de su padre cuando la muerte de éste, mas reconoce ignorar el resultado de sus trámites. No se halla ninguna huella de estos últimos en los papeles que dejó Colón y menos aún pruebas de que hubiese pagado... ¡Dejó pues, voluntariamente, empañar la memoria de "su" padre después de haberle dejado vivir y morir en la miseria, preocupándose tan poco de la reputación del apellido que él mismo llevaba! La única explicación a tal actitud no puede hallarse sino en la ignorancia en que estaba Cristóbal Colón de que viviese, en Génova, Doménico Colombo.

    Además, de 1493 a 1499, durante seis años en el decurso de los cuales va y viene de Europa al Nuevo Mundo (en total tres viajes) y permanece durante períodos bastante largos en España, jamás siente Colón el deseo, no sólo de volver a Génova, mas ni siquiera de volver a ver a su padre o por lo menos de tener noticias de él y, por su parte, Doménico, a pesar del legítimo orgullo que hubiera debido sentir de haber engendrado a un hijo tal (sin hablar de la ayuda material sobre la que, moralmente, tenía derecho a contar) tampoco hizo nada para relacionarse con él.

    En resumen, y a pesar de correr el riesgo de que se nos acuse de repetición, mas es nuestro deber insistir sobre este punto, la anomalía de las relaciones familiares entre Cristóbal Colón y los Colombo de Génova a los que se le quiere unir de manera tan estrecha es tan patente que no puede significar más que una cosa: el Almirante don Cristóbal Colón no era, no podía ser, el hijo de Doménico Colombo, ni, por consiguiente, el hermano de Bianchinetta. Más aún si recordamos, una vez más, que no sabía el italiano, prueba que no era de Liguria (a pesar de lo que haya mentado atrevidamente Pedro Martyr d'Anghleria en 1493).

    ¿Quién era pues el Almirante don Cristóbal Colón? ¿De dónde provenían los dos "hermanos" entrados detrás de él en la Historia?

    Un hecho llama la atención de cualquiera que estudie los documentos dejados por Colón y los reunidos por Fernando y Las Casas: las numerosísimas y constantes contradicciones del Almirante cuando habla de su juventud; estas contradicciones son tan evidentes que sus apologistas, tanto los contemporáneos como los posteriores, no han podido pasarlas en silencio: pretende haber empezado a navegar a los catorce años y las actas notariales del 30 de octubre de 1470, 7 de agosto de 1473, otra también de 1472, que le dicen respectivamente de más de diez y nueve, veintidós y veintiún años de edad, no mencionan su estado de "marino", anomalía extraña para esta época y en tales documentos, en los cuales, por el contrario, se le califica de "lanero". La conclusión objetiva que se impone es que si estos textos corresponden en rigor a una sola persona, puesto que la edad que se le atribuye en cada uno de ellos corresponde a las diferencias de fechas, esa persona debía ser un individuo conocido y reconocido como ejerciendo la profesión de "lanero" y no de "marinero". Por lo tanto, si, efectivamente, el Almirante empezó a navegar a la edad de catorce años, no puede tratarse de él en los susodichos documentos.

    En otro lugar afirma haber navegado por todas partes a donde puedan ir barcos (" todo lo que hoy se navega, lo he andado ", carta de 1501) pero comete errores geográficos, admite fábulas (a propósito de sirenas) que demuestran que sus viajes se efectuaron sobre todo... ya en libros, ya sentado a la mesa de algún bodegón con unos marineros que volvían de alguna lejana expedición y gustaban de contar sus aventuras a un auditorio complaciente, admirativo y crédulo, en la taberna acostumbrada de su puerto de embarque.

    En la "lettera rarissima" de 1503, dice haber entrado al servicio de los Reyes Católicos a la edad de veintiocho años, lo que le haría nacer en 1457, pero en el Diario de a bordo del primer viaje, con fecha 21 de diciembre de 1492, pretende " haber recorrido los mares durante veintitrés años sin interrupción, y haber visto todo el Levante y el Poniente ". Entonces ¿habría empezado a navegar a los doce años? O, sino, no habría nacido en 1457, sino en 1455, cosa que, de todas maneras, infirma las notas notariales de las cuales hablábamos hace un momento, puesto que en 1470 no podía tener diez y nueve o veintiuno años, sino trece o quince... Luego, " sin la menor interrupción "... ¿Cuándo y cómo tuvo tiempo de casarse, de tener un hijo, de instalarse en Porto-Santo, de discutir con el Rey D. Joa II de Portugal?...

    También en 1501 nos afirma que está navegando desde hace más de cuarenta años (" ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso ") o sea, desde 1460. ¡¡¡Tenía pues tres o cinco años cuando empezó a navegar!!! O, si había empezado a la edad de catorce años, ello significa que había nacido en 1446 y, en este caso, ¡tenía veinticuatro años cuando el acta notarial de 1470!

    Y podríamos, en esta forma, citar un sinnúmero de contradicciones de Cristóbal Colón, todas sacadas de sus escritos.

    Es que Colón quería ocultar sus orígenes y desalentar a los indiscretos, no cesan de repetir los colombófilos genovistas, desconsolados al hallar a su héroe cogido en flagrante delito de mentira. Mas, ¿por qué?, ¿con qué fin, si no tenía que esconder alguna tara referente a esos orígenes?

    La impresión que se saca de toda la Colomboteca publicada y sin publicar aún, hasta la fecha, pero que nadie se ha atrevido a formular abiertamente, es que Cristóbal Colón, a partir de 1485, y más aún después de 1492, cuando hubo alcanzado la fama, cuenta acerca de su pasado una fábula aprendida, pero mal aprendida, la historia de otro y que se compone, con la historia de este otro, una personalidad de juventud que no es la suya...

    Esta impresión notada al leer las biografías más serias y más modernas del Almirante, así como las de sus contemporáneos, se la comunicaba un día a una de mis alumnas cuya vivísima inteligencia y perspicacia siempre me habían seducido y decíale cómo, cualquiera que fuese la hipótesis admitida, uno siempre daba con unas objeciones de tal peso que, en conciencia, veíase obligado a abandonarla para repetirse un constante, irritante y desesperante "¡¿Qué sé yo?!".

    Séame lícito dar aquí públicas gracias a esta alumna, la señora doña Genoveva Dire de Boudoire, no sólo por la valiosísima ayuda que aportó en la labor preparatoria de este trabajo, sino también porque me alentó en los momentos de impaciencia (por no decir peor) provocados por el enigma colombino, cuya clave me dió su genial intuición.

    "-¿Qué sé yo? -repetíale, pues, un día de perplejidad mayor que la de otros...

    -Pero... ¿Y si hubiera habido sustitución de personalidad? -me preguntó, de repente, mi interlocutora.

    -¿Cómo es eso?

    -Sí, si el Almirante, por una razón o por otra, ¿hubiese tomado el nombre de "Colón" cuando la desaparición del verdadero "Colón"?... En este caso, las biografías del Colón genovés serían exactas pero no se aplicarían al Almirante puesto que serían dos personas diferentes, lo que explicaría esas dudas y esas contradicciones cuando de su juventud se trata y también el que no haya tenido nunca ninguna relación con su supuesta familia genovesa...".

    Esta hipótesis, aunque muy atrevida a priori, fue para mí un rayo de luz en esta enmarañada historia.


    Marcelo Gaya y Delrue
    Zaragoza, 1953





    28.- Luis Ulloa, la catalanidad de Cristóbal Colón (Primera parte).


    Luis Ulloa fue un historiador peruano nacido en Lima el 27 de septiembre de 1869. Por su carrera de Ingeniero, descolló en las Matemáticas y esta formación matemática le sirvió luego para sus investigaciones históricas, a las cuales dedicó la mayor parte de su vida. Fue director de la Biblioteca Nacional de Lima, y correspondiente de la Academia de la Historia de Madrid, además de miembro del Instituto Histórico del Perú.

    Ulloa concibió la idea de rehacer la historia del descubrimiento de América en vista de las profundas contradicciones, deficiencias y desaciertos evidentes de algunos historiadores. A partir de esa época (principios del siglo XX), comenzó a reunir elementos con tal objeto.

    Al cabo de veinticinco años de investigaciones, ofreció al público el resultado de sus estudios en un copioso volumen redactado en francés, Colomb, Catalan. La vraie genèse de la découverte de l'Amerique (París, 1927 -Colón, catalán. La verdadera génesis del descubrimiento de América-). La tesis ahí desarrollada por Ulloa sobre Colón y sus descubrimientos se expone con detención en EUIE, t. 65, págs. 925-926.

    - La Patria de Colom con relación al descubrimiento de América .- En La Prensa , de Buenos Aires, núms. correspondientes al 1, 4, 11, 18, 25 de Enero, y 8 y 15 de Febrero de 1931.

    - Noves proves de la catalanitat de Colom. Les grands falsetats de la tesi genovesa . París, sin año de impresión.

    Ulloa mismo en un artículo publicado en Barcelona, y en La Veu de Catalunya , del 25 de Febrero de 1932, a propósito de su propaganda sobre la nacionalidad de Colom, dice textualmente: "Yo no pretendo todavía determinar con exactitud la familia a la que perteneció Colón, sino dejar consolidado plenamente su cuna catalana y destruir la tesis genovesa".

    "Yo hago análisis y demostración científica, lejos de toda teoría preconcebida" ( Cristófor Colom fou català , p. 60 -Cristóbal Colón fue catalán-). Aquí reconoce que, para imponerse una teoría como la suya, es gran obstáculo "la fuerza de la tradición" y "tiránico el poder de las opiniones vulgarizadas" (pág. 61).

    Para Madariaga, Luis Ulloa no es el indio despreciable de Astrana Marín, que le reprocha prejuicio catalanista; pero también reconoce y proclama que "cuando no entra en juego este prejuicio, Ulloa es útil y sus opiniones sobre las raíces catalanas de Colón merecen estudio" (Madariaga, Salvador de, en Vida... de Colón, nota 5.ª al cap. VI, en la pág. 599 de la 4.ª ed., 1947).

    Sus teorías sobre Colón se encuentran en Historia de Cristóbal Colón , de Enrique de Gandía, págs. 60 y 85-91 y sobre todo, pág. 149.

    El mejor estudio sintético de su teoría sobre el origen catalán de Cristóbal Colom (así escribe siempre él) lo publicó en el vol. VI, de la Historia Universal , publicada por el Instituto Gallach, de Barcelona, en 1932. En él dio cuenta erudita y detallada de las razones en que se apoya para usar la forma "Colom".

    Muy noble y caritativamente, hace observar Soldevila (en Historia de España , III-27), que Ulloa ha sido "acusado de declarar falso todo documento que se opone a su tesis; pero el hecho es que no es él el único que impugna la autenticidad de tales documentos; antes o después de él la han impugnado otros historiadores que no comparten ni poco ni mucho su tesis".

    En lo que más extremoso se muestra Ulloa y lo que con mayor frecuencia le hace trasponer la línea de lo justo y de lo prudente, es en rechazar sistemáticamente y de golpe los documentos genoveses, como otras tantas falsificaciones. Su actitud, en este punto, es indeclinable. Rarísima vez se le ocurre tratar de armonizar datos genoveses con los que ofrece la documentación española. Cristóforo Colombo de Génova es, en su dictamen, el polo opuesto del Cristóbal Colón descubridor de América, su antítesis irreconciliable. De vista pierde, en general, según ya advirtió Madariaga (cap. II) que ésta suya es "solución fácil pero inadmisible, no sólo porque una gran nación y una gran ciudad no falsifican, sino porque si estos documentos se hubiesen falsificado, concordarían con los hechos de la vida de Colón que ya se conocían al tiempo de la supuesta falsificación; por otra parte, la construcción genovesa, por muchas dificultades no explicadas que presente -y en efecto las presenta y graves-, coincide con demasiados datos de la vida de Colón para que esta coincidencia pueda explicarse como mero azar".

    Cumple hacer constar que al lanzar el Sr. Ulloa el primer libro, en 1927, sobre la catalanidad de Colón, estuvieron muy lejos los eruditos catalanes de precipitarse a abrazarla con ciegos entusiasmos. "Con pocas excepciones -recuerda Soldevila (F.) en Historia de España , III-20-, todos observaron una actitud de interés, pero, al mismo tiempo, de prudencia o de reserva. El Sr. Ulloa, muy discretamente, hay que decirlo, se había lamentado de ello. F. Valls Taberner, en el prólogo que puso a las Noves proves de la catalanitat de Colom (-Nuevas pruebas de la catalanidad de Colón- pág. 13), no ocultó su opinión de que algunos 'razonamientos del Sr. Ulloa, en prueba de su opinión, no le parecía que pudiesen darle el refuerzo que él les atribuía'. Y el Sr. Ulloa tuvo, por su parte, la caballerosidad de publicar aquel prólogo. En lo que a mí concierne, divulgué y glosé en algunos artículos (en La Publicitat) las obras del historiador peruano, hice resaltar lo que me pareció en ellas más interesante, llegué a la conclusión de que era preciso tener en cuenta su tesis; pero me abstuve siempre de pronunciarme favorablemente. Véase cómo he tratado la cuestión en mi Historia de Catalunya , II, pág. 178-179.

    En cuanto a la ciencia de Ulloa, tan discutida, diré lo que dije otras veces: que era uno de los historiadores que mejor conocía la bibliografía colombina, conocimiento servido por una memoria prodigiosa, dos condiciones que hacían de él un polemista temible. Tenía, sin embargo, un defecto, que era causa de la debilidad repentina de sus elucubraciones y razonamientos: la lógica con que enlazaba sus argumentos después de sostenerse implacable y de producir una brillante concatenación eficaz, fallaba de pronto y parecía ceder el lugar a la fantasía. Pero el hecho de que, a partir de este punto, sus conclusiones perdiesen valor, no quiere decir que no lo tuviesen las que había obtenido antes de llegar a dicho punto.

    Esto explica el fenómeno de que incluso algunos de sus más encarnizados impugnadores, en un momento dado, puedan aducir su parecer y sus argumentos en apoyo de alguno de sus puntos de vista (véase, por ejemplo, Ballesteros en su Cristóbal Colón y el descubrimiento de América , en Historia de América , t. IV-242 y 243, en lo relativo al episodio de Colón al servicio de Renato de Anjou; y Salvador Madariaga, en Christopher Columbus , pág. 436 , núm. 5, donde escribe que "es un valioso investigador y sus puntos de vista sobre el origen catalán de Colón son, sin duda, importantes". Y esto explica que Salvador de Madariaga, combinando la tesis catalana con la genovesa haya creado un descubridor originario de Cataluña, nacido en el Genovesado. La tesis, que se combina además con el pretendido judaísmo racial de Colón, no deja de ser sugestiva".

    La lógica inductiva moderna cuenta, entre otros, este principio fundamental: la verosimilitud de una hipótesis se determina por su fecundidad práctica, por el número de hallazgos o de hechos confirmados a que la referida hipótesis conduce al investigador que de ella se ha servido.

    Fundándose en este principio, el autor de la tesis de Colom catalán , puede afirmar, sin sombra de vanidad, que ella ha dado ya resultados y que constituye una hipótesis manifiestamente superior, esto es, mucho más verosímil y aceptable que la tesis del Colombo genovés. Los pretensos Coloms gallegos, portugués o de Extremadura no merecen ser tomados en consideración.

    Efectivamente: habiendo sido pública esta tesis, a comienzos de abril de 1927, por una conferencia dada en la Sociedad de los Americanistas, de París, he aquí que, en septiembre del mismo año, esto es, al fin de sólo cinco meses, la hipótesis de Colom catalán ha provocado ya el descubrimiento y la confirmación irrefutable y documentada de diversos hechos trascendentales que revolucionan profundamente toda la historia del descubrimiento de América.

    No puedo negar que, entre estos hechos, los hay que modifican, hasta cierto punto, algunas de las conclusiones o de las deducciones secundarias a que yo había llegado. Pero, como dice el ilustre Ramón y Cajal, "las ideas propias han de hallar en nosotros, no un abogado, sino un censor".

    Así, pues, yo critico mi hipótesis a la luz de los nuevos documentos y, después de haber modificado las referidas deducciones secundarias, conforme al criterio de la realidad, tengo la satisfacción de comprobar y de proclamar que la orientación general de mi tesis sale de esta contraprueba cien veces más sólida y resplandeciente. Estos hechos nuevos tienen tanta importancia y son, por otra parte, tan numerosos, que su examen pediría un libro especial.

    Podemos agrupar en tres partes los hechos históricos puestos en claro por el fecundo brillo de la tesis del Colom catalán . El primer grupo se refiere a la filiación de los nombres patronímicos sucesivos dados al descubridor de América y, por consiguiente, se liga de forma directa a la patria de éste y muy probablemente a su genealogía. El segundo grupo, de gran trascendencia histórico-geográfica, se refiere a la génesis de la idea del descubrimiento. En fin, el tercer grupo se refiere a la gestión de la gesta colombina y a los pasos dados por el descubridor para encontrar los medios de realizar su proyecto.

    La patria catalana de Colón está fundamentada por Ulloa en las siguientes deducciones:

    1) En el hecho que el apellido dado al Descubridor, mientras vivió en España, fué el de Colom, con m final (de estampa gramaticalmente catalana).
    2) Los catalanismos que se han observado en la Carta de Colom a Santángel.
    3) La heráldica colombina.
    4) La tradición existente entre los historiadores catalanes de los siglos XVII y XVIII, relativa a la influencia de los catalanes en el descubrimiento, y hasta el origen catalán de Colom que patrocina Serra y Postius, si bien lo da por nacido en Génova italiana (Serra y Postius, Pedro, nació en Barcelona a 8 de Mayo de 1671, y murió a 26 de Marzo de 1748. Noticias de su vida y escritos en Memorias de Escrit. cat ., de Félix Torres Amat).

    La impugnación de la patria genovesa (o, como dice Ulloa, de la identificación del descubridor Cristóbal Colón,con el Cristóforo Colombo, cardador de lana de Génova) está basada por él, principalmente, en el dicho predescubrimiento, en el hecho de que Colón no sepa escribir el italiano-genovés, con todo y haber vivido en Génova, según los genovistas, unos 24 años, y haber convivido después, casi constantemente, con italianos; en afirmaciones de Colón que no concuerdan con los datos biográficos del lanero genovés, en deducciones hechas en el pleito del Mayorazgo y en las informaciones hechas entonces en Génova y en Madrid.

    Explicaremos con detención la tesis de Ulloa sobre Colón y sus descubrimientos. El historiador peruano sostiene que Colón no fue el legendario Cristóforo Colombo genovés, hijo de un Doménico Colombo. Mucho menos gallego, ni corso, ni griego, etc. Para él la primera traza histórica que se halla de Colón es la de un corsario que aparece en la crónica de la época como pariente o relacionado del corsario intitulado almirante francés Guillaume Casenove-Coullon. Ese otro corsario era denominado Coullon el Joven, para distinguirlo de Guillermo. Tal Coullon el Joven ha sido confundido por otros con el griego Jorge Bissipat, pero es completamente distinto. Este corsario, Jean Coullon, Coullon-le-Jeune, según los cronistas franceses, no es para Ulloa sino un catalán, Juan Colom, cuyo nombre tradujeron al francés dichos cronistas. Para Ulloa, este Juan Colom era un rebelde catalán contra el Rey Juan II y entró al servicio del Rey Renato de Anjou, contrincante de Juan II durante la revolución catalana. Vencida ésta, Juan Colom siguió de corsario en el Mediterráneo, siempre a las órdenes de Renato y después de Luis XI, en compañía de otros corsarios catalanes o catalanizados, como los hermanos Gracián y Manaut (o Menorlo) Guerra o Aguirre.

    En 1473 o 1474, Juan Colom se agregó a la flota corsaria de Casenove-Coullon y de ahí el distintivo de Coullon-le-Jeune. Esta flota, en agosto de 1476, atacó un convoy de naves precisamente genovesas, junto al Cabo San Vicente (Portugal). En el combate naufragó incendiado el barco de Juan Colom, quien se salvó a nado. Colom, poseído de un alto espíritu místico, renunció entonces a la vida de corsario y se lanzó a más grandiosas aventuras. Partió hasta Dinamarca, donde se unió a una expedición enviada a Groenlandia a principios de 1477. Ulloa cree que Colom se separó allí de los daneses, que regresaron a su patria, o bien que, si regresó con ellos, emprendió de nuevo el viaje solo a Groenlandia. De allí, afirma Ulloa, Juan Colom siguió al Labrador, Terranova y más al Sur. Es posible que tocase en las Bermudas. De todos modos, debió conocer a trechos las costas del hoy Canadá y de los Estados Unidos hasta Florida. Los arrecifes e islotes de esta zona le movieron a tomar dirección por el Norte de las Lucayas, donde una tempestad, tan frecuente en esta zona, debió de llevarlo sobre la costa septentrional de Santo Domingo hacia el puerto de Monte-Christi. Allí se vio obligado a desembarcar para aprovisionarse y reparar su nave.

    Para Ulloa, Colom recogió entonces la noticia de la región aurífera de Cibao existente en dicha isla. Enseguida, entusiasmado con su hallazgo, que Ulloa llama el predescubrimiento, regresó a Europa, siguiendo en parte la corriente del Gulf Stream, y aportó en Canarias. Siguiendo la tesis de Ulloa, el antiguo corsario catalán resolvió entonces proponer el descubrimiento y la conquista en forma a algún potentado. Este no podía, por mil razones, encontrarlo en Portugal, sino en España o Francia. Para volver a estos países Colom adoptó el nombre de Xristo-Ferens, que, según Ulloa, sería una simbolización de Juan Bautista, verdadero nombre de Colom.

    Cita Ulloa muchos cambios de este orden en la Edad Media. Para su apellido adoptó primero la forma Colomo. En Portugal se detuvo Colom un tiempo, buscando probablemente apoyos particulares para su empresa, y casó con una Muñiz Parestrello. El historiador peruano no cree que Colom solicitara ayuda del Rey portugués; no hallando lo necesario en Portugal, pasó a España con intención de seguir a Francia. Pero en España se dirigió precisamente al Duque de Medinaceli, magnate casado con la hija del Príncipe de Viana, antiguo jefe de la revolución catalana antes que Renato de Anjou. El duque reunía, además, la circunstancia de descender del Infante de la Cerda, a quien un siglo antes el Papa había otorgado la conquista de las Canarias, para cuyo efecto buscó la Cerda la protección de los reyes catalanes. Colom consideraba necesario tener las Canarias por base de su descubrimiento. Diversas circunstancias, entre otras, sin duda, la apropiación de las Canarias por los Reyes Católicos, movieron a Medinaceli a enviar hacia éstos a Colom, recomendándole al gran Cardenal Pedro González de Mendoza, tío carnal de Medinaceli. En la corte encontró el antiguo corsario el apoyo de los catalano-valencianos Coloma y Santángel y el de los aragoneses.

    Fernando el Católico desconfió siempre del gran marino, sin duda porque sospechaba o suponía su verdadero origen. Por su parte, Colom, seguro de lo que ya había descubierto, se manifestó intransigente, irreductible, exigiendo el virreinato, el almirantazgo, una parte de las rentas y otras prerrogativas que hacían de él un verdadero soberano de las nuevas tierras. Todo fracasó y Colom, retirado de la Corte, se dirigió a Sevilla para seguir a Francia con su hijo Diego, cuando encontró en la Rábida a Fray Juan Pérez, antiguo confesor de Isabel. Este padre le inspiró confianza. Colom le reveló sólo a medias su secreto y regresó con el padre a la corte (Granada). El padre Pérez dijo a los Reyes lo que sólo él podía decir y todo se arregló con la intervención, además, de Coloma y Santángel.

    Para Ulloa, Colom estaba inspirado de las ideas lulistas dominantes en Cataluña. Se había ilustrado, además, con la lectura de autores célebres en su época, como Marco Polo, Pierre d'Ailly, etc. Su temperamento de corsario y aventurero, refrenado por el naufragio en Portugal, lo llevó a Dinamarca y Groenlandia, sus ideas lulianas y lecturas geográficas lo empujaron más allá, a la par que su espíritu místico. El hallazgo de la región aurífera de Cibao en Santo Domingo, lo convenció de que había encontrado Cipango y le infundió su ciega fe y su intransigencia.

    Según Ulloa, el padre y el hermano de Colom se llamaban Jaime, transformado en Diego. El nombre de Jamaica viene de Jaime. Puerto-Rico recibió del descubridor su propio nombre: Juan Bautista.
    Colom exigió que las Capitulaciones fuesen no sólo con la Corona de Castilla, sino también con la de Aragón y Cataluña, y así lo sostuvo después su hijo Diego en el proceso contra el Fisco. Para Ulloa, la verdadera familia de Colom era una familia catalana que debió de reunir los apellidos Colom y Terroja, o bien Colom y Monrós, emparentados, probablemente, con los Sa-Costa, los Casanova y tal vez con los Coloma. Se ha comprobado ya la existencia en esa época en Cataluña de varios Jaime y Juan Colom, padre e hijo, y hasta con el segundo apellido de Monrós. "Podría, pues, procederse a identificarlos con el descubridor y su hermano Diego, con mayor derecho que lo han hecho diversos historiadores con los genoveses Cristoforo y Giacomo Colombo", escribe Ulloa. Éste, sin embargo, no quiere pronunciar la palabra definitiva de identificación mientras no se tenga un documento personal del corsario Juan Colom durante sus servicios a Renato de Anjou y a Luis XI. En cuanto a la tesis genovesa, Ulloa se declara rotundamente (contra ella), basándose:

    a) En la falsedad comprobada ya del pretendido testamento de 1498, único fundamento que parecía serio en esa tesis;
    b) en la desaparición del testamento auténtico de 1502;
    c) en la falsedad de la supuesta carta a Nicolás Oderigo y al Banco de San Jorge;
    d) en las alegaciones hechas por los mismos pretendientes italianos durante el pleito sobre el Mayorazgo de Colón en el siglo XVI, en cuyo pleito ni uno ni otro de los pretendientes era de Génova y uno trató de adjudicarse el nombre y el escudo de los Colom catalanes;
    e) en la información hecha en Génova y presentada en ese pleito por el pretendiente italiano Baltasar Colombo, según la cual el descubridor del Nuevo Mundo no fue genovés;
    f) en la actitud de los embajadores de Génova en Barcelona en mayo de 1493, cuando llegó allí Colón de vuelta de su viaje;
    g) en el oficio de felicitación que en esa época dirigió la Señoría de Génova a los Reyes Católicos, donde no existe alusión alguna a ser Colón genovés;
    h) en las infinitas contradicciones y notorias falsedades de Pedro de Angleria, el Obispo Giustianini, Oviedo y todos los primeros Cronistas, que atribuyen a Colón un origen genovés;
    i) que todos los historiadores posteriores no han hecho sino repetir servilmente la versión de Angleria a título de que era cronista oficial, cuando éste era precisamente motivo para negarle fe;
    j) en que existen otras numerosas falsificaciones, comprobadas en la supuesta documentación genovesa del origen de Colón. Callamos multitud de razones, que sería muy largo citar.

    Ulloa sostiene después que el origen de la genovización de Colom (así como el de la castellanización de su apellido, que de Colom se tornó Colón), está en Fernando el Católico, quien aprovechó la circunstancia especial del misterio de que se envolvía el descubridor para negar a éste, primero, sus derechos y despojar a sus hijos, después, del fruto de los trabajos de su padre.

    Para Ulloa, Fernando sobornó a Américo Vespucio y a Alonso de Ojeda, que habían sido amigos y servidores de Colom, especialmente Vespucio…


    (continuará)
    Enrique Bayerri y Bertomeu (Historiador)
    Colón tal cual fue . Barcelona, 1960
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

  8. #8
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    29.- Luis Ulloa, la catalanidad de Cristóbal Colón (Segunda parte).


    A penas muerto el descubridor, entre Vespucio y Ojeda, secundados por otros y apoyados por el Rey, falsificaron varios documentos y reemplazaron los auténticos por los falsos. Tales son la información de que Cuba no era isla, sino tierra firme, que lleva fecha de junio de 1494, la de pretendidas instrucciones a Pedro Marguerit, de abril del mismo año, el testamento apócrifo de 1498... Otros documentos fueron copiados y desfigurados, como la carta a la Aya del Príncipe Don Juan y la carta de Jamaica.

    Vespucio y un agente de Fernando llegaron hasta imprimir desfigurada esta carta y, además, los falsos viajes de las cuatro navegaciones de Vespucio.

    Todas estas maquinaciones tenían por objeto presentar a Vespucio como verdadero descubridor del Continente y a Colom de sólo la costa.

    Se le presentaba, además, como extranjero en España, y hasta ingrato con este país. El gran argumento de Fernando para negarse a cumplir lo pactado con el descubridor fue que éste era extranjero.

    Otro argumento: que sólo descubrió islas. Añade Ulloa que Angleria, a sueldo de Fernando, contribuyó, por su parte, a esta falsificación de la patria de Colom, lanzando primero, por medio de Trevisano, y después directamente, la invención de Colonus ligur (Colón y no Colombo , genovés). Respecto a los hijos de Colom, Ulloa piensa que el padre no les reveló su secreto, pero acaso este secreto quedó consignado en el testamento auténtico de 1502.

    Ésta debió ser una de las razones por las que Fernando y Vespucio hicieron desaparecer este testamento. La actitud del P.Gorricio, confidente de Colom, no se la explica Ulloa: le entregase el testamento y éste le fuese substraído. El historiador peruano considera autor de la substracción a Vespucio, a quien Fernando nombró después piloto mayor para que pudiera incautarse legalmente de los papeles de Colom. Es posible, siempre siguiendo la opinión de Ulloa, que Diego y Fernando Colón sospecharan la verdad, pero prefiriesen callarla, temiendo que la revelación fuese fatal a sus intereses. A esta misma tarea de falsificación atribuye Ulloa la inserción de la leyenda del piloto Alonso Sánchez, que, para él, no es sino la desfiguración tendenciosa del predescubrimiento hecho por Juan Colom.

    Había que inventar a ese falso héroe para poder decir que Colom mintió a los reyes y explicar con esa mentira la extraordinaria frase de las Capitulaciones del 17 de Abril de 1492: “en alguna recompensa de lo que había descubierto en la mar Océana”. “No ha habido otro Alonso Sánchez que el mismo Colom”, escribe Ulloa, y aduce numerosos testimonios inatacables en este sentido. A todo esto agrega Ulloa su convencimiento de que si bien Colom creyó que las Antillas y la América Septentrional hasta Panamá eran prolongación occidental del Asia, en cambio se dio cuenta de que la masa de la América del Sur era otro continente y fue el primero que llamó Nuevo Mundo a lo que hoy llamamos América Meriodional. Su error último estuvo en suponer que este Nuevo Mundo se hallaba separado hacia el itsmo de Panamá del Continente Norte por un estrecho que conducía, en no largo viaje, a la India. Murió en el ensueño de que se hallaría ese estrecho.

    Magallanes no lo encontró sino bordeando el Nuevo Mundo de Colón y cruzando todo un nuevo Océano, el Pacífico.

    Además de la edición francesa del libro en que Ulloa expone los primeros resultados de sus investigaciones sobre el origen peninsular de Colón, existe una edición catalana, en dos volúmenes: el primero, Cristofor Colom fou català (la veritable génesi del descubriment) , impreso en París y traducido por D. de Bellmunt; el segundo, Noves proves de la Catalanitat de Colom , impreso también en París. La traducción es hecha por I. Dels Domenys y lleva un prólogo de Fernando Valls y Taberner.

    Este volumen contiene cinco facsímiles, uno de los cuales es el texto original de las Capitulaciones del descubrimiento que se halla en los Archivos generales de Barcelona.

    Sin embargo, la cuestión de la nacionalidad de Colón se halla muy lejos de haberse resuelto y es objeto de pacientes investigaciones por parte de eruditos historiadores, tanto españoles como extranjeros, y la tesis de que Colón era gallego ha encontrado también ardientes y bien documentados partidarios, por lo que en la voz de Colón, del Apéndice , se trata nuevamente del asunto. De todos modos, cabe consignar aquí que la Real Academia de la Historia, consultada para el caso, manifestó que no existían pruebas para asegurar que Colón no fuese genovés (EUIE, art. Ulloa (Luis), t. 65, págs. 925-926. El tomo figura registrado como impreso en 1929).

    La tesis del Doctor Ulloa, sustentada en sus libros sobre Colom, se ha abierto camino allí donde ha encontrado desapasionamiento e imparcial comprensión. De ella ha hecho el propio Sr. Ulloa un análisis, al mismo tiempo que ha puesto de relieve la fecundidad de los resultados históricos que produjo ya desde los mismos días de su revelación. Comoquiera que su razonada exposición viene a ser un epílogo de sus obras, será de provecho escuchársela, tal como la estampa en sus Noves proves (págs. 232-24):

    Es un hecho cierto que “tanta resonancia ha tenido la tesis de la catalanidad de Colom, que los historiadores italianos han tenido que preocuparse de ella. En vano ostentaron un deliberado menosprecio hacia la obra del señor Ulloa: uno puede observar fácilmente que les molesta y (lo que vale más) que aprecían la valía de algunos de sus aspectos. Ciertas recensiones poco favorables de los libros del señor Ulloa (véase, por ejemplo, la de Roberto Almagia, en Archivio di Storia della Scienza , año 1927, y la del Bolletino della Reale Società Geogràfica Italiana , serie VI, vol. VI, marzo de 1929) no pueden borrar hechos que denotan una indiscutible influencia de los estudios del Sr. Ulloa, incluso sobre aquellos que más los combaten. No se trata de su tesis: la tesis de la catalanidad de Colón no es sino un aspecto en la obra del señor Ulloa. Se trata de cuestiones como la del predescubrimiento o primer viaje de Colom a tierras americanas, anteriores al descubrimiento oficial de 1492: opinión emitida por el señor Ulloa partiendo de una frase de encabezamiento de las Capitulaciones entre el Descubridor y los Reyes Católicos (“en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en las mares océanas”) y desarrollada en una de sus precitadas conferencias y en uno de sus libros precitados” (J. S., en AICat ., vol. VIII-411, Barcelona, 1936).

    Reconoce Rovira y Virgili (en Hist. Nac. De Catal ., VII-163) ser la del historiador peruano Luis Ulloa, “documentadísima y valiosa” su aportación al problema de los orígenes y patria de Colom. “Su estudio paciente y persistente ha convertido en una fuerte probabilidad las vagas y medio olvidadas versiones anteriores sobre el origen catalán del descubridor de América. La teoría de Ulloa es más que una hipótesis: es una deducción que él saca de los hechos y de los datos documentales. Aquello que para los conocedores de las cuestiones históricas aparecía simplemente posible, ahora resulta probable: "ara esdevé probable".

    Ulloa ha adquirido la convicción que Colom era catalán y muchos de los que han leído sus libros o han escuchado sus conferencias se muestran de ello igualmente convencidos. Pero es una convicción moral más que una certidumbre evidente. Para llegar a la seguridad, en un sentido u otro, faltan hallazgos documentales afortunados. Uno de los méritos del estudio de Ulloa es el de haber señalado direcciones concretas a la tarea investigadora. Y uno puede notar que uno de los aspectos que más relaciones se presentan con la tesis del ilustre erudito es el de la revuelta catalana contra Juan II de Cataluña-Aragón. En dictamen de Ulloa, Colom luchó contra aquel monarca y recorrió nuestro mar como corsario; después se fue al Norte de Europa y es él el de Juan Scolvus que fue, a lo que se dice, el que descubrió tierra americana en el año 1477. Presenta así un nuevo interés el estudio genealógico de las familias de aquel tiempo que llevaban el apellido Colom, el cual comparece en el Languedoc, en el Rosellón, en Mallorca y, sobre todo, en el principado de Cataluña.

    Por más que la argumentación de Ulloa esté hecha tomando por base conjeturas, indicios y deducciones lógicas, cumple reconocer que es una argumentación impresionante. Si la certeza dependiese forzosamente del peso de las probabilidades, cumpliría tener por cierta la tesis de Colom catalán o bien originario de Cataluña.

    La certeza absoluta está a menudo ausente de las cosas históricas; todos los que conocen de cerca las fuentes de la historia saben que un gran número de cosas admitidas no traen de muy lejos una base tan considerable como la tesis de Colom catalán.

    La versión genovesa parece haber salido de los escritos de Pedro Mártir de Anghiera (pág. 163).

    “Cree también Ulloa que Colom, antes de la expedición famosa, cuando comparece rebelde a Juan II y corsario, navegó por cuenta de Renato de Anjou” (pág. 165).

    “Años atrás (antes de 1934) al terminar Luis Ulloa una conferencia sobre Colom en el Ateneo Barcelonés, alguien definió el estado de la cuestión con la siguiente frase: “La tesis de Colón catalán pasa a ser la más verosímil de las tesis relativas al origen de Colom. Hoy (en 1934), el problema se encuentra, substancialmente, en la misma situación”.

    Con los elogios que merece lo bueno y aceptable de los aciertos de Ulloa, han de juntarse por ley de justicia las censuras a que se hacen acreedores algunos de sus procedimientos de historiador, no menos que los prejuicios que vician no pocas páginas de sus escritos sobre el problema colombino.

    Procedimiento peculiar suyo es no utilizar el documento, por auténtico y verídico que sea, sino después de haberlo sometido a un análisis demostrativo y a la que él llama crítica depurativa . Así, de un hecho del cual dice que no hay un testimonio explícito escrito, añade a continuación: “Pero existe algo superior a un tal testimonio: la lógica ineluctable de las concordancias históricas” .

    Esto afirma en su abono, en la pág. 83, de su libro Christophe Colomb catalan y, como lo afirma, obra en consecuencia. Para ello se vale de un triple postulado, es decir, de una proposición que se presenta acreedora a ser admitida por verdadera sin demostrarla. Los tres postulados creados e impuestos por Ulloa son los siguientes:
    1) Cristóbal Colom descubrió privadamente América, en el año 1477, quince años antes del descubrimiento oficial de 1492.
    2) Cristóbal Colom había nacido en Cataluña, de una familia noble, y había luchado por la libertad de su patria, contra el Rey de Aragón Juan II, sin Fe.
    3) La necesidad de ocultar estas cosas ha sido la causa de todos los misterios y todas las falsificaciones que hallamos en los documentos y en los testimonios relativos a Cristóbal Colom.

    ¿Las tales proposiciones pueden reclamar la consideración y adhesión de auténticos postulados? ¿Pueden pasar plaza de evidentes apriorísticamente? Muy lejos de esto: podrán a su favor aducirse comparaciones históricas, deducciones más o menos lógicas, pero nunca podrán darse por demostrados debidamente. Faltan para lograrlo documentos que hoy por hoy no existen, ni cabe fundada esperanza de que se descubran un día.

    Las leyendas, poco creíbles, del piloto danés Juan Scolvus que, hacia el año 1476, llegó a las tierras que ahora denominamos América, y la del piloto español que hacia el año 1483 volvió de América y confió a Colom el secreto de la existencia de aquellas tierras, pueden aclarar el postulado del predescubrimiento de América, pero no en manera alguna demostrarlo.

    Las consideraciones filológicas, lingüísticas, heráldicas y toponímicas que en la tesis gallega, servían para reforzar los documentos retocados de los archivos de Pontevedra, pueden corroborar la tesis catalana, si de antemano damos por supuesto que Cristóbal Colom nació en Cataluña.

    Supusieron algunos que el principal y casi único motivo de creer que el descubridor de América fue catalán era la letra m final de la palabra Colom , que, algunas, si bien raras veces, encontramos en la grafía del apellido del gran navegante en documentos antiguos. Muy sensatamente, en una carta del 26 de Octubre [1930?] dirigida a los diarios de Barcelona, dice el Sr. Ulloa: “Para sostener esta patria catalana [del descubridor de América], el menor de mis fundamentos está en la grafía del apellido Colom” .

    Otros han imaginado que el más sólido argumento de Ulloa sobre la catalanidad de Colom es su lenguaje, lleno a su sentir de barbarismos catalanes. El Sr. Ulloa, en su libro de 1927, pone un capítulo titulado Les catalanismes indiscutables et le langage de Colomb , en el cual señalaba diecinueve catalanismos, encontrados en unos escritos de Colom. En otro libro suyo, el del 1928, el mismo artículo tiene por título: El lenguaje de Colom; sus idiotismos y sus catalanismos , su conocimiento desde niño del castellano , y los catalanismos quedan reducidos a doce.

    De estos doce vocablos catalanes, que señala el Sr. Ulloa, los unos, son más propiamente portugueses, y otros, son perfectamente castellanos.

    Otros argumentos favorables a la tesis catalana, como los heráldicos y toponímicos, son hermanos de los argumentos heráldicos y toponímicos favorables a la tesis gallega, con la desventaja, para la tesis catalana, de ser unos argumentos de más corta edad y una imitación de los otros.

    El Sr. Ulloa fundamenta la tesis catalana en otra clase de argumentos, especialmente en la lógica –para él– irresistible de las concordancias históricas. Pero por este procedimiento asalta el peligro de traspasar los lindes de la prudencia histórica. De ahí que los lectores de los libros del Sr. Ulloa han de tener presente que “ este ilustre erudito es partidario constante de la crítica depuradora de los textos y de los hechos” .

    Por otra parte, en la pág. 208 de su libro Christophe Colomb , el escritor peruano confiesa que todos los documentos que presenta como favorables a la tesis catalana han sido publicados o son conocidos de los eruditos y que en la página 298 del libro El predescubrimiento escribe, refiriéndose a la falta de los documentos que necesita: “Muchos documentos, verosímilmente, han sido destruídos con intención dañada” .

    En el pleito de la postrimerías del siglo XVI por la sucesión del mayorazgo de Colom, la litigante doña Francisca Colón hubiera tenido una gran ventaja sobre el otro litigante, Baltasar Colombo, si hubiese podido demostrar que el descubridor de América no había sido italiano.

    Tampoco atribuye el Sr. Ulloa importancia alguna a los testimonios del expediente seguido, en el año 1535, para probar la nobleza de un nieto de Cristóbal Colom. En este expediente, encontrado años atrás en el archivo secreto de las Ordenes Militares, un íntimo amigo del descubridor de América y otros testimonios declaran que Cristóforo Colombo era genovés, declaración ésta que repite el propio Colón en el documento de institución del Mayorazgo . Pero el Sr.Ulloa califica de apócrifo tal documento, como otros más que apellidan genovés a Colón.

    Tales y tan claros son los testimonios a favor de la genovesidad de Colón que sólo la auténtica partida de Bautismo o alguna cosa equivalente en contra podrían deshacer la tesis genovesa.

    Pero el Sr. Ulloa se jacta de haber hallado esa cosa equivalente. Se refiere a dos documentos conservados en los archivos de Italia que dice haber revelado por primera vez , pero que los historiadores italianos, así como los españoles y como Harrisse, Vignaud y otros extranjeros, han tratado siempre de ocultar o pasar por alto, a menos que algunos de ellos lo hayan ignorado. Dichos documentos consisten, el uno, en una carta del Senado de Génova, fecha 5 de noviembre de 1586, dirigida a su embajador en Madrid Juan Bta. Doria, en la que el Senado reconoce que la ciudad de Génova no es la patria de Colom y que ni siquiera se tenía allí clara idea del testamento del descubridor. Pero, dicho Senado, para tratar de acaparar la herencia del almirante, recomienda a Doria que procure apoyar a los Colombo de Cogoleto.

    El otro documento es una información hecha en Génova, en 1599, por un Cristóforo Colombo, hijo de Bernardo, autorizado por el Senado y legalizada por el embajador de España en aquella ciudad, información de la que aparece que, a través de más de quince años, el Senado genovés persistía en favorecer a los Colombo de Cogoleto, quienes nada tenían que hacer con el lanero de Génova.

    La falsedad de la leyenda del lanero de Génova es, pues, una cosa juzgada y sentenciada desde hace más de tres siglos, tanto por las mismas autoridades genovesas, como por las españolas, y la mentira no se ha perpetuado sino gracias a esa sistemática ocultación de documentos en España y en Italia y a los errores en que tal ocultación, así como la adulteración de otros papeles, han hecho incurrir a sabios y eruditos tan notables como Humboldt, Irving, Fernández Duro, Lollis, etc.

    Todos los diarios de Hamburgo hablaron de ello, más o menos extensamente, pero siempre en términos favorables a las conclusiones del señor Ulloa, considerando que la leyenda genovesa ha recibido un golpe mortal.

    A esta reseña de dichos, hechos y apreciaciones del Sr. Ulloa cabe replicar que no es cierto que los documentos calificados de transcendentales y abrumadores , revelados por él en el Congreso Americanista de Hamburgo por primera vez , fuesen ocultados maliciosamente, porque de entrambos dio cuenta muchos años antes Harrisse en las páginas 154 y 155 del primer volumen de su obra Christophe Colomb. Son origine, sa vie , etc., publicada en 1884: el primero y más importante ya publicado anteriormente por el italiano Isnardi en su Disertazione , 1838, y el segundo, comunicado amistosamente al propio Harrisse por otro italiano, M. Desmoni.

    Se pone, pues, en evidencia que si el Sr. Ulloa pudo revelar por primera vez tales documentos es porque antes los encontró en Harrisse.

    Lo que descuidó el Sr. Ulloa fue traducir fielmente de Harrisse las frases explicativas de los referidos documentos, pues de otra manera no se expresaría en sentido opuesto a Harrisse.

    Como visto es, aquellos dos documentos transcendentales y abrumadores son favorables a la tesis genovesa y desfavorables a los procedimientos polémicos de que echa mano Ulloa.

