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Tema: "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.

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    "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.

    Salve.

    Me complace unirme al foro y comienzo adjuntando un corto trabajo del historiador catalán Pedro Bosch Gimpera, el artículo
    es interesante en lo concerniente a los elementos célticos existentes en el País Vasco.
    Hay un apartado en el que sostiene su clásica tesis del iberismo cántabro y quizás algun forista de Santander no esté muy conforme puesto que hoy en día parece estar bastante demostrado el "celtismo cántabro" o al menos la fuerte indoeuropeización de esta bella tierra hispana, recuerdo que hace ya años el historiador Eduardo Peralta (antiguo delegado de CEDADE en Cantabría) trabajó bastante esta línea argumental. En fin, adjunto este artículo y espero le interese a alguien.

    Los Celtas y el País Vasco.
    por Pedro Bosch Gimpera.

    Si hay hoy un punto firme en la etnología peninsular parece ser el carácter no ibérico ni céltico de los grupos vascos, ‘así como su origen en los pueblos de la cultura pirenaica del eneolítico. Sobre ello hemos tratado en otras ocasiones y no es preciso repetir lo dicho entonces.
    Recientemente se han publicado un trabajo del Sr. Sánchez Albornoz: Divisiones tribales y administrativas del solar del reino de Asturias en la época romana (Madrid 1929)y otro nuestro: Etnología de la península ibérica (Barcelona 1932), en los cuales se ofrecen nuevos puntos de vista interesantes para el problema de la etno logía vasca y para su historia primitiva. El Sr. Sánchez Albornoz obtiene una delimitación muy precisa y exacta en la mayor parte de sus puntos de las tribus del N. de España, incluyendo en ellas a los pueblos vascos. En nuestro libro, tratando más ampliamente los problemas que habíamos venido estudiando en diferentes estudios anteriores creemos poder rectificar algunos detalles de la delimitación del Sr. Sánchez Albornoz y sobre todo llegar a conclu siones de interés acerca de los movimientos célticos en España que pueden cambiar la manera de verlos en relación con el país vasco. Por ello conviene, resumiendo lo dicho en nuestra obra acerca de la delimitación de las tribus vascas, tratar más ampliamente del problema de los celtas en relación con ellas.

    El territorio de los pueblos vascos

    Los vascones ocupan aproximadamente el territorio de la actual Navarra, salen al mar por el extremo oriental de Guipúzcoa y son vecinos, por su parte SE. de los edetanos que llegan a la región da Saldubia (Zaragoza) y por el SO. de los celtíberos del Ebro, así como de los pelendones de la parte montañosa que limita el valle del Ebro y al O. de los berones de la Rioja.

    El límite de vascones y berones viene a coincidir aproximadamente, en un principio, con el de las actuales provincias de Logroño y Navarra, teniendo sin embargo los vascones en el máximo territorio que se les atribuye las cabezas de puente de Calagurris (Cala horra)y Gracchurris (región de Alfaro) (1) y probablemente los valles anejos. La divisoria entre ambos pueblos parece encontrarse en la zona de bosques que cruza la actual carretera de Zaragoza a Logroño entre la Venta de Rufina y Ausejo. Más hacia el S. y antes de Cascantum (Cascante) atribuída a los vascones, la población actual de Fitero parece señalar el límite entre vascones y pelen dones, extendiéndose los últimos hacia el Oeste embocando la mon taña por la cuenca del río Alhama, en donde los pelendones tienen la ciudad de Contrebia Léucada (junto a Cervera de río Alhama). Los límites actuales de Navarra con la provincia de Zaragoza pare cen constituir también la frontera de los vascones con los celtíberos de las vertientes del Moncayo, a los cuales pertenecen Turiasso (Tarazona), Bursada (Borja)y Balsium (Cortes). Por el E. no hay ningún indicio positivo para señalar la fron tera. Esta podría estar indicada geográficamente por la región de Las Bárdenas y subir hacia la sierra de la Peña. Hasta donde lle gasen los edetanos de Saldubia-Zaragoza al E. de la frontera vas cona y donde comenzasen los ilergetas que se extendían por lo menos hasta Osca-Huesca, tampoco lo sabemos: parece sin embargo, que la divisoria entre edetanos e ilergetas, si los ilergetas llegan hasta la frontera vascona, habría que buscarla por la línea que de Las Bárdenas va por los Montes de Castejón y los Montes de Zuera hacia la sierra de Alcubierre y los Monegros que constituirían la frontera de edetanos e ilergetas, pasando el límite, en el camino de Zaragoza a Lérida, acaso por la extensa zona despoblada entre Osera y Bu jaraloz.

    Más al N. de las Bárdenas, tenemos que, según Ptolomeo, los vascones se prolongan por el Alto Aragón, al N. de la sierra de la Peña hacia la región de Jaca: dicho autor les atribuye taxativamente Iacca (Jaca), la capital de los lacetanos. Acaso aquí nos en contramos en un caso de restablecimiento de límites antiguos por los romanos en favor del pueblo originario y de ello cabría concluir que los vascones, antes de la entrada, no demasiado antigua, de los iacetanos originarios del territorio aquitano de Francia (pues los iacetanos parecen ser los mismos aquitanos) en sus domicilios históricos más acá del Pirineo, habrían poseído buena parte de los valles de éste.

    Más al N. de la divisoria de vascones y berones (2), los primeros seguían hacia el O. de Estella, a encontrar las alturas de la sierra del Aralar (en donde tenían Oarso-Oyarzun). Según Sánchez Albornoz, el límite de los vascones con sus vecinos occidentales por esta parte, los várdulos, iría por el valle del Ega, por las sierras de Urbasa, Andía y Aralar y finalmente buscaría el mar por la divisoria entre los valles del Urumea y del Oyarzun.

    Los várdulos, de los cuales Ptolomeo cita, entre otras imposibles de identificar, las ciudades de Tritium Tuboricum (Motrico), Tullonium (Alegría), Alba (Albéniz) cerca de Salvatierra, seguían al occidente de la frontera mencionada de los vascones y llegaban por la costa hasta el valle del Deva, en cuya desembocadura se halla Tritium Tuboricum (Motrico). El valle del río parece ser su divisoria con los vecinos occidentales, los caristios y aquí, como hace notar Sánchez Albornoz basándose en Campión, parece coincidir la frontera con los límites de los dialectos vascos, guipuzcoano y vizcaíno, extendiéndose el último por Vergara y Salinas. Pasada la sierra, la frontera de várdulos y caristios atraviesa la llanura de Vitoria entre Suessatium (Zuazo) y Veleia (Iruña) de los segundos y Tullonium. (Alegría) que pertenecía a los várdulos y entre cuyas ciudades for maría la divisoria la cuenca del río Zadorra, yendo a parar a los montes del condado de Treviño, cuyo nombre antiguo (Trifinium) se refiere sin duda a la frontera de los tres pueblos que en él coincidían: autrigones, caristios y várdulos, formando la sierra de Cantabria la barrera montañosa que limita los várdulos, extendiéndose los berones por la parte meridional de dicha barrera. Los várdulos, pues, tenían casi toda la actual provincia de Guipúzcoa y la mitad oriental de la llanura de Vitoria, en donde, algo al occidente de esta ciudad comienzan los caristios con Veleia y Suessatium.

    Los caristios están situados entre los várdulos y los autrigones. Los localiza la situación de las ciudades que Ptolomeo les atribuye, esto es Suessatium-Zuazo, Tullica (probablemente Tuyo en la ibera del Zadorra) y VeleiaIruña (3). Además Ptolomeo los hace llegar a la desembocadura del Deva (4). Por el S. formarían su límite las sierras que cierran el valle de Miranda por el N.: sierra de Tuyo, etcétera, tocando los caristios al condado de Treviño.

    La frontera de los caristios con los várdulos sería probablemente el límite de las actuales provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, al occidente de Motrico, en la divisoria occidental de aguas del Deva, hacia el Alto de Urcárregui, el monte Max, el puerto de Azcárate, el grupo de montañas cerca del monte Elósua, al E. de Vergara (que desde el punto de vista dialectal cae dentro de la zona vizcaína), para buscar la sierra de Aitzgorri, la sierra Elguea y el puerto de Arlabán. Desde allí la frontera seguiría aproximadamente la cuenca del Zadorra, por los montes al O. de Vitoria, yendo a buscar el ángulo NO. del condado de Treviño, en donde coincidían los tres pueblos de autrigones, caristios y várdulos.

    El límite occidental de los caristios marca a la vez la frontera con los autrigones. Por la parte de Vizcaya y Alava eran los autrigones, según Ptolomeo, las bocas del Nervión, el Portus Ammanus, llamado también Flaviobriga (situada según unos cerca de Castro Urdiales, según otros Bilbao) y las ciudades de Uxama Barca (Osma de Valdegovia), en la ribera occidental del río Omecillo y Deobriga (a la derecha del Ebro, delante de Puentelarrá, según Sánchez Albornoz). La frontera con los caristios parece arrancar de las sierras al N. del valle de Miranda, por las de Arcamo y los montes de Gutbijo sube por la cuenca del Omecillo hasta cerca del valle de Orduña y, formando aquí la divisoria el nudo montañoso de las peñas de Orduña, baja a buscar el mar, siguiendo primero el valle y luego el curso del Nervión.

    Por el S., el territorio autrigón comprende la Bureva, intercalándose como una cuña entre las dos tribus célticas de los berones de la Rioja y de los turmódigos o turmogos de las tierras burgalesas. A los autrigones les atribuyen Plinio Virobesca (Bribiesca), Tritium (Monasterio de Rodilla) y Ptolomeo, además Segisamunculum (Cerezo de Río Tirón), Vindelia (Santa María de Rivaredonda) que vigila el desfiladero de Pancorbo y que emboca el camino del interior del territorio autrigón en donde se halla Deóbriga (Puentelarrá), Vindelia y Deobriga así como también les atribuye Salionca (Poza de la Sal según Sánchez Albornoz).

    Así los límites extremos por el S. de los autrigones desde el valle de Miranda, el condado de Treviño y los montes Obarenes, por el límite de las provincias de Logroño y Burgos, van a buscar los montes de Oca (5), en donde la Brújula les separa de los turmódigos que comienzan al O. con Deobrigula (Tardajos). Siguen luego el límite de la zona montañosa al O. de Poza de la Sal (Alto de las Cruces: 1028 metros, Altoteiro: 1175 m. )que forma la cuenca del río Omina, hacia la confluencia del Oca con el Omina, en donde el pueblo de Terminón señala el mojón entre autrigones y cántabros, lo mismo que hacia la sierra de Canales que determina el recodo del Ebro antes de su confluencia con el Oca.

    El límite occidental de los autrigones que los separa de los cán tabros, cruza el Ebro, que así viene a correr en parte de su curso por territorio autrigón, y, siguiendo por la sierra de Tasia, deja dentro de éste las regiones de Villarcayo y Medina del Pomar, así como las Encartaciones y va a parar a la costa al nivel de Laredo y Santoña. Cerca de Villarcayo debe ponerse la ciudad de Segontia Paramica por la coincidencia del nombre con Cigüenza del Páramo: esta ciudad Ptolomeo la atribuye a los várdulos, cosa que parece una confusión, pues sería difícil de admitir la extensión de los várdulos hasta allí, garantizando la identidad del nombre la localización de la ciudad, por lo que ésta cae en territorio autrigón.

    Por la parte próxima a la costa es difícil señalar exactamente los límites de los autrigones con los cántabros. Sánchez Albornoz se inclina a hacerlos pasar desde el sistema de las sierra cántabras por el río Asón (el Sanga de Plinio), que Plinio da como el primer accidente geográfico de la tierra cántabra y que hoy es todavía una frontera dialectal, extendiéndose a su occidente el dialecto leonés moderno. Este límite es probablemente exacto, aunque creeríamos que más que el río la frontera está formada por su valle.

    Además de los pueblos mencionados, Mela (6) señala con los autrigones otro, el de los arigeviones (7)que debió estar situado a su oriente, separándolos el río Nerva o sea el Nervión. Los origeviones no son conocidos por ningún otro texto y podrían ser un pueblo comarcal del territorio entre el Nervión y el Deva, esto es de la región montañesa de Guernica, desapareciendo luego los origeviones absorbidos por los caristios. Es probable que en el país vasco, como en otras regiones peninsulares de topografía difícil, por ejemplo Galicia, quedasen olvidados pequeños grupos étnicos comarcales en los textos que trataban de dar una descripción de conjunto, borrándose en estos casos los menos importantes y tomando según las épocas como representativo de todo el grupo a unos o a otros (8). La delimitación de los pueblos del grupo vasco parece haber sido en general siempre la misma en lo fundamental, excepto las pequeñas modificaciones periféricas a que nos hemos referido, quedando intacto siempre el núcleo del territorio de cada uno de sus pueblos. Los autores antiguos, al describir de modo incompleto esta zona y sobre todo al generalizar el nombre de alguno de aquellos pueblos, por ejemplo el de los vascones o el de los várdulos, si se interpretan literalmente, pueden dar otra impresión: esto ha inducido a algunos a excluir a los autrigones del grupo vasco para unirlos a los cántabros (9), así como Schulten ha intentado la hipótesis del incremento sucesivo del territorio de los vascones. Según Schulten (10) éstos tendrían su sede principal en el Ebro, desde donde se extendieron, conquistando poco a poco no tan sólo la montaña de Navarra y la salida al mar, sino incluso el territorio de los várdulos, caristios y autrigones (entre 150 y 580 de nuestra era) así como haciendo incursiones en Aquitania en 587, en donde se extendieron hasta el Garona y dieron su nombre a la Gascuña (Vasconia-Guasconia). De las incursiones en Aquitania da testimonio Gregorio de Tours, pero movimientos anteriores, a través de las fuentes, no hay motivo alguno para suponerlas. En aquéllas, en los tiempos en que esos pueblos eran poco conocidos sólo se citan, sin delimitarlos exactamente, los vascones del Ebro o se atribuyen a los vascones ciudades de otros pueblos, por tenerse entonces a los vascones por los principales de todo el grupo vasco, convirtiendo en genérico el nombre del de aquellos. Se concibe fácilmente que desde su territorio originario, los vascones pudiesen avanzar o retroceder en el Ebro o caer sobre la llanura de Aquitania, pero una conquista de los valles vascos parece inverosimil y el sólo silencio de las fuentes respecto al nombre de los demás pueblos vascos es insuficiente para comprobarla.

    Los cántabros

    Este pueblo, dividido en varias tribus y de naturaleza ibérica según parece, ocupa el territorio intermedio entre los astures y los autrigones en la costa, esto es la parte oriental de Asturias desde el valle del Sella, y la mayor parte de la provincia de Santander en donde los cántabros coniscos parecen ser los vecinos de los autrigones, pareciendo que la frontera debió pasar, como se ha dicho por el río Asón (el Sanga de Plinio) o por su divisoria, que es también la frontera dialectal del leonés moderno, dejando dentro del territorio autrigón las Encartaciones, y pasando en la costa entre Laredo y Santoña. Por el interior, los cántabros se extienden hasta el territorio de los vacceos y los turmódigos, siendo los vecinos de los autrigones (que hemos admitido que tenían la región de Villarcayo y Medina del Pomar) los iuliobrigenses de la comarca de Reinosa y los morecanos de la región de Sedano, corriendo el límite desde las sierras que cierran la Bureva, indicado por el pueblo de Terminón, por la sierra de Canales que determina el recodo del Ebro antes de su confluencia con el Oda, y continuando, después de cruzar el Ebro, por la zona montañosa (sierra de Tasia) para ir a buscar las Encartaciones y la costa, como hemos dicho, entre Laredo y Santoña.

