Son fáciles de reconocer por la calle, aunque no tengan una pinta tan característica como los mormones. Alguna vez me ha pasado que yendo por la calle me he cruzado con dos o más "castigos de huevá" que iban con sus maletines y sus atalayas y despertares en la mano, y no he podido resistir la tentación de sacar el rosario del bolsillo y agitarlo levemente frente a ellos para que vean que conmigo pierden el tiempo.
Y cuando encuentro en algún sitio un ejemplar de La atalaya o Despertad ese ejemplar termina en el contenedor de basura. Porque aunque a mí no me afecte, a mucha gente ignorante (y las víctimas de los castigos son siempre la gente sencilla, ignorante y sin formación religiosa) le puede afectar.
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