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Tema: Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…

  1. #1
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    Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…



    Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…

    Hace unos días, me comentaba una persona su gran preocupación por tantas enfermedades que nos atacan y que angustiada por ello, había acudido inmediatamente al médico, para realizarse un chequeo, una valoración de su organismo. Sin duda, cuidar nuestro cuerpo, es una obligación que tenemos, pero, no nos causa el mismo desasosiego las enfermedades del alma. Buscamos la medicina de la inmortalidad, que no existe y rechazamos el tratamiento que nos permite estar en Gracia de Dios,los Sacramentosy la vida de Piedad. Hoy en día, aunque parece una paradoja, vivimos preocupados por vivir.


    Una gripe, nos llena de angustia. Un pecado, nos da igual. Un poco de tos, nos hace tomar inmediatamente un antibiótico, acumular faltas, lo consideramos tema para beatos. Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso… ¿Nuestra esperanza está fundada en la vida terrenal, o en la Vida eterna?


    Nos vamos a operar y nos entran unos miedos absurdos a morir, como si el superar una operación, nos garantizara la inmortalidad. Sin embargo, no vamos a confesarnos y a Comulgar antes de entrar al quirófano y si alguien nos lo sugiere, respondemos con mala disposición.

    Cuando hay un enfermo en una casa o en un hospital, se llama al médico, ante cualquier pequeña variación en la temperatura corporal, pero, al Sacerdote, sólo se le llama, cuando ya no está consciente o incluso, cuando ya ha fallecido, ¿Qué Sacramento puede recibir uno, después de muerto? Ninguno.


    Es una falta de fe lo que quita el valor de avisar a los enfermos de que la muerte está cerca, y es gran perjuicio engañarles e impedir así que se preparen. Óptima cosa es ponerse de acuerdo con un amigo para advertírselo mutuamente”
    (Garrigou Lagrange- La vida eterna y la profundidad del alma)

    Nuestras conversaciones están llenas de angustias absurdas. Todo el mundo enferma y todo el mundo muere y lo que hay que hacer es preocuparse de como será ese final, si superaremos ese ultimo chequeo de nuestra alma. Nuestros miedos, sólo revelan una falta de Fe absoluta. Recomendamos restaurantes, libros, películas y no hacemos lo mismo con los Sacramentos. Los Católicos deberíamos de cuidar nuestra alma, tal y como hacemos con nuestro cuerpo. ¿Acaso no es importante el beneficio que nos supone vivir en Gracia de Dios? Si el médico nos recomienda ir a un gimnasio, no sólo vamos aunque no nos apetezca, sino que animamos a otros a que nos acompañen, ¿Por qué no hacemos lo mismo cuando acudimos a la Santa Misa? ¿Por qué no invitamos a otras personas a venir con nosotros, en vez de citarnos al terminar? Muchas veces se acude a la Eucaristía Dominical, como un mero cumplimiento, deseando que el Sacerdote no se alargue ni un minuto más de lo estipulado, ponemos impedimentos a que las vitaminas de la Gracia, penetren en nuestro interior. ¿Y a diario? La Misa del día, ni muchísimo menos, es una meta para nadie. El que trabaja, argumenta que sus obligaciones le impiden perder 20 minutos… ¡Como resplandecería nuestra alma, si se frecuentara todos los días la Santa Misa! En términos de medicina, el doctor, nos diría que la analítica, está perfecta. Pero, por lo visto, esto, nos preocupa poco, por no decir, que nos da exactamente igual.


    ¿A cuántas personas acercamos diariamente al Sacramento de la Confesión? ¿Y mensualmente? La respuesta es la misma. La gente no se confiesa y mucho menos, lógicamente, invita a otros a hacerlo. Ni siquiera el Clero, a veces, anima a ello. Los Confesionarios sin luz y sin cura, sólo indican una cosa, que el médico del alma, está “cerrado por vacaciones”.


    ¿Qué resultado obtendríamos si pudiéramos ver nuestro chequeo mensual sobre nuestra vida espiritual?
    Posiblemente, muy flojo. No frecuentamos los Sacramentos y cuando lo hacemos, es de cualquier manera, el mejor ejemplo es, que llegamos a Misa, tarde, mal y arrastro, como el que toma una medicina a deshora y pretende que le haga efecto.


    Nos sentamos a ver la televisión, acudimos a un espectáculo, vamos al cine, al gimnasio…pero no dedicamos ni media hora al día a una lectura espiritual. Trabajamos, comemos, dormimos y dejamos de lado lo más importante, nuestra relación con Dios. Los Sagrarios abandonados y las cafeterías llenas. Es cierto que hay crisis, pero de Fe.