    Complica el problema del límite entre cántabros y autrigones la posibilidad de que, por la parte de Villarcayo, los cántabros pudiesen haberse extendido más al E. de la frontera indicada, según discute Sánchez Albornoz (11)a base del texto de Estrabón III 4 que dice que al N. de los berones (de la Rioja) había los bardietas o bardialos, esto es los várdulos y, además, los cántabros coniscos. Esto se contradice con la delimitación que se obtiene sobre todo a base Ptolomeo y de los demás autores, puesto que, si es exacto que los várdulos están al N. de los berones, no lo es para los coniscos que se hallan separados de los berones por los autrigones. Este texto ha obligado, al querer explicarlo literalmente, a buscar soluciones forzadas que contradicen la situación real: así Fernández Guerra (12) arbitrariamente hace a los autrigones idénticos con los berones, lo que es absurdo y otros como Balparda (13) creen cántabros a los autrigones. Sánchez Albornoz, teniendo en cuenta que lo mismo Estrabón que otros autores no citan todos los pueblos de la zona N. de España y los reducen generalmente a los cántabros y a los várdulos, propone distintas soluciones al problema que son las siguientes: I), que en el tiempo a que se refieren las fuentes de Estrabón, los cántabros realmente hubiesen ocupado toda la costa hasta el Pirineo y que, por el Ebro bajasen hasta tocar con los berones de la Rioja, dejando al E. los várdulos, los caristios y los autrigones, de los cuales los dos últimos pueblos vivirían en las comarcas interiores, ya no vecinas de los berones. II), que a consecuencia de la guerra cántabra; se redujese el territorio cántabro y se extendiesen los demás pueblos llegando entonces hasta el mar los autrigones y várdulos, así como los autrigones por entonces se extenderían hacia el S. por el valle del Ebro y La Bureba, lo cual vendría reflejado en los textos de Mela y Plinio que les atribuyen dichos territorios;y III), que pos teriormente a Mela y Plinio los caristios bajasen al mar.

    Las anteriores hipótesis reconoce Sánchez Albornoz que no se apoyan en ninguna base positiva y también admite la posibilidad de que Cantabria fuese, en un principio un nombre genérico aplicado por los romanos a pueblos más o menos afines étnica y lingüísticamente y que, un conocimiento más exacto de las modalidades populares del N. de la península, en la época en que esta zona fué dominada y organizada, más tarde hiciese concretar dicha denominación a uno solo de los pueblos a quienes antes se aplicó en con junto.

    Nosotros creeríamos que las lagunas en la citación de pueblos en los distintos autores proviene de la falta de conocimiento exacto de la topografía étnica del N. de España, excesivamente complicada para ser conocida desde lejos como en los tiempos de Estrabón o para ser indicada de modo completo en las descripciones sumarias de Mela y Plinio. Solo con la guerra cántabra primero y luego con la romanización, fué posible hacerse cargo de la verdadera naturaleza de cada pueblo y de su situación exacta. El argumento exsilentio no es probatorio, por lo cual nosotros dudamos para la mayoría de los casos de que hayan existido movimientos de pue blos desde el tiempo de las fuentes de Estrabón a Ptolomeo, ya que es posible que tan solo pueda haber habido falta de citación de tribus pequeñas o falta de atribución de determinados territorios a unos u otros, cuando no se atribuye un mismo territorio a dos pueblos determinados, en cuyo caso podría creerse con razón en la substitución de dominio.

    Tan solo en el caso de los cántabros coniscos, vecinos de los berones por el N. en el texto antes citado de Estrabón, podría haber lugar a suponer un cambio que acaso explicase mejor el problema cántabro y la enemistad con los autrigones. Tal vez los coniscos entraron en Cantabria desde la Rioja y ocuparon desde el valle de Miranda la región de Villarcayo y Medina del Pomar, siguiendo hacia las tierras santanderinas antes de que los celtas en su período de máximo poder de los siglos VI a IV, ocupasen temporalmente dicha región y estableciesen en ella para vigilar posibles intentos de reconquista de los coniscos la fortaleza de Segontia Paramica. En tiempos de la decadencia céltica los coniscos conseguirían recuperar su antiguo territorio (época de las fuentes de Estrabón que se basa en Timágenes, escritor precisamente de la época de Augusto y por lo tanto del tiempo de la guerra cántabra) y esto pudo originar los conflictos con los autrigones, que fueron una de las causas de las guerras cántabras, después de las cuales los autrigones recuperaron sus antiguos territorios quitándoselos a los cántabros coniscos. El cambio, sin embargo hay que reducirlo a la región de Villarcayo y Medina del Pomar y todo lo más a un posible avance cántabro hacia el valle de Miranda, con lo que quedaría justificado el texto de Estrabón antes mencionado que parece situar cerca de los beronos de la Rioja, por el NO., a los cántabros coniscos, lo que correspondería al estado de cosas anterior a la guerra cántabra, rectificándose a consecuencia de olla y devolviéndose entonces las conquistas de los coniscos a los autrigones que quedaron tal como los describe Ptolomeo. Pero, en tal caso, de ninguna manera hay indicios para suponer a los cántabros en posesión de la zona montañosa del interior de Vasconia y ni siquiera del territorio autrigón del N. de Vizcaya. Todavía menos es posible a base de este texto confundir a los autrigones con los cántabros coniscos ni creer cántabros a los autrigones.

    La naturaleza de los autrigones en relación con la de los cántabros y de los demás pueblos vascos

    La supuesta afinidad de cántabros y autrigones ya hemos visto que no puede deducirse del silencio de determinadas fuentes respecto del territorio de estos, para suplir en él a los cántabros. Tampoco puede ser probatorio que, al hablar César de los aquitanos que buscan refuerzos en España, hable de los cántabros que les ayudan, para demostrar que los aquitanos fuesen vecinos de los cántabros y considerar incluídos en el grupo cántabro, en este caso, no sólo los autrigones sino también los demás pueblos vascos.

    Como ya había establecido el P. Flórez (14) en el siglo XVIII en contra de los «cantabristas »de su tiempo (el P. Larramendi por ejemplo) y cuyos argumentos repiten los modernos partidarios de la identidad de naturaleza (Balparda), la diferenciación esencial entre cántabros y autrigones viene indicada por el hecho de la guerra de cántabros y astures con los romanos, provocada por la enemistad de aquellas tribus con sus vecinas, no sólo los autrigones sino también los turmódigos y berones, afines de los turmódigos. Además, los ataques de los cántabros contra los autrigones se corresponden con la amistad de los autrigones con los romanos, los cuales se sirven del territorio autrigón, lo mismo que de toda la costa vasca para su base de operaciones.

    Sánchez Albornoz no cree (15) que la enemistad de cántabros y autrigones pueda probar su diversidad étnica, ya que a veces tribus afines luchan entre sí y que, además, como aliados de los cántabros se hallan los astures que tienen una naturaleza étnica distinta de los cántabros. Nosotros, en este caso, creemos muy significativa esta enemistad, puesto que los cántabros luchan con los celtas vecinos o con tribus en íntima relación con los celtas como eran los autrigones, en cuyo territorio meridional, como veremos existen abundantes elementos célticos. Esta alianza contra los cántabros produce el efecto de algo más que una rivalidad sin trascendencia y más bien opone grupos compactos de pueblos los unos a los otros: el hecho de que con los autrigones estén aliados los berones y los turmódigos célticos se corresponde con la alianza de los cántabros con los astures, de los cuales los últimos son montañeses que se hallan dentro del círculo de acción de los cántabros, así como los autrigones van juntos con los demás pueblos vascos y con los celtas del alto Ebro.

    Establecido el contraste entre cántabros y autrigones, parece lógico suponer, con Campión y otros a los autrigones afines en general a los demás grupos vascos. En todo caso si contenían algún elemento extraño éste no era el cántabro, sino el celta, como veremos, aunque sea difícil admitir su definitiva celtización. Lo que se deba pensar de la posibilidad de matices célticos de los autrigones ya lo veremos más adelante. Aquí, de momento nos interesa, además de recoger los argumentos mencionados que hacen imposible la identificación de cántabros y autrigones, sin perjuicio de posibles movimientos cántabros, apuntados en la región de Villarcayo, insistir en que los argumentos contra un cierto basquismo de los autrigones no son de peso. El carácter no ibérico de los vascos y la supervivencia en ellos de los pueblos pirenaicos del eneolítico la hemos deducido de la topografía arqueológica de la cultura pirenaica y particularmente de la antropología de los restos humanos pirenaicos que según Aranzadi entran de lleno en el tipo antropológico vasco (raza pirenaica occidental) bien distinto del de los demás pueblos peninsulares con parentesco ibérico. Y la cultura pirenaica se extendió también por el territorio de los autrigones, por lo menos por la parte montañosa del Este de Vizcaya, lo que da también una base positiva para admitir la existencia de un núcleo étnico vasco en el territorio autrigón.

    Con este problema no tienen nada que ver el de la lengua vasca y de sus posibles afinidades o elementos ibéricos, si es que los filólogos los encuentran. Son dos problemas independientes (16). Incluso si resultase que el vasco es una lengua totalmente ibérica, ello no probaría que los vascos sean iberos, pues habrían podido adoptar la lengua en el transcurso de los siglos y a consecuencia de la relación con los iberos, o con sus antepasados desde el eneolítico en que la cultura almeriense de los últimos rozó los límites de los pueblos pirenaicos. Los filólogos están además muy lejos de explicar satisfactoriamente la filiación del vasco y por lo tanto es muy difícil aquí operar con materiales lingüísticos.

    Por otra parte y en cuanto al problema de los autrigones, se ha hecho argumento contra su carácter vasco del retroceso de la lengua vasca en Autrigonia. Esto no puede ser motivo para negar el carácter vasco a su pueblo, como tampoco lo sería para negarlo a Navarra el retroceso semejante que allí se comprueba, ya que es un fenómeno general en toda la periferia vasca, y que tanto en Vizcaya como en Navarra, en Alava abunda la toponimia vasca. La abundancia de toponimia semejante en el Alto Aragón y aun en Cataluña, demuestra claramente que el grupo de pueblos afines pirenaicos, con más o menos mezclas y matices en la periferia de su territorio, ha ido borrando su personalidad que quedó solo intacta en la zona más abrupta de Vasconia, propia para el arrinconamiento y no se modificó en las zonas más abiertas por mezcla o por influencia.

    Los elementos célticos entre los pueblos del grupo vasco

    La filología parece atestiguarnos la extensión de elementos lingüísticos celtas en distintos lugares del País Vasco, especialmente a lo largo del camino de Pamplona a la Bureva y muy particular mente entre los autrigones a través de Pancorbo y desde esta base en distintos lugares hacia el N. Estos nombres se relacionan con los que ofrecen en abundancia los berones y turmódigos vecinos, y a éstos ya sin duda hay que considerarlos como verdaderos celtas.

    Entre los autrigones tienen indudable carácter céltico las si guientes ciudades: ante todo las dos que dominan el desfiladero de Pancorbo: Deobriga Puentelarrá, en el lugar en que el camino cruza el Ebro y el punto de partida para embocar la subida en dirección a Orduña, así como Vindelia -Santa María de Ribarredonda vigilando la salida del desfiladero en la Bureva, y además, Segisamuncu lum - Cerezo de río Tirón;en la montaña, al N. del Ebro con seguridad Segontia Paramica -Cigüenza del Paramo en la región de Villarcayo y (si fuese realmente un nombre céltico, aunque Meyer Luebke lo duda) (17)Uxama Barca -Osma de Valdegovia en el camino de Puentelarrá a Orduña y Bilbao. De estos nombres Deobriga equivale a Devobriga: castillo de los dioses y de él es un diminutivo Deobrigula la ciudad de los turmódigos vecinos de los autrigones, Vindelia está formada con el tema vindelo- que aparece en el nombre de la tribu céltica de los vindelicios de Wurtemberg y Baviera y deriva del adjetivo céltico vindo (blanco, bueno, feliz) y Segisa munculum es diminutivo de Segisamum, también ciudad de los turmódigos y a su vez derivado de Segisama formado con el tema céltico sego- (acto de alcanzar un objetivo, de triunfar o vencer) y con el final céltico -ama, estando formado el nombre de Segontia Paramica con el mismo tema sego-. Está también formado con sufijo céltico el nombre de Flaviobriga en la costa autrigona, pero siendo una fundación romana de carácter militar en la que pudieron inter venir soldados celtas que podían no ser precisamente del país y que fuesen los que le diesen el nombre céltico de fortaleza (briga) como se hizo en el caso de Reinosa (Juliobriga), independientemente de la gente del país, el caso de Flaviobriga se supone habitualmente que no prueba nada respecto del carácter de éste.

    Entre los caristios es céltico el nombre de Suessatium-Zuazo, que hay que comparar con el pueblo de los suessiones de Soissons en la Galia. En territorio várdulo lo es el nombre del río Deva (río de los dioses).

    Para D ’Arbois de Jubainville (18) sería céltico el nombre de los autrigones, formado con el sufijo ones que compara con el de los nombres de tribus célticas como los senones, lingones, etc. En tal caso lo sería también el de los vecinos de los autrigones, los origeviones y estaría también formado con un sufijo céltico el propio nombre de los vascones que a la raíz indígena (-vasc, ausc- eusc-) agregaría el sufijo céltico -ones. En España hay también otros pueblos célticos o celtizados que lo tienen como los berones, los celtíberos pelendones y lusones y los astures lungones. En cambio lo tiene el pueblo de los ilercavones de la costa que no tiene ningún elemento céltico, lo cual no prueba naturalmente que en los demás el sufijo no pueda serlo. En cuanto al nombre de los autrigones hay que notar también que su primera parte, que en un texto tardío (Liber generationis del siglo Iv) (19) aparece en la forma autricones, con c, puede compararse con el de la ciudad Autraca de los turmódigos y con el del río vecino Autura-Odra.

    Sea lo que sea que se deba deducir del nombre de los autrigones y de los origeviones, el hecho es que las comarcas estratégicas que dominan los caminos de penetración en la zona montañosa así como el camino a través de la llanada de Alava y el de la Meseta están vigilados por ciudades de nombre céltico, lo mismo que los vecinos de los autrigones tanto por el Ebro (Rioja) como por las llanuras burgalesas, son celtas: así de los berones, dice Estrabón taxativamente que lo son (20) y el carácter céltico de los turmódigos viene confirmado por la abundancia de nombres célticos de sus ciudades (Deobriguia-Tardajos, Segisamum-Sasamón, Segisama-Julia hacia Villadiego, Auca cerca de Burgos) y acaso por el mismo nombre del pueblo, pues en la ciudad de Turmogum-Garrovillas de Alconétar perteneciente a los lusitanos en Extremadura, pero en territorio ocupado anteriormente por los celtas, parece reconocerse el mismo nombre de los turmogos o turmódigos. Estos además no son calificado: de ninguna otra manera por las fuentes y viven en el lugar estratégico de penetración en la Meseta y en el punto de partida de la expansión céltica hacia Occidente.

    La intensidad de la celtización de la parte meridional del territorio de los autrigones y Saristios, que parece ir en aumento a medida que nos aproximamos a la Bureva y por tanto al enlace con la Meseta propiamente dicha o sea al territorio de los turmódigos y vacceos, hace pensar que un tiempo dominaron los celtas no sólo el camino de la Rioja a Burgos, sino también el de Pamplona-Vitoria-Pancorbo-Bureva.

    ¿Quiere decir esto que los autrigones y origeviones y los demás pueblos de la época romana, como los vascones, várdulos y caristios sean celtas? Creemos que no y que debe mantenerse en la gran masa de su pueblo su carácter indígena. Los elementos célticos en cuestión, representados por nombres de lugar en sus posiciones estratégicas, alguna señalando claramente una estación militar como Deobriga, harían creer tan solo en un dominio en el momento de la ocupación o de la fortaleza máxima del pueblo celta, que habría dejado intacto bajo los dominadores el elemento indígena que resurge así que la fuerza de aquéllos se debilita, sobre todo al ser favorecido por los romanos que se apoyan principalmente en él y que tienen en general interés en delibitar todavía más a los celtas. Más tarde todos estos pueblos, especialmente los vascones, várdulos y caristios representan tan solo el elemento indígena y los propios autrigones, si bien se ha discutido si pertenecen a los grupos vascos o al de los cántabros, hallándose en la zona fronteriza, producen más bien el efecto de indígenas que de celtas, estando arraigado el carácter vasco en muchas de sus cosas, especialmente en la lengua en buena parte de su territorio, aunque pudieron haber sido celtizados con más intensidad que los demás pueblos vascos.

