MÁXIMO ÁLVAREZ RODRÍGUEZ
La moda del leonés
En estos últimos tiempos se ha puesto de moda escribir sobre el leonés. En este sentido mi artículo tiene poco de original. Es volver sobre un tema del cual ahora todo el mundo opina. No obstante, creo tener razones especiales para entrar en el debate. Nací en una zona, en La Cepeda, donde, en los felices tiempos de mi infancia, alguna gente hablaba el leonés.

Mi abuela paterna con la que pasé gran parte de la niñez, hasta los siete años, hablaba leonés y la gente mayor del pueblo también. Mi tío Herminio y Manuel, el del tío Juanín, que murieron más recientemente, fueron, en mi pueblo, de los últimos eslabones de la cadena, que finalmente se rompió, de habladores de este dialecto... La gente de los pueblos de alrededor, tirando al norte, como Murias de Ponjos, Los Barrios de Nistoso, Villarmeriel, San Feliz de las Lavanderas, Escuredo... aun eran más proclives a hablar el leonés. Teniendo en cuenta lo que marcan los primeros años de la vida, algo se me ha pegado. Se trata, pues, de un habla que me resulta familiar. Muchas veces, en plan distendido, la hemos hablado, tratando de imitarlos.

De no menor interés es el siguiente dato. La casa de mis abuelos paternos, en la que pasé gran parte de la infancia, perteneció a la ilustre familia del escribano don Cayetano Bardón. En ella, en 1852, nació Emilio Bardón Sabugo, y en ella vivió también su nieto, don Cayetano Álvarez Bardón. En la fachada de esta casa hay una placa que dice así: «En esta casa vivió Don Cayetano A. Bardón, autor de Cuentos en Dialecto Leonés».

El origen de estos cuentos y relatos se debe a la amistad de don Emilio con don Ramón Menéndez Pidal, el cual en su intento de estudiar el dialecto leonés le pidió que escribiera algunas cosas en dicho dialecto. Continuaría esta tarea su sobrino Cayetano, promotor del mencionado libro, publicado en 1907 y que conoce varias ediciones posteriores, engendrado en casa de su abuelo y de mi abuelo, y que es hoy un texto clásico, referencia inevitable para quien quiera estudiar el habla leonesa. Posteriormente se han hecho varios trabajos intentando recuperar el vocabulario leonés. Personalmente estoy escribiendo algo en este habla, no sin cierta dificultad, por haber vivido algún tiempo entre cabreireses, y bastantes años entre gallegos, portugueses, ancareses, asturianos... lo que me condiciona un poco a la hora de evitar mezclar palabras de unos y de otros.

No obstante, creo tener motivos suficientes para poder constatar que alguna gente interesada en el tema del leonés está inventando un leonés que nunca ha existido. Por supuesto, tan interesante como la letra es la música. Es decir, que además del vocabulario, es preciso tener en cuenta el acento. Y eso sí que hay que mamarlo. Más allá del mimetismo con relación a otras comunidades autónomas, que no se avergonzaron nunca de su habla particular, pienso que lo que procede no es tanto recuperar una oficialidad que nunca existió, cuanto hacer estudios serios y fundamentados, en lugar de las caricaturas que ahora afloran por doquier, para que no se pierda del todo el habla de nuestros antepasados