    Veamos ahora cómo pretende demostrar éste la catalanidad de Colón y en qué pruebas insiste especialmente.
    1) Hablando del nombre Colón y no Colom , que encontramos en la Bula de Alejandro VI, dice Ulloa que el Papa, influido por embajadores castellanos, castellanizaba el apellido del Descubridor, para poder castellanizar el descubrimiento.
    2) Otro pequeño pormenor de gran importancia: Colom quería ser el virrey de las tierras que descubriría. Dice el Sr. Ulloa: “La dignidad de virrei era especialmente catalana, más catalana de todos modos que castellana. La Real Cédula prescinde de esto. Precisamente en esa demanda de virreinato, cosa extraña en Castilla, lo mismo que en la exigencia que puso Colom con tal objeto, alcanzo a ver yo uno de los indicios más claros de la catalanidad del navegante” .
    3) Un detalle más de gran importancia: en las dos copias de las colecciones de privilegios de Colom, entregadas en el año 1502 por el Almirante mismo a Nicolás Oderigo, embajador de Génova en la Corte de los Reyes Católicos, guardadas, actualmente, la una en el Municipio de Génova y la otra en París, se ve destacado un dibujo a la pluma, con una cruz, que parece de San Jorge, y la inscripción In te speravi. Han pensado algunos que la Cruz se refiere a Génova, porque esta Ciudad tiene por Patrón a San Jorge, y porque las copias fueron entregadas a un embajador genovés. Pero Ulloa se exaspera contra esta que califica de caprichosa y audaz interpretación.
    Replica Ulloa que San Jorge también es Patrón de Cataluña. “Por desgracia para el genovismo –escribe– hay aquí que recordar todavía que en Cataluña existió, desde el siglo XII, la Orden Militar de San Jorge” . “Este dibujo –comenta– es un acto de fidelidad catalana, mucho más porque la inscripción expresa perfectamente cuáles tenían que ser sus sentimientos respecto a su tierra natal, por cuyos fueros y por cuya autonomía lucharon tan tenazmente los catalanes” .
    Y el Sr. Ulloa concluye el capítulo con estas palabras: “ Si existe, pues, un signo inequívoco de la catalanidad de Colom él es ciertamente esa íntima y dolorosa evocación a la cruz de San Jorge: IN TE SPERAVI” .
    4) Todavía alega Ulloa otros pequeños detalles de gran importancia. Una de las principales pruebas de la catalanidad de Colom, es, en dictamen de Ulloa, el lulismo. “Colom –escribe– no citó nunca a Lulio, esto es, al primer modelador de su espíritu, porque no le convenía citarlo” . Pero, esto no obstante, no faltan testimonios de su lulismo. El sepulcro de Ferrer Colom, Obispo de Lérida, fallecido en el año 1340, estaba consagrado, según el P. Villanueva a la Santa Concepció de María .
    En el testamento, Cristóbal Colón pide a su hijo Diego que funde una capilla especial en la Isla Española, preferentemente en la Vega de la Concepción, y que en la mencionada capilla haga decir, o celebrar diariamente tres Misas, de las cuales una a la Santísima Trinidad y otra a la Concepción de María.
    En consecuencia, dormir a la sombra de la Inmaculada Concepción “parece –escribe Ulloa– haber sido un anhelo común a Ferrer Colom y al Almirante de las Indias” .
    Fernando Colom, hijo natural del Descubridor, estuvo en Lérida en el año 1510. “¿Tuvo sospechas Fernando Colón –pregunta el Sr. Ulloa– de ocultos vínculos entre su padre y Cataluña, más particularmente Lérida?" El escritor mismo responde: “ Me inclino a la afirmativa. Pero si las tuvo, las ocultó a su vez”.
    “Si, después de todo esto, recordamos que Ramón Llull fue defensor de la Inmaculada Concepción, no podremos dudar de que Cristóbal Colom fue lulista”.
    5) El silencio que Cristóbal Colom guardó siempre sobre su catalanidad, presenta algunas dificultades a la crítica histórica.
    También presenta algunas dificultades el silencio, desde 1477 a 1492, que Colom guardó sobre las tierras que él había descubierto. Más de una vez, seguramente durante estos quince años, al ver rehusada su propuesta de ir a descubrir aquellas tierras, que él ya conocía, estuvo tentado de manifestar el secreto, pero el temple de su espíritu lo preservó de caer en la tentación. Así piensa el Sr. Ulloa.

    El. Sr. Ulloa dedica los últimos capítulos de su obra El predescubrimiento , a resolver estas dificultades. Son capítulos emocionantes. También establece, en seis conclusiones, la identidad entre Colom y Juan Scolvus, la realidad del descubrimiento, por Colom, de las tierras de América en 1477 y el cambio de nombre de Colom, de Juan en Xristo-Ferens y dice que contra estas conclusiones “no prosperarán ya vacilaciones de buena fe. Ningún verdadero sabio, honrado y leal, podría en adelante negarlas” .

    De todas maneras, el escritor peruano ya no es tan absoluto al hablar de la catalanidad de Colom . “Comprendo –dice– que... haya historiadores y geógrafos que me exijan para renunciar al Colombo genovés y aceptar al Colom catalán mayores detalles y más amplias comprobaciones documentales”.

    A pesar de esto, el Sr. Ulloa no retrocede ante la necesidad de contradecir absolutamente todo cuanto hasta ahora se ha escrito sobre Colom. Cree él que la inmensa bibliografía colombiana no es más que una vastísima conspiración contra la verdad. Por esto precisamente él ha escrito cosas como las siguientes: “La tesis genovista no es en realidad sino el forzado fruto del maquiavelismo de Fernando II de Aragón”.

    Tal es, en trazos sintéticos expuestos, el reverso de la teoría del señor Ulloa sobre la catalanidad de Colón, según el estudio bien razonado del Rdo. D. José Farré, Pbro: Un nou procediment per estudiar la vida de Cristófor Colom (Barcelona, 1930).

    – La pré-découverte de l'Amérique par Cristophe Colomb. Conferencia leída a la S ocieté de Géographie de Paris , por el mes de diciembre del año 1927, inserta en el Bulletín de la Societé , etc., en el número de enero-febrero de 1928. Fue poco después publicada en la revista La Paraula cristiana , Barcelona, 1928. Es un esbozo, débil y borroso, de su teoría sobre la catalanidad de Colón.

    – Christophe Colomb cataland. La vraie genèse de la découverte de l'Amerique. París, Edit. Maisonneuve Frères, 1927. Vol. de 404 págs. En 8º menor. En esta obra constan los primeros estudios del Sr. Ulloa sobre el origen catalán del Descubridor de América. Constituye, además, la base y fundamento de los otros libros publicados a su nombre, traducidos en catalán. Así, Cristòfor Colom fou català abarca la primera parte, y Noves proves, la segunda y tercera de este original francés.

    – Cristófor Colom fou català: la veritable génesi del descobriment. Traducció i biografia de l'autor per Domènec de Bellmunt. Libr. Catalònia . Barcelona, 1927. Esta obra tuvo un éxito de librería extraordinario.

    “Hasta 1927 –dice hablando de Ulloa el P. Streicher, S. J. (en Investigación y Progreso , Oct. 1929, pág. 81)– no surgió para la hipótesis de La Riega [sobre Colón gallego] un enemigo peligroso: fue éste el peruano Luis Ulloa, que en una serie de escritos defendió con toda energía el origen catalán de Colón.

    ”En Italia, Inglaterra y Francia no ha conseguido esta tesis arraigar en los círculos científicos y también en Alemania las opiniones sobre Colón seguían su camino tradicional y sólo muy recientemente han empezado a publicarse, en periódicos y revistas, sensacionales artículos, sin espíritu crítico, que han desviado la opinión.”

    – Noves proves de la catalanitat / de Colom / Les grans falsetats de la tesi genovesa / amb dos apèndixs: 1er. Sobre els Colombo i els Colomo / castellans i sobre el Passeport donat a Colom en abril de 1492, / per a què se'n anés a la India; 2on L'equivalència dels noms / Joan Baptista i Xristo-Ferens. / Pròleg de Ferran Valls-Taberner / Traducció catalana de Jaume dels Comenys / Amb 5 fac-símils, un dels quals és el text original de les Capitulacions de / la descoberta, i que es troba en els Arxius Generals de Barcelona. / [Grabado figurando la Torre de Babel] / Librería Oriental-Americana / Maisonneuve Frères / 3, rue Su Sabot, 3 / Paris (Vie.). Vol. En 8.º menor, de XV págs. Prel. Numeradas + 256 págs. Aunque sin fecha de impresión, ésta se realizó el año 1927, hacia el fin. Es de notar con el mismo autor (en Noves proves , pág. 250) que Cristòfor Colom fou català constituye la primera parte, y Noves proves , la segunda y tercera, de su estudio editado en francés, por Maisonneuve Frères: Christophe Colomb Catalán , París, 1927. Pero en Noves proves , añade dos Apéndices, que no constan en el libro original francés.
    El texto de Noves proves consta de tres partes. En la primera trata de Cataluña, Colom y las Capitulaciones para el descubrimiento . De los tres capítulos que abarca, el primero estudia dos problemas de derecho internacional:
    1) En derecho público: los acuerdos fueron en provecho de Castilla, con exclusión de Aragón y Cataluña.
    2) En derecho internacional privado: Colom no fué naturalizado castellano.
    3) Tentativa de participación catalano-aragonesa. “Colom” contra “Colón”.
    En el cap. II trata de Colom y Barcelona y en el III acerca de la exclusión definitiva de Cataluña y Aragón.
    En la segunda parte investiga qué fue Colom. En sus nueve capítulos estudia: la personalidad del Colom verdadero; los comienzos de Colom en el mar; la revolución catalana contra Juan II, sin Fe, y Juana la Madastra; el combate naval de 13 de agosto de 1476 y el naufragio de Colom en las costas portuguesas y las órdenes secretas del Codicilo de 1506; Colom en la Mar del Norte y en Groenlandia, donde se prueba que Joannes Scolvus es Juan Colom; Juan Colom se convierte en Xristo-ferens; la concepción del Descubrimiento; en busca de un protector (hacia Coloma, secretario del Rey, y Santángel); el papel de la Reina Doña Isabel.
    Toda la tercera parte se ocupa de la refutación de la tesis genovesa y de la sola objeción a la tesis catalana. Pero esto descubre cómo nació y cómo fue formándose la leyenda genovesa; pone de relieve las grandes falsedades de la tesis genovesa y, en fin, hace ver hasta la evidencia, que las informaciones de la Orden militar de Santiago no prueban nada contra Colom catalán.
    Complemento ilustrativo a más no poder meritorio e interesante lo constituyen las Notas explicativas del texto del libro. Son todas ellas de exquisita erudición. Siguen dos Apéndices: I, que ilustra los grandes hechos históricos nuevos descubiertos para la tesis de “Colom catalán” ; II, el pasaporte dado a Colom en 1492 y la génesis del Descubrimiento; III, las gestiones de Colom cerca del Duque de Medinaceli, yerno de Carlos de Viana.
    En el Apéndice II pone con nuevo relieve el punto tratado en el texto sobre la equivalencia de los nombres Juan Bautista y Xristo-Ferens .

    Esta obra viene a ser la continuación de Cristòfor Colom fou català (1927) y casi un extracto resumido de la titulada El predescubrimiento , etc., pero con más lógico plan y nuevas perspectivas, a la luz principal de la Historie . En ella somete nuevamente a revisión las pruebas acumuladas por los genovistas en apoyo de su tesis, y de su examen “quedan totalmente desvalorizadas” (Valls-Taberner, en el Pròleg, página XII). Reconoce, además, que en este volumen “no sólo está plenamente demostrada la falsedad de la tesis genovesa, sino que se presentan en él nuevos argumentos en defensa de la opinión relativa a la catalanitat de Colom”. Además: “uno de los méritos más estimables del Sr. Ulloa radica justamente en que no se ha limitado a destruir una teoría [la genovesa], sino que la ha sustituído con una nueva tesis, amplia y doctamente argumentada. Dotado de un sentido crítico penetrante, de una fina sagacidad y de aquella ingeniosa e inteligente facultad de combinación, propia de un historiador perspicaz y según la cual un estudio histórico deja de ser una retahila cronológica de papeletas o una agregación de notas, de transcripciones y de extractos sucesivamente enlazados, para convertirse en una obra orgánicamente estructurada según un tono lógico y un criterio racional, el Sr. Ulloa nos da en su libro una explicación la más comprensible y la de mayor sentido humano, de todas las que hasta ahora han sido expuestas, respecto de la vida de Colom anterior al descubrimiento. El Sr. Ulloa remueve en este libro los problemas relativos a la nacionalidad de Colom, a su personalidad verdadera y a sus hechos principales anteriores a su llegada a la corte de los Reyes Católicos; enfoca estos problemas desde nuevos puntos de vista, señala orientaciones prometedoras, y presenta nuevas cuestiones no sospechadas hasta ahora, respecto de las cuáles cumpliría proseguir las investigaciones y profundizar detenidamente su examen.

    Algunos de sus argumentos hacen que la tesis catalana, tal como la expone el Sr. Ulloa, tenga un mayor valor lógico y hasta históricamente ofrece algunos indicios más estimables que la genovesa tradicional, francamente inadmisibles. Sinceramente también he de declarar, en cambio, que otros razonamientos del Sr. Ulloa en pro de su opinión no me parece puedan darle el refuerzo que él les atribuye. No es ahora, sin embargo, el momento adecuado para exponer concretamente ni menos para discutir minuciosamente algunos puntos de duda y reservas en la apreciación de determinadas soluciones accesorias” (págs. XII-XIV).

    “Ulloa, en esta obra, defiende la patria netamente catalana de Colom (pág. 11), y viene a ser ella complemento de la otra anterior del mismo autor, traducción catalana, Cristófor Colom fou catalá (Barcelona, 1927). Así como en ésta expone las pruebas intrínsecas de la nacionalidad catalana de Colom, en Noves proves , toca y aclara el aspecto político o más bien internacional de la cuestión: internacional, desde el punto de vista del derecho público, e internacional dentro del cuadro de los principios del Derecho privado. Hasta hoy, ha sido muy poco estudiado este aspecto, con todo y ser precisamente el que está llamado a proyectar más luz sobre la cuestión que nos interesa” (p. 18).


    Enrique Bayerri y Bertomeu, historiador: Colón tal cual fué (Barcelona, 1960)



    30.- Cristóbal Colón, extranjero en Castilla, no era ni Cristóforo Colonne ni Cristóforo Colombo.


    En el siglo XV, el reino de Aragón, con relación a Castilla, era otro Estado. Tenía otro gobierno, otras leyes, otras instituciones y un ejército y una marina diferentes. Con la unión matrimonial de Don Fernando y Doña Isabel en 1469, los dos Estados continuaron con su respectiva independencia. Colón, en los dominios castellanos, era legalmente un extranjero.

    Llamarse hoy extranjero en España equivale a una declaración evidente de no ser natural o naturalizado en España, en una palabra: no ser español.
    Mas, en tiempo de los Reyes Católicos, y aún muchos años después de su reinado, no corrían las aguas por el mismo cauce. Un natural de los territorios de la Corona de Aragón, y aun de otros españoles no pertenecientes a la Corona de Castilla, era y se llamaba en ella extranjero, por disposición de sus leyes, y como a tal extranjero se le negaba el derecho, que plenamente disfrutaban sus naturales, de desempeñar cargos públicos y obtener beneficios y prebendas.

    En 1476, los Reyes Católicos firmaron en Madrigal una ley revocando las cartas de naturaleza dadas a extranjeros para obtener Prelacias, Dignidades y Beneficios del Reino de Castilla. Con esto quedaron ratificadas y de nuevo puestas en vigor leyes anteriores en este mismo sentido dadas en 1377, 1379, 1401 y 1473 por sus antecesores. En 1480, los Reyes Católicos, en la ley 68 de aquel año, confirman la ley precedente, de 1476, y se revocan las cartas de naturaleza dadas a extranjeros, que tales eran los no naturales de Castilla.

    En Mallorca, desde el Papa Juan XXII se consideraban extranjeros, a los efectos de no poder obtener allí Prelacias, Dignidades y Beneficios, incluso los naturales de la Corona de Aragón. Y no cesó esta prohibición hasta que por Real Decreto del 28 de noviembre de 1715, ordenó el Rey Felipe V que "en adelante cesasen en aquel Reyno de Mallorca las costumbres y leyes que trataban de extranjeria, en cuanto a honores, preeminencias o rentas temporales y profanas" , pero no en cuanto a las eclesiásticas.

    Años adelante, por Decreto dado en Balsain con fecha de 7 de julio de 1723, se anularon las leyes de extranjería de Castilla a favor de todos los naturales de España, sobre un mismo plano de igualdad, de forma que, en lo sucesivo, "los naturales de los reynos de Castilla, Aragón, Valencia y Cataluña puedan obtener piezas eclesiásticas en ellos reciprocamente, sin privilegio de extranjería; pero no en el de Mallorca" . (Texto completo en Novisima Recopilación , lib. I, tit. XIV).

    En aquella época, en Castilla, para que un extranjero pudiera tener los mismos derechos que los súbditos y naturales del reino, era indispensable obtener previamente la carta de naturaleza, hecho que acontecía con muchos de ellos. Pues bien, he aquí un caso sin precedentes: Cristóbal Colón, “extranjero indeterminado”, se vio colmado de las más altas dignidades que en Castilla podían serle concedidas sin tener necesidad de dicha naturalización y lo mismo sucedió con su hermano Bartolomé. Unicamente Diego, el más joven, llegó a obtener en 1504 la carta de naturaleza que tramitó porque, ambicionando la concesión de un obispado, que no le fue otorgado, le resultaba imprescindible.

    En la carta de naturaleza en los reinos de la Corona de Castilla a favor de Diego Colón, se silencia su patria de origen, al igual que en todos los demás documentos que, expendidos por los Reyes, están relacionados con sus hermanos. Dicha carta está fechada en Medina del Campo, a 8 de febrero de 1504:
    “Don Fernando e doña Isabel, por la gracia de Dios, etc.: Por hacer bien e merced a vos don Diego Colón, hermano del Almirante don Cristóbal Colón, e acatando vuestra fidelidad e leales servicios que nos habéis fecho, e esperamos que nos faréis de aqui adelante, por la presente vos facemos natural destos nuestros reinos de Castilla e de León, para que podáis haber e hayáis cualesquier dignidades e beneficios eclesiásticos que vos fueren dados, e podáis gozar e gocéis de todas las honras e gracias e mercedes e franquezas e libertades, exenciones e perrogativas e inmunidades, e de todas las otras cosas e cada una dellas que podiades e debiades haber e gozar si fuésedes natural de los dichos nuestros reinos e señorios...
    Dada en la villa de Medina del Campo a ocho días del mes de febrero, año del Nascimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos e cuatro años. =YO EL REY. =YO LA REINA. =Yo Gaspar de Gricio, secretario del Rey e de la Reina nuestros señores, la fice escribir por su mandado. =M. Doctor. =Archidiaconus de Talavera. =Licenciatus Zapata. =Licenciatus Polanco.”

    Con relación a la materia, Antonio Rumeu de Armas en su obra El "portugués" Cristóbal Colón en Castilla puntualiza: “Era norma establecida en el derecho público castellano que en las cartas de naturaleza se hiciese constar siempre la nacionalidad de origen. En el Registro del Sello del Archivo de Simancas se conservan un centenar, por lo menos, de documentos de esta índole correspondientes al reinado de los Reyes Católicos. En todas ellas se cumple el requisito apuntado".

    A mayor abundamiento, los dos italianos más íntimos amigos de Colón, colaboradores ambos en sus empresas náuticas y financieras, el florentino Gianotto (Juanoto) Berardi y el genovés Francesco Rivarolo (Riberol) decidieron en fecha circundante naturalizarse castellanos. Veamos ahora cómo se hallan redactadas las cédulas de nacionalidad pertinentes:
    -Carta de naturaleza en los reinos de la Corona de Castilla a favor del "florentino" Juanoto Berardi, banquero de Cristóbal Colón fechada en Segovia a 10 de julio de 1494:
    Juanote Berardi.–Naturaleza: «Don Fernando e doña Ysabel etc. Por quanto vos Juanote Berardi florentín, estante en estos nuestros reynos, nos hesistes relaçion por vuestra petiçion diziendo: que vos soys natural de la çibdad de Florencia, e ha dies años e más tienpo que estays en estos nuestros reynos e quereys venir e morar en ellos e ser nuestro natural dellos; e nos suplicastes e pedistes por merçed que vos hiziesemos natural destos nuestros reynos, para que pudiésedes gozar de todas las graçias, franquezas, libertades, esençiones, preheminençias e perrogativas de que gozan e pueden gozar los otros nuestros subditos e naturales...»
    -Sobrecarta de naturaleza en los reinos de la Corona de Castilla a favor del "genovés" Francisco de Riberol, particular amigo y colaborador del almirante de las Indias, fimada en Guadalcanal a 27 de junio de 1511:
    Françisco de Riberol.–Sobrecarta de Naturaleza: «Doña Juana por la graçia de Dios reyna de Castilla etc. Por quanto el rey don Fernando, mi señor e padre, e la reyna doña Ysabel, mi señora madre, que santa gloria aya, ovieron dado e dieron una su carta firmada de sus nombres e sellada con su sello e librada de los del su Consejo a suplicaçion de Françisco de Riberol, mercader ginoves estante en esta çibdad de Seuilla, por sy e en nombre de Juanote e Cosme, sus hermanos, fecha en esta guisa...».

    Mientras acompañaba a la Corte a Córdoba, base militar de la guerra de Granada, Cristóbal Colón recibió de los Reyes tres mil maravedís el 5 de mayo de 1487, otros tres mil el 3 de julio y cuatro mil el 27 de agosto para ayuda de coste de su viaje al real frente de Málaga, ciudad que acababa de tomarse a los moros (18 de agosto). Los asientos de todas estas sumas constan en los libros reales a nombre de Cristóbal Colomo, lo que prueba que en 1487 Colón había adoptado este nombre al menos para documentos oficiales”.
    El texto de estos documentos es como sigue:
    -“5 Mayo, di a Cristobal Colomo, extranjero, tres mil maravedis, que está aqui faciendo algunas cosas complideras el servicio de sus Altezas, por cedula a Alonso de Quintanilla, con mandamiento del obispo” (de Palencia). Libro de Cuentas Francisco González de Sevilla, Tesorero de la R.C.
    - “27 Agosto. En 27 de dicho mes di a Cristobal Colomo cuatro mil maravedis para ir al Real, por mandado de sus Altezas por cedula de Obispo. Son siete mil maravedis con tres mil que se le mandaron dar para ayuda de su costa por otra partida de 3 de julio.”
    - “15 Oct. En ocho dia di a Cristobal Colomo cuatro mil maravedis que sus Altezas le mandaron dar para ayuda de su costa por cedula del obispo” .
    Tanto en estos mencionados documentos como en todos los demás que fueron expedidos por los Reyes durante todo el periodo de tiempo que vivió el Almirante de las Indias, nunca jamás se mencionó su verdadera procedencia.

    En 1994, el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias - Centro de Estudios Medievales y Renacentistas de la Universidad de La Laguna publicó un interesante libro titulado Extranjeros en Castilla (1474-1501), notas y documentos para el estudio de su presencia en el reino a fines del siglo XV . En esta mencionada publicación, su autor, Juan Manuel Bello León, nos da a conocer hasta 1.034 documentos en los que aparecen citados diversos extranjeros, gran número de ellos genoveses, los cuales tenían intereses comerciales en Córdoba, Sevilla, Jerez y Cádiz.
    En 1473, en Sevilla residían más de 100 genoveses, la mayor parte de ellos dedicados a la actividad financiera como prestamistas y banqueros. En Córdoba, entre 1484 y 1493, se hallaban los genoveses Manuel y Juan Bautista Spinola que concentraron su actividad financiera y comercial participando directamente en operaciones mercantiles vinculadas con la guerra de Granada.
    También en este mismo libro se halla insertado un cuadro que contiene una relación de extranjeros (la mayoría genoveses) que en Castilla obtuvieron carta de naturaleza, y con la que hallaron la mayor forma de labrarse su fortuna en el reino:.



    CARTAS DE NATURALEZA

    NOMBRE

    ORIGEN

    VECINDAD

    AÑOS

    Agustín Spínola
    Génova
    Sevilla
    1477
    Marco del Castillo
    Génova
    Sevilla
    1477
    Clérigo del Castillo
    Génova
    Sevilla
    1477


    Nicolao Nero
    Florencia
    -
    1478
    Baltasar Rey
    Génova
    Murcia
    1485
    Damián Negrón
    Génova
    Sevilla
    1485


    Antonio Rodolfi
    Florencia
    -
    1489
    Andrea de Odón
    Génova
    Sevilla
    1490
    Pablo Landi
    Siena
    Sevilla
    1490
    Bailía Salvago
    Génova
    Sevilla
    1492
    Antonio Salvago
    Génova
    Sevilla
    1492
    Pedro de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Baltasar de Gimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Andrés de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Melgior de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Gaspar de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Alberto de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Polo de Grimaldo
    Génova
    Sevilla
    1492
    Francisco Riberol
    Génova
    Sevilla
    1492
    Juanoto Riberol
    Génova
    Sevilla
    1492
    Cosme Riberol
    Génova
    Sevilla
    1492
    Agustín Italian
    Génova
    Málaga
    1493
    Martín Centurión
    Génova
    Málaga
    1493
    Juanoto Berardi
    Florencia
    Sevilla
    1494

    Tras todo lo expuesto ha quedado bien patente que, durante el tiempo que vivió en Castilla, Cristóbal Colón no aparece relacionado por ninguna parte con todos estos genoveses. Tampoco aparece el nombre del lanero genovés Cristóforo Colombo ni el del corsario Cristóforo Colonne, el cual, Alfonso Enseñat de Villalonga considera el verdadero Descubridor de América.

    Y es que Colón, en Castilla, era como un ser mágico que no necesitaba ni de cartas de naturaleza ni de nacionalidades de origen, ni para cobrar subvenciones del Estado ni tampoco para reivindicar ante los soberanos como parte de la recompensa por la gesta del Descubrimiento, títulos, honores y privilegios reservados a personas de sangre real. Durante los siete años que se pasó en tierras castellanas buscando apoyo económico para su empresa, para nada se le ocurrió solicitarla a los banqueros genoveses que estaban establecidos en Sevilla, Córdoba, etc. y, sin embargo, lo hizo ante Don Luis de la Cerda, Duque de Medinaceli, en cuya casa vivió por espacio de 2 años.

    En 1487 conoció en Córdoba a Beatriz Enriquez, la mujer que habría de ser la madre de su segundo hijo, Fernando, nacido en agosto de 1488, al que en vez de ponerle el nombre de algún miembro de la familia Colombo o Colonne le pone el del Rey Fernando.

    Entre 1485 y 1492, al futuro Almirante de las Indias no le vemos relacionado para nada con genoveses sino con cortesanos. Sin contar a Quintanilla, Contador Mayor de los Reyes, al Cardenal Mendoza y Fray Diego de Deza, tutor del Príncipe Don Juan.Colón también recibió la eminente protección de Andrés Cabrera y su mujer Beatriz Fernández de Bobadilla, Marqués y Marquesa de Moya respectivamente. Ambos gozaban de la amistad más íntima de los Reyes, y en especial de la Reina, a cuya casa pertenecían. Él había sido uno de sus más fervientes partidarios durante la lucha pertinaz y prolongada contra Juana la Beltraneja por la sucesión del trono.

    En la Casa del Rey, Colón tenía también influyentes amigos, entre los cuales se encontraba Juan Cabrero, camarero del Monarca, Gabriel Sánchez, tesorero, y Luis de Santángel, escribano de ración.

    A todo este cúmulo de contrariedades todavía podemos anexar algunas más:

    -El 27 de noviembre de 1492, y mientras se exploraban las costas de Cuba, el Almirante escribe en su Diario: “Y digo que Vuestras Altezas no deben consentir que aquí trate ni faga pie ningún extranjero, salvo católicos cristianos, pues esto fué el fin y el comienzo del propósito, que fuese por acrecentamiento y gloria de la religión cristiana, ni venir a estas partes ninguno que no sea buen cristiano” .
    Estas observaciones del propio Descubridor ponen de manifiesto la expresa prohibición castellana de que ningún extranjero pasase a las nuevas tierras descubiertas. Es más, el Rey Fernando en una instrucción que envió al segundo Almirante y Gobernador Diego Colón, fechada en Valladolid, a 3 de mayo de 1509 avisa: “Yten, por quanto cunple a nuestro seruicio que en las dichas yslas no aya estrangeros de nuestros rreynos e señorios, no dareys lugar que en ella pueblen estranjeros de nuestros rreynos e señorios, y destos deueys de tener muy espeçial cuydado y avisarnos heys sy hallardes que hayan poblado algunos, porque de lo contrario nos terniamos por muy deseruidos” .

    -En una Real cédula a los Oficiales de la Casa de Contratación, expedida en Madrid, a 14 de Febrero de 1510, podemos leer: “ En lo de la liçencia que os pide Alexandre Cataño para pasar a las Yndias a cobrar los que se le deve, no deys lugar a ello en ninguna manera, porque mi voluntad es que lo que tenemos mandado çerca del pasar los estranjeros se guarde y que por ninguna via ni cabsa se pase contra ello, antes vos ynformad sy alla ay algunos estranjeros y con que liçençia y escreuidmelo. De Madrid, a XIIII de febrero de DX años. Yo el Rey” .

    -En otra Real cédula al Almirante y Oficiales de La Española, fechada en Monzón, a 15 de Junio de 1510, consta: “En lo que toca a los estrangeros, mi voluntad es que ningun mercader ni otra persona estrangera destos nuestros rreynos pueda estar ni este en esas dichas Yndias, saluo Bernaldo Grimaldo o su fator que alla tiene o toviere, no enbargante qualesquier cartas e liçençias nuestras que tengan para ello; por ende yo vos mando que no consyntays ni deys lugar que ningund estrangero este ni rresida en esas dichas Yndias, syno que guardeys lo que sobre ello tenemos mandado, sin enbargo de las dichas nuestras cartas e liçençias” .

    Referente al tema, López de Gómara nos cuenta: “Ningún hombre que no sea español puede pasar a las Indias sin licencia del Rey y todos los españoles que pasan se tienen que registrar en la Casa de la Contratación de Sevilla, con toda la ropa y mercaderías que llevan, bajo pena de perderlas, y también se han de manifestar a la vuelta en la misma casa, bajo la mencionada pena, aunque con tiempo forzoso desembarque en cualquier otro puerto de España, pues así lo manda la Ley”.

    En 1511, durante el pleito que sostuvo Diego Colón, hijo y heredero del primer Almirante, contra la Corona castellana, el fiscal del Consejo de Indias le negó una petición, en la que solicitaba fueran reconocidos los privilegios de su padre: “El Consejo resolvió, por su sentencia de 1527, que los beneficios pecuniarios procedentes de fondos del Estado sólo podían disfrutarlos, con autorización real, los nacionales, vasallos y vecinos del reino, y los extranjeros si llevaban diez años de residencia en el país como domiciliados y habían adquirido bienes raices. Este no era el caso del almirante: «pues el dicho don Cristóbal Colón hera extranjero, no natural, ny vecino del reino, ny morador en él» ”.

    Todos estos acontecimientos tienen su fiel reflejo en un fragmento de la carta que el Almirante envió a los Reyes desde Jamaica, a 7 de julio de 1503: “Poco me han aprovechado veinte años de servicio que yo he servido con tantos trabajos y peligros, que hoy día no tengo en Castilla una teja; si quiero comer o dormir no tengo, salvo el mesón o taberna, y las más de las veces falta para pagar el escote...
    El otro negocio famosísimo está con los brazos abiertos llamando: extranjero ha sido fasta ahora. Siete años estuve yo en su Real Corte que a cuantos se fabló de esta empresa todas a una dijeron que era burla. Agora fasta los sastres suplican por descubrir. Es de creer que van a saltear y se les otorgan, que cobran con mucho perjuicio de mi honra y tanto daño del negocio. Bueno es de dar a Dios lo suyo y acetar lo que le pertenece. Esta es justa sentencia, y de justo. Las tierras que acá obedecen a Vuestras Altezas son más que todas las otras de cristianos y ricas. Después que yo, por voluntad divina, las hube puestas debajo de su real y alto señorio y en filo para haber grandisima renta, de improviso, esperando navios para venir a su alto concepto con victoria y grandes nuevas del oro, muy seguro y alegre, fui preso y echado con dos hermanos en un navio, cargados de fierros, desnudo en cuerpo, con muy mal tratamiento, sin ser llamado ni vencido por justicia. ¿Quien creerá que un pobre extranjero se hobiese de alzar en tal lugar contra Vuestras Altezas sin causa ni sin brazo de otro principe y estando solo enre sus vasallos y naturales y teniendo todos mis fijos en su Real Corte?”.

    Sobran comentarios.

    El Descubridor era un “extranjero indeterminado” por razón de Estado. Este tema lo abordaremos ampliamente en otro capítulo.

    Es evidente que el Almirante de las Indias no pudo ser nunca el genovés Cristóforo Colombo ni tampoco Cristóforo Colonne, sino el noble Cristóbal Colón, hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana y de la mallorquina Margarita Colom, tesis que actualmente es considerada la definitiva por muchos historiadores tanto en España como fuera de ella.


    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    31.- El pacto de silencio y las Capitulaciones de Santa Fe.


    Las diferentes causas que posiblemente llevaron al Gran Almirante a ocultar su origen y a oscurecer su pasado se han convertido para muchos historiadores, a lo largo de los años, en el argumento fundamental de sus trabajos. Que si fue una mujer, dicen unos, que si corsario al servicio de Renato de Anjou o quizás también judío converso, dicen otros.

    Mientras Samuel Eliot Morison sostiene que ningún escritor durante los tres siglos posteriores a la muerte del Almirante afirma, ni siquiera insinúa, que fuera judío converso, otros, como Simon Wiesenthal y Nito Verdera, tratan de probarlo. Wiesenthal cuenta que, al tiempo que Colón trataba de preparar su viaje de descubrimiento, entró en contacto con los judíos, quizás con la finalidad de hallar nuevos caminos con el propósito de ayudar a sus discriminados hermanos, que se verían afectados por el inminente decreto de expulsión. Pero cuando una cosa no concuerda con la realidad, casi siempre hay algo que la contradice, como lo corrobora lo descrito en la instrucción que el Rey Fernando envió a Diego Colón, Almirante y Gobernador, desde Valladolid, a 3 de mayo de 1509:
    “Yten, por quanto nos con mucho cuydado deseamos la conversion de los yndios a nuestra santa fe catolica, como arriba digo, y sy alla fuesen personas sospechosas en la fe podrian ynpedir algo a la dicha conversion, no consyntays ni deys lugar a que alla pueblen, ni vayan moros, ni herejes, ni Judios, ni rreconciliados, ni personas nuevamente convertidas a nuestra santa fe, saluo sy fueren esclauos negros o otros esclauos que hayan naçido en poder de xristianos nuestros subditos e naturales y con nuestra espresa liçençia.”

    Que Colón no era de origen hebreo también lo prueba lo manifestado por él en carta a los Reyes, fechada en 1499, y en la que, refiriéndose a unas falsas acusaciones que los partidarios de Roldán le hacían, escribe:
    “De todo esto me acusavan contra toda justicia, como yo dixe, y todo esto era porque Vuestras Altezas me aborreçiesen a mi y al negocio; mas no fuera así si el autor del descubrir d'ello fuera converso, porque conversos enemigos son de la prosperidad de Vuestras Altezas y de los christianos”.

    Estas palabras no las podía escribir una persona que realmente tratase de ocultar su identidad por ser de ascendencia sefardita.

    Una vez comprobado que el extraño proceder del Almirante no se debía a motivos de religión, veamos ahora cuáles pudieron ser las diferentes causas que motivaron guardar este hermético silencio en todo lo referente a su verdadero origen patrio o familiar. Antes de proseguir con el tema, bien vale tener en cuenta lo manifestado en Santa Fe por el propio Descubridor, al tiempo de comenzar el trato sobre las condiciones en que debía de llevarse a cabo el descubrimiento: “Pensando lo que yo era me confundía mi humildad; pero, pensando en lo que llevaba, me sentía igual a las dos coronas.”

    Estas manifestaciones constituyen pistas clamorosas. Era decir que, por una parte, el Almirante se confundía en su humildad, y, por otra, que se “sentía igual a las dos coronas”.
    En cuanto a lo primero, las razones hay que buscarlas en que era un hijo natural no reconocido por su padre, debido a que una serie de adversidades no le permitieron legitimarlo, pues desde el momento en que nace Colón en 1460 hasta el fin de sus días, septiembre de 1461, Don Carlos se vio privado de su libertad por orden del Rey Juan II.
    De todos los hijos naturales habidos por el heredero a la Corona de Navarra y Aragón con diferentes damas, el único que no fue legitimado fue Colón. Esto fue lo que quizás más le humilló durante toda su vida.

    La clave del enigma: Fernando Colón en su obra Vida del Almirante Don Cristóbal Colón nos ha dejado escrito que su padre “quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos”. Causas profundas lo debían motivar. El Almirante, hijo de padre noble y de madre plebeya, como lo expresaban en aquella época las leyes reales, no podía participar en la herencia de su progenitor. Pero como hecha la ley, hecha la trampa, mediante el procedimiento de la ocultación de sus orígenes, en Castilla se le concedieron grandes oficios reales.
    Este hecho tiene precedentes: Don Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón y de Sicilia, entre 1394 y 1458, y de Nápoles desde 1442, tuvo tres hijos naturales reconocidos. Uno de ellos fue Don Fernando de Calabria, que ostentaba el título nobiliario de duque y del cual el rey jamás mencionó el nombre de su madre. Su progenitor en su testamento, el 26 de junio de1457 le nombró heredero del reino de Nápoles.
    Con relación a este asunto, el profesor Manzano en su obra Cristóbal Colón, Siete años decisivos de su vida (1485-1492) , relata: “El precepto legal alfonsino prohíbe absolutamente las uniones extramatrimoniales de barraganía de... «ilustres personas» (reyes, príncipes, duques, marqueses, condes, etc.), con mujeres viles, plebeyas, tanto en el caso de que ellas mismas fueran de condición inferior como en el de que lo hubiesen sido sus ascendientes. Y la razón de semejante prohibición no es otra que la oportunidad y claramente expresa la ley: porque no sería cosa digna ni decorosa que la sangre de los nobles se mezclara con la de tan viles mujeres. Hasta tal extremo intenta la ley evitar esas uniones de nobles constituídos en elevadas dignidades con mujeres viles, que a los hijos habidos en ellas en ningún caso los considera naturales, sino espurios, es decir, como hijos habidos en «mujer»... que se da a muchos, razón por la cual no pueden participar de la herencia de los padres, ni estos, si no quieren, estan obligados a criarlos”.

    También fueron causas adversas su relación y parentesco con los corsarios Guillaume de Casenove Coullon y Cristóbal Colón, hermanos de su madre Margarita, que estaban al servicio del rey Renato de Anjou, con los cuales navegó entre 1470 y 1476.
    Referente a lo segundo, Colón se sentía igual a los Reyes por llevar su misma sangre en sus venas.
    En 1490, la comisión que estudiaba el proyecto colombino se pronunció al respecto. Se dictaminó que no convenía a los Reyes favorecer negocio tan incierto e imposible porque perderían todo el dinero que en ello gastasen.
    Don Fernando y Doña Isabel, después de conocer esta resolución, mandaron dar respuesta de un modo cortés a Colón “despidiéndole por aquella razón aunque no del todo quitándole la esperanza de tornar a la materia, cuando más desocupadas Sus Altezas se viesen”, pues a la sazón su mirada estaba puesta en la guerra de Granada.
    Rechazados sus planes, no se dio por vencido, y sin pensarlo más, se dirigió hacia La Rábida, donde llegó a principios de 1491. Allí se encontró un buen día con Martín Alonso Pinzón, y tras haber mantenido ambos navegantes una larga entrevista en la que trataron el tema de los descubrimientos, el futuro Almirante pensó que el momento oportuno para relanzar las negociaciones con los monarcas había llegado.
    Una noche, después de una conversación con Colón, Fray Juan Pérez envió a la corte un mensajero con una carta para Doña Isabel. Pasados quince días la Reina mandó llamar al fraile franciscano. A principios de 1492, Fray Juan Pérez fue recibido por los soberanos en Santa Fe. Allí expuso la causa del futuro Descubridor y sus diferentes puntos de vista.
    Unos días después los reyes convidaron a Colón a que se presentara en dicha ciudad. Cuando llegó a Santa Fe hacía muy poco que la guerra había concluido con la conquista de Granada, el 2 de enero de 1492. Don Fernando y Doña Isabel, ya libres de sus ocupaciones militares, mantuvieron una entrevista con Cristóbal Colón. En ella, el navegante expuso nuevamente su proyecto, y posteriormente se habló de lo más importante, de las condiciones en que debió llevarse a cabo la empresa.
    Vicente Blasco Ibáñez en su novela En busca del Gran Kan , cuenta que el “el rey don Fernando, que estaba acostumbrado á ocultar sus emociones como soldado y como diplomático, no pudo disimular su asombro al ir enterándose de las exigencias de este desconocido. El antiguo “hombre de la capa raída” reclamaba el título de Almirante del Océano, creado para él, con los mismos privilegios que se habían dado hasta entonces á los Almirantes de Castilla. Esto significaba pasar de un salto á ser el segundo personaje de España, colocándose por encima de casi toda la nobleza militar inferior. No satisfecho con ello, pedía ser virrey y gobernador á perpetuidad de cuantas tierras descubriese viajando hacia Occidente, libres de soberano ó que él pudiera conquistar, transmitiendo dicho gobierno á sus hijos hasta los más remotos descendientes. Encima de tales honores debían concederle el tercio, el quinto y el octavo de todas las riquezas que él ó los españoles que sirviesen á sus órdenes obtuvieran con sus “rescates” ó comercios en las tierras descubiertas”.

    Antonio Rumeu de Armas asegura, sin temor a errar, que en la larga negociación sostenida por los Reyes Católicos con Cristóbal Colón se interpusieron varios escollos. Refiriéndose a uno de ellos, el historiador escribe: “El entendimiento con Colón se presentaba para los soberanos y sus consejeros como problema arduo, preñado de obstáculos poco menos que insalvables. Las desmesuradas existencias del nauta soñador, recabando como precio de su utopía, honores, cargos y privilegios estaban en abierta contradicción con la política desplegada hasta entonces para consolidar el Estado moderno y abatir el poder nobiliario”.

    En abril de 1492 se redactó en la villa de Santa Fe el documento que estipulaba todas las condiciones establecidas entre el Descubridor y los reyes, y que se conoce con el nombre de “Capitulaciones de Santa Fe”.

    Como muy bien refiere Salvador de Madariaga en su libro Vida del muy magnífico Señor Don Cristóbal Colón , “la primera condición que registra el documento es que sus altezas habrán de hacer “al dicho Don Cristóbal Colón su Almirante en todas las islas e tierras -firmes que por su mano o industria se descobrieran o ganaren en las dichas mares oceanas”. Colón hace constar con toda precisión los dos puntos que siempre exigió a este respecto: que se extendería la concesión a sus herederos en perpetuidad y que las preeminencias y prerrogativas de su almirantazgo serían idénticas a las del Almirante Mayor de Castilla, llegando incluso a mencionar a este Almirante Don Alonso Henríquez, uno de los más ilustres magnates de Castilla, pariente del rey Fernando”.
    “La segunda condición que impone Don Quijote Colón es que ha de ser Visorrey y Gobernador General. Aquí también el descubridor andante lleva la exigencia hasta sus extremos límites, pues pide y obtiene que para el gobierno de todas y cada una de las islas que gane, tendrá derecho a proponer tres nombres para cada cargo, entre los cuales escogerán uno sus Altezas. Pasa entonces a asegurarse el décimo en todas las transacciones y después presenta una exigencia tan extraordinaria que aún el mismo Juan de Coloma pierde la ecuanimidad y no se atreve a firmar sin una reserva: Colón exige, ya personalmente, ya por sus representantes, conocer de todos los pleitos que vinieren a plantearse con motivo del comercio entre Castilla y las islas y tierras-firmes que descubriese. Este concepto de la justicia era absolutamente medieval”.

    Colón pretendía trasladar a las Indias este concepto feudal de la Justicia que se iba muriendo poco a poco en Europa en beneficio de la Realeza. Tal parece como si Colón, en este punto, Corona y reino quisiera.

    Como tercera y última condición, termina el documento con una estipulación concediendo a Colón el derecho a participar en un octavo, si así lo deseare, en todas las expediciones que se hicieren para las Indias, recibiendo a cambio un octavo de sus beneficios.

    Una vez que las capitulaciones fueron redactadas, se firmaron en la villa de Santa Fe de la Vega de Granada, a 17 de abril de 1492.

    Como hemos visto, Colón llegó a mencionar cuándo se redactaban estas capitulaciones a Don Alonso Enríquez, Almirante de Castilla.Varias pueden ser las causas que llevaron al Descubridor a hacer referencia a este magnate castellano. Una de ellas quizá fuese por ser Don Alonso, hijo bastardo de Don Enrique de Castilla y la otra por haber sido este señor quien vinculó a su familia el título de Almirante de Castilla. Don Alonso Enríquez fue el bisabuelo de Don Fernando el Católico. Aquí Colón no podía ser menos. Si don Alonso, un señor bastardo, fue galardonado con el título de Almirante de Castilla, ¿Por qué no serlo yo también? Es lo que posiblemente se preguntó el Descubridor. Su proposición se movió dentro de esta lógica y antecedentes, consiguiendo ser nombrado Almirante.

    En este mencionado documento también ha quedado reflejado que los Reyes concedieron al Descubridor el título honorífico de Don.
    Con relación a este asunto, el profesor Juan Manzano en su obra Cristóbal Colón, Siete años decisivos de su vida 1485-1492 relata: “El don era un título honorífico y de dignidad que antepuesto solamente al nombre, no al apellido, se otorgaba en aquella época a contadas personas, aun de las más alta nobleza. Lo usaban los reyes y los miembros de su familia, también los nobles de elevado rango y sus descendientes. Era muy codiciado en aquel tiempo, y solia concederse en casos excepcionales, para premiar eminentes servicios a la Corona”.