    El dominio céltico de la parte meridional del territorio de esta tribu podría atribuirse a los mismos turmódigos a los cuales van a parar las vías de comunicación a través de la Bureva o habría que reconstruir aquí otra tribu céltica cuyo nombre se haya perdido. Serían, si realmente se confirmase su carácter céltico, los autrigones los representantes del dominio céltico de tales comarcas? Es imposible resolver estos problemas por falta de datos seguros, ya que éstos comienzan tan sólo cuando el límite extre mo del dominio céltico parece haber retrocedido hasta los Montes de Oca.

    En el territorio de los vascones, las ciudades antiguas no parecen tener nombres célticos y, si el sufijo -ones fuese realmente céltico, éste no sería suficiente para admitir una celtización de los vascones que parecen lo más típicos representantes del grupo vasco; pero no hay que olvidar también que en su territorio no dejan de aparecer elementos célticos. Así cerca de Pamplona, en el lugar estratégico de cruce de los caminos de la expansión céltica, se conoce la necrópolis posthallstattica de Echauri (21), sin duda céltica y en la toponimia moderna aparece al E. de Pamplona el nombre de Navardún en la parte montañosa de la provincia de Zaragoza, pero desde luego en íntima relación con el territorio de Navarra. Este aparece formado con el elemento céltico -dunum (fortaleza), el cual acaso represente un momento de dominio de este territorio y es además un testimonio de la existencia de los navarros antes de que las fuentes los citen, ya que vendría a significar: fortaleza de los navarros, siendo un caso parecido a Conimbriga (cerca de Coimbra)en Portugal que, parece indicar una fortaleza céltica en el territorio de los conios arrinconados luego mucho más al S. En esta misma región de la provincia de Zaragoza se halla el nombre moderno de Gallipienzo y en la comarca de Jaca, antes de llegar a ella y en el camino que viene de Navarra el nombre de Berdún (Virodunum, como el Verdun de Francia, formado con viria brazalete y dunum fortaleza). Todo ello indica la presencia de elementos célticos al NE. del Ebro, que son más numerosas de lo que parecería a primera vista y que van a perderse en el territorio considerado normalmente por las fuentes como ibérico, llenando todo el N. del Ebro en Aragón: el río Gállego (Gallicus), la ciudad de Gallicum (San Mateo de Gállego) y el Forum Gallorum (Gurrea) citados por los itinerarios en territorio ilergeta, así como junto al Ebro, en territorio edetano, Gallur al N. de Zaragoza y Octogesa (Mequinenza).

    La arqueología

    Es difícil encontrar una aclaración satisfactoria a estos problemas por medio de la arqueología, aunque algún indicio interesante ofrece. Desgraciadamente, de la mayor parte del territorio de los pueblos vascos no se conoce nada.

    Hemos mencionado la necrópolis posthallstáttica de Echauri, sin duda céltica, cerca de Pamplona.

    En el S. del territorio autrigón se halla la necrópolis de Miraveche (22) que entra de lleno en la cultura posthallstáttica por sus adornos de bronce semejantes a los de todo el territorio céltico de Castilla y que se corresponden con los demás hallazgos sueltos de broches de cinturón posthallstátticos de la Bureva (23). En Miraveche que está próximo a Sta. María de Ribarredonda identificada con Vindelia, en la vertiente S. de la Sierra de Pancorbo, sin embargo, el tipo del puñal ofrece una variedad notable respecto de los puñales posthallstátticos. Es el puñal que se suele llamar del tipo del Monte Bernorio, porque había aparecido en abundancia en la necrópolis del monte Bernorio en la comarca de Alar del Rey (extremo N. de la provincia de Burgos) (24) en el lugar que parece corresponder a la ciudad cántabra de Véllica y lo habíamos con siderado como un tipo especial del N. de España que acaso representase una modalidad cultural indígena influída por los celtas vecinos, a los que esta zona debe la cultura posthallstáttica (25). Hoy el tipo del puñal del Monte Bernorio parece hallarse en una zona más extensa. Del estudio realizado por el Sr. Cabré (26) se deduce que, en la zona cántabra, se encuentra en el Monte Bernorio (San tander), en Asturias en el castro de Caravia y en Peña Amaya (Prov. de Palencia); en el territorio de los autrigones, en Miraveche y además en la necrópolis de Villegas o Villamorón (N. de la prov. de Burgos). En el territorio celtibérico en las necrópolis de Uxama (Osma), Gormaz, La Mercadera, Quintanas de Gormaz, y Alpanseque, así como en la de Almazán, todas estas localidades de la provincia de Soria; en el territorio de los vacceos en Palencia y Arconada y en el territorio de los vetones en gran abundancia en el castro y en la necrópolis de Las Cogotas (Avila), en donde tiene este puñal una curiosa evolución tipológica. Cabré lo considera como una modalidad española de los tipos de armas posthallstátticas, lo cual es admisible. La extensión que hoy ofrece este tipo de puñal y su evolución tipológica precisamente en Las Cogotas en un lugar alejado del N. de España obliga probablemente a rectificar nuestra creencia de que fuese específico de dicha zona N., pero su unión con la cultura posthallstáttica, sea cual sea su lugar de origen es un nuevo argumento a favor de la fuerte influencia céltica que experimentaron no sólo los territorios dominados por los celtas sino también aquellos ocupados por tribus de carácter indígena.

    Los vecinos de los vascones en Aragón y en el Ebro: los suessetanos y su problema

    En la avanzada época romana, según el texto de Ptolomeo, que es quien más completamente da puntos de referencia para delimitar el territorio vascón, ya hemos visto que este pueblo ocupaba por la parte del Ebro aproximadamente la zona de la actual Navarra y si las identificaciones de Altadill (27)de Muscaria-Tudela (?), Alavona-Alagón junto a la desembocadura del Jalón en el Ebro son exactas parecerían extenderse hasta muy cerca de Zaragoza y aun reducir el territorio de los celtíberos del Ebro de la región de Turiasso-Tarazona, Bursada-Borja y Balsio-Cortes o por lo menos llegar a su nivel, siendo Salduvia-Zaragoza no sólo la ciudad extrema de los edetanos, sino la que marcaría casi su frontera. Por el E. en Ptolomeo el límite se pierde, excepto por la región de Jaca que queda en territorio vascón, contra la existencia, en textos anteriores, de los iacetanos, tribu con personalidad destacada y aun de carácter ibérico, en dichos valles pirenaicos.

    El último testimonio de los iacetanos en Jaca es Estrabón, basado en Timágenes escritor de la época de Augusto, por lo tanto reproduciendo un estado de cosas del tiempo de la guerra cántabra. En Estrabón (28), refiriéndose a las campañas de Sertorio, se cita a los iacetanos como pueblo independiente de los vascones. El cambio de fronteras de los vascones (y aquí sí que cabe lógicamente admitir una variación de éstas) y la consiguiente anexión del territorio iacetano por los vascones hay que situarlo en época imperial entre Estrabón y Ptolomeo. Antes de Estrabón en ninguna parte se precisan los límites de los vascones por E. y S. de su territorio, pudiéndose deducir tan sólo por su primera cita en Livio (fragmento del libro 91) (29) que se refiere a la época de Sertorio, entre el año 77 y el 74, que los vascones comenzaban cerca de Calagurris-Calahorra, puesto que Sertorio sigue el Ebro y llega por Bursada, Cascantum y Gracchuris hasta Calagurris y luego por el territorio de los vascones hasta la región de los berones, acampando en la frontera de estos y de los vascones. Esto supone que los vascones serían sometidos ya a principios del siglo II con las demás tribus del Ebro por Catón, cuyo conocimiento de la península se extendía hasta el nacimiento del Ebro y hasta los cántabros. Schulten nota además que la ciudad de Calagurris, que después es siempre vascona, estaba adherida al partido de Sertorio, mientras que los vascones pertenecían al de Pompeyo y lo explica por el espíritu particularista de las ciudades españolas que podía hacer que una combatiese por los enemigos de las demás de la misma tribu. Nosotros nos preguntaríamos, ante el papel pasivo que parecen representar los vascones en todas las sublevaciones de los pueblos del Ebro, en las cuales no se citan y aun en la misma guerra sertoriana en la que, a pesar de la amistad con Pompeyo no luchan activamente, si el caso de Calagurris, ciudad tan próxima a las celtibéricas del Ebro (Borja, Cascante, Cortes) no representa un caso semejante al de los iacetanos, si los vascones entonces no estaban reducidos a un territorio menos extenso por esta región, siendo Calahorra no vascona sino celtíbera, no diciendo el texto de Livio antes mencionado que esté incluída en el territorio vascón que solo empieza a citar después de haber hablado de Calahorra a la cual nombra precisamente a continuación de las ciudades celtíberas próximas. En tal caso, así como los romanos en la época de estabilización de su dominio y de organización de España anexionarían el territorio iacetano a los vascones, les dieron también parte del territorio de los celtíberos del Ebro, interesados como parecen estar en reducir el territorio céltico, de lo que hay indicios en otros casos en otras regiones peninsulares (30). Estas rectificaciones de límite tanto obedecen a razones meramente de vigilancia o de comunicación más fácil en vista a la política administrativa, como a restablecimiento de límites anteriores de los pueblos indígenas anteriores al dominio céltico.

    Esta posible fluctuación del límite de los vascones en el Ebro se une a otra que podría deducirse acaso de la desaparición del pueblo de los suessetanos que toma parte activa en las sublevaciones de los pueblos del Ebro junto con los edetanos e ilergetas y que des aparecen de la escena en 184 en el período entre Catón y Graco, después de haber dado mucho que hacer a los romanos. Su situación es difícil de precisar hasta el punto de que los autores modernos los sitúan en lugares tan distantes como la región de Sangüesa, (Masdeu) o Tarragona (Schulten, que los identifica con los cosetanos) (31). Este problema merece ser tratado con cierta detención.

    La primera mención de los suessetanos (32) la hallamos en Livio XXVIII, 24, 4, a través de los Anales, en que el año 206 el príncipe ilergeta Indibil de acuerdo con los celtíberos devasta su territorio, a la vez que el de los edetanos, apareciendo tanto éstos como los suessetanos como aliados de los romanos. En Livio XXXIV, 20, I9, apropósito de la sublevación sofocada por Catón vuelven a aparecer los suessetanos: Catón opera en el Ebro y allí toma, a pesar de sus escasas fuerzas (7 cohortes) algunas plazas fuertes, recibiendo la sumisión de los sedetanosedetanos, ausetanos y sues setanos (XXXIV, 19 final: ipse cum septem cohortibus ad Hiberum est regressus. 20, I: ea tam exigua manu oppida aliquet cepit, defecere ad eum Sedetani, Ausetani, Suessetani). A continuación dice Livio (22, 2)que quedaban en armas los dacetanoso, pueblo salvaje que vivía en bosques y refugios inaccesibles y que había hostilizado el territorio de los aliados de Roma (sin que se diga cuales), sitiando Catón su ciudad (que no nombra) junto con las tropas jóvenes de los aliados. Entre éstos los principales eran los suessetanos que recibieron la orden de principiar el ataque. Al reconocerlos los «lacetanos » que a menudo habían hostilizado impunemente su territorio y hecho huir a sus ejércitos, hicieron una salida, cediendo los suessetanos y mientras éstos eran perseguidos por los «lacetanos » dejando abandonada momentáneamente la ciudad, Catón con el resto del ejército penetró en ella viéndose obligados a entregarse los «lacetanos ». Sigue a continuación (221) el relato de la expedición que a continuación emprendió Catón contra los bergistanos y su plaza fuerte Bergium (Berga). Después de estos episodios no aparecen los suessetanos sino en los acontecimientos del año 184 (Livio XXXIX, 42) en que el pretor de la Citerior A. Terencio Varrón sofoca una sublevación de los suessetanos, tomando su ciudad de Corbión.

    Todo ello da muy poca base para discutir la localización de los suessetanos. Por una parte, no pueden estar demasiado lejos del territorio ilergeta (LéridaHuesca) cuyo jefe Indíbil devasta el territorio de los suessetanos, a la vez que el de los edetanos, con lo que parece que también deberían estar próximos a los edetanos. Pero además deben estar próximos a los «lacetanos », puesto que éstos acostumbran a devastar su territorio. Los lacetanos son el pueblo de la parte montañosa de Cataluña, entre los ilergetas, los bergis tanos, los ausetanos y las tribus de la costa (laietanos y cosetanos): por esto Schulten los cree situados en Cataluña identificándolos con los cossetanos.

    En cambio Goetzfried (33) lee, en lugar de «lacetanos », iacetanos en el texto de Livio, fundándose en Huebner (34) que observó la fre cuente confusión de los iacetanos y lacetanos en los manuscritos a consecuencia de la semejanza del nombre. Goetzfried cree por ello que la ciudad de los «lacetanos » o sea de los iacetanos, no sería otra que Jaca. También hay que notar que la manera de citarse la ciudad de los «lacetanos » (oppidum eorum) parece indicar una capita única que va mejor con los iacetanos que con los lacetanos, de los que los textos omanos ulteriores citan varias.

    Dada la poca precisión de estas noticias es imposible llegar a una conclusión segura pero, con todas las reservas necesarias, acaso sea posible conjeturar la situación de los suessetanos, partiendo de su vecindad probable con los ilergetas y los edetanos, asegurada por ser victimas a la vez de los ataques de Indibil y de la vecindad de su territorio respecto del de los iacetanos, admitiendo la enmienda de lacetanos en iacetanos con Huebner y Goetzfried. En este caso cabría situarlos precisamente en el territorio de las comarcas del N. del Ebro en que se esfuman los límites de los ilergetas, así como de los vascones, es decir, al N. de los montes de Castejón y de las Bárdenas, al oeste del Gállego y al S. de la región de Sangüesa y del sistema de sierras (Sto. Domingo, etc.) que van a parar a la sierra de la Peña, formando la divisoria de la región de Jaca, respecto de las del N. de la provincia de Zaragoza y centro de la de Huesca. Así resultaría verosímil, como ya se había supuesto (P. Masdeu), que los suessetanos ocuparían las comarcas de Sos y Egea de los Caballeros en Aragón y de Sangüesa en la alta Navarra (en esta última ciudad situaba Masdeu a Corbión). Si esta localización es exacta se explica perfectamente que su territorio sea atacado, a la vez que el de los edetanos, en 206, por los ilergetas y por los celtíberos aliados, pues estos dos últimos pueblos son vecinos de los suessetanos que caen al N. entre los ilergetas y los celtíberos y de los edetanos que viven al S. de los ilergetas y entre estos y los celtiberos, así como que hubiesen existido cuestiones de fronte ras entre los suessetanos y los lacetanos, inmediatos a los primeros como lo atestigua la expedición de Catón contra Jaca ayudado por los suessetanos, si es plausible la corrección de Goetzfried en el texto de Livio.

    Los suessetanos, después del 184, desaparecen de la historia y su territorio, si es el que creemos poderles atribuir, es lógico suponerlo absorbido por los vascones, lo mismo que el de sus enemigos los iacetanos. En el caso de los iacetanos lo hemos explicado (35) por la posibilidad de una anexión, restableciendo acaso limites antiguos a consecuencia de la política romana de amistad con los vascones en tiempo de Pompeyo y por representar los iacetanos un pueblo forastero en su región que pudo haberle arrebatado a los vascones al extenderse los iacetanos desde el S. de Francia, como prolongación de los aquitanos, en el momento de las presiones galas por la línea del Garona. En el caso de los suessetanos podría explicarse si los suessetanos representasen una tribu enemiga de los vascones que hubiesen ocupado en oposición a ellos alguno de sus territorios o una zona fronteriza con ellos.

