Recuerdo días en los que todavía los "podemistas" no se habían enseñoreado de los pasillos de la Facultad de CC Políticas y Sociología, hoy escindidas ambas titulaciones, que se podía leer la consigna nietzscheana "Dios ha muerto" en los retretes -no sólo en los morales-, o en las mesas de la biblioteca o la cafetería estúpidamente garabateados con bolígrafo de tres céntimos, o con rotulador a 15 pesetas la caja de 24 colores de factura china y comprados en aquellos establecimientos llamados de "Todo a cien". Era el clásico mantra que usaban todos los inútiles, los lumpen de la facultad, o los más vagos entre los vagos. Ese, y el otro de profundísima inspiración que rezaba en algunas paredes a golpe de brocha (sic): "Los caminos del exceso conducen al palacio de la sabiduría." ¡Toma castaña! pero lo mejor de todo eran las respuestas que alguien, ya harto y cabreado hasta la naúsea, acabó por ir imprimiendo como respuesta al manoseado mantra allá donde se lo encontraba:

-Junto a cada "Dios ha muerto" Fdo. Nietzsche.

-El anónimo personaje respondía: ¡No!, "el muerto es Nietzsche" Fdo. DIOS.