    Nuestra agenda está llena de obligaciones que no hablan de Dios. Las Parroquias están repletas de actividades, que en muchas ocasiones son mas propias de un centro municipal que de una Iglesia. Ocupaciones que no llevan asociado ningún crecimiento espiritual: teatro, con representaciones que nada aportan a la vida de un Católico, coros donde se ensayan canciones más propias de una velada musical que de una Iglesia, yoga, meditación budista y un largo etc


    ¿Dónde están los retiros, meditaciones, rezo del Ángelus, Exposición del Santísimo, Hora Santa, Formación de adultos…?


    Descuidamos el preparar nuestra alma para el Juicio final y es ahí donde de verdad deberá preocuparnos que el “reconocimiento médico” sea perfecto, ya que sino hemos tomado la medicina a tiempo, después ya no habrá remedio.


    La vida interior del cristiano supone el estado de gracia, que es lo contrario del estado de pecado mortal. Y en el plan actual de la Providencia, toda alma o está en estado de gracia o en estado de pecado mortal; con otras palabras, o está de cara a Dios, último fin sobrenatural, o está de espaldas a Él”
    (Garrigou Lagrange - Las tres edades de la vida interior”

  2. #2
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    Re: Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…

    Un maravillo regalo de Dios: La Unción de los Enfermos

    El primer regalo y uno de los más importantes que recibimos de Dios es la vida. Sin la vida no podríamos seguir gozando los demás regalos que vendrán después. Regalos como la familia, la filiación divina, la Eucaristía, la Virgen María…, y el último de todos, el cielo.


    La vida consta de dos partes: una breve aquí en la tierra, y otra eterna cuando nuestros días en esta tierra hayan acabado. La vida aquí en la tierra tiene un objeto principal: demostrarle a Dios que le amamos a Él y a nuestro prójimo. Si así lo hacemos, el paso a la vida eterna será para gozar junto a Dios, María, los santos y los nuestros que allí se encuentren. Por el contrario, si durante esta vida le damos la espalda a Dios y sólo nos preocupamos de construirnos un gran paraíso terrenal, cuando llegue Dios a pedirnos cuentas encontrará que aquello para lo que Dios nos creó estaba sin hacer, y por lo tanto no nos podrá dar premio, sino castigo. Castigo que será para toda la eternidad.


    Son pocas las personas que buscan realmente a Dios en esta vida. La gran mayoría creen en Dios, rezan, asisten a Misa los domingos…, pero se preocupan más de vivir “su vida” y “fabricarse su paraíso” que de amar a Dios sobre todas las cosas. Es por eso que a estas personas tampoco les espera un futuro muy halagüeño, sino más bien todo lo contrario. A no ser que cambien.

    Como Dios conocía muy bien al hombre, instituyó dos sacramentos para ayudarnos mientras estamos en este mundo: uno la Confesión. Para arrepentirnos de nuestros pecados, ponernos de nuevo en paz con Dios y darnos una nueva oportunidad de enmendar el camino. Y el otro, la Unción de los Enfermos. Que es la última oportunidad que tenemos para hacer “las paces” con Dios y ser merecedores de ir a su Reino.


    Estos dos sacramentos han caído prácticamente en desuso como consecuencia de un engaño del demonio.


    Respecto a la Confesión, ya son pocas las personas que se confiesan; y aquellos que lo hacen, no lo suelen hacer con un corazón realmente humilde, sincero y arrepentido, por lo que no les vale para nada. Es así que pasan la mayor parte de su vida en estado de pecado mortal. Y si murieran sin arrepentirse de verdad les sobrevendría la ruina eterna.


    Respecto a la Unción de los Enfermos, son pocas las personas que mueren habiéndola recibido. Cuando una persona mayor se enferma gravemente, los familiares se preocupan de llamar al médico, pero rara vez acuden al sacerdote. En esos momentos el médico a veces no puede hacer mucho, en cambio el sacerdote sí que puede. Sencillamente le puede poner en paz con Dios y abrirle las puertas del cielo. Por caridad cristiana hemos de llamar a los dos. ¿Pero de qué vale vivir un día más si luego, por no haber llamado al sacerdote, se va a morir separado de Dios y condenado para siempre? ¿No sería más lógico e inteligente llamar también al sacerdote para que ayudara al enfermo en ese trance final de la vida y prepararlo a bien morir?