    Federico Udina y Martorell, Catedrático de la Universidad de Barcelona, en el Congreso Internacional de Estudios Históricos “Las Islas Baleares y América”, celebrado en Palma de Mallorca en el mes de enero de 1992, en una ponencia titulada “Las Capitulaciones de Colom y el Mediterráneo” relató lo siguiente: “En Castilla no existían en aquella época los virreyes, como afirmaba Garcia Gallo, y esto era exacto pues, a pesar de que algún otro autor ha encontrado referencias de virreyes en Castilla, estas citas son esporádicas en esta época, se trata de una carta de los Reyes Católicos nombrando dos virreyes el año 1484, y otra que dice “para ser visorrey”, de 1489 en el Registro General del Sello de Simancas.

    En resumen, de los tres títulos concedidos a Colón en las Capitulaciones : Almirante, Virrey y Gobernador General, aparecen en la organización castellana el primero y en la Corona de Aragón los otros dos; pues bien, remarquemos un hecho que ha pasado desapercibido para los eruditos y es que la concesión del segundo título citado va acompañado de un adjetivo, general; pues bien, si en la Corona de Castilla no aparece el cargo de «Gobernador General, sí que existe en la de Aragón, y además con un rango muy elevado, pues como dice Lalinde, el sistema de la Corona de Aragón tiene su centro en un «Gobernador General, cargo adscrito al primogénito del Rey y ejercido en defecto de aquél por el infante a quién se le suponga heredero del Reino», por lo tanto el título solicitado por Colón y concedido por los Reyes Católicos (solamente en las Capitulaciones) era de un nivel altísimo”.

    Como curiosidad, cabe puntualizar que, a la sazón y conforme a las instituciones catalanas, el heredero de la Corona asumía el gobierno de Cataluña a título de Virrey. Este cargo correspondía al Príncipe de Viana, puesto que Don Alfonso V, en Nápoles, a 26 de junio de 1457, le había declarado príncipe heredero y sucesor después de su padre, de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y del principado de Cataluña. Este dato nos desvela la razón por la cual Cristóbal Colón reivindicó con tanto ahínco a los reyes ser virrey de las tierras que descubriera allende el Océano, bien parece con la finalidad de igualarse en cuanto a ciertos honores y preeminencias a su padre el Príncipe de Viana.

    Los Reyes confiaron la redacción de las Capitulaciones de Santa Fe al franciscano del Convento de La Rábida, Fray Juan Pérez y a Juan de Coloma nacido en la ciudad de Borja, el cual desde 1462 habia entrado al servicio de la Corona de Aragón como secretario del rey Juan II, y después de su hijo Fernando.
    De este contrato de Cristóbal Colón con Don Fernando y Doña Isabel, algunos historiadores han llegado a decir que nunca se vio ni se verá otro parecido, habida cuenta de que es un tratado sobre lo desconocido, y en el que el navegante va demandando y la Corona accediendo. Y así fue con estos relevantes honores y codiciadísimos oficios, el sobrino de los Monarcas, de golpe y porrazo, fue elevado a las más altas cúspides de la grandeza castellana.

    Con relación a la materia, el Padre Las Casas, en su História de las Indias refiere: “Hecho este asiento y capitulación, y concedidas estas mercedes por los Reyes Católicos en la villa de Santa Fe, de la manera dicha, entráronse Sus Altezas en la ciudad de Granada de hecho, donde suplicó a los reyes Cristóbal Colón, que Sus Altezas le mandasen dar privilegio real de las dichas mercedes que le prometían y hacían, el cual mandaron darle muy cumplido, «haciéndolo noble» y constituyéndolo su Almirante mayor de aquestas mares Océanas y visorey e gobernador perpetuo, él y sus sucesores, de las Indias, islas y tierras firmes, aquellas que de aquel viaje descubriese y de las que después por si o por su industria se hobiesen de descubrir; y diéronle facultad que él y sus sucesores se llamasen Don, y de los susodichos títulos usase luego que hobiese hecho el dicho descubrimiento, sobre lo cual mandaron poner la cláusula siguiente:
    «Por cuanto vos, Cristóbal Colón, vades por nuestro mandado a descubrir e ganar, con ciertas fustas nuestras, ciertas islas e tierra firme en el mar Océano, etc; es nuestra merced y voluntad, que desque las hayáis descubierto e ganado, etc., vos intituléis e llaméis Almirante, visorrey e gobernador dellas, etcétera» . De todo lo cual se le dió un muy cumplido privilegio real, escrito en pergamino, firmado del rey e de la reina, con su sello de plomo pendiente firmado del rey e de la reina, con su sello de plomo pendiente de cuerda de seda de colores, con todas las fuerzas y firmezas y favores que por aquellos tiempos se usaban; al cual privilegio antepusieron un muy notable y cristiano prólogo, como de reyes justos y católicos que eran; la fecha del cual fué en la dicha ciudad de Granada, a 30 días del mes de abril año susodicho de 1492 años”.

    A esta gran prueba, que citada por Las Casas, evidencia que los reyes ya reconocieron documentalmente la nobleza de Colón en abril de 1492, es decir, varios meses antes del descubrimiento de América, todavía le podemos anexionar dos documentos más:
    En el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, se conservan juntamente con la copia cancilleresca de las Capitulaciones de Santa Fe , dos salvoconductos que también en copia de cancillería expidieron los reyes en favor del Almirante y Virrey para que nadie pusiese impedimento para realizar el viaje que en servicio de los Monarcas se proponía llevar a cabo.




    El primero de estos documentos es el pasaporte de Colón. En un fragmento de él podemos leer: “Mittimus in presenciarum nobilem virum Christoforum Colon cun tribus caravelis armatis per maria Oceana ad partes Indie” ("Enviamos al NOBLE Cristóbal Colón con tres carabelas por el Mar Océano hacia las Indias").

    “Dado en Granada, 16 de abril de 1492.
    Yo el Rey. Yo la Reyna.
    El Rey i la Reina me ordenaron esto a mi, Juan de Coloma”.

    El segundo salvoconducto para el descubrimiento del Nuevo Mundo es una carta de los Reyes Católicos al Soberano de Catay. En este documento se dice: “quare decrevimus nobilem capitaneum nostrum Christoforum Colon presencium latorem...” (“Por ello hemos decidido enviaros a nuestro NOBLE Capitán Cristóbal Colón, dador de la presente...”).

    “Desde Granada, 30 de abril de 1492.
    Yo el Rey, Yo la Reina.
    Coloma, Secretario.
    Fue expedida por triplicado”.
    Redactadas las Capitulaciones el pacto del silencio se siguió manteniendo por ambas partes, pues ni Colón ni los Reyes nunca jamás en vida hicieron la más mínima mención a su patria de origen y familia, hecho que evidencia la existencia de causas profundas que lo motivaban.

    La reina Isabel en su testamento que otorgó en la villa de Medina del Campo el 12 de octubre de 1504 ante el notario y escribano de la Corte Gaspar de Gricio dejó constancia explicita de la prohibición de conferir cargos a extranjeros en Castilla. Este hecho, juntamente con otros muchos, se convierte en sólida prueba que de manera fehaciente desaprueba el supuesto origen genovés del Descubridor. En dicho documento consta:

    “Otrosi, considerando quanto yo soi obligada de mirar por el bien comun d'estos mis reynos e señorios, asi por la obligación que como reyna e señora d'ellos les devo como por los muchos servicios que de mis subditos e vasallos moradores d'ellos, con mucha lealtad he reçebido; e considerando asimismo que la mejor herencia que puedo dexar a la Prinçesa e al Prinçipe, mis hijos, es dar orden como mis subditos e naturales les tengan el amor e les sirvan lealmente como al Rey, mi señor, e a mi han servido, e que por las leyes e ordenanças d'estos dichos mis reynos fechas por los reyes mis progenitores está mandado que las alcaydias e tenençias e governaçion de las çibdades e villas e lugares e ofiçios que tienen annexa jurisdicion alguna en qualquier manera e los ofiçios de la hazienda e de la casa e corte e los ofiçios mayores del reyno e los ofiçios de las cibdales e villas e lugares d'el no se den a estrangeros, así porque no sabrían regir e governar segund las leyes e fueros e derechos e usos e costumbres d'estos mis regnos como porque las çibdales e villas e lugares donde los tales estrangeros oviesen de regir e governar no serian bien regidas o governadas ni los vecinos e moradores d'ellas serian d'ello contentos, de donde cada día se recreçerian muchos escandalos e desordenes e ynconvenientes de que Nuestro Señor seria deservido e los dichos mis reynos e los vecinos e moradores d'ellos reçibieran mucho daño e detrimento”.

    CONCLUSIÓN: Cristóbal Colón, el verdadero Descubridor del Nuevo Mundo era noble y de sangre real, por lo tanto no pudo ser nunca ni el corsario genovés Cristóforo Colonne ni tampoco el mercader Cristóforo Colombo.

    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón


    32.- Ramón Llull y Cristóbal Colón (Primera parte).


    La mayor parte de los investigadores históricos, biógrafos y académicos concuerdan en que Ramón Llull, el más elevado exponente del saber científico balear, nació en Mallorca hacia el año 1232.

    Fue hijo único de una acomodada familia catalana establecida en Mallorca después de la conquista de esta isla por el Rey Jaime I. Según la tradición, el lugar de su nacimiento estaría donde actualmente se encuentra la casa señalada con el número 5 de la Plaza Mayor de Palma de Mallorca. Cumplidos catorce años, Ramón entró como paje al servicio del Rey Jaime I, trabando especial amistad con Pedro y Jaime, hijos del Monarca.

    En 1256 éste dispuso que el sucesor de la Corona sería Jaime. Fue la época en que Ramón Llull realizó una serie de viajes que le permitirían ampliar sus saberes conociendo a fondo el reino de Aragón y el principado de Cataluña. Poco tiempo después contrajo matrimonio del cual nacieron un hijo y una hija. pero estaba visto que su inquietud humana debía marcar su singular existencia. Se hizo misionero, consagrándose a predicar el Catolicismo hasta el fin de sus días en que recibió según se cuenta la Corona del Martirio.

    Convencido de que la fuerza interior que le impulsaba a alejarse de los placeres mundanos era de inspiración divina, renunció a todos sus bienes y marchó de Mallorca, recalando como peregrino en Santiago de Compostela. Después de haber caminado la ruta Jacobea regresó a Mallorca, iniciándose en el estudio del latín y del árabe. Fue para estos años en que Ramón incursionó por el camino de la literatura dejándonos como testimonio varios libros, de los que destacan: El Libre de Contemplació y la famosa Ars Magna . El primero fue traducido al árabe entre 1270 y 1272.

    Habían transcurrido ya unos años cuando recibió la invitación de su amigo Jaime, Príncipe a la sazón residente en Montpeller. Ramón, en aquella Corte, despertó la admiración de su Real Protector con sus trabajos literarios. Mientras se hallaba en Montpeller, por el año 1275, celebróse el matrimonio entre el Príncipe Jaime y la hermana del Conde de Foix, Doña Esclaramunda.

    En 1276 Jaime II acogió con entusiasmo la idea de Ramón Llull de fundar un colegio para formar en teología y lenguas orientales a los misioneros. Este establecimiento fue establecido por el Rey en la costa Norte de Mallorca, en un lugar al que se denominaba Miramar. El Monarca abonaba anualmente la cantidad de 500 florines de oro, con la que se subvenía la manutención de trece frailes, que debían vivir allí y especializarse en el idioma árabe.

    Ramón dirigió este centro formativo durante breve tiempo, transcurrido el cual, movido por su espíritu inquieto, marchó a Roma con la intención de visitar al Papa y tratar con él diversos asuntos. Después de tal visita, no se sabe con certeza lo que hiciera el filósofo mallorquín, creyéndose que siguió viaje por Alemania, Abisinia, Egipto, Palestina, Turquía, Grecia, Marruecos y Andalucía.

    Hacia 1282, el incansable mallorquín llegó a Perpiñán, donde se encontró con el complaciente Jaime II, que para esas fechas había tenido serios enfrentamientos con su hermano Pedro. El conflicto provocado por éste último se produjo al negarse a acatar la voluntad de su padre, Don Jaime I, quien había testado en favor de su hermano Jaime, antes de morir, en julio de 1276. Pedro intentaba someter a su hermano al vasallaje, cosa que logró después de tres años de disputa.
    Ramón Llull estuvo por espacio de algunos años en aquellas tierras, tiempo que dedicó a escribir su Blanquerna .

    En 1285 prodújose la guerra entre Don Felipe III de Francia y Don Pedro III de Aragón. Una de sus consecuencias fue la invasión del reino de Mallorca por Don Pedro III. En tal acontecimiento, Ramón Llull se colocó sin dudarlo al lado del Rey Jaime II y, durante todo el tiempo que duró el conflicto, no pisó suelo de Cataluña ni de Mallorca. Fue para entonces que decidió marchar nuevamente a Roma para presentar al Santo Padre sus ambiciosos proyectos. Después de estar un tiempo en esta ciudad, llegóse a París con la intención de exponer sus Doctrinas y Proyectos en la Universidad. Más de cuarenta expertos parisinos examinaron su obra, en especial la Ars Magna . Como colofón de esta actividad académica, el Rector de la Universidad le otorgó el título de "Mestre". Desde París, desplazóse nuevamente a Montpeller, donde amplió su creación literaria con la redacción de nuevos libros. Entre 1287 y 1291, visitó nuevamente Roma, estableciendo contacto con la Santa Sede por cuestiones referidas a la empresa misionera.

    Posteriormente, pensó en desplazarse a algún país mahometano a predicar el Evangelio, pasando por Génova en tránsito hacia Túnez, donde con sus prédicas y controversias suscitó serias complicaciones, hasta que fue arrestado y condenado a muerte, pena que posteriormente fue conmutada por la de expulsión del país. En el tramo de recorrido que iba desde la cárcel hasta el barco genovés que lo regresaría a su punto de partida, fue apedreado por los moros, salvándose providencialmente de la muerte.

    Desde Túnez, el misionero mallorquín se desplazó a Nápoles, donde residió algunos meses. Luego se dirigió a Roma para visitar al Papa Celestino V. Cuando llegó a esta ciudad, este infatigable viajero, precursor de Cristóbal Colón, entregó a la Corte Papal un valioso documento titulad: Petición para la conversión de los infieles . Es en este trabajo donde expone sus diversos proyectos con una claridad y plenitud hasta la fecha no superada: "Se ha de asignar un diezmo de toda la riqueza de la Iglesia, a las cruzadas y a la obra misionera, hasta que la Tierra Santa sea conquistada y el mundo ganado para Cristo. Se ha de elegir un cardenal que consagre su vida, en buscar los mejores predicadores de todos los países de la Cristiandad; santos hombres, tanto religiosos como seglares, que anhelen sufrir la muerte en honor de Dios Nuestro Señor. Estos predicadores se tienen que enseñar mutuamente todas las lenguas del mundo. Se han de fundar colegios para la enseñanza de lenguas extranjeras, tanto en Tartaria como en la Cristiandad. Se tiene que hacer que los cismáticos vuelvan al único rebaño, porque son ellos -sin duda se refiere a las sectas orientales- los que mejor pueden convertir a los musulmanes y a los Tártaros."

    En 1294 fue elegido Papa Bonifacio VIII. Posiblemente sea éste el año en que Ramón Llull ingresara en la Orden Franciscana, como Terciario de esa congregación.

    En Roma, entre 1295 y 1296, escribió en catalán otra de sus grandes obras: L'Arbre de Ciencia .

    Aproximadamente un año después de que el Rey Jaime II de Aragón y su tío Jaime II de Mallorca hubieron firmado en 1295 el Tratado de Paz de Agnani, lograda con la mediación del Papa Bonifacio VIII, Ramón LluIl marchó a Montpeller nuevamente y desde allí a París.

    Corría el año 1299 cuando las añoranzas de su tierra natal le impulsaron a regresar a Mallorca. Pasó una temporada de meditación que le dictó los nuevos pasos siguientes: predicar en Palestina llegando a la isla de Chipre, donde cambió su rumbo hacia el Norte de Africa. Después de haber realizado su cometido, el misionero franciscano regresó a Mallorca, no sin antes visitar Rodas y Malta. Cuando llegó a su tierra transcurría el año 1302.

    Los años próximos a esta última fecha encuentran al filósofo recorriendo Barcelona, Montpeller, Lyon y Génova, donde sigue predicando y escribiendo sin reposo. Fue por esa época en que da a luz una de sus mejores creaciones, el libro Liber de Fine . Parte de esta obra nos muestra claramente a este insigne humanista como precursor de varios proyectos que dos siglos después tendrían ejecución mediante la voluntad, la fe y el carácter visionario de otro hombre nacido en estas tierras de Mallorca, Cristóbal Colón. En Liber de Fine hay un fragmento que dice: "Pensad con estos colegios: ¿por qué no se han fundado? Seguramente no será a causa de su coste, puesto que es muy escaso. Que San Pedro y los cardenales los funden, y van a ser recompensados abundantemente. Pensad en las cruzadas: ¿por qué todos los glorificados gestos de los cristianos no han logrado expulsar a los musulmanes de los Santos Lugares? Unid las órdenes militares bajo un jefe escogido, y comenzad una nueva cruzada desde España, avanzando por Ceuta y Túnez hasta Palestina."

    En 1305, Ramón Llull, a sus 73 años de edad, viajó desde Montpeller a Lyon y, tras haber pasado algún tiempo allí, regresó nuevamente a Mallorca.

    Desde su isla natal, en 1306 se dirigió otra vez a París. Un año después, el errante humanista resolvió realizar una segunda misión en el Norte de Africa, llegando a Bugia, una ciudad a medio camino entre Túnez y Argel. Allí sólo encontró, como la vez primera, inhospitalidad, agresividad, pedreas y cadenas. Al igual que el visionario Cristóbal Colón, fue reprimido y repudiado. Después de haber estado prisionero algún tiempo, el Rey de Bugia ordenó su libertad y expulsión de las tierras musulmanas. Partió en barco hacia Génova. Cerca de Pisa fue sorprendido por una pavorosa tempestad, que dio al traste con la nave. En una pequeña barca, algunos pasajeros salvaron su vida, entre ellas la del inclaudicable misionero mallorquín.

    Desde Pisa, Ramón marchó a Montpeller pasando por Génova. Corrían los comienzos del año 1309 cuando se dirigió a Aviñón y desde allí a París. De ahí a Vienne, ciudad situada a orillas del río Ródano, donde entre 1311 y 1312 se celebró un concilio inaugurado por el Papa Clemente V. Fue de especial tratamiento en este cónclave religioso el tema de los templarios y de la reconquista de la Tierra Santa.

    En Vienne, el misionero mallorquín aprovechó su estadía para redactar un interesante libro, al que le dio un inusitado nombre: La disputa del clérigo con Ramón el fantástico , que indudablemente contiene rasgos autobiográficos y del cual extraemos la siguiente parte: "Yo he estado casado y he tenido hijos; he sido un hombre acomodado, lascivo y mundano. Todo cuanto tenía en el mundo, lo dejé para poder honrar a Dios, procurar el más grande bien para el prójimo, y exaltar la nuestra santa fe. He aprendido el árabe, y me he esforzado por convertir a los moros. Me han atado, encarcelado e insultado. Durante cuarenta y cinco años, he trabajado con la finalidad de convencer a los príncipes cristianos y a los prelados, que ellos pueden promover la común prosperidad de la Iglesia. Ahora soy viejo y pobre; pero todavía tengo el mismo propósito, y confío que, con la gracia de Dios, podré perseverarlo hasta la muerte."

    Como se podrá observar, esta manifestación autobiográfica muestra sintéticamente el alto grado de generosidad existencial, de renunciamiento personal, de conciencia humanística que caracterizaron en vida a este hombre, cuyo nombre ya es imperecedero, para gloria y honor de las tierras que lo vieron nacer.

    Poco tiempo después de haber terminado el Concilio de Vienne, en 1312, Llull marchó a Montpeller para regresar a Mallorca. Cuando llegó, una ingrata nueva debió afrontar su espíritu: su amigo de la infancia y de quien recibiera apoyaturas substanciales, el Rey Jaime II, hacía ya un año que había dejado de existir. A mediados de 1314, su empecinada voluntad le hace volver a tierras africanas. Sería éste su viaje postrero. Estuvo transitando por Bugia y Túnez. En Bugia sufrió las pedradas que le ocasionarían la muerte. Corría el año 1315 y tenía entonces 83 años. Desde Bugia el mártir franciscano fue trasladado definitivamente a Mallorca. En la actualidad sus restos descansan en una capilla de la iglesia de San Francisco, en Palma de Mallorca.

    La admiración será el gesto más elocuente de aquellos que conozcan, aún sintéticamente, el coraje vital de Ramón Llull. Además de infatigable viajero, de escritor fecundo y de predicador de su fe, fue muchas otras cosas: lector infatigable cuya ansia de saber le llevó a profundizar sus pensamientos convirtiéndolo en uno de los más profundos filósofos de la época. Su ilustración le permitió escribir en latín, árabe y catalán. De su creación literaria, la posteridad conserva más de doscientos libros. Su curiosidad le llevó a la alquimia y a la invención, por lo cual se le puede acreditar como científico. El Leonardo da Vinci del renacimiento es una leve sombra de la magnífica y exuberante creatividad de Ramón Llull.

    Con anterioridad a Llull no se conoce a ciencia cierta sobre qué fechas se sitúan los principios de la Cartografía Mallorquina. Pero gracias a él, en la actualidad se tienen conocimientos de las cartas náuticas que se realizaban en el siglo XIII. En varios de sus libros Llull se habla acerca de las cartas de navegación, de sus técnicas, métodos e instrumentos utilizados por los marineros y navegantes. Fue durante sus numerosos viajes por el mar y por su agudo espíritu de observación, tanto como su afán de aprender, lo que lo impulsó a inventar. Es en su época que se incorporan las brújulas, definitivamente, a las naves.

    Los astrolabios son también instrumentos antiguos, su invención ha sido atribuida a Ramón Llull, quien, efectivamente, en su libro De Medicina da una descripción de un instrumento parecido al que denomina, "Astrolabio Nocturno".

    En tiempos de Llull, la noción de que la tierra era esférica ya era generalmente admitida. Él nos habla de ello, en algunos de sus libros, como de cosa entendida. En el capítulo CXI de su obra maestra Ars Magna describe lo siguiente: "La navegación nace y se deriva de la Geometría y de la Aritmética, entonces la nave que en un tiempo dado se encuentra en un lugar, en otro tiempo se encuentra en un otro lugar diferente. Y, suponiendo que en el punto en el cual, vienen a reunirse los cuatro ángulos agudos, sea la tramontana, o el puerto de la nave, y que la nave quiere navegar hacia Oriente, se desplazará por Xaloc (Sureste) y cuando vaya por la cuarta milla, estas cuatro millas más bien no cuentan por Xaloc, sino por Levante... y cuando la nave camine ocho millas, en dirección a Xaloc, no cuentan sino seis por Oriente" . García Franco, de acuerdo con el gráfico de Llull, hace cálculos y llega al mismo resultado: seis millas.

    También Ramón Llull describió un sistema similar a la Taula de Martologi, mucho antes de que ésta se conociera. Referente a esta Taula de Martologi, la más vieja que se conoce, es la introducida en una carta náutica de Andrea Nianco del año 1436.

    La primera mención de la carta náutica y la citación de otro instrumento como es el compás, se remonta a Ramón Llull.

    Por aquellas fechas, se denominaba compás a un folio sobre el cual se señalaban las diferentes direcciones de los vientos y los puntos desde los cuales soplan. En el siglo XIII, también se utilizaban cuadrantes, los cuales, junto con los astrolabios, compartían la misión de determinar las alturas de los astros sobre el horizonte.

    Algunos libros de náutica describen a Ramón Llull como el inventor de la brújula. Esta última especificación no se ha podido demostrar ciertamente, aunque bien pudiera ser cierto que el genio mallorquín fuese el creador de dicho instrumento de viaje. Lo que sí está perfectamente demostrado es que en tiempos de Llull ya se utilizaba la brújula. Abundando un poco sobre esta cuestión, veamos lo que dice J. Sureda Blanes: "«El mérito de la cartografía catalana –escribe G.R. Crone en su libro Maps and their makers , Londres 1955– tiene su raíz en la traza con que supieron aprovechar las fuentes contemporáneas para modificar la imagen tradicional del mundo, pero, sin salirse nunca de aquello que estaba suficientemente comprobado».Ramón Llull, la figura más genuina y representativa de la curiosidad científica de su época, pudo influir sobre la naciente escuela mallorquina de cartografía, por la multiplicidad de sus conocimientos -incluso, como hemos visto, los propios del arte de navegar-, pero es seguro que su influencia sobre los cartógrafos derivaría más bien de su variada y extensa experiencia viajera. En vida disfrutaría de un gran prestigio, que no menguó en las generaciones sucesivas y esta perduración de su renombre de hombre de ciencia, posiblemente fue lo que inclinó a los modernos investigadores de la historia de la geografía a suponerle autor del invento de la brújula y de la misma carta de navegar medieval; es de sus libros que los estudiosos extraían noticias, de una venerable antigüedad, sobre estos notables inventos de incierto origen. Lo que no es nada dudoso es que Ramón Llull fue uno de los trotamundos más dinámicos de su tiempo y que los cartógrafos medievales que se aprovecharon de las narraciones de los viajeros, bellamente pudieron recoger de su boca y de sus libros, datos geográficos que consignarían en sus mapas".

    Ramón Llull fue muy posiblemente el escritor medieval más antiguo que escribió de las cartas de navegar y de los instrumentos empleados por los navegantes de aquellos tiempos.

    Los inventos náuticos de Llull resultaron de suprema utilidad para aquellos grandes navegantes mallorquines, que como Jaime Ferrer, Francesc des Velers, Domingo Gual, Arnau Roger y otros, arriesgaron en aquella época sus vidas al recorrer mares hasta entonces ignotos.

    En su libro Félix de las maravillas del Orbe , Ramón Llull expresa: "Que los marineros mallorquines utilizaban cartas de navegar antes de 1286 y que en Mallorca se fabricaban instrumentos destinados a medir el tiempo y la altura del Polo, a bordo de los navíos".

    Se tiene la certeza de que, por su experiencia náutica, Ramón Llull influenció decididamente en los cartógrafos contemporáneos suyos que en Mallorca estaban entonces creando una nueva escuela cartográfica. La leyenda de la existencia de la Atlántida corría con fuerza en aquellos tiempos, quizás ella haya podido motivar, entre otras cosas, que Llull escribiera sobre la existencia en la parte occidental de nuestro Continente, allende el Atlántico, de tierras desconocidas. Puede afirmarse que en ese sentido, como escritor y visionario, Llull fue también un precursor.

    Con respecto a este tema, el gran sabio mallorquín del siglo XIII escribió: "Toda la principal causa del flujo y reflujo del Mar Grande o de Inglaterra, Francia y España y toda la confinante de Africa en los que ven los ojos el flujo y reflujo de las aguas, porque el arco que forma el agua como cuerpo esférico es preciso que tenga estribos en los que se afiance, pues de otro modo no pudiera sostenerse, y por consiguiente, así como a esta parte estriba en nuestro Continente, que vemos y conocemos, en la otra parte opuesta del poniente estriba en otro Continente que no vemos ni conocemos desde acá , pero por la verdadera filosofía que conoce y observa por los sentidos la esfericidad del agua y su flujo y reflujo, que necesariamente pide dos opuestas vallas, que contengan el agua tan movediza, y sean pedestales de su arco, infiérese que necesariamente en la parte que no es occidental hay Continente en que topa el agua movida así como topa en nuestra parte respectivamente oriental".

    He aquí una suprema comprobación del carácter visionario de Llull, al relatar con explicaciones científico-técnicas, dos siglos antes de la gesta del descubrimiento de América realizada por Colón, la tesis de la esfericidad de la tierra y la existencia de un continente ignoto. Tanto Llull como Colón fueron iluminados en su fuerza, en su voluntad, en su empecinamiento, por defender sus ideas. Se supone que el Descubridor del Nuevo Mundo utilizó muchas de las enseñanzas que Llull dejó escritas o por tradición oral. También coincidieron en su fe al ser fervientes adoradores de la Santísima Trinidad, a la que se encomendaron para realizar sus grandes obras, que quedaron como hermoso legado a la entera humanidad.


    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    33.- Ramón Llull y Cristóbal Colón (Segunda parte).


    La influencia luliana y su gran devoción franciscana son en Cristóbal Colón dos elementos interrelacionados. En el terreno misional compartía las mismas preocupaciones de los franciscanos medievales, pues, al igual que San Francisco, aspiraba obsesionado a ampliar la fe hasta los confines del mundo.

    La descripción más completa de la religiosidad del Almirante es indiscutiblemente la que nos hace Fray Bartolomé de Las Casas en un pasaje de la Historia de las Indias :
    “En la cosas de la religión cristiana, sin duda era católico y de mucha devoción; cuasi en cada cosa que hacia y decia o queria comenzar a hacer, siempre anteponia: «En el nombre de la Santa Trinidad haré esto o verná esto» o «espero que será esto»; en cualquier carta o otra cosa que escribía, ponía en la cabeza: «Iesus cum Maria sit nobis in via»; y destos escritos suyos y de su propia mano tengo yo en mi poder al presente hartos. Su juramento era algunas veces: «juro a San Fernando» cuando alguna cosa de gran importancia en sus cartas queria con juramento afirmar, mayormente escribiendo a los reyes, decia: «hago juramento que es verdad esto». Ayunaba los ayunos de la Iglesia observantisimamente; confesaba muchas veces y comulgaba; rezaba todas las horas canónicas como los eclesiásticos o religiosos; enemicisimo de blasfemias y juramentos, era devotisimo de Nuestra Señora y del seráfico padre San Francisco; pareció ser muy agradecido a Dios por los beneficios que de la divinal mano recibía, por lo cual, cuasi por proverbio, cada hora traia que le habia hecho Dios grandes mercedes, como a David. Cuando algún oro o cosas preciosas le traian, entraba en su oratorio e hincaba las rodillas, convidando a los circunstantes, y decia «demos gracias a nuestro Señor, que de descubrir tantos bienes nos hizo dignos»; celosisimo era en gran manera del honor divino; cúpido y deseoso de la conversión destas gentes, y que por todas partes se sembrase y ampliase la fe de Jesucristo, y singularmente aficionado y devoto de que Dios le hiciese digno de que pudiese ayudar en algo para ganar el Santo Sepulcro; y con esta devoción y la confianza que tuvo de que Dios le había de guiar en el descubrimiento deste Orbe que prometia, suplicó a la serenisima reina doña Isabel que hiciese voto de gastar todas las riquezas que por su descubrimiento para los reyes resultasen en ganar la tierra y santa casa de Jerusalem, y así la reina lo hizo, como abajo se tocará” .

    Varios prestigiosos colombistas como Emilia Pardo Bazán, el Padre Streck y Marianne Mahn-Lot aseveran que Colón, al igual que su coterráneo Ramón Llull, pertenecía a la orden tercera franciscana. Sea verídico o no, lo que sí se sabe es que en 1496, arribado al Puerto de Cádiz, tras su regreso a La Española, pasó a Sevilla vestido con hábito pardo de los franciscanos, llevando consigo varios indios, algunos papagayos y muestras de oro y se alojó en casa de Andrés Bernáldez, Cura de Los Palacios, población cercana a la capital de Andalucía. Tal hecho fue relatado por el historiador en su conocida Historia de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel con las siguientes palabras: “Vino en Castilla en el mes de Junio de 1496 años, vestido de unas ropas de color de hábito de fraile de San Francisco, de la observancia, y en la hechura poco ménos que hábito, é un cordon de San Francisco por devoción” . Al abandonar este mundo, en Valladolid, el 20 de mayo de 1506, también lo hizo exornado con el hábito franciscano.

    De su devoción a la Inmaculada y de su relación con el lulismo, el Doctor Alain Milhou en su obra Colón y su mentalidad mesiánica en el ambiente franciscanista español relata:
    «Devotisimo de Nuestra Señora» era Colón, según Las Casas. Tal devoción se manifiesta primero hacia lo que no era todavia un dogma, pero si una creencia que iba generalizándose, principalmente gracias a la acción de los franciscanos: quiero hablar de la Inmaculada Concepción. No menos de cuatro veces ilustró esta devoción bautizando la geografía del Nuevo Mundo. La primera es la más significativa, dedicando Colón a la Concepción la segunda de las islas descubiertas, inmediatamente después de honrar al Salvador. El 7 de diciembre de 1492, víspera de la fiesta que habia sido extendida a toda la Iglesia, en 1476, por el papa franciscano Sixto IV, confiere el nombre de la Concepción a un puerto de Haiti. Durante su segundo viaje, cuando organizó la explotación aurifera de La Española, entre las fortalezas-factorias que mandó edificar, figuraba el «Fuerte de la Concepción», núcleo de la futura ciudad dominicana.
    En la Baja Edad Media y principios del Renacimiento, se manifiesta una tendencia notable, ya que hemos vislumbrado en Colón, al relacionar entre si los distintos misterios de Maria: concepción, anunciación y asunción-coronación en el cielo. Ya a finales del siglo XIII, Ramón Llull había sentado claramente la correspondencia entre la concepción de la Madre y la del Hijo: era necesario que la morada del redentor fuera inmaculada”.

    En cuanto al misterio de las siglas de la firma que a partir de 1501 el Almirante empezó a usar, Luis Ulloa sostiene que su forma triangular deriva probablemente del lulismo, y que expresa, sin duda, el concepto de la Santísima Trinidad, cuya fiesta el Beato Ramón consideraba “la más alta y la más noble del año”.
    Alain Milhou opina que “no es de extrañar, en ese ambiente saturado de trinitarismo, que Colón haya leído en las tres cumbres de la isla vecina de Venezuela la confirmación de que su empresa iba guiada por la Trinidad.
    Este clima de devoción trinitaria, junto con la afición a la simbólica de las letras de que ya tuvimos la oportunidad de hablar, me hace pensar que las tres S dispuestas en triángulo de las siglas colombinas bien podrían ser un homenaje a la Trinidad. No soy el primero en hacer esta hipótesis, habiendo insistido Ulloa, particularmente, en la relación que puede existir entre esta disposición triangular y los usos de la Kabbala cristiana. Son particularmente interesantes, a este respecto, las citas que hace François Secret de los precursores españoles medievales de esta corriente, los cuales eran conocidos por el esoterismo renacentista.
    En cuanto a los puntos que preceden y siguen a las S en las siglas colombinas, no creo que tengan mayor importancia. Subraya Millares Carlo el carácter común en los siglos XIII, XIV y XV de las siglas entre dos puntos y da ejemplos de .s. que significan «seu», «scilicet» o «supra»; otro paleógrafo, Prou, señala que en la Edad Media las siglas, a menudo entre dos puntos, suelen emplearse para citas de la Escritura, dando un ejemplo de .S. como abreviatura de «sancti»; Capelli, por fin, da el ejemplo de la .S. como «sanctus». Tal costumbre paleográfica se prolongó en la imprenta…
    Habiendo llegado a esta parte de mi demostración, conviene juntar las hipótesis que acabo de proponer de las siglas inferiores y superiores de la firma de Colón:



    Sanctus
    Sanctus...............Ave.................Sanctus
    Xpoforus.............Maria...............Yoannes

    O sea, en la parte superior, la invocación a la Trinidad y la invocación a María, que tanta aceptación tenía en aquella época; en la parte inferior, los tres santos cristiferos de los cuales era particularmente devoto Colón. Pueden ambas partes leerse separadamente, pero se relacionan con la lectura vertical del Ave María: es que María, en la religiosidad de la época, es la medianera por excelencia que tiende a ocupar el sitio de Cristo y también, como vamos a ver a continuación, la que tiene relaciones privilegiadas con la Trinidad. Ocupa María, en este como «retablo paleográfico» de las siglas de Colón, el lugar céntrico, exactamente como en las «cuaternidades» o representaciones del Paraíso de la época tendia a ocupar el lugar de honor”.

    Como devoto cristiano que era, Colón fue una persona de una grandiosa cultura bíblica, adquirida por una lectura de diferentes libros. Con la carta a Juana de la Torre, Ama del Príncipe Juan, de finales de 1500 o con la relación de su cuarto viaje que remitió a los Reyes desde Jamaica, a 7 de julio de 1503, queda probado el gran conocimiento que tenía de ambos Testamentos.

    Con relación a la materia, Alain Milhou describe:
    “Estamos seguros también de que solía rezar leyendo libros de horas que le recordarían los pasajes de los salmos, del Libro de Job o de otros libros bíblicos de que se nutrió cada vez más su prosa. Pero ¿qué libros teológicos o de devoción habría leído? Sería un error asombrarse del derroche de autoridades teológicas que aduce en el Libro de las Profecias; citemos, según el orden en que van apareciendo en ese documento colombino: Santo Tomás de Aquino, Jean Gerson, San Agustín, San Isidoro de Sevilla, Nicolás de Lira, el abad calabrés Joaquín de Fiore, Alfonso de Madrigal (El Tostado), el cardenal d'Ailly, San Gregorio el Magno, San Juan Crisóstomo. Desde luego, parte de esas fuentes proceden de las citas que de aquellos teólogos hacían Pierre d'Ailly y Pío II en las obras que nos consta que había leido Colón; otra parte le fue facilitada por el Padre Gorricio. Pero ¿qué podemos afirmar de otras lecturas posibles de Cristóbal Colón, como el Triumpho de Maria (Zaragoza, 1495) y el Libro del Antichristo (Zaragoza, 1496 y Burgos, 1497) de Martín Martínez de Ampiés, el Floreto de San Francisco (Sevilla, 1492), la Vita Christi de Francesc Eiximenis (Granada, 1496) o la de Ludolfo de Sajonia, traducida en catalán por Joan Roiç de Corella (Valencia, 1495-1500), el Liber de Conceptione Beatae Virginis Mariae de Ramón Llull (Sevilla, 1491), el Officium Beatae Mariae Virginis secundum usum Ecclesiae Romanae (Zaragoza, 1497), para atenernos a obras muy representativas, impresas en España, de la devoción de la época del descubrimiento?”.

    Tras haber comprobado que entre los libros que posiblemente conoció el navegante mallorquín figura una obra de Llull, pasemos a hablar ahora de lo que fueron sus grandes obsesiones. Según él, en el mes de enero de 1492, con la conquista de Granada, se cumple un misterio de la unidad de las Españas, prefiguración de la unificación de todo el orbe bajo las banderas de la Cristiandad.

    El propio Almirante se consideraba portador de Cristo (Christum ferens), como su santo patrón San Cristóbal, y tenía la convicción, también compartida por algunos de sus admiradores, de ser un elegido de Dios, lo que le llevaba a equipararse con modelos bíblicos: los del apóstol, del profeta, de los patriarcas del Antiguo Testamento y del mensajero. Su afición a interpretar los textos proféticos y en especial de la Biblia le hacían sentirse profeta. Como ejemplo de ello cabe citar la revelación que de Dios recibió el 26 de diciembre de 1499. Su hijo Fernando nos lo relata así:
    “El día después de Navidad de 1499, habiéndome dejado todos, fui atacado por los indios y por los malos cristianos, y llegué a tanto extremo que, por huir la muerte, dejándolo todo, me entré en el mar con una carabela pequeña. Entonces me socorrió Nuestro Señor, diciéndome: «Hombre de poca fe, no tengas miedo, yo soy». Y así dispersó mis enemigos, y me mostró cómo podía cumplir mis ofertas. ¡Infeliz pecador, yo que lo hacia depender todo de la esperanza del mundo! ”.
    Tanto el Padre Las Casas como Fernando Colón estaban plenamente convencidos al igual que el propio Almirante, de que había sido escogido por Dios para llevar a cabo tan grande y tan noble empresa. En una hoja suelta de papel de mano del Descubridor, escrita al parecer cuando le trajeron preso a finales de1500, podemos leer:
    “Señores: Ya son XVII años que yo vine a servir estos Prinçipes con la impresa de las Indias. Los ocho fui traido en desputas, y en fin se dio mi aviso por cosa de burla. Yo con amor proseguí en ello, y respondí a Françia y a Inglaterra y a Portugal que para el Rey y la Reina, mis señores, eran esas tierras y señorios. Las promesas non eran pocas ni vanas. Acá me ordenó Nuestro Redemptor el camino, allá he puesto so su Señorio más tierra que non es Africa y Europa y más de mil sieteçientas islas allende la Española, que boja más que toda España. En ellas se crehe que floreçerá la Santa Iglesia grandemente. Del temporal se puede esperar lo que ya diz el bulgo. En siete años hize yo esta conquista por voluntad divina” .

    Para el Almirante, e incluso para otras muchas personas, el Rey Fernando era la figura del campeón de la Cristiandad y, quizás, del Monarca escatológico reconquistador de Jerusalén. En la historia de la salvación del mundo, Cristóbal Colón se asignaba a si mismo un sitio fundamental, pero solamente como colaborador de los Reyes Católicos.

    El pueblo cristiano de finales del siglo XV y principios del XVI tenía la esperanza puesta en que antes del fin del mundo tenía necesariamente que ser predicada la palabra de Cristo en todo el orbe y también necesariamente tenía que ser devuelta Jerusalén a los cristianos. Alejandro VI había llamado a la cruzada general el 1 de junio de 1500 y el 24 de diciembre la armada hispano-veneciana, bajo las órdenes del Gran Capitán, derrotaba al turco en Cefalonia.

    Al regreso de su tercer viaje, el Almirante se encontró con ese ambiente de cruzada y, tras haber sido recibido por los Monarcas en Granada, se pasaba las horas del día y parte de la vigilia estudiando la manera de conquistar los Santos Lugares. Su imaginación activa y nunca satisfecha le llevó a empezar a escribir en 1501 su famoso Libro de las Profecías , dedicado, según reza el título completo de la obra, a la “materia de la recuperación de la Ciudad Santa y del Monte Sión de Dios, y del descubrimiento y de la conversión de las islas de la India y de todas las gentes y naciones” .

    En los intervalos de sus ocupaciones, buscaba en las profecías de las Santas Escrituras, en los escritos de los Santos Padres y en otros libros sagrados y especulativos portentos y revelaciones místicas que pudiesen construirse como anuncios del descubrimiento del Nuevo Mundo, de la conversión de los gentiles y del rescate del Santo Sepulcro: tres grandes sucesos que él suponía que estaban predestinados a sucederse rápidamente. Estos pasajes los arregló y ordenó con la ayuda del Padre Gorricio, que le proporcionó gran parte del material teológico para su composición. Lo enriqueció con poesías y formó con ellos uno tomo manuscrito que entregó a los Reyes.

    Washington Irving en su obra Vida y viajes de Cristóbal Colón refiere que el Almirante preparó al mismo tiempo una larga carta, “escrita con su acostumbrado fervor de espíritu y sencillez de corazón. Es una de aquellas composiciones singulares que manifiestan la parte visionaria de su carácter, y la mística lectura con que acostumbraba nutrir su imaginación".
    En esta carta pedía a sus majestades permiso para formar una cruzada, que librase a Jerusalen del poder de los falsos creyentes. Les suplicaba no desechasen su consejo como extravagante e impracticable, ni escuchasen el descrédito con que otros podrían tratarlo, recordándoles que su gran plan de descubrimientos había primitivamente recibido un desprecio universal. Confesaba estar persuadido de que desde la infancia le había escogido el cielo para aquellos dos grandes designios: el descubrimiento del Nuevo Mundo y el rescate del Santo Sepulcro. Para esto, en sus tiernos años, le había guiado un impulso divino a abrazar la profesion marítima, modo de vida, dice, que inclina al hombre a investigar los misterios de la naturaleza; y Dios le había dotado de un ánimo curioso para leer toda especie de crónicas y obras de filosofía. Al meditar en ellas, el Todopoderoso había abierto su razón con palpable mano para descubrir la navegación de las Indias y le había infundido ardor bastante para entrar en tan grande empresa. «Animado por este celo» , añade, «vine á vuestras majestades: todos los que oyeron mi proyecto se mofaron de él; todas las ciencias que sabía no me aprovecharon de nada; siete años pasé en vuestra córte real disputando el caso con personas de mucha autoridad y doctas en las artes, y al fin decidieron que todo era vano. Solo en vuestras majestades hubo fé y constancia. ¿Quién dudará que vino aquella luz de las Santas Escrituras, iluminando á vuestras majestades y á mi con rayos de maravilloso lustre?» .
    En esta misma misiva, Cristóbal Colón añade: “Ya dise que para la hesecuçión de la ínpresa de las Indias no me aprovechó rasón ni matemática ni mapamundos; llenamente se cunplió lo que diso Isaias. Y esto es lo que deseo de escrevir aquí por le redusir a Vuestras Altezas a memoria, y porque se alegren del otro que yo le diré de Jherusalen por las mesmas autoridades, de la cual inpresa, si fee ay, tengan por muy cierto la vitoria” .

    Después de haber reunido las profecías y otros textos de libros santos, escribió a los Reyes para instarles a que tomasen parte en su empresa. Su argumento se cimentaba en que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento presagian el fin del Mundo. Así mismo, San Agustín y otros autores declaran que ha de venir en su séptimo milenario. Tomando como base la cuenta hecha por Alfonso el Sabio, el Almirante cree que en 1501, año en que escribe, el Mundo tiene 6.845 años de edad, de donde se desprende que sólo le quedaban de vida 155, y quería que la Reina Isabel hubiera salvado a Jerusalén de las pisadas prófanas antes del Juicio Final.
    Pero al fin, llegado febrero de 1502, y después de todo este esfuerzo, cambió de planes; y así fue cómo el navegante mallorquín va autodesignado portador de Cristo (Christum ferens), escribió al Papa Alejandro VI una relación de sus viajes, relacionado con La Española la tierra de Ophir y anunciándole que en nombre de la Santísima Trinidad emprendería su cuarto viaje, con el “fin –decia- de gastar lo que d'ella (de la empresa) se oviese en presidio de la Casa Sancta a la Sancta Iglesia” .
    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón


    34.- ¿Dónde están los restos del Descubridor de América? Sevilla y Santo Domingo dicen que custodian los restos de Cristóbal Colón.


