El Nuevo Orden: la legítima defensa ya no es un derecho sino un delito
Este pasado lunes empezó en Madrid un juicio contra un hombre al que se acusaba de homicidio, y que a nosotros nos parece muy peculiar. Y a grandes rasgos ésta es la historia:
Un matrimonio es secuestrado y los secuestradores exigen dos millones de dólares por su rescate. La mujer escucha a uno de los raptores hablar por teléfono con un cómplice e informarle de que a ella la soltarán pero que a su esposo lo matarán al final del secuestro. En un momento dado, el secuestrado hace la comida mientras que dos secuestradores le vigilan. Y Aprovechando la situación, les lanza el aceite hirviendo que hay en la sartén, pero uno de los secuestradores se abalanza sobre él con un cuchillo. Este hombre se defiende con otro cuchillo, asestándole ocho puñaladas y produciendo la muerte del secuestrador. Así estaban las cosas el lunes cuando se inició el juicio, y el fiscal pedía para el otro secuestrador 10 años de cárcel, y para el secuestrado 12 años de cárcel por homicidio y 9000 euros de indemnización para el otro secuestrador que sobrevivió por el daño causado con el aceite hirviendo.
Al parecer, el hecho de haberle asestado 8 puñaladas al secuestrador, ha llevado al señor fiscal a considerar que el acto se realizó con ensañamiento. En cuanto a los nueve mil euros para el secuestrador que sufrió heridas por el aceite hirviendo no sabemos si lo considerará también ensañamiento, pero mucho nos tememos que así sea.
En realidad, le relatamos el suceso como “peculiar” pero no porque nos sorprenda. Al contrario, la judicatura española nos tiene acostumbrado a estas cosas. Situaciones en las que alguien hace uso de la violencia para defender su vida y produce la muerte del agresor, y es acusado por ello de homicidio y se piden penas considerables. Y les recordamos al respecto dos historias emblemáticas relativamente recientes, la de los Tous y la de Josué, con un significado muy parecido al de la historia del secuestro que acabamos de relatar.
EL CASO DE LOS TOUS
La historia y tal y como la contábamos entonces, es esta:
… una banda de origen albanokosovar, con al menos cuatro miembros, asaltaron la vivienda de los Tous, en Sant Fruitós de Bages (Barcelona); durante el robo, Lluis Corominas, jefe de seguridad de la familia Tous, se encontró fuera de la casa con dos de los asaltantes que estaban en un coche. Durante el enfrentamiento, uno de esos dos asaltantes que estaban en el coche recibió un disparo en la cabeza y murió poco después, ya trasladado a un hospital. Su compañero de coche fue detenido,
Hasta aquí una historia normal y en nuestros días rutinaria. Al fin y al cabo no todo el mundo tiene jefe de seguridad, pero los ladrones violentos abundan enormemente. Lo peculiar de esta historia empieza el martes, cuando comparecen ante la juez de Manresa Montserrat Peña, Corominas, y el único miembro de la banda que fue detenido. Pues bien, una vez terminados los interrogatorios, resulta que los dos ingresaron en prisión. Al primero le imputa un presunto delito de homicidio y al segundo un delio de tentativa con robo en vivienda habitada.
Y quiso, las cosas de la vida, que dos días después, también en Cataluña, coincidió que sucedió la historia de Joan Batallé:
… tres ladrones encapuchados y todavía sin identificar asaltaron el chalé de un promotor inmobiliario situado en la urbanización de lujo Roca Grossa de Lloret de Mar (Gerona).
Los tres encapuchados esperaron a la víctima en el interior de su casa. Y cuando volvió esa noche a su hogar los asaltantes ataron al empresario, le apalearon y le robaron, aunque no se sabe aún qué botín se llevaron.
Cuando a sus gritos los vecinos pudieron acudir en su ayuda, encontraron a Joan Batallé en un lamentable estado. Fue llevado en un primer momento al Hospital Comarcal de Blanes, pero posteriormente fue trasladado al Hospital Doctor Josep Trueta de Gerona, donde permanece ingresado. Según informaron fuentes policiales, la víctima se encuentra “estable” dentro de la gravedad, aunque no se teme por su vida.