    Probablemente la persona enferma, precisamente por la gravedad de su proceso o por la edad tan avanzada, no pueda pedir que venga el sacerdote; pero los familiares tienen esa grave obligación. Al mismo tiempo es la mayor obra de caridad que pueden hacer y la mayor manifestación de amor que le pueden dar. Cuando llaman al sacerdote para que le dé al enfermo los últimos sacramentos lo que están haciendo en realidad es abrirle las puertas del cielo.


    Así pues, si en alguna ocasión te encuentras en esa situación no pierdas el tiempo. Llama al médico, y llama también cuanto antes al sacerdote. Lo que estás haciendo es preparándole a morir cristianamente, con la seguridad de que luego te lo encontrarás de nuevo en la otra vida. Por el contrario si no lo haces, lo más seguro que Dios no encuentre a esa persona digna para entrar en el cielo; y a ti, que no le ayudaste en ese momento final, te lo tome en cuenta para cuando estés frente a Él al final de tus días.


    Padre Lucas Prados


    Un maravillo regalo de Dios: La Unción de los Enfermos | Adelante la Fe

  3. #3
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    Re: Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…



    ¿La mejor manera de morir?

    Quotidie morior

    “todos los días muero un poco” (San Pablo)

    Desde niña, recuerdo que mi madre me llevaba con ella, cuando fallecía algún familiar o conocido, a dar el pésame en nombre de nuestra familia. Es infrecuente que esto suceda actualmente, apenas se ven niños en los velatorios. Si nos descuidamos, pronto ni siquiera se verán adultos, ya que es una realidad de la que queremos escapar. La única cosa que sabemos a ciencia cierta que va a suceder en nuestra vida, es eso, la muerte y nos pasamos nuestros días evitando cualquier cosa, conversación o acontecimiento que nos lo recuerde. El otro día en casa de una amiga, me llamó la atención la película que estaban viendo a las dos de la tarde sus hijos, no recuerdo el título, pero si me impresionó la crueldad de los hechos. Por lo visto es una serie que transcurre en un hospital. Sin entrar en más detalle, me pregunto como a un padre le puede parecer normal que su hijo vea estas películas y sin embargo, le parezca poco apropiado que esté en un Tanatorio. ¡Peculiaridades del ser humano! Es decir, puedes ver como degüellan, violan o torturan a un ser humano, pero no puedes acompañar a una familia en la pérdida de un ser querido. Y es que una caja fúnebre tiene más carga emocional, que esas sádicas películas, por lo visto y los niños se pueden traumatizar. ¡Qué se lo digan a las mamás de antes, qué te ponían en seguida en circulación!


    El grueso de mi trabajo son funerales, así que mi vida transcurre en aras a la normalidad, a la muerte. Esto, entre otras cosas, además de permitirme hacer una continua oración por las Benditas Almas del Purgatorio, a veces, tan olvidadas, me posibilita el poder escuchar distintas conversaciones sobre cual puede ser, la mejor manera de morir. La gente no se para tanto a pensar en el dolor de la familia o en rezar por el difunto, NO, lo interesante es dilucidar si el finado, sufrió o no en el momento de abandonar este mundo y si fue mejor así o como le pasó al vecino del quinto, que estuvo cinco días en agonía. ¡Qué mediocre es nuestra vida de Católicos!…¿La mejor manera de morir?…Sin lugar a dudas: EN GRACIA DE DIOS.


    Es curioso como planificamos un viaje, con que cuidado preparamos las maletas para no sobrecargarlas. Escogemos cada traje pensando en los eventos a los que vamos a acudir, si vamos a estar todo el día en la playa, si ahorramos más yendo por autopista o por carretera, etc. y el gran viaje de nuestra vida, nos coge siempre, o casi siempre, por sorpresa. Me comentaba, muy acertadamente, un amigo Sacerdote, que el Viático, puede ser la Comunión de ese día en la Santa Misa. Quería decir, que no siempre da tiempo a llamar al cura, a Confesarse a Comulgar y después a expirar. Eso, sucede pocas veces, sobre todo hoy en día, que aunque uno fallezca en la cama y por una larga enfermedad, se llama al Sacerdote, cuando ya estás prácticamente muerto, o incluso muerto total y ya no puedes recibir ningún Sacramento. ¿No deberíamos preparar nuestra alma a diario, al igual que cuidamos nuestro cuerpo todos los días? ¿Quién no come, quién no se ducha? Entonces, ¿Por qué no acudimos a los Sacramentos frecuentemente? ¿Es más importante el cuerpo que el alma? Quizás cuando queramos responder a esta pregunta, ya sea tarde para retroceder.