    Para esta última hipótesis habría acaso algún indicio. Si tenemos en cuenta la raíz del nombre, observaremos que se parece al de la población céltica de Suessatium. Sería acaso esto un indicio del carácter céltico de los suessetanos? El final en -tanus considerado generalmente como ibérico no sería obstáculo para ello, puesto que, siendo conocido por los romanos desde el Ebro en donde viven pueblos ibéricos, los romanos pudieron fácilmente transformar su nombre haciéndolo terminar a la manera ibérica. Pero además, en su territorio hay indicios célticos. Ya hemos citado antes los nombres modernos de Navardún, y Gallipienzo, así como cerca, y en el paso precisamente a la región de Jaca, el de Berdún, indicando el final en -dun una supervivencia del -dunum céltico, que indica fortaleza y que podría ser indicio de un dominio de un pueblo céltico. Sería este pueblo céltico el de los suessetanos, que en su lengua se habrían llamado acaso suessiones, el nombre de la tribu gala de Soissons en Francia con el que también se ha comparado el de Suessatium?

    Esto llevaría a admitir otro nuevo elemento céltico en el territorio de los pueblos vascos y precisamente desde el punto de partida de todos los movimientos célticos. Desde la región de Pamplona, los suessionessuessetanos debieron ocupar la parte oriental, como por el camino de la Rioja o por el de Vitoria y Pancorbo, otros grupos fueron a ocupar el Ebro y el S. de las provincias vascongadas y la Meseta castellana. Respondería también acaso a una extensión occidental de los suessionessuessetanos por la llanada de Alava, la población con nombre céltico de Suessatium. En tal caso esta ciudad daría los límites máximos de los suessionessues setanos y así como los vascones les tomaron el territorio del Ebro, los caristios reconquistarían la llanada de Vitoria.

    Todavía uno de tales nombres, el de Navardún, plantea un curioso problema: parece que además del dunum céltico indicador de fortaleza, contiene la raíz del nombre de los navarros. Sería éste el de la tribu indígena vasca dominada momentáneamente por los forasteros y equivaldría a «fortaleza de los navarros »ocupada por los celtas? Desgraciadamente los orígenes de los navarros como pueblo se pierden en la oscuridad y solo se citan por primera vez en textos referentes al año 810 de nuestra era (36).

    Los movimientos célticos

    No es este el lugar apropósito para estudiar detalladamente los movimientos célticos en España, lo que se ha hecho en otra publicación (37). Pero sí es conveniente recoger los resultados a que hemos llegado, especialmente aquellos que están relacionados con el país vasco, para ver si, del contraste de tales resultados con los hechos anotados hasta ahora resulta alguna aclaración a los problemas de la evolución de la etnología vasca.

    Del estado de cosas anterior a los movimientos célticos del primer milenario resulta la existencia desde el eneolítico, ya con personalidad bien marcada, de un grupo de pueblos pirenaicos entre los que se hallan sin duda ya los vascos, formados por evolución de los elementos indígenas de toda la zona N. de la Península. El límite exacto de los pueblos pirenaicos en el país vasco no es posible delimitarlo, pero parece que en general su verdadero territorio es la zona montañosa y que no pasan del nivel de las sierras del S. de Alava, así como en el N. de Navarra y probablemente en el Alto Aragón siguen una línea equivalente, señalada por los hallazgos de puntas de flecha de tipo pirenaico de Undués Pintano en la pro vincia de Zaragoza (38). Por esta parte hay que señalar la coincidencia aproximada del límite pirenaico con el de la cultura de las cuevas del Centro de la Península que en Aragón llega a Bascués en la prov. de Huesca y en Navarra a Echauri cerca de Pamplona. En Vizcaya en la región de Guernica (cueva de Santimamiñe) se nota una influencia de dicha cultura de las cuevas sobre la pirenaica, lo que se relaciona con la penetración de un núcleo importante de la misma cultura central por la alta provincia de Burgos y la provincia de Santander. Esto parece acusar la desnaturalización del elemento étnico análogo al pirenaico a partir del oeste de Vizcaya, que en Santander y en Asturias se asimila progresivamente a los elementos de la cultura central y podría explicar que, según los tiempos, fluctúe aquí el límite vasco.

    A principios de la Edad del Bronce parece que por el Ebro ha tenido ya lugar la expansión de los pueblos que con el tiempo se llamarán ibéricos y que pueden por entonces haber entrado en la Rioja y aun llegar a la provincia de Santander, lo que ofrece la posibilidad de admitir una iberización temprana de las comarcas limítrofes del país vasco por el S. y O. y la consiguiente presencia de los antepasados de los cántabros en el Ebro, no sabemos exactamente hasta donde.

    El primer movimiento de los celtas desde el Rhin y la Meseta suiza parece producirse hacia el 1000 a. de J. C. en dirección al S. de Francia por el valle del Ródano y ser originado por presiones ilíricas desde el Danubio. Este movimiento parece con seguridad que penetró por el E. del Pirineo en las comarcas litorales de Cataluña. Estos celtas son los que pertenecen a una primera oleada de estos pueblos caracterizada por sus cementerios de urnas enterradas en hoyos sin túmulo («Urnenfelder »), representando una etapa primitiva de la civilización hallsttática y es probable que, desde el S. de Francia por el Occidente del Pirineo, se extendiesen también por el valle del Ebro, perteneciendo a su grupo acaso los que luego encon tramos en la montaña soriana con el nombre de pelendones (de los que quedó un resto en Francia los belendi, sometidos a las tribus aquitanas entradas allí más tarde) y en el límite con la costa del sistema orográfico ibérico con el nombre de beribraces (más propia mente bebriaces y análogos al núcleo principal del pueblo que en el SE. de Francia se llaman bébrices). Los pelendones y beribraces debieron entrar por Roncesvalles y derivar por los caminos de Estella y Tafalla hacia el Ebro, mientras acaso otros grupos, sea entra dos también por Roncesvalles, sea a través de otros pasos del Pirineo, como el Somport, entraron en el alto Aragón. Estos bajan a las comarcas centrales del Ebro e influyen, todavía dentro de la primera Edad del Hierro, fuertemente en las culturas ibéricas primitivas del S. de la provincia de Huesca (Las Valletas de Sena), del límide de las de Zaragoza y Teruel en el Bajo Aragón (Roquizal) del Rullo de Fabara, Las Escodinas de Mazaleón, etc. ), y aún de la frontera occidental de Cataluña (Llardecans en la provincia de Lérida, El Molar en la de Tarragona). Serían también ellos los que dejaron los indicios filológicos célticos al E. del Ebro que hemos citado (Berdún, Navardún, el río Gállego con el Forum Gallicum y OctogesaMequinenza). ¿Pertenecerían acaso a este grupo de celtas de la cultura de las urnas los suessetanos que parecen arrinconados en las comarcas de Navarra y Aragón al E. del Ebro, si son celtas como hemos supuesto o acaso habría que explicarlos mejor como celtas de la gran oleada del siglo VI?

    Hacia el 600 a. de J. C. las presiones germánicas en las regiones del mar del Norte y en el Bajo Rhin, desplazan otra oleada mucho más importante de pueblos célticos que atraviesan todo el N. de Francia, sin tocar las tribus célticas que desde muy antiguo, acaso ya desde la Edad del Bronce (los celtas de los túmulos), se hallaban allí instalados y van a buscar un territorio en donde instalarse más acá del Pirineo. Estos son los que ocupan casi toda la península ibérica y, desplazando los antiguos celtas de las urnas, que quedan arrinconados, ocupan las zonas fértiles del valle del Ebro (berones de la Rioja), y, a través del camino Pamplona Vitoria Pancorbo, la meseta castellana (turmódigos, vacceos, arevacos y demás elementos célticos de los celtíberos), así como desde las tierras leonesas, influyendo y acaso mezclándose con los indígenas astures, siguen a Galicia por una parte, mientras por otra marchan a Portugal y Extremadura (los cempsos, que dejaron un resto en las costas del mar del Norte señalado por Estrabón: los campsianos), empujando hacia Andalucía, en donde son contenidos por los pueblos tartesios.

    A esta gran oleada habría que atribuir la ocupación de la parte meridional del país vasco a lo largo del camino Pamplona-Vitoria-Pancorbo (suessionessuessetanos?) así como los elementos célticos de los autrigones y aun la parte dominante de este pueblo si realmente representase una tribu indígena celtizada más o menos intensamente. También a la ocupación por estos celtas de los puntos estratégicos que vigilan la montaña de Santander (Segontia Paramica) cabría atribuir el arrinconamiento de los cántabros en sus regiones extremas.

    El dominio céltico parece estar fuertemente arraigado desde el siglo VI al III comenzando entonces su decadencia. Entonces, además de la mezcla cada vez más intensa con la gente indígena de los países ocupados, parece provocarse una reacción de algunas de las tribus de éstos, que dislocan la dominación céltica, reduciendo sus tribus a regiones extremas en donde conservan mejor su personalidad o haciéndosela perder poco a poco en donde el elemento indígena fué lo bastante importante para absorber a los dominadores. Probablemente las correrías y la expansión de los lusitanos ibéricos, arrinconados momentáneamente durante el dominio céltico en las montañas del centro de Portugal (Beira y Sierra da Estrella), fué el factor decisivo para romper la cohesión de los pueblos célticos, terminando definitivamente con ella las campañas de los omanos, que siguieron en general una política de hostilidad a los celtas y de protección a los pueblos indígenas sometidos por ellos, restituyéndoles amenudo comarcas que les habían tomado los celtas y rectificando en general los límites de unos y otros.

    Posible reconstitución de la historia de los pueblos vascos en relación con los movimientos célticos y con las peripecias ulteriores

    Sin otra pretensión que la de contribuir a aclarar en su día períodos oscuros y difíciles de la historia primitiva vasca y sabiendo que estas conclusiones han de estar forzosamente sujetas a rectificaciones parciales o totales, plantearíamos de la siguiente manera la reconstitución de las peripecias de la etnología vasca en relación con sus vecinos y con los celtas a partir del siglo VI.

    La gran oleada céltica del siglo VI, lleva a los berones a la Rioja a través del camino Pamplona-Estella, mientras las principa les tribus seguían por el camino Pamplona-Vitoria-Pancorbo hacia la meseta. Este camino queda también ocupado por destacamentos célticos que establecen a lo largo de él posiciones militares que lo dominan y mantienen a raya a los montañeses vascos: acaso pertenecerían estos destacamentos célticos a los suessiones-suessetanos que con el centro en Pamplona se extenderían a la vez por el valle de Sangüesa hacia el E. y en dirección al Ebro por el S. bordeando la Rioja ocupada por los berones y detrás de los elementos célticos de los celtíberos del Ebro que habrían desplazado de allí a los pelendones y beribraces procedentes de la invasión anterior de los «Urnenfelder ».

    Desde el extremo del camino Pamplona-Vitoria-Pancorbo, a uno y otro lado de Pancorbo, los autrigones vigilan no sólo a los montañeses vascos de Vizcaya, sino también a los cántabros, destacando posiciones avanzadas hacia el interior del país de éstos (zona de Villarcayo) y acaso ocupando toda la zona limítrofe hasta la costa (de Bilbao a las Encartaciones), con el posible corrimiento de los origeviones al E. de Bilbao. Esto da por resultado la matización céltica momentánea del occidente de Vizcaya, resurgiendo su carácter vasco por no haber desaparecido los núcleos indígenas al terminar el poderío céltico, aunque pudo perderse el nombre de estos elementos indígenas vascos si el de los autrigones y origeviones fuese realmente un nombre céltico. Las zonas de la Bureva y de Villarcayo acaso nunca fueron vascas y en todo caso, si lo habían sido, la extensión por ellas de los cántabros antes del dominio céltico pudo contribuir a borrar de ellas el carácter vasco que se conservó en cambio mejor en Vizcaya, en lo que acaso se encuentre el fundamento de la constitución étnica histórica de tales regiones, vasca la una y el primitivo núcleo de Castilla las otras, ocupados probablemente ya por los cántabros ibéricos antes del dominio céltico.

    Al decaer el poderío céltico, pudieron los cántabros coniscos intentar recuperar la zona antigua de Villarcayo y Medina del Pomar, bajando en dirección a la Bureva, y quién sabe si ocupando temporalmente tales comarcas, a lo que respondería el texto de Estrabón-Timágenes que hace a los coniscos y a los várdulos vecinos de los berones, anulando momentáneamente a los autrigones en la parte meridional de su territorio, donde se interponen como una cuña entre los pueblos vascos y los turmódigos.

    Después de dominada ya la mayor parte de España por los romanos, sea cual sea el éxito momentáneo de los intentos de reconquista cántabra en relación con el territorio de los autrigones, las nuevas presiones cántabras en la frontera autrigona provocan la guerra terminada por Augusto con la sumisión de los cántabros y astures, hallándose estos últimos dentro de la esfera de influencia de los cántabros y posiblemente dominados por ellos, por lo menos en la parte litoral de su territorio. Si es cierto lo que antecede y sobre todo si los autrigones representan pueblos indígenas dominados por celtas, se explica perfectamente que marchen juntos con los turmódigos y los berones que representan los pueblos célticos inmediatos y que estaban unidos a ellos por comunidad de intereses contra los cántabros, lo mismo que, dada la amistad de los demás pueblos vascos con Roma y la afinidad de ellos con los núcleos indígenas de los autrigones, se explica también que el territorio vasco y especialmente la costa sea utilizado fácilmente por los romanos como base de operaciones, sin que conste que las tribus vascas más genuinas tomasen un papel activo en la lucha. Al terminarse ésta los romanos fijan definitivamente los límites de las diversas tribus, perdiéndose poco a poco la personalidad de los celtas por el predominio de los indígenas de tipo vasco en Vizcaya y de tipo cántabro ibérico en la zona de Villarcayo y en la Bureva, así como, con el tiempo, la enemistad de los reyes visigodos contra los pueblos vascos (39) que entonces se hallan en movimiento (invasión de la Gascuña francesa, alcanzando la línea del Garona), así como el apoyarse en la zona de los cántabros propiamente dichos, hace organizar el ducado de Cantabria, extendiéndolo hasta el Pirineo, sin que ello signifique fluctuación de los límites de los cántabros, sino tan solo una demarcación en vistas a la vigilancia militar que toma por centro el territorio más seguro y que recibe el nombre de éste. Por la parte de los territorios no autrigones y de lo que fué luego Navarra, al decaer el dominio celta, debieron quedar libres los caristios, várdulos y vascones y recuperar sus límites antiguos, por de pronto hasta las sierras del S. de Vitoria a expensas del grupo septentrional de los suessiones-suessetanos, paralelamente a la entrada desde Francia de los iacetanos en el valle de Jaca desde donde atacaron frecuentemente a los suessiones-suessetanos por la línea de Berdún. Los vascones, además, en su expansión debieron ganar terreno por la Rioja en dirección al Ebro, así como progresar hacia el Sur introduciéndose como una cuña entre los berones y los suessetanos a los que dejaron reducidos al territorio al S. del Ebro y avanzando en dirección al territorio de los celtíberos de la región de Tarazona. En la época de las guerras sertorianas acaso todavía no habían pasado del N. de Calahorra. Su amistad con los romanos dataría de antes y acaso a consecuencia de ella, después de las guerras sertorianas, como consecuencia de la política de amistad de Calahorra con Sertorio fueron rectificados sus límites permitién doseles la anexión de Calahorra, así como, si son ciertas las identificaciones de Altadill de Muscaria con Tudela y de Alavona con Alagón, se incorporarían comarcas ya muy próximas a Zaragoza (hasta la confluencia del Jalón y el Ebro), lo mismo que el territorio de los suessetanos y el de los iacetanos, este último acaso después de la guerra cántabro-astura, pues en Estrabón son toda vía un pueblo poderoso y César aún los cita. Los vascones a principio de la época imperial, pues, llegan a alcanzar su máxima extensión, apoyados en la amistad romana. Esta daría por resultado que el grupo vascón sobresaliera de los demás pueblos afines, tomándoseles como característico al oscurecerse las demás tribus vascas, continuando este estado de cosas hasta que, a principios de la Edad Media, la Reconquista, acaso por la relación del grupo de la primitiva Navarra con Aragón, destacó de los vascones originarios a los navarros, ya por ser estos antes de la expansión vascona verdaderamente una tribu con personalidad propia del territorio sometido un tiempo a los suessetanos, ya porque fuese el nombre de Navarra el de una región geográfica de donde partiese la reconquista y al formarse el reino de Navarra tomase su nombre, como lo tomó en su caso propio el de Aragón, sin relación con un pueblo determinado.