    Desde que el día 10 de septiembre de 1877 en que aparecieron en la catedral de Santo Domingo (República Dominicana) unos restos óseos en una caja de plomo con una inscripción que rezaba como perteneciente a Cristóbal Colón, descubridor del nuevo mundo, se ha producido un largo contencioso histórico-científico entre dicho país caribeño y España; contencioso que surgió, por parte española, a raíz del informe evacuado en 1879 por la Real Academia de Historia en España a través de su numerario don Manuel Colmeiro, que abrió la polémica. Sobre si los restos del glorioso almirante de las Indias están en Santo Domingo o pertenecen a Sevilla es cosa que aún no se ha dictaminado científicamente conjuntando estudios e investigaciones. Éste y el próximo artículo se deben a una de las más preclaras plumas de la historia dominicana, Pedro Troncoso Sánchez, miembro de número de las Academias Dominicanas de la Historia, de la Lengua y de Ciencias, y en ellos se trata de esclarecer el tema con pormenores documentales de parte dominicana.

    ESTÁ COMPROMETIDO EL HONOR DOMINICANO
    Pedro Troncoso Sánchez

    S orprende saber que la tumba de Cristóbal Colón no estuvo identificada por una señal exterior, en el presbiterio de la catedral de Santo Domingo, desde cuando fueron colocados allí por María de Toledo en 1544 hasta después de su hallazgo en 1877. Es difícil explicar en estos tiempos tan rara circunstancia. ¡Los restos del glorioso héroe completador de la geografía enterrados en esa forma anónima, como los del más humilde de los mortales!

    Es una historia muy larga de contar. El sólo recordar las ingratitudes y amarguras que sufrieron en vida, después del descubrimiento, el genial navegante y su familia, basta para imaginar las contrariedades que también se opusieron el decoroso descanso de sus despojos.

    Tras larga y enojosa litis y entre dificultades sin cuento, se logró que Carlos V expidiera una cédula real, fechada el 2 de junio de 1537, por la cual concedía a los descendientes de Colón la capilla mayor de la catedral de Santo Domingo para que fuera el sepulcro del primer almirante y sus sucesores. Pero tan decepcionada quedó María de Toledo por causa de los obstáculos que se le opusieron cuando trajo a este país los restos de su suegro y también los de su esposo para ser allí inhumados que, contra el parecer de Fernando Colón, se obstinó en que la tumba no llevara encima busto ni lápida identificadora.

    Esta omisión, unida a la rápida despoblación y decadencia del país en la misma época, con su secuela de ignorancia y alienación, dio lugar a que casi cayera en olvido por más de un siglo la ilustre sepultura. Que se sepa, un solo documento posterior a 1544, en el siglo XVI, hace referencia a la tumba de Colón. Es una Relación de cosas de La Española , escrita por el arzobispo Alonso de Fuenmayor a cinco años de la inhumación. En este documento se dice que "la sepoltura del Gran Almirante don Cristoval Colón, donde están sus huesos, era (en 1549) muy venerada e respetada en aquella Iglesia Catedra" .

    Es increíble. A mediados del siglo XVII no se sabía con exactitud el lugar del presbiterio en que estaban. Que si en la parte baja; que si en la alta. Así lo dejó consignado en 1650 el cronista Jerónimo de Alcocer. Según lo explica Fray Cipriano de Utrera en su obra sobre el tema, el dato de que en 1655 el arzobispo Francisco Pío de Guadalupe y Téllez, por temor de una profanación de parte de los invasores ingleses, mandara a cubrir "la sepoltura del Almirante Viejo" sólo puede referirse a los escudos pintados en las paredes de la capilla mayor, no guardaban relación con sepulcro alguno.
    " Corre el mes de noviembre de 1664", dice el padre Cipriano " ... Se ha rebajado por un igual todo el piso del presbiterio y han aparecido cuatro restos morales de los ascendientes del duque de Veragua habían sido otrora inhumados allí. Ninguno de los que concurren a ver el acontecimiento, ninguno a quien se consulta, puede decir más, sino que sabiendo que en la capilla mayor están sepultados los ascendientes del duque, y entre ellos Cristóbal Colón, habían ignorado hasta aquel momento que los huesos del primer almirante estuviesen en el sitio en que habían aparecido" .

    Testimonios y dictámenes

    El acucioso fraile historiador se apoya en el testimonio escrito dejado por el arzobispo Francisco Cueva y Maldonado en 1667, en lo declarado en el Sínodo de 1683 y en lo visto con los ojos en 1795 y en 1877 para sostener que en 1664 los restos de Colón, al ser encontrados, fueron pasados de la ya deteriorada urna en que vinieron de España a una nueva urna "más decente" . Ésta quedó debidamente identificada con inscripciones grabadas en el mismo envase y en una plaquita de plata adherida a ella, pero ninguna estela exterior fue colocada.

    Las inscripciones fueron examinadas a raíz del hallazgo de 1877 por los paleólogos italianos Andrea Gloria, Cesare Paolo e Isidoro Garini, quienes comprobaron que "las inscripciones de la caja de plomo y las de la plaquita de plata son del siglo XVII, y de su segunda mitad" .
    Este dictamen coincidió con la conjetura hecha por Emiliano Tejera de que en alguna época habían sido pasados los huesos de Colón de su recipiente original a uno nuevo, por haber visto en el hoyo residuos de una urna más antigua y mostrar la cajita la inscripción "D(escubridor) de la A(mérica)" , que lucía anacrónica.

    Esta hipótesis de don Emiliano quedó más tarde convertida en certidumbre, documentalmente respaldada cuando en 1892 se publicó en España el libro de la duquesa de Alba, obra en la cual se transcribe la carta del arzobispo Cueva y Maldonado, de 1667, en que da cuenta del hallazgo de los restos de Colón y de haberse repuesto en su fosa "en forma más decente" .

    La importancia de toda esta sustanciación del asunto radica no solamente en que conduce a establecer la verdad en cuanto concierne a la tumba de Colón, sino en que echa por tierra la grave sospecha formulada en 1879 por la Real Academia Española de Historia en perjuicio de los honorables dominicanos que intervinieron en la verificación efectuada en 1877, ya que aquella injusta acusación se funda, esencialmente en que las inscripciones encontradas no pudieron haber sido puestas en el siglo XVI.

    Excavaciones posteriores

    Cuando a mediados de 1795 se supo que, por virtud del tratado de paz firmado en Basilea (Suiza) entre España y Francia, la parte oriental de la isla pasaba a ser posesión francesa, algunos pensaron que los restos de Colón debían ser trasladados a tierra española. Poco antes, en 1783, tres canónigos del Cabildo de Santo Domingo habían asegurado por escrito, en términos imprecisos, que esos restos estaban enterrados a la derecha del altar mayor de la catedral de Santo Domingo. El arzobispo Portillo y Torres y el comandante Aristizábal, guiados por este testimonio, ordenaron hoyar en el lugar y dieron con una urna sin inscripciones. Ahí están, sin duda, los despojos del descubridor, se dijeron, y no se continuó la excavación. Muchas veces ha ocurrido, como en este caso, que la fuerza de un deseo ha cerrado el paso a la búsqueda de la verdad. El escribano que dio fe del hecho no se atrevió a decir en su acta que se trataba de los restos de Colón. Prudentemente se limitó a declarar que eran los "de algún difunto" . Era una época en que no había la conciencia arqueológica que hoy hay en los círculos cultos. No se conocían entonces las reglas del arte de excavar, con sus técnicas y sus cautelas. Por eso se equivocaron el arzobispo y el comandante y fueron los huesos de otro Colón los llevados a La Habana.

    Se vino a descubrir esta equivocación en 1877, cuando en ocasión de reparaciones en el piso del presbiterio del templo fueron hallados, sin buscarlos, los restos que ochenta y dos años antes habían sido infructuosamente buscados. Estaba la sepultura de Colón a apenas dieciséis centímetros de distancia, entre el hoyo practicado en 1795 y la pared norte del presbiterio. Por la razón antes referida, la urna hallada era más nueva que la sacada en 1795 y ostentaba el nombre y el titulo del difunto.

    Un testigo presencial, el joven sacristán mayor de la catedral, Jesús María Troncoso, dejó su testimonio por escrito. Primero relata la forma casual en que en abril del mismo año fue descubierta la hasta entonces ignorada tumba del primer duque de Veragua, don Luis Colón de Toledo, nieto del descubridor. Personas representativas verificaron el hecho, pero, dice Troncoso, "ninguno opinaba pudiera estar Cristóbal Colón en el mencionado presbiterio" . No podían pensarlo, puesto que se tenía por verdadero que esos restos habían sido Ilevados a Cuba. También dice: "Recuerdo que don Luis Cambiaso dijo que el general Luperón pidió una vez que los restos del descubridor los devolviera España, pues era aquí donde pertenecían estar, según la expresa voluntad de don Cristóbal" .

    Se siguió excavando, pero sólo porque "era buena la ocasión para averiguar si se podían conseguir, como los de don Luis Colón, otros despojos históricos, pues, como ya sabíamos, había sido allí enterrada doña María de Toledo, la virreina" .

    La excavación continuó los días 8 y 9 de septiembre y se encontraron los despojos de Juan Sánchez Ramírez y "los de un párvulo que se podía ver eran de siglos atrás" . "Siguiendo a la única parte que no se había excavado –agrega– se descubrió un hoyo, al que, aplicando una barreta, ésta se introdujo" . Suponiendo que podía tratarse de un enterramiento de importancia histórica, el sacristán ordenó la suspensión del trabajo y dio aviso al padre Billini y al obispo Rocco Cochía. El primero llamó al ministro de lo Interior, general Marcos Cabral, y al señor Cambiaso. En su presencia y la de otras personas "se quitó una piedra entera y se vio perfectamente una bóveda en la que estaba colocada una caja de plomo en dos ladrillos gruesos. Esta fue sacada por Pablito Hernández y yo. Se colocó sobre la mesa del altar y, quitado el polvo que contenía, se pudo leer: Illtre. y Esdo. Varon Dn. Cristoval Colón D. de la A. Per Ate ." Era el 10 de septiembre de 1877.

    España no ha reconocido oficialmente este hecho. La Real Academia Española de la Historia lo ha creído una superchería. Antes de cumplirse los quinientos años del Descubrimiento de América, debe brillar la verdad sobre los restos de Colón y quedar limpia la República Dominicana de la injusta acusación de fraude lanzada entonces contra ella y mantenida todavía.

    Pedro Troncoso Sánchez
    Historiador dominicano y miembro de número de las Academias Dominicanas de la Historia, de la Lengua y de Ciencias.
    Ya –3 de Enero de 1985– Madrid


    35.- Los judíos y la cartografía mallorquina.


    El Rey Jaime I conquistó Mallorca en 1229. Una de las particularidades de su reinado en estas tierras fue el respeto a la colectividad judía, residente ya desde siglos atrás en la isla mayor de las Baleares. Esta comunidad étnica-religiosa se vio acrecida con otros segmentos que emigraron aquí procedentes del Languedoc, principalmente de Perpiñán y Montpeller. Llevaban apellidos muy conocidos, como Cresques, Massana, Bonet, Nabot y otros. Se puede llegar a afirmar que los Reyes de Mallorca tuvieron una política de protección a esta colectividad, en la que predominaba un espíritu mercantil y ahorrativo que los transformó en prestamistas de dinero, que sirvió para el desarrollo de diversas actividades en las islas. Los judíos manejaban distintos idiomas y contactos internacionales al provenir de diferentes lugares de Europa y Africa del Norte.

    Los judíos, tanto en las ciudades islámicas como en las cristianas, se concentraban en sus propios barrios, generalmente aislados por una cerca y cuyas puertas cerraban todas las noches. A lo largo del tiempo, estos barrios han sido conocidos con diferentes nombres: ghetos, aljamas... y, en los países de habla catalana, calls. En Provenzal, al barrio se le llamaba la "Jutharía", de donde deriva la palabra mallorquina "xuetería".

    En 1229 el barrio judío de Medina Mayurca (Palma de Mallorca) se hallaba situado en el lugar más privilegiado de la ciudad, junto a la actual calle de Santo Domingo. Con posterioridad, se constituyeron otros dos barrios judíos: uno junto a la iglesia de Santa Eulalia y otro cerca de lo que es hoy calle Apuntadores. A finales del siglo XIII, el Rey Jaime II de Mallorca creó el Call Mayor, que se encontraba emplazado entre los conventos de Santa Clara y de San Francisco. La sinagoga mayor se construyó en el emplazamiento que en la actualidad ocupa la iglesia de Montesión.

    Los judíos mallorquines desempeñaron una labor muy importante en la baja Edad Media. Si bien ellos no eran propiamente navegantes, la dispersión geográfica de sus asentamientos y la actividad comercial a la que se dedicaban los llevó a viajar constantemente. El hecho de que estuvieran afincados en diferentes regiones geográficas, unido al incesante intercambio comercial que mantenían entre los mismos y también con árabes y cristianos, les permitió conocer ampliamente la geografía mediterránea, en especial sus puertos.

    De estos judíos, como eran además buenos cosmógrafos, surgieron inventores de aparatos para conocer la situación de las naves por la posición de los astros cuando se encontraban lejos de las costas. También dibujaban representaciones gráficas que les permitían conocer el rumbo a tomar para dirigirse de un puerto a otro. Estos instrumentos eran los ya descritos astrolabios y las cartas de navegar o "portulanos".

    Para el año 1391, el barrio judío, que, como hemos visto, se llamaba Call, fue atacado furiosamente por un grupo de cristianos amotinados. En este vandálico asalto se estima que más de trescientos judíos fueron asesinados. De los supervivientes, algunos lograron escaparse y otros, para salvar sus vidas, se convirtieron al cristianismo. Entre estos últimos se encontraba el ya famoso cartógrafo mallorquín Jafuda Cresques, que adoptó el nombre de Jaume Ribes. Es opinión generalizada que fueron cartógrafos, probablemente conversos, Oliva, Rosell, Prunes, Soler, Martínez, Colom, etc.

    En cuanto a los judíos conversos que tomaron el nombre de Colom, se establecieron después en Flandes.

    Tales hechos habrían sido los que llevaron a algunos historiadores a pensar que Cristóbal Colón era un judío converso. La actitud profundamente cristiana que llevó en vida el Gran Almirante, sin impostura de naturaleza alguna nos lleva a afirmar el carácter verdadero de su fe católica.

    Con certeza, como bien lo describe Francisco de Borja Moll en su libro Els Llinatges Catalans , el apellido Colom es de origen catalán y lleva el nombre de un pájaro, que procede de la palabra latina, "columbus".

    Este apellido, después de haber sido conquistada la isla por el Rey Jaime I, se extendió y sigue siendo, como entonces, un apellido muy frecuente.

    De los talleres de los judíos mallorquines salieron las más antiguas cartas náuticas que se conservan en la actualidad y datan de la tercera década del siglo XIV. A mediados de ese siglo, Mallorca era de hecho el primer productor de estas cartas en el Mediterráneo, actividad unida inseparablemente a la industria que producía instrumentos náuticos de precisión, como brújulas y astrolabios.

    Las cartas náuticas mallorquinas son un instrumento de navegación, pero, al mismo tiempo, una representación de la geografía física, política, orográfica e hidrográfica, abarcando también fauna y flora. En ella se señalan, simultáneamente, ciudades, montañas y costumbres, con ilustraciones gráficas. Están dotadas de un grado de perfección elevado que las distingue por su elevada utilidad. Los navegantes las usaron durante muchos años y se sirvieron de estos portulanos mucho más allá del primer período de los grandes descubrimientos geográficos.

    Se tiene noticia de que en Jerusalén, allá por el siglo XIII, fueron grafiados algunos mapas, de los cuales tengo constancia de dos en concreto: el primero de ellos lo fue en 1235 por Gervasi de Tilbury y fue destruido al igual que otros históricos documentos culturales durante la Segunda Guerra Mundial; el otro fue realizado por Richard Haldingham y de Lafford. Se puede llegar a afirmar que ambos mapas no tuvieron una influencia tan notoria como las que redactaron los cartógrafos mallorquines.

    En el British Museum de Londres se conserva en la actualidad la más antigua carta náutica que se conoce producida por la escuela de Mallorca. Este anónimo portulano viene registrado con la sigla Add.Ms. 25691. El alemán Heinrich Winter, en su obra Das Katalanische Problem in der aelteren Kartographie (1940) lo data de 1327 a 1330. En cambio, la primera carta náutica firmada de la que se tiene noticia en Mallorca es la suscrita por Angelino Dulcert en 1339. En ella están reseñadas las características típicas más relevantes de la escuela mallorquina y se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de París. Los nombres geográficos de Mallorca registrados en esta carta de Dulcert, son: Maiorca, Solari, Formentor, C.de Salinas, Menacor, Alcudia, P.Columbo, P.Petro. Estas nominaciones se identifican realmente con facilidad, cuestión que no solía ser frecuente dos o tres siglos después.

    A estas dos cartas náuticas, las más antiguas de la cartografía mallorquina, sucedieron otras de incalculable valor que durante los dos siglos posteriores fueron realizadas por diferentes cartógrafos mallorquines.

    En el Archivo de la Corona de Aragón se conserva actualmente otra carta anónima del siglo XIV y en ella podemos encontrar la siguiente toponimia: Maiorca, Premotor, Colombo, Petro, Menacar, Pera, Soyari, Paromera y Alcudia. Después de haber hecho referencia a esa toponimia considero oportuno puntualizar, que para nombrar el puerto que actualmente se conoce como Porto Colom, se utilizó entonces la palabra "Colombo".
    De ello se puede inferir que esta palabra, típicamente italiana en el siglo XIV y XV, se utilizaba también en Mallorca. En las cartas náuticas de estos dos últimos siglos (XIV y XV) Porto Colom se encontraba registrado también de las siguientes formas P.Columbo, Portocolubo, Porto Colom, Porto Colombi y Port Colomb.

    En el siglo XIV, el cartógrafo Abraham Cresques, relojero y constructor de brújulas al igual que otros instrumentos de navegación, recibió el encargo de Don Pedro IV el Ceremonioso, entonces Rey de Aragón y Cataluña, de confeccionar un gran mapa en el que se incluyesen todas las partes del mundo, para obsequiar al Infante que después sería el Rey Carlos VI de Francia.
    Abraham Cresques llevó a cabo la tarea con la ayuda de su hijo Jafuda. Los cartógrafos Cresques vivían para entonces en una casa que estaba situada junto a la cerca del Call (barrio judío). Esta casa pasaría a ser el antiguo colegio la "Sapiencia" que se encuentra aún hoy en la plaza de San Jerónimo, junto a la calle Seminario.
    Allí fue probablemente donde se dibujó el famoso Atlas, el más importante de todos los mapas de la Escuela Mallorquina y al que por su magnitud y composición se le denominó mapamundi. Fue por el año 1375 en que Abraham Cresques y su hijo Jafuda dibujaron en seis hojas de 65 cm de alto el mundo hasta entonces conocido: Europa, África y Asia. Desde el Meridiano de Canarias hasta el mar de la China y desde el Trópico de Cáncer, aproximadamente, hasta el paralelo 60N. Completaron su trabajo con textos explicativos en catalán.
    En este Atlas se encuentran representados los antiguos dominios mongólicos sin interrupción: desde el Mar Caspio, señalado con bastante exactitud al modo portulano, hasta las costas de Catay. Estas costas chinas presentan una forma muy aproximada a la actual y figuran señalizados los puertos más importantes. Hacia el interior, se presentan correctamente situadas las principales divisiones del imperio mongol. También figura allí la capital del imperio del Gran Khan, o sea, Cambaluc (Pekín o Beijing actualmente), con otros datos que Marco Polo no había revelado.
    En una leyenda de esa época se hace referencia a unas islas asiáticas donde se describe lo siguiente: "En estas islas nacen muy buenos halcones, a los cuales los habitantes no pueden coger, ya que son para uso exclusivo del Gran Can, Emperador de Catayo".
    La primera vez que fue introducida la rosa de los vientos en una carta náutica fue precisamente en el Atlas de los Cresques. En él, la rosa de los vientos tenía por objeto determinar la dirección de los mismos, lo que permitía trasladarlos a cada punto de la carta de navegar, señalando el rumbo.
    El Atlas también aporta muchas notas astronómicas. Como se puede observar, esta obra maestra de los Cresques es realmente importante.
    El original del Atlas denominado catalán, pero en realidad mallorquín, se conserva en la Biblioteca Nacional de París y un facsímil del mismo se puede examinar en la sala Ramón Llull del Museo Marítimo, Reales Atarazanas de Barcelona.

    En 1394, Jafuda Cresques se trasladó a Barcelona, donde dibujó varios mapas y ,en 1412, ya conocido también con el nombre de "Maestro Jacome de Mallorca", fue llamado por el Infante Enrique el Navegante de Portugal para confiarle la dirección de un taller cartográfico que se iba a fundar en Sagres. Esta escuela portuguesa desempeñaría con el tiempo una labor muy importante y de gran utilidad para los exploradores y navegantes lusos de aquella época.
    Así, pues, es posible que fuera Jaume Ribes o Jacome de Mallorca el que informara a los portugueses de la existencia de las islas Azores, antes de su descubrimiento oficial.

    Más adelante, durante los siglos XV y XVI, los cartógrafos mallorquines confeccionaron numerosísimas cartas náuticas, existentes en la actualidad y que figuran con las siguientes inscripciones: "in civitate maioricarum", "in Maylorcha", "maioricensis", "maiorquino", "mallorquin" etc, etc.

    Maciá de Viladestes fue un cartógrafo excepcional y de él se conocen cuatro cartas náuticas, existentes en la Biblioteca Nacional de París (1413), en la Laurenziana de Firenze (1423), en el Monasterio de San Miguel de los Reyes y en la Cartuja de Segorbe.

    Gabriel de Valseca es autor de varias cartas náuticas, tres de ellas conservadas en la Biblioteca Nacional de París (1447), una en el Archivio di Stato de Florencia (1449) y otra en el Museo Marítimo, Reales Atarazanas de Barcelona (1439). De esta última carta se hizo una única reproducción para que figurase en la Exposición Artístico Científica y Retrospectiva del IV Centenario del Descubrimiento del Nuevo Mundo. Después, esta misma reproducción pasó en definitiva propiedad al Museo Naval de Madrid, donde ahora se conserva.
    Junto a esta carta-reproducción hay una descripción que dice: "Facsimile de la carta general de tierra y mares que hizo el cartógrafo mallorquín Gabriel de Valseca en (1439). El original pertenece al Exmo. Sr. Conde de Montenegro". Esta carta náutica está fechada en Palma de Mallorca, a 30 de Abril de 1892.
    La carta general original que depositada en la sala Ramón Llull, del Museo Marítimo, Reales Atarazanas de Barcelona, es la más antigua de las datadas que se conserva en España, de la cartografía mallorquina. Este Portulano del Mediterráneo, de Gabriel de Valseca, figuró en la Biblioteca de los Condes de Montenegro, de Palma de Mallorca, hasta 1917. Posteriormente pasó al Institut d'Estudis Catalans y después a la Biblioteca de Cataluña. De aquí, como depósito, al Museo Marítimo, Reales Atarazanas de Barcelona.
    En 1869 fueron a visitar al Conde de Montenegro Frederic Chopin y Armandina Aurora Lucie Dupin, más conocida por su seudónimo de George Sand. En tal ocasión el Conde mostró a sus ilustres visitantes esta importante carta en la que, por cierto y para evitar que se enrollara, un criado del Conde colocó un tintero sobre uno de sus extremos, con tal mala fortuna que el tintero se volcó y la tinta ocasionó daños irreparables a la misma.
    Esta carta náutica fue la que utilizó Américo Vespucio para realizar el viaje al nuevo Continente en 1499, en ocasión de participar en la expedición de Alonso de Ojeda. Al dorso hay una anotación que dice: "Questa ampia pella di geographia fue pagata da Amerigo Vespucci- LXXX ducati di oro di marco". Como se podrá observar, he aquí una prueba fehaciente de que Américo Vespucio se valió de una carta náutica mallorquina para viajar al Nuevo Mundo. Probablemente, Vespucio la pudo haber adquirido en Florencia, pues como hemos visto precedentemente, un portulano del mismo cartógrafo (1449) se conserva en el Archivio di Stato de dicha ciudad.
    Estas cartas náuticas seguramente llegaron a Florencia durante el reinado de Don Alfonso V el Magnánimo, Rey de Aragón.
    En el Portulano del Mediterráneo de Gabriel de Valseca se puede apreciar el Mar Negro, Mar de Azof, Golfo Pérsico y el Atlántico, desde Noruega a Río de Oro, con las islas Británicas, Madeira y Canarias, así como las imaginarias de Till, Brasil y Man. Esta verdadera joya de la cartografía mallorquina fue dibujada sobre pergamino en 1439.

    Es una verdadera ironía de la historia que, de todas las principales cartas náuticas realizadas en Mallorca, ninguna haya quedado aquí, en la isla.
    Gracias al celo y precaución de algunos estudiosos mallorquines, actualmente se conservan algunos ejemplares en la Biblioteca Bartolomé March, de Palma. Las obras de la cartografía mallorquina están repartidas en museos, universidades, bibliotecas públicas y privadas de París, Londres, Viena, Oxford, Cambridge, Roma, Florencia, Génova, Milán, Estocolmo, Laussanne, Nueva York, Chicago, Washington, Helsinki, Le Havre, Dijón, Birmingham, Greenwich, Constantinopla (Estambul) etc.
    Resulta difícil explicar el hecho de que las cartas náuticas que hicieron los cartógrafos mallorquines, ahora se encuentran repartidas por tantos lugares diferentes y que prácticamente ninguna de ellas haya quedado en la isla donde fueran redactadas.

    Desde la mitad del siglo XV y hasta mediados del siglo XVII, los cartógrafos mallorquines más conocidos fueron los siguientes:
    Rosell, con nueve obras repartidas por Chicago, Nuremberg, Londres, Florencia y Nueva York que datan a partir de 1462.
    Jaime Beltrán, con tres obras (1456-1482-1489) distribuidas entre Greenwich y Florencia.
    Arnau Domenech, con dos obras (1484-1486), la primera de las cuales se conserva en Washington y la segunda en Greenwich.
    Bartolomé Olives, con una obra (1538) que se conserva en el Museo Marítimo de Barcelona.
    Joan Martínez, con una obra realizada en Marsella (1556-1591), que se conserva en el Museo Marítimo de Barcelona.
    Francisco Oliva, con una obra realizada en Marsella (1658), que se conserva al igual que la anterior en el Museo Marítimo de Barcelona.
    Joan Oliva, con un atlas náutico diseñado en Mesina (1592), que se conserva en el Museo Marítimo de Barcelona.

    Como se habrá podido observar, existieron algunos cartógrafos mallorquines que dibujaron cartas de navegar fuera de Mallorca. La justificación de esto sería que, durante los siglos XVI y XVII, realizaron otras tareas en lugares dispares como Mesina, Nápoles, Palermo o Marsella.
    Como colofón de este asunto, o realidad incontrastable, resaltamos la abundante producción cartográfica, elaborada por especialistas mallorquines mucho antes de que se descubriera el Nuevo Mundo y que el más conspicuo de los navegantes, el italiano Américo, acompañante de Alonso de Ojeda, usara para sus singladuras el mapa del mallorquín Valseca, dibujado "antes" del Descubrimiento. Tal hecho, por sí solo, debiera constituir serio motivo de meditación para aquellos que niegan el pan y la sal a la teoría del Colón mallorquín.

    Del contenido de este artículo se infiere, sin lugar a dudas, que Mallorca, por lo menos desde mediados del siglo XII, se convirtió en un centro de saberes náuticos que abarcaba el mundo conocido, centro y fuente que proveía de "portulanos" a los navegantes que llevaban sus barcos hasta los rincones más ignotos. Un Colón o un Américo sin las cartas de navegar mallorquinas serían inconcebibles. Ello debe constituir, también, otro extremo de seria meditación.


    Gabriel Verd
    Secretario de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    36.- El faro a Colón.


    Origen e historia

    La idea de erigir en tierra dominicana un monumento con las características de un faro a la memoria del Gran Almirante don Cristóbal Colón surgió del ilustre escritor dominicano don Antonio del Monte y Tejada, quien así lo expresa en su conocida obra Historia de Santo Domingo, publicada en La Habana, Cuba, en 1852.

    En 1914 el norteamericano William Ellis Pulliam promueve en la prensa de su país una propaganda en favor de la erección de un monumental faro en las costas de Santo Domingo, República Dominicana, primera ciudad europea en el Nuevo Mundo.

    En 1923, con la Quinta Conferencia Internacional Americana celebrada en Santiago de Chile, la idea adquiere carácter universal, al decretar que el monumento fuera construido “con la cooperación de todos los gobiernos y pueblos de América, así como con la cooperación de todas las naciones de la tierra”.

    Para esos fines, se designó en 1927 una comisión especial que llevaría a cabo el proyecto en dos etapas: en la primera, en 1929, un jurado internacional se reunió en Madrid para estudiar 455 proyectos provenientes de 48 países, otorgando diez menciones honoríficas, entres las que, en la segunda etapa, en 1931, se escogió el proyecto ganador presentado por el jóven arquitecto inglés Joseph Lea Gleave. Una impresionante exposición se presentó en Madrid con todos los proyectos, que comprendían más de 2300 dibujos; la exposición posteriormente fue trasladada a la ciudad de Roma.

    Finalmente, el 6 de octubre de 1992, dentro de la culminación de los festejos conmemorativos del Quinto Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, la República Dominicana entregó al mundo el monumento Faro a Colón, en cumplimiento del compromiso contraído por el mundo moderno con el hombre que quinientos años antes había completado la redondez de la tierra. Ese día, fueron trasladados los restos de Colón desde la Catedral Primada de América, donde habían descansado desde el 1544, hasta el Mausoleo levantado en el crucero del monumento.

    El 11 de octubre, su Santidad Juan Pablo II ofició una Misa en la explanada Este del Faro, durante la cual fue llevado a los altares el misionero agustino Exequiel Moreno, en la primera canonización celebrada por la Iglesia Católica en América.
    El Faro a Colón fue abierto al público el 16 de octubre de 1992.

    El Monumento

    El secretario de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, Gabriel Verd, frente al Faro a Colón.


    El Faro a Colón se desarrolla con una exactitud, sencillez y fuerza dignas de los grandes monumentos de la época. La idea es simbólica, pero no hasta el punto en que el simbolismo interfiera con la simple belleza de la obra arquitectónica. Según el mismo Gleave, “la forma del edificio expresa la inspiración que la motivó, en arquitectura abstracta. Igual que las pirámides y otros grandes monumentos a través de los siglos, éste no tiene un carácter arquitectónico estilizado, sino que pertenece a todos los tiempos”.

    Con una longitud de 210 metros orientados Este-Oeste, 60 metros en sus brazos de Norte a Sur y una altura de 31 metros, el monumento es una enorme masa de hormigón y mármol que, vista desde el aire, se va convirtiendo en una gran cruz yacente, rasgo digno del inmutable valor y de la fe del Gran Descubridor Cristóbal Colón, a quien conmemora: “Pongan cruces en todos los caminos y senderos para que Dios bendiga esta tierra que pertenece a los cristianos; el recuerdo de esto debe conservarse a través de los tiempos”.

    El Faro a Colón ofrece un impresionante espectáculo nocturno cuando los rayos verticales de luz, emanados de las 157 luminarias colocadas a lo largo del monumento, reflejan la Gran Cruz en el cielo, que se divisa muchos kilómetros a la redonda. En la entrada principal del monumento, los colores de las banderas de todos los países americanos simbolizan la hermandad entre naciones y la unión de las diferentes razas, culturas y credos que pueblan la Tierra.

    El Mausoleo

    En ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América y a raíz del sorpresivo hallazgo, en 1877, en una cripta debajo del altar mayor de la Catedral de Santo Domingo, de una urna de plomo con la inscripción en su interior que lee: “Ilustre y Esclarecido Varón don Cristóbal Colón” , cuyos restos se suponían en España, se dispuso la erección de un mausoleo digno de albergar las cenizas del Descubridor. En el concurso participaron trece artistas de tres países de Europa, resultando ganador el proyecto presentado por los catalanes, el escultor Pedro Carbonell y el arquitecto Fernando Romeu. El mausoleo fue levantado, en piezas separadas, en la nave central de la Catedral, frente a la puerta mayor del templo.

    En 1990 se inició el traslado del Mausoleo, pieza por pieza, desde la Catedral hasta el faro a Colón, donde quedó erigido para acoger para siempre las cenizas del Gran Almirante.

    La obra, de estilo gótico, de 9 metros de altura sobre una base rectangular de 7 por 8 metros, consiste de 280 piezas en mármol de Carrara, algunas de hasta 3.000 kilos de peso y ornamentos en bronce. La acción conjunta de sus columnas, arcos y contrafuertes le dan estabilidad a la estructura. Flanqueado por cuatro leones en bronce, está presidido por la magnífica figura femenina que representa a la República Dominicana, destinada por la historia a guardar para siempre las venerables cenizas del Gran descubridor.


    Los Museos

    Aunque el Faro a Colón fue concebido por el Arquitecto Gleave principalmente como un monumento funerario, por instrucciones del Presidente Joaquín Balaguer, promotor de la construcción del monumento, el arquitecto dominicano Teófilo Carbonell adaptó su interior para albergar exhibiciones de cada país de América, así como otros de Europa y Asia. Hoy, 48 países tienen un lugar en el Faro con una exposición propia en la que muestran su identidad cultural.

    También tienen su espacio el Museo de la Liga Naval Dominicana, co-donante del Museo de los Vientos Alisios y cuya sede se encuentra en el Faro a Colón y el Museo de Rescate Arqueológico Submarino que pertenece a la Comisión del mismo nombre, que exhibe aproximadamente 1.400 piezas rescatadas de naufragios españoles, franceses y holandeses de los siglos XVII y XX, todos hallados en costas dominicanas.

    Están en formación el Museo de la Historia del Faro, donde se exhibirán piezas y documentos sobre el concurso, los diferentes proyectos y la construcción del monumento, así como la biblioteca y el Centro de Estudios Colombinos, donde se concentrarán los estudios relacionados con la vida y la obra de don Cristóbal Colón y la Historia de América. El Faro a Colón consta también de cuatro salas para exhibiciones temporales y dos salas de conferencias.

    La Capilla Nuestra Señora de la Rábida y la Sala de las Vírgenes, una bellísima galería de pinturas con las imágenes de las Madonas veneradas por los diferentes pueblos de América, junto con la Sala del Vaticano, que exhibe la casulla usada por Su Santidad en la Misa oficiada en el Faro, completan el impresionante tesoro que guarda el Monumento.


    Los Restos de Colón

    Colón muere en Valladolid, España, el 20 de mayo de 1506 y en 1513 sus restos son trasladados a Sevilla. Cumpliendo una de las disposiciones testamentarias del Descubridor, en 1544 su nuera, doña María de Toledo, trae sus restos junto con los de su esposo, don Diego Colón, a ser depositados en la Capilla Mayor de la Catedral de Santo Domingo, cedida a la familia Colón por el Emperador Carlos I de España.

    En 1655 don Francisco Pío, entonces Arzobispo de Santo Domingo, en vísperas de la invasión inglesa de Venables, ordenó que borrasen todas las señales en las tumbas de los Colones. En 1795, cuando, por el Tratado de Basilea, España cedió a Francia la porción española de la isla, el arzobispo Fernando de Portillos y Torres y el Almirante Gabriel de Aristizabal decidieron trasladar apresuradamente a Cuba los restos de Colón, removiendo los que suponían pertenecían al Descubridor, los que fueron llevados luego a España en 1898 al obtener Cuba su independencia. En 1877, mientras se hacían reparaciones en la Catedral de Santo Domingo, se encontró una caja de plomo con el nombre del Gran Almirante, en caracteres de la época de su fallecimiento, con pruebas irrefutables de que los restos que contenía pertenecían a don Cristóbal Colón, habiéndose llevado a Cuba los de otro de los Colones allí enterrados.

    El hecho fue documentado en presencia de numerosas personalidades dominicanas y extranjeras y ha sido aceptado como auténtico por la generalidad de los historiadores de todo el mundo.
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    37.- Un investigador asegura que Cristóbal Colón no era genovés, sino español.



    Nueva teoría: Gabriel Verd Martorell sostiene que el descubridor era sobrino de los Reyes Católicos y nació en Mallorca en 1460.

    Históricamente, se ha dicho que Cristóbal Colón, descubridor de América, era de origen genovés, y se le atribuyen cunas de distintas procedencias. Sin embargo, la Asociación Cultural Cristóbal Colón tiene hoy documentos que demuestran lo contrario.


    "El descubridor de América no fue el supuesto genovés Cristóforo Colombo, sino el español de Mallorca Cristóbal Colón, hijo natural del Príncipe de Viana, hermano de Fernando el Católico y de la mallorquina Margarita Colón", así lo reveló Gabriel Verd Martorell, secretario general de la referida entidad, en Santo Domingo, República Dominicana.


    Según el investigador colombino, invitado al país por el Centro Balear y la Casa de España, existen constancias escritas de que el Príncipe de Viana estuvo relacionado sentimentalmente con esa mallorquina en el año1459 y, fruto de esa unión, nació el descubridor para el mes de junio de 1460, es decir, que para la época Cristóbal Colón tenía 32 años y su procedencia no era italiana, como se ha afirmado a través de los años.


    Verd Martorell atribuye la creencia a distintas causas, aunque considera que el tema es amplio de explicar y obedece a razones de Estado. No obstante, citó otras pruebas importantes sobre el linaje y el enigma de Colón.


    "Existen también documentos, más bien firmados por los Reyes Católicos antes del descubrimiento de América, que se redactaron al mismo tiempo que las Capitulaciones de Santa Fe, que especifican cómo se llevaría a cabo el descubrimiento: uno de ellos es el pasaporte de Colón y una carta en que a Colón se le declara noble", explicó el estudioso que lleva 27 años indagando sobre el tema.


    Además de esto, de acuerdo con el historiador, hay pruebas de que mientras Colón realizaba su tercer viaje a América, junto a la costa de Venezuela, denominó a una isla con el nombre de su madre: la isla Margarita, pero escribió Margalida en letra mallorquina.


    En esas proximidades denominó un lugar como Boca de Dragó, según revela Verd Martorell, al señalar que en la isla Española (República Dominicana y Haití) colocó dos "topónimos" donde por primera vez le puso el nombre geográfico a lo que aquí se llama en el norte de la República Punta Rusia, pero en el diario de Colón lo registró como Punta Rotja, una palabra también mallorquina.


    El secretario general de la ACCC hace énfasis que entre Bani y Azua hay un cabo conocido como Punta Salinas, zona donde estuvo Colón, y esos aspectos son importantes de conocer por las atribuciones que se hacen a otras personas.


    "A partir de estos momentos, los dominicanos podrán saber la razón de tantos misterios, quién fue Colón y cómo una persona extranjera violó todas las normas de entonces en Castilla, que en dicho virreino ningún extranjero podrá regir. Todo eso explica que al ser Colón sobrino de los reyes Católicos pues llevaba en sus venas sangre real", significó Verd Martorell tras externar que de ahí se le dio el título de Almirante. Dice el investigador que el cargo de gobernador y gobernador general no existía en Castilla y León, sí en el reino de Aragón.


    "Colón, al ser sobrino de los Reyes Católicos, llevaba en sus venas por parte de padre sangre real y así fue que le concedieron el título de Almirante de las Indias, igualado a los almirantes de Castilla", detalló Verd Martorell.


    Los restos

    La entidad, que preside Verd Martorell, no debate la idea sobre el lugar donde se encuentran los restos de Colón, pero sí afirma que deben estar en Santo Domingo, porque fue su deseo.


    "En cambio, los restos del padre de Colón los tenemos sepultados en el Monasterio de Poblet en Tarragona, su momia existe y hoy la ciencia tiene métodos para tratar de esclarecer la relación padre e hijo a través del ADN. Pretendemos sacar el ADN del Príncipe de Viana y de los restos de Colón para saber si es el padre, hijo o Cristóbal Colón", adelantó Verd, que durante su visita al país tiene previsto hacer contactos con las autoridades del Faro a Colón en Santo Domingo.


    Yanet Féliz
    Miércoles, 21 de Febrero del 2001, LISTÍN DIARIO
    Santo Domingo. República Dominicana


    38.- Presencia en Panamá y República Dominicana de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.


    La labor investigadora y divulgativa que viene realizando desde 1963 la Asociación Cultural Cristóbal Colón , por su constancia y seriedad en los estudios realizados, ha venido últimamente cosechando el interés de diversas Universidades, Academias de Historia y centros culturales de América, en los que se ha producido una espectacular atención sobre la figura del Almirante de la Mar Océana, el Descubridor Cristóbal Colón, especialmente sobre su discutido origen.


    La tarea comenzó en aquel año de 1963, cuando su Presidente Don Cristóbal Colón de Carvajal, Duque de Veragua, afirmó en Nueva York, en la televisión norteamericana, que no había encontrado pruebas y documentos que avalasen el nacimiento de Colón en Génova y que en su archivo no existía documento alguno que probase tal circunstancia.


    A partir de ese momento, los miembros de la Asociación iniciaron su labor investigadora y empezaron la publicación de un Boletín Informativo en el que se recogieran los distintos estudios sobre el particular; debemos aclarar que en aquella época hubo numerosos miembros de otras nacionalidades, incluso italianos, empecinados en buscar el origen del Descubridor. Les alentaba no sólo una muestra de ferviente patriotismo español, sino el anhelo de lograr la verdad histórica que todavía para algunos se mantiene en la nebulosa y, lo que es peor, en la rutina de varios escritores e historiadores que, sin ánimo de comprobar hechos y circunstancias, repiten en sus libros la tesis de que Colón era hijo de un lanero de Génova, pese a que su lengua, sus costumbres y sus relaciones con personalidades y reyes de su época no avalan tal teoría en unos tiempos en que la separación de clases impedía esas relaciones e incluso que el hijo de un modesto lanero alcanzase la cultura y conocimientos que demostró el Almirante Descubridor.


    Los pueblos de Hispanoamérica han acogido con especial atención los estudios que la Asociación viene realizando sobre la tesis de que Colón era oriundo de Mallorca, concretamente de Felanitx, y presumiblemente hijo bastardo no reconocido del Príncipe Carlos de Viana y la mallorquina Margarita Colom. En nuestros anteriores Boletines se han publicado enjundiosos estudios sobre el tema, especialmente debidos a la pluma de nuestro Secretario General, Gabriel Verd Martorell, que ha dedicado muchos años y la edición de dos libros, con profusa documentación sobre el tema. Dos naciones cuyo origen inicial fue la presencia física de Colón en su andadura por el Nuevo Mundo se han dignado a ser las primeras en organizar unos actos culturales en los que tuviera oportunidad Gabriel Verd de difundir sus investigaciones ante un selecto auditorio de personalidades de la política, la ciencia y la cultura.


    Asimismo, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Capítulo de Colón), en ocasión de celebrarse el 150 Aniversario de la Fundación de la Ciudad de Colón, el 17 de febrero de 1852, organizó en el Hotel Meliá Panamá Canal, el 17 de febrero de 2001, la reunión anual de dicha Asociación de ejecutivos.
    El acto fue inaugurado por el señor Kaiser Bazán, segundo vicepresidente de la República, al que siguieron unas palabras del Presidente de APEDE COLON, el Ingeniero Ricardo Morales.
    Inició las disertaciones el señor Damián Barceló, vicepresidente de la Asociación Colombina, abogado del Colegio de Islas Baleares e inversionista del Hotel Meliá Panamá, que habló sobre “Lo que es y cómo se crea un destino turístico”; después de las intervenciones del Ministro de Economía y Finanzas, Norberto Delgado, y de Monseñor Carlos Mª Ariz, Obispo de Colón y Kuna Yala, inició su conferencia Gabriel Verd Martorell, Secretario General de la Asociación Colombina sobre “Linaje y Patria de Cristóbal Colón”, que posteriormente fue ampliamente reproducida por medios periodísticos de Panamá.


    Dos días antes, el 15 de febrero, en la Universidad Santa María la Antigua, igualmente de Panamá, cuyo nombre evoca a la primera Ciudad, la primera Iglesia y la primera Diócesis en Tierra Firme fundadas por España en el Continente Americano, el Secretario General, Gabriel Verd, disertó sobre el mismo tema en presencia de representantes del Instituto de Cultura Hispánica, de la Academia de la Historia de Panamá y de la embajada de España y destacadas personalidades de la política y la cultura junto con numeroso público.


    El martes 20 de febrero, en la Casa de España de Santo Domingo (República Dominicana), Gabriel Verd reiteró sus estudios e investigaciones sobre el Descubridor.


    Todas ellas han sido unas conferencias en este viaje que han puesto de relieve la importancia que van adquiriendo las investigaciones de la Asociación colombina.


    Durante su estancia en estos dos países hermanos de España, Gabriel Verd, tuvo oportunidad de conocer e intercambiar impresiones con destacadas personalidades como el Licenciado José Chez Checo, del Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, el Dr. Ismael Hernández Flóres, de la Secretaria de Estado de Cultura, Gobernador del Faro a Colón, D. Diego Bermejo Romero de Herreras, Cónsul General de España en Santo Domingo, D. Ricardo Ramón Jarne, Director de la Agencia Española de Cooperación Internacional, el Pbro. Dr. Pablo Varela Server, Rector de la Universidad Católica de Santa María la Antigua, el Dr. Diógenes Cedeño Cenci, Director de la Fundación Cultural de las Américas, el Hno. C. Juan Rilova, Director del Colegio La Salle, Monseñor Carlos María Ariz, Obispo de Colón y Kuna-Yala, y D. Juan A. Oviedo Canó, Director de la Academia Dominicana de la Historia, etc.