    Hace unos años, se comentaba en tono jocoso, cuántas personas se morían en los viajes del Inserso (viajes para la tercera edad), se rumoreaba que era por la cantidad de actividades extra a las que se les sometía: baile, playa, excursiones sin fin… Si lo pensamos, tampoco es nada extraño que el corazón de una persona reviente ante tanta diversión ficticia, sobre todo, a determinadas edades, no vamos a vivir eternamente y aunque hoy, no es infrecuente que cuando alguien se muere con 80 años, se escuche que era joven, atendiendo a la realidad, esa, empieza a ser una edad óptima para tener en cuenta que la muerte puede estar más próxima que lejana. No sería una mala propuesta, antes de todo este despendole, pasar por el Confesionario. Sin embargo, menos Sacramentos, entra de todo en la planificación de nuestra agenda y es que me decía un día una señora, “para lo que queda, hay que disfrutar, a vivir que son dos días, menos beaterías y más algarabías”… ¡Católicos Firmes en su Fe! A preparar el bañador y el daikiri y con la maleta…AL PARAÍSO…pero no al celestial, a ese, como decía el canto “que te lleven los ángeles”.


    ¡La mejor manera de morir!
    …”Luis estuvo diez días en agonía, eso si que fue tremendo”


    ¡La mejor manera de morir!
    …”María, tuvo un accidente de tráfico y afortunadamente murió en el acto”


    ¡La mejor manera de morir!
    …”Le dio un infarto fulminante, fue mejor así, para el y para la familia”


    ¡La mejor manera de morir!
    …”Estuvo un año con un tratamiento horrible, para total, al final, morir”


    Y así podríamos seguir con la larga lista de conjeturas humanas. Permítanme que lo repita, la mejor manera de morir; EN GRACIA DE DIOS.


    Recuerdo la visita a un amigo que se encontraba ingresado en un hospital, cuando llegué allí, me pidió que me sentara y me dijo “me estoy muriendo, me quedan dos o tres meses de vida y estoy ultimando todo, ya he hablado con los Sacerdotes y me gustaría que preparáramos tú yo juntos, los cantos del funeral”. Sin duda, un zarpazo te da en el corazón, hasta Nuestro Señor lloró por Lázaro, es humano el dolor ante una pérdida inminente, pero afrontado el momento inicial de sufrimiento, para mi, fue una gran catequesis en mi vida de cómo debemos prepararnos para bien morir. Qué contraposición con lo que se escucha tantas veces, “si supiera cuanto me queda de vida, me iba de crucero”.


    ¿Y qué quiere decir morir en Gracia de Dios? Morir en Gracia de Dios, es vivir en Gracia de Dios. Sacramentos y oración, es la fórmula para que cuando llegue nuestro momento, independientemente de que sea de repente o con previo aviso, nos coja preparados, bien dispuestos. Si lo pensamos con calma, en esta empresa, siempre es con pre aviso, lo sabemos en el mismo momento de nuestro nacimiento, que después nos hagamos los despistados, es punto y aparte.


    La verdad, es que estamos tan instalados en este mundo de falsos placeres, que nadie quiere marchar, aquello de Santa Teresa de “vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero”, ha pasado a ser mera literatura, es difícil encontrar a alguien con tan altas expectativas. De hecho, en los funerales de exequias, ¿De qué se habla en las homilías? De lo bueno que fue fulano y de que ya está en el cielo, con lo cual, ¿Para que perder el tiempo todos los días en prepararte? Independientemente de que uno fuera Católico o ateo, el cielo es un lugar con jornadas de puertas abiertas.


    Nada que nos hable de la muerte y de la posibilidad de condenarnos…El Sacerdote que predique “que todos somos Santos por el mero hecho de nacer”, el Tanatorio que nos quite al difunto cuanto antes de la vista y que lo esparza por donde quiera y a vivir que son dos días y ojala el tercero, nos coja EN GRACIA DE DIOS, que es la mejor manera de morir, ¿No creen Vds.?


    “Pero, la muerte, vendrá, sin falta, en el momento que Dios nuestro Señor ha fijado para nosotros desde toda la eternidad: tanto si pensamos en ella como si dejamos de pensar. Y como resulta que ese momento es el más importante de nuestra existencia, porque es el momento decisivo del que depende nada menos que nuestra eternidad, vale la pena dejar a un lado sentimentalismos absurdos y plantearse con seriedad este tremendo problema de la transición al más allá” (Royo Marín)



    Sonia Vázquez

    ¿La mejor manera de morir? | Adelante la Fe

  4. #4
    Eduardo Luis Blanco está desconectado Miembro graduado
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    Re: Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso…

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    Creo que fué Santa Faustina kowalska que en su visión del infierno, dijo que gran parte de los que estaban allí eran personas que no creían en el infierno.

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