    (1)Para la localización de las ciudades de los vascones ver Schulten, Las referencias sobre los antiguos vascones hasta el año 800 de J. C. (RE VISTA INTERNACIONAL DE LOS E STUDIOS V ASCOS, 1927), págs. 230 y sig. y además Altadill, De re geographica historica, Vías y vestigios romanos en Navarra, 1923. Las equivalencias de las ciudades citadas por Ptolo meo son como sigue: Iturrissa cerca de Espinal en donde hay una fuente q u e en vascuence es Iturria; PompaeloPamplona;BiturisBidaureta a orillas del Arga al O. de Pamplona;Andelos acaso cerca de Ntra. Sra. de Andion, a orillas del Arga cerca de Puente la Reina; Nemanturissa, lugar desconocido;CurnoniumCornaba?; IaccaJaca; Gracchurris en el des poblado de Araciel al sudeste de Alfaro; CalagurrisCalahorra; Cascan tumCascante; Ercavica, cerca de Milagro no lejos de la confluencia del Aragón confluente del Arga y el Ebro; Tarraga, acaso Larraga a orillas del Arga y al S. de Pamplona; Muscaria, acaso Tudela;? SegiaEjea a orillas del Arba; AlavonaAlagón junto a la desembocadura del Jalón en el Ebro; Oiasso u Olarso: Oyarzun. — Si estas identificaciones son exac tas los vascones en el Ebro llegarían por lo menos en la época romana hasta muy cerca de Zaragoza, reduciendo notablemente el territorio de los celtíberos del Ebro. (VOLVER)
    (2)Seguimos, en general, a Sánchez Albornoz, del que disentimos en algunos puntos secundarios. (VOLVER)
    (3)Aceptamos l a s identificaciones de Sánchez Albornoz. Según Blázquez y ya antes, según Saavedra, se debería situar a Suessatium en Iruña y Veleia sería Estavillo o Bayas. (VOLVER)
    (4)Tritium Tuboricum de los várdulos se sitúa junto a la desembo cadura del Deva, pues según Mela II, I la baña el río. Tritium se supone Motrico, pero lo que la atribución de la desembocadura del Deva a los caristios sería un límite aproximado. (VOLVER)
    (5)La importancia como frontera de los Montes de Oca, según nota Sánchez Albornoz, continúa más tarde en tiempo de la formación de Castilla en la Edad Media, cuando el poema de Fernán González dice: Entonte era Castiella un pequeno rincón era de castellanos Montes de Oca mojón e de la otra parte Fituero en fondón. Fituero, Itero de la Vega en el Pisuerga, junto con Treviño al Oeste del Odra, señala el límite oeste de los turmódigos. (VOLVER)

    (6)II, I .
    Este pasaje, muy alterado es restituido, al parecer acer tadamente, por Sánchez Albornoz en esta forma: «per aurinos et orgeno mescos Nansa, per autrigones et origeviones quosdam Nerva descendit ». (VOLVER)
    (7)El nombre de los origeviones está formado, lo mismo que el de los autrigones con el sufijo ones que algunos (D ’Arbois de Jubainville) creen Céltico. (VOLVER)
    (8)Así Estrabón, del grupo vasco, solo cita a los vascones al enu merar las grandes regiones del N. de la Península: las de los galaicos. astures, cántabros, Vascones, iacetanos y cerretanos, mientras que en otro pasaje cita a los vardialos o bardietas que son sin duda los várdulos. Mela dice: «tractu cantabri et varduli tenent »abreviando y tomando a los várdulos como representativos de todo el grupo, del que, en otros pasajes cita, como hemos visto a los autrigones y origeviones. Más tarde el relieve histórico de los cántabros hará que se prescinda del nombre de los demás pueblos, lo cual tiene su expresión en el nombre del ducado de Cantabria que incluye toda la Vasconia. (VOLVER)
    (9)Balparda, Historia crítica de Vizcaya y de sus fueros I (Madrid 1922), pág. 51, hace equivalentes a los autrigones de los cántabros conis cos vecinos. (VOLVER)
    (10) Schulten, Las referencias de los vascones hasta el año 800 d e s pués de J. C. (REVISTA INTERNACIONAL DE LO S E STUDIOS V ASCOS, 1927, p á g. 2 25 Y s i g . (VOLVER)
    (11) Lug. citado. (VOLVER)
    (12)Cantabria (Boletín de la R. Sociedad geográfica IV, I sem. Ma drid 1878, pág. 93 y s.
    (VOLVER)
    (13)Lug. Citado (VOLVER)
    (14)La Cantabria (preliminar al vol. XXIV de la España Sagrada) (ed. aparte de la Academia de la Historia, Madrid, 1877). (VOLVER)
    (15)Lugar citado, pág. 60.
    (VOLVER)
    (16)Nuestra posición respecto de estos problemas lingüísticos la hemos precisado en La prehistoria de los iberos y la etnología vasca (RE VISTA INTERNACIONAL DE LOS E STUDIOS V A S C O S 1 9 2 5 ). (VOLVER)
    (17)Meyer Luebke, Butlleti de la Associació catalana d ’Antropo logia, Etnologia i Prehistoria, I . 1923, pág. 217 y Zur Kenntniss der vorroemischen Ortsnamen der iberischen Halbinsel (Homenaje a Menén dez Pidal, I. Madrid, 1925, pág. 63 y sig. ). (VOLVER)
    (18)D ’Arbois de Jubainville, Les celtes en Espagne (Revue celtique, XIVXV, 189394). (VOLVER)
    (19)Schulten, Las referencias sobre los antiguos vascones hasta el a ñ o 8 0 0 de J. C. (REVISTA INTERNACIONAL DE LOS E STUDIOS V A S C OS, 1 9 2 7 ), p á g . 5 3 3. (VOLVER)

    (20)E s t r a b ó n I I I , c a p . 4 J 1 2 (a d .
    K r a m e r , p á g . 4 8 3 ): III, cap. 4 J 5 (ed. Kramer, pá gina 179): (ed. Didot, página 136, líns. 22 y 23). (VOLVER)
    (21)Bosch, Los celtas y la civilización céltica en la península ibérica (Boletín de la Sociedad española de excursiones, 1921, IV trim. )y Bosch El problema etnológico vasco y la arqueologia (REVISTA INTERNACIONAL DE LOS E STUDIOS V ASCOS, 1923). (VOLVER)
    (22)J. Cabré, Una sepultura de guerrero ibérico de Miraveche (Arte español. 1916). (VOLVER)
    (23)Cabré, Acrópoli y necrópoli cántabra de los celtas berones del monte Bernovio (Arte español, 1920). (VOLVER)
    (24) Cabré, Acrópoli y necrópoli cántabra, etc. (VOLVER)
    (25)Bosch, Los celtas y la civilización céltica en la península ibérica, y Bosch El problema etnológico vasco y la arqueología.
    (VOLVER)(26)Cabré, Tipología del puñal de Las Cogotas (Archivo español de arte y arqueología núm. 21, Madrid, 1931) (VOLVER)
    (27)De re geographica historica. Vías y vestigios romanos en Nava rra. 1923. (VOLVER)
    (28)Estrabón, pág. 161. (ed. Kramer): (VOLVER)
    (29)Livio, fragm. del libro 91: . . . ad Calagurrim Nassicam, sociorum urbem, venit. . . per Vasconum agrum ducto exercitu in confinio Beronum venit. posuit castra, postero die. . . ad Vareiam validissimam regionis eius urbem venit. (VOLVER)
    (30)Bosch, Etnología de la península ibérica (Barcelona, 1332). (VOLVER)
    (31)Schulten, artículo Suessetani en PaulyWissowa, Realencyclo paedie der classischen Altertumswissenschaft.
    (VOLVER)(32)Ver Goetzfried Annalen der roemischen Provinzen beider Spanien von der ersten Bosetzung durch die Roemer bis zum letzten grossen Freiheitskampf (218154)(tesis doctoral de Erlangen, 1907). (VOLVER)
    (33)lug. cit. p. 51 y sig. y p. 31 nota 2. (VOLVER)
    (34)E. Huebner, Drei hispanische Voelkerschaften (Hermes, I, 1886, p. 337 y sig. ). (VOLVER)
    (35)Ver antes en e s t e trabajo l a c i t a de Estrabón a propósito de las campañas de Sertorio, en que se habla por última vez de los iacetanos como pueblo independiente. Después, Ptolomeo incluye Iacca entre las ciudades vasconas. Bosch, Etnología de la península ibérica (Barcelona, 1932). (VOLVER)
    (36)Schulten, Las referencias sobre los antiguos vascones, etc. . pá gina 239 del número correspondiente de la RE V I S T A INTERNACIONAL D E E STUDIOS V ASCOS, 1927. —La cita de los navarros se halla en la V i ta Karol Magni de Einhardo (ed. Waitz), apropósito del engrandecimiento del imperio de Carlomagno: «. . ipse per bella memorata primo Aquita niam et Wasconiam totumque Pyrinei montis iugum et usque ad Hiberum amnem qui apud Navarros ortus et fertilissimos Hispaniae agros secans sub Dertosae civitatis moenia Balearico mari miscetur ». Schulten nota apropósito de este testimonio, el más antiguo, para el nombre de Navarra que estaba ligado a las cercanías del nacimiento del Ebro, presupo niendo la tribu de los Navarri y que la raíz nai, parece significar río, de manera que los navarri serían los ribereños del Ebro. No hoy que tomar sin embargo esta localización mas que de un modo aproximado pues no es posible que los navarros estuviesen en las fuentes. del Ebro;debién dose interpretar más bien en esta localización como pueblo que ocupaba una región del valle superior del Ebro o de sus proximidades. (VOLVER)
    (37)Bosch, Etnología de la península ibérica (Barcelona, 1932). (VOLVER)
    (38)Ver los límites de la cultura pirenaica en relación con la central o delas cuevas en Pericot, La civilización megalítica catalana y la cul tura pirenaica (Barcelona 1925), basándose para el país vasco en los tra bajos de Aranzadi, Barandiarán y Egures en los sepulcros megalíticos y demás estaciones del país.
    (VOLVER)
    (39)Ataques de Requiario a la Vasconia en 449;campaña de Leovi gildo hacia 581 en Vasconia, que ocupa, fundando Victoriacum (Vito riano en Alava), probablemente la repetición del hecho de las ciudades célticas en la llanura de Alava, instalando allí destacamentos militares para vigilar desde allí a los montañeses: luchas del rey franco Chilperico (562584)con los vascones;luchas victoriosas del «comes »de Burdeos Galactorio contra los vascones;nuevas luchas en tiempo del emperador Justino II (5655783;penetración de los vascones en Aquitania que desde entonces recibe el nombre de Gascuña (hacia 587)(testimonio de Gregorio de Tours);luchas de Suintila (hacia 623)contra los vascones que siguen manteniendo su independencia contra los reyes visigodos, as!como vienen nuevas luchas en tiempo de Recaredo;Teodorico los hace tributarios (601602);nuevas rebeliones y luchas con los reyes francos: bajo Dago berto (636637);después de la misión de S. Amando hacia 670 entre los vascones que todavía son paganos, Wamba (hacia 675)guerrea con ellos. Ver los textos referentes a estos acontecimientos en Schulten, Las refe rencias sobre los vascones hasta el año 810 después de J. C. (REVISTA INTERNACIONAL DE LOS E STUDIOS V A S C OS, 1927). (VOLVER)





  2. #2
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    Re: "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.

    Hola y bienvenido.
    Tenía este artículo preparado para sacarlo. En fin, tú lo has puesto antes.

    No sé cuál era la línea de Peralta ni las conclusiones a las que llegó, pero el «celtismo» en toda la península no parece pasar de un proceso de aculturización con un adstrato superpuesto sobre el sustrato indígena, en su mayor parte pre-indoeuropeo del Paleolítico superior.

    Por cierto que fue Adolf Schulten, en su libro Los Cántabros y Astures en su Guerra contra Roma, quien apuntó hacia un posible adstrato ligur entre los cántabros. Pero Schulten está algo obsoleto.

    Esto no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que hasta las conocidas como naciones celtas han resultado pertenecer al haplogrupo R1b, de origen indígena y preindoeuropeo. O sea, que a menos que los celtas fueran preindoeuropeos (y por lengua y costumbres no lo eran) del tipo R1b, en sitios como Irlanda, Cornualles o Bretaña tampoco pasarían de ser una adstrato superpuesto sobre una población mayoritaria de sustrato pre-indoeuropeo.

    En resumen, que el celtismo genético en la península es más bien escaso, aunque luego pueda haber gente que vea lo que quiere ver.

    Este artículo sacado de un libro bastante reciente da una aproximación, si no a lo que eran, sí a lo que no eran los cántabros, astures y galaicos:
    Los Pueblos del Noroeste: Galaicos, Astures y Cántabros

  3. #3
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    Re: "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.



    Salve y gracias por la bienvenida.




    Muy interesante el artículo que adjuntas, la verdad es que se puede polemizar mucho sobre el tema del celtismo peninsular y por lo que se la gente del Norte peninsular (Galicia, Asturias, Cantabria) son bastante sensibles cuando se duda sobre su “celtismo” posiblemente por la moda actual referente al mudo celta y porqué el “celtismo” puede servir como elemento diferenciador del resto de los habitantes de la peninsula. Hoy en día parece existir la tendencia a intentar diferenciarnos unos hispanos de otros, cuando lo que habría que hacer es intentar buscar los puntos comunes frente al “Campamento de los Santos” que ya tenemos encima. Me refiero al tema de la inmigración masiva. Pero este es otro tema.



    Sobre la línea de Peralta (Dr. Eduardo Peralta Labrador) tengo algunos artículos suyos de hace unos años que si te interesan intentaré colocar en este foro con tiempo. (En estos momentos estoy fuera por motivos de trabajo y volveré dentro de tres semanas, así que habrá que esperar un tiempo antes de que los coloqué en el foro). Más abajo te adjunto algunos artículos en los que se puede conocer mejor las lineas argumentales de Peralta.



    Por lo que recuerdo habían varias líneas en las que se defendía el carácter céltico de las poblaciones cántabras.



    Una de ellas era la antropológica. Está línea estaba basada en los estudios antropológicos llevados a cabo por el profesor Hoyos Saínz en el que se estudiaba los caracteres raciales cántabros. Tanto para Hoyos Saínz como para Peralta (al menos entonces) la población cántabra era el resultado de la mezcla de dos elementos básicos:

    Unos celto-alpino moreno o castaño, de estatura media y otro celto-germano rubio más alto, aunque ambos braquicéfalos, estos dos grupos predominantes estarían matizados en algunas zonas por elementos de raza mediterránea e incluso dinárico-armenoide, también se constataba en estos estudios el alto porcentaje de rubios, pelirrojos y ojos claros en aquella zona (cerca del 30%), la tez más clara de la peninsula, una mayoría de rubios en la infancia, muchas mujeres pecosas, acentuada braquicefalia, del tipo de cogote como “cortado con hacha”, fuerte corpulencia etc.