    Se trata de un viaje el de Gabriel Verd que abre nuevos horizontes a las tesis sostenidas por la Asociación Cultural Cristóbal Colón .


    D.A.


    39.- Hernando Colón: la pasión por los libros.


    "Atesoró unos fondos de más de 17.000 volúmenes, muchos de ellos incunables, una cifra enorma para el inicio del siglo XVI".

    Las bibliotecas de la antigüedad, desaparecidas en el devenir de los siglos por saqueos, terremotos, incendios o concienzudamente quemadas en pilas por la intolerancia y la sinrazón, aparecen hoy envueltas por un romántico halo de grandeza. Alejandría, Pérgamo o la biblioteca califal de Córdoba siguen siendo hoy referencia de sociedades cultas donde se rendía devoción al cultivo del conocimiento y saber.


    Todavía hoy, en el inicio de un espectacular desarrollo de las nuevas tecnologías de comunicación y almacenamiento de datos e información, una biblioteca es un lugar sagrado, silente, discreto, donde el amor a la cultura es reverenciado. Aunque lógica y afortunadamente se irá incrementando el uso de los nuevos soportes informáticos no es cierto, como algunos afirman, que se inicia el ocaso de los libros. En el futuro habrá, y eso es magnífico, más electrónica; pero también habrá más libros. Y también veremos cómo se incrementa la afición por los buenos libros, especialmente por los antiguos. La bibliofilia no es una pasión en vías de extinción.


    España es una tierra donde el amor a los libros es antigua. Desde nuestros bellísimos manuscritos y beatos, pasando por la ingente tarea realizada por los copistas amanuenses de nuestros monasterios medievales, en esos siglos llamados oscuros siempre brilló, con mayor o menor intensidad, la vida propia de nuestros libros. Y fulgor propio, muy desconocido para el ciudadano medio, alcanzó la cultura escrita en la España musulmana. La biblioteca califal de Al-Hakem II no tuvo parangón en sus días. Algunos taifas posteriores también desarrollaron centros de saber alrededor de importantes bibliotecas.


    Pero es a raíz de la entrada de la imprenta en España en 1472 cuando el libro se comienza a popularizar. Escasos veinte años después de su invención, la imprenta llega a España y comienzan a editarse libros en nuestras ciudades y así nacen entre las clases pudientes las primeras bibliotecas privadas.


    El vendaval del Renacimiento también se extiende a través de los textos impresos con tipos móviles. Son años de vértigo: se extienden nuevas ideas, se imprimen libros, la España cristiana vence a la musulmana, los pendones de Castilla ondean sobre la Alhambra, se descubre América, España se convierte en una potencia mundial. Y en el corazón del vértigo está Sevilla. Y, como protagonista, la familia Colón. El almirante de la Mar Oceánica, descubridor de un continente, tiene dos hijos, uno legítimo –en la terminología de la época–, llamado Diego, y otro, ilegítimo, llamado Hernando. Hernando Colón.


    Hernando Colón, nacido en Córdoba en 1488 es uno de los mayores bibliófilos de la historia. Bibliófilo y bibliógrafo, ya que no sólo sentía la pasión por poseer y coleccionar libros de ediciones raras y hermosas, sino que además los conocía, los catalogaba, estudiaba y describía, es un personaje sumamente atractivo, acompañante e historiador de su padre en su cuarto viaje a América, eminente humanista y cosmógrafo, cortesano y hombre de su tiempo, un tiempo en el que quisimos volver a ser centro de la vida, superando añejos teocentrismos medievales. Pero Hernando Colón es algo más que un eminente hijo de su tiempo. Es sobre todo una biblioteca. Su obra más querida es la biblioteca Fernandina o Colombina, en la que Hernando Colón no sólo atesoró miles de volúmenes, sino que realizó los catálogos bibliográficos necesarios para clarificar su mundo de libros. Desde su infancia, en tiempos de los Reyes Católicos, conoció los libros. Se ha dicho que su padre, Cristóbal Colón, mercadeaba antes de su viaje a América con libros, en un momento en que se extendía el ansia de saber y conocer, con el vuelo otorgado con la imprenta a los conocimientos únicamente atesorados hasta entonces en anaqueles de monasterios. Los libros que trató en su infancia se convirtieron en su amor y su pasión. Fue el primero en pasar una colección al Nuevo Mundo, en las famosas cuatro arcas con unos doscientos cincuenta libros, algunos de ellos de enorme valor. Recorrió varias veces España y Europa visitando mercaderes de libros, invirtiendo toda su importante fortuna en adquirir los más raros y hermosos.


    Atesoró unos fondos de más de 17.000 volúmenes, muchos de ellos incunables, una cifra enorme para el inicio del siglo XVI. Probablemente, es la mayor biblioteca en todo el mundo occidental de su tiempo. Su afán de coleccionismo no se limitaba a los raros y carísimos ejemplares, sino que también daba orden de adquirir publicaciones más sencillas y populares, acumulando casi quinientos cuadernillos poéticos. Si estos fondos hubiesen perdurado, una parte importante de la obra de los Encina, Urrea o Rodrigo de Reinosa no se habría perdido.


    La biblioteca, que tuvo su sede en Sevilla, puerta de América de principios del siglo XVI, comenzó a disgregarse tras su muerte. Más de 10.000 volúmenes salieron por uno u otro motivo de la biblioteca madre, siendo la primera beneficiaria la Biblioteca del Monasterio de El Escorial. Los volúmenes que permanecieron en Sevilla pertenecen al cabildo catedralicio de la ciudad hispalense, denominándose hoy la Biblioteca Colombina, que, sin ser siquiera sombra de lo que fue, es todavía un auténtico tesoro bibliográfico.


    Hernando Colón no sólo fue el mayor coleccionista de libros, sino que creó su propio universo del saber de su tiempo. Y, como hombre del Renacimiento, quiso dominar, domesticar, abarcar todo ese conocimiento. Y trabajó en su análisis y clasificación elaborando completos catálogos, índices y tablas, trabajos indispensables para el conocimiento de los primeros libros europeos, algunos de ellos inexistentes en la actualidad, que sólo son conocidos por la meticulosa descripción y catalogación que Hernando Colón hizo de ellos.


    Y en estos momentos de revolución tecnológica, donde pretendemos almacenar y catalogar todo nuestro conocimiento en bibliotecas informáticas, deberíamos rendir homenaje a aquellas figuras humanistas renacentistas, también españolas, que tras el coleccionismo de belleza hecha libros buscaron dominar todo su saber. Desde entonces hasta ahora hemos incrementado nuestro bagaje de saberes, pero la llama íntima que sigue latiendo en la humanidad de atracción hacia la cultura y conocimiento lució como nunca en el hijo de Colón, don Hernando, al que damos un rendido homenaje de admiración y respeto.


    Manuel Pimentel
    Exministro de Trabajo y Asuntos Sociales
    ABC 25-11-99



    40.- Ante el V Centenario de la muerte de Colón.


    Cuando estudiaba Historia del Derecho Español, bajo la dirección del profesor Gallo, me empezó a llamar la atención el que Colón figurase en varios libros como genovés e hijo de un cardador de lana y una lavandera . En el libro del catedrático Gallo figuraba una maravillosa descripción de la sociedad medieval con sus costumbres, usos, leyes, fueros y derechos de los distintos sectores de la misma y se veía la radical separación entre nobles y plebeyos, separados por un muro inaccesible. ¿Cómo, entonces, Colón, con tales orígenes familiares, pudo obtener una educación con amplios conocimientos astronómicos, bíblicos e incluso geográficos, cuando al hijo de un plebeyo se le destinaba inevitablemente a la incultura y la analfabetización? ¿Cómo pudo relacionarse en su estancia en Portugal con nobles e incluso contraer matrimonio con una señora de la nobleza? ¿Cómo pudo estar más de un año como huésped del duque de Medinaceli, el señor más poderoso del reinado de los Reyes Católicos? ¿Qué misterio había para que se entrevistase con los Reyes y les exigiese privilegios y derechos que las normas y costumbres de la época impedían a un plebeyo?


    Reconozco que, desde entonces, me apasionó la lectura de los libros referentes a Colón, su vida, sus viajes, sus cartas y escritos, así como la portentosa hazaña realizada con el Descubrimiento de América que, como él señaló en su Carta dando cuenta del mismo, “beneficiaría a toda la Humanidad”, como hemos visto cumplido en estos cinco siglos. Recuerdo que en mis lecturas tropecé con el libro de Salvador de Madariaga, en el que su autor no afirmaba categóricamente que Colón fuera genovés, como se venía diciendo, y señalaba otras posibilidades sujetas a información, análisis y estudio.


    Pasaron los años y, en 1962, mi buen y querido amigo el duque de Veragua, Cristóbal Colón de Carvajal, en ocasión de su viaje a Nueva York para presidir la marcha que organizaban los hispanos el 12 de octubre, declaró en la televisión norteamericana que en sus archivos colombinos no había encontrado ningún documento que atestiguase que Colón era genovés, y así lo recogió el corresponsal Carrascal en una interesante crónica en el diario Pueblo .


    Cuando el duque regresó, tuvimos una agradable entrevista en la que me contó numerosas anécdotas de aquel viaje y me atreví a pedirle la constitución de una asociación para reunir a los estudiosos e investigadores sobre la figura de su ilustre antepasado. Cristóbal accedió inmediatamente, pero matizó que también debería dedicarse a impulsar el conocimiento de las naciones americanas y española, con becas a alumnos de aquellos países, exposiciones sobre la cultura de los mismos, conferencias, etc. Y así pusimos en marcha la Asociación Cultural Cristóbal Colón , que el duque presidió hasta el año de 1986, en que un vil atentado terrorista le quitó la vida.


    Pasaron unos años de tristeza y desconsuelo por la muerte de aquel aristócrata español, modelo de caballeros y militares, enamorado de la mar, como su antepasado, hasta que en una reunión anual de la asociación decidieron sus componentes nombrarme Presidente de la entidad que durante muchos años había desempeñado la Secretaria General.


    Y, desde la bella Isla de Mallorca, pusimos en marcha la II etapa del Boletín Informativo de nuestra Asociación. Muy pronto empezaron a incorporarse nuevos investigadores que hoy integran el Patronato de Honor de la misma.


    ¿Por qué Mallorca? No fue una decisión aleatoria. Lo hicimos porque una serie de estudios anteriores habían señalado a la isla como un lugar de muchos recursos y detalles sobre Colón: el Monasterio de San Salvador, Porto Colom, Margalida Colom, el Príncipe de Viana, la cartografía mallorquina en la época previa al descubrimiento de América...


    La Asociación Cultural Cristóbal Colón ha tenido la suerte de encontrar allí a un colaborador eficaz y laborioso, su actual Secretario General, Gabriel Verd Martorell, autor de dos interesantes libros que contribuyen a desvelar el misterio del origen del descubridor.


    Colón no pudo ser genovés, la prueba que afirma esto es falsa y no tendría validez ante un tribunal de la Historia: se basa en el testamento de Colón, pero en ese supuesto escrito se señala al Príncipe Don Juan, que había muerto cuatro meses antes de la fecha del documento, y es imposible que el testador, por su vinculación con los Reyes, no conociese ese luctuoso acontecimiento. A partir de ese falso documento se ha montado la tesis de un Colón italiano y lo triste del asunto es que numerosos investigadores españoles e historiadores de fama, sigan persistiendo en calificar a Colón de genovés. Pienso que la mayoría de ellos se han limitado a copiar lo que otros habían escrito anteriormente.


    Pasó la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, que fue una ocasión lamentablemente perdida por los organismos públicos y oficiales en la que no se hizo el más leve intento para ajustar la figura del Almirante a la realidad histórica y en la que, por el contrario, se criticó la hazaña del Descubrimiento y la presencia española en aquellas tierras. Cualquier malpensado podría decir, refiriéndose a aquella conmemoración, que había corrido una gran cantidad de dinero “negro” para sufragar esa campaña anticolombina y antiespañola.


    El 20 de mayo de 2006 se conmemorará el V Centenario de la muerte de Colón . Nuestra asociación se prepara ya para, en dicha ocasión, recordar la figura del Descubridor con la dignidad, respeto y veracidad que su figura exige, tras tantos años de falsedades y tergiversaciones.


    Son muchas las Academias de Historia de países americanos, Universidades y centros culturales de aquel continente los que se unen a esta campaña reivindicativa.


    Desde estas páginas, en nombre de la Asociación Cultural Cristóbal Colón , hago un llamamiento a entidades, empresas, periódicos, medios de comunicación -televisión, radio...- para que se unan a esta conmemoración y contribuyan así a dignificar la figura de Colón y la presencia que, por su gesta, ha tenido España en América. Estamos preparados y dispuestos a restablecer que Colón era español, de origen mallorquín y que su formidable empresa se hizo al servicio de España, de la Corona española y que en su época contó con la ayuda de ese magnífico pueblo español sin el cual la empresa hubiera sido imposible.


    Confiamos en recibir colaboraciones a nuestro intento pero, si así no fuese, seguimos adelante contra todos los obstáculos que se opongan a nuestro propósito de buscar la verdad sobre el origen mallorquín, español, de Colón.


    José Mª Domingo-Arnau y Rovira
    Académico C. de la Real Nacional de Jurisprudencia y Legislación; de la Academia Argentina de la Historia; de la Pontificia Academia Tiberina de Roma.

    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    41.- El descubrimiento de Sant Salvador.


    Llegado el 2 de agosto de 1492, el viaje que iba a inmortalizar a Cristóbal Colón estaba a punto de iniciarse. Las tres carabelas con todos los acopios necesarios estaban preparadas en el Puerto de Palos esperando de un momento a otro zarpar hacia Cipango.


    A la orilla del río, junto a las naves, estaban presentes familiares y amigos para despedirse de los hombres que habían decidido dejar el suelo de Castilla para ir en busca de lo desconocido.


    El viernes 3 de Agosto de 1492, “antes de la salida del sol con media hora”, Colón dio órdenes de zarpar. Una a una las tres gráciles carabelas impulsadas por la fresca brisa matutina, emprendieron su histórico viaje; Fray Juan Pérez les dió la bendición, deseándoles un feliz viaje y despidiéndose de ellos con un "¡hasta la vuelta!".


    La Pinta, La Niña y La Santa María acababan de emprender su viaje a Catay, tierras de Cipango, en demanda del Este por la derrota del Oeste.


    Tras haber zarpado, las tres carabelas pusieron proa al gran Océano rumbo a las Islas Canarias, pues según la geografía de la época la latitud de Cipango coincidía con la de las Afortunadas.


    El 6 de septiembre, de madrugada, las tres naves dejaron atrás el puerto de La Gomera y se lanzaron hacia lo desconocido. A partir de este momento, la gran experiencia, visión y habilidad de este joven almirante mallorquín iba a mostrarse en toda su grandeza.


    Tras el largo y difícil viaje por el inmenso océano, había llegado el momento de la gran esperanza. El día 11 de octubre soplaba con fuerza el viento y la velocidad de las naves crecía. Se navegó a “Ouesudueste”. Había mucha mar, más de la que en todo el viaje habían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra. Los de La Niña también vieron otras señales de tierra, con las cuales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, veintisiete leguas.


    Al atardecer navegaron a su primer camino al Oeste: andarían doce millas cada hora; y hasta dos horas después de medianoche recorrerían noventa millas, algo así como veintidós leguas y media.


    “El Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vido lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra, pero llamó a Pero Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, e díjole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y vídola; díjole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en la armada por veedor, el cual no vido nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Después que el Almirante lo dijo, se vido una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir e cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que vía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes habían prometido, que eran diez mil maravedis de juro a quien primero la viese”.


    Por fin, dos horas después de medianoche, apareció la tierra, de la cual estarían a dos leguas.


    La Pinta, que era la más velera e iba delante del Almirante halló tierra e hizo las señas que él había mandado. Soltó un tiro de lombarda y se izó la bandera. El primero que vio esta tierra fue el marinero que el Diario llama Rodrigo de Triana, pero su verdadero nombre era Juan Rodríguez Bermejo.


    Habían llegado a una isla que los indígenas llamaban Guanahaní, que pertenece al archipiélago de las Bahamas o Lucayas. El Almirante Morison, en los estudios y reconocimientos de distancias y costas hechos al efecto, confirmó la conclusión de que aquélla era la actual Watling, una isla coralífera situada hacia los 24º lat. N. y los 74º 30' al W. del meridiano de Greenwich; no obstante, otros investigadores continúan aún la discusión erudita acerca de si la isla a que se llegó por primera vez era Watling o Cat Island (llamada también Isla Grande de San Salvador).


    Una vez que hubieron llegado a la isla, el Almirante, después de haber ordenado echar anclas, hizo armar los botes y desembarcó con sus capitanes y otros jefes y oficiales de su flota. Iba suntuosamente vestido con su rico manto escarlata y llevaba en la mano la bandera real, mientras que Martín Alonso y Vicente Yáñez llevaban cada uno una bandera de la Cruz Verde con la F y la I coronadas a un lado y a otro de la cruz. Puestos en tierra, vieron árboles muy verdes y frutas de diversas formas, mientras la gente iba desnuda.


    El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron a tierra; a Rodrigo de Escovedo, Escribano de toda la armada y a Rodrigo Sánchez de Segovia, les dijo que le diesen fe y testimonio de cómo él, por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de dicha isla, por el Rey e por la Reina, sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían. En aquel mismo momento, a esta isla que los indios llamaban Guanahani, Colón la bautizó con el nombre de Sant Salvador.


    Fueron verdaderos instantes de emoción, especialmente para el Almirante, que después de tantos años de lucha y de afrontar dificultades, creía, con fe de Tomás, que sus sueños eran verdad: que por la ruta de Poniente había alcanzado el Levante.


    En este acto tuvo lugar una histórica catarsis. Como un retorno del Almirante al claustro materno, a su cuna, a las tierras de pan llevar que le vieron nacer y de las cuales no pudo hablar nunca por razón de Estado.


    Colón no podía llamar Terra Rubra o Alqueria Roja al Catay de sus sueños, pero sí Sant Salvador, nombre del Santuario de su madre Margarita, de sus tíos prófugos, de los marinos de Porto Colom, postrados a los pies del cerro mariano. Isla de Sant Salvador, no de El Salvador, sino “Sant Salvador”. Así llamó Colón la tierra primera que encontró en su camino a Cipango.


    El monte de Sant Salvador está situado en la parte este de Felanitx, a unos 7 kilómetros de su actual núcleo urbano. Su altura es de 509 metros sobre el nivel del mar. El origen de dicha denominación es oscuro.


    Por la primera década del siglo XIV ya moraban, por este contorno, ermitaños dirigidos por el P. Romeo de Burguera, que terminó sus días en 1313. La cueva que existe junto al camino, conocida con el nombre de “Sa Cova de S'ermita”, posiblemente sirvió de habitación a algunos de ellos.


    Llegado el año 1348, los jurados, en unión del Castellano de Santueri, propusieron a S.M. el Rey Pedro IV de Aragón les permitiera construir en la cúspide de este monte un oratorio dedicado al Santísimo Salvador, nombre primitivo de la ermita.


    Habiendo sido afirmativa la respuesta del monarca, los peticionarios empezaron las obras y, poco tiempo después, a los siete meses, el Santuario estaba concluido junto con una cisterna. El 27 de marzo de 1349 se solicitaba autorización del Diocesano para poder encargar el recién terminado edificio a un santero, vulgo “Donat”, llamado Pedro Bosch.


    A comienzos del siglo XV, un pastor cuyo nombre se desconoce, encontró en una gruta situada en la falda del mismo monte en el que pastoreaba su ganado, una imagen de la Santísima Virgen, de unos 50 centímetros de altura, ennegrecida por la humedad, pero conservando una singular belleza. La sagrada efigie, después de varios traslados, fue colocada en el oratorio de la cima. Al construirse el segundo templo, en 1595, era colocada ya en un artístico altar lateral, pues era mucha la devoción que se le tenía. Según un documento fechado en 1486, tenía para entonces una gran cantidad de joyas y una corona de plata donadas a la misma. Desde su hallazgo, la imagen de la Virgen fue y ha sido siempre el de Nuestra Señora de Sant Salvador.


    El 28 de octubre el Almirante fue en demanda de la isla de Cuba, la cual dice “que es aquella isla la más hermosa que ojos ayan visto, llena de muy buenos puertos y rios hondos” . “Dezian los indios que en aquella isla avia minas de oro y perlas y vido el Almirante lugar apto par ellas y almejas, qu'es señal d'ellos. Y entendía el Almirante que allí venian naos del Gran Can y grandes, y que de alli a tierra firme avia jornada de diez dias. Llamó el Almirante aquel río y puerto de Sant Salvador”.
    Cuenta Las Casas que el 14 de Noviembre mientras el Almirante seguía explorando la costa de Cuba, con relación a unas islas dice que “cree que estas islas son aquellas innumerables que en los mapamundos en fin de Oriente se ponen. Y dijo que creía que había grandísimas riquezas y piedras preciosas y especería en ellas, y que duran muy mucho al Sur y se ensanchan a toda parte. Púsoles nombre la mar de Nuestra Señora, y al puerto que está cerca de la boca de la entrada de las dichas islas puso puerto del Príncipe” .


    Mientras el Descubridor viajaba de isla en isla y de un lugar a otro, iba bautizando las islas y los diferentes lugares con nombres que él conocía, siempre en honor a alguien o en representación de algún lugar que le era conocido. Si antes había bautizado con el nombre de Sant Salvador a una isla, a un río y a un puerto, ahora acababa de bautizar a un mar, con el nombre de “Nuestra Señora”.


    Obsérvese, pues, la lógica colombina: la primera isla no fue “El Salvador”, sino “Sant Salvador”. La denominación original, históricamente correcta, del Santuario de Felanitx, es “Nuestra Señora de Sant Salvador”. La primera isla y el primer mar bautizados por el Almirante, juntos, componen el nombre exacto: “Nuestra Señora de Sant Salvador”. “Mar de Nuestra Señora”, “isla de Sant Salvador”. El apasionante crucigrama de Colón tiene mucha más lógica que la que aparenta. ¿Podía, acaso, el hombre de “Terra Rubra” decir más de lo que dijo, estando en juego lo que se jugaba en aquella partida nigromántica sin situar cada carta en su baraja y las barajas en anaquel bajo rótulo: “Top secret. Razón de Estado”?


    En 1493 la noticia de un descubrimiento de un Nuevo Mundo se extendió por todas partes, no solamente en España y Portugal que eran los países directamente interesados, sino por toda Europa.


    El primer vocero de tan estupendas nuevas fue el propio Almirante quien de regreso del primer viaje preparó varias cartas de las que conocemos dos: la enviada a Luis de Santángel y la dirigida a Gabriel Sánchez, Tesorero de Aragón. Ambas son prácticamente iguales.

    Dos fragmentos de la Carta de Colón a Luis de Santángel anunciando la llegada a las Indias y a la provincia de Catayo (China):


    En este fragmento se puede apreciar que Colón escribió "Sant Salvador", con -nt- final, hecho que ya en el siglo XV solamente era propio de Mallorca o Menorca y no de ningún otro lugar de los países de habla catalana.

    Aquí se registra el apellido Colom y no Colón, tal y como siempre se ha escrito en Mallorca desde el siglo XIII.


    En un fragmento de la carta enviada por el Almirante a Luis de Santángel, fechada el 15 de febrero de 1493 podemos leer: “Señor: Porque sé que avréis plazer de la grand vitoria que nuestro Señor me ha dado en mi viaje vos escrivo ésta, por la cual sabréis cómo en treinta y tres días pasé a las Indias con la armada que los illustríssimos Rey e Reina, Nuestros Señores me dieron, donde yo fallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y d'ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y vandera real estendida, y non me fue contradicho.


    A la primera que yo fallé puse nombre Sant Salvador a comemoración de su Alta Magestat, el cual maravillosamente todo esto a(n) dado; los indios la llaman Guanahaní. A la segunda puse nonbre la isla de Santa María de Concepción; a la tercera, Ferrandina; a la cuarta la Isabela; a la quinta la isla Juana, e así a cada una nonbre nuevo” .


    Obsérvese que tanto en su Diario como en la carta a Santángel Colón escribió “Sant Salvador” y no “San Salvador”.

    El historiador Onofre Vaquer en su obra ¿Dónde nació Cristóbal Colón? , nos cuenta que la consonante final en el grupo –nt–, ya en el siglo XV solamente era propio de Mallorca o Menorca y no de Ibiza.


    Este hecho prueba como otros muchos que Cristóbal Colón era originario de Mallorca.

    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón



    42.- Don Carlos, Príncipe de Viana, en Sicilia.


    L a muerte de Alfonso V convertía a Juan II en rey de Aragón, pero también hacía al príncipe de Viana heredero de todas las coronas de su padre. Ya príncipe propietario de Navarra, pasaba a ser primogénito de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Sicilia, y gobernador general de Cataluña, pues una antigua costumbre daba al heredero del trono la administración de esta gran provincia. Esta nueva situación tuvo para él dos importantes consecuencias. Juan II nunca había podido decidirse a reconocer a su hijo el libre gobierno de Navarra y se mostró menos dispuesto aún a reconocer su derecho hereditario a la sucesión de Aragón. Sus celos contra su hijo aumentaban a la vez que su fortuna. Además, Navarra dejó desde este momento de ser el único objeto de las preocupaciones del príncipe, cuya atención se volvió primero preferentemente a Cataluña.


    Navarra misma se sintió gravemente comprometida por el cambio que acababa de suceder en la situación de su caudillo legítimo. La unión de Navarra a Aragón pareció desde entonces inevitable y los partidos parecieron perder su razón de ser. Los beamonteses luchaban desde hacía siete años para conservar un rey nacional, pero ese rey había de ser un día rey de Aragón y Navarra nunca podría ser considerada por él más que un anexo de sus Estados. Los agramonteses habían hecho causa común con Juan II y sus aragoneses desde hacia siete años y se encontraron de repente representando un partido separatista, puesto que habían reconocido los derechos de la infanta Leonor. Ya no había, pues, un partido realmente nacional, un partido navarro autonomista. Quedaba sólo escoger entre el dominio aragonés con el príncipe de Viana y el dominio francés con Gastón de Foix. Sólo una cosa podría haber salvado la independencia del reino, en caso de muerte del príncipe de Viana: la proclamación de don Luis de Beaumont como rey de Navarra. Pero la extrema decisión de los navarros impidió al condestable llegar a tal resolución. Hubiera tenido que enfrentarse sólo con las fuerzas beamontesas a Aragón y al condado de Foix: el resultado de la lucha no habría sido dudoso. Todo se mezcló, por consiguiente, y a esta fecha de 1458 se aplica realmente la expresión ya citada: a partir de esta época puede considerarse acabado el reino de Navarra .


    ¿Cuál fue en este momento la actitud de don Juan y don Carlos? Zurita asegura que Juan II no habría querido otra cosa que dejar Navarra a su hijo, si éste se hubiese contentado con ella. Nada más falso: Juan no había relajado un poco su rigor hacia don Carlos más que por temor al rey de Aragón; muerto Alfonso V, su única meta fue combatir sistemáticamente al príncipe de Viana cada vez que reclamó el ejercicio de un derecho. Juan II conoció la muerte de su hermano en Tudela, el 15 de julio de 1458. Adoptó inmediatamente el título de rey de Aragón y de Navarra. Diez días después acudió a Sangüesa a prestar juramento a los fueros de Aragón y nombró a don Fernando duque de Montblanch, conde de Ribagorza y señor de Balaguer. El 18 de septiembre renovó su alianza con su hija Leonor y su yerno el conde de Foix y envió a Francia a García de Heredia, su chambelán, y a mosén Pedro Jiménez. El 22 de noviembre, Juan II hizo su entrada solemne en Barcelona; el 29 prestó juramento a las libertades de Cataluña. En el mes de abril de 1459, en Valencia, Juan II recibió a un embajador del rey de Portugal que ofrecía al príncipe de Viana la mano de su hermana Catalina. Juan respondió que le avisaría cuando su hijo hubiese vuelto a su obediencia. Mientras tanto, lo retuvo en Sicilia; después, asustado por la popularidad que había conquistado, le dio orden de dejar Sicilia y lo internó en Mallorca. Allí, sin concluir con él ningún acuerdo definitivo, obtuvo de él la cesión de todas las plazas beamontesas de Navarra, volvió a Pamplona, lo que no había podido hacer en nueve años, y, en cuanto hubo tomado posesión de Navarra, hizo arrestar al príncipe y retenerlo prisionero, sin querer explicar los motivos del arresto. Todos estos hechos nos dan de nuevo derecho a concluir que Juan II persistió después de la muerte de su hermano en todos los sentimientos de hostilidad que sentía hacia su hijo y que nunca tuvo intención de devolverle sus derechos hereditarios.


    Retrato del Príncipe de Viana del Códice de la Biblioteca Nacional.


    Don Carlos no tenía una meta menos clara que la de su padre. Quería que sus derechos a Navarra se reconociesen, quería ser declarado primogénito de Aragón, quería gobernar Cataluña como lugarteniente general. El derecho y la ley estaban incontestablemente a su favor, pero Juan II tenía la ventaja de poseer dos tercios de Navarra y todos los países de la Corona de Aragón. Don Carlos estaba en el exilio, sin ningún tipo de recursos y casi sin crédito. Tales eran, no obstante, la fuerza de su derecho y la simpatía que inspiraba que terminó por acercarse a su meta, después de peripecias inauditas que hacen de sus tres últimos años los más interesantes de su vida. Del exilio y la ruina llegó al poder sólo por la fuerza de la opinión pública y, por moderna que parezca esta expresión, los hechos la justifican plenamente. Casi a continuación de la muerte de su tío (el 27 de junio de 1458), don Carlos viajó a Sicilia. Estaba allí desde el 15 de julio. Su primer cuidado fue elegir nuevos árbitros para juzgar el proceso pendiente entre su padre y él. Decidió confiar su causa a las autoridades catalanas y les escribió una larga carta a este propósito. Se intitulaba orgullosamente “el primogénito de Aragón, de Navarra y de Sicilia, príncipe de Viana”. Si escogía a los catalanes como jueces era porque conocía “la gran virtud y lealtad que los habitantes del Principado siempre habían mostrado en tiempos antiguos, cuando disensos similares se alzaban entre los reyes y sus primogénitos” . Se comprometía a comportarse y disponerse tan bien para la paz que sería imposible negarle lo que exigía la equidad. Pedía a los catalanes “que no dejasen de intervenir ni de llevar adelante este asunto, en su nombre como en el de ellos, y si el señor rey u otros les daban a entender que el arbitraje se había confiado a petición suya a otras personas” , les exhortaba a no creer nada, ya que por muchas buenas razones que no creía necesario desarrollar, prefería dirigirse a ellos y no a otros. Les enviaba para entenderse con ellos a sus consejeros Juan de Monreal, tesorero de Navarra, y Pedro de Urrutia, juez de la Cort.


    El príncipe fue recibido en Sicilia con grandes demostraciones de alegría. Los pueblos conservaban el recuerdo de la reina Blanca, su madre, y le prodigaron señales de su fidelidad.


    Alfonso V había legado a sus sobrinos una renta de 12.000 ducados, que el rey Fernando le pagó durante varios años. Los sicilianos se mostraron también generosos; la ciudad de Messina, “viendo la gran necesidad que tenía”, contribuyó a sus gastos de boca y mantenimiento. Los Estados de Sicilia, reunidos en Castrogiovanni, le votaron un dono de 25.000 florines. Adquirió así algún crédito y lo empleó para procurarse dinero líquido. Se le ve tomar prestadas 100 onzas a uno, 10 onzas a otro, 100 ducados a Francisco de Riso, burgués de Nápoles, y otras sumas a Francisco Zaco y Federico de Spata.


    Quiso volver a su vida principesca. Los registros de su cancillería privada se llenan con documentos de nombramiento de oficiales de su hostal. Estos documentos, en general redactados en latín, están redactados en términos tan solemnes que harían pensar que el príncipe los tomaba en serio. En nueve meses, no hay menos de cuarenta y cinco nombramientos de este tipo, incluyendo funcionarios de todo nivel y todo grado. El príncipe tiene un vicecanciller y un canciller en Sicilia, dos consejeros privados y un consejero de cuentas, seis capellanes, tres mayordomos, cuatro chambelanes, dos médicos y tres boticarios, un escudero de panadería, un escudero trinchante y un botillero, un gran escudero, dos escuderos cabalgadores, palafreneros, un superintendente de las bestias de carga, un superintendente de los caballos, los arneses y las armas, un halconero, un gran armero, un guardián de la cámara de las armas y un ballestero. La policía de su hostal corresponde a un preboste y dos alguaciles; sus libros se confían a un guardián de los libros y a un bibliotecario. No hay que ver en estos documentos más que títulos de honor concedidos a servidores fieles o a personas devotas que el príncipe no habría podido recompensar de otra manera. Cuando nombra dos pintores en su hostal, ciertamente no les confiere más que una distinción honorífica. Aún más significativo es el certificado de buenos servicios dado a Leonor de Toledo, servidora del palacio. No obstante, el número de personas a contentar iba aumentando de día en día. La fortuna parecía sonreír al príncipe, volvía a tener sirvientes y cortesanos. Terminó por conceder empleos futuros, nunc pro tunc : en 1458 era viudo desde hacía nueve años y no tenía concretado ningún proyecto de matrimonio; no obstante, nombró un controlador de los bienes de la futura princesa de Viana. Todos estos oficiales honorarios se sentían vinculados más estrechamente al príncipe y formaban en torno a él una corte improvisada que le daba ilusión de poder.


    Don Carlos vivió sobre todo en Messina y Palermo durante su estancia en Sicilia, residió también algún tiempo en Castrogiovanni y Caltagirone, en el centro de la isla, y en Lentini, cerca de la costa oriental. Viajó de Palermo a Messina por mar. En sus viajes por el interior del país se servía de una litera de madera que había encargado en el mes de noviembre de 1458. Mientras vivía en Messina, pasaba la mayor parte de su tiempo en un convento de benedictinos, donde retomó sus estudios y sus trabajos literarios. Encantó a los monjes por su gracia, su modestia, su ciencia y su libertad. Cien años más tarde, los benedictinos de Messina contaban aún a Zurita anécdotas relativas a la estancia del príncipe en su convento. El entusiasmo que inspiraba llegó a tanto que le consideraron, desde entonces, un santo, aunque repartiese sus ocios entre los monjes de Messina y una hermosa hija de Sicilia llamada "la Capa": de baja extracción, pero de extraordinaria belleza, tuvo un hijo del príncipe, al que don Carlos reconoció y llamó don Alfonso de Navarra y Aragón, que llegó a ser después abad de San Juan de la Peña y obispo de Huesca.


    El príncipe de Viana no tenía título oficial en Sicilia. La isla estaba gobernada en nombre de Juan II por don Lope Jiménez de Urrea, que llevaba el título de virrey. Las relaciones del príncipe con el virrey parecen haber sido muy cordiales. Don Carlos recomienda a don Lope a uno de sus criados, Roger Spatafora, a quien se le negaba la justicia, aunque el Tribunal Supremo ya había fallado dos veces a su favor. Le ruega que interceda ante el rey de Aragón por su chambelán, que deseaba obtener el mando en uno de los castillos de Zaragoza; pide moratorias ante los tribunales para el prior de Messina, que padecía fiebres cuartanas, y para mosén Luis de Villaragut, que no puede hacer progresar su proceso porque su abogado está enfermo. A título de primogénito de Aragón y Sicilia interviene en ocasiones en el gobierno de la propia isla. El 7 de noviembre de 1458 ruega al virrey que envíe cuanto antes a Messina los troqueles necesarios para batir moneda. El 21 de noviembre apoya a los vecinos de Caltagirone que no habían elegido magistrados municipales en dos años; el príncipe añade que había sido partidario de no contentarles hasta que no se cobrase el impuesto, pero que el impuesto acaba de recaudarse y ya no hay razones para aplazar su deseo. El 22 de noviembre, don Carlos apoya ante el virrey a los vecinos de Catania, que se quejaban del barón Juan de Tarento, señor de su tierra. En todos estos casos, don Carlos no interviene todavía más que como abogado de las partes que se dirigen a él. Usa su legítima influencia ante el virrey, que sigue siendo libre de tomar sus decisiones. Otros hechos nos muestran al príncipe ejerciendo él mismo la soberanía. En Palermo, recibe el homenaje de la isla en nombre del rey. Tres de los vecinos principales se niegan a prestar juramento y quieren proclamar al príncipe rey de Sicilia; don Carlos los hace arrestar, les reprocha su rebelión y los deja ir. Hace así uso de un derecho político propiamente regio y de las prerrogativas judiciales de un verdadero soberano. Expide los salvoconductos de sus oficiales que viajan por mar, hace poner en libertad a un marino genovés que Pedro de Bolea había arrestado, aunque era portador de un salvoconducto del rey, y reprocha a Pedro de Bolea su insolencia y su presunción.


    Don Carlos tenía tal confianza en el futuro que escribía directamente a su padre y le proponía proyectos legislativos muy osados. Pedía que se instituyese un cónsul catalán en Alejandría para que los mercaderes españoles no estuviesen sometidos a la autoridad del cónsul florentino y tuviese también su barrio franco y sus almacenes. Esta idea era realmente política, pero Juan II debía de irritarse al ver a su hijo ocuparse de asuntos de estado; cuanto más popular se hacía el príncipe en Sicilia, menos dispuesto se sentía Juan II a trabajar con él.


    Las negociaciones entre padre e hijo no parecían haber hecho muchos progresos durante la estancia del príncipe en Sicilia. Don Carlos confiaba en el éxito final y se mostraba hacia su padre tan sumiso como respetuoso. Le recomendaba a sus servidores, como si la paz estuviese firmada ya, mantenía relaciones con el chambelán del rey, Rodrigo de Rebolledo, con el arzobispo de Zaragoza, hijo natural de Juan II. En una curiosa carta fechada el 14 de octubre de 1458, el príncipe de Viana pide a su padre que conceda al guardián de sus libros, Jaime de Mirabelle, dos pequeños cargos en Sicilia. “Deseamos, y consideraríamos una gran merced que dicho Jaime fuese nombrado con vuestro beneplácito y obtuviese la posesión a nuestra humilde petición y, así, muy excelente señor, os rogamos con todo el afecto de que somos capaces y suplicamos a Vuestra Majestad que tenga a bien poner a dicho nuestro secretario en posesión de los mencionados oficios” . Pero esta carta, escrita en un tono tan sumiso, está firmada “el príncipe de Viana, primogénito y gobernador general de Aragón y Sicilia” . Precisa la posición que adoptaba el príncipe ante su padre: quería comportarse como un hijo obediente y sumiso, pero no se planteaba sacrificar ninguno de sus derechos. Juan II no podía aceptarlo.


    El 15 de noviembre de 1458, los embajadores del príncipe en Cataluña le anunciaron que la paz estaba casi acordada. Don Carlos la supuso concluida: escribió la buena nueva a las gentes de Catania y de algunas otras ciudades de Sicilia. Juan II se sirvió del primer pretexto para volverse atrás de las concesiones que había parecido a punto de hacer. La silla episcopal de Pamplona estaba vacante y Juan II proponía como candidato al deán de Tudela, don Martín de Amátriain; el príncipe comprendió la importancia de que el obispo perteneciese al partido beamontés y propuso al Papa a don Carlos de Beaumont, hermano del condestable. El Papa, no atreviéndose a escoger entre el rey y su hijo, nombró al cardenal Besarión obispo de Pamplona. Zurita reconoce que el cardenal era “la personalidad más sobresaliente de la Iglesia, tanto por la religión como por las costumbres y la ciencia” . Pero Juan II quedó muy descontento de esta elección y atribuyó a las intrigas de su hijo el fracaso del deán de Tudela. El príncipe de Viana no se irritó por el fracaso de su candidato; le bastaba con haber evitado el candidato agramontés. Entró en relaciones con Besarión y le recomendó una gran prudencia: “la menor innovación pudo no sólo alterar, sino destruir el acuerdo proyectado entre el rey, su padre, y él” .


    No se equivocaba, ya que Juan II, renunciando a cualquier idea de arreglo inmediato, envió a Sicilia, desde el mes de enero de 1459, a don Juan de Moncayo, gobernador de Aragón, con la misión de instar a don Carlos a dejar Sicilia, donde era popular y apoyado. Retrasó su partida tanto como pudo y escribió cartas a las Cortes de Aragón y de Cataluña para obtener, por su intercesión, su llamada a España. Instruyó a sus partidarios sobre la situación de sus asuntos y les recomendó que actuasen con más prudencia que nunca. Estaba decidido a devolver a su padre todas las plazas que todavía le eran fieles en Navarra, incluso Pamplona, pero a condición de que su derecho hereditario se reconociese, que los rehenes beamonteses fuesen puestos en libertad por el rey y que se concediese una amnistía general a todos sus partidarios. En caso de ruptura de las negociaciones, antes que consentir en ser desheredado, el príncipe autorizaba a don Juan de Beaumont a contraer una alianza, en su nombre, sea con el duque de Bretaña, sea con el rey de Castilla, al que ofrecía casarse con su hermana Isabel en cuanto fuese núbil. El príncipe percibía bien que Navarra era su principal punto de apoyo; en los primeros meses de 1459 se le ve expedir a Pamplona cierto número de órdenes: parece querer retomar de repente un papel más directo en el gobierno del país. Tenía aún más razón porque su padre había firmado el 17 de junio en Valencia un tratado con el rey de Francia. Carlos VII se comprometía a apoyar a Juan II en caso de una guerra con el príncipe de Viana, incluso si el rey de Castilla tomaba partido por éste. En el mes de julio de 1459 fue imposible para el príncipe retrasar más su salida. Reunió siete galeras de guerra, puso tres bajo el mando del catalán Nicolás Vinot y las hizo zarpar de Palermo el 23 de julio. El comandante de la vanguardia recibió instrucciones minuciosas y al salir el príncipe todo se previó por adelantado: orden de salida de las galeras, medidas a tomar para la seguridad de la flota, número y disposición de los centinelas, navíos de vigilancia, señales, posición de los varios pabellones en la nave, navíos que se podrían perseguir, etc. En los primeros días de julio de 1459, un poco más de un año después de su llegada a Sicilia, don Carlos salió de Palermo y se dirigió a Cerdeña. Los costes muy notables que había tenido que soportar para fletar sus galeras habían agotado sus recursos. Dejaba incluso deudas en Sicilia; el virrey se había opuesto a que su capilla se embarcase, para retenerla como prenda en beneficio en los acreedores del príncipe.


    El 3 de agosto don Carlos llegó a Cagliari y decidió aprovechar las ofertas de servicio que le habían hecho los sardos para pedirles algo de dinero. Tomó como embajadores ante las Cortes de Cerdeña a don Jaime Aragalle, gobernador general, y a don Jaime Caza, veguer de Cagliari. Les dijo que aceptaría con gratitud todo lo que tuviesen a bien darle, ya que estaba muy apurado y agobiado por las deudas de alquiler y mantenimiento de la flota. Volvió por dos veces sobre este importante punto en el curso de sus instrucciones e instruyó a sus enviados para que insistiesen a su favor ante el virrey, don Juan de Flores, y ante el procurador real. También para don Carlos la creación de oficios era una solución para paliar su crisis financiera y encontramos ocho nombramientos de oficiales datados en Cagliari el 4 de agosto. Paga a sus acreedores concediéndoles títulos con valor sólo futuro.


    El príncipe se limitó a aparecer por Cerdeña. El P. Queralt dice que los sardos quisieron hacerlo rey y que el príncipe hizo arrestar y llevar a España a los cónsules de Cagliari, a ocho barones y veintitrés caballeros que habían participado en el complot, pero la estancia del príncipe fue de demasiada corta duración para que el hecho sea probable. Desde su llegada, don Carlos expidió a Nicolás Vinot y su vanguardia a Mallorca con su equipaje mayor, sus mulas y sus caballos. Salió él mismo casi a la vez, sin haber conseguido de las Cortes de Cerdeña una respuesta favorable.


    Tenía intención de ir directamente a Mallorca pero, por culpa de sus marineros, pasó ante la isla sin verla y llegó el 15 de agosto al puerto de Salou, en las costas de Cataluña, tres leguas al sur de Tarragona. Instruyó de inmediato al concejo de Barcelona del incidente que retrasaba su llegada a Mallorca y les aseguró que en cuanto hubiese descansado iría a la isla, donde su padre le había ordenado que esperase su decisión. Aprovechaba la ocasión para recomendar de nuevo su causa a las autoridades catalanas. El 17 de agosto envió al rey cuatro embajadores, elegidos entre las diferentes naciones del Estado aragonés: un siciliano, don Pedro Adoleti, su confesor, un navarro, don Pedro de Sada, su vicecanciller, un catalán, don Bernardo de Requesens, y un aragonés, don Lope Jiménez de Urrea, virrey de Sicilia. Debían entregar a Juan II las proposiciones detalladas del príncipe y acelerar en lo posible la solución del debate. Don Carlos reclamaba para los suyos una serie de garantías: amnistía general confirmada por las Cortes de Navarra y Aragón, puesta en libertad de los rehenes, restitución de los bienes de la princesa Blanca, del condestable y de don Juan de Beaumont, y la confirmación por el rey de todas las donaciones hechas por el príncipe. Pedía para sí mismo la restitución del principado de Viana y del ducado de Gandía, el derecho de vivir donde quisiese, él y los de su casa; quería ser reconocido formalmente como primogénito por todos los Estados de la Corona de Aragón. Se comprometía a entregar todas las plazas beamontesas, pero para asegurar su derecho hereditario a Navarra, pedía que Navarra se incorporase a Aragón. Aconsejaba a su padre que eligiese un representante y un consejo que gobernasen Navarra en su nombre y que diese la custodia de los castillos de las capitales a catalanes o aragoneses, que prestarían homenaje vitalicio al rey y al príncipe a la muerte del rey. Por último rogaba al rey que se ocupase de su matrimonio y, aunque el príncipe no pronuncia el nombre de ninguna princesa, Zurita ve en este ruego una alusión a los proyectos de boda de don Carlos con la infanta Isabel de Castilla. Después de la expedición de esta embajada, el príncipe se hizo inmediatamente a la mar y llegó a Mallorca el 20 de agosto de 1459.


