Yo no vivo ni rentas ni de un sueldo. Llevo tiempo ejerciendo una profesión liberal y de mi colegio profesional sólo obtengo limitaciones al ejercicio.

Las normas deontológicas sólo sirven para impedir que crezcan los nuevos despachos. Me quieren condicionar los honorarios, la publicidad, el nombre comercial, etc. Sólo ponen pegas a los jóvenes que quieren incorporarse.

Por una parte, al no tener ni rentas ni sueldo, estoy sujeto a la incertidumbre del mercado. Por otro lado, no puedo competir libremente ni desarrollar todo mi potencial profesional y empresarial.

Esas pegas a la publicidad, por ejemplo, son un favor para quienes tienen despachos reconocidos, pues se evita que los menos célebres se den a conocer.

No pido subvenciones ni favores; sólo pido que me dejen libertad para ejercer honradamente mi profesión. Y que no me frían a impuestos para pagar abortos u operaciones de cambio de sexo. O financiar mezquitas.

¿Esta actitud es anticristiana?