    Otra línea era el estudio de las estelas discoideas en las que se atestiguaban esvásticas, triskeles, símbolos solares etc. Con lo que se demostrarían cultos solares indoeuropeos.



    También están los argumentos derivados de la toponímia, onomástica e inscripciones en las que se demostraría la existencia de gentes de habla indoeuropea etc. etc.



    En internet se puede encontrar los siguiente:





    “La Cantabria Celta”.

    Debido a las múltiples controversias vertidas respecto al
    origen celta de los Cántabros, nos remitimos a la
    opinión de ilustre cántabro, doctor en protohistoria
    por la Sorbona y autor del Libro "Los Cantabros antes
    de Roma" publicado por la Real Academia de la Historia,
    Dr. Eduardo Peralta Labrador.


    ORÍGENES DE LOS CÁNTABROS

    Tras señalar los límites y las características del territorio de los antiguos cántabros, típico pueblo montañés asentado en ambas vertientes del sector central de la Cordillera Cantábrica, hemos comprobado que desde el punto de visa lingüístico se detectan en la formación de este pueblo la superposición de diferentes capas indoeuropeas, algunas de ellas de remota antigüedad, que desmienten el pretendido carácter pre-indoeuropeo que muchos auto-res atribuyeron a este pueblo:
    En el territorio del que surgió el pueblo cántabro existe una gran abundancia de topónimos y de hidrónimos correspondientes
    a gentes indoeuropeoparlantes de tipo arcaico (los "antiguo europeos")
    llegados a la Península Ibérica desde el otro lado de los Pirineos en algún momento del segundo milenio a.C.
    Hacia el 1.000 a.C., según consideran los lingüistas,
    llegó otra capa de gentes indoeuropeas relacionables con las lenguas preceltas que conservaban la P inicial e intervocálica.
    Por último, superponiéndose a estos substratos,
    llegan a Cantabria en la Edad del Hierro gentes que hablaban una lengua celta similar al celtíbero, como evidencian diferentes topónimos, onomástica de las estelas e incluso algunas inscripciones en celta
    )

    Desde el punto de vista arqueológico el territorio cántabro muestra su vinculación a la cultura del Bronce Final atlántico, que se desarrolló tanto en la vertiente cantábrica como en el norte del Valle del Duero desde el siglo XII a.C. hasta el 900-850 a.C. Hacia los siglos VIII-VII a.C.llegan por el Valle del Ebro grupos incineradores de los Campos de Urnas, como prueban los materiales de una serie de castros del Hierro I (Pico de la Campana, Baraones, Monasterio, etc.) y las cerámicas acanaladas y excisas de algunas cuevas. Con la entrada de estas gentes, emparentadas con las de los castros de Álava y las
    de Cortes de Navarra, seguramente comienzan a
    cristalizar los cántabros como formación étnica definida.
    Posteriormente, en la segunda Edad del Hierro, Cantabria aparece plenamente integrada en la Cultura del Duero
    propia del mundo celtíbero, tanto en la fase Monte Bemorio (siglos IV-III a.C.) como en la fase de celtiberización (siglos II-I a.C.).
    Por otra parte, según ha quedado demostrado frente a ciertas teorías académicas locales, las gentes de la vertiente costera de Cantabria
    pertenecían a esa misma Cultura del Duero
    (castros de Caravia, Cueto del Agua, Alto del Cueto,
    Los Agudos, CastilNegro, necrópolis del Puyo, etc.).


    De acuerdo a estas evidencias arqueológicas y lingüísticas, y siguiendo la teoría de Martín Almagro-Gorbea sobre la formación de los pueblos atlánticos peninsulares, los cántabros serían gentes
    pertenecientes a un viejo substrato indoeuropeo precelta de la Edad del Bronce (los "antiguo europeos") que conservó muchas
    características de su arcaica cultura. Al final de la Edad del Bronce y en la transición a la Edad del Hierro tuvo lugar un proceso de etnogénesis entre estas gentes y otros indoeuropeos que llegaron
    por el Valle del Ebro
    (
    ¿
    preceltas tipo "lusitano" o celtas arcaicos?),para terminar de perfilarse como pueblo en la segunda Edad del Hierro con las aportaciones culturales y humanas de los celtas de la
    Meseta y del Valle del Ebro (celtíberos).

    Reproducido del libro Los Cantabros antes de Roma, con autorización del
    autor. Dr. Eduardo Peralta Labrador.


    LÁBARO Y LAUBURU

    Desde hace bastantes años, se han popularizado en Cantabria y en el País Vasco dos símbolos denominados "lábaro" y "lauburu" cuya finalidad es representar respectivamente a ambos pueblos. Se han llegado a hacer todo tipo de afirmaciones acerca de ellas, en algunos casos excesivamente dogmáticas y categóricas y en demasiadas ocasiones realizadas desde la ignorancia. A causa de ello, y de la extraordinaria repercusión que han tenido en la cultura popular de ambos pueblos, pretendemos hacer un somero análisis de su origen histórico.

    Lábaro cántabro

    Sabemos por Tertuliano y Minucio Félix que existía un estandarte militar romano denominado cántabrum. Consistía en un pendón de tela roja que estaba sujeto a un travesaño colocado perpendicularmente al asta de sujepción del estandarte. Como los romanos poseían otro tipo de insignia que obedece a esta misma descripción (los vexillum) es de suponer que se diferenciase de estos por el motivo que iría bordado en la tela.

    Este tipo de estandartes debía estar bastante difundido entre los pueblos célticos pues aparece representado en el Arco de Orange y en acuñaciones celtibéricas. Se supone que el uso de esta insignia fue tomada de las tropas de auxiliares cántabros que prestaban servicio a Roma, del mismo modo que sabemos por Arriano que el ejército romano copió dos tácticas de caballería, el circulus cantábricus y el cantabricus impetus.

    Posteriormente, supuestamente el Codex Theodosianus nos habla de los cantabrarii, una especie de colegio encargado de portar el labarum, un famoso estandarte imperial romano. Este estandarte nos es descrito por Eusebio como una tela de color púrpura ricamente enjoyada, que colgaba de un travesaño del asta. En las acuñaciones de la época este estandarte nos es presentado con un símbolo cruciforme. A modo de curiosidad, este es el estandarte que Constantino vio poco antes de su conversión la cristianismo. Tras esta conversión, el labarum se transforma en el crismón, el anagrama que representa a Cristo, consistente en una "X" sobre la que se superpone una "P", apareciendo frecuentemente respresentado en la iconografía romana.

    El problema reside en que no se sabe excatamente en que referencia del Codec Theodosianus se han basado los autores que han establecido esta relación entre los cantabrarii y el Labarum. Algunos de ellos de prestigio, como C.H. Daremberg y E. Saglio

    Referencias al "Cantabrum":

    "La religión de los romanos venera todos los signa militares, jura por ellos, los antepone a todos los dioses. Todas las imágenes colocadas en los signa son los collares de las cruces; las telas de los vexilla y de los cantabra son las vestiduras (stolae) de las cruces. Alabo [vuestro] celo: no quisisteis adorar a cruces desaliñadas y desnudas." [Tertulianus, Apologetycum, Pars IV, Capitulum XVI, 8]

    "Además ni rogamos ni veneramos a las cruces. Vosotros ciertamente, que divinizáis a dioses de madera, quizá adoráis cruces de madera como parte de vuestros dioses. Pues tanto los mismos signa, como los cantabra, como los vexilla de los campamentos, ¿qué otra cosa son sino cruces enriquecidas y adornadas?" [M. Minutius Felix, Octavius, XXIX]

    "Además, en los cantabra y vexilla, a los que la milicia guarda con no menor devoción, las telas son los vestidos de las cruces." [Tertulianus, Ad Nationes, I, 12]

    Referencias al "Labarum":

    "Ya sea que nos aguarde el combate, ya dictemos en la paz serenas leyes, ya pisoteemos en la ciudad las vencidas cabezas de los dos tiranos, es necesario, reina, que admitas de grado mis banderas, en las que la imagen de la cruz bien brilla ornada de gemas, bien, hecha de oro macizo, refulge en lo alto de las lanzas/mástiles." [Aurelius Prudentius, Contra Symmachum, Lib. I, 461-466]

    "Cristo, bordado en oro y ornado con piedras preciosas, marcaba el Labarum purpúreo, Cristo se escribía en los escudos, en la cresta de los cascos centelleaba la cruz." [Aurelius Prudentius, Contra Symmachum, Lib. I, 486-488]

    "Capítulo XXXI: descripción del estandarte de la Cruz, al que los Romanos ahora llaman “Labarum” (1) Ahora estaba hecho de la siguiente manera. Una larga lanza, revestida de oro, formaba la imagen de la cruz por medio de una barra transversal colocada sobre ella. En lo más alto del conjunto fue fijada una corona de oro y piedras preciosas; y dentro de ésta, (2) el símbolo del nombre del Salvador, dos letras indicando el nombre de Cristo por medio de sus iniciales, la letra P cortada por la X en su centro: (3) y estas letras [son las que] el Emperador tuvo costumbre de llevar en su casco en un período posterior. Del travesaño de la lanza estaba suspendido un paño, (4) una prenda real, cubierta con un profuso bordado de las más brillantes piedras preciosas; y el cual, estando también ricamente entrelazado con oro, presentaba un nivel indescriptible de belleza al espectador. Este estandarte era de forma cuadrada, y el asta vertical, cuya parte de abajo era de gran longitud, (5) sostenía un retrato dorado de medio cuerpo (6) del pío Emperador y de sus hijos en su parte superior, bajo el trofeo de la cruz e inmediatamente encima del estandarte bordado. El emperador hizo uso constantemente de este signo de salvación como defensa contra cualquier poder adverso y hostil, y ordenó que otros similares a él deberían ser portados a la cabeza de todos sus ejércitos." [Eusebio, Vita Constantini, Lib. I]

    (Recopilación y traducción de las fuentes porJose Angel Hierro).

    Etimológicamente labarum proviene de la raíz *(p)lab- `hablar´, de donde se ha derivado el adjetivo * labaros, `orador´, ampliamente representado en las lenguas celtas: galés: llafar `habla´, `idioma´, `voz´, `orador´; antiguo córnico y bretón: lavar `palabra´; antiguo irlandés: labar `charlatán´, labrad `habla´, `lenguaje´; irlandés: labhar `locuaz´, `en voz alta´ y labhairt `palabra´, `habla´ < célt. (p)labro-.

    En el fragor de la batalla, los estandartes eran utilizados para enviar órdenes o señales a las tropas, pues resulta imposible que una voz de mando se escuche en mitad de un combate en el que participan miles de hombres. De ahí su significado: "el que habla".

    Varios autores, ante esta clara relación, han visto el origen del labarum como una influencia indirecta de los cántabros a través del estandarte militar denominado "cántabrum". De hecho, como hemos visto, el término lábarum es celta, no latino. Y en consecuencia no resulta demasiado descabellado pensar que los antiguos cántabros poseyeran un estandarte denominado lábaro que básicamente consistiese en un pendón de tela roja con un motivo cruciforme.

    Ante estos datos, modernas interpretaciones, encabezadas por Montes de Neira, han identificado al lábaro con el símbolo cruciforme que aparece representado en varias estelas discoideas gigantes, como en la de Zurita (Cantabria). El fenómeno de las estelas gigantes es típicamente cántabro, excepto por ejemplos aislados, como la de Coaña en Asturias y varios ejemplares hallados en Vizcaya. Exiten además infinidad de paralelismos con estelas, eso si, de memor tamaño, dentro de todo el ámbito celtiberico, siendo tal vez los ejemplos burgaleses los que presentan mayores semejanzas (Borobia, Lara de los Infantes y Clunia, entre otros).

    Las estelas vizcainas presentan la semejanza de poseer similares dimensiones a las estelas de los valles centrales de Cantabria, además de su típica decoración circular a base de triángulos en sus márgenes. La estela de Coaña asturiana no posee ningún tipo de decoración o seguramente este tan erosionada que lo ha perdido. Por su parte, los ejemplos burgaleses, encontrados algunos de ellos en contextos arqueológicos muy claros, que nos permiten datar el fenómeno desde finales del siglo I a.C. a mediados del I d.C., presentan enormes semejanzas en las representaciones figurativas de las estelas de Zurita y San Vicente de Toranzo.

    No obstante, la representación astral formada por cuatro crecientes lunares rematados en circulos no se presenta mas que en otros escasos ejemplos, el mas próximo desde el punto de vista geográfico se trata de una estela aquitana. Por lo demás, existen bastantes semejanzas en motivos ornamentales de tipo geométrico en algunos hallazgos arqueológicos de todo tipo que han aparecido por toda la península e incluso en Europa.

    Con todo, pese a que esta representación astral posea pocos paralelismos fuera del territorio cántabro (circunscrito al mismo contexto epigráfico y funerario), no se puede afirmar mas allá de cualquier duda, que efectivamente el signo cruciforme que apareciese en el cantabrum fuese el representado en estas estelas discoidales.

    Eduardo Peralta Labrador ha sido quien ha realizado el estudio mas serio sobre el tema y argumenta que, al ser el labarum una evolución del estandarte cántabro, lo lógico es que se le pareciese y por tanto fuera en realidad una X, similar a la cruz de San Andrés. Se basa ademas en diversos datos, como en un ara dedicada al Genio et signis de la Cohors Filda Vardulorum Equitata acantonada en el campamento de Riechester (Elsdon, Gran Bretaña), en la que aparece representado un estandarte de este tipo. Ademas, en diversas acuñaciones galas se nos presenta un guerrero en actitud de dominar una figura monstruosa mientras enarbola un estandarte con este símbolo. Supuestamente se trataria de Taramis, dios del rayo y vencedor del monstruo serpentiforme (tema muy difundido en la mitología céltica) y este estandarte representaría al rayo.

    Segun Peralta, el uso de estandartes similares se encontraba muy extendido entre los pueblos celtas y germánicos. Aporta interesantes datos como la inscripción de una estela de Rairiz de Veiga (Orense) en la que se lee: "A Bandua, dios de los vexilla, socio de Marte", o un texto de Olao Magno que habla de los pueblos germánicos de Europa Septentrional:

    "Pues, con atentas súplicas y con ritual más ceremonioso, veneran un paño rojo colgado de la parte alta de un asta o pértiga, pensando que reside en el cierta virtud divina, debido al color rojizo semejante a la sangre de los animales. Igualmente porque piensan que con su contemplación van a ser más afortunados en la matanza de bestias, bebiendo su sangre..."

    Efectivamente, según Duzémil el rojo es el color que los pueblos indoeuropeos antiguos relacionaban a sus deidades guerreras y uno de los epítetos atribuidos al dios cántabro de la guerra es Erudinus, formado por la raíz celta rud- que significa "rojo" y al mismo tiempo "fuerte". Peralta relaciona el uso de este tipo de estandarte a las cofradías de guerreros de tipo indoeuropeo, a las cuales dedica otro amplísimo estudio en su obra.

    Por tanto, segun Peralta el "cántabrum" sería un ejemplo más de una serie de insignias militares muy extendidas por el mundo indoeuropeo y seguramente fuera utilizado por mas pueblos del norte de Hispania.

    En todo caso, Montes de Neira ha popularizado la idea de que el lábaro era "el estandarte mas antiguo de la humanidad". Esta grandilocuente afirmación es, por supuesto, totalmente falsa. Se encuentran documentados estandartes sumerios, asirios y egipcios que evidentemente son mas antiguos que el labarum. Aparte de otros estandartes persas, sanmitas, celtas, romanos... pues como ya hemos dicho, el uso de este tipo de insignias era bastante común entre los pueblos de la antigüedad.

    Además, en muchos casos se han dado deliberados intentos de falsificación histórica, al intentar presentar este símbolo astral en los escudos de los guerreros cántabros representados en el adverso de la Estela de Zurita y en las acuñaciones romanas, cuando en realidad no se pueden apreciar detalles de este tipo.