    El proyecto que acabamos de analizar demuestra el profundo cambio que habían sufrido las ideas del príncipe desde que era primogénito y muestra el carácter completamente aragonés de su nueva política.


    Georges Desdevises du Dezert
    DonCarlos de Aragón, príncipe de Viana
    Publicado por el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999
    Boletín número 17 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón




    43.- Cultura general de Colón (Primera parte).


    A l tratar de los conocimientos o cultura general de Colón, tan discutida por una y otra parte, en pro y en contra, hay que confesar que por igual yerran los que lo califican de ignorante repetidor de la ciencia ajena, como los que lo ensalzan como sabio. No fue ni lo uno ni lo otro, pero tuvo indudablemente de sabio más de lo que muchos imaginan. Puede dudarse de cuanto se afirma sobre sus estudios en la Universidad de Pavía. Para ser un técnico profesional o especializado le faltaba no poco. De su correspondencia directa, científica, de altos vuelos cosmográficos con el sabio florentino Paulo del Pozzo Toscanelli, no se tienen ni medianas pruebas. Si fue de veras algo, fue lo que de sí mismo confiesa, un sabidor en fechos de mar , esto es, un hombre práctico que contrastó y perfeccionó sus conocimientos teóricos con los más de veintitrés años de mar que el propio afirma que estuvo en ella. Su erudición tampoco fue muy extensa. Aunque le fuesen familiares las Imagini (después Pío II) y los relatos más o menos exagerados de Marco Polo, además de algunos libros más, después de la Biblia , no es este bagaje científico, sino su genio, su certera observación de los hombres y de las cosas y su voluntad diamantina lo que plasmó en él al hombre extraordinario que sería género de injusticia muy grave no querer reconocer.

    Una de las falsedades asestadas contra Colón fue atribuirle el orgullo de la omnisciencia. En realidad, Colón no pensaba tan alto de su propia cultura. En su Carta-misiva escrita a la nodriza del Príncipe Don Juan, cuando venía preso de las Indias, le dice: «Bien que yo sepa poco, no sé quien me tenga por tan torpe que yo non conozca que aunque las Indias fuesen mías yo no me pudiera sostener sin ayuda de Príncipe» .

    Colón era, desde luego, un hombre más instruído de lo que generalmente se supone. La lengua latina era de las que mejor sabía. Esto da a entender no sólo las muchas citas de obras escritas en latín por él consultadas, sino las varias traducciones que hizo de pasajes que más le impresionaron a lo largo de sus lecturas.

    Así, en el Libro de las Profecías , traduce muy garbosamente aquellos versos del acto segundo de la Medea , de Séneca, alusivos al Nuevo Mundo: Venient annis sæcula seris, etc.

    De la obra de Pedro d'Ailly (1396), De quantitate terræ habitabilis , copia y traduce casi literalmente un pasaje sobre la existencia de las antípodas, en una carta que enderezó a la Reina Católica, hacia mediados de octubre de 1498, según opinión de Humboldt.

    Sobre la cultura de Colón planea también el misterio. ¿Tuvo estudios académicos? ¿Cuáles fueron sus maestros? Nadie sabría responder satisfactoriamente a estas preguntas. Si los tuvo, como los que patrocinan que fue alumno de la Universidad de Pavía, ¿cómo se explican los documentos genoveses que nos lo presentan como un artesano, dedicado toda la vida a cardador de lana o de seda o a comerciante o traficante en vinos? Si no los tuvo, no se explican de manera satisfactoria sus profundos conocimientos en Matemáticas, en Geografía, en Astronomía y, sobre todo, en Náutica, que le permitiesen capitanear una escuadra por mares desconocidos hasta hallar lo que buscaba. Tampoco se explica, en esta segunda hipótesis, que pudiese mostrar en sus escritos que conocía con bastante profundidad la Biblia y las obras de los Santos Padres y que había leído a Aristóteles y a Estrabón, a Ptolomeo y a Josefo y otros autores griegos, a los árabes Averroes y Alfagrán y a los autores latinos Julio César, Séneca, Plinio y Julio Capitolino, San Isidoro de Sevilla y San Beda el Venerable, Duns Scoto y otros, además de las obras del Abad Joaquín, calabrés, del matemático Sacrobasco, del franciscano Nicolás de Lira, de Alfonso el Sabio, de Gersón, Regiomontano, Marco Polo y a otros más que cita en sus escritos.

    El Cristóforo Colombo que exhiben los documentos de Génova es un analfabeto dedicado al oficio manual de cardador de lana o de seda, que para el caso es lo mismo. En cambio, el Colom Descubridor de América, no sólo se nos presenta como un marino culto y expertísimo, sino también como un gran erudito de su profesión. En primer lugar, además de muy leído en la Biblia, aparece como conocedor directo de autores griegos, latinos, árabes, castellanos y aun de otras lenguas y culturas. Cita el parecer de Aristóteles, Ptolomeo y Josefo, que escribieron en griego. En la carta que dirigió a los Reyes Católicos, relatándoles su tercer viaje, por tanto anterior a 1500, descubre su erudición clásica cuando escribe: «Yo no hallo ni jamás he hallado escriptura de latinos ni de griegos que certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraíso terrenal» , y pocos párrafos más adelante afirma, citándolos también, que «San Isidro (Isidoro) y Beda y Strabón, y el maestro de la historia escolástica, y San Ambrosio y Scoto, y todos los santos teólogos conciertan que el Paraíso terrenal es en el Oriente» .

    De los autores clásicos latinos cita, asimismo en la misma relación, a Plinio y Séneca; y de los griegos, a Ptolomeo y a Aristóteles; y a renglón seguido a San Agustín y a San Ambrosio, a Nicolás de Lira y a Francisco de Mairones, el Abad Joaquín, calabrés. Más aún llama la atencion la cita de las obras del filósofo árabe Averroes y mucho más las numerosas citas de los libros de la Biblia, en especial el Apocalipsis, que es el más difícil de todos. De alusiones a otros muchos sabios y a hechos de la historia de Oriente, Grecia y Roma están casi empedrados sus escritos.

    Ahora bien: ¿es posible que quien poseía tan selecta erudición clásica y medieval, que quien escribe garbosa o por lo menos corrientemente en latín, castellano y catalán pueda identificarse con el analfabeto cardador de lana, el Cristóforo Colombo de Génova? No es posible ni viable.

    Respecto de la cultura de Colón, los pareceres también pugnan entre sí, como en todo lo demás que a él se refiere, desde su nacimiento hasta su sepultura. A un tan extremado panegirista suyo como lo fue, en el siglo XIX, Roselly de Lorgues, le parece en definitiva que "no estamos en el caso de ensalzar en manera alguna la ciencia de Colón, que no era cosmógrafo, ni tuvo jamás la honra de formar parte de ninguna comisión científica, ni de pertenecer a la más insignificante academia". Pero, eso sí, añade que "sin embargo, su propia penetración, la sagacidad de sus observaciones le ponen en el caso de alcanzar grandes verdades cosmográficas y en la historia del progreso de las ciencias ha ocupado un lugar del que nadie le desposeerá jamás". Y esto, principalmente, porque, "desprovisto como estaba de instrumentos y del auxilio de los conocimientos modernos, no por esto dejaba de abordar su genio los grandes aspectos de la Naturaleza para sondear sus profundidades. No intimidaban la audacia de sus investigaciones las influencias atmosféricas, la dirección de las corrientes, la reunión de las plantas marinas, las diversas densidades de las capas acuosas, los principios de las divisiones climatéricas, su relación con la diferencia de los meridianos, aquellos secretos entonces imponentes y severos. De su contemplación de los fenómenos del mundo exterior sacaba para la ciencia adquisiciones que nadie igualó jamás. Ya que la falta de espacio nos impide exponer aquí sus grandes miras, sus atrevidos juicios acerca de la naturaleza, las conquistas de su genio en lo desconocido, que él penetraba tan osadamente, nos limitaremos a citar aquí los principales descubrimientos que más resaltan en sus escritos:

    1.º– La influencia que ejerce la longitud en la declinación de la aguja imantada.
    2.º– La inflexión que experimentan las líneas isotermas prosiguiendo el trazo de las curvas desde las costas occidentales de Europa hasta las orientales del Nuevo Mundo.
    3.º– La gran situación del banco de fuco que flota en la cuenca del Océano Atlántico, aprisco neptuniano, donde se abrigan, preparan y forman las bandadas de peces destinados a nuestro alimento.
    4.º– La dirección general de la corriente de los mares tropicales.
    5.º– Las causas geológicas de la configuración del Archipiélago de las Antillas.
    6.º– El entumecimiento ecuatorial que implica el achatamiento de los polos.
    7.º– El equilibrio continental del Globo, que no se suponía.

    Además de su descubrimiento del Nuevo Mundo, debe la Humanidad a Colón esas siete indicaciones, la menor de las cuales de seguro hubiera dado fama a toda una Academia."

    En lo que no estamos conformes con Roselly de Lorgues es en suponer que "esas conquistas no eran el fruto de la ciencia adquirida, sino la recompensa de una asiduidad unida a cierta facultad de observación que le permitía comparar y comprender la razón de los fenómenos de este mundo".

    Indudablemente, Colón, "estaba apoyado por la ciencia, como lo aseguran todos los sabios, de acuerdo con Humboldt", según el mismo Roselly reconoce. En lo que éste tiene razón es en afirmar que "lo que distingue a Colón de los poetas y naturalistas es que muestra la observación del naturalista, siendo poeta, y el sentimiento del poeta desplegando la sagacidad del naturalista".

    El más interesante testimonio de la cultura de Colón es el que dio él mismo cuando escribió: "Todo lo que hoy se navega he andado. Tracto e conversación he tenido con gentes sabias, eclesiásticas e seglares, latinos y griegos, judíos y moros, y con muchos de otras sectas; a este mi deseo hallé a Nuestro Señor muy propicio y hube dél para ello espíritu de inteligencia.
    "En la marinería me hizo abundoso, de astrología me dió lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética, e ingenio en el ánima y manos para dibujar esta esfera, y en ella las ciudades, ríos y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio. En este tiempo he ya visto y puesto estudio en ver todas escrituras, cosmografías, historias, crónicas y filosofía y de otras artes...
    "De forma que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, a que era hacedero navegar de aquí a las Indias y me abrasó la voluntad para la ejecución dello, y con este fuego vine a Vuestras Altezas."

    Los conocimientos astronómicos y geográficos de Colón estaban basados en las obras de Estrabón y Ptolomeo y en libros como la Imago Mundi del Cardenal Pedro d'Ailly (=Alliaco). De la ciencia española (cuya determinación de las longitudes se hacía por medio de la astronomía y se alcanzaba, en consecuencia, una perfección suma), tenía escasas noticias. Era un empírico en lo que se refería a las navegaciones y un escolástico en los problemas científicos. No es extraño, entonces, que sostuviera los errores de los grandes geógrafos de la antigüedad y afirmara, con la pasión de sus ideas fijas, que la circunferencia terrestre era un cuarto más pequeña de lo que es en realidad.

    Colón calculaba que el paralelo de Lisboa tenía en torno a la tierra quince mil cuatrocientas cincuenta millas y que en el Ecuador alcanzaba a veinte mil cuatrocientas millas, o sea, treinta mil doscientos kilómetros, mientras que la medida exacta es unos cuarenta mil. En d'Ailly había aprendido que Europa y Asia ocupaban gran parte del globo y que el Océano interpuesto era de extensión limitada. La enorme longitud atribuída a la India no fue, como supuso Elter, la causa que impulsó a Colón a intentar el viaje entre España y el Oriente. La única causa, de acuerdo con la demostración de Eginitis, fue la supuesta pequeñez del Océano. El mismo Colón lo declaró en sus apostillas": "Entre los confines de España y el principio de la India el mar es limitado y navegable en pocos días" , y "la India está próxima a España" .

    Estas palabras son la repetición exacta de los gruesos errores de Estrabón y Ptolomeo. Ellas constituyeron, también, como observó Almagiá, "por entero, el núcleo de su proyecto".

    En la carta fechada en Jamaica, el 7 de julio de 1503, vuelve a exponer sus concepciones cosmográficas: "Tolomeo diz que la tierra más austral es el plazo primero y que no abaja más de quince grados y un tercio. E el mundo es poco: el enjuto de ello es seis partes, la séptima solamente cubierta de agua... digo que el mundo no es tan grande como dice el vulgo, y que un grado de la equinoccial está cincuenta y seis millas y dos tercios" .

    La concepción de Colón es, en su totalidad, la misma que los geógrafos griegos tenían del mundo y de la proximidad de la India y las columnas de Hércules, Aristóteles, Séneca, Posidonius y Ptolomeo –al igual que Edrisi y otros repetidores, siglos después–, pensaron en la travesía del Océano para unir el Oriente y el Occidente, Colón aceptó ciego los errores de Ptolomeo sobre la extensión del Océano. La lectura de Marco Polo facilitó su proyecto haciéndole creer que Cipango, el Japón, hallábase en pleno Océano. La carta de Toscanelli confirmó estas ideas y agravó en diez grados el error de Ptolomeo en lo referente a la pequeñez del Océano y la enorme amplitud de Asia.

    Su modo de pensar, en conjunto y en detalle, no podía estar más equivocado. Era un error inmenso constituido por muchos errores. Los sabios españoles, cuya ciencia astronómica y geográfica les hacía conocer el mundo en sus exactas dimensiones, no aceptaban esos viejos errores, tantas veces refutados; pero Europa entera, atrasada mil seiscientos años en conocimientos geográficos, repetía convencida las enseñanzas griegas. Colón fue el más grande defensor de estos errores... No hay que olvidar un hecho casual y a la vez extraordinario: la enorme extensión que Ptolomeo, Toscanelli y Colón daban a Asia, situaba sus costas orientales precisamente donde se encontró América.

    El Descubridor no inventó, pues, una vez llegado al Nuevo Mundo, la teoría de haber alcanzado el Asia, como supusieron Vignaud y sus continuadores. Partió de Palos con la seguridad científica –basada en toda la autoridad– de que hallaría las costas de Asia donde, en efecto, realizó su inmortal Descubrimiento. Es por todo ello que Colón murió convencido de que las tierras por él descubiertas no eran las de un mundo nuevo, desconocido e insospechado, sino las que, científicamente, de acuerdo con los cálculos de Ptolomeo, debían hallarse en ese lugar. El Descubrimiento de América, estudiado en su verdadera concepción científica, no puede definirse más que en una sola frase: fue el más grande error de Ptolomeo llevado a la práctica por Cristóbal Colón.

    Y si nos detenemos un instante, después de estas conclusiones, a pensar que fue Colón, no debemos considerarlo ni un iluso ni un ignorante. Colón no tenía ni las ilusiones de un loco ni la ignorancia de un analfabeto. Si hubiese sido un sabio, como los cosmógrafos españoles que conocían, en forma exactísima, desde el siglo IX, con el Fargani, las dimensiones de la tierra, no habría emprendido nunca, por imposible, su audaz travesía. Tuvo la cultura necesaria para concebir una empresa a su juicio realizable. Y por encima de los conocimientos que se adquieren en los libros tuvo dos cualidades superiores que sólo se encuentran en los hombres de excepción: una constancia maravillosa y un heroísmo sorprendente. Su fuerza de voluntad fue la de un genio y su espíritu heroico, a menudo temerario, tiene iguales, pero no superiores. Además, en su vida hay un hecho providencial y asombroso: la sorpresa de la barrera de América que no dejó perder sus naves en la inmensidad del Océano ignoto. Por estas razones, Colón sería siempre la más grande figura de la historia humana, después de otro hombre que pertenece a la historia divina.

    Enrique Bayerri y Bertomeu
    Historiador. Colón tal cual fué (Barcelona, 1960)
    Boletín número 17 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón


    44.- Colón en Barcelona.


    T ras haber llegado el 15 de marzo de 1493 al Puerto de Palos, el Almirante tenía previsto ir por mar a Barcelona para rendir cuenta de su primer viaje a los Reyes, pero mudó de propósito y lo realizó unos días después desde Sevilla.


    Los Reyes Católicos, después de haber recibido encantados la buena nueva del descubrimiento, desde Barcelona, donde se encontraban a la sazón, escribieron una carta a Colón el 30 de marzo tratándolo como “Don Cristóbal Colón, nuestro Almirante del Mar Océano, e Visorey y Gobernador de las islas que se han descubierto en las Indias” : al mismo tiempo se expresan con una sensación de prisa que iba a estar presente en toda la correspondencia con él durante varios meses: “y porque queremos que lo que habeis comenzado con el ayuda de Dios se continúe y lleve adelante, y deseamos que vuestra venida fuese luego: por ende, por servicio nuestro, que desde la mayor prisa que pudieredes en vuestra venida, porque con tiempo se provea todo lo que es menester, y porque como vedes, el verano es entrado, y no se pase el tiempo para la ida allá, ved si algo se puede aderezar en Sevilla o en otras partes para vuestra tornada a la tierra que habeis hallado: y escribidnos luego con ese correo que ha de volver presto porque luego se provea como se haga, en tanto que acá vos venís y tornais: de manera que cuando volvieredes de acá, esté todo aparejado” .


    Después de una breve estancia en Sevilla, que dedicó a la preparación de su segundo viaje, el Almirante y Virrey de las Indias se puso en camino hacia Barcelona. Llevaba consigo seis indios portadores de jaulas con papagayos multicolores, extraños objetos traídos de Indias, así como algunas muestras de oro.


    En el ínterin, y según cuenta Las Casas: “Tomó comienzo la fama a volar por Castilla, que se habían descubierto tierras que se llamaban las Indias, y gentes tantas y tan diversas, y cosas novísimas, y que por tal camino venía él que las descubrió, y traía consigo de aquella gente; no solamente de los pueblos por donde pasaba salía el mundo a lo ver, pero muchos de los pueblos, del camino por donde venía, remotos, se vaciaban, y se hinchian los caminos por irlo a ver, y adelantarse a los pueblos a recibirlo”.


    A finales de abril, Cristóbal Colón fue recibido por los Reyes. La Reina en aquella fecha apenas había recuperado los ánimos habiendo visto a don Fernando luchar con la muerte a consecuencia del atentado de que había sido víctima el viernes 7 de diciembre.


    El Rey y la Reina recibieron al Almirante Mayor rodeados de toda la Corte, encabezada por el Príncipe Juan.


    Los Reyes asombraron a sus cortesanos otorgándole dos honores singulares, hasta entonces reservados a los más grandes de entre los grandes: se levantaron para recibirle y cuando les hubo besado las manos le ofrecieron un escabel.


    En cuanto al discurso que pronunció ante los Reyes, cuenta Las Casas que el relato del Almirante impresionó de tal modo a los Reyes, que cayeron de rodillas con lágrimas en los ojos y los cantores de la capilla de la reina “cantan Te Deum laudamus y responden los menestriles altos, por manera que parecía que en aquella hora se abrían y manifestaban y comunicaban con los celestiales deleites”. Por orden de sus Altezas, la Corte entera acompañó al Almirante a su posada aquella noche. Los Reyes estaban en verdad hondamente impresionados. Siguieron lloviendo mercedes reales sobre la gloriosa testa del Almirante Mayor. El Rey le hizo cabalgar a su lado, con el Príncipe don Juan al otro, privilegio hasta entonces reservado a la sangre Real”.


    Tras haber sido recibido por los Reyes y mientras estaba en la Ciudad Condal, el Almirante estuvo presente en varias fiestas. Cuenta Las Casas que Colón fue invitado a una comida por el Gran Cardenal de España don Pedro González de Mendoza, hermano del Duque del Infantado, el cual “le llevó un día saliendo de Palacio a comer consigo, y sentole a la mesa en el lugar más prominente y más propincuo a sí, e mandó que le sirviesen el manjar cubierto e le hicieren salva; y aquella fué la primera vez que al dicho Almirante se le hizo salva, y le sirvieron cubierto como a señor, y desde allí adelante se sirvió con la solemnidad y fausto que requería su digno título de almirante”.


    El 23 de mayo los Reyes le hacen merced de mil doblas de oro; el 26 se le otorga el derecho de alojarse con cinco de sus criados dondequiera que fuere, pagando sólo su comida a los precios corrientes; el 28 los Reyes le confirman solemnemente sus títulos, honores y privilegios definidos en las Capitulaciones de Santa Fe; el mismo día se le dan cartas reales nombrándole Capitán General de la segunda flota de las Indias y autorizándole para nombrar a las personas por él escogidas para el gobierno de las Indias, mientras se adoptaban las medidas para organizar el sistema a tal fín establecido en las capitulaciones.


    Del 28 de mayo de 1493, existen tres documentos de incalculable valor histórico, insertados en el Libro de los Privilegios del Almirante don Cristóbal Colón , publicado por la Real Academia de la Historia, en Madrid (1951), en los cuáles se llama al Almirante “don Christoval Colom” hecho que prueba que su verdadero apellido era COLOM y no COLOMBO.


    El primero de ellos es la Carta patente dada en Barcelona a 28 de mayo de 1493, en la que se manda a los capitanes, maestres, etc. de naos y carabelas que obedezcan a Colom como Capitán General, Almirante, Virrey y gobernador.


    El segundo es la Real Cédula fechada en Barcelona a 28 de mayo de 1493, autorizando al Almirante para nombrar persona que en su ausencia pueda expedir cartas y provisiones en nombre y con sello de los Reyes.


    Y el tercero es la Provisión fechada en Barcelona el mismo día que el documento anterior, dando facultad a Colom para que provea los oficios de gobernación de las Indias en personas de su elección. Sigue en una cláusula final el testimonio de traslado, que firma en Santo Domingo el escribano Diego de Alvarado.


    Las noticia del descubrimiento de un Nuevo Mundo se extendió por todas partes, no solamente en España y Portugal, que eran los países directamente interesados, sino por toda Europa.


    El primer vocero de tan estupendas nuevas fue el propio Almirante quien de regreso del primer viaje preparó varias cartas de las que conocemos dos: la enviada a Luis de Santángel y la dirigida a Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón. Ambas son practicamente iguales: Harrisse opina que la primitiva es la enviada a Gabriel Sánchez y que la de Santángel es un duplicado. Pero el texto impreso que se hizo famoso es, según consta al final, el dirigido a Santángel, el “escribano de ración”.


    De la carta a Santángel se hizo una primera impresión ya el 29 de abril de 1493, en Barcelona, en los talleres de Pedro Posa; de ella el único ejemplar conocido está en la New York Public Library. Hubo luego una serie de ediciones extranjeras, de las que se habla a continuación.


    De la Carta de Colón anunciando el Descubrimiento del Nuevo Mundo se conocen diecisiete ediciones. En muchas de ellas al igual que la anteriormente citada figura registrado el apellido Colom . Entre ellas cabe citar tres ediciones hechas en latín en Roma:


    I (Roma, Stephanus Plannck, mayo 1493) Epistola Christofori Colom... En 4.º, 8 páginas. Consta sólo el nombre del rey Fernando.
    II (Roma, Stephanus Plannck, 1493) Epistola Christofori Colom... en 4.º, 8 páginas. Segunda edición, con los nombres de los reyes Fernando e Isabel.
    III (Roma, Eucharius Argenteus, 1493) Epistola Christofori Colom... En 8.º, 6 páginas.
    IV (Amberes, Thierry Martens, 1493) Epistola Christophori Colom... En 4.º, 8 páginas.
    V (Basilea, Jacob Wolff de Pforzheim o Michel Fuerter y Johan Bergmann) De insulis inventis. Epistola Cristoferi Colom... En 8.º, 16 páginas, más las cubiertas. Con grabados.
    VI (Basilea, Johan Bergmann de Olpe, 1494) De insulis nuper in mari Indico repertis. De insulis nuper inventis. Epistola Christoferi Colom... Inserta entre los folios 29-36 de la obra de Carolus Verardus. “In Laudem Serenessimi Ferdinandi Hispaniarum regis...” Con grabados.
    VII (París, Guyot Marchant, 1493) Epístola de insulis de novo repertis . En 4.º, 8 páginas.
    VIII (París, Guyot Marchant, 1493) Epistola de insulis noviter repertis. En 4.º, 8 páginas.


    Fragmento de la Real Cédula fechada en Barcelona a 28 de mayo de 1493, autorizando al Almirante para nombrar persona que en su ausencia pueda expedir cartas y provisiones en nombre y con el sello de los Reyes. Documento insertado en el Libro de los Privilegios del Almirante don Cristóbal Colón publicado por la Real Academia de la Historia, en Madrid (1951), en el cual se llama al Almirante "don Christoval Colom" , hecho que prueba que su verdadero apellido era COLOM y no COLOMBO .


    Como hemos podido ver en 1493, en Italia, el Almirante era Colom y no Colombo .


    El divulgador más famoso del Descubrimiento fue Pedro Mártyr de Angleria, el prolífico escritor italiano confidente de los Reyes y de la grandeza de España, cuyas cartas dirigidas a personas de alto rango en España e Italia canalizaban y difundían noticias y opiniones al modo como hoy lo hace la prensa.


    Pedro Mártyr consigna el descubrimiento de las Indias en una carta dirigida a Borromeo fechada en Barcelona el 14 de mayo de 1493, cuyos términos se han hecho famosos: “Algunos días después, un tal Cristóbal Colón retornó a las Antípodas Occidentales; es un ligur que, enviado por mis Reyes, con sólo tres barcos penetró en aquella provincia reputada por fabulosa, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y en particular oro que aquellas regiones engendran de suyo”.


    En un fragmento de la escrita por Pedro Mártyr a Borromeo, anunciando el descubrimiento de las Indias, según descripción de Thacher podemos leer: "Post pauces inde dies rediit ab antípodus occiduis Christophorus quidam Colonus vir ligur, qui a meis Regibus ad hanc prouintiam tria vix impertrauerat nauigia, quía fabulosa que dicebat arbitrabuntur, rediit, preciosarum multarum rerum, sed auri precipue que suapte nature, regiones ille generant, argumenta tulit” .


    Se observará que Pedro Mártyr escribe en latín, Colonus y no Colombus ni Colombo.


    Aquí nos encontramos muy posiblemente con la primera fantasía documentada (pista falsa) que se inventó después del Descubrimiento y que oscurece el verdadero origen del Almirante. Sin embargo los acontecimientos acaecidos entre el mes de abril y mayo de 1493, nos demuestran claramente varias cosas:


    a) Que el Almirante era de orígen noble como muy bien lo acreditan las atenciones y concesiones tributadas a su persona, tanto por los Reyes como por otras personalidades. Un origen plebeyo las haría incompatibles.
    b) Que su verdadero nombre era “Colom”, pues así se encuentra registrado en las dos cartas que él escribió y que iban dirigidas a Luis de Santángel y a Gabriel Sánchez, sus amigos, ante los cuales no iba a consignar ni otro nombre ni otra grafía que la propia.
    c) El celo por ocultar su verdadero origen, pues así lo prueba la carta escrita por Pedro Mártyr a Borromeo, fechada en Barcelona a 14 de mayo de 1493.


    Como ya sabemos, tanto los Reyes Católicos, como el propio Colón nunca mencionaron su origen, por razones que no hemos dudado en calificar “de estado”. En razón de ellas, y una vez que el Descubrimiento se había consumado, lógico resulta pensar que entre los cortesanos y en presencia de Pedro Mártyr se comentó en alguna ocasión sobre el supuesto origen ligur del Almirante.


    Éstas pueden ser muy bien las razones que llevaron al escritor italiano a considerar a Cristóbal Colón un ligur, y es de suponer que todas estas cartas escritas por Pedro Mártyr en las que califica a Colón como ligur han sido la base de la teoría del Colón genovés.


    Durante su estancia en Barcelona algunos indios de los que había traído fueron bautizados en la catedral, siendo padrinos los Monarcas y su hijo, el malogrado Príncipe Juan. Testimonios muy dignos de respeto aseguran que Colón donó a la catedral barcelonesa las primicias de oro americano, que, convertido en un cáliz, se conservaba todavía a principios del siglo XIX.


    Tras el regreso de Colón, el Rey de Portugal vino a considerar el Descubrimiento como una violación de los acuerdos entre ambas Coronas sobre sus zonas de influencia. Este hecho le movió a enviar una embajada a la Corte española. La primera delegación portuguesa en ese sentido salió hacia la corte castellana el 5 de abril e iba presidida por Ruy de Sande. Llevaba el inicial punto de vista lusitano, según el cual los espacios atlánticos debían ser partidos mediante una línea horizontal por la latitud de Canarias, quedando el Sur para Portugal y para Castilla la zona Norte. La idea de partición por un paralelo hacía referencia a lo pactado en el capítulo ocho del tratado de Alcaçovas, que había sido confirmado después por la bula Aeterni Regis (1481). Es decir, esa idea del paralelo era la interpretación polémica lusitana de la frase “para abajo contra Guinea”.


    Aún antes de que llegara ese primer emisario, los Reyes Católicos despachan desde Barcelona el 22 de abril a Lope de Herrera, con la misión de comunicar oficialmente a Don Juan II el Descubrimiento y pedirle que prohibiese a sus súbditos navegar hacia aquellas partes, porque el Almirante castellano había ya tomado posesión de ellas. Don Fernando y doña Isabel se atenían tácitamente a la tesis de que la zona de Portugal era sólo desde el paralelo canario hacia abajo “contra Guinea”. Es decir los Reyes Católicos comenzaron por sostener que Portugal tenía acotado solamente el camino de la costa de Africa, las aguas al Sur de Canarias y “contra Guinea”. Todo lo demás podía ser castellano, o cuando menos nullius, y entonces entraba en juego la recién hecha toma de posesión, mediante la cual todas las tierras occidentales del Océano quedaban como pertenencia de Castilla.


    Tal interpretación llevó a los Reyes Católicos a reforzar sus tesis mediante un respaldo de la autoridad papal, cosa que llevó a cabo don Fernando a principios de abril, tan pronto como tuvo las primeras noticias de Colón y de la entrevista con don Juan II.


    El 3 de mayo de 1493, el Papa Alejandro VI promulgó una bula, la Inter coetera , concediendo a los Reyes Católicos las Indias descubiertas o que se descubriesen así como había concedido al Rey de Portugal las tierras descubiertas en la costa africana. El original se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla.


    El día 4 de mayo otra bula, la Inter coetera , reproduce la primera del mismo nombre y divide el mundo por descubrir entre la Corona española y la de Portugal, trazando una línea de Polo a Polo a cien leguas al Oeste de las Azores y Cabo Verde, sin precisarse que tal línea fuese “derecha”, si bien al decir que tal línea debía ir “desde el Polo Artico al Polo Antártico”, va implícito que se la pensaba como un meridiano. El original de esta bula está también en el Archivo de Indias.


    La expedición de estos documentos representaba para la Corona de España un gran éxito diplomático. Antes de proseguir con este tema, considero conveniente hacer constar que el Papa Alejandro VI nació en Játiva, provincia de Valencia, tierras que pertenecían a la Corona de Aragón, donde reinaba don Fernando. Su nombre era Rodrigo Borgia. El ser sobrino de Calixto III le propició su rápida carrera. A los 24 años ya era Cardenal y a los 61, en 1492, fue nombrado Papa. Como puede observarse, al tiempo del descubrimiento del Nuevo Mundo, el Sumo Pontífice era español.


    Volviendo al hilo de nuestra historia, sabido es que el reparto del Océano no resultó del agrado de don Juan II de Portugal, muy agraviado se mostró -al decir de Zurita- por la nueva situación que las bulas creaban, ya que incluso el espacio señalado en el Atlántico de cien leguas al Oeste de las Azores y Cabo Verde, que es lo que marcaba la segunda Inter coetera , era demasiado angosto para los barcos portugueses que navegasen en aquellas partes en busca de nuevas tierras o en el retorno de los viajes a Guinea.


    Las divergencias creadas por las bulas entre la Corona de Portugal y la de Castilla duraron aproximadamente un año. Pero finalmente don Juan llegó a un acuerdo con doña Isabel y don Fernando.


    Este pacto, también conocido como Tratado de Tordesillas , concertaba que el Rey de Castilla tenía que ceder a Portugal unas leguas más de mar hacia el Oeste que las fijadas por la bula. La nueva partición del Océano se fijó no a 100 sino a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde, sin hacer referencia a las Azores como había hecho la bula. La línea de demarcación o meridiano de Tordesillas quedó situada a 46º 37'. El hemisferio occidental queda para Castilla y el oriental para Portugal.


    En este tratado también quedó establecido que las naves de Castilla podían atravesar sin detenerse la zona portuguesa, que era camino obligado para ellas. Se firmó en la localidad castellana de Tordesillas “que había sido Corte de don Alfonso XI y sería luego retiro de Doña Juana la Loca”, el 7 de junio de 1494. Una fecha señalada que es preciso recordar con exactitud. Los firmantes materiales fueron: por parte portuguesa, Ruy y Juan de Sousa y Aires de Almada y por parte castellana el Mayordomo Mayor don Enrique Enríquez, el Comendador Mayor de León don Gutierre de Cárdenas y el Doctor Rodrigo Maldonado.


    Gabriel Verd
    Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón

    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
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    descoronar son front"

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    45.- Época precolombina.


    Las tribus de la América Septentrional.- Es curioso observar que el territorio donde hoy existe uno de los pueblos más progresistas del mundo, los Estados Unidos, era habitado en los tiempos precolombinos por tribus no sólo de cultura muy incipiente, sino mucho más atrasada que las de las que ocupaban entonces las regiones más al sur. Resulta imposible clasificar rigurosamente a todas las tribus norteamericanas, cuya diversidad en idiomas, tradiciones, ritos, costumbres y usos era enorme. Muchas de ellas, sin embargo, han sido agrupadas en familias lingüísticas, es decir, conforme al parecido de sus lenguas unas con otras. Citemos entre las principales: las tribus de los atapascos, al Oeste, que se extendían desde más al Norte del río Oregón hasta el norte de la actual República de México, y que comprendían a los apaches y los navajos famosos hasta el siglo pasado por sus sangrientas correrías contra otras tribus o contra los pueblos civilizados; las de los algonquines, que vivían al este hacia la costa norte del Atlántico; las de los iroquenses, vecinos de los anteriores y renombrados por sus guerras contra los europeos cerca de los grandes lagos del Canadá; las de los natches, más al sur, que han dado origen a una literatura pintoresca y sentimental en célebres escritores franceses; y, finalmente, para ser breves, las de los que recibieron de los exploradores españoles el nombre de indios pueblos, a causa de las extrañas habitaciones en que moraban, en los territorios que ahora forman los estados norteamericanos de Nuevo México, Arizona y Colorado. Tratábase de grietas o anchas hendiduras y huecos naturales en las paredes rocosas de quebradas o barrancos, a grande altura, que dichos indígenas aprovechaban como casas, construyendo en el interior muros o tabiques de piedra toscamente labrada. A veces las rocas del barranco eran excavadas artificialmente, por lo que las habitaciones fueron llamadas "casas de peña".

    La característica principal de los indios norteamericanos era su amor a la independencia, guardada celosamente por cada tribu y cada "clan" o linaje. Las tribus solían confederarse para la guerra ofrensiva o defensiva, bajo un jefe común asesorado por un consejo de ancianos, y las confederaciones podían hacerse casi seculares, como se vio entre los iroquenses. Pero la vida tribal se mantenía autónoma en todo lo extraño a las actividades guerreras. En materia religiosa, si puede así decirse, aunque tenían vaga idea de un Gran Espíritu, que dominaba a todos los hombres, cada una de las tribus poseía su tótem, esto es, la imagen de determinado animal, que recibía culto particular porque de él se creía esa tribu descendiente. Este tótem era para ellos como la insignia y la bandera, tanto en sus ceremonias y fiestas como en las luchas contra sus enemigos. Los jefes militares eran generalmente designados por elección, ya el más fuerte, ya el más astuto, y adoptaban el nombre del tótem tribal: el Gran Ciervo, el Águila Blanca, el Búfalo Negro, etc., pero estos jefes no intervenían en la vida interior de las tribus.

    Muchas tribus norteamericanas conocían el uso del tabaco, y algunas eran de grandes fumadores. Servíanse de pipas con largos tubos, hechas de tierra cocida o piedra tallada ( calumet ), que desempeñaban principal papel en su vida, porque no había ceremonia pública o privada que no fuese solemnizada fumando todos los asistentes uno tras otro en la misma pipa. Hasta para las negociaciones de paces con los europeos era indispensable la celebración de este rito y observóse que, cuando era efectuado, los indios cumplían fielmente sus compromisos.

    Algunos de estos indios practicaban la horticultura más bien que la agricultura, ya que no había entre ellos sino cultivos familiares para el consumo de cada cual; pero la base esencial de la alimentación de casi todas las tribus la constituían la recolección de frutos silvestres, la pesca y la caza, sobre todo esta última. Las tribus septentrionales se vestían de pieles; muchas de las del sur supieron hacer groseros tejidos de fibras vegetales y de algodón. Todas se adornaban vistosamente con plumas y se tatuaban, esto es, se incrustaban pinturas en la cara y el cuerpo con los más variados dibujos. Sus armas eran el arco y flecha y el dardo arrojadizo; pero también el hacha de piedra labrada (sílex) y a veces de cobre, que encontraban en sus montañas en estado nativo. Los indios-pueblos eran bastante buenos alfareros.



    Vaso teotihuacano bellamente decorado con técnica de raspado.
    Museo Nacional de Antropología.


    Muchas de estas tribus, cuando por su contacto con los conquistadores europeos adquirieron caballos, lograron convertirse rápidamente en diestros y valerosos jinetes, que se entregaron a una vida de audaces aventuras, cacerías y asaltos en las vastas llanuras del territorio norteamericano. Existen a este propósito gran número de libros de instructiva y amena lectura, entre verídicos y fantásticos.


    Las principales civilizaciones


    México


    Primitivos pobladores.- La geografía nos enseña que el territorio mexicano viene a ser como una prolongación meridional de la región montañosa de los Estados Unidos y que el amplio rebajamiento oriental de esa región, constituido en América del Norte por vastas praderas, se estrecha en México a causa del golfo de este nombre y no forma ya sino una faja de menos de 100 kilómetros de ancho. Lo propio pasa en el lado occidental o costa del Pacífico, donde se abre el golfo de California. En el centro de la zona comprendida entre ambas costas corren diversos ramales de la gran cordillera continental entroncada con los grandiosos Andes sudamericanos. Pero de trecho en trecho la estructura montañosa se aplana ensanchándose y formando altiplanicies o mesetas, de las cuales la principal es la de Anahuac, célebre por haber sido asiento de las más famosas culturas indias mexicanas. Más al sur se estrecha el territorio mexicano, prosiguiendo en el istmo de Tehuantepec que va a soldarse con América Central y la península de Yucatán.
    En las marchas inversas de los asiáticos y de los polinesios o de sus respectivos descendientes dentro de América, los unos desde el extremo noroeste del continente hacia el sur y los otros desde las tierras meridionales hacia el norte, no se puede saber cuáles llegaron primero, no sea sino bordeando las costas a los istmos centrales de Panamá y Nicaragua: si los asiáticos, para pasar de allí a Nueva Granada (Colombia), Venezuela y Perú, o si los polinesios para derramarse en Guatemala y seguir tal vez a Yucatán y México. El orden cronológico de estas migraciones, en las que hubo evidentemente larguísimas etapas y paradas, como también flujos y reflujos, se pierde en la noche de los tiempos, quedando apenas trazas de ellas.


    Toltecas y chichimecas.- Ha podido únicamente comprobarse que, a principios del siglo XVI, al arribo de los descubridores españoles a México, existían allí ciertas tribus cobrizas, en las que hasta nuestros días hay descendientes, que eran consideradas por los otros indígenas como remotos vástagos de los más antiguos habitantes del país. Designábaseles por sus coterráneos con el nombre de otomís , vocablo que implica un concepto despectivo de hombre inferior o inculto. No lo fueron, sin embargo, los otomís, pues se han encontrado vestigios de antiquísimas construcciones arquitectónicas de que se les cree autores. Pero habían sido vencidos o sojuzgados por otras tribus, las que se pretendían por este hecho superiores a ellos. Hay, empero, sabios que sostienen que todavía antes que los otomís hubo en México otros habitantes, de que las excavaciones arqueológicas darían testimonio, y que habrían sido hombres de tez negra o casi negra, tal vez polinesios.
    Los pueblos indígenas que, aparte los otomís, encontraron los españoles en México, estaban divididos en diversas organizaciones políticas y religiosas, pero eran en su mayoría consanguíneos y afines por la lengua, formando todos parte de una inmensa familia racial que se dilataba y se dilata hoy mismo hasta muy adentro del territorio de los actuales Estados Unidos de Norteamérica. A esta familia racial se la denomina Nahua . Fueron principalísimos miembros de ese gran grupo indígena en México los tiltecas, los chichimecas y los aztecas, subdivididos a su vez todos ellos en parcialidades o "naciones", como decían los conquistadores europeos. Conforme a cumunes tradiciones, todos estos pueblos situaban su origen en el norte, de donde habrían descendido sucesivamente a México en el orden en que acabamos de nombrarlos.
    Los toltecas, hacia el siglo IV de nuestra era cristiana, habrían habitado la comarca del río Gila, confluente del Colorado, en el estado norteamericano de Arizona. Dícese que a partir de este siglo emprendieron su marcha al sur, la que se prolongó cientos de años, pues hicieron largas detenciones y fundaciones de ciudades en el camino. A fines del siglo VI o en el VII, penetraron en la meseta del Anahuac, donde avasallaron a los otomís, fundaron un imperio y levantaron la ciudad sagrada de Tollán, cuyas ruinas serían las hoy llamadas de Tula, a treinta kilómetros de la actual capital de la República mexicana.
    El Imperio tolteca de Anahuac, minado por guerras civiles y debilitado por las luchas contra invasores venidos también del Norte, no duró, según las tradiciones indias, sino dos o tres siglos. El último rey de Tollán, llamado Topiltzoinoxi-Quetzalcohuatl, tuvo que emigrar con los restos de su nación más al Sur, hacia el istmo de Tehuantepec. Los invasores que desalojaron a los toltecas eran los chichimecas, salidos, a lo que referían sus descendientes, de un lugar denominado las Siete Cavernas, que se supone con fundamento se hallaba en uno de los actuales Estados norteamericanos de Colorado o Nuevo México, donde encontraron los españoles las cavernas de los indios-pueblos de que antes hablamos.
    Más aun que los toltecas, constituían los chichimecas una confederación de tribus con dioses e instituciones comunes o semejantes, pero también cada una con su dios particular o tótem. Dueños del Anahuac, fundaron varias ciudades, una por cada tribu. La principal fue la de Cholula, donde erigieron un gran templo a Quetzalcohuatl, que era el más importante de sus dioses. Otra notable ciudad fue Tlascala, que llegó a gran poderío. Estas diversas ciudades se transformaron con el tiempo en pequeños estados independientes, ya en guerra, ya confederados unos contra otros. La forma de gobierno de todas fue, como la de los indios norteamericanos, casi republicana, esto es, una a manera de senado o consejo de ancianos y un jefe militar elegido.


    Los aztecas.- En su peregrinación desde las Siete Cavernas hacia el Anahuac, una de las más poderosas tribus chichimecas quedó rezagada, a estar a lo que sus tradiciones contaban, por haberse detenido en una isla situada en medio de un lago nombrado Aztlán. Permaneció allí esa tribu largo tiempo, de cinco a seis siglos, de donde le vino el nombre de aztlecas o aztecas. Continuando después su marcha hacia el sur, llegaron éstos a otra gran laguna en una región del Anahuac muy abundante en tunales o nopales, donde se cría la cochinilla, de tan vivo color rojo. En los bordes de esta laguna, llamada Texcoco o Tezcoco, decidieron, en los primeros años del siglo XIV de nuestra era, establecerse definitivamente fundando una ciudad a la que dieron el nombre de Tenochtitlán, que quiere decir "lugar de los tunales rojos". Ésta es hoy, modernizada, la capital de la República de México, denominación que lleva también dicha ciudad desde la conquista española. Proviene ella de la de uno de los primitivos barrios de Tenochtitlán, donde estuvo en un principio el templo o adoratorio de Mexitli, uno de los nombres, el más antiguo, del dios azteca de la guerra. Otro grupo de aztecas levantó la ciudad de Tlatelolco, inmediata a Tenochtitlán, sobre una pequeña isla de la laguna. Las dos ciudades hermanas se confederaron.
    Pueblo emprendedor y guerrero, aunque también agricultor y comerciante, los aztecas fueron durante dos siglos extendiendo más o menos rápidamente su dominación o hegemonía sobre las otras ciudades chichimecas, por medio de su alianza con unas para sojuzgar a otras. Pero los vencidos ni eran aniquilados, por más que a veces se hiciese en ellos terribles hecatombes, ni asimilados, esto es, obligados a adoptar las leyes, costumbres y usanzas de sus vencedores. Sólo se les exigía reconocimiento de la supremacía azteca, la ayuda militar en caso necesario y sobre todo el pago de un tributo en frutos y mercancías. Dos ciudades chichimecas, la de Texcoco, de igual nombre que la laguna, y la de Tlacopán, obtuvieron la ventaja y el honor de ser asociadas a la de Tenochtitlán, formándose así una especie de estado federal, cuyo jefe militar era el de la última. Nombrábasele en su lengua tlacatleccuhtli , o sea "jefe de hombres", y venía a ser como el Imperator o Emperador entre los romanos. Cuanto a Tlatelolco, la ciudad hermana de Tenochtitlán, entró en conflicto con ésta por motivos comerciales y fue vencida y reducida a la condición de simple barrio de su vencedora.
    Al lado del tlacatleccuhtli había en Tenochtitlán, como en las otras ciudades chichimecas, un senado ( tecpán ) y además un alto magistrado civil, con facultades administrativas y judiciales, que llevaba el curioso título de cihuacohuatl , que significa "serpiente hembra". El "jefe de hombres", elevado al poder por elección, casi siempre miembro de una misma familia, era ungido en el gran templo de la ciudad y recibía cierta investidura sacerdotal, aunque no era en realidad el jefe del clero, sino sobre todo el de la guerra. Los más célebres tlacatlesuhtlis o emperadores aztecas, como lo calificaron los conquistadores españoles, fueron Ixcohuat, que en la primera mitad del siglo XV construyó el mencionado gran templo, dedicándolo al dios de la guerra; Montecuzoma, nombre que equivale a "el majestuoso", sobrino del jefe anterior, que formó el pacto con Texcoco y Tlacopán y venció y avasalló casi todo el Anahuac; Ahuitzotl, que, a fines del mismo siglo, emprendió grandes guerras, llegando a penetrar por el sur en el istmo de Tehuantepec y la América Central, mientras avanzó por el Este hasta las costas del golfo de México. A este "jefe de hombres", muerto en 1500, reemplazó Montecuzoma II, apodado Xocoyotl ("el joven"), que era el que ejercía el mando cuando en 1519 se inició la conquista española de las tierras mexicanas.