Y de esas dos historias definíamos lo que podríamos llamar el “síndrome de Tous” que dice que si te defiendes vas a la cárcel y si no te defiendes vas al hospital y/o al cementerio.
EL CASO DE JOSUE
La siguiente historia tiene también muchos parecidos con las anteriores. El día que sucedió se celebró una manifestación legal contra la inmigración masiva convocada por DN, y como consecuencia grupos de extrema izquierda salieron a la calle a “cazar fascistas”.
Según el diario El País, ese día Josué E. de la H., de 24 años y soldado de profesión ”subió al vagón de metro en la estación de Plaza de España. Viajaba solo e iba adormilado durante las primeras dos o tres estaciones. Minutos antes de la llegada a la estación de Legazpi, Josué se levantó para ceder su sitio a una pareja de personas mayores”. El problema es que Josué, por profesión, llevaba el pelo muy corto, como si fuera un skin nazi. Al pasar por la estación de Legazpi, un grupo de varias docenas de “antifas” vio al soldado y entraron al vagón y fueron a por el soldado con “estética nazi”. Pero, Josué no era una presa fácil, se defendió, saco una navaja y acuchillo a un muchacho, Carlos conocido como “El Pollo”, con un evidente historial violento, produciéndole la muerte.
Ahora Josué está en la cárcel a la espera de juicio y, sin duda, pasará muchos, muchos, muchos años de cárcel. Y es que en España, de hecho, ya no se reconoce el derecho de legítima defensa. Y en las tres historias relatadas (el secuestro, los Tous y la Historia de Josué) lo que subyace es que los jueces y fiscales en realidad ni siquiera se plantean este derecho. Pero, entonces, la cuestión sobre el tapete es qué hacer cuando una persona, por ejemplo, va en un vagón de metro y un grupo extremadamente violento entra en el vagón para, como mínimo, darte una paliza, ¿los jueces y fiscales qué suponen que debes hacer, dejar que te peguen hasta que se cansen?
LEGITIMA DEFENSA COMO DERECHO NATURAL
Y no es sólo que evidentemente eso sea un derecho inherente a la persona humana. Un derecho recogido en la misma ley natural; no, es que hasta el mismo sentido común dice que cuando una persona es atacada por otra con violencia, el agredido tiene derecho a usar la violencia para defenderse, para defender la vida propia o de otras personas.
En España es ilegal portar armas, lo cual es otra aberración. En España, los delincuentes portan armas y los cuerpos de seguridad no pueden evitarlo, pero está prohibido que las personas decentes, las que sí obedecen las leyes, porten armas. Pero no sólo se prohíbe portar armas, es que cuando realizas un acto de legítima defensa, si el agresor resulta maltrecho, es al que se ha defendido al que se le trata como un delincuente. Exactamente igual, sino peor que si él hubiera sido el agresor.
Ahora bien, negar el derecho a la legítima defensa es una aberración moral. Acabamos de editar un artículo en el que se demuestra hasta qué punto ese derecho ha sido afirmado por todas las culturas y épocas. Y ahora, de pronto, los políticos inventan, porque no es sino un invento, la idea de que no tenemos derecho a la legítima defensa.
Y así, el nuevo principio dice que sólo el Estado tiene el derecho y el poder para defendernos. Es cierto que ese Estado es incapaz de acabar con la delincuencia, pero en cambio sí es perfectamente capaz de meternos en la cárcel a los que nos defendemos de una agresión violenta. Y la consecuencia de ese cambio es más que evidente: tenemos que estar a favor de que haya más Estado, por ver si así, por ese medio, logramos que dicho Estado, por fin, nos defienda ahora que hemos perdido el derecho a auto defendernos y el derecho a defender a los demás, de defender a los nuestros. Por tanto, tras la negación del derecho a la legítima defensa, lo único que se percibe es la voluntad de constituir un Estado más totalitario y poderoso aún.
http://www.edicionescatolicas.com/articulo3.asp?Id=2036
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