    Como conclusión a todo esto, podemos afirmar que la moderna reconstrucción del lábaro cántabro no posee las pruebas documentales suficientes para poder hacer esta identificación mas allá de cualquier duda. Aunque por otra parte resulta innegable que este símbolo es típicamente "cántabro" (lo cual no significa que exclusivo) y que para este pueblo debía poseer un fuerte valor simbólico de algún tipo, religioso, seguramente.

    Es importante destacar que en el adverso de la Estela de Zurita aparece representado un ritual funerario que es citado por Silio Itálico y Eliano entre los celtíberos y vacceos: la exposición de los cadáveres de los caídos en combate a los buitres, para que de esta forma accedan al mas allá. Como el mas allá céltico se encontraba en el oeste, donde se oculta el sol, resulta perfectamente verosímil que una representación solar asociada a un vestigio con una finalidad funeraria (como es una estela), en la que además hay representada una escena de este tipo, trate de simbolizar el mas allá. Resulta significativo que hasta principio del siglo XX se hayan conservado en algunas zonas de Cantabria la costumbre de rezar un padrenuestro mirando al sol en el ocaso, pues se pensaba que era allí donde moraban los muertos. El paraíso según la mitología irlandesa era Tir na n-Og ("la tierra de los Jóvenes"), situada al oeste, bajo el mar.

    Lauburu vasco

    Respecto al Lauburu vasco, su origen se remonta a las teorías vasco-cantabristas que estuvieron tan de moda entre varios historiadores vascongados entre los siglos XVI y XVIII. Según estas teorías, los antiguos cántabros, el pueblo que "tan ferozmente había resistido al imperialismo romano", eran en realidad los ancestros de los modernos vascos.

    En un intento de sustentar estas peregrinas teorías, los vasco-cantabristas no dudaron en falsear toda clase de datos históricos, llegándose a inventar un supuesto himno de batalla cántabro en vascuence, "el Canto de Lelo".

    Aunque la puntilla definitiva para el vascocantabrismo fue la obra de Enrique Flórez "La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que en los tiempos de los romanos tuvo la región de los cántabros", publicada en el año 1768, estas ideas quedaron fuertemente arraigadas en Vizcaya y Gipúzcoa, siendo herederas de las mismas el movimiento fuerista del siglo XIX.

    Al ser estas "teorias" completamente rebatidas por los estudios históricos, se paso a difundirse en el campo literario en novelas pseudo-históricas y leyendas completamente ficticias como "La Leyenda de Aitor" de Joseph Agustin Chaho, "Amaya, o los vascos en el siglo VIII" de Francisco Navarro Villoslada o "Leyendas vasco-cántabras" de Vicente Arana. La intención de este movimiento literario era exaltar el orgullo vascongado e intentar servir de respaldo ideológico al movimiento fuerista, tratando de legitimizarlo desde el punto de vista histórico, inventado de esta forma una tradición inexistente mas acorde con sus postulados.

    Por supuesto, el vasco-cantabrismo aportó su propia versión del lábaro. Como en vascuence lau significa "cuatro" y buru "cabeza", se buscó un símbolo que reuniese estas carácterísticas, en este caso uno de los muchos motivos astrales de origen prerromano indoeuropeo que se han conservado en todo el norte de España hasta nuestros días como un motivo ornamental mas. Resulta significativo que pese a que muchos investigadores de la cultura vasca destaquen el origen ancestral y milenario de este símbolo, al mismo tiempo reconozcan que no se encuentran ejemplos anteriores al siglo XVI en Euskadi.

    Pío Baroja, en su obra "La leyenda de Jaun de Alzate" (1922), de carácter histórico-legendaria, nos narra el diálogo entre el líder vasco Jaun de Alzate con el romano Prudencio:

    "Jaun- No aceptáis nada de nosotros... únicamente la cruz...

    Prudencio- ¡La cruz! ¿Qué quieres decir con eso?

    Jaun- La cruz es vasca antes de ser cristiana

    Prudencio- ¡Que absurdo!

    Jaun- No es absurdo. Todavía encontrarás en nuestro país, en muchas partes, la cruz svástica, que algunos suponen que simboliza los dos caminos del mundo; otros, los puntos cardinales, y que entre nosotros es emblema de Thor, del fuego, de la llama, del sol.

    Prudencio- Es un signo este que habéis tomado de los cristianos.

    Jaun- No. Es un signo que nos habéis tomado a nosotros. Cuando los primeros cristianos del imperio romano pusieron en su estandarte la cruz, la llamaron Labarum. Labarum, labaru, lau buru, que quiere decir en vascuence cuatro cabezas, tetragrammaton, el símbolo que Urtzi Thor, que llevaron los vascos a Lombardía y que aceptó Constantino.

    Prudencio- Labarum vendrá del latín labare, vacilar, por el estandarte que vacila con el viento.

    Jaun- Es mas lógica mi explicación. Todos los estandartes vacilan con el viento, pero no todos los signos tienen cuatro puntas o cuatro cabezas como la cruz svástica del Labarum."

    Esta esvástica con una forma que la asemeja vagamente a la hélice de un barco pasó a convertirse en un "símbolo vasco". Siendo adoptado por el fuerismo como un elemento mas en su "cultura vasca". Cuando Sabino Arana se creó el nacionalismo vasco en la década de 1890, seleccionó de entre el movimiento fuerista aquello que mas le interesaba y fue un firme defensor de la utilización de este símbolo, usándolo además como ejemplo para demostrar que los vascos en el pasado habían rendido culto al sol (primer número de la revista "Euzkadi").

    Simbología

    Tanto al Lábaro cántabro como al Lauburu vasco se les ha asignado en épocas modernas toda clase de valores simbólicos. En el caso del Lauburu por ejemplo, algunos tales como "representar los cuatro elementos de la creación: agua, tierra, aire y fuego", simbolizar a "los dos sexos", a "las energías que conforman el universo" o "la lucha de la luz frente a las tinieblas". Sin embargo, estas interpretaciones son bastante subjetivas y en muchas ocasiones no son mas que suposiciones, mas o menos acertadas, realizadas por personas de nuestra época y que responden a valores que estan hoy en día mas o menos de moda dentro de ambientes progresistas, pero que no necesariamente tendrían que estar asentados en la época.

    En conclusión a todo esto, se puede afirmar lo siguiente:

    1- Entre los antiguos cántabros existía un estandarte militar consistente en un pendón de tela rojo sobre el cual estaba bordado un símbolo cruciforme. Es probable que este estandarte fuera el origen del labarum romano.

    2- La identificación de este símbolo con el que aparece en la estela de Zurita no está exenta de dudas.

    3- No obstante, este símbolo es típico de la Cantabria Antigua y bastante característico, poseyendo sin duda algún importante valor simbólico, seguramente de tipo religioso (tal vez represente el mas allá).

    4- El Lauburu vasco es una interpretación moderna del Lábaro cántabro basándose en la errónea premisa de que los antiguos cántabros eran los ancestros de los modernos vascos.

    5- Este símbolo no es exclusivamente vasco, posee además un origen indoeuropeo y es mas frecuente en otras zonas penínsulares, tales como Asturias.

    6- Los valores simbólicos que se suelen atribuir a las "estelas" y otros símbolos astrales de origen indoeuropero son interpretaciones modernas, carentes de base histórica. Tal vez alguna de ellas se corresponda a la realidad, pero en todo caso resulta indemostrable.


    Celtas en Cantabria y en el País vasco
    Pese a la infinidad de estudios realizados a lo largo del siglo XX que han tratado de una manera mas o menos directa el origen étnico de los antiguos cántabros, todavía es fácil encontrar errores de bulto que por ejemplo pueden atribuir a este pueblo un supuesto origen "ibérico" o preindoeuropeo. Esto hace que, aunque en principio hablar de su carácter céltico pueda parecer redundante, en ocasiones sea necesario recordar lo que se ha escrito en los últimos 75 años.

    El primer estudio sobre la lengua de los antiguos cántabros lo realizó Antonio Tovar en 1955 y ya destaca claramente el elemento indoeuropeo (celta y "antiguo europeo precelta") de su lengua. Solana Sáinz, Martín Almagro-Gorbea, Gonzalo Ruiz Zapatero, Joaquín Gonzalez Echegaray, Eduardo Peralta, Jose Luis Ramirez Sabala, Javier de Hoz, J. Unntermann, J. Gorrotxategui y Juan Manuel Sobremazas, entre otros, confirman este carácter indoeuropeo céltico y la existencia de algunos restos de tipo precéltico, de tipo "antiguoeuropeo".

    La tésera de hospitalidad de Monte Cildá (publicada recientemente en la revista "Complutum") y una inscripción epigráfica hallada en las inmediaciones de Retortillo (Julióbriga, Cantabria) escritas en antiguo celta, así como los nombres indígenas que nos han llegado a través de la epigrafía de época romana parecen dejar bastante claro esto. Nombres como Ambato, Danuvio, Bodo, Bovecio, Cadus, Lugua (femenino de Lug, dios supremo de los celtas), Brigetino, Segaida... son de claro origen celta y muchos de ellos aparecen frecuentemente entre otros pueblos célticos peninsulares e incluso extrapeninsulares.

    El mismo término étnico "cántabros" esta formado por la raiz celta *kant- (roca, piedra, peñasco) y el sufijo abr- (presente en los artabri de Galicia, los velabri de Irlanda y los galabroi de Iliria) común en varias lenguas indoeuropeas y que significa "tribu, pueblo". Por tanto, los cantabros son "el pueblo que habita en las peñas", o los "montañeses".

    El nombre de las gentilidades (subdivisiones tribales), también son celtas. Por ejemplo los "orgenomescos", compuesto por las raíces célticas org-no-: golpear, matar, destruir (escocés argnachadh: pillaje, saqueo, robo; irlandés argain: destrucción, saqueo; gaélico antiguo orgun: razzia, matanza, destructivo; bretón argadiñ: atacar, hacer incursiones, gritar, invadir; galo Orgenos, Orgetorix) y mesk-: embriaguez, borrachera; por los tanto podemos interpretarlo como "los que se embriagan con la matanza".

    Los topónimos prerromanos son igualmente célticos. Monte Vindio (del celta *uindos: blanco), Monte Medulio (*medio: lugar o punto central, como Mediolanum, capital de los insubres -galos cisalpinos-)... y los nombres de ciudades con terminaciones en -briga, son algunos de los muchos ejemplos.

    Adolf Shulten en su obra "Cántabros y astures y su guerra con Roma" afirmó que los cántabros eran un pueblo céltico dominado por una élite social de tipo ibérico. Esta élite supuestamente hubiera llegado desde la costa mediterránea a través del Valle del Ebro. Estas "invasiones" ibéricas fueron fruto de una historiografia, hoy completamente superada, que postulaba que los celtiberos eran una mezcla étnica de celtas e iberos que habria surgido fruto de este tipo de "dominación ibérica". Pero la presencia en Celtiberia de elementos culturales de origen mediterráneo se puede (y se debe) explicar mediante otras razones.

    Shulten se basó en datos bastante dudosos para afirmar esta ibericidad, como el supuesto uso de un arma como la falcata (supuestamente "ibérica"), que aparece representada en las acuñaciones romanas conmemorativas a la victoria sobre este pueblo. No obstante, tal y como señala Fernando Quesada Sanz en su obra "La Falcata ibérica: arma y símbolo", no existe ninguna prueba arqueologica del uso de este arma en el norte peninsular, por lo que el haber sido representada en las monedas de Carisio puede obedecer a otras razones. Y en todo caso, en la antiguedad no existia una relación directa entre el origen étnico de un pueblo y el uso de un determinado arma, que obedecia a otras muchas razones.

    Julio Caro Baroja en su obra "Los Pueblos del norte..." destacó una serie de elementos paleo-euskéricos (o protovascos, una serie de lenguas que mas tarde evolucionarian hasta conformar el vasco moderno) sobre los que se superpodrían los puramente indoeuropeos célticos, lo cual fue seguido por algunos autores, entre los que figuraba, en menor medida, el propio Tovar. No obstante, en su parte lingüística, este supuesto sustrato se fundamenta en estudios sobre la toponimia moderna que en demasiadas ocasiones se dejan llevar por la mera semejanza fonética.

    Por ejemplo, se ha relacionado el topónimo Selaya con el término vasco "zelai", aunque en realidad procede de "Sel de la Haya" (así aparece en escritos del siglo XVI). Un "sel" es un término montañés (dialecto romance de tipo leonés que se ha hablado en Cantabria hasta finales del siglo XIX y cuyos restos castellanizados se conservan hoy en dia en las zonas rurales mas apartadas) con el que se designa a prados cultivados: Sel deriva del céltico sedl-: sembrar, cultivar. Sel de los Tojos, Sel de la Carrera... son ejemplos claros que se repiten en la zona.

    Otros argumentos para tratar de respaldar el origen preindoeuropeo de los cantabros que se nos presente luchando con pueblos celtas (los vacceos) y apoyando a pueblos preindoeuropeos (los aquitanos). Esto obliga a hacer un pequeño repaso a los acontecimientos bélicos en los que participaron.

    Pese a que la primera referencia a los cántabros la hace Catón en sus escritos sobre su campaña contra los celtíberos del año 195 a.C., es en la campaña de Lúculo en el año 151 a.C. cuando se les nombra tomando parte en un conficto bélico (si se obvia su participación en las Gueras Púnicas), es esta ocasión en apoyo de los vacceos.
    Posteriormente, en el año 137 a.C. cundió el pánico entre el ejército de C. Hostilio Mancio que asediaba Numancia, al difundirse la noticia de que un ejército de vacceos y cántabros acudía en socorro de los numantinos, por lo que este cónsul inició una retirada nocturna con fatales resultados (para el, claro).

    En las Guerras Sertorianas los cántabros tomaron parte de Quintio Sertorio junto a celtíberos y vacceos, mientras que autrigones y berones se decantaron por el bando romano. Años después, en la conquista romana de la Galia se nos presenta en el año 56 a.C. a los cántabros ayudando a los aquitanos en su lucha frente al legado Publio Craso. Mas tarde, en el transcurso de las Guerras Civiles Petreyo recluta tropas auxiliares de entre los celtiberos, lusitanos, vacceos y cantabros, siendo derrotados en Ilerda en el año 49 a.C. junto al resto de su ejército.

    Por último, en el año 29 a.C. los cántabros, junto a los vacceos y los astures, protagonizan lo que se considera el inicio "oficial" de las Guerras Cántabras. Este seria el ultimo episodio de lucha de los vacceos, tras 200 años de enfrentamientos frente a púnicos y romanos.

    Como vemos, las fuentes clásicas nos presentan a los cántabros como aliados tradicionales de vacceos, astures y céltiberos, pueblos todos ellos de origen céltico que fueron, junto a los lusitanos y galaicos, los que mas dura resistencia opusieron al imperialismo romano. Por contra, si que aparecen en bandos opuestos a autrigones, turmogos y vascones, tradicionales aliados romanos.

    El párrafo inicial que nos citan las fuentes sobre las Guerras Cántabras (Lucio Annio Floro, Paulo Orosio y Dión Casio) que nos presentan a los turmogos, autrigones y vacceos sufriendo las incursiones bélicas cántabras, constituyen claramente la "justificación oficial" que da Augusto para iniciar la invasión del territorio de los cántabros y astures y por tanto no debe ser tenida en cuenta, pues tal vez tan solo se trataban de ataques a intereses romanos.

    En todo caso, si algo caracteriza a la historia de los pueblos célticos son las continuas disputas que hubo entre ellos mismos(al igual que en infinidad de otros pueblos con una organizacion social gentilicia, como germanos, eslavos...). Por lo que intentar sustentar una adcripción cultural en base a este tipo de datos me parece un sinsentido.