    Otros pueblos del antiguo México.- Los aztecas no llegaron a sujetar a todos los pueblos que ocupaban el vasto territorio mexicano, ni siquiera a todos los chichimecas. De entre éstos son dignos de ser citados la ciudad y estado de Tlascala, que supo mantener valientemente su independencia sus libertades en varias porfiadas luchas contra los ambiciosos guerreros de Tenochtitlán, a los que más de una vez derrotó. Las instituciones tlascaltecas fueron más democráticas e igualitarias que las de los aztecas, razón por la cual los españoles del siglo XVI decían de Tlascala que era verdaderamente una república.
    El sudeste del territorio mexicano, es decir; la parte ribereña del Atlántico, desde el sur de Veracruz hacia la península de Yucatán, era habitado por los totonecas, probablemente descendientes de los toltecas. Al norte de ellos vivían los huaxtecas, de otra raza que los chichimecas y aztecas, y más bien emparentados con los pueblos del Yucatán. Totonecas y huaxtecas habían perdido a mitad su independencia, vencidos por Tenochtitlán, cuando llegaron los españoles a sus costas.
    Mayor importancia que los arriba citados tuvieron los tarascos, establecidos del lado opuesto en la región de Michoacán, es decir, al Oeste del Anahuac, y hacia el Pacífico. Contaban que habían también inmigrado desde mucho más al Norte, y sostuvieron, como Tlascala, largas guerras contra los aztecas, varias de ellas victoriosas. Su jefe supremo o emperador, muy análogo al azteca en sus prerrogativas, llevaba el título genérico de Galtzontzin, y entre las peregrinas instituciones de ellos citemos la de que todos los oficios del palacio imperial eran ejercidos por mujeres.
    En fin, al extremo sudoccidental, junto al istmo de Tehuantepec, se encontraban los zapotecas, cuya capital era la ciudad sagrada de Mitla con uno de los templos más grandiosos y de más bella arquitectura de todo México.


    Organización social y administrativa.- Dentro de cada uno de los estados o ciudades, los mexicanos se hallaban repartidos por linajes, esto es, se agrupaban entre sí los que se consideraban descendientes de un mismo remoto progenitor. Estos linajes, que entre los aztecas se llamaban calpullis , y alcanzaban el número de veinte, se asociaban en fratrias o hermandades, que eran cuatro en Tenochtitlán. Las fratrias a su vez se federaban para construir el estado o ciudad; confederadas las ciudades, venían a formar el imperio.
    La propiedad del suelo y de los cultivos correspondía a los linajes o calpullis , que repartían las tierras entre las familias, revisando la repartición de tiempo en tiempo para igualar los lotes al número de jefes de familia. Los mexicanos en general, incluso los aztecas, eran buenos agricultores y hábiles irrigadores de sus tierras, siendo sus principales productos el maíz, la batata o camote y el cacao. Pero poseían pocos animales domésticos, los más comunes de los cuales era un pequeño perro mudo ( techichi ) que comían, conejos, pavos y faisanes. Su principal bebida era el pulque , consistente en el jugo fermentado del agrave o magney.
    La administración de justicia era en el antiguo México muy rigurosa y las leyes en extremo severas, pues se aplicaba la pena de muerte no sólo a homicidas, traidores y sacrílegos, sino también a los adúlteros, a los sacerdotes consuetudinarios en la embriaguez y a los usurpadores de tierra de cultivo ajena. El matrimonio era monogámico, pero la mujer era considerada como inferior, y hasta como propiedad del esposo; el celibato estaba prohibido.


    Religión, cultura y artes.- Toltecas, chichimecas y aztecas tuvieron alguna idea de la supervivencia o vida futura del espíritu, una vez muerto el cuerpo. Creían en otro mundo venturoso, que, a su concepto, era el cielo solar, donde iban los caídos en los combates o los inmolados en aras de los dioses. Los espíritus de los demás mortales iban a unas viviendas subterráneas, llamadas mitlán , excepción hecha de los que sufrían enfermedades asquerosas, que eran condenados a los suplicios de un infierno ( tlalocán ). Pero no se elevaron estos pueblos a la idea de un dios único ni a la de una moral regeneradora para todos.
    Tuvieron, en cambio, dioses y templos comunes, aunque también algunos particulares a cada tribu o ciudad. Sus templos se llamaban en azteca teocallis , y solían ser de forma piramidal: los primeros españoles que los vieron los calificaron inexactamente de “mezquitas”, como a los de los musulmanes. El principal de los dioses comunes fue Quetzalcohuatl, que parece también el más antiguo y el que fue más reverenciado por los toltecas, algunos de cuyos reyes ostentaron igualmente este dictado o apodo. Está compuesto dicho nombre del de una hermosa ave americana, quetzal , y del de la serpiente, cohuatl , y se le representa siempre en los bajos relieves o en las decoraciones del arte mexicano por esa ave, que se cierne en los cielos llevando en el pico una serpiente que ha cogido en tierra para darle muerte dejándola caer y estrellarse desde las alturas. Esta figura simbólica constituye hoy el escudo nacional de la República mexicana.

    Sin embargo, para los aztecas el verdadero dios patrio no era Quetzalcohuatl, aunque mucho lo veneraban, sino Mexitli, a que ya nos hemos referido, denominado también y más generalmente en los últimos tiempos precolombinos Huitzi'opochtli, deidad terrible, a pesar de este su nombre bien poético. Significaba, en efecto, el "colibrí del Sur", y contaban los mexicanos que este dios los había guiado desde la isla legendaria de Aztlán, en el septentrión, hasta el Anahuac. Quetzalcohuatl, de origen tolteca, era un dios creador y benévolo; pero Huitzilopochtli descollaba, al contrario, como sanguinario, insaciable de víctimas humanas y anhelante siempre de guerras para tener sacrificios propiciatorios. Los inmolados en sus aras eran los prisioneros hechos en los combates contra los enemigos de Tenochtitlán, y muchas veces los aztecas no emprendían la guerra con otro objeto que el de conseguir estas víctimas.

    A los prisioneros destinados a Huitzilopochtli se les conservaba cuidadosamente hasta el día de la ceremonia, en que eran llevados con gran pompa y la fiesta al teocalli , donde se les iba extendiendo uno por uno sobre la piedra del sacrificio. Allí se les sujetaba fuertemente, mientras el sacerdote sacrificador les abría el pecho con un gran cuchillo de sílex u obsidiana, y por la apertura les arrancaba el corazón para ofrecerlo al implacable dios en un receptáculo especial. Los cadáveres de las víctimas eran después arrojados por la gradería abajo del teocalli , donde otros sacerdotes los recogían. Callamos ciertos repugnantes detalles.

    Otro gran dios sanguinario era Tetzcatlipoca ("guerrero del Sur"), venerado más particularmente en Tlacopán, una de las ciudades confederadas con Tenochtitlán, pero también reverenciado en ésta, en cuyo teocalli se alzaba su estatua o ídolo, junto a la de Huitzilopochtli. Era la deidad de la primavera, y si en Tlacopán se le sacrificaba los jefes vencidos en las guerras, el holocausto más ordinario que recibía en ambas ciudades era muy otro. Consistía en adolescentes o mancebos, que voluntariamente se ofrecían para morir en aras de dios; algunos eran criados desde niños en este propósito, y tan penetrados estaban unos y otros de la santidad y glorificación de su sacrificio que, llegado el día, marchaban al teocalli alegremente, coronados de flores, ataviados con riqueza y tañendo flautas, y allí morían sin proferir una queja. a tan monstruosas aberrraciones lleva el fanatismo pagano, desconocedor de las más sencillas verdades morales.

    No todos los dioses mexicanos tenían, empero, tan crueles exigencias. Otros eran más bien benignos y se contentaban a veces con ofrendas de flores, frutos, aves y otros animales. Muchos recuerdan por sus atributos a ciertas divinidades del Olimpo, griego, como Xochiquetzalli, diosa de las flores; Ixcozauque, dios del fuego, y Acatecutli, dios de los mercaderes. Toniatiuh, dios del Sol, era de los principales y en su culto, mixto, alternaban sacrificios sangrientos y ofrendas primaverales. Todos tenían numerosos sacerdotes, que guardaban rígida jerarquía y vigilaban el cumplimiento de los ritos. Éste comprendía también música, himnos y danzas sagradas.

    Como en muchas antiguas naciones de Asia y Europa, entre los cuidados a cargo del clero estaba en México no sólo la conservación de las tradiciones religiosas, sino también la de los grandes hechos históricos. El calendario y la cronología eran muy complicados, y no se ha podido hasta ahora encontrar claramente sus concordancias con la era cristiana o con otros sistemas cronológicos del viejo continente.

    Privados, como todos los pueblos americanos, del conocimiento de un alfabeto, valíanse los mexicanos de pinturas, o si se quiere miniaturas, en que transmitían el pensamiento con figuras del natural y con signos convencionales. Pintaban o escribían estas figuras y signos sobre pieles de venado preparadas con tal objeto, o sobre una especie de cartulinas que fabricaban con fibras de agave (magney) y blanqueaban con cal. Plegadas unas sobre otras, esas pieles o cartulinas formaban como libros. Varios de estos extraños manuscritos se conservan en museos y bibliotecas de Europa, donde los sabios van, con gran esfuerzo, descifrándolos poco a poco. La mayor parte, por desgracia, desapareció en las guerras de la conquista.
    Fueron los mexicanos excelentes arquitectos, que supieron levantar notables construcciones. Para las cosas particulares del común del pueblo empleaban el adobe; pero para los palacios y los templos, utilizaban generalmente la piedra sillar. Las casas no solían ser muy grandes, salvo las de los ricos o poderosos, y no constaban sino de un piso con techo horizontal o azotea, transformada a veces en jardín. Los templos se alzaban sobre pirámides truncadas artificiales y se ascendía a ellos por amplias graderías de piedra. El de Tenochtitlán sorprendió por su grandeza a Hernán Cortés, quien escribió al emperador Carlos V diciéndole que en esa "mesquita", como él la llamó, cabría bien una villa de quinientos vecinos, y que había en ella cuarenta torres, la principal de las cuales era más alta que la de la iglesia mayor de Sevilla (la Giralda). En las ruinas de la ciudad zapoteca de Mitla son hasta ahora admirables el "Patio de las Grecas" y el de las "Columnas"; éstas contrastan por su simplicidad con la profusión de pinturas y relieves de los muros.

    De Cholula, ciudad sagrada de los toltecas, queda aún una célebre pirámide y son grandiosas las de Teotihuacán, cerca de la capital mexicana, dedicadas al Sol y la Luna, la primera de las cuales mide 230 metros de largo en su base y 66 de alto. Aunque menores que las pirámides egipcias, se las ha comparado a ellas. Digno de mencionarse también es que en muchos templos y palacios había notables esculturas, algunas de las cuales se conservan.

    Para sus vestidos tejían los mexicanos telas de algodón, a las que sabían dar bellos coloridos y adornar con vistosas labores. A ellos se les debe el empleo de la cochinilla, que les suministraba un vivo escarlata, y conocían el uso del índigo o añil vegetal para el azul. También confeccionaban tejidos con fibras de palmera o con las del agave, y fabricaban preciosos mantos con plumas de colibrí y de otros pájaros. No menos desarrollada que el arte textil estaba entre ellos la cerámica, de la que hasta hoy existe gran cantidad de objetos, algunos de ellos primorosos. Sus alhajas de oro y plata eran también muy artísticas; su mobiliario, en cambio, muy deficiente por el desconocimiento del hierro y del acero y consiguiente falta de útiles propios para trabajar bien la madera.
    Todos los productos de la agricultura, la industria y el arte mexicanos se vendían en mercados que sorprendieron al conquistador Hernán Cortés por la grandiosidad de los edificios, la enorme cantidad y variedad de los artículos y la extraordinaria afluencia de vendedores y compradores.


    Luis Ulloa Cisneros
    Exdirector de la Biblioteca Nacional de Lima, Perú





    46.- Cristóbal Colom y Mallorca.


    Que el lugar de nacimiento de Colom fue Mallorca es una teoría que, desde siempre, ha contado con sólidos argumentos. La tesis que ahora ha dado a conocer el investigador Gabriel Verd la rubrica, la refuerza, puesto que vierte un cúmulo de datos que son difícilmente rebatibles.


    A ello hay que añadir la saga de cartógrafos mallorquines que a lo largo de la Edad Media iluminaron decisivamente el saber de su tiempo y ayudaron a extender significativamente el conocimiento del mundo. Por ello, a nadie puede sorprender que Colom, que bebió desde el principio en las fuentes de esos ilustres cartógrafos, compartiera con ellos la cuna de nacimiento.


    Con ocasión de la entrega de los premios del Trofeo Almirante Conde de Barcelona, que presidió Su Majestad el Rey Juan Carlos, la presidenta del Consell de Mallorca, Maria Antònia Munar, resaltó que la vela desde siempre ha tenido importancia en Mallorca, porque, no en balde, Colom fue mallorquín. Sus afirmaciones han molestado a algunos que quieren reivindicar para sus tierras el nacimiento del Descubridor, pero ocurre que la realidad siempre es muy terca y acaba por imponerse. Y la realidad, que día a día se sustenta en datos más demoledores, es que Colom, como resalta Gabriel Verd, era mallorquín.


    No se trata de molestar a nadie, ni atizar polémicas a estas alturas absolutamente innecesarias; ésta jamás ha sido la intención del Consell de Mallorca. Lo que ha de guiar a todo el mundo es el afán de que la verdad, de una vez por todas, salga a relucir, que se acabe para siempre con las zonas de sombra que aún subsisten sobre la biografía de quien tuvo la osadía de arriesgarlo todo para descubrir un nuevo mundo que cambió para siempre la historia de Europa y América.


    Ésas son las razones por las que hay que alentar a Gabriel Verd y a los demás investigadores a que sigan indagando, a que pongan sobre la mesa todos los documentos que van aflorando y que con las nuevas técnicas de investigación, incluida la del ADN que ahora se va a utilizar, al final quede claro cuál fue el origen de Colom, puesto que aunque está fuera de toda duda que es patrimonio de la Humanidad, para Mallorca será un orgullo saber sin ningún género de dudas que el Descubridor vino al mundo en la isla y que en ella seguramente empezó a imaginar lo que con el tiempo se convitió en la gran empresa de su vida y del tiempo que le tocó vivir: el Descubrimiento de América.


    Desde luego nadie debería albergar la más mínima duda de que desde el Consell de Mallorca se hará cuanto esté a su alcance para impulsar las investigaciones que están en marcha. El esfuerzo de gente como Gabriel Verd ha de contar en el presente y en el futuro con el decidido apoyo de todos. Es una obligación que hay que asumir gustosamente: y hay que desear que no transcurra mucho tiempo antes de que la verdad sobre el nacimiento de Colom se haga incontestable para todos.


    IMPULSO SOBRE LA INVESTIGACIÓN DEL ORIGEN DE COLÓN

    La Asociación Cultural Cristóbal Colón prosigue su labor investigadora sobre la personalidad del Almirante Descubridor de América. Nuestro Boletín viene publicando interesantes estudios y trabajos que contribuyen a clarificar muchas circunstancias que rodearon la biografía de Cristóbal Colón, especialmente la brillante labor investigadora llevada a cabo, durante tantos años recogiendo pruebas y evidencias, por el Secretario General de la Asociación, don Gabriel Verd Martorell.


    En noviembre de 2002, el apoyo del Consell de Mallorca, la colaboración del Ayuntamiento de Palma y del Govern de les Illes Balears, especialmente de la Presidenta del Consell, doña María Antonia Munar –que ha acogido con interés y entusiasmo la tesis del origen mallorquín del Descubridor– así como el apoyo de don Rafael Durán Tapia, Director del Aula General Weyler, permitió la celebración de tres conferencias en el salón Noble del Club Deportivo Militar "Es Fortí" de Palma de Mallorca.


    El día 14 habló Gabriel Verd sobre el "Origen mallorquín de Cristóbal Colón", el día 20 doña Anunciada Colón de Carvajal, doctora en Historia de América, habló sobre "La biografía de Cristóbal Colón: documentos, testimonios e incógnitas" y el 27 el Dr. José Antonio Lorente, Director del Laboratorio de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, sobre "Aportaciones del ADN en el conocimiento de casos históricos. El origen y destino de Cristóbal Colón".


    Estas conferencias constituyen un gran éxito, por la presencia de público así como su difusión en medios de comunicación. Asimismo, ha sido un gran acontecimiento la disertación de estas tres conferencias que han tenido gran influencia en estudiosos, investigadores y científicos, especialmente interesados en resolver las incógnitas sobre el origen de Colón, incógnitas que se van despejando con la aportación de documentos históricos y datos geográficos, que fueron marcando la vida de Colón.


    Agradecemos a la Presidenta del Consell, la Honorable Señora Munar, así como a los organismos y entidades que han permitido la celebración de estas conferencias. Se ha dado un gran paso adelante en la tesis del Colón mallorquín.


    LA JUNTA DIRECTIVA DE LA
    ASOCIACIÓN CULTURAL CRISTÓBAL COLÓN
    Boletín Informativo Cultural número 18 de la Asociación Cultural Cristóbal Colón



    47. Cultura General de colón (Segunda Parte).






    La magistral pericia de Colón en el arte de navegar, es indiscutible. La puso él mismo de manifiesto más que en teoría, en la práctica. La maravillosa gesta del Descubrimiento del Nuevo Mundo fué y será siempre su gran título de gloria inmortal, y el comprobante fehaciente de su positiva ciencia náutica sin rival en su siglo.

    Y es insigne gloria de Cataluña, que un catalán egregio, el másperito en su tiempo en el arte cartográfico, el célebre hijo deBlanes Jaume Ferrer, lo reconociera y proclamara en la Carta-dictamen dirigidahacia mediados de 1495 a los Reyes Católicos, evacuando su consulta sobrela línea ideal de demarcación de las tierras descubiertas y pordescubrir en el Nuevo Mundo, como frontera imaginaria en el medio del Océano,entre las posesiones de Portugal y España. En la conclusión deeste su informe pondera con estas frases entusiásticas la competenciade Colón:

    “...y si en esta mi determinación y parecer será visto algún yerro, siempre me referiré a la corrección de los que más de mí saben y comprenden, especialmente del Almirante de las Indias, el cual, tempore existente, en esta materia más que otro sabe; porque es gran teórico y mirablemente plático (=práctico), como sus memorables obras manifiestan, y creo que la Divina Providencia le tenía por electo por su grande misterio y servicio en este negocio, el cual pienso es disposición y preparación del que para delante la misma Divina Providencia mostrará a su gran gloria, salut y bien del mundo...”
    Glosa, a este propósito Ballesteros (Ant.) que “el valor del elogio aumenta si se considera quién lo hace. Ferrer, buen cosmógrafo y espíritu selecto, tiene motivos para apreciar la obra de Colón, no sólo la magna empresa realizada, sino sus escritos”. (Ballesteros (A.), en Crist. Colón y el Descubr. de América, t. II-291 (Barcelona, 1945).

    Para explicarse satisfactoriamente el misterio de la ciencia marinera sobresaliente, innegable, de Colón, se ha recurrido a hipótesis y explicaciones ingeniosas, pero que, así y todo, no llegan a descorrer el velo que lo oculta.

    Ballesteros es quien mayor atención ha prestado a ese problema. Pero Soldevila ha sabido expresarnos una síntesis más completa de las razones excogitadas por los investigadores sobre los orígenes y de las fuentes de la ciencia náutica del Descubridor del Nuevo Mundo.
    Se hace muy de escuchar su relato.

    “La estancia de Colón en Portugal –dice– y en Porto Santo, sus viajes a Madera, a las Azores, a las Canarias, a las costas continentales africanas hasta Guinea, acabaron de decidir su vocación y contribuyeron en gran manera a su formación náutica y a la concepción de su magno proyecto. Vivía en contacto con marinos experimentados y cosmógrafos, en un ambiente en que los descubrimientos eran como una obsesión, en que las noticias de tierras de mar adentro (algunos decían incluso que las veían) nutrían constantemente las imaginaciones, las codicias y el espíritu de aventura.

    “Por si esto no fuese suficiente, Colón, si hubiésemos de dar crédito a documentos muy discutidos, recibió inspiración y aliento de un sabio florentino llamado Paolo Toscanelli, que mantenía correspondencia con el canónigo de Lisboa Fernando Martins, y que, solicitado por Colón, le habría enviado una carta instruyéndole sobre la ruta que debía seguir y adjuntándole, para mayor claridad, un mapa dibujado por él mismo, mapa que Las Casas menciona y que dice haber tenido en sus manos.”

    También, según algunos autores, Colón habría leído en Portugal, y habrían contribuído a afirmarle en su propósito, la Imago Mundi del Cardenal francés Pedro de Ailly y la Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvio Piccolomini (Pío II). Pero parece estar en lo cierto Cesare Lollis, cuando afirma que las apostillas de Colón a esos libros (las que sean suyas), convencen de que Colón estudiaba un problema cuya solución ya conocía, y que “no se puede sostener que Cristóbal Colón derivase de sus lecturas la idea de descubrir América”. (Cesare de Lollis, Cristóforo Colombo nella Leggenda e nella Storia (Milán 1892, y Roma 1923, 3ª edición). Cítalo Ulloa, en Xristo-Ferens, pág. 348. Soldevila (F.), en Historia de España, t. III-27 a 29).

    Los versos de Medea, acto II, v. 376, de Séneca, se encuentran dos veces copiados por mano propia de Colón. La segunda vez, en el borrador del Libro de las Profecías, escrito después de su cuarto viaje, mientras se consumía varado en la bahía de Jamaica. De los aludidos versos hizo esta paráfrasis: “Vernan los tardos años del Mundo ciertos tiempos en los cuales el mar Océano aflojará los atamientos de las cosas y se abrirá una grande tierra: y un nuevo marinero como aquél que fué guía de Jasón que hobo nombre Tiphis, descubrirá nuevo mundo; ya entonces non será la isla Thule la postrera de las Tierras”.

    Observa oportunamente Roselly de Lorgues, que “ ningún sentido tenían estos versos antes de la empresa de Colón. La expedición de éste les dotó de un sentido maravilloso; pero antes que él nadie había podido notarlos”. Más aun: “antes que él nadie -dice Ed. Charton- los había tomado en serio”.

    ¿Cuál es la tierra Thyle o Tille? Los más eruditos comentadores no se han puesto de acuerdo en su afán de identificarla. Unos patrocinan a Islandia; los más, las islas Feroé, y no faltan otras varias y extremas identificaciones.

    El año 1955 se aventuró una nueva interpretación. “Thule -se escribió- existe de veras, es un distrito polar groelandés entre la bahía de Melville y la tierra de Inglefield”. (Esta hipótesis divulgó la revista parisiense Lectures pour tous, que dió a conocer en España la revista Meridiano, Abril de 1955, pag. 64).

    No se lo que pensarán otros sobre esta extraña localización de Thyle. A mí no me convence, no siendo, como no es, profecía la aseveración de Séneca, en el siglo I de Nuestra Era, sino indicación de la geografía europea conocida en su tiempo. Lo más natural y creíble es que Séneca se refiriese a las islas del norte de Inglaterra, recién conocidas en su tiempo, y anunciase para el porvenir que no serían ellas la última tierra explorada.

    Colón no era un sabio, sólidamente formado; pero era un hombre de cualidades intelectuales muy relevantes, que gracias a su agudo espíritu de observación, a su tesón en el estudio, resultó ser un autodidacto modelo en su especialidad, pero con los inconvenientes que lleva consigo el autodidactismo.

    “Colón tenía sobre todos los marinos de su siglo una práctica extraordinaria en el conocimiento de los tiempos, lo cual era el fruto de su atenta observación. Por el aspecto del cielo, por la manera de aparecer y desaparecer las nubes, por el estado atmosférico, color del agua, etcétera, etc., predecía muchas de las cosas que habían de suceder” (Cappa (Ricardo), en Colón y los españoles, 2ª ed. (Madrid, 1887), pág. 57, nota).

    “Colón en todos sus viajes, se manifestó piloto admirable, capaz de salvar las situaciones más difíciles, sorteando temporales y naufragios”. (Pijoán (J.), en Hist. del Mundo, 1ª Ed., t. IV-64, final (Barcelona, 1933). En el Panteón Universal, dirigido por Ayguals de Izco (t. I-573 y sigs. (Madrid, 1853), se da una idea muy atinada).

    Sobre la extensa (aunque no muy profunda) cultura científica y literaria de Colón, escribe Humboldt:

    “Cuando se recuerdan la vida de Cristóbal Colón y sus viajes, desde la edad de catorce años, a Levante, a la Islandia, a la Guinea y al Nuevo Mundo, no puede menos de causar sorpresa la extensión de conocimientos adquiridos por un marino del siglo XV. En su Carta a los Reyes Católicos escrita desde Haití en 1498, y en medio de la situación más embarazosa, cita en una sola página a Aristóteles y a Séneca, a Averrhoes y al filósofo Francisco de Mairones; y los cita, no por hacer vana ostentación, sino porque sus opiniones le son familiares y se le ocurren al escribir algunas páginas, en las que la naturalidad del estilo y la misma incoherencia de las ideas están demostrando la extremada rapidez de la composición”. (A. Humboldt, en Exam. critiq. de la hist. de la Geógraphie du Nouveau Continent, t. II, sect. 1er., pág. 350 -Menéndez y Pelayo, en De los historiadores de Colón, resume cuanto mejor dice Humboldt de la cultura de Colón (páginas 219-225).

    “Por el año 1470 fijó su residencia en Lisboa, y muy lejos de abandonar la serie de estudios, ni de renunciar a las investigaciones que habían de ser la base de la más audaz de las empresas, allí fomentó su ardiente anhelo de instrucción; y, familiarizado con la vida del mar, contrajo estrechas relaciones con los navegantes más notables de aquel tiempo”. (Rodríguez Pinilla (Tomás), en Colón en España, pág. 57).

    Los autores citados por Colón, en cuyas obras pudo adquirir ideas favorables a sus proyectos, fueron muchas, así en griego como en latín, en árabe y en otras lenguas más modernas que hemos citado.

    La Reina Católica Doña Isabel tuvo siempre muy elevado concepto de la bondad y de la cultura de Colón. Los testimonios son numerosos y muy expresivos. En la Carta que le escribió con fecha de 18 de Agosto de 1496, le agradece su “parescer para el viaje de la archiduquesa”, su hija, “el cual (parescer) -dice- es muy bueno como de home sabio e que tiene mucha plática e experiencia en las cosas de la mar”.

    La Reina y Don Fernando consultaban a Colón en cuantas oportunidades se ofrecían, y constan no pocos casos en que adoptaron su consejo, aun en asuntos que nada tenían que ver con el mar y la marinería en que reconocían a Colón como eminente especializado. Entre 1497-98 se puede fijar la época en que pudo gozar de mayores satisfacciones de aprecio. El 18 y 19 de Febrero de 1498 fueron sus dos hijos, Hernando y Don Diego, nombrados pajes de la Reina. Soñando en grandezas, el 22 de Febrero del mismo año instituyó su Mayorazgo, viéndose en el pináculo de su linaje y nombradía.

    Uno de los que conocían más a fondo a Colón, por el estudio de su vida y de sus documentos, el colombista español D. Cesáreo Fernández Duro, declara a propósito de su enigmática firma que bien a las claras “podrá estimarse que la trazaba un hombre rodeado de misterios, piadoso, esmerado, tranquilo, satisfecho de su suficiencia, y todo esto, en verdad, era Don Cristóbal”. (Fernández Duro (Cesáreo), en LIEYA, número de 8 de Mayo de 1892, pág. 227).

    El alemán semita Wassermann es quien ha calado con mayor profundidad el misterio y la nebulosa de la vida del Descubridor de América. En su dictamen (de los más atendibles por su aguda capacidad de observación), “un enigma estraño, un verdadero equívoco flota de antaño en torno a la figura de Colón. Todo está puesto en tela de juicio el carácter, la obra, el desarrollo, el curso de su vida y la patria... Su vida tiene muchas semejanzas con una leyenda medieval. Durante veinte años, cada vez que he vuelto a ocuparme en el estudio de Colón, han surgido irremediablemente las mismas preguntas Este suceso, ¿quién lo abona?, ¿no es mera conseja? Este o aquel lance, ¿no son apócrifos y hasta inverosímiles)” (Páginas 12-13).

    “El misterio constituye la densa niebla de su vida.
    “La fecha de su nacimiento es insegura... Las aventuras de su juventud están cubiertas por una niebla impenetrable. Guarda (el propio Colón) sobre ellas un silencio tan obstinado, que por fuerza venimos a pensar que tenía poderosas razones para callarlas. Siempre que habla de su propio pasado lo hace con la intención de crear un mito heróico. Nunca supo quién era; sólo supo quién quería ser.

    “Sus noticias (de sus viajes y exploraciones, especialmente de la tan falta de pruebas expedición a Islandia y a la zona polar) merecen escaso crédito; las observaciones geográficas y climatéricas son falsas, cuando no absurdas, como la de que la marea en aquellas latitudes sube veintiséis brazas. No es que mienta; no miente; lo ve o cree haberlo visto así; cada sucedido, cada aventura de su vida, se convierte en novela; ningún acontecimiento se mantiene dentro de sus límites y medidas; todo se abulta mostruosamente, transformándose en catástrofes y lances extraordinarios. Adivinamos un hombre que se consume, por decirlo así, con el sentimiento de su misión, sin conocer todavía su rumbo ni ver ningún camino. Por eso carece de plan fijo”. (Págs. 22-24).

    “Su estructura íntima es la de un hombre misterioso, alma sombría”. (Wassermann (Jakob), en Cristóbal Colón el Quijote del Océano (trad. de Asensio). Madrid, 1930, págs. 12-13 y 22-24 y 56 y 140).

    Ximénez de Sandoval, uno de los más modernos y más linces perscrutadores de la historia y del alma de Colón, no puede por menos de admitir y reconocer, mal que le pese, que “Cristóbal Colón es un hombre enigmático como pocos en la historia del mundo. Sus virtudes y sus defectos son universales. Su biografía es difícil, si se quiere conservar el rigor científico del dato escasísimo o contradictorio; sumamente fácil, ni sobre los aéreos cimientos del rumor o la leyenda se trata de edificar una leyenda más. Todas las tesis sobre él son verosímiles e ingeniosas. Ninguna totalmente aceptable, ni en absoluto merecedora de repulsa. Por lo demás, si siete o setenta ciudades se disputan la cuna del Almirante, él, como dice el gran poeta Paul Claudel, “no tenía más país que la tierra de Dios”.

    “Convencido de que la mentira y la farsa le han de ser necesarias en la vida, ha tomado la firme decisión de utilizarlas en beneficio propio, aunque -caballerescamente- nunca en perjuicio de otros”. (Ximénez de Sandoval (F. ), en Cristóbal Colón, págs. 7 y 12, respectivamente).

    Oigamos ahora a Fernando Soldevila, uno de los más recientes autores que de Colón han tratado:
    “El calificativo de misterioso, tantas veces aplicado a Colón, está perfectamente justificado. “Exigir que la vida de Colón sea diáfana desde sus tiernos años, es sencillamente inocente”, ha escrito Antonio Ballesteros ( en Crist. Colón, t. I-198). Pero es el caso que no se trata de los períodos indocumentados que existen en la vida de Colón como en tantas otras vidas de hombres ilustres. No es eso lo que crea el misterio, sino precisamente los documentos, las fuentes diplomáticas y narrativas, que proporcionan datos real o aparentemente contradictorios y dejan perplejo el ánimo, y han impulsado en todos los tiempos a eruditos y a aficionados a buscar y rebuscar en todos sentidos explicaciones y soluciones a las contradicciones y paradojas, tan abundantes en la biografía del Descubridor. El mismo Ballesteros declara en otro punto (de la misma obra): “Nada en la vida de Colón es incuestionable: la interrogación acompaña siempre a los momentos más drámaticos del héroe” (pág. 400), (Soldevila (Fernando), en Hist. de España, t. III-9 (Barcelona, 1954).

    Si las faltas y deficiencias morales de Colón fueron exageradas por sus émulos, no faltaron quienes le reconocieron el mérito sobresaliente de su cristiandad que sobrepujaba a todo. Ni debe extrañar a nadie semenjante vaivén de alternativas de amor y de odio. De odio, especialmente. Pero odio que se explica sin dificultad por aquella gran razón de todos tiempos y de todas las latitudes, allí donde viven descendientes de Adán. “Lo más cierto de todo es que jamás han faltado en este mundo murmuradores ni envidiosos, principalmente en este país (las Indias (=América) tan alejado de su Rey”. (Oviedo y Valdés, en Historia natural y general de las Indias, libr. III, cap. VI).

    Humboldt, que en tantas cosas no le ha hecho la merecida justicia, no puede menos de reconocer que “caracterizan a Colón la penetración y sutileza extremadas con que comprende los fenómenos del mundo exterior. Es también en absoluto notable como observador de la naturaleza, pero lo es tanto como es al mismo tiempo intrépido navegante. Nada escapa a su sagacidad -añade- llegado bajo un nuevo cielo y en un mundo nuevo: la configuración de las tierras, el aspecto de la vegetación, las costumbres de los animales, la distribución del calor según la influencia de la longitud, las corriente pélagicas, las variaciones del magnetismo terrestre...No se limita Colón a recoger hechos aislados, sino que los combina y busca su relación mutua. Algunas veces, se levanta atrevido al descubrimiento de las leyes generales que rigen al mundo físico”. Y lo que es más, “conservando en sí, al lado de tantos cuidados materiales y minuciosos, que entibian el alma y empequeñecen el carácter, un sentimiento profundo y poético de la majestad de la naturaleza”. (Humboldt, en Examen crítico, etc., t. III, págs. 20, 25 y 16).

    En general, no es exagerada la afimación de Roselly de Lorgues cuando afirma que “la persona de Colón, por su grandeza moral, no fué inferior a su empresa”.
    El hombre privado tal vez fué mejor en él que el hombre público, por la razón de que como tal no sobresalía ni por sus dotes de gobierno, ni por aquella mano derecha que conquista voluntades y atrae cariños. No era, por mucho que extrememos hacia él nuestra benevolencia, lo que hoy llamamos un político, un diplomático, un hombre de gobierno. Nació para estudiar la naturaleza, para soñar en magnas y descomunales empresas, como un anticipado Quijote de la Edad de los descubrimientos, pero no para mandar a hombres, ni para gobernar naciones ni aun provincias.

    Es cosa muy de extrañar que Colón, tan minucioso especificador de los autores y obras que había leído y consultado para su empresa Descubridora, como por ejemplo el Cardenal de Aliaco (=Ailly), ni una sola vez hace mención de Marco Polo, y eso que con toda seguridad fué uno de los escritores que principalmente leyó. Es decir, nombrarlo, no lo nombra, si bien siempre que se ofrece, se refiere a sus narraciones, como ya observó César Cantú.

    Ballesteros Gaibrois (Manuel), en Hist. de América (Madrid, 1946), expresa lo que a continuación detallamos:
    “La ciencia de Colón, -Otros de los enigmas colombinos es el relativo al grado de conocimientos que tuvo durante su vida y en qué medida éstos contribuyeron a facilitar su empresa descubridora...”.

    “Desde luego, no debe considerarse la formación colombina en bloque, como la de un hombre que va desenvolviendo su vida orgánicamente conforme a un proceso de enriquecimiento paulatino de su cultura, sino dividida vitalmente en dos grandes etapas:

    “a) Antes del Descubrimiento (1492), y b) Después del Descubrimiento.
    “ Con este distingo podremos ver hasta qué punto lo que él sabía hasta 1492 -o hasta 1484, en que aparece gestionando su idea- le va a ayudar a llevar a cabo su gesta.

    “ ¿Cuál es la formación inicial colombina? Es lógico que para contestar a esta pregunta sea preciso partir de la base firme de saber qué había sido hasta que aparece empobrecido en el Monasterio de la Rábida, y por esta razón hemos de adscribirnos a una patria determinada. Partamos del principio -que luego veremos diáfano- del origén genovés. Aceptado éste tenemos que, seguramente -como opina Lollis- Colón de niño y adolescente asistió a las escuelas públicas de Génova para hijos de tejedores, donde aprendería la bella letra que tuvo siempre y el arte de cartógrafo que tan útil le fué en la vida.

    “ Su hijo y biógrafo -Fernando Colón, hijo de Beatriz de Arana-, en su Historia del Almirante, pretende que su padre estudió en la Universidad de Pavía, pero como se conservan los libros de matrícula, y en ellos no se ha encontrado rastro del paso de Colón, vemos que no era un universitario.

    “ Lanzado por su espíritu emprendedor a viajes comerciales, se hace muy pronto ducho en las cosas del mar, él mismo nos lo dice cuando escribe a los Reyes:

    “ ... en la marinería me fizo Dios abondoso; de astrología me dió lo que bastaba, y ansí de geometría y aritmética; engenio en ánima y manos para debujar esfera, y en ella las cibdades, ríos, y montañas, yslas y puertos, todo en su propio sitio... yo he visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historia, crónicas y filosofía, y de otras ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento.”

    “ Claramente se ve que, excepto en lo naútico, Colón se confiesa autodidacto, lo que alguno de sus contemporáneos, como Andrés Bernáldez, notó claramente cuando dijo que era “hombre de muy alto yngenio, sin saber muchas letras”, lo que el mismo Colón corrobora cuando dice a los Reyes que lo “reprendieran de represión de diversas maneras, de non doto en letras, de lego marinero, de hombre mundanal...”; todo lo cual proclama que en lo que él hacía hincapié era en su calidad de marino, que viene demostrado en varias de las cartas publicadas por el Ministerio Español de Fomento (Cartas de Indias), en las que da cuenta a los Reyes de las corrientes, vientos, tiempos mejores para navegar, etc., del Mediterráneo. Podemos concluir que su bagaje científico era pobre y que su sabiduría era de carácter empírico.

    “Enlaza entonces este enigma colombino con el de la gestación de la idea descubridora. No podemos admitir la generación espontánea, y debemos preguntarnos: ¿de dónde sacó Colón su idea? De su ciencia seguramente no. Aparte trataremos de los precedentes que pudo tener en cuenta Colón. Veamos solamente lo que su ciencia era.

    “Sabemos que en los tiempos de pretensión cerca de la corte castellana y en las reuniones a que se sometió para hablar con los sabios demostró más bien inepcia que otra cosa. El Padre Cappa, en su crítico estudio colón y los españoles (en el capítulo irónicamente titulado La ciencia de Colón y la ignorancia de los españoles), pone de manifiesto cómo no fueron precisamente unos ignorantes los que se enfrentaron con Colón, sino todo lo contrario.

    “ Hasta 1492 no fué solamente la ciencia marinera la única que poseyó, sin embargo, y por la Biblioteca Colombina, reunida por su hijo, en la que se conservaron muchos de los libros que poseyera en vida Cristóbal Cólon, podemos colegir cuáles fueron sus lecturas.
    “ Tenemos en primer lugar el libro de Marco Polo -en una abreviación hecha por un tal Peppolo di Bologna-, del que no es dudoso sacara sugerencias y noticias sobre los países orientales; la Imago Mundi, de Pedro de Ailly -donde se hallan trozos de escritores clásicos, lo que le daba a Colón un tinte pseudo intelectual en sus conversaciones y escritos a los Reyes-; y la Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvio Piccolomini, luego Pío II, Papa. De la lectura de estos libros -seguramente las “noches de claro en claro y los días de turbio en turbio”, como el buen hidalgo manchego- salió gran parte de su idea, como luego veremos. La Biblia completa sus lecturas, probablemente después del Descubrimiento, y a ello se deben los tonos bíblicos en sus escritos.

    “Pese a lo dicho, Colón ha hecho aportaciones científicas de importancia y demostró saber, aunque empíricamente, en algunos puntos más que sus contemporáneos.

    “Ello lo debía a su práctica y al hecho mismo del Descubrimiento. Por ello Colón nos aparece como un hombre dotado maravillosamente en lo intelectual, al que la vida formó en su gran aula experimental. Para resumir: la ciencia le debe el descubrimiento de la desviación de la aguja magnética al polo magnético, el de la corriente del Golfo y del mar de los Sargazos.

    “Demostró su gran conocimiento de los elementos y de los instrumentos auxiliares cuando la tempestad que se tragó a Bobadilla, cuando supo usar del Almanaque de Zacuto en su naufragio de Jamaica y predecir el eclipse (con el natural terror de los indígenas), cuando supo llegar a engañar a los pilotos de la flotilla descubridora, llevando una cuenta real de las leguas recorridas y otra ficticia, más corta, para que no se alarmaran al sentirse muy lejos de la patria.

    “Podemos concluir diciendo que Colón no fué un científico de formación y que va al descubrimiento ignorante de muchas cosas que eran útiles para hacerlo; pero que una vez realizado éste llegó a poseer ciertos conocimientos científicos y que la ciencia le debe descubrimientos de importancia.”



    Enrique Bayerri y Bertomeu.
    Historiador
    Colón tal cual fué.
    Barcelona, 1960



    48. Isabel y Fernando, ¿Tíos de Colon?


    El investigador mallorquín Gabriel Verd, a la izquierda, con el genetista José Antonio Lorente Acosta.

    Es el próximo enigman que intentará resolver el profesor Lorente, el mismo médico que realiza las pruebas de ADN a los republicanos enterrados en fosas.



    Podríamos llamarle, para entendernos, el Sherlock Holmes de la génetica. Porque el ADN, ese carné de identidad personal que nunca miente, es su especialidad. Cuando unos viejos huesos caen en sus manos, ya sea fusilados en la Guerra Civil o del hermanastro de Fernando el Católico que algunas hipótesis por demostrar sostienen que fue el padre de Cristóbal Colón (quizás su próxima investigación en tumbas de tronío), el profesor Lorente es capaz de decir más de ellos que cualquier DNI. El suyo cuenta que nació el 25 de Junio de l961 en un pueblo de Almería y que es profesor de la Universidad de Granada, la tierra donde fue asesinado Federico García Lorca sin que nunca se haya encontrado su sepultura.

    Hijo y hermano de forenses -uno de ellos, Miguel, es autor del libro Mi maridome pega lo normal, sobre los malos tratos a mujeres-, Jose Antonio Lorente Acostaacaba de abrir una página inédita de la Historia de España.Porque la toma de muestras que realizó el sábado de la semana pasadaen Priaranza del Bierzo (León), sobre cuatro cadáveres de un grupode 13 republicanos asesinados de varios tiros en la nuca al principio de la GuerraCivil, es un viaje en el tiempo a un pasado que hace 66 años quedó malsepultado en fosas clandestinas regadas por campos y carreteras de España.Por primera vez se hacían análisis de ADN para identificar a víctimasciviles del alzamiento (ver CRÓNICA del 17 de marzo).

    El experto genetista, que ha sido llamado a hurgar como científico entrefosas comunes de desaparecidos de América Latina (Chile, Perú,Colombia...), tiene ahora sobre su mesa una propuesta de alcance mundial. Setrataría de identificar los restos de Colón (en la catedral deSevilla o en la de Santo Domingo, que las dos ciudades se disputan la verdaderasepultura) y extraer su ADN para aclarar si, como sostiene el secreto autor delencargo, pudiera haber sido el hijo bastardo que el Príncipe de Viana,hermanastro de Fernando el Católico, tuvo durante su breve estancia mallorquina(1458-1459) con Margarita Colom.


    APRENDIZ CON EL FBI

    No será la primera vez que Lorente contribuya, como jefe del laboratorio de genética humana de la Facultad de Medicina de Granada, a aclarar la Historia con mayúscula. Su paso en 1992 por la academia del FBI en Virginia (EE.UU.) becado por la OTAN -él, que fue objetor de conciencia- y sus investigaciones con ADN desde 1989 le acreditan como eficaz oráculo. A partir de 1994 se especializó en hacer hablar a los huesos.

