Tres mediocres que se hunden
No se engañe el lector: estamos ante un triple bluff.
Bluff cansado del mulato de Chicago, famoso por fracasar en gestionar hasta un sitio de internet, derrotado en forma geológica en las últimas elecciones, rumbo a duplicar la fama del dudoso cultivador de maníes georgiano en cuanto a mediocridad e ineficacia;
bluff de un régimen de gerontes que canibaliza un pueblo famélico a expensas de robarle el petróleo cada vez menos valioso a otra dictadura populista caribeña;
bluff de un Papa que se enteró cinco minutos antes de la medianoche de las negociaciones y viene a sacar tajada de una muñeca diplomática inexistente: en efecto, el Vaticano jamás media sobre potencias no católicas.
Quieren hacerle creer al pueblo que son sus benefactores, pero en el pueblo se sabe que no es así, que están intentando salvar del naufragio regímenes que tienen abiertas todas las vías de agua que la incompetencia, la caliginosidad mental y el extravío han abierto. Que el socialismo y el populismo y el progresismo han abierto.
Al principio de todo eran tres mediocres, pero al menos nimbados de cierta aura de los que todavía vivían de las rentas del pasado: el chauvinista presidente que tenía que restaurar su orgullo machista herido, el Papa desconcertado que no sabía qué hacer con su cargo, tal era su confusión que llamó a Estados Generales, y el energúmeno ucraniano que pegaba zapatazos en la mesa para compensar su complejo de inferioridad. Tres progres en medio de un jaleo brutal, con aviones de reconocimiento y bombas viajando como polizontes en la nave de los locos. Ellos armaron el lío, ellos lo desarmaron, y pretendieron que les diéramos las gracias eternas por ser como eran. Confusos, pequeños, modernos. Como hoy, hicieron la comedia de la salvación en el anfiteatro lindante a la carnicería.
Hoy, tres mediocres, tres progres, con el arsenal de lugares comunes devastado, con la pobreza en el habla y en la mirada, agotados de tanto mentir y prometer, al borde del default descomunal del sueño socialista, horros de creatividad, intentan aplicarle un desfibrilador a sus gobiernos cadavéricos, bloqueados por las instituciones y por los senadores: el Congreso americano, el pueblo cubano, los cardenales católicos. Quieren bailar sobre las tumbas de las víctimas, quieren asegurar que los muertos no escapen de los cementerios y no griten los crímenes y los agravios. Quieren perpetuar tiranos. Quieren que los tiranos escapen del único destino que Némesis les tiene reservado.
No funcionará. Los sigue el desencanto y la vejez, hermanos gemelos de la muerte. La magia los ha abandonado, golpean las piedras resecas, invocan los espíritus en el aire inmóvil, no logran sacar fuego de los pedernales. El sentido común invadirá el planeta, como la Primavera, sin que nadie sepa cómo ha sido.
Ludovicus
The Wanderer
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