    Una pequeña bibliografia interesante al respecto:

    <LI>Antonio Tovar: "Cantabria prerromana o lo que la Lingüística nos enseña de los antiguos cántabros". 1955 Antonio Tovar UMP

    <LI>Martin Almagro Gorbea: "El origen de los celtas de la península ibérica. Protoceltas y celtas". Polis Alcala de Henares.

    <LI>Joaquin Gonzalez Echegaray: "Los cántabros". 1986 Estvdio, Santander.

    <LI>Eduardo Peralta Labrador: "Los cántabros antes de Roma". 2000 Real Academia de la historia, Madrid

    De hecho, no solo los cantabros eran claramente un pueblo céltico, sino que todo parece indicar que sus vecinos orientales (várdulos. casistios y autrigones, e incluso los vascones), que tradicionalmente se vienen considerando paleoeuskericos (o protovascos), se hubiesen encontrado dentro del area linguistica celtica, o al menos en parte.

    En el territorio de los vascones (que habitaban aproximadamente lo que actualmente es Navarra) aparecen restos de lengua paleuskérica, pero son mucho mas importantes los vestigios del uso de lenguas celtibéricas e ibéricas.

    Donde sí se documenta ampliamente el paleoeuskera en época prerromana y romana es en Aquitania, en el suroeste francés (en una zoma mas cercana a la península y mas reducida de lo que sería la provincia romana homónima). Esto ha llevado a varios investigadores, como el alemán Jürgen Untermann, a pensar que existió un desplazamiento de población en épocas posteriores a la romana desde el sur de Francia hacia lo que actualmente es el País Vasco, posiblemente debidas al empuje que produjeron las invasiones de los francos. De hecho, es en época visigoda cuando los várdulos y los caristios desaparecen y pasan a ser denominados vascones y cuando las crónicas visigodas hacen referencias a incursiones vasconas y merovingias por la zona.
    La arqueologia ha ido poco a poco respaldando estas hipótesis, tal es el caso de la espectacular necropolis merovingia de Alaieta (Nanglares de Gamboa, Alava).

    Otros investigadores, como Joaquín Gorrotxategui no comparten esta opinión, pues aunque no niega las invasiones celtas en esa zona, opina que el uso de nombres célticos era una cuestión de prestigio social entre una población paleoeuskaldún que es dominada por una élite social de tipo indoeuropea. Y por otra parte, tal y como dice el mismo: "intentar establecer los límites precisos del antiguo vasco en la península es empresa hoy por hoy, a falta de materiales, imposible, y el intentar establecerlos con exclusividad en oposición a otras lenguas de la zona, un error".
    En resumen se puede decir que al realizar una aproximación sobre el idioma vasco y al ser este preindoeuropeo, siempre se ha cometido un error metodológico. Y es pensar que al ser esta lengua propia de unos pueblos que se encontraban en Europa antes de las invasiones indoeuropeas, la presencia cronológica de este idioma en el territorio donde aparece en la época moderna ha de ser anterior a ellas.

    Incluyo algunos antropónimos a modo de curiosidad:

    vascones: Doiterus; carpetanos: Doitena; vettones: Dobiterus; galaicos: Doudena y cántabros: Doiderus

    carisios: Reburrus, Reburrinus; celtiberos: Reburrus, Reburrino; vacceos: Reburrus; galaicos: Reburinia; astures: Reburrus, Reburrinus, Reburrina y cántabros: Reburrinus y Reburrina. (tal vez provenga la raíz céltica "reb-": rebelde, rizoso)

    carisios, autrigones y vascones: Ambatus; celtiberos, vacceos, y cántabros: Ambatus y Ambadus; galos: Ambiacius y Ambigatus; étnicos galos: ambiani, ambibarii y ambiarii. (los ambacti eran unos guerreros galos de élite que acompañaban a los nobles y reyes, una institución semejante a la "deuotio" celtibérica y al "comitatus" germánico)

    vascones y carisios: Aunus, Aunius y Aunia; vacceos, celtíberos y astures: Aunus y Aunia

    vascones: Uirios, Uiriatis y Uironus; astures: Uirius; vacceos: Uirinius; cántabros: Uironus; galos: Uiriatius, Uiriatia, Uiriatus, Uirius (derivado,
    según A. Tovar de la raíz céltica "uiros": hombre)

    vascones y astures: Elanis, Elandus, Elanus y Eleasus; vacceos: Elanus, Elesus, Elaesus; celtiberos: Elauus, Elandus, Eladus y Elasunus; carpetanos: Elauus; cántabros: Elanius; dacios: Elatius. (del céltico "elani": ciervo)

    autrigones: Araica; caristios: Araus; astures: Araus, Arauus, Araica y Arasua; celtíberos: Arauus, Arauiacus y Araiocus; vacceos: Arauius, Arauus, Araua y Arabus; galos: Arabia, Arabius y Arabus y germanos: Araurica. (relacionado con la raíz céltica "ara-": cultivar el campo)

    vascones y galaicos: Carisius, Carisia y Caricus; celtiberos: Carus, Cara, Caricus y Carisius; astures: Caretus; galos, britones, belgas e ilirios:
    Carissus, Cariseius, Caratius, Caricus y Caresius. (de la raíz céltica "karos": amigo, amado)

    vascones: Anna y Aninus; astures: Anna, Anua y Annua; cántabros: Anna; celtíberos: Anius, Anna, Annius y Ano; galos: Anna y dálmatas e ilirios: Ana, Anno, Annaeus y Anna

    caristios, astures y galaicos: Tritius, Trita, Tritis, Triteus, Tridius y Tridia; celtíberos: Tritanus y Tridaius; cántabros: Tridallus. (deriva del
    ordinal céltico "tritios": tercero)

    caristios: Turouius; vacceos: Turainus y Tureius; vettones: Turanius; cántabros: Turanos (del céltico "torannos": trueno, gran ruido, del que
    deriva el teónimo galo Taranis)

    Bibliografia relacionada:

    J. Untermann: Elementos de un Atlas antroponímico de la Hispania Antigua, Madrid 1965.

    J. Gorrotxategui: "Historia de las ideas acerca de los límites del vasco antiguo". Anuario "Julio de Urquijo", 19, 2, 1985, pags. 571-594.

    M.L. Albertos: "La onomástica personal indígena de la región septentrional". Actas del IV Coloquio sobre Lenguas y Culturas Paleohispánicas, Vitoria1985. Vitoria, Veleia 2-3; 155-194

    M.L. Albertos: La onomástica personal primitiva de Hispania. Tarraconense y Bética. Salamanca 1966.

    Respecto al término "cántabros", no existe ninguna prueba de que este nombre fuera utilizado para designar a todos los pueblos del norte peninsular. Mas bien es un recurso que han utilizado varios historiadores modernos para tratar de justificar las inconsistecias de algunas de sus hipótesis. Por ejemplo, Shulten trató de localizar en base a la toponimia moderna una serie de emplazamientos donde tuvieron lugar batallas en el transcurso de la invasion romana del territorio cántabro. Dejandose llevar por la mera semejanza fonética, hace identificaciones erróneas y se encuentra con que sus teorías postulan que los romanos lucharon frente a los cántabros en lugares distantes cientos de kilómetros del territorio que supuestamente estaban invadiendo. Por ello, a posteriori afirma que con "Cantabria" los romanos se debian referir a todo el norte peninsular.

    Actualmente (y con esto me refiero a los últimos 50 años), todos los especialistas coinciden en que estas hipótesis sobre la "Gran Cantabria" son erróneas.

    La frontera entre cántabros y autrigones actualmente se considera que se encontraba en la divisoria de aguas de los valles del Asón y del Agüera, lo cual es lógico, puesto que en zonas como es el norte peninsular las fronteras naturales las imponen las cumbres montañosas y no los ríos (de escaso caudal como para hacer de fronteras y que transcurren a traves de los valles que son las zonas mas habitadas).

    Afortunadamente, la ciencia arqueologica ha evolucionado notablemente desde que Sanchez Albornoz escribió su obra y por ello podemos conocer a traves de las estelas funerarias de época romana esta frontera oriental cántabra con mas detalle.
    Esta frontera sigue hacia el sur por el alto Guriezo hasta el Monte Burgueño, en el extremo oriental de los Montes de Ordunte. Por ello, el Valle de Carranza quedaría dentro de la antigua Cantabria. Al igual que el Valle de Guriezo.

    Yeyo Balbás



    La impronta romana en nuestra mitología
    A lo largo de muchas semanas hemos podido comprobar todo lo que el mundo de la península itálica ha aportado a la cultura que hoy podemos denominar como cántabra o montañesa. Algunas de las aportaciones son de verdadero interés, mientras que otras no son de relevancia. No podemos obviar la influencia de los conquistadores romanos en la cultura regional, influencia que se extiende en diversos campos, como es evidente para todos aquellos que todavía sean capaces de discernir la verdadera realidad histórica y cultural de nuestro país. Aunque éste no es el lugar ni el momento, no puedo evitar mencionar la progresiva demonización de idiomas como el latín y el griego, verdaderos vehículos de conocimiento y no simples idiomas muertos, sino malheridos. En cada uno de los rincones de nuestras casas, de nuestras ciudades y de todas y cada una de nuestras vidas existe una huella indeleble de aquel mundo que partió de una mísera aldea y que supo extender sus brazos a lo largo y ancho del universo conocido. Puede que prefiramos omitir esta influencia y dedicarnos en exclusiva a una modernidad que debe más de lo que pudiera parecer a la antigüedad que nos grita cada día con más fuerza, ese será nuestro problema.
    La mitología y religión de nuestros antepasados, incluso de nosotros mismos, no es toda ella heredera de este mundo itálico, sin embargo persiste en esta maravillosa sociedad un sustrato que ha perdurado y que se ha transformado a lo largo del tiempo. Nuestros mitos, como estamos viendo, nos son puros, inmaculados y únicamente herederos de ellos mismos, nada más lejos de la realidad; las influencias exteriores que recibieron son numerosas y enriquecedoras. El elemento celta es patente y evidente, y será motivo de comentario en días venideros. Por supuesto que el componente indígena y autóctono, es decir propio de los habitantes de la vieja Cantabria, es muy importante y digno de mención, configurando gran parte de las singularidades de nuestros cultos y creencias. Pero con todo, el principal elemento unificador de las culturas europeas y por lo tanto de la mitología, es el indoeuropeo. Este sustrato indoeuropeo engloba todas estas influencias, y por supuesto es también el primer configurador del panteón latino. El poder que Roma ejerció sobre nuestra sociedad, especialmente a partir de la conquista, llevó a identificar numerosos de nuestros dioses autóctonos con los latinos y griegos que de una u otra manera tenían parecidas atribuciones. No es de extrañar que denominemos a muchos de nuestros dioses indígenas cántabros con el término romano, a falta del nombre montañés. La carencia de escritura propia de nuestros antepasados así como su debilitamiento progresivo tras la conquista, ha llevado al conocimiento de nuestros ancestros principalmente de la mano de los escritores latinos y griegos. La criba que ha supuesto la pluma de estos autores, ha hecho que conozcamos nuestro propio mundo desde una mirada en ocasiones ajena e interesada. De ahí que sea necesario leer entre líneas y sonsacar en la medida de lo posible la verdadera realidad que se esconde tras cada uno de los renglones que configuran nuestra mitología.
    La permeabilidad de la cultura romana, unida a la fácil asimilación de los dioses de los pueblos conquistados, ha facilitado la tarea de recuperar, en parte, la verdadera religión y mitología indígena. Júpiter, Marte, los dioses manes, Neptuno, Apolo, la galorromana y céltica Epona son, entre otros, los ejemplos más plausibles de la mezcolanza de las culturas que tuvieron lugar en Europa y concretamente en La Cantabria. Sin embargo esta influencia es menos profunda de lo que parece, es decir, considero que el poder igualatorio y homogeneizador que supuso la conquista romana en el territorio de Cantabria y en su cultura fueron menos intensos de lo que algunos estudiosos han mostrado. Especialmente porque los testimonios con los que contamos son fundamentalmente de origen o influencia romana, no existiendo, por ejemplo, inscripciones indígenas en idioma autóctono.
    El influjo ha progresado y se manifiesta también en las diversas celebraciones que hoy día son protagonistas de nuestras tierras y que hunden sus raíces en el mundo indoeuropeo, pero que sobre todo tienen un buen punto de referencia en las numerosas fiestas que los pragmáticos romanos celebraban sin medida.
    Las abundantes estelas que conservamos en la región y fuera de ella, en este caso me refiero a las no discoideas gigantes, son de grafía latina, pero de realización en muchos casos indígena, lo que propicia la adaptación en algunos aspectos de los montañeses. Sin embargo, no es descartable que estas gentes utilizaran las mejores herramientas de los conquistadores para inmortalizar sus creencias o para dar a su manera el último adiós a los difuntos. Mientras que la epigrafía es romana la iconografía, es decir los grabados y dibujos, son autóctonos en un porcentaje muy elevado, si bien con las influencias indoeuropeas antes mencionadas.
    Uno de los mejores testigos de la unión y comunión de las prácticas de cántabros y romanos es el culto que ambas sociedades practicaron en torno a las aguas, por ejemplo. Los testimonios que encontramos son numerosos, quizá la pátera de Otañes sea un fiel testigo de esta práctica por parte de los romanos que vivieron en nuestra tierra. Aunque hablamos de cierta influencia de lo romano en nuestra sociedad antigua, no es menos veraz que los pueblos por los que los romanos pasaron dejaron su impronta en ellos. Los cántabros no fueron menos y sus particulares divinidades pasaron a enriquecer el panteón romano, no olvidemos el templo que Augusto dedicó a Júpiter Tonante tras estar a punto de poner fin a sus días un rayo en nuestras tierras.
    Aunque no tenía previsto hacer un paréntesis en esta narración, no tengo más remedio que mostrar el entusiasmo que ha supuesto para mí la lectura de un libro que trata el mundo de nuestros antepasados desde un punto global e integral. Cada una de las páginas destila conocimiento y erudición, además de cercanía y un lenguaje de fácil comprensión. En Los Cántabros antes de Roma, editado por La Real Academia de la Historia, su autor, Eduardo Peralta, presenta un verdadero ejemplo de trabajo riguroso para todos los que con mejor o peor fortuna nos dedicamos a la investigación de este mundo antiguo. Aunque no solemos hablar con tanta extensión de libros en este espacio, quienes os acerquéis a su lectura comprobaréis que no exagero al estimar que esta obra es un punto de inflexión en el estudio general de los Cántabros. Desde la obra de Echegaray, Los Cántabros, no he conocido otra de tal interés. Este estudio será desde hoy mismo un punto de referencia imprescindible para todos los que amamos esta tierra. Parte de las ideas que el libro ofrece en asuntos religiosos y mitológicos ya las habéis podido conocer a lo largo de algunas de las páginas de la REALIDAD, puesto que por diversos caminos las conclusiones de su estudio coinciden con lo poco que hayamos podido aportar hasta ahora a este fascinante mundo mitológico. Desde aquí nuestra más sincera felicitación a Eduardo Peralta.
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  4. #4
    Avatar de Bruixot
    Bruixot está desconectado pro praemunio patria et gentis
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    Re: "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.

    Perdona, luego recordé quién era por el libro Los Cántabros antes de Roma, publicado por la Real Academia de la Historia, que lo tengo aquí.

    Es la 2ª edición, y la tengo desde hace poco. Admito que hasta ahora sólo la he hojeado, a pesar de su interés.

  5. #5
    Avatar de WESTGOTLANDER
    WESTGOTLANDER está desconectado Miembro graduado
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    Re: "Los celtas y el País Vasco" por Pedro Bosch Gimpera.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Apreciado Ursus.


    No hay que disculparse por nada. Estamos para intercambiar información y opiniones, como creo que te interesa la cuestión de la prehistoria de la península ibérica (entre otros temas) con tiempo y cuando llegue a casa iré adjuntando la mayor información que me sea posible.

    Un saludo.

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