    “ En uno de mis frecuentes viajes a Suramérica, a El Salvador”,cuenta el forense andaluz, “ se me acercó un señor, que eraarquitecto y muy culto, y me hizo entrega de unos viejos restos óseos.Con cierto misterio me explicó que podría tratarse del emperadorMaximiliano de México. El hombre sostenía que Maximiliano no fueejecutado en 1867 y pudo huir hasta El Salvador, donde habría vivido pacíficamentehasta su muerte... La comparación con el ADN de familiares directos delarchiduque de Austria a quien Napoleón III hizo emperador de Méxicodió negativo”. Pero a veces, sabe Lorente, una simple secuenciade ADN puede cambiar la Historia (y alude a los famosos casos de Anastasia, lasupuesta hija de los zares de Rusia que no era tal, y Luis XVII, el hijo de MaríaAntonieta y Luis XVI que sí fue enterrado en la prisión parisinade Temple, según confirmaron los análisis genéticos).

    Quizás por orgullo patrio o por simple prurito profesional, a Lorente le excita la futura investigación sobre los restos de Colón. “Es como si me dieran una patada en cierta parte cada vez que en EE.UU., leo que era un marino genovés. Imagínate si sería hermoso demostrarles que no sólo era español sino hijo de un personaje como el Príncipe de Viana”.

    El azar ha querido que el científico vuelva a reencontrarse con Carlos de Aragón (1421-1461), el hijo del Rey Juan II (padre después de Fernando el Católico) y Blanca de Navarra, su primera esposa, cuyos restos fueron localizados en 1995 en una iglesia de Santa María de Nieva (Segovia). El profesor de la Universidad de Granada fue llamado entonces para desfacer un complicado entuerto: tomar muestras de ADN y compararlas con otras del Príncipe de Viana, cuyos restos se creían situados en el monasterio de Poblet (Tarragona). Lorente recibió el encargo del Gobierno Foral de Navarra. “La secuencia del ADN mitocondrial, al tratarse de madre e hijo, debería haber sido la misma, pero no fue así... Realmente había un caos de huesos en el sepulcro de Poblet, que había sido saqueado en dos ocasiones. Mi hipótesis es que los huesos de los que tomamos la muestra eran de otra persona... Ahora trabajamos con otras instituciones en el monasterio para localizar definitivamente los restos del principe y de otros miembros de la realeza como Jaime I El Conquistador, Pedro el Ceremonioso...”

    El grueso del trabajo diario del profesor Lorente se centra, no obstante, en episodios contemporáneos más cotidianos. Dilucidar paternidades (de su equipo fue el raro hallazgo, en 1997, de las mellizas que tenían distinto padre), aclarar violaciones, identificar cadáveres y ... desaparecidos.

    Él fue hombre clave en la puesta en marcha en 1999 del programa Fénix:un banco nacional de ADN -primero en todo el mundo- sobre desaparecidos y susfamiliares que acaba de hacer posible, por ejemplo, la identificacióninmediata del cadáver momificado de una niña desaparecida tiempoatrás en Salou (Tarragona). “Llevamos”, habla Lorente en plural,sin olvidarse ni de la Guardia Civil ni de las fundaciones que aportan los 900.000euros anuales del Fénix (BBVA, Caja Madrid, Endesa, March, Botín,Barrié, Areces, Altadis y Telefónica). “16 casos criminalesresueltos, 160 restos óseos analizados y hemos tomado muestras de ADNa 236 familias con algún desaparecido”.

    El viernes 15 de marzo el coche de Lorente dejó Granada en el retrovisor. Acompañado por su esposa, Begoña (trabaja para el Corte Inglés como especialista en medicina del trabajo) y sus dos hijas (8 y 6 años), enfiló la carretera rumbo a la comarca leonesa de El Bierzo. En el maletero, una bolsa de plástico blanco endurecido del tamaño de una caja de zapatos lista para recibir los trozos de huesos (dientes, fémur, vértebras) de los cuatro primeros republicanos del grupo asesinado en Priaranza en 1936.



    LA GUERRA CIVIL

    “Después de localizar la fosa y hacer las exhumaciones, los de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica me pidieron que se hicieran las pruebas de ADN dentro del programa Fénix. Les tuve que explicar que las víctimas de la Guerra Civil no estaban incluidas. En enero pasado volvieron a insistirme y me tocaron algunas fibras sensibles”.

    Aunque en su propia familia no hubo víctimas de la guerra, Lorente entendió la demanda de quienes nunca pudieron enterrar a sus muertos. “ Esto es pura justicia, histórica y humana. Imagínate que te saquen de tu casa una noche, te peguen un tiro, te echen en la cuneta y 60 años después nadie se haya preocupado de recogerte... Así que me ofrecí a hablar con la Universidad a ver qué podía hacer. Les expliqué que no era posible realizar los 13 análisis. De común acuerdo, elegimos a cuatro porque parecían mejor identificados antropológicamente. No había dinero para más”.

    Empezaba así su primer trabajo vinculado con la guerra española. De otras batallas fratricidas, en tierras americanas, había investigado más. “Cuando estuve con el FBI, en Virginia, conocí a muchas delegaciones de países de habla hispana que nos visitaban y todas querían que les ayudáramos a identificar a sus desaparecidos”. Lorente no supo decir no.

    El programa fénix, años después, terminó cruzando fronteras y ya funciona en Colombia, México e incluso en EE.UU. Y en el laboratorio de la Universidad de Granada la cooperación internacional se materializa en cajas con huesos y otros restos orgánicos que de vez en vez llegan desde América: hace unos meses, 300 muestras de familiares de desaparecidos con Pinochet, antes restos para su identificación de los 14 miembros del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru que asaltaron en 1997 la embajada de Japón y fueron acribillados por militares de élite enviados por el hoy fugado Alberto Fujimori, o de las víctimas (magistrados y terroristas) del sangriento asalto en 1985 al Palacio de Justicia de Bogotá, sede de la Corte Suprema de Colombia.

    A por los huesos de los cuatro republicanos leoneses fue él en persona. Le acompañó su familia, la pequeña bolsa blanca de los restos y unos kits con bastoncillos para tomar muestras de la mucosa bucal de los familiares vivos de Juan F. Falagán, Emilio Silva, Manuel Lago y Enrique González Miguel. A partir de ahora hablará el ADN, ‘una ciencia exacta’. Lo demás es historia.



    Idelfonso Olmedo
    El Mundo nº 336. Crónica.
    Domingo 24 de Marzo de 2002.
    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    49.-El origen mallorquín de Cristóbal Colón. La lengua de Colón.



    Con relación a este tema, mucho se ha escrito y comentado. Sin embargo, es digno de tomar en consideración el magistral estudio del gran filólogo español Ramón Ménendez Pidal, que arroja los resultados siguientes:

    1º Colón escribía siempre en latín o en español, nunca en italiano ni en portugués.

    2º Su latín era hispánico, y cuando comete errores de la mencionada lengua latina, dichos errores son hispanismos.

    3º Su español es muy aportuguesado, pero no aparecen italianismos.

    4º La primera lengua moderna que Colón supo escribir fue el español.

    Es importante tener en cuenta el hecho de que mientras el futuro Descubridor residía en Portugal (período 1476-1485), antes de entrar en Castilla, en uno de sus libros, la “Historia rerum ubique gestarum” de Eneas Silvio (Pío II), edición de Venecia, 1477, escribrió en 1481 una larga apostilla en español.

    “Hacia 1495, cuando Colón volvió a España de su segundo viaje, leía la “Historia de Plinio”, traducida por Chistóforo Landino, Venecia, 1489, y anotaba en español sus márgenes. Hasta que punto tenía Colón el español como lengua habitual de su pensamiento y, sobre todo, como lengua para la escritura, lo muestra el hecho de que las notas manuscritas repiten al margen en español las mismísimas palabras italianas del texto impreso”.

    Salvador de Madariaga, en uno de sus libros nos dice que, “el castellano en el siglo XIV ya entonces se hablaba como lengua predominante en algunas comarcas de Mallorca y en Tortosa”.

    La correspondencia entre Cristóbal Colón y sus hermanos, y lo mismo la dirigida al italiano Padre Gorricio, que vivía en el Monasterio de las Cuevas de Sevilla, está toda en español. Ello evidencia que Bartolomé y Diego, ya antes de arribar a Castilla, hablaban y escribían en castellano. Hasta la fecha, nadie ha podido demostrar documentalmente que lo hicieran en italiano.

    Con razón un ilustre orador colombino Antonio Gómez Restrepo, decía en la Fista de la Raza en 1917, en Bogotá, que el español fue el idioma que usó Colón “aún en aquellos escritos de tal manera íntimos y personales, que sólo se redactan en la lengua que se ha aprendido a hablar desde la cuna. En español consignó los incidentes de sus portentosos viajes, en forma de diario; en español están sus cartas; en español fue escrito el libro extraño de las Profecías, que nos revela hasta dónde alcanzaba la exaltación de su espíritu de iluminado en aquel hombre de sentido tan práctico y tan positivo. No empleó nunca Colón, ni en los momentos decisivos de su existencia el italiano ya que por entonces había llegado a su perfección clásica, sino la lengua vigorosa, enérgica, ruda todavía, pero próxima a los esplendores de la Edad de Oro, de la cual había de decir Carlos V poco después que era el idioma más apropiado para hablar con Dios”.



    SU ORIGEN MALLORQUÍN

    Desde aquella memorable fecha del 12 de Octubre de 1492 en la que fué descubierto el Nuevo Mundo, hasta nuestros días, muchas han sido las teorías que se han presentado acerca del origen de Cristóbal Colón. La oscuridad de sus orígenes ha llevado a los historiadores a hacer las más diversas interpretaciones y son muchos los países que reclaman la paternidad del Almirante.

    La teoría sobre la procedencia mallorquina del Decubridor no se ha visto corroborada documentalmente hasta el presente siglo en el que diferentes ilustres historiadores han tratado de demostrar que el verdadero Descubridor de América no fué el genovés Cristóforo Colombo, sino el mallorquín Cristóbal Colom.

    El primero de ellos fué sin duda el peruano Luis Ulloa quien se dedicó al tema a partir del año 1922 renunciando al cargo de director de la Biblioteca Nacional de Lima, al confiarle el Gobierno de Perú una misión especial de estudio en los Archivos y Blibliotecas de Europa.

    Ulloa, en un libro publicado en 1927: “Cristófor Colom fou Català, la veritable gènesi del descobriment” define al Almirante como un noble nacido en los paises de habla catalana cuyo verdadero apellido era “Colom”, y en su nombre, por otra parte, así como en el escudo, símbolos y firma se encuentran indicios de catalanidad.

    Como originario de Felanitx ha sido descrito por Ricardo Carreras Valls, Renato Llanas de Niubó, Bartolomé Arán, Suau Alabern, José María Millás. etc., y más concretamente como hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana, y de Margarita Colom, lo aseveran Juan Cerdá, el sevillano Manuel López Flores, Luis Schoch y Pereira de Castro, y el venezolano Hermano Nectario María, que fué Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela en España. Miembro de cuatro Academias de Historia de Hispanoamérica y de dos de Europa, y autor de toda una serie de obras de carácter histórico.

    Colón, a lo largo de toda su vida tuvo siempre puesta su mirada silenciosa hacia su patria chica, es decir, hacia las tierras que le vieron nacer y de las cuales no pudo hablar nunca por razón de Estado. Y así fué como el 12 de Octubre de 1492 denominó San Salvador, a la primera isla que descubrió, dándole él mismo nombre del Santuario de San Salvador de Felanitx, que él conoció durante su infancia y que, como se sabe, fué construido en 1349.

    El 28 de Octubre, en Cuba, Colón nombró también San Salvador a un río y a un puerto que, a su juicio, entendía que era frecuentado por naves del Gran Can. Como se podrá observar, al igual que anteriormente, el Almirante no mencionó en ninguna parte la procedencia del citado nombre de San Salvador.

    El 9 de Enero de 1493 el Almirante escribió en su Diario que “llegó a una punta que llamó Punta Roxa, que está justamente al Leste de MonteCristi”. Esta Punta Roxa que se halla situada en la Costa Norte de la República Dominicana tiene su homónimo en la Costa Norte de Mallorca. Se encuentra entre el Puerto de Sóller y La Calobra.

    También al Sur de la República Dominicana, situada entre Azua y Bani, se halla la Punta Salinas, la cual muy posiblemente Bautizó con este nombre Bartolomé Colom, hermano del Descubridor, pues tenemos constancia que estuvo habitando por esta zona largo tiempo. En Mallorca este topónimo está situado al Sur de la isla. Se conoce como Cabo Salinas. Figura ya registrado con esta denominación en la famosa carta náutica que el cartógrafo mallorquín Angelino Dulcert dibujó en 1339. Hoy conservada en la Biblioteca Nacional de París.

    Mientras realizaba su tercer viaje a América, con el nombre de su madre “Margalida”, (Margarita en castellano), el Almirante designó a una isla cerca de la Costa de Venezuela. El cartógrafo Juan de la Cosa transcribió esta palabra mallorquina en la carta náutica que dibujó en el Puerto de Santa María, en el año 1500. Se conserva actualmente en el Museo Naval de Madrid. Ella procedía del mapa que en 1498 trazó Colón de las nuevas tierras descubiertas y que, como asegura Samuel Eliot Morison, “un testigo en los pleitos de 1514 dijo que todos los descubridores posteriores de tierra firme se guiaban por las cartas que el Almirante había hecho, porque sólo él hizo cartas de todo lo que descubrió.” En el archivo del Palacio de Liria, de los Duques de Alba en Madrid, se conservan varias cartas autógrafas de Colón en las que firma “El Almirant” en mallorquín y no “El Almirante” en castellano.

    En el archivo del Reino de Mallorca, año 1482, se conserva un interesante documento en el cual se menciona a Miguel de Pax Vice-Almirant, hecho que prueba que la mencionada palabra ya se usaba en la Isla en el siglo XV.

    Con relación al verdadero apellido del Descubridor existe la evidencia que no era ni Colombo ni Colón, sino Colom, con “m” final, tal y como se escribe en los países catalanes. Es de tomar en consideración que del Almirante de las Indias no se ha podido probar documentalmente jamás que durante todo el tiempo que vivió en Portugal y en Castilla se le llamase ni una sola vez Colombo.

    Joao de Barros, cronista del Rey Juan II de Portugal le llama en 1484 Christovam Colom. Lo mismo acontece en la carta del Conde Borromeo de 1494; en el colofón de la edición alemana de la Carta de Colón, impresa en Estrasburgo, en 1497, en la que costa que la traducción se hizo del catalán; en los facsímiles de los encabezamientos de las diez ediciones de la carta del Almirante, publicadas en diversos países europeos -y tres de ellas en Italia- entre 1493 y 1497.

    A todos estos testimonios todavía podemos anexar un escrito dirigido “Al Rey y a la Reyna” que consta en el “Libro de Privilegios” del Descubridor, en el que consta, como en otros muchos del mismo, el nombre “Colom”.
    Gonzalo Fernández de Oviedo en su “Historia General y Natural de las Indias” también le llama siempre “Colom”.

    En Castilla, en 1487, el futuro Almirante recibió varios estipendios librados por la contaduría y pagados por la tesorería de los Reyes. Los asientos de todas estas sumas constan en los libros del tesorero Francisco González de Sevilla, a nombre de Cristóbal Colomo, lo que evidencia que por estas fechas, Colón había adoptado este nombre, al menos para documentos oficiales.

    De la misma forma le llama también el Duque de Medinaceli, en una carta que desde Gogolludo escribió, el 19 de Marzo de 1493 al Gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza.

    Fernando Colón y Fray Bartolomé de Las Casas cuentan que el Descubridor “se solía llamar antes que llegase al estado que llegó Cristóbal Columbo de Terrarubra, y lo mismo su hermano Bartolomé Colón”.

    Esta interesante definición que nos indica su lugar de procedencia, ha sido lo que ha posibilitado conocer el lugar exacto de su nacimiento y dónde pasó su infancia.

    Está documentalmente demostrado que ya en 1346 existía en Felanitx una extensa finca denominada Alquería Roja, nombre que traducido al latín se transforma en Terra Rubra. Actualmente se le llama Son Ramonet. A pesar de que Doña María Maimó, actual propietaria de Son Ramonet, dice saber de su abuelo que este predio y Son Colom antiguamente estaban en la misma mano. Por falta de documentos que lo acrediten a mediados del siglo XV no se sabe a quien pertenecía esta mencionada finca. Sin embargo se tiene constancia de que en 1431, Juan Colom, abuelo del Almirante, era propietario de una finca que estaba situada cerca del camino real que desde Felanitx conducía a Manacor.

    Varias declaraciones hechas por el propio Colón están en concordancia en que nació en Mallorca en 1460, y que comenzó a navegar desde muy joven. El 21 de Diciembre de 1492 Colón escribe en su diario que ha “andado veinte y tres años en la mar, sin salir de ella tiempo que se haya de contar, y vi todo el Levante y Poniente”.

    El Almirante en carta a los Reyes desde Cádiz o Sevilla en 1501 manifiesta: “Muy altos Reyes: de muy pequeña hedad entré en la mar navegando y lo he continuado fasta oy”.

    El navegante mallorquín también declaró que vino “a servir de veintiocho años” (a los Reyes Católicos). Esta afirmación se halla en la carta que escribió a los Monarcas desde Jamaica el 7 de Julio de 1503.

    Estas últimas afirmaciones prueban: En primer lugar, cuando declara Colón que ha andado veintitrés años en la mar, justifica que empezó a navegar en 1469, es decir, cuando tenía nueve años de edad. En segundo término cabe destacar que la navegación fue siempre su oficio. Finalmente declara que vino a servir a los veintiocho años a los Reyes, con lo que proclama que empezó a servir a Don Fernando y a Doña Isabel en 1488.

    Se sabe que diversos historiadores han considerado al Almirante embustero incorregible por no armonizar sus asertos con la tesis genovesa. Pero como podemos comprobar, El Descubridor no puede ser nunca el genovés Cristóforo Colombo que nacido en 1451, ejerce de tejedor de paños por lo menos hasta 1473, tal como varios investigadores afirman.

    El hijo del Descubridor, Fernando, en su obra la “Historia del Almirante”, manifiesta refiriéndose a la procedencia de su padre, que “quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos”.

    Posteriormente, en otra página Fernando añade: “Volviendo a las condiciones y personas de sus progenitores, digo que, si bien fueron personas de valía, habiendo sido reducidos a necesidad y pobreza a causa de las guerras y bandos de Lombardía, no encuentro en qué forma vivieron ni donde habitaron, a pesar de que el mismo Almirante diga en una carta que su trato y el de sus mayores fué siempre por mar”.

    En esta misma obra también nos dice que “el Almirante fue hombre de letras... y que no gastó el tiempo en cosas manuales ni en artes mecánicas”. Después añade: “Pondré fin a este capítulo con lo que escribió en su carta al aya del Príncipe Don Juan de Castilla, con estas palabras: “Yo no soy el primer Almirante de mi familia”.

    La clave del enigma:

    Si Cristóbal Colón “quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos”, causas profundas lo debían motivar. El Almirante, hijo de padre noble y de madre plebeya, como lo expresaban en aquella época las leyes reales, no podía participar en la herencia de su progenitor. Pero como hecha la ley, hecha la trampa, mediante el procedimiento de la ocultación de sus orígenes, en Castilla se le concedieron grandes oficios reales.

    Este hecho tiene precedentes. Don Alfonso V el Magnánimo, Rey de Aragón y de Sicilia, entre 1394 y 1458, y de Napolés desde 1442, tuvo tres hijos naturales reconocidos. Uno de ellos fue Don Fernando de Calabria, que ostentaba el Título Nobiliario de Duque y del cual el Rey jamás mencionó el nombre de su madre. Su progenitor en su Testamento, el 26 de Junio de 1457 le nombró heredero del Reino de Nápoles.

    Con relación a este asunto, el Profesor Manzano en su obra Cristóbal Colón, Siete años decisivos de su vida (1485-1492), relata: “El precepto legal alfonsino prohibe absolutamente las uniones extramatrimoniales de barragania de... “ilustres personas” (reyes, principes, duques, marqueses, condes, etc.), con mujeres viles, plebeyas, tanto en el caso de que ellas mismas fueran de condición inferior como en el de que lo hubiesen sido sus ascendientes. Y la razón de semenjante prohibición no es otra que la oportunidad y claramente expresa la ley: porque no sería cosa digna ni decorosa que la sangre de los nobles se mezclara con la de tan viles mujeres. Hasta tal extremo intenta la ley evitar esas uniones nobles cons de condición inferior como en el de que lo hubiesen sido sus ascendientes. Y la razón de semejante prohibición no es otra que la oportunidad y claramente expresa la ley: porque no sería cosa digna ni decorosa que la sangre de los nobles se mezclara con la de tan viles mujeres. Hasta tal extremo intenta la ley evitar esas uniones de nobles constituidos en elevadas dignidades con mujeres viles, que a los hijos habidos en ellas en ningún caso los considera naturales, sino espúreos, es decir, como hijos habidos en “mujer”... que se da a muchos, razón por la cual no pueden participar de la herencia de los padres, ni estos, si no quieren, estan obligados a criarlos”.


    Muchos fueron los pasos que anduvo el desdichado Fernando por tierras de Italia buscando el lugar donde nació su padre, pero desde luego, sin resultado alguno.

    En definitiva, Fernando Colón afirma que en su familia había otro Almirante y que por mala fortuna y, a causa de las guerras, había venido a gran necesidad y pobreza. Según criterio de diversos historiadores, no estaba equivocado, pues José María Quadrado en su libro “Forenses y Ciudadanos” al asegurar que en Felanitx (Mallorca) a mediados del siglo XV, el abuelo de Cristóbal Colón, o sea, a Juan Colom, se le exigió la “responsabilidad por sus hijos prófugos, y hubo casi de disipar su hacienda en donativos al veguer, escribano y baile”.

    Juan Colom, además de ser el padre de Margarita (madre del Almirante de las Indias), lo era también de unos prófugos que se exiliaron en Provenza, reino del Rey Renato de Anjou, al cual pretendían los amotinados forenses entregar el Reino de Mallorca.

    Estos hijos de Juan Colom, eran dos: uno se llamaba Cristóbal Colón, como su sobrino, y el otro era el que se conocía con el nombre de Guillaume de Casenove Coullon, Almirante-corsario que estuvo al servicio del Rey Renato, y que era conocido en Italia por Colombo y en España por Colón.

    Entre 1469 y 1476, Cristóbal Colón estuvo navegando con ellos, período en que el futuro Descubridor aprendió astronomía y la ciencia marítima.

    En el Registro General del Sello del Archivo de Simancas se conservan dos valiosos documentos en los cuales se menciona al corsario Colón, capitán del Rey de Francia.

    El primero de ellos fechado en Sevilla, a 30 de Enero de 1478, dice: “Carta de marca y represalia a favor de Juan López de la Riaza, vecino de Guetaria, cuya nave fué tomada y saqueada por los bretones de Bristol y entregada más tarde a Colón, capitán del Rey de Francia, del que hubo de rescatarse el dicho.”

    El segundo documento, fechado en Vitoria, a 4 de Noviembre de 1483, describe: “Para que el licenciado López de Chinchilla haga información sobre los gastos y daños ocasionados a Juan Ochoa de Elguero, armador de Bilbao, en servicio de Sus Altezas, uno de los cuales fué la pérdida de una nao que le tomó Colón, Capitán del Rey de Francia.”

    Lo que verdaderamente nunca logró saber el pobre Fernando fué el lugar de nacimiento de su padre, y así, tras sus infructuosas investigaciones personales por Génova y otros lugares de Italia, pretendió seguirlas por tierras catalanas, lugar donde halló muchas dificultades, no porque se hubiese borrado su origen familiar, sino debido al Real Decreto con que el Rey Carlos V, el año 1523 le prohibió continuar sus estudios y la búsqueda de datos por Cataluña. ¿Por qué se lo prohibió?, ¿Cuáles fueron las motivaciones que forzaban al Monarca para tomar tal determinación?, ¿Qué explicación tiene la citada determinación si Colón era genovés?

    Conclusión: La prohibición estaba marcada por el interés que tenía la Corona en impedir que se desvelase el secreto, por ser dicho tema Razón de Estado.

    De tomar en consideración es también el hecho que Colón no solamente fue navegante nato, sino también un gran cartógrafo, pues según relata Samuel Eliot Morison, estaba bien “preparado para hacer los mapas de sus propios descubrimientos, y sin duda registró cada nueva isla en una carta en blanco mientras navegaba a lo largo de ellas. Dos veces en el Segundo Viaje encontramos referencias a su registro de aun las más pequeñas islas en una carta que estaba preparando”.





    50.-La nobleza del almirante


    Carta de Cristóbal Colón al mallorquín Miguel Ballester, datada en La Cocnepción, 21 de mayo de 1499.


    La gran diferencia que existe entre la fábula genovesa y los hechos que se conocen de la vida real de Cristóbal Colón, ser perfila nítidamente en su personalidad, pues tanto su aspecto autoritario como su carácter y aficiones literarias, ponen en evidencia que ni era de origen plebeyo, ni tampoco de ascendencia hebrea.


    La noble alcurnia del Almirante donde empezó a notarse fue en Portugal. Todo ello se deriva como vamos a tratar de probar, del hecho de ser hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana, el cual, era muy conocido en este país, pués en 1459, durante su confinamiento en la isla de Mallorca, le visitó el embajador portugués Gabriel Lorenzo, que era portador de las bases mediante las que se concertaba el matrimonio de Don Carlos con la infanta Catalina, hermana del Rey de Portugal. La muerte del Príncipe de Viana, en Septiembre de 1461, afectó tanto a la Infanta lusitana que se retiró al convento de Santa Clara de Coimbra, de por vida.


    Así vemos a Colón, en 1478 ó 1479 casarse, probablemente en Lisboa, con Filipa Moniz Perestrello que pertenecía a una familia de la más alta nobleza lusitana. Filipa era noble por ambos costados, e incluso estaba emparentada con el Arzobispo de Lisboa.


    Mientras residía en este país, el noble navegante se relacionó y fue bien acogido por la Corte lusitana. Esto le permitió incluso el poder copiar la famosa carta que había enviado el 25 de Junio de 1474 al matemático y físico de Florencia, Paolo del Pozzo Toscanelli, al canónigo Fernando Martins, que le fue prestada por el Rey de Portugal que la tenía en su archivo.
    Llegado el año 1483, cuando sus proyectos de descubrimiento ya estaban definidos, propuso a Don Juan II, descubrir grandes tierras muy ricas en oro, plata y piedras preciosas, por la vía del Poniente hacia Auster o Mediodía. Pero a cambio, solicitó al Rey de Portugal lo siguiente: “Primeramente, que le honrasen armándole caballero de espuelas doradas”, como segunda condición, “que se pudiese llamar Don Cristóbal Colón, él y sus sucesores”, y, como tercera condición, “que le diesen título de Almirante Mayor del Océano”.


    No cabe duda que nadie hasta entonces, ni posteriormente, había presentado a Don Juan II tan magnas peticiones que, solamente se justifican en un personaje de estirpe real, tal como él lo era, hijo de Don Carlos, Príncipe de Viana y de Margarita Colom. El futuro Almirante pedía más de lo razonable: pedía retazos de soberanía porque se sentía hijo de Rey.
    Posteriormente, a principios de Marzo de 1493, al regreso de su primer viaje a las Indias, el Almirante fue recibido por el Rey de Portugal con los honores debidos a su alto rango.
    El prestigioso historiador norteamericano Washington Irving nos lo relata así: “Al aproximarse a la residencia Real. Salieron a recibirle los principales caballeros de la comitiva soberana y lo condujeron con gran pompa al palacio. La Recepción que le hizo el monarca fue digna de un príncipe ilustrado. Mandó que tomase asiento en su presencia; distinción dispensada sólo a personas de la sangre real ó egregia estirpe, y después de muchas enhorabuenas por el glorioso resultado de su empresa le aseguró que cuanto el Portugal contenía que pudiese serle útil a sus soberanos o a él, quedaba enteramente a sus órdenes”.


    Mientras Colón estaba en la Corte, Don Juan II mandó a los Reyes Catolicos y al Duque de Medinaceli un rápido mensajero para hacerles saber la inesperada y feliz noticia. Dada su situación geográfica, las buenas nuevas llegaron antes a Cogolludo (Guadalajara) que a Barcelona; así fue como Don Luis fue el primero que supo que Colón había vuelto de su primer viaje y había descubierto todo lo que prometió.
    El 19 de Marzo, desde Cogolludo, el Duque de Medinaceli escribió una carta a su tío el Gran Cardenal Don Pedro González de Mendoza dando cuenta de aquella arribada. En un fragmento de ella podemos leer: “Reverendísimo Señor. No sé si sabe Vuestra señoría cómo yo tove en mi casa mucho tiempo a Cristóbal Colomo, que se venía de Portogal y se quería ir al Rey de Françia para que emprendiese de ir a buscar las Indias con su favor y ayuda; e yo lo quisiera provar y enbiar desde el Puerto, que tenía buen aparejo con tres o cuatro caravelas, que no me demandava más, pero como vi que hera esta empresa para la Reina, Nuestra Señora, escrevilo a su Alteza desde Rota y respondióme que gelo enbiase”.
    Cabe recordar que en 1485, rechazado su proyecto en Portugal, el futuro Descubridor abandonó este país acompañado por su hijo Diego, y se encaminó hacia el Puerto de Palos. Tras su paso por el Monasterio de La Rábida, lugar donde halló un hogar y escuela para su hijo, el noble navegante se encaminó hacia los dominios del Duque de Medina Sidonia. Allí le propuso sus planes, pero por causas que se desconocen no fueron aceptados. Frustrado de nuevo su proyecto, Colón dirigió su mirada hacia el Duque de Medinaceli que, a la sazón, residía en el Puerto de Santa María.
    Don Luis de la Cerda acogió con entusiasmo el proyecto de Colón sin tener la necesidad de consultar con nadie, y le dió alojamiento en su residencia Ducal tal y como lo manifiesta en su carta recientemente citada. Salvador de Madariaga asevera que en el palacio del Duque, Colón fue tratado y protegido con los honores y preeminencias que entonces se dispensaban a las personas de noble alcurnia.


    Este apoyo que Cristóbal Colón recibió en el ducado de Medinaceli, no resulta aceptable que lo recibiese un mercader genovés, pero sí un hijo de Don Carlos, habida cuenta que Don Luis de la Cerda se había casado con Doña Ana de Navarra y Aragón, hija natural del Príncipe de Viana y de Doña María de Armendáriz, hecho que prueba que el futuro Almirante era cuñado del Duque.
    En el Archivo de la casa de Medinaceli, Casa de Pilatos en Sevilla, se conservan varios documentos que acreditan estas aseveraciones. En uno de estos documentos se describe lo siguiente: “Don Luis de la Cerda, Vº Conde de Medinaceli, Señor del Puerto de Santa María y de la Villa de Cogolludo y su tierra... casó tres veces. La primera con Doña Catalina Laso de Mendoza.
    Casó segunda vez con Doña Ana de Navarra y Aragón, hija del Príncipe Don Carlos, primogénito de Navarra, y de Doña María de Almendáriz, de quien tuvo por su hija única a Doña Leonor de la Cerda y Navarra”.


    En Enero de 1486 el futuro Almirante se dirigió a Córdoba portando unas cartas del Duque al confesor de la Reina. En esta misma ciudad, a fines de Abril o principios de Mayo, tuvo lugar la primera entrevista entre Colón y sus tíos los Reyes Católicos. Cabe citar que desde esta fecha fue ayudado y protegido por los Monarcas, hecho que evidencia que Cristóbal Colón no era Cristóforo Colombo.
    Mientras el navegante residía en Córdoba, conoció a Beatriz Enriquez de Harana, la que habría de ser la madre de su segundo hijo, Fernando, que nació en Agosto de 1488, y, como podemos ver, en vez de darle el nombre de Doménico, nombre del padre del Colombo genovés, se le dió el del Rey Fernando.


    Antes del descubrimiento de América y durante el tiempo que vivió en Castilla, al futuro Almirante en vez de verle rodeado de mercaderes genoveses, como nos lo pintan algunos historiadores, le vemos amparado por altas personalidades. Cabe mencionar a Alonso de Quintanilla, Contador Mayor de los Reyes, el Cardenal Don Pedro González de Mendoza, conocido con el sobrenombre de “Tercer Rey”; Fray Diego de Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca y también tutor del Príncipe Juan, heredero del trono, Andrés Cabrera y su mujer Beatriz Fernández de Bobadilla, Marqués y Marquesa de Moya.


    En la Casa de Aragón también tenía influyentes amigos, entre los que se encontraban Gabriel Sánchez, tesorero, y Luis de Santángel, escribano de ración. Los Santángel eran una de las familias más ricas de Aragón, de origen judio convertida al cristianismo en 1430. Luis de Santángel que financió el primer viaje de Colón, con un préstamo a la Corona de 1.140.000 maravedís, había nacido en Valencia y era hijo de Luis de Santángel, el Viejo, el cual mantuvo continuas y excelentes relaciones con los Reyes Alfonso V El Magnánimo y Juan II.
    El 14-4-1467 se concuerda matrimonio entre Galcerán de Santángel, de Valencia, hijo de Luis, mercader, y Graciosa, doncella, hija de Pere Pardo, difunto, mercader, que aporta un dote de 2.000 libras. Los Pardo era la familia de mercaderes más importante de Mallorca, la más activa y la que mayor capital invertía en el comercio marítimo y en seguros. En 1450 Gabriel Pardo aseguraba a Nicolau Centurione, mercader genovés, 1000 libras en un viaje a Pera.


    En 1470 el mismísimo Luis de Santángel que financió el primer viaje de Colón residía en Mallorca, lugar donde vivía su amigo Arnau Descós, personaje de ilustre familia, amante de las letras y célebre lulista. Ambos se conocieron cuando estudiaban en Nápoles. El 21 de Noviembre de 1470 Luis de Santángel, menor, mercader de Valencia ahora residente en Mallorca, nombra a Gabriel Plegamans, mercader, por patrón de su balenero para ir a Sicilia. Tambiénhallamos en Mallorca al Tesorero de la Corona de Aragón Gabriel Sánchez.
    Cristóbal Colón, al regreso de su primer viaje escribió una carta dando cuenta de sus descubrimientos a sus amigos Luis de Santángel y Gabriel Sánchez. Las misivas están fechadas a 15 de Febrero de 1493.
    El 17 de Abril de 1492 se firmó en Santa Fe de la Vega de Granada un importante documento de incalculable valor histórico. En dicho documento que se conoce con el nombre de “Capitulaciones de Santa Fe”, quedaron estipuladas todas las condiciones establecidas entre Colón y la Corona, mediante las cuales se llevaría a cabo la empresa del Descubrimiento.


    La primera condición que registra el documento es que “Vuestras Altezas como Señores que son de las dichas Mares Oceanas fazen dende agora al dicho don Christoval Colón su Almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubrieran o ganaran en las dichas Mares Oceanas para durante su vida, y después de muerto, a sus herederos e sucessores de uno en otro perpetualmente con todas aquellas preheminencias e prerrogativas pertenecientes al tal officio, en segund que Don Alfonso Enriquez, quondam, Almirante Mayor de Castilla”.
    La segunda condición que impone el noble navegante es que “vuestras Altezas fazen al dicho don Cristóbal su visorey e Governador General en todas las dichas tierras firmes e yslas que como dicho es el descubriere o ganare en las dichas mares”.


    De este contrato de Cristóbal Colón con los Reyes Católicos, algunos historiadores han llegado a decir que nunca se vió ni se verá otro parecido, habida cuenta que es un tratado sobre lo desconocido, y en el que el navegante va demandando y la Corona accediendo. Y así fue como estos relevantes honores y codiciadísimos oficios, el sobrino de los Monarcas de golpe y porrazo fue elevado a las más altas cúspides de la Grandeza castellana.
    Con relación a la petición del futuro Descubridor del cargo de Virrey y Gobernador General a perpetuidad de cuantas tierras descubriese viajando hacia Occidente, Federico Udina Martorell afirma que esto evidencia que él conocía la estructura política de la Corona de Aragón, ya que el cargo de Virrey, era poco conocido en Castilla, y el de Gobernador General, con esta denominación de General no existía en la Corona de Castilla.
    Cabe puntualizar que, a la sazón, y conforme a las instituciones catalanas, el heredero de la Corona asumía el gobierno de Cataluña a Título de Virrey. Este cargo correspondía al Príncipe de Viana, puesto que Don Alfonso V, en Nápoles, a 26 de Junio de 1457, le había declarado Príncipe heredero y sucesor después de su padre, de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y del principado de Cataluña. Este dato nos desvela la razón por la cual Cristóbal Colón reivindicó con tanto ahínco a los Reyes el cargo de Virrey, bien parece con la finalidad de igualarse en cuanto a ciertos honores y preeminencias a su padre el Príncipe de Viana.
    También en Abril de 1492, es decir, varios meses antes del descubrimiento de América, los Reyes ya reconocieron documentalmente la nobleza de Colón.
    En el archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, se conservan juntamente con la copia cancilleresca de las “Capitulaciones de Santa Fe”, dos salvoconductos que también en copia de cancillería expidieron Don Fernando y Doña Isabel en favor del Almirante y Virrey para que nadie pusiese impedimento para realizar el viaje que en servicio de los Monarcas se proponía llevar a cabo.
    El primero de estos documentos en el que lo declaran noble es el pasaporte de Colón. En un fragmento de él podemos leer: “Enviamos al NOBLE Cristóbal Colón, con tres carabelas por el Mar Océano hacia las Indias”. Dado en Granada, 16 de Abril de 1492. Yo el Rey. Yo la Reina. El Rey y la Reina me ordenaron esto a mí, Juan de Coloma”.
    El segundo salvoconducto para el descubrimiento del Nuevo Mundo es una carta de los Reyes Católicos al Soberano de Catay. En este documento se dice: “Por ello hemos decidido enviaros a nuestro NOBLE Capitán Cristóbal Colón, dador de la presente.


    Desde Granada, 30 de Abril de 1492. Yo el Rey. Yo la Reina. Coloma Secretario.”
    Tras el regreso de su primer viaje, a finales de Abril de 1493 los Reyes recibieron en Barcelona al Almirante rodeados de toda la Corte, encabezada por el Príncipe Juan.
    Dice Salvador de Madariaga que los “Reyes asombraron a sus cortesanos otorgándole dos honores singulares, hasta entonces reservados a los más grandes de entre los grandes: se levantaron para recibirle y cuando les hubo besado las manos le ofrecieron un escabel”. Posteriormente, el Rey le hizo cabalgar a su lado, con el Príncipe Juan al otro, privilegio hasta entonces reservado a la sangre real.
    En la misma Ciudad Condal, Colón obtuvo escudo de armas que llevaba en sus cuarteles el castillo de Castilla, el león de León, cinco islas, las cuales representan a las Islas Baleares y, según dice el documento real de Mayo de 1493, “en el otro cuadro bajó a la mano izquierda las armas vuestras que soliades tener”. Es evidente que el Almirante se esforzaba por hacer constar que ya de antiguo había tenido “armas”, es decir, nobleza.


    Este derecho de llevar en sus armas un castillo y un león colocaba a Colón al mismo nivel de los Reyes, habida cuenta que el león y el castillo eran las arnas reales.
    A esta concesión siguieron otras: el 28 de Mayo los Reyes le confirman solemnemente sus títulos, honores y privilegios definidos en las capitulaciones de Santa Fe, el mismo día se le dan las cartas reales para nombras a las personas por él elegidas para el gobierno de las nuevas tierras descubiertas y, además de todo esto, también se le dio el sello real. En suma, estas concesiones ponían en manos del Almirante poderes casi regios tanto en mar como en tierra.
    Ante este cúmulo de sólidos argumentos, muchos han sido los historiadores que no han dudado en afirmar que el Descubridor era de Noble Alcurnia. Entre ellos cabe citar: Luis Ulloa, Ricardo Carreras Valls, Marcelo Gaya y Delrue, Renato Llanas de Niubó, J. Suau Alabern, Ricardo Sanz, Margarita del Olmo, Emilio Cuenca, Caius Parellada, etc.

    Conferencia pronunciada el 14 de Noviembre de 2002 por Gabriel Verd Martorell, Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colon en el Aula “General Weyler” del Club Deportivo Militar “Es Fortí” de Palma de Mallorca, organizada por la Asociación Amigos del Castillo de San Carlos.


    "Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
    que ahir abrigava el món,
    i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
    descoronar son front"

    A la Reina de Catalunya

  14. #14
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    O DIVINO ESPÍRITO SANTO Iluminou os Portugueses:

    Festa (Fiesta)

    Inauguración de la estátua de Cristóvão Colón en Cuba.

    28 de Outubro de 2006 (Fotos):

    http://www.dightonrock.com/reportage...engenheir2.htm

    Provas:

    http://www.dightonrock.com/colombona...baportugal.htm

    Provas:

    http://www.dightonrock.com/colombo_era_100.htm

    "El Mundo" - España :

    http://www.dightonrock.com/dicenquecolonnacioencuba.htm

    Artigos com mais provas:

    http://www.dightonrock.com/artigos_sobre_colombo.htm

    Fez-se Luz.

  15. #15
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    La página esa de dightonrock.com es de lo más versátil por lo que veo.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  16. #16
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    Caro Donoso

    La acumulación de información se debe a una vida inteira de investigación.
    Son personas que dedicaran toda una vida a una causa.

    Dr. Luciano y su esposa son emigrantes en Estados Unidos. Sus investigaciones se apoian también en la obra del Professor Mascarenhas Barreto (y otros notables también). El Professor Mascarenhas Barreto lecciona también en los Estados Unidos de América.

    La política nada tién que ver con la investigación de la verdad histórica, pero hay una grande rivalidad entre investigadores y historiadores portugueses (en Portugal) de formación "marxista" (maioritariamente), y los "independientes" como el Dr. Luciano da Silva y el Prof. Mascarenhas Barreto, dos feroces patriotas anti-marxistas y anti-comunistas, y no caso, ambos también "colombistas".

    Claro que el anti-comunismo de Luciano da Silva no impide que dedique (como podes ver en su página principal) su libro a muchas personas, como el Presidente Fidel Castro, con desejo de rápidas mejoras de salud (desejo de melhoras de saúde) y saudaciones cordiales, porque, al final, acima de tudo, está lo respecto por la Persona humana y por el Jefe de Estado cubano.

    No fiques triste se vires alguno contraditório más fuerte en dightonrock.com contra las tesis de Colón catalanes, gallegas ("españolas" en general) o griegas; porque también defende las prioridades de Portugal y España hace a los britânicos, por exemplo.

    Menzies (de la obra de los "Chinos descobriran el mundo"), en un canal de televisión britânico, fue até el Museu de Dighton(y a la Torre de Newport) acompañado por los produtores del programa, donde enfrentou en persona el "super herói" Luciano da Silva.
    El Dr. Luciano desmentiu, punto por punto, quasi todas las tesis del investigador britânico. El programa, creo jo, no passo ainda en televisión o el cabo portugués( o español, que lo saiba).

    Nem tudo es "dightonrock.com"(que tiene vasta información claro). Tenemos también los "Amigos de Cuba":
    http://amigosdacuba.no.sapo.pt/paginas/cubaframes.htm

    Abrazo

  17. #17
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    Caros:

    Aprovechando la internet, en una fase de mi vida en me pareceo importante conocer mejor el país vicino, visitei algunos foros españoles, o internacionales de lengua española (castellana).

    Entre ellos está el "hispanismo.org" (que es ibérico y pluri-lenguísta) e el "foro militar"(entre otros).

    Já me apercebi que las teorias de Colón Catálan o Mallorquín (o Griego), apesar de tudo, eston amplamente difundidas por todo el mundo (la "gallega" y la "Portuguesa", poderían estar más).

    Al descobrir el "foro militar" de lengua española (através de un blog portugués), y vendo que és amplamiente visitado por foristas de toda la America hispânica, entendi que devian conocier también la teoria portuguesa.
    No és una ofensiva nacionalista "lusa". El objectivo és equilibrar la información y esclarecer las mentes.

    Elaborei três textos mui resumidos, de algunas frases, rápidos y fáciles de lêer.
    Transpolos para este foro no me pareceo la mejor opción, já basta tudo lo que tengo escrito en esta lengua en que escribo, que és una aproximación a lo castellano, llena de errores ortográficos y gramaticales (lo mismo acontece con las palabras que escrebi en aquel foro).

    El tema está mui síntetizado, pero conteniendo los traços essenciales.
    Acreciento tambiém más "links" a esta temática (três mensagens sintetízadas, más duas de "enlaces":

    http://www.militar.org.ua/phpBB2/viewtopic.php?t=12702

    Convido a todos, respectosamente, a visitar-lo.

    Saludos
    Última edición por Templário; 14/11/2006 a las 00:03

  18. #18
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    A mí si era portugués o catalán me parece fantástico y así nos apuntamos un tanto los hispanos; lo que pasa es que la teoría genovesa tiene en su apoyo una cantidad muy considerable de documentación y pruebas que es dificilmente combatible con algunos textos difundido por internet. Pero vamos, lo seguro es que Colón era un tipo misterioso y viajero, de eso no cabe duda.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  19. #19
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

    Caro Donoso;

    No es possible fundamentar lo que escrebo a seguir, en este momento; (necessitaria de consultar vários libros (los portugueses tengo casi todos):

    - Es hecho consensual entre investigadores portugueses, cataláns y mallorquínos, de la falsidad de vários documentos genoveses encontrados convenientemente en el siglo XIX, y convenientemente elaborados. Las acusaciones de falsidad son extensas y fundamentadas.
    Se apunta tambíen vários documentos relativos a "contiendas" por herâncias. Algunos dellos, paradoxalmente, já de descendentes españoles de Colón, reforçan la teoría portuguesa.

    El enigma prossegue

  20. #20
    Avatar de Llusep LLuis
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    Re: En busca de la verdad: el verdadero origen de Cristobal Colón

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    ¿Se sabe algo?

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